Beata Ángela de Foligno Fiesta: 4 de enero (1249-1309)
Le toca vivir una época en que Federico II estaba en guerra con
el papado, el cual tenía poder temporal. Su ciudad, Foligno,
favorecía al emperador y era anticlerical. Muy probablemente este
espíritu se respiraba en el hogar de Angela quien dirá después
que en su madre encontraba gran obstáculo para la conversión. Era
también tiempo de cruzadas. Pero ya comienza a vislumbrarse el
Renacimiento con sus buenas y malas características. El hombre
siente ser centro de todo y se aleja de Dios.
Ella conoció esta tirantez muy de cerca. Fue pecadora en un
principio pero terminó su vida santa. Nace muy acomodada y se apega
a las riquezas no solo de niña sino también ya como mujer casada y
con varios hijos. Mas tarde lo confesará muy arrepentida.
Sin embargo, hacia el año 1285, Foligno está bajo el Papa.
Ángela esta en sus treinta y por fin, los pecados de su juventud
comienzan a producirle dolor en el corazón. Es entonces que pierde
a su madre, a su marido y a sus hijos. Busca entonces a Dios, pero
al principio sin apartarse del todo del pecado. Hace comuniones
sacrílegas ya que no está dispuesta aun a confesar sinceramente
sus pecados. Pero entra en lucha interior.
Vive cerca de Asís y el ejemplo de Francisco le reta. Un día en
que se encontraba atormentada por remordimientos de conciencia,
pidió a san Francisco que le sacara de aquellas torturas. Poco
después entró en la iglesia de San Feliciano mientras predicaba un
franciscano. Se sintió tan conmovida que, al bajar el predicador,
se postró ante su confesionario, y, con gran compunción, hizo
confesión general de toda su vida, quedando muy consolada. Era el
año 1285.
Del fraile, llamado Arnaldo, poco se conoce pero sabemos que
pasó a ser su confesor, su director y su confidente espiritual.
Gracias a sus cartas conocemos a la beata Ángela. Se trata del
"Memorial de fray Arnaldo", tesoro de teología espiritual
que nos lleva hasta el año 1296, en que se consuman sus admirables
ascensiones hasta la contemplación del misterio de la Santísima
Trinidad. Tiene muchas visiones místicas las cuales ella confiesa
que no se pueden explicar adecuadamente con nuestros conceptos
humanos.
Ella enseña que todos los cristianos deben intentar subir la
cuesta de la montaña espiritual; todos están llamados a
ejercitarse en la vida ascética, mediante la posesión de las
virtudes cristianas y la práctica de la perfección.
Hay entrar en la ascética y la mística siendo las dos mitades,
inicial y terminal respectivamente, de una misma vida espiritual.
«Y que nadie se excuse con que no tiene ni puede hallar la divina
gracia, pues Dios, que es liberalísimo, con mano igualmente
pródiga la da a todos cuantos la buscan y desean».
Escribió sobre el laborioso proceso de su conversión, desde que
comenzó a sentir la gravedad de sus pecados y el miedo de
condenarse hasta el momento en que al oír hablar de Dios se sentía
presa de tal estremecimiento de amor, que aun cuando alguien
suspendiera sobre su cabeza una espada, no podía evitar los
movimientos.
Además de la Autobiografía tomada por fray Arnaldo, se le
atribuyen a la beata unas exhortaciones, algunas epístolas y un
testamento espiritual.
Espiritualidad de la Cruz La espiritualidad de Angela ofrece
modalidades nuevas, dentro de lo franciscano; pues mientras el
cristocentrismo de la escuela franciscana, en general, se orienta
hacia la Encarnación, para la beata Ángela todo gira en torno a la
cruz. La pasión y muerte de Cristo es la demostración más grande
de amor que el Hijo de Dios ha podido dar a los hombres. Cristo
desde la cruz es el Libro de la Vida, como lo llama ella, en el cual
debe leer todo aquel que quiera encontrar a Dios.
Sobre la cruz escribe «En esta contemplación de la cruz ardía
en tal fuego de amor y de compasión que, estando junto a la cruz,
tomé el propósito de despojarme de todas las cosas, y me consagré
enteramente a Cristo.»
La estricta pobreza de espíritu era la señal en que ella
descubre los verdaderos discípulos de Cristo. Muchos se profesan de
palabra seguidores de Cristo; pero en realidad y de hecho abominan
de Cristo y de su pobreza.
El Corazón de Jesús Junto a la cruz, la beata Ángela aprendió
a ser la gran confidente del Sagrado Corazón de Jesús, siglos
antes que santa Margarita María recibiera los divinos mensajes.
«Un día en que yo contemplaba un crucifijo, fui de repente
penetrada de un amor tan ardiente hacia el Sagrado Corazón de
Jesús, que lo sentía en todos mis miembros. Produjo en mí ese
sentimiento delicioso el ver que el Salvador abrazaba mi alma con
sus dos brazos desclavados de la cruz. Parecióme también en la
dulzura indecible de aquel abrazo divino que mi alma entraba en el
Corazón de Jesús.» Otras veces se le aparecía el Sagrado
Corazón para invitarla a que acercase los labios a su costado y
bebiese de la sangre que de él manaba. Abrasada en este amor,
experimentaba deseos de padecer martirio por Cristo.
La Eucaristía Ella comprendió que el amor que Cristo
crucificado se perpetúa en la Santa Misa. Era pues devotísima a la
Eucaristía. Tuvo muchas visiones en el momento de la consagración,
o durante la adoración de la sagrada Hostia.
Siete consideraciones dedica a la ponderación de los beneficios
que en este sacramento se encierran. El cristiano debe acercarse con
frecuencia a este sacramento, seguro de que, si medita en el grande
amor que en él se contiene, sentirá inmediatamente transformada su
alma en ese mismo divino amor. Exhorta a que nos hagamos, como
preparación, las siguientes consideraciones: ¿A quién se acerca?
¿Quién es el que se acerca? ¿En qué condiciones y por qué
motivos se acerca?
Muere en las últimas horas del 4 de enero de 1309, rodeada de
sus hijos espirituales. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia del
convento franciscano de Foligno y pronto desde allí se manifestaron
muchos milagros. El papa Clemente XI aprobó el culto el 30 de abril
de 1707.
Isaac Vázquez Janeiro, OFM, Beata Ángela de Foligno, en Año
Cristiano, T. I, Madrid, (BAC 182), 1959, pp. 27-33