Vida de Santa Bernardita Religiosa, ejemplo de humildad y
confianza en Dios Su Cuerpo permanece incorrupto
Niñez humilde y enfermiza pero llena de piedad. Santa
Bernardette nació el 7 de enero, de 1844 en el pequeño pueblo de
Lourdes, en las hermosas montañas de los Pirineos franceses. En su
bautismo le pusieron el nombre de Marie-Bernard, pero desde pequeña
la llamaban por el diminutivo "Bernardette".
Su padre Francisco era un hombre honesto y recto pero no muy
capaz en los negocios. Trabajó como molinero para los Casterot, una
familia acomodada. Vivía con su familia en el molino de Boly. Su
madre, Luisa Casterot, se casó a los 16 años. Se pensaba que así
su futuro estaría asegurado pero las cosas no resultaron de esa
manera. Cuando los clientes venían a moler su trigo, la joven
pareja les servía una comida completa. Esto podía hacerse en
tiempos de abundancia, pero llegó a hacer crisis en tiempos de
estrechez.
Las deudas forzaron a los Soubirous a dejar el molino y
albergarse en una celda, propiedad de un primo de Francisco, que
había sido parte de una prisión. En un solo cuarto vivían los
seis, el padre, la madre y los cuatro hijos. Los mayores eran
hembras de las que Bernardette era la primera, después de ella
venía Toinette (dos años y medio más joven), y luego los dos
varones, Jean-Marie y Justin. Para conseguir el escaso pan para los
niños, Francisco y Luisa tomaban todo tipo de trabajos que podían
encontrar.
Cuando nació Bernardette la familia todavía tenía recursos.
Una prueba de ello es que la niña fue confiada a una nodriza por
seis meses. La nodriza, llamada Marie Avarant y de casada Lagues,
vivía en Bartres, en el campo a 5 millas de Lourdes. Marie Lagues
amamantó a Bernardette por 15 meses, desde junio de 1844 a octubre
de 1845. De acuerdo con la costumbre ambas familias quedaron muy
unidas entre sí.
Las dificultades económicas de la familia Soubirous dio
oportunidad a Marie para pedir hacerse cargo de Bernardette. El
pretexto fue que le ayudase con otros niños, pero en realidad la
quería para el pastoreo de ovejas. Quedó así como una pastorcita
contratada aunque sin paga.
Al ir a Bartres le prometieron que podría prepararse con el
sacerdote del lugar para hacer su Primera Comunión. Tenía casi 14
años y era la única niña de su edad en Lourdes que no la había
recibido. Pero al ver que era muy buena en su trabajo, la obligaban
a pasar más tiempo cuidando las ovejas, lo que no le permitía
asistir a las clases de catecismo. Los dos niños de la familia
donde vivía se marchaban todas las mañanas a las clases de
catecismo, mientras a ella le exigían marcharse al campo a
pastorear. Esto le dolía mucho en su corazón.
Ha surgido un interrogante sobre la inteligencia de Bernardette.
Muchos sugieren que no era inteligente. Es cierto que ella aprendía
con dificultad y hasta ella misma decía que tenía "mala
cabeza", queriendo decir que tenía poca memoria. Al habérsele
negado la posibilidad de estudiar, Bernardette, a los 13 años de
edad, todavía no sabía ni leer ni escribir. El maestro Jean
Barbet, quién en una ocasión le dio clases de catecismo, decía de
ella: "Bernardette tiene dificultad en retener las palabras del
catecismo porque no puede estudiarlas, ya que no sabe leer, pero
ella hace un gran esfuerzo en comprender el sentido de las
explicaciones. Aún mas, ella es muy atenta y, especialmente, muy
piadosa y modesta". Sin duda Bernardita había sabido cultivar
un gran tesoro de Dios: un corazón adornado de las mas bellas
virtudes cristianas: inocencia, amabilidad, bondad, caridad y
dulzura.
El sacerdote de Bartres, Abbé Arder, si bien se marchó a un
monasterio poco después que llegara Bernardette, en los pocos
contactos que tuvo con ella pudo captar la excelencia de su
corazón. El tenía mucha fe en las apariciones de La Salette
(1846), ocurridas once años atrás y así comparaba a Bernardette
con los niños de La Salette.
Decía: "Ella me parece una flor toda envuelta con perfume
divino. Yo le aseguro que en muchas ocasiones cuando la he visto, he
pensado en los niños de La Salette. Ciertamente, si la Santísima
Virgen se le apareció a Maximino y a Melania, lo hizo en orden a
que ellos se convirtieran en simples y piadosos como ella."
Ni la ignorancia, ni la pobreza, ni el aspecto enfermizo de
Bernardette le previnieron de apreciar en ella la simplicidad y la
piedad.
Decía el Sacerdote en una ocasión: "Mira a esta pequeña.
Cuando la Virgen Santísima quiere aparecerse en la tierra, ella
escoge niños como esta"
Sus palabras fueron proféticas ya que a los pocos meses la
Virgen se le comienza a aparecer en la gruta de Massabielle, cerca
de Lourdes.
Cuando Bernardette vio que su deseo de prepararse para recibir la
Comunión no era posible en Bartres, le pidió a María Lagues que
le permitiera ir a Lourdes donde insistió a sus padres que le
concedieran regresar a casa. Quería recibir la Primera Comunión y
tendría que empezar las clases de catecismo inmediatamente quería
recibirla en 1858. Sus padres accedieron y regresó a Lourdes el 28
de enero, de 1858, solo 14 días antes de la primera aparición de
la Virgen.
Es importante, por lo tanto, comprender la razón por la que
Bernardette se encontraba en Lourdes cuando tenía 14 años y
comenzaron las apariciones: ella buscaba con todo su corazón
recibir la Santa Comunión. Las Virgen visita a un alma muy pura
llena de amor por su Hijo, un alma dispuesta a cualquier sacrificio
para llevar a cabo la obra de Dios. Bernardette, al verse impedida
de recibir la comunión, recurre a la Virgen, reza diariamente el
rosario y la Virgen le abre las puertas. La Virgen sabe que puede
confiar en ella el trascendente mensaje que desea comunicar al
mundo.
BERNARDETTE DESPUÉS DE LAS APARICIONES:
La humilde jovencita escogida para tan gran misión, permaneció
después de las apariciones como era antes, es decir la Virgen se
encargo de conservarla sencilla, humilde y modesta. No le gustaban
el bullicio ni la popularidad.
Pasaba como una mas, excepto por sus virtudes, por su inocencia,
su candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comunión el mismo
año 1858, el 3 de junio, día de Corpus Christi. Nada espectacular
sucedió excepto que ella había piadosamente recibido a Jesús.
Dios seguía visitándola, no con brillantes apariciones, sino
por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensión,
burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase,
recogida y resignada con paciencia. Sufría de asma crónica,
tuberculosis, vómitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de
una rodilla, caries en los huesos, abscesos en los oídos que le
ocasionaron sordera, que esta se le quito hasta un poco antes de su
muerte.
La Virgen le dijo a Bernardette: "No te prometo hacerte
feliz en este mundo, sino en el próximo". Y estas palabras de
la Virgen se cumplieron plenamente en nuestra santa. Mucho tuvo que
sufrir durante su vida hasta su muerte a los 35 años. La salud de
Bernardette era muy delicada, muchas veces tenía que estar en cama
con fiebre; tenía días bien críticos con ataques de asma que
muchas veces eran bien dolorosos.
Muchos encontraban cura en la fuente de Lourdes, pero no
Bernardette. Un día le preguntaron: "¿No tomas del agua de la
fuente?. Estas aguas han curado a otros, ¿por qué no a ti?. Esta
pregunta insidiosa pudo haberse convertido en una tentación para
Bernardette en no creer en la aparición, pero ella no se turbó. Le
respondió:
"La Virgen Santísima quizás desea que yo sufra. Lo
necesito"
¿Porqué tu más que otros?
-"El buen Dios solo lo sabe".
¿regresas algunas veces a la gruta?
- "Cuando el Párroco me lo permite".
¿Porqué no te lo permite todo el tiempo?
-"Porque todos me seguirían".
Antes habías ido aún cuando se te había prohibido
- "eso fue porque fui presionada."
La Virgen Santísima te dijo que serías feliz en el otro mundo,
así que estas segura de ir al cielo.
- "Oh no, eso será solo si obro bien".
¿Y no te dijo Ella que hacer para ir al cielo?
-"Nosotros lo sabemos muy bien; no es necesario que yo lo
diga".
ULTIMOS AÑOS EN LOURDES
Bernardette no podía recibir en su casa el cuidado que ella
necesitaba para su frágil salud y el gran número de visitantes
curiosos le causaban fatiga. Viendo esta necesidad, Abbé Peyramale
pidió a la Superiora del Hospicio de Lourdes que acogiera a la
niña. Le dijo:
"Es con ustedes que la niña debe estar. Ustedes pueden
darle el cuidado que ella necesita en todos los aspectos".
En el año 1860, las Hermanas de la Caridad de Nevers, que
servían el hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular.
Desde aquel día permaneció bajo su techo, con su salud delicada,
pero con su consigna de siempre: no llamar la atención de nadie.
Aún cuando sus padres ya se habían mudado de la cárcel y vivían
en un molino, le dieron permiso sin dificultades de permanecer con
las hermanas. Su madre lloró por su partida pero sabía que era por
el bienestar de la niña.
En el hospicio Bernardette fue asignada bajo el cuidado de la
Hermana Elizabeth, quien le debía enseñar a leer y escribir mejor.
Bernardette tenía 16 años, era julio de 1860. La superiora le dijo
a la Hna. Elizabeth: "se dice que ella no es muy inteligente,
mira a ver si es posible hacer algo con ella".
La Hna. Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette diría:
"Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor
perfecto y un corazón exquisito". Ella diría a la madre
superiora: "Mi querida Madre, la han engañado. Bernardette es
muy inteligente y asimila muy bien la doctrina que se le da."
Sin ser brillante, Bernardette adquirió gran cantidad de
conocimiento elemental. En su tiempo en el hospicio, permaneció
siendo una niña de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero
traviesa, muy vivaz, a quien le encantaba reír, jugar y bromear.
Muchas veces la ponían a cuidar niños más pequeños, como era la
costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba tan
joven y juguetona como la más pequeña niña.
Uno de los niños diría mas tarde:
"Bernardette era tan simple. Cuando le pedían que nos
cuidara, lo hacía de una manera tal, que parecía otra niña
jugando con nosotros, que no nos hacía pensar tanto en su aventura
milagrosa. Criados con este pensamiento de que nuestra compañera
había visto a la Virgen, lo considerábamos tan natural como un
niño de hoy día que ha visto al presidente de la república"
Bernardette era completamente natural en su comportamiento
diario, sin embargo era muy seria tocante a su vida Cristiana.
Al crecer, Bernardette tuvo como toda joven, sus momentos de
vanidad, queriendo estar arreglada y lucir bien. Pero todas estas
vanidades pasaron por ella rápidamente y sin dejar ningún rastro
en su corazón.
Decía la Hna. Victorina: "La fiebre pasó rápidamente y no
dañó su profunda piedad".
La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette. Un día
una religiosa, la Madre Alejandrina, sufrió una torcedura y el
médico le mandó a tener reposo. Pero ella era muy activa y le
pidió a Bernardette que le pidiera a la Virgen que la curara.
Bernardette inmediatamente fue a rezar ante la estatua de la Virgen
en la capilla. Oró con todo su corazón. ¿Qué pasó?... no
sabemos nada más que al otro día el doctor encontró a la Madre
Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada hubiese pasado.
LA VOCACIÓN RELIGIOSA
La Virgen Santísima le dio una gracia especial al llamarla a la
vida religiosa. Parece que nunca Bernardette consideró en serio el
matrimonio. A los 19 o 20 años, en 1863, la vocación de ser
religiosa se le presentó claramente. Había considerado vagamente
ser carmelita, pero no fue difícil hacerle comprender que su salud
era muy delicada para enfrentar los rigores del Carmelo.
Fue el Obispo Forcade de Nevers, que tenía en su diócesis la
Casa Madre de las Hermanas de la Caridad del hospicio y la escuela
de Lourdes, quien contribuyó definitivamente en su orientación. El
le preguntó cuáles eran sus intenciones para el futuro y ella le
respondió:
"Señor Obispo, todo lo que pido es quedarme en esta casa
como una sierva"
Pero hija mía, ¿no has pensado en llegar a ser una religiosa
como las hermanas a las que tan apegada estás?.
"Oh, Señor Obispo, nunca he creído que esto pudiese ser
para una ignorante y pobre niña como yo. Usted sabe bien que soy
pobre y no tendría la dote necesaria".
No es la pobreza lo que debe detenerte. Se puede hacer una
excepción a la regla y recibir a una joven sin dote, si ella tiene
signos claros de vocación".
"Señor Obispo, sus palabras me han tocado profundamente, le
prometo que pensaré en ellas" .
Bernardette comprendía que una decisión como esta no se hace
sin consideración y reflexión. El Obispo estaba muy complacido con
su prudencia y le recomendó que se tomara su tiempo e hiciera su
decisión con completa libertad y sin apresuramiento.
En Agosto de 1864, Bernardette dijo a la Madre Superiora del
Hospicio:
"Madre mía, he orado mucho para saber si estoy llamada a la
vida religiosa. Creo que la respuesta es "sí". Yo
quisiera entrar en su congregación si soy aceptada. Permítame
pedirle que le escriba al Obispo".
En respuesta la superiora abrazó a Bernardette y sus lágrimas
de gozo fueron su afectuosa respuesta.
Habiendo hecho su elección, más ataques de enfermedad y la
necesidad de tratar varios remedios retardaron la puesta en
práctica de su promesa.
En 1866 escribió: "Estoy mas presionada que nunca a dejar
el mundo. Ahora he decidido definitivamente y espero dejarlo
pronto".
Por fin llegó el gran día a comienzos de Julio de 1866, tenía
22 años de edad. Por última vez fue a la amada gruta donde su
despedida fue de todo corazón. "¿Ven la gruta?, era mi cielo
en la tierra". Al día siguiente se despidió de su familia y
en Julio 4 1866, Bernardette dejó su pueblo natal para nunca más
volver.
Antes de partir improvisa una oración tomando como pauta el
Magnificat: acción de gracias por la pobreza de su esclava. Se
dirige directamente a María: "Si, Madre querida, tu te has
abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña..Tu,
reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había
de mas humilde según el mundo".
LA RELIGIOSA, LA SANTA:
Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al convento de las
Hermanas de la Caridad de Nevers, el 7 de julio de 1866 en la noche.
El domingo Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que le llevó a
estar llorando todo el día. La animaban diciéndole que este era un
buen signo ya que su vida religiosa debía empezar con sacrificio.
En los anales de la Casa Madre se lee:
"Bernardette es en realidad todo lo que de ella hemos oído,
humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta a pesar de que
todo se le ha unido para elevarla. Ella ríe y es dulcemente feliz
aunque la enfermedad se la está comiendo. Este es el sello de la
santidad, sufrimiento unido a gozo celestial."
HERMANA MARÍA BERNARDA (MARIE BERNARD):
Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra de
novicias Madre María Teresa Vausou, entendían el tesoro que se les
había confiado. Sí, admitían que la Virgen se le apareció, pero
la veían tan "ordinaria", que tenían dificultad en ver
santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente era diferente a
la de la Iglesia.
En el proceso diocesano de Beatificación, el Reverendo P. Peach,
profesor de teología dogmática en el seminario de Moulins, les
dijo a sus estudiantes:
"El testimonio llegó a esto, que Bernardette era muy
ordinaria. Pero cuando se les preguntó si ella era fiel a las
reglas, si tenía que ser corregida por desobediencia o en
referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a decir:
"Oh no, nada de eso".
¿Por qué sus superioras la juzgaban tan mal?; solo se puede
encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para
la santificación de Bernardette. De manera particular la Maestra de
Novicias, Madre María Teresa Vauzou, quién fue la causante de
muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 años
que vivió en el convento. La Madre María, quien era estimada por
su ojo agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer
en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni tampoco su
total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba
su vida interior.
Bernardette, sin haber estudiado sobre las formas de oración,
pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía
en unión perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella con
Jesucristo.
"Bernardette estaba totalmente perdida en Dios".
Al recibir el hábito de postulante, recibió su nombre de
religiosa el cual sería su mismo nombre bautismal, Sor María
Bernarda.
PROFESIÓN ANTICIPADA:
Tres semanas después de haber recibido el hábito, Bernardette
enfermó de gravedad con un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que
ser puesta en la enfermería.
Esta crisis de sofocación asmática y de tos fue tan seria que
el médico pensaba que su muerte era inminente.
La Madre Superiora llamó al Obispo y este le administró el
Sacramento de Extrema Unción, pero ella no pudo recibir el Viático
porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que
Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso darle
el consuelo de pronunciar sus votos. Habló con el Obispo, y la
comunidad dio su aprobación unánime.
Sabiendo lo que iban a hacer, Bernardette respondió con una
sonrisa de agradecimiento. Fue el Obispo Forcade quien presidió la
ceremonia. Bernardette dio su consentimiento por medio de signos ya
que no podía hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se
pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre ponía
su salud en las manos de la Virgen.
La nueva religiosa se durmió y se despertó a la mañana
siguiente en un estado de felicidad que ella declaró a su
Superiora: "Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la
profesión religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no
voy a morir" .
La Madre Superiora entonces le respondió: "Tonta, tú
sabías que no ibas a morir y no nos lo dijiste. En este caso, si no
has muerto para mañana en la mañana, te quitaré el velo".
Y la hermana María Bernarda, con admirable sumisión heroica, le
respondió simplemente:
"Como usted desee, reverenda Madre". Y a pesar del
dolor que esto le causaba, supo aceptar este cáliz que el Señor le
enviaba.
Su madre murió en Diciembre 8, 1866, tenía 45 años y esta fue
una de las tristezas más grandes que experimentó. En medio de su
dolor dijo al Señor:
"¡Mi Dios, tú lo has querido! Yo acepto el cáliz que me
das. Que tu Nombre sea bendito".
Durante su noviciado, Bernardette fue tratada más severamente y
quizás más cruelmente que las otras novicias. Sus compañeras
decían: "No es bueno ser Bernardette". Pero ella lo
aceptaba todo y veía en ello la mano de Dios.
Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el nombre de
Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo, la felicidad de
ese momento fue teñida por una ruda humillación.
Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas los
trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del Obispo:
"¿Y la hermana Marie Bernard?, "Oh, Señor Obispo, no
sabemos que hacer. Ella no es buena para nada". Y prosiguió:
"Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en
la enfermería". A lo cual el Obispo consintió. La hermana
Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en su corazón,
pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el cáliz.
Otro cáliz que pronto tomaría fue la muerte de su padre en
1871, 6 años después que su mamá. Supo de la muerte de su papá,
a quien no había visto mas desde que dejó Lourdes, pero sabía que
había muerto en la fe.
Una hermana la encontró llorando a los pies de la estatua de la
Virgen y cuando la hermana la iba a consolar ella le dijo:
"Mi hermana, siempre ten una gran devoción a la agonía de
nuestro Salvador. El Sábado en la tarde le oré a Jesús en agonía
por todos aquellos que morirían en ese momento, y fue precisamente
en el mismo momento en que mi padre entró a la eternidad. Que
consuelo para mí el quizás haberle ayudado".
Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y
pequeñas se apilaban sobre ella y ella decía:
"Cuando la emoción es demasiado fuerte, recuerdo las
palabras de nuestro Señor, "Soy Yo, no tengan miedo". El
rechazo y humillaciones de mis Superioras y compañeras
inmediatamente agradezco a nuestro Señor por esta gran gracia. Es
el amor de este Buen Maestro el que hará desaparecer el árbol del
orgullo en sus malas raíces. Mientras más pequeña me hago, más
crezco en el Corazón de Jesús."
A Bernardette se le concedió un gran regalo al comienzo de 1874.
Había sido asistente de enfermería, un trabajo que amaba mucho,
pero sus fuerzas se diminuían.
Después de un ataque de bronquitis en el otoño de 1873, por el
cual tuvo que ir al hospital, se determinó que estaba muy débil
para seguir ayudando en la enfermería y se le dio el trabajo de
menos esfuerzo físico en el Convento, el cual era al mismo tiempo
el más importante, y el cual ella amó mucho más que el de
ayudante de enfermería; la nombraron asistente de sacristán.
Su nueva posición le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo
en la capilla, cerca del Santísimo Sacramento. Estaba casi sin
supervisión, lo que le permitía hablarle al Señor en el
Tabernáculo, sin que nadie pensara que ella era extraña.
Manejaba todos los artículos sagrados con gran reverencia. El
corporal, los purificadores y las albas los trataba consciente que
Jesús Encarnado los había tocado durante el Sacrificio de la
Eucaristía. Por eso no permitía que nadie le ayudase en este
ministerio.
Pero este regalo no duró por mucho tiempo ya que su salud
constantemente empeoraba. A partir de 1877 no es más que una
inválida. Se le provee cuidado lo más posible y ella obedece todas
las prescripciones.
Pronunció sus votos perpetuos el 22 de septiembre de 1878, en un
tiempo en que se sentía mejor. Pero no duró mucho. Al siguiente 11
de diciembre, retornó a la enfermería, para nunca más salir. Sus
últimos meses fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche
oscura del alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza
del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que
era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más amargo y su
sufrimiento mayor.
También sufría mucho físicamente. La cama le causó tener la
espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le reventó.
Desarrolló abscesos en los oídos, los que la hicieron
prácticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan
evidentes sus síntomas, nadie se hubiese sospechado que estaba
enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo
sufrimiento que padecía. No perdió su fortaleza y su aceptación.
A una hermana le dijo que iba a orar para que el Señor le
mandara consolación, ella le respondió:
"No, no, no consolación, solo fortaleza y paciencia" .
Bernardette padeció su pasión durante la Semana Santa de 1879.
El día 16 de Abril de 1879 rogó a las religiosas que la asistían
que rezaran el rosario, siguiéndolo ella con gran fervor. Al acabar
un Ave María, sonrió como si se encontrara de nuevo con la Virgen
de la Gruta y murió. Eran las 3:15 PM.
Sus últimas palabras fueron la conclusión del Ave María:
"Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre
pecadora....pecadora..."
Su cuerpo fue puesto en la pequeña Capilla Gótica, situada en
el centro del jardín del Convento y la que estaba dedicada a San
José. Fue en esta Capilla en la que, después de 30 años, en
Septiembre 22, 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso de
Beatificación diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado
de preservación. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color. Hubo
un segundo reconocimiento en Abril 18, 1925, poco antes de su
Beatificación el 12 de Junio de 1925.
Bernardette fue Canonizada el 8 de Diciembre de 1933. Y
celebramos su fiesta el día en que partió a la casa del Padre, el
16 de Abril.
Lourdes se ha convertido en el santuario Mariano mas visitado de
Europa y el segundo en el mundo, después del Santuario de la Virgen
de Guadalupe en México. Infinidad de enfermos han sido sanados en
las aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo
las muchísimas conversiones del corazón.
Santa Bernardette todavía se puede observar incorrupta en su
capilla en Nevers, dentro de un féretro de cristal donde parece
estar dormida. Su dulzura y paz aun toca los corazones.
¡Santa Bernardette, ruega por nosotros!.