P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.
MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL ARCÁNGELES EN ACCIÓN
LIMA - PERÚ
MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL ARCÁNGELES EN ACCIÓN
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
Los coros de los ángeles Los arcángeles San Gabriel Letanías a
san Gabriel San Rafael Letanías a san Rafael San Miguel Apariciones
de san Miguel Santuarios de san Miguel Santuario del monte Gárgano
Santuario del Mont saint Michel Saint Michael’s Mount San Michele
della Chiusa Santuario de Navalagamella Santuario de san Miguel del
Milagro Novena a san Miguel Letanías a san Miguel Consagración a
san Miguel Consideraciones
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN
En este libro deseo presentar a los tres famosos arcángeles
(Miguel, Gabriel y Rafael) para que podamos conocerlos más y así
amarlos más. Conocer algunas de sus apariciones y de sus milagros
más importantes puede ayudarnos a conocer mejor la acción que han
realizado entre nosotros. De esta manera, podremos invocarlos con
más amor y devoción para obtener muchas bendiciones de Dios por
medio de ellos.
San Miguel es poderoso, especialmente, en la lucha contra el
Maligno. San Gabriel es el especialista en el campo de las
comunicaciones y san Rafael es, de modo especial, el protector de
los viajeros, con poderes extraordinarios para sanar enfermos.
Espero que este libro pueda ayudar a invocarlos más
frecuentemente, pues su ayuda, en las diferentes circunstancias de
la vida, será muy importante y no podemos dejar de recibir tantas
bendiciones que Dios quiere darnos por medio de ellos.
Les deseo a todos una vida llena de amor y de alegría en
compañía de los ángeles y, concretamente, de los tres
arcángeles, que siempre están listos para entrar en acción, en la
medida en que se lo pidamos con fe. LOS COROS DE LOS ÁNGELES
Entre los ángeles hay distintos coros. Siempre se han
considerado nueve: Ángeles, arcángeles, virtudes, principados,
potestades, dominaciones, tronos, querubines y serafines. El orden
varía según los distintos autores, pero lo importante es que no
todos son exactamente iguales, al igual que cada hombre es
diferente. Ahora bien, ¿a qué se debe la diferencia entre los
coros de serafines y querubines o entre los ángeles y arcángeles?
No hay nada definido por la Iglesia y, en este campo, sólo podemos
dar una opinión.
Según algunos autores, la diferencia se debería al grado de
amor y santidad de cada coro. Pero otros autores dicen que la
diferencia está en sus diferentes misiones encomendadas. También
entre los hombres hay diferentes misiones y podemos decir así que
en el cielo hay coros de sacerdotes, mártires, vírgenes
consagradas, apóstoles o misioneros, etc.
Entre los ángeles podría ser algo parecido. Los ángeles,
simplemente llamados así, serían los encargados de dar mensajes de
parte de Dios, es decir, sus mensajeros. Ellos también pueden
cuidar personas, lugares o cosas sagradas. Los arcángeles serían
ángeles de orden superior, los mensajeros más excelsos para
misiones extraordinariamente importantes como la del arcángel San
Gabriel, que anunció a María el misterio de la Encarnación. Los
serafines tendrían la misión de estar adorando ante el trono de
Dios. Los querubines estarían cuidando lugares sagrados de
importancia y lo mismo a personas sagradas importantes como el Papa
y obispos…
Pero lo que hay que aclarar es que, según esta opinión, no
quiere decir que todos los serafines sean más santos que los
sencillos ángeles o arcángeles; son misiones, no grados de
santidad lo que los diferencia. Al igual que entre los hombres, uno
del coro de los mártires o de las vírgenes o de los sacerdotes,
incluso de los tres a la vez, podría ser inferior en santidad a un
apóstol laico. No por haber sido sacerdote es más santo que un
simple laico; y así podemos decir de los demás coros. Por eso, se
supone que san Miguel es el príncipe de los ángeles, el más
excelso y elevado de todos los ángeles y, sin embargo, se le dice
arcángel, aunque esté por encima de todos los serafines en
santidad…
Otra cosa que debemos aclarar es que no todos los ángeles
custodios son del coro de los ángeles, ya que pueden ser serafines
o querubines o tronos, según las personas y su grado de santidad.
Incluso, Dios puede dar a algunas personas más de un ángel de
distintos coros para ayudarles más en su camino a la santidad. Lo
importante es saber que todos los ángeles son nuestros amigos y
hermanos, y quieren ayudarnos a amar a Dios. Amemos a los ángeles y
seamos amigos de todos los ángeles.
LOS ARCÁNGELES
Son los ángeles enviados por Dios para misiones de una especial
importancia. En la Biblia sólo se habla de tres: Miguel, Gabriel y
Rafael. ¿Cuántos pertenecen a este coro? ¿Podrían ser millones
como en otros coros? No sabemos. Algunos dicen que sólo son siete.
Así lo dice el mismo arcángel san Rafael: Yo soy Rafael, uno de
los siete santos ángeles, que presentan las oraciones de los justos
y tienen entrada ante la majestad del Señor (Tob 12, 15). Algunos
autores los ven también en el Apocalipsis, donde se dice: A
vosotros sean la gracia y la paz de parte del que era y del que
viene y de los siete espíritus que están delante de su trono (Ap
1, 4). Vi siete ángeles que estaban de pie delante de Dios y a los
cuales les fueron dadas siete trompetas (Ap 8, 2).
En 1561 el Papa Pío IV consagró la iglesia, construida en el
local del salón de las Termas del emperador Diocleciano, a Santa
María y a los siete arcángeles. Es la iglesia de Santa María de
los ángeles.
Pero ¿cuáles son los nombres de los cuatro arcángeles
desconocidos? Hay diferentes versiones. La beata Ana Catalina
Emmerick habla de los cuatro ángeles alados que distribuyen las
gracias divinas y que serían arcángeles y los llama: Rafiel,
Etofiel, Salatiel y Emmanuel. Pero lo de menos es el nombre
concreto. Lo importante es saber que hay ángeles especiales del
coro de los arcángeles que están siempre ante el trono de Dios,
presentando nuestras oraciones ante Él y a quienes Dios encomienda
misiones especiales.
La mística austriaca María Simma nos dice: En la Escritura se
habla de siete arcángeles de los cuales los más conocidos son
Miguel, Gabriel y Rafael. San Gabriel está vestido como un
sacerdote y ayuda especialmente a quien invoca mucho al Espíritu
Santo. Es el ángel de la Verdad y ningún sacerdote debería dejar
pasar un solo día sin pedir su ayuda.
Rafael es el ángel de la curación. Ayuda especialmente a los
sacerdotes que confiesan mucho y a los mismos penitentes. También
las personas casadas deberían acordarse de san Rafael.
El arcángel san Miguel es el ángel más fuerte contra toda
clase de mal. Debemos pedirle frecuentemente que nos proteja, no
sólo a nosotros, sino también a todos los miembros vivos y
difuntos de nuestra familia.
San Miguel va frecuentemente al purgatorio a consolar a las almas
benditas y acompaña allí a María, especialmente, en las fiestas
más importantes de la Virgen.
Algunos autores consideran que los arcángeles son los ángeles
de mayor jerarquía, de un orden superior. A este respecto, el gran
místico francés padre Lamy (1853-1931), quien veía a los ángeles
y, especialmente, a su protector el arcángel san Gabriel, afirma
que Lucifer fue un arcángel caído. Dice: No podemos imaginar el
inmenso poder de un arcángel. La naturaleza de estos espíritus,
aunque estén condenados, es muy notable… Un día insulté a
Satanás, diciéndole “Sucia bestia”, pero san Gabriel me dijo:
“No olvides que es un arcángel caído. Es como un hijo de una
familia muy noble caído por sus vicios. Él no es respetable por
sí mismo, pero hay que respetar a su familia en él. Si se responde
a sus insultos con insultos es como una guerra entre gente baja. Hay
que atacarlo con la oración”.
Según el padre Lamy, Lucifer o Satanás es un arcángel caído,
pero de una categoría y de un poder superior a los demás ángeles.
Veamos ahora algunas características de cada uno de los tres
arcángeles conocidos.
SAN GABRIEL
Su nombre significa fuerza de Dios. Se le representa con una vara
de perfumada azucena, que obsequió a María en el momento de la
Anunciación y que representa la pureza inmaculada de la Virgen
santa. Su fiesta es el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.
Es el mensajero de Dios por excelencia y el que comunica a los
hombres las grandes noticias de parte de Dios. Ya en el Antiguo
Testamento le habla al profeta Daniel sobre los acontecimientos
importantes que tendrán lugar para el pueblo de Israel. Veamos los
textos:
Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión, se colocó delante
de mí alguien con apariencia de hombre y oí una voz que gritaba y
decía: “Gabriel, explícale a éste la visión”. Vino él cerca
de donde estaba yo y, al acercarse, me sobrecogí y caí sobre mi
rostro. Él me dijo: “Atiende, hijo de hombre, que la visión es
del fin de los tiempos… Voy a enseñarte lo que sucederá al fin
del tiempo de la ira, pues tendrá fin ese tiempo” (Dan 8, 16-19).
Estaba todavía en oración, cuando aquel varón, Gabriel, a
quien vi en la visión, volando rápidamente, se llegó a mí como a
la hora del sacrificio de la tarde. Vino y, hablando conmigo, me
dijo: “Daniel, vengo ahora para hacerte entender. Cuando
comenzaste tu plegaria, fue dada la orden y vengo a dártela a
conocer, porque eres el predilecto. Oye, pues, la palabra y entiende
la visión. Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y
sobre tu ciudad santa para poner fin a la prevaricación y cancelar
el pecado, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna, para
sellar la visión y la profecía y ungir al santo de los santos”.
Gabriel también deja entrever un tiempo de inmensas bendiciones
espirituales con la venida del Mesías: Vi venir sobre las nubes del
cielo a uno como hijo de hombre que se llegó al anciano. Y se le
dio el señorío, la gloria y el imperio y todos los pueblos,
naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es un dominio eterno y
no acabará; y su imperio, imperio que nunca desaparecerá (Dan 7,
13-14). Aquí se habla claramente del Mesías prometido al pueblo de
Israel. Por eso, Gabriel es claramente, ya desde el Antiguo
Testamento, el embajador de Dios para los grandes acontecimientos
del pueblo de Dios. Esto se manifiesta con total claridad en el
Nuevo Testamento al anunciar el nacimiento de Juan Bautista y de
Jesús.
Le dice Gabriel a Zacarías: Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios
y he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena nueva. He
aquí que tú estarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que
esto se cumpla por cuanto no has creído a mis palabras que se
cumplirán a su tiempo (Lc 1, 19-20).
Pero, sobre todo, le anuncia a María la gran noticia del
nacimiento del Salvador. En el mes sexto fue enviado el ángel
Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a
una virgen desposada con un varón de nombre José de la casa de
David; el nombre de la Virgen era María, y presentándose a ella le
dijo: Salve, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-28).
María se asusta ante la vista del ángel, quien había aclarado
desde el principio que venía de parte de Dios. Y Dios, por medio de
Gabriel, le dice las hermosas palabras del Avemaría: Dios te Salve,
llena de gracia, el Señor está contigo. Palabras divinas y
evangélicas, cuya repetición en el Avemaría no pueden ser sino
fuente de inmensas bendiciones para los creyentes.
Y sigue diciéndole: No temas, María, porque has hallado gracia
ante Dios y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien,
pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del
Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David su padre y
reinará en la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin
(Lc 1, 30-33).
A continuación, el ángel le explica la concepción milagrosa de
Jesús: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del
Altísimo te cubrirá con su sombra y, por eso, el hijo engendrado
será santo y será llamado Hijo de Dios. E Isabel tu parienta
también ha concebido un hijo en su vejez y éste es ya el mes sexto
de la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible.
Y María dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra”. Y se fue el ángel (Lc 1, 35-38).
Hay un detalle significativo, que es preciso anotar sobre san
Gabriel, el embajador de Dios. San Gabriel saluda a María con el
Salve, en griego Alégrate, que era el saludo normal entre los
griegos. Pero el saludo de parte de Dios va más allá de un mero
saludo humano, porque el saludo divino se fija en su alma, que es
inmaculada, y le dice llena de gracia. Ese es el mayor elogio que un
ser humano podría haber recibido de Dios y que a nadie sino a ella
se le ha dicho. Llena de gracia, es decir, llena de Dios, totalmente
llena, sin el menor resquicio de pecado. Por eso, le decimos
también para alabarla: Santísima, purísima, inmaculada. María,
en su humildad, no comprende cómo Dios la ha escogido y no puede
comprender cómo se realizará, porque ha hecho voto de virginidad,
pero el ángel le aclara que el hijo que va a nacer será concebido
por obra del Espíritu Santo.
En esta embajada, Gabriel se presenta ante la humanidad como el
gran comunicador, el gran mensajero, como si fuera el correo de
Dios. Por eso el Papa Pablo VI nombró a san Gabriel arcángel
patrono de los Correos, de los carteros, de los empleados de correos
y de los filatelistas por la carta apostólica Quondoquidem del 9 de
diciembre de 1972.
El Papa Pío XII lo nombró patrono de las telecomunicaciones y
de los comunicadores por el breve apostólico del 12 de enero de
1951, donde dice: Ante la solicitud de muchas personas notables, que
trabajan en telecomunicaciones y que han pedido que se les conceda a
san Gabriel arcángel como celestial patrono, hemos decidido acoger
favorablemente este pedido que también responde a nuestros deseos.
Por lo cual, usando de nuestro poder apostólico, constituimos para
siempre y declaramos a san Gabriel arcángel patrono celeste ante
Dios de las telecomunicaciones, de sus especialistas y de todos los
empleados, concediendo a san Gabriel todos los honores y privilegios
que corresponden normalmente a los patrones principales.
Por ser san Gabriel el embajador de Dios es también patrono de
los embajadores y diplomáticos: también lo tienen por patrono los
locutores de radio y todos los empleados y operadores de radio y
televisión, al igual que los operadores de teléfonos. Igualmente,
todos los mensajeros. En la actualidad, hay muchos que lo consideran
patrono de los cibernautas y del Internet. En una palabra, todo lo
que haga referencia a la comunicación de noticias por los medios
conocidos y por los que vengan en el futuro, están dentro de su
protección.
Santa Matilde cuenta: Un día, vi al arcángel san Gabriel que
iba delante de la Virgen María con un cetro de oro sobre el que
estaban escritas en letras de oro: “Dios te Salve, llena de
gracia, el Señor está contigo”.
La beata Rosa Gattorno dice sobre san Gabriel: El 24 de enero de
1889 en la noche, cansada por haber trabajado mucho a la mesa hago
un esfuerzo para reunir ideas y encontrar el punto de meditación.
Me disgustaba, porque no encontraba aquella unión que deseaba en la
oración. Y se me apareció un bellísimo ángel que rezaba cerca de
mí. Un voz interior me dijo: Reza por ti. Él hace lo que tú no
puedes hacer; suple por ti. El ángel Gabriel hace tus veces. Y
quedé muy contenta en mi interior como si hubiera gustado aquello
que en la unión podía experimentar.
A la estigmatizada italiana Teresa Musco (1943-1976), el 13 de
enero de 1955, estando recuperándose en el hospital de una
operación quirúrgica, se le presentó una niña bella y rubia con
alas de oro y con voz suave le dijo: Ofrece todo por los pecadores
sin lamentarte. Yo soy el arcángel Gabriel y estoy siempre a tu
lado. No te preocupes de nada.
Al místico padre Lamy, Dios le había dado la gracia de ver a su
ángel custodio y, como un protector especial, al arcángel san
Gabriel. El 18 de mayo de 1912 estaba haciendo limpieza en la
iglesia, cuando se le presenta san Gabriel y le dice: Atento, vas a
rezar delante de la Virgen María. Y se le aparece María rodeada
por unos sesenta ángeles por lo menos.
Nos dice: el 15 de marzo de 1918 observé que las baldosas de la
iglesia estaban muy sucias y quise limpiarlas, pero oí hablar al
santo arcángel Gabriel y a mi ángel, que decían: “Es inútil”.
A veces, cuando quieren decirme algo, hablan entre ellos y me dejan
entender lo que dicen. Pocas horas después, vino la explosión en
la capilla. Ese día, por inspiración de los ángeles, no me había
detenido a rezar como lo hacía normalmente… En la atmósfera se
habían expandido gases tóxicos que empeoró mi ojo derecho. Pero
en medio de la desgracia, ocurrió un milagro eucarístico
admirable. El copón con las hostias quedó sobre el corporal fuera
del sagrario, en el aire, sobre el corporal que también estaba en
el aire. El canónigo de Rochetaillade (arcipreste de Saint-Denis),
después de haber constatado el milagro, llevó el copón al
sagrario mayor. Yo vi el corporal con el copón en el aire.
Mi ángel custodio tiene cabeza redonda y es bellísimo, con
cabellos negros y ondulados. El arcángel Gabriel tiene los cabellos
cortos y ondulados. Gabriel tiene la cabeza más grande que los
otros ángeles. Es por eso que yo reconozco a un ángel de
categoría superior… Durante la guerra, visitaba a los heridos en
la estación y veía al santo arcángel y a mi ángel que los
bendecían.
Algunas veces en la estación de trenes había seiscientos o
setecientos heridos. El santo arcángel y mi ángel estaban conmigo.
Cuando estaba el arcángel, yo veía claro, veía las conciencias.
Daba la absolución con la convicción de que había 99% de
seguridad que la recibían con fruto…
La santa Virgen le había dicho al santo arcángel Gabriel: “Cuídalo”.
Un día había salido de la capilla de Nuestra Señora del bosque al
ponerse el sol. Caminaba inclinado hacia delante para no recibir en
los ojos los últimos rayos del sol. No veía casi nada, porque soy
medio ciego. De pronto, aparece un ciclista frente a mí. Me habría
atropellado con seguridad, pero el arcángel Gabriel tomó su
bicicleta por las dos ruedas y la colocó suavemente a un costado.
El arcángel había tomado la bicicleta con el hombre que estaba en
ella y la había colocado sobre la hierba, a un costado de la
carretera. El hombre se quedó con la boca abierta, viéndome a mí
y al ángel. Yo tenía unas ganas locas de reír, viendo el asombro
de aquel joven, pero me reprimí para no ofenderlo. Y me alejé del
joven de la bicicleta y del otro que venía detrás y que había
visto todo.
El primer ciclista le gritó al segundo: “Son dos, son dos”.
Yo creo que se refería al arcángel y a mí. El otro no
comprendía. La Virgen me había confiado al arcángel y me
protegió. Sobre este suceso se habló después en cabarets y en
reuniones de vecinos y yo me hacía el que no sabía nada…
También los ángeles me protegieron de las abejas el verano de
1923. Como tengo mala vista, ellos me defendieron. Yo entré en la
capilla, después de un paseo por el bosque, donde hay bastantes
enjambres. Yo había cogido algunas flores cerca de un enjambre sin
darme cuenta de que en las flores había abejas. Cuando entré en la
capilla, me siguió un gran número de ellas y, en ese momento, oí
estas palabras: “No le piquéis, no le piquéis. Nuestra Reina no
estará contenta. Es preciso que él regrese a su casa en su asno;
si lo hiciera solo, tendríamos que acompañarlo en forma humana”.
Era la voz del arcángel Gabriel que ya conozco bien. Todas las
abejas se retiraron sin hacerme daño y yo se lo agradecí a los
tres arcángeles.
El conde Paul Biver, gran amigo y confidente del padre Lamy, nos
cuenta el siguiente suceso:
El 19 de noviembre de 1924, miércoles, a las 10 menos cinco
minutos de la noche, el padre Lamy estaba muy fatigado. Lo
acompañé con dos lámparas a su habitación. Después de desearme
unas buenas noches, le di una lámpara encendida. A las diez y
cuarto, yo estaba en cama y apagué la luz. Después de dos o tres
minutos, a través de las dos puertas, comienzo a oír una
conversación animada en su habitación. Son tres hombres quienes
toman parte, con voces distintas, que se oyen muy bien en el
silencio de la noche. Me siento en mi lecho. El padre Lamy habla de
vez en cuando con un interlocutor, cuya voz es muy varonil y
agradable. Entiendo algunas sílabas, pero no comprendo lo que
dicen. Por discreción, no quiero ir hasta la puerta para escuchar.
El tercer interlocutor tiene la voz un poco menos agradable, pero
perfectamente normal. Yo capto perfectamente la voz de los tres
interlocutores, que hablan en francés.
Al día siguiente temprano, me reúno con el padre Lamy. En el
camino a la iglesia, le pregunto: “Ayer en la tarde usted hablaba
con otros. ¿Eran ángeles?”. Él me sonrió y me dijo: “Pueden
ser ellos, son la consolación de la tarde”. Durante el día, me
responde claramente que las voces que escuchaba eran de san Gabriel
y de su ángel custodio.
Y nos dice el mismo padre Lamy: El arcángel viene frecuentemente
a acompañarme. Vino el 29 de junio (1925). Estaba solo rezando el
breviario y me habló de cosas celestiales. Cuando viene, le doy
mensajes para la Santísima Virgen. Él no me responde, pero me
sonríe.
¡Si vosotros vierais el respeto de los ángeles por Dios y por
la Santísima Virgen! Pensaríais un poco más en respetarlos. ¡Con
qué respeto le habla el arcángel san Gabriel a la Santísima
Virgen! Le dice “Reina” y se inclina. Y ella le responde con un
tono maternal.
El padre Lamy murió el 1 de diciembre de 1931 de un ataque al
corazón, después de haber confiado su alma a la Santísima Virgen
y a san Gabriel arcángel, sus celestiales protectores.
LETANÍAS A SAN GABRIEL
San Gabriel arcángel, ruega por nosotros. San Gabriel, que
habéis manifestado las divinas visiones al profeta Daniel... San
Gabriel, que te apareciste a Zacarías para anunciarle el nacimiento
y el ministerio -glorioso de su hijo Juan Bautista... San Gabriel,
que has sido enviado por Dios a la Virgen Santísima para anunciarle
el -nacimiento del Salvador... San Gabriel, que has traído a la
tierra el nombre de Jesús... San Gabriel, que ofreces nuestras
oraciones al Altísimo... San Gabriel, protector especial de las
almas castas... San Gabriel, guardián poderoso de la bienaventurada
Virgen María... San Gabriel, lleno de la fuerza de Dios... San
Gabriel, mensajero de Dios... San Gabriel, defensor de la fe
cristiana... San Gabriel, adorador perfecto del Verbo divino... San
Gabriel, protector del niño y de su madre... San Gabriel, ángel de
la virginidad consagrada... San Gabriel, protector de las
comunicaciones y de la unidad de los creyentes... San Gabriel,
ángel de la humildad... San Gabriel, ruega por nosotros ahora y en
la hora de nuestra muerte. Amén.
Oremos.- Oh Dios, que habéis escogido entre todos los ángeles
al arcángel san Gabriel para anunciar el misterio de la
Encarnación de tu hijo Jesús, concédenos, te pedimos, poder
disfrutar aquí en la tierra de su poderosa intercesión. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
SAN RAFAEL
Rafael significa Medicina de Dios y se le suele representar en
unión con Tobías, acompañándolo o librándolo del peligro del
pez. Su nombre sólo aparece en el libro de Tobías. En él se nos
presenta Rafael como modelo de ángel custodio, porque protege a
Tobías de todos los peligros: del pez que quería devorarlo (6, 2)
y del demonio que le hubiera matado como a los otros siete
pretendientes de Sara (8, 3). Cura la ceguera del padre (11, 11) y
así manifiesta su carisma especial de ser medicina de Dios y
patrono de los que cuidan enfermos. Arregla los asuntos del dinero
prestado a Gabael (9, 5) y aconseja a Tobías que se case con Sara.
Humanamente, Tobías nunca se hubiera casado con Sara, porque tenía
miedo de morir igual que los anteriores esposos (7, 11), pero Rafael
cura a Sara de sus miedos y tranquiliza a Tobías para que se case,
porque ese matrimonio era querido por Dios desde toda la eternidad
(6, 17). El mismo Rafael es quien presenta las oraciones de Tobías
y de su familia ante Dios: Cuando orabais, yo presentaba vuestras
oraciones ante el Santo; cuando tú enterrabas a los muertos,
también yo te asistía; cuando sin pereza te levantabas y dejabas
de comer para ir a sepultarlos, yo estaba contigo (12, 12-13).
A Rafael se le considera el patrono de los novios y jóvenes
esposos, porque arregló todo lo referente al matrimonio de Tobías
con Sara y solucionó todos los problemas que impedían su
realización. Por eso, todos los novios deben encomendarse a san
Rafael y, por medio de él, a la Virgen nuestra Madre, que, como
buena madre, se preocupa de su felicidad. Así lo hizo claramente en
las bodas de Caná, donde consiguió que Jesús realizara su primer
milagro para hacer felices a los recién casados.
También san Rafael es buen consejero familiar. Aconseja a la
familia de Tobías a alabar a Dios: Bendecid a Dios siempre, pues yo
no he venido por mi voluntad, sino por la de Dios; por lo que a Él
debéis bendecir siempre. Ahora alabad a Dios que yo me subo al que
me envió y poned por escrito lo sucedido (12, 17-19). Y aconseja a
Tobías y Sara a orar. Cuando a ella te acerques, levantaos ambos e
invocad al Dios misericordioso y tendrá piedad de vosotros. No
temáis, que para ti está destinada desde la eternidad y tú la
salvarás e irá contigo, y estoy seguro de que tendrás de ella
hijos (6, 17).
Y, cuando estuvieron solos en la alcoba, Tobías dijo a Sara:
Levántate, hermana, vamos a orar para que el Señor tenga
misericordia de nosotros. Bendito eres Dios de nuestros padres y
bendito por los siglos tu nombre santo y glorioso. Bendígante los
cielos y todas las criaturas. Tú hiciste a Adán y le diste por
ayuda y auxilio a Eva, su mujer; de ellos nació todo el linaje
humano. Tu dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle
una ayuda semejante a él. Ahora, Señor, no llevado de la pasión
sexual, sino del amor a tu ley, recibo a esta hermana por mujer. Ten
misericordia de mí y de ella, y concédenos a ambos larga vida. Y
ella respondió: Amén (8, 4-8).
¡Es tan importante orar en familia! La familia que reza unida,
permanece unida. Por otra parte, san Rafael es patrono especial de
los marineros, de todos los que viajan por agua y de quienes viven y
trabajan cerca del agua, pues como libró a Tobías del peligro del
pez en el río, también puede librarnos de los peligros de las
aguas. Por ello, es patrón especial de la ciudad de Venecia.
También es patrono de los caminantes y viajeros, quienes lo
invocan antes de emprender un viaje para que los proteja como
protegió a Tobías en su viaje.
Es patrono de los sacerdotes que confiesan y dan la unción a los
enfermos, ya que el sacramento de la confesión y de la unción de
los enfermos son sacramentos de sanación física y espiritual. De
ahí que los sacerdotes deberían pedir su ayuda, especialmente, al
confesar y dar la santa unción. Es patrono de los ciegos, porque
puede curarlos de la ceguera como lo hizo con el padre de Tobías. Y
muy especialmente también es el patrono de quienes curan o atienden
enfermos; concretamente, de los médicos y enfermeros.
Pero hay que tener en cuenta que para que san Rafael pueda
cumplir su misión y ejercer su ministerio de curar y sanar los
cuerpos y las almas, el que lo invoca debe estar en gracia de Dios.
Si está en pecado grave, por guardar rencor en su corazón o por
haber cometido algún grave error, está cortada la comunicación
con Dios y no podrá ayudar. Es preciso, antes de pedirle algo,
saber perdonar y estar a bien con Dios por medio de una buena
confesión. Esto deberían tenerlo muy en cuenta los médicos,
enfermeras y todos los que cuidan enfermos.
La medicina no debe ser un acto simplemente terapéutico sin
compasión y sin amor. Una medicina deshumanizada, que sólo ve los
medios científicos y técnicos, no puede ser totalmente eficaz. Por
eso, es imprescindible en el ejercicio de la medicina y del cuidado
a los enfermos que tanto el paciente como el que lo cura, estén en
gracia de Dios e invoquen a san Rafael con fe como enviado de Dios
para curar. Dios puede hacer milagros o puede curar normalmente por
medio de los médicos y medicinas. Pero siempre la salud es un don
de Dios. Por otra parte, algo muy significativo y muy útil es hacer
bendecir las medicinas en el nombre de Dios antes de tomarlas. Es
importante que sean bendecidas por un sacerdote; pero, si no hay
tiempo o no hay posibilidad de hacerlo, uno mismo o un familiar
puede hacer esta o parecida oración:
Oh Dios, que maravillosamente creaste al hombre y más
maravillosamente aún lo redimiste, dígnate socorrer con tu auxilio
a todos los enfermos. Te pido especialmente por N.N. Atiende
nuestras súplicas y bendice estas medicinas (y estos instrumentos
médicos) para que el que lo tome, o esté bajo su acción, pueda
ser sanado por tu gracia. Te lo pedimos, Padre, por intercesión de
Jesucristo, tu Hijo, y por la intercesión de María, nuestra Madre,
y de san Rafael arcángel. Amén.
La bendición de las medicinas ha resultado muy eficaz, cuando se
realiza con fe y el enfermo está en gracia de Dios. El padre Darío
Betancourt refiere el siguiente caso:
En Tijuana, México, Carmelita de Valero tenía que tomar una
medicina que le causaba una somnolencia permanente que le impedía
cumplir sus deberes de esposa y madre. Su esposo, José Valero, ella
y yo oramos por las medicinas. Al día siguiente, ella no tenía
sueño y estaba feliz, atendiéndonos a todos con mucho amor y
solicitud.
El mismo padre Darío contaba en una ocasión, estando en el
Perú, que en Estados Unidos había una Asociación de médicos
cristianos, que se reunían a orar por sus pacientes y sucedían
cosas extraordinarias. Una de las cosas sorprendentes era que,
cuando oraban por la quimioterapia que colocaban a los pacientes con
cáncer, a aquellos que recibían la quimioterapia bendecida, no se
les caía el pelo. De este modo, comprobaban fehacientemente el
poder de Dios a través de la oración.
Veamos ahora algunas experiencias y apariciones relacionadas con
san Rafael.
Santa Francisca de las cinco llagas, célebre estigmatizada de
Nápoles, canonizada por Pío IX en 1867, tenía al arcángel Rafael
como su mejor amigo. Él la consolaba en sus penas y la cuidaba en
sus enfermedades. Un día, su director Francisco Javier Bianchi,
beatificado por Leon XIII, estaba con ella y sintió un olor de
paraíso. Pidió a la santa una explicación y ella le dijo: “No
se maraville usted, porque aquí en medio de nosotros está el
arcángel san Rafael”.
En 1786, la misma santa estaba muy enferma y era incapaz del
menor movimiento. Don Juan Pessiri quiso ayudarla y le llevó una
taza de chocolate que él colocó en la mesita de noche, diciéndole
que se la tomara, mientras él iba a realizar algunos trabajos de su
ministerio sacerdotal. La pobre enferma no sabía cómo obedecer,
porque no podía moverse; y pidió ayuda a su gran protector san
Rafael. Al instante, una mano invisible le presentó la taza y,
después de tomar el chocolate, la recogió y la dejó en su lugar.
María Francisca, consolada y agradecida, le dio las gracias a Dios
y a su celestial arcángel.
En otra oportunidad, se le presentó el arcángel san Rafael como
un joven vestido de blanco y de una extraordinaria belleza. El
arcángel le dijo: “Yo soy san Rafael. El Altísimo me ha enviado
a curarte la llaga de tu costado, que está a punto de gangrenarse.
Renueva tu fe en Dios y Él te bendecirá”. Al día siguiente, la
llaga del costado estaba sana. El amable arcángel hizo de enfermero
y le ayudaba cortándole el pan y, diciéndole con una amable
sonrisa que ella no podía servirse sola. Ella disfrutó de una gran
familiaridad con el arcángel, que era su especial protector y
guardián.
En la ciudad de Puzzoli (Italia) se honra de modo especial al
arcángel san Rafael. Uno de sus vecinos estaba muy enfermo y pensó
en ir a Nápoles para hacerse curar, encomendando su viaje a san
Rafael. La noche anterior al viaje, se agravó su enfermedad y no
pudo viajar. Algunos días después, quiso confesarse y le pidió al
padre Ceslas, un dominico del convento de Jesús y María, que
viniera a confesarlo. Le dijo que su madre, al verlo muy enfermo, lo
había encomendado al arcángel san Rafael. Y le contó que ese
día, entre dormido y despierto, le pareció que se moría y era
conducido a la presencia de Dios. Y el divino juez le mostró con
severidad que merecía la condenación eterna por los pecados mal
confesados. Entonces, vio a su costado al arcángel que le dijo: “Yo
soy Rafael y quiero ayudarte. Llamarás al padre y harás una buena
confesión y Dios te retirará la condenación”.
Así sucedió. El moribundo se confesó y recibió la
absolución, dejando esta vida con claras señales de salvación.
San Juan de Dios (1495-1550) era muy devoto de san Rafael. Una
noche faltó el agua en la fuente para el servicio y fue de
madrugada a la plaza de Vivarrambla con dos cántaros y tardó en
volver por hallarse bastante lejos. Cuando regresó al hospital,
halló en la cocina fregados los platos; el pan y todo preparado,
las camas hechas, las salas barridas y todo en orden. Preguntó,
extrañado, a los enfermos quién había hecho en su ausencia los
trabajos y todos le respondieron que él mismo.
No puede ser que sea yo, cuando he estado lejos de aquí.
Insistieron en que había sido él, pues le vieron como todos los
días, realizando los servicios. Entonces, lleno de alegría,
exclamó:
En verdad, hermanos, mucho quiere Dios a sus pobres, pues envía
ángeles que los sirvan. Y pensó que el arcángel san Rafael,
tomando su figura, había realizado los trabajos
Una noche muy fría y lluviosa, encontró el siervo de Dios, al
salir de la calle Zacatín, un pobre aterido que pedía socorro.
Juan le dijo: Venid conmigo, hermano, a nuestro hospital y pasaréis
la noche al abrigo.
El pobre le dijo que estaba inválido y sin fuerzas para
sostenerse en pie. Y cargándolo sobre un hombro y sobre el otro la
capacha y las ollas con las viandas recogidas, empezó a caminar con
prisa, llevado de las fuerzas del espíritu más que de las de su
cuerpo, debilitado por ayunos y trabajos. La carga era superior a su
humanas fuerzas y Juan cayó con sus limosnas y su pobre a la
entrada de la calle de los Gomérez… Al tratar de colocar de nuevo
sobre su hombro al pobre, un joven muy hermoso le ayudó y
tomándole de la mano, en ademán de acompañarle, le dijo:
Hermano Juan, Dios me envía para que te ayude en tu ministerio y
para que sepas cuán acepto le es; sabe que todo lo que haces por
Él tengo a mi cargo escribirlo en un libro.
Juan le preguntó quién era y respondió:
Soy el arcángel Rafael, destinado por Dios para ser tu
compañero, guarda tuya y de todos tus hermanos.
Una tarde, en su hospital de Granada, a la hora de cenar, se dio
cuenta san Juan de Dios que iba a faltar el pan. Rezó a Dios y, a
los pocos minutos, se presentó un joven en la puerta de la
enfermería. Nuestro santo reconoció a su amigo y protector san
Rafael y dijo a los enfermos: “Ánimo, hermanos, que los ángeles
de Dios vienen a servirlos”. El arcángel se acercó a Juan y con
una gran familiaridad dijo: “Hermano mío, nosotros formamos una
sola Orden, porque hay hombres que bajo un pobre vestido son iguales
a los ángeles. Tomad el pan que el cielo os envía”. Y
desapareció dejando a Juan y a los pobres, llenos de consolación y
de alegría espiritual.
Otro día, llegaba la hora de la comida, no tenía ni un pedazo
de pan que dar a sus pobres. Sin embargo, cogió la cesta y salió
muy confiado en que había de encontrar lo necesario. Al atravesar
una calle, vio venir hacia él un hombre a caballo, que le ofreció
mayor cantidad de pan de la que precisaba, desapareciendo en
seguida. Juan de Dios, regresó bendiciendo al Señor y él y
cuantos presenciaron el hecho, juzgaron que esta generosidad fue
debida a un ángel aparecido en figura humana.
Una víspera de Navidad se le informó que no quedaba combustible
para la cocina. En compañía de dos hermanos, fue al bosque y
comenzó a cortar leña. Aunque se esforzaban mucho, era larga la
tarea y se echaba encima la noche. Entonces, se presentaron dos
hombres vigorosos que, en menos de una hora, derribaron árboles y
cortaron en trozos las ramas, formando haces en cantidad para varias
carretas. Los dos religiosos dijeron a Juan: “Si hubiera aquí un
carro, podríamos llevar leña para mucho tiempo”. El santo no
contestó, pero sonreía misteriosamente.
Hijos, no tengáis pena, nosotros que la hemos cortado la
llevaremos, contestaron los leñadores celestes.
Se hizo la noche muy oscura y para que no se extraviaran o
rodaran por algún precipicio, dos luminosos hachones, llevados por
manos invisibles, iluminaron el camino a Juan y sus discípulos.
Pero su admiración llegó al colmo, cuando, al entrar en el patio
del hospital, encontraron colocada toda la leña que vieron cortada
en el monte. Estando gravemente enfermo en su última enfermedad,
recibió una noche la visita del arcángel san Rafael, que le animó
y le reveló el día de su muerte. Estando moribundo, dijo a los que
estaban a su lado: Esta noche pasada el arcángel san Rafael me ha
visitado, dándome la seguridad de que el Señor me hará la
misericordia de llamarme a su lado. Después que me dieron la
comunión, la Santísima Virgen, san Rafael y san Juan Evangelista,
me han favorecido con su presencia, prometiéndome que serían los
protectores de la Obra que yo he comenzado.
En España, en la ciudad de Córdoba, había una peste terrible.
Los muertos eran muchos y hasta quedaban tirados por las calles sin
que nadie se atreviera a recogerlos. Pero lo triste era que muchos
morían sin sacramentos, porque había pocos confesores
sobrevivientes. Simón de Sousa, religioso, que toda su vida había
sido gran devoto del arcángel Rafael, se multiplicaba para atender
a los enfermos y dar limosnas a los necesitados. Pero viendo que su
trabajo era insuficiente, pidió a la Virgen que enviara a san
Rafael para atender a los enfermos. El ángel se le apareció bajo
la figura de un joven de una extraordinaria belleza y le dijo: “Yo
soy Rafael y vengo a ayudarte. Tus oraciones y tus limosnas y, sobre
todo, tu humildad y caridad tienen un gran precio a los ojos de
Dios; Dios ayudará a esta ciudad con las dulzuras de su clemencia.
Vete al obispo y dile que ponga mi imagen debajo del campanario de
la catedral y que exhorte a todos a recurrir a mí. Inmediatamente,
los enfermos serán curados, a condición de encomendarse a la Reina
de los ángeles. Todos los que recurran a mi intercesión y lleven
mi imagen, serán librados de la peste y del impuro demonio Asmodeo,
que pierde a los hombres y los aleja de Dios”.
Simón fue corriendo a decírselo al obispo. La ciudad obedeció
la invitación de san Rafael y prometió celebrar cada año una
fiesta especial para recordar la celeste aparición. Inmediatamente,
la peste desapareció y la ciudad de Córdoba fue consagrada a san
Rafael. En una de sus plazas públicas se colocó en 1884 una
estatua monumental del santo arcángel como patrono y liberador de
la ciudad.
El padre Richa, jesuita, en un pequeño libro publicado en 1751,
dice que había en Florencia un monasterio de religiosas
benedictinas muy devotas de san Rafael. El confesor del convento, el
carmelita padre Alvizzo, tenía también mucha confianza en el
arcángel. Estas buenas religiosas tuvieron que sufrir una gran
prueba referente nada menos que a su reputación. El asunto fue
llevado hasta la Santa Sede y las religiosas estaban muy afligidas.
Un día, hacia las cinco de la tarde, oyeron dar fuertes golpes en
la puerta del convento. Acudió la hermana portera y encontró a un
joven peregrino que pedía limosna, diciendo: “Voy a Roma y allí
ayudaré, y a mi regreso les traeré buenas noticias. Que la
Comunidad rece durante nueve días los salmos: “Los cielos
pregonan la gloria de Dios” (Sal 129) y “Desde lo hondo a Ti
grito, Señor” (Sal 130). Y que enciendan nueve cirios de cera
blanca en honor de los nueve coros angélicos.
El confesor había sido consolado con una visión de san Rafael y
todas cumplieron el encargo a cabalidad. Tiempo después, un
domingo, 1 de octubre, hacia las seis de la tarde, la Madre abadesa
se hallaba con algunas religiosas, cuando un joven llegó a ellas de
prisa y les dijo: “Buenas noticias”. Y se retiró.
En efecto, el asunto había sido resuelto favorablemente y ellas
se vieron libres de toda preocupación. En prueba de reconocimiento,
la abadesa, Margarita Macci, hizo representar en un cuadro a san
Rafael con traje de peregrino tal como se les había aparecido. Las
religiosas establecieron la costumbre de rezar todas las tardes,
después de Completas, los tres salmos recomendados por el
arcángel. Además, durante nueve días continuos antes de la fiesta
de los santos arcángeles del 29 de setiembre, encienden nueve
cirios de cera blanca en honor de los nueve coros de los ángeles.
LETANÍAS A SAN RAFAEL
San Rafael arcángel, ruega por nosotros. San Rafael, que habéis
librado al joven Tobías de todos los peligros… San Rafael, que
habéis liberado a Sara del poder del demonio… San Rafael, que
habéis ayudado a Tobías y Sara en su matrimonio… San Rafael, que
habéis librado a Tobías del peligro del pez… San Rafael, que
habéis dado la felicidad a toda la familia de Tobías… San
Rafael, medicina de Dios… San Rafael, protector de los viajeros y
caminantes… San Rafael, médico celestial… San Rafael, que
ofreces nuestras oraciones a Dios… San Rafael, auxilio y protector
de los marineros y de los médicos… San Rafael, amigo inseparable
y compañero de camino… San Rafael, ayuda para los que se
confiesan y se reconcilian con Dios… San Rafael, ruega por
nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Oremos.- Oh Dios, que has escogido entre todos los ángeles del
cielo a san Rafael para acompañar a los viajeros y protegerlos de
todos los peligros de esta vida y llevarlos sanos y salvos a la
patria celestial, te pedimos que nos ayudes con su intercesión
durante nuestro peregrinaje terrestre y nos libre de todo mal. Por
Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
SAN MIGUEL
Miguel (Mi-kha-el) significa Quién como Dios. Algunos han visto
a san Miguel en la aparición a Josué, pues se presenta con una
espada desnuda en la mano, tal como se le representa a san Miguel.
Le dijo a Josué: Soy un príncipe del ejército de Yahvé…
Descalza tus pies, porque el lugar que pisas es santo (Jos 5,
13-15).
Cuando el profeta Daniel tuvo una visión y quedó como muerto,
dice: Pero Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda
y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia (Dan 10, 13). Y uno
que parecía un hijo de hombre le habló y le dijo: Yo te daré a
conocer lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me
ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe (Dan 10, 21).
Entonces se alzará Miguel, el gran príncipe, el defensor de los
hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia tal como no lo
hubo desde que existen las naciones hasta ese día (Dan 12, 1).
En el Nuevo Testamento se dice en la carta de san Judas Tadeo: El
arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo contendiendo sobre
el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir un juicio injurioso,
sino que dijo: Que el Señor te reprenda (Jud 9). Pero, sobre todo,
es en el capítulo 12 del Apocalipsis, donde aparece claramente su
misión de capitán de los ejércitos angélicos en su lucha contra
el diablo y sus demonios.
Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles peleaban
contra el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron
triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el
dragón grande, la antigua serpiente, llamada diablo y Satanás que
extravía a toda la redondez de la tierra y fue precipitado a
tierra, y sus ángeles fueron precipitados con él. Y oí una voz en
el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino
de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de
nuestro Dios día y noche. Pero ellos lo han vencido por la sangre
del Cordero y por la palabra de su testimonio y menospreciaron su
vida hasta morir (Apoc 12, 7-11).
San Miguel arcángel es considerado el patrono especial del
pueblo de Israel, como se dice en Daniel 12, 1. También ha sido
nombrado patrono especial de la Iglesia católica, el nuevo pueblo
de Dios del Nuevo Testamento.
Igualmente, es considerado patrono de los jueces y de los que
ejercen justicia, pues se le representa con la balanza en la mano.
Además, por ser el capitán de los ejércitos celestiales en la
lucha contra el mal y contra el diablo, es considerado patrón de
los soldados y policías. También lo han escogido para patrono los
paracaidistas y radiólogos y todos los que curan por medio del
radium; pero es especialmente poderoso contra Satanás. Por eso, los
exorcistas lo invocan como a un defensor poderoso.
Veamos un caso histórico en el que se basó la película El
exorcista y que ocurrió en Washington, en el hospital de san Alejo,
en 1949, de acuerdo a las investigaciones realizadas por la cadena
de televisión norteamericana ABC.
El niño (no una niña) de unos diez años, era hijo de una
familia luterana, que acudió a la Iglesia católica, buscando
ayuda. El padre jesuita James Hughes y otro sacerdote que le
ayudaba, hicieron el exorcismo varias veces hasta que expulsaron al
diablo. El niño quedó liberado y vivió muchos años como una
persona normal que, incluso, se casó y formó una familia. Los
sacerdotes exorcistas vivieron también muchos años más y el
diablo no se vengó de ellos, porque Dios no se lo permitió.
En la realidad, no hubo tantos fenómenos espectaculares juntos
como aparecen en la película. Pocos saben cómo realmente ocurrió.
El demonio, por medio de la voz del niño, dijo: No me iré hasta
que sea pronunciada cierta palabra, pero el niño jamás la dirá.
El exorcismo prosiguió y, de pronto, el niño habló con una voz
claramente autoritaria y digna. El niño dijo: Soy san Miguel y te
ordeno, Satán, que abandones el cuerpo en el nombre de Dominus
(Señor, en latín), ahora mismo. Entonces, se oyó un sonido
semejante a una gran detonación, que fue escuchada por muchas
personas en el hospital de san Alejo, donde se realizaban los
exorcismos. Y el niño poseso quedó liberado para siempre. El niño
no se acordaba de nada, pero sí se acordaba de una visión de san
Miguel, luchando contra Satanás. Curiosamente, ese mismo día y a
esa misma hora en que salió el demonio, esa misma visión fue vista
en la iglesia de san Francisco Javier por varios sacerdotes
jesuitas, los cuales afirmaron haber visto súbitamente una intensa
luz que iluminó el altar principal y la bóveda del altar, y en la
que se veía a san Miguel luchando con Satán. Así terminó
felizmente aquella batalla en el cuerpo del poseso: con la victoria
de Dios por medio de san Miguel.
En caso de posesión diabólica hay que recurrir a María,
rezando el rosario, usando agua bendita, el crucifijo y otros
objetos benditos, pero también invocando a san Miguel.
En el Ritual de exorcismos se dice: Arcángel san Miguel,
príncipe del ejército celestial, defiéndenos en la lucha contra
los espíritus del mal en los cielos. Ven en ayuda de los hombres, a
quienes Dios creó a su imagen y semejanza y rescató a gran precio
de la tiranía del diablo. A ti te venera la Iglesia como su
guardián y patrono, a ti te confió el Señor las almas de los
redimidos para colocarlas en la felicidad eterna. Suplica al Dios de
la paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies para que nunca más
pueda mantener cautivos a los hombres y dañar a la Iglesia.
Presenta nuestras súplicas al Altísimo para que rápidamente
vaya por delante de nosotros la misericordia del Señor y reduzcas a
esclavitud al enemigo, la antigua serpiente, que es el diablo y
Satanás, y una vez atado lo envíes al abismo a fin de que no
seduzca más a las gentes.
Escucha Señor, la súplica de san Miguel arcángel y de todos
los ángeles que te sirven: Dios de poder, repele la fuerza del
diablo; Dios de verdad y perdón, aleja sus falaces asechanzas; Dios
de la libertad y de la gracia, desata las ataduras del mal.
Es bien sabido que, antes del concilio Vaticano II, se decía, al
final de cada misa, la oración a san Miguel arcángel. Esta
oración tuvo su origen en una visión del Papa León XIII en el
año 1884. Vio al demonio desafiando a Dios, diciéndole que podía
destruir la Iglesia y llevar al mundo al infierno, si se le daban
100 años para poder hacerlo. El Papa comprendió que, si el demonio
no lograba cumplir su propósito, sufriría una derrota humillante.
Y vio al arcángel san Miguel que se presentaba a luchar contra
Satanás y los suyos en unión con los ángeles buenos. Después de
esta visión, León XIII se encerró en su habitación y escribió
la oración a san Miguel y mandó que se rezara en cada misa como un
muro de contención contra el mal. Lamentablemente, fue suprimida
esta oración con las reformas litúrgicas. Pero sería muy bueno
que cada cristiano la diga, al menos en privado, para pedir la
protección del santo arcángel en los momentos difíciles de la
vida. La oración dice así:
San Miguel arcángel, defiéndenos del enemigo y ampáranos de
todas las asechanzas del maligno. Que Dios te reprima, espíritu
maligno, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja con el
divino poder a Satanás a lo más profundo del infierno y también a
los otros espíritus inmundos que vagan por el mundo, buscando la
perdición de las almas.
William Wagner dice: Conozco una sicóloga, que trabaja en el
apostolado de los drogadictos y prostitutas en las calles de
Vancouver, Columbia británica, Canadá. Entre esos jóvenes está
difundido el satanismo, pues muchos llevan su nombre o imagen en sus
camisetas. En general, lo llevan porque creen que el diablo es un
ser con poder. Ella les dice que mucho más poderoso es san Miguel
que lo echó del cielo. Y les ofrece una medalla de san Miguel.
Ellos la reciben con gratitud y comienzan a invocarlo y a recibir su
protección.
APARICIONES DE SAN MIGUEL
Desde los tiempos de Jesús, los hebreos creían que san Miguel
era el ángel encargado por Dios para cuidar las fuentes de agua que
tienen efectos curativos. En la tradición, se le considera como el
ángel que guió al pueblo de Israel por el desierto y le hizo
atravesar el mar Rojo; también el que hizo que el agua brotara de
la roca que Moisés tocó con su bastón para así calmar la sed del
pueblo. En el Evangelio de san Juan, capítulo 5, se habla del
ángel que movía las aguas de la piscina de Betesda y que algunos
creen que era san Miguel.
El año 452, Atila con su ejército se presentó a las puertas de
Roma dispuesto a conquistarla a sangre y fuego. El Papa León I
consagró Roma a san Miguel arcángel y, después, salió al
encuentro de Atila. Y ocurrió el milagro. Atila se alejó de Roma.
Inmediatamente, edificaron una iglesia al arcángel san Miguel, que
le fue consagrada el 29 de setiembre y desde entonces ese es el día
de la fiesta de san Miguel. Después del concilio Vaticano II, se le
añadió también la fiesta de los arcángeles Gabriel (25 marzo) y
Rafael (24 octubre).
El culto a san Miguel estaba muy difundido en Egipto. Se sabe que
en el siglo IV había un templo consagrado a él. La iglesia de
Alejandría puso bajo su protección al río Nilo del que dependía
la riqueza del país. Su fiesta la celebraban el 12 de junio,
período en el que el río comenzaba a crecer.
En Constantinopla había una iglesia dedicada a san Miguel,
edificada por el emperador Constantino. Se le llamaba Michaelion y
se creía que el arcángel se había aparecido allí y obraba
milagros. Sobre esto, escribe mucho el historiador Sozomeno.
Sozomeno nació en Palestina en el siglo V y vivió en
Constantinopla como abogado y autor de varios libros de historia de
la Iglesia. Él dice: Todos los que tenían grandes penas o tenían
enfermedades incurables se acercaban al templo a orar y pronto se
libraban de sus penas.
Los emperadores bizantinos, como refiere el historiador Raymond
Jenin, edificaron varios templos a san Miguel, considerado el
protector del Imperio. En Constantinopla y sus alrededores, había
unos 16 santuarios dedicados al arcángel.
El cronista bizantino Johannes Malalas (491-565), autor del libro
Cronografía, donde anotaba los hechos notables de su tiempo, hace
muchas referencias a san Miguel con relación a los emperadores
bizantinos.
Es conocido el hecho que cuenta san Eusebio en su Historia
eclesiástica (IX, 9), donde informa que Constantino tuvo una
visión en la Galia. Vio una cruz con la frase in hoc signo vinces
(con esta señal vencerás). A raíz de esta visión, hizo preparar
un estandarte con la cruz, y san Miguel lo llevó a la victoria.
Parece que esta visión fue cierta, ya que parece del todo
inverosímil que hubiese imaginado algo tan impopular en un
ejército mayoritariamente pagano en aquel entonces. El año 313 dio
el reconocimiento oficial del cristianismo en todo el imperio.
Durante el pontificado de san Gregorio Magno, en el año 590, una
terrible peste estaba haciendo una horrible mortandad entre la
población de Roma. El Papa ordenó que se hiciera una procesión
penitencial desde Santa María la Maggiore. El mismo Papa llevaba
una estatua de la Virgen durante la procesión. Cuando llegaron al
puente sobre el Tíber, oyeron cantos de ángeles y, de pronto,
sobre el castillo de Adriano, que hoy se llama Castel Sant´Angelo
(Castillo del santo ángel), se apareció el arcángel san Miguel.
En su mano llevaba una espada. En ese momento, cesó la peste.
A santa Juana de Arco (1412-1431) se le manifestó el arcángel
en diversas ocasiones, pidiéndole que tomara las armas para
defender a su país. A los 13 años, comenzó a oír las voces del
arcángel. En el proceso que le hicieron afirmó que la primera
aparición fue de san Miguel. Dice: Lo vi con los ojos. No estaba
solo, estaba en compañía de ángeles del cielo.
La voz del arcángel le enseñaba a comportarse bien y a
frecuentar la iglesia. Pronto se unieron a san Miguel la visita de
santa Catalina y santa Margarita. Con su ayuda, ella consiguió
convencer al delfín para que la acompañara a Reims para ser
coronado rey. También le dijeron que sería tomada presa. La
quemaron viva a los 19 años. El proceso de rehabilitación tuvo
lugar en 1455 por deseo del rey Carlos VIII y del Papa Calixto III.
San Francisco de Paula (1456-1508) tenía mucha devoción a san
Miguel, quien se le apareció en una visión y le inspiró el lema
de su Orden de los Mínimos que había fundado. El lema era Charitas
(amor). San Alfonso María de Ligorio, fundador de los
Redentoristas, era tan devoto de san Miguel que, en cada habitación
de la curia episcopal, había puesto un cuadro de san Miguel y quiso
que sus religiosos renovasen cada año sus votos en la fiesta de san
Miguel.
En 1733, cuando san Gerardo Maiella tenía 7 años, un día,
mientras asistía a misa, se acercó al altar para recibir la
comunión, pero el sacerdote se la negó, porque era todavía un
niño y en aquel tiempo sólo recibían la comunión a los doce
años. El pequeño se quedó triste. Por la noche, se le apareció
el arcángel y le dio la comunión.
San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los pasionistas,
era un gran devoto del arcángel y lo nombró como uno de los
principales patronos de su Congregación.
La beata Rosa Gattorno (1831-1900), gran mística italiana habla
de que san Miguel era su ángel protector. Dice: Mientras rezaba vi
a mi arcángel san Miguel con la espada desenvainada en acto de
defenderme… Él me confortó y desapareció. Quedé llena de
fuerza y vigor y hubiera afrontado mil ejércitos.
Un día me encomendaba a mi ángel de la guarda y, más aún, a
aquel que me dio mi Jesús, Miguel arcángel. Vi un grupo de
demonios encendidos que se precipitaban unos sobre otros. El ángel
Miguel los mataba con su espada, pero sólo figuraba el acto de esta
matanza, pues en realidad no los tocaba… Después de medianoche,
incendiaron la puerta de la casa. Salté de la cama hacia la ventana
y mientras me ponía el velo, sentía que me sugerían cómo tenía
que hacer y Miguel me decía: “Yo estoy contigo, quédate
tranquila” .
Otro día fui a comulgar, pues estaba muy mal en este mes de
marzo de 1875. Estaba muy turbada, pero apenas lo recibí en la
comunión, lo vi a mi lado. El ángel Miguel, junto conmigo, hacía
el agradecimiento y con las manos juntas adoraba a Dios.
¡Cuánto sufrí en mi viaje a Roma! No sé cómo expresarlo. Era
tal la rabia de los espíritus infernales que sólo mi ángel san
Miguel los podía retener… Mi ángel Miguel los echaba con la
espada desenvainada. Se fueron lejos y no los vi ni los escuché
más.
El santo Pío de Pietrelcina (1885-1968) era muy devoto de san
Miguel. Por eso, muchos autores creen que fue él quien se le
apareció el 5 de agosto de 1918. Dice: Me vi ante un misterioso
personaje con una larguísima lanza bien afilada, de la que parecía
salir fuego de la punta.
En el tercer secreto de Fátima, dice Lucía: Hemos visto al lado
izquierdo de Nuestra Señora, un poco más en alto, un ángel con
una espada de fuego en la mano izquierda. Muchos los identifican
claramente con san Miguel.
Cuenta la beata Ana Catalina Emmerick (1771-1824) en sus
Revelaciones: He visto la iglesia de san Pedro (Roma). Sobre ella
resplandecía el arcángel san Miguel vestido de color rojo,
teniendo una gran bandera de combate en las manos. La tierra era un
inmenso campo de batalla. Los verdes y los azules luchaban contra
los blancos: éstos, sobre los cuales había una espada de fuego,
parecían que iban a sucumbir.
El arcángel descendió y se acercó a los blancos. Lo vi delante
de todos. Ellos cobraron gran valor, sin saber de dónde les venía.
El ángel derrotó a los enemigos, los cuales huyeron en todas
direcciones. La espada de fuego, que estaba sobre los blancos,
desapareció. En medio del combate, aumentaban las filas de los
blancos: grupos de adversarios pasaban a ellos y, una vez, se
pasaron un gran número. Sobre el campo de batalla había en el
espacio, legiones de santos que hacían señales con las manos;
diferentes unos de otros, pero animados del mismo espíritu.
Nos dice santa Faustina Kowalska (1905-1938) en su Diario: En el
día de san Miguel vi a este gran guía junto a mí, que me dijo
estas palabras: “El Señor me recomendó tener un cuidado especial
de ti. Has de saber que eres odiada por el mal, pero no temas.
¡Quién como Dios!”. Y desapareció. Sin embargo, siento su
presencia y su ayuda.
Durante la primera guerra mundial hay un hecho bien documentado.
En Mons (Bélgica) se aparecieron a los soldados en el campo de
batalla muchos ángeles. Los aliados estaban a punto de sufrir una
terrible derrota y pudieron ganar la batalla. Los soldados
británicos afirmaban haber visto a san Jorge y lo describían como
de cabellos rubios y armadura dorada, montado en un caballo blanco.
Los soldados franceses aseguraban que era el arcángel san Miguel,
cabalgando en un caballo blanco. Después de la guerra, los alemanes
brindaron su visión de la historia. Los soldados de caballería
afirmaron que sus monturas se negaron, de repente, a perseguir al
enemigo. Y dijeron que las posiciones aliadas, a las que atacaban,
se hallaban defendidas por miles de hombres, cuando en realidad
sólo había dos regimientos.
Unas religiosas me escribían: En nuestra Comunidad se profesa
gran devoción a los ángeles, en especial, a san Miguel, al cual se
atribuye la asistencia milagrosa durante la invasión francesa de
1648. Todos los templos, conventos y casas particulares de la ciudad
fueron saqueados y robados, menos nuestro convento. Varias veces lo
intentaron; pero, al quererlo ejecutar, aparecía un hombre de
aspecto hermoso, alto de estatura, que con una espada en la mano,
defendía la puerta de entrada.
Las religiosas creyeron que se trataba de algún oficial
francés, pero cuando quisieron buscarlo para agradecérselo, no se
halló a ninguno que diese noticia de tal capitán ni que hubiera
hombre con tales señales. Por eso, se creyó que había sido el
arcángel san Miguel, patrono de la Comunidad, del que hemos
recibido muchos insignes beneficios. Hoy tenemos su imagen en
destacados lugares de la casa. También tenemos devoción a nuestros
ángeles custodios y al santo ángel de la ciudad.
- Durante la guerra de Corea, tuvo lugar un acontecimiento
extraordinario. Un soldado americano, de nombre Miguel, experimentó
palpablemente la ayuda de su patrono, a quien tenía mucha
devoción. Un día de invierno hizo un recorrido con su patrulla. En
cierto momento, se alejó de sus compañeros y vio a un soldado
nuevo, a quien dijo: No te conozco, pensaba que conocía a todos los
de mi compañía.
Soy nuevo, apenas llegado, me llamo Miguel. Yo también me llamo
Miguel.
Estaba nevando y subieron a una colina. De pronto, aparecieron 7
soldados comunistas. Estaban a unos 40 metros.
A tierra, le gritó el nuevo Miguel. Pero Miguel había sido
alcanzado en el pecho. Después de eso, lo único que recordaba era
ser llevado por unos brazos fuertes. Cuando estuvo seguro, vio al
nuevo Miguel radiante de gloria y la cara luminosa como el sol, con
una espada en la mano, que brillaba con miles de luces. Después, se
desvaneció. Los otros compañeros llegaron, lo ayudaron y le
curaron la herida. Y él preguntó:
¿Dónde está Miguel?
Pero no había otro Miguel y nadie lo había visto. Sin embargo,
aquellos soldados comunistas habían quedado muertos sin que él les
hubiera disparado.
SANTUARIOS DE SAN MIGUEL
Santuario del monte Gárgano
A mediados del siglo VIII, vivía en la ciudad de Siponto
(Italia) un hombre rico de nombre Gárgano, propietario de gran
número de ovejas y ganado. Un día, mientras los animales pastaban
en las laderas del monte, un toro se alejó de la manada y no
retornó en la tarde con los demás. Gárgano juntó a varios
empleados y fueron todos en su busca. Lo encontraron sobre la cima
del monte, inmóvil, frente a la abertura de una gruta. Lleno de
ira, al ver al toro que se había escapado, tomó el arco y le
lanzó una flecha envenenada. Pero la flecha, invirtiendo su
dirección como rechazada por el viento, se volvió hacia atrás y
se le clavó en el pie. Los habitantes del lugar quedaron turbados
por aquel hecho tan insólito y acudieron al obispo a ver qué
podían hacer. El obispo mandó tres días de ayuno para pedir
discernimiento divino. A los tres días, se le apareció el
arcángel san Miguel y le dijo: Has de saber que el hecho de que la
flecha golpeara al mismo que la lanzó, ha sido realizado por mi
voluntad. Yo soy el arcángel san Miguel, que estoy siempre en la
presencia del Señor. Y he decidido guardar este lugar y a sus
habitantes, de los cuales soy patrono y guardián. A partir de esta
visión, los habitantes fueron al monte a orar a Dios y al santo
arcángel.
Otra segunda aparición ocurrió durante la guerra de los
napolitanos contra los habitantes de Benevento y Siponto (donde
está el monte Gárgano). Estos últimos pidieron una tregua de tres
días para orar, ayunar y pedir la ayuda de san Miguel. La noche
anterior a la batalla, san Miguel se apareció al obispo y le dijo
que las oraciones habían sido escuchadas y que los ayudaría en la
pelea. Así fue, ganaron la batalla y, después, fueron a la capilla
de san Miguel en agradecimiento. Allí encontraron huellas de hombre
impresas fuertemente en la piedra junto a una pequeña puerta. Así
comprendieron que san Miguel había querido dejar una señal de su
presencia. El tercer episodio sucedió cuando los sipontinos
quisieron consagrar la iglesita del monte Gárgano.
Hicieron tres días de ayuno y oración. La última noche se
apareció san Miguel al obispo de Siponto y le dijo: No corresponde
a vosotros consagrar esta iglesia que yo he edificado y consagrado.
Vosotros debéis entrar y frecuentar este lugar para orar. Mañana,
durante la celebración de la misa, el pueblo comulgará como de
costumbre y yo mismo mostraré cómo he consagrado este lugar. Al
día siguiente, vieron en la iglesia construida en una gruta
natural, una gran abertura con una larga galería que llevaba hasta
la puerta septentrional, donde estaban las huellas humanas grabadas
en piedra. Y, entonces, apareció una iglesia más grande. Para
entrar a ella había que subir unas graditas, pero en su interior
cabían unas 500 personas. Esta iglesia era irregular, las paredes
eran desiguales, y la altura también. Había un altar y de una roca
caía en el templo agua, gota a gota, dulce y cristalina, que
actualmente se recoge con un vaso de cristal y sirve para curar
enfermedades. Muchos enfermos se han curado con esta agua milagrosa,
sobre todo, el día de la fiesta de san Miguel, en que viene mucha
gente de regiones vecinas.
La tradición coloca estas tres apariciones en los años 490, 492
y 493. Algunos autores las colocan distantes en el tiempo una de
otra. La primera hacia el 490, la segunda alrededor del 570 y la
tercera, cuando ya el santuario era un centro reconocido de
peregrinación, varios años más tarde.
Y hay una cuarta aparición en el año 1656, cuando en la zona
dominaban los españoles y había una terrible epidemia de peste. El
obispo de Manfredonia, la antigua Siponto, ordenó tres días de
ayuno e invitó a todos a rezar a san Miguel. El 22 de setiembre de
ese año, san Miguel se apareció al obispo y le dijo que donde
hubiera alguna piedra del santuario con una cruz y el nombre de san
Miguel, se librarían de la peste. El obispo comenzó a distribuir
piedras benditas y todos los que las recibieron quedaron libres del
contagio. Actualmente, en la plaza de la Città di Monte
Sant´Angelo hay una estatua con la inscripción latina: Al
príncipe de los ángeles, vencedor de la peste.
Es digno de mención que, en el año 1022, el emperador alemán
Enrique II que, después de su muerte fue proclamado santo, se pasó
toda una noche en la capilla de san Miguel del Gárgano en oración
y tuvo la visión de muchísimos ángeles que acompañaban a san
Miguel a celebrar el oficio divino. San Miguel les dio a todos a
besar el libro del santo Evangelio. Por eso, hay una tradición que
dice que la capilla de san Miguel es durante el día para los
hombres y en la noche para los ángeles.
En el santuario hay una gran imagen de mármol de san Miguel, del
año 1507, obra del artista Andrea Cantucci. Este santuario del
Gárgano es el más famoso de todos los dedicados a san Miguel.
En tiempos de las Cruzadas, antes de partir a Tierra Santa,
muchos soldados y autoridades iban a pedir la protección de san
Miguel. Muchos reyes, Papas y santos, también visitaron esta
basílica llamada celeste por haber sido consagrada por el mismo San
Miguel y, porque en las noches los ángeles celebraban allí su
culto de adoración a Dios. Entre los reyes figuraban: Enrique II,
Otón I y Otón II de Alemania; Federico de Suecia y Carlos
d´Anjou; Alfonso de Aragón y Fernando el Católico de España;
Segismundo de Polonia; Fernando I, Fernando II, Victor Manuel III,
Humberto de Saboya y otros jefes de gobierno y ministros de Estado
de Italia.
Entre los Papas, encontramos a Gelasio I, León IX, Urbano II,
Celestino V, Alejandro III, Gregorio X, Juan XXIII, cuando era
cardenal, y Juan Pablo II. Entre los santos, están san Anselmo, san
Bernardo de Claraval, santa Matilde, santa Brígida, san Francisco
de Asís, san Alfonso María de Ligorio y el santo padre Pío de
Pietrelcina. Y, por supuesto, miles y miles de peregrinos que todos
los años visitan la basílica celeste. La actual basílica gótica
se comenzó a construir el año 1274.
Santuario del Mont saint Michel
El segundo santuario, dedicado a san Miguel, más importante del
mundo es el del Mont Saint Michel, del Monte san Miguel, ubicado en
una isla en las costas de Normandía (Francia). Cuenta la tradición
que el 9 de octubre del año 708 se apareció san Miguel a san
Auberto, obispo de Avranches, en Normandía, pidiéndole que
erigiera un santuario en su honor sobre una isla no muy lejos de la
costa. El santuario fue inaugurado el 16 de octubre del 709. Poco
tiempo después, muchos enfermos quedaban sanados y así tomó mucha
fama. Durante la Edad Media, fue junto con Santiago de Compostela y
Roma, uno de los lugares más visitados de Occidente.
La iglesia original fue ensanchada y engrandecida con el paso de
los siglos. Los reyes franceses hasta Carlo Magno, dedicaron su
reinado a san Miguel. Durante la Revolución francesa fue convertido
en una prisión, pero en la actualidad es un centro de
peregrinación. Cada año lo visitan unos tres millones de personas.
En 1912, los obispos franceses renovaron la consagración del país
a san Miguel.
Saint Michael’s Mount
En Inglaterra, cerca de las costas de Cornwall, también existe
el famoso santuario Saint Michael’s Mount, que parece haber tenido
origen en una aparición del arcángel. Cuando sube la marea, queda
como una isla, exactamente igual que el Mont Saint Michel de
Normandía. Según una tradición, en el año 495 se apareció el
arcángel a algunos pescadores. El año 1135 se estableció allí
una Comunidad religiosa dedicada al culto del arcángel. A fines de
1424, por decreto del Parlamento inglés, este santuario dejó de
ser dependiente del de Normandía como lo había sido durante muchos
años. En 1535, después de que Enrique VIII se retiró de la
Iglesia católica, el Estado confiscó la abadía, que en el año
1659 fue adquirida por el coronel John St. Aubyn y transformada en
casa privada. En 1954, la familia Aubyn decidió donar el edificio
al National trust for places of historical or natural beauty y
comenzó de nuevo la devoción a san Miguel.
San Michele della Chiusa
El santuario de San Michele della Chiusa en Italia está ubicado
exactamente a mitad de camino en línea recta entre el santuario del
Monte Gárgano y del Saint Michel en Normandía. Sobre este
santuario, se habla en un documento del siglo IX titulado Chronica
monasterii sancti Michaelis Clusini. También aquí se apareció el
arcángel y pidió que se le construyera un templo.
En los primeros siglos fue una abadía benedictina muy conocida,
hasta 1622 en que casi estaba abandonada. Pero en 1830, el rey
Carlos Alberto se interesó por el templo y colocó establemente la
Comunidad de padres Rosminianos que lo custodian hasta hoy.
Santuario de Navalagamella
El año 1455, en Navalagamella (Madrid), estaba el pastor Miguel
Sánchez con su rebaño de ovejas cuando se le apareció san Miguel
y le dijo: No temas, yo soy uno de los siete espíritus que
asistimos en la presencia de Dios, de quien soy enviado para decirte
que es voluntad suya que, en este lugar, se construya una ermita en
honor de san Miguel y sus ángeles. El pastor le pidió que se lo
encomendara a otro, pues no le iban a creer a él, que era tan poca
cosa. Pero san Miguel le dijo: Cuéntale a tu amo todo y yo haré de
modo que te crean. Sin embargo, por miedo, no quiso hablar y un
día, al despertarse, se encontró con que no podía caminar.
Entonces, comprendió que debía hablar y se lo dijo a su amo Don
Pedro García de Ayuso. Este mandó celebrar una misa en honor de
san Miguel y el pastor se curó. Así surgió el templo a san Miguel
en Navalagamella.
Santuario de san Miguel del Milagro
El 25 de abril de 1631, en Tlaxcala, México, un indio llamado
Diego Lázaro, de los primeros convertidos, participaba en una
procesión el día de san Marcos, cuando tuvo una visión de san
Miguel que le dijo: Yo soy san Miguel arcángel y he venido a
decirte que es voluntad de Dios y mía que les digas a los
habitantes de esta villa y de sus alrededores que en la barranca,
compuesta por dos montañas y frente a este lugar, encontrarán una
fuente milagrosa de agua que sanará todas las enfermedades. No
dudes de lo que te digo y no olvides lo que te mando hacer.
Diego Lázaro tuvo miedo a la gente de que no le creería y no
dijo nada. A los tres días enfermó gravemente. De nuevo, se le
apareció el arcángel para reprocharle su cobardía y le insistió
en que obedeciera, después de sanarlo.
El indio se lo dijo a la gente y no le creyeron. Sólo su familia
le creyó. Fue con algunos familiares a excavar la fuente en el
lugar indicado, pero les fue imposible remover las rocas. De pronto,
un joven, de una fuerza descomunal, se presentó y removió las
rocas, abriendo así la fuente de agua milagrosa. Seis meses más
tarde, de nuevo se enfermó y se le apareció san Miguel para
reprocharle, una vez más, su cobardía, amenazándole con castigos,
si no cumplía su misión. Por fin, el indio fue a ver al obispo,
que lo recibió bien y le pidió agua para los enfermos de su
familia y del hospital. Todos quedaron sanos con el agua milagrosa.
Así comenzó a construirse el santuario de san Miguel del Milagro,
en el municipio de Nativitas, de Tlaxcala.
En este santuario se destacan varios cuadros importantes. Uno de
ellos presenta a dos niñas indígenas enfermas, que no podían ser
trasladadas al templo. Sus familiares recogieron agua de la fuente y
se la untaron en el pecho, quedando totalmente sanas.
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En Moscú fue construida entre 1505 y 1508 la catedral del
arcángel san Miguel por el príncipe Iván III Vassilievic. Los
príncipes iban a rezar a esta iglesia antes de ir a las batallas.
San Miguel era considerado como el protector de los príncipes
rusos. Actualmente, la catedral de san Miguel custodia las tumbas de
los zares y es parte integrante de Moscú y del Estado ruso.
NOVENA A SAN MIGUEL
I.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los
serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas para
recibir dignamente en nuestros corazones el fuego de la caridad
perfecta. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
II.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los
querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de
abandonar los caminos del pecado y seguir el camino de la
perfección cristiana. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
III.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de
los tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones,
el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
IV.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las
potestades, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de
controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
V.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las
dominaciones, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra
las asechanzas del demonio. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
VI.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las
virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos
deje caer en la tentación. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
VII.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de
los principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras
almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
VIII.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de
los arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la
perseverancia final en la fe y en las buenas obras, y así nos lleve
a la gloria del paraíso. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
IX.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los
ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser
protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la
gloria eterna. Amén.
1 Padrenuestro 3 Avemarías
Se reza un Padrenuestro en honor de cada uno de los siguientes
ángeles: Miguel, Gabriel, Rafael y nuestro ángel custodio.
V.- Rogad por nosotros, san Miguel, príncipe de la Iglesia.
R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo.
Oremos.- Omnipotente y eterno Dios, te adoramos y te bendecimos.
En tu maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar
las almas del género humano, has escogido al glorioso arcángel san
Miguel, como príncipe de tu Iglesia.
Humildemente, te suplicamos, Padre celestial, que nos libres de
nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitas que ningún
espíritu maligno se nos acerque para perjudicar nuestras almas. Oh
Dios y Señor Nuestro, guíanos por medio de este mismo arcángel.
Que él nos conduzca a la presencia de tu excelsa y divina majestad.
Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
LETANÍAS A SAN MIGUEL
San Miguel arcángel, ruega por nosotros. San Miguel, jefe de
todos los ángeles... San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios...
San Miguel, fuerte en el combate... San Miguel, terror de los
demonios... San Miguel, vencedor de Satanás... San Miguel, nuestro
apoyo en la lucha contra el mal... San Miguel, príncipe de la
milicia celeste... San Miguel, fiel servidor de Dios... San Miguel,
mensajero de Dios... San Miguel, ángel de la paz... San Miguel,
guardián del paraíso... San Miguel, sostén del pueblo de Dios...
San Miguel, guardián y patrono de la Iglesia... San Miguel,
bienhechor de los pueblos... San Miguel, consolador de las almas del
purgatorio... San Miguel, luz y confianza de los agonizantes...
Oremos.- Oh Dios, todopoderoso y eterno, que has puesto a san
Miguel como guardián de la Iglesia y del paraíso, concédenos por
su intercesión vivir contigo en gracia en esta vida y, después, la
vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
CONSAGRACIÓN A SAN MIGUEL
San Miguel, gran príncipe del cielo y guardián fiel de la santa
Iglesia, yo, aunque indigno, me presento ante ti, acompañado de mi
ángel custodio, confiado en tu bondad y en presencia de todos los
ángeles del cielo, como testigos, yo me pongo bajo tu protección y
amparo, prometiendo honrarte y hacerte honrar. Asísteme durante mi
vida para que nunca ofenda a Dios en obras, palabras o pensamientos.
Defiéndeme de todas las asechanzas del demonio y, especialmente, de
las tentaciones contra la fe y la pureza.
San Miguel arcángel, príncipe de las milicias celestiales,
quiero ser uno de tus fieles devotos, y pongo mi vida con todo lo
que soy y tengo bajo tu poderosa protección. Ayúdame en todos los
momentos, líbrame de todo poder del maligno y concédeme la gracia
de amar cada día más a mi Dios y Señor por medio de María. Y en
la hora de mi muerte, dame la paz, llevándome a la patria
celestial. Amén.
CONSIDERACIONES
Antes de terminar nuestras reflexiones, quisiera que consideremos
la importancia de la devoción a estos tres grandes arcángeles, que
Dios pone a nuestra disposición en la medida en que nosotros los
invocamos. San Miguel, poderoso contra el poder del demonio; san
Gabriel, el mensajero por excelencia de parte de Dios; y Rafael, el
ángel protector de los viajeros y un médico celestial para todas
nuestras enfermedades del cuerpo y del alma. De modo que, si los
invocamos frecuentemente, obtendremos de Dios muchas bendiciones
que, de otro modo, nunca podríamos recibir. Amarlos a ellos no
quiere decir que olvidemos el amor a Jesús Eucaristía, a María,
nuestra Madre, y a nuestro ángel custodio. En el camino hacia Dios
toda ayuda espiritual será poca y no podemos perder las bendiciones
que Dios nos puede dar a través de la devoción a los santos y
ángeles, y en especial a los tres arcángeles.
Por ello, les invito a amar de modo particular a los santos
arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, con la seguridad de que serán
de gran ayuda en su camino espiritual. CONCLUSIÓN
Al concluir este librito sobre los santos arcángeles Miguel,
Gabriel y Rafael, sólo me queda agradecer a Dios por la ayuda que
tantas veces me ha brindado por medio de ellos; al igual que por
medio de mi ángel custodio y de otros muchos ángeles que me
rodean. Mi devoción a los ángeles proviene desde mi infancia y he
podido experimentar en mi vida la realidad de su valiosa y poderosa
intercesión. Por eso, deseo recomendar a todos los que lean este
libro a tener mucha devoción a su ángel custodio y, en general, a
todos los ángeles.
No hay que olvidar que cada persona con la que nos relacionamos
tiene también su ángel y podemos saludarlos y pedirles ayuda; en
especial a los ángeles de nuestros familiares, que viven en nuestra
misma casa. Pero, entre todos los ángeles, no olvidemos que la
intercesión de Miguel, Gabriel y Rafael es especialmente poderosa.
Cuando tengamos que realizar un viaje, aunque sea dentro de la
ciudad, invoquemos a Rafael; y lo mismo, cuando estemos enfermos o
cuidemos a un enfermo. Cuando tengamos que usar los medios de
comunicación, sobre todo, el internet, pidamos la ayuda a Gabriel.
Y en todo momento, acudamos a Miguel, que es poderoso para librarnos
del poder de la gente mala y del maligno.
Les deseo a todos un buen viaje por la vida, protegidos por la
intercesión de María y de los santos, acompañados por los
ángeles y, especialmente, por nuestro ángel custodio y por los
tres santos arcángeles.
Saludos de mi ángel. Tu hermano y amigo del Perú.
P. Ángel Peña Benito O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre
LIMA - PERÚ
BIBLIOGRAFÍA
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e l´arcangelo san Michele, Ed. Gribaudi, Milano, 2007.
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