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| Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oÃÂrle, |
| y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos. |
| Entonces les dijo esta parábola. |
| ÿQuién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? |
| Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; |
| y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me habÃÂa perdido. |
| Os digo que, de igual modo, habrá más alegrÃÂa en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión. |
| O, ÿqué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? |
| Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que habÃÂa perdido. |
| Del mismo modo, os digo, se produce alegrÃÂa ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. |
| Dijo: Un hombre tenÃÂa dos hijos; |
| y el menor de ellos dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde. Y él les repartió la hacienda. |
| Pocos dÃÂas después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un paÃÂs lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. |
| Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel paÃÂs, y comenzó a pasar necesidad. |
| Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel paÃÂs, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. |
| Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comÃÂan los puercos, pero nadie se las daba. |
| Y entrando en sàmismo, dijo: áCuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquàme muero de hambre! |
| Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. |
| Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros. |
| Y, levantándose, partió hacia su padre. Estando él todavÃÂa lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. |
| El hijo le dijo: Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo. |
| Pero el padre dijo a sus siervos: Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. |
| Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, |
| porque este hijo mÃÂo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta. |
| Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; |
| y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. |
| El le dijo: Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano. |
| El se irritó y no querÃÂa entrar. Salió su padre, y le suplicaba. |
| Pero él replicó a su padre: Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; |
| y áahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado! |
| Pero él le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mÃÂo es tuyo; |
| pero convenÃÂa celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado. |
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