EL PERDON

 

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Continuación

 

4to paso: Poner la otra mejilla.  

Tal como veíamos en las películas antiguas cuando el protagonista era un sacerdote pensamos que la invitación de Jesús a ofrecer nuestras dos mejillas para que sean golpeados se refiere meramente al aspecto físico.

Esta enseñanza va mucho más allá e incluso nos invita a un esfuerzo todavía mayor, por tanto más santificante.

 

 Mateo 5;38-42  Ustedes saben que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente." En cambio, yo les digo: No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha...

 

Pensamos que dejar que nos golpeen ambas mejillas resulta difícil, ya no sólo de aceptar sino también de permitir, pero este paso tiene mayor trascendencia, se trata sí, de poner nuestra cara, pero poner nuestra otra mejilla, significa responder con lo contrario al daño o agresión que recibimos. 

 

- Tú eres ofensa, yo pongo la otra cara. Tú eres negro, yo soy blanco. Tu vienes a mí lleno de ira, mi respuesta es la calma. Tu vienes a mí con gritos, estos se estrellarán con mi serenidad. Tu me haces el mal, yo te responderé con un bien.

 

Esto realmente es para cristianos, para lograr esto necesitamos realmente hacernos violencia en nuestro corazón, no desquitarse es una cosa, pero devolver el mal recibido con un bien, esto si requiere de una voluntad férrea.

Llegar a este punto del perdón interior hace que la posibilidad de poner nuestra otra mejilla físicamente para que sea golpeada, resulte un juego de niños.

 

5to. paso: Restituir a la persona en su lugar.

 Este punto es el máximo del perdón, que las relaciones vuelvan a ser como antes de la ofensa, siempre y cuando sea posible. (Ejemplo: físicamente no podrá darse si la parte ofensora a fallecido)

         

A la pregunta inicial: ¿Cuántas veces debemos perdonar? Jesús responde con hechos.

 

 Jesús ama y confía en Pedro.

 Mateo 16;18-19  Tú eres pedro y sobre esta piedra...

Vas a tener las llaves del reino, Serás la piedra de mi iglesia.

           

 Sin embargo Pedro niega a Jesús.

Lucas 22  Pedro niega a Jesús 3 veces.

 

 Aún así, Jesús perdona a Pedro y le confirma las promesas que le había hecho.

 Juan 21;15-17   Pedro ¿Me amas...?  "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Entonces Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".

 

Esto es realmente perdonar.

Jesús no le dijo a Pedro: Te perdono, pero...

- No te saco de los doce pero te pongo al último, ya no será es primero.  

- Recuerdas que serías la piedra sobre la que edificaría mi Iglesia, pues ya no será así.

- Te acuerdas de las llaves del reino, pues no te las voy a dar.  

 

Jesús confirmó tres veces el cariño de Pedro y lo restituyó en su lugar y le confirmo las promesas, Jesús se olvidó de todo y lo perdonó.

   

 

Concluimos el Tema con una anécdota que nos ilustrará:

Cierto hombre caído en desgracia se encontraba sentado a la orilla de aquel camino pidiendo limosna a quien pasaba por ahí. Pasó entonces un hombre rico y el pobre le solicito una ayuda, pero el rico en vez de eso sólo respondió con burlas y azotando a su caballo dejó lleno de polvo a aquel hombre. Este se levantó tomó una roca de buen tamaño y se alistó para arrojarla sobre el hombre que se había mofado de él, pero, al levantarse se dio cuenta que este ya se encontraba demasiado lejos y que no lograría descargar su furia.

Pero no logró serenarse y decidió guardar en su gastado morral aquella piedra en espera de la oportunidad para desquitarse.

Y pasaron varios años y cierto día aquel pobre hombre pudo ver como la policía llevaba casi a rastras a un hombre, y pudo observar que era aquel que tiempo atrás le había causado tan enorme disgustó. Aquel hombre rico ahora había caído en desgracia y lo llevaban para ponerlo preso.

Nuestro hombre presuroso buscó en su raído morral aquella roca que había cargado ahí precisamente para esa ocasión, la encontró sin dificultad debido a su gran tamaño y empuñándola con fuerza la levantó para arrojarla sobre quien lo había ofendido.

Levantó su mano, esperó el momento en que aquella comitiva estuviera cerca de él, pero aquel tumulto pasó y este hombre no arrojó su piedra. Cuando todos pasaron, nuestro hombre bajo su brazo y dejando caer aquella pesada piedra dijo: "No, para que".

 

 

Aquel hombre había cargado su rencor por años, para darse cuenta finalmente que todo aquel tiempo había sufrido cargando un peso inútil. 

 

Basado en el Tema: "Los pasos del Perdón"

Por: Salvador Gómez.

 

 

 

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