|
| La sabidurÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa del humilde le hace erguir la cabeza, y le da asiento entre los grandes. |
| No alabes nunca a un hombre por su buen parecer, ni abomines de nadie por su aspecto. |
| PequeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂña entre los que vuelan es la abeja, mas lo que ella elabora es lo mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás dulce. |
| No te glorÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂes del manto que te envuelve, el dÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa de la gloria no te engrÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂas; pues admirables son las obras del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor, pero estÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂán ocultas a los hombres. |
| Muchos tiranos se sentaron en el suelo, y un desconocido se puso la diadema. |
| Muchos poderosos fueron muy deshonrados, y hombres ilustres entregados a otras manos. |
| Sin haberte informado no reprendas, reflexiona primero y haz luego tu reproche. |
| Sin haber escuchado no respondas ni interrumpas en medio del discuro. |
| Por lo que no te incumbe no discutas, y en las contiendas de los pecadores no te mezcles. |
| Hijo, no te metas en mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂúltiples asuntos, si los multiplicas no saldrÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás bien parado; aunque los persigas no los alcanzarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás ni podrÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás escapar aunque quieras huir. |
| Hay quien se agota, se fatiga y se apresura, y cuanto mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás, mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás tarde llega. |
| Hay quien es dÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂébil, necesitado de apoyo, falto de bienes y sobrado de pobreza, mas los ojos del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor le miran para bien, ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂél le recobra de su humillaciÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂón. |
| Levanta su cabeza, y por ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂél se admiran muchos. |
| Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor. |
| El don del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor con los piadosos permanece, y su complacencia les lleva por buen camino para siempre. |
| Hay quien se hace rico a fuerza de engaÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂño y avaricia, y esta es la parte de su recompensa: |
| cuando dice: Ya he logrado reposo, ahora voy a comer de mis bienes, no sabe quÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé tiempo va a venir, morirÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá y se lo dejarÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá a otros. |
| MantÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂénte en tu quehacer y consÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂágrate a ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂél, en tu tarea envejece. |
| No te admires de las obras del pecador, confÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa en el SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor y en tu esfuerzo persevera.Que es cosa fÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂácil a los ojos del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor enriquecer de golpe al indigente. |
| La bendiciÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂón del SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor es la recompensa del piadoso, y en un instante hace florecer su bendiciÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂón. |
| No digas: ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÿDe quÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé he menester? o ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÿquÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé bienes me vendrÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂán todavÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa? |
| No digas: Tengo bastante con ellos, ÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÿquÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂé mal puede alcanzarme ahora? |
| DÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa de bienes, olvido de males, dÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa de males, olvido de bienes. |
| Que es fÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂácil al SeÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂñor, el dÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa de la muerte, pagar a cada uno segÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂún su proceder. |
| El mal de una hora el placer hace olvidar, al final del hombre se descubren sus obras. |
| Antes del fin no llames feliz a nadie, que sÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂólo a su tÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂérmino es conocido el hombre. |
| No metas a cualquiera en tu casa, que son muchos los lazos del taimado. |
| Perdiz cautiva en su jaula, tal es el corazÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂón del orgulloso, como el espÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂa acecha tu caÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂda. |
| Cambiando el bien por el mal, estÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá al acecho, y a las cosas mÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂás limpias pone mancha. |
| Con una chispa se enciende un brasero, asÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂ el pecador tiende lazos en busca de sangre. |
| GuÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂárdate del malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre. |
| Mete en casa al extraÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂño, y te traerÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá el desorden, te harÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂá extraÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂÃÂño a tu propia familia. |
| | |