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La Biblia de Jerusalen (Catolica)
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Sabiduria


SAB  16 1 
Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento.
SAB  16 2 
En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo: para satisfacer su voraz apetito, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices;
SAB  16 3 
para que aquéllos, aun ansiando el alimento, por el asqueroso aspecto de los bichos que les enviabas, hasta el apetito natural perdiesen, y éstos, pasadas unas breves privaciones, viniesen a gustar manjares exquisitos.
SAB  16 4 
Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de tormento que sus enemigos padecían.
SAB  16 5 
Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces, cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían, no persistió tu cólera hasta el fin.
SAB  16 6 
Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación como recuerdo del mandamiento de tu Ley;
SAB  16 7 
y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos.
SAB  16 8 
De este modo convenciste a nuestros enemigos de que tú eres el que libras de todo mal:
SAB  16 9 
a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban, - y bien merecían que bichos tales los castigasen - sin que remedio hallaran para su vida;
SAB  16 10 
a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó.
SAB  16 11 
Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptosno fuera que, cayendo en profundo olvido, se vieran excluidos de tu liberalidad.
SAB  16 12 
Ni los curó hierba ni emplasto alguno, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.
SAB  16 13 
Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.
SAB  16 14 
El hombre, en cambio, puede matar por su maldad, pero no hacer tornar al espíritu que se fue, ni liberar al alma ya acogida en el Hades.
SAB  16 15 
Es imposible escapar de tu mano.
SAB  16 16 
Los impíos que rehusaban conocerte fueron fustigados por la fuerza de tu brazo; lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables los persigueron y el fuego los devoró.
SAB  16 17 
Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor.El universo, en efecto, combate en favor de los justos.
SAB  16 18 
Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los impíos, y darles a entender, por lo que veían, que el juicio de Dios les hostigaba;
SAB  16 19 
pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego para destruir las cosechas de una tierra inicua.
SAB  16 20 
A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya preparado que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
SAB  16 21 
El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se tranformaba en lo que cada uno quería.
SAB  16 22 
Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego, para destruir las cosechas de sus enemigos, entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia,
SAB  16 23 
mientras que, para que los justos pudieran sustentarse, hasta de su natural poder se olvidaba.
SAB  16 24 
Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor, se embravece para castigo de los inicuos y se amansa en favor de los que en ti confían.
SAB  16 25 
Por eso, también entonces, cambiándose en todo, servía a tu liberalidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados.
SAB  16 26 
De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Señor, que no son las diversas especies de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti.
SAB  16 27 
El fuego no alcanzaba a disolver lo que sencillamente derretía el calor de un breve rayo de sol.
SAB  16 28 
Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias y recurrir a ti al rayar el día,
SAB  16 29 
pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite y corre como agua inútil.



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