Miguel, Gabriel y Rafael, Arcángeles en Acción

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

| Inicio | Imágenes | Diversión | Temas | Música | Oraciones | La Biblia | ConocerLibrosVideos | Chat | Cine | Autor | MapaEnlacesWebmasters | Televisión | Radio |



P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

 

 

MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL ARCÁNGELES EN ACCIÓN

 

LIMA - PERÚ 

 

MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL ARCÁNGELES EN ACCIÓN

Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

Los coros de los ángeles Los arcángeles San Gabriel Letanías a san Gabriel San Rafael Letanías a san Rafael San Miguel Apariciones de san Miguel Santuarios de san Miguel Santuario del monte Gárgano Santuario del Mont saint Michel Saint Michael’s Mount San Michele della Chiusa Santuario de Navalagamella Santuario de san Miguel del Milagro Novena a san Miguel Letanías a san Miguel Consagración a san Miguel Consideraciones

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN

En este libro deseo presentar a los tres famosos arcángeles (Miguel, Gabriel y Rafael) para que podamos conocerlos más y así amarlos más. Conocer algunas de sus apariciones y de sus milagros más importantes puede ayudarnos a conocer mejor la acción que han realizado entre nosotros. De esta manera, podremos invocarlos con más amor y devoción para obtener muchas bendiciones de Dios por medio de ellos.

San Miguel es poderoso, especialmente, en la lucha contra el Maligno. San Gabriel es el especialista en el campo de las comunicaciones y san Rafael es, de modo especial, el protector de los viajeros, con poderes extraordinarios para sanar enfermos.

Espero que este libro pueda ayudar a invocarlos más frecuentemente, pues su ayuda, en las diferentes circunstancias de la vida, será muy importante y no podemos dejar de recibir tantas bendiciones que Dios quiere darnos por medio de ellos.

Les deseo a todos una vida llena de amor y de alegría en compañía de los ángeles y, concretamente, de los tres arcángeles, que siempre están listos para entrar en acción, en la medida en que se lo pidamos con fe. LOS COROS DE LOS ÁNGELES

Entre los ángeles hay distintos coros. Siempre se han considerado nueve: Ángeles, arcángeles, virtudes, principados, potestades, dominaciones, tronos, querubines y serafines. El orden varía según los distintos autores, pero lo importante es que no todos son exactamente iguales, al igual que cada hombre es diferente. Ahora bien, ¿a qué se debe la diferencia entre los coros de serafines y querubines o entre los ángeles y arcángeles? No hay nada definido por la Iglesia y, en este campo, sólo podemos dar una opinión.

Según algunos autores, la diferencia se debería al grado de amor y santidad de cada coro. Pero otros autores dicen que la diferencia está en sus diferentes misiones encomendadas. También entre los hombres hay diferentes misiones y podemos decir así que en el cielo hay coros de sacerdotes, mártires, vírgenes consagradas, apóstoles o misioneros, etc.

Entre los ángeles podría ser algo parecido. Los ángeles, simplemente llamados así, serían los encargados de dar mensajes de parte de Dios, es decir, sus mensajeros. Ellos también pueden cuidar personas, lugares o cosas sagradas. Los arcángeles serían ángeles de orden superior, los mensajeros más excelsos para misiones extraordinariamente importantes como la del arcángel San Gabriel, que anunció a María el misterio de la Encarnación. Los serafines tendrían la misión de estar adorando ante el trono de Dios. Los querubines estarían cuidando lugares sagrados de importancia y lo mismo a personas sagradas importantes como el Papa y obispos…

Pero lo que hay que aclarar es que, según esta opinión, no quiere decir que todos los serafines sean más santos que los sencillos ángeles o arcángeles; son misiones, no grados de santidad lo que los diferencia. Al igual que entre los hombres, uno del coro de los mártires o de las vírgenes o de los sacerdotes, incluso de los tres a la vez, podría ser inferior en santidad a un apóstol laico. No por haber sido sacerdote es más santo que un simple laico; y así podemos decir de los demás coros. Por eso, se supone que san Miguel es el príncipe de los ángeles, el más excelso y elevado de todos los ángeles y, sin embargo, se le dice arcángel, aunque esté por encima de todos los serafines en santidad…

Otra cosa que debemos aclarar es que no todos los ángeles custodios son del coro de los ángeles, ya que pueden ser serafines o querubines o tronos, según las personas y su grado de santidad. Incluso, Dios puede dar a algunas personas más de un ángel de distintos coros para ayudarles más en su camino a la santidad. Lo importante es saber que todos los ángeles son nuestros amigos y hermanos, y quieren ayudarnos a amar a Dios. Amemos a los ángeles y seamos amigos de todos los ángeles.

LOS ARCÁNGELES

Son los ángeles enviados por Dios para misiones de una especial importancia. En la Biblia sólo se habla de tres: Miguel, Gabriel y Rafael. ¿Cuántos pertenecen a este coro? ¿Podrían ser millones como en otros coros? No sabemos. Algunos dicen que sólo son siete. Así lo dice el mismo arcángel san Rafael: Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles, que presentan las oraciones de los justos y tienen entrada ante la majestad del Señor (Tob 12, 15). Algunos autores los ven también en el Apocalipsis, donde se dice: A vosotros sean la gracia y la paz de parte del que era y del que viene y de los siete espíritus que están delante de su trono (Ap 1, 4). Vi siete ángeles que estaban de pie delante de Dios y a los cuales les fueron dadas siete trompetas (Ap 8, 2).

En 1561 el Papa Pío IV consagró la iglesia, construida en el local del salón de las Termas del emperador Diocleciano, a Santa María y a los siete arcángeles. Es la iglesia de Santa María de los ángeles.

Pero ¿cuáles son los nombres de los cuatro arcángeles desconocidos? Hay diferentes versiones. La beata Ana Catalina Emmerick habla de los cuatro ángeles alados que distribuyen las gracias divinas y que serían arcángeles y los llama: Rafiel, Etofiel, Salatiel y Emmanuel. Pero lo de menos es el nombre concreto. Lo importante es saber que hay ángeles especiales del coro de los arcángeles que están siempre ante el trono de Dios, presentando nuestras oraciones ante Él y a quienes Dios encomienda misiones especiales.

La mística austriaca María Simma nos dice: En la Escritura se habla de siete arcángeles de los cuales los más conocidos son Miguel, Gabriel y Rafael. San Gabriel está vestido como un sacerdote y ayuda especialmente a quien invoca mucho al Espíritu Santo. Es el ángel de la Verdad y ningún sacerdote debería dejar pasar un solo día sin pedir su ayuda.

Rafael es el ángel de la curación. Ayuda especialmente a los sacerdotes que confiesan mucho y a los mismos penitentes. También las personas casadas deberían acordarse de san Rafael.

El arcángel san Miguel es el ángel más fuerte contra toda clase de mal. Debemos pedirle frecuentemente que nos proteja, no sólo a nosotros, sino también a todos los miembros vivos y difuntos de nuestra familia.

San Miguel va frecuentemente al purgatorio a consolar a las almas benditas y acompaña allí a María, especialmente, en las fiestas más importantes de la Virgen.

Algunos autores consideran que los arcángeles son los ángeles de mayor jerarquía, de un orden superior. A este respecto, el gran místico francés padre Lamy (1853-1931), quien veía a los ángeles y, especialmente, a su protector el arcángel san Gabriel, afirma que Lucifer fue un arcángel caído. Dice: No podemos imaginar el inmenso poder de un arcángel. La naturaleza de estos espíritus, aunque estén condenados, es muy notable… Un día insulté a Satanás, diciéndole “Sucia bestia”, pero san Gabriel me dijo: “No olvides que es un arcángel caído. Es como un hijo de una familia muy noble caído por sus vicios. Él no es respetable por sí mismo, pero hay que respetar a su familia en él. Si se responde a sus insultos con insultos es como una guerra entre gente baja. Hay que atacarlo con la oración”.

Según el padre Lamy, Lucifer o Satanás es un arcángel caído, pero de una categoría y de un poder superior a los demás ángeles. Veamos ahora algunas características de cada uno de los tres arcángeles conocidos.

SAN GABRIEL

Su nombre significa fuerza de Dios. Se le representa con una vara de perfumada azucena, que obsequió a María en el momento de la Anunciación y que representa la pureza inmaculada de la Virgen santa. Su fiesta es el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación.

Es el mensajero de Dios por excelencia y el que comunica a los hombres las grandes noticias de parte de Dios. Ya en el Antiguo Testamento le habla al profeta Daniel sobre los acontecimientos importantes que tendrán lugar para el pueblo de Israel. Veamos los textos:

Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión, se colocó delante de mí alguien con apariencia de hombre y oí una voz que gritaba y decía: “Gabriel, explícale a éste la visión”. Vino él cerca de donde estaba yo y, al acercarse, me sobrecogí y caí sobre mi rostro. Él me dijo: “Atiende, hijo de hombre, que la visión es del fin de los tiempos… Voy a enseñarte lo que sucederá al fin del tiempo de la ira, pues tendrá fin ese tiempo” (Dan 8, 16-19).

Estaba todavía en oración, cuando aquel varón, Gabriel, a quien vi en la visión, volando rápidamente, se llegó a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Vino y, hablando conmigo, me dijo: “Daniel, vengo ahora para hacerte entender. Cuando comenzaste tu plegaria, fue dada la orden y vengo a dártela a conocer, porque eres el predilecto. Oye, pues, la palabra y entiende la visión. Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa para poner fin a la prevaricación y cancelar el pecado, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía y ungir al santo de los santos”. Gabriel también deja entrever un tiempo de inmensas bendiciones espirituales con la venida del Mesías: Vi venir sobre las nubes del cielo a uno como hijo de hombre que se llegó al anciano. Y se le dio el señorío, la gloria y el imperio y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es un dominio eterno y no acabará; y su imperio, imperio que nunca desaparecerá (Dan 7, 13-14). Aquí se habla claramente del Mesías prometido al pueblo de Israel. Por eso, Gabriel es claramente, ya desde el Antiguo Testamento, el embajador de Dios para los grandes acontecimientos del pueblo de Dios. Esto se manifiesta con total claridad en el Nuevo Testamento al anunciar el nacimiento de Juan Bautista y de Jesús.

Le dice Gabriel a Zacarías: Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios y he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena nueva. He aquí que tú estarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se cumpla por cuanto no has creído a mis palabras que se cumplirán a su tiempo (Lc 1, 19-20).

Pero, sobre todo, le anuncia a María la gran noticia del nacimiento del Salvador. En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José de la casa de David; el nombre de la Virgen era María, y presentándose a ella le dijo: Salve, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-28). María se asusta ante la vista del ángel, quien había aclarado desde el principio que venía de parte de Dios. Y Dios, por medio de Gabriel, le dice las hermosas palabras del Avemaría: Dios te Salve, llena de gracia, el Señor está contigo. Palabras divinas y evangélicas, cuya repetición en el Avemaría no pueden ser sino fuente de inmensas bendiciones para los creyentes.

Y sigue diciéndole: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien, pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David su padre y reinará en la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin (Lc 1, 30-33).

A continuación, el ángel le explica la concepción milagrosa de Jesús: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y, por eso, el hijo engendrado será santo y será llamado Hijo de Dios. E Isabel tu parienta también ha concebido un hijo en su vejez y éste es ya el mes sexto de la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible. Y María dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y se fue el ángel (Lc 1, 35-38).

Hay un detalle significativo, que es preciso anotar sobre san Gabriel, el embajador de Dios. San Gabriel saluda a María con el Salve, en griego Alégrate, que era el saludo normal entre los griegos. Pero el saludo de parte de Dios va más allá de un mero saludo humano, porque el saludo divino se fija en su alma, que es inmaculada, y le dice llena de gracia. Ese es el mayor elogio que un ser humano podría haber recibido de Dios y que a nadie sino a ella se le ha dicho. Llena de gracia, es decir, llena de Dios, totalmente llena, sin el menor resquicio de pecado. Por eso, le decimos también para alabarla: Santísima, purísima, inmaculada. María, en su humildad, no comprende cómo Dios la ha escogido y no puede comprender cómo se realizará, porque ha hecho voto de virginidad, pero el ángel le aclara que el hijo que va a nacer será concebido por obra del Espíritu Santo.

En esta embajada, Gabriel se presenta ante la humanidad como el gran comunicador, el gran mensajero, como si fuera el correo de Dios. Por eso el Papa Pablo VI nombró a san Gabriel arcángel patrono de los Correos, de los carteros, de los empleados de correos y de los filatelistas por la carta apostólica Quondoquidem del 9 de diciembre de 1972.

El Papa Pío XII lo nombró patrono de las telecomunicaciones y de los comunicadores por el breve apostólico del 12 de enero de 1951, donde dice: Ante la solicitud de muchas personas notables, que trabajan en telecomunicaciones y que han pedido que se les conceda a san Gabriel arcángel como celestial patrono, hemos decidido acoger favorablemente este pedido que también responde a nuestros deseos. Por lo cual, usando de nuestro poder apostólico, constituimos para siempre y declaramos a san Gabriel arcángel patrono celeste ante Dios de las telecomunicaciones, de sus especialistas y de todos los empleados, concediendo a san Gabriel todos los honores y privilegios que corresponden normalmente a los patrones principales.

Por ser san Gabriel el embajador de Dios es también patrono de los embajadores y diplomáticos: también lo tienen por patrono los locutores de radio y todos los empleados y operadores de radio y televisión, al igual que los operadores de teléfonos. Igualmente, todos los mensajeros. En la actualidad, hay muchos que lo consideran patrono de los cibernautas y del Internet. En una palabra, todo lo que haga referencia a la comunicación de noticias por los medios conocidos y por los que vengan en el futuro, están dentro de su protección.

Santa Matilde cuenta: Un día, vi al arcángel san Gabriel que iba delante de la Virgen María con un cetro de oro sobre el que estaban escritas en letras de oro: “Dios te Salve, llena de gracia, el Señor está contigo”.

La beata Rosa Gattorno dice sobre san Gabriel: El 24 de enero de 1889 en la noche, cansada por haber trabajado mucho a la mesa hago un esfuerzo para reunir ideas y encontrar el punto de meditación. Me disgustaba, porque no encontraba aquella unión que deseaba en la oración. Y se me apareció un bellísimo ángel que rezaba cerca de mí. Un voz interior me dijo: Reza por ti. Él hace lo que tú no puedes hacer; suple por ti. El ángel Gabriel hace tus veces. Y quedé muy contenta en mi interior como si hubiera gustado aquello que en la unión podía experimentar.

A la estigmatizada italiana Teresa Musco (1943-1976), el 13 de enero de 1955, estando recuperándose en el hospital de una operación quirúrgica, se le presentó una niña bella y rubia con alas de oro y con voz suave le dijo: Ofrece todo por los pecadores sin lamentarte. Yo soy el arcángel Gabriel y estoy siempre a tu lado. No te preocupes de nada.

Al místico padre Lamy, Dios le había dado la gracia de ver a su ángel custodio y, como un protector especial, al arcángel san Gabriel. El 18 de mayo de 1912 estaba haciendo limpieza en la iglesia, cuando se le presenta san Gabriel y le dice: Atento, vas a rezar delante de la Virgen María. Y se le aparece María rodeada por unos sesenta ángeles por lo menos.

Nos dice: el 15 de marzo de 1918 observé que las baldosas de la iglesia estaban muy sucias y quise limpiarlas, pero oí hablar al santo arcángel Gabriel y a mi ángel, que decían: “Es inútil”. A veces, cuando quieren decirme algo, hablan entre ellos y me dejan entender lo que dicen. Pocas horas después, vino la explosión en la capilla. Ese día, por inspiración de los ángeles, no me había detenido a rezar como lo hacía normalmente… En la atmósfera se habían expandido gases tóxicos que empeoró mi ojo derecho. Pero en medio de la desgracia, ocurrió un milagro eucarístico admirable. El copón con las hostias quedó sobre el corporal fuera del sagrario, en el aire, sobre el corporal que también estaba en el aire. El canónigo de Rochetaillade (arcipreste de Saint-Denis), después de haber constatado el milagro, llevó el copón al sagrario mayor. Yo vi el corporal con el copón en el aire.

Mi ángel custodio tiene cabeza redonda y es bellísimo, con cabellos negros y ondulados. El arcángel Gabriel tiene los cabellos cortos y ondulados. Gabriel tiene la cabeza más grande que los otros ángeles. Es por eso que yo reconozco a un ángel de categoría superior… Durante la guerra, visitaba a los heridos en la estación y veía al santo arcángel y a mi ángel que los bendecían.

Algunas veces en la estación de trenes había seiscientos o setecientos heridos. El santo arcángel y mi ángel estaban conmigo. Cuando estaba el arcángel, yo veía claro, veía las conciencias. Daba la absolución con la convicción de que había 99% de seguridad que la recibían con fruto…

La santa Virgen le había dicho al santo arcángel Gabriel: “Cuídalo”. Un día había salido de la capilla de Nuestra Señora del bosque al ponerse el sol. Caminaba inclinado hacia delante para no recibir en los ojos los últimos rayos del sol. No veía casi nada, porque soy medio ciego. De pronto, aparece un ciclista frente a mí. Me habría atropellado con seguridad, pero el arcángel Gabriel tomó su bicicleta por las dos ruedas y la colocó suavemente a un costado. El arcángel había tomado la bicicleta con el hombre que estaba en ella y la había colocado sobre la hierba, a un costado de la carretera. El hombre se quedó con la boca abierta, viéndome a mí y al ángel. Yo tenía unas ganas locas de reír, viendo el asombro de aquel joven, pero me reprimí para no ofenderlo. Y me alejé del joven de la bicicleta y del otro que venía detrás y que había visto todo.

El primer ciclista le gritó al segundo: “Son dos, son dos”. Yo creo que se refería al arcángel y a mí. El otro no comprendía. La Virgen me había confiado al arcángel y me protegió. Sobre este suceso se habló después en cabarets y en reuniones de vecinos y yo me hacía el que no sabía nada…

También los ángeles me protegieron de las abejas el verano de 1923. Como tengo mala vista, ellos me defendieron. Yo entré en la capilla, después de un paseo por el bosque, donde hay bastantes enjambres. Yo había cogido algunas flores cerca de un enjambre sin darme cuenta de que en las flores había abejas. Cuando entré en la capilla, me siguió un gran número de ellas y, en ese momento, oí estas palabras: “No le piquéis, no le piquéis. Nuestra Reina no estará contenta. Es preciso que él regrese a su casa en su asno; si lo hiciera solo, tendríamos que acompañarlo en forma humana”. Era la voz del arcángel Gabriel que ya conozco bien. Todas las abejas se retiraron sin hacerme daño y yo se lo agradecí a los tres arcángeles.

El conde Paul Biver, gran amigo y confidente del padre Lamy, nos cuenta el siguiente suceso:

El 19 de noviembre de 1924, miércoles, a las 10 menos cinco minutos de la noche, el padre Lamy estaba muy fatigado. Lo acompañé con dos lámparas a su habitación. Después de desearme unas buenas noches, le di una lámpara encendida. A las diez y cuarto, yo estaba en cama y apagué la luz. Después de dos o tres minutos, a través de las dos puertas, comienzo a oír una conversación animada en su habitación. Son tres hombres quienes toman parte, con voces distintas, que se oyen muy bien en el silencio de la noche. Me siento en mi lecho. El padre Lamy habla de vez en cuando con un interlocutor, cuya voz es muy varonil y agradable. Entiendo algunas sílabas, pero no comprendo lo que dicen. Por discreción, no quiero ir hasta la puerta para escuchar. El tercer interlocutor tiene la voz un poco menos agradable, pero perfectamente normal. Yo capto perfectamente la voz de los tres interlocutores, que hablan en francés.

Al día siguiente temprano, me reúno con el padre Lamy. En el camino a la iglesia, le pregunto: “Ayer en la tarde usted hablaba con otros. ¿Eran ángeles?”. Él me sonrió y me dijo: “Pueden ser ellos, son la consolación de la tarde”. Durante el día, me responde claramente que las voces que escuchaba eran de san Gabriel y de su ángel custodio.

Y nos dice el mismo padre Lamy: El arcángel viene frecuentemente a acompañarme. Vino el 29 de junio (1925). Estaba solo rezando el breviario y me habló de cosas celestiales. Cuando viene, le doy mensajes para la Santísima Virgen. Él no me responde, pero me sonríe.

¡Si vosotros vierais el respeto de los ángeles por Dios y por la Santísima Virgen! Pensaríais un poco más en respetarlos. ¡Con qué respeto le habla el arcángel san Gabriel a la Santísima Virgen! Le dice “Reina” y se inclina. Y ella le responde con un tono maternal.

El padre Lamy murió el 1 de diciembre de 1931 de un ataque al corazón, después de haber confiado su alma a la Santísima Virgen y a san Gabriel arcángel, sus celestiales protectores.

LETANÍAS A SAN GABRIEL

San Gabriel arcángel, ruega por nosotros. San Gabriel, que habéis manifestado las divinas visiones al profeta Daniel... San Gabriel, que te apareciste a Zacarías para anunciarle el nacimiento y el ministerio -glorioso de su hijo Juan Bautista... San Gabriel, que has sido enviado por Dios a la Virgen Santísima para anunciarle el -nacimiento del Salvador... San Gabriel, que has traído a la tierra el nombre de Jesús... San Gabriel, que ofreces nuestras oraciones al Altísimo... San Gabriel, protector especial de las almas castas... San Gabriel, guardián poderoso de la bienaventurada Virgen María... San Gabriel, lleno de la fuerza de Dios... San Gabriel, mensajero de Dios... San Gabriel, defensor de la fe cristiana... San Gabriel, adorador perfecto del Verbo divino... San Gabriel, protector del niño y de su madre... San Gabriel, ángel de la virginidad consagrada... San Gabriel, protector de las comunicaciones y de la unidad de los creyentes... San Gabriel, ángel de la humildad... San Gabriel, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oremos.- Oh Dios, que habéis escogido entre todos los ángeles al arcángel san Gabriel para anunciar el misterio de la Encarnación de tu hijo Jesús, concédenos, te pedimos, poder disfrutar aquí en la tierra de su poderosa intercesión. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

SAN RAFAEL

Rafael significa Medicina de Dios y se le suele representar en unión con Tobías, acompañándolo o librándolo del peligro del pez. Su nombre sólo aparece en el libro de Tobías. En él se nos presenta Rafael como modelo de ángel custodio, porque protege a Tobías de todos los peligros: del pez que quería devorarlo (6, 2) y del demonio que le hubiera matado como a los otros siete pretendientes de Sara (8, 3). Cura la ceguera del padre (11, 11) y así manifiesta su carisma especial de ser medicina de Dios y patrono de los que cuidan enfermos. Arregla los asuntos del dinero prestado a Gabael (9, 5) y aconseja a Tobías que se case con Sara. Humanamente, Tobías nunca se hubiera casado con Sara, porque tenía miedo de morir igual que los anteriores esposos (7, 11), pero Rafael cura a Sara de sus miedos y tranquiliza a Tobías para que se case, porque ese matrimonio era querido por Dios desde toda la eternidad (6, 17). El mismo Rafael es quien presenta las oraciones de Tobías y de su familia ante Dios: Cuando orabais, yo presentaba vuestras oraciones ante el Santo; cuando tú enterrabas a los muertos, también yo te asistía; cuando sin pereza te levantabas y dejabas de comer para ir a sepultarlos, yo estaba contigo (12, 12-13).

A Rafael se le considera el patrono de los novios y jóvenes esposos, porque arregló todo lo referente al matrimonio de Tobías con Sara y solucionó todos los problemas que impedían su realización. Por eso, todos los novios deben encomendarse a san Rafael y, por medio de él, a la Virgen nuestra Madre, que, como buena madre, se preocupa de su felicidad. Así lo hizo claramente en las bodas de Caná, donde consiguió que Jesús realizara su primer milagro para hacer felices a los recién casados.

También san Rafael es buen consejero familiar. Aconseja a la familia de Tobías a alabar a Dios: Bendecid a Dios siempre, pues yo no he venido por mi voluntad, sino por la de Dios; por lo que a Él debéis bendecir siempre. Ahora alabad a Dios que yo me subo al que me envió y poned por escrito lo sucedido (12, 17-19). Y aconseja a Tobías y Sara a orar. Cuando a ella te acerques, levantaos ambos e invocad al Dios misericordioso y tendrá piedad de vosotros. No temáis, que para ti está destinada desde la eternidad y tú la salvarás e irá contigo, y estoy seguro de que tendrás de ella hijos (6, 17).

Y, cuando estuvieron solos en la alcoba, Tobías dijo a Sara: Levántate, hermana, vamos a orar para que el Señor tenga misericordia de nosotros. Bendito eres Dios de nuestros padres y bendito por los siglos tu nombre santo y glorioso. Bendígante los cielos y todas las criaturas. Tú hiciste a Adán y le diste por ayuda y auxilio a Eva, su mujer; de ellos nació todo el linaje humano. Tu dijiste: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él. Ahora, Señor, no llevado de la pasión sexual, sino del amor a tu ley, recibo a esta hermana por mujer. Ten misericordia de mí y de ella, y concédenos a ambos larga vida. Y ella respondió: Amén (8, 4-8).

¡Es tan importante orar en familia! La familia que reza unida, permanece unida. Por otra parte, san Rafael es patrono especial de los marineros, de todos los que viajan por agua y de quienes viven y trabajan cerca del agua, pues como libró a Tobías del peligro del pez en el río, también puede librarnos de los peligros de las aguas. Por ello, es patrón especial de la ciudad de Venecia.

También es patrono de los caminantes y viajeros, quienes lo invocan antes de emprender un viaje para que los proteja como protegió a Tobías en su viaje.

Es patrono de los sacerdotes que confiesan y dan la unción a los enfermos, ya que el sacramento de la confesión y de la unción de los enfermos son sacramentos de sanación física y espiritual. De ahí que los sacerdotes deberían pedir su ayuda, especialmente, al confesar y dar la santa unción. Es patrono de los ciegos, porque puede curarlos de la ceguera como lo hizo con el padre de Tobías. Y muy especialmente también es el patrono de quienes curan o atienden enfermos; concretamente, de los médicos y enfermeros.

Pero hay que tener en cuenta que para que san Rafael pueda cumplir su misión y ejercer su ministerio de curar y sanar los cuerpos y las almas, el que lo invoca debe estar en gracia de Dios. Si está en pecado grave, por guardar rencor en su corazón o por haber cometido algún grave error, está cortada la comunicación con Dios y no podrá ayudar. Es preciso, antes de pedirle algo, saber perdonar y estar a bien con Dios por medio de una buena confesión. Esto deberían tenerlo muy en cuenta los médicos, enfermeras y todos los que cuidan enfermos.

La medicina no debe ser un acto simplemente terapéutico sin compasión y sin amor. Una medicina deshumanizada, que sólo ve los medios científicos y técnicos, no puede ser totalmente eficaz. Por eso, es imprescindible en el ejercicio de la medicina y del cuidado a los enfermos que tanto el paciente como el que lo cura, estén en gracia de Dios e invoquen a san Rafael con fe como enviado de Dios para curar. Dios puede hacer milagros o puede curar normalmente por medio de los médicos y medicinas. Pero siempre la salud es un don de Dios. Por otra parte, algo muy significativo y muy útil es hacer bendecir las medicinas en el nombre de Dios antes de tomarlas. Es importante que sean bendecidas por un sacerdote; pero, si no hay tiempo o no hay posibilidad de hacerlo, uno mismo o un familiar puede hacer esta o parecida oración:

Oh Dios, que maravillosamente creaste al hombre y más maravillosamente aún lo redimiste, dígnate socorrer con tu auxilio a todos los enfermos. Te pido especialmente por N.N. Atiende nuestras súplicas y bendice estas medicinas (y estos instrumentos médicos) para que el que lo tome, o esté bajo su acción, pueda ser sanado por tu gracia. Te lo pedimos, Padre, por intercesión de Jesucristo, tu Hijo, y por la intercesión de María, nuestra Madre, y de san Rafael arcángel. Amén.

La bendición de las medicinas ha resultado muy eficaz, cuando se realiza con fe y el enfermo está en gracia de Dios. El padre Darío Betancourt refiere el siguiente caso:

En Tijuana, México, Carmelita de Valero tenía que tomar una medicina que le causaba una somnolencia permanente que le impedía cumplir sus deberes de esposa y madre. Su esposo, José Valero, ella y yo oramos por las medicinas. Al día siguiente, ella no tenía sueño y estaba feliz, atendiéndonos a todos con mucho amor y solicitud.

El mismo padre Darío contaba en una ocasión, estando en el Perú, que en Estados Unidos había una Asociación de médicos cristianos, que se reunían a orar por sus pacientes y sucedían cosas extraordinarias. Una de las cosas sorprendentes era que, cuando oraban por la quimioterapia que colocaban a los pacientes con cáncer, a aquellos que recibían la quimioterapia bendecida, no se les caía el pelo. De este modo, comprobaban fehacientemente el poder de Dios a través de la oración.

Veamos ahora algunas experiencias y apariciones relacionadas con san Rafael.

Santa Francisca de las cinco llagas, célebre estigmatizada de Nápoles, canonizada por Pío IX en 1867, tenía al arcángel Rafael como su mejor amigo. Él la consolaba en sus penas y la cuidaba en sus enfermedades. Un día, su director Francisco Javier Bianchi, beatificado por Leon XIII, estaba con ella y sintió un olor de paraíso. Pidió a la santa una explicación y ella le dijo: “No se maraville usted, porque aquí en medio de nosotros está el arcángel san Rafael”.

En 1786, la misma santa estaba muy enferma y era incapaz del menor movimiento. Don Juan Pessiri quiso ayudarla y le llevó una taza de chocolate que él colocó en la mesita de noche, diciéndole que se la tomara, mientras él iba a realizar algunos trabajos de su ministerio sacerdotal. La pobre enferma no sabía cómo obedecer, porque no podía moverse; y pidió ayuda a su gran protector san Rafael. Al instante, una mano invisible le presentó la taza y, después de tomar el chocolate, la recogió y la dejó en su lugar. María Francisca, consolada y agradecida, le dio las gracias a Dios y a su celestial arcángel.

En otra oportunidad, se le presentó el arcángel san Rafael como un joven vestido de blanco y de una extraordinaria belleza. El arcángel le dijo: “Yo soy san Rafael. El Altísimo me ha enviado a curarte la llaga de tu costado, que está a punto de gangrenarse. Renueva tu fe en Dios y Él te bendecirá”. Al día siguiente, la llaga del costado estaba sana. El amable arcángel hizo de enfermero y le ayudaba cortándole el pan y, diciéndole con una amable sonrisa que ella no podía servirse sola. Ella disfrutó de una gran familiaridad con el arcángel, que era su especial protector y guardián.

En la ciudad de Puzzoli (Italia) se honra de modo especial al arcángel san Rafael. Uno de sus vecinos estaba muy enfermo y pensó en ir a Nápoles para hacerse curar, encomendando su viaje a san Rafael. La noche anterior al viaje, se agravó su enfermedad y no pudo viajar. Algunos días después, quiso confesarse y le pidió al padre Ceslas, un dominico del convento de Jesús y María, que viniera a confesarlo. Le dijo que su madre, al verlo muy enfermo, lo había encomendado al arcángel san Rafael. Y le contó que ese día, entre dormido y despierto, le pareció que se moría y era conducido a la presencia de Dios. Y el divino juez le mostró con severidad que merecía la condenación eterna por los pecados mal confesados. Entonces, vio a su costado al arcángel que le dijo: “Yo soy Rafael y quiero ayudarte. Llamarás al padre y harás una buena confesión y Dios te retirará la condenación”.

Así sucedió. El moribundo se confesó y recibió la absolución, dejando esta vida con claras señales de salvación.

San Juan de Dios (1495-1550) era muy devoto de san Rafael. Una noche faltó el agua en la fuente para el servicio y fue de madrugada a la plaza de Vivarrambla con dos cántaros y tardó en volver por hallarse bastante lejos. Cuando regresó al hospital, halló en la cocina fregados los platos; el pan y todo preparado, las camas hechas, las salas barridas y todo en orden. Preguntó, extrañado, a los enfermos quién había hecho en su ausencia los trabajos y todos le respondieron que él mismo.

No puede ser que sea yo, cuando he estado lejos de aquí.

Insistieron en que había sido él, pues le vieron como todos los días, realizando los servicios. Entonces, lleno de alegría, exclamó:

En verdad, hermanos, mucho quiere Dios a sus pobres, pues envía ángeles que los sirvan. Y pensó que el arcángel san Rafael, tomando su figura, había realizado los trabajos

Una noche muy fría y lluviosa, encontró el siervo de Dios, al salir de la calle Zacatín, un pobre aterido que pedía socorro. Juan le dijo: Venid conmigo, hermano, a nuestro hospital y pasaréis la noche al abrigo.

El pobre le dijo que estaba inválido y sin fuerzas para sostenerse en pie. Y cargándolo sobre un hombro y sobre el otro la capacha y las ollas con las viandas recogidas, empezó a caminar con prisa, llevado de las fuerzas del espíritu más que de las de su cuerpo, debilitado por ayunos y trabajos. La carga era superior a su humanas fuerzas y Juan cayó con sus limosnas y su pobre a la entrada de la calle de los Gomérez… Al tratar de colocar de nuevo sobre su hombro al pobre, un joven muy hermoso le ayudó y tomándole de la mano, en ademán de acompañarle, le dijo:

Hermano Juan, Dios me envía para que te ayude en tu ministerio y para que sepas cuán acepto le es; sabe que todo lo que haces por Él tengo a mi cargo escribirlo en un libro.

Juan le preguntó quién era y respondió:

Soy el arcángel Rafael, destinado por Dios para ser tu compañero, guarda tuya y de todos tus hermanos.

Una tarde, en su hospital de Granada, a la hora de cenar, se dio cuenta san Juan de Dios que iba a faltar el pan. Rezó a Dios y, a los pocos minutos, se presentó un joven en la puerta de la enfermería. Nuestro santo reconoció a su amigo y protector san Rafael y dijo a los enfermos: “Ánimo, hermanos, que los ángeles de Dios vienen a servirlos”. El arcángel se acercó a Juan y con una gran familiaridad dijo: “Hermano mío, nosotros formamos una sola Orden, porque hay hombres que bajo un pobre vestido son iguales a los ángeles. Tomad el pan que el cielo os envía”. Y desapareció dejando a Juan y a los pobres, llenos de consolación y de alegría espiritual.

Otro día, llegaba la hora de la comida, no tenía ni un pedazo de pan que dar a sus pobres. Sin embargo, cogió la cesta y salió muy confiado en que había de encontrar lo necesario. Al atravesar una calle, vio venir hacia él un hombre a caballo, que le ofreció mayor cantidad de pan de la que precisaba, desapareciendo en seguida. Juan de Dios, regresó bendiciendo al Señor y él y cuantos presenciaron el hecho, juzgaron que esta generosidad fue debida a un ángel aparecido en figura humana.

Una víspera de Navidad se le informó que no quedaba combustible para la cocina. En compañía de dos hermanos, fue al bosque y comenzó a cortar leña. Aunque se esforzaban mucho, era larga la tarea y se echaba encima la noche. Entonces, se presentaron dos hombres vigorosos que, en menos de una hora, derribaron árboles y cortaron en trozos las ramas, formando haces en cantidad para varias carretas. Los dos religiosos dijeron a Juan: “Si hubiera aquí un carro, podríamos llevar leña para mucho tiempo”. El santo no contestó, pero sonreía misteriosamente.

Hijos, no tengáis pena, nosotros que la hemos cortado la llevaremos, contestaron los leñadores celestes.

Se hizo la noche muy oscura y para que no se extraviaran o rodaran por algún precipicio, dos luminosos hachones, llevados por manos invisibles, iluminaron el camino a Juan y sus discípulos. Pero su admiración llegó al colmo, cuando, al entrar en el patio del hospital, encontraron colocada toda la leña que vieron cortada en el monte. Estando gravemente enfermo en su última enfermedad, recibió una noche la visita del arcángel san Rafael, que le animó y le reveló el día de su muerte. Estando moribundo, dijo a los que estaban a su lado: Esta noche pasada el arcángel san Rafael me ha visitado, dándome la seguridad de que el Señor me hará la misericordia de llamarme a su lado. Después que me dieron la comunión, la Santísima Virgen, san Rafael y san Juan Evangelista, me han favorecido con su presencia, prometiéndome que serían los protectores de la Obra que yo he comenzado.

En España, en la ciudad de Córdoba, había una peste terrible. Los muertos eran muchos y hasta quedaban tirados por las calles sin que nadie se atreviera a recogerlos. Pero lo triste era que muchos morían sin sacramentos, porque había pocos confesores sobrevivientes. Simón de Sousa, religioso, que toda su vida había sido gran devoto del arcángel Rafael, se multiplicaba para atender a los enfermos y dar limosnas a los necesitados. Pero viendo que su trabajo era insuficiente, pidió a la Virgen que enviara a san Rafael para atender a los enfermos. El ángel se le apareció bajo la figura de un joven de una extraordinaria belleza y le dijo: “Yo soy Rafael y vengo a ayudarte. Tus oraciones y tus limosnas y, sobre todo, tu humildad y caridad tienen un gran precio a los ojos de Dios; Dios ayudará a esta ciudad con las dulzuras de su clemencia. Vete al obispo y dile que ponga mi imagen debajo del campanario de la catedral y que exhorte a todos a recurrir a mí. Inmediatamente, los enfermos serán curados, a condición de encomendarse a la Reina de los ángeles. Todos los que recurran a mi intercesión y lleven mi imagen, serán librados de la peste y del impuro demonio Asmodeo, que pierde a los hombres y los aleja de Dios”.

Simón fue corriendo a decírselo al obispo. La ciudad obedeció la invitación de san Rafael y prometió celebrar cada año una fiesta especial para recordar la celeste aparición. Inmediatamente, la peste desapareció y la ciudad de Córdoba fue consagrada a san Rafael. En una de sus plazas públicas se colocó en 1884 una estatua monumental del santo arcángel como patrono y liberador de la ciudad.

El padre Richa, jesuita, en un pequeño libro publicado en 1751, dice que había en Florencia un monasterio de religiosas benedictinas muy devotas de san Rafael. El confesor del convento, el carmelita padre Alvizzo, tenía también mucha confianza en el arcángel. Estas buenas religiosas tuvieron que sufrir una gran prueba referente nada menos que a su reputación. El asunto fue llevado hasta la Santa Sede y las religiosas estaban muy afligidas. Un día, hacia las cinco de la tarde, oyeron dar fuertes golpes en la puerta del convento. Acudió la hermana portera y encontró a un joven peregrino que pedía limosna, diciendo: “Voy a Roma y allí ayudaré, y a mi regreso les traeré buenas noticias. Que la Comunidad rece durante nueve días los salmos: “Los cielos pregonan la gloria de Dios” (Sal 129) y “Desde lo hondo a Ti grito, Señor” (Sal 130). Y que enciendan nueve cirios de cera blanca en honor de los nueve coros angélicos.

El confesor había sido consolado con una visión de san Rafael y todas cumplieron el encargo a cabalidad. Tiempo después, un domingo, 1 de octubre, hacia las seis de la tarde, la Madre abadesa se hallaba con algunas religiosas, cuando un joven llegó a ellas de prisa y les dijo: “Buenas noticias”. Y se retiró.

En efecto, el asunto había sido resuelto favorablemente y ellas se vieron libres de toda preocupación. En prueba de reconocimiento, la abadesa, Margarita Macci, hizo representar en un cuadro a san Rafael con traje de peregrino tal como se les había aparecido. Las religiosas establecieron la costumbre de rezar todas las tardes, después de Completas, los tres salmos recomendados por el arcángel. Además, durante nueve días continuos antes de la fiesta de los santos arcángeles del 29 de setiembre, encienden nueve cirios de cera blanca en honor de los nueve coros de los ángeles.

LETANÍAS A SAN RAFAEL

San Rafael arcángel, ruega por nosotros. San Rafael, que habéis librado al joven Tobías de todos los peligros… San Rafael, que habéis liberado a Sara del poder del demonio… San Rafael, que habéis ayudado a Tobías y Sara en su matrimonio… San Rafael, que habéis librado a Tobías del peligro del pez… San Rafael, que habéis dado la felicidad a toda la familia de Tobías… San Rafael, medicina de Dios… San Rafael, protector de los viajeros y caminantes… San Rafael, médico celestial… San Rafael, que ofreces nuestras oraciones a Dios… San Rafael, auxilio y protector de los marineros y de los médicos… San Rafael, amigo inseparable y compañero de camino… San Rafael, ayuda para los que se confiesan y se reconcilian con Dios… San Rafael, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oremos.- Oh Dios, que has escogido entre todos los ángeles del cielo a san Rafael para acompañar a los viajeros y protegerlos de todos los peligros de esta vida y llevarlos sanos y salvos a la patria celestial, te pedimos que nos ayudes con su intercesión durante nuestro peregrinaje terrestre y nos libre de todo mal. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

SAN MIGUEL

Miguel (Mi-kha-el) significa Quién como Dios. Algunos han visto a san Miguel en la aparición a Josué, pues se presenta con una espada desnuda en la mano, tal como se le representa a san Miguel. Le dijo a Josué: Soy un príncipe del ejército de Yahvé… Descalza tus pies, porque el lugar que pisas es santo (Jos 5, 13-15).

Cuando el profeta Daniel tuvo una visión y quedó como muerto, dice: Pero Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia (Dan 10, 13). Y uno que parecía un hijo de hombre le habló y le dijo: Yo te daré a conocer lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe (Dan 10, 21).

Entonces se alzará Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día (Dan 12, 1).

En el Nuevo Testamento se dice en la carta de san Judas Tadeo: El arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo contendiendo sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir un juicio injurioso, sino que dijo: Que el Señor te reprenda (Jud 9). Pero, sobre todo, es en el capítulo 12 del Apocalipsis, donde aparece claramente su misión de capitán de los ejércitos angélicos en su lucha contra el diablo y sus demonios.

Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada diablo y Satanás que extravía a toda la redondez de la tierra y fue precipitado a tierra, y sus ángeles fueron precipitados con él. Y oí una voz en el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Pero ellos lo han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio y menospreciaron su vida hasta morir (Apoc 12, 7-11).

San Miguel arcángel es considerado el patrono especial del pueblo de Israel, como se dice en Daniel 12, 1. También ha sido nombrado patrono especial de la Iglesia católica, el nuevo pueblo de Dios del Nuevo Testamento.

Igualmente, es considerado patrono de los jueces y de los que ejercen justicia, pues se le representa con la balanza en la mano. Además, por ser el capitán de los ejércitos celestiales en la lucha contra el mal y contra el diablo, es considerado patrón de los soldados y policías. También lo han escogido para patrono los paracaidistas y radiólogos y todos los que curan por medio del radium; pero es especialmente poderoso contra Satanás. Por eso, los exorcistas lo invocan como a un defensor poderoso.

Veamos un caso histórico en el que se basó la película El exorcista y que ocurrió en Washington, en el hospital de san Alejo, en 1949, de acuerdo a las investigaciones realizadas por la cadena de televisión norteamericana ABC.

El niño (no una niña) de unos diez años, era hijo de una familia luterana, que acudió a la Iglesia católica, buscando ayuda. El padre jesuita James Hughes y otro sacerdote que le ayudaba, hicieron el exorcismo varias veces hasta que expulsaron al diablo. El niño quedó liberado y vivió muchos años como una persona normal que, incluso, se casó y formó una familia. Los sacerdotes exorcistas vivieron también muchos años más y el diablo no se vengó de ellos, porque Dios no se lo permitió.

En la realidad, no hubo tantos fenómenos espectaculares juntos como aparecen en la película. Pocos saben cómo realmente ocurrió. El demonio, por medio de la voz del niño, dijo: No me iré hasta que sea pronunciada cierta palabra, pero el niño jamás la dirá. El exorcismo prosiguió y, de pronto, el niño habló con una voz claramente autoritaria y digna. El niño dijo: Soy san Miguel y te ordeno, Satán, que abandones el cuerpo en el nombre de Dominus (Señor, en latín), ahora mismo. Entonces, se oyó un sonido semejante a una gran detonación, que fue escuchada por muchas personas en el hospital de san Alejo, donde se realizaban los exorcismos. Y el niño poseso quedó liberado para siempre. El niño no se acordaba de nada, pero sí se acordaba de una visión de san Miguel, luchando contra Satanás. Curiosamente, ese mismo día y a esa misma hora en que salió el demonio, esa misma visión fue vista en la iglesia de san Francisco Javier por varios sacerdotes jesuitas, los cuales afirmaron haber visto súbitamente una intensa luz que iluminó el altar principal y la bóveda del altar, y en la que se veía a san Miguel luchando con Satán. Así terminó felizmente aquella batalla en el cuerpo del poseso: con la victoria de Dios por medio de san Miguel.

En caso de posesión diabólica hay que recurrir a María, rezando el rosario, usando agua bendita, el crucifijo y otros objetos benditos, pero también invocando a san Miguel.

En el Ritual de exorcismos se dice: Arcángel san Miguel, príncipe del ejército celestial, defiéndenos en la lucha contra los espíritus del mal en los cielos. Ven en ayuda de los hombres, a quienes Dios creó a su imagen y semejanza y rescató a gran precio de la tiranía del diablo. A ti te venera la Iglesia como su guardián y patrono, a ti te confió el Señor las almas de los redimidos para colocarlas en la felicidad eterna. Suplica al Dios de la paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies para que nunca más pueda mantener cautivos a los hombres y dañar a la Iglesia.

Presenta nuestras súplicas al Altísimo para que rápidamente vaya por delante de nosotros la misericordia del Señor y reduzcas a esclavitud al enemigo, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y una vez atado lo envíes al abismo a fin de que no seduzca más a las gentes.

Escucha Señor, la súplica de san Miguel arcángel y de todos los ángeles que te sirven: Dios de poder, repele la fuerza del diablo; Dios de verdad y perdón, aleja sus falaces asechanzas; Dios de la libertad y de la gracia, desata las ataduras del mal.

Es bien sabido que, antes del concilio Vaticano II, se decía, al final de cada misa, la oración a san Miguel arcángel. Esta oración tuvo su origen en una visión del Papa León XIII en el año 1884. Vio al demonio desafiando a Dios, diciéndole que podía destruir la Iglesia y llevar al mundo al infierno, si se le daban 100 años para poder hacerlo. El Papa comprendió que, si el demonio no lograba cumplir su propósito, sufriría una derrota humillante. Y vio al arcángel san Miguel que se presentaba a luchar contra Satanás y los suyos en unión con los ángeles buenos. Después de esta visión, León XIII se encerró en su habitación y escribió la oración a san Miguel y mandó que se rezara en cada misa como un muro de contención contra el mal. Lamentablemente, fue suprimida esta oración con las reformas litúrgicas. Pero sería muy bueno que cada cristiano la diga, al menos en privado, para pedir la protección del santo arcángel en los momentos difíciles de la vida. La oración dice así:

San Miguel arcángel, defiéndenos del enemigo y ampáranos de todas las asechanzas del maligno. Que Dios te reprima, espíritu maligno, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja con el divino poder a Satanás a lo más profundo del infierno y también a los otros espíritus inmundos que vagan por el mundo, buscando la perdición de las almas.

William Wagner dice: Conozco una sicóloga, que trabaja en el apostolado de los drogadictos y prostitutas en las calles de Vancouver, Columbia británica, Canadá. Entre esos jóvenes está difundido el satanismo, pues muchos llevan su nombre o imagen en sus camisetas. En general, lo llevan porque creen que el diablo es un ser con poder. Ella les dice que mucho más poderoso es san Miguel que lo echó del cielo. Y les ofrece una medalla de san Miguel. Ellos la reciben con gratitud y comienzan a invocarlo y a recibir su protección.

APARICIONES DE SAN MIGUEL

Desde los tiempos de Jesús, los hebreos creían que san Miguel era el ángel encargado por Dios para cuidar las fuentes de agua que tienen efectos curativos. En la tradición, se le considera como el ángel que guió al pueblo de Israel por el desierto y le hizo atravesar el mar Rojo; también el que hizo que el agua brotara de la roca que Moisés tocó con su bastón para así calmar la sed del pueblo. En el Evangelio de san Juan, capítulo 5, se habla del ángel que movía las aguas de la piscina de Betesda y que algunos creen que era san Miguel.

El año 452, Atila con su ejército se presentó a las puertas de Roma dispuesto a conquistarla a sangre y fuego. El Papa León I consagró Roma a san Miguel arcángel y, después, salió al encuentro de Atila. Y ocurrió el milagro. Atila se alejó de Roma. Inmediatamente, edificaron una iglesia al arcángel san Miguel, que le fue consagrada el 29 de setiembre y desde entonces ese es el día de la fiesta de san Miguel. Después del concilio Vaticano II, se le añadió también la fiesta de los arcángeles Gabriel (25 marzo) y Rafael (24 octubre).

El culto a san Miguel estaba muy difundido en Egipto. Se sabe que en el siglo IV había un templo consagrado a él. La iglesia de Alejandría puso bajo su protección al río Nilo del que dependía la riqueza del país. Su fiesta la celebraban el 12 de junio, período en el que el río comenzaba a crecer.

En Constantinopla había una iglesia dedicada a san Miguel, edificada por el emperador Constantino. Se le llamaba Michaelion y se creía que el arcángel se había aparecido allí y obraba milagros. Sobre esto, escribe mucho el historiador Sozomeno. Sozomeno nació en Palestina en el siglo V y vivió en Constantinopla como abogado y autor de varios libros de historia de la Iglesia. Él dice: Todos los que tenían grandes penas o tenían enfermedades incurables se acercaban al templo a orar y pronto se libraban de sus penas.

Los emperadores bizantinos, como refiere el historiador Raymond Jenin, edificaron varios templos a san Miguel, considerado el protector del Imperio. En Constantinopla y sus alrededores, había unos 16 santuarios dedicados al arcángel.

El cronista bizantino Johannes Malalas (491-565), autor del libro Cronografía, donde anotaba los hechos notables de su tiempo, hace muchas referencias a san Miguel con relación a los emperadores bizantinos.

Es conocido el hecho que cuenta san Eusebio en su Historia eclesiástica (IX, 9), donde informa que Constantino tuvo una visión en la Galia. Vio una cruz con la frase in hoc signo vinces (con esta señal vencerás). A raíz de esta visión, hizo preparar un estandarte con la cruz, y san Miguel lo llevó a la victoria. Parece que esta visión fue cierta, ya que parece del todo inverosímil que hubiese imaginado algo tan impopular en un ejército mayoritariamente pagano en aquel entonces. El año 313 dio el reconocimiento oficial del cristianismo en todo el imperio.

Durante el pontificado de san Gregorio Magno, en el año 590, una terrible peste estaba haciendo una horrible mortandad entre la población de Roma. El Papa ordenó que se hiciera una procesión penitencial desde Santa María la Maggiore. El mismo Papa llevaba una estatua de la Virgen durante la procesión. Cuando llegaron al puente sobre el Tíber, oyeron cantos de ángeles y, de pronto, sobre el castillo de Adriano, que hoy se llama Castel Sant´Angelo (Castillo del santo ángel), se apareció el arcángel san Miguel. En su mano llevaba una espada. En ese momento, cesó la peste.

A santa Juana de Arco (1412-1431) se le manifestó el arcángel en diversas ocasiones, pidiéndole que tomara las armas para defender a su país. A los 13 años, comenzó a oír las voces del arcángel. En el proceso que le hicieron afirmó que la primera aparición fue de san Miguel. Dice: Lo vi con los ojos. No estaba solo, estaba en compañía de ángeles del cielo.

La voz del arcángel le enseñaba a comportarse bien y a frecuentar la iglesia. Pronto se unieron a san Miguel la visita de santa Catalina y santa Margarita. Con su ayuda, ella consiguió convencer al delfín para que la acompañara a Reims para ser coronado rey. También le dijeron que sería tomada presa. La quemaron viva a los 19 años. El proceso de rehabilitación tuvo lugar en 1455 por deseo del rey Carlos VIII y del Papa Calixto III.

San Francisco de Paula (1456-1508) tenía mucha devoción a san Miguel, quien se le apareció en una visión y le inspiró el lema de su Orden de los Mínimos que había fundado. El lema era Charitas (amor). San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, era tan devoto de san Miguel que, en cada habitación de la curia episcopal, había puesto un cuadro de san Miguel y quiso que sus religiosos renovasen cada año sus votos en la fiesta de san Miguel.

En 1733, cuando san Gerardo Maiella tenía 7 años, un día, mientras asistía a misa, se acercó al altar para recibir la comunión, pero el sacerdote se la negó, porque era todavía un niño y en aquel tiempo sólo recibían la comunión a los doce años. El pequeño se quedó triste. Por la noche, se le apareció el arcángel y le dio la comunión.

San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los pasionistas, era un gran devoto del arcángel y lo nombró como uno de los principales patronos de su Congregación.

La beata Rosa Gattorno (1831-1900), gran mística italiana habla de que san Miguel era su ángel protector. Dice: Mientras rezaba vi a mi arcángel san Miguel con la espada desenvainada en acto de defenderme… Él me confortó y desapareció. Quedé llena de fuerza y vigor y hubiera afrontado mil ejércitos.

Un día me encomendaba a mi ángel de la guarda y, más aún, a aquel que me dio mi Jesús, Miguel arcángel. Vi un grupo de demonios encendidos que se precipitaban unos sobre otros. El ángel Miguel los mataba con su espada, pero sólo figuraba el acto de esta matanza, pues en realidad no los tocaba… Después de medianoche, incendiaron la puerta de la casa. Salté de la cama hacia la ventana y mientras me ponía el velo, sentía que me sugerían cómo tenía que hacer y Miguel me decía: “Yo estoy contigo, quédate tranquila” .

Otro día fui a comulgar, pues estaba muy mal en este mes de marzo de 1875. Estaba muy turbada, pero apenas lo recibí en la comunión, lo vi a mi lado. El ángel Miguel, junto conmigo, hacía el agradecimiento y con las manos juntas adoraba a Dios.

¡Cuánto sufrí en mi viaje a Roma! No sé cómo expresarlo. Era tal la rabia de los espíritus infernales que sólo mi ángel san Miguel los podía retener… Mi ángel Miguel los echaba con la espada desenvainada. Se fueron lejos y no los vi ni los escuché más.

El santo Pío de Pietrelcina (1885-1968) era muy devoto de san Miguel. Por eso, muchos autores creen que fue él quien se le apareció el 5 de agosto de 1918. Dice: Me vi ante un misterioso personaje con una larguísima lanza bien afilada, de la que parecía salir fuego de la punta.

En el tercer secreto de Fátima, dice Lucía: Hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más en alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Muchos los identifican claramente con san Miguel.

Cuenta la beata Ana Catalina Emmerick (1771-1824) en sus Revelaciones: He visto la iglesia de san Pedro (Roma). Sobre ella resplandecía el arcángel san Miguel vestido de color rojo, teniendo una gran bandera de combate en las manos. La tierra era un inmenso campo de batalla. Los verdes y los azules luchaban contra los blancos: éstos, sobre los cuales había una espada de fuego, parecían que iban a sucumbir.

El arcángel descendió y se acercó a los blancos. Lo vi delante de todos. Ellos cobraron gran valor, sin saber de dónde les venía. El ángel derrotó a los enemigos, los cuales huyeron en todas direcciones. La espada de fuego, que estaba sobre los blancos, desapareció. En medio del combate, aumentaban las filas de los blancos: grupos de adversarios pasaban a ellos y, una vez, se pasaron un gran número. Sobre el campo de batalla había en el espacio, legiones de santos que hacían señales con las manos; diferentes unos de otros, pero animados del mismo espíritu.

Nos dice santa Faustina Kowalska (1905-1938) en su Diario: En el día de san Miguel vi a este gran guía junto a mí, que me dijo estas palabras: “El Señor me recomendó tener un cuidado especial de ti. Has de saber que eres odiada por el mal, pero no temas. ¡Quién como Dios!”. Y desapareció. Sin embargo, siento su presencia y su ayuda.

Durante la primera guerra mundial hay un hecho bien documentado. En Mons (Bélgica) se aparecieron a los soldados en el campo de batalla muchos ángeles. Los aliados estaban a punto de sufrir una terrible derrota y pudieron ganar la batalla. Los soldados británicos afirmaban haber visto a san Jorge y lo describían como de cabellos rubios y armadura dorada, montado en un caballo blanco. Los soldados franceses aseguraban que era el arcángel san Miguel, cabalgando en un caballo blanco. Después de la guerra, los alemanes brindaron su visión de la historia. Los soldados de caballería afirmaron que sus monturas se negaron, de repente, a perseguir al enemigo. Y dijeron que las posiciones aliadas, a las que atacaban, se hallaban defendidas por miles de hombres, cuando en realidad sólo había dos regimientos.

Unas religiosas me escribían: En nuestra Comunidad se profesa gran devoción a los ángeles, en especial, a san Miguel, al cual se atribuye la asistencia milagrosa durante la invasión francesa de 1648. Todos los templos, conventos y casas particulares de la ciudad fueron saqueados y robados, menos nuestro convento. Varias veces lo intentaron; pero, al quererlo ejecutar, aparecía un hombre de aspecto hermoso, alto de estatura, que con una espada en la mano, defendía la puerta de entrada.

Las religiosas creyeron que se trataba de algún oficial francés, pero cuando quisieron buscarlo para agradecérselo, no se halló a ninguno que diese noticia de tal capitán ni que hubiera hombre con tales señales. Por eso, se creyó que había sido el arcángel san Miguel, patrono de la Comunidad, del que hemos recibido muchos insignes beneficios. Hoy tenemos su imagen en destacados lugares de la casa. También tenemos devoción a nuestros ángeles custodios y al santo ángel de la ciudad.

- Durante la guerra de Corea, tuvo lugar un acontecimiento extraordinario. Un soldado americano, de nombre Miguel, experimentó palpablemente la ayuda de su patrono, a quien tenía mucha devoción. Un día de invierno hizo un recorrido con su patrulla. En cierto momento, se alejó de sus compañeros y vio a un soldado nuevo, a quien dijo: No te conozco, pensaba que conocía a todos los de mi compañía.

Soy nuevo, apenas llegado, me llamo Miguel. Yo también me llamo Miguel.

Estaba nevando y subieron a una colina. De pronto, aparecieron 7 soldados comunistas. Estaban a unos 40 metros.

A tierra, le gritó el nuevo Miguel. Pero Miguel había sido alcanzado en el pecho. Después de eso, lo único que recordaba era ser llevado por unos brazos fuertes. Cuando estuvo seguro, vio al nuevo Miguel radiante de gloria y la cara luminosa como el sol, con una espada en la mano, que brillaba con miles de luces. Después, se desvaneció. Los otros compañeros llegaron, lo ayudaron y le curaron la herida. Y él preguntó:

¿Dónde está Miguel?

Pero no había otro Miguel y nadie lo había visto. Sin embargo, aquellos soldados comunistas habían quedado muertos sin que él les hubiera disparado.

SANTUARIOS DE SAN MIGUEL

Santuario del monte Gárgano

A mediados del siglo VIII, vivía en la ciudad de Siponto (Italia) un hombre rico de nombre Gárgano, propietario de gran número de ovejas y ganado. Un día, mientras los animales pastaban en las laderas del monte, un toro se alejó de la manada y no retornó en la tarde con los demás. Gárgano juntó a varios empleados y fueron todos en su busca. Lo encontraron sobre la cima del monte, inmóvil, frente a la abertura de una gruta. Lleno de ira, al ver al toro que se había escapado, tomó el arco y le lanzó una flecha envenenada. Pero la flecha, invirtiendo su dirección como rechazada por el viento, se volvió hacia atrás y se le clavó en el pie. Los habitantes del lugar quedaron turbados por aquel hecho tan insólito y acudieron al obispo a ver qué podían hacer. El obispo mandó tres días de ayuno para pedir discernimiento divino. A los tres días, se le apareció el arcángel san Miguel y le dijo: Has de saber que el hecho de que la flecha golpeara al mismo que la lanzó, ha sido realizado por mi voluntad. Yo soy el arcángel san Miguel, que estoy siempre en la presencia del Señor. Y he decidido guardar este lugar y a sus habitantes, de los cuales soy patrono y guardián. A partir de esta visión, los habitantes fueron al monte a orar a Dios y al santo arcángel.

Otra segunda aparición ocurrió durante la guerra de los napolitanos contra los habitantes de Benevento y Siponto (donde está el monte Gárgano). Estos últimos pidieron una tregua de tres días para orar, ayunar y pedir la ayuda de san Miguel. La noche anterior a la batalla, san Miguel se apareció al obispo y le dijo que las oraciones habían sido escuchadas y que los ayudaría en la pelea. Así fue, ganaron la batalla y, después, fueron a la capilla de san Miguel en agradecimiento. Allí encontraron huellas de hombre impresas fuertemente en la piedra junto a una pequeña puerta. Así comprendieron que san Miguel había querido dejar una señal de su presencia. El tercer episodio sucedió cuando los sipontinos quisieron consagrar la iglesita del monte Gárgano.

Hicieron tres días de ayuno y oración. La última noche se apareció san Miguel al obispo de Siponto y le dijo: No corresponde a vosotros consagrar esta iglesia que yo he edificado y consagrado. Vosotros debéis entrar y frecuentar este lugar para orar. Mañana, durante la celebración de la misa, el pueblo comulgará como de costumbre y yo mismo mostraré cómo he consagrado este lugar. Al día siguiente, vieron en la iglesia construida en una gruta natural, una gran abertura con una larga galería que llevaba hasta la puerta septentrional, donde estaban las huellas humanas grabadas en piedra. Y, entonces, apareció una iglesia más grande. Para entrar a ella había que subir unas graditas, pero en su interior cabían unas 500 personas. Esta iglesia era irregular, las paredes eran desiguales, y la altura también. Había un altar y de una roca caía en el templo agua, gota a gota, dulce y cristalina, que actualmente se recoge con un vaso de cristal y sirve para curar enfermedades. Muchos enfermos se han curado con esta agua milagrosa, sobre todo, el día de la fiesta de san Miguel, en que viene mucha gente de regiones vecinas.

La tradición coloca estas tres apariciones en los años 490, 492 y 493. Algunos autores las colocan distantes en el tiempo una de otra. La primera hacia el 490, la segunda alrededor del 570 y la tercera, cuando ya el santuario era un centro reconocido de peregrinación, varios años más tarde.

Y hay una cuarta aparición en el año 1656, cuando en la zona dominaban los españoles y había una terrible epidemia de peste. El obispo de Manfredonia, la antigua Siponto, ordenó tres días de ayuno e invitó a todos a rezar a san Miguel. El 22 de setiembre de ese año, san Miguel se apareció al obispo y le dijo que donde hubiera alguna piedra del santuario con una cruz y el nombre de san Miguel, se librarían de la peste. El obispo comenzó a distribuir piedras benditas y todos los que las recibieron quedaron libres del contagio. Actualmente, en la plaza de la Città di Monte Sant´Angelo hay una estatua con la inscripción latina: Al príncipe de los ángeles, vencedor de la peste.

Es digno de mención que, en el año 1022, el emperador alemán Enrique II que, después de su muerte fue proclamado santo, se pasó toda una noche en la capilla de san Miguel del Gárgano en oración y tuvo la visión de muchísimos ángeles que acompañaban a san Miguel a celebrar el oficio divino. San Miguel les dio a todos a besar el libro del santo Evangelio. Por eso, hay una tradición que dice que la capilla de san Miguel es durante el día para los hombres y en la noche para los ángeles.

En el santuario hay una gran imagen de mármol de san Miguel, del año 1507, obra del artista Andrea Cantucci. Este santuario del Gárgano es el más famoso de todos los dedicados a san Miguel.

En tiempos de las Cruzadas, antes de partir a Tierra Santa, muchos soldados y autoridades iban a pedir la protección de san Miguel. Muchos reyes, Papas y santos, también visitaron esta basílica llamada celeste por haber sido consagrada por el mismo San Miguel y, porque en las noches los ángeles celebraban allí su culto de adoración a Dios. Entre los reyes figuraban: Enrique II, Otón I y Otón II de Alemania; Federico de Suecia y Carlos d´Anjou; Alfonso de Aragón y Fernando el Católico de España; Segismundo de Polonia; Fernando I, Fernando II, Victor Manuel III, Humberto de Saboya y otros jefes de gobierno y ministros de Estado de Italia.

Entre los Papas, encontramos a Gelasio I, León IX, Urbano II, Celestino V, Alejandro III, Gregorio X, Juan XXIII, cuando era cardenal, y Juan Pablo II. Entre los santos, están san Anselmo, san Bernardo de Claraval, santa Matilde, santa Brígida, san Francisco de Asís, san Alfonso María de Ligorio y el santo padre Pío de Pietrelcina. Y, por supuesto, miles y miles de peregrinos que todos los años visitan la basílica celeste. La actual basílica gótica se comenzó a construir el año 1274.

Santuario del Mont saint Michel

El segundo santuario, dedicado a san Miguel, más importante del mundo es el del Mont Saint Michel, del Monte san Miguel, ubicado en una isla en las costas de Normandía (Francia). Cuenta la tradición que el 9 de octubre del año 708 se apareció san Miguel a san Auberto, obispo de Avranches, en Normandía, pidiéndole que erigiera un santuario en su honor sobre una isla no muy lejos de la costa. El santuario fue inaugurado el 16 de octubre del 709. Poco tiempo después, muchos enfermos quedaban sanados y así tomó mucha fama. Durante la Edad Media, fue junto con Santiago de Compostela y Roma, uno de los lugares más visitados de Occidente.

La iglesia original fue ensanchada y engrandecida con el paso de los siglos. Los reyes franceses hasta Carlo Magno, dedicaron su reinado a san Miguel. Durante la Revolución francesa fue convertido en una prisión, pero en la actualidad es un centro de peregrinación. Cada año lo visitan unos tres millones de personas. En 1912, los obispos franceses renovaron la consagración del país a san Miguel.

Saint Michael’s Mount

En Inglaterra, cerca de las costas de Cornwall, también existe el famoso santuario Saint Michael’s Mount, que parece haber tenido origen en una aparición del arcángel. Cuando sube la marea, queda como una isla, exactamente igual que el Mont Saint Michel de Normandía. Según una tradición, en el año 495 se apareció el arcángel a algunos pescadores. El año 1135 se estableció allí una Comunidad religiosa dedicada al culto del arcángel. A fines de 1424, por decreto del Parlamento inglés, este santuario dejó de ser dependiente del de Normandía como lo había sido durante muchos años. En 1535, después de que Enrique VIII se retiró de la Iglesia católica, el Estado confiscó la abadía, que en el año 1659 fue adquirida por el coronel John St. Aubyn y transformada en casa privada. En 1954, la familia Aubyn decidió donar el edificio al National trust for places of historical or natural beauty y comenzó de nuevo la devoción a san Miguel.

San Michele della Chiusa

El santuario de San Michele della Chiusa en Italia está ubicado exactamente a mitad de camino en línea recta entre el santuario del Monte Gárgano y del Saint Michel en Normandía. Sobre este santuario, se habla en un documento del siglo IX titulado Chronica monasterii sancti Michaelis Clusini. También aquí se apareció el arcángel y pidió que se le construyera un templo.

En los primeros siglos fue una abadía benedictina muy conocida, hasta 1622 en que casi estaba abandonada. Pero en 1830, el rey Carlos Alberto se interesó por el templo y colocó establemente la Comunidad de padres Rosminianos que lo custodian hasta hoy.

Santuario de Navalagamella

El año 1455, en Navalagamella (Madrid), estaba el pastor Miguel Sánchez con su rebaño de ovejas cuando se le apareció san Miguel y le dijo: No temas, yo soy uno de los siete espíritus que asistimos en la presencia de Dios, de quien soy enviado para decirte que es voluntad suya que, en este lugar, se construya una ermita en honor de san Miguel y sus ángeles. El pastor le pidió que se lo encomendara a otro, pues no le iban a creer a él, que era tan poca cosa. Pero san Miguel le dijo: Cuéntale a tu amo todo y yo haré de modo que te crean. Sin embargo, por miedo, no quiso hablar y un día, al despertarse, se encontró con que no podía caminar. Entonces, comprendió que debía hablar y se lo dijo a su amo Don Pedro García de Ayuso. Este mandó celebrar una misa en honor de san Miguel y el pastor se curó. Así surgió el templo a san Miguel en Navalagamella.

Santuario de san Miguel del Milagro

El 25 de abril de 1631, en Tlaxcala, México, un indio llamado Diego Lázaro, de los primeros convertidos, participaba en una procesión el día de san Marcos, cuando tuvo una visión de san Miguel que le dijo: Yo soy san Miguel arcángel y he venido a decirte que es voluntad de Dios y mía que les digas a los habitantes de esta villa y de sus alrededores que en la barranca, compuesta por dos montañas y frente a este lugar, encontrarán una fuente milagrosa de agua que sanará todas las enfermedades. No dudes de lo que te digo y no olvides lo que te mando hacer.

Diego Lázaro tuvo miedo a la gente de que no le creería y no dijo nada. A los tres días enfermó gravemente. De nuevo, se le apareció el arcángel para reprocharle su cobardía y le insistió en que obedeciera, después de sanarlo.

El indio se lo dijo a la gente y no le creyeron. Sólo su familia le creyó. Fue con algunos familiares a excavar la fuente en el lugar indicado, pero les fue imposible remover las rocas. De pronto, un joven, de una fuerza descomunal, se presentó y removió las rocas, abriendo así la fuente de agua milagrosa. Seis meses más tarde, de nuevo se enfermó y se le apareció san Miguel para reprocharle, una vez más, su cobardía, amenazándole con castigos, si no cumplía su misión. Por fin, el indio fue a ver al obispo, que lo recibió bien y le pidió agua para los enfermos de su familia y del hospital. Todos quedaron sanos con el agua milagrosa. Así comenzó a construirse el santuario de san Miguel del Milagro, en el municipio de Nativitas, de Tlaxcala.

En este santuario se destacan varios cuadros importantes. Uno de ellos presenta a dos niñas indígenas enfermas, que no podían ser trasladadas al templo. Sus familiares recogieron agua de la fuente y se la untaron en el pecho, quedando totalmente sanas.

*******

En Moscú fue construida entre 1505 y 1508 la catedral del arcángel san Miguel por el príncipe Iván III Vassilievic. Los príncipes iban a rezar a esta iglesia antes de ir a las batallas. San Miguel era considerado como el protector de los príncipes rusos. Actualmente, la catedral de san Miguel custodia las tumbas de los zares y es parte integrante de Moscú y del Estado ruso.

NOVENA A SAN MIGUEL

I.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas para recibir dignamente en nuestros corazones el fuego de la caridad perfecta. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

II.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado y seguir el camino de la perfección cristiana. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

III.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

IV.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las potestades, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

V.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las dominaciones, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

VI.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de las virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

VII.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

VIII.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la fe y en las buenas obras, y así nos lleve a la gloria del paraíso. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

IX.- Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la gloria eterna. Amén.

1 Padrenuestro 3 Avemarías

Se reza un Padrenuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles: Miguel, Gabriel, Rafael y nuestro ángel custodio.

V.- Rogad por nosotros, san Miguel, príncipe de la Iglesia.

R.- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos.- Omnipotente y eterno Dios, te adoramos y te bendecimos. En tu maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, has escogido al glorioso arcángel san Miguel, como príncipe de tu Iglesia.

Humildemente, te suplicamos, Padre celestial, que nos libres de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitas que ningún espíritu maligno se nos acerque para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor Nuestro, guíanos por medio de este mismo arcángel. Que él nos conduzca a la presencia de tu excelsa y divina majestad. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

LETANÍAS A SAN MIGUEL

San Miguel arcángel, ruega por nosotros. San Miguel, jefe de todos los ángeles... San Miguel, lleno de la sabiduría de Dios... San Miguel, fuerte en el combate... San Miguel, terror de los demonios... San Miguel, vencedor de Satanás... San Miguel, nuestro apoyo en la lucha contra el mal... San Miguel, príncipe de la milicia celeste... San Miguel, fiel servidor de Dios... San Miguel, mensajero de Dios... San Miguel, ángel de la paz... San Miguel, guardián del paraíso... San Miguel, sostén del pueblo de Dios... San Miguel, guardián y patrono de la Iglesia... San Miguel, bienhechor de los pueblos... San Miguel, consolador de las almas del purgatorio... San Miguel, luz y confianza de los agonizantes...

Oremos.- Oh Dios, todopoderoso y eterno, que has puesto a san Miguel como guardián de la Iglesia y del paraíso, concédenos por su intercesión vivir contigo en gracia en esta vida y, después, la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

CONSAGRACIÓN A SAN MIGUEL

San Miguel, gran príncipe del cielo y guardián fiel de la santa Iglesia, yo, aunque indigno, me presento ante ti, acompañado de mi ángel custodio, confiado en tu bondad y en presencia de todos los ángeles del cielo, como testigos, yo me pongo bajo tu protección y amparo, prometiendo honrarte y hacerte honrar. Asísteme durante mi vida para que nunca ofenda a Dios en obras, palabras o pensamientos. Defiéndeme de todas las asechanzas del demonio y, especialmente, de las tentaciones contra la fe y la pureza.

San Miguel arcángel, príncipe de las milicias celestiales, quiero ser uno de tus fieles devotos, y pongo mi vida con todo lo que soy y tengo bajo tu poderosa protección. Ayúdame en todos los momentos, líbrame de todo poder del maligno y concédeme la gracia de amar cada día más a mi Dios y Señor por medio de María. Y en la hora de mi muerte, dame la paz, llevándome a la patria celestial. Amén.

CONSIDERACIONES

Antes de terminar nuestras reflexiones, quisiera que consideremos la importancia de la devoción a estos tres grandes arcángeles, que Dios pone a nuestra disposición en la medida en que nosotros los invocamos. San Miguel, poderoso contra el poder del demonio; san Gabriel, el mensajero por excelencia de parte de Dios; y Rafael, el ángel protector de los viajeros y un médico celestial para todas nuestras enfermedades del cuerpo y del alma. De modo que, si los invocamos frecuentemente, obtendremos de Dios muchas bendiciones que, de otro modo, nunca podríamos recibir. Amarlos a ellos no quiere decir que olvidemos el amor a Jesús Eucaristía, a María, nuestra Madre, y a nuestro ángel custodio. En el camino hacia Dios toda ayuda espiritual será poca y no podemos perder las bendiciones que Dios nos puede dar a través de la devoción a los santos y ángeles, y en especial a los tres arcángeles.

Por ello, les invito a amar de modo particular a los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, con la seguridad de que serán de gran ayuda en su camino espiritual. CONCLUSIÓN

Al concluir este librito sobre los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, sólo me queda agradecer a Dios por la ayuda que tantas veces me ha brindado por medio de ellos; al igual que por medio de mi ángel custodio y de otros muchos ángeles que me rodean. Mi devoción a los ángeles proviene desde mi infancia y he podido experimentar en mi vida la realidad de su valiosa y poderosa intercesión. Por eso, deseo recomendar a todos los que lean este libro a tener mucha devoción a su ángel custodio y, en general, a todos los ángeles.

No hay que olvidar que cada persona con la que nos relacionamos tiene también su ángel y podemos saludarlos y pedirles ayuda; en especial a los ángeles de nuestros familiares, que viven en nuestra misma casa. Pero, entre todos los ángeles, no olvidemos que la intercesión de Miguel, Gabriel y Rafael es especialmente poderosa. Cuando tengamos que realizar un viaje, aunque sea dentro de la ciudad, invoquemos a Rafael; y lo mismo, cuando estemos enfermos o cuidemos a un enfermo. Cuando tengamos que usar los medios de comunicación, sobre todo, el internet, pidamos la ayuda a Gabriel. Y en todo momento, acudamos a Miguel, que es poderoso para librarnos del poder de la gente mala y del maligno.

Les deseo a todos un buen viaje por la vida, protegidos por la intercesión de María y de los santos, acompañados por los ángeles y, especialmente, por nuestro ángel custodio y por los tres santos arcángeles.

Saludos de mi ángel. Tu hermano y amigo del Perú.

P. Ángel Peña Benito O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ

BIBLIOGRAFÍA

Alarcón Capilla Antonio, La Granada de oro, San Juan de Dios, Madrid, 1950. Anónimo, Saint Michel, Ed. Bénédictines, 2005. Betancourt Darío, Vengo a sanar, Ed. Kerigma, México, 1985. Biver Paul, Le Père Lamy, Ed. Amis des Serviteurs de Jésus et de Marie, 1966. Gattorno Rosa, Memorias, Ed. Hijas de santa Ana, Roma, 1996. Giovetti Paola, Le vie dell'arcangelo, Ed. Mediterranee, 2005. Jenin Raymond, Les sanctuaires byzantines de saint Michel, Échos d'or d'Orient, 33, 1934. Lorient Marc, Saint Raphaël, Ed. Bénédictines, 1996-2007. Pfeifer Cornelio, Devocionario a los santos ángeles, Ed. Salesiana, Bogotá, 2007. Simma María, Fateci uscire da qui, Ed. Segno, Udine, 1997. Stanzione Marcello, San Michele, Ed. Segno, 2007. Stanzione Marcello, San Pio da Pietrelcina e l´arcangelo san Michele, Ed. Gribaudi, Milano, 2007.

 

Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org

 

 

 

 

Ir al Indice           

 

 

Si esta Página ha sido de su agrado

por favor entre aquí y

Recomiéndela


 

El Administrador de este Sitio tiene algo que decirte, escúchalo en su Album "Mis Charlas en el Chat Católico Omega Voz". Escúchalo y si te gusta algún mensaje, descárgalo y compártelo. Para ir y escucharlo presiona aquí

 

VISITE NUESTRO CHAT CATOLICO "OMEGA VOZ", CHAT DE TEXTO Y AUDIO

 

Ir a Chat Omega Voz

  

 

 

 

 

| Inicio | Imágenes | Diversión | Temas | Música | Oraciones | La Biblia | ConocerLibrosVideos | Chat | Cine | Autor | MapaEnlacesWebmasters | Televisión | Radio |



 

Presione g+1 para recomendar esta página