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| Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa, y satisfecho en mi palacio. |
| Y tuve un sueño que me aterrorizó. Las obsesiones que tuve en mi lecho y las visiones de mi cabeza me aterraron. |
| Entonces di orden de traer a mi presencia a todos los sabios de Babilonia para que me dieran a conocer la interpretación del sueño. |
| Vinieron los magos, adivinos, caldeos y astrólogos y, en su presencia, conté el sueño, pero su interpretación no me la dieron. |
| Después se presentó ante màDaniel, por sobrenombre Beltsassar, según el nombre de mi dios, en quien reside el espÃÂritu de los dioses santos. Yo le conté el sueño: |
| Beltsassar, jefe de los magos, ya sé que tú posees el espÃÂritu de los dioses santos y que ningún misterio ofrece para ti dificultad: mira el sueño que he tenido; dime su interpretación. |
| En mi lecho, contemplaba las visiones de mi cabeza: Un árbol habÃÂa en el centro de la tierra, de altura muy grande. |
| El árbol creció, se hizo corpulento, su altura llegaba hasta el cielo, su expansión, hasta los confines de la tierra. |
| Era hermoso su ramaje, abundante su fruto; habÃÂa en él comida para todos, a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo, y toda carne se alimentaba de él. |
| Yo contemplaba, en mi lecho, las visiones de mi cabeza.En esto, un Vigilante, un santo, bajaba del cielo. |
| Con recia voz gritaba asÃÂ: Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; váyanse las bestias de debajo de él, y los pájaros de sus ramas. |
| Pero dejad en tierra tocón y raÃÂces con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo.Sea bañado del rocÃÂo del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. |
| Deje de ser su corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos. |
| Es la sentencia dictada por los Vigilantes, la cuestión decidida por los Santos, para que sepa todo ser viviente que el AltÃÂsimo domina sobre el reino de los hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres. |
| Tal es el sueño que he tenido yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Beltsassar, dime su interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a conocer su interpretación; pero tú puedes, porque en ti reside el espÃÂritu de los dioses santos. |
| Entonces Daniel, por sobrenombre Beltsassar, quedó un instante aturdido y turbado en sus pensamientos. El rey tomó la palabra y dijo: Beltsassar, no te turbe este sueño y su interpretación. Respondió Beltsassar: á Oh mi señor, sea este sueño para tus enemigos y su interpretación para tus adversarios! |
| Ese árbol que has visto, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, |
| que tenÃÂa hermoso ramaje y abundante fruto, en el que habÃÂa alimento para todos, bajo el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo, |
| eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la tierra. |
| En cuanto a lo que ha visto el rey: un Vigilante, un santo que bajaba del cielo y decÃÂa: Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raÃÂces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocÃÂo del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos, |
| ésta es su interpretación, oh rey, y el decreto del AltÃÂsimo que ha tocado a mi señor el rey: |
| Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba, como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocÃÂo del cielo; siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el AltÃÂsimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place. |
| Y la orden de dejar el tocón y las raÃÂces del árbol, significa que tu reino se te conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo. |
| Por eso, oh rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga. |
| Todo esto le sobrevino al rey Nabucodonosor. |
| Doce meses después, paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia, |
| iba diciendo el rey: ÿNo es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como mi residencia real, con el poder de mi fuerza y para la gloria de mi majestad? |
| Aún estaban estas palabras en la boca del rey, cuando una voz cayó del cielo: áA ti se te habla, rey Nabucodonosor!La realeza se te ha ido. |
| De entre los hombres serás arrojado, con las bestias del campo morarás; hierba como los bueyes tendrás por comida, y siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el AltÃÂsimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da a quien le place. |
| Y al punto se cumplió la palabra en Nabucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo fue bañado del rocÃÂo del cielo, hasta crecerle sus cabellos como plumas de águila y sus uñas como las de las aves. |
| Al cabo del tiempo fijado, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo, y la razón volvió a mÃÂ; entonces bendije al AltÃÂsimo, alabando y exaltando al que vive eternamente, cuyo imperio es un imperio eterno, y cuyo reino dura por todas las generaciones. |
| Los habitantes todos de la tierra ante él, como si no contaran, hace lo que quiere con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra.Nadie puede detener su mano o decirle: ÿQué haces? |
| En aquel momento, la razón volvió a mÃÂ, y para gloria de mi realeza volvieron también a màmajestad y esplendor; mis consejeros y mis grandes me reclamaron, se me restableció en mi reino, y se me dio una grandeza todavÃÂa mayor. |
| Ahora, pues, yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del Cielo, porque sus obras todas son verdad, justicia todos sus caminos; él sabe humillar a los que caminan con orgullo. |
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