Santa Catalina de Génova Esposa, Modelo de Cristiandad y
Mística. 1434-1507 Fiesta: 21 de marzo
La santa del puro amor
Contenido: Resumen | Vida | enseñanzas | oración | Tratado
sobre el purgatorio (zip)
Resumen
Catalina nació en Génova en la primavera de 1447, de la noble
familia Fieschi.
Muy joven fue desposada con julio Adorno (13-1-1463); matrimonio
no por amor, sino provocado por el oportunismo político al que fue
sometida. Los primeros años fueron tristes y desolados, por el
carácter difícil del esposo. Catalina logró superar la crisis,
después de la visión de Cristo derramando sangre (22-3-1473).
Desde entonces se dedicó mas aun al ejercicio de la caridad.
Las oraciones, los sacrificios y el ejemplo de Santa Catalina
dieron provocaron la conversión de su esposo. A los treinta años
(1478) se retiró con el marido a vivir en el hospital civil de
Parnmatone poniéndose a tiempo completo al servicio de los enfermos
de los cuales vino a ser una humilde enfermera y sucesivamente,
administradora y rectora (1489).
Fue dotada por Dios de excepcionales gracias y es contada entre
las mas grandes místicas.
De su experiencia personal de purificación nació su brillante
"Tratado del Purgatorio". Determinante fue su influjo en
la vida eclesial de su tiempo, con el Movimiento del Divino Amor -
por ella inspirado, sobre la espiritualidad moderna a través de la
Escuela Francesa de los siglos XVI - XVII que sintió mucha
admiración por ella. Murió consumida por el fuego devorante del
amor al alba del 15 de Septiembre de 1510.
Fue canonizada en 1737 por el Papa Clemente XII. Pío XII, en
1943, la proclamó "Patrona de los Hospitales Italianos".
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Vida de Santa Catalina de Génova
Santa Catalina de Génova, perteneció a la familia Fieschi,
siendo la quinta hija del matrimonio de James Fieschi y Francesca di
Negro de Génova. La familia era de mucha fama y fortuna durante el
siglo XV, y cuenta con dos Papas: Inocencio, IV y Adriano V.
Catalina fue conocida más tarde en el mundo como modelo de
conducta, admirada no sólo para la Iglesia Católica sino también
por otros bautizados.
Dedicó toda su vida al Señor, entregándose a El desde muy
joven. De niña fue muy obediente y en sus actitudes ya sobresalían
los deseos por la santidad y la penitencia. Con tan solo ocho años
de edad ya mostraba una inclinación particular a la penitencia,
cambiando su cama cómoda y lujosa por el duro piso, y su almohada
por un áspero tronco.
Al cumplir doce años tuvo su primera visión del amor de Dios,
en la cual Jesús compartió con ella algunos de los sufrimientos de
su Santa Pasión. A los trece años decidió abrazar la vida
religiosa en el convento de las Hermanas de Nuestra Señora de la
Gracia, donde su hermana Limbania era ya una Religiosa profesa.
Habló con el director de la Orden, pero no aceptaban niñas tan
jóvenes en la congregación. Esto causó una fuerte herida en el
corazón de Catalina, pero no perdió su fe en el Señor.
Cuando su padre murió, se pensó que era necesario mantener el
mando político uniendo en matrimonio a los hijos del mismo rango. A
la edad de 16 años se vio obligada a casarse en un matrimonio de
conveniencia. Su esposo era totalmente opuesto a Catalina, ella
piadosa y él, un hombre de mundo que no tenía compasión ni
escrúpulos por nadie, ni por nada. Los primeros años de su vida
matrimonial fueron muy difíciles.
Catalina, después de haber aguantado muchas infidelidades de
parte de su esposo, a los cinco años de casada, se sintió
abandonada de todos y en profunda desolación, incluso de Dios.
Volcó su vida a la frivolidad, de fiesta en fiesta, trataba de
buscar un significado a su vida. Pero esto no la llenó de paz ni de
gozo, mas bien de desesperación y depresión.
Su Conversión
El 21 de marzo, de 1473, en la fiesta de San Benito, su hermana
Limbania le sugirió que fuera donde un sacerdote confesor, ella
consintió. Se encontró con un santo confesor por medio del cual el
Señor la llenó de gran fortaleza y de Su amor incondicional; cayó
en éxtasis y se sintió incapaz de confesar sus pecados. En ese
momento el Señor le mostró toda su vida como pasada en una
película; pudo ver la traición que ella había hecho al amor del
Señor, pero al mismo tiempo pudo ver a través de las Sagradas
Llagas de Jesús, la gran misericordia del Señor por ella y por
todos los hombres, y el contrastante amor de Dios y el amor del
mundo. Esto le hizo repudiar desde ese momento el pecado y el mundo.
Ese mismo día, estando en su casa, el Señor se le apareció, todo
ensangrentado, cargando la cruz, y le mostró parte de Su vida y de
Su sufrimiento. Ella, llena del amor del Señor y triste por los
diez años que había desperdiciado no amando al Señor, decidió
limpiar su vida y así, empezar una vida nueva en El.
Luego, Nuestro Señor durante otra aparición, hizo recostar la
cabeza de Catalina en Su Pecho al igual que el Apóstol San Juan,
dándole la gracia de poder ver todo a través de Sus ojos y sentir
a través de Su corazón traspasado.
Por medio de sus constantes oraciones, su esposo se convirtió y
aceptó vivir en celibato perpetuo. Decidió entrar en la orden
franciscana terciaria y se trasladaron del palacio a una casa
pequeña cerca del hospital, donde servían a los enfermos,
ayudándolos a morir en paz. Es allí donde su esposo muere víctima
de una enfermedad contagiosa.
Catalina y la Eucaristía
El día de la fiesta de la Anunciación, después de su
conversión, durante la celebración de la Santa Misa, en el momento
de la Comunión, el Señor le dio un amor ardiente por la
Eucaristía, y desde ese día comenzó a comulgar diariamente.
El Señor la invita a estar con El en el desierto
Rememorando los 40 días Jesús pasó en el desierto, Catalina no
comía ni injería bebida alguna durante la cuaresma, alimentándose
únicamente de la Eucaristía. Continuó haciendo esto todos los
años durante cuaresma y adviento. Nunca manifestó debilidad ni
dolor, excepto cuando por alguna razón no podía recibir la
Eucaristía. El testimonio de que la Eucaristía es Fuente de Vida,
se vio sobrenaturalmente manifestado en ella.
Siempre mostró gran reverencia y amor por la Eucaristía.
Durante las celebración de la Santa Misa, su espíritu permanecía
siempre recogido, sobre todo a la hora de recibir la Sagrada
Comunión, muchas veces se le vio caer en éxtasis, y llorando
rogaba a Dios perdonara sus pecados.
Ella comentaba que cuando recibía la Comunión sentía que un
rayo de amor traspasaba profundamente su corazón, a semejanza de
otros místicos como Santa Teresa de Avila, San Juan de la Cruz,
Santa Gemma Galgani, Santa Verónica Guliani y el Padre Pío. Esto
es el don de la transverberación. Su gran amor por Nuestro Señor
en la Eucaristía, la hacía desearlo solamente y únicamente a El.
Sacrificio y mortificación. La Agonía y el Éxtasis
Durante los primero cuatro años, seguidos a su conversión,
practicó sacrificios y penitencias para disciplinar sus sentidos,
mortificando todo deseo de la carne. Se abstuvo de comer carne y
todo tipo de frutas. Dormía sobre objetos puntiagudos que cortaban
su piel y le ocasionaban sangramiento. Practicó una fuerte
austeridad durante estos años, pero siempre tuvo el cuidado del
cumplimiento diario de sus deberes. Pasaba largas horas en oración
para poder llenarse del Señor y permanecer fuerte en los momentos
de tentación.
Como todos los santos, dedicó su vida a amar a Dios y al
servicio de los hermanos no buscando su propia comodidad y deseos.
La penitencia que Catalina practicaba era muy fuerte, tanto así
que nuestro Señor en una ocasión le ordenó que cesara de
practicar esas mortificaciones y penitencias tan severas, a lo que
ella obedeció.
Catalina siempre buscó la vida escondida, deseando la vida
íntima con el Señor, pero nunca tomó ningún don como merecido,
pues sabía que por ella misma nada bueno podía hacer. En todo ello
veía el gran amor de Dios, rogándole que siempre se hiciera en
ella Su voluntad.
Durante una aparición el Señor le dijo: "Nunca digas yo
deseo, o yo no deseo. Nunca digas mío, sino siempre nuestros. Nunca
te excuses, sino que siempre estés pronta para acusarte a ti
misma".
Batalla ente el Amor Divino y su amor propio.
Catalina describía el amor propio como el odio propio, decía
que el amor propio es el anzuelo puesto por el diablo para hacernos
caer y la estrategia para traer el mal al mundo.
El alma absorbida por el amor propio se dirige a la total ruina
espiritual. Sorda y ciega para la Verdad, condena su ser
voluntariamente, abriéndose camino al Purgatorio o a la eterna
agonía del infierno. Para ella el amor propio causa mayor muerte
que la muerte de nuestro propio cuerpo, pues nos aparta del Amor
Divino, de la Verdad y de la verdadera Voluntad de Dios. "La
mejor manera de amar al Señor de una forma plena es olvidándose de
uno mismo", insistía.
Muerte de Santa Catalina de Génova
Nueve años antes de su muerte, Catalina sufrió estuvo muy
enferma. Nada quitaba sus dolores y su condición iba
deteriorándose paulatinamente. Sufrió mucho a semejanza de su
Divino Esposo, no había una sola parte de su cuerpo que no sufriera
dolor. Su cuerpo y su espíritu estaban completamente unidos a los
sufrimientos de la Pasión de Cristo, aun cuando dormía.
Durante el último año de su vida, vivió prácticamente
alimentándose en una semana lo que se come regularmente en un día
y, aunque físicamente estaba padeciendo terriblemente, siempre
mostró una especial paz.
Catalina murió el 14 de septiembre, de 1507 , día de la
Exaltación de la Cruz. Su cuerpo fue enterrado en el hospital donde
sirvió por mas de 40 años. Cuando años mas tarde se abrió su
tumba, sus vestidos presentaban signos de descomposición así como
el ataúd, pero su cuerpo estaba intacto, igual que el día en que
había sido enterrado.
Muchos milagros a partir de su muerte.
Una amiga de Catalina que estaba críticamente enferma, tuvo una
visión de Catalina en el cielo, gozando de la Luz Divina. Entonces
pidió a los enfermeros del hospital que la trasladaran y la
colocaran cerca del cuerpo de Catalina, y que pasaran sobre la parte
de su cuerpo que estaba enfermo, un pedazo de tela del vestido de
Catalina, en ese instante la amiga de Catalina pidió la
intercesión de la santa e inmediatamente fue sanada.
Fue Canonizada el 18 de mayo de 1737 por el Papa Benedicto XIV.
Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia del hospital donde
sirvió tantos años. Su nombre original es la Santísima
Annunziata, pero se agrega el de Santa Catalina. Originalmente era
parte del hospital pero este fue destruido por la guerra mientras
que la iglesia fue prodigiosamente salvada. Hoy día la iglesia es
mantenida por los frailes franciscanos.
Visite la Iglesia del hospital
Dirección de la iglesia: Santuario S. Caterina da Genova; Viale
IV Novembre, 5 - 16121 Genova
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Revelaciones del Señor a Sta. Catalina: (D = Dialogo espiritual
- P = Purgatorio)
El alma "no podía quedar sacia" de los bienes
terrenales. "Cuanto más los buscaba" menos se aquietaba.
(D 17)
"Ves tú esta sangre? Toda se ha esparcido por amor tuyo y
para reparación de tus pecados". (D 51)
"Desde ahora en adelante todo lo que acaecerá lo quiero
recibir de la benigna mano de Dios". (D 69)
"Las almas del Purgatorio son todas transformadas en la
voluntad de Dios y se contentan de todo lo que El ha
establecido". (P22)
"No creo que se puede encontrar felicidad comparable a la de
un alma purgante", aun si sufre una "pena tan
extremada" que no se encuentre lengua capaz de expresarla.
(P4-5)
Sobre el pecado: La fuente de todo sufrimiento es originado por
el pecado. Dios creó el alma pura, simple, libre y con deseos para
adorarlo a El. Todo esto se perdió por el pecado original y por los
demás pecados actuales, aumentando el pecado y disminuyendo la
comunicación y comunión con El, llenando el alma de oscuridad y
apartándola de Dios.
Sobre el infierno y las almas: Así como el espíritu purificado
no encuentra reposo solamente en Dios por quien fue creada, así las
almas en pecado no pueden descansar más que en el Infierno, razón
por la cual tuvieron ese fin.
Sobre el Purgatorio: Tratado completo>> El alma cuando
abandona el cuerpo y no encuentra la pureza para la que fue creada,
se ve incapacitada de su unión con Dios. Catalina convencida de que
solo el Purgatorio puede extirpar sus impurezas, anhela el
Purgatorio para purificarse y poder presentarse completamente
purificada ante el Señor. Dios: puro de una manera que ninguna
mente humana puede concebir, donde la mínima mancha del alma es
revelada ante tanta pureza.
El Señor le reveló el Purgatorio igual que el infierno, con la
única diferencia que en el Purgatorio el alma ansía el purificarse
para ir hacia Dios. Y en el infierno, el alma no desea purificarse
ni unirse con Dios. Pero en cuanto al sufrimiento, Dios se lo
reveló de igual forma.
El mayor dolor en el Purgatorio es ver que las puertas del cielo
Dios las tiene abiertas para todos y que uno durante su tiempo en la
vida terrenal, rechazó las purificaciones. En el purgatorio el alma
puede ver el infinito amor y la infinita misericordia de Dios y las
veces que le dimos la espalda por nuestros deseos y voluntades.
Entonces, el alma misma reconoce y ve que aún el Purgatorio es
demostración del infinito amor y misericordia de Dios.
Jesús le revela el Purgatorio y el Infierno. A través del
Divino fuego con el cual fue purifica en su vida mortal, ella pudo
entender el estado de las almas del Purgatorio. El Señor había
purificado su alma en el horno de Su Amor, (a semejanza del oro, que
es purificado de todas sus impurezas en el fuego) limpiando toda
clase de pecado de su vida pasada, dejándola preparada para
presentarse ante El. Jesús le dijo: "El alma es como el oro,
debe ser purificada en el fuego." Durante su vida mortal, Dios
la toma, la purifica y enriquece con el fuego Divino, llevándola a
una alta perfección, correspondiente a su vocación y capacidad.
Le reveló también que así como el sol no puede penetrar en una
superficie cubierta, así mismo también la llama de su Amor, no
puede penetrar en las almas que bloquean o se resisten a recibir su
Amor Purificador, pues El respeta la libertad del hombre.
El alma que no desea ser purificada en su vida terrena, y que no
encuentra deleite en la purificación, tendrá que padecer una
purificación más fuerte en el Purgatorio. Pues aquí en la tierra
encontramos en ello complacencia y consuelo en el Señor, sentimos
Su amor y protección y deseamos hacerlo por El. Vemos todos los
inconvenientes de esta vida como maneras en las que el Señor por
puro amor desea purificarnos y santificarnos y realmente sentimos
que estamos siendo purificados por medio del fuego del Amor Divino,
encontrando en ello alivio y aceptando Su voluntad.
Las llamas con las que el alma es purificada aquí en la tierra
son las llamas del Amor Divino, en el Purgatorio las llamas que
queman y purifican todos nuestros pecados, no son las llamas del
amor Divino por eso causan dolor, angustia; no hay compasión. Y
aunque nuestro amor por el Señor crece, no quita ni disminuye el
tormento que se padece, aun cuando sintamos los rayos del Amor de
Dios.
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ORACIÓN
Oh gloriosa Santa Catalina, digna hija del pobrecillo de Asís,
que te emulaste en la piedad por la Pasión de Jesús y en el ardor
de la caridad, tanto que llegaste a hacer de tu vida un continuo
acto de amor por Dios y por el prójimo, vuelve a nosotros tu
mirada.
Haz que en nuestros corazones se encienda por lo menos una chispa
de tu ardiente amor, que arrancándonos de los lazos del pecado, nos
una siempre más al Señor.
Sé todavía hoy la suave consoladora de los enfermos,
obteniéndoles con la salud del cuerpo, la paz y la alegría del
alma.
Extiende también tu oración sobre las almas del Purgatorio, a
fin de que, cuanto antes puedan gozar la plena posesión de Dios.
Libéranos de las desgracias, aleja de nosotros todo peligro y
obténnos la gracia de merecer, practicando la virtud, la gloria del
Paraíso. Amen.