TU AMIGO, EL ÁNGEL
Nihil Obstat P. Fortunato Pablo Prior Provincial y P. José
Miguel Lerena Vic. Provincial O.A.R.
Imprimatur Mons. Emiliano Cisneros Obispo de Chota (Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2.000
Muy gustosamente presento el libro del R.P. Ángel Peña, O.A.R.,
que ha escrito sobre los ángeles, y más concretamente acerca del
ángel de la guarda, como decimos habitualmente.
Es un tema teológico y al mismo tiempo práctico en la vida del
cristiano, ya que se vive cotidianamente como algo familiar. Por
esta razón considero un acierto que el autor haya dedicado la
primera parte de su escrito a fundamentar teológicamente esta
realidad sobrenatural, con textos de la Sagrada Escritura y de los
Santos Padres, y también algunos de los últimos Papas.
El lector podrá experimentar, además, que su lectura es
interesante y amena por la gran cantidad de ejemplos y testimonios
de santos y de fieles no sólo de épocas remotas sino que se han
dado en nuestros días.
Por esta razón, no dudo que su lectura ayudará a muchos a
progresar en su vida cristiana al constatar que Dios Nuestro Señor,
en su amorosa Providencia, nos ha concedido este gran don de tener
siempre un ángel que nos acompaña durante toda nuestra vida para
defendernos, iluminarnos y fortalecernos.
Termino felicitando al P. Ángel, que ha hecho honor a su nombre
y se nos manifiesta como un gran devoto de los ángeles, y tiene,
además, una gran erudición fruto de la lectura de una extensa
bibliografía sobre el tema. Que todo sea para gloria de Dios Padre
de quien viene todo don perfecto.
Lima, 28 de abril de 2000
Mons. José Antonio Almandoz Garmendia Consejero de la Nunciatura
Apostólica
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
Los ángeles. Su jerarquía. Sus funciones. El ángel custodio.
El ángel consolador. El ángel defensor. El ángel de Dios. Los
santos y los ángeles. Otros testimonios. Testimonios recientes. El
arcángel San Rafael. Ángeles por la calle. Ángeles de Dios.
Ángeles en el más allá. Experiencias en los umbrales de la
muerte. El ángel guardián. El ángel amigo. Pacto de amor mutuo.
Letanía a los ángeles. Canción al ángel de la guarda.
EPÍLOGO
Nota.- Cat se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica.
INTRODUCCIÓN
Vivimos tan inmersos y preocupados por las realidades temporales
de este mundo que nos olvidamos fácilmente de las realidades
espirituales. Muchos hombres actuales ya no creen en los ángeles
como tampoco quieren creer en muchas verdades de nuestra fe
católica; incluso, se atreven a no creer en la existencia de Dios.
El problema no es que el sol de Dios se haya oscurecido, sino que
ellos han cerrado sus ojos para no verlo. De la misma manera, el
problema no es que los ángeles hayan desaparecido ante el avance de
la ciencia, sino que la falta de fe de muchos de nuestros
contemporáneos, no les permite verlos. Sin embargo, la existencia
de los ángeles es una verdad de fe y, como tal, debemos aceptarla,
porque nunca va cambiar. Además, los ángeles custodios son
nuestros compañeros inseparables y debemos aprovechar su ayuda para
el peligroso camino, lleno de tentaciones y dificultades, que
debemos recorrer en nuestra vida.
En muchos países existe un servicio de asistencia espiritual,
llamado "la voz amiga". Cuando una persona se siente sola
y triste, puede llamar a ese teléfono para recibir consuelo. Pues
bien, cuánto consuelo y paz podríamos recibir en cada momento, si
pensáramos, seriamente convencidos, de que tenemos a nuestro lado
este ángel, enviado por Dios, para nuestra custodia y protección.
Dedico este libro a todos aquellos que tienen aspiraciones de
santidad y desean conocer y amar cada día más a este amigo
inseparable, compañero fiel y guardián de nuestras vidas. LOS
ÁNGELES
Cuando se habla de los ángeles, no faltan quienes se sonríen
maliciosamente, como dando a entender que es un tema pasado de moda
o simplemente que es un cuento muy bonito para hacer dormir a los
niños. No faltan, incluso, quienes se atreven a confundirlos con
los extraterrestres o niegan su existencia, porque "nadie"
los ha visto. Sin embargo, la existencia de los ángeles es una de
las verdades de nuestra fe católica. Dice la Iglesia: "La
existencia de seres espirituales no corporales que la Sagrada
Escritura llama habitualmente ángeles es una verdad de fe"
(Cat 328). Los ángeles "son servidores y mensajeros de
Dios" (Cat 329). "Son criaturas puramente espirituales,
tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e
inmortales y superan en perfección a todas las criaturas
visibles" (Cat 330).
San Gregorio Magno, llamado "el Doctor de las milicias
celestiales", dice que "la existencia de los ángeles
está atestiguada en casi todas las páginas de la Sagrada
Escritura". Ciertamente, la Escritura está llena de
intervenciones angélicas. Los ángeles cierran el paraíso terrenal
(Gén 3,24), protegen a Lot (Gén 19), salvan a Agar y a su hijo en
el desierto (Gén 21,17), detienen la mano de Abraham, alzada para
matar a su hijo Isaac (Gén 22,11), asisten a Elías (1 Re 19,5), a
Isaías (6,6), a Ezequiel (40,2) y a Daniel (7,16).
En el Nuevo Testamento, los ángeles se aparecen en sueños a
José, anuncian el nacimiento de Jesús a los pastores, le sirven en
el desierto y lo confortan en Getsemaní. Anuncian su Resurrección
y se presentan en su Ascensión. Jesús mismo habla mucho de ellos
en sus parábolas y enseñanzas. También un ángel libera a Pedro
de la cárcel (Hech 12) y otro ángel ayuda al diácono Felipe para
que convierta al etíope en el camino de Gaza (Hech 8). En el libro
del Apocalipsis hay muchas intervenciones de los ángeles como
ejecutores de las órdenes de Dios, incluso para castigo de los
hombres.
Su número es de miríadas y millares de millares (Dan 7,10 y Ap
5,11). Ellos son espíritus servidores, enviados para el servicio de
los hombres (Heb 1,14). "Dios los envía como el viento y hace
de sus servidores llamas de fuego" (Heb 1,7). En la liturgia,
la Iglesia celebra particularmente la memoria de San Miguel, San
Gabriel y San Rafael el 29 de setiembre, y de los ángeles custodios
el 2 de octubre. Algunos autores hablan de Lechitiel, Uriel, Rafiel,
Etofiel, Salatiel, Emmanuel..., pero no hay seguridad y sus nombres
no son importantes. En la Biblia sólo se nombran a los tres
primeros: Miguel (Ap 12,7; Jud 9; Dan 10,21), Gabriel, que anuncia
la Encarnación a María (Lc 1; Dan 8,16 y 9,21), y Rafael, que
acompaña a Tobías durante su viaje, según el libro del mismo
nombre.
A San Miguel se le suele dar el título de arcángel, como se
dice en Jud 9, a pesar de ser el príncipe y jefe de todos los
ejércitos celestiales. A Gabriel y Rafael la piedad cristiana les
ha dado también el título de arcángeles. El culto a San Miguel es
muy antiguo. Ya en el siglo IV había un santuario dedicado a él en
Frigia. En el siglo V se erigió otro en el monte Gárgano, al sur
de Italia; y el año 709 se construye otro gran santuario sobre el
monte Saint Michel en Normandía (Francia).
Los ángeles "son estrellas de la aurora e hijos de
Dios" (Job 38,7). Fray Luis de León, comentando este texto
dice: "Se les llama estrellas de la aurora, porque su
entendimiento es más claro que las estrellas y salieron a la luz en
la aurora del mundo". San Gregorio Nacianceno afirma que
"si Dios es un sol, los ángeles son sus primeros y más bellos
rayos". San Agustín dice: "Ellos nos miran con ardiente
amor y nos ayudan para que podamos llegar también nosotros a las
puertas del cielo" (Com al Sal 62,6).
Oh espíritus celestes, amigos de los hombres y servidores de
Dios, ayudadme en mi caminar por las sendas de la vida hacia la
patria celestial. Amen.
¿Crees en los ángeles? ¿Eres amigo de los ángeles?
SU JERARQUÍA
La palabra ángel viene del griego angelos y significa mensajero.
Entre ellos hay distintos grados o jerarquías, que se llaman coros.
El Seudo Dioniso Areopagita, escritor cristiano del siglo IV, fue el
primero, que, en su libro "Teología mística y jerarquía
celeste", ha definido con claridad las funciones y jerarquías
de los nueve coros de los ángeles. Muchos santos Padres como San
Gregorio Magno, San Juan Damasceno, Santo Tomás de Aquino y otros
muchos lo han seguido en esto. Los nueve coros u órdenes de
ángeles son:
Ángeles (Ap 5,11; Dan 7,10), arcángeles (1 Tes 4,16); tronos,
dominaciones, principados, potestades (Ef 1,21; Col 1,16); virtudes
(Ef 1,21; 1 Pe 3,22); querubines (Ez 10,1-20; Gén 3,24); serafines
(Is 6,2-6). Suelen colocarse en este orden: ángeles, arcángeles,
principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines
y serafines.
Su jerarquía no se debe a que sean distintos en su naturaleza
(al igual que todos los hombres, son iguales por su naturaleza). Su
diferencia, según algunos, se debe a las diferentes misiones
encomendadas o, según Santo Tomás, al grado de amor y santidad de
cada uno, así como entre los hombres también hay distintos grados
de santidad. Y en esto, según Santo Tomás, los hombres pueden
igualar o superar a los ángeles. La Virgen María es superior a
todos los ángeles, no por su naturaleza humana inferior, sino por
su grado mayor de santidad. Los sacerdotes tienen una jerarquía
superior a los ángeles en cuanto a su dignidad.
¿Estás unido a los coros de los ángeles? ¿Los amas?
SUS FUNCIONES
Sabemos que hay ángeles protectores de las naciones como lo
enseñan muchos santos Padres desde el siglo IV como el Seudo
Dionisio, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, etc. Dice
San Clemente de Alejandría que "un decreto divino ha
distribuido a los ángeles entre las naciones" (Stromata
VII,8). En Dan 10,13-21 se nos habla de los ángeles protectores de
los griegos y de los persas. San Pablo habla del ángel protector de
Macedonia (Hech 16,9). A San Miguel siempre se le ha considerado
como protector del pueblo de Israel (Dan 10,21).
En las apariciones de Fátima aparece claramente tres veces en
1916 el ángel de Portugal, que dice a los tres niños: "Yo soy
el ángel de la paz, el ángel de Portugal". La devoción al
santo ángel custodio del Reino de España fue difundida en todas
partes de la península por el famoso sacerdote español Manuel
Domingo y Sol. Imprimió cientos de miles de estampas con su imagen
y oración, difundió su novena y estableció en distintas diócesis
la Asociación nacional del Santo Ángel de España. Y esto es
válido también para todas las naciones del orbe.
El Papa Juan Pablo II el 30 de julio de 1986 decía: "Se
puede afirmar que las funciones de los ángeles, como embajadores de
Dios vivo, se extienden no sólo a cada uno de los hombres y a
aquellos que tienen funciones especiales, sino también a naciones
enteras".
También hay ángeles protectores de las Iglesias. En el
Apocalipsis se nos habla de los ángeles de las siete Iglesias de
Asia (Ap 1,20). Muchos santos nos hablan, por propia experiencia, de
esta hermosa realidad, indicando que los ángeles guardianes de las
Iglesias desaparecen de allí, cuando son destruidas. Orígenes dice
que cada diócesis está guardada por dos obispos, uno visible y
otro invisible, un hombre y un ángel. San Juan Crisóstomo, antes
de ir al destierro, fue a la Iglesia para despedirse del ángel de
su Iglesia. San Francisco de Sales escribía en su libro
"Filotea": "Háganse familiares de los ángeles y
amen y veneren al ángel de la diócesis en que se encuentren".
Mons Ratti, futuro Papa Pío XI, cuando en 1921 fue nombrado
arzobispo de Milán, al llegar, se arrodilló, besó la tierra y se
encomendó al ángel guardián de la diócesis. El Padre Pedro
Fabro, jesuita, compañero de San Ignacio de Loyola, afirma:
"Volviendo de Alemania, al atravesar muchos pueblos de herejes,
he recibido no pequeños consuelos por haber saludado a los ángeles
custodios de las parroquias por donde he pasado". En la vida de
San Juan Bautista Vianney se cuenta que, cuando le enviaron de
párroco a Ars, al divisar de lejos la Iglesia, se puso de rodillas
y se encomendó al ángel de su nueva parroquia.
Igualmente, hay ángeles destinados a la custodia de las
provincias, regiones, ciudades y comunidades. El famoso Padre Lamy,
francés, habla mucho del ángel protector de cada país, de cada
provincia, de cada ciudad y de cada familia. Hay santos que hablan
de que cada familia y cada comunidad religiosa tiene su ángel
especial.
¿Alguna vez has pensado en el ángel de tu familia para
invocarlo?, ¿y en el de tu comunidad religiosa?, ¿y en el de tu
parroquia, ciudad o país? Por otra parte, no olvides que, en cada
sagrario, donde está Jesús sacramentado, hay millones de ángeles,
adorando a su Dios. San Juan Crisóstomo vio muchas veces la Iglesia
llena de ángeles, sobre todo, cuando se celebraba la santa misa. Al
llegar el momento de la consagración, escuadrones inmensos se
acercan a hacer guardia a Jesús presente en el altar y, al momento
de comulgar, rodean al sacerdote o ministros que distribuyen la
comunión. Un antiguo escritor armeno, Juan Mandakuni, escribía en
uno de sus sermones: "¿No sabes que en el momento de la
consagración se abre el cielo y baja Cristo, y los ejércitos
celestiales rodean el altar donde se celebra la misa y todos son
llenos del Espíritu Santo?". La Beata Ángela de Foligno
escribió: "El Hijo de Dios está en el altar rodeado de una
multitud de ángeles".
Por eso, decía San Francisco de Asís: "El mundo debería
vibrar, el cielo entero debería conmoverse profundamente, cuando el
Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote...
Entonces, deberíamos imitar la actitud de los ángeles que, cuando
se celebra la misa, se estacionan alrededor de nuestros altares en
adoración". "Los ángeles llenan la Iglesia en ese
momento, rodean el altar y contemplan extasiados la sublimidad y
grandeza del Señor" (San Juan Crisóstomo). "Y lo rodean
como haciéndole una guardia de honor" (San Bernardo). El mismo
fundador del Opus Dei, Beato Escribá de Balaguer, dice en su libro
"es Cristo que pasa": "Cuando celebro la misa me sé
rodeado de ángeles que están adorando a la Trinidad". De la
misma manera, hablaba Eduvigis Carboni (=1952), que decía a su
director espiritual: "Cuando celebra la misa, mire hacia lo
alto y verá a los ángeles asistir al santo sacrificio". El
gran San Agustín dice también que "los ángeles rodean y
ayudan al sacerdote, cuando está celebrando la misa". Por eso,
debemos unirnos a ellos en la adoración y cantar con ellos el
Gloria y el Santo. Así lo hacía un venerable sacerdote, que
decía: "Desde que he empezado a pensar en los ángeles durante
la misa, he sentido una nueva alegría y una nueva devoción al
celebrar la misa".
San Cirilo de Alejandría llama a los ángeles "maestros de
adoración". Son muchos los millones de ángeles que adoran a
Dios en el Santísimo Sacramento, aunque esté en una hostia en la
más humilde capillita del último rincón de la tierra. Los
ángeles adoran a su Dios, pero hay ángeles especialmente dedicados
a adorarlo ante su trono celestial. Así nos lo dice el Apocalipsis:
"Los ángeles estaban de pie alrededor del trono y de los
ancianos y de los cuatro vivientes y cayeron sobre sus rostros
delante del trono y adoraron a Dios diciendo: Bendición, gloria,
sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro
Dios por los siglos de los siglos. Amén" (Ap 7,11-12). Estos
ángeles parecen ser los serafines, que son los más cercanos por su
santidad al trono de Dios. Así nos lo dice Isaías: "Vi al
Señor sentado en su trono... Había ante Él serafines con seis
alas cada uno... y los unos y los otros se gritaban y se
respondían: Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos.
Llena está la tierra de su gloria" (Is 6,1-3).
¿Adoras a tu Dios en unión con los ángeles y serafines? ¿Lo
amas con ellos delante de Jesús sacramentado?
EL ÁNGEL CUSTODIO
Es el mejor amigo del hombre. Lo acompaña sin descanso día y
noche desde el nacimiento hasta más allá de la muerte, hasta que
llegue a gozar de la plena felicidad de Dios. Durante el tiempo de
purgatorio, está a su lado para consolarlo y ayudarlo en esos
difíciles momentos. Sin embargo, para algunos la existencia del
ángel guardián es sólo una costumbre piadosa para el que la
quiera aceptar. No saben que está claramente expresada en la
Escritura y en la doctrina de la Iglesia y todos los santos nos
hablan de él por propia experiencia. Algunos, incluso, lo han visto
y tenido una relación personal muy estrecha con él, como veremos.
Ahora bien ¿cuántos ángeles tenemos? Por lo menos, uno, que es
suficiente. Pero algunas personas, por su oficio como el Papa o por
su grado de santidad, pueden tener más. Conozco una religiosa, a
quien Jesús le reveló que tenía tres y me dijo sus nombres. A
Santa Margarita María de Alacoque, cuando estaba avanzada en su
camino de santidad, le dio un nuevo ángel, que le dijo: "Yo
soy uno de los siete espíritus, que están más próximos al trono
de Dios, y que más participan en los ardores del Sagrado Corazón
de Jesucristo y mi designio es comunicároslos en cuanto seáis
capaz de recibirlos" (Memoria a la M. Saumaise).
Dice la Palabra de Dios: "Yo mandaré un ángel delante de
ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que
te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas... Si
escuchas su voz y haces cuanto yo te diga, seré enemigo de tus
enemigos y adversario de tus adversarios" (Ex 23,20-22).
"Para el hombre hay un ángel, un protector entre mil que le
haga ver al hombre su deber" (Job 33,23). "Mi ángel está
con vosotros y os pedirá cuentas" (Baruc 6,6). "El ángel
del Señor está en torno a los que le temen y los salva" (Sal
33,8). Su misión es "guardarte en todos tus caminos" (Sal
90,11). Y dice Jesús que "los ángeles de los niños ven
continuamente el rostro de mi Padre celestial" (Mt 18,10). El
ángel guardián te cuidará como a Azarías y sus compañeros en el
horno. "El ángel había descendido al horno con Azarías y sus
compañeros y apartaba del horno las llamas de fuego y hacía que el
interior del horno estuviera, como si soplara un viento fresco, y el
fuego no los tocaba absolutamente ni les causaba ninguna
molestia" (Dan 3,46-50). El ángel te salvará como a Pedro.
"Un ángel se presentó en la cárcel que quedó iluminada y,
golpeando a Pedro en el costado, lo despertó diciendo: Cíñete y
cálzate tus sandalias... Envuélvete el manto y sígueme... La
puerta se les abrió por sí misma y salieron y avanzaron por una
calle, desapareciendo luego el ángel. Entonces, Pedro, vuelto en
sí, dijo: Ahora sé que el Señor ha enviado a su ángel"
(Hech 12,7-11).
En la primitiva Iglesia se creía normalmente en el ángel
custodio y, por eso, cuando Pedro es liberado de la cárcel y va a
casa de Marcos, la sirvienta Rode, al darse cuenta de que era Pedro,
llena de alegría, va corriendo a anunciar la noticia sin haberle
abierto la puerta. Pero los que la escucharon creyeron que estaba
equivocada y dijeron: "Será su ángel" (Hech 12,15). La
doctrina de la Iglesia es clara en esto: "Desde la infancia
hasta la muerte la vida humana está rodeada de su custodia y de su
intercesión. Cada fiel tiene a su lado un ángel protector y pastor
para conducirlo a la vida" (Cat 336).
También José y María tenían su ángel. Es probable que el
ángel que avisó a José para que tomara a María como esposa (Mt
1,20) o que huyera a Egipto (Mt 2,13) o que regresara a Israel (Mt
2,20) fuera su propio ángel. Lo cierto es que desde el siglo I ya
aparece claramente en los escritos de los Santos Padres la figura
del ángel custodio. De él se habla en el famoso libro del siglo I
"El Pastor de Hermas". San Eusebio de Cesarea los llama
"tutores" de los hombres; San Hilario,
"mediadores"; San Basilio, "compañeros de
camino"; San Gregorio Nacianceno, "escudos
protectores". Orígenes afirma que "cerca de cada hombre
hay siempre un ángel del Señor que lo ilumina y lo guarda y lo
protege de todo mal".
Del siglo III hay una antigua oración al ángel de la guarda en
la que se le pide que ilumine, proteja y guarde a su protegido. San
Agustín nos habla también con frecuencia de la intervención
angélica en nuestra vida. Santo Tomás de Aquino le dedica un
artículo de su Suma Teológica (Sum Theolo I, q.113) y escribía:
"La custodia angélica es como una extensión de la divina
providencia, ahora bien, como ésta no falta a ninguna criatura,
todas deben encontrarse bajo la custodia de los ángeles".
La fiesta de los ángeles custodios en España y Francia se
remonta ya al siglo V. Quizás desde entonces se comenzara a rezar
la oración que aprendimos desde niños: "Angel de mi guarda,
dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". El
Papa Juan Pablo II decía el 6 de agosto de 1986: "Es muy
significativo el hecho de que Dios confíe a los ángeles a sus
pequeños hijos, siempre necesitados de cuidado y protección".
Pío XI invocaba a su ángel al principio y al fin de cada
jornada y, a menudo, durante el día, sobre todo, cuando las cosas
se complicaban. Recomendaba la devoción a los ángeles custodios y
decía al despedirse: "Que el Señor te bendiga y su ángel te
acompañe". Y le dijo a Juan XXIII, cuando era delegado
apostólico en Turquía y Grecia: "Cuando tengo que tratar con
alguien una conversación difícil, tengo la costumbre de pedir a mi
ángel que hable al ángel custodio de la persona con que debo
tratar para que ayude a solucionar el problema".
Pío XII les decía el 3-10-1958 a unos peregrinos
norteamericanos sobre los ángeles custodios: "Ellos estaban en
las ciudades que habéis visitado y eran vuestros compañeros de
viaje". Otro día en un radiomensaje dijo: "Tened mucha
familiaridad con los ángeles... Si Dios quiere, vosotros pasaréis
toda una eternidad de alegría con los ángeles, aprended a
conocerlos desde ahora. La familiaridad con ellos nos da un
sentimiento de seguridad personal".
Juan XXIII, en una confidencia a un obispo canadiense, atribuyó
la idea de la convocación del Vaticano II a su ángel custodio. Y
recomendaba a los padres que inculcaran a sus hijos la devoción al
ángel de la guarda. "El ángel custodio es un buen consejero,
intercede cerca de Dios a favor nuestro; nos ayuda en nuestras
necesidades, nos defiende de los peligros y de los accidentes. Me
gustaría que los fieles sintieran toda la grandeza de esta
asistencia de los ángeles" (24-10-1962). A los sacerdotes les
dijo: "Pidamos a nuestro ángel custodio que nos asista en el
rezo diario del oficio divino para que lo recitemos con dignidad,
atención y devoción, sea agradable a Dios, útil para nosotros y
para nuestros hermanos" (6-1-1962). En la liturgia del día de
su fiesta (2 de octubre) se dice que son "celestiales
compañeros para que no perezcamos ante las insidiosas acometidas de
los enemigos". Invoquémosles con frecuencia y no olvidemos
que, aun en los lugares más ocultos y solitarios, hay alguien que
nos acompaña. Por eso, San Bernardo nos aconseja: "Anda
siempre con prudencia como quien tiene presente a su ángel en todos
los caminos".
¿Eres consciente de que tu ángel observa lo que haces? ¿Lo
amas?
EL ÁNGEL CONSOLADOR
Los ángeles custodios están siempre a nuestro lado y nos
escuchan en todas nuestras aflicciones. Cuando se aparecen, pueden
tomar diferentes formas: Niño, hombre o mujer, joven, adulto,
anciano, con alas o sin alas, vestidos como una persona cualquiera o
con una túnica luminosa, con corona de flores o sin ella. No hay
forma que no puedan tomar para ayudarnos. A veces, se pueden
presentar bajo la forma de un animal amigable, como en el caso del
perro Gris de San Juan Bosco, del pajarito que le llevaba las cartas
al correo a Santa Gema Galgani o como el cuervo que le llevaba pan y
carne al profeta Elías al torrente Querit (Reg 17,6 y 19,5-8).
Pueden presentarse también como personas comunes y corrientes,
como el arcángel San Rafael, cuando acompañó a Tobías en su
viaje; o con formas majestuosas y resplandecientes, como guerreros
en las batallas. En el libro de los Macabeos se nos dice que
"cerca de Jerusalén se les apareció en cabeza un jinete
vestido de blanco, armado con armadura de oro y una lanza. Todos a
una bendijeron a Dios misericordioso y se enardecieron, sintiéndose
prontos, no sólo a atacar a los hombres y a los elefantes, sino a
penetrar por muros de hierro" (2 Mac 11,8-9). "En lo más
duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo cinco varones
resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que,
poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando dos de ellos en
medio al Macabeo, le protegían con sus armas, le guardaban
incólume y lanzaban flechas y rayos contra los enemigos, que
heridos de ceguera y espanto caían" (2 Mac 10,29-30).
En la vida de Teresa Neumann (1898-1962), gran mística alemana,
se cuenta que su ángel tomaba frecuentemente su propia figura para
aparecerse en distintos lugares a otras personas, como si fuera por
bilocación.
Algo parecido a esto, cuenta Lucía en sus "Memorias",
con relación a Jacinta, ambas videntes de Fátima. En cierta
oportunidad, un primo suyo se había escapado de casa con dinero
robado a sus padres. Cuando se le acabó el dinero, como un hijo
pródigo, estuvo de vagabundo hasta que lo metieron en la cárcel.
Pero consiguió escaparse y una noche oscura y tempestuosa, perdido
entre los montes sin saber a dónde dirigirse, se puso de rodillas a
rezar. En ese momento, se le aparece Jacinta (entonces niña de 9
años) y lo conduce de la mano hasta la carretera para que pueda ir
a casa de sus padres. Y dice Lucía: "Yo le pregunté a Jacinta
si era verdad lo que él decía, y ella me respondió que no, que no
sabía dónde estaban esos pinares y montes donde él se había
perdido. Ella me dijo: Yo sólo recé y pedí mucho por él por
compasión con la tía Victoria".
Un caso muy interesante es el del mariscal Tilly. Durante la
guerra de 1663, estaba un día asistiendo a misa, cuando el Barón
Lindela le manifestó que el Duque de Brunswick estaba comenzando el
ataque. Tilly, que era un hombre de fe, ordenó disponer todo para
la defensa, diciendo que él asumiría el control, una vez terminada
la misa. Al terminar la misa y hacerse presente en el puesto de
mando, las fuerzas enemigas ya habían sido rechazadas. Al preguntar
quién había dirigido la defensa, el Barón se quedó extrañado,
pues le dijo que él mismo había sido. El mariscal respondió: “Yo
he estado en la Iglesia, asistiendo a la misa y acabo de llegar. No
he tomado parte en la batalla”. Entonces, le dijo el Barón: “Habrá
sido su ángel quien ha tomado su puesto y su figura”. Todos los
oficiales y soldados habían visto al propio mariscal en persona,
dirigiendo la batalla.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo fue eso? ¿Sería su ángel como en
el caso de Teresa Neumann y otros santos? Hay un caso extraordinario
en la vida de la hermana María Antonia, Cecilia Cony (1900-1939),
religiosa franciscana brasileña, que veía todos los días a su
ángel. Cuenta en su autobiografía que en 1918 su padre, que era
militar, fue trasladado a Río de Janeiro. Todo iba normal y
escribía con regularidad hasta que un día dejó de escribir. Sólo
envió un telegrama, diciendo que estaba enfermo, pero nada grave.
La realidad era que estaba muy enfermo con la terrible peste,
llamada "española". Su esposa le enviaba telegramas y
eran contestados por el mozo del hotel llamado Miguel. Durante este
tiempo, María Antonia rezaba todos los días, antes de acostarse,
un rosario de rodillas por su padre y le enviaba a su ángel para
que fuera a cuidarlo. Cuando el ángel regresaba, al terminar su
rosario, le ponía la mano sobre el hombro y entonces podía
descansar tranquila.
Durante el tiempo que su padre estuvo gravemente enfermo, el mozo
Miguel lo atendió con una dedicación especial, le traía al
médico, le daba las medicinas, lo aseaba... Cuando estuvo
recuperado, lo sacaba a pasear y tenía todas las atenciones de un
verdadero hijo. Cuando, al fin, se recuperó del todo, regresó a su
casa y hablaba maravillas de aquel joven Miguel "de exterior
humilde, pero que ocultaba un alma grande con un corazón ideal que
infundía respeto y admiración". Miguel siempre se mostró muy
reservado y discreto. No pudo saber de él más que el nombre, pero
nada de su familia ni de su condición social y ni siquiera quiso
aceptar ninguna recompensa por sus incontables servicios. Para él
fue su mejor amigo, del que siempre hablaba con gran admiración y
agradecimiento. María Antonia estaba convencida de que ese joven
era su ángel, a quien enviaba a cuidar a su papá, pues su ángel
también se llamaba Miguel.
¿Envías a tu ángel a consolar y ayudar a tus familiares
lejanos?
EL ÁNGEL DEFENSOR
El ángel es también nuestro defensor, que nunca nos abandona, y
nos protege de todo poder del maligno. ¡Cuántas veces nos habrá
librado de peligros del alma y del cuerpo! ¡De cuántas tentaciones
nos habrá salvado! Por eso, debemos invocarlo en los momentos
difíciles y ser agradecidos con él.
Cuenta la tradición que, cuando el Papa San León Magno salió
de Roma a dialogar con Atila, el rey de los unos, que en el siglo V
quería tomar y saquear la ciudad, se apareció un ángel gigante
detrás del Papa. Atila, aterrorizado ante su presencia, mandó a
sus tropas retirarse del lugar. ¿Era el ángel custodio del Papa?
Lo cierto es que Roma se salvó milagrosamente de una terrible
tragedia.
Cuenta Corrie ten Boom en su libro “Marching Orders for the End
battle” que, a mediados del siglo XX en el actual Zaire, durante
la guerra civil, unos rebeldes quisieron tomar una escuela dirigida
por misioneros y matarlos a todos con los niños que allí se
encontraban, pero nunca consiguieron entrar en la misión. Uno de
los rebeldes explicó más tarde: “Veíamos centenares de soldados
vestidos de blanco y tuvimos que desistir”. Los ángeles salvaron
a los niños y a los misioneros de una muerte segura.
Santa Faustina Kowalska (1905-1938), la mensajera del Señor de
la misericordia, dice en su Diario: "Un día caminaba y me fue
cerrado el camino por una multitud de espíritus del mal, que me
amenazaron con terribles tormentos... Viendo el odio tremendo que
tenían contra mí, le pedí ayuda al ángel custodio y, en un
instante, apareció la figura luminosa y radiante del ángel de la
guarda, que me dijo: No temas, esposa de mi Señor, estos espíritus
no te harán ningún mal sin su permiso. Aquellos espíritus
malignos desaparecieron inmediatamente y el fiel ángel custodio me
acompañó de manera visible hasta la casa. Su mirada era modesta y
serena y de la frente salía un rayo de fuego" (I, 174). Santa
Margarita María de Alacoque cuenta en su Autobiografía que
"una vez el diablo me arrojó desde lo alto de la escalera.
Llevaba yo en las manos un hornillo lleno de fuego y sin que éste
se derramase, ni yo recibiera daño alguno, me encontré abajo, si
bien cuantos lo presenciaron creyeron que me había roto las
piernas; pero, al caer, me sentí sostenida por mi fiel custodio,
pues tenía la dicha de gozar frecuentemente de su presencia".
Muchos otros santos nos hablan de la ayuda inmensa de su ángel en
los momentos de la tentación, como San Juan Bosco, a quien se le
presentaba bajo la figura de un perro, a quien llamaba Gris, y que
le defendía del poder de sus enemigos que lo querían matar. Todos
los santos le han pedido ayuda en los momentos de tentación.
Una religiosa contemplativa me escribía lo siguiente:
"Tenía yo dos años y medio o tres años, cuando la cocinera
de mi casa, que me cuidaba cuando estaba libre de sus deberes de la
cocina, me llevó un día a la Iglesia. Ella fue a comulgar y,
después, se sacó la hostia y la colocó en un librito y salió con
prisa, llevándome en brazos. Llegamos a la casa de una vieja
hechicera. Era una choza inmunda y llena de suciedad. La vieja
depositó la hostia sobre una mesa, donde había un extraño perro y
allí apuñaló la hostia varias veces con un cuchillo.
Yo, que por mi pequeña edad no sabía nada de la presencia real
de Jesús en la Eucaristía, tuve, en ese momento, la certeza
inequívoca de que en aquella hostia había Alguien Vivo. De aquella
hostia sentía salir una ola maravillosa de amor. Sentía que en
aquella hostia había un ser vivo agonizante por aquel ultraje, pero
que, a la vez, era feliz.
Yo me acerqué para coger la hostia, pero mi criada me lo
impidió. Entonces, levanté la cabeza y vi muy cercano a la hostia
aquel perro con las fauces abiertas y con ojos de fuego que quería
devorarme. Miré hacia atrás, como pidiendo ayuda, y vi a dos
ángeles. Eran, pienso, los ángeles custodios, mío y de mi criada,
y me pareció que fueron ellos quienes movieron el brazo de mi
criada para alejarme del perro y me libraron del mal”. El ángel
es nuestro protector y nos será de gran ayuda, si lo invocamos.
¿Lo invocas en las tentaciones?
EL ÁNGEL DE DIOS
Vivimos en un mundo “invadido” por millones de enemigos
invisibles, que buscan nuestra ruina temporal y eterna: los
demonios. ¿Nos imaginamos que nuestro planeta fuera invadido por
extraterrestres más inteligentes y poderosos que nosotros? La ruina
sería segura, y esto es lo que pasaría, si no tuviéramos a
nuestro lado la ayuda de Dios, de los santos y de los ángeles.
Lamentablemente, muchos hombres no creen en la existencia de los
demonios, seres perversos, enemigos implacables, que así pueden
trabajar impunemente en el silencio y en la sombra. Todas las
guerras, asesinatos, odios y violencias son, de alguna manera,
promovidos por ellos. Su influencia maléfica abarca a todas las
áreas de la actividad humana.
Y nosotros ¿qué hacemos para contrarrestar a tan poderoso
enemigo? ¿Nos protegemos con la oración y las armas de Dios
(objetos benditos, etc.)? Debemos saber que no estamos nunca solos.
Tenemos un guardaespaldas que nos cuida: el ángel custodio. Los “milagros”
de la técnica moderna no lo han hecho desaparecer, pero no puede
hacer nada ante quien no tiene fe. Dios tampoco puede hacer nada
ante quien voluntariamente se ha abandonado al enemigo y le ha
entregado su alma por el pecado mortal, porque respeta su libertad.
¡Cuántas muertes y cuánto sufrimiento provocado por el maligno!
¡Cuánta paz y alegría conseguidas por la fe y la oración! Veamos
unos ejemplos reales.
Un autobús de peregrinos va hacia S. Giovanni Rotondo a visitar
al Padre Pío. En el camino los detiene una gran tempestad de
truenos, rayos y relámpagos. Ellos recuerdan el consejo del Padre
Pío, de enviarle al ángel custodio ante cualquier dificultad. Al
día siguiente, al verlo, él les dice: “Esta noche me habéis
despertado y he tenido que rezar por vosotros. Hacedlo siempre así
y os ayudaré”. Santa Micaela del Santísimo Sacramento dice que,
en una oportunidad, durante un viaje en diligencia, ella invocó a
su ángel custodio, quien salvó a los pasajeros, cuando los
caballos se desbocaron. San Juan Bosco les hablaba mucho a sus
jóvenes del ángel guardián. Uno de ellos era albañil y, pocos
días después, se cayó del andamio con otros dos. Él había
invocado a su ángel antes de trabajar y no se hizo nada, mientras
que los otros dos murieron. La diferencia es clara.
¡Qué hermoso sería el mundo, si todos los hombres tuvieran fe
y amor a Dios! Sus vidas resplandecerían “como las estrellas”
(Dan 12,3). Abramos, pues, las puertas y las ventanas de nuestras
almas a la luz de Dios con un sincero arrepentimiento. Los ángeles
nos ayudarán, porque son como espejos que reflejan la luz de Dios a
su alrededor. Ellos son canales del amor y de la luz de Dios sobre
las cosas y los hombres. Ellos quieren tu felicidad. Ellos son la
alegría de Dios en el mundo y te sonríen sin cesar, cuando estás
en gracia y sigues sus consejos.
Yo quiero soñar con un mundo nuevo, lleno de luz y de amor,
donde reine la alegría y la paz. Un mundo lleno de ángeles, de
flores y de estrellas. Un mundo sin mal y sin maligno. Un mundo
feliz. ¿Utopía? Algún día será realidad en el nuevo cielo y en
la nueva tierra, donde “la muerte no existirá más ni habrá
duelo ni llanto ni dolor, porque todo esto es ya pasado” (Ap
21,4). Mientras tanto, debemos continuar la batalla para
reconquistar el mundo para Dios.
Recuerda que tu ángel es la alegría y la sonrisa de Dios a tu
lado. Que él es todo para ti, para tu cuidado exclusivo, y tiene la
misión de hacerte feliz. Cuando estés triste, piensa en la
alegría de Dios que te acompaña. Cuando estés sin rumbo y
desorientado, piensa en la luz de Dios que te ilumina. Y en todo
momento piensa que hay un ángel de Dios junto a ti, un amigo que te
ama y te sonríe.
Que el ángel de la sonrisa, del amor, de la alegría, de la luz
y de la paz te acompañe siempre y te dé la felicidad de Dios en tu
corazón. Amén.
¿Sonríes a tu ángel?
LOS SANTOS Y LOS ÁNGELES
Veamos lo que nos dicen los santos sobre su ángel custodio.
San Bernardo (1090-1153) recuerda a sus monjes en la Regla que,
cuando rezan el Oficio divino, lo hacen en la presencia de Dios y de
los ángeles. En otro lugar dice: "Seamos devotos y agradecidos
a unos guardianes tan eximios, correspondamos a su amor,
honrémoslos cuanto podamos y según debemos... Somos como menores
de edad y nos queda por recorrer un camino largo y peligroso, pero
nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan excelsos.
Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser
vencidos ni engañados y, menos aún, pueden engañarnos. Son
fieles, son prudentes, son poderosos ¿Por qué espantarnos? Basta
con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos y viviremos así
a la sombra del Omnipotente" (Sermo 12).
La Beata Ángela de Foligno (1250-1309) era una mujer muy bella,
rica y noble, bien casada, que tuvo siete hijos. Poco a poco, fueron
muriendo su esposo y sus hijos, y ella, con 40 años, decide
dedicarse totalmente al Señor, distribuyendo sus bienes a los
pobres. Fue una santa mística, que recibió las llagas de Cristo,
que llegó al matrimonio espiritual y tuvo éxtasis frecuentes.
Estuvo 12 años sin comer ni beber, sólo recibía la comunión. En
su libro de "Visiones e instrucciones" habla de la visión
frecuente de los ángeles. Dice: "Si no lo hubiese sentido, no
habría creído que la vista de los ángeles fuese capaz de dar
tanta alegría".
Santa Gertrudis (=1334) cuenta que un día se sintió inspirada a
ofrecer la comunión en honor de los nueve coros de ángeles. Y Dios
permitió que viera cuán felices y agradecidos estaban por este
acto de amor hacia ellos. Ella nunca hubiera podido soñar que
podría darles tanta alegría.
Santa Juana de Arco (1412-1431), la heroína francesa, cuando le
preguntaron sus jueces sobre los ángeles, respondió: "Muchas
veces los he visto entre las personas".
Santa Francisca Romana (1384-1440) tuvo la gracia de ver
continuamente junto a sí a su ángel custodio durante 34 años. Lo
veía de noche y de día. El ángel irradiaba una luz celestial que
iluminaba la habitación para que pudiera recitar de noche el Oficio
divino y atender otros menesteres de la casa. Lo veía a su derecha,
estuviera en casa, en la Iglesia o por la calle. Si alguien hacía
algo malo en su presencia, se tapaba la cara con las manos. Era tan
grande la luz que irradiaba que no lo podía mirar de frente, sino
cuando oraba, cuando era tentada por los demonios o cuando hablaba
con su confesor de su celeste protector.
Tenía la figura de un niño de 10 años, cubierto con un hábito
blanco o túnica que le llegaba hasta el talón, dejando al
descubierto sus pies desnudos, con el rostro mirando al cielo y las
manos cruzadas ante el pecho y los cabellos esparcidos sobre la
espalda en rizos de oro.
San Francisco Javier (1506-1552) escribía en una carta a sus
hermanos de Goa: "He puesto mi confianza en Jesucristo, en la
Virgen María y en los nueve coros de los ángeles, entre los que he
elegido como protector y campeón de la Iglesia militante a San
Miguel; y no espero poco del arcángel, a cuyo cuidado se ha
encomendado este gran reino del Japón. Cada día me encomiendo a
él y a todos los ángeles custodios de los japoneses". Era muy
devoto de su ángel.
Santa Teresa de Jesús (1515-1582) tuvo muchas visiones de
ángeles y escribe: "Vi un ángel cabe mí en forma corporal,
lo que no suelo ver sino por maravilla... No era grande sino
pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los
ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan, deben ser de los
que llaman querubines... Veíale en las manos un dardo de oro largo,
y al fin del hierro, me parecía tener un poco de fuego. Éste me
parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las
entrañas; al sacarlo me parecía que las llevaba consigo y me
dejaba toda abrasada en amor grande de Dios" (Vida 29,13).
San Francisco de Sales (1567-1622) antes de predicar un sermón
pasaba su vista por todos los asistentes, pidiendo a sus ángeles
que dispusieran debidamente sus almas para escuchar sus palabras. A
esto atribuía el gran efecto de sus sermones para convertir
pecadores.
Sta Margarita Mª de Alacoque (1647-1690) escribe en su
Autobiografía: "Tenía la dicha de gozar frecuentemente de la
presencia de mi ángel custodio y de ser también frecuentemente
reprendida por él... No podía tolerar la menor inmodestia o falta
de respeto en la presencia de mi Señor sacramentado, ante el cual
lo veía postrado en el suelo y quería que yo hiciese lo mismo...
Siempre lo encuentro dispuesto a asistirme en mis necesidades y
nunca me ha rehusado nada que le haya pedido... Un día Jesús me
dijo: Hija mía, no te aflijas, pues quiero darte un custodio fiel
que te acompañe a todas partes y te asista en todas tus necesidades
exteriores e interiores, impidiendo que tu enemigo se aproveche de
las faltas en que crea que te ha hecho caer por sus sugestiones...
Tal fuerza me comunica esta gracia que parece que ya nada tengo que
temer, porque este fiel custodio de mi alma me asiste con tanto amor
que me libra de todas esas penas... Cuando el Señor me visitaba, no
veía ya a mi ángel. Le pregunté la causa y me dijo que, durante
todo ese tiempo, estaba él postrado con profundo respeto, rindiendo
homenaje a su grandeza infinita que se abajaba hasta mi pequeñez;
y, en efecto, así lo veía, cuando mi divino Esposo me favorecía
con sus amorosas caricias". (Memoria a la M. Saumaise).
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824) dice: "Mi ángel
me acompaña con frecuencia; unas veces, va delante de mí; otras, a
mi lado. Siempre está silencioso o reposado y acompaña sus breves
respuestas con algún movimiento de la mano o con alguna
inclinación de cabeza. Es brillante y transparente; a veces, severo
o amable. Sus cabellos lisos, sueltos y despiden reflejos. Lleva la
cabeza descubierta y viste un traje largo y resplandeciente como el
oro. Hablo confiadamente con él y me da instrucciones. A su lado
siento una alegría celestial... He visto, en ocasiones, ángeles
sobre comarcas y ciudades protegiéndolas y defendiéndolas".
San Antonio María Claret (1807-1870) escribe en su
Autobiografía que el 21 de setiembre de 1839, al llegar a Marsella
para embarcarse para su viaje a Roma, se le presentó un caballero
que "estuvo conmigo tan fino, tan atento, tan amable y tan
ocupado de mí, durante aquellos cinco días, que parecía que un
gran Señor le enviaba para que me cuidara con todo esmero. Más
parecía ángel que hombre: tan modesto, tan alegre y grave al mismo
tiempo, tan religioso y devoto, que siempre me llevaba a los
templos, cosa que a mí me gustaba mucho. Nunca me habló de entrar
en ningún café ni cosa semejante, ni jamás le vi comer ni
beber". ¿Sería su ángel? Él mismo nos dice también que,
durante las muchas persecuciones que padeció de sus enemigos,
conocía visiblemente la protección de la Santísima Virgen y de
los ángeles y santos. "La Santísima Virgen y sus ángeles me
guiaron por caminos desconocidos, me libraron de ladrones y asesinos
y me llevaron a puerto seguro sin saber cómo" (c. 31).
Santa Catalina Labouré (1806-1876) tuvo la suerte de ver a su
ángel bajo la figura de un niño, que la despertó en la noche del
18 de julio de 1830. Era bellísimo, vestido de blanco y hablaba con
una voz celestial, y le dice: "Vete a la capilla, pues allí te
espera la Bienaventurada Virgen María, yo te acompaño". Se
viste rápidamente y sigue al ángel a la capilla. A su paso, las
lámparas se encienden automáticamente y las puertas se abren. Al
llegar a la capilla, estaba ya iluminada. Cuando aparece María,
ella va a refugiarse en su regazo y siente una alegría de cielo.
María, entre otras cosas le dice, señalándole el sagrario, que,
cuando tenga problemas, acuda a Jesús sacramentado.
San Juan Bosco (1815-1888) les decía a los jóvenes: "El
ángel custodio tiene más deseo en ayudaros que vosotros en ser
ayudados por él... En toda aflicción acudid a él con confianza y
él os ayudará". Habla en su Autobiografía del caso
extraordinario de un perro, que se le apareció durante 30 años y
nunca le vio comer. Tenía figura de lobo y una altura de un metro y
le llamaba Gris, quien le salvó de muchos peligros de muerte. Él
creía que se trataba de su ángel custodio. Dice, por ejemplo:
"Una tarde oscura y algo tarde ya, volvía a casa solo, no sin
algo de miedo, cuando veo junto a mí un gran perro que, a primera
vista, me espantó. Pero, al no amenazarme con actos de hostilidad,
sino haciéndome mohines como si fuera yo su dueño, nos pusimos
pronto en buenas relaciones y me acompañó hasta el Oratorio. El
mismo hecho se repitió otras muchas veces, de modo que puedo decir
que Gris me ha prestado importantes servicios... Nunca me fue dado
conocer el dueño y fue para mí una verdadera providencia en los
muchos peligros en que me encontré".
Santa Gema Galgani (1878-1903) escribe en su Diario: "Jesús
no me deja estar sola un instante, sino que hace que esté siempre
en mi compañía el ángel de la guarda... El ángel, desde el día
en que me levanté, comenzó a hacer conmigo las veces de maestro y
guía; me reprendía siempre que hacía alguna cosa mal y me
enseñaba a hablar poco". A veces, el ángel le amenazaba de no
hacerse ver más, si no obedecía al confesor en todo. Y le llamaba
seriamente la atención, cuando hacía algo mal y la corregía
constantemente para que fuera perfecta en todo. En ocasiones, le
daba ciertas normas: "Quien ama a Jesús, habla poco y soporta
mucho. Obedece puntualmente y en todo al confesor sin replicar.
Cuando cometas alguna falta, acúsate de inmediato y pide disculpas.
Acuérdate de guardar tus ojos y piensa que el ojo mortificado verá
las maravillas del cielo" (28 de julio de 1900).
Muchos días, cuando se despertaba por la mañana, lo encontraba
cuidándola a su lado, la bendecía y desaparecía de su vista. Y le
insistía mucho en que "el camino más corto y verdadero (para
llegar a Jesús) es el de la obediencia" (9-8-1900). Un día le
dijo: "Yo seré tu guía y tu compañero inseparable".
El ángel le dictaba cartas: "Muy pronto escribiré a la M.
Josefa, pero necesito esperar a que venga el ángel de la guarda y
me la dicte, porque yo no se qué decirle". Le escribía a su
director: "Después de su partida he quedado con mis queridos
ángeles, pero sólo dos, el suyo y el mío, se dejan ver. El suyo
ha aprendido a hacer lo que hacía usted. Por la mañana viene a
despertarme y por la noche me da su bendición... Mi ángel me
abrazó y me besó muchas veces... Él me levantó del lecho, me
acarició tiernamente y besándome me decía: Jesús te ama mucho,
ámale tú también. Me bendijo y desapareció...
Después de comer me sentí mal, entonces el ángel me trajo una
taza de café al que echó unas gotas de un líquido blanco. Estaba
tan rico que, inmediatamente, me sentí curada. Después me hizo
descansar un rato. Muchas veces, le hago pedir permiso a Jesús para
que esté en mi compañía toda la noche; va a pedírselo y vuelve,
no abandonándome, si Jesús le autoriza, hasta la mañana
siguiente" (20-8-1900).
El ángel le hacía de enfermero y le llevaba cartas al correo.
"La presente, le escribe a su director, el Padre Germán de San
Estanislao, se la entrego a su ángel custodio, que me ha prometido
entregársela, haga usted otro tanto y se ahorra unos céntimos...
El viernes por la mañana expedí una carta por medio de su ángel
custodio, que me prometió llevársela, así que supongo la habrá
recibido. La tomó él con sus propias manos". A veces llegaban
a su destino en la boca de un pajarito, como lo vio su director, que
escribe: "Ella le daba encargos a su ángel para el Señor, la
Santísima Virgen y sus santos protectores, entregándole cartas
cerradas y selladas para ellos con el encargo de traerle la
contestación, que efectivamente llegaba... ¡Cuántas veces estando
hablando con ella y preguntándole, si su ángel estaba en su puesto
para hacerle guardia, Gema dirigía con encantadora desenvoltura la
mirada hacia el lugar y, mirándole, quedaba extasiada y sin
sentidos todo el tiempo que lo contemplaba!".
Sor Magdalena de la Cruz, que murió santamente el 30 de
noviembre de 1919, desde los cinco años comenzó a ver a su ángel
custodio, un arcángel que Dios le había destinado para guiarla.
Escribió un Diario, donde consignó todas las conversaciones con
Jesús, María y su ángel custodio. Ella dice: "Yo veo a mi
ángel a menudo, lo envío a veces a mis hijos espirituales y le
pido que me ayude. Es un ángel muy hermoso, con cabellera de oro...
A veces, se sonríe dulcemente, especialmente, cuando le encargo
oficios para mis hijos espirituales... Ningún sacerdote debería
dejar de saludar al ángel de su Iglesia, de la parroquia a que
pertenece. Las gracias que puede recibir son grandes, pero raras
veces se piden y se reciben... Cada diócesis, cada reino, cada
Orden religiosa tiene su propio ángel".
Santa Faustina Kowalska (1905-1938) escribe en su Diario:
"Mi ángel me acompañó en mi viaje hasta Varsovia. Cuando
entramos en la portería (del convento) desapareció... Cuando de
nuevo salimos con el tren de Varsovia hasta Cracovia, lo vi
nuevamente a mi lado. Cuando llegamos a la puerta del convento,
desapareció" (I, 202).
"Durante el viaje vi que, sobre cada Iglesia que se veía al
pasar, había un ángel, pero con un esplendor más tenue que el del
espíritu que me acompañaba. Y cada uno de los espíritus, que
custodiaban los sagrados edificios, se inclinaba ante el espíritu
que estaba a mi lado. Agradecía a Dios por su bondad, dado que nos
da unos ángeles por compañeros. ¡Oh, cuán poco la gente piensa
en esto, que tiene siempre a su lado tal huésped y al mismo tiempo
testigo de todo!" (II, 88).
Un día, estando enferma... "de improviso, vi junto a mi
cama a un serafín, que me alcanzó la santa comunión, pronunciando
estas palabras: He aquí al Señor de los ángeles. El hecho se
repitió durante trece días... El serafín estaba circundado de un
gran resplandor y se transparentaba de él la divinización y el
amor de Dios. Tenía una túnica dorada y encima de ella llevaba un
sobrepelliz transparente y una estola también transparente. El
cáliz era de cristal y estaba cubierto de un velo transparente.
Apenas me dio al Señor desapareció" (VI, 55). "Un día
le dije a este serafín: ¿Me podrías confesar? Pero él me
respondió: Ningún espíritu celeste tiene este poder" (VI,
56). "Muchas veces Jesús me hace conocer de modo misterioso
que una alma agonizante necesita de mis plegarias, pero,
frecuentemente, es mi ángel custodio quien me lo dice" (II,
215).
La Vble. Consolata Betrone (1903-1946) fue una religiosa
capuchina italiana, a quien Jesús pidió repetir constantemente el
acto de amor: "Jesús, María, os amo, salvad almas". Y
Jesús le decía: "No tengas miedo, piensa sólo en amarme, yo
pensaré en ti y en todas tus cosas hasta en los más mínimos
detalles". A una amiga, Giovanna Compaire, le decía: "Por
la tarde reza a tu buen ángel custodio para que, mientras tú
duermes, él ame a Jesús en tu lugar y te despierte a la mañana
siguiente, inspirándote el acto de amor. Si eres fiel en rezarle
cada tarde, él será fiel cada mañana en despertarte con un
"Jesús, María, os amo, salvad almas".
El Beato Padre Pío (1887-1968) tiene innumerables experiencias
con su ángel custodio y recomendaba a sus hijos espirituales, que,
cuando tuvieran problemas, le enviaran su ángel. En una carta a su
confesor llama a su ángel "el pequeño compañero de mi
infancia". Al terminar sus cartas solía escribir:
"Salúdame a tu angelito". Al despedir a sus hijos
espirituales, les decía: "Que tu ángel te acompañe".
A una de sus hijas espirituales, le decía: "¿Qué amigo
puedes tener más grande que tu ángel custodio?". Cuando le
llegaban cartas en francés o en otras lenguas desconocidas para
él, el ángel las traducía. Si estaban manchadas de tinta e
ilegibles (por causa del demonio) el ángel le decía que echara
agua bendita y quedaban legibles. Un día, el inglés Cecil
Hunpherey Smith tuvo un accidente y quedó gravemente herido. Un
amigo fue al correo y envió un telegrama al Padre Pío para pedirle
oraciones por él. En ese momento, el cartero le entregó un
telegrama del Padre Pío, donde le aseguraba sus oraciones por su
curación. Cuando se curó, fue a ver al Padre Pío y le agradeció
sus oraciones y le preguntó cómo había sabido del accidente. El
Padre Pío después de una sonrisa dijo: "¿Piensas que los
ángeles sean tan lentos como los aviones?".
Durante la segunda guerra mundial, una señora dijo al Padre Pío
que estaba preocupada, porque no tenía noticias de su hijo, que
estaba en el frente de batalla. El Padre Pío le dijo que le
escribiese una carta. Ella respondió que no sabía a dónde
escribir. "En eso pensará tu ángel custodio", le
contestó él. Escribió la carta, poniendo en el sobre solamente el
nombre de su hijo y la dejó en su mesita de noche. A la mañana
siguiente, no estaba allí. Después de 15 días, recibió noticias
de su hijo, respondiendo a su carta. Y el Padre Pío le dijo:
"Agradece ese servicio a tu ángel".
Otro caso muy interesante le ocurrió a Atilio de Sanctis el 23
de diciembre de 1949. Debía ir de Fano a Bolonia en su coche Fiat
1100 con su mujer y dos hijos para recoger a su hijo Luciano, que
estaba estudiando en el colegio "Pascoli" de Bolonia. Al
regreso de Bolonia a Fano, estaba muy cansado y recorrió 27
kilómetros durmiendo. Dos meses después de este suceso, fue a San
Giovanni Rotondo a ver al Padre Pío y le contó lo sucedido. El
Padre Pío le dijo: "Tú dormías, pero tu ángel custodio
guiaba tu coche".
¿Lo dice en serio? ¿De verdad? Sí, tú tienes un ángel que te
protege. Tú dormías y tu ángel guiaba tu coche.
Un día de 1955, el joven seminarista francés Jean Derobert fue
a visitar al Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se confesó con él
y el Padre Pío, después de darle la absolución, le preguntó:
"¿Crees en tu ángel custodio? Nunca lo he visto. Mira bien,
está contigo y es muy bello. Él te protege, rézale, rézale.
En una carta dirigida a Raffaelina Cerase el 20 de abril de 1915
le decía: "Raffaelina, cómo me consuela el hecho de saber que
estamos siempre bajo la mirada vigilante de un espíritu celeste que
no nos abandona jamás. Toma la costumbre de pensar siempre en él.
A nuestro lado está un espíritu celeste que, desde la cuna hasta
la tumba, no nos abandona ni un instante, que nos guía, nos protege
como un amigo y que nos consuela, especialmente, en las horas en que
estamos más tristes.
Raffaelina, este buen ángel reza por ti, ofrece a Dios todas tus
buenas obras, tus deseos más santos y puros. Cuando parece que
estás sola y abandonada, no te lamentes de no tener a nadie a quien
confiar tus problemas, no te olvides que este compañero invisible
está presente para escucharte y para consolarte. ¡Oh feliz
compañía!".
Un día, estaba rezando el rosario a las 2.30 de la tarde, cuando
fray Alessio Parente se le acercó. Le dijo: "Hay una señora
que pregunta qué debe hacer en sus problemas". Déjame, hijo
mío, ¿no ves que estoy muy ocupado? ¿No ves todos estos ángeles
custodios que van y vienen, trayéndome mensajes de mis hijos
espirituales? Padre mío, nunca he visto un solo ángel custodio,
pero lo creo, porque no os cansáis de repetir a la gente que os
mande su ángel.
Fray Alessio escribió un librito sobre el Padre Pío titulado:
"Mándame tu ángel".
San Escribá de Balaguer en el libro "Camino",
escribió: "Ten confianza con tu ángel custodio. Trátalo como
un entrañable amigo y él sabrá hacerte mil servicios en los
asuntos ordinarios de cada día".
La Vble. Sor Mónica de Jesús (1889-1964) fue una santa
mística, agustina recoleta, que tenía un trato familiar con su
ángel custodio, a quien llamaba hermano mayor. Veamos los que nos
dice en algunas de sus cartas a su director, el Padre Eugenio
Cantera: “El día dos me regaló la Madre unos caramelos. Estando
en la celda, le dije al ángel: No quisiera que “matachín” (el
diablo) me los quitara. Me dijo: Yo te enseñaré a esconderlos para
que no te los quite. Saqué una cajita y me dijo: Échalos ahí. En
la tapa puso una estampa de la Madre de Jesús y me dijo: No tengas
cuidado, que aquí no puede llegar” (4-10-1923).
“El día 7 me dijo el hermano mayor: Nuestro abuelito (el padre
de su director) ha muerto. Al ver el ángel que lloraba, me dijo: No
llores, ha sido la voluntad de Jesús el llevárselo y le ha hecho
un beneficio. Le pregunté al ángel, si su alma se había salvado,
y me dijo que sí, pero que había sido llevada al purgatorio por un
poco de tiempo. Yo le dije que salía fiadora de él y que le dijese
a Jesús que me diese a mí lo que él tuviera que sufrir y se lo
llevase a gozar. El hermano mayor me dijo que comulgase por él
nueve días con mucho fervor” (15-7-1919).
El día 30 de mayo de 1919 tuvo lugar en el cerro de los
Ángeles, de Madrid, la consagración de España al Corazón de
Jesús, hecha por el Rey alfonso XIII. Ella dice: “¡Qué hermoso
día! Mandé a mi hermano mayor para que ayudase al Rey y así lo
hizo, pues se colocó en su hombro derecho” (19-6-1919).
En la Navidad de 1921 vino el Niño Jesús con María a visitarla
y dice: “¡Cuántos besos le di al Niño Jesús, que María traía
en sus brazos! ¡Cuántas cosas le dije en la Nochebuena! Al
terminar la octava de Reyes, me quité la medalla que mi ángel me
dio en esa Nochebuena. Yo decía: Es muy buena, no se me vaya a
perder. Y el ángel me dijo: No te la quites, yo la he llevado
puesta todos los días y tú enseguida quieres meterla en un
rincón. La cogí y la llevo puesta todos los días” (30-1-1922).
“En mi día, muy temprano, vino primero el hermano mayor, al
poquito rato vino Jesús. Y ¿sabe Ud. lo que hizo el hermano mayor?
Siempre, cuando viene Jesús, se postra un poquito retirado, pues en
mi día no hizo eso. Me tomó de la mano y me presentó a Jesús.
Después vino la Madre de Jesús e hizo lo mismo. Después vino
nuestra madre santa Mónica y me presentó también. Estuvieron un
ratito los tres, me preguntaron cuánto los amaba y me aconsejaron
que amara a Jesús como quería amarlo... Todos se reían de mis
palabras y se marcharon todos juntos. El hermano mayor se quedó,
dándome noticias. De parte de Jesús me dijo que el día anterior
se habían confesado cinco almas que tanto tiempo hacía lo estaba
pidiendo, que me lo hacía de regalo. El hermano mayor también me
dijo: Yo te he conquistado dos almas para Jesús en tu día. Una
hacía catorce años que no se confesaba y otra veinticinco. Éstos
fueron los regalos de Jesús y del hermano mayor en mi día”
(8-5-1918).
El día de jueves santo de 1919, desde las diez de la mañana
hasta las diez y media de la noche del sábado santo, estuvo
acompañando a Jesús en su dolor. Dice: “Me embargaba una pena
tan grande que yo no me daba cuenta de nada de esta vida y ni sabía
dónde estaba. Mi hermano mayor, recuerdo después, que durante este
tiempo me iba diciendo de vez en cuando: A esta hora Jesús se
halló en esta parte, de este modo y del otro, y todo cuanto me iba
diciendo me embebía más en las penas y amarguras que Jesús había
sufrido. También me decía cuándo tenía que ir a los actos de
comunidad y qué iba a hacer en ellos, cómo ir al comedor y a la
disciplina... Al final, vino el ángel con la cara tan alegre que
parecía otro y me dijo: Jesús ya resucitó. ¡Aleluya! Su alegría
penetró de tal modo en mi espíritu y en todo mi ser que ya me di
cuenta de todo lo que pasaba y hacía y en dónde estaba. Yo me
encontré en la celda... A las tres de la mañana vino Jesús tan
resplandeciente que, por todas partes, todo Él era un resplandor,
pero especialmente salía una luz de sus cinco llagas”
(21-4-1919).
“Estuve unos días en cama y el ángel me trajo a Jesús por la
mañana, y el hermano mayor de Ud. y el de la Madre traían cada uno
una vela, alumbrando a Jesús. Esto fue el 8 y el 13, los demás
días bajé yo a comulgar. ¡Cuán bueno es mi ángel! ¡Cuánto me
quiere!” (22-1-1923). “En la madrugada vinieron los siete
ángeles (del grupo de almas víctimas). Estaban muy contentos y les
saqué las estampitas, una para cada uno. Yo le di a mi ángel la
que yo quería para él y después él repartió las demás. Pasamos
un buen rato y apostaron a amar a Jesús. Y ¿sabe Ud. que la pobre
de Sor Mónica, toda de Jesús, les ganó a los siete?... La
víspera de los ángeles, en el rezo de Vísperas, me estaba
fijando. Vi a todos los hermanos mayores de cada una de las que
estaban en el coro. Me dio mucha alegría, pero también tuve pena,
porque todos estaban contentos, aunque no todos alegres. Se lo
pregunté a mi ángel y me dijo que era por no rezar con todo el
fervor que ellos querían que tuvieran las almas” (4-10-1923).
Sor Mónica no sólo jugaba con su ángel, sino que hacía todos
sus trabajos en la huerta o en el gallinero con él. En todas
partes, los dos tenían un solo pensamiento: JESÚS y la salvación
de las almas.
* * * * *
Muchos otros santos han tenido la gracia de ver a su ángel de la
guarda. Entre otros Santa Rosa de Lima, Santa Ángela de Merici, San
Felipe Neri, San Ramón Nonato, Santa Brígida, San Paulino de Nola,
Santa Margarita de Cortona, Santa Catalina de Siena... A San
Raimundo de Peñafort, su ángel lo despertaba para la oración; a
la Beata Francisca de las cinco llagas, con ocasión de tener una
mano enferma, le partía el pan en la mesa. A Santa Rosa de Lima le
servía de recadero y, estando enferma, le preparó una taza de
café. A la Beata Crescencia de Hos le encendía el fuego y cuidaba
las ollas para que pudiese permanecer más tiempo en oración. A San
Isidro le araba los campos, cuando éste asistía a la misa.
Una vez Santo Domingo Savio salvó a su hermano de morir ahogado
y, cuando le preguntaron cómo se había lanzado a salvarlo sin
saber nadar y siendo tan débil, dijo: "No estaba solo, estaba
conmigo mi ángel".
Por eso, podemos contar con él para todo. Él es un amigo
sincero y leal, sencillo y servicial. Seamos agradecidos y
digámosle muchas veces que lo queremos mucho y que estamos muy
agradecidos por su custodia; cuanto más lo invoquemos y pidamos su
ayuda más podrá ayudarnos y bendecirnos.
Santa Teresita del Niño Jesús le tenía mucha devoción y le
dice en una de sus poesías:
¡Oh glorioso guardián de mi cuerpo y de mi alma, que en el
cielo estás brillando lleno de luz y esplendor! Por mí bajas a la
tierra y me alumbras con tu luz. Te haces mi hermano y mi amigo, tú
eres mi consolador (PO 40).
¿Eres agradecido con tu ángel?
OTROS TESTIMONIOS
El Padre Eugenio Prevost (1860-1946) escribía: "El día de
mi ordenación sacerdotal me vino con mucha fuerza a la mente lo que
había dicho el Padre Aymard sobre su ordenación sacerdotal, es
decir, que en ese día el ángel guardián pasa de la derecha a la
izquierda, dejando este lugar a la Santísima Virgen. Este
pensamiento se impuso a mi alma y me emocionó profundamente. Ahora
tengo el pleno convencimiento de que la Virgen María se coloca a la
derecha del sacerdote. Yo he sentido sensiblemente esta presencia de
María a mi lado derecho. Yo he sentido vivamente los lazos
estrechos que unen mi alma con María desde que soy sacerdote. Sin
duda que lo que le atrae a María es la fusión que se hace en el
momento de la ordenación entre Jesús y el sacerdote. Ella ve la
presencia de su divino Hijo en el sacerdote". Por eso, podía
decir: Gracias Padre, por la dignidad sacerdotal, que es más grande
que la de los querubines y serafines.
En las apariciones de Garabandal en el Norte de España, entre
1961 y 1965, un día la Virgen les dijo a las cuatro niñas:
"Si encontráis un sacerdote, hablando con un ángel, ¿a
quién saludáis primero?". Ellas respondieron: al ángel. Y la
Virgen las corrigió diciendo: "No, no, al sacerdote primero,
porque él tiene más dignidad que el ángel, porque puede celebrar
la misa, lo que el ángel no puede hacer". En estas
apariciones, se les presentó desde la primera vez, el 18 de octubre
de 1961, el arcángel San Miguel como un niño de nueve años. Las
niñas, casadas en la actualidad, rezan todos los días el rosario y
todos los días invocan a su ángel custodio. La Virgen les
recomendó también que hicieran muchos sacrificios y muchas visitas
al Santísimo Sacramento (18-10-1961).
Eduvigis Carboni, la estigmatizada de Cerdeña, muerta en 1952,
tenía la gracia de ver muchas veces a su ángel. Ella cuenta en su
Diario: "Mi pobre madre me mandaba, a veces, hacer las compras
de noche. Tenía que caminar sola en la oscuridad, especialmente en
caminos solitarios... De pronto, veía a mi ángel custodio que me
decía: No temas, yo estoy contigo y te hago compañía. Entraba en
la casa para comprar y él quedaba fuera. Después, de nuevo me
acompañaba hasta la puerta de mi casa y desaparecía".
A Teresa Musco (1943-1976), la estigmatizada de Caserta (Italia),
el ángel le acompañaba en su oración diaria. Ella escribe en su
Diario: "El ángel viene todas las mañanas a visitarme y me
hace rezar con él". Por algo se nos dice en el Salmo 137,1:
"En presencia de los ángeles cantaré para ti, Señor".
Georgette Faniel es una estigmatizada canadiense, a quien Pierre
Jovanovic la entrevistó en su propia casa de Montreal en 1994,
delante de su director espiritual el jesuita Padre Guy Girard. Ella
tenía ya 76 años, era un alma víctima por los pecadores, y
revivía todos los viernes la Pasión de Cristo. Le preguntó:
¿Usted es esposa de Cristo? La unión tuvo lugar el 22 de febrero
de 1953, cuando me pidió, si aceptaba ser su esposa y llevar su
cruz para salvarle almas. ¿Usted es esposa de Cristo y también del
Padre eterno? Soy esposa de la Trinidad. ¿Cómo ha sido su
matrimonio? ¿Ha recibido un anillo? Sí, pero el anillo es
invisible, está sobre el anular derecho. María estaba presente con
toda la corte celestial. ¿La corte celestial? Sí, los ángeles,
los arcángeles y todos los que adoran a Dios y participan de sus
obras. Y ¿cómo son los ángeles? Son de un resplandor
increíble... parecen hechos para adorar a Dios, para servirlo y
para ayudarnos, como los ángeles custodios, por ejemplo. ¿Ud. ve a
su ángel custodio? Sí, lo veo. Y ¿cómo es? Muy bello (se ríe
como una colegiala), lleva una túnica blanca, pero su belleza no
puede ser comparada con ninguna belleza humana. No he visto nunca un
hombre tan bello. Durante la Eucaristía veo también otros
ángeles. Están en adoración, postrados ante la presencia real de
Dios en frente del altar. No entiendo cómo algunas personas,
incluso sacerdotes, no creen en el ángel custodio que nos acompaña
siempre.
Vassula Ryden, nacida en 1942, es ortodoxa griega, aunque su
director espiritual es católico. Tuve la suerte de conocerla y
hablar con ella en Lima y me dejó una gratísima impresión. Desde
1987 se ha establecido en Suiza y visita distintos países del mundo
para dar sus conferencias y difundir los mensajes que recibe de
Jesús y que están publicados con el título "La verdadera
vida en Dios". Ella dice que durante más de 30 años no se
había preocupado de Dios, hasta que un día de noviembre de 1985,
estando en Bangladesh haciendo la lista de las compras del día,
sintió en su cuerpo una extraña vibración sobrenatural y, como
guiada por una fuerza superior, escribió: "Soy tu ángel
custodio y me llamo Daniel". Durante tres meses estuvo
recibiendo, de vez en cuando, mensajes interiores del ángel, hasta
que empezó a hablarle ya definitivamente Jesús.
Pierre Jovanovic le hizo una entrevista y le preguntó: ¿Cómo
es tu ángel custodio? Lo veo como un ser humano, pero siempre lleva
algo como una dalmática o pequeña capa. Tiene la piel oscura,
cabellos largos hasta la espalda. Es un ángel muy sensible. A
veces, veo otro ángel a su lado, inmenso, de dos metros, bien
proporcionado, con un hábito blanco luminoso y alas blancas, muy,
muy luminoso. Es el arcángel Miguel. Mi ángel me preguntó un
día: ¿Sabes quién estaba presente el día de tu nacimiento? Mi
madre, el médico... También yo. Una vez lo sorprendí orando y le
pregunté: ¿Qué haces? Me dijo: Oro. ¿Por quién? Por ti. Un día
me regaló un bellísimo ramo de flores. Estaba de paso en Pakistán
para retornar a Suiza. Estuve todo el día en el hotel, esperando la
hora de ir al aeropuerto. El ángel me dijo: Pronto será Navidad y
quiero hacerte un regalo... te daré unas flores. ¿Flores
verdaderas o flores espirituales? Flores verdaderas ¿Y cómo sabré
que vienen de ti? Las firmaré, verás mi señal. Algunas horas más
tarde, bajé a cenar al restaurante. Era la única persona que
había en la sala. Cuando terminé de cenar, un hombre se me acercó
con uniforme del hotel y, sin decirme nada, me entregó una
guirnalda de rosas rojas pakistaníes. Y se fue sin decir palabra.
Era un ramo bellísimo y tenía decoraciones con hilos plateados
como las del árbol de Navidad. Todavía las tengo, aunque ya están
secas. ¿Qué ha aprendido de su experiencia con el ángel? Que hay
que rezarle no solamente para encontrar un lugar para aparcar el
coche, por ejemplo. Hay que pedirle que nos ayude en todo y
agradecérselo. Personalmente, cuando tengo un encuentro difícil
con alguien, envío mi ángel al ángel custodio del interlocutor.
Evita muchos problemas y resuelve muchas situaciones. Y funciona
siempre.
Katsuko Sasagawa, nacida en 1931, es una religiosa contemplativa
japonesa convertida del budismo, a quien se ha aparecido la Virgen
en varias ocasiones. En 1973, dos meses después de entrar en el
convento de Akita (Japón), estando sola delante del Santísimo
Sacramento, se abrió el sagrario y la envolvió una luz
increíblemente brillante. Otras veces más, ha visto esta luz
indescriptible, que sale del sagrario. En esos momentos, ella siente
una alegría y una felicidad, que no puede expresar con palabras. La
tercera vez, vio también una multitud inmensa de ángeles ante el
sagrario, en un espacio que parecía abrirse al infinito. Y ella
dice: "La luz de la hostia era tan brillante que no podía
mirarla y cerrando los ojos me prosterné hasta el suelo".
El 29 de junio de 1973, mientras el obispo (a quien le había
contado todo) celebraba la misa en la capilla, se le apareció el
ángel custodio a su derecha. El ángel tenía la apariencia de una
señora, hecha de luz, que la acompañaba en la oración. Su voz,
dice, era magnífica, pura y resonaba en su cabeza como un verdadero
cielo. Durante la misa, el ángel la consagró como víctima de amor
a Jesús, y en su mano derecha apareció una herida que comenzó a
sangrar. Pidió explicaciones al ángel y éste le sonrió,
diciendo: "Una herida semejante a la tuya se manifestará en la
mano derecha de la imagen de la Virgen y será muchísimo más
dolorosa".
Esta imagen de la Virgen que tenían en la capilla era de madera
con rasgos japoneses, y había sido hecha por un artista budista.
Comenzó a sangrar en su mano derecha hasta el 29 de setiembre de
1973, fiesta del arcángel San Miguel, patrón del Japón.
El 4 de enero de 1975 la imagen de la Virgen comenzó a llorar y
a derramar lágrimas de sangre, dando lugar al primero de los
milagros, al cual han asistido millones de japoneses de diversas
religiones a través de la televisión. El obispo declaró que se
trataba de un verdadero milagro. Este fenómeno continuó hasta el
15 de setiembre de 1981, día de la última de las 101 lacrimaciones
de sangre humana. Su ángel le explicó el significado del número
101. El 0 simbolizaba al Dios eterno. El primer 1 simbolizaba a Eva
y el segundo a María, porque el pecado se originó en una mujer y
la salvación vendrá también por otra mujer, María.
Ella ama muchísimo a su ángel custodio, a quien ha visto en
muchas ocasiones. El 2 de octubre de 1973, fiesta de los ángeles
custodios, durante la misa, al momento de la consagración, se le
aparecieron ocho ángeles que oraban delante de la hostia luminosa.
Eran los ángeles custodios de las ocho religiosas de la comunidad.
Estaban de rodillas en torno al altar, formando un semicírculo. No
tenían alas y su cuerpo tenía una luz misteriosa y brillante. Los
ocho adoraban al Santísimo Sacramento con gran devoción. Y ella
dice: "Al momento de la comunión, mi ángel me invitó a
avanzar, pudiendo distinguir claramente a los ángeles custodios de
las ocho religiosas de la comunidad. Daban la impresión de guiarlas
con gentileza y afecto. Fue para mí mejor que cualquier
explicación teológica. Por eso, creo firmemente en la existencia
de los ángeles custodios".
¿Invocas a los ángeles custodios de quienes viven contigo?
TESTIMONIOS RECIENTES
Una religiosa contemplativa me escribía en una carta su
experiencia con el ángel durante la misa: "Un día, en el
momento de la consagración, de repente, sin pensarlo, vi a mi lado
derecho a mi ángel custodio, que estaba en profunda adoración ante
Jesús Eucaristía con el rostro postrado en tierra. Después de la
elevación, pude ver su rostro. Era sublime y hermoso. Nunca lo
podré olvidar, se me grabó en mi interior para siempre. Nunca
había visto un rostro tan majestuoso y, a la vez, lleno de bondad y
pureza, amor y alegría. Su sonrisa era bellísima, un trocito de
cielo. Estuvo a mi lado hasta la comunión. Me acompañó a recibir
a Jesús y desapareció".
Desde Brasil, otra religiosa me decía: "Desde niña he
tenido gran amistad con mi ángel. Hablamos como si nos viéramos.
En muchas ocasiones, me ha librado de peligros o me ha mostrado el
peligro. Cuando era pequeña, pensé en darle un nombre que
significase mucha pureza y le puse Celeste y lo llamo con el
diminutivo Celestinho. Cuando rezo el breviario en el coro, le
invito a sentarse a mi lado para alabar al Señor conmigo. Él reza
conmigo, trabajamos juntos y lo hacemos todo unidos. Si te contase
todas las cosas de mi ángel, sería algo de nunca acabar".
Desde España, una contemplativa me escribía así: "He
sentido muchas veces en mi vida la protección de mi ángel
custodio. Hace mucho tiempo, pasaba yo por una noche de oscuridad.
En mi alma todo eran tinieblas, no sentía nada en la oración. Yo
buscaba a Dios y me sentía lejos de Él. Y tenía tentaciones
contra la fe y de dejar la oración, pensando que perdía el tiempo.
Un buen día, me encomendé a mi ángel y le pedí que él, que
estaba viendo al Señor, me contagiase de su fervor. Yo estaba de
rodillas con los ojos cerrados y sentí dentro de mí como si mi
ángel y todos los ángeles de las hermanas, que estaban en oración
en la capilla, estuvieran ante el sagrario en una actitud de
plegaria y de alabanza... y que mi alma se unía a ellos. No los
veía con los ojos, pero mi alma se contagió de su fervor y no
puedo decir lo que sentí, me quedé con gran paz y felicidad".
Otra religiosa me contaba lo siguiente: "Ha habido épocas
en mi vida en que he sentido la presencia de mi angelito de una
manera fascinante y poco común. Se me representaba como en
adoración y me invitaba a dar gloria y adoración a mis TRES en
silencio y soledad. Yo me unía a él y lo sentía a mi lado
derecho, de tal forma que, en cualquier sitio en que me encuentro,
le dejo un lugar o, mejor, un espacio para él. Cada día él se
encarga de enseñarme a hacer el bien a mi alrededor, aunque sólo
sea con una sonrisa. Estoy segura de que el ángel me ha ido
llevando de la mano y por él y con él he recorrido el camino de mi
vida hasta engolfarme en Dios y en sus misterios. Realmente, de su
mano he entrado en comunicación con mi Dios. Ahora mi alma está
inundada de la vida de Dios, mi ángel camina a mi lado. Voy segura,
porque él me avisa de lo que debo evitar y me enseña lo que debo
de hacer. Siempre que el demonio lucha por quitarme la paz, mi
ángel me defiende y se me hace presente. Yo lo quiero mucho".
He aquí el testimonio de una madre de familia. Tengo el escrito
de su puño y letra: "Yo tenía 13 años. En nuestra casa
reinaba un clima de tensión y rivalidad. Yo era muy sensible, como
lo soy hasta ahora, y vivía en un sufrimiento constante y lloraba
mucho. Era una niña infeliz... Una noche me desperté de improviso
y, de pronto, me quedé sorprendida de ver mi habitación totalmente
iluminada. Era de noche y todo debería estar envuelto en la
oscuridad, pero una luz luminosísima me rodeaba. Junto a mi cama,
vi a un joven envuelto en la luz, me estaba observando, pero no
sentía ningún temor, sino que, en lo profundo, de mi corazón
sentía una alegría incontenible y una gran paz. Tenía una
sensación de bienestar total. Este joven hermoso no me dijo nada,
pero me transmitía una profunda serenidad. Después desapareció y
todo quedó en la oscuridad...
Con los años he comprendido mejor esta visión. A partir de ese
momento, me sentía más segura y tenía la sensación de que
alguien me acompañaba y me protegía siempre. Sí, los ángeles nos
acompañan y nos custodian. Quizás aquella noche quiso consolarme y
darme el conocimiento de que no estaba sola y de que nunca estaría
sola en la oscuridad de la vida... No he visto más a mi ángel,
pero sé con certeza que está junto a mí y que espera que rece y
le pida ayuda, porque los ángeles, a pesar de estar a nuestro lado,
no pueden interferir en nuestra vida, porque somos libres, y
solamente rezándoles podemos obtener su ayuda. Yo rezo siempre a mi
ángel y a los ángeles de mis hijos para que los protejan. He
leído muchos libros sobre los ángeles, que me han ayudado a
conocerlos mejor y a amarlos más".
Mons. Giuseppe del Ton, conocido teólogo italiano, habla en uno
de sus libros de una niña de 4 años, que cayó a un pozo con agua
de 16 metros de profundidad. Cuando la rescataron dijo que un
bellísimo joven la había tomado del brazo y llevado hasta el fondo
y había jugado con ella hasta que llegaron a salvarla. ¿Quién
podía ser, sino su ángel guardián? El Padre Paul O’Sullivan en
su libro “Todo sobre los ángeles” cita el caso de una señora
amiga suya. Estaba viajando en tren con su hijo de tres años. El
niño se encontraba de pie junto a la puerta, cuando, de improviso,
la puerta se abrió y el niño cayó a la vía. La madre,
aterrorizada, invocó a su ángel custodio y tiró de la señal de
alarma. El tren tardó en detenerse, porque iba a mucha velocidad,
pero, cuando algunos hombres fueron a buscar al niño, lo
encontraron ileso, alegre y feliz, como si no hubiera pasado nada.
Todos pensaron: “Su ángel lo ha salvado”.
César Angelini, escritor italiano contemporáneo, cuenta que en
una ocasión asistió en una antigua abadía al canto de las
Completas y se conmovió, cuando el Padre Abad recitó la última
oración dicha con pleno convencimiento: "Visita, Señor, esta
habitación, aleja de ella las insidias del enemigo, que tus santos
ángeles habiten en ella y nos guarden en paz y que tu bendición
permanezca siempre con nosotros".
Y dice que, al llegar a su habitación, cerró la puerta y
sintió una certeza total de que allí estaba su ángel, sentía que
estaba allí para él y para él solo. Y quedó invadido de una
alegría tan grande que nunca antes la había conocido.
¿Estás convencido de que tu ángel está siempre contigo?
EL ARCÁNGEL SAN RAFAEL
Fue un verdadero ángel de la guarda para Tobías. Si leemos
atentamente el libro de Tobías, podremos observar varias anécdotas
que indican cómo Rafael fue un verdadero guardián para Tobías,
como lo es nuestro ángel. Primero, se le presentó como una persona
común y corriente que no llamaba la atención y a quien contratan
para el viaje. Antes de partir, reciben la bendición del papá:
"Que Dios os dé un feliz viaje y un ángel os acompañe"
(5,16). El ángel lo protege de peligros de muerte: del pez que
quería devorarlo (6,2) y del demonio que le hubiera matado, como a
los otro siete pretendientes de Sara (8,3). Cura la ceguera del
padre (11,11), le arregla el asunto del dinero prestado a Gabael
(9,5). Le aconseja casarse con Sara (6,11) y le arregla todo para el
matrimonio (7,10).
Humanamente hablando, Tobías nunca se hubiera casado con Sara,
porque tenía mucho miedo de morir, al igual que los otros siete
esposos anteriores (6,4), pero Rafael cura a Sara del poder del
demonio y de sus miedos y tranquiliza a Tobías, porque ese
matrimonio era querido por Dios "desde toda la eternidad"
(6,17). ¿Sería el ángel de su padre? Porque, cuando se manifiesta
como tal le dice: "Cuando orabais, yo presentaba vuestras
oraciones ante el Santo, cuando tú enterrabas a los muertos,
también yo te asistía, cuando sin pereza te levantabas y dejabas
de comer para ir a sepultarlos... yo estaba contigo"
(12,12-13). Rafael les da a ambos una serie de consejos para amar a
Dios y les dice: "Todos los días me hacía ver de vosotros, no
comía ni bebía, era todo apariencia. Ahora alabad a Dios"
(12,17-19).
En la vida de San Juan de Dios (1495-1550) se cuenta que tenía
mucha devoción a San Rafael arcángel. En dos ocasiones, sin
haberlo visto, había visitado su hospital en Granada y había
ayudado a los enfermos. La tercera vez le ayudó en la calle a
llevar a un enfermo al hospital. Aparentemente, era una persona
común y corriente, pero se le manifestó y le garantizó su ayuda
futura.
Podemos preguntarnos: ¿Hay muchos ángeles que se presentan con
aspecto normal para ayudarnos en los peligros? No sabemos, pero lo
cierto es que hay ángeles que, bajo figura humana, han liberado a
sus protegidos de males del cuerpo y del alma.
¿Conoces algún caso? ¿Lo has publicado para gloria de Dios?
ÁNGELES POR LA CALLE
Joan Wester Anderson tiene un libro titulado "Donde los
ángeles caminan". Tiene muchos testimonios de personas comunes
y corrientes que tuvieron experiencias de seres sobrenaturales, que
bajo apariencia humana les salieron al encuentro y los ayudaron en
situaciones difíciles y les salvaron la vida de muchos peligros
inesperados. Por ejemplo, Carol Toussaint estaba manejando su coche
por las alturas de Arlington, Illinois (USA). Al cruzar un paso de
ferrocarril, se quedó atascada en medio de la vía y no podía
encender el vehículo. No sabía qué hacer, cuando un joven se le
acercó amablemente y le hizo ver el peligro que corría. Levantó
el coche y, empujándolo, le hizo pasar la vía. Inmediatamente,
pasó el tren, que la hubiera arrollado con seguridad. Pero ¿dónde
estaba el joven que la había ayudado? Lo buscó y no lo pudo
encontrar. Fue algo realmente milagroso y sobrenatural. Aquel joven
irradiaba simpatía y amistad.
Stacey, una joven de unos veinte años, iba una noche a su casa,
después de salir de trabajar. Antes de llegar a su casa, vio a un
individuo que le dio mucho miedo, recostado junto a la esquina. Ella
invocó a su ángel: "Ángel de mi guarda protégeme"; y
pasó temblando. Cuando llegó a su casa, tuvo que echarse en la
cama para descansar un poco y desahogarse llorando. Al poco tiempo,
oyó las sirenas de la policía y vio por la ventana que algo había
pasado en aquella esquina. Al día siguiente, escuchó a algunos
vecinos decir que un hombre había violado a una joven en ese lugar.
La policía había cogido a un sospechoso. Ella fue a la comisaría
de policía a ver si podía identificarlo como el hombre que había
visto el día anterior. Era el mismo.
Cuando el policía le preguntó al sospechoso el porqué no le
había asaltado a ella. Él respondió: "La recuerdo bien. Pero
ella estaba caminando con un tipo grande, que estaba a su
derecha". Su ángel la había salvado.
El Padre Paul O'Sullivan, en su libro antes citado, cuenta el
caso ocurrido a una familia inglesa, que vivía en el campo. Un
día, su pequeño hijo, de unos seis años de edad, aprovechó que
nadie lo veía y se fue al campo sin permiso. Empezó a caminar y,
cuando se quiso dar cuenta, estaba perdido y no sabía volver a
casa. Empezó a llover y sintió frío y cansancio y se sentó lleno
de pánico. Caía la noche y él estaba muy triste y desesperado,
cuando apareció un joven simpático con una linterna. Él se
acercó y le dijo: "Señor, ¿puede ayudarme a volver a
casa?". El joven le sonrió, lo tomó de la mano y lo
acompañó con su hermosa linterna para ver el camino. El niño ya
no sintió más cansancio ni frío. Jamás se había sentido tan
feliz y hablaba con aquel joven con toda naturalidad y confianza.
Los dos se reían y conversaban, hasta que divisaron su casa.
Habían hecho el trayecto en poquísimo tiempo. Entonces, el niño
echó a correr alegre y, al volverse para hablar con el joven, ya no
estaba, había desaparecido.
¿Has tenido alguna experiencia personal?
ÁNGELES DE DIOS
¿Alguna vez en tu vida has sido salvado por los ángeles de Dios
de un peligro inminente? El periodista francés Pierre Jovanovic
cuenta su propia experiencia: "Una tarde de enero de 1988 me
encontraba en Fremont (USA). Yo y una amiga habíamos subido a un
coche alquilado y nos dirigíamos por la autopista 101 a San
Francisco. Todo parecía completamente normal y tranquilo. El sol
resplandecía y como yo no manejaba el coche, estaba observando los
grandes camiones que pasaban... Cuando, de repente, sin reflexionar,
me eché bruscamente a la izquierda. Un segundo después, una bala
atravesaba el parabrisas y fue a dar exactamente donde yo había
estado, a la derecha. Hablando de este caso con algunos compañeros,
descubrí que no era yo solo a quien había sucedido algo parecido.
Otros colegas, periodistas o fotógrafos, me contaron casos
inexplicables en los que habían sido salvados de la muerte".
Él lo atribuyó a su ángel de la guarda y, por eso, comenzó
una investigación, viajando por todo el mundo para conocer todo lo
que pudiera sobre este tema, escribiendo su libro "Encuesta
sobre los ángeles custodios", donde cuenta interesantes
testimonios, que alientan nuestra fe en su ayuda y protección.
Un amigo mío, de quien no puedo dudar en absoluto, me contaba lo
que le ocurrió a él personalmente, cuando era estudiante
universitario. Un día estaba esperando al autobús en el borde de
la carretera, distraído y pensando en el próximo examen, cuando
sintió que alguien lo agarró bruscamente de los pelos y lo tiró
hacia atrás. En ese momento, un autobús pasó a toda velocidad por
donde él había estado. Al volverse para ver quién le había
empujado... no vio a nadie, estaba solo. Y pensó inmediatamente en
su ángel. Desde entonces nunca se olvida de él.
Recuerdo lo que una mujer me contó. Una noche oscura y
silenciosa iba a su casa, tranquila, cuando, de repente, un coche
aparcó junto a ella y salieron dos hombres que querían meterla
dentro. En ese momento, apareció, doblando la esquina, otro hombre
alto que trató de ayudarla y los otros dos huyeron sin pensarlo dos
veces. El joven la acompañó amablemente hasta su casa. Ella nunca
se olvida de este suceso, que para ella fue una protección de Dios.
¿Fue su ángel? ¿Fue una simple coincidencia, que alguien pasó
por allí en aquel momento y la ayudó decididamente? Es posible,
pero también puede ser que su ángel le inspirara a aquel joven que
pasara por aquel lugar a la hora justa para ayudarla y salvarla.
Nada ocurre por casualidad.
El Padre Donato Jiménez cuenta siempre con agradecimiento el
caso que le ocurrió a él y a su hermano gemelo, ambos agustinos
recoletos, en su viaje de regreso a Lima desde las alturas de 3,000
m. de Huaraz, en el Perú, en julio de 1990. Escribe textualmente:
“Pasada la laguna de Conococha, íbamos iniciando el descenso por
la interminable carretera, cuando se nos fue echando una niebla tan
espesa que nos era imposible marchar ni siquiera a la mínima
velocidad. Estábamos prácticamente envueltos en una masa blanca y
tupida que no sabíamos por donde íbamos. Jamás he visto niebla
tan densa. No podíamos ver la orilla ni menos el precipicio... Se
acercaba la noche y no podíamos avanzar. Debíamos quedarnos en el
coche hasta la mañana siguiente con la esperanza de que la niebla
desapareciese. Avanzar o quedar aparcados al filo de la carretera,
era temerario. Además, estaba el miedo a ser asaltados o muertos
por terroristas, que causaban entonces una sicosis general.
Pasaron largos ratos sin hablar, rezando, particularmente, a
nuestro ángel de la guarda con todo el fervor de que éramos
capaces. La situación la percibimos como muy grave. No sabíamos
qué hacer. Ese día no habíamos visto a nadie por la carretera
desde que salimos. De pronto, un coche nos da alcance con cierta
rapidez y se pone delante de nosotros como a tres metros, y
despacio, muy despacio, como adivinando nuestra situación, trata de
darnos algo de reflejo con los pilotos traseros y, a obligado paso
lento, va como tirando de nosotros. No sabíamos de qué se trataba.
A lentísimo paso, fuimos avanzando por varias horas hasta
acercarnos a Pativilca, sobre la costa, donde ya no había niebla.
Allí se detuvo el coche, que había sido nuestro ángel.
No podíamos creerlo. Llorando de emoción y agradecimiento, nos
abrazamos a un señor taxista, se llamaba José, buen conocedor del
trayecto, que desde Huaraz venía a Lima y, al vernos, se dijo:
Éstos no son de aquí y no conocen la carretera. Iba con sus
pasajeros y, naturalmente, con ansia de llegar pronto a Lima. Pero
él y los pasajeros tuvieron el gesto, la virtud y el gozo de una
obra buena. Esto lo hizo nuestro ángel de la guarda y así lo
reconocimos y lo agradeceremos siempre. En la homilía del domingo
comentamos este hecho para agradecer con toda la asamblea al buen
taxista y a nuestro siempre fiel ángel guardián. La deuda es
decírselo a todos en gozosa y pública acción de gracias”.
¿Te acuerdas de algún caso en tu propia vida? ¿Invocaste a
Dios o a tu ángel o a María nuestra Madre? Si lo hiciste, Dios
pudo ayudarte de una manera especial por medio de sus ángeles del
cielo o de ángeles de la tierra, al servicio de Dios. ¿Quieres ser
tú un ángel de la guarda para otros que están en necesidad?
Precisamente, la diferencia entre quienes son salvados de casos
inexplicables y otros que no lo son puede estar en esto, entre
quienes piden ayuda y quienes no lo hacen. Cristo dijo bien claro:
"Pedid y recibiréis" (Mt 7,7). No recibimos muchas cosas,
porque no las pedimos. El no pedir es como no dar oportunidad a Dios
de que nos ayude, porque creemos en nuestra propia autosuficiencia.
Oremos y pidamos y Dios enviará sus ángeles a ayudarnos.
Y tú ¿invocas a Jesús, a María o a tu ángel en los peligros?
LOS ÁNGELES EN EL MÁS ALLÁ
Los santos están de acuerdo en que nuestros ángeles custodios
nos acompañan también durante nuestro estado de purgatorio para
consolarnos, como lo afirma San Agustín (Sermo 46). Santa Francisca
Romana decía: "Cuando un hombre muere, su ángel custodio
conduce su alma al purgatorio y se pone a su derecha... El ángel
presenta a Dios las oraciones que se le hacen e intercede por la
abreviación de sus sufrimientos". Santa María Magdalena de
Pazzi, puesta en espíritu en un lugar del purgatorio, vio junto a
cada una de las almas a sus ángeles guardianes que las consolaban.
Lo mismo vio Santa Margarita María de Alacoque y otros santos.
Con frecuencia, nuestro ángel nos inspira orar por nuestros
familiares difuntos o por las almas del purgatorio, en general,
porque es una gran obra de caridad. Santa Verónica Giuliani escribe
en su Diario: "Una mañana mi ángel custodio me pidió que
ofreciese mis buenas obras en unión con los méritos de la pasión
de Jesús y de la Santísima Virgen por un alma del purgatorio...
Después la vi libre de todas sus penas y toda bella y
gloriosa".
El Siervo de Dios Pedro de Basco (=1645) dice que una noche se
olvidó de rezar por las almas del purgatorio, como acostumbraba, y
su ángel custodio lo despertó y le dijo: "Hijo mío, las
almas del purgatorio esperan la ayuda de tu compasión". Por
eso, no es de extrañar que, en los momentos decisivos de la
agonía, nuestro ángel redoble sus esfuerzos para preparar el alma
del que le ha sido encomendado o la de otros. Santa Faustina
Kowalska, en su Diario, habla mucho de cómo su ángel le inspiraba
rezar por los agonizantes la coronilla de la misericordia, que
Jesús le había enseñado para salvarlas. Dice: “De manera
misteriosa, el Señor me hace conocer que un alma agonizante
necesita de mis plegarias, pero frecuentemente es mi ángel custodio
quien me lo dice” (II 215).
Personalmente, podría contar casos extraordinarios ocurridos en
las misiones, tanto personales como oídos a mis compañeros
sacerdotes. Personas que están para morir durante meses, y el día
que llega el sacerdote a aquellos apartados lugares, mueren en paz y
bien preparados con los últimos sacramentos. Pareciera, con toda
claridad, que estaban esperando al sacerdote para morir, como una
gracia especial que Dios les concede. En algunos casos, es su ángel
quien hace coincidir las cosas para que el sacerdote llegue a aquel
lugar.
Hay casos verdaderamente milagrosos, como el que ocurrió en la
peste de 1597 en Roma. Un joven, de aspecto agradable, fue al
convento de los Padres camilos para que fueran a la cabecera de un
apestado. Al llegar a la casa, el joven desapareció. Y esto ha
sucedido en muchos lugares y ha sido referido por personas
totalmente dignas de fe. Como el caso referido por un Padre jesuita,
ocurrido hace pocos años. Fue llamado urgentemente por un joven,
bien vestido, para visitar a un hombre que se hallaba en peligro de
muerte, y le dejó la dirección. El sacerdote fue a la casa y se
encontró con que el hombre, de quien le habían hablado, se
encontraba perfectamente bien. Pensó que había sido una broma de
mal gusto, pero aprovechó para conversar con él y le invitó a
confesarse. El otro, al principio, no quería, porque hacía muchos
años que no se confesaba. Poco a poco, fueron entrando en confianza
y aceptó confesarse. Al día siguiente, avisaron al sacerdote de
que había muerto. Entonces, sí era de verdad.
Una noche de 1575 un sacerdote de la comunidad de San Juan de
Ávila, en España, fue despertado por dos jóvenes que le pidieron
que fuera a atender rápidamente a un moribundo. El sacerdote fue a
la Iglesia para sacar dos hostias para darle al moribundo y quizás
a alguno de sus familiares. Los dos jóvenes llevaron dos velas
encendidas por el camino. El sacerdote atendió al enfermo y
regresó a la casa parroquial con una hostia, y los dos jóvenes, de
nuevo, le acompañaron con las velas encendidas. Pero, cuando quiso
agradecerles, ya habían desaparecido. Al contarle este suceso al
santo Juan de Ávila, éste le dijo al sacerdote: “No te
maravilles, eran dos ángeles mandados por Dios para premiar tu celo
apostólico”. ¿Eran los ángeles custodios del sacerdote y del
enfermo?
Otro caso lo cuenta el Padre O'Keefe de Cork en Irlanda. Un día
lo visitó un joven bien vestido para pedirle que fuera a asistir a
una mujer que estaba muriendo. El sacerdote lo siguió y el joven
desapareció. Ella le dijo al Padre que había trabajado en un
convento de religiosas y que ellas le habían enseñado a invocar al
ángel de la guarda, cuando tuviera alguna necesidad. Ella lo había
hecho y él había traído al sacerdote para ayudarla a bien morir.
Por eso, no nos cansemos de pedir ayuda a nuestro ángel,
encomendémosle nuestros últimos momentos y digámosle: "Angel
de mi guarda, dulce compañía, no me dejes solo en mi última
agonía".
¿Rezas frecuentemente la oración del ángel?
EXPERIENCIAS EN LOS UMBRALES DE LA MUERTE
Se han escrito muchos libros donde se habla de cientos de
personas que, a lo largo del mundo, han tenido experiencias en los
umbrales de la muerte. Personas, que han sido dadas clínicamente
por muertas, y que han tenido experiencias maravillosas, cercanas a
la muerte, que después las han contado al regresar a la vida. Estas
experiencias son tan reales que les hacen cambiar de vida. En muchos
casos, ven guías espirituales, seres de luz, que suelen identificar
con los ángeles. Veamos algunas de estas experiencias.
Ralph Wilkerson cuenta su caso, que fue publicado en el libro
"Regreso del más allá". Estaba trabajando en las
canteras y tuvo un grave accidente, quedando con un brazo y el
cuello rotos. Perdió la conciencia y, al despertar al día
siguiente, totalmente recuperado y curado inexplicablemente, le dice
a la enfermera: "Esta noche he visto una luz intensísima en mi
habitación y un ángel ha estado conmigo toda la noche".
Arvin Gibson en su libro "Chispazos de eternidad" narra
el caso de Ann, una niña de nueve años que tenía principio de
leucemia, y una noche ve a una señora bellísima, llena de luz, que
parecía de cristal puro y que inundaba todo de luz. Le preguntó
quién era y le respondió que era su ángel guardián. Y la llevó
"a un mundo nuevo, donde se respiraba amor, paz y
alegría". Al regresar, los médicos no encontraron ninguna
señal de leucemia.
También Raymond Moody, en su famoso libro "Vida después de
la vida", cuenta el caso de una niña llamada Nina, de cinco
años, cuyo corazón se detuvo durante una operación de
apendicitis. Al salir de su cuerpo, ve a una bella señora (su
ángel) que le ayuda a pasar el túnel y la lleva al cielo, donde ve
flores maravillosas, ve al Padre eterno y a Jesús, pero le dicen
que debe regresar, porque su madre estaba muy triste.
Betty Malz en su libro "Ángeles vigilando sobre mí",
escrito en 1986, habla de experiencias con ángeles. Otros libros
interesantes sobre estas experiencias en los confines de la muerte
son "Vida y muerte" (1982) del Dr. Ken Ring,
"Recuerdos de la muerte" (1982) de Michael Sabom, y
"Aventuras en la inmortalidad" (1982) de Georges Gallup.
Joan Wester Anderson en su libro "Where angels walk"
cuenta el caso del niño Jason Hardy de tres años, ocurrido en
abril de 1981. Su familia estaba viviendo en una casa de campo y el
niño se cayó a una piscina. Cuando se dieron cuenta, ya el niño
estaba ahogado y llevaba una hora, al menos, bajo el agua,
clínicamente muerto. Toda la familia se desesperó. Llamaron a los
paramédicos que vinieron de inmediato y lo llevaron al hospital.
Jason estaba en coma y humanamente nada podía hacerse. A los cinco
días desarrolló una neumonía y los médicos creyeron que era el
final. Su familia y amigos rezaron mucho por la curación del niño
y ocurrió el milagro. Comenzó a despertar y a los veinte días
estaba sano y fue dado de alta del hospital. Hoy Jason es un joven
fuerte y dinámico completamente normal. ¿Qué había ocurrido? El
niño pudo decir en sus pocas palabras que estaba todo oscuro en la
piscina, pero "el ángel estuvo conmigo y yo no tenía
miedo". Dios había enviado a su ángel para salvarlo.
El Dr. Melvin Morse en su libro "Más cerca de la luz"
(1990) habla del caso de la niña de siete años Krystel Merzlock.
Se había caído a una piscina y se ahogó, no dando ningún signo
cardiaco o cerebral por más de 19 minutos. Pero se recuperó
milagrosamente, de modo totalmente inexplicable para la ciencia
médica. Ella le contaba al doctor que, después de caerse al agua,
se sintió bien y que Elizabeth le había acompañado a ver al Padre
eterno y a Jesucristo. Cuando se le preguntó quién era Elizabeth,
ella respondió sin titubear: "Mi ángel custodio".
Después contó que el Padre eterno le había dicho si quería
quedarse o regresar y ella había decidido quedarse con Él. No
obstante, al hacerle ver a su madre y a sus hermanitos, decidió, al
fin, regresar con ellos. Al regresar le contó al doctor algunos
detalles que había apreciado desde arriba, como el ponerle un tubo
por la nariz y otros detalles que hacían imposible que estuviera
mintiendo o fuera sólo una alucinación. Al final, Krystel dijo:
"El cielo es fantástico".
Sí, el cielo es fantástico y hermoso. Vale la pena vivir bien
para estar en él por toda una eternidad, como lo estará, aquella
niñita de siete años, a cuya muerte asistió la doctora Diana
Komp. Este caso fue publicado en el dossier de la revista Life en
marzo de 1992. Dice la doctora: "Estaba sentada junto al lecho
de la niña, acompañada de sus padres. La niña estaba en el
último grado de leucemia. Y, en un cierto momento, tuvo la energía
de sentarse y sonreír diciendo: Veo ángeles, son bellísimos.
Mamá, ¿los ves? ¿escuchas su voz? Nunca he oído cantos tan
bellos. Inmediatamente después, murió. Esta experiencia la he
sentido viva y real como un DON, un don de paz para mí y para sus
padres, un regalo de la niña en el momento de su muerte".
¡Qué felicidad poder vivir como ella en compañía de los ángeles
y de los santos, cantando y alabando, amando y adorando a nuestro
Dios por toda una eternidad!
¿Quieres vivir toda la eternidad en el cielo en compañía de
los ángeles?
EL ÁNGEL GUARDIÁN
Se llama así, porque según el Salmo 90,11, él nos guarda en
todos los caminos. La devoción al ángel guardián acrecienta
nuestras posibilidades de crecer en la vida espiritual. Quien invoca
a su ángel, es como si descubriera nuevos horizontes invisibles a
simple vista. El ángel es como el interruptor de la luz, que, al
ponerse en marcha (al invocarlo), hace que nuestra vida quede llena
de luz divina. El ángel aumenta nuestra capacidad de amor y nos
salva de muchos peligros y dificultades.
Por eso, cuando hablemos con otras personas, pensemos en su
ángel. Cuando estemos en la Iglesia, en un tren, avión, barco... o
vayamos caminando por la calle, pensemos en los ángeles de los que
nos rodean para sonreírles y saludarlos con cariño. Es hermoso
sentir que todos los ángeles de quienes nos rodean, incluso si son
personas malas, son nuestros amigos. Ellos también se sentirán
felices de nuestra amistad y nos ayudarán más de lo que podemos
imaginar. ¡Qué alegría sentir su sonrisa y amistad! Empieza desde
hoy mismo a pensar en los ángeles de las personas que viven contigo
y hazte amigo de ellos. Verás cuánta ayuda y alegría te dan. Una
vez una viejecita le dijo a Mons Jean Calvet, decano de las Facultad
de Letras de la Universidad Católica de París: Buenos días,
señor cura y compañía. ¿Pero, si estoy yo solo? Y el ángel de
la guarda ¿dónde lo deja?
Una buena lección para muchos teólogos, que viven de libros y
se olvidan de estas maravillosas realidades espirituales. El famoso
sacerdote francés Jean Edouard Lamy (1853-1931) decía: "No
rezamos lo suficiente a nuestro ángel custodio. Hay que invocarlo
para todo y no olvidarnos de su presencia permanente. Él es nuestro
mejor amigo, protector y aliado al servicio de Dios". Y dice
que, durante la guerra, él debía atender a los heridos del frente
de batalla y, a veces, era transportado de un lugar a otro por los
ángeles para poder cumplir bien su misión. Algo así le sucedió a
Felipe apóstol, que fue transportado por el ángel de Dios (Hech
8,39), y también al profeta Habacuc, quien fue llevado hasta
Babilonia al foso de los leones, donde estaba Daniel (Dan 14,36).
Por eso, tú invoca a tu ángel y pídele ayuda. Cuando estés
trabajando, estudiando o paseando, puedes pedirle que visite en tu
nombre a Jesús sacramentado. Puedes decirle, como muchas
religiosas: "Ángel santo de mi guarda, corre veloz al sagrario
y saluda de mi parte a Jesús sacramentado". Pídele también
que, por las noches, rece por ti o esté en adoración, haciendo
guardia en tu nombre a Jesús sacramentado, en el sagrario más
cercano. O que encargue a otro ángel, de los que están
permanentemente ante Jesús Eucaristía, que lo adore en tu nombre.
¿Te imaginas las gracias tan inmensas que podrías recibir si
hubiera permanentemente un ángel que, en tu nombre, adorara a
Jesús sacramentado? Pídele esta gracia a Jesús.
Si vas de viaje, encomiéndate a los ángeles de los pasajeros
que van contigo; al de las Iglesias y ciudades por donde pases, y
también al ángel del chofer para que no ocurra ningún accidente.
Lo mismo podemos decir de los tripulantes del barco, tren, avión...
Invoca y saluda a los ángeles de las personas que hablan contigo o
se cruzan contigo por la calle. Envía tu ángel a visitar y saludar
de tu parte a los familiares lejanos, incluso, a los que están en
el purgatorio, para que Dios los bendiga.
Si debes sufrir una operación quirúrgica, invoca al ángel del
cirujano, de las enfermeras y de las personas que te van a cuidar.
Invoca en tu casa al ángel de tu familia, de tus padres, hermanos y
del personal de la casa o de tu trabajo. Si están lejos y enfermos,
envíales a tu ángel para que los consuele.
En caso de peligros, por ejemplo, de sismos, terroristas,
delincuentes, etc., envía a tu ángel para que proteja a tus
familiares y amigos. Cuando tengas que tratar un asunto importante
con otra persona, invoca a su ángel para que prepare su corazón
favorablemente. Si quieres que se convierta un pecador de tu
familia, reza mucho, pero también invoca a su ángel. Si eres
profesor, invoca a los ángeles de tus alumnos para que puedan estar
tranquilos y aprender la lección. Los sacerdotes también deben
invocar a los ángeles de sus feligreses, que asisten a la misa,
para que puedan entender mejor y aprovechar las bendiciones de Dios.
Y no te olvides del ángel de tu parroquia, de tu ciudad y de tu
país. ¡Cuántas veces nos habrá salvado nuestro ángel de graves
peligros del cuerpo o del alma sin habernos dado cuenta!
¿Lo invocas todos los días? ¿Le pides ayuda para hacer tus
trabajos?
EL ÁNGEL AMIGO
El ángel quiere ser nuestro amigo y su amistad puede ser de una
ayuda inmensa sobre nosotros. No prescindamos de su ayuda y
colaboración, porque un buen amigo es un tesoro. San Agustín
diría que la vida sin amigos es un vacío total y, hablando de su
amigo Alipio, dice: "Somos dos, pero sólo en el cuerpo, no en
el alma. Tan grande es la unión de corazones, tan firme la íntima
amistad que existe entre nosotros" (Carta 28,1,1). Ojalá
llegáramos a esa profunda amistad de ser dos en una sola alma y
amar así a Jesús con un solo corazón y una sola alma y un solo
ser. Para ello, sería muy conveniente consagrar nuestra unión y
amistad a Jesús por medio de un pacto de amor mutuo o una promesa
de amor sin condiciones.
Personalmente, puedo decir que me ha servido y cada día amo más
a mi angelito. Con él me río, canto, rezo y converso, como si lo
viera. Cuando voy a la capilla, le pido que rece conmigo y le pido
ayuda para todo. Al principio del día, lo saludo y le pido que me
ilumine para hacer pronto y bien todas las cosas y, ciertamente, en
muchos momentos siento inspiraciones inexplicables, que yo le
atribuyo a él.
Después de Jesús, es mi mejor amigo. A veces, pienso: Cuántas
personas hay en el mundo que no tienen amigos verdaderos, no
confían en nadie y creen que nadie las quiere... Quizás viven en
un país extraño o se sienten solos y abandonados o perseguidos. Si
supieran que tienen, además de Jesús, a este amigo fiel, su vida
podría ser distinta. ¡Cuánta alegría y apoyo recibirían!
Ermano Ancilli, en el Diccionario de Espiritualidad, dice que el
ángel custodio "debería convertirse en nuestro amigo íntimo,
pues Cristo nos lo ha dado para estar más cerca de nosotros. Quien
pretendiese prescindir de su propio ángel custodio, despreciaría
la ayuda que el mismo Cristo ha querido darle". Es como si
alguien quisiera prescindir de la ayuda de sus padres para
defenderse solo en la vida... Se privaría de muchas bendiciones y
ayudas que los padres dan normalmente a sus hijos
desinteresadamente.
Hay una estampa, muy conocida, donde se ve a un ángel que cuida
de dos niños, que están pasando un puente, para que no se caigan.
Es una imagen muy significativa y que para mí tiene un significado
especial, ya que, desde muy niño, recuerdo esa imagen que estaba
colocada encima de mi cama. Muchas veces, les he dicho a mis
hermanas que la devoción al ángel custodio es la devoción de la
familia, y siempre lo hemos querido en casa, como nos enseñó mi
madre desde niños. Además, me llamo Ángel, no por casualidad.
Con frecuencia, a lo largo del día, le rezo la oración: Ángel
de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de
día... O se la canto. Cuando predico, invoco a los ángeles de los
fieles que me escuchan y, a veces, lo hago también con las personas
que me rodean o con quienes hablo. Es una experiencia muy positiva.
Te recomiendo que todas las noches, antes de acostarte, pidas que te
dé su bendición con Jesús y que rece toda la noche por ti. Verás
los efectos positivos de tener un gran amigo a tu lado que reza por
ti y te da su bendición.
También es bueno que ofrezcas algunas misas a tu ángel y a cada
uno de los coros de los ángeles. Cuando comulgues, dile que, junto
con María, prepare tu alma para recibir dignamente a Jesús.
No lo ofendas con tu mal comportamiento, piensa que nunca estás
solo. Él está contigo. Por eso, como dice San Bernardo: "Ten
gran respeto a tu ángel. ¿Te atreverías a hacer en su presencia
lo que no te atreverías a hacer en la mía?". Es muy
interesante ponerle un nombre para poder llamarlo con más
confianza. El nombre puede ser de hombre o de mujer, de virtudes o
de cosas buenas: Celeste, Alegría, Esperanza, Miguel, Juan, Rosa,
Flor, Benigno, Amable, Fiel, Amor, Tesoro, Lucero, Paloma,
Sonrisa...
Recuerda que tu ángel está deseoso de ser tu amigo
¿Despreciarás su amistad? Si de verdad lo amas, él te enseñará
a amar a Jesús y a María y crecerás muy rápido por los caminos
del Señor. Entonces, podrás decirle con sinceridad: "Tú eres
mi compañero, mi amigo y confidente, a quien me une una dulce
intimidad" (Sal 54,14).
¿Tienes en tu casa alguna imagen del ángel custodio?
PACTO DE AMOR MUTUO
Para que nuestra relación personal con nuestro ángel custodio
sea más íntima y eficaz, es muy recomendable hacer un pacto con
él de amor mutuo. Es como prometernos mutuamente amor, unión y
fidelidad. Y pedirle al Señor que una nuestras vidas y nuestra
amistad y nuestro amor para siempre. Podemos hacerlo con estas o
parecidas palabras: Dios mío, Trinidad Santa, en compañía de
María, quiero agradecerte por haber colocado a mi lado un
compañero celeste que me guía y me defiende y me ayuda para
cumplir siempre tu santa voluntad. Yo te prometo amarlo como un
hermano y amigo, con todo mi corazón, y obedecerlo en todo lo que
me inspire para conducirme hacia Ti. Jesús, toma mi corazón y mi
alma, mi vida y mi amor y únelo en tu Corazón al de mi ángel para
formar una UNIDAD de amor para siempre. Espíritu divino, hazlo
realidad con el poder de tu gracia y únenos para la eternidad.
Padre mío, recibe este pacto en el Corazón de Jesús y de María y
danos tu bendición. Amén.
Pero no solamente podemos hacer este pacto de amor, para que Dios
bendiga nuestra unión, con el guardián de nuestras vidas, podemos
hacerlo también con los santos ángeles Miguel, Gabriel, Rafael, y
con todos los ángeles del Universo, especialmente con aquellos que
están adorando continuamente a Jesús en el Santísimo Sacramento.
De esta manera, al amar y adorar ellos a Dios, tendrán nuestro
nombre escrito en su "corazón" y amarán y adorarán en
nuestro nombre también.
Veamos lo que dice Santa Margarita Mª de Alacoque sobre los
ángeles de los sagrarios en una carta al Padre Croiset, el 10 de
agosto de 1689: "El Sagrado Corazón desea que tengamos una
particular unión y devoción a los santos ángeles, que están
particularmente destinados a amarle, honrarle y alabarle en el
divino sacramento del amor, a fin de que hallándonos unidos y
asociados con ellos, suplan por nosotros en su divina presencia,
tanto para tributarle nuestros homenajes, como para amarle por
nosotros y por todos los que no le aman y para reparar las
irreverencias que nosotros cometemos en tu santa presencia".
En la memoria escrita a la M. Saumaise escribe: "Vi una
multitud de ángeles que me dijeron que estaban destinados a honrar
a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, que si yo quería
asociarme a ellos me recibirían de buen grado, pero que era preciso
para esto, comenzar a vivir su misma vida. Ellos me ayudarían
cuanto pudieran para hacerlo así y suplirían mi incapacidad de
rendir a Nuestro Señor los homenajes de amor que desea de mí. Que
era preciso, en cambio, que supliese yo su incapacidad de padecer y
que así uniríamos el amor paciente (sufriente) al amor gozoso. Y
me hicieron leer nuestro pacto escrito en el Sagrado Corazón de
Jesucristo".
¿No te gustaría a ti tener siempre ante Jesús sacramentado
millones de ángeles que lo adoran en tu lugar? ¿Te imaginas lo que
significa que, en todo momento del día y de la noche, los ángeles
de los sagrarios lo adoren también contigo y por ti? ¿Por qué no
haces un pacto de unión para que formes una UNIDAD con ellos para
adorar continuamente a Jesús sacramentado?
Te recomiendo que, de modo especial y particular, te asocies al
coro de los serafines, que adoran a Dios ante su trono del
"cielo" y de la tierra (Eucaristía). Pídeles que te
reciban en su grupo para que ellos, que son los más cercanos a
Dios, presenten tu vida y buenas obras ante Dios, pidiéndole que
seas uno de ellos en amor y en santidad. También hay santos que
tienen la santidad de los serafines (quizás San Francisco, el
seráfico Padre o San Agustín, el serafín de Hipona), asóciate a
ellos también.
¿No te gustaría llevar un sello en tu alma que dijera
"amigo de los serafines", del "coro de los
serafines"?
LETANÍA A LOS ÁNGELES
Dios Padre, Creador de los ángeles. Ten piedad de nosotros Dios
Hijo, Señor de los ángeles. Dios Espíritu Santo, vida de los
ángeles. Santísima Trinidad, delicia de los ángeles. Santa
María, Reina de los ángeles. Ruega por Todos los coros angélicos.
Rogad por Santos querubines y serafines. Santos tronos y
dominaciones. Santos principados y potestades. Santas virtudes de
amor. Santos ángeles y arcángeles. Ángeles de la Santa Iglesia.
Ángeles de las diócesis. Ángeles de las parroquias. Ángeles de
nuestros sacerdotes. Ángeles de nuestros niños. Ángeles de
nuestras familias. Ángeles adoradores de Jesús sacramentado.
Ángeles adoradores ante el trono de Dios. Ángeles custodios. San
Miguel Ruega por nosotros San Gabriel San Rafael Ángel de mi guarda
Guíame Ángel de mi familia Protégeme Ángel de mi ciudad Cuídame
Ángel de mi patria Defiéndeme Ángel de mi diócesis Ayúdame
Ángel de mi parroquia Santifícame Todos los ángeles de Dios Venid
en mi ayuda . Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Perdónanos, Señor Cordero de Dios, que quitas los pecados del
mundo. Escúchanos Cordero de Dios, que quitas los pecados del
mundo. Ten misericordia de nosotros Rogad por nosotros, santos
ángeles de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de
N. S. Jesucristo.
Oremos.- Omnipotente y sempiterno Dios, que creaste a los
ángeles para tu servicio, te pedimos que seamos preservados de todo
peligro y de todo poder del maligno para que, en virtud de la sangre
de Jesús y por intercesión de María, podamos servirte con amor y
cumplir siempre tu santa voluntad. Te lo pedimos por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
EPÍLOGO
Hemos reflexionado a lo largo de estas páginas sobre la
importancia de los ángeles, especialmente de nuestros ángeles
custodios. De ahora en adelante, deberíamos ser sus defensores ante
aquellos que no creen en su existencia y, por tanto, se pierden
tantas bendiciones. Ojalá que tú seas de quienes promueven su
devoción, porque ellos nos ayudarán más en la medida en que los
invoquemos con fe y nos protegerán de los ataques del maligno. Son
millones los demonios o ángeles caídos que nos rodean y nos
inducen al mal y necesitamos la ayuda de este compañero celestial,
que Dios ha puesto a nuestro lado para defendernos.
¡Cuántas veces ellos se sienten con las manos atadas para
ayudarnos, porque no los invocamos! ¡Cómo se sentirá nuestro
ángel, cuando tenga que asistir a nuestras acciones vergonzosas,
que no nos atreveríamos a hacer ni siquiera delante de otra
persona!
Ellos son nuestros amigos, nuestros hermanos mayores, que nos
cuidan y defienden, que nunca nos abandonan. Por eso, es triste
pensar que son tan pocos, incluso entre los católicos creyentes,
quienes los invocan con fe y les son agradecidos.
Tú, al menos, reza frecuentemente la oración que aprendiste de
niño, y pídele su ayuda para todos los trabajos de la vida diaria.
Estás en buenas manos, tienes un amigo poderoso a tu lado. No
temas. Ni todo el infierno junto, podrá hacerte daño, si lo
invocas y pones de tu parte.
Te felicito por tu buena compañía. Feliz viaje por la tierra
hasta la eternidad. Allí nos encontraremos. Saludos de mi ángel,
que me ayudó en la redacción de este libro y me inspiró la
canción.
Tu hermano y amigo, P. Ángel Peña O.A.R.