San Benito José Labré Mendigo amante de la Eucaristía Fiesta
16 de abril
Se destaca por su profunda oración, humildad, pobreza y
penitencia. Servidor de pobres y moribundos. No lo aceptan en las
comunidades religiosas, lo deja todo para vivir como mendigo
dedicado a la oración especialmente ante la Eucaristía.
Benito José Labré fue el primero de los 15 hijos de
Jean-Baptiste Labré y Anne-Barbe Grandsire. Nació el 26 de Marzo
de 1748 en Amettes, Francia.
Se conoce por su director espiritual que desde pequeño tenía
una inclinación a la oración y la mortificación.
Los padres de Benito José, reconocieron en él sus muestras de
piedad por lo que decidieron enviarlo a sus doce años con su tío
Francois-Joseph Labré, sacerdote parroquial en Erin. Allí Benito
progresó considerablemente en sus estudios de Latín, Historia y
otras materias. Sin embargo, no se sentía llamado al sacerdocio
sino a ser monje Trapense. Como era aún menor de edad su tío lo
envió a pedir el consentimiento de sus padres quienes a su vez se
lo negaron. Benito, entonces, volvió con su tío a Erin donde
redobló sus penitencias y actos de piedad en preparación para la
vida que anhelaba.
En 1766 su tío falleció durante una epidemia y Benito, que se
había dedicado al servicio de los pobres y moribundos regresó a
Amettes a pedir, una vez más, la bendición de sus padres para
ingresar a la orden de los Trapenses. Estos, temiendo que su
oposición ofendiera a Dios, le dieron su permiso. Un tío materno,
sin embargo, sugirió su entrada con los Cartujos de Valaldegonde.
Su aplicación fue rechazada por los Cartujos; pero Benito fue
dirigido a otro monasterio de la orden en Neuville. Allí le dijeron
que como no tenía todavía 20 años no había ninguna prisa y
mientras esperaba podría aprender lógica. Durante los próximos
dos años Benito continuó aplicando sin éxito al monasterio de La
Trappe. Entonces decidió regresar a Neuville donde estuvo 6 semanas
como postulante con los Cartujos. Como parecía no estar llamado a
esta orden, obtuvo admisión con los Cistercienses en Sept-Fonts en
Noviembre de 1769.
Durante su estadía en Sept-Fonts fue gran ejemplo para toda la
comunidad por su humildad y exactitud en la observancia de la fe.
Desafortunadamente, por problemas de salud, se decidió que su
vocación era otra. Una vez recobrada su salud, cruzó los Alpes
hacia Italia y desde Chieri in Piedmont escribió una carta a sus
padres, la última que recibirían de él, pidiéndoles que le
perdonaran por los inconvenientes que les causó y les informaba su
intención de entrar en un monasterio en Italia.
Durante este tiempo, tuvo una iluminación interior en la que
entendía que era la voluntad de Dios que dejara su país, su
familia y sus posesiones para vivir una vida de mortificación en
medio de la gente y no en un claustro, visitando como peregrino los
lugares de devoción Cristiana. Durante el resto de su vida, nunca
dudó que esta fuera la voluntad del Señor. Benito sometió esta
inspiración a su confesor quien le aconsejó seguirla sin
preocupación.
Benito empezó sus peregrinaciones vistiendo un abrigo viejo, con
un rosario en el cuello y otro entre sus dedos y con sus manos
abrazando un crucifijo que llevaba al pecho. En una bolsa pequeña
llevaba una copia del Nuevo Testamento, un breviario que recitaba
diariamente, y una copia de la Imitación a Cristo. La única ropa
que tenía era la que llevaba puesta. Dormía al aire libre y en el
piso. Se procuraba la comida ya sea del basurero o sobras que
recibía. Nunca pidió limosna y si la recibía usaba una pequeña
cantidad y lo demás lo repartía entre los demás pobres.
Benito era no solo estricto en su pobreza sino también en su
comportamiento, hablaba raramente y la mayoría del tiempo
permanecía absorto en la meditación. Pasaba días enteros rezando
en las iglesias y estaba tan absorto que perdía noción de sus
alrededores.
Una penitencia que Benito practicaba al extremo era la de no
bañarse. En sus primeros años como peregrino visitó las
principales basílicas en Europa incluyendo Loreto, Asís, Nápoles,
Bari Fabriano en Italia, Einsinden en Suiza, Compostela en España y
Paray-le-Monial en Francia. Los últimos 6 años de su vida los
pasó en Roma de donde salía solo una vez al año para peregrinar a
Loreto.
Mientras vivía en Roma dormía en el Coliseo y visitaba las
iglesias, especialmente las que practicaban la devoción de las 40
horas. Allí, pasaba horas en contemplación de nuestro Señor
Eucarístico, por lo que muchos le llamaban el santo de las 40
horas. Muchos fueron movidos a un amor más ardiente por la
Eucaristía por el ejemplo de este santo.
Debido a su salud debilitada Benito José fue obligado a pasar
las noche en un hospicio para hombres. Los administradores vivían
impresionados por las virtudes de este santo en especial su humildad
y piedad. Benito era siempre el último en recibir su porción de
alimento que casi siempre cedía a quien el consideraba tenía más
hambre. Y a pesar de su grave enfermedad, que contrajo a principios
de la Cuaresma de 1783, el santo se negó a abandonar sus prácticas
de piedad.
Benito José acudió por última vez a Misa en su Iglesia
favorita, Santa María dei Monti, el miércoles de Semana Santa. Al
salir de la iglesia se desvaneció ante la mirada sorprendida de la
gente de entre la cual un carnicero se apresuró a llevarse al Santo
a su casa. Después de recibir los sacramentos Benito José Labré
murió el 16 de Abril a las ocho de la noche y la noticia se
divulgó de inmediato por las calles, "el Santo murió".
El entierro fue en la iglesia de Santa María dei Monti donde en
vida permanecía muchas horas contemplando a la Madona y donde
todavía hasta hoy permanecen sus restos. Después de su muerte,
muchos milagros se han concedido por la intercesión de Benito
José. Su director espiritual relata que hay alrededor de 136
milagros certificados. Benito José Labré, el "Santo Mendigo
de Roma" fue canonizado por el Papa León XIII el 8 de
Diciembre de 1881.