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| Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. |
| Le siguió mucha gente, y los curó allÃÂ. |
| Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ÿPuede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera? |
| El respondió: ÿNo habéis leÃÂdo que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, |
| y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? |
| De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre. |
| DÃÂcenle: Pues ÿpor qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla? |
| DÃÂceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue asÃÂ. |
| Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer - no por fornicación - y se case con otra, comete adulterio. |
| DÃÂcenle sus discÃÂpulos: Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse. |
| Pero él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. |
| Porque hay eunucos que nacieron asÃÂ del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sÃÂ mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda. |
| Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discÃÂpulos les reñÃÂan. |
| Mas Jesús les dijo: Dejad que los niños vengan a mÃÂ, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos. |
| Y, después de imponerles las manos, se fue de allÃÂ. |
| En esto se le acercó uno y le dijo: Maestro, ÿqué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? |
| El le dijo: ÿPor qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. |
| ÿCuáles? - le dice él. Y Jesús dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, |
| honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. |
| DÃÂcele el joven: Todo eso lo he guardado; ÿqué más me falta? |
| Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sÃÂgueme. |
| Al oÃÂr estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenÃÂa muchos bienes. |
| Entonces Jesús dijo a sus discÃÂpulos: Yo os aseguro que un rico difÃÂcilmente entrará en el Reino de los Cielos. |
| Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos. |
| Al oÃÂr esto, los discÃÂpulos, llenos de asombro, decÃÂan: Entonces, ÿquién se podrá salvar? |
| Jesús, mirándolos fijamente, dijo: Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible. |
| Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ÿqué recibiremos, pues? |
| Jesús les dijo: Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. |
| Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. |
| Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros. |
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