P. ÁNGEL PEÑA BENITO O.A.R.
ÁNGELES EN ACCIÓN
LIMA - PERÚ
ÁNGELES EN ACCIÓN
Nihil Obstat P. Agustín Lira Chiok Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2006 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN Ángeles falsificados. Ángeles caídos. Ángeles
de Dios. Los coros de los ángeles.
HISTORIAS BÍBLICAS: 1.- El ángel del desierto. 2.- El ángel de
nuestros sueños. 3.- El ángel de la bendición. 4.- El ángel de
la oración. 5.- El ángel de la curación. 6.- El ángel del fuego.
7.- El ángel proveedor. 8.- El ángel protector. 9.- El ángel
poderoso. 10.- El ángel del nacimiento. 11.- El ángel de la
alegría. 12.- Los ángeles servidores. 13.- El ángel del consuelo.
14.- El ángel liberador. 15.- El ángel que nos lleva al cielo.
16.- El ángel de la predicación. Misión de los ángeles. Flores
para los ángeles. Ángeles puros. Ángeles de paz. Ángeles
poderosos. Millones de ángeles. Los ángeles y la misa. Comulgar
con los ángeles. Los santos y los ángeles.
HISTORIAS DE ÁNGELES: a) El ángel estudiante. b) El ángel
mecánico. c) El ángel bombero. d) El ángel mendigo. e) El ángel
misionero. f) El ángel suplente. g) El ángel chofer. h) El ángel
músico. i) El ángel médico. j) El ángel que ora. k) El ángel
libertador. l) El ángel guardaespaldas. ll) Los ángeles acólitos.
m) Ángeles en acción. Más experiencias de ángeles. Mi vida con
los ángeles. Pacto de amor. Oración a mi ángel. Oración antes de
la misa.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN
En este libro queremos insistir en la importancia de ser amigos
de nuestro ángel custodio y, en general, de todos los ángeles,
pues los ángeles son tan reales como lo es el aire que respiramos.
Ellos nos aman y nos cuidan. Son fuertes y hermosos, más brillantes
que el sol. Son puros y llenos de amor. Por eso, deberíamos
sentirnos orgullosos de su amistad.
En un primer libro, Tu amigo el ángel, he hablado ya de este
tema, pero es tan grande mi amor a ellos que he querido profundizar
más con la esperanza de que haya más católicos amigos de los
ángeles. ¿Alguna vez les hemos agradecido su ayuda y protección?
¿Alguna vez nos acordamos de invocarlos y de que nos ayuden en los
momentos difíciles de la vida? ¿Nos acordamos de saludar y amar a
los ángeles de los que nos rodean? Son muchas las preguntas que
podríamos hacer ¡Ojalá seamos conscientes de la importancia de
los ángeles y de la eficacia de ser sus amigos!
Estimado lector, te deseo que seas amigo de todos los ángeles,
especialmente, de tu ángel custodio. Vale la pena aceptar la
amistad que nos brindan y ofrecerles también nuestra amistad. Los
ángeles están siempre vigilando y ayudando. Nunca están ociosos,
pero esperan tu llamada para entrar en acción en tu favor. Por eso,
te deseo un buen viaje por la vida en compañía de los ángeles.
* * * *
En la misa estás junto a los ángeles (San Juan Crisóstomo)
ÁNGELES FALSIFICADOS
Los ángeles son seres personales, espirituales, servidores y
mensajeros de Dios (Cat 329). Son criaturas personales e inmortales
y superan en perfección a todas las criaturas visibles (Cat 330).
Por eso, es muy triste ver a mucha gente que tiene un concepto
totalmente equivocado de los ángeles y que nunca buscarán su
amistad, porque no creen que sean personas; sino que los confunden
con energías o con fuerzas impersonales, incapaces de pensar ni de
actuar por sí mismos.
Lamentablemente, si uno va a una librería, podrá encontrar
libros sobre ángeles, que dan suerte y dinero o que ayudan a tener
éxito. Eso parece ser lo único que les interesa a algunos.
Otros consideran a los ángeles como esclavos automáticos del
hombre, de modo que todo lo que le pidan será automáticamente
concedido. Según ellos, pueden contestar preguntas sobre cualquier
tema o pueden ayudar en cualquier cosa, como si fueran robots que
actúan sin inteligencia y sin libertad. Pero nada más lejos de la
realidad. Los ángeles son buenos, pero no esclavos. Ellos obedecen
a Dios y están a su disposición para servirnos.
Hay quienes confunden a los ángeles con sus propios
sentimientos. Hablan de ángeles interiores y de ángeles
exteriores. Incluso, les ponen los nombres más disparatados que se
puede imaginar. Unos dicen que hay ángeles encargados de los signos
del zodíaco o de cada día de la semana o de cada mes o año, de
cada color o de cada sentimiento. En fin, unas ideas totalmente
equivocadas, alejadas de la doctrina católica.
No faltan quienes dan cursos y charlas para aprender a
comunicarse con ellos. De modo que sólo los iniciados pueden
hacerse entender y ayudar por ellos. Algunos dicen que hay que poner
seis velas y seis vasos con seis peticiones y esperar cierta hora
para que vengan a ayudarnos.
En el libro Jugando con los ángeles de Hania Czajkowski, se
ofrece la mejor manera de conseguir consejos de los ángeles y una
buena comunicación con ellos. Es un juego mágico en el que se
combinan dos series distintas de cartas (en total son 104) para
conversar con los ángeles y conseguir las respuestas que
necesitamos a nuestros problemas.
En ese mismo libro, se incluye un Botiquín de primeros auxilios
angélicos, destinado a curar todas las heridas del alma con mucha
dosis de cariño y ternura angelical. Pareciera que, en este caso
concreto, pudiera conseguirse cualquier cosa de ellos por medio de
cartas, que contienen oráculos con todas las respuestas a nuestras
preguntas y necesidades. ____________ Nota.- Cat se refiere al
Catecismo de la Iglesia Católica. Otros dicen que la comunicación
con ellos puede hacerse por medio de sueños o de meditación
transcendental o de oraciones especiales. Hablan de realizar ciertos
ritos para mejorar la comunicación como ponerse cierta ropa, pues
cada color atrae a cierto tipo de ángeles. Algunos hablan de
cristales angelicales, que están llenos de energía angélica y que
sirven para comunicarse con ellos. Por supuesto que estos cristales
u otros objetos de comunicación cuestan dinero y no son para los
pobres.
También se venden talismanes y objetos llenos de energía
angelical para defenderse de los enemigos. En algunas tiendas se
venden esencias de ángeles y líquidos de distintos colores para
comunicarse con distintas categorías de ellos.
Algunos, que se consideran especialistas en el tema, dicen que el
color rosa es especial para comunicarse con el ángel custodio; el
azul es para comunicarse con los ángeles que sanan; el rojo para
comunicarse con los serafines... Según ellos, hay ángeles
especializados en conseguir novio o sanar el cáncer o el sida o los
problemas de garganta o de estómago. Otros son especialistas en
enseñar a ganar dinero fácilmente o en conseguir trabajo. Hay
ángeles, que son apropiados para cada profesión. Ángeles para
arquitectos o ingenieros o abogados, médicos, etc.
Normalmente, estos sabios, o mejor sabidos, en el tema de los
ángeles, aceptan la reencarnación y creen que hay ángeles para
los hombres de esta vida y para las sucesivas vidas que seguirán.
¡Hablar de ángeles y de reencarnación! ¡Algo totalmente
contradictorio para un cristiano! Los seguidores de la Nueva Era
hablan de que no hay ángeles caídos o demonios. Todos son buenos;
los demonios, dicen, no son malos. Y mezclan a los ángeles con el
ocultismo y, a veces, afirman que son extraterrestres o
reencarnaciones de hombres superiores, que ya pasaron por este
mundo... En cuanto a opiniones, parece que todo vale. Pero nosotros
no podemos creer en tantas barbaridades, que pueden llevarnos a la
confusión o a la negación de la existencia de estos seres puros y
hermosos, que son nuestros compañeros de camino y que Dios nos ha
dado como amigos para ayudarnos en nuestras luchas y dificultades de
la vida.
Por eso, seleccionemos los libros que leemos, tengamos prudencia
en no asistir a cursos o charlas sobre ángeles de sectas o grupos
no católicos y, sobre todo, aprendamos lo que dice la Iglesia en el
Catecismo y lo que nos dicen los santos, que han vivido en íntima
unión con los ángeles y son un ejemplo para nosotros.
ÁNGELES CAÍDOS
Ciertamente, los demonios existen y son millones. Son ángeles
caídos que se rebelaron contra Dios. En mi libro La vida es una
lucha contra el mal, he hablado sobre este tema. Contra ellos
tenemos que luchar a brazo partido, pues, como nos dice san Pablo:
Nuestra lucha no es contra la sangre y la carne, sino contra los
principados, contra las potestades, contra los dominadores de este
mundo tenebroso, contra los malos espíritus (Ef 6, 12). Los
demonios luchan para alejarnos de Dios y atraernos a su reino de
maldad y llevarnos a vivir en su compañía eternamente en el
infierno. Pero con la ayuda de Dios podemos vencerlos.
El padre Giovanni Salerno, misionero en las alturas de los Andes
peruanos del Sur del Perú, cuenta que, en una ocasión, se le
presentó una pobre mujer, que le quería entregar a su niño,
suplicándole con lágrimas en los ojos, que le encontrara alguien
que lo adoptara en Europa, y se lo dejó.
Esta pobre mujer era una “esclava”. Su patrona, una maestra,
era la dueña del pueblo, dueña de las vacas, dueña de todo: una
verdadera déspota del pueblo; y, cuando supo el hecho, desencadenó
un infierno contra mí, obligando a la mamá del niño a buscarme
para que se lo devolviera. Pero no pude devolvérselo, porque ya lo
había entregado yo al juez de paz de Cotabambas. Aquella patrona
sembró en todo el pueblo pesadas calumnias contra mí...
Valiéndome del hecho de que el juez de paz me había entregado a
mí aquel niño y que, por lo tanto, según la ley, el niño era
mío, decidí ir al pueblo (para arreglar la situación). Pero
llegado a la entrada del poblado, el caballo no pudo dar un paso
más. Con su cabeza hacía grandes esfuerzos para avanzar; pero,
inútilmente, pues parecía como si tuviese delante de sí una
muralla que no podía atravesar.
Entonces, bajé del caballo, recé una oración de liberación
contra el maligno y rocié al caballo con agua bendita. Hecho esto,
el caballo volvió inmediatamente a galopar. Todas las personas
esperaban que sucediera una tragedia, pero no: aquel niño, dejado
libre por la patrona, corrió a echarse en mis brazos. Ahora es un
joven que vive en Italia, adoptado por una maravillosa pareja de
esposos.
Podría narrar muchas anécdotas acerca del demonio. Por ejemplo,
Satanás se ensañó conmigo y empezó a inquietarme y atormentarme
con terribles temores y angustias, que llegaron a enfermarme del
corazón y ninguna medicina podía devolverme la serenidad y la
salud a tal punto que, solamente con mucho esfuerzo y sin levantarme
de la cama, lograba celebrar la santa misa. Pero le rezaba a la
Virgen María, le rezaba, le rezaba... Oraba y no me cansaba de
rezar rosario tras rosario todo el día. Pero, cuando la situación
se agravó, le pedí a Alipio, el chofer de la Misión, que me
llevara al Cuzco y desde allí a Lima. A mitad del camino a Cuzco,
paramos para un poco de descanso. Fue entonces, mientras bajaba del
coche, cuando sentí que una fuerza misteriosa dejaba mi cuerpo;
sentí algo así como un ser que salía de mi cuerpo, al mismo
tiempo que volvían a mí el vigor y la alegría de vivir.
Recuerdo que un sacerdote fue a bendecir una casa y, al llegar a
cierta habitación, donde se había practicado la ouija y
adivinación, no podía entrar a bendecirla, como si una fuerza
poderosa se lo impidiera. Invocó a Jesús y a María y pudo entrar,
encontrando en uno de los cajones de la habitación unas figuras de
diablos, que habían usado en sesiones de magia. Por eso, es bueno
bendecir las casas y los coches para pedir la protección de Dios.
Especialmente, hay que bendecir los lugares donde hayan practicado
magia o hechicería y quemar los objetos que se hayan usado. Se
puede decir la siguiente oración, echando agua bendita: Señor,
visita esta habitación, aparta de ella todas las asechanzas del
enemigo, que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en tu
paz. Amén.
Recordemos que el demonio es poderoso, pero más poderoso es
Dios. Y cada ángel puede detener el poder maléfico de todos los
diablos juntos, pues actúa con el poder de Dios. Este mismo poder
nos ha dado Jesús a nosotros, si actuamos con fe: El que crea en
mí, expulsará demonios (Mc 16, 17).
¡Cuántos accidentes se evitarían y de cuántos daños nos
libraríamos, si invocáramos con fe la ayuda de nuestro ángel!
ÁNGELES DE DIOS
Los ángeles son buenos y son servidores de Dios. Hay millones de
ángeles, adorando a Dios delante de su trono. Así lo dice el
Apocalipsis: Oí la voz de una multitud de ángeles alrededor del
trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Su número era de
miríadas de miríadas y millares de millares (Ap 5, 11) Y repiten
sin descanso día y noche: Santo, Santo, Santo. Señor, Dios
todopoderoso... Y adoran al que vive por lo siglos de los siglos y
arrojan sus coronas delante del trono diciendo: Eres digno, Señor y
Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque Tú
has creado el universo y por tu voluntad lo que no existía fue
creado (Ap 4, 8-11).
Ellos se sentirán felices de que nos asociemos a ellos en la
adoración a nuestro Dios y Señor. Por eso, cuando vamos a una
iglesia, pensemos que hay millones de ángeles, adorando a Jesús
Eucaristía, y asociémonos a ellos adorando a nuestro Dios.
LOS COROS DE LOS ÁNGELES
Según todos los autores, hay nueve coros de ángeles:
1.- Ángeles, que aparecen en muchos textos bíblicos (Ap 5, 11;
Dan 7, 10). 2.- Arcángeles, especialmente san Miguel, Gabriel y
Rafael (1 Tes 4,16). 3.- Principados (Ef 6, 12; Col 1, 16; Rom 8,
38; 1 Co 15, 24; Ef 1, 21; Col 2, 15; Col 2, 10; Ef 3, 10). 4.-
Virtudes (Ef 1, 21; 1 Pe). 5.- Potestades (los mismos textos que
para los principados). 6.- Dominaciones (Col 1, 16; Ef 1, 21). 7.-
Tronos (Col 1, 16). 8.- Querubines (Ez 10, 1-20; Gén 3, 24). 9.-
Serafines (Is 6, 2-6).
Según las revelaciones de Dios a la mística alemana Mechtilde
Thaller (1868-1919), los principados cuidan las parroquias y a todos
los fieles de la misma. Están siempre adorando a Jesús
sacramentado, día y noche, y rezando por los fieles de la
parroquia. Ningún sacerdote debería dejar de saludar al ángel de
su parroquia y a los ángeles que rodean y adoran a Jesús ante el
sagrario parroquial.
Los ángeles virtudes fomentan las virtudes y las personifican de
alguna manera. Algunos de estos ángeles destacarían especialmente
en una virtud concreta, por ejemplo, en la pureza, en la fidelidad,
en la generosidad, en la paciencia, en la alegría, en la esperanza.
Por eso, sería muy conveniente pedir al ángel Pureza esta virtud,
o al ángel Alegría, que nos dé la alegría que necesitamos para
librarnos de la tristeza. Y así podemos hacer con otras virtudes,
especialmente, con aquellas que más necesitamos.
Los ángeles potestades acompañan a los sacerdotes en sus
funciones litúrgicas, sobre todo, cuando celebran la misa y
confiesan…
Los ángeles dominaciones son ángeles que asisten especialmente
a los misioneros para extender el reino de Dios. Son los ángeles de
la enseñanza, sea en la universidad, en la dirección espiritual…
Los tronos son ángeles de categoría regia, pues son los
ángeles que ayudan y asisten a los reyes y a los altos dignatarios.
Los querubines son las espadas de Dios, espadas de fuego, y
están delante del trono del Papa y delante de ciertos santuarios
para cuidarlos.
Los serafines son los ángeles - amor, que están al servicio del
Amor. Sin cesar ellos adoran y aman a la Santísima Trinidad. Han
sido creados para amar y adorar a Dios. Son los ángeles de más
categoría espiritual o más amor: Están llenos del fuego del amor
de Dios.
Quizás estas ideas de Mechtilde Thaller sean opinables, pero lo
que sí es cierto es que hay coros de ángeles diferentes, que
tienen misiones distintas y que sería muy bueno hacernos amigos de
cada uno de estos coros para que nos ayuden en nuestra vida.
Personalmente, de vez en cuando, cuando celebro la misa, invito
de modo especial a uno de los coros angélicos para que así, en
distintos días, pueda tener su compañía especial, aunque
normalmente los invito a todos a acompañarme en la celebración
eucarística. HISTORIAS BÍBLICAS
1.- EL ÁNGEL DEL DESIERTO
En la historia de Agar, esclava de Sara, la esposa de Abraham, se
nos dice que Agar huyó al desierto, porque Sara la maltrataba. Un
ángel de Dios se le presentó junto a una fuente de agua. Y el
ángel le aconsejó que volviera a casa de su señora (Gén 16).
Pero, cuando nació su hijo Ismael, hijo de Abraham, Sara se sintió
celosa y mandó que se fuera de la casa. Ella estuvo vagando por el
desierto, desesperada, buscando agua, porque el niño se moría de
sed y lloraba mucho. Entonces, el ángel se le vuelve a aparecer de
nuevo y le dice: No tengas miedo, porque Dios ha escuchado la voz
del niño... Y le abrió los ojos y vio un pozo de agua. Fue y
llenó el odre de agua y dio de beber al niño (Gén 21, 17-19).
Los ángeles pueden presentarse de parte de Dios para salvarnos
del desierto de la soledad o de la incomprensión. Otras veces, los
ángeles pueden inspirar a alguien que se presente a ayudarnos y sea
como un ángel que solucione nuestro problema. Los ángeles nos
levantan el ánimo y nos ayudan a sobreponernos a las dificultades
para cumplir nuestra misión.
2.- EL ÁNGEL DE NUESTROS SUEÑOS
A veces, Dios puede permitir que un ángel nos comunique mensajes
por medio del sueño como lo hizo con José, a quien le dijo: José,
hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo
engendrado en ella es obra del Espíritu Santo... Despertado José
del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado (Mt 1,
20-24). En otra oportunidad, el ángel le dijo en sueños:
Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto y estáte
hasta que yo te diga (Mt 2, 13). Y muerto Herodes, de nuevo se le
presenta en sueños el ángel y le dice: Levántate, toma al niño y
a su madre y ponte en camino a la tierra de Israel (Mt 2, 20).
También Jacob, mientras dormía, tuvo un sueño. Soñó con una
escalera, apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos y he
aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella... Y vio
que Dios estaba sobre ella. Y asustado dijo: ¡Qué temible es este
lugar! ¡Esto no es otra cosa, sino la casa de Dios y la puerta del
cielo! (Gén 28, 12-17).
Los ángeles velan nuestros sueños, suben al cielo y bajan a la
tierra, si se puede hablar así, para presentar ante Dios nuestras
obras y oraciones. Mientras dormimos, los ángeles oran por nosotros
y nos ofrecen a Dios. ¡Cuánto ora nuestro ángel por nosotros!
¿Hemos pensado en agradecérselo? ¿Y si pedimos oraciones a los
ángeles de nuestros familiares y amigos? ¿Y a los que están
adorando a Jesús en los sagrarios? Pidamos oraciones por nosotros a
los ángeles. Ellos velan nuestros sueños.
3.- EL ÁNGEL DE LA BENDICIÓN
Los ángeles también nos bendicen frecuentemente en nombre de
Dios. Por eso, es hermoso lo que dice Jacob, cuando bendice a su
hijo José y a sus nietos Efraín y Manasés: El ángel que me ha
librado de todo mal, bendiga a estos pequeños (Gén 48, 16).
Pidamos la bendición de Dios a nuestro ángel antes de acostarnos
y, cuando vayamos a realizar algo importante, como se la pedimos
también a nuestros padres, cuando vamos de viaje o como los niños
cuando van a dormir.
4.- EL ÁNGEL DE LA ORACIÓN
Un ángel de Dios se le aparece a la que será madre de Sansón,
que era estéril. Le dice que va a concebir un hijo, el cual debe
ser nazareo, consagrado a Dios desde el nacimiento. Él no deberá
beber vino ni bebida fermentada. No debe comer nada impuro ni
dejarse cortar el cabello. En una segunda oportunidad, se le aparece
también al padre, llamado Manóaj, quien le pregunta su nombre. El
ángel le contesta: ¿Por qué me preguntas mi nombre, si es
maravilloso?... Si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a
Dios... Y Manóaj tomó el cabrito y la oblación y lo ofreció a
Dios sobre la roca. Manóaj y su mujer estaban mirando. Cuando la
llama subía del altar hacia el cielo, el ángel subía en la llama
(Jueces 13, 16-20).
El ángel comunica a los padres de Sansón la noticia de que
tendrán un hijo y que, según los planes de Dios, debe ser
consagrado a Dios desde el nacimiento. Y, cuando ofrecen un
sacrificio, el ángel sube con la llama hacia Dios, para significar
que los ángeles ofrecen nuestros sacrificios y oraciones a Dios.
El arcángel san Rafael es uno de los que presentan nuestras
oraciones a Dios. Dice: Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que
presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada a la Gloria
del Señor. Cuando orabais tú y tu nuera Sara, yo presentaba ante
Dios vuestras oraciones (Tob 12, 12-15).
5.- EL ÁNGEL DE LA CURACIÓN
Todos conocemos la hermosa historia del arcángel san Rafael,
descrita en el libro de Tobías. Tobías buscó un compañero para
que lo acompañara en su largo viaje a Media, pues, en aquellos
tiempos, los caminos eran muy peligrosos. Y encontró a Rafael, el
ángel; pero no sabía que era un ángel (5, 4). Antes del viaje, el
padre bendice a su hijo Tobías: Que Dios os proteja y su ángel os
acompañe con su protección (5, 16). Y, cuando la madre se pone a
llorar desconsolada, porque se va su hijo y no sabe si regresará
con vida, el padre le dice: Un ángel bueno lo acompaña y le dará
un viaje feliz y lo traerá sano (5, 21).
Cuando Tobías se baña en el río Tigris, un pez grande saltó
como para devorarlo y el ángel le dijo: Agarra el pez, ábrelo,
sácale la hiel, el corazón y su hígado, y guárdatelo; tira los
intestinos, porque su hiel, su corazón y su hígado, son remedios
útiles... La hiel sirve para untar los ojos de un hombre con
cataratas para que quede sano (6, 4-8).
Cuando regresaron del largo viaje, después que Tobías se casara
con Sara, Rafael le dijo a Tobías: Tengo por seguro que se abrirán
los ojos de tu padre. Úntale los ojos con la hiel del pez y el
remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se le caerán
como escamas de los ojos. Y así tu padre podrá mirar y ver la
luz... Y Tobías le aplicó el remedio a su padre y con ambas manos
le quitó las escamas de la comisura de los ojos... Y el padre dijo:
Ahora te veo, hijo, luz de mis ojos (Tob 11, 7-13).
San Rafael arcángel es considerado como Medicina de Dios, como
si fuera un médico especialista en todas las enfermedades.
Haríamos bien en invocarlo en todas las enfermedades para que
podamos obtener la curación con su intercesión.
6.- EL ÁNGEL DEL FUEGO
Cuando los tres jóvenes hebreos, Misaj, Sidraj y Abed-Nego,
fueron echados al horno de fuego en Babilonia por el rey
Nabucodonosor, el fuego no los quemó y se paseaban entre el fuego
cantando y alabando a Dios, pero se veían cuatro en vez de tres.
Por eso, el rey preguntó a sus consejeros: ¿No hemos echado
nosotros al fuego a estos tres hombres atados? Pero yo estoy viendo
cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir
daño alguno y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los
dioses... Y Nabucodonosor exclamó: Bendito sea el Dios de Sidraj,
Misaj y Abed-Nego que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos
que confiando en Él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su
cuerpo antes de servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios (Dan
3).
El ángel los libró del fuego y se paseaba con ellos, cantando y
alabando a Dios. En caso de catástrofes naturales, incendios o
desgracias de cualquier tipo, Dios nos puede ayudar y salvar por
medio de nuestro ángel. Incluso, nos puede salvar de animales
peligrosos como salvó a Daniel del foso de los leones (Dan 14).
7.- EL ÁNGEL PROVEEDOR
En una oportunidad, el profeta Elías estaba en pleno desierto,
después de haber huido de Jezabel y estaba hambriento y sediento y
quería morirse. Se deseó la muerte, se acostó y se durmió bajo
una retama, pero un ángel lo tocó y le dijo: Levántate y come.
Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y
un jarro de agua. Comió y bebió y se volvió a acostar. Volvió
segunda vez el ángel de Dios, le tocó y le dijo: Levántate y
come, porque el camino es demasiado largo para ti. Se levantó,
comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta
días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb (1 Re 19).
Así como el ángel le dio de comer y beber a Elías, también
Dios nos puede dar de comer y beber por medio de nuestro ángel,
cuando estemos en momentos angustiosos. Puede hacerlo con un milagro
o por medio de otras personas que compartan su pan y su comida con
nosotros. Por eso, Jesús nos dice en el Evangelio: Dadles vosotros
de comer (Mt 14, 16). Nosotros también podemos ser como ángeles
proveedores para otros que están en necesidad.
8.- EL ÁNGEL PROTECTOR
Dios nos dice en el salmo 91: Aunque a tu lado caigan mil y diez
mil a tu derecha, a ti no te alcanzará... No ha de alcanzarte el
mal ni la plaga llegará hasta tu tienda. Porque ha dado orden a sus
ángeles para que te guarden en todos tus caminos. Te llevarán en
sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra. Pisotearás
leones y dragones, a ti no te alcanzará.
En medio de las dificultades más extremas, aun en plena guerra,
cuando las balas silben a nuestro alrededor o la peste se extienda
por la vecindad, Dios puede salvarnos por medio de sus ángeles.
En lo más duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo a los
adversarios cinco varones resplandecientes, montados en caballos con
frenos de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando
en medio de ellos al Macabeo, lo protegían con sus armas, le
guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo,
que, herido de ceguera y espanto, caía (2 Mac 10, 29-30).
9.- EL ÁNGEL PODEROSO
San Miguel es el príncipe de los ángeles y es poderoso defensor
ante los ataques del enemigo de las almas, el demonio. Dice el
Apocalipsis: Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles
combatieron contra el dragón. También el dragón y sus ángeles
combatieron, pero no prevalecieron y no hubo en el cielo lugar para
ellos. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua, el
seductor del mundo entero, fue arrojado a la tierra y sus ángeles
fueron arrojados con él (Ap. 12, 7-9).
Está claro que san Miguel arcángel tiene un poder especial
contra el demonio, que siempre nos ataca, queriendo apartarnos del
amor de Dios.
Un día de diciembre de 1884 o de enero de 1885, en el Vaticano,
en su capilla privada, el Papa León XIII, después de haber
celebrado la misa, asistió a una segunda misa. Hacia el final, se
le vio levantar la cabeza de repente y mirar fijamente hacia el
altar, encima del tabernáculo. El rostro del Papa palideció y sus
rasgos se tensaron. Acabada la misa, León XIII se levantó y,
todavía bajo los efectos de una intensa emoción, se dirigió hacia
su estudio. Un prelado de los que le rodeaban le preguntó: Santo
Padre, ¿se siente fatigado? ¿Necesita algo? No, respondió León
XIII, no necesito nada.
El Papa se encerró en su estudio. Media hora más tarde, hizo
llamar al secretario de la Congregación de Ritos. Le dio una hoja y
le pidió que la hiciera imprimir y la enviara a los obispos de todo
el mundo.
¿Cuál era el contenido de esta hoja? Era una oración al
arcángel san Miguel, compuesta por el mismo León XIII. Una
oración que los sacerdotes recitarían después de cada misa
rezada, al pie del altar, después del Salve Regina ya prescrito por
Pío IX.
León XIII confió más tarde a uno de sus secretarios, Mons.
Rinaldo Angeh, que durante la misa había visto una nube de demonios
que se lanzaban contra la Iglesia para atacarla. De ahí su
decisión de movilizar a san Miguel Arcángel y a las milicias del
cielo para defender a la Iglesia contra Satanás y sus ejércitos.
Invoquemos a san Miguel en esta lucha sin cuartel, que durará
toda nuestra vida y recemos la oración: San Miguel arcángel
defiéndenos del enemigo y ampáranos de todas las asechanzas del
maligno. Que Dios te reprima, espíritu maligno, y tú, príncipe de
la milicia celestial, arroja con el divino poder a Satanás a lo
más profundo del infierno y también a los otros espíritus
inmundos que vagan por el mundo, buscando la perdición de las
almas.
10.- EL ÁNGEL DEL NACIMIENTO
Gabriel es el mensajero de Dios por excelencia, pues fue el
encargado de comunicarle a María la gran noticia de que iba a ser
la madre de Jesús (Lc 1). Algunos autores han considerado a Gabriel
como el ángel de los nacimientos, como si tuviera un poder especial
para que las mamás den a luz sin dificultad. No estará demás
invocarlo a él junto al ángel del niño por nacer y al ángel de
la madre y del padre, para que haya un parto feliz.
11.- EL ÁNGEL DE LA ALEGRÍA
Aquella noche de Navidad, un ángel se apareció a los pastores y
les comunicó la gran noticia del nacimiento del Salvador. El ángel
estaba tan contento que se puso a cantar y a alabar a Dios con una
multitud del ejército celestial, diciendo: Gloria a Dios en el
cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (Lc 2,
13-14). Cuando estemos especialmente alegres, unámonos a los
ángeles para cantar y alabar a Dios con ellos y agradecerle por
todos los beneficios recibidos. No olvidemos que los ángeles
anunciaron a María Magdalena y a las buenas mujeres la gran
alegría de la resurrección de Jesús (Mt 28, 1-8; Mc 16, 1-8; Lc
24, 1-10; Jn 20, 1-10). Recordemos lo que dice Jesús: En el cielo
hay mucha alegría entre los ángeles de Dios por un sólo pecador
que se convierte (Lc 15, 10). Por eso, procuremos mejorar nuestra
vida y amar cada día más a Dios y digamos con el salmo: En
presencia de los ángeles cantaré para ti, Señor (Sal 138, 1).
12.- LOS ÁNGELES SERVIDORES
Los ángeles nos ayudan y están puestos por Dios para servirnos
y ayudarnos en todas nuestras necesidades. Así lo hicieron con
Jesús: Permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado
por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le
servían (Mc 1, 13). ¿Cuántas veces nuestro ángel nos habrá
servido en las más mínimas cosas de la vida o habrá hecho que
alguien nos sirviera para hacernos felices? ¿Le pedimos ayuda
frecuentemente? Si no lo invocamos, podemos perdernos muchas
bendiciones que Dios sólo nos dará a través del ángel, a quien
ha puesto a nuestro lado, no para que tome nota de lo que hacemos o
dejamos de hacer, sino para ayudarnos en nuestro caminar por la
vida.
13.- EL ÁNGEL DEL CONSUELO
Cuando Jesús estaba angustiado y sudando sangre en Getsemaní,
se le apareció un ángel del cielo que lo consolaba (Lc 22, 43).
Nosotros también necesitamos consuelo en los momentos tristes y
difíciles de la vida. Nuestro ángel será entonces nuestro
consolador. Y podemos invocar al ángel del consuelo, que consoló a
Jesús en Getsemaní. Por otra parte, no nos olvidemos de ser
nosotros también como ángeles consoladores para los demás.
14.- EL ÁNGEL LIBERADOR
Metieron a los apóstoles en la cárcel pública. Pero el ángel
del Señor les abrió de noche las puertas de la prisión (Hech 5,
19).
También san Pedro estaba en la cárcel y se le presentó el
ángel del Señor. La celda se llenó de luz y el ángel despertó a
Pedro, a quien dijo: Cíñete y cálzate las sandalias. Así lo
hizo. Añadió: Ponte el manto y sígueme. Y salió siguiéndole...
Salieron (de la cárcel) y anduvieron hasta el final de una calle.
Y, de pronto, el ángel lo dejó (Hech 12, 7-10). El ángel lo
libró de las cadenas y también nos puede librar a nosotros de la
cadena de la droga, del alcohol, de la pornografía o de cualquier
otro vicio. Pidamos ayuda a Dios y a nuestro ángel, sin olvidar a
María, que es nuestra Madre.
15.- EL ÁNGEL QUE NOS LLEVA AL CIELO
Dice Jesús en la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro
(Lc 16, 19-31) que, cuando murió el pobre Lázaro, fue llevado por
los ángeles al seno de Abraham. Nuestro ángel custodio nos
acompañará después de la muerte, incluso durante el tiempo de
purgatorio, y no nos dejará solos hasta el momento en que nos
presente totalmente limpios ante Dios y nos haga entrar en el cielo.
Agradezcamos a nuestro ángel por todo lo que nos quiere y nos
ayuda.
16.- EL ÁNGEL DE LA PREDICACIÓN
El profeta Isaías tiene una experiencia que cambia su vida. Él
la relata así: El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor,
sentado sobre su trono alto y sublime. Había ante Él serafines…
Uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un
carbón encendido y tocando con él mi boca, dijo: Mira, esto ha
tocado tus labios; tu culpa ha sido quitada y borrado tu pecado. Y
oí la voz del Señor, que me decía: “¿A quién enviaré y
quién irá de nuestra parte?” Y yo le dije: “Aquí estoy yo,
envíame a mí” (Is 6, 1-8).
Un serafín, de los que estaban adorando ante el trono de Dios,
le tocó los labios con fuego divino para que sus palabras fueran
puras, purificándolas de todos sus pecados anteriores. Y, entonces,
Dios mismo, le pregunta si está dispuesto a ir de su parte a
evangelizar. Isaías se pone a su disposición y es bendecido por
Dios como profeta y evangelizador.
Nosotros también necesitamos purificar nuestra boca de todas las
malas palabras por la confesión y pedir a Dios que el fuego del
Espíritu Santo nos purifique para que todas nuestras palabras sean
puras y puedan llegar al corazón de nuestros hermanos. Todos
estamos llamados a ser misioneros y predicar la palabra de Dios.
¿Estás tú dispuesto a ponerte al servicio de Dios para esta gran
misión? Dios quiere purificarte. Tú eres más que el carbón de
Isaías y tú puedes ser instrumento de Dios para purificar y
santificar la vida de los demás.
MISIÓN DE LOS ÁNGELES
Los ángeles son nuestros amigos inseparables. Nuestros guías y
maestros en todos los acontecimientos de la vida diaria. El ángel
guardián es para cada uno: compañía, aliento, inspiración y
alegría. Es inteligente y no puede engañarnos. Siempre está
atento a todas nuestras necesidades y preparado para librarnos de
todo peligro. El ángel ha sido uno de los mejores dones que Dios
nos ha podido dar para acompañarnos en el camino de la vida.
¡Qué importantes somos para él! Él tiene la misión de
llevarnos al cielo y, por eso, cuando nos alejamos de Dios, se
siente triste. Nuestro ángel es bueno y nos ama. Respondamos a su
amor y pidámosle de todo corazón que nos enseñe a amar cada día
más a Jesús y a María. ¿Qué mayor alegría podemos darle que
amar más y más a Jesús y a María? Amemos con el ángel a María,
y con María y todos los ángeles y santos, amemos a Jesús, que nos
espera en la Eucaristía.
FLORES PARA LOS ÁNGELES
¿Alguna vez has pensado ofrecerles flores a los ángeles? No
solamente puedes ofrecerles misas en su honor y comuniones u
oraciones. También puedes ofrecerles besos en sus estampas o el
comer algo que no te gusta o comer menos de lo que te gusta. O hacer
una obra de caridad por su amor. Y ellos le darán las flores a
Jesús por María. No olvides que ellos son intermediarios. Su
misión es llevarnos a Jesús por María. Te recomiendo que, al
levantarte por la mañana, te acuerdes de tu ángel, que ha estado
toda la noche cuidándote y rezando por ti. Dile Buenos días con
una sonrisa. Al acostarte, dale gracias por el día transcurrido y
pídele que vele tu sueño. Y, sobre todo, evita miradas
inconvenientes por la calle, distracciones en la iglesia, escenas
impuras de la televisión, conversaciones atrevidas o el hablar mal
de los demás. Haz por amor a tu ángel muchos pequeños
sacrificios. Él estará contento de esos detalles y se sentirá
orgulloso de ti. Además, ten por seguro que no se dejará ganar en
generosidad y te dará muchas bendiciones en alegrías, regalos
espirituales y bendiciones; más de lo que puedes pensar o imaginar.
Recuerda siempre que no sólo existe tu ángel custodio, que hay
millones de ángeles por todas partes y que ellos también son tus
hermanos mayores, que ellos también te aman y te quieren ayudar. A
ellos también manifiéstales tu amor, aunque sólo sea con un
saludo o invocándolos de vez en cuando. Puedes mandar un beso para
todos los ángeles del universo.
¡Es hermoso alegrar a los ángeles! ¿Te imaginas como será la
sonrisa de los ángeles? ¿Alguna vez has oído cantar a los
ángeles? Yo conozco una religiosa que, una vez, los oyó cantar. Se
quedó casi en éxtasis de lo maravilloso que era. Por eso, piensa
que algún día estarás sonriendo con ellos y cantando con ellos en
el cielo.
ÁNGELES PUROS
Los ángeles son puros y bellos y quieren que nosotros también
lo seamos para gloria de Dios. Especialmente, deben ser puros todos
los que se acercan al altar, pues la pureza del altar debe ser
total. El vino debe ser puro de uva, las velas de cera virgen, los
corporales y manteles deben estar blancos y limpios, y la hostia
debe ser blanca y pura para recibir al rey de las vírgenes y de la
pureza infinita, Cristo Jesús. Pero, sobre todo, debe ser pura el
alma del sacerdote y de los fieles que asisten al sacrificio del
altar. ¡No hay nada más bello que un alma pura! Un alma pura es la
alegría de la Santísima Trinidad, que hace su morada en ella.
¡Cuánto ama Dios un alma pura! Por lo cual, en este mundo tan
lleno de impureza, debe brillar en nosotros la pureza. Seamos
exigentes en este punto con nosotros mismos para que un día podamos
asemejarnos a los ángeles.
Para conseguir esta pureza de alma, puede ser muy útil el hacer
un pacto con los ángeles. Un pacto de ayuda mutua para toda la
vida. Un pacto de amigos y de amor mutuo. Santa Teresita del Niño
Jesús parece que hizo este pacto con su ángel tal como era
costumbre hacerlo en la Asociación de los ángeles a la cual
perteneció. Dice que: casi inmediatamente después de mi entrada en
la abadía, había sido recibida en la Asociación de los santos
ángeles. Las prácticas de devoción que la Asociación me imponía
eran muy de mi gusto, pues sentía particular inclinación a invocar
a los bienaventurados espíritus del cielo, especialmente, al que
Dios me ha dado por compañero de mi destierro (MA fol 40).
Así pues, si ella lo hizo y le sirvió en su camino de santidad,
también a nosotros nos puede servir. Recordemos el viejo adagio:
Dime con quien andas y te diré quién eres. Si caminamos siempre de
la mano con los ángeles, especialmente, con nuestro ángel
custodio, algo nos contagiará de su modo de ser. Seamos puros y
limpios en pensamientos, sentimientos, deseos, palabras y obras.
Seamos puros de mente para nunca mentir. Tengamos ojos puros para no
querer ver nunca algo que manche nuestra alma. Tengamos una vida
limpia, siendo siempre honrados, sinceros, responsables, auténticos
y transparentes, en el mejor sentido de la palabra.
Pidamos a nuestro ángel la gracia de ser puros para que la luz
de Dios brille con más fuerza en nuestros ojos, en nuestros
corazones y en nuestra vida entera. ¡Que brille nuestra vida con la
pureza de los ángeles! Y los ángeles se sentirán contentos de ser
nuestros amigos.
ÁNGELES DE PAZ
Todos los ángeles desean la paz y quieren construir la paz a su
alrededor. Pero en este mundo, en que hay tanta violencia, es
importante que los invoquemos para pedirles paz para nosotros, para
nuestra familia y para el mundo entero. Quizás hemos ofendido a
alguien sin darnos cuenta y no nos quiere perdonar o nos guarda
rencor o no quiere hablarnos. En éstos y en otros muchos casos, es
muy eficaz pedir al ángel del otro que prepare su corazón para que
haya comprensión y reconciliación. Es evidente que, por más
malvada que sea la persona que nos ha ofendido, su ángel es bueno.
Por eso, el invocar a su ángel puede ayudar a arreglar las cosas.
Esto puede suceder también, cuando debamos tratar un asunto
importante con otras personas y debamos llegar a un acuerdo
decisivo. Es muy eficaz en estos casos el pedir a los ángeles que
preparen las mentes y los corazones de todos para llegar a un buen
acuerdo sin engaños ni mentiras.
A veces, puede ocurrir que nos ofendan sin razón, que nos traten
injustamente o que nos castiguen sin motivo. En todos estos casos,
es bueno pedir la ayuda de nuestro ángel, para que nos ayude a
perdonar más fácilmente, aunque nos resulte muy difícil.
Pensemos en tantas familias divididas. Tantos esposos que no se
hablan o que no se aman o que se engañan mutuamente. Tantas
familias en las que se vive en una violencia continua y donde los
niños sufren lo indecible. ¡Cuánto bien puede hacer la
invocación a los ángeles! Pero, muchas veces, falta fe y ellos no
pueden actuar, están como atados y miran con tristeza tanta
desunión y agresión familiar.
¡Qué triste es, cuando se acude a los adivinos, brujos o
curanderos para que arreglen las cosas! Ellos las van a empeorar y
además van a cobrar dinero. Pidamos a nuestros ángeles que pongan
paz en las familias. Y seamos nosotros mismos para los demás,
ángeles de paz.
ÁNGELES PODEROSOS
Los ángeles son fuertes y poderosos. Ellos tienen como una tarea
importante el defendernos de los peligros y, sobre todo, de los
peligros y tentaciones del alma. Por eso, cuando sintamos que somos
débiles ante cualquier asechanza del maligno, acudamos a ellos.
Cuando estemos en peligros de la naturaleza o de hombres o de
animales, acudamos a ellos. Cuando estemos de viaje, invoquemos la
ayuda de los ángeles de quienes viajan con nosotros. Cuando debamos
someternos a una operación quirúrgica, invoquemos al ángel del
médico, enfermeras o personal que nos atiende. Cuando vayamos a la
iglesia, igualmente, unámonos al ángel del sacerdote y de los
demás fieles. Si damos una charla, pidamos ayuda a los ángeles de
los oyentes. Si tenemos amigos lejanos, que pueden necesitar ayuda
por estar enfermos o porque pueden estar en peligro, enviémosles
nuestro ángel para que los cuide y proteja, o simplemente para que
los salude y bendiga en nuestro nombre.
Los ángeles ven los peligros, aun cuando nosotros estemos
ignorantes de ellos. No invocarlos será como dejarlos atados e
impedir su ayuda, al menos en parte. ¡Cuántas bendiciones se
pierden muchas personas, porque no creen en los ángeles y no los
invocan! Los ángeles no tienen nada que temer. Los demonios huyen
ante ellos. Por supuesto que nunca debemos olvidar que los ángeles
cumplen órdenes de Dios. Por eso, si en alguna ocasión, nos ocurre
algo desagradable, no pensemos: ¿Dónde estaba mi ángel? ¿Estaba
de vacaciones? Dios puede permitir muchas cosas desagradables por
nuestro bien y debemos aceptar por adelantado la voluntad de Dios,
aunque no entendamos el porqué nos suceden ciertas cosas. Al final,
debemos pensar que Dios todo lo permite por nuestro bien (Rom 8.
28). Pero dice Jesús: pedid y recibiréis y muchas bendiciones
recibiremos, si las pedimos con fe.
Santa Faustina Kowalska, la mensajera del Señor de la
misericordia, relata cómo Dios la protegió en una ocasión. Dice
así: Me di cuenta de lo peligroso que era estar en la portería a
causa de los tumultos revolucionarios y de tanto odio que la gente
malvada tenía hacia los conventos. Fui a hablar con el Señor y le
pedí que dispusiera las cosas de manera que ningún malintencionado
pudiera acercarse a la puerta. De repente, he oído estas palabras:
“Hija mía, desde el momento en que has ido a la portería, he
puesto un querubín en la puerta para que la vigile, quédate
tranquila”. Cuando volví del coloquio mantenido con el Señor, he
visto una nubecita blanca y en ella un querubín con los brazos
cruzados. Su mirada era relampagueante, y he comprendido que el
fuego del Amor de Dios ardía en aquella mirada (IV cuaderno, día
10-9-1937).
MILLONES DE ÁNGELES
Hay una canción que dice: Quiero tener un millón de amigos.
Pues nosotros podemos tener millones de amigos ángeles. ¿Te
imaginas los millones de ángeles que hay en la iglesia, adorando a
Jesús Eucaristía? ¿Y los innumerables que hay a tu alrededor, de
todas las personas que ves a lo largo del día y de todos las
personas que ves en televisión y de todos los que viven en tu
ciudad o en tu país? ¿Por qué no comienzas por saludar a los
ángeles de los que encuentras a tu paso por la calle? ¿Por qué no
les sonríes? Verás cómo mejoras y serás una persona más amable
y agradable.
Dirás que es muy fácil olvidarse de los ángeles, teniendo
tantos problemas y preocupaciones en qué pensar. Cierto, pero,
teniéndolos presentes y pidiéndoles ayuda, se pueden solucionar
mejor tus problemas. No olvides que los ángeles son miríadas de
miríadas y millares de millares (Ap 5, 11). Y sentirte apoyado por
ellos, te dará mucha seguridad personal.
Por lo demás, piensa que los ángeles no se dejarán ganar en
generosidad y serán generosos en compartir contigo muchas
bendiciones de Dios. Puedes pedirles favores como: Lleva un ramo de
bellas flores celestiales a mi mamá en este momento. Dale un beso
con todo cariño a tal persona. Ayuda al médico para que acierte en
el diagnóstico de mi hermano. Asiste a tal persona enferma en el
momento de su operación. Visita a mi amigo y dile que lo quiero
mucho. Y así muchísimas otras cosas que los ángeles cumplirán
con toda eficacia.
Los ángeles nos aman, nos sonríen y nos cuidan. Seamos
agradecidos con ellos. Y, cuando tengamos que hacer un favor a una
persona, no pensemos, si se lo merece o no, pensemos en su ángel
que es bueno y hagámoslo por él. Sepamos ayudar a otros sin
guardar resentimientos ni rencores, y digamos frecuentemente la
oración: Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni
de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería.
LOS ÁNGELES Y LA MISA
Es maravilloso celebrar la misa rodeado de millones de ángeles.
Yo tengo experiencia de ello, pues todos los días, al celebrar,
invito a todos los millones de ángeles del universo a que vengan a
acompañarme. Esto lo deberían hacer todos los sacerdotes y
también los fieles, sabiendo que, rodeando el altar, hay millones
de ángeles, aunque no los veamos. Además, en cada sagrario, hay
también millones de ángeles, adorando a Jesús.
San Juan Crisóstomo (†407) tiene frases muy hermosas sobre la
presencia de los ángeles en el momento de la celebración de la
misa. Dice: Los ángeles están alrededor de esta mesa (altar)
formidable. Cuando ves cómo se alzan los velos, piensa que en ese
momento (el momento de la consagración) en lo alto se abre el cielo
y de él bajan los ángeles. En la misa estás junto con los
ángeles: con ellos cantas, con ellos entonas himnos. En el momento
de la misa, los ángeles rodean al sacerdote, y todo el altar y todo
el lugar del sacrificio se llena de potestades celestes para honrar
a Dios, que allí está. Y, para creer esto, basta considerar las
cosas que allí se cumplen entonces. Yo oí referir a uno que lo
había oído de un anciano venerable, que tenía la gracia de
recibir frecuentes revelaciones, cómo una vez se le concedió tener
una revelación sobre esto. Vio, en un instante, al tiempo del
sacrificio, una muchedumbre de ángeles, vestidos de ropas
resplandecientes, que rodeaban el altar e inclinaban sus cabezas
como si fueran soldados que están en presencia del Emperador. Y no
tengo dificultad en creerlo. Y otro me contó también, ya no como
sabida de tercero, sino que fue digno de ver y oír él mismo, cómo
a los que están por salir de este mundo, si con pura conciencia han
participado de los divinos misterios, los ángeles les hacen guardia
y, una vez que han expirado, por reverencia de Aquel que en el
Sacramento recibieron, los trasladan de aquí a los cielos.
En el famoso cherubikón de las liturgias bizantinas, se decía:
Soberano, Señor Dios nuestro, tú que has establecido en el cielo
las órdenes y los ejércitos de los ángeles y de los arcángeles
para la liturgia de tu gloria haz que, junto con nosotros, entren
los santos ángeles para celebrar con nosotros la liturgia y
glorificar con nosotros tu bondad.
San Gregorio Magno afirma: ¿Quién de los creyentes puede dudar
de que en el momento de la consagración de la misa, a la voz del
sacerdote, los cielos se abren y los coros angélicos están
presentes en el misterio de Jesucristo? En el altar, lo más bajo se
une a lo más sublime, la tierra con el cielo, lo visible con lo
invisible (Diálogos IV, 58; PL 77, 425 D).
Precisamente por ello, toda pureza es poca para estar en
presencia de Jesús y de los ángeles. Los fieles, que asisten a la
misa, deben ir bien vestidos, bien peinados y, sobre todo, con un
alma limpia para recibir a Jesús en presencia de los ángeles.
También es muy bueno invitar a los ángeles de nuestros
familiares y seres queridos a que asistan con nosotros a la misa. Es
el momento de mayor intimidad con Jesús y debemos estar unidos
también a los seres más queridos. Personalmente, les pido a muchas
personas conocidas que me manden sus ángeles a la hora de la misa
para que, a través de ellos, reciban muchas bendiciones de Dios.
Esto mismo hacía también santa Teresita. En una carta a su hermano
espiritual, el Padre Roulland, le dice el 1 de noviembre de 1896: El
25 de diciembre no dejaré de enviaros mi ángel para que deposite
mis intenciones cerca de la hostia que vos consagraréis. Pueden
enviarme a sus ángeles todos los días a la hora de la misa. Así
estaremos más unidos en Dios por medio de nuestros ángeles.
COMULGAR CON LOS ÁNGELES
Cuando vamos a recibir a Jesús en la comunión, debemos hacerlo
con la máxima preparación y pureza posible. Por eso, sería bueno
hacer lo que hacía santa Teresita del Niño Jesús. Me imagino a mi
alma como un terreno libre y pido a la Santísima Virgen que quite
de él los escombros que pudieran impedirle ser libre. Luego le
suplico que levante ella misma una amplia tienda digna del cielo,
que la adorne con sus propios aderezos. Después invito a todos los
santos y ángeles a que vengan a dar un magnífico concierto. Creo
que, cuando Jesús baja a mi corazón, está contento al verse tan
bien recibido y yo también estoy contenta.
Es, pues, importante invocar a María y a los santos, pero no
olvidarnos de nuestro ángel y de los ángeles de todos los que nos
rodean para que nos ayuden en esos momentos tan sublimes al unirnos
con Jesús en la comunión. Santa Ángela de la cruz decía: Me
esforcé cuanto pude por hacer la comunión con fervor. Le pedí a
la Santísima Virgen que me cubriese con su manto para comulgar.
Renové los votos. Le pedí al santo patriarca (san José) que me
llevara de la mano a comulgar, y a mi padre san Francisco de la
izquierda; al santo ángel de mi guarda, que viniera a mi lado y a
los demás santos protectores que me acompañasen. Y con esta
comitiva fui a comulgar.
S. Juan Crisóstomo decía: Los que comulgan de esta sangre de
Cristo están con los ángeles y con los arcángeles y con las
potencias del cielo, envueltos en el mismo manto real de Cristo.
Por eso, comulguemos con la máxima devoción posible en unión
con María y todos los santos y ángeles.
CANTAR CON LOS ÁNGELES
¿Cómo será oír a millones de ángeles cantar al Señor?
¿Cómo cantarían los ángeles aquella noche de Navidad? Nos dice
el profeta Isaías: Vi al Señor sentado en su trono. Había ante
Él serafines, cada uno con seis alas… Y los unos y los otros se
gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo, el Señor Dios de
los ejércitos. La tierra está llena de tu gloria (Is 6, 1-3). El
libro del Apocalipsis dice más o menos lo mismo: Delante del trono…
y alrededor de él, había cuatro vivientes (serafines)…, cada uno
con seis alas y no se daban reposo día y noche diciendo: Santo,
Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y
el que viene (Ap 4, 6-8).
Nosotros debemos asociarnos a ellos tal como decimos al terminar
el prefacio de la misa, inmediatamente antes del Santo: Por eso, con
los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales
cantamos el himno de tu gloria. En las liturgias de Oriente son más
explícitos al decir: Con un millar de millares y diez mil veces
diez mil ejércitos de ángeles y arcángeles, cantamos el himno de
tu Gloria.
Santa Faustina Kowalska dice: Un día, estando en adoración ante
el Santísimo Sacramento, vi un ángel de gran belleza. Le
pregunté: ¿quién eres? Y él me contestó: Soy uno de los siete
espíritus que están día y noche ante el trono de Dios y lo adoran
sin cesar. Al día siguiente, durante la misa, antes de la
elevación, aquel espíritu comenzó a cantar estas palabras: Santo,
Santo, Santo. Su voz era equivalente a millares de voces, imposible
describirla.
Santa Brígida nos relata su experiencia: Una vez, mientras
estaba en misa antes de la consagración, un sinnúmero de
querubines cantaba y hacía vibrar el aire con sonidos y cantos
inefables. Después que el sacerdote pronunció las palabras de la
consagración, vi la hostia que se cambiaba en un blanco y místico
Cordero… A su fulgurante aparición le hacían escolta la Virgen y
las alegres guirnaldas de los serafines, los amores del cielo.
El mismo san Juan Crisóstomo afirmaba: Los ángeles están en
torno al sacerdote en la misa y todo el ejército celestial canta.
La beata Rosa Gattorno cuenta: Hoy escuché música de ángeles…
Y vi la iglesia toda iluminada, resplandeciente de luz y una
infinidad de ángeles que adoraban a su Dios… Me acerqué al
sagrario y allí había multitud de ángeles. Por eso, cada vez que
asistimos a la misa, debemos cantar con los ángeles, especialmente
en el momento del Gloria, cantando como los ángeles del día de
Navidad: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres
de buena voluntad (Lc 2, 14); y cantando con los serafines y con
todos los ángeles y arcángeles el himno de su gloria: el Santo.
LOS SANTOS Y LOS ÁNGELES
San Basilio, en el siglo IV, escribe: Hay ángeles que custodian
naciones enteras. Así lo enseñan Moisés y los profetas.
San Cirilo de Alejandría, también del siglo IV, nos dice en una
oración eucarística: Ten piedad, Señor, de los fieles aquí
presentes y por la virtud de tu santa cruz y por la custodia de los
ángeles, líbralos de todo peligro y de toda necesidad: incendios,
inundaciones, fríos, bandidos, serpientes, fieras salvajes,
ataques, asechanzas del demonio y enfermedades.
San Roberto Belarmino afirma: Los ángeles custodios protegen a
los hombres de peligros físicos y morales. Nada de lo que afecta a
los hombres deja de interesarles. Todo lo que, de un modo u otro,
afecta a nuestro destino eterno, les afecta: desencadenamiento de
las fuerzas de la naturaleza, ataques de animales, pasiones,
intrigas, conspiraciones, guerras, todo puede ser objeto de una
intervención decisiva del ángel, desde el momento en que el
destino eterno de los amigos de Dios está en juego.
En las florecillas de san Francisco se lee que un día se
presentó un ángel en la portería del convento para hablar con
fray Elías.
Pero la soberbia había hecho al hermano Elías indigno de hablar
con el ángel. En esto volvió del bosque san Francisco y reprendió
fuertemente en alta voz al hermano Elías, diciéndole:
Haces mal, hermano Elías orgulloso, echando de nosotros a los
santos ángeles que vienen a enseñarnos. A fe que temo mucho que
esa soberbia te haga acabar fuera de esta Orden. Y así sucedió,
como san Francisco se lo había predicho, ya que murió fuera de la
Orden.
Aquel mismo día y en la hora en que el ángel se marchó, este
mismo ángel se apareció en aquella forma al hermano Bernardo que
volvía de Santiago y estaba a la orilla de un gran río y le
saludó en su lengua: ¡Dios te dé paz, buen hermano! No salía de
su extrañeza el hermano Bernardo al ver la apostura del joven y
escuchar el habla de su patria, con el saludo de paz y el semblante
festivo. ¿De dónde vienes buen joven?, le preguntó. Vengo de tal
lugar, donde se halla san Francisco. He ido para hablar con él;
pero no he podido, porque estaba en el bosque absorto en la
contemplación de las cosas divinas. Y no he querido molestarle. En
el mismo lugar, están los hermanos Maseo, Gil y Elías. Luego el
ángel dijo al hermano Bernardo: ¿Por qué no pasas a la otra
parte? Tengo miedo, porque veo que hay mucha profundidad Pasemos los
dos juntos, no tengas miedo, dijo el ángel. Y tomándolo de la
mano, en un abrir y cerrar de ojos, lo puso al otro lado del río.
Entonces, el hermano Bernardo cayó en la cuenta de que era un
ángel de Dios y exclamó con gran reverencia y gozo: ¡Oh ángel
bendito de Dios, dime cuál es tu nombre! ¿Por qué preguntas por
mi nombre, que es maravilloso? Dicho esto desapareció, dejando al
hermano Bernardo consolado hasta el punto que hizo todo aquel viaje
lleno de alegría.
En la vida de San Felipe Benicio (1233-1285), Prior general de la
Orden de los servitas de María, se cuenta que el día 2 de junio de
1259, cuando estaba celebrando su primera misa, todos los presentes,
al momento de la elevación, oyeron un canto tan hermoso y sublime
que quedaron como fuera de sí de emoción, pues parecía que un
coro invisible de ángeles entonaba el Santo, Santo, Santo… De
esta manera, el cielo ratificaba la decisión que habían tomado los
superiores de ordenarlo sacerdote, a pesar de las reticencias de
algunos por parecer demasiado insignificante, humanamente hablando,
para ser sacerdote.
Santa Ángela de Foligno (1248-1300) tenía mucho amor a su
ángel de la guarda. Ella escribió: El día de la fiesta de los
santos ángeles yo estaba enferma y quería comulgar y no había
quien me pudiera traer la comunión a mi casa. De pronto, yo
entendí la alabanza que los ángeles dan a Dios y la asistencia que
prestan a los hombres. Y se me presentó una multitud de ángeles,
que me condujeron en espíritu al altar de una iglesia y me dijeron:
“Éste es el altar de los ángeles”. Sobre el altar pude
apreciar la alabanza que ellos daban a Jesús sacramentado. Y me
dijeron: “Prepárate a recibirlo. Tú eres su esposa. Jesús
quiere ahora contraer contigo una unión nueva y más profunda”.
No puedo expresar la alegría que sentí en ese momento.
Santa Francisca Romana (1384-1440) veía continuamente a su
ángel. Lo veía a su derecha. Si alguien hacía algo malo en su
presencia, Francisca lo veía taparse la cara con las manos.
Despedía una luz tan grande que no lo podía mirar fijamente. A
veces, disminuía su resplandor para que pudiera verlo y Francisca
lo miraba con ternura e, incluso, se atrevía a posar su mano sobre
la cabeza de su celestial compañero.
San Francisco de Regis (1597-1640) tenía mucha devoción a los
ángeles y, especialmente, a su ángel custodio, al que le
encomendaba todas sus buenas obras para que las presentara ante
Dios. No pasaba nunca junto a una iglesia sin invocar al ángel
guardián de la iglesia o de la parroquia y a los ángeles de sus
habitantes. Igualmente, cuando pasaba junto a un cementerio, se
encomendaba a los ángeles de todos los difuntos enterrados allí y
oraba por ellos, enviándoles su bendición sacerdotal.
Un día, pasaba por una calle, cuando una mano invisible lo
detuvo y no podía caminar. En ese momento, desde la ventana de una
casa vecina le pidieron a gritos que subiera, pues había una
persona moribunda. Él subió a la casa y escuchó en confesión al
moribundo y le dio los últimos sacramentos. Él nunca dudó que
había sido su ángel quien le había detenido para que pudiera
atender a aquel enfermo a bien morir.
Sobre santa Rosa de Lima (1586-1617), se dice que enviaba a veces
a su ángel a hacerle recados y él los cumplía fielmente. Un día,
su madre estaba enferma y santa Rosa fue a verla. Su madre, al verla
un poco “descaecida” mandó a una empleada negra a que fuera a
comprar un real de panecillos de chocolate y medio real de azúcar
para darle a su hija. Pero Rosa le dijo: “No, madre mía, no los
dé que serán malgastados, que doña María de Uzátegui me lo
enviará”. De allí a poco llamaron a la puerta de la calle,
siendo ya muy tarde y fueron a abrir y entró un negro de la dicha
doña María de Uzátegui con una jícara de chocolate y la dio de
parte de la dicha señora... De cuyo suceso quedó admirada esta
testigo y preguntó con cuidado a la dicha su hija (Rosa): “¿Cómo
sabía que le habían de enviar aquel chocolate? Y le respondió:
Mire, madre mía, cuando hay una necesidad tan precisa como ésta
que yo tenía ahora, que bien la conoció vuestra merced, basta
decírselo al ángel de la guarda, y así lo hice yo a mi ángel,
como lo he hecho en otras ocasiones”.
De lo cual esta testigo quedó admirada y espantada de ver aquel
suceso. Y esto responde y declara delante de dicho juez, y debajo
del dicho juramento por ser así verdad, y ambos lo firmaron, el
bachiller Luis Fajardo, María de Oliva, ante mí, Jaime Blanco,
notario público.
La venerable sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665) escribe
en su famoso libro Mística ciudad de Dios:
En una ocasión: Aparecióseme por mandato de Dios mucha multitud
de ángeles de todos los coros y jerarquías, hermosísimos y con
distinción de cada jerarquía, y me dijeron: El Altísimo manda y
dispone que seas nuestra compañera, que tu trato y conversación
sea con nosotros y te has de asimilar a nuestra naturaleza,
imitándonos en lo que hacemos. A todos los coros y jerarquías has
de imitar, mirando nuestros oficios, a unos en el amor fervoroso; a
otros en la ciencia que recibimos... En la reverencia, amor,
adoración y culto que tenemos a Dios nos has de imitar; y en el
trabajar por las almas has de imitar a los ángeles de la jerarquía
inferior, que las guardan. Pasado esto, sentí que me presentaban
ante el trono de la Santísima Trinidad... Y el eterno Padre mandó
a los ángeles que me admitiesen por compañera y a mí que lo fuese
y que obrase como ellos.
También vi multitud de ángeles de la primera jerarquía, que me
decían: Compañera y amiga nuestra, ven con nosotros. ¿A dónde
van? A pedir por las almas que tenemos a nuestro cargo, de las que
somos custodios. Somos vigilantes y ayudadores fidelísimos. Las
asistimos en todos sus trabajos, las quitamos de los peligros.
Repetidas veces, las apartamos de los demonios, les administramos
santos pensamientos. Si vemos que se ponen en peligro de pecar, las
amonestamos para que se aparten. Muchas veces, duermen y nos
desprecian, no invocándonos y nosotros les estamos haciendo
beneficios.
Santa Margarita María de Alacoque dice: Una vez, estando en la
labor común de escardar lana, me retiré a un pequeño patio
próximo al sagrario del Santísimo Sacramento, donde trabajando
arrodillada, me sentí al instante recogida por completo interior y
exteriormente y se me representó, al mismo tiempo, el adorable
Corazón de mi adorable Jesús más brillante que el sol. Estaba en
medio de las llamas de su puro amor, rodeado de serafines que
cantaban con admirable concierto: El amor triunfa, goza el amor,
placer derrama, su Corazón.
Estos bienaventurados espíritus me invitaron a unirme a ellos en
las alabanzas al divino Corazón, diciéndome que habían venido a
asociarse a mí con el objeto de tributarle un homenaje continuo de
amor, de adoración y de alabanza y a este fin harían mis veces
delante del Santísimo Sacramento para que yo pudiese, por su medio,
amarle sin interrupción y ellos, a su vez, participar de mi amor,
sufriendo en mi persona como yo gozaría en la suya. Escribieron, al
mismo tiempo, esta asociación en el Corazón Sagrado con letras de
oro y con los caracteres indelebles del amor.
El beato Bernardo Hoyos (1711-1735) escribe: La víspera del
Corpus, al comulgar, me pareció estar rodeado de espíritus
angélicos, que hacían compañía a su rey sacramentado. Sentí, en
particular, la amable presencia de mi ángel y de san Juan
Evangelista, que continuamente me asisten. Y luego recibí una luz
especial para comprender la excelencia del Santísimo Sacramento del
amor.
San Antonio María de Claret (1807-1870) escribe en su
Autobiografía: El infierno me hacía una gran persecución, pero
era muchísimo mayor la protección que recibía del cielo. Yo
conocía visiblemente la protección de la Santísima Virgen y de
los ángeles y santos. La Santísima Virgen y sus ángeles me
guiaron por caminos desconocidos, me libraron de ladrones y asesinos
y me llevaban a puerto seguro sin saber cómo.
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824) en sus visiones y
revelaciones dice: El ángel me exhortaba a ofrecer todas mis
privaciones y mortificaciones por las almas benditas del purgatorio,
las cuales no pueden valerse por sí mismas y son cruelmente
olvidadas y abandonadas por los hombres. Yo enviaba muchas veces a
mi ángel custodio al ángel de aquellos a quienes veía padecer
para que él los moviese a ofrecer sus dolores por las benditas
almas. Lo que hacemos por ellas, al punto se convierte en consuelo y
alivio para ellas. ¡Son tan dichosas y se quedan tan agradecidas!.
Una vez, debiendo cruzar un puente muy estrecho, miraba con gran
temor lo profundo de las aguas que corrían debajo; pero mi ángel
custodio me guió felizmente a través del puente. En la orilla
había una trampa para ratones y en torno a ella saltaba un
ratoncillo; de pronto, se sintió tentado de morder el bocado que
veía y quedó preso en la trampa. “Oh desventurado, dije yo, que
por un bocado sacrificas la libertad y la vida”. Y mi ángel me
dijo: “así obran los hombres, cuando por un corto placer ponen en
peligro el alma y la salud eterna”.
En la vida de la beata Mariam (1846-1878), la pequeña árabe,
carmelita descalza, se cuenta que un día, por las calles de
Jerusalén, se le acercó un joven muy hermoso. Ella tenía unos
quince años. El joven le habla con fervor de la castidad perfecta
por amor a Dios. Algunos días después, lo vuelve a encontrar y le
dice que se llama Juan Jorge y la invita a ir al santo Sepulcro.
Ella le dice que quiere hacer allí el voto de virginidad perpetua,
si él también lo hace. Y los dos hacen el voto de castidad
perfecta para siempre. Antes de despedirse, Juan Jorge le habla a
Mariam de las grandes etapas de su vida futura.
Dos años más tarde, se encontrarán en Mangalore, en la India,
un poco antes de su profesión perpetua como religiosa carmelita
descalza. Entonces, ella comprende que Juan Jorge es un ángel de
Dios, como lo fue Rafael para Tobías.
En la vida de san Juan Bosco se cuenta que el 31 de agosto de
1844, la mujer del embajador de Portugal debía ir de Turín a
Chieti; pero, antes de emprender el viaje, fue a confesarse con san
Juan Bosco, que le dijo que rezara tres veces la oración del ángel
de la guarda antes del viaje para que su ángel la asistiera en los
peligros. En determinado punto del camino, los caballos comenzaron
obstinadamente a desobedecer al cochero y, al final, la diligencia y
los viajeros se vieron envueltos en una caída tremenda. En tanto
que las señoras gritaban, una puertecilla de la carroza se abrió,
las ruedas chocaron contra un montón de cascajo, el coche se empina
y arroja a cuantos iban dentro y la portezuela abierta se hace
pedazos. El cochero saltó del pescante, las viajeras se ven en
peligro de ser aplastadas, la señora resbala por tierra de manos y
cabeza, y los caballos siguen corriendo desbocados. En este punto,
la señora recurrió una vez más a su ángel... En resumen, las
viajeras sólo tuvieron que reajustarse los vestidos y el cochero
amansar a los caballos. Todos siguieron a pie, comentando vivamente
lo sucedido.
Santa Teresita del Niño Jesús decía a su hermana Celina en
carta del 26 de abril de 1894: Jesús ha colocado cerca de ti a un
ángel del cielo, que te guarda siempre. Él te lleva en sus brazos
por miedo a que tu pie tropiece contra las piedras. Tú no lo ves y,
sin embargo, es él quien desde hace veinticinco años ha preservado
tu alma y ha conservado tu blancura virginal; es él quien aleja de
ti las ocasiones de pecado... Fue él quien se te mostró en un
sueño misterioso que tuviste en la infancia: Veías a un ángel
llevando una antorcha, caminando delante de nuestro querido padre.
Sin duda, quería hacerte conocer la misión que habrías de cumplir
más tarde... Celina, no temas las tormentas de la tierra... Tú
ángel de la guarda te cubre con sus alas y en tu corazón reposa
Jesús, pureza de las vírgenes. Jesús duerme y el ángel permanece
en su misterioso silencio. Sin embargo, están ahí con María, que
te esconde también bajo su manto.
María Lataste (1822-1847) fue una gran mística francesa. Ella
escribe: Existe la más íntima unión entre los hombres y ángeles,
y debe ser una unión para siempre. Dios ha creado al hombre y lo ha
confiado a la custodia de los ángeles. Los ángeles permanecen a su
lado. Todos los hombres tienen un ángel custodio por voluntad del
Padre del cielo... Los ángeles alejan de nosotros los males del
cuerpo y del alma, luchan contra nuestros enemigos y nos incitan a
obrar el bien, llevan nuestras oraciones a Dios y escriben nuestras
buenas acciones en el libro de la vida. Rezan por nosotros y nos
acompañan hasta nuestra muerte y después de ella hasta que
lleguemos al cielo. Nuestro ángel nos seguirá siempre por todas
partes, cada día de nuestra vida, y nos presentará ante Dios al
final de nuestra existencia.
La beata Aniela Salawa era una humilde empleada de hogar de una
familia polaca. Durante los últimos meses, antes de su muerte,
ocurrida el 2 de marzo de 1922, recibió muchas consolaciones de su
ángel guardián. Ella era muy devota de Jesús Eucaristía y todo
el tiempo libre de que disponía, lo aprovechaba para ir a visitar a
Jesús a la iglesia más cercana. En la tarde del 15 de junio de
1921, se fue a la iglesia de san Nicolás, cuando el sacristán
estaba para cerrar la iglesia. Él le dijo que se apresurara, pues
tenía que cerrar. Ella fue a un lugar discreto, a la capilla de
santa Ana. Cuando el sacristán llegó para decirle que ya era hora
de salir, no la vio por ningún sitio; revisó bien toda la iglesia
y no la encontró. Pensando que había salido, cerró la puerta y se
fue a su casa.
A la mañana siguiente, dice él, miro bien a ver si hay alguien
dentro de la iglesia antes de abrir y no veo a nadie. Y, cuando voy
a abrir la sacristía, encuentro a Aniela, arrodillada delante del
Santísimo Sacramento cerca de la imagen de san José. Ella estaba
radiante y parecía en éxtasis. Yo me pregunté por dónde había
entrado.
Aniela escribió en su Diario, escrito por obediencia a su
director espiritual, lo que pasó aquella noche. Simplemente que le
había pedido a su ángel guardián que la hiciera invisible para
poder quedarse toda la noche a adorar a Jesús sacramentado. Y el
ángel la había hecho invisible a los ojos del sacristán. Fue
beatificada por el Papa Juan Pablo II en 1991.
La sierva de Dios María de la Pasión Tarallo (1866-1912) tenía
mucha familiaridad con su ángel. Él rezaba con ella y la ayudaba,
sobre todo, cuando a causa de sus muchas enfermedades y sus
estigmas, no podía desplazarse y debía participar en la
recitación del Oficio divino. Una religiosa de su Comunidad
escribió: Una noche, la sierva de Dios iba al coro para la
recitación de los maitines. El corredor y las escaleras estaban muy
oscuros. Pero yo vi una luz extraordinaria que la precedía hasta
que llegó al coro. Yo le dije: Hermana, ¿tú caminas así, sin
luz, por la noche? ¡Te puedes caer! Ella me respondió con
simplicidad: no tengas miedo, nosotros tenemos a nuestro lado un
ángel guardián, que nos cuida. Yo le dije: ¿Qué era esa luz que
te precedía por el claustro? Ella se limitó a sonreírme. Yo me
convencí de que era su ángel guardián, que le acompañaba y le
ayudaba en todo momento.
La venerable Sor Ángeles Sorazu (1873-1921) dice: Desde mi
infancia profesé devoción cordialísima a mi ángel custodio, a
quien invocaba muchas veces todos los días y con mucha devoción…
Concebí la idea de emparentarme con los ángeles, llamándome en la
religión Sor María de los ángeles, como lo hice el día que me
impusieron el santo hábito. Los amaba mucho y me entusiasmaba
recordarlos… Los veía extáticos de amor y admiración,
contemplando, ora las perfecciones de la Señora (Virgen María),
ora su correspondencia a la gracia y sus relaciones divinas con Dios
y su Unigénito humanado. Luego, acercándose más a mi alma,
mostrábanse como modelos para que me inspirase en ellos en mis
relaciones con Dios y con la Virgen, abrasados en divinos incendios,
revelando en su actitud la profunda veneración y estimación
infinita que sienten por Dios y su “divina” Madre. Después,
como compañeros de mi destierro y coadjutores en la alta empresa de
amar y glorificar a mis soberanos amores, Jesús y María, en los
misterios de su vida mortal y en la sagrada Eucaristía. Dondequiera
que contemplase a Jesús y María los veía siempre rodeados de una
multitud prodigiosa de ángeles… Varias veces, vi o experimenté
la presencia de mi ángel custodio y de otros ángeles en mi celda,
quienes se imponían a mi alma como participación de la santidad y
poder de Dios, con tanta grandeza y majestad, que parecían “dioses”,
pero, al mismo tiempo, humildes y afabilísimos… Era tanto el
respeto y veneración que sentía por ellos que en su presencia
quería permanecer postrada en tierra en actitud de “adoración”
y su presencia producía en mi alma efectos maravillosos, pues
sentir la presencia de un ángel y caer de rodillas, como abrasada
de amor divino, era todo uno y sentía tales ansias de ser santa,
muy santa y de glorificar a Dios, que no parece sino que por su
medio se revelaba el mismo Dios a mi pobre alma. Anhelaba yo ser
como ellos santa, angélica, “divina”, como divino es el objeto
en cuya contemplación los veía como absortos y extáticos de amor.
¿Qué será Dios?, me preguntaba muchas veces, cuando se
revelaba a mi alma algún ángel, en vista de los efectos que su
presencia me producía; y me persuadía que, si dichos ángeles se
dejasen ver de los infieles y pecadores que viven en el mundo, todos
se sentirían abrasados en amor de Dios y la tierra se
transformaría en cielo.
En mis relaciones con Jesús y María, tenía siempre presente a
los santos ángeles y, en unión suya, practicaba todos los actos de
virtud y religión… Cuando salía del coro, dejaba mi corazón en
el sagrario a los pies de Jesús, a quien suplicaba retuviese mi
espíritu a su lado. Así lo hacía el Señor; pues, dondequiera que
estaba, sentía la influencia de mi Dios sacramentado y me
comunicaba con Él a través de las paredes que nos separaban.
Había una corriente invisible y misteriosa del sagrario a mi alma
en cuya virtud me comunicaba con Jesús y María y con los santos
ángeles que dejaba en el templo.
Cada diez o quince minutos enviaba recados con mi ángel
custodio, a quien suplicaba que fuese al sagrario a visitar en su
nombre y el mío a mis soberanos amores (Jesús y María), y me
trajesen nuevas de ellos y de nuestros hermanos los ángeles. Que
les dijese de mi parte que suspiraba por ir a su lado y que, entre
tanto, todos me diesen la bendición etc… Amaba mucho a todos los
ángeles; pero con predilección a los que sirven a Jesús y lo
acompañan en la sagrada Eucaristía, a quien parecía me unían
lazos íntimos. Cuando estaba en el coro, me figuraba ver a mi
ángel custodio confundido en los del sagrario. Al salir del coro,
me despedía de todos menos de ángel tutelar, que me figuraba que
venía conmigo para acompañarme y ayudarme a cumplir mis deberes.
Lo sentía a mi lado y dentro de mí, muy contento y afable, y
hacía tanto aprecio de su misterio que me maravillaba. Entendía
que me decía que Jesús le había encomendado y recomendado mi alma
con especial y sumo interés y, por esto y porque veía al diablo
interesado en mi perdición, desplegaba su solicitud en mi
asistencia y me vigilaba y cuidaba con esmero. Este conocimiento y
evidencia del amor y solicitud de mi ángel me entusiasmaba y
acrecentaba el amor que por él sentía y, como enamorada de mi
santo ángel, exclamaba: ¡Qué santo, santísimo es mi ángel!,
¡qué hermoso, qué bello, qué excelente, qué amable y bueno!...
No cesaré de repetir que mi ángel es excepcional, es uno de los
ángeles más santos, más afables y caritativos de las tropas
angélicas y, que me perdonen sus hermanos y míos, los ángeles del
cielo, si se dan por agraviados del afecto singular que le profeso y
del lugar de preferencia que ocupa en mi estimación.
Después de cumplidos mis deberes, para los cuales había salido
del sagrario, cuando volvía a él, parecíame que los ángeles, que
hacen la corte a Jesús en nuestro sagrario, radiantes de júbilo,
venían a mi encuentro y tomando mi alma, la introducían en el
sagrario con inefable caricia y contento de verme nuevamente en su
compañía. Y allí, en el fondo del sagrario, postrada a los pies
de Jesús, lo adoraba y poniendo por testigo a mi ángel custodio, a
los ángeles del sagrario y a María Inmaculada, mi excelsa Madre,
le daba cuenta a Jesús de todo lo que había ejecutado y omitido
fuera del coro, agradeciendo los favores y socorros divinos, que me
había prodigado el mismo Señor… Comulgaba espiritualmente y
permanecía en el templo, mejor dicho, en el centro del sagrario,
donde yacía mi alma postrada a los pies de Jesús, ocupada en
amarle y procurarle toda la gloria y complacencias posibles, en
unión de María, de mi ángel custodio y de los ángeles del
sagrario.
Varias veces vi a Jesús glorioso en el cielo en íntimas
comunicaciones con los santos ángeles, como en medio de ellos,
tratándolos con infinito amor y ternura, como a hijos, y me
requirió para formar parte de su naturaleza angélica y participar
del amor y ternura que les prodiga.
La beata Anna Schäffer (1882-1925), a los 18 años sufre un
accidente y queda paralítica para toda la vida. Los 25 años que le
quedan de vida serán un continuo martirio, pero ella sabrá aceptar
la voluntad de Dios y se ofrecerá como víctima por la salvación
del mundo. Desde 1901 ve a su ángel. En 1910 recibe la gracia de
los estigmas para participar de la pasión de Jesús. En 1914 llega
al matrimonio espiritual.
Cuando comulgaba, siempre le pedía a su ángel que la ayudara en
su debilidad para hacer una buena comunión. Ella amaba inmensamente
a Jesús Eucaristía y recibía frecuentemente la gracia de que su
ángel la llevara (en realidad o en espíritu) a iglesias lejanas,
donde se celebraban especiales actos de adoración o misas solemnes
para adorar a Jesús sacramentado. Dice por ejemplo: El 31 de agosto
de 1918 me encontré en una iglesia muy grande delante del
Santísimo Sacramento expuesto, delante del cual había numerosos
cirios ardiendo. Allí vio a millares de ángeles, adorando a Jesús
y que dos ángeles, de especial majestad, estaban a ambos lados del
Santísimo de rodillas, adorando a su Señor.
Un testigo relata lo siguiente: Todos los días iba yo a casa de
Ana. Yo la bendecía con agua bendita y ella hacía la señal de la
cruz. Hacia las 6.45 p.m. llegaba el sacerdote para darle la
comunión. Ella estaba en su cama. Y, cuando el sacerdote depositaba
la hostia sobre su lengua, alrededor de su lecho aparecía una luz
muy bella e indescriptible. Yo le pregunté a su madre si eso
ocurría siempre y ella me dijo que sí.
El Padre Jean Edouard Lamy (1853-1931) era un sacerdote de un
pequeño pueblecito de Francia. Su biógrafo, el conde Paul Biver,
dice en el libro que escribió sobre su vida: Un día, a las diez
menos cuarto de la noche, me acuesto y apago la luz. Después de dos
o tres minutos, siento la conversación animada en la habitación
del anciano sacerdote. Y en el silencio de la noche oigo voces
masculinas. El Padre Lamy hablaba con su ángel custodio.
El padre Lamy decía frecuentemente: Nosotros no damos a los
ángeles la importancia que tienen. No les rezamos suficientemente.
Ellos nos miran como a sus pequeños hermanos necesitados. Y nos
cuidan con mucho cariño. Él tenía como protector especial al
arcángel san Gabriel. Sufría de problemas a la vista y en su vejez
llegó casi a perderla totalmente. Pero el ángel le ayudaba, cuando
salía a visitar enfermos por las noches. Sin su ayuda se hubiese
caído cientos de veces por aquellas calles oscuras y, sobre todo,
con la nieve del invierno. El arcángel, con otros ángeles, le
acompañaba por delante con una luz suficiente para que pudiera ver
el camino y, a veces, cuando terminaba de visitar a los enfermos,
estando muy cansado, de pronto, se encontraba a la puerta de la casa
parroquial, como si hubiera sido transportado milagrosamente por los
ángeles en un instante.
Gabriela Bossis es una gran mística francesa, fallecida en 1950
y cuyo Diario, titulado El y yo, ha tenido más de 50 ediciones en
distintas lenguas. El 7 de julio de 1940, ella le dice a una amiga:
Invita a los ángeles y a los santos para que te acompañen a
reconocer tu casa, piensa que están ahí para acompañarte en todos
tus actos. Son tus hermanos mayores. El 13 de diciembre de 1944 le
dice Jesús: Yo estoy en el sagrario y os pido que vengáis a
hacerme compañía en unión con los ángeles que me rodeaban en el
huerto de los olivos. Ellos estaban allí para sostener mis fuerzas.
Tú ven aquí para sostener mis fuerzas en mi soledad. Como ves, no
hay nadie en la iglesia. Mis visitantes son pocos y sus visitas son
breves y apresuradas.
El santo Padre Pío de Pietrelcina (1887-1968) le decía en una
carta a su dirigida: Querida Raffaelina, qué gran consolación,
cuando al momento de la muerte, tu alma vea a este ángel tan bueno
que te acompañó a lo largo de la vida.
En una ocasión, el Padre Pío, vestido de soldado después de
salir del cuartel, donde había sido llamado en tiempo de la primera
guerra mundial, llegó en tren a Benevento y quiso llegar hasta su
pueblo de Pietrelcina, pero se dio cuenta de que no tenía dinero
suficiente para pagar el billete del autobús. Confiando en la
providencia, se subió al autobús, pensando en explicarle al
cobrador que le disculpara, que le pagaría al llegar al pueblo.
Pero subió con él un extraño personaje, elegantemente vestido y
con una maleta nueva que se sentó a su lado. Cuando el cobrador se
acercaba pidiendo los billetes y el Padre Pío estaba ya sudando, el
cobrador le dijo: Alguien ya pagó por usted. Miró al personaje
vecino, pero no dijo nada, porque no sabía si había sido él.
Al llegar a su pueblo, se bajó del autobús y miró al
compañero para saludarlo y despedirse, pero ya no estaba. Había
desaparecido. Este suceso lo contaba muchas veces a sus hermanos
religiosos, como dando a entender que Dios le había socorrido por
medio de su ángel.
El Padre Alessio Parente, confidente y compañero del Padre Pío,
cuenta un caso que le ocurrió a él personalmente en 1959. Cuando
el Padre Pío celebraba la misa, él, con otro religioso, daba la
comunión a los fieles, mientras el Padre Pío estaba en la
sacristía. Un día, al dar la comunión, el Padre Alessio terminó
todas las hostias que había en su copón y fue al altar a
purificarlo, mientras su compañero seguía dando la comunión.
Cuando ya había purificado el copón y estaba para cerrarlo, vio
una hostia que, volando, se introdujo en su copón con un pequeño
sonido. Se quedó pasmado. Después de la misa, se lo contó al
Padre Pío y éste le dijo: Procura estar más atento y no
distribuir la comunión tan rápidamente. Da gracias a tu ángel
custodio, que no ha permitido que Jesús cayera por tierra. Así le
daba a entender que el ángel había recogido la hostia, que se le
había caído sin darse cuenta e iba a caer al suelo.
Por eso, es bueno pedir a los ángeles que nos cuiden al dar la
comunión para que no caigan al suelo las pequeñas partículas, en
las que está Jesús, sino que las recojan y las devuelvan
nuevamente al copón. Y nosotros debemos tener más cuidado.
La venerable sor Mónica de Jesús (U1964) dice:
La víspera de los ángeles, en vísperas, vi a todos los “hermanos
mayores” de cada una de las hermanas que estaban en el coro. Me
dio mucha alegría, pero también tuve pena, porque todos estaban
contentos, aunque no todos alegres. Se lo pregunté a mi ángel y me
dijo que era por no rezar con todo el fervor que ellos querían que
tuviesen las almas.
Varias veces su ángel le llevaba la comunión, cuando estaba
enferma. Ella escribe a su director espiritual: Estuve varios días
en cama y el ángel me trajo a Jesús por la mañana, y el ángel
suyo y el de la Madre traían cada uno una vela alumbrando a Jesús.
A veces, jugaba con su ángel a amar a Jesús. Dice: Hoy, día de
los santos reyes, he ganado al “hermano mayor”(el ángel) a amar
a Jesús. Le he ganado siete veces.
El domingo de Pascua, temprano, vino Jesús y con él los 7
ángeles de las almas víctimas y otros más, y todos a una cantaron
muy contentos y alegres los aleluyas con unas voces que la celda se
venía abajo. Ellos cantaron muchas veces y muy bien.
Estamos en la santa cuaresma y mi hermano mayor es tan bueno como
siempre. Me da dos pláticas. Por la mañana, a la hora en que se
puede, me habla del amor a Jesús en la Eucaristía. Por la tarde o
por la noche, de la Pasión.
El ángel le ayudaba a salvar a los pecadores, por los cuales
rezaba con mucho fervor; y se sentía muy feliz, cuando el ángel le
decía que ya se habían confesado algunos pecadores por los que
ella rezaba. En ocasiones, el ángel le daba estampas o medallas
para que las llevara o las regalara a otras personas.
Como había formado una asociación de almas víctimas, en
ocasión de las fiestas venían los ángeles de las almas víctimas
y a todos les ganaba a amar a Jesús y cantaba con ellos. Su ángel
le hacía muchos servicios cuando estaba enferma, e, incluso, le
echaba las cartas al correo o las hacía llegar sin pasar por el
correo; pero también le llamaba seriamente la atención ante las
distracciones en la iglesia o por alguna falta de caridad con sus
hermanas, por mínima que fuera. El ángel era para ella su
compañero, que le enseñaba a amar a Jesús y a María y a todos
los santos, especialmente, a los de su Orden, a quienes amaba con
singular cariño, pues se le aparecían de vez en cuando. Ella, por
su parte, mandaba a veces, celebrar misas en honor de su ángel o
por sus intenciones.
Decía el beato Juan XXIII: El ángel custodio es un buen
consejero, intercede cerca de Dios en nuestro favor, nos ayuda en
nuestras necesidades y nos preserva de peligros y accidentes. Yo
deseo que los fieles sientan toda la grandeza de la asistencia de
los ángeles. Cada uno de nosotros tiene un ángel custodio para que
nos preserve de los peligros. Con él podemos conversar, al igual
que con los ángeles de los demás… Las mamás deben enseñar a
sus hijos a invocar al ángel custodio para que los proteja en los
peligros, cuide su inocencia y les inspire buenos pensamientos. No
nos olvidemos de pedirle ayuda y de agradecer su asistencia.
San Josemaría Escribá de Balaguer, el fundador del Opus Dei,
tenía una fe inmensa en su ángel custodio. Recordemos que la
fundación del Opus Dei tuvo lugar el dos de octubre de 1928, fiesta
de los ángeles custodios. Una vez, estaba en la calle y fue
agredido por un desconocido en pleno día. El desconocido lo agarró
del cuello y casi lo mata, pero un joven desconocido lo libró de
inmediato antes de que le pudiera hacer un daño irreparable. San
Josemaría atribuyó siempre el ataque a una acción diabólica y su
defensa a su ángel custodio.
Era tanta la familiaridad con su ángel que, cuando iba a entrar
en cualquier habitación, siempre dejaba paso primero a su ángel.
Y, cuando saludaba a alguien, saludaba primero a su ángel custodio.
En una ocasión, se le averió el reloj y le pidió a su ángel
que lo despertara a la hora conveniente. Y el ángel cumplió bien
su misión. Por eso, a veces, lo llamaba con confianza: Mi pequeño
reloj. Todos los martes los dedicaba a su ángel y a todos los
ángeles. Y decía: Ten confianza con tu ángel custodio. Trátalo
como a un entrañable amigo y él sabrá hacerte mil servicios en
los asuntos ordinarios de cada día (Camino N° 562).
HISTORIAS DE ÁNGELES
EL ÁNGEL ESTUDIANTE
Una madre de familia italiana a quien conozco personalmente, me
escribió con el permiso de su director espiritual:
Cuando tenía 15 años, nos trasladamos desde una ciudad de
provincia, donde habitábamos, a Milán para poder estudiar en una
Academia. Yo era muy tímida y tenía miedo de viajar en el
tranvía, pues podía equivocarme al bajar y perderme. Mi papá,
todas las mañanas, me daba la bendición y me decía que rezara a
mi ángel custodio para que me guiara.
Al poco tiempo de comenzar las clases, a la ida y venida de la
Academia, se me acercaba un misterioso compañero, vestido con
pantalones y abrigo, pues hacía frío por ser invierno, de unos
veinte años, rubio y bello, de finos modales, ojos claros, dulces y
severos al mismo tiempo, pero llenos de luz. Nunca me preguntó mi
nombre y yo tampoco le pregunté el suyo, porque era tímida. Pero a
su lado me sentía contenta y segura. Nunca me cortejó ni me habló
de amores. Antes de llegar a la Academia, entrábamos siempre en una
iglesia para rezar. Él se arrodillaba profundamente y así
permanecía, aunque hubiera otras personas presentes. Yo lo imitaba.
A la salida de la Academia, me esperaba y me acompañaba a mi
casa. Me hablaba siempre con dulzura de Jesús, de la Virgen María
y de los santos. Me aconsejaba portarme bien, evitar las malas
compañías e ir cada día a misa. Con frecuencia, me repetía: “Cuando
tengas necesidad de ayuda o consuelo, vete a la iglesia delante de
Jesús sacramentado y Él te ayudará en unión con María, porque
Jesús te ama más que nadie. Por eso, agradécele siempre todo lo
que te da”.
Este amigo tan especial me dijo, en una oportunidad, que me
casaría un poco tarde y cuál sería el nombre de mi esposo. Cuando
ya faltaba muy poco para el fin del año escolar, mi amigo
desapareció y no lo pude ver más. Me preocupé, recé por él,
pero fue en vano. Desapareció de improviso, así como había
aparecido. Por mi parte, proseguí mis estudios y conseguí mi
diploma, encontré trabajo, pasaron los años y lo olvidé, pero sus
buenas enseñanzas nunca las olvidé.
Me desposé a los 39 años y una noche soñé con un ángel sin
alas que me dijo que era mi amigo de la adolescencia, recordándome
que me había casado con un hombre con el nombre que él me había
dicho. Cuando se lo conté a mi esposo, me creyó y se sintió
conmovido. Después de aquel sueño, de vez en cuando, se me aparece
en sueños y también visiblemente. A veces, siento sólo la voz.
Cuando se me presenta en sueños, rezamos juntos el rosario y
vamos a rezar a distintos santuarios y allí veo muchísimos
ángeles, participando en la misa con muchísima devoción. Y me
despierto con una alegría tan grande que me dura varios días.
Cuando viene visiblemente, se presenta con una túnica larga, a
veces de color oro o blanca en tiempo pascual y Navidad, pero sin
alas. Su aspecto es de un joven de 20 años, como le veía, cuando
yo tenía 15, de estatura mediana, bello y luminoso.
Me inspira sentimientos de profunda adoración a Jesús. A veces,
me recuerda lo que debo hacer o dónde debo ir o no ir; pero, si en
alguna cosa mi director espiritual es de otra opinión, me dice que
siempre obedezca a mi director. La obediencia, me dice, es
necesaria. Y me inculca mucho rezar por los pecadores, por los
enfermos, por el santo Padre y por los sacerdotes.
EL ÁNGEL MECÁNICO
Un sacerdote amigo mío, me contó algo que él conocía muy bien
de boca del propio protagonista. Un día, un sacerdote venezolano
iba en su coche con una religiosa a visitar una familia fuera de la
ciudad. En cierto momento, el coche se detuvo y no podía arrancar.
Era un camino poco transitado. Rezaron, pidiendo ayuda, e invocaron
a sus ángeles. Al poco tiempo, aparece por el camino otro coche. El
chofer se baja para ver si podía ayudar en algo. Mira el motor,
mueve algo y comienza a funcionar. Cuando el sacerdote comienza a
arrancar el coche, mira hacia atrás y el otro coche ya no estaba.
¿Qué había pasado? Pensaron que su ángel había venido a
ayudarles.
EL ÁNGEL BOMBERO
En la vida de la venerable Sor Mónica de Jesús, agustina
recoleta, cuentan los testigos en el proceso de beatificación: En
el incendio que ocurrió en el convento de la Magdalena el año 1959
y que amenazaba destruir el convento, ya que ardieron 400 cargas de
leña, que se encontraban en el depósito, las llamas eran
espantosas y dificultaban totalmente el que pudieran actuar los
bomberos, ya que las llamas y el humo impedían el poder penetrar
para poder introducir la manguera que llevara el agua necesaria para
sofocar el incendio, que cada vez era más grande. En estas
circunstancias, se presentó en el convento un joven de unos quince
años, aproximadamente, con camisa verde. Este chico se puso un
pañuelo en la boca y arrastró consigo la manguera con la que pudo
introducir el agua necesaria. Todas las personas que estábamos
allí, tanto religiosas como seglares, que habían entrado para
ayudarnos a sofocar el incendio, pudimos comprobar la presencia de
este muchacho al cual no conocíamos ni vimos después. Después de
unos días, y comentando las religiosas quién podría ser aquel
muchacho, Sor Mónica nos dijo que no sabríamos nunca quién fue.
Todas tuvimos la convicción de que se trataba de un fenómeno
sobrenatural y que aquel muchacho sería el ángel de la guarda de
Sor Mónica.
EL ÁNGEL MENDIGO
San Felipe Neri andaba un día por las calles de Roma y un pobre
se le acercó a pedirle limosna. El santo hizo ademán de darle las
pocas monedas que tenía, cuando el otro, excusándose y sonriendo,
le dijo: Quería sólo ver lo que tú sabes hacer, y desapareció.
Más tarde, comunicó a sus amigos sacerdotes que el mendigo era su
ángel custodio, que se le había aparecido así para darle a
entender cuán grata es a Dios y a sus ángeles la caridad con los
pobres.
EL ÁNGEL MISIONERO
La Venerable Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665) en su
famoso libro Mística Ciudad de Dios, habla de cómo iba
frecuentemente a evangelizar a los indios de México, aunque no
sabía si era personalmente o por medio de su ángel. Dice:
Para juzgar que iba realmente, era que yo veía los reinos
distintos, y sabía sus nombres y que se me ofrecían al
entendimiento distintamente; que veía las ciudades y conocía la
diferencia de la tierra y que el temple y calidad era diferente,
más cálido, las comidas más groseras y que se alumbraban con luz
como de tea. Yo los amonestaba y declaraba todos los artículos de
la fe y los animaba y catequizaba, y lo admitían ellos y hacían
como genuflexiones. En una ocasión, me parece, di a aquellos indios
unos rosarios; yo los tenía conmigo y se los repartí y los
rosarios no los vi más. El modo a que yo más me arrimo y que más
cierto me parece fue aparecerse un ángel allí en mi figura y
predicarlos y catequizarlos y mostrarme acá a mí el Señor lo que
pasaba para el efecto de la oración, porque el verme a mí allá
los indios fue cierto.
También conocía las guerras que tenían y que no peleaban con
armas como las de acá, sino con instrumentos para tirar piedras a
la traza de hondas y con ballestas y cuchillos de fuste... Serían
quinientas veces, y aún más de quinientas, las que tuve
conocimiento de aquellos reinos, de una manera o de otra, y las que
obraba y deseaba su conversión, que el cómo y el modo no es fácil
saberse y que, según los indios dijeron de haberme visto, o fue ir
yo o algún ángel en mi figura. Esto del reino y las cosas
exteriores duraron sólo tres años.
¡Qué hermoso, si nuestro ángel pudiera tomar nuestra figura
con el permiso de Dios y poder ir a evangelizar y bendecir y dar
cariño a tanta gente necesitada de Dios y de amor!
EL ÁNGEL SUPLENTE
En la vida de la venerable Sor Mónica de Jesús, de la que hemos
hablado anteriormente, se cuenta que, al menos en cinco
oportunidades, tuvo el don de bilocación y fue a animar a los
soldados españoles que luchaban en Marruecos en guerra contra los
moros. El día 2 de octubre de 1921 regresó herida de bala. Según
el juicio del censor del Vaticano en su proceso de beatificación,
parece que estaba físicamente allí, porque el ángel se había
ofrecido a suplir su presencia en la comunidad y, la segunda vez,
volvió con una grave herida en la pierna izquierda.
El ángel la suplía, haciendo por ella todas las tareas de la
Comunidad sin que las demás se dieran cuenta de que era su ángel,
que tomaba su figura. Ella misma dice a su director espiritual: En
Semana santa me tocaba servir en el comedor. El ángel me dijo, al
instante, que por qué temía, sabiendo que, cuando yo no había
podido hacer las cosas (se quedaba extasiada en Semana santa), él
las había hecho y nadie se había enterado (carta al Padre Cantera
del 28 de marzo de 1926).
La Madre Priora, Sor Dolores, en sus testimonios dice que su
ángel le ayudaba a salvar almas y personas que estaban en peligro,
por encargo suyo. Dice: Hoy 29 de julio de 1919 me ha dicho que su
“hermano mayor" ha salvado a un pecador, que estaba
ahogándose y a otro que estaba desesperado y se iba a ahorcar. Otro
estaba enfermo, y ha impedido que entraran en su habitación unos
amigos de sus vicios y pecados.
EL ÁNGEL CHOFER
El Padre Alessio Parente, íntimo colaborador del P. Pío de
Pietrelcina, cuenta que un día, un amigo suyo, había viajado en su
coche de Firenze a san Giovanni Rotondo para confesarse con el Padre
Pío y escuchar la misa. A medio camino, se sentía cansado y se
quedó en una estación de gasolina para tomar un café y descansar.
Y después decidió continuar, a pesar de estar ya muy oscuro. Dice
el protagonista Piergiorgio Biavati: Sólo recuerdo una cosa,
encendí el motor y me puse al volante y, después, no recuerdo nada
más. No recuerdo ni un segundo de las tres horas pasadas, manejando
al volante. Cuando ya estaba enfrente de la iglesia de san Giovanni
Rotondo, alguien me sacudió y me dijo: “Ahora toma tú mi puesto”.
Se sintió tan sorprendido que, después de la misa del Padre
Pío, fue a la sacristía a hablar con él. Y el Padre Pío le dijo:
“Has dormido durante todo el viaje y el cansancio lo ha tenido mi
ángel, que ha manejado por ti”.
¡De cuántos accidentes nos habrá librado nuestro ángel!
María Simma, la conocida mística austríaca, que tenía el carisma
de ver a las almas del purgatorio, que venían a pedirle ayuda, en
su libro Hacednos salir de aquí dice: Hoy es muy importante retomar
la devoción de los ángeles custodios, porque los espíritus
malignos están por todas partes. Cuanta más confianza tengas al
invocar a tu ángel, más te ayudará. Muchos accidentes de
carretera son producidos por el demonio. Por eso, debemos invocar al
ángel del chofer y de los pasajeros, antes de partir, para estar
protegidos de cualquier dificultad. También es bueno invocar a los
ángeles de los choferes de los otros coches, que encontraremos en
el camino. Si lo hiciéramos así, sucederían menos de la mitad de
los accidentes que ocurren.
EL ÁNGEL MÚSICO
Una religiosa contemplativa me escribía en una carta que, un
día, estaba tocando y cantando la canción del ángel, que está en
mi libro Tu amigo el ángel y, de pronto, vio un ángel bellísimo,
con unos ojos de pureza y amor, que parecía recién salido del
cielo. Parecía tener unos doce años, con alas hermosas, y cuando
las movía, le hacían sentir tan profundamente el amor de Dios que
quedaba como extasiada. Ese día, el ángel le cantó la canción en
español. Ella no sabe español. De esa manera, quería
enseñársela para que la aprendiera. Fue una experiencia
inolvidable. Desde entonces, se le ha aparecido muchas veces,
especialmente, en el momento de rezar el Oficio divino con las
demás religiosas de la Comunidad.
EL ÁNGEL MÉDICO
San Gregorio de Tours cuenta que, cuando era niño, su padre
cayó gravemente enfermo. Gregorio rezó con mucho fervor por la
curación de su padre. Y una noche, su ángel custodio se le
apareció en sueños y le dijo que escribiera el nombre de Jesús en
un papel y lo colocara debajo de la almohada de su padre. Así lo
hizo, y su padre se curó para alegría de toda la familia.
EL ÁNGEL QUE ORA
La beata Rosa Gattorno (1831-1900) dice: El 24 de enero de 1889,
estaba muy cansada y me fui a la capilla a hacer oración. Me
sentía disgustada, porque no encontraba aquella unión que deseaba
y estaba un poco temerosa, pero tranquila. Se me apareció un
bellísimo ángel y rezaba cerca de mí. Le pregunté por qué
hacía eso, pero no me respondió nada. En cambio, una voz interior,
me dijo: Reza por ti. Él hace lo que tú no puedes hacer, él te
suple. Le es muy agradable a Dios tu cansancio. Por eso, este ángel
Gabriel hace tus veces. Y quedé muy contenta en mi interior, como
si hubiese gustado aquello que en la unión podía experimentar.
El santo cura de Ars recomendaba: Cuando no podáis rezar,
encargad a vuestro ángel que lo haga en vuestro lugar.
De hecho, nuestro ángel tiene como oficio principal presentar
nuestras oraciones a Dios y orar por nosotros. Por eso, el Padre
Danielou decía que al ángel guardián debíamos llamarlo el ángel
de la oración.
¡Qué hermoso es saber que nuestro ángel custodio ofrece
nuestras oraciones y ora por nosotros, especialmente, cuando
nosotros, por enfermedad o cansancio, no podemos hacerlo! Pero, si
no fuera uno, sino millones los que rezaran por nosotros, ¿cuántas
gracias recibiríamos de Dios? Por eso, procuremos hacer un pacto
con los ángeles, consagrémonos a ellos, como hermanos y amigos,
para que ellos estén continuamente, las veinticuatro horas del
día, orando por nosotros y adorando a Dios y amándolo en nuestro
nombre.
EL ÁNGEL LIBERTADOR
Un misionero de China contaba el siguiente caso, que fue
publicado en la revista L`ange gardien de Lyon (Francia): Entre las
conversiones de paganos al catolicismo he visto una muy consoladora.
Se trata de un joven de veintiún años al que Dios le concedió el
milagro de san Pedro, librado de la cárcel por su buen ángel. Este
excelente joven decidió hacerse cristiano secretamente y se deshizo
de sus ídolos, a los que echó al fuego. Pero su hermano mayor, al
darse cuenta de lo que había hecho, se encolerizó, lo golpeó con
crueldad y lo encerró en una habitación con cadenas en las manos,
en los pies y en el cuello. Así pasó dos días y dos noches sin
comer, decidido a morir antes de renunciar a su nueva fe. La segunda
noche, mientras dormía, fue despertado por un desconocido, que
mostrándole una abertura en la pared, le dijo: “levántate y sal
de aquí”. Al instante, se le cayeron las cadenas y salió sin
pensarlo dos veces. Apenas había salido a la calle, no vio más la
abertura de la pared ni a su libertador. Sin dudar, se fue a ver a
los cristianos de la vecindad y, después, fue a contarle a su
hermano lo que había sucedido.
Yo lo he bautizado y dentro de poco bautizaré también a su
hermano, que por este milagro se ha convertido .
l) EL ÁNGEL GUARDAESPALDAS
Una religiosa contemplativa me escribía diciendo: Cuando era
jovencita, un día, debía regresar a mi casa de noche, después de
haber tenido una reunión de Acción católica en la parroquia.
Estaba sola y debía caminar dos kilómetros por el campo. Tenía
miedo. De pronto, veo a un perro grande que me sigue. Sentí temor
al principio, pero sus ojos eran tan dulces... Se detenía, cuando
yo me detenía, y me seguía, cuando yo caminaba. Además me movía
la cola, lo que me dio mucha tranquilidad. Al llegar cerca de mi
casa, sentí la voz de mi hermana, que venía a mi encuentro, y el
perro desapareció. Nunca lo había visto ni lo vi más después, a
pesar de que hacía el mismo camino dos veces cada día y conocía
muy bien a todos los perros de los vecinos. Por eso, pensé que
debió ser mi ángel custodio, que me protegió como un
guardaespaldas.
Algo parecido sucedió en la vida de san Juan Bosco con un perro,
a quien él llamaba Gris, y que se le aparecía cuando iba solo a su
casa en medio de la noche. Nunca lo vio comer y se le apareció por
espacio de 30 años, tiempo muchísimo más largo que la vida normal
de un perro. San Juan Bosco también creía que era su ángel
custodio, que se le aparecía para defenderlo de sus enemigos, que
varias veces atentaron contra su vida. Y, en ocasiones, el perro
Gris tuvo que enfrentarse a los malhechores que lo espiaban y a
quienes hubiera destrozado si no hubiera intervenido en su favor el
mismo Don Bosco.
ll) ÁNGELES ACÓLITOS
Sucedió en Barcelona (España) en 1651. Ese año se desató una
terrible epidemia de peste bubónica. Mucha gente murió, incluso
entre los sacerdotes. El Padre Antonio de san Mateo, carmelita
descalzo de la parroquia Santa María del mar, se salvó de la
muerte, después de haber estado muy grave, dedicándose después
con todas sus fuerzas a visitar a los enfermos en sus propias casas.
Y, desde el primer día en que salió a visitarlos, llevando el
Santísimo Sacramento para darles la comunión, encontró a la
puerta de la parroquia dos jóvenes apuestos con cirios encendidos,
dispuestos a acompañarlo en el recorrido hasta que regresara a su
casa. Esto sucedió casi a diario durante siete meses. Nadie los
conocía por ningún sitio y, por supuesto, nadie hubiera querido
hacer aquel servicio por temor al contagio. Por eso, se corrió la
voz de que aquellos desconocidos habían sido ángeles, que habían
querido acompañar a su Señor sacramentado por las calles de
Barcelona, queriendo, a la vez, ayudar y dar consuelo al sacerdote.
El Padre Coudere, jesuita, cuenta en su obra sobre la vida de san
Juan de Ávila que, en 1530, avisaron al Padre Centenares que
llevara la comunión a un enfermo, a un lugar de Sierra Morena (Sur
de España). Como no conocía el camino, se encomendó a Dios y
salió con intención de preguntar a los caminantes. Pero, al salir
de la iglesia, se le presentaron dos jóvenes muy educados que se
ofrecieron a acompañarlo con velas encendidas y a indicarle el
camino. Él se sintió muy contento de semejante compañía, pero,
cuando regresaron a casa, desaparecieron sin dejar rastro.
El Padre Centenares quiso contarle el caso al santo Juan de
Ávila, pero antes recibió una carta suya en la que le decía: No
te sorprenda lo que ha pasado. Los dos jóvenes que te han
acompañado eran dos ángeles, enviados por Dios, para recompensar
tu celo apostólico.
m) ÁNGELES EN ACCIÓN
Hay ángeles cocineros, agricultores, traductores,… Cualquier
trabajo que desarrolla un ser humano lo pueden hacer ellos, cuando
Dios se lo permite, especialmente con quienes los invocan con fe.
En la vida de san Gregorio Mayela, se cuenta que, estando
encargado de cocinar a la Comunidad, un día, después de comulgar,
se fue al oratorio y se quedó tan extasiado que, cuando se acercaba
la hora de comer, un hermano fue a buscarlo para decirle que
todavía no estaba ni siquiera encendida la cocina. Y él le
respondió: Los ángeles velan sobre ello. Tocaron para ir al
comedor y vieron que todo estaba preparado y a punto. Algo parecido
me cuenta una religiosa italiana contemplativa: Estábamos yo y la
hermana María en un pueblecito de Valencia (Venezuela), viviendo
unos días en la casa del párroco, pues el pueblo no tenía
párroco y el obispo nos había prestado la casa hasta que
encontráramos un terreno para construir el monasterio.
Sor María estaba en la capilla, preparando las antífonas de la
liturgia, y yo estaba preparando la comida. A las 10 de la mañana
me llama para que oiga su composición musical de la antífonas. El
tiempo va pasando sin darme cuenta y yo pienso en las vainitas, que
todavía no he limpiado, en el agua que estará ya hirviendo... Son
las 11,30 y a las 12 tenemos el rezo de sexta y, después, la
comida. Cuando regreso preocupada a la cocina, me siento
maravillada: las vainitas están preparadas y ya cocinadas en el “punto
justo”. Todo limpio y los deshechos en la bolsa de la basura, el
agua hirviendo... Me quedo estremecida. ¿Quién lo hizo, mientras
yo estaba en la capilla con la hermana María, si sólo estamos las
dos de Comunidad y nadie ha podido entrar? ¡Cómo le di las gracias
a mi ángel, a quien siempre invoco! Estoy totalmente segura de que
fue él quien hizo de cocinero en esta oportunidad. ¡Gracias,
ángel de mi guarda!
San Isidro labrador iba a misa todos los días y dejaba el campo
y los bueyes al cuidado de los ángeles y, cuando regresaba, el
trabajo estaba ya hecho. De modo que un día su amo fue a ver qué
pasaba, pues le habían dicho que Isidro iba a misa todos los días
y dejaba de trabajar. El amo vio, según algunos, a dos ángeles
trabajando con los bueyes y se quedó admirado.
El santo Padre Pío de Pietrelcina decía: Si la misión del
ángel guardián es grande, la del mío es ciertamente más grande,
pues debe servirme de profesor y explicarme otras lenguas.
En el caso de algunos santos confesores, el ángel les recordaba
los pecados olvidados de los penitentes como se cuenta,
especialmente, en la vida de san Pío de Pietrelcina y del santo
cura de Ars.
En la vida de san Juan de Dios, y de otros santos, se refiere
que, cuando estos santos no podían realizar sus tareas ordinarias
por estar en éxtasis, dedicados a la oración o fuera de casa, su
ángel les suplía y tomaba su figura. La Venerable María de Jesús
crucificado afirma que, cuando veía a los ángeles de las hermanas
de su Comunidad, los veía con la figura de las hermanas que
custodiaban. Tenían su rostro, pero con una gracia y belleza
celestial.
Así pues, los ángeles nos pueden hacer infinidad de servicios y
de hecho nos hacen muchos más de los que imaginamos, aunque no los
veamos ni seamos conscientes de ello. A algunos santos, como a santa
Gema Galgani, cuando estaba enferma, su ángel le daba una taza de
chocolate o algo que la mejorara, le ayudaba a vestirse y hasta le
echaba las cartas al correo. A ella le gustaba jugar con su ángel a
ver quién decía con más amor el nombre de Jesús y ella ganaba
casi siempre. Algunas veces, los ángeles pueden actuar, inspirando
a personas buenas a hacer ciertos trabajos que les han encomendado.
El padre José Julio Martínez relata dos sucesos históricos que
le contó una señorita de la Institución Teresiana, profesora de
un colegio de Castilla (España), protagonista del primero y muy
conocedora del segundo:
Necesitaba viajar de Burgos a Madrid, llevando maleta y dos
paquetes de libros bastante pesados. Como era época en que los
trenes circulaban llenos de viajeros, tuvo cierto miedo de viajar
con aquel equipaje tan pesado y quizás sin encontrar un sitio
vacío. Entonces, le rogó a su ángel custodio: Vete a la
estación, pues voy con el tiempo escaso, y ayúdame a encontrar un
asiento vacío.
Cuando entró en el andén, ya estaba el tren preparado y lleno
de viajeros. Pero desde una ventanilla, salió hacia ella una voz
amable que le decía: Señorita, va usted muy cargada. Ahora bajo a
ayudarle a subir sus cosas.
Era un señor algo anciano, de mirada transparente y bondadosa,
que se acercó a ella sonriente, como si la hubiera conocido de
tiempos antiguos y la ayudó a subir los paquetes y después le dijo
que había un asiento para ella. Él le dijo:
Yo no voy en este tren. Yo me encontraba paseando por el andén y
se me ocurrió que acaso llegaría alguna persona tarde sin
encontrar sitio para sentarse. Entonces, tuve la buena idea de subir
al tren y ocupar un asiento. Así que este asiento es para Ud.
Adiós, señorita, y buen viaje.
Y aquel ancianito, con su bondadosa sonrisa y mirada dulce, se
despidió de la teresiana y se perdió entre la gente. Ella sólo
pudo decir: Gracias, ángel de mi guarda.
Otra compañera mía era profesora en un colegio de Palma de
Mallorca y recibió la visita de su padre. Al tomar de regreso el
barco para la península, se sintió algo enfermo. La hija lo
encomendó a su ángel y al ángel de la guarda de su padre para que
lo cuidaran durante el viaje. Por eso, se sintió muy feliz, cuando
a los pocos días, recibió carta de su padre que le decía: Hija,
cuando me acomodé en mi puesto en el barco, me sentía peor. Un
sudor frío cubría mi frente y tenía miedo de estar enfermo dentro
del barco. En esto se me acercó uno de los pasajeros, de aspecto
distinguido y amistoso, y me dijo:
Me parece que Ud. está un poco enfermo. No se preocupe, yo soy
médico. A ver el pulso...
Me atendió magníficamente y hasta me puso una inyección
reconfortante.
Cuando llegamos al puerto de Barcelona, me dijo que él no podía
tomar el mismo tren, pero me mostró a un amigo suyo que venía
precisamente en ese tren y le pidió que me acompañara. Este amigo
era tan noble y generoso como el médico, y no me dejó hasta entrar
en casa. Te escribo esto para que estés tranquila y veas cuántas
personas buenas nos pone Dios en el camino de la vida.
En resumen, los ángeles están para servirnos, cuidarnos y
ayudarnos en nuestro caminar por la vida. Encomendémonos a ellos y
todo será más fácil y rápido con su ayuda.
MÁS EXPERIENCIAS DE ÁNGELES
La Madre Angélica, norteamericana, nacida en 1923, fundadora de
un convento de adoración perpetua a Jesús sacramentado, ha fundado
también la primera y principal cadena de televisión católica del
mundo por cable, ha establecido una editorial católica con su
imprenta, y ha fundado la mayor emisora de radio privada de onda
corta. Ella nos cuenta cómo Dios salvó su vida por medio de su
ángel de la guarda:
Jamás olvidaré un incidente que tuvo lugar, cuando yo tenía
diez u once años. Vivía todavía en Cantón, en Ohio, y ya
avanzada la tarde había ido a la plaza mayor para hacer algunos
encargos para mi madre... Cruzaba tranquilamente la calle, cuando de
pronto oí a alguien que chillaba, y al volver la cabeza, vi unos
faros que se me acercaban. Quedé momentáneamente cegada y,
entonces, sentí dos manos que me agarraban, ayudándome a saltar la
verja del aparcamiento.
Aquel coche había pasado un semáforo en rojo y seguía a toda
velocidad. Gradualmente, comencé a comprender lo ocurrido. Se
acercó un montón de gente, preguntándome cómo me las había
arreglado para saltar la verja. No tenía ni idea de cómo lo había
logrado. Al llegar a mi casa, mi madre estaba pálida y temblorosa.
Ella había sentido que corría peligro y se había puesto de
rodillas para rezar, pidiéndole a Dios que me salvara la vida.
Estaba claro que aquello era precisamente lo que Dios le había
ordenado a mi ángel que hiciera. Jamás olvidaré la curiosa
sensación de ser levantada, literalmente izada, por dos manos que
me ayudaron a cruzar la verja, que me separaba de la muerte...
Desde entonces he mantenido una relación muy íntima con mi
ángel. Le llamo Fidelis, que en latín significa fiel, y puedo
decir que siempre lo ha sido.
El ángel es nuestro amigo inseparable... Si eres estudiante,
pídele que te ayude a concentrarte en tu próximo examen. Si eres
representante comercial, pídele ayuda antes de visitar a tu
próximo cliente importante. Si eres padre, pide al ángel de la
guarda de tus hijos que los proteja en su vida cotidiana... Si
alguna vez te invade la soledad, recuerda al amigo que Dios te ha
dado. Está contigo en todo momento. Nunca estás solo. Si alguna
vez has deseado tener un amigo que te comprendiera y te aceptara tal
como eres, si has deseado tener a alguien que no se desalentara por
tus debilidades o tus pecados, si has querido tener a alguien que
rezara por ti en cualquier circunstancia, ése es tu ángel. Tienes
un ángel de la guarda... Con millones de ángeles que rezan por ti
y con un ángel de la guarda que te cuida especialmente, nunca debes
tener miedo.
Un sacerdote, a quien conozco personalmente, me dijo que se
escribía con una religiosa contemplativa. Un día le escribió una
carta a esta religiosa en la que le decía que le mandaba un ramo de
rosas con su ángel. Y ella le contestó lo siguiente:
Recibí tu carta, en la que me decías que me enviabas con tu
ángel un ramo de flores. Dos días después, víspera de una gran
solemnidad, yo estaba en la cocina, cuando me mandaron llamar. La
Madre Superiora venía hacia mí con un hermosísimo ramo de flores.
Eran rosas, frescas, como si las hubieran cogido en esa misma hora
y, entre ellas, había espigas de trigo, unas maduras y otras
verdes, como a mí siempre me han gustado. Había treinta y dos
rosas extraordinariamente bellas. La Madre no sabía quién las
enviaba, pero intuitivamente pensó que eran para mí. La hermana
portera dijo que tampoco sabía, porque las habían dejado en el
torno con una nota. Yo le dije a la hermana que las llevara a la
capilla para Jesús, y recogí la nota. La nota no se leía muy bien
y pensé que era de un seminarista, a quien yo le aconsejaba para
que fuera un buen sacerdote; además, la firma era ilegible.
Pero en la noche, con más calma, leí bien y decía: “Para mi
hermanita María”, y debajo estaba la firma. Comparé la firma con
la de tu carta y era exactamente la misma. La Madre también pudo
compararlas y me dijo que eran las dos exactamente iguales. Así que
me convencí de que eras tú quien me había enviado las rosas por
medio de tu ángel. Unos días más tarde, le pregunté a mi ángel
quién había traído las rosas y me dijo: “El ángel del Padre”.
Ciertamente, los ángeles son mensajeros fieles. Por eso, yo
tengo la costumbre de enviar saludos y flores y bendiciones por
medio de mi ángel; porque sé que es eficaz y cumple bien los
encargos.
El padre Giovanni Salerno, el gran misionero de los Andes del Sur
del Perú y fundador del Movimiento de los Siervos de los pobres del
tercer mundo, tiene mucha devoción al ángel custodio y les dice a
sus hijos espirituales: Los niños huérfanos y abandonados nos han
sido traídos por sus propios ángeles de la guarda, que son
nuestros mejores aliados. Y nosotros no debemos cansarnos de hacerle
comprender a cada niño qué importante y hermoso es el hacer
amistad y establecer una alianza con su propio ángel de la
guarda... Cada vez que recibimos en nuestras casas a un niño pobre
y abandonado, debemos recibirlo, agradeciendo al ángel de la
guarda, que nos lo trae. ¡Cuánto habrá luchado su ángel para
traernos a ese niño!
Una religiosa me escribía en una carta lo siguiente: Desde
pequeña he vivido en intimidad con mi querido amiguito, el ángel.
Cuento siempre con él y puedo hablar con él en cualquier momento y
de cualquier cosa. Tiene la tez blanca, suavemente sonrosada, ojos
azules claros, rostro hermoso, expresión alegre y jovial, con una
sonrisa cautivante. A veces, está serio, pero nunca frío o
distante. Tiene los cabellos rubios. Cuando me habla, es
delicadísimo y educadísimo. Sus alas son lindas, grandes y con
plumas suaves y blandas. Cuando era pequeña, parecía tener un año
más que yo. Ahora aparenta ser un joven de 18 ó 19 años y con una
estatura unos 10 cms mas alto que yo. Pero, en alguna ocasión, lo
he visto muy alto con las alas extendidas.
Siempre responde a mis preguntas o me dice que debo esperar la
respuesta. Otras veces, me sonríe, que es lo mismo que decirme que
sí a lo que le pregunto. Viste una túnica larga hasta los pies, de
un tono azul claro. Las mangas son amplias. El tejido parece ser
fino y suave. Cuando camina, parece no tocar el suelo y lo hace sin
hacer ruido.
El día de Navidad íbamos en procesión por el convento,
llevando una imagen del Niño Jesús y teníamos velas en las manos.
Entonces, vi a los ángeles de las hermanas, que iban también con
velas encendidas en sus manos. Mi ángel iba a mi lado y me miraba
tiernamente. Quedé muy conmovida y no podía contener mis
lágrimas. Todos los ángeles tenían como una aureola en forma de
anillo alrededor de la cabeza.
Una religiosa contemplativa me escribía desde Polonia: Yo he
experimentado un milagro de mi ángel. Siempre me ha gustado pintar
y, como religiosa, tengo mi pequeño estudio para pintar dentro del
convento. El 9 de marzo del 2004, mientras estaba pintando, encendí
una pequeña vela a las 2 de la tarde. Me olvidé de apagarla y me
fui a la capilla para la adoración del Santísimo, que tenemos
todos los días desde la mañana hasta la tarde. No volví al
estudio hasta el día siguiente a las 9,30 a.m. Y me sorprendí al
ver todavía encendida la velita, que estaba en medio de una gran
cantidad de pinturas al óleo. La vela, cuando la prendí, tenía
unos 7 cms de alto y 5 cms de ancho y, cuando la encontré, tenía
todavía 1,5 cms de alto. Realmente, creo que fue un milagro. Yo
creo que fue mi ángel guardián quien me protegió y evitó un
incendio, porque siempre me encomiendo a él al comenzar mi trabajo.
Otra religiosa me escribía: El otro día le pedí a mi ángel un
favor y me lo hizo. Tengo dos pajaritos y mi oficio es limpiarlos.
Pero se me escaparon y desaparecieron toda la mañana. Y, a primera
hora de la tarde, regresaron al nido. Las hermanas dicen que eso fue
un milagro. Y yo no cabía de contenta por el favor de mi ángel.
Veamos ahora el caso, contado por un sacerdote italiano. En un
día espléndido de primavera, llevaba la comunión a un enfermo en
bicicleta. Conocía muy bien el camino, pero, de pronto, se siente
extraviado. Y se pregunta:
¿Dónde estoy? ¿Qué me ha sucedido? ¿Cómo he podido
extraviarme por un camino que conozco tan bien? Doy vuelta para
cerciorarme que no estoy soñando y veo una casa rústica. Sale una
mujer, llorando, que me mira con ojos asombrados. Al reconocerme, se
pone a gritar de alegría: “¡Un sacerdote! ¡Gracias ángel de mi
guarda, por haberme escuchado y habérmelo mandado!”
Se acerca y me dice: “Venga, padre, mi marido se está muriendo
y acaba de pedir un sacerdote. Estaba desesperada, porque no podía
dejarlo solo y tampoco sabía dónde ir a buscar un sacerdote.
¡Había deseado tanto que él quisiera un sacerdote, él que
siempre lo había rechazado! Le he dicho a mi ángel que se
encargara de buscarlo. Y, de pronto, aparece Ud. como llovido del
cielo. Gracias, Padre, gracias”.
Entonces, me doy cuenta de que su ángel se había puesto de
acuerdo con el mío y me había guiado sin darme cuenta a donde mi
ministerio era más urgente. Pero me esperaba otra sorpresa: cuando
abro el portaviáticos para darle la comunión, me doy cuenta,
asombrado, de que hay dos hostias, cuando yo estaba seguro de haber
puesto sólo una. Me recojo en adoración al lado del moribundo, que
instantes después levanta el vuelo al paraíso. Luego, emprendo el
camino hacia la casa del enfermo al que iba a visitar.
En los días sucesivos, percibo mucho más que antes la presencia
del ángel de la guarda junto a mí, que, sonriendo y regañándome
suavemente, me repite: “No te olvides nunca de mí. Yo siempre
estoy contigo”.
El padre Joaquín Hernando Calvo, sacerdote claretiano, a quien
conozco personalmente, tuvo una experiencia extraordinaria con su
ángel. Estando en Lima, se sintió mal del corazón y fue a
Barcelona a operarse. Estando en plena operación, su corazón dejó
de latir y quedó clínicamente como muerto. Los médicos lo
cosieron y lo mandaron al depósito de cadáveres. Estando allí,
fue a verlo su hermano, también sacerdote claretiano, y vio que se
movía. Llamó urgentemente a los médicos, quienes lo regresaron a
la sala de operaciones y le salvaron la vida. Pero él cuenta que,
en los momentos en que estaba clínicamente muerto, se sintió salir
de su cuerpo y vio a su ángel que lo miraba con todo amor y le dijo
que todavía no era su hora y que debía volver a la vida para
fomentar por todas partes la devoción a los ángeles custodios. Era
una misión especial que Dios le encomendaba. De hecho, ha fundado
una Asociación de Amigos de los ángeles, que puede verse en
internet, y por todas partes habla de la importancia de la devoción
al ángel custodio.
El Papa Juan Pablo II escribió: Tengo una devoción especial al
ángel de la guarda. Desde niño, probablemente como todos los
niños, repetí tantas veces esta plegaria: “Ángel de Dios, que
eres mi custodio, ilumíname, custódiame, dirígeme y gobiérname”.
Mi ángel de la guarda sabe lo que estoy haciendo. Mi confianza en
él, en su presencia protectora, crece en mí continuamente. San
Miguel, san Gabriel, san Rafael son arcángeles a los que invoco con
frecuencia en la oración. Recuerdo también el hermoso tratado de
santo Tomás sobre los ángeles, espíritus puros.
MI VIDA CON LOS ÁNGELES
Era un 16 de diciembre de 1943, aquel día mi ángel estaba
contento, porque a las ocho de la noche de un día frío y lluvioso
de invierno vine al mundo y él me estaba esperando con amor.
Seguramente le ayudó a mi madre en aquellos momentos para que todo
saliera bien según el plan de Dios. Mi padre se alegró y quiso
ponerme su nombre: Ángel. Quizás, por eso, no es casualidad que,
desde muy pequeño, haya tenido mucha devoción a los ángeles.
Desde que tengo uso de razón, recuerdo que encima de mi cama
había una imagen grande de un ángel con alas que cuidaba a dos
niños que estaban atravesando un puente rudimentario. Es una imagen
muy conocida y que a mí, desde muy niño, me hizo querer al
compañero de mi vida e invocarlo con amor. La devoción al ángel
de la guarda ha sido en mi familia una nota característica y a mis
hermanas les recuerdo siempre que no se olviden de rezar a su
ángel. A muchas personas, cuando les escribo, les digo: Saludos de
mi ángel.
Cuando era joven seminarista, un día fuimos al monte y, en un
descuido, casi me saco un ojo con un clavo, en una casa de campo
abandonada. Creo que mi ángel estaba allí y me cuidó para que no
me pasara nada. Mi ángel cumplía órdenes y velaba por mí como lo
ha hecho a lo largo de mi vida. El plan de Dios era que fuera
sacerdote y, por eso, me cuidaba de tantos peligros para el cuerpo y
para el alma.
Cuando estaba de misionero en la Sierra del Perú, me libró de
peligros de serpientes, de caídas del caballo, de enfermedades por
causa del clima y de tantas otras cosas que sólo conoceré en el
cielo. Por eso, estoy muy agradecido a mi ángel.
Cuando era capellán militar en el norte de África, estaba
espiritualmente bajo de forma; estaba pensando en dejar el
sacerdocio y fue, en aquellas dudas, en las que sentí la
inspiración de mi ángel (así lo digo siempre) de escribir a
cuatro conventos de vida contemplativa para pedirles ayuda. Y creo
que me sirvió, pues no tuve que retirarme y retomé mi vocación
con más fuerza y fervor, cuando pasó la crisis de fe.
Estando en Arequipa, un día, estando en la sala de televisión,
él me inspiró a escribir a muchos conventos de vida contemplativa
para pedir oraciones, considerando que sería muy hermoso tener el
apoyo espiritual de muchas buenas y santas religiosas. Fue el 5 de
diciembre de 1988, cuando escribí las primeras cartas a religiosas
de clausura de distintos países, y cuya amistad dura hasta ahora.
Creo que es una de las cosas que más beneficio espiritual me ha
traído en mi vida.
En una oportunidad, iba a celebrar la misa con otros dos
sacerdotes de mi Orden y no había nadie en la iglesia. Mis hermanos
me dicen: ¿Vamos a celebrar nosotros solos? Les digo: No, la
iglesia está llena de ángeles. Parece que no les convencía mucho
esta idea, pero para mí era muy claro que nunca estamos solos. Por
eso, decía san Bernardo: Nunca estoy menos solo que cuando estoy
solo. Siempre estamos rodeados de ángeles, que nos acompañan en
todas partes. Yo estoy convencido de ello. Por lo cual, saludo a los
ángeles de los que me saludan y de los que me rodean.
Cuando celebro la misa, pienso en los ángeles de los presentes y
les pido que vengan al altar a acompañarme, y lo mismo le digo al
ángel de la iglesia, a los ángeles del acólito y de las
religiosas, a quienes he pedido que me envíen cada día su ángel.
A todos los ángeles del universo los invito a asistir a la misa.
En nuestra iglesia, a veces, cantamos una canción a los ángeles
que comienza diciendo: Hay ángeles volando en este lugar. Esta
canción me emociona y me hace pensar en su presencia.
Hace un tiempo, estaba paseando por un parque público cantando
en voz baja una canción inventada, cuando vi a unos niños, que
estaban jugando con su papá. Me acerqué a saludarlos, pues soy muy
amigo de los niños, y me sentí feliz de su cariño. Pensé en sus
ángeles y les hablé de que rezaran a su ángel. Esto lo hago
muchas veces con los niños grandecitos, para que no se olviden de
rezar cada día la oración del ángel custodio.
Hay días en que, cuando despido a una persona, le digo: Te
presto mi ángel hasta que llegues a tu casa. Creo que es algo
afectivo, sobre todo, para evitar el miedo por las noches y por
zonas peligrosas.
Cuando rezo el oficio divino o el rosario, pido a mi ángel que
me acompañe en mi oración. Frecuentemente, le pido que me ayude y
me inspire lo que debo escribir, o lo que debo hablar, sobre todo,
en la misa. A veces, me uno a todos los ángeles de los sagrarios
del mundo entero o a los que asisten a todas las misas del mundo
para adorar con ellos a Jesús sacramentado. Cuando visito a los
enfermos, me gusta hacerles repetir la oración del ángel y se la
recomiendo a todos los que puedo. Cuando viajo, invoco a los
ángeles de mis compañeros de viaje y especialmente del chofer.
Mi ángel es para mí un hermano, un amigo, un padre, que siempre
vela por mí y siempre está conmigo. ¿Qué sería mi vida sin el
ángel? Dios me lo ha dado para ayudarme y me privaría de muchas
gracias que Dios ha querido darme por medio de él. Por eso, pienso
en los que no creen en el ángel o no lo invocan nunca o se olvidan
fácilmente de él. ¡Cuántas bendiciones se pierden! ¡Es muy
hermoso recibir la comunión acompañado de los ángeles! Mi ángel
me ayuda a hacer una buena comunión y, después de la misa, me
acompaña a darle gracias al Señor por la misa celebrada.
Mi ángel ofrece todo lo que hago al Señor y reza por mí para
que cumpla la misión que Dios me ha encomendado en este mundo. Él
quiere que sea un sacerdote santo y me lo recuerda muchas veces y me
exige, porque es muy exigente, que sea fiel hasta en los más
pequeños detalles.
Algunas personas me han preguntado alguna vez, si he visto a mi
ángel. Les digo que NO, pero no hace falta verlo para estar seguro
de su existencia y de su compañía. Ahí está la vida de los
grandes santos, que lo veían y nos cuentan cómo los ayudaba y
consolaba. A veces, hasta les llevaba la comunión, cuando estaban
enfermos. Mi ángel es amigo de mis amigos y los ángeles de mis
amigos son también mis amigos y puedo contar con ellos. Entre los
ángeles, no hay celos ni envidias. Todos nos aman, todos quieren
ser nuestros amigos, y todos quieren ayudarnos.
Personalmente, me siento contento de ser amigo de todos los
ángeles que existen, sin olvidarme de los santos y de las almas del
purgatorio. A todos los tengo presentes en la misa, especialmente, a
todos mis familiares y antepasados. Y, como he hecho un pacto con
los ángeles, me siento feliz de saber que muchísimas bendiciones,
que recibo de Dios, las recibo, porque ellos rezan por mí y aman y
alaban a Dios en mi nombre. Por mi parte, ofrezco algunas veces
misas en su honor, especialmente, de mi ángel custodio y les doy mi
bendición para que la repartan a los que la necesiten, porque ellos
también me bendicen a mí de parte de Dios.
¡Que Dios sea bendito en sus santos y en sus ángeles! Amén.
PACTO DE AMOR
La Madre Amparo, fundadora del convento de clarisas de
Cantalapiedra (Salamanca-España) nos habla en su Autobiografía de
que el 17 de octubre de 1934, en la noche, soñó con santa
Margarita María de Alacoque, la mensajera del Corazón de Jesús,
de quien era muy devota, y dice:
Estaba toda vestida de blanco y os ha hecho a todas socias de la
Sociedad... Es una Sociedad que tenemos: la Sociedad de los
serafines. Ya sabéis a lo que esto os obliga: a ser serafines, a
tener en la tierra el mismo oficio que ellos en el cielo: amar a
Dios y alabarle y glorificarle en todo, lo mismo en las penas que en
las alegrías, conformándonos siempre con su voluntad.
Santa Margarita María de Alacoque pertenecía también a la
Asociación de los ángeles, adoradores de Jesús sacramentado. Ella
cuenta en su Memoria, escrita a la Madre Saumaise: Vi una multitud
de ángeles que me dijeron que estaban destinados a honrar a
Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar, que si yo quería
asociarme a ellos me recibirían de buen grado, pero que era preciso
que comenzara a vivir su misma vida. Ellos me ayudarían cuanto
pudieran para hacerlo así y suplirían mi incapacidad de rendir a
Nuestro Señor los homenajes de amor que desea de mí. Que era
preciso, en cambio, que supliera yo su incapacidad de padecer y que
así uniríamos el amor paciente (sufriente) a su amor gozoso. Y me
hicieron leer nuestro pacto escrito en el Sagrado Corazón de
Jesucristo.
¿No querrías tu pertenecer también a la Asociación de los
ángeles adoradores de Jesús sacramentado y a la Asociación de los
serafines y, en general, pertenecer a la Asociación de los ángeles
para amar y adorar con ellos y por ellos a tu Dios y Señor? ¿Por
qué no haces un pacto de amor con ellos para ser su hermano y su
amigo? Ellos, por su parte, tendrán tu nombre escrito en su
corazón y rezarán siempre por ti, y adorarán y amarán a Dios
contigo y de tu parte. Piensa: Serás un hermano de los serafines y
de los querubines, de los ángeles y de los arcángeles... Y ellos
te aceptarán como hermano y te cuidarán como a un hijo querido.
Di ahora mismo: Dios mío, Trinidad a quien adoro, en unión de
los serafines y de todos los ángeles del universo, te adoro y te
amo. Me consagro a ellos como hermano y me asocio a ellos como un
niño pequeño, que necesita su ayuda y protección. Padre mío, por
medio de Jesús y de María, con el poder del Espíritu Santo, une
mi vida a la suya, mi amor a su amor y haz que, a partir de este
momento, seamos UNO, para siempre. Recibe este pacto de amor en el
Corazón de Jesús por medio de María y sellado con la sangre de
Jesús para que se haga realidad. Amén.
ORACIÓN A MI ÁNGEL
Ángel de mi guarda, tú que eres un ángel del Señor, un
espíritu puro, más sabio que los sabios y más fuerte que todos
los poderosos. Tú que contemplas sin cesar la faz del Padre
celestial, tú que me acompañas desde mi infancia y eres mi
protector y mi guía por los caminos de la vida. Te doy gracias por
todo lo que me has ayudado, por haberme librado de muchas
tentaciones y haberme consolado en muchas dificultades. Gracias,
ángel mío. Te quiero pedir en este momento que presentes mis
oraciones y sufrimientos ante el altar de Dios por la salvación de
mis hermanos. Ayúdame a ser amigo de todos los ángeles del
universo, quiero ser hermano y amigo de todos ellos.
Tú que eres amigo de todos los ángeles, úneme a ellos, saluda
al ángel de mis padres, hermanos, amigos y de todos mis familiares.
Saluda también cada día a los ángeles de quienes se acerquen a
mí; y haz que mi compromiso y mi pacto de amor, que hice un día
con todos los ángeles, sea efectivo. Quiero sentirme serafín con
los serafines, querubín con los querubines, y ángel con cada uno
de ellos. Quiero que los ángeles virtudes fomenten en mí todas las
virtudes y quiero unirme, especialmente, a todos los ángeles que
adoran a Jesús sacramentado. Ángel mío, ángel amigo, ángel de
Dios, bendíceme y ora mucho por mí. Procura que en cada sagrario
del mundo haya, al menos, un ángel que ama y adora y ora en mi
nombre. Que en todas las misas haya quien me represente ante el
altar de Dios y, cuando alguno de mis familiares y amigos esté en
dificultad, vete tú a ayudarle de mi parte en unión con otros
ángeles.
Señor Jesús, hazme amigo de todos los ángeles para que todos
tengan mi nombre escrito en su corazón y puedan amarte y adorarte
en mi nombre, ahora y para siempre en unión con la Virgen María y
todos los santos. Amén.
ORACIÓN ANTES DE LA MISA
Ángeles de Dios, espíritus puros y ministros del Señor, que
presentáis ante su trono mis oraciones y sufrimientos, ayudadme
para que pueda presentarme puro ante el trono de Dios para celebrar
dignamente este santo sacrificio. Ángel de mi guarda, ayúdame
durante la misa y ofrece el sacrificio de mi vida y de mi amor al
Señor todopoderoso, en unión con todos los ángeles y santos.
Arcángeles santos, ilustres capitanes del ejército celestial,
ayudadme a comprender los grandes misterios que vamos a celebrar.
Principados del cielo, dadme la gracia de vivir enteramente para
Dios en la salud o en la enfermedad, en la pobreza o en la riqueza,
para que mi vida sea toda para Dios, cumpliendo siempre su santa
voluntad.
Virtudes celestes, asistidme para que progresando cada día más
en el ejercicio de las virtudes, sea digno de tocar con mis manos y
recibir en mi corazón a Jesús, mi Señor y mi Dios.
Potestades invencibles del Señor, libradme de todos los ataques
de los enemigos del alma y alejad de mí a todos los demonios
durante esta celebración eucarística para que pueda servir
dignamente a mi Señor,
Dominaciones poderosas, dadme la libertad de los hijos de Dios
para que no esté sometido a los vicios ni apetitos carnales y pueda
amar libremente y con todo mi amor a mi Señor, Dios todopoderoso.
Tronos sublimes y gloriosos, dadme la gracia de ser humilde y
sumiso a la voluntad de Dios para servirlo con todo mi corazón, y
mi alma pueda ser digna morada de la santa Trinidad.
Querubines excelsos y luminosos de la gloria celestial, iluminad
mi alma para que pueda conocer la excelencia infinita del sacrificio
que vamos a celebrar y pueda con vosotros alabar y glorificar ahora
y por siempre el santo Nombre de Dios. Serafines amorosos, que
estáis ante el trono de Dios, envolvedme con vuestro fuego divino
para que mi alma sea una llama de amor y pueda unirme a vosotros
para amar ardientemente a Dios por toda la eternidad. Amén.
Todos los coros de los ángeles, acompañadme en esta
celebración. Todos los ángeles del universo, venid a cantar
conmigo las alabanzas del Señor. Amén.
ÁNGEL DE MI GUARDA
Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca
me abandonas, ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas
mis oraciones y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo
sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya
siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por
tu fiel custodia, gracias por tu compañía.
En presencia de los ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria
al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.
(Himno de la Liturgia de las Horas)
AL ÁNGEL DE MI GUARDA
Cuando perdido en la vida y alejado de mi casa, andaba por los
caminos sin saber por dónde andaba, tú caminabas conmigo al ritmo
de mi sandalia. Cuando perdido en la noche, tenía frío en el alma,
tú caminabas conmigo hasta el despertar del alba. Cuando estrellado
en el muro y cercado por la valla, me sentía prisionero sin la
libertad soñada, tú caminabas conmigo, deshaciendo la alambrada.
Siempre estuviste en mi vida como el sol de la mañana, como la luna
en la noche, como el mar sobre la playa, siempre estuviste a mi
lado, animando mi esperanza. Por ti volvió mi Jesús a ser el
centro de mi alma. Y, por eso, te doy gracias angelito de mi guarda.
* * * *
Yo enviaré un ángel delante de ti para que te defienda en el
camino y te haga llegar a tu destino. Acátale y escucha su voz. (Ex
23, 20-21)CONCLUSIÓN
Después de haber visto la importancia de la amistad con los
ángeles, considero que sería una buena decisión tomar en serio a
estos hermanos nuestros, que tanto pueden y desean ayudarnos. Su
amistad no nos hará daño, sino todo lo contrario. Por eso, debemos
comenzar por hacer con ellos un pacto de amor y ayuda mutua.
Después, hacer el propósito de pensar más en ellos, saludarlos y
ofrecerles muestras de cariño, ofreciéndoles flores espirituales.
Ellos se sentirán agradecidos y nos responderán con su amor y
ayuda más de lo que podemos imaginar.
Dios nos ha dado un ángel bueno para que nos cuide. Olvidarlo y
no pedirle ayuda es algo que va en contra de la voluntad de Dios.
Allá los que no crean en su existencia o duden de su eficiencia.
Los santos nos hablan por su propia experiencia y yo puedo dar
testimonio de la eficacia de esta realidad. Ellos son tan reales
como las cosas que nos rodean. Ellos están más cerca que nuestros
propios familiares. Ellos nunca nos abandonan. Y, con mucha
frecuencia, nos libran de peligros sin que nos demos cuenta.
Saludos de mi ángel y saludos a tu ángel.
Tu hermano y amigo del Perú. P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La
Caridad Pueblo Libre-LIMA-PERÚ Teléfono 461-5894
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Rosario, Curitiba (Brasil), 1996. Zamboni Doriana, Milagros
cotidianos, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2003.
Un ángel es un miembro de aquella familia de seres maravillosos
que, antes de que fuese creado el mundo hace millones de años, ha
estado delante del trono de Dios y lo ha servido y adorado con amor
apasionado. (Cardenal Henry Newman)
Obras del mismo autor
Tu amigo, el ángel. La vida es una lucha contra el mal.
Apariciones y mensajes de María. Más allá de la muerte. Más
allá del sufrimiento. ¿Dónde están los niños muertos sin
bautismo? El destino de los niños muertos sin bautismo. En camino a
la santidad. La alegría de amar. Siempre triunfa el amor. Jesús
Eucaristía, el amigo que siempre nos espera. Sacerdocio de amor
(agotado). Holocausto de amor (agotado). Esposas de Jesús
(agotado). Católico conoce tu fe (agotado). Jóvenes de corazón.
La maravilla de ser hijo de Dios. La Providencia de Dios. Ateos y
judíos convertidos. Regresando a casa (cristianos convertidos a la
fe católica). Ángeles en acción. Milagros vivientes. Vale la pena
vivir. Luces y sombras de la Iglesia. La Eucaristía, el tesoro más
grande del mundo (en preparación). Sacerdote para siempre (en
preparación). La alegría del perdón (en preparación). Líbranos
del maligno (en preparación). María, Madre nuestra (en
preparación). ¿Eres realmente libre? (en preparación).
Algunos de estos libros pueden encontrarse en
www.proyectovocacional.com. Y en www.catholic.net.