LA VIDA ES SAGRADA
Cuestiones de Bioética
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2009
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
Control de natalidad. El sida. Anticonceptivos. El aborto.
Diagnóstico prenatal. Valoración de la vida humana. Fecundación
asistida. La clonación. Células madre o estaminales. La eutanasia.
Objeción de conciencia. Reflexiones. Eufemismos de la cultura de la
muerte.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro queremos hablar sobre la sacralidad de la vida
humana desde el primer instante de la concepción. La vida es
sagrada y, por tanto, el aborto provocado es un crimen. Pero hay
muchas clases de aborto. No solamente el que se realiza para matar
la vida naciente en el vientre de la madre. Hay muchas
manipulaciones del embrión que llevan a la muerte al ser recién
concebido. Se producen abortos al realizar la fecundación in vitro,
al descongelar los embriones que son guardados como material
biológico o para usarlos en futuros implantes. También se dan
abortos en las investigaciones con células madre, que llevan a la
muerte de los embriones, y lo mismo en investigaciones sobre
clonación... En el mundo se da un verdadero genocidio de víctimas
inocentes no nacidas.
Otra de las lacras de la mentalidad moderna es la eutanasia que,
poco a poco, va ganando adeptos. Para muchos, la vida en estado
terminal, cuando existe una enfermedad incurable, ya no tiene valor
y, por eso, consideran que la mejor solución es la eutanasia. Como
si las vidas humanas sólo tuvieran valor, cuando son jóvenes,
sanas y útiles. No se valora al ser humano por su dignidad y su
alma inmortal, que tiene un destino eterno.
Por todo ello, queremos aclarar estos temas de bioética para que
los católicos puedan tomar decisiones correctas en los casos
difíciles, que se les puedan presentar, actuando de acuerdo a la
doctrina de la Iglesia y siendo siempre defensores de la vida.
CONTROL DE NATALIDAD
El clérigo anglicano Thomas Malthus dio a conocer en 1798 una
teoría sociológica revolucionaria. En su Ensayo sobre el principio
de la población sostiene que el crecimiento natural de la
población está destinado a ser siempre mayor que el de los
suministros económicos. Con esto daba a entender que la humanidad
corría el riesgo de crecer cada vez más en número y tener menos
alimentos cada día, con lo que habría millones de muertos por
doquier. Decía, por ejemplo, que Inglaterra no podría albergar
nunca más de 10 millones de personas; pero, actualmente, tiene más
de 50 millones y no hay muertos por hambre como él vaticinó.
Según sus planteamientos, debería haber un control de la
población para evitar que los pobres se pudieran reproducir, pues
los veía como una amenaza a la supervivencia de los demás.
Charles Darwin, al escribir El origen de las especies, aplicó la
teoría de Malthus y habló de la selección natural como una manera
de supervivencia de las razas superiores; creando así una
mentalidad racista, cuyos efectos catastróficos se pudieron
comprobar cuando los nazis lo llevaron a la práctica durante la
segunda guerra mundial.
Según su opinión, para que la sociedad pueda progresar es
preciso eliminar a las razas menos aptas o menos dotadas. Por eso,
el título completo de su primera obra, publicada en 1859, era El
origen de las especies a través de la selección natural o la
preservación de las razas más dotadas en la lucha por la vida.
Escribió: Entre los salvajes, los más débiles de cuerpo o de
mente resultan rápidamente eliminados y los que sobreviven,
generalmente exhiben un vigoroso estado de salud… Los hombres
civilizados entorpecen el proceso de eliminación de los menos
aptos: construimos asilos para imbéciles, para lisiados y para
enfermos; promulgamos leyes para los menesterosos y nuestros
profesionales de la medicina ejercitan toda su habilidad para salvar
la vida de cada persona hasta el último momento... De esta manera,
los más débiles de las sociedades civilizadas propagan su
debilidad. Y tal obstáculo a la severidad de la selección natural,
es manifiestamente absurdo, porque nadie que haya presenciado cómo
se crían los animales domésticos puede dudar de que ese obstáculo
sea algo altamente dañino para la raza humana.
También habla de que, al no existir el alma humana, pues el ser
humano es fruto de la evolución y selección natural, el matrimonio
monógamo es algo artificial y no natural que debe ser eliminado al
igual que los seres inferiores. Sus teorías dieron pie para el
racismo y la eugenesia, eliminando así muchos derechos naturales
del ser humano.
De aquí es fácil entender las ideas de aquellos seguidores de
Malthus y Darwin que no valoran en absoluto la vida humana y que no
consideran personas con los mismos derechos a todos los enfermos
mentales, discapacitados o enfermos. Proponen la esterilización de
ellos como una posibilidad, incluso obligatoria. Y promueven la
eutanasia, el aborto, los métodos anticonceptivos y todo aquello
que sirva para el control selectivo de natalidad. Para ellos, la
vida humana sólo tiene sentido para gozar y disfrutar. Los únicos
valores supremos son el placer y la calidad de vida. Cuando estos
valores no se pueden conseguir, se promueve el suicidio o la
eutanasia. Y así, poco a poco, de la eutanasia de los enfermos
terminales, se pasa, como hizo Hitler, a los enfermos mentales y a
todos aquellos considerados económicamente inútiles.
En 1952, la norteamericana Margaret Sanger (1879-1966) fundó la
IPPF (International Planned Parenthood Federation, Federación
internacional de paternidad planificada), que es una de las
organizaciones mundiales más acérrimas defensoras del aborto y de
la anticoncepción a gran escala.
Sanger promovió la libertad sexual total. En su libro The woman
rebel (La mujer rebelde), publicado en 1914, habla de que el sexo es
una necesidad vital para ser feliz. Ella tuvo muchos amantes. Y, ya
anciana, le aconsejaba a su nieta de 16 años: En cuanto a las
relaciones sexuales, te diría que tres veces al día es más o
menos lo adecuado.
Y ella misma escribía: Estamos derribando los tabúes que rodean
al sexo. Los códigos que han rodeado el comportamiento sexual en
las llamadas comunidades cristianas; las enseñanzas de la Iglesia
relativas a la castidad y las convenciones hipócritas de la
sociedad han manifestado su fracaso por no reconocer el sexo como
una fuerza motora de la naturaleza humana: una fuerza tan grande e,
incluso, más grande que el hambre. Su energía dinámica es
indestructible. Puede ser transmutada, refinada, dirigida, incluso
sublimada; pero ignorar, descuidar o negarse a reconocer esta gran
fuerza elemental no es nada más que necedad.
Y sigue diciendo: Aprobamos la política de esterilización
inmediata para asegurarnos de que la paternidad es algo
absolutamente prohibido para los incapaces. Para ella, la
esterilización artificial de los enfermos y menos dotados debía
ser obligatoria. Actualmente, la IPPF promueve mucho el diagnostico
prenatal para detectar a los minusválidos y poder abortarlos.
También promueve la total libertad sexual, pues sin ella dicen que
no puede haber completa felicidad.
Recomiendan a los jóvenes el libro de Jane Cousins Hazlo feliz,
donde se ofrece a los jóvenes detalles sobre relaciones sexuales de
toda clase: orales, anales, en grupo... Se propicia el incesto, la
masturbación e, incluso, la bestialidad; y a eso llaman educación
sexual. En una palabra, fomentan el placer, pero evitando los hijos;
sin hablar para nada de amor, castidad, matrimonio, fidelidad o
responsabilidad.
La IPPF considera el crecimiento demográfico de los países
pobres como una amenaza a la seguridad de los países ricos.
Siguiendo estos mismos criterios, Estados Unidos y los países ricos
promueven el control de natalidad a toda costa en países pobres,
condicionando los préstamos y la ayuda económica a la
implementación de políticas de control demográfico, que incluyen
el aborto, la anticoncepción y las esterilizaciones masivas
(vasectomía y ligadura de trompas).
La esterilización masiva y forzosa de mujeres pobres, por medio
de la ligadura de trompas, ha sido uno de los recursos más usados
en los países pobres donde es ilegal el aborto. Muchísimas mujeres
pobres y analfabetas han sido esterilizadas después de haber sido
manipuladas mediante el engaño, la extorsión (si quieres atención
médica, tienes que esterilizarte) o la oferta de alimentos y ropa.
Incluso, bastantes mujeres han fallecido por realizarse las
ligaduras de trompas en lugares mal acondicionados (quirófanos
improvisados en consultorios médicos rurales) y por hacerse
precipitadamente y con poca higiene.
Toda esterilización supone una mutilación corporal y, como tal,
nunca puede ser justificada, pues va en contra de la dignidad de la
persona.
En cuanto a la esterilización masculina por vasectomía, aunque
no hay un veredicto final, los estudios recientes indican que tienen
efectos negativos sobre el sistema inmunológico. Y en la comunidad
médica hay un aumento de críticas a las declaraciones de que la
vasectomía es segura y sin riesgos.
Según estudios científicos, después de la vasectomía la
producción de semen continúa igual que antes, alrededor de 50.000
espermatozoides por minuto. Por falta de un pasaje anatómico
normal, estas células son consumidas por células destructoras
(macrófagos) o se degeneran y producen antígenos que producen
anticuerpos. Se han identificado al menos ocho antígenos
espermáticos. Un estudio sobresaliente realizado por Nancy J.
Alexander y Thomas B. Clarkson concluyó que la reacción
inmunológica al antígeno espermático agrava la arterosclerosis.
Otros autores en la década de los ochenta como Richard Ablin del
Instituto Kekroen de Chicago, formuló la hipótesis de que el
cáncer de próstata puede ser causado por el semen no eyaculado.
Una década más tarde, otros epidemiólogos reportaron una
inesperada asociación entre la vasectomía y el cáncer de
próstata. Esta relación puede ser tres o cuatro veces más de lo
normal. Y, aunque no hay estudios definitivos, la Asociación
americana de urología ha recomendado que todos los que se someten a
la vasectomía sean informados sobre los posibles riesgos de cáncer
de próstata, mayores cuanto más años hayan transcurrido desde la
operación. También se reportan otros tipos de enfermedades e
incluso trastornos sicológicos.
En la India de Indira Ghandi se esterilizaron siete millones y
medio de personas en diez meses. Y, después, se continuó hasta
llegar en total a esterilizar a 13 millones de personas. También en
América Latina ha habido muchas esterilizaciones. En México, entre
1978 y 1984, se habrían esterilizado millón y medio de mujeres, de
las que 60% eran indígenas. Otros abusos de estos se han denunciado
en Guatemala, Perú, El Salvador y Bolivia. En el Perú, entre 1975
y el año 2000, se esterilizaron 215.227 mujeres y 16.547 hombres.
. En USA hay 11 millones de mujeres esterilizadas (18%) y un 10%
toma la píldora. En Brasil, en 1996, el 40% de mujeres que vivían
con una pareja estaban esterilizadas (www.brazil.com de octubre de
1998). En algunos países, la esterilización, más o menos
escondida, de los enfermos mentales está aceptada.
En China las campañas incluyen no sólo las esterilizaciones
masivas e intimidatorias, sino también el aborto forzoso,
basándose en la política de un solo hijo por familia. El 1 de
setiembre del 2002 entró en vigor oficialmente en China la primera
ley que regula la política del hijo único, después de más de 20
años de aplicación práctica. Estos programas son un ejemplo de
violaciones de los derechos humanos, que se cometen en nombre del
control de la natalidad. Pero lo más triste es constatar que estos
programas son propiciados por el Fondo de Población de Naciones
Unidas (UNFPA), que ha premiado a los gobiernos de India y China por
los logros alcanzados en el control demográfico.
Tenía razón el filósofo español Julián Marías al decir que
quienes piensan así, en términos catastróficos y económicos,
reducen lo humano casi al nivel de la zoología. Ven en la mujer
embarazada una simple hembra irresponsable, una auténtica amenaza
al ecosistema de la tierra, que no tiene ningún derecho a decidir
sobre el número de hijos que quiera tener.
De esta manera, se acaba tratando a los pobres o a los enfermos
como estorbos, como si fueran una especie de contaminación que hay
que eliminar.
Cuando ellos hablan de planificación familiar, no hablan de
personas o de dignidad personal o de valores espirituales, sólo
hablan de números y de problemas económicos. Pero hay que hablar
también de la dignidad personal para evitar tantos millones de
abortos, y hay que hablar de la importancia de la fidelidad en el
matrimonio, si queremos que sean felices y responsables, y evitar
las enfermedades de transmisión sexual. La humanidad no puede
progresar mientras no crezca en valores, es decir, en dignidad
humana. Por eso, siempre hay que defender la vida humana y los
derechos fundamentales del ser humano.
Sin embargo, el 17 de agosto del 2007 tuvo lugar en México la
vigésima octava reunión del Consejo internacional del Movimiento
Amnistía internacional, el movimiento de activistas de derechos
humanos más importante del mundo. Asistieron 400 delegados de 75
países y decidieron apoyar el aborto en todas sus formas. De esta
manera, querían expulsar del Movimiento a la Iglesia católica, que
es la principal opositora al aborto y a los métodos
anticonceptivos. Esta decisión pro-abortista de Amnistía
internacional, dejando su anterior neutralidad en este tema, marca
una ruptura definitiva con el espíritu de su fundador, el
convertido católico británico, de 46 años, Peter Benenson.
En cambio, la Iglesia siempre defiende la vida. El Papa Juan
Pablo II decía: La Iglesia está a favor de la vida... Por eso,
condena como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia,
todas aquellas actividades de los gobiernos o de otras autoridades
públicas que tratan de limitar de cualquier modo la libertad de los
esposos en la decisión sobre los hijos. Por consiguiente, hay que
condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia
ejercida por tales autoridades a favor del anticoncepcionismo e
incluso de la esterilización y del aborto procurado. Al mismo
tiempo, hay que rechazar, como gravemente injusto, el hecho de que
en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida
para la promoción de los pueblos, esté condicionada a programas de
anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado (Familiaris
consortio 30).
Hoy día los países desarrollados hablan mucho de derechos
reproductivos y de salud reproductiva, como si el ser humano tuviera
derecho a cualquier método anticonceptivo, incluido el aborto y la
esterilización, con tal de evitar embarazos no deseados. Nunca
hablan de responsabilidad en el ejercicio de la actividad sexual,
olvidando que el embarazo es la consecuencia natural del acto
sexual. Un supuesto derecho que se trata de imponer a todos los
países en las Conferencias mundiales de la ONU es el derecho de los
adolescentes a usar los centros de planificación familiar sin el
consentimiento de sus padres. Hay que tener en cuenta que la ONU
considera adolescente al niño a partir de los 10 años. En estos
Congresos hablan mucho de maternidad segura y de sexo seguro,
queriendo hablar del derecho al aborto, pues se considera que todo
embarazo es un riesgo para la madre. El concepto de maternidad
segura fue creado por varias agencias de la ONU y salió a luz en la
Conferencia internacional de Nairobi en 1987.
Veamos algunos derechos, que se quieren incluir en la relación
de derechos humanos de la ONU:
El derecho a usar de la sexualidad sin condiciones,
independientemente de la reproducción. El derecho a estar
informados sobre los métodos de control de natalidad y de
esterilización masculina o femenina para poder decidir libremente.
El derecho a recibir gratuitamente del Estado los medios
anticonceptivos o abortivos convenientes, sin distinción de
personas menores o adultas, casadas o solteras. El derecho a decidir
sobre su propio cuerpo, incluido el derecho a abortar. El derecho a
elegir pareja (sea cual sea su sexo u orientación sexual) sin
presiones ajenas ni condicionamientos morales. El derecho a tener
hijos con cualquier método posible (inseminación artificial,
fecundación in vitro, clonación...). El derecho a investigar con
embriones, células madre... El derecho a morir con dignidad.
Estos supuestos derechos quieren aplicarlos también a los
adolescentes y quieren que se los considere como tales a partir de
los 10 años y que tengan acceso a todos los medios anticonceptivos
aun sin consentimiento de sus padres, a quienes se despoja así del
derecho a ocuparse de la educación afectiva y sexual de sus hijos
adolescentes. Se trata de legalizar estos derechos para los
adolescentes para que así su sexualidad esté bajo control estatal
y no de sus padres.
Si se consigue que estos falsos derechos humanos, que no
responden a las exigencias de la naturaleza humana, sean aprobados
por la ONU, se impondrán a todos los países. En todo esto subyace
la idea de una falsa libertad sexual, que no es más que
libertinaje, desvinculada totalmente del bien de la persona y de la
familia. Un idealizado y falso sexo seguro aumentará
inevitablemente las enfermedades de transmisión sexual,
especialmente el sida, con los millones de muertes que implica.
Porque no existe el sexo seguro más que en el matrimonio.
EL SIDA
El sida o síndrome de inmunodeficiencia adquirida se produce a
causa del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Una persona
normal tiene un número de linfocitos CD4 entre 800 y 1200 cel/mm3
de sangre; pero, al final de la etapa de la enfermedad, tiene menos
de 50/mm3. Disminuyen unos 100/mm3 por año. En unos 10 años, como
máximo, el paciente suele morir.
Según datos de UNAID (Programa de las Naciones Unidas sobre el
sida), a finales de 2005 había unos 40 millones de personas en todo
el mundo que vivían con el VIH; en el curso del año 4 millones
contrajeron la infección por el VIH, y alrededor de 3 millones
perdieron la vida a causa del sida. África subsahariana, con poco
más de una décima parte de la población mundial, alberga casi el
64% de todas las personas que viven con el VIH: 24,5 millones. Dos
millones de ellas son niños menores de 15 años.
Esta enfermedad se está extendiendo de modo incontenible en
todos los países, afectando incluso a niños recién nacidos, que
reciben la enfermedad a través de la sangre infectada de sus
madres. La transmisión de esta enfermedad se produce,
especialmente, a través de la sangre y de las secreciones genitales
del infectado. Por eso, aparte de la transmisión por transfusiones
de sangre, el sida se transmite especialmente por vía sexual. Son
especialmente sujetos de riesgo los drogadictos, que comparten
jeringuillas, en las cuales hay pequeñas gotas de sangre. Y
también aquellos que tienen relaciones sexuales promiscuas. De ahí
que los Estados tienen una gran responsabilidad en la propagación
del sida por hablarles a los jóvenes de sexo seguro, inculcándoles
el uso del preservativo, como si fuera absolutamente de garantía.
Todos los médicos saben que la protección del preservativo no es
100% segura, pues puede romperse o deslizarse durante las relaciones
sexuales. De hecho, según estudios serios, el fallo del
preservativo para impedir la transmisión del sida es al menos del
15%. El peligro es mucho mayor que el riesgo al embarazo, pues el
espermatozoide es 500 veces mayor que el virus del sida y, además,
el embarazo sólo puede darse unos pocos días al mes, mientras que
el sida se puede transmitir todos los días.
Los días 12 y 13 de junio de 2000, cuatro agencias
gubernamentales de Estados Unidos: USAID (Agencia para el Desarrollo
internacional), CDC (Centros de Control y prevención de
enfermedades), FDA (Administración de alimentación y fármacos) y
NIH (Instituto nacional de salud) patrocinaron un encuentro de
debate y estudio para evaluar la efectividad de los preservativos de
látex masculinos en la prevención del sida y de otras enfermedades
de transmisión sexual. Su Workshop Summary scientific evidence on
condom effectiveness for sexually transmitted disease prevention fue
publicado el 20 de julio de 2001. En este informe científico, de
primer nivel, se indica la evidencia científica disponible de que
el preservativo reduce el riesgo del sida en un 85%. Lo que
significa que hay un 15%, al menos, de riesgo.
Por esto, el Instituto católico de la familia de USA publicó un
reportaje Physicians groups charge US gobernment with condom
cover-up, declarando que más de 10.000 médicos de USA acusan a los
Centros de Control de la enfermedad (CDC) del Gobierno de USA por
estar encubriendo estas investigaciones y no publicarlas para que el
público en general sepa que el condón no protege al 100% del sida,
sino, como máximo, al 85%. Esto quiere decir que el llamado sexo
seguro con el condón es, en realidad, como una ruleta rusa, cada
vez más peligrosa con el repetido uso del condón.
El fracaso del condón, atestiguado por organismos
internacionales, así como por estudios científicos y experiencias
de la vida real, va totalmente en contra de las acusaciones que han
sido hechas a la Iglesia, es decir, que la Iglesia está
contribuyendo a la muerte de millones de personas al no fomentar ni
permitir el uso de preservativos en la lucha contra la pandemia del
sida. ¿Pero no son acaso muchos más los que caen víctimas de un
falso sentido de seguridad, creado por las campañas que promueven
el sexo seguro, olvidándose del hecho de que hay múltiples
factores que llevan al preservativo al fracaso?
El profesor Mauro Moroni, uno de los más importantes expertos
italianos en enfermedades infecciosas, ha dicho: El sida es una
típica epidemia de difusión por la conducta... Si estas conductas
cambian, el sida puede ser detenido sin una intervención
profiláctica específica.
Todo lo que implique fomentar la promiscuidad sexual o el uso de
drogas es cualquier cosa menos prevención, y presentarlo como tal
supone un trágico engaño. Favorecer la promiscuidad sexual es la
primera causa de la epidemia.
Por eso, hay que publicar y ensalzar el ejemplo de Uganda. El
presidente de Uganda, Yoweri Museveni, en la conferencia
internacional sobre el sida tenida en Bangkok en julio del 2004,
mencionó el éxito de su país en la lucha contra el sida. Y dijo:
El sida es fundamentalmente un problema moral, social y económico.
Considero que los preservativos son una improvisación, no una
solución... Las relaciones humanas deben basarse en el amor y en la
confianza... La abstinencia es más eficaz que el preservativo. Su
esposa, por su parte, afirmó: El reparto de preservativos a la
juventud significa concederles permiso para que hagan cualquier cosa
y eso conduce a una muerte segura.
Mientras el sida se difunde en África, Uganda queda como un
éxito aislado, donde millones de ugandeses han adoptado una
moralidad sexual tradicional, que incluye la abstinencia fuera del
matrimonio y la fidelidad en el matrimonio para evitar la
infección. En este país el sida se redujo del 15% al 4% entre 1991
y 2004. Pero la Comunidad internacional se ha mostrado reacia en
promover esta estrategia en otros lugares y ha continuado en cambio
poniendo su confianza en los preservativos.
La FDA norteamericana para el control de alimentos y fármacos
exige a los productores de condones pruebas de agua para examinar
los ejemplares de cada lote, buscando pérdidas. Si el test detecta
una tasa de defectos superiores al 4 por mil, se desecha el lote. Si
se permiten cuatro preservativos defectuosos en cada lote de mil,
debe haber cientos de miles de preservativos defectuosos circulando
en el mundo, vendidos y distribuidos gratuitamente y lo más
probable es que estén contribuyendo a difundir el sida y otras
enfermedades. ¿Sabe el público que el riesgo se incrementa cuanto
mayor es la frecuencia y la promiscuidad?
El cardenal Eugenio de Araujo Sales, que fue muchos años
arzobispo de Río de Janeiro, declaró que muchos lotes de
preservativos fueron retirados del mercado en Brasil durante 1999,
2000 y 2003, debido a fallos en diferentes test y al descubrimiento
de productos falsificados. En 1999 se retiraron, según el cardenal,
1.036.800 unidades del preservativo “Prudence”, la tercera marca
del Brasil. Por otra parte, no hay que olvidar que los
preservativos, además de los posibles defectos de producción
pueden sufrir desperfectos tras su compra por el usuario final. En
mayor o menor medida pueden influir la exposición a la luz solar,
el calor (incluso el calor corporal, cuando se guardan en bolsillos
o carteras), la humedad, la presión atmosférica, el uso de ciertos
espermicidas... También puede sufrir deterioro inmediatamente antes
de su uso o durante el mismo por el contacto con objetos punzantes o
afilados, incluso las uñas. Por otra parte, tampoco deben usarse
los preservativos después de su fecha de caducidad y, si no la
hubiera, después de cinco años de su confección... No se deben
tomar estas cosas a la ligera, cuando se trata de un peligro mortal.
Por otra parte, un estudio realizado por la universidad de
Washington en la ciudad norteamericana de Seattle, reveló en junio
del 2007 que estaba apareciendo una nueva enfermedad de transmisión
sexual hasta ahora desconocida llamada Micoplasma genitalium y que
se está extendiendo especialmente entre los que usan preservativos.
Según el estudio, esta nueva enfermedad ha superado a la gorronea y
se ha colocado en segundo lugar después de la clamidia. Esta
enfermedad es producida por una de las bacterias más pequeñas
conocidas hasta ahora, apareció por primera vez en 1980 y ha
experimentado un crecimiento sorprendente. La tasa de infección es
cuatro veces más alta entre los que usan preservativos que en los
que no los usan.
Esta nueva enfermedad demuestra que el preservativo, aunque
reduce la posibilidad de contagio de algunas enfermedades de
transmisión sexual, es absolutamente inútil para prevenir otras
como la clamidia e, incluso, facilita la transmisión de esta nueva
enfermedad. Así lo afirmó el American Journal of public health.
Hablar de sexo seguro, cuando el preservativo sólo es eficaz en
un 85% de los casos, es una grave irresponsabilidad, sobre todo por
estar en riesgo de contraer una enfermedad que puede ser mortal. Por
eso, supone una gran contradicción que el 1 de diciembre, el día
que la ONU ha propuesto como Día Mundial del Sida, se promueva la
promiscuidad sexual, fomentando el uso del preservativo, en vez de
educar en los valores morales (castidad, fidelidad, respeto...), que
son los que realmente protegen a la persona del mal uso de su
sexualidad.
Como decía Christopher Smith, diputado del Congreso de los
Estados Unidos: Recientemente tuve la oportunidad de oír el
testimonio de una doctora de Kenya, la doctora Ogala, quien se
lamentaba de que las madres solían traer con frecuencia a sus
niños enfermos para ser tratados en su clínica, y la doctora Ogala
no tenía la penicilina que se necesitaba. En cambio, sus repisas
estaban llenas de preservativos, dispositivos intrauterinos y otros
anticonceptivos proporcionados por dólares internacionales.
En el África subsahariana, hay dos millones de niños huérfanos
a causa del sida; lo que significa que cada día esta enfermedad
está trayendo, no sólo más muertes y enfermedades, sino también
más pobreza en el mundo.
El descubridor del virus del sida, Luc Montagnier, hace años no
tuvo reparo en decir que las campañas de prevención del sida nunca
deberían fomentar una actividad sexual que sea contraria a las
exigencias biológicas de la naturaleza humana, y que hay que educar
a la juventud contra el riesgo de la promiscuidad sexual y del
vagabundeo sexual. En el fondo, es lo mismo que viene diciendo la
Iglesia: las leyes morales no son imposiciones arbitrarias, como si
quisieran impedir la felicidad de los hombres, sino conformes a
naturaleza del hombre, tanto biológica como sicológica y
espiritual. La misma biología nos enseña que la promiscuidad es
causa de muchas enfermedades.
Hay un dicho que dice: Dios perdona siempre; los hombres, a
veces; la naturaleza nunca. El actuar contra la naturaleza ha
ocasionado siempre graves perjuicios. Por eso, ojalá que todos los
jóvenes siguieran el dicho antiguo: Cada oveja con su pareja,
evitando la promiscuidad sexual. Ojalá que se acepte en la sociedad
el sentido del verdadero amor, pues el sexo es algo sagrado que
exige compromiso, responsabilidad, fidelidad y amor total de por
vida.
¡Cuánto sufrimiento hay en el mundo por culpa del sida!
¡Cuántos enfermos en fase terminal abandonados! La Iglesia siempre
ha tratado de estar a su lado. Lo prueba el hecho de que el 25% de
los enfermos del sida en el mundo son atendidos por Instituciones de
la Iglesia católica. Por citar algunos ejemplos: El sacerdote
jesuita y médico norteamericano Angelo D´Agostino fundó en 1992,
en Nyumbani, un centro sanitario que atiende a 2.000 africanos
seropositivos. La madre Teresa de Calcuta abrió centros para
atender a estos enfermos en distintos países, y así otras
Instituciones y Congregaciones católicas como los padres Camilos.
Cuando un enfermo de sida descubre su enfermedad, se siente
deprimido. Es un verdadero drama. Si estaba enamorado, debe
decírselo a su pareja. Si engendra un hijo, es consciente de que
puede contagiarle su enfermedad, al igual que a la esposa. Y
adquiere una gran inseguridad para hacer negocios a largo plazo o
comprar una casa, pues no sabe si podrá cumplir sus compromisos. La
primera pregunta que se hace un enfermo de sida es: ¿Hasta cuándo
durará mi vida? ¿Hay alguna solución? ¿Podré comprar los
medicamentos antirretrovirales? Por eso, en esos momentos de
angustia, hay que darles esperanza y hacer que encuentren en la fe
en Dios la fortaleza necesaria para seguir viviendo, aceptando sus
sufrimientos sin desesperación y ofreciéndolos por la salvación
del mundo.
El poeta Juan Ramón Jiménez expresaba así la desesperanza de
muchos jóvenes y la añoranza de un mundo mejor:
¡Oh, qué mano pudiera desbaratar lo hecho, clavar en cada
espina una hoja de rosa, poner la tarde en orden y convertir el
pecho en una estrella grande, serena y luminosa! (Melancolía 14)
Cuando está en juego la vida y el futuro de muchos jóvenes, y
no tan jóvenes, parece ridículo que mucha gente se ría, cuando se
habla de pureza, de fidelidad, de compromiso matrimonial eterno...
¿No resulta infantil decirles a los jóvenes, haz lo que quieras,
disfruta todo lo que quieras sexualmente, pero ten un poco de
cuidado para evitar los embarazos y el sida? ¿Se les puede mentir
tan cínicamente, diciéndoles que no hay problema con tal de usar
el preservativo? G.K. Chesterton, el gran novelista inglés,
convertido a la fe católica, decía con gran visión del futuro: La
próxima herejía va a ser sencillamente un ataque a la moral
sexual. Y no vendrá de algunos socialistas sobrevivientes de la
sociedad Fabiana, sino de la exultante energía vital de los ricos,
resueltos a divertirse por fin, sin papismo ni puritanismo ni
socialismo que los contengan (Chesterton, Weekly, 1926).
En conclusión, el sida es una amenaza para la humanidad y sólo
podrá ser vencida con responsabilidad, castidad y fidelidad
matrimonial.
ANTICONCEPTIVOS
Las píldoras anticonceptivas, en general, bloquean la
liberación del óvulo del ovario; por eso, se llaman anovulatorios.
Pero, en ciertos casos, sobre todo en el caso de las minipíldoras
(que contienen bajas dosis de estrógenos o progestágenos para
evitar los efectos secundarios) no llegan a impedir la ovulación y
tiene lugar la fecundación (unión del óvulo con el
espermatozoide). Sin embargo, tienen un efecto abortivo, ya que
alteran el endometrio de modo que impiden la anidación o
implantación en el útero del nuevo ser.
Los implantes (Norplant) y los anticonceptivos en inyección
mensual o cada tres meses (Depo-provera) actúan como abortivos
(impidiendo la implantación en el útero) en la mitad de los casos,
pues sólo impiden la ovulación en un 50% de las mujeres que las
usan.
La Administración para los alimentos y medicamentos de Estados
Unidos (FDA) advirtió que el parche para el control de nacimientos
Ortho Eve expone a quienes lo utilizan a un alto nivel de hormonas,
que conlleva a un riesgo de coágulos de sangre y otros graves
efectos secundarios. La FDA obligó a que se indicara a los usuarios
del parche, en una etiqueta escrita, que están expuestos a un 60%
más de estrógenos que usando las típicas píldoras
anticonceptivas.
Associated Press investigó algunos casos de muertes y lesiones y
encontró que cerca de una docena de mujeres murieron el año 2004
por coágulos de sangre, que se cree estaban relacionados con el
parche. Muchas más sufrieron ataques, u otros problemas
relacionados con los coágulos.
Un problema asociado a los anticonceptivos orales es el de la
depresión. Según un estudio realizado por el Alfred Hospital de
Melbourne (Australia), las mujeres que toman la píldora son dos
veces más propensas a tener depresión que aquellas que no la
toman.
En resumen, dicen los investigadores que las mujeres que no
utilizan anticonceptivos son las que mejor defienden su salud y
bienestar.
Ahora bien, el drama es que el 50% de las mujeres del mundo en
edad fértil (entre 15 y 49 años) usan algún tipo de contraceptivo
y sabemos que todos tienen efectos negativos sobre su salud. Dice
Guido Miglieta: Tomar píldoras expone a la mujer al peligro de
trombosis venosa profunda, embolia pulmonar y trombosis cerebral. Se
dan de tres a seis veces más problemas de salud que en las mujeres
que no toman píldoras en lo referente a accidentes
cardiovasculares, entre ellos el infarto cardíaco, patología de
las arterias (arterosclerosis), cardiopatías coronarias... También
hay posibilidades de malformaciones somáticas en el niño, si han
sido usadas durante el embarazo y posibilidad de desarrollar un
tumor maligno en el cuello uterino... Hay muchos efectos colaterales
como náusea, vómito, turgencia y tensión mamaria, hinchazón y
aumento de peso debidos a la retención de líquidos, dolor de
cabeza, depresión, sequedad vaginal, goteo o pérdidas de sangre
entre uno y otro reflujo, y también problemas sicológicos
El investigador Bayle dice que en Francia habría cada año entre
120.000 y 400.000 abortos cada año por efecto indirecto de tomar la
píldora combinada, pues el endometrio queda afectado y no puede
recibir al embrión que ha sido concebido.
La llamada minipildora por su bajo contenido en esteroides
(noretindrona o levonorgestrel) es también abortiva. La píldora RU
486 a base de mifepristón, comercialmente conocida como Mifegyne,
produce un 95% de abortos, en embriones ya implantados. Pero produce
muchas hemorragias y fuertes dolores abdominales. Además, el aborto
que provoca tiene el riesgo de ser incompleto y esto requiere
revisión uterina para eliminar las partes no expulsadas.
Actualmente, en el 5% de los casos en que no produce el aborto
deseado, puede ser responsable de graves malformaciones del
embrión. En 1997 se estimaba que un millón de mujeres en el mundo
habían recurrido a esta píldora. Hoy el mayor usuario es China,
donde en los últimos años se habrían realizado 20 millones de
abortos por este producto.
Los productos Misoprostol, por vía oral, o Gemeporst, por vía
vaginal, producen un aborto precoz. Son especialmente eficaces hasta
la quinta semana a partir de la concepción.
El metotrexate es una sustancia anticancerosa que es abortiva y
se usa para terminar con los embarazos ectópicos. Produce efecto en
un 90 a 96% de los casos, pero puede ser acompañado de importantes
hemorragias.
Las vacunas anti-embarazo anti-TBA y anti-HCG también son
abortivas. También lo son los contraceptivos inyectables,
suministrados en forma de inyecciones intramusculares renovables
cada tres meses. Es el caso de Depo-Provera y Norigest, pero tienen
muchos efectos secundarios negativos, como pérdida de densidad
ósea, hemorragias irregulares e impredecibles y, cuando se dejan,
se necesitan unos 13 meses para que la fertilidad pueda volver a la
normalidad. Además, el Depo-provera aumenta el riesgo de cáncer,
en especial de mama y de cuello uterino. Hay otros inyectables con
menos efectos secundarios y que deben suministrarse cada mes como
Cycloprovera o Cyclofem, Mesigyna o también Lunelle.
En cuanto a los implantes subcutáneos, son cápsulas de
silastic, teflón u otro material que contienen microcristales de
progestógeno o de un estrógeno asociado a un progestógeno de
emisión lenta. El modelo de estos implantes es Norplant, que es
abortivo y que provoca perdidas vaginales importantes, auténticas
hemorragias. Ya ha sido prohibido en Estados Unidos. Hay otros
implantes: Norplant 2, Capronor, Implanon...
Los DIU o dispositivos intrauterinos son los más utilizados en
países en vías de desarrollo. Lo usan el 19% de parejas en el
mundo y el 24% de los países subdesarrollados. Y lo usan el 46% de
parejas chinas. Hay distintos modelos de estos DIU, que son de
plástico, de plata o de cobre y con distintas formas: espiral, en
forma de T...
Estos dispositivos no se oponen a la fecundación, sino que
provocan endometritis uterinas y esta irritación del endometrio
hace que el útero, al igual que en el caso de las píldoras, sea
incapaz de recibir la anidación del embrión. También tienen
efectos secundarios molestos y frecuentes como infecciones
pélvicas, que, a veces, llevan a la esterilidad. Según
estadísticas de la OMS (Organización mundial de la salud) habría
un riesgo de tres infecciones pélvicas por cada 100 mujeres al
año. También hay peligro de perforación del útero, embarazos
ectópicos, graves hemorragias, etc.
Recientes investigaciones concuerdan en afirmar que en las
mujeres que usan de manera prolongada la píldora u otros
anticonceptivos orales, se incrementa el riesgo de cáncer de
cérvix. Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han
indicado que el riesgo de cáncer de cérvix es 30-40% mayor en
mujeres que usan anticonceptivos.
En diciembre del 2002, el Departamento de Salud de Estados
Unidos, reconoció oficialmente que los estrógenos empleados en las
píldoras anticonceptivas eran cancerígenos. El informe, que
permitió incluir a los estrógenos entre los cancerígenos
reconocidos, fue realizado por los Institutos nacionales de salud
(NIH). Según el informe, los cancerígenos están presentes en
todas las píldoras anticonceptivas “combinadas”, es decir, que
incluyen estrógenos y progesterona. Estas peligrosas sustancias
también están presentes en la famosa píldora del día siguiente.
Y también en otras llamadas Preven, Ovral, Ogestrel, Alesse,
Aviane, Levlite, Nordette, Levora, Trivora, Levonorgestrel, Norlevo,
Postinor...
Los ginecólogos se sorprendieron de estos informes y todos
reconocen que el riesgo de contraer cáncer, consumiendo estas
sustancias, es mayor de acuerdo al tiempo de consumo de estos
fármacos.
En cuanto a las cremas o jaleas, la firma norteamericana Johnson
& Johnson ha sido demandada varias veces por el nacimiento de
niños deformes, concretamente con relación a la jalea Orthogynol.
Y no olvidemos la famosa píldora talidomida, actualmente prohibida,
que fue la causa de que nacieran muchos niños sin brazos que viven
hoy día.
Para aquellos que creían que la píldora iba a mejorar los
matrimonios, los hechos demuestran otra cosa. Michael McManus dice:
Desde que se comenzó a vender la píldora en 1960, los divorcios se
han triplicado, los nacimientos extramatrimoniales pasaron de
224.000 a 1.200.000 en USA; los abortos se han duplicado y las
parejas de hecho se han multiplicado por diez y han pasado de
420.000 a 4.200.000.
El argumento, según el cual, la difusión de la contracepción
produciría una reducción del número de abortos, ha sido
desmentido por los hechos en los países donde los distintos
métodos de contracepción han sido ampliamente llevados al
conocimiento público y, en particular, de los adolescentes. Aunque
la contracepción ha realizado progresos importantes, el número de
abortos ha aumentado en el transcurso de los años tanto en número
absoluto como relativamente al número de los nacimientos.
Si la Iglesia aceptara como buenos los anticonceptivos, todos se
sentirían libres de usarlos, incluso los jóvenes no casados. Se
podrían comprar en cualquier tienda, como sucede actualmente con
los preservativos, y todo ello no haría más que aumentar aún más
los adictos al sexo. De hecho, en los últimos años han aumentado
las violaciones de mujeres indefensas, al igual que la
prostitución, el sida y otras enfermedades de transmisión sexual.
Y cada día aumentan más los abortos en todos los países,
especialmente, en los que el aborto está legalizado.
Veamos ahora el caso especial de la píldora del día siguiente
(PDS), que está de moda. Se le llama también anticonceptivo de
emergencia, y su principio activo es el levonorgestrel, una hormona
sintética parecida a la progesterona, y que está contenida en
muchas píldoras anticonceptivas normales. Pero la particularidad de
la PDS es que la contiene en grandes dosis, hasta 50 veces la de una
píldora anticonceptiva normal. Con estas dosis, la PDS tiene tres
efectos: Primer efecto, impedir la anovulación; segundo, espesar el
tapón de moco que cierra el cuello del útero; y tercer efecto,
impedir la implantación del ser concebido en el útero (abortivo).
En el 70% de los casos actúa por este tercer efecto abortivo.
Pensemos, por ejemplo, que los espermatozoides, después que han
sido depositados en la vagina de la mujer en la relación sexual,
ascienden a una velocidad de 3mm. por minuto, y pueden estar en las
trompas de Falopio 2 ó 3 horas después.
Si la mujer ya ovuló, la fecundación tendrá lugar, y la mujer,
cuando tome la PDS al día siguiente, ya tendrá un nuevo ser
concebido, viajando por la trompa hacia el útero. Sus efectos son
la alteración del ciclo menstrual, produce náuseas, tensión
mamaria, debilidad, mareo, acné, dolor de cabeza, pérdida del
deseo sexual, depresión, vómito... La FDA (Food and Drug
Administration), el organismo más prestigioso de los Estados Unidos
en materia de medicamentos, reconoce los efectos abortivos de esta
píldora, pues afirma que impide la implantación del embrión en el
útero.
El laboratorio Schering dice sobre la píldora del día siguiente
PDS: Tomada conforme a las prescripciones, ofrece una protección
contra el embarazo de diversos tipos: en general, impide la
maduración de un óvulo fecundable. Además, produce una
densificación de las secreciones cervicales que vuelve difícil la
progresión de los espermatozoides. Por otra parte, la mucosa del
útero no está preparada para el embarazo.
Eso quiere decir que, si no está preparada para el embarazo, lo
abortará, pues no podrá implantarse el embrión en el útero.
El laboratorio Organon dice: Esta píldora puede obrar a tres
niveles para una máxima seguridad: permite el bloqueo de la
ovulación a nivel del ovario, impide la implantación del óvulo
(fecundado) e impide que los espermatozoides lleguen al útero.
Tomada correcta y regularmente, la píldora permite evitar el riesgo
de embarazo en más del 99% de los casos.
El laboratorio Merck dice: La toma de progestativos durante el
ciclo boqueará la ovulación, modificará el moco del cuello del
útero para volverlo poco permeable a los espermatozoides. Además,
el útero se volverá inadecuado para la anidación, oponiéndose a
la acción de los estrógenos en la proliferación del endometrio
(www.doctissimo.fr/htamal/medicaments/articles).
También la Agencia francesa de Seguridad sanitaria de productos
de salud en las Fiches de Transparence, pone de relieve la acción
antinidatoria de esta píldora así como de los progestativos
inyectables y de los DIU (dispositivos intrauterinos).
En consecuencia, aunque son necesarios todavía más estudios
para profundizar el tema, existe evidencia científica suficiente
para afirmar, a partir de los datos hoy día disponibles, que la
píldora del día siguiente tiene, no sólo efectos anticonceptivos,
sino también abortivos, ya que no puede excluirse que la PDS pueda
tener un efecto abortivo en determinadas circunstancias.
La discusión sobre si es o no es abortiva surge, porque la
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha cambiado la definición
de embarazo y concepción por motivos políticos e ideológicos,
saltándose lo que dice la ciencia, especialmente la genética y
embriología. Para la OMS el embarazo comenzaría después de la
implantación del embrión en el útero, no con la fecundación.
Según esta definición, si se mata al embrión antes de llegar al
útero no es un aborto, porque no hay todavía embarazo. Y así
pueden afirmar que la PDS no es abortiva. Pero cualquier genetista
reconoce que la vida humana comienza con la fecundación, no con la
implantación. Es el ser concebido el que ordena a la madre que lo
acoja, que deje de menstruar y que tenga los cambios propios del
embarazo. El comienzo del embarazo es ordenado por este nuevo ser
humano que acaba de venir al mundo. Por eso, el embarazo comienza
con la fecundación y no con la implantación.
Algunos médicos dicen: Sí, hay vida desde la concepción, pero
no es una persona humana. Por eso, si se mata al embrión antes de
la anidación, no se mata a ningún ser humano y no hay aborto.
Para ellos, el embrión es persona desde el momento de su
implantación en el útero; por tanto, antes no existe aborto,
porque no se mata a ninguna persona y el embrión no tiene derechos
humanos. Ahora bien, ¿quién decide cuándo un ser humano es
persona? La Iglesia considera que el nuevo ser es persona desde el
mismo momento de la concepción.
Estudios realizados el 2002 en Inglaterra sobre el levonorgestrel
o píldora del día siguiente, descubrieron que, cuando fallan sus
efectos, hay un 6% de posibilidades de desarrollar un embarazo
ectópico (fuera del útero) con el consiguiente peligro para la
mamá y el bebé. Otro estudio realizado por la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y que fue publicado en la revista
Contraception el año 2000, encontró que de 295 mujeres, que
consumieron esta píldora luego de tener relaciones sexuales, el 30%
la abandonó en los primeros seis meses, debido a los numerosos
efectos secundarios negativos como náuseas, sangrados, vómitos,
mareos, depresión...
Esta píldora del día siguiente, se comercializa en distintos
países con diferentes nombres. En algunos se llama Postinor o
Postinol; en otros, Norlevo. Según el doctor Luis Escobar y
Álvaro, médico de Urgencias del Hospital Rafael Méndez, de Lorca
(Murcia): El problema es que el levonorgestrel es un producto
esencialmente abortivo. Lo es porque su mecanismo de acción
anovulatoria sólo es eficaz entre el 25% y el 30% de los casos,
mientras que siempre impide la implantación del óvulo que ha sido
fecundado. Todos los médicos y profesionales sanitarios sabemos que
el óvulo fecundado o cigoto es ya un nuevo ser humano vivo... Desde
que he conocido y estudiado a fondo el mecanismo de acción de esta
píldora, no volveré a recetar la píldora abortiva del día
siguiente. La vida humana comienza con la unión del espermatozoide
y del óvulo.
El gran genetista francés Jerome Lejeune en su libro El
principio del ser humano, dice que en el óvulo fecundado está
predeterminado lo que será el ser humano de mayor, tiene todas las
características escritas en sus genes. Es un ser independiente, y
hace la siguiente comparación: En una cinta de cassette se pueden
grabar por medio de minúsculas modificaciones físicas, una serie
de señales que corresponden por ejemplo a una sinfonía. Esa cinta,
puesta en el aparato, reproducirá la sinfonía, aunque ni el
reproductor de audio ni la cinta contengan los instrumentos,
partituras o músicos. La sinfonía, inventada por el músico y
ejecutada por la orquesta, ha sido transformada en un mensaje
codificado y la función del equipo consiste en descifrar el
mensaje, observando reglas que corresponden a aquellas según las
cuales ha sido elaborado. Algo parecido sucede con la vida. La cinta
de registro está constituida por la molécula de ADN. Las señales
grabadas en el ADN determinan las características de la especie. La
célula primordial (el cigoto u óvulo fecundado) es comparable al
reproductor de audio con la cinta grabada. Apenas el mecanismo se
pone en movimiento, es decir, cuando ocurre la fecundación del
óvulo por el espermatozoide, la sinfonía humana, es decir, la
vida, se desarrolla en estricta conformidad con el programa desde
las primeras divisiones hasta la extrema senectud.
Si algunos médicos no están de acuerdo en qué momento ese
óvulo fecundado llega a ser persona; al menos, deben reconocer que
no pueden estar seguros de que no lo pueda ser desde el primer
momento de la fecundación. Por consiguiente, aun en caso de duda, y
tratándose de algo tan importante como matar o no matar a un ser
humano, más vale prevenir que lamentar la muerte de ese ser humano,
a partir del primer instante de su concepción.
A lo largo de la historia bimilenaria, las discusiones de
carácter científico y filosófico sobre el momento preciso de la
infusión del alma espiritual, nunca ha provocado la mínima duda
sobre la condena moral del aborto.
Algunos intentan justificar el aborto, sosteniendo que el fruto
de la concepción, al menos hasta un cierto número de días, no
puede ser todavía considerado una vida humana personal. En
realidad, desde el momento en que el óvulo es fecundado se inaugura
una nueva vida, que no es la del padre ni la de la madre, sino la de
un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará
a ser humano, si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de
siempre, la genética moderna otorga una preciosa confirmación.
Muestra que, desde el primer instante, se encuentra fijado el
programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con
sus características ya bien determinadas... El ser humano debe ser
respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción
y, por eso, a partir de ese mismo momento, se le deben reconocer los
derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo
ser humano inocente a la vida.
EL ABORTO
Es un gran atentado contra la vida de seres humanos inocentes e
indefensos todavía por nacer. En muchos países está legalizado el
aborto, que es como haber legalizado la pena de muerte para los
niños no nacidos. Por eso, el Papa Juan Pablo II decía: ¿Cómo es
posible hablar de dignidad de toda persona humana, cuando se permite
matar a la más débil e inocente?.
El famoso doctor Bernard Nathanson dirigió una enorme clínica
en Nueva York, donde se realizaron 75.000 abortos, mientras estuvo
como director, habiendo practicado él mismo personalmente más de
5.000. Fue uno de los principales promotores de la legalización del
aborto a petición en Estados Unidos. Él mismo reconoce que
utilizaron el engaño como arma para conseguir sus fines,
asegurando, por ejemplo, que había cada año 5.000 muertes por
abortos clandestinos, cuando sólo eran 300... La misma estrategia
que se ha usado en otros países: inflar e inventarse cifras de
muertes por aborto clandestino para sensibilizar a la población a
aceptar el aborto legal.
En México para promover la legalización del aborto dijeron que
en 1991 habían muerto 300.000 madres por abortos clandestinos,
cuando sólo fueron 220. Los proabortistas exageraron la cifra 1.400
veces más. Sin embargo, en Irlanda, donde el aborto está
prohibido, apenas hay muerte de madres por abortos clandestinos
Mientras que en USA hay muchas muertes por complicaciones del
aborto, suicidios consiguientes, etc.
Pero Nathanson se arrepintió de sus errores y nos dice: Cuando,
a principios de los años setenta, los ultrasonidos me mostraron a
un embrión en el vientre materno, sencillamente perdí la fe en el
aborto a petición... Quedé estremecido hasta el fondo del alma por
lo que vi... Terminé editando un video El grito silencioso, que
tanto furor había de causar... El grito silencioso mostraba cómo
se despedazaba en el útero al feto de doce semanas con una
combinación de succión e instrumental de aplastamiento por parte
del abortista... No consiguió cambiar la mente de los legisladores,
pero creo, y lo digo humildemente, que ha salvado la vida de algunos
bebés. Al menos, espero que así haya sido.
Dios le ha premiado sus esfuerzos dándole la gracia de la fe,
pues se convirtió a la fe católica y se bautizó el 9 de diciembre
de 1996 en la catedral de San Patricio de Nueva York.
En la actualidad, muchos proabortistas tratan de eludir la ley en
naciones donde no está legalizado el aborto y, cuando se retrasa el
período menstrual, al menos quince días y hay duda de embarazo,
hablan de regulación menstrual, extracción menstrual, aspiración
ginecológica o recoger muestras de tejido, para así poder realizar
el aborto sin problemas; pues, como no había pruebas de embarazo,
no pueden aplicarles la ley.
En algunos países, la llamada regulación menstrual ha llegado a
ser muy popular y los médicos privados, a veces, realizan miles de
estos procedimientos al año. En muchos países, la regulación
menstrual es legal, aun cuando el aborto terapéutico es ilegal,
como sucede en países de Latinoamérica, donde para poder encausar
a un abortista se requiere un resultado positivo de la prueba de
embarazo.
La IPFF (International planned Parenthood Federation o
Federación internacional de paternidad planificada) ha suministrado
miles de equipos para llevar a cabo abortos por aspiración al
vacío con el pretexto de recoger muestras de tejido, extracción
menstrual, etc. El doctor Malcolm Potts, que fue dirigente de esa
organización (IPFF), reconoció que la regulación menstrual o
extracción menstrual era realmente un procedimiento abortivo.
Un gran defensor del derecho al aborto es Peter Singer. En un
artículo publicado en 1995 en el semanario londinense The
Spectator, titulado Matar bebés no siempre es malo, dice que la
idea de que la vida humana es sagrada, simplemente porque es humana,
es medieval. Su obra principal es Rethinking life and death: the
collapse of our traditional ethics (Repensar la vida y la muerte: el
derrumbe de nuestra ética tradicional). En él dice: Los bebés
humanos no nacen conscientes de sí mismos ni capaces de valerse por
sí mismos. No son personas. De ahí que su vida no parezca ser más
digna de protección que la vida de un feto... Puede ser que no
queramos que un niño emprenda el viaje por la vida si sus
perspectivas son sombrías. Esto significa desprendernos del bebé
que ha nacido, cortar los lazos que han empezado a atarnos a nuestro
hijo antes de que se haga imposible. En lugar de seguir adelante,
procuremos comenzar de nuevo desde el principio.
Escribió un artículo muy criticado en el que decía: Todos los
animales son iguales. En este artículo, habla de eliminar la
última forma de discriminación que es la discriminación contra
los animales. Luchó por los derechos de los animales y escribió en
1992 el libro Liberación animal. En este libro, lamenta las
crueldades que se hacen a los animales, comiendo su carne y
experimentando con ellos, y afirma que todos los animales, humanos y
no humanos, son fundamentalmente seres que sufren.
Afirma que en el caso de un bebé con síndrome de Down o cuya
vida haya comenzado en muy malas condiciones, los padres deberían
ser libres de matar al niño durante sus veintiocho primeros días
de vida.
Al haber desechado toda distinción entre seres humanos y
animales, no tiene más remedio que declarar que algunos humanos no
son personas, mientras que algunos animales sí lo son. Para él,
los niños no nacidos o recién nacidos, al carecer de la necesaria
consciencia, tienen menos derecho a continuar viviendo que un gorila
adulto. Y un niño enfermo o disminuido tiene, según él, menos
derecho a vivir que un animal sano adulto. Por tanto, según su
opinión, el aborto es algo que debería ser normal para eliminar a
los seres humanos deficientes.
Otro gran defensor del control de natalidad fue Wilhelm Reich
(1897 - 1957), austriaco, llamado el padre de la revolución sexual.
Para Reich la familia es la principal fuente de represión sexual.
Según él, habría que eliminar la familia para que cada uno sea
totalmente libre para usar su cuerpo y buscar el placer sexual de
todas las formas posibles, pues todas son igualmente buenas y en
ello no hay nada inmoral. Él habla de sus heroínas como esas
cortesanas que se rebelan contra el yugo del matrimonio obligatorio
y que insisten en el derecho de autodeterminación sexual.
Animó a la práctica del sexo entre adolescentes y puso en
marcha una cruzada infantil, defendiendo el derecho de los niños al
amor natural. Trató de descubrir la raíz del placer sexual y lo
llamó orgona, que, según él, era una materia vital básica del
universo. En 1942 fundó el Orgone Institute dedicado al estudio de
la orgonomía. Y empezó a vender acumuladores de orgona por 225
dólares la unidad. Pero algunos científicos lo acusaron de fraude
y lo enjuiciaron. La FDA (Agencia federal norteamericana de
alimentos y medicamentos) declaró que la orgona no existía y fue
condenado a dos años prisión. El siquiatra de la prisión le
diagnosticó paranoia. Y algunos dicen que, al final de su vida,
terminó loco y obsesionado por el sexo hasta el punto de llegar a
decir: Me di cuenta de que no podía vivir sin tener un burdel a la
mano.
Para él, el amor es simplemente mero instinto irreprimible. Y,
por eso todo vale con relación al sexo. Lo que importa es el placer
sin hijos. La revolución sexual que deseaba implantar en el mundo
llevaba incluida toda clase de placeres sexuales, incluso con niños
y animales; pero, sobre todo la necesidad de promover los
anticonceptivos, incluido el aborto.
Veamos ahora algunos métodos usados para realizar los abortos:
Succión o aspiración
Es uno de los más empleados y se usa en el primer trimestre de
embarazo. Se inserta en el útero un tubo hueco, que tiene un borde
afilado, después se produce una fuerte succión (casi 30 veces más
potente que la de una aspiradora). Así se despedaza al bebé y se
puede sacar todo fácilmente. Algunas de las complicaciones que
pueden darse son infecciones, perforaciones del útero, embolias,
trombosis y hasta esterilidad.
Dilatación y curetaje
Este método se utiliza a finales del primer trimestre o
principios del segundo, cuando el bebé es demasiado grande para ser
extraído por succión. Es similar al anterior; pero, en vez de
despedazar al bebé por aspiración, se utiliza una cureta (cuchillo
curvo de acero) provista de una cuchilla con una punta afilada, con
la cual se va cortando al bebé en pedacitos con el fin de facilitar
su extracción. Luego se sacan los pedazos con la ayuda de fórceps.
Este método tiene los mismos riesgos del anterior y algunos más.
Dilatación y evacuación
Es utilizado cuando el segundo trimestre de embarazo está bien
avanzado o durante el tercer trimestre. Se inserta una sustancia de
alga marina dentro del cuello uterino para dilatarlo. Al día
siguiente, se inserta un par de fórceps con dientes de metal
afilados, con los cuales se arrancan y retiran, pedazo a pedazo, las
partes del cuerpo del bebé. Este método es más peligroso que los
anteriores, pues mientras más avanzado está el embarazo, el riesgo
de complicaciones y muertes maternas es mayor.
Inyección salina
Este método se usa solamente después de las 16 semanas. El
líquido amniótico que protege al bebé se extrae, inyectándose en
su lugar una solución salina concentrada. El bebé ingiere esta
solución, que le producirá la muerte 12 horas más tarde por
envenenamiento, deshidratación, hemorragia del cerebro y de los
otros órganos con convulsiones. Esta solución produce dolorosas
quemaduras en la piel del bebé. Unas horas más tarde, la madre
comienza el parto y da a luz un bebé muerto o casi muerto. En este
método puede haber complicaciones como ruptura del útero,
embolismo pulmonar y peligrosos coágulos.
El diputado católico del Congreso norteamericano Christopher
Smith dice: Nancy Jo Mann me contaba personalmente su experiencia
del aborto, y su testimonio salió en un artículo del periódico
“Washington Times”. Ella me contó:
Yo entré y pregunté:
¿Qué me van a hacer? Te vamos a sacar un poco de líquido y
vamos a introducir un poco de otro líquido. Vas a tener calambres y
expulsarás el feto. ¿Eso es todo? Eso es todo.
Eso no sonaba tan mal. Pero lo que sucedió fue muy distinto.
Yo fui al hospital y me extrajeron 60 cm3 de líquido amniótico
y me inyectaron una solución salina concentrada. Cuando la aguja
traspasó mi abdomen, yo me odié a mí misma. Cada célula de mi
ser quería gritar: Por favor, deténgase, no me haga eso.
Pero una vez que la solución salina ha sido inyectada, ya no hay
nada que pueda revertirlo. Y, durante una hora y media, sentí a mi
hija dar vueltas violentamente, mientras era ahogada, envenenada,
quemada y sofocada hasta morir. Yo no sabía que esto iba a ocurrir.
Yo recuerdo haberle dicho a mi bebé que no quería que sucediera
esto. Y, sin embargo, ella estaba muriendo. Recuerdo la última
patada en mi lado izquierdo. Ya no tenía fuerzas. He tratado de
imaginarme el morir con esa clase de muerte, con una almohada puesta
sobre uno y sofocándonos.
Luego me aplicaron una inyección intravenosa para ayudar a
estimular el proceso del parto durante doce horas. A las 5,30 a.m.
del 31 de octubre tuve a mi hija, cuyo nombre es ahora Charmaine
Marie. Ella tenía catorce pulgadas de largo. Pesaba más de una
libra y media. Tenía la cabeza con cabello y sus ojos estaban
abriéndose. Yo la sostuve, porque las enfermeras no llegaron a
tiempo a la habitación. Yo misma recibí a mi niña. Ellas me la
arrancaron de mis manos y la arrojaron a una chata... Ella no era un
feto, un producto de la concepción ni un tejido adherido a la pared
uterina. Ella era mi hija y yo pude sostenerla con tan sólo cinco
meses y medio.
Ahora, Nancy Jo ha fundado la Institución “Mujeres explotadas
por el aborto”, que está constituida por miles de mujeres que han
tenido abortos y que ahora hablan alto a favor de la vida. En el
caso de Nancy sólo la conversión a Jesucristo la salvaron del
suicidio.
Gianna Jessen da su testimonio de haber sobrevivido a esta clase
de aborto. Nos dice:
Tengo 19 años y soy de California. Soy adoptada y sufro de
palasia cerebral. Mi madre biológica tenía 17 años; y siete meses
y medio de embarazo, cuando decidió abortarme por el proceso de
inyección de una solución salina concentrada. Afortunadamente, el
abortista no estaba en la clínica al nacer yo el 6 de abril de
1977. Si él hubiera estado allí, no estaría yo hoy aquí. Hay
quien dice que yo soy un aborto fracasado o el resultado de un
trabajo mal hecho.
El asunto es que, al nacer viva, la enfermera no sabía qué
hacer y llamó al servicio médico de emergencia; y éstos me
llevaron al hospital, donde estuve casi tres meses. Al principio, no
había muchas esperanzas de sobrevivir, pesando tres libras.
Me diagnosticaron palasia cerebral como resultado del aborto. Le
dijeron a mi madre adoptiva que era muy dudoso que alguna vez
pudiera gatear o caminar. No me podía sentar por mí misma. Pero,
con ayuda de soportes en las piernas, logré caminar un poco antes
de cumplir cuatro años. Ahora, después de cuatro cirugías, puedo
caminar sin ayuda. No es siempre fácil; a veces, me caigo, pero he
aprendido a hacerlo con gracia después de 19 años.
Estoy contenta de estar viva. Casi morí, pero cada día le doy
gracias a Dios por la vida. No me considero un producto secundario
de la fecundación o un montón de células... Soy feliz. La
alegría me la da Dios. Lo quiero mucho y le agradezco que me haya
salvado. El Señor me hace estar siempre contenta y me da una vida
feliz.
Otro caso semejante apareció en mayo de 2001 en el diario St.
Petersburg del norte de Florida. Informó del nacimiento de
Alexandria Nicole Saia, nacida el 5 de abril, y considerada una
bebé milagro. Su madre Nicole Saia, cuando tenía 18 años, fue
presionada por su enamorado a someterse a un aborto al quedar
embarazada. En la clínica abortista le suministraron una inyección
de methotrexate, un agente químico mortal para el bebé en
formación. La mamá se lo contó a sus padres y éstos decidieron
rezar y confiar el niño a Dios. La abuela le dijo:
Lo primero que vamos a hacer es rezar y ponerte en las manos de
Jesús, porque definitivamente esto está fuera de nuestras
posibilidades.
Alguien le dijo que, si el bebé no estaba ya muerto, nacería
con serias deformaciones. La familia recurrió al doctor Steven Roth
y él decidió administrarle Leukovorin, un fármaco que se utiliza
en el tratamiento del cáncer, para así contrarrestar el efecto
destructivo del químico inyectado. El tratamiento fue efectivo y
permitió salvar la vida del bebé y prevenir milagrosamente
cualquier malformación, aunque todos creen que el nacimiento normal
de la niña es un milagro de Dios.
Ahora la mamá dice: No cambiaría a mi hija por nada del mundo.
Toda mi familia es maravillosa y me ayudó emocionalmente a lo largo
de mi embarazo.
Aborto de nacimiento parcial
Éste es un horripilante método que se lleva a cabo en el
segundo o tercer trimestre de embarazo. El abortista introduce un
fórceps en el útero y guiado por el ecógrafo, agarra los pies del
bebé y tira de ellos hasta que la parte inferior de la cabecita
está expuesta. Luego utiliza unas tijeras para abrir un agujero en
la cabeza del bebé a través del cual introduce un catéter para
succionar el cerebro. Una vez hecho esto, el cuerpo inerte del bebé
es evacuado. En USA, cada año, hay entre 600 y 2.000 abortos por
nacimiento parcial. Lo peor es que algunas empresas compran los
tejidos y órganos fetales para hacer productos de belleza.
Prostaglandinas
La prostaglandina es un fármaco, que al ser inyectado, provoca
fuertes contracciones en el útero con el objeto de expulsar al
bebé muerto... A veces, el bebé nace vivo, lo que se considera una
complicación. Entre las complicaciones que puede haber está la
ruptura del útero, sepsis (infección masiva de la sangre),
hemorragias, paros cardíacos, embolias, vómitos...
Histerotomía u operación cesárea
Se usa esta operación durante los últimos tres meses de
embarazo. Se saca al bebé vivo, no para dejarlo vivir, sino para
matarlo directamente.
Pero observemos que muchos de estos abortos se hacen para obtener
tejidos fetales con el fin de curar algunas enfermedades. Dice el
doctor Nathanson: En lo tocante a la diabetes, el feto debe ser
abortado entre las catorce y las veinte semanas, si se quiere que el
tejido pancreático, extraído del feto, sea adecuado y funcional...
Actualmente, se abortan sólo en USA unos 120.000 fetos al año en
este período de embarazo. Se necesita el tejido de ocho fetos para
reponer el páncreas deficiente de un adulto que padece diabetes...
Harían falta casi doce millones de fetos para curar a todos los
enfermos de diabetes de USA. En lo que respecta al tratamiento de
enfermedades neurológicas, hay aproximadamente un millón de
enfermos de Parkinson en USA, otro millón de pacientes sufre la
enfermedad de Alzheimer y hay otro millón con parálisis cerebral;
además de varios millones de víctimas de embolia y parapléjicos,
así como 300.000 con esclerosis múltiple.
Tenemos cuatro o cinco millones de pacientes potenciales a la
espera de la terapia del tejido fetal para sus males
neurológicos... En términos prácticos, debemos abortar cinco
fetos, de entre nueve y doce semanas, para tratar a cada paciente de
enfermedades neurológicas con esta tecnología. En resumen,
tendríamos que abortar entre quince y veinte millones de bebés
para cosechar el tejido suficiente para tratar esta aparentemente
interminable lista de espera.
La respuesta es tan simple como repugnante: tendremos que comprar
e importar inimaginables cantidades de tejido fetal humano de
países del tercer mundo... Y, aunque la importación de esos
tejidos fuera prohibida, se puede estar seguro de que la sola
desesperación económica y médica bastaría para desencadenar una
gran operación de contrabando. Ya en abril de 1993 la clínica
Sansum anunció que planeaba importar tejido fetal de Rusia...
¿Cuánto costará cada uno de estos transplantes? Pongamos unos
50.000 dólares, multipliquémoslo por cinco millones de pacientes
en lista de espera y da un total de 250.000 millones de dólares.
No hay duda de que la utilización médica del tejido fetal hará
que aumente el número de abortos... La prohibición de la venta o
negociación con este tejido no santificará esta tecnología. Hay
aquí otros intereses egoístas en juego. Por ejemplo, la
concepción de un niño con el mero propósito de abortarlo y
recoger sus órganos vitales para su transplante a otro hijo de la
misma madre. Por citar un ejemplo, está el caso Ayala en
California, en el que una pareja de mediana edad con un hijo
muriendo de leucemia, concibió otro hijo con el solo propósito de
extraer la médula ósea del recién nacido para transplantarla al
hijo enfermo.
En China, donde sólo pueden tener un hijo por pareja, el Estado
permite el aborto de las hijas mujeres, ya que la mayoría prefiere
tener hijos hombres. Por eso, las parejas esperan, al menos, hasta
el quinto mes de gestación para hacerse una ecografía y, si
descubren que es mujer, la abortan. Esto sucede, aunque el embarazo
esté muy avanzado. Y también sucede con aquellos niños que nacen
con malformaciones o enfermedades graves; pues, si van a tener un
solo hijo, nadie quiere tener un hijo enfermo o minusválido.
Todo esto, ciertamente, es una masacre de inocentes, un genocidio
mundial, que está ocurriendo ante la mirada indiferente de la
mayoría. En total, son más de setenta millones de abortos
provocados cada año.
Pero el aborto no es inofensivo para la mujer. El journal of the
National Cancer Institute, del 2 de noviembre de 1994, publicó un
informe, según el cual, los investigadores del Fred Hutchinson
Cancer Center de Seatle descubrieron que las mujeres que habían
tenido un aborto, tenían un 50% más de probabilidad de desarrollar
un cáncer de mama. El riesgo de cáncer de mama aumenta, si el
aborto ha tenido lugar entre las ocho y las doce semanas de
embarazo. Este vínculo entre el cáncer de mama y el aborto
provocado se debe a las diferencias estructurales del pecho de la
mujer. Según este estudio, si el aborto es de menores de 18 años,
el porcentaje de cáncer puede ser del 150%; si son mayores de 30
años, es de 110%.
De hecho, los efectos sobre los embarazos posteriores son
también importantes. Según la doctora Ada B. Ryan, en su artículo
Complications of abortion, publicado en febrero de 1982, en About
Issues, dice que en las mujeres que han abortado:
Hay un 50% más de probabilidades de tener un aborto espontáneo.
Hay 200% más de probabilidades de tener un embarazo ectópico, que
es muy peligroso. Hay un 40% de incremento de posibilidades de tener
hijos con retardo mental.
Y esto, sin contar todas las depresiones, angustias personales y
hasta intentos de suicidio en las mujeres que han abortado. La
doctora Carmen Gómez Lavín ha descubierto que nunca el aborto es
un hecho aislado, sino que casi siempre va acompañado de otra serie
de trastornos importantes de la conducta, llegando hasta la
drogadicción, alcoholismo...
Según sus investigaciones en mujeres que habían abortado:
El 54% tuvo pesadillas relacionadas con el aborto. El 69%
experimentó síntomas de locura. El 61% aumentó el consumo de
alcohol. El 65% tuvo pensamientos suicidas. El 69% tuvo problemas
sexuales. El 81% lloraba demasiado.
Y todo esto supone según la doctora Lavín un grave deterioro en
la vida personal, familiar y social. Veamos dos ejemplos:
Habíamos tenido relaciones sexuales y, sin buscarlo, quedé
embarazada. Él comenzó a convencerme para que abortara. Después,
viendo que estaba contenta con mi embarazo, comenzó a amenazarme:
“Si tienes al niño, te voy a dejar”.
Y yo, con 28 años, no tenía dinero y dependía de él. Además,
lo quería con locura. Tampoco tenía a nadie en quien confiar. No
tenía relación con mi familia, no tenía amigas... Sólo a él y,
si me dejaba...
Así que decidí abortar. Él ya tenía el dinero preparado para
el aborto: 240 euros. Ese día bebí hasta emborracharme. No quería
hacerlo, estaba muy presionada. Pero no encontré ninguna ayuda.
Nadie me ofreció otra alternativa al aborto, ni me contó lo que
iba a sufrir después por ello. Fui totalmente ebria al aborto,
porque no quería hacerlo... Me hicieron el aborto con el método de
aspiración. Con el aspirador es como si te arrancaran un trozo. Es
que tú sientes que te están arrancando parte de tu cuerpo. ¡Es
horrible! A raíz del aborto, comencé a beber alcohol. Me
encontraba mal de ánimos y caí en una depresión. El aniversario
del aborto lo vivo como un drama. Cuando veo a un niño de dos o
tres años, se me escapan las lágrimas: es la edad que hubiera
tenido mi hijo, si viviera. Una vez intenté suicidarme.
Afortunadamente, fallé.
Poco tiempo después, volví a quedar embarazada. Nuestra
relación ya estaba dando los últimos coletazos y esta noticia hizo
que, finalmente, lo dejáramos. No quería ir a revisiones
ginecológicas, era incapaz de permitir que me examinara un hombre
después del aborto. Al final, conseguí que me atendiera una mujer.
Durante todo el embarazo, soñé que me quitaban a mi hija...
Después del parto, empecé a tomar pastillas para dormir. Pero
salí adelante. Hoy he comprendido lo equivocada que estaba. Antes
era muy feminista, veía esto desde el punto de vista de la mujer. Y
es falso e imparcial. Ahora pienso totalmente diferente y veo
también al niño.
No quiero olvidar mi aborto: es algo que hice mal y lo asumo. No
quiero quitarle la importancia que tiene. El aborto es algo
realmente malo para la mujer. Puedo asegurarlo. El aborto no
soluciona nada, es otro problema más y, encima, han hecho un
negocio conmigo y con mi difunto hijo. Sin factura, sin
comprobante... Como si de un negocio negro se tratara, así mataron
a mi hijo en una clínica. Y lo hicieron unos médicos. Médicos es
una palabra que no les corresponde.
La portavoz de la Asociación española de Víctimas del Aborto
(AVA), declaró ante la ONU:
Mi nombre es Esperanza Puente, vengo desde España y aborté a un
niño hace diez años. Pertenezco a la Asociación de Víctimas del
Aborto. Nuestra organización se dedica a ayudar a mujeres que han
tenido un aborto, y que ahora están sufriendo a causa del mismo. El
ser humano no nacido es víctima, pero la mujer que ha abortado,
así como sus parientes cercanos, somos también víctimas de este
drama. Quisiera aprovechar esta oportunidad para contaros mi propia
experiencia. Antes de abortar, me sentía completamente sola. Tenía
miedo y no tenía a nadie a quien acudir, y la decisión que tomé
no fue una elección con el tiempo necesario para pensarlo. Llamé
por teléfono a la clínica abortista, ellos me dieron cita para el
día siguiente, y en 24 horas había abortado a mi hijo. En lo
profundo de mi ser yo no quería hacerlo, y sabía que estaba
equivocándome. No me dieron ninguna información en la clínica
abortista. Ningún médico o sicólogo me explicó las consecuencias
del aborto. Lo que hicieron fue decirme que sería algo rápido,
algo fácil..., que no duraría mucho y que en un par de horas
estaría todo acabado.
Esa clínica fría, inhumana y vacía de compasión fue el
comienzo de una pesadilla tremendamente larga para mí. El síndrome
post-aborto es una realidad. Sufrí depresión, ansiedad y tuve
problemas para dormir por la noche. Las mujeres tenemos el derecho
de no ser manipuladas. Queremos tener el derecho de acceder a la
verdad, y el derecho a ser informadas de las secuelas del aborto y
conocer todas las alternativas. Hablo en nombre de 700.00 mujeres de
España.
Estas mujeres, deben comenzar por reconocer su grave pecado y
pedir perdón a Dios sinceramente a través de la confesión, si son
católicas. Quizás necesiten ayuda sicológica, pero no hay que
olvidar al bebé. Ha muerto sin bautismo y, según algunos
teólogos, no va directamente al cielo. Hay que ponerle un nombre y
bautizarlo espiritualmente o, mejor, mandar celebrar una misa por
él. Así lo enseña la mística austriaca Maria Simma; la beata Ana
Catalina Emmerick y otros santos hablan de que hay que rezar por
ellos para que se salven. Así lo enseña también el Catecismo de
la Iglesia católica, que dice que, por los niños muertos sin
bautismo, hay que orar por su salvación (Cat 1238).
Pero observemos que no sólo sufren las consecuencias del aborto,
la mujer y, en cierta medida también su pareja, sino también los
médicos abortistas y su personal auxiliar. La revista American
medical afirma sobre estos efectos en el personal que practica
abortos: Son un secreto muy bien guardado los escrúpulos que
padecen las enfermeras, médicos y asesores y otros que trabajan en
el campo del aborto. El mismo rey del aborto, el doctor Bernard
Nathanson dice: Recuerdo que, en una fiesta que dimos, algunas
esposas de los médicos me contaron que sus maridos tenían
pesadillas por las noches, y gritando hablaban de sangre y de
cuerpos de niños destrozados. Otros bebían demasiado; algunos
tomaban drogas y varios de ellos tuvieron que consultar a
especialistas en desórdenes mentales. Muchas enfermeras se
volvieron alcohólicas y otras abandonaron la clínica, afectadas de
serias perturbaciones nerviosas.
El mismo doctor Nathanson sufrió en carne propia los efectos
devastadores de tantos abortos. Dice: Había realizado muchos miles
de abortos a niños inocentes y había fallado a mis seres
queridos... Cuando escribo esto, he pasado por todo el catálogo de
remedios seculares: alcohol, tranquilizantes, libros de
autoasistencia, consejeros. Incluso, me he permitido cuatro años de
psicoanálisis... Yo me despreciaba a mí mismo. Yo sabía que la
enfermedad principal consistía en cortar los lazos entre el pecado
y la culpa, entre la acción éticamente corrupta y su coste. La
clínica era una cuadrilla de delincuentes profesionales
desembarazados de todo bagaje ético y moral.
El Papa Juan Pablo II decía: el aborto y la eutanasia son
crímenes que ninguna ley humana puede legitimar. El aborto y el
infanticidio son crímenes abominables. Y quien procura el aborto,
si éste se produce, incurre en excomunión automática (Canon 1398
y Cat 2272).
Por ello, el mismo Papa nos dice: Con la autoridad conferida por
Cristo a Pedro y a sus sucesores, en comunión con los obispos de la
Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria
de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta
doctrina es corroborada por la sagrada Escritura, transmitida por la
Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y
universal... Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser
humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano,
enfermo incurable o agonizante.
Por esto, son de alabar las campañas pro-vida, que se van
difundiendo en diferentes partes del mundo, como la iniciada por el
grupo Unidos por la vida en Madrid. Quieren colocar en una pradera
un millón de clavelinas blancas en forma de corazón, junto a un
monumento en el que destaca una madre con su bebé en brazos y el
texto: A la memoria de las víctimas del aborto y del amor materno
abortado con ellas.
Abortar es matar
DIAGNÓSTICO PRENATAL
En algunos países se está haciendo ya casi obligatoria la
amniocentesis o prueba del líquido amniótico durante el embarazo,
pero no con la intención de ver cómo va el estado de salud del
niño, sino con vistas a detectar alguna posible enfermedad o
malformación y así poder abortarlo cuanto antes. Lo cual es
inmoral; porque, nazca sano o enfermo, el niño por nacer tiene
todos los derechos de un ser humano adulto y hay que respetar su
vida y su integridad. A este respecto, la Congregación para la
doctrina de la fe publicó en 1987 la Instrucción Donum vitae sobre
el respeto a la vida humana naciente y la dignidad de la
procreación, donde se dice:
El diagnóstico prenatal es lícito, si los métodos utilizados
con el consentimiento de los padres, debidamente informados,
salvaguardan la vida e integridad del embrión y de su madre, sin
exponerles a riesgos desproporcionados. Pero se opondrá gravemente
a la ley moral, cuando contempla la posibilidad, en dependencia de
los resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua
la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria
no debe equivaler a una sentencia de muerte. Por consiguiente, la
mujer que solicitase un diagnóstico con la decidida intención de
proceder al aborto, en el caso de que se confirmase la existencia de
una malformación o anomalía, cometería una acción gravemente
ilícita. Igualmente, obraría de modo contrario a la moral, el
cónyuge, los parientes o cualquier otra persona que aconsejase o
impulse el diagnóstico a la gestante con el mismo propósito de
llegar en su caso al aborto. De hecho, tras la confirmación de
resultados negativos, sólo el 2% decide escoger al niño tal como
vendrá.
La amniocentesis suele realizarse hacia la semana 16 del
embarazo. Con una aguja se extraen unos 15-20 cc. de líquido
amniótico en el cual se encuentran suspendidas células del feto.
Es posible detectar algunas enfermedades hereditarias. Pero el
riesgo de aborto ligado a esta técnica es del 1%, si se hace en
época tardía; pero, si se hace entre las 11 y 12 semanas o antes,
el riesgo de aborto se eleva al 5%. El TRI test se ha extendido
mucho recientemente. Se trata de detectar a través de un examen de
naturaleza bioquímica la presencia simultánea y los niveles
hemáticos de tres factores (de donde viene el nombre de TRI test o
triple test): el estradiol, la fetoproteína y el HCG. Si concurren
estos tres factores, se recomienda la aminocentesis para aclarar
más las cosas, pero ya el hecho de que pueda haber un riesgo de
anormalidades hace que muchas mujeres acudan sin más al aborto para
evitar niños enfermos sin conocer que hay un alto porcentaje de
informes falsos, lo que descalifica esta técnica.
Algunas técnicas se deben excluir por su único valor
eugenésico y por los riesgos que conllevan: la embrioscopía, la
fetoscopía, la placentocentesis, el muestreo de rugosidades
coriáceas y la diagnosis preimplantatoria.
La embrioscopía es una técnica no inocua, se trata de observar
con la ayuda de una fibra óptica y, a través de la membrana
amniótica, el rostro, los ojos y las manos del feto que en la
décima semana (fecha en que normalmente se realiza) mide 3.5 cm.
Pero el riesgo de aborto por esta práctica es elevado. Según
algunos es del 8 al 9%.
La fetoscopía es un examen particularmente difícil y peligroso
realizado alrededor de la 18 semana para poder efectuar biopsias
hepáticas y cutáneas o extraer sangre fetal. Pero el riesgo de
aborto supera el 6%.
Todas las técnicas que exigen recolección o extracción de
células, tejidos o sangre fetales son arriesgadas con elevado
número de abortos.
La ecografía realizada hacia la vigésima semana puede detectar
el 95% de las anomalías o malformaciones. Pero se dan muchos
errores de mala interpretación, debidas a la falta de preparación
técnica de los operadores. Sin embargo, es la técnica más
aceptable, porque no se han detectado riesgos importantes.
En Italia ocurrió un hecho muy lamentable, que ha causado
polémica a nivel mundial. Una mujer recurrió al aborto
terapéutico, aprobado por la ley italiana, para abortar a su hijo
de 22 semanas, después que los médicos le diagnosticaron una
malformación inexistente. Esto ocurrió en Florencia el año 2007,
en el hospital Careggi, donde nació el niño con 500 gramos. Según
los médicos, en las cuatro ecografías que le habían hecho,
habían podido ver una malformación congénita en la que faltaba
continuidad entre el esófago y el tubo digestivo; pero, al nacer,
comprobaron que era un niño totalmente normal. ¿Cuántos habrán
muerto así por errados diagnósticos?
Sobre esto recuerdo muy bien el caso de una señora, que vino a
visitarme, y me contó que, cuando le hicieron la prueba del
líquido amniótico, los médicos detectaron que el niño vendría
con síndrome de Down y le aconsejaron, por todos los medios
posibles, el aborto. Ella se negó y quiso tener a su hijo, aunque
fuera enfermo. Todos los días venía a misa para recibir la fuerza
espiritual necesaria para aceptar a su hijo enfermo. Cuando nació,
era una niña totalmente normal. Y me la presentó: era una niña
preciosa de unos seis años, enteramente normal e inteligente. ¿Se
equivocaron los médicos? ¿Hizo Dios un milagro? Tampoco esto hay
que descartarlo.
Diego Carvajal nos cuenta su precioso testimonio en la revista
Alabanza: Llevábamos tres meses de casados y mi esposa estaba
encinta. Nos queríamos tanto que sólo pensábamos en poner nuestro
amor al servicio de Dios. La alegría por la noticia de nuestro hijo
se extendió por toda la familia y amigos como una explosión y
dábamos gracias a Dios constantemente.
Llegó el momento de la primera ecografía. Era el 19 de octubre.
La doctora dijo: “Tiene pliegue nucal positivo y alto. ¿Han
pensado en hacer una amniocentesis?” Yo la recomiendo, pues este
niño viene con síndrome de Down o con alguna alteración
cromosómica y, cuanto antes lo sepan, podrán decidir. No
entendíamos nada. ¿Nuestro hijo con síndrome de Down? ¿Nos
estaba hablando de abortar? Nos pasaron inmediatamente con una
doctora para que nos explicara en qué consistía la amniocentesis.
Casi nos aseguraba que el niño venía con síndrome de Down y que,
después de los resultados, podríamos “interrumpir” el
embarazo. Otra vez la muerte. Pasamos a una tercera doctora, que le
practicó un “screening” (prueba química que determina el nivel
de alfafetoproteína en la sangre). Esta prueba fue positiva y ella
también nos habló de “interrumpir” el embarazo.
Quisimos conocer otra opinión facultativa y el día 23 fuimos a
un ginecólogo privado, que no hizo más que corroborar las
anteriores opiniones, sabiendo además que, en los cuatro días
transcurridos, el pliegue nucal había aumentado de 4,7 mm a 5,4 mm.
Pero la preocupación fue mayor, porque vio dos manchitas en el
cerebro que podían borrarse o convertirse en una hidrocefalia... Y
nos dijo: “Son jóvenes y pueden tener otros hijos. Esto no es
más que un accidente”. ¿Mi hijo un accidente? ¿Otra vez nos
hablaba de matar a nuestro niño?
El 24 de octubre fuimos al templo de María Auxiliadora a ver al
padre Jaime Burke. Le contamos todo y le pedimos humildemente que
orase por nuestro bebé. Nos abrazó y tras aquella oración
sentimos una paz inmensa... Llegó la prueba definitiva el 30 de
octubre. Estábamos muy nerviosos, pero dijimos: “Señor, hágase
tu voluntad”. Después de la consulta, mi esposa salía riéndose.
Los médicos no se explicaban qué había ocurrido, pero le había
desaparecido el pliegue nucal y el cerebro estaba perfectamente. Le
hicieron otra segunda ecografía, porque los médicos no entendían
lo que estaba pasando, y todo salió perfectamente bien... Y el
niño nació totalmente sano.
El 4 de setiembre de 1990, los médicos le dijeron a la señora
Kristina Fox, de Estados Unidos, que su hija, no nacida aún,
padecía de anencefalia, un desorden neurólogo mortal. Pero ella y
su esposo Rick decidieron tenerla y no abortarla. Gabrielle Fox
nació el 30 de octubre y murió al día siguiente. Su madre dijo:
Cuando nació Gabrielle, sentimos una alegría imposible de
describir. No nos desilusionamos. Me acarició uno de mis dedos y me
lo sostuvo. Cuando la enfermera venía a retirarla de mis brazos y
tomarla por unos momentos, empezaba a llorar. Antes de morir, me
miró intensamente, mientras yo le decía lo mucho que la
queríamos. Murió en paz y no cambiaría el tiempo que estuve con
ella por nada del mundo. Mi esposo y yo nos dimos cuenta de lo mucho
que Dios nos había bendecido y de lo horrible que hubiera sido
haber despreciado esos momentos tan maravillosos, si yo hubiera
abortado a mi hija.
Otro caso. Soy española de Sevilla. Soy madre de cuatro hijos y
el mayor tiene cuatro años. Mi última hija, Blanca, durante el
quinto mes de embarazo, en las ecografías aparecía que presentaba
un edema en la nuca de 6,5 mm. de espesor y que podría nacer con
síndrome de Down u otros síndromes.
Rezamos mucho e hicimos rezar a mucha gente por la salud de mi
hija, confiando en la intercesión de Don Álvaro del Portillo, un
sacerdote del Opus Dei, que murió en 1994 con fama de santidad.
También escribí una carta al Papa, que me contestó diciendo que
iba a rezar a la Virgen María por mi hija y que confiara en la
providencia divina. Mi hija nació el 13 de agosto muy sana y
gordita. Gracias a Dios, cuando nos ofrecían, si queríamos
abortar, mi esposo y yo nos negamos en todo momento. ¡Dios no se
deja ganar en generosidad!
Somos una pareja joven, nos casamos el 2003 y ya tenemos un hijo
en el cielo. Ésta es la historia de nuestra experiencia. Nada más
volver de la luna de miel nos enteramos de que estaba embarazada;
nos llevamos una sorpresa enorme y una gran alegría, pero a los
pocos meses, en una ecografía rutinaria, se vio que algo no iba
bien. La ginecóloga, dictaminó: El niño está muy mal, te
aconsejo que abortes. Parecía que el niño tenía un problema
cromosómico importante y no tenía piernas, aunque, pasado un
tiempo, se vio que no acertó ni una, pero en ese momento, cuando te
lo dicen con la frialdad con que me lo dijeron a mí, no entiendes
que alguien así pueda ejercer una profesión en la que está
tratando con mujeres embarazadas.
Esa misma tarde fuimos a que me hicieran una ecografía más
detallada, y cambió el diagnóstico: Tiene un onfalocele gigante;
parece que al niño le faltaba la cubierta abdominal, y debido a eso
tenía casi todos los órganos abdominales fuera. La médico nos
comentó que estas cosas pasan, que es cuestión de azar y que nos
había tocado. Nos insistió en que lo normal sería que el bebé no
pasara del tercer mes de gestación y que, como no iba a poder vivir
en el momento que naciera, lo mejor sería abortar. ¡Pero cómo
íbamos a abortar, si durante esas interminables ecografías no
parábamos de ver cómo se movía nuestro hijo! Le contestamos
rápidamente que este niño llegaría hasta donde Dios quisiera.
Cambiamos de médico y encontramos a una persona excepcional, que
nos trató con una delicadeza y un cariño que ya habíamos
olvidado. Menos mal, ya que las visitas al ginecólogo se repitieron
semanalmente, porque, como el niño estaba tan enfermo, se suponía
que el corazón le fallaría en cualquier momento y habría que
sacarlo. Me hicieron la amniocentesis y, como ya empezaba a ser
habitual, se equivocaron: el niño era cromosómicamente normal.
A todo esto, en el momento en que dije en la empresa que el niño
estaba enfermo, como no sabían cuándo iban a poder contar conmigo,
porque lo normal sería que no llegara hasta el final del embarazo,
tardaron 15 días en echarme. Al incorporarme en otra empresa, ya
había aprendido a callarme, porque otra cosa, que hemos sacado en
claro, es que, en cuanto le confías a alguien que el niño está
enfermo, todo el mundo opina que lo políticamente correcto es
abortar, nadie consigue entender cómo vas a pasar por eso para
nada, ese nada para nosotros se ha transformado en un ángel mucho
más grande que cualquier hijo normal. Al final, llegué hasta las
29 semanas de gestación (casi siete meses), di a luz en La Paz
(Madrid), donde siempre estaré agradecida a todo el equipo médico
que me atendió, ya que me encontré con unos grandes profesionales
que me trataron con una gran delicadeza y humanidad. El pequeño
murió nada más nacer, eso sí, bautizado, y, como no podía ser de
otra manera, se llama Ángel. A nosotros nos ha hecho los padres
más felices del mundo, porque, aunque esperamos que Dios nos envíe
más hijos, como éste no habrá otro.
Dios puede hacer milagros y puede dar la fuerza moral necesaria
para soportar los problemas de un hijo enfermo, pero nunca será
lícito matar a un ser inocente no nacido, por el aborto.
Otro caso, que conmovió al mundo, es el de Amillia Taylor, la
bebé más prematura del mundo, considerada como bebé milagro.
Amillía nació en Miami el 24 de octubre del 2006, y pudo
sobrevivir, teniendo solamente 21 semanas y 6 días. Pesaba 284
gramos y tuvo que pasar los cuatro primeros meses en cuidados
intensivos, pero sobrevivió. Esto plantea la cuestión: ¿cuándo
un niño es viable? Porque la legislación de ciertos países
permiten abortar hasta las 24 semanas de gestación, como la
legalización inglesa. Cada año unas 2.000 mujeres británicas se
someten al aborto entre las 22 y 24 semanas. Por eso, el doctor
Stuart Campbell, uno de los más famosos ginecólogos de Inglaterra,
ha declarado: Me parece ilógico que en una sala un médico luche
por salvar la vida de un bebé nacido con 23 semanas, mientras que
en la sala vecina su colega aborta a un niño saludable con el mismo
tiempo de gestación.
VALORACIÓN DE LA VIDA HUMANA
La vida humana es sagrada desde el momento de la concepción y,
precisamente por ello, no puede ser manipulada ni rechazada. Sólo
Dios es el autor de la vida y nadie tiene derecho a quitársela o
quitarla a los demás. De ahí que el suicidio sea un grave pecado,
pues el que se suicida está quebrantando el plan de Dios, que
quería darle más años de vida para poder crecer y madurar en el
amor, que es la vocación a la que estamos llamados.
En los miles de casos de personas, que intentaron el suicidio y,
después de haber sido dadas por muertas, han regresado a la vida,
todas ellas han aprendido que el suicidio es un gravísimo error.
Cuando el ser de luz (Jesucristo) les hace la revisión total de su
vida, se dan cuenta de su grave error. El famoso doctor Raymond
Moody, en su libro Reflexiones sobre la vida después de la vida,
nos muestra lo que le contó un paciente: Cuando estuve allá tuve
la sensación de dos cosas que me estarían totalmente prohibidas:
matarme a mí mismo y matar a otra persona. Si me suicidaba, sería
como devolverle a Dios un regalo, tirándoselo a la cara... Matar a
otra persona equivaldría a interponerme en los designios de Dios
para con ella.
Todos los suicidas están de acuerdo en un punto: Creen que su
intento de suicidio no solucionó nada; y se encuentran exactamente
con los mismos problemas de que habían intentado librarse,
quitándose la vida. Cualquiera que fuese la dificultad de que
habían intentado escapar, continuaba allí sin resolver... Todos
afirmaron que, después de su experiencia, no volverían a pensar
jamás en el suicidio. Su actitud común era que habían cometido un
error y se alegraban mucho de haber fracasado en su intento.
Pero no solamente se trata de no suicidarse, sino de no matar, ni
por el aborto ni por otras tantas maneras sutiles que hoy se dan
como la manipulación de embriones con fines de investigación
científica, la fecundación in vitro, clonación de embriones...
Son miles y miles los embriones congelados y usados en prácticas
inmorales, que los llevan a la muerte. Y el embrión es un ser
humano con todos sus derechos.
El Catecismo de la Iglesia católica dice claramente que la vida
humana debe ser respetada y protegida, de manera absoluta, desde el
momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia,
el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre
los cuales está el derecho inviolable a la vida (Cat 2270).
Los directivos del hospital San Paolo de Milán confirmaron, el
domingo 26 de agosto de 2007, el terrible error cometido durante un
aborto selectivo. Querían abortar (matar) una niña con síndrome
de Down y, en su lugar, abortaron a la hermana gemela sana. Después
de haber reconocido el grave error cometido, con consentimiento de
los padres, tuvieron que abortar también a la niña enferma, que
había quedado viva. Dos seres humanos asesinados por eugenesia, por
querer excluir de la vida a quienes vienen con imperfecciones o
limitaciones, aunque sean queridos por Dios.
Pero cada vida humana es una vida sagrada y tiene una historia
sagrada que viene desde toda la eternidad, cuando Dios decidió
crearla. Además, cada ser humano que viene a este mundo, es una
historia maravillosa de amor de Dios que ha creado su alma con
infinito amor. Por eso, aunque sea fruto de una violación o de un
pecado de sus padres, el nuevo ser tiene una dignidad que viene de
Dios, que lo quiere por sí mismo y lo ha amado desde siempre.
El nuevo ser es ontológicamente un ser único. No es un ser
anónimo, es diferente de otros seres humanos. Nunca ha existido ni
existirá otro ser igual a él. Desde el primer momento de su
existencia, en el momento de la fecundación del óvulo, tiene una
identidad personal. En su genoma está la información genética de
lo que será el día de mañana. Sólo es cuestión de desarrollo,
pero su identidad e individualidad no puede ponerse en duda.
Y, porque la vida humana es sagrada, debe ser fruto de un acto
sagrado como es la relación sexual dentro de un legítimo
matrimonio. En el acto sexual está precisamente el modo de
transmitir la vida. Y, porque la vida es sagrada, el sexo es sagrado
y el matrimonio es sagrado. Cuando se pierde el respeto al sexo y se
le considera como un juego, se pierde su carácter sagrado y se
convierte en un objeto de consumo barato. Se cae en la vulgaridad y
en tantas perversiones sexuales, pues cada vez se buscan nuevos
placeres y nuevas formas para hacer el placer sexual más intenso.
En todas las civilizaciones, lamentablemente, el desorden sexual ha
llevado a la decadencia social. El desorden sexual rompe los lazos
familiares, desune las familias, ocasiona divorcios, hace sufrir a
los hijos y produce multitud de pasiones incontroladas, recelos,
odios, violencias y una infinidad de sufrimientos.
FECUNDACIÓN ASISTIDA
La fecundación asistida o fecundación artificial se refiere a
diferentes procedimientos técnicos dirigidos a realizar la
fecundación de un ser humano por una vía distinta de la unión
sexual del hombre con la mujer, mediante la implantación de
espermatozoides (en el caso de la inseminación artificial) o de
embriones producidos en el laboratorio (en el caso de la
fecundación in vitro). La inseminación consiste en depositar semen
en el útero de la mujer para que se produzca la fecundación.
Para la inseminación artificial homóloga (si es del esposo) o
heteróloga (si es de un donante) se usa generalmente semen fresco,
obtenido por masturbación o mediante diversas técnicas (recogida
parcial tras el coito o por microdescargas eléctricas). Muchas
parejas en las que uno de los dos tiene sida, recurren a esta
práctica de inseminación artificial para tener hijos; pero, sobre
todo, en caso de esterilidad.
La fecundación in vitro (FIVET) se realiza en un recipiente
adecuado en el que se ponen juntos los ovocitos maduros y el semen
capacitado, al menos con 100.000 a 200.000 espermatozoides para cada
ovocito. Sucesivamente, una vez realizada la fecundación in vitro,
(en probeta), se realiza la transferencia al útero de la mujer. Por
eso, los niños nacidos así se llaman niños probeta. Actualmente,
hay en el mundo cerca de un millón de personas producidas por
fecundación artificial.
La fecundación in vitro comienza con la inducción, mediante
diversos medicamentos, de una ovulación múltiple en la mujer, ya
que ésta normalmente sólo produce un óvulo en cada ciclo
menstrual. Luego se colectan esos 7 ó 8 óvulos inducidos y en una
probeta en el laboratorio se ponen en contacto con los
espermatozoides, obtenidos del varón, generalmente por
masturbación. Después de que la fecundación se ha realizado in
vitro, los nuevos embriones son implantados en el útero de la madre
artificialmente por los médicos, quienes implantarán unos tres
para asegurar el éxito del procedimiento. En el caso de que la
mujer sea mayor de 40 años o haya tenido endometriosis severa, se
le transfieren cuatro o hasta cinco.
Los embriones sobrantes, no transferidos al útero, son
descartados, congelados o usados para experimentación. De los
embriones que hayan conseguido anidar en el útero, sólo uno o dos
quedarán con vida. El resto de los embriones sobrantes del útero
serán abortados. Es lo que se denomina reducción selectiva, un
eufemismo para ocultar a la madre el asesinato de sus hijos. Porque,
si la madre lleva a término el embarazo de varios embriones, está
expuesta a muchos riesgos de complicaciones médicas como partos
prematuros, mortalidad infantil, parálisis cerebral del niño...
El proceso de fecundación in vitro dista mucho de ser perfecto
técnicamente. De acuerdo a las estadísticas de la IPPF
(International planned parenthood federation), cerca del 90% de los
embriones mueren en la transferencia al útero luego de la
fecundación in vitro.
El mayor riesgo de la fecundación in vitro es el de embarazos
ectópicos, debido a que muchas mujeres que se someten a esta
técnica tienen problemas en las trompas. La incidencia es del 5%
respecto al 1% de la población normal. Por otra parte, en esta
técnica FIVET se dan un 15 a 20% de embarazos múltiples frente al
1% de los espontáneos.
En la técnica de microinyección se aspira un espermatozoide en
el interior de una pipeta y con ayuda de micromanipuladores se
introduce y se libera en el interior del ovocito. Los resultados de
embarazo son del 26 al 30% con una tasa de abortos del 15%, análoga
al FIVET. La principal dificultad de este método es el número
elevado de anomalías significativas en el nuevo ser.
En la fecundación in vitro hay que saber que el 37% de los
embriones (cigotos) conseguidos y el 21% de los embriones
preimplantados en el útero de la mujer tienen graves anomalías
cromosómicas. Eso significa que hay que matarlos por no tener las
cualidades deseadas.
La primera niña probeta de USA, nacida el 25 de julio de 1978,
pudo venir al mundo después de 100 intentos fallidos. En otras
palabras, más de 100 niños tuvieron que morir para que pudiera
venir uno al mundo. Y eso es inaceptable.
Después de 25 años de experiencia, ahora suelen nacer vivos
solamente un 30%. Todavía deben sacrificarse muchos embriones para
que nazca uno. Se trata de sacrificio de vidas humanas, de embriones
humanos, que fueron congelados a -197 grados celsius.
¿Y qué pasa con los embriones sobrantes congelados? Actualmente
existen más de doscientos mil en USA, esperando que los padres
decidan su suerte, pero normalmente no los quieren o no los
necesitan. Durante el proceso de descongelación mueren entre el 35
y el 40%.
La fecundación in vitro puede hacerse con semen del esposo y
óvulos de la esposa. En este caso, se llama fertilización
homóloga. Si se hace con óvulos de otra mujer o con el semen de
otro hombre, entonces se llama fertilización heteróloga. A veces,
también los esposos pueden hacer que el niño crezca en el útero
de otra mujer y en este caso, se llama vientre de alquiler. En la
actualidad ya se habla de vientres artificiales. Algunos
científicos tienen la inquietud de unir gametos (óvulo o
espermatozoides) de animales con los de seres humanos para ver qué
pasa en estos experimentos. Los grupos homosexuales, que desean
tener hijos, acuden a la fecundación in vitro para tener un hijo
con semen propio, si son homosexuales hombres; o con óvulos propios
si son mujeres. Y después quieren inscribir al niño como hijo de
los (las) dos.
Muchos padres, que han tenido hijos usando donantes de semen u
óvulos, no quieren decirle la verdad a sus hijos por sus posibles
reacciones sicológicas. Podrían preguntarles: ¿Quién es mi papá
o mi mamá de verdad?
Y en estos casos de fertilización in vitro, ¿cuántos problemas
sicológicos sufrirán los niños por no haber sido engendrados con
amor? Con el avance de la biotecnología ya no se recibe al hijo que
Dios quiso dar a esa unión de amor, sino que se ejerce el derecho
de escogerlos o producir el mejor hijo de acuerdo a ciertos
criterios.
Los hijos ya no se reciben como un regalo que Dios concede a los
esposos unidos en matrimonio. Los hijos son considerados como un
derecho que uno puede escoger de acuerdo a ciertos criterios de
calidad: ausencia de defectos, color de los ojos, sexo, estatura,
etc.
Algunos científicos, en vez de hablar de embriones humanos,
prefieren hablar de huevos fecundados, como si fueran cosas sin
valor y no seres humanos. Es el mismo eufemismo que se utiliza para
hablar de interrupción del embarazo en vez de aborto.
La fecundación in vitro es causa de muchos problemas, no sólo
morales. Es el médico quien, en el laboratorio, escoge los
espermatozoides y los óvulos que le interesan, como si él fuera el
creador de la vida del ser humano, fuera del acto amoroso del
matrimonio.
Pero hay mucho más: ¿quién puede garantizar que el médico es
honrado y une el semen del esposo con el óvulo de la esposa? Se han
dado casos reales como el de un médico austriaco que hacía que
todos los hijos nacidos de la fecundación in vitro fueran suyos.
Por otra parte, en el laboratorio se puede escoger el sexo del
niño. Hay compañías que prometen hombre o mujer a gusto de los
padres. El espermatozoide del hombre tiene 23 cromosomas y el óvulo
de la mujer otros 23 cromosomas. El nuevo ser tiene 23 pares de
cromosomas, la mitad del padre y la mitad de la madre, que son los
que transmiten la herencia. De los 23 pares de cromosomas, el ser
humano tiene un par de cromosomas sexuales: dos grandes cromosomas X
en la mujer; y un X grande con un Y pequeño en el hombre. Si se une
el cromosoma X de la mujer con el X del hombre, nacerá una mujer;
si se une el X de la mujer con el Y del varón, nacerá un hombre.
Por eso, el sexo del niño por nacer depende del cromosoma del
varón. Y las grandes compañías separan los espermatozoides que
contienen el cromosoma sexual X de los que contienen el cromosoma Y
para decidir el sexo del futuro niño.
Estas compañías cobran unos 20.000 dólares por escoger el sexo
del niño o por escoger ciertas características de acuerdo al semen
del padre. Hay bancos de semen congelado, donde se archivan los
datos del padre para que así la mujer, casada o soltera, pueda
escoger a su gusto. Los donantes de semen suelen ser admitidos
después de una serie de controles para descartar enfermedades
hereditarias o adquiridas. Y, cuando de un donante se ha obtenido
varios niños probeta, suele ser descartado para evitar problemas de
consanguinidad, pues normalmente nadie sabrá quién es el padre
biológico y podrían casarse entre hermanos de padre.
La Compañía Centro de vida Abraham, de san Antonio Texas, el
año 2007 ofrecía a través de los medios de comunicación,
embriones de la mejor calidad a escoger de acuerdo a donantes de
primera clase. Las mujeres donantes de óvulos habían sido
seleccionadas. Eran atractivas y jóvenes de 20 a 30 años y con un
alto coeficiente intelectual. Los varones eran bellos, de buen porte
y con maestrías y grados académicos superiores.
En varios portales de internet se lanzan también actualmente
ofrecimientos de este tipo. Entre ellos está Cryo Bank, un espacio
donde las mujeres pueden conocer los detalles más interesantes de
los donantes. Así pueden escoger a su gusto y, combinándolos,
obtener el mejor producto, como si fuera un hijo a la carta.
Aquí estamos ya ante un problema de eugenesia o selección de
seres humanos de acuerdo a ciertas características, pero también
surgen muchos problemas legales. Por ejemplo, si una pareja
engendró varios embriones en laboratorio y murió antes de
implantarlos, ¿de quién será su herencia, si no tenían otros
herederos? Estos embriones ¿son sujetos de derechos? ¿Podrían ser
desarrollados en un vientre de alquiler para que, después de
nacidos, recibieran la herencia de sus padres biológicos? Y, ¿si
una pareja se divorcia antes de la implantación de sus embriones y
el hombre quiere implantarlos en su nueva novia? ¿Se lo permitirá
su ex-esposa? ¿Se quedarán esos embriones, que son seres humanos,
abandonados a su suerte, es decir, a la muerte?
Según el periódico canadiense Ottawa citizen, del 18 de abril
del 2007, una mujer, Melanie Boivin, donó algunos óvulos para su
hija Flavie de 7 años, que es estéril por causas genéticas. Así
Flavie, cuando sea mayor, puede quedar embarazada con los óvulos de
su madre. Su hija será su hermana genética y la donante, Melanie,
será, a la vez, madre y abuela. Por otra parte, cada vez son más
usados los vientres de alquiler, mujeres que se prestan a continuar
el embarazo de un óvulo fecundado que no es suyo ni de su esposo.
En Estados Unidos, un vientre de alquiler cuesta unos 50.000
dólares, mientras que en la India solamente 10.000.
Se han dado casos de madres de alquiler que se han encariñado
con el niño y no lo han querido dar a sus padres biológicos. O
casos en que, habiendo nacido el niño con anomalías, nadie lo ha
querido recibir.
Hay un chiste muy representativo de lo que puede pasar en muchos
casos actuales. Una mamá le presenta el álbum familiar a su hijo y
le dice: Éste es Juan, tu padre biológico, que dio el esperma.
Éste es tu padre legal, tu papá, mi esposo. Aquí está Helena, tu
madre biológica, que donó el óvulo. Y ésta es Ana, que fue tu
madre portadora, que te llevó los nueve meses en el vientre.
Finalmente, estoy yo, tu madre legal, que soy tu mamá. Y aquí
está el doctor Antonio, que es tu padre científico, pues fue el
que hizo posible que de Juan y de Elena pudieras nacer tú.
Pero, hablando en serio, informes científicos de investigadores
norteamericanos han alertado sobre los defectos de nacimientos de
los niños probeta, concebidos en laboratorio. Según estudios
recientes, estos niños probeta tienen que afrontar el doble de
riesgo de defectos importantes de nacimiento y el doble de riesgo de
nacer bajos de peso. Investigadores de la universidad John Hopkins y
de la universidad de Washington constataron que estos niños tienen
seis veces más posibilidades de contraer síndrome de
Beckwith-Wiedemann, raro desorden hereditario que causa
malformación de desarrollo y cáncer. Este síndrome es similar a
los problemas detectados en los animales clonados. En Holanda
estudios hechos sobre niños probeta han manifestado el alto riesgo
de problemas oculares, especialmente de retinoblastoma, un tumor en
el nervio óptico, que podría ser siete veces mayor que en los
niños nacidos normales. Otros investigadores hablan del síndrome
de Angelman, una situación de desarrollo que se confunde a veces
con el autismo... En una palabra, están descubriendo que la
concepción de niños en laboratorio no es tan normal como parecía.
Por esto y por mucho más, los niños deben ser siempre fruto del
amor de sus padres y nacidos de un hogar estable, formado por un
auténtico matrimonio. ¡A cuántos traumas están expuestos los
niños engendrados sin amor en un laboratorio! ¿Y los que se
desarrollan en el útero alquilado de otra mujer, que no es su madre
biológica y que lo hace sin amor y sólo por dinero?
Veamos el testimonio de Margaret Brown, una joven de 20 años,
estudiante de biología en Texas. Sus declaraciones aparecieron en
1994 en el semanario Newsweek. Ella es fruto de inseminación
artificial y no conoce a su padre. Dice: Tengo el sueño recurrente
de estar flotando en la oscuridad, mientras giro sin parar cada vez
más de prisa en una región sin nombre fuera del tiempo. Me empiezo
a angustiar y quiero poner los pies en la tierra para encontrarme a
mí misma. Soy una persona engendrada por inseminación artificial,
alguien que nunca conocerá la mitad de su identidad (padre)... No
veo cómo alguien puede privar conscientemente a otro de algo tan
básico y esencial como es su herencia. Aprecio enormemente los
sacrificios de mi padre legal (esposo de mi madre), siento como si
estuviera tomando prestada la familia de otro. Los hijos no son
bienes de consumo o posesiones. Son personas con idénticos
intereses en el proceso.
Ciertamente, nadie tiene derecho a un hijo, como si pudiera hacer
hasta lo inmoral para obtenerlo. El fin no justifica los medios.
Veamos lo que dice la doctrina de la Iglesia sobre esto. El
matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo,
sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que de suyo
se ordenan a la procreación... El hijo no es algo debido y no puede
ser considerado como objeto de propiedad; es, más bien, un don, el
más grande y el más gratuito del matrimonio y es testimonio vivo
de la donación recíproca de sus padres. Por este motivo, el hijo
tiene derecho a ser fruto del acto específico del amor conyugal de
sus padres y tiene también derecho a ser respetado como persona
desde el momento de su concepción.
Es inmoral producir embriones humanos, destinados a ser
explotados como material biológico disponible... Resulta obligado
denunciar la particular gravedad de la destrucción voluntaria de
los embriones humanos obtenidos in vitro con el sólo objeto de
investigar, ya se obtengan mediante la fecundación artificial o
mediante la fisión gemelar... Toda investigación, incluso la
simple observación del embrión, será ilícita, cuando a causa de
los métodos empleados o de los efectos inducidos, hay un riesgo
para la integridad física o para la vida del embrión... Si se
trata de embriones vivos, sean viables o no, deben ser respetados
como todas las personas humanas; la experimentación sobre
embriones, no directamente terapéutica, es ilícita... La práctica
de mantener en vida embriones humanos in vivo o in vitro para fines
experimentales o comerciales es completamente contraria a la
dignidad humana... Además, los cadáveres de embriones o fetos
humanos, voluntariamente abortados o no, deben ser respetados como
los restos mortales de los demás seres humanos. No pueden ser
objeto de mutilaciones o autopsia, si no existe seguridad de su
muerte y sin el consentimiento de los padres o de la madre... En el
caso de los fetos muertos, como cuando se trata de cadáveres de
personas adultas, toda práctica comercial es ilícita y debe ser
prohibida...
Los intentos y proyectos de fecundación entre gametos humanos y
animales y la gestación de embriones humanos en úteros de
animales; y la hipótesis y el proyecto de construcción de úteros
artificiales para el embrión humano son contrarios a la dignidad
del ser humano propia del embrión y, al mismo tiempo, lesionan el
derecho de la persona a ser concebida y a nacer en el matrimonio y
del matrimonio. También los intentos y las hipótesis de obtener un
ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante fisión
gemelar, clonación, partenogénesis, deben ser considerados
contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la
dignidad, tanto de la procreación humana como de la unión
conyugal. La misma congelación de embriones constituye una ofensa
al respeto debido a los seres humanos por cuanto les expone a graves
riesgos de muerte o de daño a la integridad física, les priva, al
menos temporalmente de la acogida y de la gestación materna, y les
pone en una situación susceptible de nuevas lesiones y
manipulaciones.
Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y
genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de
seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades
prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad
personal del ser humano, a su integridad y a su identidad. No pueden
justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias
beneficiosas para la humanidad futura.
La fecundación artificial homóloga, intentando una procreación
que no es fruto de la unión específicamente conyugal, realiza
objetivamente una separación análoga entre los bienes y los
significados del matrimonio... La generación de un hijo ha de ser
el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal en
el que los esposos cooperan como servidores y no como dueños en la
obra del Amor Creador... La persona concebida debe ser fruto del
amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida como el
producto de una intervención de técnicas médicas o biológicas:
eso equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología
científica...
La fecundación homóloga in vitro es en sí misma ilícita y
contraria a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal,
aun cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del
embrión humano... La inseminación artificial homóloga dentro del
matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio
técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una
facilitación y una ayuda para que aquel alcance su finalidad
natural... La inseminación artificial sustitutiva del acto
conyugal, se rechaza en razón de la disociación voluntariamente
causada entre los dos significados del acto conyugal. La
masturbación, mediante la que normalmente se procura el esperma,
constituye otro signo de esa disociación, aun cuando se realiza en
vista de la procreación.
La fecundación artificial heteróloga es contraria a la unidad
del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia
de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos
al mundo en el matrimonio y por el matrimonio... Es moralmente
injustificable, además, la fecundación artificial de una mujer no
casada, soltera o viuda, sea quien sea el donador.
LA CLONACIÓN
La palabra clon en griego significa retoño o ramita. El verbo
Klonizo significa cortar ramitas. De ahí que el término clonación
designa al proceso de reproducción por injerto. A través de este
proceso, ya utilizado en la antigüedad, se creaba un árbol nuevo a
partir de una rama de un árbol adulto sin utilizar semillas. Por
eso, la palabra clon ha llegado a designar el conjunto de individuos
derivados asexualmente de un individuo producido sexualmente. En el
lenguaje popular clonar se refiere a hacer una copia o varias copias
de alguien. En sentido científico, clonación significa la
reproducción asexuada de material biológico, entendida como
reproducción de copias idénticas al material original.
El método utilizado suele ser tomar el núcleo de una célula
madura de un ser humano, de cualquier parte del cuerpo humano de un
adulto, y depositarlo dentro del óvulo materno, al que previamente
se le ha extraído su propio núcleo. De esta manera, el núcleo de
la célula madura ordenará a la célula primitiva la formación de
un embrión que será depositado en el útero de la madre y que
será un gemelo o clon del donante del núcleo. Pero veamos algunas
consecuencias. Si el clon es de un hombre, él será padre y madre
de su hijo. Si es de una mujer, tendría un hijo sin padre... Si se
llegaran a realizar en masa clonaciones de seres humanos, se
crearían seres humanos idénticos físicamente, lo que fomentaría
el racismo, pues se buscarían de tales o cuales cualidades. Se
perdería el profundo sentido de la maternidad y de la paternidad,
de la filiación y del matrimonio. Muchas mujeres preferirían tener
hijos idénticos a ellas sin necesidad de un padre; incluso,
podrían evitar los problemas del embarazo con vientres artificiales
o vientres de alquiler.
Se distingue entre clonación reproductiva, dirigida a tener un
hijo, y la clonación terapéutica, cuando se realiza con el fin de
hacer células estaminales embrionarias inmunocompatibles con las
del paciente a quien se quiere curar de alguna enfermedad. Entre
éstas están la diabetes, enfermedades de la sangre, distrofia
muscular, lesiones causadas por traumas o quemaduras... Pero podemos
preguntarnos: ¿cuántos seres humanos embrionarios habría que
matar para curar enfermedades actualmente incurables con estas
técnicas? Porque lo técnicamente posible no es por ello moralmente
admisible. Lo legal no necesariamente es moral.
El investigador francés Pichot dice: Por lo que se refiere a la
clonación terapéutica, recordemos que, si más del 99% de los
intentos de clonaciones terapéuticas han fracasado, es porque los
embriones producidos de esta forma presentan células afectadas por
anomalías. Estas células no pueden por tanto ser utilizadas para
una terapia. Desde este punto de vista, la clonación terapéutica
es más peligrosa que la clonación reproductiva, que tiene la
ventaja de que todavía no es realizable. Respecto a la clonación
reproductiva con el fin de tener un hijo, copia de uno mismo, veamos
primero lo sucedido en la clonación reproductiva en animales. Hasta
ahora se han clonado monos, terneros, ratones, cabras, cerdos,
corderos, un gato, conejos, peces cebra, vacas y ovejas.
Los doctores Campbell y Wilmut del Roslin Institute de Edimburgo
en Escocia, clonadores de la oveja Dolly, consiguieron primero cinco
corderos nacidos de células derivadas de embriones de oveja. Dos de
estos corderos murieron a los pocos minutos del nacimiento y un
tercero después de diez días. Los otros dos corderos, llamados
Megan y Morag, nacidos en 1995, sobrevivieron hasta el año 2000. El
5 de julio de 1996 nació la oveja Dolly, que se hizo famosa en todo
el mundo. Vino al mundo después de 277 fracasos. Es decir, tuvieron
que morir 277 antes de que ella pudiera nacer.
Dolly dio a luz un cordero llamado Bonnie, el 23 de abril de
1998, demostrando que era un animal sano y fértil. El 24 de marzo
de 1999 tuvo otros tres corderos sanos. Sin embargo el Roslin
Institute ya había anunciado el 3 de julio de 1997 que la oveja
Dolly parecía estar envejeciendo más rápido de lo normal. Y en
2002 se anunció que la oveja Dolly sufría artritis, lo que no era
normal a su edad. Murió a los seis años y medio el 14 de febrero
del 2003.
Detrás de cada éxito, hay cientos de fracasos. La tasa de
clonación de animales está entre el 1 y el 5% de éxito. Los
animales clonados, que sobreviven, muestran un incremento de peso y
debilidad inmunitaria que provoca pulmonía e insuficiencia
hepática. Por eso, tienen una vida más breve que sus hermanos
normales. Esto significa que todavía la clonación en animales no
está lista para ser utilizada comercialmente y muchísimo menos
para seres humanos. Un porcentaje significativo de terneros, nacidos
vivos de clonaciones, muere en la primera semana después del
nacimiento a causa de problemas de salud. Es sabido que ovejas,
vacas y ratones clonados mueren antes o justo después del parto.
El doctor Lanza, jefe del sector para el desarrollo médico de la
Advanced Cell Technology (Massachussets) dice que, en el caso de dos
vacas clonadas por su grupo, al principio, parecían sanas, pero se
enfermaron con el tiempo; una de un tumor y la otra de epilepsia. La
lección aprendida de la clonación de animales es que sólo un
porcentaje mínimo de los recién nacidos es normal.
Respecto a la clonación reproductiva (humana) es preciso
considerar el gravísimo peligro de enfermedades, defectos
genéticos y monstruosidades de los que serían responsables los que
realizaran la clonación... En las ocasiones en que se obtiene el
nacimiento de animales por clonación, estos sufren a menudo
enfermedades y, con frecuencia, varias monstruosidades, de modo que
mueren prematuramente. Al parecer, esto se debe a defectos en el
proceso de reprogramación genética del núcleo transferido. Es
evidente que, en esas condiciones, una clonación con finalidad
reproductiva no debería aplicarse a la especie humana por el
peligro grave que constituiría y la elevadísima mortalidad
inherente.
Hasta ahora, se han anunciado algunos seres humanos nacidos por
clonación, pero estos nacimientos no han sido constatados por
científicos a nivel internacional.
El anuncio de la oveja Dolly en 1997 estimuló a la secta Rael.
Los raelianos creen que la vida de la Tierra fue traída por
extraterrestres, que llegaron en una nave espacial hace 25.000
años, y que los humanos fueron creados por clonación. El fundador
del movimiento, Rael, ex periodista francés, vive en Québec. Y
declaró en 1973 que los extraterrestres le habían dicho que la
resurrección de Jesucristo había sido un experimento de
clonación.
Los raelianos fundaron la compañía Clonaid con base en Las
Vegas, Nevada, para sacar adelante el programa de clonación de
seres humanos con un equipo de expertos en el campo de la
fecundación in vitro y de clonación.
Boisselier, una científica francesa que dirige el programa,
declaró el 27 de diciembre del 2002 que la compañía Bahamas
Clonaid había realizado con éxito la primera clonación
reproductiva humana de la historia, que se llamaba Eva y había
nacido el 26 de diciembre del 2002. Afirmó que tenían otros cuatro
ya en camino. pero no se ha permitido hasta ahora que otros
científicos comprobaran la veracidad de sus afirmaciones.
Un experto en clonación, como el doctor H. Jonas, dice que en la
clonación humana habría un problema grave en los genes. En la
reproducción sexual normal, al casarse dos personas de diferentes
familias, el intercambio de genes permite que no exista ningún ser
humano idéntico sobre la Tierra. ¡La clonación haría lo
contrario a la naturaleza! Fijaría el genotipo, repitiéndolo, sin
posibilidad de intercambio con genes de otros; lo cual traería
muchos riesgos graves para los seres clonados.
Por otra parte, para el hombre clonado, el ser copia de otro se
convertiría en parte de su identidad. Y esto le produciría una
herida sicológica grave, afectando su derecho a vivir su propia
vida como original e irrepetible. El clonado estaría pensando:
¿Qué enfermedades tuvo mi clon? ¿Cómo las enfrentó? ¿A
cuántos años murió? Según algunos científicos, la clonación
sería por ello el método de manipulación genética más tiránico
y esclavizador.
Por otra parte, el clonado no necesariamente sería exactamente a
su donante. El clon tiene un ADN nuclear bastante idéntico al ADN
del donante, pero no completamente: en el genoma, durante todo el
proceso de replicación, tienen lugar algunas pequeñas mutaciones
muy discretas. Por eso, no sorprende que el animal clonado no se
parezca exactamente al animal donante de ADN. Varían de talla, de
peso y en las manchas de pelaje. El gato clonado del gato Raimbow,
nacido el 22 de diciembre de 2001, no se parece a su original y se
comporta de forma muy diferente al mismo. Las personas que quieran
duplicar su animal doméstico preferido, podrían quedar muy
decepcionadas por esto. La clonación no solo no reproduce un
duplicado físico, sino que tampoco lo es su comportamiento y su
personalidad. Si se aplicara a seres humanos, pasaría lo mismo.
Aparte de que sólo se clona el cuerpo; el alma humana es creada por
Dios y no se puede clonar. Además, muchas conductas dependen en
gran parte del ambiente en que uno vive y de su educación.
Por otra parte, si el niño clonado se ha desarrollado en un
vientre de alquiler o en un vientre artificial sin amor, ¿podrá
ser sicológicamente normal? ¿Cómo se sentirá ser producto de la
ciencia y no del amor de unos padres? ¿Le agradará vivir como la
oveja Dolly sólo la tercera parte de la vida normal? Dolly murió a
los seis años, cuando una oveja normal puede vivir hasta 18 ó 20
años. ¿No demandaría a sus progenitores científicos o a su
donante por semejante corta vida, lleno de enfermedades?
Quizás pasen todavía algunos años antes de que se pueda hacer
realidad la clonación de seres humanos. pero lo que sí es una
realidad actual es la clonación en laboratorio de embriones para
utilizarlos en investigación para curar enfermedades incurables. Ya
se piensa en producir embriones masivamente por clonación para
organizar granjas de embriones, de los que puedan extraer células
madres o estaminales para investigar y curar enfermedades.
Para algunos padres, la clonación sería una solución cuando se
les muera un hijo y quieran tener uno exactamente igual a él; o
cuando necesiten los tejidos orgánicos del clonado para el hermano
enfermo (por supuesto habría que matarlo primero). Hay científicos
que han descubierto que los tejidos cerebrales del feto (neuronas
vírgenes) son fácilmente injertables en enfermos con trastornos
síquicos como los aquejados de la enfermedad de Parkinson o de
Alzheimer. Lo malo es que para cada injerto se necesitan cinco o
seis fetos humanos y esto ya ha desencadenado un nefasto tráfico de
fetos humanos, llegando a comprarlos a las madres del tercer mundo.
A veces, se ha llegado, incluso, al secuestro de embarazadas para
matar a sus hijos y obtener así el valioso material de que son
portadoras para injertos de otros niños enfermos de países ricos.
Al clonar embriones y tener muchos disponibles en granjas, las
empresas productoras de estos embriones, o seres humanos en serie,
podrían venderlos a científicos o empresas de investigación. Y ya
se está dando, aunque no sea de dominio público, este tráfico de
seres humanos no nacidos para obtener las células madre o
estaminales y usarlas en investigación. También aprovechan otros
tejidos del embrión para la fabricación de cremas y productos de
belleza. En estos casos, las grandes empresas o los mismos
científicos serían los propietarios legales de estos embriones o
seres humanos y podrían negociar con ellos. En realidad, estos
embriones serían los nuevos esclavos del siglo XXI para el servicio
de sus amos, los científicos y los empresarios.
Por todo ello, la Academia Pontificia para la vida, en sus
Reflexiones sobre la clonación se pronunció diciendo: Contra la
clonación humana hay que recordar todas las razones morales que
llevaron a la condena de la fecundación in vitro. Sin embargo, la
clonación reproductiva es moralmente peor que la fecundación in
vitro, puesto que niega la sexualidad humana y constituye una ofensa
para ésta... La clonación sería el último paso hacia la visión
del ser humano como producto industrial. El proyecto de clonación
humana representa la terrible deriva a la que ha sido empujada una
ciencia sin valores.
La clonación constituye una radical manipulación de la
relación constitutiva y complementariedad que están en el origen
de la procreación humana, tanto en su aspecto biológico como en el
propiamente personal. De hecho, tiende a convertir la bisexualidad
en un mero residuo funcional, ligado al hecho de que hace falta
utilizar un óvulo carente de su núcleo para dar lugar al
embrión-clon y necesita, por ahora, un útero femenino para que se
lleve a término su desarrollo. De esta forma, se realizan todas las
técnicas que se han experimentado en zootecnia, reduciendo el
significado específico de la reproducción humana.
CÉLULAS MADRE O ESTAMINALES
Las células madre o estaminales, llamadas también troncales,
son células que existen en el embrión humano y tienen la capacidad
de diferenciarse para formar todos los tejidos y órganos del cuerpo
humano. Estas células son el componente esencial de todo embrión
recién formado y tienen una capacidad asombrosa para desarrollarse
y reproducirse, formando luego, durante el embarazo, todos los
órganos del nuevo ser humano. Con estas células madre los
científicos tienen la esperanza de desarrollar células
diferenciadas para reparar tejidos dañados de ciertos órganos del
cuerpo a raíz de ciertas enfermedades, como demencia, infartos
cardíacos, lesiones cerebrales, etc. Veamos esto más en concreto.
A los pocos días de la fecundación, el óvulo fecundado,
llamado ya blastocisto, tiene dos capas de células, y entre estas
células hay un grupo de células llamadas estaminales, que son
células pluripotenciales o células madre. Estas células tienen
dos características fundamentales y únicas, que otras células del
cuerpo humano no poseen: 1) la capacidad de reproducirse
constantemente y 2) la capacidad de diferenciarse, es decir, de
transformarse en una célula especializada del cuerpo humano. Las
células estaminales o células madre tienen la capacidad de generar
los 220 tejidos y órganos que componen el cuerpo humano. Esto
significa que estas células pueden ser forzadas a diferenciarse en
el laboratorio en los tejidos que se requieran para curar o aliviar
ciertas enfermedades. Se pueden diferenciar en células de la
médula espinal o neuronas cerebrales, dando así la posibilidad de
reemplazar las neuronas de un adulto dañadas por la demencia de
Alzheimer o el Parkinson u otras enfermedades más. Lo que hace
inmoral estas posibilidades es que hay que matar al embrión, que es
un ser humano. Algunos proponen fabricar en cadena embriones humanos
por clonación para producir estas células madre o usar los miles y
miles (en USA hay 100.000) de embriones humanos congelados para
estas investigaciones de curación de enfermedades. De esta manera,
los científicos quieren solucionar el problema del déficit de
donantes de órganos que hay actualmente.
Las investigaciones con células madre pueden realizarse también
con células de la sangre del líquido amniótico o del cordón
umbilical de los recién nacidos o con células madre de adultos de
su médula ósea o de la piel. Estas células madre de adultos
pueden reproducirse y generar otras células de otros tejidos tal
como ha sido ya probado con células estaminales de la médula ósea
y el cerebro. El problema, por el cual muchos científicos no
quieren seguir este camino, es que estas células madre de adultos
no son tan numerosas y no se reproducen tan fácilmente como las de
los embriones y no son tan fáciles de encontrar. Pero han sido
efectivas para el tratamiento de leucemias, linfomas y mieloma
múltiple, entre otros cánceres. Y no se mata a nadie. Por eso,
esta posibilidad se ve como la más razonable y aceptable
moralmente.
La Academia pontificia para la vida en su declaración sobre la
producción y uso científico y terapéutico de las células
estaminales embrionarias humanas, del 25 de agosto de 2000, declara:
La ablación (recolección o destrucción) de la masa celular
interna del blastocisto, que lesiona grave e irreparablemente el
embrión humano, truncando su desarrollo, es un acto gravemente
inmoral y, por tanto, gravemente ilícito. Ningún fin, considerado
bueno, como la utilización de las células estaminales con vistas a
procedimientos terapéuticos de grandes expectativas, puede
justificar esa intervención. Un fin bueno no hace buena una acción
en sí misma mala.
LA EUTANASIA
Eutanasia viene del griego eu, bueno; y thanatos, muerte. Se
refiere a una buena muerte o, como ahora dicen, muerte por piedad.
Eutanasia es una acción u omisión que por sí misma o por
intención causa la muerte con el propósito de eliminar el
sufrimiento. Puede ser voluntaria (a pedido del paciente o con su
consentimiento) o involuntaria.
La involuntaria puede ser activa o directa, si se realiza un acto
para matar directamente a la persona como darle una inyección
letal. Es eutanasia involuntaria pasiva, si la omisión de un acto
provoca directamente la muerte; como negarle la alimentación o el
oxígeno necesario para vivir.
El suicidio asistido es otra forma de eutanasia. Consiste en
proporcionar a la persona los medios suficientes para que ella misma
pueda causarse la muerte; por ejemplo, darle una medicina mortal
para que la tome por sí misma.
En el Estado de Oregón, en USA, está legalizado el suicidio
asistido como si fuera un derecho humano el poder morir con
¿dignidad?, matándose a sí mismo. Los defensores de la eutanasia
lo presentan como un derecho humano que todos deben respetar; y
desean que sea aprobado por la ONU para que lo reconozcan todos los
países del mundo.
En Holanda se permitió la práctica de la eutanasia en 1993.
Desde abril de 2003 es legal. El gran genetista francés Jerome
Lejeune, llamaba a la eutanasia, eutanazi, pues ya la habían
practicado los nazis en forma masiva. Según el doctor Philipps
Schepens, dirigente del World federation of doctors who respects
human life, con sede en Ostende (Bélgica), cada año mueren en
Holanda por eutanasia 20.000 ancianos. Y dice que esto es peor que
las matanzas de los nazis. Aquellas fueron secretamente ocultadas,
pero ahora se airean y se hacen públicas como si fuera un triunfo
de la actual civilización. Otros autores hablan de 400 suicidios
asistidos y de 3.000 muertos por eutanasia al año. Pero lo cierto
es que, en la mayoría de los casos, se realiza sin consentimiento
del paciente o cuando es incapaz de tomar decisiones. El año 2004,
las autoridades judiciales de Holanda aprobaron un protocolo que
hace prácticamente imposible acusar de asesinato a los médicos de
la clínica universitaria de Groningen, que practiquen la eutanasia
infantil a menores de 12 años e, incluso, recién nacidos, para
liberarlos del dolor por tener alguna enfermedad que los hace
minusválidos.
En Holanda se comenzó con casos de adultos con enfermedades
terminales e incurables, pero se necesitaba el consentimiento del
paciente. Poco a poco, se amplió a jóvenes entre 16 y 18 años,
que también lo pidieran. Después, siguiendo esta pendiente
resbaladiza, se amplió a adolescentes de 12 a 16 años, que
pudieran expresar su consentimiento con la confirmación de sus
padres o tutores. Ahora se puede aplicar a menores de 12 años e,
incluso, recién nacidos, sólo con el consentimiento de sus padres,
que podrán así matar a sus hijos limpiamente y evitarse
sacrificios y gastos económicos. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Por
esta pendiente pronto se podrá matar a un enfermo no incurable, que
lo pida por piedad, para no sufrir, sencillamente, por estar
deprimido.
En 1936, a propuesta de Hitler y Himmler, la universidad de
Heildelberg, la más prestigiosa de Alemania, confirió el doctorado
honoris causa al americano Harry Laughlin, cuyas teorías habían
servido de base para las políticas eugenésicas de Estados Unidos
para esterilizar por la fuerza a quienes eran portadores de
enfermedades hereditarias. La primera ley para castrar criminales,
enfermos mentales y violadores fue promulgada en 1907 en el Estado
de Indiana y fue declarada constitucional por la Corte Suprema de
USA en 1927, abriendo así el camino a leyes parecidas en todo el
país. En los años 1950, más de 50.000 homosexuales fueron
esterilizados por orden de los tribunales norteamericanos. Hitler
aprendió esta práctica de los Estados Unidos y por las teorías
del profesor Laughlin. También otro americano, Madison Grant,
íntimo amigo del presidente Roosevelt y autor en 1916 del libro El
pasaje de la gran raza, habla de la superioridad de la raza aria. El
propio Hitler mandó al autor una carta de alabanza.
Hitler, el 1 de setiembre de 1939, dio el siguiente decreto:
Quedan autorizados para disponer cuanto sea necesario a fin de que
los enfermos, considerados incurables a tenor de los conocimientos
actuales, se los pueda eliminar físicamente para poner fin a sus
sufrimientos. El régimen nazi obligó a esterilizar, abortar o
eliminar por eutanasia a todos los considerados no productivos, como
si el valor de la vida estuviera sólo en su valor económico. En
1939 había en Alemania unos 300.000 pacientes discapacitados,
físicos y mentales. Al final de la guerra, en 1945, sólo quedaban
45.000. Y con estos criterios de matar a los minusválidos o
inútiles se llegó hasta a matar a niños con labio leporino.
Un gran promotor de la eutanasia fue Ernest Haeckel (1834 -
1919). Decía: ¿Qué utilidad aporta a la humanidad mantener y
criar a los miles de cojos, sordomudos, idiotas etc., que nacen cada
año con la carga hereditaria de una enfermedad incurable? Me
exaspera ver cientos de miles de incurables, lunáticos, leprosos,
personas con cáncer etc., que son mantenidos artificialmente con
vida sin que eso suponga el más mínimo bien ni para ellos ni para
la sociedad en general... La muerte voluntaria mediante la cual un
hombre pone fin a un sufrimiento intolerable es en realidad un acto
de redención. Ningún ser dotado de sentimientos que profese un
verdadero amor cristiano hacia su prójimo, podrá negar a su
hermano sufriente el descanso eterno y la libertad frente al dolor.
Para él, el ser humano no tiene alma, es un ser puramente
biológico y, por eso, no puede entender la compasión humana con
los enfermos incurables. Dice que esa compasión es inmoral. De esta
manera, justifica la eutanasia, el infanticidio y el aborto.
¿Es que el ser humano no vale nada por sí mismo? ¿Es que hay
vidas que valen más que otras? ¿Es que puede uno decidir vivir o
morir? ¿Es que los familiares pueden decidir la muerte de uno por
propia comodidad? ¿Acaso el Estado tiene autoridad para matar a
quien está en coma o con enfermedad incurable? ¡Cuántas veces al
legalizar la eutanasia se ha dado carta blanca para matar sin
escrúpulos a familiares molestos, competidores peligrosos o
testigos incómodos; e incluso se ha dado pie a que muchos médicos
y enfermeras puedan decidir por sí mismos quién debe vivir o
morir! En Holanda, en 1987, una enfermera asesinó a 23 ancianos sin
su consentimiento.
La enfermera austriaca Waltraud Wagner, en seis años, eliminó a
50 ancianos, aunque algunos dicen que fueron trescientos. Y todo lo
hacía por piedad. Ahora es conocida como la enfermera de la muerte.
De todos es conocido el tristemente célebre doctor Jack Kevorkian,
que se presentaba como médico asesor de enfermos desahuciados, que
deseaban morir con dignidad. Inventó un aparato en 1983, llamado
Mercitron (algo así como máquina de misericordia) que se
convirtió en la primera máquina del mundo para suicidarse. Y, por
eso, se le empezó a llamar el doctor de la muerte. Su primera
víctima fue Jane Adkins, de 54 años, con enfermedad de Alzheimer.
Desde 1990 hasta 1998 admitió haber ayudado a unos 130 seres
humanos, incluyendo a algunos que sólo padecían depresión. En el
juicio que le hicieron admitió que el suicidio de personas
minusválidas, en su opinión, constituía un bien para la sociedad
y, si se les extraían sus órganos, podían contribuir también al
bien de otros.
El doctor Baumamm, uno de los siquiatras más populares de Suiza,
fue procesado por sadismo ante la fiscalía de Basilea. Él atendía
en Zurich a aquellos que querían morir como aquella mujer de 60
años que el 2 de noviembre de 2002 entró en su consultorio en
silla de ruedas con el deseo de morir y Baumamm no la decepcionó.
Él mismo grabó en video su muerte, mientras introducía su cabeza
en una bolsa y se autoasfixiaba con gas. También ayudó a
suicidarse a personas neuróticas y deprimidas.
Otro gran promotor de suicidio asistido fue Derek Humphry, nacido
en Londres en 1930. Fue el fundador de la Hemlock Society para
promover el suicidio asistido y escribió su libro fundamental,
titulado El último recurso, que es un manual para matarse a sí
mismo.
Se casó con Jean Crane que murió en 1975 de cáncer de pecho y
huesos. En el texto que escribió en su honor Jean murió a su
manera, describe detalladamente su suicidio y el papel que él
desempeño para asistirla, proporcionándole los medicamentos
apropiados. Diluyó en su café secobarbital y codeína; le dio el
brebaje y se sentó a su lado, mientras observaba cómo se lo
bebía. Tenía a mano dos almohadones con los que pretendía
asfixiarla, si aún así no moría, pero dice que no lo necesitó y
que en menos de una hora murió.
Su segunda esposa Ann Wickett también contrajo cáncer de pecho
y se suicidó, pero dejó una nota en la que acusaba a Humphry de
haber asfixiado a Jean. En su libro El último recurso dice: Si
tienes la mala fortuna de verte obligado a acabar con tu vida en un
hospital o en un motel, es todo un detalle dejar una nota para el
personal, pidiéndole disculpas por el susto y las molestias. En una
ocasión, me contaron de una persona que dejó una generosa propina
para el personal del hotel.
Él se jacta de que cientos de personas han utilizado su
información para suicidarse. Y, en una carta al director, publicada
en el New York Times del 11 de agosto de 1992, afirmaba que el
suicidio asistido es la última de las libertades civiles.
Otro caso que dio la vuelta al mundo fue el caso de Terri
Schindler-Schiavo. Esta mujer sufrió una lesión cerebral,
aparentemente irreversible, durante una hospitalización en 1990. Su
esposo enjuició a los médicos por negligencia médica y logró
obtener un millón de dólares en indemnizaciones. Durante el
juicio, Michael Schiavo conmovió al jurado asegurando que se
dedicaría a cuidar a su esposa, si fuera necesario, por el resto de
su vida, aunque no se recuperara nunca. Sin embargo, menos de un
año después del millonario fallo a su favor, Schiavo pidió que
los médicos empezaran a tomar medidas para agilizar su muerte, como
no reanimarla en caso de fallo cardíaco o desconectarle el tubo de
alimentación e hidratación que aseguraba su supervivencia. Al
mismo tiempo, comenzó a frecuentar otras mujeres y terminó
conviviendo con una de ellas, a quien llamaba su novia y con quien
tiene dos hijos.
La batalla duró unos diez años entre los padres de Terri y el
esposo. El año 2003, un juez falló a favor del esposo y Terry
estuvo desconectada del tubo y dejada sin comida durante casi cinco
días, hasta que los legisladores de Florida votaron a favor de una
ley que autorizó al gobernador de Florida, Jeb Bush, a reinstalar
el tubo de comida y evitó así su muerte... Pero el esposo ganó la
batalla final; pues, con el permiso del poder judicial, se le
retiraron los tubos de alimentación el 31 de marzo de 2005 y murió
trece días después.
Otro caso. En la clínica Bouchard de Marsella (Francia), el año
1986, nació un niño mogólico (síndrome de Down) y lo colocaron
en una incubadora. A las pocas horas, su padre, un joven mecánico
de 36 años, se acercó a la incubadora y, ante el estupor del
personal, con unas tijeras mató a su hijo. Ante el tribunal que lo
absolvió, ante el aplauso de los asistentes al juicio, dijo que fue
un gesto de amor. En el cementerio colocó una pequeña lápida que
decía: A mi amor. Perdón. Papá.
En otras partes del mundo hacen lo mismo de manera más discreta
y oculta: simplemente dándole biberón con un barbitúrico
(veronal) en dosis mortales, les inyectan potasio o les retiran la
sonda nasogástrica por la que se alimentan o dejando morir a los
niños con malformaciones congénitas.
El doctor Bernard Nathanson afirma que, si se legaliza la
eutanasia, puedo predecir que habrá empresarios que montarán
múltiples, pequeños y discretos, morideros para los que deseen la
muerte. Los morideros (quizás tanatorios o infusorios) reunirán un
equipo de hombres y mujeres jóvenes y vivaces, vestidos de chándal
blanco y... con unos modales impecables... Las salas de tratamiento
en el tanatorio serán asépticas, pero remodeladas con artículos
de imitación, diseñados para crear el ambiente hogareño que uno
ve en las salas de maternidad de los hospitales... Eso sólo
ocurrirá en la primera fase. En la medida en que prosperen los
tanatorios y se expandan en cadenas y franquicias, tomarán el mando
los economistas, reduciendo costes y gastos superfluos conforme
crezca la competencia. La versión última del tanatorio,
simplificado, eficaz y económicamente impecable, se parecerá más
a las fábricas en cadena en que se han convertido las clínicas
abortistas, el último escalón para llegar a los hornos crematorios
de Auschwitz.
Y ¿qué dice la Iglesia sobre todo esto? No faltan quienes
justifican la eutanasia por razones utilitarias de cara a evitar
gastos innecesarios demasiado costosos para la sociedad. Se propone
así la eliminación de los recién nacidos malformados, de los
minusválidos graves, de los impedidos, de los ancianos, sobre todo,
si no son autosuficientes y de los enfermos terminales... Otras
formas de eutanasia podrían producirse, por ejemplo, cuando, para
aumentar la disponibilidad de órganos de transplante, se procede a
la extracción de los órganos sin respetar los criterios objetivos
y adecuados que certifican la muerte del donante.
Siguiendo esa lógica, se ha llegado a negar los cuidados
ordinarios más elementales y hasta la alimentación a niños
nacidos con graves deficiencias o enfermedades. Además, el panorama
actual resulta aún más desconcertante, debido a las propuestas
hechas en varios lugares de legitimar, en la misma línea del
derecho al aborto, incluso el infanticidio, retornando así a una
época de barbarie que se creía superada para siempre. Por eso, de
acuerdo con el magisterio de mis predecesores y en comunión con los
obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una
grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada
y moralmente inaceptable de una persona humana. El aborto y la
eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender
legitimar.
Ahora bien, hay que distinguir entre eutanasia y distanasia.
Distanasia es el ensañamiento terapéutico, que consiste en el uso
de medios extraordinarios y desproporcionados para prolongar
artificialmente la vida de un ser humano. Sobre ello, dice la
Iglesia: Debe distinguirse la eutanasia de la decisión de renunciar
al llamado ensañamiento terapéutico, o sea, a ciertas
intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación del enfermo
por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o
bien por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas
situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se
puede, en conciencia, renunciar a unos tratamientos que procurarían
únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia sin
interrumpir, sin embargo, las curas normales debidas al enfermo en
casos similares.
En estos casos extremos, no obstante, debe quedar claro que es
obligatorio usar todos los medios normales y ordinarios para atender
al enfermo. No es lícito, por ningún motivo, suspender estos
medios ordinarios como son el oxígeno y la alimentación por vía
intravenosa, curar las escaras o dar los analgésicos necesarios,
aunque atenúen la conciencia del enfermo y provoquen, de modo
secundario, un acortamiento de la vida.
La Congregación para la doctrina de la fe, en respuesta a unas
cuestiones presentadas por el presidente de la Conferencia episcopal
norteamericana, respondió el 1 de agosto del 2007 que suministrar
alimento y agua, incluso por vía artificial, es un medio ordinario
y proporcionado para la conservación de la vida y que, por tanto,
es obligatorio en la medida en que se demuestra que cumple su propia
finalidad, que consiste en procurar la hidratación y la nutrición
del paciente. Y esto, aunque los médicos competentes juzguen con
certeza moral que el estado de inconsciencia es irreversible. No
pueden interrumpirse la nutrición e hidratación por vías
artificiales, porque para la Iglesia una persona, aunque esté en
estado vegetativo permanente, tiene su dignidad humana fundamental;
una dignidad que no depende del estado mayor o menor de su
consciencia. Por tanto, como principio fundamental, está claro que
es obligatorio suministrar alimento y agua a enfermos en estado
vegetativo de coma permanente.
El problema de fondo es que hay una mentalidad generalizada que
ve el sufrimiento como algo sin ningún significado ni valor; aún
más, lo considera como el mal por excelencia al que hay que
eliminar a toda costa.
La doctora Elisabeth Kübler-Ross, doctora honoris causa por más
de 20 universidades, ha estudiado 20.000 casos de personas dadas
clínicamente por muertas y que han sobrevivido. Ella nos dice sobre
el sufrimiento: El sentido del sufrimiento es éste: Todo
sufrimiento genera crecimiento. La mayoría de la gente considera
sus condiciones de vida como difíciles y sus pruebas y tormentos
como una maldición, un castigo de Dios, algo negativo. ¡Si
pudiéramos comprender que nada de lo que nos ocurre es negativo y
subrayo: absolutamente nada!... Todos los sufrimientos y pruebas,
incluso las pérdidas más importantes así como los acontecimientos
ante los que decimos: Si hubiese sabido antes no lo habría podido
soportar, son siempre regalos. Sufrir es como forjar el hierro
candente, es la ocasión que nos es dada para crecer, que es la
única razón de nuestra existencia.
No se puede crecer síquicamente, estando sentados en un jardín
donde os sirven una suculenta cena en una bandeja de plata, sino que
se crece, cuando se está enfermo o cuando hay que hacer frente a
una pérdida dolorosa. Se crece, cuando, en vez de esconder la
cabeza en la arena, se acepta el sufrimiento intentando
comprenderlo, no como una maldición o como un castigo, sino como un
regalo hecho con un fin determinado.
Para el Papa Juan Pablo II: La vida humana, aunque débil y
enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad. Y, en
el caso de una ley injusta, que admita el aborto o la eutanasia,
nunca será lícito someterse a ella ni participar en campañas de
opinión a favor de una ley injusta semejante ni darle el apoyo del
propio voto. Un enfermo, aunque esté en coma, tiene sus derechos y
su vida tiene un sentido. Mientras está en coma puede ser bendecido
abundantemente por Dios por medio de la oración de sus familiares.
Es muy aleccionadora, en este sentido, la anécdota que le
ocurrió al padre Larrañaga: En una ciudad de México me pidieron
que fuera al hospital a visitar a una mujer de 35 años, madre de
cinco niños entre dos y doce años, que por una intervención
quirúrgica mal hecha estaba agonizando y estaba en coma. Fui a su
habitación en la clínica. La joven madre tenía todos los
síntomas del estado de coma: inmovilidad absoluta, no oía ni
miraba, respiración dificultosa con aparatos especiales. Al lado,
el marido lloraba. En medio de una pena difícil de medir, comencé
a improvisar en voz alta, con fervor, una oración de abandono,
expresándome con toda el alma, poniéndome en el lugar de la
agonizante.
Al terminar la oración, la joven madre no dio la más pequeña
señal de reacción. Efectivamente, estaba en coma profundo. Al mes
y medio, estando yo en otra ciudad, me comunicaron que la señora
estaba en casa con sus cinco hijos completamente restablecida y
feliz. Manifesté mi deseo de saber qué había pasado y la señora
me hizo llegar las siguientes informaciones: Ella había oído todo
cuanto había dicho. Y había asumido con emoción y fervor la
actitud de abandono que le dio una completa tranquilidad y paz. Como
consecuencia de tanta paz, según los médicos, pudo comenzar un
ascenso en el proceso de su restablecimiento hasta llegar a sanarse
completamente.
El 8 de junio del 2007 salía una noticia a nivel internacional.
En Polonia un obrero se estaba recuperando después de haber estado
19 años en coma. Jan Grzeb-ski recibió un fuerte golpe en el
cráneo en 1988, quedando en estado de inconsciencia permanente. Los
especialistas le dieron dos o tres años de vida. Sin embargo, su
esposa Gertruda mantuvo la esperanza y se ocupó de cuidarlo.
Al recuperarse después de 19 años en coma, ha podido conocer a
sus once nietos y ha dicho a la televisión polaca: Mi esposa me ha
salvado. No lo olvidaré jamás. Pero esto nos lleva a preguntarnos,
si el estado prolongado de inconsciencia le quita al hombre su
intangible dignidad. Y respondemos que no. Igualmente, el hecho de
estar en estado vegetativo, como suele llamarse al estado de coma,
no da derecho a acudir a la eutanasia para solucionar el problema.
Estos enfermos en coma no necesitan la eutanasia, sino mucho amor.
Aparte de que, desde el punto de vista cristiano, podemos decir que,
mientras tienen vida humana, pueden crecer espiritualmente y ser
bendecidos más y más por Dios por medio de las oraciones de sus
familiares y amigos.
Evidentemente, la oración es poderosa y Dios siempre oye nuestra
oración, dándonos su amor y paz, y muchas veces también la salud
del cuerpo y del alma. Los enfermos en coma pueden ser bendecidos
por Dios y nunca es tarde, ya que muchos pueden oír, para decirles
que los amamos, pedirles perdón y orar por ellos.
La vida humana tiene un sentido transcendente más allá de la
muerte. Cristo murió en la cruz para dar sentido al sufrimiento. El
sufrimiento desde entonces, tiene un sentido redentor, que no pueden
entender los ateos, agnósticos o vividores. El sufrimiento es un
tesoro que nos puede acercar más a Dios y madurar espiritualmente.
Hay un dicho muy antiguo que dice: Quien no sabe de dolores, no sabe
de amores.
El Papa Juan Pablo II, en la carta apostólica Salvifici doloris,
nos dice: El hombre que sufre, no sólo es útil para los demás,
sino que realiza un servicio insustituible... El sufrimiento, más
que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la gracia que
transforma las almas... Y la Iglesia siente necesidad de recurrir al
valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo. Como
decían los padres conciliares: En Cristo y por Cristo se ilumina el
enigma del dolor y de la muerte.
Por eso, vale la pena vivir, aunque uno sea enfermo y
minusválido. Y todos deben respetar la vida y los derechos de los
enfermos y minusválidos. Sobre esto, el profesor Barkani,
catedrático de embriología de la universidad de Cincinatti, relata
la siguiente historia familiar:
El 20 de abril de 1889, mi padre recibió una llamada nocturna
para que fuera a asistir a dos partos en la localidad de Braunau
(Austria). Uno de ellos era un hermoso varón, que lloraba con
fuerza; el otro, una pobre niña trisómica. Mi padre siguió de
cerca el destino de aquellas criaturas. El chico hizo una carrera
extraordinariamente brillante y exitosa, la niña vivió una
sombría existencia. Sin embargo, cuando la madre de esta última
sufrió una hemiplejía, la muchacha, cuyo coeficiente mental era
muy mediocre, se dedicó de lleno a atender la casa con ayuda de los
vecinos y procuró a su madre impedida cuatro años de vida feliz.
Mi anciano padre no podía recordar el nombre de la niña
mongólica, pero jamás olvidó el del varón: Adolf Hitler.
Un caso especial que el año 2007 causó gran polémica en USA,
fue el caso Ashley. Esta niña de nueve años, 130 cm. y 30 kilos de
peso, que no podía hablar ni caminar ni sostener su propia cabeza,
era alimentada mediante una sonda y dependía en todo momento de la
asistencia y cuidado de sus padres. Su enfermedad: encefalopatía
estática. Cuando tenía seis años y medio, sus padres decidieron
realizarle una serie de operaciones como extraerle el útero, los
senos nacientes y el apéndice, con el fin de que no creciera más y
así poder manejarla mejor para su aseo y cuidados. Durante dos
años y medio siguió un tratamiento con altas dosis de estrógeno
para inhibir su crecimiento. En 2006, se dio a conocer públicamente
su caso, lo que creó una polémica, pues se violó la dignidad de
la niña para conveniencia de sus padres, que podrían manejarla
mejor, dada su pequeña estatura permanente.
El profesor Francesco D´Agostino, presidente honorario del
Comité nacional de Bioética y presidente de la Unión de juristas
católicos italianos, dice: Aunque las intenciones de los padres de
Ashley fueran buenas, permanece el hecho de las mutilaciones, en
perjuicio del cuerpo de esta niña. Estamos en un campo en el que
los médicos no pueden intervenir de manera manipuladora en el
cuerpo de un ser humano. De otro modo, a todos los discapacitados
mentales se les podría esterilizar de niños para evitarles
complicaciones futuras. Hay un principio ético fundamental que es
el del respeto absoluto por el cuerpo humano y debe ser
salvaguardado siempre.
En conclusión, respetemos el cuerpo y la vida de cada ser
humano, porque la vida es sagrada y es un don de Dios. A quienes
deseen la eutanasia deberíamos preguntarles por qué su vida no
tiene sentido y rodearlos de amor y de calor humano y sobrenatural
para que descubran el sentido de su vida y la fe en Dios.
Respeta la vida de todo ser humano y Dios te bendecirá a ti.
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA
León XIII decía: Una sola causa tienen los hombres para no
obedecer: cuando se les exige algo que repugna abiertamente al
derecho natural o al derecho divino. Todas las cosas, en las que la
ley natural o la voluntad de Dios resultan violadas, no pueden ser
mandadas ni ejecutadas.
Santo Tomás de Aquino afirmaba: La ley humana es tal en cuanto
está conforme con la recta razón y, por tanto, se deriva de la ley
eterna. En cambio, cuando una ley está en contraste con la razón,
se la denomina ley inicua; sin embargo, en este caso deja de ser ley
y se convierte, más bien, en un acto de violencia.
Y el Papa Juan Pablo II declaraba: La primera y más inmediata
aplicación de esta doctrina hace referencia a la ley humana que
niega el derecho fundamental y originario a la vida, derecho propio
de todo hombre. Así las leyes que, como el aborto y la eutanasia,
legitiman la eliminación directa de seres humanos inocentes, están
en total e insuperable contradicción con el derecho inviolable a la
vida inherente a todos los hombres y niegan, por tanto, la igualdad
de todos ante la ley.
Y, aunque el Papa parece referirse sólo a la eutanasia y al
aborto, esta norma debe aplicarse a todas las leyes injustas e
inocuas. Ante ellas hay que defender el derecho a la objeción de
conciencia. Y sigue el Papa: Ha de respetarse la objeción de
conciencia, la que no es facultativa para los funcionarios del
Estado. El rechazo a participar en la ejecución de una injusticia,
no sólo es un deber moral, sino también un derecho humano
fundamental. Si no fuera así, se obligaría a la persona humana a
realizar una acción intrínsecamente incompatible con su dignidad
y, de este modo, su misma libertad, cuyo sentido y fin auténticos
residen en su orientación a la verdad y al bien, quedaría
radicalmente comprometida... Quien recurre a la objeción de
conciencia, debe estar a salvo, no sólo de sanciones penales, sino
también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar,
económico y profesional.
Muchos profesionales de la salud tienen problemas de conciencia,
cuando en su trabajo diario son obligados por sus jefes a realizar
abortos u otras acciones que van en contra de su conciencia
cristiana. Para estos casos, las autoridades deben reconocer el
derecho a la objeción de conciencia para que no sean expulsados del
trabajo por no obedecer órdenes inmorales.
Olga Kovalenko, campeona rusa de gimnasia en México 1968,
denunció que ella y otras atletas rusas fueron obligadas a quedar
encinta tres meses antes de las Olimpiadas. Para las que no eran
casadas, como la Kovalenko, proveyeron los funcionarios del
ministerio soviético del deporte, encargados del equipo. ¿Por
qué? Porque en los tres primeros meses de embarazo podían mejorar
los rendimientos en un 30%, pues su cuerpo aumenta los glóbulos
rojos, el ritmo cardíaco y pulmonar, y la tasa de progesterona.
Después de terminadas las Olimpiadas, se las obligaba a abortar a
cuenta del Estado.
Pero un cristiano no puede dejarse manipular ni ir contra su
conciencia. Para un cristiano hay principios morales universales,
que debe seguir. Y uno de ellos es el derecho-deber de defender la
vida humana siempre y en cualquier circunstancia. De ahí que un
profesional cristiano no puede actuar contra su conciencia moral,
porque se lo ha ordenado su jefe bajo pena de marginarlo o sacarlo
del trabajo. Por defender una vida debe estar dispuesto a perderlo
todo. Un farmacéutico no puede vender medicamentos abortivos, pues
estaría colaborando contra la vida y sería, en alguna medida,
responsable de los abortos producidos. Un investigador no puede
investigar matando embriones, un médico o enfermera no puede
realizar abortos, aunque se lo manden; y ni siquiera colaborar en
prácticas abortivas, ni aconsejar o recetar medicamentos abortivos.
En la declaración de la XIII Asamblea general de la Pontificia
Academia para la vida (15 de marzo de 2007) se dice: En la actual
situación, adquiere mayor relieve el ejercicio obligado de una
valiente objeción de conciencia por parte de médicos, enfermeros,
farmacéuticos, personal administrativo, jueces y parlamentarios,
así como de otras figuras profesionales, directamente implicadas en
la tutela de la vida humana individual, cuando las normas
legislativas plantean acciones que ponen la vida en peligro. Hay que
señalar que el recurso a la objeción de conciencia se lleva a cabo
hoy en día en un contexto cultural de tolerancia ideológica que
paradójicamente tiende a no favorecer la aceptación del ejercicio
de dicho derecho, considerado un elemento desestabilizador del
quietismo de las conciencias. Deseamos subrayar particularmente, en
relación con las profesiones sanitarias, lo difícil que resulta
ejercer el derecho a la objeción de conciencia; un derecho que
suele reconocerse tan sólo a individuos y no a estructuras
sanitarias o asociaciones.
En el ámbito de la práctica médica, merece mención
específica el caso de la anticoncepción de emergencia, recordando
ante todo la responsabilidad moral de quienes hacen posible su
empleo en los diferentes niveles y la exigencia de recurrir a la
objeción de conciencia en la medida en que sus efectos sean
abortivos. Hay que reiterar también el deber moral de suministrar
al público una información completa acerca de los diferentes
mecanismos de actuación y de los efectos de dichos productos.
En resumidas cuentas, un profesional cristiano debe presentar su
objeción de conciencia en caso de que le ordenen prácticas
inmorales y preferir cualquier sanción antes que colaborar con la
muerte de otros seres humanos por el aborto, la eutanasia...
Por otra parte, en algunos países, especialmente en Francia y
Estados Unidos, se han fundado grupos de católicos que presentan
documentos para que se apruebe la objeción de conciencia fiscal.
Esta objeción de conciencia se refiere a que se acepte por ley que
uno pueda declarar que no acepta que sus impuestos puedan ser usados
en programas sociales pro-abortos. De modo que el Estado se
comprometa a no emplear esos fondos de los impuestos de esos
ciudadanos en apoyar clínicas abortivas o adquisición de
anticonceptivos, etc. Porque la triste realidad es que, en muchos
países en los que está legalizado el aborto, el Estado, con el
dinero de todos los ciudadanos, paga los gastos de las clínicas
abortivas y se gasta millones de dólares en programas pro-aborto y
en repartir anticonceptivos a nivel nacional e internacional. Y un
buen católico no puede permitir que con su dinero se realicen
acciones contra su conciencia; de ahí viene el nombre de objeción
de conciencia fiscal. Algo hay que hacer. Si todos los buenos se
movilizan, no sólo los católicos, se puede presionar al Gobierno
para que respete la conciencia de sus ciudadanos.
REFLEXIONES
En la cultura actual, aumentan cada día más las leyes para la
protección del medio ambiente y de los animales. Los residuos
industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes
fósiles, la deforestación incontrolada y el uso de algunos tipos
de herbicidas deterioran la atmósfera y el medio ambiente,
favoreciendo la extinción de animales. Ciertamente, hay que
defender los bosques y los animales y procurar tener un ambiente
puro y sin contaminación, pero igualmente debemos defender los
derechos de los niños por nacer o de los embriones humanos. Hoy se
habla mucho de los derechos de los animales y de los derechos de las
mujeres a la salud reproductiva, es decir, a abortar y a disponer de
su propio cuerpo sin ningún condicionamiento moral. Se habla del
derecho a morir con dignidad para poder así conceder la eutanasia a
los enfermos terminales o que no desean seguir viviendo. Y las
leyes, que favorecen el aborto, la eutanasia, la fecundación in
vitro, la clonación o cualquier investigación con células madres,
etc., cada día van ampliándose más y más.
Es curioso pensar que muchos de los defensores de los derechos de
los animales y de la ecología están a favor del aborto o de la
eutanasia. En enero de 1997, la Corte de Holanda, emitió una
sentencia prohibiendo la pesca con cebos vivos; gusanos, larvas,
moscas... Quien lo haga puede ser condenado por crueldad con los
animales. ¿Tienen los animales más derechos que los seres humanos?
Como recuerda Antonio Gaspari en su libro Da Malthus al razzismo
verde, muchos jerarcas nazis del Tercer Reich tenían un corazón
muy tierno con los canarios y otros animales, pero no tenían
escrúpulos en matar a los hombres en las cámaras de gas. Peter
Singer, un australiano, sostiene que un chimpancé sano e
inteligente tiene más derecho a la vida que un recién nacido
gravemente enfermo. Para él, después del aborto, hay que legalizar
el infanticidio para los niños enfermos. Parece que no quieren
reconocer los derechos de los enfermos terminales y sólo ven la
parte humana de ahorrarles sufrimientos, aun en contra de su
voluntad. Es una mentalidad facilista y utilitarista, que huye del
dolor y busca a todo trance el placer, como si la vida sólo tuviera
sentido en el disfrute y el goce de los placeres terrenales.
Precisamente, por perder de vista la dimensión eterna del ser
humano, se acepta tan fácilmente el aborto, la eutanasia y
cualquier medio que sirva para curar enfermedades, aunque sea
matando embriones, que son seres humanos desde el primer instante de
la concepción.
De ahí que no se tenga reparo en utilizar las células madre de
los embriones o usar los tejidos fetales, en particular el
colágeno, para fabricar cremas rejuvenecedoras y antiarrugas u
otros productos de belleza para las mujeres. Hay una industria muy
lucrativa, que aprovecha los tejidos de los embriones abortados o
que produce en serie embriones para la investigación o para la
fertilización in vitro. Se llega al absurdo de tener granjas de
embriones, como si fueran cosas y no seres humanos. Llegando al
extremo de que ya hay empresas que tienen en propiedad miles de
estos embriones congelados como si fueran dueños absolutos de las
vidas de estos seres humanos, que son los nuevos esclavos del
progreso científico. Y las empresas trafican con estos embriones y
con tejidos fetales con total normalidad, como si se tratara de
cosas y no de personas. ¿A dónde llegaremos? ¿A clonar seres
humanos, propiedad del Estado, como en el Mundo feliz de Huxley?
Algunos dicen que el embrión no es persona con derechos humanos
hasta el momento de su implantación en el útero. Y, siguiendo este
camino, otros dirán que sólo es persona, sujeto de derechos, hasta
el momento del nacimiento; y otros podrían decir hasta que sea
capaz de tomar decisiones por sí mismo. Por esta pendiente,
podríamos llegar a extremos increíbles. ¿Quién es el que
determina cuándo un embrión es persona y sujeto de derechos? ¿El
Estado? ¿Los científicos? La vida es sagrada desde el primer
instante de la concepción. Por ello, el nuevo ser debe venir al
mundo como fruto del amor de sus padres y no como producto de un
laboratorio científico, o como propiedad de una empresa que sólo
ve los beneficios económicos, como si los seres humanos se pudieran
comprar y vender como esclavos.
Respetemos la vida. A esto nos animaba el Papa Juan Pablo II:
Defiende, respeta, ama y sirve a la vida, a toda vida humana. Sólo
siguiendo este camino, encontrarás justicia, desarrollo, libertad
verdadera, paz y felicidad. El ser humano debe ser respetado y
tratado como persona desde el instante de su concepción y por eso,
a partir de ese mismo momento, se le deben reconocer los derechos de
la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano,
inocente a la vida. El uso de embriones o fetos humanos como objeto
de experimentación constituye un delito en consideración a su
dignidad de seres humanos, que tienen derecho al mismo respeto
debido al niño ya nacido y a toda persona. La misma condena moral
concierne también al procedimiento que utiliza los embriones y
fetos humanos todavía vivos, a veces producidos expresamente para
este fin, mediante la fecundación in vitro sea como material
biológico para ser utilizado sea como abastecedores de órganos o
tejidos para transplantar en el tratamiento de algunas enfermedades.
En verdad, la eliminación de criaturas inocentes, aun cuando
beneficie a otros, constituye un acto absolutamente inaceptable.
Y, por eso mismo, los legisladores que aprueben leyes a favor del
aborto cometen un gravísimo pecado. Así lo dice el documento del
Episcopado latinoamericano de Aparecida, mayo 2007: Debemos
atenernos a la coherencia eucarística, es decir, ser concientes de
que no pueden recibir la sagrada comunión y, al mismo tiempo,
actuar con hechos o palabras contra los mandamientos, en particular,
cuando se propician el aborto, la eutanasia y otros delitos graves
contra la vida y la familia. Esta responsabilidad pesa de manera
particular sobre los legisladores, gobernantes y profesionales de la
salud.
La Madre Teresa de Calcuta dijo a los participantes de la
Conferencia internacional sobre Población y desarrollo, en El Cairo
en 1994: La vida es el mayor don de Dios. Por esto, es triste ver lo
que acontece hoy en tantas partes del mundo. La vida es
deliberadamente destruida por la guerra, por la violencia, por el
aborto. Y nosotros hemos sido creados por Dios para cosas más
grandes: amar y ser amados. A menudo, he afirmado y estoy segura de
ello: el mayor destructor de la paz en el mundo de hoy es el aborto.
Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué podrá impedirnos
a ti y a mí matarnos recíprocamente? El único que tiene derecho a
quitar la vida es Aquel que la creó. Nadie más tiene ese
derecho... Un niño es el don más grande para la familia y para la
nación. No rechacemos nunca este don de Dios.
Antes de concluir este libro, quisiera presentar el ejemplo del
doctor Jérôme Lejeune que fue uno de los padres de la genética
moderna y descubrió en 1959 la causa del síndrome de Down, la
trisomía 21. En 1962 fue nombrado experto en genética humana de la
OMS (Organización mundial de la salud). En 1964 fue director del
Centro nacional de investigaciones científicas de Francia y, ese
mismo año, fue nombrado profesor de genética en la Facultad de
Medicina de la Sorbona de París.
Pero en 1970, se opuso al proyecto de ley sobre el aborto
eugenésico en Francia. A los pocos meses, participó en la sede de
la ONU en Nueva York en una Asamblea que trataba de la legalización
del aborto para evitar abortos clandestinos. En esa reunión se
opuso al aborto. Por eso, le dijo a su esposa que allí se había
jugado el premio Nóbel, que muchos pensaban que se merecía por una
carrera tan brillante en genética.
A partir de ese momento, fue aislado por sus colegas y se le
cortaron todos los recursos que recibía para seguir con sus
investigaciones. Pero él, como científico católico, asumió su
responsabilidad de científico y se opuso rotundamente al aborto,
declarando que la vida comienza desde el primer momento de la
concepción. Solía repetir: Abortar es matar. En 1992 comenzó, a
petición del Papa Juan Pablo II, la formación de la Pontificia
Academia para la vida, de la que en 1994 fue nombrado Presidente,
dos meses antes de morir.
Un hombre íntegro, que renunció a los honores por defender la
verdad y cuyo proceso de beatificación está en marcha.
EUFEMISMOS DE LA CULTURA DE LA MUERTE
Preembrión: El embrión antes de su implantación en el útero,
como si todavía no fuese ser humano. Interrupción del embarazo:
Aborto. Muerte digna: Eutanasia. Muerte por piedad: Eutanasia.
Selección embrionaria: Matar al embrión producido in vitro por no
ser normal. Reducción embrionaria: Matar uno o más embriones
dentro del útero para que se desarrolle uno solo y evitar riesgos.
Salud reproductiva: Todo lo referente a la contracepción, incluido
el aborto y la esterilización. Trabajadoras del sexo: Prostitutas.
Medios interceptivos o contragestativos: Abortivos. Sexo seguro:
Usar el preservativo. Parto parcial o nacimiento parcial: Aborto en
segundo o tercer trimestre, destrozando al bebé. Regulación de la
fertilidad: Aborto, cuando el embarazo no es deseado. Regulación
menstrual, extracción menstrual, aspiración ginecológica: Aborto,
cuando el período menstrual se retrasa al menos quince días.
Procreación asistida, reproducción asistida, fecundación
asistida: Uso de diferentes técnicas para facilitar la unión del
óvulo y el espermatozoide, como es la inseminación artificial,
fecundación in vitro... Maternidad sin riesgo: Maternidad libre,
teniendo la mujer derecho legalmente a usar anticonceptivos,
incluidos el aborto y la esterilización. A veces, se llama óvulo
al óvulo fecundado antes de su implantación en el útero para que
no se le considere aborto. Sexualidad intergeneracional: Pedofilia
(adultos con niños). Embriones híbridos: Embriones producidos con
gametos de hombres y animales; verdaderos monstruos que se quieren
justificar, porque con ellos buscan curar enfermedades.
CONCLUSIÓN
Después de haber reflexionado sobre algunas cuestiones de
bioética, podemos concluir que la vida humana es sagrada desde el
primer instante de su concepción. Por eso, debe venir al mundo como
fruto del amor de sus padres. Precisamente, por eso mismo, se puede
decir que el acto matrimonial es sagrado, pues está en juego la
vida, que es sagrada. Todo lo que sea usar el sexo fuera del
matrimonio o usarlo contra natura, aun dentro del matrimonio, será
profanar el acto sagrado del matrimonio. Sin embargo, Dios nos ama
tanto, que, aunque muchos niños vienen al mundo como efecto del
pecado y de los desórdenes de sus padres, Dios ama a esos niños
con infinito amor, dándoles un alma inmortal. Por eso, cada niño
concebido es fruto seguro del amor infinito de Dios. Nadie viene al
mundo por casualidad. A cada niño concebido, aunque sea en un
laboratorio, Dios lo ama como a su hijo. De ahí que sea tan grave
matar a un ser humano por ser hijo de Dios.
Ninguna investigación científica o método científico de
clonación, fertilización in vitro, inseminación artificial...,
puede justificarse, cuando provoca la muerte de un ser humano no
nacido. La vida humana es sagrada. Para Dios no hay vidas más
valiosas que otras. No hay vidas inútiles. Los seres humanos no
pierden sus derechos por estar enfermos o minusválidos, ni siquiera
cuando están en coma o con una enfermedad incurable. Por eso, la
eutanasia es un crimen abominable, al igual que el aborto. El deseo
de tener un hijo o de curar enfermedades no justifica nunca el tener
que matar embriones humanos para que otros puedan vivir. El fin no
justifica los medios.
En cambio, todo lo que se haga para salvar vidas humanas,
incluida la adopción de niños enfermos o desamparados, es digno de
alabar.
Te deseo una vida llena del amor y de la paz de Dios. Que seas
defensor de la vida hasta las últimas consecuencias.
Que Dios te bendiga. Saludos de mi ángel.
Tu hermano y amigo del Perú. Ángel Peña O.A.R. Agustino
Recoleto
BIBLIOGRAFÍA
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Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org