P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.
ÁNGELES DE AQUÍ Y DE ALLÁ
LIMA - PERÚ 2008
ÁNGELES DE AQUÍ Y DE ALLÁ
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2008 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
Los ángeles. La devoción a los ángeles. Experiencias de
ángeles. Más experiencias. Testimonios recientes. Ángeles del
más allá. a) Niños b) Adultos. Ángeles en el purgatorio.
Ángeles del cielo. Recomendaciones prácticas. Oraciones.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el
camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y
escucha su voz, no le resistas. (Ex 23, 20-22)
INTRODUCCIÓN
El tema de los ángeles es un tema siempre apasionante, porque
nos toca muy de cerca. Cada ser humano tiene un ángel, puesto por
Dios para ayudarlo en la vida y defenderlo de las asechanzas del
maligno. Por esto, es importante que todos conozcamos a este amigo
cercano, que nunca nos abandona y del que recibimos muchos favores,
aunque no lo sepamos.
Conocer a este ángel custodio, compañero de la vida, es muy
importante para poder invocarlo y así recibir de él inmensas
bendiciones, que Dios nos quiere dar a través de su ministerio
angelical.
Ahora bien, los ángeles custodios no solamente nos ayudan en
esta vida. Todos los santos están de acuerdo en que también en el
purgatorio estarán acompañándonos y consolándonos, pues su
misión no termina hasta que estemos ya definitivamente felices en
el cielo.
Algo muy interesante, que nos dicen las personas que han sido
dadas clínicamente por muertas y han tenido experiencias cercanas a
la muerte, es que, en muchos de estos casos, ven a sus familiares
difuntos, que vienen a recibirlos, y también ven a su ángel
custodio, que los quiere ayudar en ese paso a la eternidad. Por eso,
los ángeles, no sólo nos ayudan en el más acá de este mundo,
sino también en el más allá. De ahí el título de nuestro libro
Ángeles de aquí y de allá.
LOS ÁNGELES
La existencia de los ángeles es una verdad de fe de la Iglesia
católica. Dice el Catecismo: La existencia de seres espirituales no
corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles,
es una verdad de fe (Cat 328). Son criaturas puramente espirituales,
tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e
inmortales y superan en perfección a todas las criaturas visibles
(Cat 330).
En muchas páginas de la Biblia se nos habla de la existencia de
los ángeles, cuyo número es de millones de millones (Dan 7, 10 y
Ap 5, 11). Ellos, como lo indica su nombre, son mensajeros de Dios y
sus servidores para ayudar a los hombres. Y, según una tradición
antigua, se considera que pertenecen a nueve coros distintos:
ángeles, arcángeles, virtudes, principados, potestades,
dominaciones, tronos, querubines y serafines.
Entre todos ellos, nos interesa el trato especial con nuestro
ángel custodio, cuya fiesta se celebra el dos de octubre. La Biblia
nos habla de él: Yo mandaré un ángel delante de ti para que te
defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto.
Acátale y escucha su voz, no te resistas (Ex 23, 20-22). Para el
hombre hay un ángel, un protector entre mil que le haga ver al
hombre su deber (Job 33, 23). Mi ángel está con vosotros y os
pedirá cuentas (Baruc 6, 6). Y en el Catecismo se nos dice
claramente: Desde la infancia hasta la muerte, la vida humana está
rodeada de su custodia y de su intercesión. Cada fiel tiene a su
lado un ángel protector y pastor para conducirlo a la vida (Cat
336).
DEVOCIÓN A LOS ÁNGELES
La devoción a los ángeles no es algo trasnochado en estos
tiempos de progreso científico. Todos los santos, sin excepción,
nos hablan de ellos por experiencia y muchos lo han visto con sus
propios ojos. Personalmente, conozco algunas religiosas que lo ven y
no puedo dudar de su sinceridad. Pero también hay muchas personas
que han tenido experiencias del umbral de la muerte que han visto a
su ángel o a muchos ángeles en el más allá. Por eso,
consideramos que la devoción a los ángeles no es algo solamente
útil para hacer dormir a los niños, sino que es una maravillosa
realidad, pues son nuestros amigos, que nos acompañan y nos ayudan
durante toda la vida. Incluso, hay investigadores médicos que creen
en ellos como si fuera una verdad científicamente comprobada.
La doctora Elisabeth Kübler-Ross, doctora honoris causa por 20
universidades, que ha estudiado 20.000 casos de personas dadas
clínicamente por muertas, dice: Lo que la Iglesia dice sobre el
ángel de la guarda está basado en la realidad. Hay pruebas de que
cada ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte, tiene un guía
espiritual, lo crea o no. Una anciana, que estaba muriendo, me dijo:
“Aquí está él de nuevo. Usted debe saber que, cuando era niña,
él estaba junto a mí. Pero ya lo había olvidado”. Murió llena
de alegría, sabiendo que alguien, que la amaba, la estaba
esperando.
Cada hombre tiene tales guías, lo crean o no, y el que sea
judío, católico o no tenga religión, no tiene importancia. Pues
este amor es incondicional y es, por eso, que cada hombre recibe el
regalo de un guía. Mis niños pequeños lo llaman “compañero de
juego” y desde muy temprano hablan con él y son perfectamente
conscientes de su presencia.
En la experiencia del umbral de la muerte, nuestros guías
espirituales, nuestros ángeles de la guarda, y los seres queridos,
que se fueron antes que nosotros, estarán cerca de nosotros y nos
ayudarán. Esto nos ha sido confirmado siempre, así que ya no
dudamos nunca de este hecho. ¡Notad bien que hago esta afirmación
como un hecho científico!.
Dice el gran siquiatra inglés Kenneth McAll: Algunas personas
creen que todos los niños van directamente al cielo, cuando mueren.
Pero eso sólo ocurriría así en caso de haber sido amados y de
haber rezado por ellos en la tierra. He sido testigo de más de
seiscientos casos de niños fallecidos, que habían continuado
creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con
vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel de la guarda,
esperando ese momento de amor y de consagración a Dios; y, en esos
casos, el ángel de la guarda tiene permiso para actuar.
EXPERIENCIAS DE ÁNGELES
En los escritos llamados Actas de los mártires de los tres
primeros siglos, se habla frecuentemente de los ángeles, que vienen
a llevar a los mártires al cielo. Se dice en las Actas de Perpetua
y Felicidad, a propósito de la visión de Saturnus: Habíamos
sufrido el martirio y habíamos salido de nuestro cuerpo. Cuatro
ángeles comenzaron a llevarnos hacia el oriente, sus manos no
tocaban nuestros cuerpos. Llegamos a un lugar vasto, que se parecía
a un jardín, con rosales y toda clase de flores. Ahí había otros
cuatro ángeles, más resplandecientes que los primeros. Desde que
nos vieron, nos saludaron y dijeron a los otros ángeles con
admiración: Ahí están, ahí están.
En la vida de los Padres del desierto también se habla de
ángeles, que se aparecían a aquellos anacoretas. En la vida de san
Antonio abad se cuenta que un día estaba él sentado en un monte,
haciendo oración, cuando alzó los ojos a lo alto y vio un alma
subir entre ángeles al cielo. Estupefacto, pidió saber quién era.
Y oyó una voz que le dijo que era el alma del monje Amón, que
habitaba en Nitria, a trece días de camino... El santo lo dijo a
sus compañeros monjes, que anotaron el día. Después de un mes,
algunos monjes llegados de Nitria, trajeron la noticia de la muerte
de Amón, que coincidía con el día y la hora.
La venerable Benita de Laus (1647-1718) asistía a la agonía de
un niño de dos años. De pronto, vio quince ángeles que estaban
junto a su cuna. Cuando el niño murió, trece ángeles lo llevaron
al cielo, mientras que los dos restantes se quedaron para guardar su
cuerpo. La visita de aquellos ángeles la inundó de una gran
alegría.
La misma Benita de Laus dice que, en la Navidad del año 1700,
tomó parte en una procesión que los ángeles hacían alrededor del
santuario de Laus (Francia). Y vio una multitud inmensa que, con
perfecto orden, iba en procesión. Los precedía un hermoso
estandarte. La mitad de los ángeles llevaba un vestido rosa y la
otra mitad, un vestido blanco. Todos llevaban un cirio encendido.
Benita también tomó un cirio del altar del santuario y los siguió
durante el recorrido, dando tres vueltas al santuario.
Un misionero de Vietnam escribía en 1896: Había una familia que
me había salvado dos veces de la persecución de los mandarines y
me tenía oculto en su casa, cuidando día y noche mi seguridad y
dándome de comer de su té y de su arroz. Yo creía que estaban
bien preparados para dejar la idolatría y aceptar el cristianismo.
Pero no querían convertirse. Yo rezaba por su conversión. Un día,
un jovencito, de doce o trece años, que no tenía ninguna idea de
la religión cristiana, leyó por casualidad algunos capítulos de
una Biblia. Él le contó a la hija de la casa, donde yo estaba
hospedado, la historia de Tobías y del ángel Rafael. Esta chica me
dijo un día:
Conozco una religión mejor que la tuya, es la religión de los
ángeles.
Entonces, yo le expliqué que esa religión era la nuestra. Le
expliqué a su familia los episodios de la Biblia, donde se habla de
los ángeles. Y fue un éxito total, pues todos quisieron
convertirse. Los bauticé a los pocos días, confiando a cada uno de
ellos a su ángel custodio.
La venerable María Angélica Álvarez Icaza cuenta en sus
Memorias sobre el día de su primera comunión: Yo sentía un amor
por Jesús que me hacía desfallecer. Empezó la misa solemne y por
momentos crecía mi fervor. Estaba tan embriagada de dicha que
muchas cosas se me pasaron sin fijarme, ni sé qué música había
ni qué convidados ni nada. Cuando llegó el prefacio, entonces yo
no sé qué me pasó; porque, de manera nunca antes experimentada,
sentí que venían los ángeles del cielo para hacer reverencia a su
Señor; no los vi, pero los sentí con una fuerza y una impresión
tanto más honda cuanto que me vino de repente sin que yo pensara en
ellos.
Los ángeles se presentan a la vista de los hombres de distintas
maneras. A los niños suelen presentarse como niños de su misma
estatura. A las mujeres, como mujeres. En ocasiones, lo hacen con
alas; otras veces, sin alas. Pueden presentarse como jovencitos de
quince años o como mayores con gran estatura e, incluso, como
animales.
Cuando la venerable Madre Agnes de Langeac salía de su casa para
ir a cualquier sitio, ella veía un pajarito blanco que la
acompañaba por delante. Este favor extraordinario, que Dios le
concedió durante ocho años, le daba mucha alegría, pues el
pajarito siempre la guiaba por el mejor camino.
La venerable Oringa se extravió una vez a la caída de la noche
y caminaba al azar a través de los campos. Ella se encomendó a
Dios y a los ángeles. De pronto, se encontró en un gran prado,
bordeado de grandes árboles. La luna lucía hermosa y las estrellas
brillaban en el cielo. Entonces, se sentó para disfrutar de aquella
escena nocturna y esperar la llegada de la aurora. En ese momento,
se le acercó una hermosa liebre y comenzó a saltar junto a ella
con confianza, demostrándole afecto y alegría. La liebre se dejaba
acariciar por ella. Y así pasó la noche, tranquila y feliz.
Al amanecer, quiso continuar su camino y la misteriosa liebre
marchó delante de ella como señalándole el camino. así pudo
tomar la ruta correcta, desapareciendo la liebre, enviada por Dios.
A Sor Marie du Christ (1907-1973) se le presentaba como una
águila que la llevaba en bilocación en sus viajes lejanos. A Ana
Ebele (1917-1985), joven alemana, se le presentaba como un pajarito
que se posaba familiarmente en su espalda. En las apariciones en
Zeitum, Egipto, entre 1968 y 1970, en ocasiones se veía a la Virgen
rodeada de palomas gigantes luminosas, que todos creyeron que eran
ángeles.
San Luis Gonzaga (+1591), el santo jesuita que murió a los 23
años y es llamado joven angelical, por su gran devoción a los
ángeles y por su pureza, la virtud angelical, escribió un librito,
titulado Meditaciones sobre los ángeles.
Uno de los sucesos que le hizo sentir un gran amor por su ángel
custodio ocurrió, cuando iba de viaje con un grupo de gente. Al
llegar a un río, estaba tan crecido por las continuas lluvias que
él mismo los desalentó a pasar, porque era muy peligroso. Pero,
casi al momento, vieron todos a un hombre, que parecía un pescador,
que pasaba tranquilamente por un lugar cercano. Se dirigieron allá
y el mismo Luis Gonzaga los animó a pasar, pasando todos sin
dificultad, a pesar de que el río era muy crecido. Como no
encontraron al pescador, pues había desaparecido de modo
misterioso, todos creyeron que se trataba de un ángel, que les
había señalado el lugar para pasar o que les había facilitado
milagrosamente el paso sin peligro alguno.
Son muchísimos los servicios que los ángeles pueden prestarnos.
Sobre esto he escrito dos libros: Tu amigo el ángel y Ángeles en
acción. Veamos algunos ejemplos.
Se cuenta en la vida de la Madre Amparo del Sagrado Corazón de
Jesús (+1941), la fundadora del convento de Clarisas de
Cantalapiedra (Salamanca):
Un día, se fue a confesar su madre y el sacerdote le preguntó a
Amparito:
¿Cuántos años tienes? Cuatro. ¿Y con quién juegas? Con mi
ángel. ¿Pero ves a tu ángel? Sí, padre, aquí está, dijo
señalando a su lado. ¿Y cómo es tu ángel? Un poco más alto que
yo y más guapo.
El sacerdote le dice entonces:
¿Viniste ayer a mi sermón? Sí, padre, pero me dormí. Pues
dile a tu madre que esta noche, después del sermón, venga a verme;
y a tu ángel que te diga el sermón que yo predique. Si me lo dices
todo sin dejar nada, creo que está aquí tu ángel; si no me lo
dices bien, no te creo.
Llegado el momento, y en el Casa Rectoral, preguntó el sacerdote
de nuevo:
¿Ves a tu ángel? Sí, padre, aquí está, mírele. Pues dile
que te diga mi sermón.
Efectivamente, la pequeña fue repitiendo íntegramente el
sermón sin cambiar ni añadir nada. El padre, impresionado, no pudo
menos de decir:
Mira, niña, o has de ser muy santa, muy santa, o un demonio que
lleve muchas almas al infierno; así que ten mucho cuidado de no
cerrarle las puertas a Dios.
Dice la señora Francesca Mercuri di Rosarno: Un día que iba a
Mileto, me acerqué con mi hija Cintia de ocho años a Paravati para
ver a Natuzza (famosa mística italiana, que vive todavía). Le
pregunté:
¿Tú ves algo? Sí, veo el ángel de la niña.
Y dirigiéndose a Cintia le dice:
¿Por qué respondes a tu mamá? Me lo está diciendo su ángel.
Tú debes ser más amable con tu mamá.
Natuzza ve a los ángeles de las personas con quienes habla como
niños de unos 10 años, a la derecha de las personas laicas y a la
izquierda de los sacerdotes. Es por esto que conoce, si son
sacerdotes, aunque vayan vestidos de civil. Y son los ángeles
quienes le dicen lo que debe responder cuando le hacen preguntas.
La venerable Madre Inés de Langeac estaba tan recogida en la
presencia de Dios que, muchas veces, no oía el sonido de la
campana, cuando llamaban a la puerta, siendo ella la hermana
portera. Entonces, el ángel le decía:
Llaman a la puerta.
Otras veces, le avisaba que era la hora de ir a rezar el Oficio
divino. Una tarde, estaba tan concentrada en Dios que no se acordaba
de tocar la campana para que las hermanas fueran a rezar. Su ángel
la condujo de la mano y le puso la cuerda de la campana en la mano.
San Estanislao de Kostka (1550-1568) contó: Una vez estando
enfermo en Viena (Austria) en la casa de un protestante y deseando
ardientemente recibir la comunión oré con devoción a santa
Bárbara y aparecieron dos ángeles junto a la santa. Uno de los
ángeles me dio la comunión.
San Felipe Neri (1515-1595) fue salvado en una ocasión por su
ángel de ser atropellado por un carro tirado por cuatro caballos
alocados que atravesaron una calle estrecha a toda velocidad. El
ángel lo levantó hacia lo alto. En otra oportunidad, su ángel se
hizo pasar por un pobrecito que le pidió limosna, y, cuando Felipe
le iba a dar las pocas monedas que tenía, le dijo el ángel
sonriendo: “Quería ver solamente lo que sabes hacer”.
En el proceso de la beatificación de santa Gema Galgani
(1878-1903), su tía Elisa asegura que, en una oportunidad, la Madre
Priora de las Pasionistas le llamó la atención por venir sola al
convento, ya que su director espiritual, Monseñor Volpi, le había
prohibido salir sola de casa. Gema le respondió a la Priora:
No estoy sola. Está conmigo mi ángel custodio. ¿Dónde está?
Se ha quedado fuera. Dile que venga.
Gema abrió la puerta y dijo:
Aquí está, Madre Priora.
Y la Priora aceptó la disculpa. La tía Elisa cuenta que esto
sucedió, cuando Gema tenía unos quince o dieciséis años.
Santa María Francisca de las cinco llagas estaba en abril de
1786 tan enferma que no podía hacer ningún movimiento. Dom Pessiri
le llevó una taza de chocolate, que dejó junto a su cama. Pero
ella no podía tomarla. Ella pidió ayuda a Dios por intercesión de
san Rafael arcángel y, al momento, una mano invisible le presentó
la taza y después la colocó vacía en su lugar. Ella se lo
agradeció al arcángel.
El venerable padre Bernardo de Hoyos (1711-1735), el primer
apóstol del Sagrado Corazón de Jesús en España, tenía la gracia
de ver a su ángel custodio. Y dice: No puedo ni siquiera explicar
los efectos que produce en mi alma la visión del ángel. Me causa
un gran consuelo sentir que me oye, cuando le hablo, y que presenta
al Señor cuanto le digo. Yo le trato familiarmente como si fuera un
amigo muy especial y siento que me trata del mismo modo.
También tuvo mucha devoción a san Miguel arcángel, quien le
aseguró que le ayudaría y defendería contra todas las asechanzas
del demonio en su Obra de extender la devoción al Sagrado Corazón
de Jesús.
La beata Isabel Canori Mora (1774-1825), escribe en su Diario: El
Señor se dignó mostrarme el triunfo de su misericordia y vi almas
del purgatorio que, en filas, acompañadas de sus ángeles custodios
entraban gloriosas y triunfantes en el cielo. Todos los días del
octavario ocurrió lo mismo y así por nueve días.
Santa Gema Galgani (1878-1903), en su Diario dice: Ayer por la
mañana, después de la santa comunión, Jesús me dijo que hoy,
después de medianoche, volaría al cielo el alma de la Madre
Teresa. Y, efectivamente, así fue. Vi llegar a la Virgen,
acompañada del ángel de la guarda de la Madre Teresa, quien me
dijo que su purgatorio había terminado y que se iba al cielo. A
santa Gema su ángel le llevaba las cartas al correo en forma de
pajarito.
Santa Micaela del Santísimo Sacramento (1809-1865) afirma:
Siempre que necesito llamar a alguna persona, le mando un ángel y
viene en seguida, sea conocida o extraña; a mi secretario, que
vivía lejos, le he llamado de día y de noche, temprano o tarde, y
siempre me lo han traído y, a veces, venía de mala gana y
sacándole de alguna iglesia o de la tertulia de noche. Jamás me
han faltado y muchos días, por casos imprevistos, tres veces en un
día llamar al mismo sujeto y venir; han dicho siempre que sentían
una inquietud y recordaban que yo les habría mandado un ángel y no
podían parar hasta venir, de modo que todos, todos entran diciendo:
¿Me has llamado con un ángel?.
MÁS EXPERIENCIAS
San Juan Bosco
A San Juan Bosco su ángel lo defendió de sus enemigos y se le
presentaba como un hermoso perro, a quien llamaba Gris. Y que se le
apareció durante 30 años.
Un día, Don Bosco, a la puesta del sol, se encontró solo a
mitad de camino en el valle entre Moriondo y Moncucco, en medio del
bosque. No tardó en sorprenderle la noche oscura y nubosa, aunque
sin lluvia. Debía atravesar lugares que, según se decía, estaban
infestados de ladrones y cerca de granjas y viñas guardadas por
terribles mastines. Para colmo, se salió del camino y no sabía por
dónde iba. Era una marcha angustiosa, porque encontraba vallas y
obstáculos que le obligaban a dar grandes rodeos. Empapado de
sudor, llegó a los pies de una alta pendiente y comenzó a subirla.
Paróse un momento a tomar aire.
Oh, si tuviese aquí a mi Gris, pensó. ¡Qué bien me vendría!
¡Él me sacaría del apuro!
Un agudo ladrido sorprendió al siervo de Dios, luego otro y he
aquí que en lo alto del ribazo apareció el perro, descendió hacia
él, haciendo cabriolas y le acompañó durante todo el trayecto que
faltaba, de casi tres kilómetros. Fue una verdadera fortuna para
Don Bosco encontrarse aquella compañía; porque, al llegar a una
granja, aparecieron de repente dos perrazos rabiosos que infundían
pánico. El perro Gris se les echó encima y los obligó a retirarse
tan maltrechos que, a sus aullidos que llenaban los aires, acudieron
los mismos dueños para ver qué les pasaba a los pobres animales.
El Gris guió a su protegido directamente hasta la casa donde era
esperado. Todos quedaron estupefactos al contemplar un perro tan
hermoso y, acosaban a Don Bosco, preguntándole dónde lo había
adquirido. Al sentarse a cenar, dejaron que el Gris se pusiera a
descansar en un rincón de la sala. Levantados los manteles, dijo el
señor Moglia:
Vamos a dar de comer al Gris. Y fue a echarle algo. Pero busca
por aquí, busca por allá, llama que llamarás no fue posible
encontrarlo. El perro había desaparecido y, desde entonces, nadie
de aquellos alrededores supo nada de él. Don Bosco mismo contó
este suceso unos años después con motivo de que, habiendo caído
la conversación en el famoso Gris, le preguntaron si lo había
visto después de 1855.
Sí, dijo. Después de los primeros años me lo encontré varias
veces más, cuando me hallaba, avanzada la noche, sin compañero.
A fines de 1844, terminó Don Bosco de escribir un librito sobre
la devoción al ángel de la guarda. Estaba tan persuadido de
tenerlo a su lado que parecía lo viese con sus ojos. Lo saludaba
varias veces al día con el Ángel de Dios y confiaba del todo en su
protección. Se encomendaba a sí mismo y le encomendaba a sus
muchachos... Sabía infundir en sus jóvenes gran respeto y gran
amor al ángel de la guarda. Con mucha frecuencia, entonaba él
mismo el cántico sagrado al que había puesto música en honor del
santo ángel y que cantaban los muchachos entusiasmados. Les decía:
Avivad vuestra fe en la presencia del ángel de la guarda, que
está siempre con vosotros... Sed buenos para que esté contento
vuestro ángel. En vuestras penas y desagracias, materiales o
espirituales, acudid al ángel con plena confianza y él os
ayudará. ¡Cuántos que estaban en pecado mortal, fueron librados
de la muerte por su ángel para que tuvieran tiempo de confesarse
bien! Acuérdate de que tienes un ángel por compañero, guardián y
amigo. Si quieres complacer a Jesús y a María, sigue las
inspiraciones de tu ángel de la guarda. Invoca a tu ángel en las
tentaciones. Tiene él más ganas de ayudarte que tú de que te
ayude. Sé valiente y reza. Pide a tu ángel que venga a consolarte
y a asistirte en la hora de tu muerte.
Muchos jóvenes manifestaron más tarde a Don Rúa haber recibido
favores extraordinarios y haberse visto libres de peligros gracias a
esta devoción que les había inculcado Don Bosco...
Sucedió que uno de los alumnos trabajaba pocos días después de
peón de albañil en la construcción de una casa. Iba y venía
sobre el andamio para prestar sus servicios. De improviso, se rompen
unos soportes, siente que los tablones, sobre los que se encontraba
con otros dos compañeros, fallan bajo sus pies. Se da cuenta, al
crujir el andamiaje, que no es posible ponerse a salvo. El andamio
se desarma y entre tablones, piedras y ladrillos, cae desde el
cuarto piso a la calle. Caer desde aquella altura y morir al golpe
era lo mismo. Pero nuestro buen joven, se acordó de las palabras de
Don Bosco e invocó con toda su alma al ángel de la guarda:
Ángel mío, ayúdame.
Y el ángel lo ayudó. ¡Algo admirable! Cuando acudió la gente,
creyéndole muerto, se puso en pie, totalmente sano y sin el menor
rasguño. Más aún, volvió a subir a lo alto de donde había
caído para ayudar en el trabajo de reparación. Al domingo
siguiente, contaba a sus compañeros asombrados lo que le había
sucedido, dando fe de que la promesa de Don Bosco se había
cumplido. Los muchachos aumentaron su devoción al ángel de la
guarda, lo que produjo muchos y saludables efectos en sus almas.
Este hecho singular sugirió a Don Bosco la idea de escribir el
librito mencionado: El devoto del ángel custodio.
Padre Lamy
El padre Lamy (1853-1931), gran apóstol y místico francés,
veía a los ángeles y tenía mucha familiaridad con ellos. Ellos le
ayudaban en su ministerio. Un día lo llamaron con urgencia para que
fuera a visitar a un enfermo grave. Fue a la casa y lo confesó.
Después, volvió a la parroquia para llevarle la comunión. Cuando
regresó, la puerta estaba abierta y subió directamente a la
habitación, pero en la cama estaba otro enfermo también muy grave.
Se había equivocado de habitación. Y este enfermo le decía:
Padre, le estaba llamando, pero mi esposa no quiere saber nada de
curas. Gracias, por haber venido. Mi esposa ha salido para ir al
mercado y ha dejado la puerta abierta.
De esta manera tan simple, lo confesó y le dio la comunión a
este enfermo que lo necesitaba y, después, fue a la siguiente
habitación, donde estaba el enfermo a quien había visitado
primero. Los ángeles le habían ayudado salvar aquel alma.
Él nos dice: La protección de los santos ángeles sobre los
habitantes de La Courneuve era notoria. Y a mí, en muchas
circunstancias, me han ayudado con su luz, pues estaba casi ciego y
tenía que llevar los últimos sacramentos por la noche por caminos
oscuros.
En una ocasión, los santos ángeles hicieron llover para impedir
una fiesta (donde se cometerían muchos pecados). Y tuvo que ser
cancelada.
He visto a los ángeles dar la espalda en los templos para no ver
a las personas que visten indecentemente. Yo soy severo en el modo
de vestir, pero no todo lo que debería. ¿Se imaginan la severidad
de Dios por ciertas acciones? Algunos dicen: “Es la moda, es la
moda”. Pero Dios juzgará.
Nosotros no damos la importancia debida a los ángeles. No les
rezamos lo suficiente. Los ángeles se sienten contentos, cuando les
rezamos. No rezamos bastante a nuestros ángeles custodios. ¿Qué
se hace por ellos? ¿Una pequeña oración por la mañana o al fin
del día? Su misericordia es grande con nosotros y no los utilizamos
mucho. Ellos nos miran como a pequeños hermanos indigentes. El
ángel se acuerda de todo. Él les puede decir lo que habéis hecho
hace diez años como si fuera ayer... Nuestro ángel custodio nos
salva muchas veces de accidentes. Pero ¿qué pueden hacer los
ángeles, cuando no estamos en gracia de Dios? Nada. Ellos quisieran
socorrernos, pero son impotentes. Al rechazar al Señor por el
pecado, es como mandar a paseo a sus empleados. Y entre los
católicos ¿cuántos son los que les piden ayuda? Pocos. Nosotros
no recurrimos bastante a los ángeles.
Cada ángel tiene una fisonomía particular. Mi ángel custodio
tiene la cabeza redonda y es bellísimo, con cabellos negros y
ondulados. El arcángel Gabriel tiene los cabellos cortos y
ondulados. Gabriel tiene la cabeza más grande que los otros
ángeles. Es por eso que yo reconozco a un ángel de categoría
superior... Cuando vosotros veis unos 50 ángeles, os quedáis
maravillados. Debe ser un espectáculo maravilloso en el cielo ver
el vuelo de millones de ángeles con placas de oro, que parecen
soles. Siempre parecen jóvenes. A algunos los reconozco por la voz,
sin verlos. Y ellos, así como el diablo, están con nosotros y
alrededor de nosotros. No los vemos por muy poco. Es como una
película fina que nos separa de ellos.
Yo he sido sostenido por los ángeles muchas veces, cuando estaba
agotado por la fatiga. He sido transportado de un lugar a otro sin
saberlo. Yo decía: “Mi Dios, estoy muy fatigado”. Estaba lejos
de la parroquia; a veces, de noche, y me encontraba de repente
transportado a la plaza de San Luciano ¿Cómo ocurría eso? Yo no
lo sé.
Durante la guerra, iba a la estación a dar absoluciones
generales a los soldados. Un soldado me dijo: “Me voy a morir”.
Mi ángel custodio lo ha bendecido y él me ha dicho: “Me siento
mejor”. Era un día por la tarde, en la estación de Courneuve. Yo
siempre le pedía a mi ángel que curara a algunos y vi al santo
arcángel Gabriel y a mi ángel que los bendecían.
En la estación, yo pasaba por los vagones, dando la unción a
los enfermos. Cuando tenía que subir y bajar sesenta u ochenta
veces de un vagón a otro, sobre todo en vagones fuera de la vía,
los santos ángeles me ayudaban a subir.
¡Cuántas veces el padre Lamy fue ayudado y salvado de los
peligros por los ángeles! En una oportunidad, iba al atardecer por
la carretera de Rivieres-le-Bois a Pailly. Iba inclinado, porque los
últimos rayos de sol del atardecer le hacían daño. Y, de pronto,
se le presentó un ciclista que lo iba a atropellar; pero el
arcángel Gabriel levantó la bicicleta y al ciclista por el aire y
los dejó en la cuenta. Y dice el padre Lamy: Yo vi a aquel joven
asombrado, mirando al ángel y mirándome a mí. Yo tenía unas
ganas locas de reírme, pero me contuve para no ofenderlo. Cuando me
alejaba, vi otro ciclista que venía y el primero le decía: “Son
dos, son dos”, refiriéndose al ángel y a mí. El otro no
entendía nada.
La Virgen María tuvo la bondad de ponerme bajo la protección
del arcángel Gabriel y, con mi mala vista, me fue muy útil.
San Josemaría Escrivá
San Josemaria Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, cuenta
cómo su ángel lo salvó en una oportunidad de ser agredido por un
desconocido.
El día de la octava de la Inmaculada Concepción de 1931, en la
tarde, a las tres, cuando me dirigía al colegio de santa Isabel a
confesar a las niñas, en Atocha, por la acera de san Carlos,
esquina casi a la calle de santa Inés, un joven al estar cerca de
mí, se adelantó, gritando: “¡Le voy a dar!”, y alzaba el
brazo con tal ademán que yo tuve por recibido el golpe. Pero, antes
de poner por obra esos propósitos de agresión, otro joven le dijo
con imperio: “No, no le pegues”. Y este mismo joven,
seguidamente, como en tono de burla, inclinándose hacia mí,
añadió: “¡Burrito, burrito!”
Crucé la esquina de santa Isabel con paso tranquilo y estoy
seguro de que en nada manifesté al exterior mi trepidación
interna. Al oírme llamar por aquel defensor con el nombre de
burrito, que tengo delante de Jesús, me impresioné. Recé en
seguida tres avemarías a la Santísima Virgen, que presenció el
pequeño suceso, desde su imagen puesta en la casa propiedad de la
Congregación de san Felipe.
Monseñor Alvaro del Portillo (sucesor en la Obra del Opus Dei)
añade: No le gustaba a nuestro Padre narrar sucesos de tipo
sobrenatural. Sin embargo, esta anécdota me la ha referido en más
de una ocasión. Hacía notar, al contarla que la hora no era
propicia a engaños, porque se trataba de un día de mucho sol, y
eran las tres de la tarde. Al contarme lo que dijo al Padre el
defensor, me dijo que había oído burrito, burrito. Este modo que
empleaba nuestro Padre, para llamarse a sí mismo, no lo conocía
nadie, aparte de Dios Nuestro Señor, más que su confesor el padre
Sánchez. El Padre atribuyó el ataque a una acción diabólica y la
defensa a su ángel custodio.
Y dice el mismo santo sobre su ángel: Ayer se paró mi reloj de
bolsillo. Resultaba el caso un compromiso para mí; porque no tengo
otro reloj y porque mi capital asciende en la actualidad a
setentaicinco céntimos... Hablando con mi Señor, le indiqué que
mi ángel custodio, a quien Él ha dado más talento que a todos los
relojeros, arreglara mi reloj. Pareció no oírme, puesto que volví
a mover y a tocar y a retocar en vano el reloj estropeado. Entonces,
me arrodillé y comencé un padrenuestro y un avemaría, que me
parece no llegué a terminar, porque cogí de nuevo el reloj, toqué
las saetas... ¡y echó a andar! Di gracias a mi buen Padre... Al
ángel lo llamaré desde ahora el relojero.
San Josemaría Escrivá de Balaguer recibió la inspiración para
fundar el Opus Dei el día 2 de octubre de 1928, fiesta de los
ángeles custodios. Y dice: Conmovido, me arrodillé, estaba solo en
mi cuarto, y di gracias al Señor. Recuerdo con emoción el tocar de
las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de los ángeles.
Desde aquel día, el “burrito sarnoso” se dio cuenta de la
hermosa y pesada carga que el Señor, en su bondad inexplicable,
había puesto sobre sus espaldas. Ese día el Señor fundó su Obra.
Aún suenan en mis oídos las campanas de la iglesia de Nuestra
Señora de los ángeles, festejando a su patrona.
El día dos de octubre, fiesta de los ángeles custodios, en el
tercer aniversario de la fundación del Opus Dei, invocó
ardientemente a los espíritus celestiales y de manera especial a su
ángel custodio. Dice: Le eché piropos y le dije que me enseñe a
amar a Jesús, siquiera, siquiera, como lo ama él.
TESTIMONIOS RECIENTES
El padre Dolindo Ruotolo, gran devoto de los ángeles, cuenta que
en 1888, siendo seminarista le encargaron tener siempre encendida la
lámpara del Santísimo. Dice: Le recomendé a mi ángel que me
despertase en la noche, si estaba apagándose la lámpara para ir a
encenderla. Y cada noche, a horas distintas despertaba, bajaba a la
iglesia, cuando ya estaba para apagarse la lámpara. Una noche me
tocaron las espaldas y sentí claramente una voz que me dijo: “Dolindo,
la lámpara”. Me lo repitió dos veces y yo esperé un minuto para
levantarme por pereza. Y cuando bajé, ya acababa de apagarse y
estaba humeando. Así entendí que era verdaderamente mi buen ángel
quien me despertaba.
Cecilia Conj, una niña brasileña, que veía constantemente a su
ángel, nos dice: Un día, en que no tenía clases por la tarde,
tuve la idea de ir al circo. Y así lo hice. En la puerta vi a un
hombre fumando su pipa y apoyado en un extremo de la puerta. Le
pregunté: “¿Es usted el dueño del circo?”. Me dijo que sí.
Le dije que me gustaría jugar con el payaso y con las niñas que
había visto. El hombre me sonrió y me tomó de la mano y me dijo:
Ven conmigo, yo te acompaño.
Todavía no había puesto el pie en el recinto interior, cuando
fui impedida de hacerlo por mi buen ángel custodio; y lo hizo de
tal modo que me separó violentamente de la mano de aquel hombre de
la pipa. No sé qué haría mi ángel, pero aquel hombre me gritó
de malas maneras, diciéndome:
Vete, vete, vete...
Me asusté y corrí hacia mi casa. Llegando a mi casa, vi a mi
ángel, pero no estaba triste, por lo que se me pasó el susto.
Una religiosa, que ve a su ángel, me escribía: El corazón de
mi ángel es como un océano de cristal resplandeciente, que muestra
la infinita misericordia y el eterno amor de Dios. Él siempre
parece tener unos doce o trece años. Su vestido es muy blanco y
tiene dos alas hermosas. Cuando las bate, me siento abrumada por la
presencia sobrecogedora de Dios.
En Navidad íbamos en procesión por el convento, llevando una
imagen del niño Jesús y teníamos velas en las manos. Entonces, vi
a los ángeles de las hermanas, que iban también con velas
encendidas en sus manos. Mi ángel iba a mi lado y me miraba
tiernamente.
Todos los ángeles tenían como una aureola en forma de anillo
alrededor de la cabeza.
Otra religiosa me escribió: Cuando tenía siete o nueve años,
estaba un día sola en mi habitación, durante la noche. A través
de los cristales de la ventana, se veía el exterior todo negro. Yo
estaba de espaldas a la ventana y noté como una sombra blanca.
Volví la cabeza y vi un angelito en medio de dicha ventana, vestido
con una túnica blanca, ceñida con un cinturón de florecitas. Sus
manos estaban juntas en actitud de oración. Yo tendí la mano para
tocarlo pero desapareció. Salí corriendo para llamar a mi tía,
que era la que me cuidaba y se lo conté todo, señalándole el
sitio donde lo había visto de pie. El ángel era de mi tamaño. No
me creyeron y nunca más volví a contarlo. Incontables noches me
quedaba mirando hacia la oscuridad y, cuando me despertaba, lo
primero que hacía era mirar hacia la ventana, pero nunca más
volví a ver a mi angelito. Fue todo muy sencillo, nada
deslumbrador. Mis ojos puros de entonces lo vieron y lo recuerdo tan
nítido como si hubiera sido ahora mismo.
También los ángeles nos salvan y defienden en situaciones
peligrosas.
Cuenta el doctor Melvin Morse: Una noche, un hombre joven de 21
años, al que llamaré Paul, fue salvajemente golpeado. La paliza le
causó una decena de fracturas en el cráneo y en los brazos. Sus
agresores lo abandonaron creyéndolo muerto. Al volver en sí, se
halló en compañía de alguien al que él llama su ángel de la
guarda. Aquel ser le ayudó a llegar hasta una granja, que se
encontraba a más de kilómetro y medio de distancia, y luego
desapareció.
He aquí lo que me refirió la esposa de un presentador de
televisión, conocido en todos los Estados Unidos. Me explicó cómo
le había salvado su ángel de la guarda de una violación
inevitable:
Una noche, se me averió el coche en una carretera muy
transitada. Tuve que retirarme al arcén y aguardé sentada. Un
coche se detuvo delante de mí, pero yo esperaba la llegada de la
policía, así que a través del parabrisas, le hice señas de que
siguiera su camino. No me hizo caso y pensé que no había visto mis
gestos, de modo que bajé la ventanilla para decirle que prefería
aguardar a la policía. Entonces, el hombre salió de su coche, se
acercó al mío e introduciendo el brazo me arrebató la llave.
Cuando protesté, me abofeteó, al tiempo que me decía que
pasara al otro asiento. Luego entró en el coche y me apuntó con
una pistola. Me ordenó que me quitase los pantis y la ropa
interior. Yo estaba muerta de miedo. No quería que me violase ni
tampoco que me disparase un tiro, pero temí que pudieran sucederme
las dos cosas. Traté de hacer lo que quería, pero perdí el
control de los nervios y aquel individuo se enfureció. De repente,
el coche se llenó de una luz intensísima. Pensé que se había
detenido otro vehículo, pero, cuando volví la cabeza, no vi a
ninguno. El violador dijo: ¡Oh Dios mío! Entonces, comprendí que
la luz surgía del interior del coche, exactamente entre nosotros
dos. Y apareció un hombre en el seno de esa luz. Respiré al verle.
El violador abrió la puerta y echó a correr. En aquel momento, la
luz y el hombre desaparecieron y quedé sola en la oscuridad.
Una consagrada me escribía: Yo tenía 15 años e iba
regularmente a la iglesia después de las clases. Una tarde de
invierno, iba hacia la iglesia, rezando. En la calle no había nadie
ni oí pasos. De pronto, di un salto al lado izquierdo, movida por
una fuerza interior inexplicable. Y, en ese momento, una mujer, que
había intentado cogerme por la espalda, al perder el equilibrio,
cayó al suelo dando un gran grito. Yo, inmediatamente, corrí a la
iglesia.
Estoy segura que fue mi ángel, quien me movió instintivamente.
Luego descubrí que esa mujer era prostituta e intentaba cogerme
para llevarme a la casa de prostitución muy cercana al lugar. Nunca
olvidaré la protección de mi ángel.
Otra religiosa me decía personalmente por teléfono: Hace pocos
años, estaba yo en la estación de Atocha, en Madrid, y quería ir
a la de Chamartín. Saqué mi cartera para ver mi dinero y, en ese
momento, se presentó delante de mí un joven de unos treinta años,
con unos ojos hermosos, que sonriendo me dijo:
Ese dinero peligra.
Instintivamente, cerré la cartera y la metí al bolsillo. Pero,
al levantar la cabeza, después de haber guardado la cartera, ya no
estaba. No habrían pasado ni tres segundos y había desaparecido;
no se veía por ningún sitio. Para mí fue claro que era mi ángel,
a quien siempre he tenido mucha devoción. Vino a protegerme en ese
momento en que alguien estaría vigilándome para quitarme el
dinero. Siempre cuento esta experiencia para que la gente confíe
más en su ángel y lo invoque con fe, pues es nuestro amigo fiel e
inseparable.
Desde Piracicaba (Brasil) me escribía una religiosa que en esa
misma ciudad donde vive, apareció en todos los periódicos un caso,
considerado milagroso. Una señora se había cambiado de casa,
aunque todavía faltaban algunos detalles. Su hijo, de cinco años,
se subió a la ventana para ver la calle y se cayó desde una altura
de seis metros al suelo de cemento. Y no se hizo absolutamente nada.
El niño dijo que un joven con una blusa lo había cargado sobre su
cuello. Todos creyeron que había sido su ángel, a quien su madre
tenía mucha devoción.
Otro ejemplo. Una mañana acompañé a otra hermana al médico.
Salimos pronto de nuestro monasterio para aprovechar e ir a
confesarnos las dos con el padre Gabriel de los Siervos de María.
El padre Gabriel era un hombre santo y tenía muchos dones de Dios,
en particular el don de profecía. Su confesionario era muy
concurrido. Fuimos las dos y nos confesamos. El padre nos preguntó
a dónde íbamos. Le contestamos que íbamos al médico, pero que
teníamos miedo de no llegar pronto a la consulta, porque era ya
tarde. El padre Gabriel nos dijo sencillamente: “Vayan tranquilas
que yo las encomiendo a mi ángel de la guarda”.
Al llegar a la puerta del hospital, nos viene al encuentro un
joven, lo recuerdo perfectamente. Tenía un abrigo, que le llegaba a
las rodillas, pantalones largos y, sobre todo, un rostro tan
límpido y puro... Aparentaba unos 25-30 años. Nos dice: “Ustedes
van a consulta con el doctor tal (no recuerdo su nombre)”. Sí, le
contestamos, un poco extrañadas de que supiera dónde íbamos. Nos
dice: “Vengan conmigo”. Le confiamos nuestro temor de no ser
atendidas pronto. Y nos contesta: “Yo las acompaño”. Vamos con
él al consultorio. La sala de espera está llena de gente. El joven
toca la puerta del consultorio y entra. Sale después de unos
minutos y nos dice que el doctor nos atiende las primeras, cuando
salga el paciente que está atendiendo.
Sale el paciente y el doctor nos atiende. Terminada la consulta,
queremos agradecer al joven. ¿Quién era? ¿Un enfermero? Todos se
miran. Nos dicen que nosotras entramos solas y que no vieron a nadie
que nos acompañara ni que entrara y saliera del consultorio.
Nosotras concluimos que era el ángel del padre Gabriel. No lo vimos
más. Pero su rostro lo tengo todavía grabado en mi memoria; sobre
todo, su expresión extraordinariamente límpida y luminosa. En el
cielo lo reconoceré pronto.
La misma religiosa me contaba que, en una oportunidad, ante una
emergencia, el ángel había preparado la comida de la
Comunidad.Otras veces, en que se había olvidado de cerrar la puerta
de la reja, que comunica el coro con la iglesia parroquial, cuando
ella iba corriendo a cerrarla, ya estaba cerrada y las llaves en su
lugar. Y ninguna de las otras religiosas lo había podido hacer.
Más ejemplos. Una religiosa me decía confidencialmente que
sólo había visto una sola vez a su ángel. Había una gran
tempestad y yo estaba sola en el campo. Me refugié en una cabaña,
llorando, porque me sentía muy sola. De improvisto, he visto una
figura alta, como de dos metros, hecha de luz, con las manos juntas
a la altura del pecho. No me ha dicho nada, pero ha abierto sus
grandes alas, que tenía a la espalda y me ha cubierto completamente
como para darme tranquilidad. Ha sido un segundo, pero ha sido
suficiente para darme paz y tranquilidad.
Otra religiosa me escribía: Un día, cuando estaba esperando
para confesarme, llamé a mi ángel para darle un encargo. Sentí su
presencia junto a mí y me dijo que NO. Yo le pregunté por qué y
me dijo que porque el confesar tenía mucha prisa. Le respondí: “Entonces,
que sea para otra vez”. Y me respondió: “NO puede ser, porque
el padre va a ser cambiado a otra ciudad”. ¿Y quién me ayudará?
“Pide ayuda al padre N.N.”. A este sacerdote nunca lo había
conocido y ni siquiera sabía de quién se trataba.
Después vi a mi ángel junto al confesor con un resplandor
maravilloso. Cuando me tocó el turno de confesarme, le dije al
confesor si podía preguntarle algo y él me dijo que no, porque
tenía mucha prisa. Comprendí que mi ángel tenía razón. Al mes,
fue cambiado a otra ciudad. Y, después de un tiempo, vi al
sacerdote, cuyo nombre me había dado el ángel y que vino a ser mi
director espiritual y confesor de la Comunidad.
Veamos ahora el hermoso testimonio de una de mis hermanas
espirituales.
Un domingo estaba sentada en la huerta del convento, disfrutando
de las maravillas del paisaje, de las bellas flores, de los
pajaritos... De pronto, vi a un niño que paseaba por allí y se
dirigía hacia mí. Era muy hermoso, con cabellos rubios rizados,
con una túnica blanca hasta las rodillas y unos ojos azules claros.
Su mirada era pura y su sonrisa era tierna e inocente. Aparentaba
unos 5 ó 6 años. Se me acercó, mirándome y sonriéndome, y me
colocó una flor sobre el libro que tenía yo en las rodillas. Yo le
dije: “¿Es para mí, mi amor? Gracias”. Yo pensaba que era un
niño de la familia de alguna religiosa de la Comunidad.
Le toqué su cabecita rubia con cariño y le pregunté: “¿Cómo
te llamas?”. Pero él, sonriendo, se fue alejando sin decir nada.
Yo lo llamé: “Espera mi amor. Te quiero dar un besito”. Me
levanté para seguirlo; pero, al bajar la vista para dejar en el
asiento el libro que tenía en las rodillas, desapareció de mi
vista. Fui a ver, pero era imposible que hubiera salido de la
huerta, pues la puerta estaba a unos 50 metros. Ni corriendo muy
rápido podría haber llegado.
Regresé a mi asiento y, al abrir el libro, que era “Ángeles
en acción”, me di cuenta que había sido un ángel. Mi angelito
me dijo que había sido el ángel de cierta persona muy conocida y
querida para mí. Yo le dije a mi ángel que era muy pequeño para
cuidar de una persona tan grande. Y mi ángel me respondió que los
ángeles se manifestaban como desean de acuerdo a las
circunstancias, pero que tienen la fuerza de gigantes.
Alguna vez me ha dicho que en todas las misas se celebra la
perpetua navidad de Jesús. Los sagrarios deberían ser tronos de
adoración perpetua. Donde hay un grupo de almas eucarísticas en
adoración a Jesús, baja del cielo, sobre ese pueblo o ciudad, un
poderoso haz de luz de bendiciones. Me dijo que ellos, cuando hablan
de la Virgen María, le dicen: Mi Reina o Reina de los ángeles. Me
recomendó que, cuando comulgara, lo hiciera también para reparar
por aquellas almas que rechazan a Jesús Eucaristía, no lo conocen
o no lo aman. Y que adorara a Jesús en la hostia consagrada por
todos los que no lo hacen.
Otros testimonios. En el año 1957, nosotras recorríamos la
ciudad para recoger las suscripciones con que nos ayudaban algunos
bienhechores. Un día, me mandaron con otra hermana. Yo tenía 22
años y ella 24. Nos encomendamos a la Virgen y al ángel de la
guarda. Llegamos al metro y no sabíamos qué tren coger. Llegó uno
con dirección a Tarrasa, pero no lo quisimos tomar. Vino otro con
dirección a Sabadell y tampoco lo cogimos. Llegó un tercer tren y,
ante nuestra sorpresa, salió del último vagón un hombre que se
acercó a nosotras y nos dice: “Hermanas, van a Padua, tomen el
tren que va al Tibidabo”. Y se volvió a subir a su mismo tren.
Nosotras nos miramos y pensamos si sería nuestro ángel de la
guarda. Nos sentimos muy felices y, al volver a la Comunidad, se lo
contamos a todas como un hecho sobrenatural.
Otro caso. El año 1965 acompañaba a otra hermana joven a la
casa de una tía. Su casa estaba en el barrio chino, lleno de
prostitutas. Al querer entrar, vimos en la esquina un niño, que nos
dice: “Hermanas, no vayan por esta calle. Yo les acompaño”. Nos
hablaba de modo que daba gusto oírle y nos acompañó hasta la casa
de la tía, que nos estaba esperando en el balcón. Al vernos dio un
grito, diciendo:
Pero ¿por qué calle vienen?
Nos recibió muy bien y le hablamos del niño. Y nos dijo:
Por aquí no hay niños. Será el ángel de la guarda.
Otras veces, he palpado la ayuda de mi ángel a quien siempre me
encomiendo. Cuatro veces, al ir a atender enfermos por la noche, me
han quitado el bolso con los libros, labores y lo que llevaba. Las
cuatro veces encontré el bolso o cartera de mano; me lo traían a
casa. Mi ángel está siempre atento a todas mis necesidades y yo lo
quiero mucho.
Veamos más testimonios:
- Una vez, después de comulgar, vi a mi ángel junto a mí,
rostro en tierra, adorando a Jesús. Otra vez, lo vi de rodillas
junto a mí, muy inclinado en actitud de adoración. En otra
ocasión, se puso a un lado y yo le dije que quería que me ayudase
a dar gracias a Jesús. Él me dijo: “Yo no soy el esposo, sino el
amigo del esposo”. Él siempre me ayuda para poder recibir
dignamente a Jesús en la comunión y me acompaña con su
adoración.
- En nuestro convento hay una celda que se llama la “celda de
los ángeles”. Según se lee en la historia del convento y las
monjas lo han transmitido unas a otras, había cerca de nosotras
otro convento de frailes carmelitas. Cierta noche, un fraile vio,
desde su convento, que por la ventana de la citada celda entraban y
salían muchos ángeles. Al día siguiente, se lo comunicó a las
religiosas y resultó que esa misma noche, en esa misma celda,
había muerto una santa religiosa. Desde entonces, a esa celda se le
llama “celda de los ángeles”.
- Tendría yo unos 12 años, una noche, nada más acostarme,
apagué la luz como de costumbre, quedando la habitación totalmente
a oscuras. De pronto, vi un resplandor mayor que la claridad del
día, pues era muy distinto de la luz del sol. Este resplandor
apareció donde yo sabía que era la pared. Con algo de miedo me
quedé mirando, pero era algo extraño, pues en ese resplandor
aparecía una figura humana que, a primera vista, me pareció la de
un niño muy hermoso y pensé que era un ángel. Después,
desapareció... Hasta el día de hoy, nunca me olvido tal y como lo
vi. ¿Sería mi ángel bueno? Era tan sumamente bello como nunca he
visto nada en mi vida. ¡Lo pude mirar tan poco! Ahora quisiera
verlo y no lo veo.
Un amigo me escribió su testimonio: Estaba sentado una noche en
la mesa del comedor, repasando las materias estudiadas en el
colegio, cuando, de pronto, pude observar una figura en forma de
hombre, de pie, detrás de mi hombro derecho. No se dejaba ver por
completo. Yo trataba de voltear hacia atrás para sorprenderlo, pero
él era siempre más rápido que yo. Era mi ángel de la guarda.
Desde esa noche, empecé a sentir una profunda paz que jamás antes
había experimentado y todas las noches él me acompañaba y siempre
estaba de pie, observando todo lo que yo hacía. Las veces que yo
trataba de verlo de frente se escondía, pero siempre podía
observar su linda sonrisa con la que me saludaba. Sonrisa de paz, de
amor, de tranquilidad y quietud. Él estuvo conmigo de esa forma por
mucho tiempo.
Un día, se dejó ver de frente, cara a cara, muy rápidamente y
pude observar toda su esplendorosa belleza y, sin decir nada, nos
dijimos buenas noches y, sin pronunciar palabra, se retiró. Creo
que esa fue la última vez que lo vi. Por supuesto que no se ha ido
del todo, pues sigo sintiendo su presencia en mis momentos
especiales y le pido a él por mis hijas para que las proteja y las
guíe como lo hizo conmigo. Y a ellas les inculco que lo llamen
todos los días y que ellas hagan lo mismo con sus hijos.
No sé por qué no se deja ver más. Quizás se escondió desde
el momento en que perdí mi inocencia. Pero entonces no fue él
quien se escondió, sino que fui yo quien lo dejó de ver a él.
- Una pareja de esposos italianos iba de viaje a Santa Severa con
su perro. En el trayecto, el coche se averió. La esposa oró al
padre Pío para que le enviara su ángel a ayudarlos. A los diez
minutos, vieron acercarse un coche del que salió un joven vestido
normalmente, que dijo que quería ayudarles. Vio el motor y dijo que
el radiador estaba sin agua, porque estaba agujereado. Le dijo al
esposo:
Tome el bidón y vaya por agua. Aquí cerca hay una casa, donde
hay una fuente.
El esposo se alejó para recoger el agua, mientras el joven tapó
el hueco del radiador. Es de notar que el perro, que solía ladrar
ante la vista de cualquier extraño, estuvo todo el tiempo
totalmente tranquilo. Al llegar el esposo con el agua, llenaron el
radiador y el joven les dijo:
Ahora pueden ir a su casa, pero mañana hagan reparar el
radiador.
El joven subió a su coche y, al poco tiempo, desapareció sin
dejar rastro, a pesar de que iba delante de ellos. Entonces,
recordaron también que su coche no tenía matrícula. La próxima
vez que pasaron por aquel lugar de la avería, fueron a visitar la
casa, donde había recogido el agua de la fuente y nunca la pudieron
encontrar. El mismo padre Pío les confirmó de palabra que había
sido un ángel enviado por él.
Una religiosa, que ya ha llegado al matrimonio espiritual, me
decía: Yo veo a mi ángel con una mirada interior, lo siento a mi
lado derecho y le dejo sitio. Es una mirada intelectual, muy fuerte
y clara, que veo en mi interior. ¡Es bellísimo! Me tiende sus
brazos y me cubre con sus alas. Lo contemplo con cariño y
admiración. Él me cuida como a la esposa de Jesús. ¡Qué tierno
y delicado es! Cada mañana, al levantarme, me uno a él y a todos
los ángeles y les pido su ayuda. Hay ocasiones en que siento su
presencia de un modo fascinante, extraordinario. Se me presenta como
en adoración y me invita a unirme a él para adorar a los TRES en
silencio.
Cada día él se encarga de enseñarme a hacer el bien a mi
alrededor, aunque sólo sea con una sonrisa. Estoy segura de que el
ángel me lleva de la mano y me avisa de lo que debo evitar y me
dice lo que debo hacer para amar más a Jesús y a los demás.
La Madre Stefania, carmelita descalza del monasterio de Locarno
Monti, en Suiza, cuenta que una religiosa de su convento estaba muy
grave, en coma. Después de una semana de estar así, de pronto, se
despertó y dijo: Hay muchos ángeles, son jóvenes y sonríen.
Después, cayó de nuevo en coma y, al cabo de una semana, se
despertó diciendo: La Virgen viene a llevarme a Casa. Y así fue,
pues levantando los ojos a lo alto con una sonrisa celestial,
expiró.
El siervo de Dios Monseñor Aurelio Bacciarini, el santo obispo
de Ticino, que antes de ser obispo estuvo muchos años junto al
beato Guanella y le sucedió como superior general de su Obra,
tenía mucha devoción a los ángeles. Decía: Cuando entro a una
iglesia, saludo a Jesús sacramentado y después a los ángeles que
le adoran. Cuando voy por la calle, saludo a los ángeles de las
personas que encuentro. Cuando paso por una provincia, saludo a su
ángel custodio… y digo muchas veces: “Ángeles y arcángeles de
Dios, interceded por nosotros.
En un lugar de Suiza se celebraba la feria anual. El pueblo se
llamaba san Martino, en Mendrisio, cantón de Ticino. Un niño de
cinco años acudió con su padre. En una de las tiendas vio una
estampa del ángel de la guarda y el niño le pidió a su papá que
se la comprara. La puso bajo su almohada y así su ángel velaba sus
sueños cada día. A los once años, fue al Seminario y su estampa
del ángel siempre le acompañaba. Por fin, llegó a ser sacerdote
y, en las diferentes parroquias en que ejerció su ministerio,
siempre llevaba con devoción su estampita.
Cuando ya era anciano, un día se le cayó al suelo la estampa
con su marco de vidrio; el vidrio se rompió y la estampa, ya
arrugada también se maltrató. El buen sacerdote lloró de emoción
ante aquella estampa que le había acompañado durante tantos años;
la recompuso como pudo y siguió con ella hasta la muerte. Aquella
estampa era para él la presencia viva de su ángel, que siempre lo
acompañaba.
Una hermosa niña de cinco años y medio comenzó a invocar a su
ángel custodio desde que sus abuelos le enseñaron la oración al
ángel. A los ocho años, un día, tenía que dar sus exámenes en
la escuela. Las matemáticas eran su problema, porque se ponía muy
nerviosa. El primer día, el examen de matemáticas fue un fracaso
total. Para el segundo día estaba asustada y pensó en no ir a la
escuela, pero oyó una voz dulce y cariñosa que le dijo: No tengas
miedo, reza y superarás el examen. Ella, siguiendo el consejo de
aquella voz, se encerró en un lugar solitario de la casa y rezó
con devoción a Dios. Después, se fue tranquila y confiada a la
escuela. Aquel día, el examen fue brillante, pues su problema era,
sobre todo, de miedo y angustia.
Transcurrieron los años. Cuando tenía 18 años, un día subió
a la cima del Trou des Romains, una antigua mina romana de Suiza. La
subida fue fácil, pero a la bajada quiso ir por otro camino. Y,
cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde para regresar por el
camino conocido. Se vio ante la disyuntiva de pasar allí la noche o
de seguir adelante y pasar por un lugar donde la montaña estaba
cortada a pico y era muy difícil el paso, con peligro de caer y
morir.
En ese momento, escuchó de nuevo la voz amiga del ángel que le
dijo: Reza. Tomó el librito la Imitación de Cristo, que siempre
llevaba consigo, y se detuvo a orar unos momentos. A continuación,
avanzó despacio, agarrándose como podía a las hendiduras de las
rocas hasta que pudo pasar y estar a salvo; encontrando rápidamente
un camino que la llevó al pueblo cercano.
Desde los veinte años, comenzó a tener una especial devoción a
san Miguel arcángel, con quien hizo un pacto de amistad y
confianza. Ahora, ya llegada a la edad madura, sigue caminando por
la vida con la ayuda de los ángeles.
Paola Giovetti, conocida periodista italiana y escritora de
varios libros, cuenta que, cuando tenía tres o cuatro años, era
una niña muy miedosa. Era el tiempo de la segunda guerra mundial y,
con frecuencia, era despertada de noche para llevarla a los refugios
antiaéreos. Y dice:
Una noche me desperté y en la oscuridad de la habitación vi una
claridad frente a mí. Me senté para ver mejor y me di cuenta de
que había un hombre joven, vestido con una túnica blanca, cabellos
castaños largos y ojos grandes oscuros, que me miraba con amor. No
tuve ningún miedo y me sentía feliz de mirar aquella figura
luminosa que me infundía un sentimiento de paz y seguridad.
Después, la aparición se desvaneció lentamente, la habitación
volvió a estar oscura y yo me dormí serenamente.
Muchas veces, me preguntaba quién sería aquel personaje.
Probablemente, era un ángel, aunque no tenía alas. Me dio una gran
protección y seguridad. Mi familia, a pesar de los sucesos de la
guerra, salió indemne de todos los problemas y hasta ahora sigo
sintiendo una sensación de guía y protección en las diversas
circunstancias de la vida.
La amistad con nuestro ángel es algo muy importante en la vida.
Es un amigo, que siempre nos acompaña y nunca nos deja solos. Dios
lo ha puesto a nuestro lado para que nos guíe, nos proteja y nos
defienda de todo mal.
Por eso, la Virgen María, nuestra Madre, le decía al padre
Esteban Gobi, fundador del Movimiento sacerdotal mariano, aprobado
por la Iglesia: Sientan siempre junto a ustedes a los ángeles de
Dios e invoquen con frecuencia su ayuda y protección. Ellos tienen
una gran fuerza para defenderlos y para sustraerlos de las insidias
de Satanás (8 de setiembre de 1979).
Los invito a confiar cada vez más en los ángeles del Señor.
Tengan con ellos una afectuosa intimidad, porque están más cerca
de ustedes que los amigos y personas más queridas. Caminen a la luz
de su invisible, pero segura y preciosa, presencia. Ellos ruegan por
ustedes, caminan a su lado, los sostienen en la fatiga, los
consuelan en el dolor, velan sobre su reposo, los toman de la mano y
dulcemente los atraen al camino que les he trazado. Rueguen a su
ángeles custodios y vivan con confianza y serenidad (29 de
setiembre de 1981).
Junto al sagrario están los ángeles, dispuestos en sus nueve
coros de luz, para cantar la Omnipotencia de la Santísima Trinidad
con diversas modulaciones de Armonía y de Gloria, como si quisieran
exteriorizar en grados diferentes su Grande y Divino poder (8 de
agosto de 1986).
ÁNGELES DEL MÁS ALLÁ
Veamos algunas experiencias de niños y adultos que han sido
dados clínicamente por muertos y, en el umbral de la muerte, han
tenido experiencias del más allá.
a) Niños
Un niño de dos años, como resultado de un medicamento que le
inyectó el médico, tuvo una reacción alérgica de tal violencia
que el médico llegó a declarar que estaba muerto. Después de un
tiempo, reaccionó y con palabras que podían haber sido de un
hombre anciano, dijo: “Mamá, yo estaba muerto. Estaba con Jesús
y María. María me dijo repetidas veces que mi tiempo aún no
había llegado y que yo debía volver a la tierra. Pero yo no
quería creerle. Y como ella veía que yo no quería escucharla, me
tomó suavemente de la mano y me alejó de Jesús, diciendo: Pedro
debes de volver”. En ese momento, volvió a abrir los ojos y
añadió con sus propias palabras: “Sabes, mamá. Cuando me dijo
eso, volví corriendo hacia ti”.
Los seres que encontramos en la vida después de la muerte, son
aquéllos a los que más quisimos y que murieron antes que nosotros.
Somos acogidos por nuestros padres y amigos del más allá y por
nuestros guías espirituales o ángeles de la guarda.
El doctor Melvin Morse, que ha entrevistado a más de 70 niños,
reporta el siguiente caso: Cuando Jamie Untinen tenia 5 años, ella
“murió” de meningitis. Más tarde, ella pintó un dibujo de lo
que ella vio: Tres ángeles con Jesús. Él estaba muy hermoso y le
dijo que debía regresar.
Un niño de tres años relató su experiencia con sus pocas
palabras. Brian había tenido un accidente al haber quedado atrapado
debajo de la puerta del garaje de su casa. Y se sintió salir de su
cuerpo. Y dice: Yo empecé a llorar, porque me dolía demasiado. Y
entonces vinieron los pajaritos (ángeles). Los pajaritos hicieron
un sonido como de agua y entraron volando en el garaje. Ellos me
cuidaron. Un pajarito vino a avisarte, mamá. Ellos vestían de
blanco, todo de blanco. Ellos me dijeron: El bebé estará bien.
Y nos fuimos de viaje muy lejos. Volamos tan rápido como el aire…
Ellos eran tan bonitos, mami. Y hay muchos, muchos pajaritos, y
ellos me trajeron de vuelta a casa y vi un gran camión de bomberos
y una ambulancia que estaba allí. Los pajaritos me dijeron que
fuera con la ambulancia y que ellos estarían cerca de mí... Y vi
una luz muy brillante y yo la amaba mucho. Y la luz me abrazó y me
puso los brazos a mi alrededor, diciéndome: Te quiero mucho, pero
tienes que volver. Tú tienes que jugar al baseball y contarles a
todos acerca de los pajaritos. Y la persona de la luz brillante me
besó y me dijo adiós con la mano”.
Un niño de tres años, que cuenta muchas veces su historia con
algunos detalles más o menos, pero siempre la misma, no miente. A
todos los que podía, les hablaba de los pajaritos (www.nderf.org
/spanish).
Dice el famoso doctor Raymond Moody: Un niño de nueve años me
contó que, después de “morir”, flotó fuera de su cuerpo y
miró hacia abajo, viendo cómo el médico apretaba su tórax para
volver a poner en marcha su corazón. Sam tuvo la experiencia de
moverse hacia arriba muy rápidamente. Entonces, pasó por un túnel
oscuro y se encontró al otro lado con un grupo de ángeles. Eran
resplandecientes y luminosos y parecían quererlo mucho.
La doctora Diana Komp, profesora de pediatría en la universidad
de Yale, en USA, dice: He ayudado a muchos niños a morir. Un día
estaba sentada, consolando a la familia de una niña de 7 años que
estaba muriendo de leucemia. La niña dijo: “Los ángeles son muy
hermosos. Mami, ¿puedes verlos? ¿Oyes cómo cantan? Yo nunca he
oído una canción tan bella”. Y, a continuación, murió. La
palabra que yo sentí era regalo. Eso fue un regalo para sus padres:
saber que su hija moría feliz en compañía de los ángeles.
Kurt, de 7 años, tenía una severa distrofia muscular, no podía
respirar bien y necesitaba respirar oxigeno de una bomba para vivir.
Su enfermedad se agravó y desarrolló una neumonía, que casi lo
lleva al sepulcro. Su corazón se detuvo y los médicos tuvieron que
darle masajes al corazón. Cuando hablé con Kurt, horas después de
su resucitación, él tenía mucha paz. Me dijo que había visto un
mundo sin sufrimientos. Cuando su corazón se detuvo salió de su
cuerpo, viendo cómo los médicos y enfermeras estaban tratando de
reanimarlo.
Y dijo: Después, todo quedó a oscuras y vi ángeles. Estaba en
un lugar maravilloso con flores y arco iris, donde todo era blanco
como si tuviera luz propia. Yo hablé con varias personas, mientras
estuve allí, incluso hablé con Jesús, que deseaba que estuviera
con Él. Yo quería quedarme allí, pero decidimos que debía
regresar y ver a mis padres de nuevo. Por eso, ahora no tengo miedo
de regresar a ese lugar.
Una niña de nueve años, a la que llamaré Nina, tuvo una
experiencia durante una operación de apendicitis. De repente, se
encontró contemplando su cuerpo desde una determinada distancia. Y
dice: Les oí decir que mi corazón se había parado, pero yo estaba
arriba mirando. Pude verlo todo desde arriba… Me fui a la sala de
espera y vi a mi madre llorando. Le pregunté por qué lloraba, pero
ella no podía oírme. Los médicos pensaron que yo había muerto.
Entonces, una señora muy bonita me ayudó, porque sabía que yo
estaba asustada. Pasé por un túnel y llegué al cielo. Allí hay
unas flores muy bonitas. Estuve con Dios y con Jesús. Dijeron que
yo tenía que volver a estar con mi madre, porque ella estaba muy
apenada. Dijeron que yo tenía que terminar mi vida. Así que
regresé y desperté.
Veamos el caso de una niña de diez años que se encontraba en un
hospital de Pennsylvania (USA), recuperándose de una neumonía. La
madre vio que la hija parecía estar muriéndose y nos llamó a las
enfermeras. Contó que la niña acababa de decirle que había visto
un ángel que la había tomado de la mano, muriendo inmediatamente.
Nos asombramos, pues no había ningún signo de muerte inminente.
Estaba serena y en calma. Nos quedamos muy impresionadas.
El doctor Raymond Moody dice que habló con Jason, un jovencito
de 14 años. A los 11 años había tenido su experiencia del umbral
de la muerte. Él dijo: Estaba montando en bicicleta y no vi venir a
un coche que me atropelló. De repente, estaba mirando hacia abajo,
hacia mí mismo. Vi mi cuerpo debajo de la bicicleta. Yo estaba
arriba… Vino una ambulancia y yo traté de seguirla. Estaba encima
de la ambulancia, siguiéndola. Pensé que estaba muerto. Miré a mi
alrededor y, entonces, me encontré en un túnel. Al final había
una luz brillante. El túnel pareció subir cada vez más. Salí al
otro lado del túnel. Había un montón de gente en la luz, pero yo
no conocía a nadie. Les hablé del accidente y me dijeron que
tenía que regresar. Dijeron que aún no había llegado mi hora y
tenía que volver con mi padre, mi madre y mi hermana.
Yo estuve en la luz durante mucho tiempo. Me pareció mucho
tiempo. Sentí que todo el mundo me quería allí. Todo el mundo era
feliz. Siento que la luz era Dios... Cuando estuve en la luz, no
quería regresar… Las dos personas que estuvieron conmigo en el
túnel (ángeles) me ayudaron tan pronto como llegué allí. Yo no
sabía dónde estaba exactamente, pero quería alcanzar esa luz que
había al final. Ellas me dijeron que iba a estar bien y que me
llevarían a la luz. Pude sentir el amor que procedía de ellas.
Cuando llegué a la luz, pude ver sus rostros. Es difícil de
explicarlo, porque esto es muy distinto a la vida del mundo. No
encuentro palabras para explicarlo. Me pareció que llevaban ropas
muy blancas. Todo estaba iluminado.
Otro caso. Dean tenía serios problemas de salud y debía recibir
casi todos los días diálisis para limpiar su sangre. Un día se
puso mal y sus padres lo llevaron al hospital a cuidados intensivos
y le inyectaron epinefrine y otras drogas. Estuvo 24 horas sin
conocimiento y, al volver, contó a los médicos lo que recordaba.
Dijo que tenía una experiencia y que no tenía palabras suficientes
para describirla. Dijo que era una experiencia sobrenatural. Me
dijo:
“Yo estaba aparentemente echado en una cama en cuidados
intensivos, cuando, de repente, me encontré flotando encima de mi
cuerpo y pasé por un túnel. Yo sentía que me movía a mucha
velocidad. Yo sabía que iba a algún sitio, pero no sabía a
dónde. También sabía que había alguien al final del túnel. A
cierto punto del túnel, unas luces comenzaron a brillar a mi
alrededor. También me di cuenta que alguien estaba conmigo. Él era
muy alto y vestía de blanco con un cinturón. Su pelo era dorado y,
a pesar de que no dijo nada, yo no tenía miedo, porque irradiaba
paz y amor. No era Cristo, pero yo sabía que había sido enviado
por Cristo. Era probablemente uno de sus ángeles, enviados para
llevarme al cielo”.
Pero, de pronto, se sintió que regresaba a su cuerpo. Él me
dijo: “Yo sé que regresé, porque tengo un propósito que cumplir
en la vida”. Como resultado de su experiencia, toda su familia se
ha acercado más a Dios.
Glenn Perkins se despertó una mañana a las 3:30 a.m., en junio
de 1959. Había soñado que su hija estaba gravemente enferma, se
encontraba en el hospital y tenía necesidad de él. Llegó al
hospital a las 5:00 a.m. En ese momento, en la habitación 336, el
médico del hospital de Indiana, USA, certificaba la muerte de
Betty. Glenn subió las escaleras y, cuando llegó a la habitación,
encontró el cuerpo de su hija cubierto ya por una sábana. Y se
puso a rezar. Mientras tanto, Betty salía de su cuerpo y veía una
colina bellísima, subiéndola sin esfuerzo. Dice: En ese momento,
me he dado cuenta de que no estaba sola. A mi izquierda, había una
figura masculina un poco detrás de mí, vestida de blanco… Me di
cuenta de que no era un extraño, pues me conocía. ¿Dónde nos
habíamos encontrado?
Mientras caminábamos juntos, he sentido la voz de mi padre que
gritaba: “Jesús, Jesús”… Pensé en regresar para encontrarme
con él… El ángel se colocó delante de mí y ha posado su mano
sobre una puerta que no había visto antes. Detrás de la puerta,
había como un sendero de colores dorados cubiertos de vidrio o
agua. Sentí la presencia de una persona y he entendido que era
Jesús. Su luz me envolvía totalmente y todo mi ser estaba
absorbido por aquella luz. Era una luz poderosa, penetrante y
afectuosa. El ángel me dijo: “¿Quieres entrar y unirte a ellos?”.
Todo mi ser deseaba entrar y le dije: ¿Puedo escoger? Entonces, me
acordé de la voz de mi padre y pensé en regresar para encontrarlo.
Y comenzamos a descender la maravillosa colina, mientras el ángel
caminaba a mi izquierda.
Betty despertó en su habitación, cuando todos la daban ya por
muerta. Después de algunas semanas en cuidados intensivos, estaba
muy enflaquecida y manifestó su deseo de comer; Sin embargo, el
personal del hospital se lo impidió formalmente. Pero Betty tomó
algo de comer y se lo comió sin consecuencias. Algunos días
después, Betty dejó el hospital en perfecta salud.
El doctor Melvin Morse describe esta hermosa experiencia: Yo
estuve junto al cuerpo sin vida de Katie, de 9 años, en la unidad
de cuidados intensivos, y me preguntaba si aquella niña podría
sobrevivir. Unas horas antes, ella había sido encontrada flotando
en una piscina de YMCA. Ella, según mi opinión, tenía solamente
un 10% de posibilidades de sobrevivir. Yo la resucité en emergencia
después del accidente en la piscina. Y, a pesar de nuestros
esfuerzos, yo estaba seguro de que moriría. Decidí hacerle un
cateterismo y, como es algo difícil y sale mucha sangre, les pedí
a sus familiares que esperaran fuera de la sala. Ellos me pidieron
que les dejara en un rincón para poder rezar, mientras hacía mi
trabajo. Los familiares se dieron la mano y comenzaron a rezar.
Nosotros hicimos nuestro trabajo rápidamente y con nerviosismo…
Tres días más tarde, se recuperó totalmente sin ninguna
consecuencia negativa.
Su caso es uno de esos misterios médicos, que demuestran el
poder de Dios. Cuando ella estuvo suficientemente bien, yo le hice
un reconocimiento y le pregunté si recordaba algo y cómo había
sido su accidente. Ella, que es una niña inteligente y hermosa, me
dijo que había estado en una habitación grande y después ellos la
llevaron a una habitación más pequeña, dándome detalles de la
atención médica que no podía conocer, pues estaba en coma. Le
pregunté sobre los recuerdos de la piscina. Y me dijo: “¿Se
refiere a mi visita al Padre celestial?” Yo le dije: “Cuéntame
algo del Padre celestial”. Y me respondió: “Yo vi a Jesús y al
Padre celestial”.
Me dijo que su primer recuerdo fue de oscuridad y el sentimiento
de que estaba pesada y no podía moverse. Después fue por un túnel
y por el túnel vino Elizabeth. Elizabeth era alta y hermosa, con su
pelo dorado y brillante. Ella la acompañó por el túnel, donde
ella vio a su abuelo y a otras personas, entre los que estaban dos
niños, Andy y Mark, que jugaron con ella y le presentaron a mucha
gente. En un cierto momento de su viaje, a Katie le fue permitido
dar un vistazo a su casa y vio a sus hermanos y hermanas, jugando
con sus juguetes en sus habitaciones. Una de sus hermanas estaba
peinando a su muñeca barbie y cantando una canción popular. Vio a
su madre, preparando la comida en la cocina y vio a su padre sentado
y preocupado. Cuando más tarde Katie les mencionó esto a sus
padres, ellos quedaron impresionados por los detalles concretos que
daba, que eran ciertos.
Finalmente, dijo que Elizabeth, que parecía ser el ángel
guardián de Katie, la llevó a ver al Padre celestial y a Jesús.
El Padre celestial le dijo si quería regresar a su casa. Y Katie le
dijo que quería quedarse allí con Él. Entonces, Jesús le
preguntó, si quería ver de nuevo a su madre y ella dijo sí. Y
despertó.
Otro caso, es el de una niña que se mostraba lúcida en el
instante en que, excitada, comenzó a señalar hacia el extremo de
su cama. La madre refirió:
Le pregunté qué veía y me dijo que había un niño. No le
asustaba su presencia. En realidad, le agradaba verlo. A lo largo de
los días siguientes, mantuvo conversaciones con él, satisfecha de
su compañía. Habida cuenta de todo lo que estaba pasando, parecía
como si aquel niño, que sólo ella podía ver, contribuyese a
proporcionarle firmeza. Creo que se trataba de un ángel.
En otro caso, una niña de doce años trató de suicidarse,
disparándose en la cara con una escopeta. Quedó malherida, pero se
curó después de ser operada varias veces de las heridas que se
produjo. Contó que, tendida en su cama y a punto de morir, se le
apareció un hombre de más de dos metros y le dijo que se pondría
bien. Por su manera de hablar, la chica comprendió que había hecho
algo malo al intentar el suicidio. Y dice: Se quedó a mi lado hasta
que terminó la primera operación. No lo he vuelto a ver desde
entonces, pero sé que sigue a mi lado todo el tiempo.
El doctor Melvin Morse, que ha estudiado muchos casos de niños,
que han tenido experiencias del más allá, dice: En mis propias
investigaciones he hallado a los ángeles como parte integrante de
todo tipo de visiones. Al menos, la mitad de los niños de mis
estudios ven ángeles de la guarda, en sus experiencias próximas a
la muerte. He descubierto que los ángeles de la guarda prestan
ayuda en tiempos de crisis, cuando una persona requiere fortaleza
para su espíritu decaído.
b) Adultos
- Las enfermeras Maggie Callanan y Patricia Helley asistieron a
una joven mujer de nombre Ángela, de 25 años, con un melanoma. Los
médicos habían descartado ya toda posibilidad de curación.
Ángela sabía bien que estaba a punto de morir y había dicho al
personal que no quería ninguna ayuda espiritual de ningún
sacerdote, porque era atea y no creía en Dios. Las enfermeras
respetaron su deseo. Pero una mañana, Ángela llamó a la enfermera
de guardia y le preguntó:
¿Ha venido alguien a mi habitación? No he visto a nadie. He
visto a un ángel. Cuando me he despertado estaba un ángel sentado
a mi lado.
Y manifestó que se había sentido atraída hacia aquel ser que
irradiaba amor, calor y bondad. Se sentía contenta de saber que no
moriría sola.
Nancy Meier era una hermosa mujer de 49 años, aunque parecía de
35. El año 1975 estaba en su jardín de San Luis, se subió a una
escalera para podar la rama más alta de un árbol y perdió el
equilibrio, cayendo al suelo. Se levantó, pensando que no había
sido gran cosa, pero por prudencia fue al hospital para un examen. Y
ella dice: “Cuanto más tiempo pasaba, peor me sentía”. Dos
días después, las condiciones empeoraron mucho. Y descubrieron que
el hígado estaba muy mal, y había gangrena en el intestino.
Tuvieron que operarla de emergencia. Y tuvo la experiencia de salir
de su cuerpo y entrar en el túnel. Dice: “A la salida del túnel,
encontré tres seres de luz. Traté de ponerme delante de ellos y
pensé: Muy bien, estoy muerta, pero ¿dónde están los ángeles?
Ellos me respondieron con el pensamiento: “Tú no crees en los
ángeles”. Y comencé a reírme, porque estaba absolutamente
segura de que eran ángeles y ángeles de verdad. Era como una
certeza que me habían infundido. Parecían llamas de una vela, pero
cada una tenía una personalidad propia... Después, me encontré
con la luz que me acogió con un amor infinito. Fundirse con esa luz
era como volver a casa. Y mi vida comenzó a desfilar en tres
dimensiones, y era todo real y sentía los efectos de mis acciones
sobre los demás...
El ser de luz me preguntó: “Nancy, ¿quieres quedarte o
regresar?” Prefería quedarme. Y le dije: “Si me quedo, ¿habrá
diferencia respecto a mi familia?” Y la luz me respondió: “Sí,
por tu hijo”. Entonces, he regresado por él.
- Robert Helm tuvo un paro cardíaco el 7 de noviembre de 1979 y
pasó el túnel, dirigiéndose hacia la luz maravillosa, que lo
esperaba al final. Se encontró junto a un maravilloso lago y vio
una banda de ángeles cantando. Él era agnóstico y no creía en
ángeles ni en cualquier ser celestial, pero, desde entonces, dice
que no tiene miedo de morir, pues fue la más maravillosa
experiencia de su vida.
- El doctor John Lilly estaba en un hotel de Chicago y, como se
sentía mal, se inyectó una dosis de antibióticos, pero la aguja
estaba mal lavada y contenía residuos de detergente, que afectaron
su cerebro. Cayó en coma... Sintió que salía de su cuerpo y vio
que, a lo lejos, aparecían dos puntos luminosos, llenos de amor.
Dice: “Mientras se acercaban veo su presencia que penetra todo mi
ser. Entiendo que son seres superiores. Me dicen que son mis
ángeles custodios, que todavía no ha llegado mi hora, que siempre
han estado conmigo en los momentos difíciles y que siempre están
conmigo. Y me dicen que me recuperaré sin consecuencias”.
Después de dos meses de convalecencia, se recuperó totalmente
del coma. El doctor John Lilly no sólo es médico, sino también
científico, por lo que no podemos dudar fácilmente de su versión
sobre su visión de los ángeles.
- El 25 de enero de 1959, Chuck Griswold, con otros compañeros,
practicaba canotaje en un rápido de Skykomish en el Estado de
Washington, cerca de la ciudad de Index. Dice: Era invierno y el
agua estaba helada. Estábamos 23 en la balsa y vino el accidente al
llegar a una cascada de unos 30 metros que no estaba prevista en el
mapa. Sentí toneladas de agua sobre mi cuerpo... Me di cuenta de
que la balsa estaba sobre mí... Y sentí que flotaba sobre la
escena, viendo a algunos compañeros, que sacaban mi cuerpo del
agua. Y vi a mi costado dos presencias... Las vi mucho tiempo
después del accidente, en las operaciones quirúrgicas que me
hicieron, por ejemplo, en la de hace 15 años, el año 1977. Mis
ángeles custodios están siempre a mi lado y me dicen: “Vas por
buen camino, no hagas eso”… Ahora tengo 57 años y puedo afirmar
con seguridad que mis ángeles custodios me han salvado la vida
varias veces. Por ejemplo, me habían propuesto un trabajo y los
ángeles me dijeron que no lo tomara por ningún motivo. Seguí su
consejo. El hombre que tomó ese trabajo murió la misma mañana que
comenzó a trabajar. En otra ocasión, alguien me pidió unirme a un
grupo de trabajo para dar consejos en materia de explosivos y ellos
me dijeron que no aceptara. Tres semanas más tarde, cinco amigos,
que habían aceptado trabajar allí, murieron por una explosión
accidental.
- En 1920, Peter Johnson estaba gravemente enfermo en el hospital
con la fiebre amarilla, vigilado por las enfermeras. Y dice: En un
cierto momento, mi espíritu abandonó mi cuerpo y me vi flotando a
unos tres metros del suelo. Miré hacia atrás y vi a alguien que me
dijo:
¿No sabías que estaba aquí? No, ahora te veo. ¿Quién eres?
Soy tu ángel custodio, que te he seguido constantemente en la
tierra
- Betty Eadie cuenta su experiencia del umbral de la muerte,
cuando estaba muy grave en el hospital. Salió de su cuerpo y se
sentía libre, flotando sobre su cama. Vio su cuerpo tendido y
reconoció que era el suyo. Dice: Yo estaba fascinada por el nuevo
estado en el que me encontraba y me di cuenta de que había muerto.
Pensé: “Me he muerto y nadie está aquí para saberlo”. Pero
antes de que pudiera moverme, aparecieron de repente tres hombres a
mi lado. Vestían hermosos y brillantes vestidos y uno de ellos
tenía una capucha detrás de su cabeza. Los tres usaban un
cinturón de oro. No tenía miedo. Los seres aparentaron tener unos
setenta u ochenta años, pero yo sabía que su escala del tiempo era
diferente de la nuestra. Yo sentía en ellos una gran
espiritualidad, conocimiento y sabiduría. Ellos me hablaron… Y me
explicaron que ellos habían sido mis ángeles guardianes durante mi
vida en la tierra. Yo sentí que los tres eran especiales y eran mis
ángeles. Me dijeron que había muerto prematuramente y me
comunicaron un sentimiento de paz, diciéndome que todo saldría
bien. Yo sentía su profundo amor por mí… De pronto, yo pensé en
mi esposo y mis hijos, sintiéndome preocupada de cómo mi muerte
les podría afectar. Pensé: ¿Cómo podrá mi esposo cuidar de
nuestros seis hijos? ¿Cómo crecerán mis hijos sin mí? Yo sentí
la necesidad de verlos de nuevo y con gran velocidad llegué a mi
casa y me encontré en la sala de estar. Vi a mi esposo, sentado en
su sillón favorito, leyendo el periódico. Vi a mis hijos corriendo
por las escaleras y sentí mucha tranquilidad.
De nuevo, nos movimos hacia arriba y vi una luz a la distancia.
Al acercarme, observé la figura de un hombre, con la luz a su
alrededor. Era más brillante de lo que se puede describir, más
brillante que el sol… Y sentí el más incondicional de los amores
que jamás haya sentido y vi sus manos abiertas para recibirme. Fui
hacía él y recibí un abrazo, mientras me decía a mi misma “Estoy
en casa, finalmente estoy en casa”. Yo sabía que él conocía mis
pecados y mis faltas, pero no le importaban. Yo sabía que era mi
Dios, mi amigo y mi Salvador. Era Jesucristo, el que siempre me
había amado. Él era el mismo amor y su amor me llenó de alegría
y felicidad. De nuevo, abrió sus brazos y me dejó ir diciéndome:
“Todavía no es tu tiempo”.
Hasta entonces, no sabía que mi vida tuviera un propósito
concreto. Ahora me daba cuenta que tenía una misión, aunque no
sabía cuál era. Pero sabía que mi vida en la tierra tenía un
sentido. Yo tenía una razón para existir y yo debía regresar.
- Beverley Brodsky había crecido en un ambiente familiar
materialista. En julio de 1970, debido a un accidente de moto, se
fracturó el cráneo y varios huesos. Estuvo dos semanas en un
hospital de Los Ángeles… Sintió que flotaba en su habitación,
mirando a su cuerpo desde arriba. De pronto, un ser de luz la
envolvió con una fuerte luminosidad. Y ella dice: “Un ángel de
luz gentilmente me dio su mano y con él viajé una larga distancia
hacia la LUZ divina. Aquella LUZ era todo amor, compasión,
sabiduría y verdad. Y desde lo profundo de mi alma, surgió la
certeza: “Yo, exactamente yo, estoy en la presencia de Dios”.
Entonces, le he dirigido varias preguntas, pidiendo explicación por
tantas injusticias que había visto en el mundo. Me di cuenta de que
Dios conoce todos nuestros pensamientos… Recuerdo la respuesta:
“Hay una razón para todo lo que sucede”… De pronto, sin saber
cómo ni por qué me encontré dentro de mi cuerpo, pero me sentía
como en éxtasis, llena de alegría y amor.
- Un hombre de unos 40 años tuvo una experiencia más allá de
la muerte. Su enfermera escribió: Estaba totalmente consciente y
con baja temperatura. Era una persona religiosa y creía en la vida
después de la muerte. Nosotros esperábamos que moriría pronto y
él probablemente también, pues nos pedía que rezáramos por él.
En la habitación, donde él estaba, había una escalera que
comunicaba con el segundo piso. De pronto, exclamó: “Miren, los
ángeles bajan por las escaleras. El vaso se ha caído y se ha roto”.
Todos los que estábamos con él miramos hacia las escaleras, donde
habían puesto un vaso en uno de los escalones. Cuando fuimos a ver,
vimos que el vaso estaba roto en miles de pedacitos sin causa
aparente. El vaso no se cayó, simplemente explotó. Nosotros no
vimos a los ángeles, pero el paciente tenía una expresión de paz
y de felicidad extraordinaria y, a los pocos minutos, expiró.
- Maurice Rawlings , en su libro Beyond death´s door, nos cuenta
el caso de un hombre cuyo marcapasos no funcionaba bien y fue al
hospital para que se lo cambiaran. De pronto, se dio cuenta de que
el corazón empezaba a perder latidos. Cayó inconsciente. Dice:
Recuerdo haber gritado: ¡Emergencia, emergencia! Y he salido de mi
cuerpo. Me parecía que una enfermera me había tomado por detrás y
habíamos ido volando por la ciudad, andando velozmente. Pero me di
cuenta que no era una enfermera, pues vi sus pies y la punta de un
ala moverse detrás de mí. Estaba seguro de que era un ángel.
Después, el ángel me dejó en una calle de una ciudad fabulosa,
donde los edificios resplandecían de oro y plata, y los árboles
eran magníficos. Una luz maravillosa iluminaba el paisaje. En
aquella ciudad, encontré a mi madre, a mi padre y a mi hermano. Y,
cuando iba a su encuentro, el ángel me regresó a mi habitación
del hospital, donde observé desde lo alto que los médicos estaban
trabajando en mi cuerpo. Personalmente, no creo que se pueda
permanecer siendo ateo, después de una experiencia como ésta.
- Cuenta el doctor Melvin Morse: El doctor Frank Oski, profesor
de pediatría y alumno mío en la John Hopkins University, tuvo una
experiencia extraordinaria… Una noche se acostó, pensando en el
destino de uno de sus pacientes moribundos. Aunque había hecho
cuanto estaba de su parte, el niño no mejoraba. Se sentía
impotente y se durmió preguntándose por qué tenía que morir
aquel pequeño.
Cosa de una hora después, le despertó una luz tan brillante
como la del sol, que hizo resplandecer su habitación en el centro
de aquella luz, Oski pudo distinguir la silueta de una mujer. Tenía
alas en la espalda y parecía tener unos veinte años. Con voz
serena y tranquilizadora, la mujer explicó al atónito Oski por
qué tenían que morir los niños. El ángel (no sé llamarlo de
otro modo) afirmó que la vida constituye un ciclo de progreso y que
los seres humanos distan aún de ser perfectos. Declaró que a la
mayoría de las personas se les revela este secreto cuando mueren,
pero que los niños, gravemente enfermos, lo conocen, soportando sus
males sin quejarse, pues saben que cesarán. Algunos pequeños,
dijo, se enfrentan además con el reto de enseñarnos a amar a los
demás. El amor de un niño, aseguró el ángel, ensancha nuestra
humanidad y constituye una importante lección para todos nosotros.
El doctor Raymond Moody dice: Algunos de los entrevistados por
mí han llegado a creer que los seres con los que se encontraban
eran sus ángeles guardianes. A un hombre el espíritu le dijo: Te
he ayudado en este estado de la existencia, y ahora te haré pasar a
otro. Una mujer me dijo que, mientras estaba abandonando el cuerpo,
detectó la presencia de seres que se identificaron como ayudantes
(guías) espirituales.
En su experiencia fuera de su cuerpo, los pacientes moribundos
son conscientes de la presencia de seres que los rodean, los guían
y los ayudan. Los niños los llaman compañeros de juego. Las
iglesias los llaman ángeles custodios. Muchos investigadores los
llaman guías espirituales. No importa el nombre que les demos, lo
importante es saber que cada ser humano, desde el momento de su
nacimiento hasta el final de nuestra existencia física, está en la
presencia de estos guías o ángeles guardianes, que nos esperarán
para ayudarnos en el paso de esta vida al más allá. También
encontraremos a aquellos que nos precedieron y nos han amado en este
mundo. Nosotros no moriremos solos.
ÁNGELES EN EL PURGATORIO
La venerable Madre María de Jesús de Ágreda (1602- 1665)
escribió: El día dos de noviembre de este año de 1645, estando en
maitines y oficio, que hace la Iglesia por los difuntos, se me
manifestó el purgatorio con gran multitud de almas, que estaban
padeciendo y me pedían que las socorriese… Llegada la noche, vi
algunos ángeles en la celda con grande hermosura y me dijeron que
iban al purgatorio a sacar el alma de la reina, por quien yo había
pedido…Y los ángeles la llevaron al eterno descanso, que gozará
mientras Dios sea Dios.
A los siete u ocho días de la muerte de su Alteza, estando en el
coro, en la oración de la comunidad, se me apareció su alma un
día tras otro y me dijo: “Sor María, el ángel santo de mi
guarda, que es el que me ha consolado desde que se apartó mi alma
del cuerpo, me ha declarado cómo ayudaste a mi madre, la reina, en
el purgatorio; y me ha encaminado por voluntad divina y traído a tu
presencia para que te pida tus oraciones y las de las religiosas y
que me socorras como a mi madre”… El ángel que la acompañaba
era de superior jerarquía, de hermoso y admirable semblante…
Muchas veces, conocía que su alma estaba con su ángel, en todas
estas ocasiones, así el alma como el ángel, me encargaban y
pedían que rogase por su descanso.
Santa Verónica Giuliani (1660-1727) escribe en su Diario: Mi
ángel me obtuvo la gracia de que me hablase un alma del purgatorio,
que me dijo: “Ten compasión de mí”. La encomendé a la Virgen
y me pareció ver la dicha de esa alma, que me dijo: “Ahora he
sabido que pronto saldré de aquí por vuestra caridad. GRACIAS”.
La beata Isabel Canori Mora (1774-1825) escribe en su Diario: El
dos de noviembre de 1822, oré al señor con fervor por los difuntos…
Se aparecieron tres ángeles que me acompañaron al purgatorio. Al
día siguiente, fui a la iglesia y estuve más de tres horas, orando
por las almas del purgatorio, y el Señor se dignó mostrarme el
triunfo de su misericordia y vi a aquellas almas en filas,
acompañadas de sus ángeles custodios, entrando triunfantes en el
cielo.
Santa Gema Galgani (1878-1903) escribe: Ayer por la mañana,
después de la santa comunión, Jesús me dijo que hoy, después de
media noche, volaría al cielo el alma de la Madre María Teresa…
Y efectivamente así fue… Vi llegar a la Virgen, acompañada de su
ángel de la guarda. Teresa me dijo que su purgatorio había
terminado y que se iba al cielo. Estaba muy contenta. Vinieron a
buscarla Jesús, María y su ángel de la guarda.
Santa Gema rezaba cada día por las almas del purgatorio y su
ángel la estimulaba en este deseo de liberar a las almas purgantes.
Santa Faustina Kowalska (1905-1938) escribe en su Diario: Un día
vi a mi ángel custodio que me ordenó seguirle. En un momento, me
encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego, y en él una
multitud de almas sufrientes. Solamente nosotros podemos ayudarlas.
Mi ángel custodio no me dejó en ningún momento.
El padre Alessio cuenta: En una ocasión, en el convento de san
Giovanni Rotondo, donde vivía el santo padre Pío de Pietrelcina,
se oyeron unas canciones hermosas en la iglesia. Pero a aquella
hora, la iglesia estaba vacía. Le pregunté al padre Pío y
respondió: “Son las voces de los ángeles, que llevan las almas
del purgatorio al paraíso”.
La beata Ana Catalina Emmerick escribe en su Autobiografía:
Estaba yo con mi ángel en el purgatorio y veía la gran aflicción
de aquellas almas, porque no podían valerse por sí mismas, y
notaba cuán poco las socorren los hombres de nuestro tiempo.
Indecible es su necesidad. Comprendiendo esto, vine a hallarme
separada de mi guía por una montaña y experimenté tan vivo anhelo
y afán de volver a su lado que casi perdí el conocimiento. Le
veía a través de la montaña, pero no podía ir hacia él.
Entonces, me dijo el ángel: “Ese mismo deseo que tú sientes, lo
sienten esas almas para que se les socorra”… A la vista de
aquellos lugares, lloraba yo de rodillas y clamaba a Dios con los
brazos abiertos hasta que Él se compadecía. El ángel me exhortaba
a ofrecer todas mis privaciones y mortificaciones por las almas
benditas, las cuales no pueden valerse por sí mismas y son
cruelmente olvidadas y abandonadas por los hombres. Yo enviaba
muchas veces a mi ángel custodio al ángel de aquellos a quienes
veía padecer, para que él los moviese a ofrecer sus dolores por
las almas benditas. Lo que hacemos por ellas, oraciones u obras
buenas, al punto se convierte en consuelo y alivio para ellas ¡Se
alegran tanto! ¡Son tan agradecidas!
Cuando yo ofrezco por ellas mis trabajos, ellas ruegan por mí.
Lléname de espanto el horrible abandono y el desperdicio que se
hace de las gracias de la Iglesia, que en tal abundancia son
ofrecidas a los hombres y que estos tan poco aprecian, mientras las
pobres almas las anhelan y desfallecen a causa del deseo que tienen
de ellas.
ÁNGELES DEL CIELO
El cielo esta poblado de ángeles. ¿Cuántos son? Innumerables.
Dice el Apocalipsis: Vi y oí la voz de muchos ángeles en rededor
del trono y de los vivientes y de los ancianos; y era su número de
miríadas de miríadas y de millares de millares, que decían a
grandes voces: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder,
la riqueza, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la
bendición” (Ap. 5,11-12). “Todos los ángeles estaban en pie
delante del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes y
cayeron sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo:
Amén. Bendición, gloría y sabiduría, acción de gracias, honor,
poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén”
(Ap 7-11-12).
Los ángeles en el cielo adoran, aman y sirven a Dios. Pero
¿qué es el cielo? Dice el catecismo de la Iglesia católica que el
cielo es la comunión de vida y amor con la Santísima Trinidad, con
la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados (Cat
1024). El cielo no es un lugar concreto del universo. El cielo es la
reunión de los elegidos con Jesús y María y todos los santos y
ángeles en unión con el Padre y el Espíritu Santo. Es decir,
donde esté Jesús, el hombre-Dios, allí estarán, con la Trinidad
y la humanidad de Jesús, todos los santos y ángeles, adorando,
amando y sirviendo. Y esto sucede en cada lugar donde esté Jesús,
presente en la Eucaristía. En una palabra, el cielo en la tierra es
el sagrario de nuestras iglesias, es la Eucaristía. Donde haya una
hostia consagrada, allí está el cielo en la tierra y habrá
millones de santos y ángeles, adorando, amando y sirviendo a su
Dios.
Precisamente por esto, deberíamos aumentar en el mundo los
sagrarios. Cada sagrario es un cielo en la tierra. Cada hostia
consagrada es una bendición celestial para la humanidad y, en
especial, para el que comulga.
Cuando en nuestra parroquia, los ministros extraordinarios de la
Eucaristía llevan la comunión a los enfermos, yo pienso que es una
procesión del Corpus, una procesión de ángeles y santos por las
calles de la ciudad. La casa a la que llevan la comunión al
enfermo, se convierte en ese momento en un cielo, porque hay
millones de santos y ángeles que acompañan a Jesús y bendicen esa
familia. ¡Qué alegría y qué responsabilidad poder recibir a
Jesús con todo agradecimiento y devoción! En esos momentos, la
casa debe estar bien arreglada, especialmente la habitación del
enfermo, con una mesita a modo de altar un mantel blanco y una vela
encendida... Hay que recibir lo más dignamente posible a nuestro
Dios sacramentado. Pero ¿tenemos la fe suficiente para recibirlo
como se merece con todo nuestro amor?
Decía san Pedro Julián Eymard: Jesús creó el hermoso cielo de
la Eucaristía. La Eucaristía es un hermoso cielo, porque ¿no
está el cielo allí donde está Jesucristo? Por eso, cuando
comulgamos, recibimos el cielo, puesto que recibimos a Jesucristo,
causa y principio de toda felicidad y gloria del paraíso celestial.
Ahora bien, el momento más sublime del cielo es, cuando se
celebra la gran fiesta de la Redención, la fiesta de la salvación
de los hombres, la gran fiesta del infinito amor de un Dios que se
hizo hombre, nació en Belén, murió por salvarnos y resucitó de
entre los muertos. Esta gran fiesta se celebra cada vez que se
celebra la misa entre nosotros. La misa es una fiesta celestial en
la que está presente todo el cielo.
En la misa, de pronto, se abre el cielo y nos adentramos en el
coro de adoración. Este es el motivo por el que el prefacio termina
con estas palabras: Cantamos con los coros de serafines y
querubines. No estamos solos, ya que la frontera entre el cielo y la
tierra se ha abierto de verdad.
En la misa estamos asociados a los ángeles, mirando la faz de
Dios. Con nuestras voces nos unimos a sus coros y las suyas se
juntan con nosotros… Si comprendiéramos a fondo lo que esto
significa, la misa sería para nosotros una fuente de alegría que
jamás podrá ser comparada con todas esas fiestas de la tierra, en
la que no se hermanan los cielos y la tierra. Y, al tener la certeza
que estamos ante los ángeles de Dios y que ellos mismos están
entre nosotros, brotará con nuestro gozo el espíritu de adoración
hacia la inmensa presencia que nos envuelve.
Por eso, decía con alegría san Juan Crisóstomo sobre la misa:
Aquí está el cielo. San Gregorio VII Papa decía: A la voz del
sacerdote, se abren los cielos y los coros de los ángeles asisten a
la misa. Lo más bajo se une a lo más alto, lo terrestre a lo
celeste, las cosas visibles a las invisibles.
Santa Ángela de Foligno se sentía inmensamente feliz ante
Jesús Eucaristía. Decía: A veces, veo la hostia con un resplandor
y una belleza muy grandes, más que si fuese el resplandor del sol.
Por esta belleza, comprendo que estoy viendo a Dios sin ninguna
duda. Jamás habría creído que los ángeles fuesen tan amables y
pudiesen dar a mi alma tanta felicidad como me la dieron.
Scott Hahn, el gran convertido del protestantismo, dice:
Realmente estamos en el cielo, cuando vamos a misa y esto es verdad
en cada misa... La misa es el cielo en la tierra. Vamos al cielo,
cuando vamos a misa. No se trata de un símbolo, de una metáfora ni
de una figura retórica. Es algo real. Es el cielo en la tierra...
¡Es la realidad! Ahí es donde estuviste y donde cenaste
(comulgaste) el domingo pasado. ¿En qué estabas pensando?. Por
eso, el Papa Juan Pablo II decía: En la misa nos unimos a la
liturgia (misa) celestial, asociándonos con la multitud inmensa que
grita: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el
trono y del Cordero (Ap 7, 10). La Eucaristía es verdaderamente un
resquicio del cielo, que se abre sobre la tierra. Es un rayo de
gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de
nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino.
Santa Brígida escribió: Un día asistía a la misa y vi una
inmensa fila de ángeles, que estaban contemplando al sacerdote.
Cantaban cantos celestes, que me llenaban de alegría. Parecía que
el mismo cielo estuviese contemplando el sacrificio de la misa. Y,
sin embargo, nosotros asistimos a misa con tan poco amor y
veneración.
Santa Matilde cuenta que un día estaba en misa y sintió la
inspiración de ofrecer la comunión en honor de todos los ángeles.
Dios le dio la visión de cómo estaban muy felices por aquel acto
de amor. Y ella se sintió asombrada de cuánto aprecian los
ángeles nuestro amor y nuestra amistad.
Por ello, siempre que vayamos a misa, pensemos que vamos al
cielo, a celebrar la gran fiesta del amor infinito de Dios en unión
con todos los santos y ángeles. Cuando vayamos a visitar a Jesús
en el sagrario o en una capilla, donde esté Jesús sacramentado,
pensemos en los millones de ángeles que lo rodean y que allí en
ese momento está el cielo. Allí podemos pasar unos momentos de
cielo, con la paz y el amor de Jesús.
¡Qué alegría para los ángeles, cuando ven que vamos a misa o
a visitar a Jesús sacramentado! Y, cuando estamos en misa, están
presentando nuestra oración y nuestro amor a Jesús. Pero ¡qué
decepción para ellos, al ver a tantos que van a misa por compromiso
social y que están totalmente distraídos o ignorantes del gran
misterio que se celebra! ¡Cuántos pecados se cometen por no estar
atenta y dignamente ante la presencia de Jesús y de todos sus
ángeles! ¡Cuántas comuniones indignas!
Tratemos nosotros de reparar tanta ignorancia y tanta falta de
respeto a Jesús sacramentado con nuestro amor y nuestra adoración.
Pidamos frecuentemente a nuestro ángel que vaya a misa por
nosotros, cuando realmente no podamos hacerlo personalmente.
Pidámosle también que visite a Jesús cada día en nuestro nombre.
Podemos decirle: Ángel santo de mi guarda, corre veloz al sagrario
y saluda de mi parte a Jesús sacramentado.
Y cuando vamos a hacer una visita a Jesús Eucaristía, unámonos
al coro de ángeles y santos que lo acompañan, para amarlo,
adorarlo y servirlo junto con ellos. ¡Cantemos con los ángeles a
Jesús Eucaristía! Y ofrezcámosle alguna vez en su honor la misa y
comunión.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS
Ya hemos dado algunas recomendaciones sobre nuestro amor a Jesús
Eucaristía, pero podríamos dar muchas más, pues cada uno puede
inventar formas nuevas de demostrar su amor a Jesús y a los demás
por medio de su ángel y de otros ángeles. Recordemos que todos los
ángeles nos aman y que debemos amar a todos los ángeles que
existen y no sólo a nuestro ángel. Por eso, sería bueno poner un
nombre a nuestro ángel para tratarlo con más confianza. También
es importante ser amigos de los ángeles de nuestros familiares con
quienes vivimos en casa. Podemos invocarlos para que arreglen
nuestras diferencias y pongan la paz. Cuando oramos, especialmente,
en familia, invoquemos el ángel de la familia. Según afirman
algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes y san Clemente de
Alejandría, cada familia tienen un ángel custodio.
También podemos invocar al ángel de la parroquia, de la
diócesis, de la ciudad en que vivimos y también al ángel
guardián de nuestro país. Los días de fiesta son días en que los
ángeles están especialmente contentos. Muy en especial, el día de
Pascua, el día de la Ascensión, las fiestas grandes de la Virgen
María y también, por supuesto, en su día, el dos de octubre,
fiesta de los ángeles custodios, y el 29 de setiembre, fiesta de
san Miguel, Gabriel y Rafael.
Decía san Juan Crisóstomo sobre el día de la Ascensión: Los
ángeles están presentes aquí, hoy los ángeles y los mártires se
encuentran. Si quieres ver a los ángeles y a los mártires, abre
los ojos de la fe y contempla el espectáculo. Si el aire está
colmado de ángeles, ¡cuánto más la iglesia! Y, si la iglesia
está llena de ellos, ¡cuán cierto es esto, especialmente hoy,
cuando el Señor ha subido al cielo! Escucha al apóstol Pablo que
te enseña que todo el aire está lleno de ángeles, cuando invita a
las mujeres a cubrir su cabeza con un velo a causa de los ángeles.
Y lo mismo dice sobre la fiesta de la Resurrección: El cielo
participa en la fiesta de hoy... Los ángeles exultan, los
arcángeles se regocijan, los querubines y los serafines celebran
con nosotros la fiesta de hoy. ¿Qué lugar puede quedar para la
tristeza?. Por eso, debemos celebrar con mucha devoción las grandes
fiestas de la Iglesia, en unión con los ángeles.
Procura ser delicado y atento con tu ángel. Al levantarte por la
mañana, dale los buenos días a Jesús, a María y a tu ángel
custodio, que ha estado toda la noche a tu lado y ha estado orando
por ti. De vez en cuando, dale la alegría de ofrecerle alguna flor
espiritual: un sacrificio, el rezo del rosario, hacer un pequeño
servicio... También puedes ofrecer alguna misa o comunión en su
honor y en honor de todos los ángeles de tus antepasados, que son
parte de tu familia. Puedes pedirle al ángel que visite a tus
familiares ausentes para darles un mensaje o su bendición. Cuando
estén enfermos, que vaya a su cabecera y se preocupe de que todo
vaya bien. Incluso puedes pedirle que se asocie a todos los ángeles
de la familia para que ayuden al enfermo, especialmente, cuando lo
estén operando o cuando se encuentre en algún momento de peligro o
dificultad.
Siempre es bueno que, al hablar con alguien, pensemos en su
ángel y lo saludemos, pues, aunque la persona no sea muy buena, su
ángel sí lo es. Cuando vayas de viaje, invoca al ángel del chofer
y de los compañeros de viaje para que todo vaya bien y alejen todo
poder del maligno. Si eres profesor, invoca al ángel de tus
alumnos. Si vas a dar una charla, homilía o conferencia, invoca a
los ángeles de los asistentes.
También puedes decirle a tu ángel que todos los días ofrezca
tu corazón a Jesús por María para que te lo purifique y lo haga
cada día más puro y bello. Es bueno también recitarle
frecuentemente la oración del ángel de la guarda.
Cuando vayas a hacer algún trabajo, pídele que te ayude para
que lo puedas hacer pronto y bien. Hazlo todo en unión con tu
ángel. Él te enseñará a amar cada día más a Jesús y a María.
Él te sugerirá ir a visitar a Jesús sacramentado e ir
frecuentemente a misa. Escúchalo. Son muchas las bendiciones que te
pierdes por no seguir sus inspiraciones. Cuando tengas tentaciones,
pídele ayuda; cuando tengas miedo, pídele que te dé paz. Recuerda
siempre que nunca estás solo, que tienes un ángel bueno que
siempre te acompaña. Y que, aunque lo envíes a visitar a algún
familiar, él no te deja solo; pues, desde cualquier parte del
mundo, estará pendiente de ti. Además, entre los ángeles hay amor
y se ayudan mutuamente. Por eso, debes ser amigo de todos los
ángeles de tus amigos y familiares e, incluso, de todos los
ángeles que existen en el universo. Todos deben ser tus amigos.
¿Por qué no te consagras a ellos? Simplemente, puedes decir:
Dios mío, por medio de María, quiero pedirte que me concedas la
gracia de ser amigo y hermano de todos los ángeles del universo.
Úneme a ellos para que todos tengan mi nombre escrito en su
corazón y te adoren, te amen y te sirvan en mi nombre. Yo, por mi
parte, te ofrezco todas mis oraciones y buenas obras para tu gloria
y tu alabanza. Jesús, cúbrenos con tu sangre bendita y haz
realidad nuestra unión y amistad para siempre. Amén.
La beata Dina Bélanger nos dice: Hice un pacto con los ángeles
custodios de los sagrarios de todo el mundo. Les pedía que me
reemplazasen todos los días y a todas horas ante Jesús
sacramentado.
¿Te imaginas lo hermoso que es que todos los ángeles te
conozcan y te amen y que adoren y amen a Dios en tu nombre? Hazte
merecedor del amor de los ángeles, llevando una vida angelical,
pura de mente y de cuerpo, para que se sientan orgullosos de tu
amistad. ¡Qué hermoso es tener un amigo celestial que te ayudará
en todo momento, aun cuando tú estés ignorante de los peligros que
te acechan! ¡Cuántas bendiciones vas a recibir!
Cuando estés enfermo, piensa que está a tu lado y te puede
consolar mejor que cualquier médico, enfermera o amigo. Invócalo
para que te consuele y pide a Dios, por medio de san Rafael
arcángel, la salud. Cuando muera algún amigo o ser querido, envía
a tu ángel con su ángel a que vaya a recibirlo más allá de la
muerte. Igualmente, que visite a tus familiares o amigos difuntos,
que todavía se encuentren en el purgatorio, para consolarlos en su
penas. Los servicios que puede hacer el ángel son innumerables. Por
eso, pídele ayuda para todo y sé siempre agradecido por tantos
favores que recibes.
San Josemaría Escrivá de Balaguer te recomienda: Ten confianza
con tu ángel custodio. Trátalo como a un entrañable amigo y él
sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada
día... Gánate al ángel custodio de aquel a quien quieras traer a
tu apostolado. Es siempre un gran cómplice. Si tuvieras presentes a
tu ángel y a los custodios de tus prójimos, evitarías muchas
tonterías, que se deslizan en la conversación. Cuando tengas
alguna necesidad, alguna contradicción pequeña o grande, invoca a
tu ángel de la guarda para que la resuelva con Jesús o te haga el
servicio de que se trate en cada caso. Acostúmbrate a encomendar a
cada una de las personas que tratas a su ángel custodio para que le
ayude a ser buena y fiel. Acostúmbrate a dar gracias anticipadas a
los ángeles custodios..., para obligarles más. Y salúdalos. ¿No
se saluda y se trata con cordialidad a todas las personas queridas?
Pues tú y yo vamos a saludar muchas veces al día a Jesús, a
María y a José y a nuestro ángel custodio (Surco 690).
Sonríele con cariño y, cuando escribas a alguien, dale saludos
de tu ángel y saludos para su ángel.
ORACIONES
Oh espíritus angélicos, que acompañáis a Jesús en los
sagrarios, donde está realmente presente, defendedlo de cualquier
profanación y ofrecedle todo mi amor. Y, cuando celebre la misa, no
permitáis que caiga ninguna partícula consagrada al pavimento para
que no sea pisada por la gente.
Oh ángel de Dios, ruega por mí para que siempre ame a Jesús y
no diga ni haga nada que lo ofenda. Que mis ojos sean puros para
mirarle y mi boca esté limpia para hablarle. Que mi corazón sea
puro para él y que todo mi ser y mi vida entera sea una ofrenda
permanente en su honor y para su gloria.
¡Oh, qué hermoso es para mí pensar que un ángel del paraíso
está siempre junto a mí! En cualquier lugar donde me encuentre
estoy bajo su vista y me cuida y me protege en todo momento. Aunque
esté dormido, él vela junto a mí y ora por mí. ¿Cómo podré,
ángel mío, agradecerte por tantas bendiciones que Dios me ha dado
por medio de ti?
Quiero evitar todos los malos pensamientos y malas palabras o
acciones que te ofendan, porque te amo y quiero ser tu amigo para
siempre. Y contigo amar cada día más a Jesús y a María, mi
querida Madre. Amén.
*******
Cúbreme con tus alas, ángel mío. Cuídame en esta vida que es
muy corta, aunque muy trabajosa su carrera. Y en ella necesito de tu
ayuda para salir airoso en la tarea. Y, cuando Dios venga a
juzgarme, en la última tarde de mi historia, recíbeme entre tus
brazos muy alegre, porque quiero vivir contigo eternamente.
*******
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de
noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Asistidme en mi
última agonía. Hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y
María.
****** Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni
de noche ni de día. Si me desamparas, ¿qué será de mí? Ángel
de mi guarda, ruega a Dios por mí.
*******
Ángel de Dios, lucero de amor, ilumina mi vida y guíame a Dios.
*******
FIEL COMPAÑERO
Ángel, lucero del alba, compañero de mi vida, fuerte, hermoso,
transparente. Compañero de mis días y mis noches, compañero.
En lo bueno y en lo malo, en lo grato y en lo adverso, siento
siempre la firmeza de tu mano, sujetando, dirigiendo.
¿Por qué digo que estoy solo? ¿Por qué gimo y me lamento, si
cuento con tu presencia?
Hasta acá llegamos juntos, y tu mano tierna y firme, en el
preciso momento, será como leve barca que me subirá al Eterno.
Compañero de mi vida, lucero de mi existencia, angelito de mi
guarda, compañero.
******* Al ángel guardián
¿Quién eres tú, ángel puro? Eres estrella brillante, un amigo
inseparable, con un corazón de fuego y un alma de amor vibrante.
Eres centella celeste, destello del Dios viviente, lucero de amor
divino, de una belleza esplendente.
Eres pureza y amor, paz y alegría del alma, con la sonrisa en
los labios y ternura en tu mirada.
Eres guardián y custodio, guía de Dios, mensajero, compañero
de camino, mi defensor permanente.
A ti, ángel de mi guarda, quiero cantar con mi vida una canción
de alegría y decirte: Muchas gracias.
*******
Santos ángeles, nuestros protectores, oren por nosotros. Santos
ángeles, nuestros hermanos, oren por nosotros. Santos ángeles,
nuestros consejeros, oren por nosotros. Santos ángeles, nuestros
defensores, oren por nosotros. Santos ángeles, nuestros amigos,
oren por nosotros. Santos ángeles, nuestros guías, oren por
nosotros. Santos ángeles, nuestros intercesores, oren por nosotros.
Santos ángeles de los nueve coros angélicos, oren por nosotros.
*******
Consagración a todos los ángeles
Señor Jesús, por intercesión de María y de san José, con el
poder y la gracia del Espíritu Santo y para gloria de mi Padre
celestial, quiero en este momento consagrarme con todos mis seres
queridos a mi ángel custodio y a todos los ángeles del universo.
Mi más sincero deseo es que todos los ángeles sean mis hermanos y
amigos, en especial, mi ángel custodio. Y, por eso, en este momento
me pongo con toda mi familia en sus manos poderosas, confiando en
ellos para que nos guíen y protejan de todo mal.
Que nuestra unión de amor y amistad sea para la eternidad y que
este pacto de amor con todos los ángeles sea para mí y mis
familiares un compromiso de obediencia a ellos y una aspiración
constante a la santidad, cumpliendo siempre la voluntad de Dios.
Que Jesús, nuestro Dios y Señor, nos cubra con su sangre y
supla todas nuestras faltas y desobediencias siendo el garante del
cumplimiento de este compromiso y pacto de amor ahora y para la
eternidad. Amén. CONCLUSIÓN
Después de haber visto muchos casos en que los ángeles nos
ayudan tanto aquí en la tierra como en el más allá de la muerte,
podemos decir que su ayuda es muy importante en nuestra vida.
Quienes, por ignorancia o falta de fe, no los invoquen, perderán
muchas bendiciones, que Dios quería darles a través de ellos. Por
supuesto que, en caso de necesidades del cuerpo o del alma, podemos
acudir a Jesús, a la Virgen María, a san José o a los santos de
nuestra devoción, pero la ayuda de los ángeles no estará de más.
Es como si uno tiene problemas en la vida y, por querer pedir ayuda
solamente a los miembros de su familia, se privara de muchos
servicios que podría recibir de médicos, sacerdotes, maestros o
amigos, que no son de la familia. ¡Cuantas más personas nos
ayuden, mejor! Lo mismo pasa espiritualmente: cuanta más ayuda
recibamos, mejor. De ahí que pedir ayuda a nuestro ángel y a otros
muchos ángeles, es algo muy conveniente e importante. Dios se goza
y se alegra muchas veces en darnos bendiciones por medio de los
ángeles, a quienes ha puesto para cuidarnos y protegernos del poder
del maligno.
Te deseo un buen viaje por la vida. Recuerda que Jesús
Eucaristía debe ser el centro de tu vida. No te olvides de pedir
ayuda a tu amigo y compañero de siempre: tu ángel custodio. Él te
recibirá más allá de la muerte y te acompañará también en el
purgatorio hasta que te deje en los brazos de Jesús y María en el
cielo.
Saludos de mi ángel y saludos a tu ángel.
P. Ángel Peña O.A.R. Agustino recoleto
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