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| Abre tus puertas, LÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂbano, y el fuego devore tus cedros. |
| Gime, ciprÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂés, porque ha caÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂdo el cedro, porque los majestuosos han sido arrasados.Gemid, encinas de BasÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂán, porque ha sido abatida la selva impenetrable. |
| Se oye gemido de pastores, porque ha sido arrasado su esplendor, se oye rugido de leones, porque ha sido arrasada la gloria del JordÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂán. |
| AsÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂ dice Yahveh mi Dios: Apacienta las ovejas de matadero, |
| esas que sus compradores matan impunemente, mientras sus vendedores dicen: ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáBendito sea Yahveh; ya soy rico!, y a las que no perdonan los pastores. |
| Pues yo no perdonarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás a los habitantes de esta tierra, orÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáculo de Yahveh; mas he aquÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂàque voy a entregar a los hombres, a cada uno en manos de su vecino y en manos de su rey; ellos aplastarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂán la tierra y yo no los librarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé de sus manos. |
| ApacentÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé, pues, las ovejas de matadero destinadas a los tratantes de ovejas, y me procurÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé dos cayados: a uno lo llamÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé Gracia y al otro VÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂnculo. Me puse a apacentar las ovejas, |
| y me deshice de los tres pastores en un mes. Pero mi alma se impacientÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂó con ellos y su alma tambiÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂén se hastiÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂó de mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂ. |
| Entonces dije: ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáNo os apacentarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás; la que tenga que morir, que muera, la que tenga que desaparecer, que desaparezca, y las que queden, que se coman unas a otras! |
| TomÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé luego mi cayado Gracia y lo partÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂ, para romper la alianza que Yahveh habÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa concluido con todos los pueblos. |
| QuedÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂó roto aquel dÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa, y los tratantes de ovejas que me observaban supieron que era una palabra de Yahveh. |
| Yo les dije: Si os parece bien, dadme mi jornal; sino, dejadlo. Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata. |
| Yahveh me dijo: ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáEchalo al tesoro, esa lindeza de precio en que me han apreciado! TomÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé, pues, los treinta siclos de plata y los echÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé en la Casa de Yahveh, en el tesoro. |
| DespuÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂés partÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂàmi segundo cayado VÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂnculo, para romper la fraternidad entre JudÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá e Israel. |
| Yahveh me dijo entonces: Toma todavÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa el hato de un pastor necio. |
| Pues he aquÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂàque yo voy a suscitar en esta tierra un pastor que no harÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá caso de la oveja perdida, ni buscarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá a la extraviada, ni curarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá a la herida, ni se ocuparÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá de la sana, sino que comerÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá la carne de la cebada, y hasta las uÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñas les arrancarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá. |
| ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáAy del pastor inÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂútil que abandona las ovejas! ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂáEspada sobre su brazo y sobre su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo! |
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