LA VIDA CONTEMPLATIVA
Decía Juan Pablo II el 1-11-82: “Quiero hacer una llamada a
las Comunidades cristianas y a sus pastores, recordándoles el lugar
insustituible que ocupa la vida contemplativa en la Iglesia. Todos
hemos de valorar y estimular profundamente la entrega de las almas
contemplativas a la oración, a la alabanza y al sacrificio. Son muy
necesarias en la Iglesia. Son profetas y maestras vivientes para
todos. Son la avanzadilla de la Iglesia hacia el Reino".
Ellas son como las raíces escondidas del árbol, llevan la savia
hasta las hojas más apartadas, son las que sostienen los brazos de
los misioneros, las que levantan continuamente su oración, como
Moisés sobre el monte, para que los demás puedan triunfar. Ellas
son los pararrayos del mundo para detener la cólera divina. Ellas
forman el Corazón de la Iglesia, porque son el Amor de la Iglesia,
como Sta. Teresita. Sin ellas, ¿qué sería de los sacerdotes? Y
sin los sacerdotes, ¿qué sería del mundo?.
Ellas deben ser AMOR, LUZ Y PUREZA. Y así como la luz no soporta
las manchas, porque impedirán que se refleje, así ellas deben ser
puras para irradiar su luz a las almas. Cuanta más pureza, también
habrá más luz, más limpidez, más blancura, más Dios. Y ellas,
especialmente, deben reparar tanta impureza con su pureza, tanto
odio y violencia con su Amor. De esta manera, con su pureza, serán
madres de las almas y los hijos de su virginidad abarcarán el mundo
entero.
No hay fecundidad más grande y numerosa que la de las almas
vírgenes, que copian la maternidad de María. La virginidad deleita
a Dios, que siente atracción por las almas puras. La virginidad es
fuerza para vivir y luchar contra el mal, no es debilidad. La
virginidad es fuente de luz y de vida.
Que sepamos darle gracias a Dios todos los días por el don de la
virginidad, que sepamos amar la pureza del alma y del cuerpo para
ser luz de las almas y así ser más libres y felices con la
alegría de Dios, como María.
ANOTACIONES PREVIAS
Estos testimonios que siguen a continuación me han sido
comunicados personalmente por las interesadas y puedo garantizar su
veracidad. Son de religiosas de distintas órdenes contemplativas y
de distintos países. Muchas de las lectoras se sentirán
identificadas con alguno de ellos y mi deseo es que las estimule a
seguir fielmente el camino emprendido y sean generosas en dar su Sí
en cada momento a la voluntad de Dios y lleguen a ser santas.
Dios las ama con un amor especial de predilección. Son como las
"niñas de sus ojos", las flores más preciosas de su
jardín en la tierra. Y, por eso, nosotros les pedimos a cada una,
en nombre de Dios, que, superando las pequeñas o grandes
dificultades de la vida, sean santas y nos ayuden a ser santos. El
mundo y la Iglesia las necesitan y Dios espera mucho de cada una de
ellas.
No olviden que "un momento de verdadera oración tiene mas
valor y fruto espiritual que las mas intensa actividad apostólica
(Juan Pablo II).
UN SUEÑO CON JESUS
Estaba un día ante el Señor y me puse a soñar. Me imaginaba un
convento de religiosas contemplativas en el que todas eran santas.
Vivían en un ambiente de oración, silencio, trabajo y alegría que
era la admiración del cielo y de la tierra. Eran religiosas,
jóvenes de espíritu, que tenían un gran deseo de superación
personal. Siempre más y más, siempre adelante era su lema. Todas
eran especialistas en algo, aunque fuera en cocinar. Casi todas
tenían estudios superiores, adquiridos en el monasterio, a través
de clases particulares, cursos por correspondencia o acudiendo a
centros especializados. Unas habían estudiado música, lenguas,
enfermería, literatura..., otras teología, Sagrada Escritura,
computación o simplemente costura, repostería o pintura. Pero
todas tenían una preparación humana esmerada que admiraba a
quienes las conocían. La Superiora era la Madre de la Comunidad,
que vigilaba para que cada una se realizara de acuerdo a sus
cualidades personales y todas estuvieran contentas y cumplieran con
su deber. En aquel convento se estudiaba y se trabajaba, pero sobre
todo se oraba para llegar a la santidad, meta de todos sus deseos.
Estaban al día en los avances de la ciencia y sobre la marcha del
mundo y de la Iglesia, sin necesidad de ver televisión.
Era lindo ver cada mañana a una religiosa pintando al óleo un
cuadro de san Francisco, a otra estudiando teología; otra se
esmeraba en preparar una comida sencilla, sabrosa y nutritiva, para
la comunidad. Había quien trabajaba en la costura o escribiendo un
libro, lavando ropa, limpiando la casa o haciendo un trabajo de
computación para una empresa estatal. También había quien
enseñaba catecismo a los niños en el locutorio o dirigía un grupo
de jóvenes. Tampoco faltaba quien ayudaba a las almas atribuladas
con consejos y guía espiritual o dirigía un grupo de oración para
los alojados en la hospedería. Incluso alguna escribía en el
periódico o revistas de la localidad, grababa mensajes para la
radio o hasta para la televisión, uniendo siempre el trabajo y el
silencio a la oración y al amor a los hermanos.
Como todas trabajaban y muchas en trabajos especializados,
ganaban de sobra para su sustento y sentían la alegría de
compartir su pan con los necesitados. Cuando iban al coro para el
rezo del Oficio divino o la santa misa, parecían estar en el cielo
por su gran recogimiento y su amor a Jesús sacramentado ante el
cual se pasaban horas en vela, en compañía de María y de los
santos y ángeles.
En este convento, que era un hogar, todas vivían unidas y eran
admiradas por la población, respetadas por su saber y preparación
personal y amadas por cuantos las conocían..., y las vocaciones no
se hacían esperar. Ellas se sentían madres de todos los hombres y
por todos oraban y se sacrificaban, aspirando sin tregua hacia la
santidad. Y Jesús las amaba y tenía en ellas la delicia de su
Corazón. Eran sus esposas fieles, en quienes podían confiar, y
ellas se sentían las personas más felices del mundo por el Amor.
SOÑANDO CON EL CIELO
He aquí el testimonio de una contemplativa:
"Cada día tengo más ganas de volar alto hasta los cielos.
Sufro, pero mi alma está en paz, una paz inmensa como las
estrellas, porque es la misma paz de Dios que vive en mi corazón.
¿Cómo será el cielo, cuando se acaben todas las ataduras y todas
las ignorancias y oscuridades de esta pobre tierra?. "Vivo sin
vivir en mí y tan alta vida espero que muero, porque no
muero". Qué verdaderas son estas palabras de Sta. Teresa. Por
eso no temo morir. Deseo seguir viviendo sin fin en el cielo.
Quiero enloquecer de amor por El y salir de este pobre cuerpo
para ir al encuentro definitivo con El. Qué gozada es poseerle,
gozarle, amarle, servirle y adorarle ya en esta tierra... ¿Cómo
será el cielo? ¿Un mar sin fondo y sin orillas de amor? Hace unos
días en la oración de la noche, en mi celda, donde mi alma pierde
la noción de todo y se pierde en el mar sin fondo del Tres veces
Santo, le daba gracias por El mismo y sentí como si fuera una
llamada, y al arder era tal el gozo y la luz que embargaba mi alma
que no te lo sabría explicar. El desea mi amor y sin su amor yo no
podría vivir. El cielo será una inmensa y eterna plenitud de amor,
un respirar amor y dar amor, un vivir de amor y transmitir amor.
Dios es Amor y el amor es lo que explica todo y da sentido a toda
nuestra existencia. Vivir de amor y para el Amor. Un día sentía
como si me derritiera, naciéndome un río de fuego y le pedía por
ellos (los sacerdotes). Y le agradaba tanto que le pidiera por ellos
que me invitaba a repetírselo muchas veces y parecía que toda la
tierra era un solo eco y repetía por Ellos, Ellos, Ellos, Ellos. No
sabría decirte el que transcurrió, pero mi alma rezumaba paz. La
cruz era mi descanso por Ellos.
Quisiera ser una llama ardiente sin consumirse, un volcán en
erupción constante y que la tierra ardiera por sus cuatro costados
en el fuego de su amor para consumir todos lo pecados, violencias,
egoísmos, impurezas y tristezas. Pídele que este corazón de
piedra se parta en mil pedazos y que cada pedacito sea una pequeña
hoguera de amor.
El me ama tal como soy y yo me arrojo en sus brazos sin temor y,
cuando siento palpitar en mi corazón su inmenso e infinito amor, el
mío también repica a fiesta y nos amamos y nos decimos locuras y
entonces sólo deseo la plenitud sin límites de la felicidad del
cielo".
UN DIA EN LA VIDA DE UNA RELIGIOSA CONTEMPLATIVA
"A las 5:30 a.m. nos levantamos y a las 6 comenzamos el
canto coral con mucha solemnidad, que dura hasta las 7. De 7 a 8
oración en silencio, cada una a solas con el Señor y a las 8 misa
cantada. Después nos quedamos de nuevo en oración hasta las 9,
hora en que vamos a desayunar y comenzar el trabajo del día.
Trabajamos todas juntas en una sala muy hermosa, confeccionamos ropa
de niño, ornamentos litúrgicos, etc. Y trabajamos en silencio,
hablando cada una con el Señor y amándole mucho para ganarle
almas,
A las 12 vamos de nuevo al Coro para cantar Sexta y rezar una
parte del rosario y a la 1 p.m., a comer también en silencio.
Después de comer y cenar es cuando tenemos un rato de recreación y
entonces es cuando hablamos y reímos, pues hay una alegría
insospechada que la gente no puede comprender, pues es una alegría
que viene de Dios. Cuando volvemos al silencio, tenemos un rato
libre y a las 3 p.m. de nuevo al Coro a cantar Nona y rezar la
segunda parte del rosario y, después, de nuevo a trabajar. A las 6
otra vez al Coro para hacer oración en silencio. A las 7
Exposición del Santísimo Sacramento y rezo de la tercera parte del
rosario. A continuación, la bendición y canto de Vísperas, que
dura hasta las 8. Después de cenar, un rato de recreo, Completas y
a dormir.
Tres días a la semana nos levantamos a las 2 de la mañana a
cantar Maitines y en Adviento y Cuaresma todos los días. Así
transcurre nuestra hermosa vida llena de amor y entrega al Señor.
Realmente, estando aquí en la clausura soy tan feliz que me faltan
palabras para expresar lo que siento. Es una vida de continuos
Tabores y Calvarios, pero lo que me hace feliz es el hecho de
pertenecer totalmente al Divino Esposo y estar aquí para cumplir
día a día su divina voluntad. Siento verdadera locura de amor por
Jesús y no tengo más deseo que llegar hasta la cumbre de la
santidad. El me va llevando y yo lo dejo hacer. “Lo que quieras,
como quieras y cuando quieras”. Y qué bien se vive así. Hace
mucho tiempo que no deseo nada ni aspiro a nada ni busco nada. Nada
de nada. Sólo Dios y su santísima voluntad en todo. Con mucha
frecuencia, le digo a Jesús: Arrebátame hasta Ti y abrásame en tu
fuego sagrado y llévame contigo por el mundo a incendiar los
corazones y llevarlos a tu divino Corazón. Aunque con los ojos del
cuerpo no lo vea, sí creo que en espíritu voy recorriendo el mundo
con El para adorarlo en todos los sagrarios y convertir muchas almas
que viven lejos de El".
EXPERIENCIAS SOBRE LA VOCACION
1.- Cuando era niña sentía atracción a la vida religiosa y
poco a poco fue madurando mi vocación hasta que decidí entrar en
un monasterio. Al principio, todo fue fácil y superaba con
facilidad las dificultades de la vida diaria. Pero, sin darme
cuenta, fui enfriándome en la vida de la oración y ahí comenzó
mi tragedia. Ya no soportaba las indirectas de algunas hermanas, la
obediencia se me hacía difícil, me gustaba la comodidad y la
cabeza se me llenaba de no buenos pensamientos... hasta que decidí
volver al mundo y emprender una nueva vida.
La víspera del día en que estaba decidida mi partida, tuve un
sueño. Un sueño que jamás olvidaré mientras viva. Soñé que
recogía mis cosas para el viaje, me vestía de seglar y caminaba
por el claustro para ira despedirme de la Comunidad. Entonces vi que
la M. Priora caminaba delante de mí en compañía de un hombre. Al
acercarme a ellos, el hombre se volvió y me miró. Era una mirada
tan dulce y cariñosa, tan expresiva y amorosa que nunca la
olvidaré. Cada vez que recuerdo aquellos ojos divinos de Jesús me
pongo a llorar de emoción. Jesús no me dijo nada, pero yo lo
entendí todo. Era como si me dijera: ¿y me dejas?, ¿ya no me
quieres?, ¿dónde está aquel amor que me prometiste hasta la
muerte?.
Sin darme cuenta me desperté y sólo sabía llorar y llorar al
sentir el amor de Jesús en mi corazón y lo poco que yo había
sabido corresponder. Así que le pedí perdón y le prometí seguir
fielmente hasta la muerte. Desde aquel día todo ha sido más fácil
para mí, sabía que Jesús estaba a mi lado y que nunca me
abandonaría, sabía que El me amaba y yo estaba segura que quería
amarlo para siempre. Desde entonces, mi único deseo y la única
ilusión de mi vida es amar cada día más a Jesús. Mi mejor
oración es recordar los ojos divinos de Jesús, llenos de amor por
mí.
2.- Entré muy joven al convento y durante los años de noviciado
fui feliz, era la alegría del noviciado. Después de mi profesión
solemne seguí tan feliz como en el noviciado. Pero, al poco tiempo,
mi vida espiritual comenzó a decaer, mi oración empezó a decaer y
empecé a dudar de mi vocación, creía que mi camino no era éste,
que me había equivocado y los días se me hacían inmensamente
largos. Por esta época, empezó a visitarme un seminarista de mi
pueblo. El me contaba sus cosas y yo las mías, pero llegó un
momento en que en vez de ayudarnos lo que estábamos haciendo era
todo lo contrario, pues empezamos a enamorarnos uno del otro.
Ante esta situación, llegué a creer que verdaderamente no
tenía vocación y, por lo tanto, tenía que salir del convento.
Empecé a hacer todas las gestiones y, cuando ya lo tenía todo
preparado, la última noche que pensaba pasar en el convento,
después de Completas, cuando habían salido todas las hermanas, me
quedé en el Coro para recoger mis libros. Y cuando salía del Coro,
al hacer la genuflexión, experimenté como que alguien me cogía
por la espalda y me decía: ¿Dónde vas?, ¿me dejas solo?, ¿qué
vas hacer?, ¿ya no me quieres? Y, sin darme cuenta, caí de
rodillas llorando a más no poder. En esos momentos, parecía que el
corazón se me partía de dolor, pero Jesús es Padre y María Madre
y, después de varias horas, a pesar de aquella tremenda amargura
que sentía, empecé a sentir consuelo y gozo en el alma y me pasé
toda la noche en vela ante el Santísimo, dándole gracias y
bendiciendo su amor para conmigo. Entonces tenía yo 32 años y,
desde entonces, todas las cosas que me puedan pasar no son nada para
mí en comparación del amor de Jesucristo y de María. ¡Qué
alegría sentirme amada por el Amor! Por eso, te diré que cada día
estoy más contenta y te suplico que todos los días me bañes en la
sangre de Jesús para que purifique mi alma y me haga santa.
3.- Cuando faltaba poco tiempo para profesar, me invadió un
sentimiento de tristeza insuperable, mi debilidad era tan grande y
mis dudas tan enormes que pensaba que nadie, ni siquiera mis
hermanas, podían amarme. Era una situación tan dura que no
encontraba ni razón para vivir. Felizmente, acudí a mi director
espiritual y comencé a abandonarme en las manos del Señor y a
repetir la oración: "Señor, creo en tu amor para
conmigo", Y así, poco a poco, me volvió la paz y una
impresión de madurez afectiva que aún me continúa. Ahora me
siento contenta y realizada. Incluso, un Jueves Santo me ofrecí al
Señor para lo que El quisiera, para reparar tanto desamor y tanto
amor ensuciado y mal entendido.
4.- A los catorce años ya quería ser monja, pero mi padre no me
daba su consentimiento, ni dinero. Empecé a salir con un chico y a
los pocos meses hice amistad con otro de los más ricos del pueblo
en piedad y dinero. A mí me atraía su bondad y humildad. Mis
luchas eran grandes, quería ser monja y también salir a pasear con
él. Pero una tarde, nunca me podré olvidar, estaba arreglando mi
pelo delante del espejo para marcharme a pasear con él. Me volví
al lado izquierdo y fue grande mi sorpresa al ver a mi lado la cara
de Jesús con unos ojos de amor, tristeza y compasión que me
impresionó, pero le di poca importancia y me fui a pasear, aunque
medio atontada.
Una noche, terminaba de acostarme, y vi la misma cara de Jesús,
pero que no era de amor, sino de amenaza y miedo. Lo veía enojado
y, entonces, decidí dejarlo todo y marcharme por mi cuenta al
convento. Aquí me esperaba el Señor con todo su amor y ahora me
siento realizada y feliz. Hay días en que me siento envuelta en una
gran oscuridad y sufrimiento interior, pero siempre con muchísimas
ansias de amar a mi Dios. Me duermo por las noches, diciendo a
Jesús que lo amo y diciendo a Ntra. Madre que me dé su amor para
amarle. Cuando rezo el viacrucis, en unión con la Virgen, trato de
quitarle los clavos, limpiar su cuerpo, besarle sus llagas y
adorarle.
5.- Un año antes de mi profesión solemne, comenzaron para mí
grandes pruebas y tentaciones. Hasta la maestra me decía que no
podía profesar, porque era demasiado imperfecta. Incluso yo estaba
fría en la oración y sentía como que Dios ya no me quería y
sufría mucho. Sin embargo, cuantas más dudas y pruebas tenía,
más me sentía atraída por Dios.
Cierto día, salí del refectorio y me dirigí a la capilla, me
arrodillé ante el sagrario y sentí una voz muy clara, como si
fuera Jesús, que me dijo: "Ya no te quiero". En aquel
momento, me sentí morir y me levanté a toda prisa, llorosa, para
ir al dormitorio. Pero no había dado ni cinco pasos en el
dormitorio (estaba yo sola), cuando sentí la presencia de Jesús y
una dulzura y una paz y un amor tan indescriptibles que no se puede
contar. Me parecía volar, así que me volví a la capilla y me
arrodillé ante el sagrario y allí seguí disfrutando con Jesús de
la paz inmensa que inundaba mí alma. Desde entonces nunca más he
tenido dudas sobre mi vocación.
6.- Cuando tenía 18 años, estaba pensando seriamente sobre mi
vocación, pero no me decidía y no veía claro lo que Dios quería
de mí. Pero un día soñé que estaba en un gran banquete entre
muchas amigas, todas vestidas de etiqueta. En un momento dado, me
acerqué a la que estaba a mi izquierda, a la cabecera de la mesa, y
le dije: Teresa ¿qué quiere Dios de mí? Ella me dijo: Ven a mi
casa.
Me desperté y no entendía lo que podía significar. Pero el
sueño había sido tan claro y fuerte que no me podía olvidar. Un
día se lo conté a una amiga y ella fue a su biblioteca, me trajo
un libro de Sta. Teresa de Jesús, me mostró su retrato y me dijo:
¿Será ésta? Efectivamente era la misma del retrato, la que me
había hablado en el sueño. Desde aquel momento, no dudé más de
mi vocación y de que Jesús me quería en el Carmelo".
7.- A los 23 años sentí el llamamiento del Señor por
influencia de la lectura del libro "Historia de un a1ma"
de Sta. Teresita. Pero tuve que esperar 7 años, pues hacía falta
en casa para ayudar a mis padres. A los pocos meses de entrar, me
vino una grave enfermedad y tuve que volver de nuevo a casa. Mi
enfermedad se curó pronto casi milagrosamente. Entonces, el
párroco me dijo que debía esperar la ordenación sacerdotal de mi
hermano por si me necesitaba. Yo veía en todo esto la voluntad de
Dios, aunque en el fondo de mi ser sentía un ansia profunda de ser
religiosa contemplativa.
Después de dos años de acompañar a mi hermano sacerdote, un
día, inesperadamente, me dijo el señor Obispo que podía volver a
mi convento, ya que mi hermano iba a estar, a partir de entonces, en
su compañía. Para mí, eso fue como la voz de Dios y hoy más que
nunca no me canso de dar gracias al Señor. Estoy contenta de
haberle obedecido siempre, siguiendo la voluntad de mis superiores y
ahora sólo deseo ser una gran santa.
8.- Llevo cinco años en el convento, después de más de treinta
años de religiosa de vida activa. Hacía mucho tiempo que sentía
la llamada a la vida contemplativa, pero me parecía imposible. Sin
embargo, se lo dije al confesor y después de un tiempo me dijo:
¿Por qué va a ser imposible? Y yo le dije: No tengo salud, no
tengo dinero y no tengo mucha instrucción. Y él me contestó: Nada
es imposible para Dios. Estas palabras se me quedaron muy grabadas.
Después, el confesor me mando decírselo a la M. General y ella
me contestó que eso era una tentación y que me olvidara. Pero la
lucha fuerte comenzó una noche. Estaba durmiendo y un ruido me
despertó y no sé cómo fue, pero vi a Jesús con su cruz y dentro
de mí oí estas palabras: Si quieres seguir este camino a que te
llamo, tendrás que sufrir, pero eres libre. Tenía miedo, pero la
llamada era más fuerte que el miedo. El confesor me aconsejó
decírselo otra vez a la M. General, que era nueva, y ella me dijo
que iba a poner en la Congregación una casa de oración y que
podría probar en ella. Lo intenté, pero seguía mi lucha interior
hasta que, al final, la misma M. General me ayudó y entré en el
convento en 1972.
Entonces, comenzaron otros problemas, mi padre se puso furioso y
toda mi familia, menos mi madre, estaba en contra; esto me afectó y
me enfermé y, después de 15 meses, tuve que regresar a mi
Congregación, pero no podía acostumbrarme en la vida activa, algo
dentro de mí me seguía llamando. Fueron 14 largos años que
continué con esta lucha interna. De nuevo, pedí a la nueva M.
General y, como sabía de mis antecedentes, se enfadó conmigo y no
me creía hasta que después de unos meses de pedírselo, se
allanaron las cosas y pude por fin conseguir mi deseo y entrar de
nuevo al convento, donde me siento feliz de haber encontrado el
lugar que Jesús había preparado para mí.
9.- Estuve 36 años como religiosa de vida activa y me pasé a la
vida contemplativa, porque me atrae mucho la oración y el silencio.
Sentía una exigencia y una sed ardiente de Dios y de soledad para
vivir más plenamente para El. Aquí llevo sólo tres años y estoy
muy contenta, pero a los dos meses de venir me tuvieron que operar
por primera vez (ahora quieren operarme por cuarta vez del
estómago) y me encontré con la sorpresa de que tenía cáncer. Era
lo que menos me esperaba. Sufrí mucho interiormente, pensando que
debería salir del monasterio por falta de salud. Felizmente, la
Superiora y Comunidad me aceptó y me dijeron que estuviera
tranquila, que podía estar sin preocupaciones y que podía morir
allí.
Me alegra mucho morir en mi amada soledad, se lo agradezco a mi
Comunidad. Ya han pedido permiso a Roma para que, si me empeoro
más, me puedan dar la profesión solemne "in articulo
mortis".
10.- Vivo en un convento entre montañas, en una zona
deshabitada, con nieves y heladas en invierno, que me hacen empezar
cada mañana con un sacrificio por estar la celda helada. Pero soy
feliz. Si tuviéramos una vida cómoda, si el día no estuviera
jalonado por pequeños sacrificios, serían días perdidos, pues no
habría nada que ofrecer a Jesús.
Cuando tenía 17 años, vine aquí por primera vez. Tenía una fe
“normal”, pero todo lo espiritual me era desconocido y, a la
vez, me atraía. Al día siguiente de llegar, a las ocho de la
mañana, cargada de sueño, asistí a la misa. Estaba sin estar, sin
oír al sacerdote. Pero, cuando llegó el momento de la
consagración y Jesús se hizo presente en el pan y vino, mis ojos
se me abrieron totalmente y mi sueño y adormecimiento espiritual se
disiparon. Estaba 'viendo a Dios".Y no me atrevía a moverme,
lo "veía", pero no con los ojos del cuerpo. Era una
experiencia que me envolvía, que me hacía “verlo" Y me
preguntaba cómo nadie estaba viendo lo que yo veía. Ese estado
duró hasta la comunión, en la cual sentí que entraba Jesús en
mí y me llenaba. Yo no podía decirle nada, sólo lo miraba, no
había posibilidad de palabras. Y lloraba, pues era la única forma
de desahogar tanta emoción.
Esto se fue repitiendo más o menos durante varios días. Un día
me quedé a solas en la capilla tras rezar Sexta. Estuve un hora,
llorando. No sabía lo que me estaba pasando. Me sentía atraída
hacia Jesús y me daba cuenta de que mi vida a partir de entonces
sólo podía ser para El. Pero ¿qué hacer? Mi experiencia
terminaba y yo debía volver a mi vida ordinaria y a mis estudios.
Entonces, mirando el crucifijo, lo comprendí todo. Sentí que El me
quería toda entera para El. ¡Qué susto me di! Todavía no estaba
preparada, tuve que esperar hasta los 20 años para entrar. Pero
ahora me siento feliz y con frecuencia pienso: Mi vida aquí sólo
es para una cosa, para hacerle feliz, para que El esté siempre
contento, para agradarle. Después, El verá cómo va a derramar esa
alegría, que yo le doy, en muchísimas gracias para todos los
hombres.
11.- Cuando tenía 13 años, asistía a un colegio de religiosas.
Los actos de piedad me gustaban mucho y no me aburría en la
capilla, sentía envidia de las hermanas, cuando las veía rezar, y
me preguntaba a mí misma si yo podía ser virgen como ellas y amar
a Jesús.
Por esta época, poco a poco, el mundo empezó a seducirme,
sentí un amor especial por un chico determinado y el mundo de la
coquetería y de la vanidad empezó a rondar en mi corazón. Pero en
unos ejercicios espirituales, hice el firme propósito de dejar todo
lo que me separaba de Jesús y el deseo de la virginidad empezó de
nuevo a fascinarme. Me pasaba muchos ratos en silencio con Jesús
Eucaristía, leía libros de vidas de santos, que me estimulaban en
este ideal. Me acuerdo de un libro que me impactó mucho: “Las
vírgenes mártires antiguas" . Y la pregunta acuciante que
surgía en mí era: Si ellas, jóvenes casi niñas, ofrecieron su
vida y su virginidad a Jesús ¿no podía yo hacer algo como ellas?.
Cuando tenía 17 años llegó a mi parroquia un sacerdote joven
con mucho fervor y él me orientó hacia la vida religiosa
contemplativa. El Señor permitió que unos meses antes de entrar
viera la película de Sta. Teresita del Niño Jesús y eso me
confirmó más en mi vocación. De esto hace ya 32 años y no me
arrepiento de haber entregado mi vida totalmente a Jesús en el
silencio y recogimiento de la clausura. ¡Dios sea Bendito!
12.- En mi vida he sufrido mucho y no sólo moralmente, sino
también físicamente. He pasado años en un sanatorio para
tuberculosos y además me han hecho muchas transfusiones, porque no
se me coagula la sangre y debo evitar las intervenciones por las
hemorragias. Tengo varios problemas de salud con una bronquitis
crónica que me hace pasar muchas noches sin dormir por la tos.
Muchas veces, me cuesta levantarme por la mañana después de una
noche sin dormir, pero en seguida me ofrezco de nuevo a Jesús y me
viene fuerza y alegría. A veces, el frío me hace sufrir mucho,
porque no tenemos calefacción, pero todo lo soporto por amor a
Jesús. Sin El nada tendría sentido. A El le pido todos los días
que me haga santa, pero que mi santidad sea escondida, sólo para
darle contento a El, para amarlo y salvarle muchas almas.
13.- El Señor no me ha acostumbrado a llevarme por un camino de
rosas. Los primeros años fueron duros y, si estoy aquí, es por
pura misericordia del Señor, que me sostuvo y me agarró bien
fuerte, cuantas veces tenía ganas de salir corriendo, que fueron
muchas. Creo que por años que viva no podré darle suficientes
gracias de haberme traído a su Casa para vivir sólo para El. El
Señor se volcó conmigo y me hizo experimentar el gozo inmenso de
pertenecerle a El para siempre y ahora soy feliz.
VIVENCIAS
1.- Llevo tres años obligada a estar en cama en casi completa
inmovilidad. El Señor me ha pedido también la vista y casi no
puedo leer ni una palabra y me paso el tiempo en oración, pensando
en los sagrarios donde Jesús esta solo día y noche; y, en
espíritu, vuelo a todos los sagrarios de la tierra para alabar y
amar a Jesús Eucaristía. Tenía un hermano misionero en China y
después de tres años se ofreció al Señor por su Misión de
China. Y aquel mismo día murió trágicamente en un accidente. Era
el día de Pentecostés de 1951. Por eso, amo tanto a todos los
sacerdotes y quiero en espíritu asistir a todas las misas que se
celebran en el mundo.
2.- Me siento muy feliz. Jesús es mi dicha, mi vida, mi encanto.
Me han operado de un ojo cuatro veces y ya no veo nada por él y el
otro tampoco lo tengo bueno. Ya tengo 60 años, así que ya puedo
darme prisa para hacerme santa. Con frecuencia, le mando mi ángel
para que le ayude. Ud. mándeme su ángel para que me dé la
bendición de su parte. ¿Cómo se llama su ángel?
3.- Desde que el Señor se me mostró como El quiso hace muchos
años, salvo algunos rodeos que di, no tengo otro deseo que el de
llegar a la meta. Sólo quiero de verdad un cosa: morir para estar
con Cristo, lo demás lo sufro, lo soporto. Aunque a veces lo paso
mal en esta espera prolongada que me resulta la vida, estoy conforme
que se cumpla su voluntad. Esperaré en el Señor hasta que El
quiera. Pero el cielo me parece la única cosa deseable y trato de
vivir desde ahora con Jesús en el cielo de mi corazón.
4.- En una ocasión, hice un convenio con el Señor de ser madre
de los pueblos "sin sacerdotes". Lo hice con sencillez, en
la intimidad, en una Cuaresma. Creo que desde entonces, he sentido
cada día más amor a las almas y me siento madre de ellas. Todos
los hombres del mundo son mis hijos y por ellos tengo que orar,
luchar y sufrir. Creo que vale la pena.
5.- Últimamente, me parece que Jesús y yo somos dos seres
atraídos uno para el otro. Procuro que la oración sea vida y que
la vida sea oración. Quiero vivir en cada instante unida a El,
hacerlo todo con El, por El y para El. Y trato de hacerlo feliz con
las pequeñas cosas de cada día. Somos como dos enamorados
inseparables. Y yo lo amo con todo mi corazón.
6.- Tengo 38 años. Estoy en la tierra prometida. Encontré la
perla preciosa de que habla el evangelio o el tesoro escondido. Soy
la mujer más feliz del mundo. Toda mi vida se desenvuelve en este
ambiente de silencio, oración, trabajo y soledad. Una cosa pido al
Señor y deseo ardientemente: habitar en esta Casa del Señor, en
este lugar bendito, todos los días de mi vida.
El atributo de Dios que más me encanta es su Pedagogía. Me
gusta mucho pensar y reflexionar sobre esta pedagogía divina sobre
mí y me doy cuenta de que es el mejor maestro del mundo y que
siempre me da lo que más me conviene y lo mejor para mí. Por ello,
en cada momento, aunque no lo entienda, sólo me queda decirle:
Gracias, Señor, acepto tu voluntad sobre mí.
7.- A pesar de estar encerrada en el convento entre cuatro
paredes, mi deseo desde siempre es ser misionera. Por eso, estando
aquí prisionera de amor por Jesús, vuelo por el mundo para
salvarle almas. Últimamente, he sufrido tres operaciones al
cráneo, por causa de un tumor, que me va dejando cada día más
ciega, pero mi corazón sigue joven para seguir misionando hasta el
último día de mi vida y salvando almas para Jesús.
8,.- Mi vida espiritual es muy simple, consiste en recibir a
Jesús en la Eucaristía y llevarlo conmigo todo el día. Con El
rezo, con El trabajo, con El sufro y vivo en la alegría de no
dejarlo sólo en el sagrario tan frío. Lo llevo todo el día en mi
corazón y procuro alegrarlo con mi amor. Me parece que El está
contento y de vez en cuando me dice cosas como: "Yo no vine
para quedarme en un sagrario dorado, sino para quedarme en el
sagrario de tu corazón", "Yo estoy prisionero en el
sagrario, sácame de esta prisión" , " Yo quiero hacer de
tu corazón un cielo, adórame dentro de tu corazón ". Jesús,
escondido en la Eucaristía, es el amor de mi vida y la locura de mi
corazón .
9.- El Señor a quien más ama, más lo prueba. Quiere que
vayamos adentrándonos hasta lo más profundo donde moran los TRES,
en esa cámara secreta del amor y de la intimidad y hasta allí
sólo se llega entregándose momento a momento, como El quiere y
cuando El quiere, destrozando la vida, si es preciso, jirón a
jirón. Entonces, es cuando El se vuelca como un torrente, anegando
el alma en su divinidad. ¡Qué misterio!
Yo estuve muy enferma de joven, tuberculosa, desahuciada por los
médicos, sin ninguna esperanza de curación. Tenía 32 años. El
quiso que sufriera y yo me puse en sus manos con un abandono total y
El hizo todo. Desde entonces, no me he vuelto a resentir del pulmón
para nada. El hizo el milagro. Pero ¡cuánto aprendí de sus
secretos misericordiosos y cuánto lo amo!
10.- Yo me siento muy contenta de todo lo que Jesús ha hecho
conmigo. Hace unos años me operaron de cáncer y de vesícula y
ahora tengo la salud, delicada. Sin embargo, tengo unos deseos
ardientes de amarle con locura y hasta de que me conceda el
martirio. Esa sería mi más grande dicha. A medida que aumenta mi
unión con Jesús, este deseo se hace más ardiente. Quisiera
manifestarle el amor más grande, que es dar la vida por el que se
ama, como El mismo dijo.
Morir tranquila en una cama, rodeada del cariño y cuidado de las
hermanas, habiendo El muerto deshecho y sangrando en un cruz por
mí... no lo puedo pensar. Pida para mí la gracia de derramar mi
sangre por Jesús. Entonces, sí que moriría contenta. No se olvide
de esta intención. A mí no me queda más que amar y amar hasta la
locura de morir por su amor y llegar a ser santa.
11.- A los 17 años yo era vivísima, siempre lista para
cualquier trabajo. He tenido muchos cargos y trabajos hasta que caí
enferma con el cáncer de improviso en 1980. Ahora tengo 69 años y
vivo orando, sentada todo el día, porque no tengo fuerzas para
trabajar y por la noche sigo rezando, porque no puedo dormir. No
obstante, espiritualmente me siento joven como cuando tenía 15
años. ¡Que siempre se haga en mí la voluntad de Dios! Mientras
viva, seguiré rezando y sufriendo por su amor, por la salvación de
las almas y la santificación de los sacerdotes.
12.- Mi vocación se la debo a mi abuelita que murió cuando mi
madre tenía 12 años, pero todos dicen que era buenísima. Yo,
desde pequeñita, me encomendaba a ella y tuve una gran sorpresa,
cuando vi mi partida de bautismo para mi ingreso al convento; me
emocioné al ver una nota marginal que el sacerdote había puesto:
"esta niña la pongo bajo la protección de los Corazones de
Jesús y María ". Ahora soy felicísima y, si mil veces
naciera, dos mil me consagraría al Señor y esto lo digo de
corazón y no por humildad. Por eso, mi mayor ilusión desde niña
es llegar a ser santa.
13.- Hace más de treinta años, era yo muy joven y estuve muy
grave al operarme de apéndice a las tres de la madrugada. Yo me vi
en la presencia de Dios y me dijo: ¿Qué me traes? ¿Qué has hecho
de tu vida? Yo me quedé confusa y contesté: TENGO LAS MANOS
VACIAS. Entonces sentí el rechazo de Dios. Esto es horroroso, no se
puede imaginar el íntimo sufrimiento que se padece. Sentirse
rechazada por el Señor...
Esto, después de tantos años, lo siento como una vivencia y me
horroriza pensar que otra vez pueda encontrarme con las "manos
vacías". Por lo cual, ahora mi única ilusión es sufrir por
amor a Jesús y salvarle muchas almas. Y soy tan feliz. ¡Qué bueno
es Dios y cuánto nos ama!
14.- Crecí hasta los 18 años, siendo una cristiana normal y
corriente, aunque ya desde los 15 años comencé a buscar algo que
me llenará la vida. Estudié mucho y obtuve varios títulos:
maestra, perito mercantil, licenciada en análisis clínicos, en
bioquímica... Me gustaba divertirme y hacía mucho deporte y,
aunque me enamoré de un chico, nada me llenaba totalmente y buscaba
algo más. Me decía a mí misma: ¿Para qué derrochar tanta
capacidad de amar, de razonar, tanta inteligencia en estas cosas, si
al final será un trabajo inútil, pues lo que logre perecerá
conmigo?.
Un día estaba en la iglesia meditando y me vino este
pensamiento: Hay muchas empresas que uno puede aprender en esta
vida, pero todas perecerán al final, en cambio el trabajar por
conocer a Dios tiene dos probabilidades: o que perezcan conmigo, si
Dios no existe, o que permanezcan después de esta vida, si Dios es
verdad y existe. Esto fue para mí una alegría muy grande, ya que
tenía algo por qué luchar: conocer y amar a Dios. A poco de
emprender este camino, me dio el Señor a gustar un sabor muy dulce
cada vez que recitaba el Avemaría y yo la repetía continuamente.
Cuando me sentía agobiada por el trabajo y los problemas, recitaba
el Avemaría y me sentía tranquila, era alimento para mi alma y me
daba fuerza a mi cuerpo, era como un canal por el que recibía
muchas gracias de Dios por medio de María.
Después, Jesús me fue atrayendo hacia el sagrario y me pasaba
horas con El en la iglesia. Y así fui, poco a poco, deseando
entregarme a El totalmente en la vida consagrada. Para conseguirlo,
tuve que escaparme de mi casa, pues no me dejaban. Y ahora, después
de unos años en el monasterio, me siento como en el paraíso.
Cuanto más lo conozco, más lo amo y, aunque haya cruces, éstas
son para mí un manjar apetitoso, porque son como flores rojas que
le ofrezco llenas de amor.
15.- Quisiera contar algo de mi vida. Cuando tenía un año de
edad me puse enferma con una infección a la sangre; ya estaba casi
cadáver, el médico le dijo a mi madre que, si no era un milagro,
no podría salvarme; entonces mi madre me ofreció a la virgen y
prometió llevarme a un santuario cercano y casi al instante me
curé.
Cuando hice mi Primera Comunión, en el momento en que el
sacerdote levantaba la hostia y decía: Este es el cordero de
Dios..., oí una voz que me decía: ERES MIA Y TE QUIERO PARA MI. En
ese momento empecé a sentir deseos de ser religiosa por primera
vez.
Un día, hablaba con Jesús de la vida y de la muerte y me
parecía oírle en mi interior: "Para ti no seré un ladrón
nocturno, tú me esperas". No sólo lo espero, lo deseo y lo
llamo. Siento nostalgia del cielo, de la patria, de El... Pero todo
lo que El haga está bien, beso su mano, lo amo y esto vale. Cuando
llegue el momento, moriré más de alegría que de mal físico.
Celebraremos la boda eterna y podré contemplar la mirada de mi
Amado y le conoceré como soy conocida y le amaré para siempre,
para siempre. Tú me ayudarás a darle gracias y mi nombre en la
patria será Acción de Gracias.
17.- Te puedes suponer que nuestra vida es muy sencilla: soledad,
silencio, oración, penitencia y mucha alegría de que el Señor se
haya fijado en nuestra pobreza. Nuestra única riqueza es El. Jesús
y María son el centro de nuestra vida. Soy muy feliz. Cuántas
veces te lo repito ¿verdad? Es que Jesús es todo para mí y no
puedo callarme.
18.- Mi vocación fue muy curiosa, no la sentí hasta los 23
años. El Señor Jesús me sedujo y quedé seducida. El era más
fuerte que yo. Ingresé al monasterio, cuando iba a cumplir 27
años. Vivo mi consagración con una gran alegría. Tengo el
corazón ancho como el universo y en él me caben todos lo hermanos
del mundo con sus dolores y gozos, con sus fracasos y esperanzas,
con todo. Mi vida es un canto a la alegría, a la amistad y al amor.
María me ha enseñado a descubrir la belleza de todas las cosas y a
vivirla con sencillez. Y estoy muy contenta de vivir con la alegría
de Jesús en mi corazón.
19.- Antes de entrar en el convento, hice mi voto privado de
castidad. Eso fue el 26 de febrero de 1980. Yo le entregué todo mi
amor a Jesús como mi amado y divino esposo. Más tarde, en 1983, el
año santo del Redentor, Jesús me hizo sentir el deseo de hacer mis
votos perpetuos, en honor de mi Redentor, en ese año santo, Eso
normalmente era imposible. Yo tenía sólo 23 años y solamente con
dos años de mi primera profesión.
Este deseo era muy grande en mi corazón y yo no podía hacer
nada, pero para Jesús no hay nada imposible. En el verano de 1983,
un obispo de Islandia pidió a nuestra Comunidad ir a fundar a su
diócesis. Yo me anoté y, en diciembre, la Madre Priora me dijo que
había sido escogida y debía adelantar mi profesión perpetua para
el 25 de marzo, último día del Año Santo. Esto ya realizaba mi
deseo, pero le dije a Jesús que deseaba que nuestro matrimonio
espiritual fuera el 26 de febrero, por ser el día en que había
hecho por primera vez mi voto privado de castidad. Esto era un
secreto y nadie lo sabía. Pues bien, el 15 de febrero llegó una
carta de Islandia, diciendo que debíamos adelantar la marcha un
mes. Mi Madre Priora, que no sabía nada de mi deseo, me habló y
decidió que mi entrega definitiva a Jesús fuera el 26 de febrero
y, entonces, yo le conté todo.
No hace falta decir qué feliz fui aquel día al entregarme para
siempre a Jesús y cuánto más feliz soy ahora. Cada día, mi
unión con Jesús es más profunda en su amor, en su Sagrado
Corazón. Lo quiero tanto que daría con gusto mi vida por El.
20 - Ahora tengo 44 años. No tengo hermanos, mi madre murió de
cáncer, cuando yo tenía 17 años, y mi padre murió hace 4 años.
Por esto, hube de esperar 30 años para poder entrar al monasterio,
desde los 10 hasta los 40. Desde los 12 a los 25 años trabajé de
dependienta. De los 25 a los 36 trabajé por las mañanas de
administrativa y por las tardes estudiaba. De los 36 a los 40
trabajé como pedagoga en el gabinete de Psicopedagogía de un
Centro de Salud. Mi padre no era creyente, estaba en contra de todo
lo que oliera a "curas y monjas". Mi madre tenía una fe
sencilla, iba a misa a escondidas de mi padre los domingos que
podía, y consiguió hacerme bautizar y que hiciera la Primera
Comunión, cosas a las que él se oponía.
El día de mi Primera Comunión hice mi primer pacto con El: si
de mayor le había de olvidar, me ofrecía a morir allí mismo, en
aquel instante. Esperé y, como vi que no me moría, comprendí que
El había aceptado mi pacto. A los 10 años, un día, de pronto, me
asaltó una idea fuerte y obsesiva: ¿Qué serás de mayor? Nunca me
lo había planteado. Empecé a pensar en los oficios que me gustaban
uno a uno con toda seriedad, pero no era eso, faltaba
"algo", no sabía qué. Se me presentó una palabra,
"monja". Primero no le hice caso, pero volvía con fuerza,
con insistencia una y otra vez. Hasta que me pregunté: ¿Y eso qué
es? Vi al momento en mi imaginación una monja arrodillada en
oración, sola, aislada, y oí claro dentro de mí: "Vivir para
Dios".
Después no sé lo que pasó, fue una gracia muy grande. Me
sentí como fuera del espacio y del tiempo y “dentro” de El.
Desde entonces, siempre que oigo hablar del cielo pienso que será
así, será estar en El, como yo lo "probé", pero mucho
más intensamente todavía, mucho más profundamente. Allí nada te
falta, nada anhelas, estás colmada, llena. Con esta esperanza
"segura" puede uno dejarlo todo, absolutamente todo,
incluso la vida por su amor. Y yo no me arrepiento.
21.- Una noche soñé con la Mamá del cielo y aún me dura la
impresión. ¡La vi tan bella! En otra ocasión, me sorprendió la
aurora en la ventana de mi celda. Mi alma y mi ser entero estaban
impregnados de tal dulzura, que sentí la inolvidable dicha de
aquella noche en que soñé con María. A mi ángel de la guarda lo
quiero muchísimo. A veces, cierro lo ojos y me pongo a hablar con
él y me parece verlo junto a mí y que me envuelve en su sonrisa y
con una mirada larga, dulce, serena, llena de paz... Y, cuando
llegan momentos en los que ni ves, ni oyes, ni entiendes, cierro los
ojos y me dejo llevar. Cuando mi naturaleza grita de dolor, le digo:
No te preocupes, no va a durar más de cien años. El, sólo El, es
mi fuerza, mi vida, mi esperanza, mi Amor... Creo que sin El no
podría vivir ni un segundo.
22.- Las tres de la tarde es la hora de la misericordia. El alma
encuentra sosiego en el Corazón de Jesús y se ofrece con Jesús al
Padre por la salvación de los pecadores. Es la hora de la gran
presencia de Dios en el alma, la hora en que Cristo se ofreció como
víctima al Padre por todos, la hora de su entrega y la hora en que
no negará nada al alma que confíe en su misericordia. Unámonos
con Jesús a las tres de la tarde para encontrar paz y salvar a los
hermanos.
23.- He vivido durante más de 30 años una vida monástica en
condiciones muy difíciles. Nuestro convento era de una pobreza
extrema, no teníamos vocaciones y solamente éramos cinco
religiosas. Pero el Señor ha oído nuestras súplicas y ha hecho
prosperar repentinamente nuestra Comunidad. Ahora somos 25 con 18
jóvenes de menos de 30 años y hay varias que esperan entrar este
año, a pesar de que en nuestro país (Francia) hay pocas
vocaciones. Ya estamos preparando una nueva fundación para dentro
de tres o cuatro años y esperamos que el Señor nos siga
bendiciendo más y más.
24.- Una noche tuve un sueño tan claro y vívido que nunca me
podré olvidar. Vi una persona muy blanca, luminosa y sonriente que
se me acercaba para besarme. Cuando la vi de cerca, reconocí a Sta.
Teresita del Niño Jesús. Entonces, le pedí que me enseñase su
caminito de infancia espiritual y me quedé con una felicidad tan
grande que hasta ahora me dura, cada vez que lo recuerdo.
25.- Quiero ser un modelo de entrega a Dios, pero un modelo
escondido, silencioso, sin ruidos, como María. Quiero ser mártir
de amor, madre de todos los que sufren, quiero ser fiel en todo lo
que Jesús pida de mí. Tengo un gran amor a la PUREZA y quiero
reparar tanta impureza del mundo con mi PUREZA y mi AMOR. Y me
siento muy feliz . 26.- Mi oración es la del niño débil que nada
puede y tiende sus manos, pidiendo ayuda. Eso me da mucha paz y un
deseo grande de gastarme totalmente para El. ¿Por qué no me
llevará ya el Señor? Tengo ganas de morir y poder ir a gozar de la
plenitud de Dios.
Pero hágase su voluntad. Yo no le pido nada, ni enfermedad ni
salud, acojo con alegría y amor todo lo que se digne enviarme. Ya
llevo tres operaciones. El estómago me sangra casi constantemente y
debo tomar medicamentos para los vómitos de sangre. Cada vez que me
aprieta el dolor, hago un acto de amor y le digo a Jesús que lo AMO
y, al mismo tiempo, le doy las gracias. Pídele a Jesús la gracia
de dejarme utilizar por El.
27.- A los trece años, Jesús me escogió, me cautivó y me
enamoré de El. Mi oración es besar las llagas de Jesús, estar a
sus pies en adoración continua. A veces, me quedo en silencio,
besando mi alianza, ese anillo que significa mi compromiso eterno
con El. Quiero estar siempre con las manos levantadas en oración,
como Moisés, mientras otros luchan y trabajan por las almas. Quiero
ser toda y siempre de Jesús.
2é.- A veces, me siento llena de defectos y le digo a Jesús:
¡Qué pobre esposa de has echado! Y El me responde: Yo ya te
conocía así y TE AMO. La que no me conocías eras tú a Mí... Y
El me ama y acepta tal como soy. Por eso, sólo sé que necesito una
cosa: entregarme sin condiciones y ser suya para siempre. Esta es la
única luz que me alumbra y guía mi camino, es el único ideal de
mi vida.
29.- El nombre de Jesús es para mí tan maravilloso y me llena
tanto de amor que lo repito casi sin darme cuenta unas 5.000 veces
por hora. En el retiro pasado, recibí el don de lágrimas de amor.
Ahora, al repetir el nombre glorioso de JESÚS, lloro de amor y, a
veces, de dolor por mis pecados. Sólo quiero que me conceda dos
deseos que tengo en lo más profundo de mi corazón: derramar mi
sangre por El y llegar al matrimonio espiritual.
Mi oración es como un respirar el amor de Dios al repetir el
nombre maravilloso de JESUS. Ahora me enamora pensar en ese momento
definitivo de mi encuentro con El. Me obsesiona el cielo y que las
almas lo conozcan y lo amen. Todo lo que no sea Dios lo veo tan
vacío... Tan sin sentido... Sólo deseo la eternidad para perderme
sin miedos ni temores en el amor infinito de mi divino esposo.
30.- Hace poco, yo celebré mis 35 años como católica y 30
años en el convento. Soy una persona muy feliz. Mi vida se ha
centrado en la paternidad de Dios. Me siento amada, protegida y
cuidada por este Padre, de manera que mi vida carece de
preocupaciones. Me imagino estar continuamente entre sus brazos como
un niño pequeño y me es dulce sentir su amor de Padre y sentirme
su hija y besarlo y recibir sus caricias de amor.
31.- Un día, paseaba por la huerta con otras tres hermanas. Al
llegar a un estanque, que tiene dos salidas de agua, quisieron
quitar la losa que tapaba una de ellas y ponerla en la otra salida
de agua. Estuvieron un buen rato, probando una hermana y luego otra
y todas juntas, pero imposible, parecía pegada con cemento. Al
final, la dejaron y se marcharon. Yo me quedé mirando la losa,
intenté tirar de ella, pero no se movía. Entonces, me acordé de
mi ángel de la guarda y le dije: Quiero que me demuestres que
existes y que estás a mi lado y que eres mi amigo. Tiré de la losa
y, sin apenas esfuerzo, salió. Me causó una impresión tal que
desde entonces lo invoco al levantarme y acostarme todos los días,
y siempre que necesito su ayuda y protección. En una palabra, es
para mí un amigo íntimo e inseparable. Antes apenas si creía en
él y no lo invocaba, pero ahora los ángeles y santos son mis
amigos y trato de vivir en plenitud el dogma de la comunión de los
santos.
VICTIMAS DE AMOR
Decía Sta. Teresita del Niño Jesús: ¿Por qué tenéis miedo
de ofreceros como víctimas al Amor misericordioso? Si os
ofrecierais a la justicia divina, podríais temer; pero el Amor
misericordioso tendrá compasión de vuestra debilidad, El os
tratará con dulzura, con misericordia. Oh Jesús, te suplico que
inclines tus divinos ojos a todas las almas pequeñitas y te escojas
en este mundo una legión de víctimas pequeñas dignas de tu Amor.
Procuremos imitar a Sta. Teresita en esta entrega incondicional a
Jesús y por El a la salvación de nuestros hermanos. La M. Teresa
de Calcuta decía:
El fruto del Silencio es la Oración. El fruto de la Oración es
la Fe. El fruto de la Fe es el Amor. El fruto del Amor es el
Servicio. El fruto del Servicio es la Paz.
Y yo añadiría, y el fruto de la Paz es la Alegría de vivir
incondicionalmente para Jesús, de hacer en cada momento su voluntad
y aceptar lo que El quiera enviarnos, con la Paz y Alegría de
haberle entregado la responsabilidad de nuestra vida y saber que El
sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.
1.- Un día en mi flamante juventud, comprendí para siempre que
la perfecta felicidad está en entregarse sin condiciones como
víctima de su Amor. Desde entonces el Espíritu Santo junto con
Jesús Eucaristía ha sido el amor de mi vida. Durante muchos años
he notado que en la Fiesta de Pentecostés se me hacía presente el
Espíritu Santo de una manera especial al momento de recibir la
sagrada comunión. A veces, me sentía arrebatada en el alma e
invadida de amor (y me duraba varios días).
Una vez, al recibir la hostia, sentí que entraba una especie
defuego dentro de mí, de tal modo que no podía dudar que era Dios.
Llegué a comprender que el Espíritu Santo tenía una relación
especial con la Eucaristía y que El me llevaba a una entrega
incondicional a Jesús como víctima de su Amor para gloria de Dios
Padre.
2.- Todos los días renuevo mi ofrecimiento de víctima a Jesús
con los votos en la santa misa. Me encanta hacerlo en el momento de
la consagración, cuando el sacerdote dice: ESTO ES MI CUERPO Y ESTA
ES MI SANGRE. Es como si Jesús me sumergiera en El y me ofreciese
con El al Padre por los sacerdotes y por todo lo que El quiera. Me
parece que el cáncer que tengo y los dolores que siento no son
nada, pero pienso que Jesús los une a su Pasión y los aplica en
bien de la Iglesia.
Siento interiormente con mucha intensidad que El me ama, El es un
volcán de amor. El alma se siente amada de distinta manera. El
Padre ama con ternura infinita como cuando dijo: "He aquí a mi
Hijo muy amado". En esas palabras me siento amada por el Padre
y por el Verbo Esposo, pero lo que pasa dentro o lo que se siente yo
no tengo facilidad y no sé explicarlo, sólo que es muy sublime y
todo lo que no sea El me parece nada. Desde que me entregué como
víctima, el Señor se ha volcado y mi mayor regalo ha sido el
cáncer, aparte de otras cosas. Se lo digo de verdad, quisiera con
mi cáncer hacer sonreír el Corazón de Dios y le pido que si le
sirven de algo mis dolores, aquí me tiene, gozo mucho con ellos. El
otro día sentía como si me mordiesen el estómago y miraba
interiormente a Jesús y le pregunté: Dios mío, ¿te dolía a ti
también en la Pasión? Y me quedé en silencio, esperando su
respuesta, y me vino este pensamiento: No había en mí parte sana.
Esto me ayudó mucho y me dejó confundida; lo mío no me parecía
nada y le di las gracias.
3.- Hace mucho tiempo me ofrecí víctima por mi Comunidad, que
ha pasado pruebas muy difíciles. Dos veces he estado a la puerta de
la muerte y otra vez la Madre repartió las cosas de mi uso, señal
cierta de que creía que me moría. Pero el Señor me ha permitido
seguir viviendo y, unos días mejor, otros peor, voy siguiendo la
vida de Comunidad y le doy gracias, muchas gracias por todo.
4.- El Señor me concedió la gracia de asistir a una monja muy
santa de la Comunidad que se había ofrecido con voto de víctima.
Los tres últimos años de su vida era yo su enfermera. Era
tuberculosa, con reuma deformante y muchas operaciones y llevaba
nueve años paralizada con las manos y pies retorcidos y vendados.
Yo le daba de comer. Ella tenía marcado con fuego en su corazón
los nombres de Jesús y María. Su cama imponía reverencia, era un
altar donde se ofrecían sacrificios heróicos. A mí me decía:
Escoja siempre el último lugar y será feliz. El médico dijo
cuando murió: Si no ha ido derecha al cielo, no ha ido nadie. Su
muerte fue un tránsito. Estaba yo con ella y lo conocí por el
cambio de color. Ella quería morir de amor y todo se cumplió.
Siempre estaba contenta, dando gracias a Dios. Su vida fue tan pura
y sencilla que ha dejado para siempre un buen olor en la Comunidad y
sentimos su intercesión.
5.- Tengo un inmenso deseo de darme totalmente a Dios y vivir
únicamente para El. Me esfuerzo en repetir de todo corazón y
constantemente “MI DIOS Y MI TODO". Me parece que la
PROFESION SOLEMNE NOS HACE ALMAS VICTIMAS, aunque no lo digamos
expresamente. Puesto que si uno se da totalmente a Dios y busca su
gloria, debe estar dispuesta a aceptar con alegría todo lo que su
Amor le envíe y esa es ni más ni menos la disposición de un alma
víctima, aunque no se emplee esa palabra.
Para mí las penas y sufrimientos de la vida me parecen, después
de 52 años de vida religiosa, como ocasiones extraordinarias que
Dios nos da para hacernos descubrir su misericordia, su poder, su
amor y la alegría de pertenecerle.
6.- Cuando era una religiosa joven, me ofrecía Jesús como
víctima para todo lo que quisiera de mí, y creo que me aceptó,
pues he pasado grandes enfermedades y sufrimientos. Un día, hace ya
unos 40 años, vi a Jesús de modo intelectual, pues no fue con lo
ojos, pero muchísimo más claro que con ellos, y lo tengo grabado
en mi corazón como si hubiera sido ayer. Estaba El de pie y con su
mano derecha sostenía una cruz de tamaño natural por uno de sus
brazos. Era negra y muy tosca. Con la otra mano me atrajo hacia Sí
y me estrechó con todo su amor contra su Corazón, haciéndome ver
que aquella cruz era una enfermedad que me iba a enviar, muy
penosa... y así fue. Después de tantos años de enfermedades y
sufrimientos, ahora sigo muy delicada con diferentes achaques, estoy
mal de la vesícula, del corazón, estómago, esófago, columna... y
yo le digo: No quiero nada de nada, sólo quiero lo que Tú quieras
en cada momento. Lo que quiero es Fuego y Luz para abrasarme y
abrasar a muchas almas para que te amen eternamente.
7.- Yo me ofrecí como víctima en el noviciado. Tuvimos un acto
precioso. ¡Algo inolvidable! Éramos nueve novicias y lo hicimos
todas juntas con la maestra. Ya han pasado muchos años y en esos
años ha habido de toda clase de sufrimientos. Pero cuánto amor y
misericordia de parte de Dios. Ojalá haya muchas almas que se
entreguen a Jesús. No lo vas a creer, pero me siento más segura
cuando sufro que cuando gozo y esto no es porque me guste sufrir,
sino porque tengo más capacidad para sufrir que para gozar.
Cuántas gracias doy al Señor. Todo ha contribuido a hacerme muy
feliz y no me cambiaría por nadie.
8.- Muchas veces, agradezco a Dios su amor y cariño para
conmigo. Me siento amada por Dios con un cariño y ternura tan
grande que me hace inmensamente feliz. Llevo 19 años consagrada y 8
años en la vida contemplativa, y todavía no me he arrepentido de
mi entrega al Señor ni siquiera una milésima de segundo.
¿Tentaciones? Sí, pero eso es otra cuestión que le confío a
Dios. Ser sola de Dios y para Dios, a través de los vínculos
sagrados de los votos, es una gracia inconcebible, enorme.
Cuando hice la profesión solemne en este convento, mi donación
fue un ofrecimiento total como víctima para que El pudiera hacer
con libertad absoluta lo que quisiera conmigo. Yo sólo quería
amarlo sin medida y para siempre. Desde entonces, todos los días
renuevo mi ofrenda y le doy mi Sí. Me siento tan feliz en el
convento que siento escalofríos sólo de pensar que el Señor
pudiera pedirme morir fuera de él, como una pobre mendiga sin techo
ni calor humano. Pero esto también se lo he ofrecido.
Un día sentí que una hermana joven de mi Comunidad sufría
mucho y yo fui a la capilla y le volví a ofrecer esto mismo a
Jesús. Ofrecerle mi ser como religiosa, mi convento y, más aún,
si fuera expulsada de mi Comunidad. Es el más doloroso sacrificio
que Dios podría pedirme y que yo se lo ofrezco con todo amor por
esa hermana y por lo que El quiera.
Cuando tuve que salir de mi Institución de vida activa, donde
estuve 11 años, para entrar aquí, viví una situación muy
difícil hasta llegar a comprender la voluntad de Dios sobre mí. Me
sentía en una encrucijada oscura, sin luz, como alguien que tiene
que dar un salto en el vacío y que no sabe a dónde va a caer, como
alguien que siente que el piso donde está se lo traga la tierra y
se pierde en la oscuridad de un pozo sin fondo. Entonces, oí su voz
que me decía: Mira, la cruz es la única cosa que tengo como
herencia para ti y lo único que te puedo ofrecer. Ahora le bendigo
a Jesús por esta cruz, que me hace inmensamente feliz y le digo con
frecuencia, renovando mi ofrenda:
Aquí estoy, Señor, si es necesario que yo desaparezca... Aquí
estoy, Señor, si es necesario darte mi vida física... Aquí estoy,
Señor, para darte también mi vida en el convento... Si Tú
quieres, FIAT. Estoy dispuesta a la inmolación de todo mí ser.
Aquí estoy, Señor, me ofrezco por mis hermanas, por los
sacerdotes, por todo lo que Tú quieras. AMEN
9.- Un día fui a comulgar y el sacerdote me dio una hostia a la
que faltaba un pedacito y, de repente, sentí su voz en mi corazón
que me decía: ¿Quieres ser ese pedacito que falta para ser una
sola hostia conmigo? Cuando pienso en esto, me siento llena de
ternura y agradecimiento por su llamada y, a la vez, de confusión
al pensar que no lo he sabido cumplir bien. Sin embargo, tengo la
ilusión de ser una hostia con Jesús, una víctima de su Amor y me
gusta repetirle: Me abandono a Ti como pequeña hostia, como
víctima para alabanza del Padre. Y sé que Jesús no me va a fallar
y me dará su alegría y amor junto con su dolor.
10.- Siempre renuevo mi entrega como víctima a mi querido
Jesús. Ser víctima de su Corazón y de su Amor es mi mayor
alegría. Quiero consolar a su Divino Corazón con todo mi amor y mi
total donación. Jesús debe ser muy querido y muy amado. Dile a
todos que Jesús es bueno, Muy bueno. Que El es un maravilloso
amigo, que no le tengan miedo de entregarse a Jesús, piensan que
darse a Jesús les va a traer mucho sufrimiento. Pero quien se
entrega a Jesús tiene sufrimiento como todo el mundo y, en cambio,
tiene una alegría y una felicidad que sólo El nos puede dar.
Muchas personas dicen que aman a Jesús, pero nunca lo amarán
plenamente si no se entregan a El sin condiciones y con la alegría
de dejarse llevar por El a donde El quiera, sin preguntar, sino
siempre diciéndole: Hágase en mí tu santa voluntad. Esto es vivir
en plenitud la consagración religiosa.
OREMOS POR LOS SACERDOTES
El sacerdocio es el regalo más grande que Jesús nos dejó como
testamento en la Ultima Cena. Sin sacerdotes no podría hacerse
amigo cercano y presente entre nosotros en la Eucaristía, sin
sacerdotes no existiría la Iglesia tal como El la fundó, sin
sacerdotes el mundo moriría de frío espiritual, habría un vacío
y seguramente hace tiempo que la tierra habría desaparecido por la
maldad de los hombres. Pero Cristo sigue actuando en la tierra a
través de sus ministros y desea que sean santos. Ya lo decía un
gran santo: "¿Viniste a ser santo o no? Si viniste, ¿por qué
no? Y si no, ¿por qué viniste?.
Otro gran santo decía: “1a santa misa vale tanto que, si lo
supiéramos, moriríamos de alegría". Ser sacerdote es algo
tan grande que hasta los ángeles se quedan admirados de su
dignidad. Para mí, personalmente, mi vida sacerdotal en tanto tiene
sentido en cuanto celebro y vivo cada día la santa misa. Sin la
misa diaria, mi vida la sentiría vacía. Por eso, la celebración
eucarística diaria y vivir la misa de mi vida, ofreciéndome
constantemente con Jesús al Padre por la salvación del mundo,
especialmente de los hijos espirituales que El me ha encomendado, es
lo que da sentido a mi vida y la llena de valor.
Pero cuántos sacerdotes mediocres, que sólo piensan en el
dinero, en su orgullo, en su comodidad y tratan de vivir al estilo
del mundo. Alguien ha dicho que el mundo está mal, porque los
sacerdotes están mal. Por eso, ojala que muchas religiosas
contemplativas puedan decir como Sta. Teresita: "Yo he venido
al convento para salvar almas y, sobre todo, para rogar por los
sacerdotes". Jesús necesita muchas almas víctimas por los
sacerdotes. OREMOS, OREMOS, OREMOS por los sacerdotes para que sean
santos.
TESTIMONIOS
1.- El 7 de Junio de 1956, después de mucho pedírmelo el Señor
y yo no darle un SI, en la noche, no sé si despierta o dormida, me
pareció ver algo que me hizo estremecer. Te contaré. El deseo de
ofrecer mi vida por los SACERDOTES era para mí como una sombra de
la que no podía deshacerme, pero no me decidía. Hasta que El,
cansado de esperar, me tiró como a Saulo y me hizo caer de mí
misma. Soñé o no sé qué fue aquello. Me pareció ver que un
SACERDOTE, mirándome con los ojos desorbitados me decía: "Por
tu culpa, por tu culpa me condeno ". Como un rayo me tiré de
la cama y me ofrecí en aquel momento y le di mi Sí. No sé el
tiempo que pasé de rodillas, pero la luz del día me encontró a
los pies del crucifijo de mi celda. No sentía cansancio ni miedo,
pero sí la paz de haber dado el Sí.
En algún momento, me he despistado un poco, pero hoy es algo tan
fuerte que no puedo vivir sin ese SI, dado aquella noche y que para
mí fue el principio del día del Amor de Jesús. Me gustaría
gritar a muchas almas consagradas y decirles: No tengáis miedo de
entregaros al Amor, es muchísimo más lo que se recibe. El no se
deja ganar en generosidad, y ¿qué podemos dar que no sea dado por
El? Te mando la fórmula espontánea que dice: "SI, JESUS MIO,
CUANDO QUIERAS, LO QUE QUIERAS Y COMO QUIERAS". Tú, Señor,
tienes derecho a exigirme. Aumenta las luchas de mi alma, destroza
mi cuerpo, Mis ojos están dispuestos a cerrarse para que ellos (los
sacerdotes) vean claros tus caminos. Mis labios para que ellos
difundan tu Palabra. Mis manos para que ellos eleven las suyas para
bendecir, bautizar y perdonar. Mis pies para que ellos corran tras
las almas perdidas. Mi corazón para que ellos te amen con locura.
Pero dame el vivir con tu mismo Corazón para poder seguir
mereciendo para ellos. Así: sin recompensas, sin descanso, POR
AMOR.
De esto hace ya treinta años y siempre ha sido el ideal de mi
vida. Hoy ya no es el ideal, es mi vida hecha vida y la única
razón de ella. Quisiera tener sobre mí todas las penas, luchas,
angustias y DOLORES de cada uno de ellos y así se lo pido a El. Y
te puedo decir que lo ha tomado en serio. Sufro física y
moralmente, pero quisiera sufrir más. Cuando me cuesta y me quejo,
para tranquilizarme me basta estar unos cinco minutos delante de El
en el Coro o en la celda (a la que yo llamo mi oratorio particular).
Cuando entro en ella es como que algo en mi interior se ensancha, es
como respirar hondo... Sólo El... y yo. El uno para el otro. Le
digo mil locuras y lo siento muy dentro de mí.
Es en este mi pobre ser donde puedo ver claramente la función de
los TRES en mí. Es como entrar en un globo de luz en el que yo
misma me pierdo. En El me siento sumergida, anegada, perdida y de
sólo El hallada. El es mi Morada. Esto sólo se podrá comprender
en la ETERNIDAD, cuando el Amor llegue a su plenitud.
2.- Yo siempre he rezado por los sacerdotes, pero a los pocos
meses de hacer mi profesión nos llegó la noticia de que un
religioso sacerdote, muy conocido nuestro, lo había abandonado
todo. A partir de aquí, empecé a sentir bastante inquietud. Yo
sabía que hay almas que se entregan como víctimas, pero yo estoy
muy lejos de ser un héroe. Sin embargo, el Señor tiene sus caminos
para los pobres como yo y así al poco tiempo vino a verme el
sacerdote que me dirigía antes de entrar al monasterio y me
explicó una manera sencilla de ofrecerme por los sacerdotes. La
Madre me dio permiso y lo hice.
Renuevo este mi ofrecimiento todas las fiestas de la Virgen y he
dedicado toda mi vida al Señor por la santificación de los
sacerdotes por medio de María.
3,- Desde mi conversión, el Señor me dio el amor a la cruz. El
día de mi profesión solemne me ofrecí como víctima por los
sacerdotes y esta fecha marcó mi vida profundamente. Estuve enferma
muchos años por penas interiores y trabajos de toda suerte, pero lo
más importante es AMAR mucho, sufrir por amor a Jesús y yo me
siento feliz de hacer algo por su amor en beneficio de los
sacerdotes.
4 - Los sacerdotes son la pupila de mis ojos, pues entregué toda
mi vida al Señor por ellos y es por ellos que estoy en el
monasterio. Yo he tenido varios oficios y me gusta trabajar y estar
activa. Pero hace unos dos años, el Buen Dios decidió retirarme la
luz de los ojos y despegarme de tantas cosas que me gustaba hacer.
Confieso que no fue pequeño sacrificio; ahora hago pocas cosas,
pero me gusta estar ocupada, ayudando a mis hermanas en lo que puedo
y tengo mucho tiempo para rezar, especialmente por los sacerdotes.
Es como una gracia especial que el Señor me ha dado y se lo
agradezco inmensamente. Gracias, Señor, por tus sacerdotes.
5.- El año 1947, siendo todavía novicia, hice mi consagración
y donación al Corazón de Jesús por los sacerdotes. Lo hice con
las palabras que Jesús le había dictado a mi maestra de novicias,
alma enriquecida por Dios con gracias extraordinarias, entre ellas
los estigmas de su pasión.
El Corazón de Jesús se le revelaba como "Paraíso de
maternidad" y quería que todos lo sacerdotes fueran
"madres" de las almas y pedía que viviéramos esa
maternidad por los sacerdotes que no lo vivían.
Así me consagré a Jesús: "Oh Corazón adorable de Jesús,
que en tu inefable amor quieres renovar el mundo, revelándonos la
sublime ternura de tu Corazón. Aquí estoy dispuesta a inmolarme a
Ti y ofrecerme por la gran causa de los sacerdotes.
Como un pequeño grano de trigo, me lanzo al surco de tu herida
de amor en la tierra fecunda de tu Sagrado Corazón para allí morir
y así dar vida a tus sacerdotes. Oh, Jesús, quiero amarte y
consolarte, quiero quitar de tu Corazón todas las espinas y
plantarlas en mi corazón para que mi sangre unida a la tuya, sea
vida para ellos.
Oh, Corazón de Jesús, acepta mi pequeña ofrenda de Amor que te
presento por manos de María, a la que tú consagraste como madre de
tus predilectos. Dame la plenitud de tu Amor para que engendre para
ti muchos sacerdotes santos, que sepan comunicar a las almas la
frescura y el perfume de tu infinito amor y dame la gracia de ser
madre de las almas, pero de los sacerdotes en particular.
6.- Un día estaba en adoración delante del Santísimo
Sacramento y lloré de emoción en su presencia. Lo amaba y pensaba
en los sacerdotes. ¡Cómo rogué por ellos! Le pedía a mi Jesús
que fueran santos.
Siempre estoy a tu lado espiritualmente para ayudarte, te tengo
en mi corazón, en el sagrario, bajo el manto de la Madre del cielo
para que estés seguro. Ya sabes que me ofrecí víctima
especialmente por vosotros y no me arrepiento. Para mí es como una
necesidad interior y una exigencia que me impone mi amor a Jesús,
el Sumo y eterno Sacerdote.
7.- Hace pocos años, con el permiso de mi confesor, me ofrecí
víctima por el Papa, los sacerdotes y mis familiares. Ahora no
tengo otro deseo que el de alegrar a Jesús, haciendo con amor su
santa voluntad. Deseo que todos amen a Jesús y se salven para
poseer la felicidad del paraíso.
Trato de asistir a la santa misa con mucha fe. Me ofrezco con
Jesús al Padre y me esfuerzo por vivir a lo largo del día las
últimas palabras de la consagración: “Haced esto en
conmemoración mía". Estas palabras me recuerdan la vida de
Jesús en medio de los hombres, en especial su Pasión, su Muerte y
Resurrección. Todo esto me ayuda a vivir mejor mi pequeña parte de
sufrimiento, unida al misterio del sacrificio eucarístico.
En nuestra Comunidad hemos acordado hacer una "Cruzada de
Oración" y el ofrecimiento de nosotras mismas por todos los
sacerdotes. Sentimos mucho la exigencia de nuestra vocación de
abarcar con el corazón el mundo entero y especialmente a los
sacerdotes. Vivamos siempre unidos en el Corazón de Jesús al pie
del sagrario.
8.- Nací en Alemania en un familia protestante y estudié
Psicología en la Universidad de Hamburgo. Buscaba la verdad en los
estudios, en meditaciones orientales, en el yoga, con ayunos, etc.
Por fin, Cristo se me reveló como el Camino, la Verdad y la Vida y
entendí que debía dejar mi país e ir a otro, donde me esperaba
con una misión. Durante dos años estuve con unas religiosas
dedicadas al cuidado de inválidos, ancianos, etc. Allí me
convertí y me adherí a la fe católica.
Después, seguí unos cursos de teología y el 85 ingresé en
este monasterio. En la Fiesta de Pentecostés del 87 hice mis
primeros votos y el 9 de Junio de 1990, mi profesión solemne. Somos
7, dos tienen 80 años y cuatro más de 70, yo tengo 35. Y me siento
feliz de poder ayudarlas. Me dedico casi todo el tiempo a pintar en
tela, es mi principal trabajo.
Amo muchísimo a Jesús y me gusta pasarme horas enteras con El
en el Santísimo Sacramento. Estoy consagrada a El como víctima por
los sacerdotes y la unidad de la Iglesia, y me siento contenta de
hacer algo por Jesús.
9.- Hace bastantes años sentí muy fuerte y viva la necesidad de
ofrecerme víctima al Señor por los sacerdotes, Mi director
espiritual lo aprobó y fue él mismo quien presentó mi ofrenda en
una eucaristía. Mi deseo estaba escrito en un papelito, que colocó
debajo de la patena,
Un día de intimidad con Jesús, le pregunté cuál era su mayor
dolor, y me respondió: LA INFIDELIDAD DE ALGUNOS SACERDOTES. Desde
entonces, la entrega de mi vida está en función de esa misión
específica, los sacerdotes, especialmente cuando los conozco o
tengo contacto con ellos.
10.- Me he consagrado a Jesús víctima por los sacerdotes. Los
sacerdotes sois mi debilidad, y que Jesús me pueda aceptar como
víctima por vosotros es la gran ilusión de mi vida, que todos los
días presento a Dios en la Eucaristía. Cuando el sacerdote eleva
el cáliz y lo mantiene unos segundos en alto, en medio de ese
silencio sobrecogedor, Jesús me impulsa a ofrecerle toda la sangre
de mis venas para que se mezcle con la suya en el cáliz y así suba
al Padre para que se derrame sobre los corazones de los sacerdotes y
así ellos tengan fuerza para seguir siempre al lado de Dios.
Ofréceme todos los días en la misa como víctima por medio de
tus manos y así, unidos a todas las almas víctimas, podamos formar
un ramillete de amor a Jesús como reparación de las ofensas que
recibe en la Eucaristía y especialmente de los sacerdotes infieles.
11.- A veces, siento el llamado a ofrecerme víctima por los
sacerdotes como una dulce súplica de Jesús que no puedo resistir y
me hace llorar. Algunas veces, es como una fuerza avasalladora que
me empuja a hacerlo. Tengo el presentimiento de que si no soy fiel a
esta llamada de Jesús, le voy a defraudar en lo que espera de mí.
Por ahora tengo el permiso de nuestra Madre, pero el confesor me
ha dicho que espere un poco. Esperaré y obedeceré, tal vez Jesús
así lo quiera. Pero yo siento ansias de entregarle todo mi amor por
los sacerdotes, por las almas y por todo lo que El quiera, aunque
tenga que ser triturada por el dolor. Yo confío en Jesús y me
abandono en sus manos.
LA MISA COSMICA
El cielo y la tierra de alaban, Señor, y mi espíritu te canta
agradecido. Por eso, en este nuevo amanecer de este día más de la
historia del mundo, elevo mis manos hacia Ti, Señor, y te ofrezco
sobre el altar de la tierra la misa del mundo.
Mi misa, cada misa, es la misa del mundo, porque es la misa de
Jesús, que sigue ofreciéndose al Padre en cada instante por la
salvación del mundo. Es una misa cósmica, porque abarca a toda la
humanidad y a todo el universo y se extiende a todos los tiempos y
lugares. Desde el primer hombre hasta el último, desde la primera
partícula creada hasta la última, desde este lugar en que me
encuentro hasta el más remoto lugar del universo.
Mi misa, cada misa, es tan valiosa que tiene valor infinito y se
prolonga por la eternidad. Es eterna, porque es la misa de Jesús y
Jesús es eterno y en la medida en que yo me identifique con El en
cada misa, me prolongaré en la eternidad de Jesús y seré
sacerdote eternamente.
Oh Dios mío, en este momento, como sacerdote, como otro Jesús,
quiero ofrecerte el dolor y el sufrimiento de toda la humanidad, sus
pecados, alegrías y esperanzas, quiero limpiar la tierra con la
sangre de Jesús y ofrecértela limpia y brillante de luz. Quiero
bendecirla con tu Amor divino para que la recibas con agrado y le
des tu perdón. Quiero, Padre santo, ofrecerte el Amor y la sangre
de Jesús para consolarte de tantos pecados, egoísmos y oscuridad
que existe en el mundo.
Quiero ofrecerte la Creación con sus plantas, animales y cosas
bellas para que te alaben y bendigan tu nombre, desde el humilde
pajarito hasta las más grandes estrellas, desde el pequeño átomo
hasta las más grandes galaxias. Todo te lo ofrezco, Padre, con
Jesús por el Espíritu Santo y por manos de María.
Y ahora quiero consagrarte mi vida entera para que sea una
lamparita eterna ante tu trono, una hostia humilde para tu gloria,
una pequeña víctima de Jesús. Ven, Espíritu Santo, y
transfórmame en Jesús en cada misa, que sea sacerdote en plenitud,
que cada misa que celebre sea una misa cósmica, que abarque a la
Humanidad entera y a todo el Universo.
Que haga de mi vida una misa constante y te ofrezca el pan y el
vino de mi trabajo, de mi dolor, de mis esperanzas, pecados,
alegrías, en unión con toda la Humanidad y con toda la Creación.
Recibe, Padre, la misa de mi vida y la misa cósmica de cada
eucaristía.
ORACION
PARA CONSAGRARSE VICTIMA POR LOS SACERDOTES
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Postrada ante
vuestra presencia soberana delante del Santísimo Sacramento del
altar y en presencia de mi Madre Santísima, de mi ángel de la
guarda, de san José y de todos los santos y ángeles del Universo,
te pido humildemente que aceptes mi vida como víctima de Amor por
la salvación y santificación de los Sacerdotes y que esta mi
ofrenda llegue también a todos los que todavía sufren en el
purgatorio.
Y, a la vez, te pido, mi amado Jesús, esposo de mi alma, que por
el poder del Espíritu Santo y para gloria de nuestro Padre
Celestial y con la intercesión de María, nuestra Madre, me
concedas la gracia de estar presente espiritualmente contigo en
todas las misas que se celebren en el mundo y en todos los sagrarios
de la tierra de modo que mi vida sea toda un holocausto de Amor para
alabanza de tu gloria. AMEN.
EL SEÑOR LAS NECESITA
El Señor las necesita a cada una sin excepción. No importa que
sean pobres, enfermas o ignorantes. El ya lo sabe. Sólo quiere su
AMOR. Escuchemos el mensaje de Jesús a una religiosa contemplativa:
"Yo deseo AMOR, AMOR, AMOR. Yo te amo con amor celoso y no
admito rivales. Yo deseo que seas totalmente mía y que todo lo que
haces sea para mí Yo quiero que me adores y vivas para mí,
respires para mí, ames por mí, rías por mí, te inmoles a ti
misma por mí. Hazlo todo por mí. Yo quiero consumirte en el fuego
divino de mi AMOR".
Y una de ellas respondía: "Quiero ser la fidelidad
personificada, darme sin medida, sin traiciones sin miedos, sin
esperar recompensa. Mi ser vibra de AMOR por El, quiero darme
totalmente a El, quiero ya partir para estar siempre con El sin
distracciones, sin ruidos, PARA SIEMPRE".
No olviden que de su generosidad depende la salvación de muchas
almas y esto es algo muy serio, no es cosa de juego. No podemos
salvarnos solos. No somos islas. Somos padres de las almas. Qué
tristeza, si un día, alguien de los que Dios nos ha encomendado,
nos dijera: Por tu culpa, por tu culpa me condeno. ¿Y si fuera un
sacerdote, que arrastra consigo a otras muchas almas? ¿Nos podemos
imaginar ir al cielo sin los seres más queridos de nuestra familia?
Si alguien se condena, que sea por su propia y exclusiva
responsabilidad, pero no por no haberla ayudado lo suficiente. ¿Nos
darnos cuenta de lo que esto supone para nosotros en orden a ser
más fieles al Señor y no dejarnos llevar de la mediocridad, cuando
hay tantos hijos espirituales que levantan sus manos desesperados,
pidiendo ayuda? No olvidemos las palabras de Nuestra Madre en
Fátima el l3 de julio de 1917: "Rezad, rezad mucho y haced
sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno,
porque no hay quien se sacrifique ni ore por ellas". Jesús y
María están tristes Y lloran lágrimas de sangre al ver tanta
oscuridad, pecado y egoísmo que hay en el mundo. ¿No seremos
capaces de consolarlos y reparar, antes de que venga la justicia
divina sobre el mundo?.
Tomad en serio vuestra vida. Sed santas y orad mucho por los
sacerdotes. VOSOTRAS SOIS LA ESPERANZA DE LA IGLESIA.
Que seáis las personas más felices del mundo por el Amor.
Es el mejor deseo de vuestro amigo y hermano Ángel Peña
(Agustino Recoleto)