LA SÁBANA DE TURÍN ES AUTÉNTICA
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
La Sábana Santa. Historia de la Sábana Santa. La prueba del
carbono 14. Más pruebas. Las monedas, el polen y las fotografías.
El Santo Sudario de Oviedo. La pasión de Jesús. La resurrección.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro queremos aclarar muchas cosas que la mayor parte de
la gente desconoce. Para muchos, hablar de la Sábana Santa es
hablar de algo falso, que equivocadamente se había tenido por ser
la sábana que había envuelto el cuerpo de Jesús y cuya imagen
había sido grabada milagrosamente en ella. Así se había creído
durante siglos hasta que la "ciencia” descubrió en 1988 por
la prueba del carbono 14 que era una falsificación del siglo XIV y
no podía ser la Sábana Santa de Cristo.
Así lo publicaron y lo repitieron hasta la saciedad los
periódicos y medios de comunicación del mundo entero, como
queriendo ridiculizar las supersticiones de la Iglesia católica una
vez más. Pero las cosas no son así de fáciles. El método del
carbono 14 es un método científico, por supuesto, pero esto no
significa que sus datos sean siempre válidos. Está comprobado que
no es muy fiable en bastantes casos, al estar influenciado por
distintas variables extrínsecas, y que dan lugar a una gran
cantidad de errores en los resultados. Los mismos laboratorios que
hicieron las pruebas daban un margen de error del 5%.
Además, la datación por medio del carbono 14 no concuerda con
las demás pruebas científicas que se han hecho durante los
últimos cien años sobre la sábana, realizadas por prestigiosos
científicos de distintas ramas de la ciencia, cuyos resultados
indiscutibles no se pueden negar.
Buscando aclarar estas cosas, este libro presenta una visión
global e integral de todos los estudios científicos realizados
sobre la Sábana Santa. Daremos razones convincentes de por qué la
datación que se hizo utilizando el método del carbono 14 no tiene
validez, como aseguran muchos sindonólogos (científicos expertos
en la Sábana Santa). Presentaremos todos los estudios que
demuestran que la sábana es auténtica, es del siglo I y es la
misma sábana que envolvió el cuerpo de Cristo. La importancia de
este hecho es transcendental. En ella podemos apreciar hoy día el
mismo rostro de Jesús, tal como lo vieron los apóstoles y la misma
Virgen María. Es un auténtico retrato que el mismo Jesucristo nos
ha querido dejar de todo lo que hizo por nosotros.
LA SÁBANA SANTA
La Sábana Santa es un lienzo rectangular de lino de 436 por 110
centímetros. Es lino puro, como ha confirmado el investigador
italiano Baima Bollone, analizando el tejido al microscopio óptico
y electrónico, tiene diseño de espina de pescado y en él, sobre
un mismo lado de la tela, están impresas tenuemente las imágenes
frontal y dorsal de un hombre de tamaño natural. Para verlas mejor
hay que situarse a unos tres metros o más de distancia. La
tradición afirma que está sábana es la misma en que fue envuelto
Jesús después de muerto, siguiendo las costumbres de los judíos.
Estuvo colocado en ella desde que fue colocado en el sepulcro hasta
su resurrección. El tiempo suficiente para que el cadáver no se
corrompiera y no se distorsionara la imagen que tiene impresa. En la
Sábana Santa aparecen además muchas manchas de sangre.
La sábana, en italiano, se denomina síndone, de ahí que la
ciencia que lo estudia se conoce como sindonología. Lo que más
impresiona al ver la imagen durante las ostensiones públicas es que
la imagen está en negativo. Por eso, al sacar fotografías, salen
en positivo. Por otra parte, la imagen del hombre de la Sábana
Santa o síndone es como un reportaje gráfico de la pasión de
Jesús tal como es narrada en los Evangelios. Y algo asombroso, tal
imagen es tridimensional, algo que no tiene ninguna fotografía,
pues la intensidad de la luz está en proporción inversa al
contacto que tuvo el cuerpo del crucificado con la sábana. De ahí
que las fotografías tridimensionales, que se han tomado con los
modernos aparatos, dan la impresión de un hombre vivo con gran
majestad y dignidad.
No hay en el mundo ningún tejido con huellas semejantes y, por
más que se ha intentado hacer algo parecido, nunca se ha podido
lograr. El hecho de que la imagen no sea una pintura, sino algo
parecido a una quemadura causada por una radiación -tal como
descubrieron los científicos de la NASA, Jackson y Jumper- y,
además realizada en negativo y tridimensional, es algo
inexplicable. De ahí el enorme interés de los científicos por
conocer cómo se ha podido originar semejante imagen.
Unos dicen que la imagen se formó por el contacto del cuerpo del
crucificado con la síndone y la mezcla de mirra, sudor, sangre y
áloe de su cuerpo. Pero para que esto fuese factible, el contacto
sólo habría podido ser de algunas horas. Si hubiesen sido más, el
cuerpo se hubiera descompuesto y hubiera destruido la posible
imagen.
Otros afirman que los vapores emanados del cadáver con la
solución de mirra y áloe provocaron la imagen. Algunos dicen que
se formó por la rápida deshidratación y oxidación de las fibras
de la celulosa del tejido. Y hay quienes hablan de un tipo de
energía térmica o electromagnética que la formó. Pero
¿cuándo?, ¿en el momento de la resurrección?...
La imagen posee una absoluta estabilidad química. El colorido
pardusco amarillo que forma la imagen no puede disolverse,
decolorarse o alterarse mediante reactivos químicos conocidos.
Sólo puede destruirse. No hay rastro de pigmento en la imagen. No
hay rastros de pintura, tinte, oxido, tierra…
Esta característica de ser indeleble (también la sangre) y que
ha resistido tantas vicisitudes adversas, como incendios, durante
dos milenios, además del desgaste natural producido por el continuo
roce del lienzo consigo mismo, ha hecho que este lienzo sea cuando
menos maravilloso y con características fuera de lo común.
El hombre de la síndone mide aproximadamente 1,80 m. de
estatura. La sangre que mancha la tela en distintos lugares es
humana, del grupo AB, muy común entre los judíos, pero rara en
otros lugares del mundo; ya que en proporción mundial a los otros
grupos sanguíneos, sólo constituye el 3,2%. Es el mismo grupo
sanguíneo de la sangre del milagro eucarístico del siglo VIII de
Lanciano en Italia, según las investigaciones realizadas en 1970
por el doctor Odoardo Linoli. El doctor Baima Bollone, después de
exhaustivos estudios con hilos tomados de la síndone en 1978,
determinó que la sangre era del grupo AB.
En agosto de 1981, el doctor Adler, en el Congreso de la Sociedad
canadiense de ciencias médicas y forenses, afirmó que había
llegado a los mismos resultados que el doctor Bollone sobre la
sangre AB de la Sábana Santa.
Actualmente, la síndone se encuentra en Turín y es propiedad de
la Santa Sede desde que en 1983 se la dejara en herencia al Papa el
último rey de Italia Humberto II de Saboya.
HISTORIA DE LA SÁBANA SANTA
Dice el Evangelio que José de Arimatea se presentó a Pilato y
le pidió el cuerpo de Jesús y bajándolo lo envolvió en una
sábana y lo depositó en el sepulcro cavado en la roca (Lc 23,
52-53). Esta sábana, después de la resurrección de Cristo, fue
conservada como una reliquia sagrada por los cristianos. Hay una
tradición que afirma que san Judas Tadeo la llevó a Edessa, actual
Urfa en Turquía, y la entregó al rey Abgar de Edessa, que había
escrito una carta a Jesús para que fuera a sanarlo. En 1878, se
descubrió en San Petersburgo, Rusia, un manuscrito siríaco del
siglo VI que aseguraba explícitamente ser una copia fiel de un
original antiguo, que se encontraba en los archivos reales de
Edessa. Este documento es conocido como Doctrina de Addai. Según el
relato contenido en él, el rey Abgar V Ukhamn (9-46 d.c.) recibió
de un tal Tadeo (Judas Tadeo) un lienzo traído de Jerusalén con la
imagen del Señor. La tradición cristiana confirma que el apóstol
Tadeo fue a Edessa.
Una religiosa española, la famosa Egeria, que peregrinó a
Palestina en el siglo III, cuenta en su Diario que en su visita a
Edessa tuvo en sus manos una carta del rey Abgar a Jesús,
pidiéndole que lo sanase de lepra.
San Eusebio de Cesarea, el mejor historiador de los primeros
años del cristianismo, considerado como el padre de la historia
eclesiástica, dice haber visto una carta de Abgar a Jesucristo,
pidiéndole que fuera a curarle de la lepra. Jesús le contesta que
no puede ir, pero que enviará más adelante a un discípulo suyo
que lo curará. Estas cartas, asegura san Eusebio, haberlas visto
personalmente en los archivos de Edessa y dice que él las tradujo
al griego.
Al morir el rey Abgar V, le sucedió su hijo que, a los pocos
años fue destronado por su hermano o primo, que apostató del
cristianismo y volvió a la idolatría, comenzando una persecución
contra los cristianos. Entonces, el obispo de Edessa mando ocultar
el Mandylion (síndone) en un hueco de las murallas. Con el tiempo,
desapareció el conocimiento de dónde estaba hasta el año 525 en
que vino una enorme riada que causó más de 30.000 víctimas y
destruyó casi todos los edificios de la ciudad. Durante la
restauración, apareció en la muralla el nicho con la urna de
Mandylion, tras permanecer oculto más de 450 años. La noticia
corrió por toda la cristiandad, y el emperador Justiniano de
Constantinopla envió el año 527 el dinero necesario para que se
construyese una catedral para conservar dignamente la reliquia. La
catedral, en agradecimiento al monarca, se llamó santa Sofía, como
la iglesia de santa Sofía de Constantinopla.
Un obispo de Edessa, relató años después que el Mandylion,
llevado procesionalmente por las murallas de la ciudad el año 544,
los libró del ataque de los persas del rey Cosroes. Al día
siguiente, se declaró un incendio en el campamento persa, así como
una epidemia de peste, y tuvieron que levantar el cerco.
Los árabes conquistaron Edessa el año 639. La catedral de santa
Sofía de Edessa fue respetada con su Mandylion. El año 944, e1
emperador de Constantinopla Romano I Lecapeno logró adquirir el
Mandylion pagando a los árabes doce mil denarios de plata y la
entrega de 200 apreciados prisioneros sarracenos. Ese año 944
emprendió el Mandylion su camino hacia Constantinopla. Según el
investigador Georges Gharib, profesor de Marianum de Roma, son
varios los códices que existen en Bizancio que refieren este
traslado así como la fiesta anual que se estableció para
conmemorar la llegada de la reliquia a Constantinopla. Estos
códices son ocho o nueve, unos en griego y otros en traducciones al
eslavo, árabe, etc. La fiesta se celebraba el 16 de agosto.
Según el códice Sinassarium, durante el trayecto de Edessa a
Constantinopla, la síndone realizó muchos prodigios. Llegaron el
16 de agosto del 944 y fue recibida por el emperador con toda su
corte y todas las autoridades principales, con el pueblo entero y el
repicar de las 400 iglesias de la ciudad.
A partir de su estadía en Constantinopla, ya no se habla de ella
como Mandylion sino como Sábana Santa. La fiesta, que se celebraba
cada año el 16 de agosto para celebrar la llegada de la síndone a
Constantinopla, nunca tuvo detractores. Y, desde ese momento, es
mencionada en muchos códices antiguos. En el año 958, el emperador
Constantino VI anunció a sus tropas el envió de agua consagrada
por el contacto de varias reliquias, entre las que estaba “la
sábana que ha llevado Dios”.
En Constantinopla permaneció la síndone hasta 1204. En una
carta del año 1095, escrita por el emperador bizantino Alejo I
Comneno (1080-1118) a su amigo Roberto de Flandes, le habla del
lienzo de lino que estaba en la tumba de Cristo después de la
resurrección.
En el año 1147, el rey de Francia Luis VII venera la Sábana
Santa en su visita oficial a Constantinopla, camino de Tierra Santa.
El Papa Inocencio III hizo un llamado para la IV cruzada y los
cruzados se reunieron en Venecia el año 1202. Querían servirse de
la flota veneciana para llegar hasta Egipto, pero no podían pagar
el precio. Entonces, se llegó a un acuerdo, los cruzados serían
transportados a Egipto, pero primero realizarían algunos servicios
a la República de Venecia. Entre estos servicios, estaba la toma de
la rebelde ciudad cristiana de Zara y el restablecimiento en el
trono de Constantinopla del emperador Isaac II, amigo de los
venecianos, que había sido expulsado por un usurpador. Una vez que
fuera emperador, sería él quien pagase el transporte de los
cruzados.
Pero las cosas se complicaron y, después de ocupar el trono
Isaac II, no pudo pagar el precio convenido. Entonces, el 12 de
abril de 1204, los cruzados, apoyados por los venecianos, tomaron y
saquearon la ciudad de Constantinopla y se llevaron entre otras
reliquias la Sábana Santa. El imperio bizantino se lo repartieron
entre los principales jefes de la Cruzada y así constituyeron un
reino latino que apenas duró 57 años, entre 1204 y 1261. Uno de
los principales jefes, Otto de la Roche, tomó posesión de Atenas y
parece que allí se llevó la Sábana Santa.
El 1 de agosto de 1205, Teodoro, nieto del emperador destronado
Isaac II, escribió una carta al Papa Inocencio III, donde lamenta
los robos hechos por los cruzados y dice: A Inocencio, señor y
pontífice de la antigua Roma, larga vida. Teodoro Angelo, hermano
de Miguel, señor del Egipto, y en su nombre propio.
En el año en curso, en el mes de abril, el ejército cruzado
partido con el falso intento de liberar Tierra Santa, vino a saquear
la ciudad de Constantinopla. Durante el saqueo, los soldados
venecianos y francos hicieron presa también en los lugares
sagrados. Los venecianos tomaron en el reparto los tesoros de oro,
plata y marfil; los francos, las reliquias de los santos y la más
sagrada de ellas, el lienzo con el cual fue envuelto después de la
muerte y antes de la resurrección Nuestro Señor Jesucristo.
Sabemos que las cosas sagradas están conservadas en Venecia, en
Francia y en otros lugares. El sagrado lienzo está en Atenas.
Quédense con el oro y la plata los expoliadores, pero
devuélvannos lo que consideramos sagrado, para lo cual mi hermano y
señor ha puesto la máxima confianza en la intervención de la
autoridad. A través de esta autoridad, la restitución no puede
faltar. El pueblo espera con fe que tú influyas y tú seguramente
lo escucharás. Roma, 1 de agosto de 1205.
Esta carta fue hallada por el doctor Pasquale Rinaldi en el
archivo eclesiástico de santa Catalina de Formiello en Nápoles, en
un antiguo legajo de unas antiquísimas cartas que habían formado
parte del Chartularium culisanense.
Monseñor Benedetto d'Acquisto, arzobispo de Monreale, gran
historiador y de crédito científico indudable, mandó en 1858
hacer copia de los folios más importantes del Chartularium. Y estas
copias de Monseñor D'Acquisto, firmadas por él, son las que fueron
encontradas. La que hemos anotado, que le escribió al Papa
Inocencio III el nieto del emperador, está fechada el año 1205 y
en ella se dice que el lienzo sagrado fue llevado a Atenas. Quizás
los caballeros templarios, según algunos autores, la guardaron en
secreto, llevándola después a Chipre; pues, según el palinólogo
Max Frei, se ha encontrado en la síndone polen exclusivo de plantas
de la isla de Chipre.
Pero la Orden de los templarios fue disuelta en 1312. El rey de
Francia, Felipe IV el Hermoso, se apoderó de sus tesoros, entre los
que estaría la síndone. En 1349, e1 rey Felipe VI de Valois, le
regala la Sábana Santa a Godofredo II de Charny. El acta real de
cesión firmada por el propio rey, existe todavía en la biblioteca
nacional de París y dice: El conde Godofredo de Charny, señor de
Lirey, recibió en recompensa de su valor del rey Felipe VI de
Valois la Sábana Santa de Nuestro Señor Jesucristo junto con un
notable trozo de la verdadera cruz y muchas otras reliquias para ser
conservadas en la iglesia que espera construir en honor de la
gloriosa Virgen María, fechado en 1349.
Así aparece la síndone en Lirey, Francia, teniendo como primer
propietario documentado a Godofredo de Charny, quien en Lirey hizo
construir una iglesia bajo el título de la Anunciación de la
Virgen María y que se terminó en 1353. Parece ser que su hijo
cedió la Sábana Santa a la colegiata de Lirey, donde estuvo
durante 50 años, pero hubo conflictos sobre la posesión de la
reliquia entre los canónigos y la familia de Charny.
Margarita de Charny se llevó la Sábana Santa por distintos
lugares de Francia, perseguida por los canónigos que consideraban
suya la santa reliquia. Al final, para solucionar el problema, se la
regaló o vendió en 1453 a los duques de Saboya en Ginebra. Los
canónigos de Lirey se contentaron con recibir una pensión anual,
según consta en un documento redactado en París el 6 de febrero de
1464. Entonces la Sábana Santa fue colocada en el castillo de
Chambéry, capital de Saboya, el 11 de junio de 1502.
En 1509, Margarita de Austria regaló una urna de plata para que
fuera conservada la Sábana Santa. En la noche del 3 al 4 de
diciembre de 1532 se declaró un incendio en la sacristía de la
santa capilla. El calor llegó a los 900 grados, que es el punto de
fusión de la plata, y ésta comenzó a fundirse. El canónigo
Philibert Lambert, ayudado por dos franciscanos de Santa María
Egipciaca y un herrero, rompió a golpes de martillo el enrejado de
hierro ya incandescente que protegía la hornacina, y lograron
rescatar el relicario donde se guardaba la síndone, cuya plata se
estaba empezando a derrretir. El calor había chamuscado fuertemente
los bordes de los 48 pliegues en que estaba doblada y unas gotas de
plata derretida taladraron, quemaron y agujerearon, uno de los
ángulos de todos y cada uno de los dobleces del lienzo, haciendo
dieciséis orificios y destruyendo la parte de la imagen de los
brazos, desde el codo hasta la parte de los hombros de ambas figuras
de la síndone. Además, los cubos de agua que echaron sobre la urna
dejaron sobre el lienzo unas figuras romboidales, pero la parte
principal de la imagen se salvó.
Del 15 de abril al 2 de mayo de 1534, las religiosas clarisas de
Chambéry, por encargo del duque de Saboya Carlos III (1504-1553),
remendaron con triángulos de lino blanco los orificios que había
hecho la plata fundida. Lo hicieron bajo la guía de la abadesa
Louise de Vargin y remendaron la Sábana Santa con agujas de oro, de
rodillas, y a la luz de las velas.
El 14 de setiembre de 1578, Manuel Filiberto de Saboya la
transportó a Turín, nueva capital de Saboya, para acortar el viaje
que hacía a pie san Carlos Borromeo, cardenal de Milán, para
venerar la santa reliquia según un voto que había hecho, si se
retiraba la peste de la ciudad de Milán, como así ocurrió.
Los duques de Saboya pidieron al religioso teatino Guarino
Guarini (1624-1683) la construcción de una capilla donde estaría
la síndone. Guarini construyó una capilla, considerada en ese
tiempo como la creación arquitectónica barroca más
extraordinaria. Esta fantástica capilla fue destruida en el
incendio de la noche del 11 al 12 de abril de 1997. Allí estuvo la
síndone desde 1694 hasta 1997; más de 300 años. En el último
incendio, un bombero, Mario Trematore, pudo quebrar con un hacha el
vidrio antibalas de la urna que tenía 40 milímetros de grosor y
sacó a hombros el cofre que contenía la síndone, momentos antes
de que se derrumbase el techo de la capilla.
A lo largo de los siglos ha habido muchas ostensiones públicas
de la Sábana Santa, especialmente con ocasión de acontecimientos
importantes como las de bodas o subidas al trono de los reyes. Así
ocurrió en 1898 con ocasión de las bodas del rey Víctor Manuel II
con Elena de Montenegro. La ostensión fue del 25 de mayo hasta el 2
de junio y, en esta oportunidad, el abogado Secondo Pia pudo sacar
sus famosas fotografías y comprobar que la imagen original de la
síndone estaba en negativo.
Otra ostensión tuvo lugar del 3 al 24 de mayo de 1931. En esta
oportunidad, fue fotografiada por el famoso fotógrafo italiano
José Enrie. Otra ostensión ocurrió en 1933 por el Año Santo.
Otra muy importante tuvo lugar en 1978. En esta ocasión, fue
investigada por 40 científicos, especialmente por el grupo
norteamericano formado por 32 científicos, llamado STURP (Shroud of
Turin Research Project: Proyecto de investigación sobre la Sábana
Santa de Turín). Otra ostensión tuvo lugar del 18 de abril al l4
de junio de 1998 y otra del 12 de agosto al 22 de octubre del año
2000 con ocasión del jubileo.
Actualmente, se encuentra desde abril de 1998 debajo de la
tribuna real de la catedral de Turín. La síndone está dentro de
una urna, especie de conteiner de alta tecnología con todas las
condiciones apropiadas para evitar accidentes como los ya sufridos.
En la parte exterior, están las palabras latinas: Tuam sindonem
veneramur, Domine, et tuam recolimus Passionem (Veneramos tu
sábana, Señor, y a través de ella meditamos en tu pasión). Es
propiedad desde 1983 de la Santa Sede, aunque el cardenal de Turín
es el custodio pontificio de la síndone.
LA PRUEBA DEL CARBONO 14
El 13 de octubre de 1988, el cardenal arzobispo de Turín
Anastasio Ballestrero, en rueda de prensa, dio a conocer los
resultados del estudio de la Sábana Santa realizado por el método
del carbono l4 en los laboratorios de Zúrich (Suiza), de Oxford
(Inglaterra) y de Tucson (USA). Los tres coincidieron en lo
fundamental y determinaron que la imagen de la Sábana Santa había
sido impresa entre los años 1260 y 1390. Si eso era cierto, quería
decir que la Sábana Santa no era la sábana con que cubrieron el
cuerpo de Jesús en el sepulcro y, por tanto, que era una
falsificación del siglo XIV. De ahí que la mayor parte de los
medios de comunicación masivos, orquestados por los ateos y
anticlericales, informaron abiertamente que la Iglesia católica,
una vez más, había fomentado una superstición que se demostraba
científicamente falsa.
Para la mayor parte de la gente, el asunto quedaba ya cerrado y
con la declaración del cardenal de Turín, parecía que la misma
Iglesia aceptaba los resultados y todo quedaba solucionado. Pero
debemos aclarar varias cosas. En primer lugar, el método del
carbono 14 no es totalmente fiable y, por tanto, aunque sea “científico”
entre comillas, no quiere decir que sus resultados sean
necesariamente verdaderos. Los mismos laboratorios, al dar la
noticia, hablaban de una probabilidad de un 95%, reconociendo un
posible error de 5%.
Ha habido demasiados errores y demasiado grandes para que este
método no se pueda poner en duda. Por ejemplo, el director del
laboratorio de Zúrich, que fue uno de los que intervinieron en la
datación, manifestó que aplicó este mismo método a un mantel de
lino que había pertenecido a su suegra. El mantel tenía una edad
aproximada de 50 años y el método del carbono 14 le dio una
datación de 350 años.
El laboratorio de Tucson, otro de los que intervino en la
datación, aplicó el método a un mantel actual y dictaminó que
tenía varios siglos de existencia. Al laboratorio de Zúrich se le
dio un cuerno de la época vikinga y determinó que pertenecía a un
animal que moriría el año 2006. ¡Gravísimo error! La revista
Science de diciembre de 1988 hablaba de la datación por este
método de unos caracoles vivos como si tuvieran 26.000 años de
antigüedad.
En el museo de Manchester, en Inglaterra, se conserva una momia
envuelta en lino y, al ser sometidos a la radiodatación, resultó
que la tela que lo envolvía era 1.000 años más reciente que la
momia, lo que evidentemente era imposible. Para unas muestras de una
foca que acababa de morir, dieron una antigüedad de 1.300 años; y
7 rocas de la era terciaria resultaron, según este método, ser
mucho más antiguas que la misma tierra.
Por eso y por mucho más, el doctor Willard Frank Libby
(1908-1980), premio Nóbel de 1960, por la invención de este
método de datación del carbono 14, ya había anunciado que los
resultados de este método no podían aplicarse a la Sábana Santa,
pues había muchos factores que debían tenerse en cuenta a riesgo
de que los resultados fueran equivocados, como sucedió. Por
ejemplo, al datar arboles vivos al borde de una carretera, pueden
dar que tienen millones de años, porque el humo de los escapes de
los coches ha introducido carbono fósil de millones de años (los
del petróleo) y así los datos que aportan resultan erróneos.
Por ello, los doctores Gove y Hardbottle escribieron al Papa para
aconsejarle que no se hiciera esa prueba. El doctor Gove es nada
menos que el coinventor de la variante AMS (Accelerator Mass
spectrometer) del método del carbono 14, que fue la única prueba
que realizaron los tres laboratorios; por lo que al realizar las
mismas pruebas con el mismo método, es como si hubieran hecho una
sola prueba. Además, una sola prueba no puede invalidar las miles
de pruebas que cientos de científicos prestigiosos han realizado
durante más de un siglo de estudio y que certifican que la Sábana
Santa es auténtica y es del siglo I.
Veamos en qué consiste el método del carbono 14. Las plantas
absorben el anhídrido carbónico del aire y de él sacan el carbono
necesario para vivir. Una parte infinitesimal del carbono del aire
no es el carbono normal de peso atómico 12, sino carbono 14, un
isótopo radiactivo formado en la alta atmósfera por efecto de los
rayos cósmicos. El carbono 14 se desintegra pasando a carbono 12.
Esta transformación es muy lenta. Para que la cantidad de carbono
14 se reduzca a la mitad, deben pasar 5.730 años.
Cuando la planta muere, deja de absorber carbono, quedándose con
el que tenía, pero cada día, por desintegración radioactiva, va
teniendo menos carbono 14. De ahí que, midiendo la cantidad de
carbono 14 que tiene un tejido y comparándola con la de carbono 12,
se puede conocer su edad. Esto mismo ocurre con cualquier ser vivo.
Al morir, cesan los cambios metabólicos y el carbono 14 va
disminuyendo progresivamente con el tiempo. Conociendo la cantidad
inicial que tenía y midiendo la que tiene actualmente se puede
calcular el tiempo transcurrido desde la muerte del organismo a la
fecha actual.
Pero este método tiene sus límites como han dicho claramente
sus inventores. Para que este método sea fiable, hace falta que la
muestra haya estado aislada de todo ambiente contaminante desde el
principio hasta el momento en que se hace la prueba. Estas
condiciones se darían, por ejemplo, con una momia que ha estado
encerrada en un sepulcro y, al sacarla se le hace la prueba. Pero la
Sábana Santa ha estado durante siglos expuesta el aire libre y a
que la tocaran con las manos muchos devotos, habiendo recibido el
impacto negativo de tres incendios y de muchos hongos y bacterias.
Veamos cómo se realizaron las pruebas. Las muestras para la
datación fueron tomadas en la sacristía de la catedral de Turín
por un equipo constituido por los profesores Testore, Gonella y
Riggi en presencia del cardenal Anastasio Ballestrero, arzobispo de
Turín y custodio de la síndone. Estaban presentes algunos
sacerdotes y representantes del Ministerio de los bienes culturales
de Italia. También estaba el doctor Tite, director del British
museum, supervisor y garante de las operaciones a realizarse. El
doctor Tite estaba acompañado de los responsables de los
laboratorios encargados de la ejecución de los exámenes del C-14.
Eran el Profesor Hall y Hedges de la universidad de Oxford; Woelfli
de Zúrich, y Damon y Donahue de la universidad de Tucson, de
Estados Unidos.
Las muestras fueron sacadas del ángulo superior izquierdo. A
cada uno de los tres laboratorios se les dio una muestra de unos 50
miligramos de tejido. Pero hubo graves irregularidades. Los
laboratorios impusieron como obligatorio estar presentes en el acto
de sacar las muestras, pero se negaron a que ningún representante
del cardenal o científicos de otros lugares estuvieran presentes en
las pruebas de laboratorio. Este secretismo a la hora de hacer las
pruebas es simplemente incomprensible, porque no hay ningún motivo
para que tengan que ocultar nada; más bien deberían haber estado
los trabajos a la vista de cualquiera, por el bien de la ciencia,
para que otros científicos pudieran repetir la prueba y confirmar
los resultados.
Por otra parte, se habían comprometido a no divulgar los
resultados antes de comunicárselos al cardenal de Turín, sin
embargo, llegaron a los periódicos antes de tiempo. El 26 de agosto
de ese año, ya se hablaba de fraude. El periódico The Sunday times
publicaba en primera página el 18 de septiembre de 1988: «Oficial,
la Sábana Santa de Turín es un fraude». Esto ocurrió antes de
que se le comunicasen los resultados al cardenal, quien los dio a
conocer al público el 13 de octubre.
Además los tres laboratorios intercambiaron información en
contra de lo pactado, pues se quería que cada laboratorio hiciera
las pruebas de modo independiente. Por estos motivos, a los
sindonólogos les disgustó tremendamente la falta de transparencia
en las pruebas realizadas y que no hubiesen querido aceptar ningún
observador externo. El Papa Juan Pablo II, refiriéndose a este
asunto, en una entrevista concedida a los periodistas, mientras
viajaba en el avión que lo llevaba a Madagascar el 28 de abril de
1989, declaró lo siguiente: La cuestión está abierta a todos los
que quieran demostrar la autenticidad. Yo creo que es una reliquia.
En 1990, la Santa Sede afirmó que los resultados de datación eran,
cuando menos, extraños.
Así que la cuestión queda abierta y diversos científicos,
expertos en la materia, ya han objetado serias razones sobre la
validez de tales pruebas. El gran experto ruso en radiodatación,
doctor Dimitri Kouznetzov, afirmó que los tejidos de lino,
sometidos a altas temperaturas por tiempos suficientemente largos,
dan lugar a un rejuvenecimiento del radiocarbono del tejido. En el
Congreso sobre la síndone realizado en San Marino en 1996, expuso
sus investigaciones. Y para confirmar su teoría, envió a los tres
laboratorios citados una tela de lino del siglo I procedente de
Palestina. Los resultados del carbono 14 dieron que tenía una edad
entre el año 100 a.C. y el 100 d.C. Pero ese mismo trozo de tela lo
metió en un cofre de plata y reprodujo las condiciones del incendio
de Chambery de 1532 y, al hacer la nueva datación, los mismos
laboratorios contestaron que era un tejido del siglo XIV, con lo que
comprobó claramente la equivocación de los tres laboratorios, ya
que el incendio sufrido en Chambery (aparte del de Constantinopla
hacia el año 1.200) había influido en el rejuvenecimiento de la
Sábana Santa, dando resultados erróneos.
El mismo doctor Kouznetzov, en unión con el doctor Andrei Ivanov
del centro de investigaciones Sedov de Moscú, siguieron haciendo
otros experimentos con tejidos provenientes del Mar Muerto, cuya
datación mediante el C-14 daba 2.175 años; los sometieron al calor
y a las mismas condiciones del incendio de Chambery, y la nueva
datación se redujo entonces a 800 años, es decir, había
rejuvenecido la tela 1.375 años.
Por otra parte, el doctor L. Garza-Valdés, microbiólogo de la
universidad de San Antonio (Texas), ha descubierto que la presencia
de microorganismos vivientes tales como la lichenothelia, puede
disminuir la radiodatación.
¿Cómo se explica esto? Se da el nombre de patina bacteriana a
la capa compuesta de hongos y bacterias que se adhiere a un objeto,
resultante de su uso normal y de su exposición a la atmósfera
durante mucho tiempo. Pues bien, el doctor Garza-Valdés estudió la
patina bacteriana de siete objetos precolombinos, a los que aplicó
12 métodos diferentes de datación. Pudo así comprobar como la
presencia en ellos del hongo lichenothelia y de la bacteria
Rhodococcus, producían un rejuvenecimiento de la radiodatación.
También estudió una muestra de la Sábana Santa, que recibió
del famoso investigador y sindonólogo padre Giovanni Ricci,
encontrando los mismos microorganismos que en los objetos mayas, lo
que explicaría la datación errónea realizada mediante el C-14.
Según él, la limpieza que hicieron los laboratorios no era eficaz
contra el hongo y la bacteria citados.
Efectivamente, en 1993 el profesor L. Garza-Valdes dio cuenta del
descubrimiento de una patina bacteriana de 1 a 500 micrones sobre
las fibras del lino, que hizo variar los resultados de la edad
carbónica atribuida a la sábana. Este revestimiento bioplástico,
que a través de los siglos se fue transformando en un barniz
continuo, pudo hacer variar la fecha de la sábana, incluso en mil
años. El testimonio más elocuente al respecto, es el de Harry
Gove: «la técnica usada para fechar con el radiocarbono la Sábana
Santa de Turín, en 1988, la inventé yo en mi laboratorio con
algunos colegas. Yo fui el responsable del acuerdo de que se
utilizara este método en los tres laboratorios de Tucson, Oxford y
Zurich (...). Durante muchos años después de estos exámenes he
seguido convencido del resultado. Sin embargo, recientemente el
doctor Garza-Valdés de San Antonio, Texas, ha ofrecido pruebas
consistentes respecto a un tipo de contaminación de carbono
producida en los hilos del Santo Sudario, por cierto tipo de
bacterias, que los métodos de limpieza usados en los tres
laboratorios pueden no haber eliminado. Este revestimiento, según
su espesor, puede haber falseado la fecha que dieron los tres
laboratorios».
El rejuvenecimiento de la datación por la presencia del hongo
lichenotheclia explicaría también la datación mediante el C-14 de
una momia egipcia de Ibis, en la que las vendas resultaban 800 años
más jóvenes que los huesos. El doctor L. Garza-Valdés pudo
comprobar que las vendas contenían lichenothelia. Limpió las
vendas con una enzima especial, que elimina los productos
bacterianos y los hongos, y la nueva datación de las vendas
concordó con la de los huesos.
Por todas estar razones, el doctor L. Garza-Valdés ha llegado a
la siguiente conclusión: Mis investigaciones indican que la Sábana
Santa es muy anterior a la fecha dada en la datación del carbono
14.
Hasta ahora, nadie ha estudiado de modo completo las bacterias y
hongos de la Sábana Santa. Algunos de estos hongos y bacterias
pueden dañar el tejido, ya que absorben mucho anhídrido carbónico
del aire y lo introducen en su organismo, pero no siendo capaces de
hacer la fotosíntesis (ningún hongo puede hacerla), podrían
dañar el tejido y alterar la datación del radio carbono, dado que
se introduce anhídrido carbónico en el tejido. Y no olvidemos que
los hongos comprenden alrededor de 80.000 especies. En cuanto a las
bacterias, son organismos pequeños de menos de 10 milésimas de
milímetro y son capaces de destruir la celulosa del tejido. Algunas
causan enfermedades al hombre, animales y plantas. Otras viven en la
tierra o en el agua, destruyendo sustancias diversas. Algunas
bacterias, en vez de destruir la celulosa, la producen en gran
cantidad, lo que podría alterar la datación del carbono 14.
Por eso, el doctor Gove, uno de los que firmaron la fecha de
datación del carbono 14, reconoció en un documental de Discovery
channel que los laboratorios no habían tenido la posibilidad de
determinar correctamente la fecha exacta por desconocer la
contaminación orgánica y no haber hecho bien la descontaminación.
El biofísico francés Jean Bautiste Rinaudo, investigador de
medicina nuclear del laboratorio de biofísica de Montpellier,
irradió durante 20 minutos, con un acelerador de partículas del
Centro de estudios nucleares de Grenoble, una tela de lino
perteneciente a una momia egipcia del año 3.400, según datos de la
prueba del carbono 14. El resultado fue espectacular, la tela había
rejuvenecido 500 siglos, unos 46.000 años. A partir de esta prueba
pudo determinar la cantidad de neutrones necesarios para provocar un
rejuvenecimiento de 13 siglos, como ocurrió con la Sábana Santa.
Según Rinaudo, la irradiación instantánea de los protones
emitidos sobre la tela que cubría al crucificado, fue debida a una
energía desconocida. Los neutrones habrían irradiado el tejido,
enriqueciéndolo con carbono 14 y falseando la datación. Algunos
autores, como el doctor Jackson de la NASA y otros científicos
alemanes e italianos, están convencidos de que esa irradiación
instantánea tuvo lugar en el momento de la resurrección de Jesús.
Por todo esto, los sindonólogos y expertos, reunidos en el
Congreso internacional de París al año siguiente, en setiembre de
1989, afirmaron sin lugar a dudas que la Sábana Santa no era una
falsificación. María Claire van Oosterwyck-Gastuche afirmó:
Ningún arqueólogo serio acepta como un dato de fe los resultados
del carbono 14, especialmente si contradice otras dataciones. En los
siguientes Congresos internacionales, especialmente del año 2000 en
Turín, los sindonólogos de todo el mundo descartaron
científicamente que la síndone fuese una falsificación,
desacreditando de este modo la autoridad científica que pudiese
tener la datación obtenida mediante el método del carbono 14 del
año 1988.
Además, según el doctor Hector Morano, director del Centro de
microscopía electrónica del hospital de San Andrés de Vercelli,
comprobó que la tela de la Sábana Santa tiene una antigüedad de
dos mil años, al compararla, mediante el microscopio electrónico,
con tejidos egipcios de antigüedad parecida. ¿Acaso sus
investigaciones son menos válidas o menos científicas que las de
los laboratorios citados anteriormente?
En 1993, en el Simposio científico de Roma, los investigadores
concluyeron sin dudar que el hombre de la Sábana Santa, no sólo
era un crucificado del siglo I, sino que era Jesús de Nazaret,
porque la Sábana Santa es como una fotografía de la pasión tal
como se narra en los Evangelios.
MÁS PRUEBAS
En 1995 los norteamericanos Alan Whanger y su esposa descubrieron
un icono del siglo VI en el monasterio de santa Catalina del Monte
Sinaí, conteniendo 168 coincidencias con la imagen de la Sábana
Santa; lo que obligaba a admitir que el pintor tomó necesariamente
como modelo al hombre de la síndone, llamada mandylion hasta la
llegada a Constantinopla.
Ian Wilson de Oxford, en su libro sobre la síndone, publica una
fotografía de un cáliz siríaco del siglo VI, que se conserva en
el museo de Louvre de París. En este cáliz hay una grabación del
rostro de la Sábana Santa. En la crónica escrita por Evagrio el
escolástico, hacia el año 594, cuenta que los persas asediaron la
ciudad de Edessa el año 544 y habla de que en esa ciudad estaba la
imagen de Jesús “no hecha por mano humana”. Por eso, a Edessa
se le llamó la ciudad de la Aqueiropoieta, es decir, la ciudad de
la imagen no pintada por manos humanas.
En el siglo VII, san Braulio, obispo de Zaragoza, habla de la
Sábana Santa en una carta del año 632 a Samuel Tajón. El Papa
Esteban III habló en 769 del mandylion en ocasión del sínodo
Laterano.
El historiador egipcio Teofilacto, que escribió a principios del
siglo VII, dice que durante el asedio de los persas a Edessa, se
descubrió el mandylion y fue desplegado totalmente para que lo
vieran y diera coraje a los soldados para la lucha. En el concilio
II de Nicea del año 787, se acaba con el problema de los
iconoclastas y se aprueba la legitimidad del culto a las imágenes.
El concilio alude al mandylion como una prueba fundamental contra
los iconoclastas.
El doctor Mark Guscin, en el año 2001 y 2002, estudió
manuscritos relativos a la síndone custodiados en los monasterios
ortodoxos del Monte Athos. Y dice haber tenido en sus manos y haber
visto con sus ojos documentos guardados celosamente desde el sirio X
y en los que aparece el mandylion del que hablan, que tenía el
rostro de Jesús y que dicho lienzo era de cuerpo entero y tenía
sangre.
Gino Zaninotto, en 1993, encontró en los archivos del Vaticano
un manuscrito griego de un sermón del archidiácono Gregorio de
santa Sofía en Constantinopla, del 16 de agosto del año 944, con
ocasión de la llegada de la Sábana Santa de Edessa a
Constantinopla. En este sermón se habla con lujo de detalles de
esta reliquia. En la biblioteca nacional de Madrid se puede ver una
miniatura de Skylitres (1081-1118), que reproduce una escena
histórica. El emperador Lecapeno (922-944) besa la Sábana Santa
que llegaba de Edessa a Constantinopla.
Roberto de Clary afirmaba haber visto la Sábana Santa en
Constantinopla antes del saqueo de la ciudad en 1204 por los
cruzados.
Existe una carta del año 1095, escrita por el emperador
bizantino Alexis I Comneno (1081-1118) a su amigo Roberto de Frisia,
conde de Flemings, en la que habla de que en Constantinopla se
conserva el lienzo de lino encontrado en el sepulcro de Cristo
después de la resurrección.
En el Chartularium Culisanense, folio CXXVI, cuya copia se
encuentra en el archivo eclesiástico de santa Catalina de
Formiello, está la carta que escribió al Papa Inocencio III el
nieto del emperador bizantino, pidiendo la entrega de la Sábana
Santa. Esta carta está escrita el 1 de agosto del año 1205.
El rey de Francia Felipe VI de Valois regaló, en 1349 la Sábana
Santa a Godofredo de Charny, señor de Lirey, en Francia, según
acta firmada por el propio rey y que se halla en la biblioteca
nacional de París.
Antoine de Laling (1480-1540) en su libro Relación de viaje
escribió que el viernes santo de 1503 la sídone fue sometida a la
ordalía o juicio de Dios. Esta era una costumbre muy arraigada en
la Edad Media para determinar la inocencia o culpabilidad de un
acusado. A veces, se hacían pruebas irracionales como pasar por el
fuego o meter la mano en un caldero en ebullición para extraer una
piedra del fondo. A continuación, se vendaba el brazo y, si a los
tres días, la herida había empezado a curar, al acusado se le
declaraba inocente. En caso contrario, era considerado culpable.
Otra prueba era atar al acusado de manos y pies, y arrojarlo al
río. Si flotaba, era declarado inocente. Pues bien, según Antoine
de Laling, algo parecido hicieron con la síndone. Aquel viernes
santo de 1503 fue hervida en aceite, puesta al fuego, lavada y
blanqueada con lejía y, aun así, no se borró la imagen. Si esto
ocurrió realmente, sería una gran prueba de su autenticidad.
De hecho, el científico Ray Rogers, especialista en química
explosiva, analizó las huellas destructivas del incendio de
Chambery de 1532 y calculó que la temperatura dentro de la urna
debió llegar a 900 grados, punto de fusión de la plata con lo cual
el tejido debería haber sido totalmente carbonizado, pero eso no
ocurrió. ¿Fue un milagro?
Los científicos norteamericanos del grupo STURP han estudiado la
síndone durante más de 150.000 horas y siempre han concluido que
es auténtica. El doctor John Heller, una de las principales
autoridades del mundo en bioquímica y consejero de la Presidencia
de Estados Unidos, publicó en 1983 un libro titulado Report on the
shroud (Informe sobre la Sábana Santa) donde afirma estar
convencido de su autenticidad, después de haber hecho personalmente
más de mil experimentos químicos para determinar la naturaleza de
la imagen y de las manchas de sangre, así como de la textura del
lino y de las manchas de agua (del incendio de Chambery), de
pigmentos orgánicos e inorgánicos, etc.
El grupo STURP ha sacado más de 5.000 fotografías con rayos
infrarrojos y ultravioleta, con ampliación computarizada; ha hecho
análisis multiespectrales, análisis matemáticos de la imagen,
pruebas de absorción atómica con espectroscopio,
espectrofotometría visible y con infrarrojos, estudios de física
radioactiva, cromatografía, fluorescencia, estudios con rayos X...
Y todo ello con los mejores especialistas.
La conclusión unánime es que es auténtica y que un posible
falsificador debería haber conocido todos las disciplinas
científicas antedichas y otras más, cosa imposible en el siglo
XIV.
LAS MONEDAS, EL POLEN Y LAS FOTOGRAFIAS
En 1979 el padre Francis Filas descubrió sobre el ojo derecho
del crucificado una moneda. El experto en numismática Mario Moroni
la identificó como dilepton lituus, acuñada por Poncio Pilato el
año 29 d.C. En 1996, e1 doctor Baima Bollone y el doctor Balossino
encontraron también en el ojo izquierdo huellas de otra moneda, un
lepton simpulum, acuñada también por Pilato en esa misma época.
El canadiense Jean Philippe Fontanille hizo sus investigaciones y
descubrió que efectivamente había dos monedas en ambos ojos y que
habían sido acuñadas por Pilato, según él, hacia el año 30 de
nuestra Era. Los investigadores esposos Whanger con fotografías
ampliadas observaron las monedas. La del ojo izquierdo parecía
coincidir con la moneda de Pilatos llamada julia (en honor del
emperador Tiberio), algo diferente del leptón del ojo derecho,
llegando a comprobar que eran monedas acuñadas en el año 16 de
emperador Tiberio, es decir, hacia el 29 ó 30 después de Cristo.
De esta manera, estaríamos de nuevo comprobando que se trata de
Jesús de Nazaret, a quien colocaron monedas que circulaban en el
momento de su muerte, como era costumbre tal como se ha encontrado
en otros lugares. Así lo ha afirmado el doctor Kindler, director
del museo de Ha-arez (Tel Aviv), pues encontró junto al Mar Muerto
un esqueleto con monedas en las órbitas de sus ojos (Revista CRC
No. 257, octubre 1989)
Por otra parte, en octubre de 1978 Ray Rogers y Ronald London
comunicaron que habían encontrado pequeñas y extrañas marcas en
la sábana. En Italia, Piero Hugolotti consultó con Aldo Marastoni,
profesor de literatura antigua de la universidad católica de
Milán, y el resultado fue que se encontraron en la ceja derecha
tres letras hebreas seguidas de un signo que podía ser la letra
lamed. Supusieron que era el fragmento de una palabra escrita en
arameo o hebreo. En el centro de la frente hay letras latinas que
dicen IB e IBER más arriba. Podrían ser parte de Tiberius.
En la parte izquierda del rostro aparecen claramente las palabras
IN NECE, probablemente parte de la inscripción latina IN NECEM IBIS
(a la muerte irás). Finalmente, la foto tridimensional del rostro
muestra otras letras mayúsculas latinas: Una S, un espacio vacío,
una N, un espacio vacío con rastro de una E; luego una A, una Z y,
por fin, las letras ARE. La interpretación es que son parte de la
palabra NAZARENUS o NEAZARENUS. Si esto se comprobara, estaría
aclarado por la misma sábana que el hombre es Jesús nazareno, pues
llevaría su propio nombre.
En cuanto al polen de la Sábana Santa, podemos decir que hay
huellas de polen de distintas plantas según estudió el botánico y
criminólogo suizo Max Frei. El polen tiene dimensiones mínimas, de
pocas milésimas de milímetro de diámetro. Tiene formas diferentes
según las plantas y son los elementos masculinos que garantizan la
reproducción sexual de las plantas. Una parte del polen estudiado
por Frei, corresponde a Palestina y Turquía; como el polen de pino
de Alepo, tamarisco del Nilo, cedro del Líbano, etc. Otra parte,
corresponde a la vegetación centroeuropea y corresponde
perfectamente a la vegetación de áreas montañosas alpinas y,
concretamente, a Saboya y el Piamonte.
Max Frei encontró polen de plantas exclusivas de Edessa y
Constantinopla, prueba irrefutable de que la Sábana Santa estuvo
allí. El mismo Frei encontró polen de plantas exclusivas de
Palestina, desaparecidas después del siglo I, y que se encuentran
en estratos sedimentarios de Palestina del siglo I. Por esto, Frei
pudo decir sin temor en el Congreso internacional de 1978: Para mí
es indiscutible que la Sábana Santa estuvo en Palestina.
El palinólogo israelí Uri Baruch analizó la mayor parte de las
muestras recogidas por Frei de la Sábana Santa y de 165 granos de
polen, 45 correspondían a la planta gundelia tournefortii, una
planta que sólo florece en Palestina desde febrero hasta mayo, lo
que nos da una idea del período en que fue sepultado el hombre de
la síndone. Otro botánico israelí, el doctor Avinoam Danin,
encontró polen de la planta zygophyllum dumosum boiss, que, según
Danin, en el único lugar del mundo en que crece es a 30 kilómetros
alrededor entre Jerusalén y Jericó en Palestina. Por eso, pudo
atestiguar en el III Congreso internacional de sindonología del 5
al 8 de junio de 1998: Mi investigación demuestra que, cuando se
comparan los tipos de plantas que aparecen en la síndone con el
mapa de las mismas plantas en la naturaleza, se ve que el 70% de
esas especies se encuentran en un radio de 10 kilómetros, cuyo
centro se halla en la zona de Jerusalén a Jericó. Por tanto,
confirmo, sin ningún tipo de dudas, que la tela fue expuesta en
Israel en la época de Jesús de Nazaret, ya que las plantas y
flores depositadas sobre la sábana sólo crecen en el desierto del
Sinaí, en Jericó y en Jerusalén.
Además, estas plantas sólo producen polen en primavera, lo cual
coincide con la época en que, según la tradición católica, fue
crucificado y enterrado el que los cristianos consideran el Cristo.
Pero, sobre todo, he identificado en la síndone hasta 28 especies
de plantas, entre ellas la “zhigophillum dumosum”, que sólo
existe en los alrededores de Jerusalén.
Max Frei estudió plantas ya extinguidas, cuyo polen estaba en la
Sábana Santa y se trasladó a Palestina para encontrar esas plantas
que no figuraban en los libros de botánica. Examinó el lodo del
mar muerto y el fondo del lago de Genesaret y descubrió abundante
polen de plantas ya extinguidas, pero cuyo polen fósil estaba en
estratos del mar Muerto y del lago de Genesaret, confirmando así la
existencia de la Sábana Santa hace dos mil años.
Esto mismo confirmaron los esposos Whanger, que estudiaron las
plantas de la Sábana Santa con el procesamiento digital de
imágenes, confirmando la existencia de plantas exclusivas de
Palestina, tal como había descubierto el botánico israelí Avinoam
Danin.
En cuanto a las fotografías, recordemos que en 1898 hubo una
ostensión de la sábana santa como motivo de la boda del príncipe
heredero de la casa reinante en Italia. La ostensión duró 8 días
y desfilaron ante ella unas 800.000 personas. En esta oportunidad,
el abogado turinés Secondo Pia, de 43 años, fotógrafo aficionado,
pudo fotografiar la Sábana Santa. El 28 de mayo, hacia medianoche,
en la catedral de Turín, realizó las dos primeras fotografías.
Una con exposición de 14 minutos y la otra con 20 minutos.
Inmediatamente, fue a su casa, llevando los presuntos negativos
(de vidrio) que había que revelar. Introdujo las placas de 60 por
50 centímetros cada una en una solución de oxalato de hierro y
esperó a que la solución disolviera la sal de plata. Cuando vio la
placa de los 20 minutos, Secondo Pia quedó paralizado por la
emoción. La imagen en negativo aparecía como positivo, con
extraordinaria claridad y detalle. Estaba viendo al hombre de la
sábana como un retrato. La imagen impresa en la tela era un
verdadero negativo, un negativo fotográfico de tamaño natural por
partida doble sobre el antiguo tejido de lino. Algo insólito, pues
no se conocía y no se conoce hoy en día en la historia de la
iconografía anterior al siglo XX, ningún otro caso de una imagen
en negativo.
Era el mismo rostro de Jesús. Inexplicablemente, su rostro se
había grabado en una tela de lino muchos siglos antes de que se
inventara la fotografía. Secondo Pia fue el primer hombre que,
después de casi 1.900 años, podía ver el auténtico rostro de
Jesús tal como lo vieron su madre y los apóstoles.
Muchos no lo podían creer y dijeron que sus fotografías eran
falsificaciones; pero, para su suerte, un teniente de la policía,
Felice Fino, también había tomado fotografías y, aunque fueran de
peor calidad, también se veía, en positivo, lo que debía ser
negativo. Ante este descubrimiento asombroso, el Papa Pío XI
encargó a la Academia de Ciencias de París que hiciera una
investigación. La conclusión fue: El lienzo que hoy se conserva en
Turín es el mismo que cubrió el cadáver de Jesús de Nazaret.
Yves Delage, eminente médico de fama internacional, estudió la
Sábana Santa a través de las copias tomadas por Secondo Pia y el 2
de abril de 1902 en la Academia de Ciencias de París dio una
conferencia. Delage era ateo y no creía en las supersticiones de la
religión, pero era sincero y ante la sala llena de gente declaró:
El hombre de la síndone es Cristo. Yo reconozco a Cristo como
personaje histórico y no entiendo por qué hay personas que
consideran escandaloso el hecho de que sigan existiendo huellas
materiales de su vida. Pero sus palabras cayeron como agua fría
sobre el auditorio. Todos aquellos que esperaban escuchar que todo
era superchería se exaltaron y tuvo que salir a escondidas por la
puerta trasera para evitar una agresión.
Años más tarde, el fotógrafo Enrie fotografió la sábana en
1931 y dijo: Estoy seguro que las huellas de la sábana no están
hechas por mano de hombre, porque en este tejido de cuatro metros
cuadrados de superficie no se advierte el más pequeño error de
imagen negativa. No ha existido en el mundo ningún pintor en
condiciones de hacer una cosa semejante. Todas las ampliaciones
demuestran que el tejido está intacto, que debajo de la sangre no
existe diseño ni cabe la menor sospecha de que haya en él hechura
alguna de mano humana.
El padre salesiano José Luis Carreño, en su libro El retrato de
Cristo, afirma que hablar de un falsificador del siglo XIV, que
hubiera pintado en negativo el rostro de Cristo, es tan imposible
como para nosotros leer un libro al revés. ¿Hay alguien que sea
capaz de entender algo así como: Sanirdnolog sarucso sal nárevlov
ragloc a sodin sus nóclab ut ed? Y, sin embargo, son dos famosos
versos de Bécquer: Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón
sus nidos a colgar.
Por tanto, podemos concluir que hay demasiadas pruebas para
afirmar la autenticidad de la Sábana Santa y, apenas una, la de los
tres laboratorios en contra. Una prueba negativa ¿podría invalidar
tantas pruebas a favor?
EL SANTO SUDARIO DE OVIEDO
Del Santo Sudario se nos habla en el evangelio, cuando se dice:
Llegó Pedro al sepulcro, entró y vio las fajas allí colocadas y
el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con las
fajas, sino envuelto en un sitio aparte (Jn 20, 6-7).
El sudario de Oviedo es una tela originalmente blanca de lino,
con textura de tafetán. Está manchada, sucia y arrugada. Tiene
forma rectangular y mide 83 por 53 centímetros. Presenta numerosas
manchas de diversos tonos de marrón, que parecen ser de sangre. Se
le denomina tradicionalmente Santo Sudario. Es venerado en la
catedral de Oviedo (Asturias-España) desde la época medieval.
Según la tradición, este pañolón o sudario fue colocado sobre el
rostro de Cristo en el descendimiento de la cruz y lo tuvo puesto
hasta su sepultura, o sea, una hora como máximo. Los datos que de
él se han extraído son mucho menos espectaculares que los de la
sábana, pero los refuerzan y complementan.
El sudario de Oviedo llegó dentro de un arcón (arca santa)
junto con otras reliquias. Para albergar en un lugar digno el
tesoro, el rey Alfonso II El Casto mandó construir el recinto
denominado Cámara santa, que hoy se halla incorporado a la catedral
gótica de Oviedo que se edificó posteriormente. Desde tiempo
inmemorial se da la bendición con el Santo Sudario en algunos días
señalados como el Viernes santo, el 21 de setiembre fiesta de san
Mateo, y en la octava del jubileo de la santa cruz. En estos días
puede verse la reliquia.
En 1075 se produjo un hecho importante ante la visita del rey
Alfonso VI; se procedió a la apertura del arca santa y se realizó
un inventario de los distintos objetos guardados en el arca. No se
ha encontrado el documento original, pero se conserva una copia del
siglo XIII con el acto correspondiente. El año 718 el arca llegó a
Toledo, huyendo de la invasión musulmana y llega a Asturias entre
el año 812 y 842.
La similitud entre el sudario de Oviedo y la Sábana Santa es muy
grande. Según Monseñor Giulio Ricci, presidente del centro romano
de sindonología en su libro L'uomo della Sindone è Gesù, podemos
anotar: Hay una compatibilidad casi total entre las manchas del
sudario y el rostro de Jesús impreso en la Sábana Santa. Esas
manchas de sangre también corresponden al grupo AB, el igual que la
síndone. Max Frei estudió el polen del sudario y encontró polen
de plantas que se hallan en la Sábana Santa y algunas son
características de Palestina, pero no halló de otras especies de
Turquía o del resto de Europa, porque el sudario, seguramente, no
estuvo en Constantinopla ni en otras partes de Europa, excepto en
España. Actualmente, se están celebrando Congresos internacionales
para estudiar el Santo Sudario y ver la correspondencia con la
Sábana Santa.
Un estudio muy especial, realizado por el Instituto nacional de
toxicología de España, entidad de prestigio internacional, es
haber analizado el ADN en los restos de sangre del sudario de
Oviedo. Jorge Manuel Rodríguez, presidente del centro español de
sindonología, ha confirmado que es la primera vez que alguien posee
un fragmento de ADN de una reliquia tan importante, que se atribuye
a Jesús. Al estudiar los hilos impregnados en sangre, los expertos
descubrieron una pequeña parte de ADN mitocondrial, una sección de
ADN que se hereda de la madre. En este caso, estaríamos ante el
hallazgo de una parte del ADN de la Virgen María.
Este Santo Sudario sería el que cubrió la cabeza del
crucificado, siguiendo la costumbre judía, mientras se trasladaba
el cadáver, hasta el sepulcro, donde recibía la sábana que lo
envolvía junto con mezcla de mirra, áloe y otras cosas.
Los esposos Whanger estudiaron en 1979 la Sábana Santa y el
sudario de Oviedo y pudieron comprobar que ambos son auténticos.
Comparando el sudario de Oviedo y la síndone (en las partes de
rostro y nuca) comprobaron que hay 70 manchas de sangre coincidentes
en el rostro, y 50 en la nuca y el cuello. Sólo en la frente
derecha, no hay manchas en el sudario y sí las hay, copiosas, en la
síndone. ¿Por qué? Porque la corona de espinas pudo haber estado
parcialmente en la frente, cuando se colocó el sudario, impidiendo
que éste se manchara. Las manchas del sudario son más intensas y
mucho más extensas que las de la síndone, porque el sudario
envolvió la cabeza al descender Jesús de la cruz; en cambio, la
síndone lo recibió, cuando parte de la sangre había sido limpiada
por el sudario o coagulada.
LA PASIÓN DE DE JESÚS
Podemos leer en el Evangelio todos los detalles de la Pasión que
nos dan los evangelistas. La Sábana Santa es como una película
permanente de los sufrimientos del crucificado. Sobre la Sábana
Santa nos habla el Evangelio, cuando nos dice con claridad: José de
Arimatea se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y
bajándolo lo envolvió en una sábana y lo depositó en el sepulcro
cavado en la roca, donde ninguno había sido sepultado (Lc 23,
52-53).
El doctor Pierre Barbet, cirujano jefe del hospital de París, en
el Congreso internacional de la síndone, tenido en Roma, en 1950,
dijo: Las llagas de la Sábana Santa son de tal realismo que para un
cirujano son una evidencia. Jamás un falsario hubiera podido ni
siquiera en nuestra época, con todo lo que ahora se sabe sobre la
coagulación de la sangre, imaginar todos esos cuajarones de sangre
con la infinita variedad de sus detalles, todos conformes con lo que
nosotros vemos todos los días y sin que se pueda encontrar un solo
error entre ellos. Incluso, si alguien hubiera podido imaginarlos,
le habría sido imposible realizarlos sobre una tela de lino como es
el lienzo ni con pintura ni con tintura ni siguiera con sangre
misma. Todas esas huellas que forman la imagen se alejan,
plenamente, de forma extraña y se puede decir con tranquila
desenvoltura, de la tradición iconográfica, pero todas sin
excepción coinciden estrictamente con la realidad.
Todo el cuerpo del hombre de la síndone está lleno por delante
y por detrás de heridas, iguales, formadas por dos pequeños
círculos sanguinolentos de unos 12 milímetros de diámetro,
separados por una línea sanguinolenta. Se trata de las huellas del
flagrum romano, azote descubierto en excavaciones posteriores al
hallazgo de sus efectos en la Sábana Santa. Era un azote usado por
los romanos. A Jesús lo azotaron romanos. Jumper y Jackson,
americanos que estudiaron estas heridas con ayuda de computadores,
afirman que los flagelantes eran dos, uno a cada lado de la
víctima, a un metro de distancia y algo detrás de él. Según el
doctor Barbet que ha descubierto lo mismo, el flagelante de la
derecha era más alto que el de la izquierda. El doctor Baima
Bollone ha llegado a contar más de 600 heridas.
El doctor Judica Cordiglia estudió la herida de la nariz:
Precisamente allí donde confina el cartílago con el hueso nasal,
la nariz inicia una ligera desviación hacia la izquierda. Se trata
evidentemente de un bastonazo propinado por un palo más bien corto
y redondo, de un diámetro máximo de 4 a 5 centímetros. El golpe
lo descargó un sujeto que se encontraba a la derecha y empuñaba el
bastón con la izquierda.
Sobre la coronación de espinas, hay gotas de sangre en las
regiones frontal, temporal y occipital, es decir, en la nuca. Están
causadas por objetos puntiagudos, clavados sobre la cabeza, en forma
de gorro o casco. Las coronas reales en oriente eran a manera de
mitras o casquetes preciosos y no un aro en torno a la cabeza como
en occidente. El doctor Barbet estudió el recorrido de esta
sangre de la cabeza hasta que se coaguló.
Según el doctor Rodante, la sangre de las heridas de las manos,
pies y corona de espinas, se coaguló como sangre de hombre vivo,
mientras que la sangre del costado se coaguló como sangre de hombre
muerto, pues es sangre venosa. Esta distinción es impensable en un
falsificador, pues la circulación de la sangre se descubrió en
1593 (Rodante Sebastián: La Sicilia. Attualità,15-X-1988).
Por otra parte, es interesante anotar que los reos solían llevar
al lugar del suplicio el patibulum o palo horizontal de la cruz. Si
el reo caía de cara, no podía usar las manos para amortiguar el
golpe: lo amortiguaba con el rostro y las rodillas. Se ha demostrado
que el hombre de la síndone tenía las rodillas muy desolladas y el
rostro tumefacto y herido. La parte superior de la espalda muestra
las escoriaciones producidas por el roce del palo con la cruz.
Cuando fue clavado, no lo hicieron en la palma de la mano sino en
las muñecas, pues de otro modo no hubiera podido aguantar el peso
del cuerpo.
Los pies fueron clavados con un solo clavo, el izquierdo sobre el
derecho. El cabello, tal como se ve en la síndone, está lleno de
regueros de sangre; unos finos y otros gruesos. Toda la cabeza está
llena de pequeñas heridas punzantes, hechas por la corona de
espinas. Los hombros presentan muestras inequívocas de haber
soportado un gran peso. Y hay que señalar que en la zona de la
nariz, rodillas y plantas de los pies (en la síndone) se ha
encontrado tierra caliza como la de Palestina, porque no lavaron el
cadáver; hay huellas de la tierra del camino por las caídas.
La herida del corazón tiene un largo de 6 cm por 15 cm de alto.
Es la herida que le causó el centurión romano con la lanza. En ese
lugar del corazón, se nota abundancia de sangre. La herida va del
costado izquierdo al derecho.
En la Sábana Santa hay muchos detalles que difieren de lo que
sucedía a la mayoría de crucificados. A pocos crucificados se les
coronaba de espinas. Normalmente, se les quebraba las piernas. A la
mayoría de ellos, por ser esclavos o delincuentes, no se les
enterraba de modo individual y menos en finas prendas de lino como a
Jesús.
Veamos algunos datos que hacen casi imposible que el crucificado
de la síndone no sea Jesús:
Fue coronado de espinas, Fue azotado cruelmente. Fue golpeado en
la nariz. Fue crucificado con clavos. No le quebraron las piernas.
Le abrieron el costado con una lanza. Fue amortajado con lino. Este
lino no sufrió la descomposición del cadáver. Fue enterrado de
modo provisional durante unas horas.
Por todo ello podemos preguntar:
¿Por qué se grabó su imagen en negativo, siglos antes de
inventarse la fotografía? ¿Por qué es el único lienzo del mundo
con la imagen en negativo de la totalidad de un cuerpo humano? ¿Por
qué es la única fotografía humana con imágenes tridimensionales
perfectas? ¿Por qué el cadáver cubierto con el lienzo emitió en
un instante una energía capaz de chamuscar e imprimir la imagen de
modo tridimensional? ¿Por qué se imprimieron en los ojos del
crucificado de la síndone las dos monedas romanas? ¿Por qué se ha
encontrado polen de plantas que sólo existieron en la zona de
Jerusalén hace dos mil años y ya han desaparecido? ¿Por qué las
manchas de sangre se imprimieron de forma distinta que las huellas
del cuerpo? ¿Por qué permanecieron las huellas de la imagen y no
se destruyó después del baño total de agua hirviendo y de un
fuego de más de 900 grados, que hasta derritió la plata de la
urna, en el incendio de Chambery en 1532? ¿Por qué la imagen está
grabada de modo uniforme cuando lo lógico hubiera sido que las
huellas del dorso hubieran estado más marcadas por estar en mayor
contacto con el cuerpo? ¿Por qué no se destrozaron las manchas de
sangre al salir el crucificado del lienzo? ¿Por qué al salir el
cuerpo del lienzo no alteró la posición de la Sábana Santa? ¿Por
qué el lienzo no tiene ninguna señal de descomposición del
cadáver? ¿Por qué nunca se ha conseguido que un cadáver produzca
huellas parecidas en miles de experimentos con todos los medios de
la ciencia actual? ¿Por qué todo coincide con el entierro
provisional de Jesús? ¿Por qué todas las huellas de la síndone
coinciden exactamente con la pasión de Jesús?
Según los investigadores Stevenson y Habernas, la posibilidad de
que el hombre de la síndone no sea Jesús es de una contra 85 mil
millones. El doctor Bruno Barberis y el matemático Tino Zeuli,
haciendo cálculos matemáticos en la facultad de ciencias de la
universidad de Turín, llegaron a la conclusión de que sólo
habría una posibilidad entre 200 mil millones de que el hombre de
la Síndone no sea Jesús. El ingeniero francés Paul de Gail hizo
un cálculo matemático y dijo que, en su opinión, la posibilidad
era de una contra 225 mil millones.
En el III Congreso internacional de sindonología de 1998 la
profesora Emanuela Marinelli y el profesor Fanti afirmaron que las
probabilidades de que no sea Jesús es como que en una ruleta
saliera 154 veces seguidas el mismo número. Algo prácticamente
imposible. Por tanto, podemos concluir que el hombre de la Sábana
Santa es realmente el mismo Jesús de Nazaret.
LA RESURRECCIÓN
El Evangelio nos dice que Jesús resucitó la mañana del
domingo. María Magdalena que lo vio resucitado fue a anunciar a los
apóstoles: He visto al Señor. Y en la tarde del primer día de la
semana (domingo), estando cerradas las puertas del lugar por temor a
los judíos, vino Jesús (Jn 20, 18-19). Jesús podía atravesar las
paredes con su cuerpo resucitado y glorioso. Por eso, no tuvo
necesidad de quitarse la sábana que lo cubría al resucitar, sino
que traspasó la sábana. Según algunos científicos, ese fue el
momento clave en el que con la energía extraordinaria de su cuerpo
glorioso chamuscó (aunque en realidad no hay vestigios de ninguna
quemadura) superficialmente las fibras de la sábana y así quedo
impresa la imagen de su cuerpo en forma tridimensional, es decir, en
relación inversa a la distancia entre la tela y la piel.
Por este motivo, los doctores en ciencias físicas de la NASA.
John Jackson y Erick Jumper, con las fotos sacas en 1931 por Enrie y
analizadas con el analizador de imagen VP-8, pudieron crear una
imagen tridimensional del hombre de la Sábana Santa, algo que nunca
puede hacerse con una fotografía normal cualquiera. Esto los llevó
a concluir que la imagen no fue realizada por contacto del cadáver
con la tela, sino por una fuente de radiación, no exterior, sino
interior a la misma tela.
John Jackson y William Mottern, físico especialista de la SADYA,
empresa norteamericana dedicada a la creación y fabricación de los
aparatos secretos de investigación espacial , quedaron asombrados
al darse cuenta de que la imagen de la Sábana Santa era
tridimensional y tan distinta a una fotografía como una estatua a
una pintura. Se dieron cuenta de que el grado de luminosidad de la
imagen de la síndone estaba matemáticamente relacionada con la
distancia del cuerpo al lienzo. Es decir, la imagen alcanza el
máximo de brillantez en aquellas zonas donde el cuerpo toca el
tejido: nariz, frente, cejas… En cambio, la imagen es menos
intensa allí donde el cuerpo y el tejido no se tocan: hueco de la
órbita de los ojos, ambos lados de las mejillas. Este
descubrimiento ya implicaba que la imagen de la síndone había sido
formada por un objeto tridimensional. También indicaba que la
imagen no había podido producirse por contacto directo como, por
ejemplo, colocando una tela sobre el cadáver.
Los doctores Jackson y Jumper afirmaron: Una fuerza desconocida
produjo con carácter instantáneo una transformación
físico-química del cadáver que lo convirtió en una radiación
lumínico-térmica, que dejó esas inexplicables huellas en el
lienzo que lo envolvía y lo hizo con una sensibilidad tan fina que
el VP-8 fue capaz de apreciar dos discos de unos tres milímetros de
grosor y con unas letras grabadas en los mismos, correspondientes a
dos monedas en los ojos del hombre de la síndone. Este hallazgo
conseguido al estudiar la tridimensionalidad de la imagen hace que
sea prácticamente imposible negar que la síndone sea del siglo I
al igual que las dos monedas.
Para explicar la tridimensionalidad de la imagen, debió existir
una radiación que brotando del cuerpo envuelto, produjera un efecto
semejante al de los fotones de las radiaciones captadas por el
espectrofotómetro y con cualidades muy parecidas. El lienzo quedó
impresionado a modo de placa o cliché y el resultado son las
huellas; no son sombras ni contactos, sino quemaduras ligerísimas
en relación inversa a la distancia del lienzo al foco de esa
radiación. Ray Rogers, especialista en termografía nuclear, dice
que la fuente de energía brotó de todos los puntos del cuerpo, en
el mismo instante y con la misma intensidad; con una sensibilidad
tan fina como para ser capaz de apreciar la diferencia de relieve
que existe por ejemplo entre el borde de los labios y el valle
anterior a la barbilla.
Surgió en forma de radiación lumínico-térmica, pero
controlada. A pesar de la asombrosa energía, no desintegró ni el
cuerpo ni el lienzo que lo envolvía. Esta radiación no vino de
fuera, sino de dentro del cuerpo, pues las huellas están en lo que
fue el interior del lienzo envuelto. ¿Cómo pudo ser esto? ¿Cómo
es posible que exista radioactividad entre un cuerpo muerto y la
tela inerte que lo envuelve? ¿Cómo esta radiación no destruyó el
cuerpo ni el lienzo? ¿Quién la produjo y la controló?
En el Congreso científico internacional sobre la Sábana Santa
de París, celebrado los días 7 y 8 de septiembre de 1989, el
doctor Jackson de la NASA afirmó que la radiación que grabó la
imagen tuvo que producirse en el momento de la resurrección de
Cristo (Löring Jorge, La Sábana Santa de Turín su autenticidad,
Ed.Edibesa ,Madrid, 2004, p.212)
En el Congreso de sindonología de Roma de 1993, el profesor
Lindner dijo textualmente: Esta radiación del cuerpo de Cristo no
se puede explicar por causas naturales. Es sólo una consecuencia
del hecho sobrenatural de la resurrección. (ib. p. 235).
La empresa HAL 9000, especialista en fotografía del arte, el 22
de enero del año 2008 tomó 1649 fotos a la Sábana Santa de 12800
millones de pixeles, la reproducción más detallada de la Sábana
Santa obtenida hasta ahora con fotografías de alta definición. De
esta manera, esperan sacar conclusiones todavía inéditas que
pueden dar mucha luz sobre los problemas planteados.
CONCLUSIÓN
Después de haber visto la historia de la síndone y haber dado
razones más que suficientes para explicar que la radiodatación
realizada en 1988 por los tres laboratorios con la prueba del
carbono 14 estaba equivocada, hemos visto también muchas pruebas
como las del polen, las monedas, las fotografías, la
tridimensionalidad de la imagen etc., que nos llevan a concluir como
lo han hecho, a partir de 1989, todos los Congresos internacionales
de sindonología que la Sábana Santa es realmente auténtica y con
toda probabilidad el hombre de la sábana es Jesús de Nazaret.
Incluso, como hemos anotado, muchos científicos ya han apuntado
la idea de que el momento en que la imagen quedó grabada fue el
momento de la resurrección, ya que la fuente de energía que hizo
la grabación no puede explicarse de otra manera, al menos por
ahora.
Concluyendo, podemos decir con el famoso convertido Paul Claudel
en su libro “El esplendor de la verdad”: Más que ante una
imagen, estamos ante una presencia. Sí, por encima de la
fotografía misma del cuerpo de Jesús, más allá de poder observar
el mismo rostro de Jesús, estamos ante una presencia, pues la
Sábana Santa es como un film siempre vivo y actual de lo que
realmente fue la pasión y nos recuerda cuánto nos amó Jesús para
dejarse matar de esa manera por salvarnos.
Por eso, como decía la Madre Teresa de Calcuta: Cuando mires un
crucifijo, piensa en cuánto te amó Jesús; pero, cuando vayas a
visitarlo a la Eucaristía, piensa cuánto te sigue amando. Por amor
se ha quedado para siempre como un amigo que te espera en este
sacramento. Por amor ha sufrido tanto por ti. Por amor te ha creado
y te sigue conservando la vida, y por amor te sigue perdonando.
¿Cómo responderás a su amor con tu amor?
Que Jesús te bendiga por María. Saludos de mi ángel. Tu
hermano y amigo del Perú.
P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA -
PERÚ BIBLIOGRAFÍA
Alarcón Juan, La Sábana Santa, el gran misterio del
cristianismo, Ed. Temas de hoy, Madrid, 1994. Ansón Francisco,
Después del carbono 14, Ed. Palabra, Madrid, 1989. Ansón
Francisco, La Sábana Santa, Ed. Palabra, Madrid, 1999. Baima
Bollome, La sindone, indagini scientifiche, Roma, 1988. Baima
Bollone, L'impronta di Dio, alla ricerca delle reliquie di Cristo,
Ed. Arnoldo Mondadori, Milano, 1985. Baima Bollone, Primi risultati
delle ricerche sui fili della sindone prelevati nel 1978, en la
revista Sindon, Quad. Nº 30, 1981, pp. 31-35. Baima Bollome,
Sindone o no, Ed. SEI, Torino, 1990. Barberis y Zaccone, Sindone,
cento anni di ricerca, librería dello Stato, Roma, 1998. Barbesino
y Moroni, L’ordalia del carbonio 14, Mimep-Docete, Pessano
(Milano). Barbieri Bruno, La sindone, storia, scienza, Turín, 1996.
Barbieri Bruno y Sabarino Piero, Sindone radiodatazione e calcolo
delle probabilità, Ed. Elledeci, 1998. Baima Bollone y Stefano
Zaca, La sindone al microscopio, Ed. Elledici, 1997. Carreño José
Luis, El retrato de Cristo, Madrid, 1968. Corsini de Ordeig Manuela,
Historia de la Sábana Santa, Ed. Rialp, Madrid, 2004. Estartús
Rafael, La Sábana Santa bajo la lupa de la ciencia, Ed. universidad
de Piura, 2003. Igartua Juan Manuel, La Sábana Santa es auténtica,
Ed. mensajero, Bilbao, 1990. Intigrillo Gaetano, La sindone oggi,
Trani, 1989. Judica Cordiglia Giovanni, ¿Es Cristo el hombre del
Santo Sudario? S.L. 1955. Judica Cordiglia, Ipotesi e nuovi
esperimenti sulla genesi delle impronte sulla sindone; Atti I
Convegno internazionale di studio, Roma e Torimo 1950; riedizione
anastasica Marietti, Torino 1980, pp. 23-25. Koznetsov e Ivanov,
Effect of fire and biofractionation of carbon isotopes on results of
radiocarbon dating of old textiles in Journal of archaeological
science, 23 (1996), 109-21. Loring Jorge, La Sábana santa, dos mil
años después, Ed. Planeta, Barcelona, 2002. Loring Jorge, La
sábana Santa, su autenticidad, Ed. Edibesa, Madrid, 2004 Marvizon
Julio, La Sábana Santa, ¿milagrosa falsificación?, Ed. Giralda,
Sevilla, 1996. Milanesio Antonio, Siracusa Simona, Zara Stefano, Un
immagine inspiegabile, Ed. Elledeci, 1997. Moretto Gino, Sindone, la
storia (1416-2000), Ed. Elledeci, 2000. Ricci Giulio, L’uomo della
Sindone è Gesú, Roma, 1985. Rodante, Le realità della Sindone,
Massimo, Milán, 1987. Sannerini, Mirra, aloe, pollini e altre
tracce, Ed. Elledici, 1997. Savio P., Ricerche sul tessuto della
santa sindone, Grottaferrata, 1973. Scannerini, La questione dei
pollini, en revista síndone de 1996. Siliato María Grazia, El
hombre de la Sábana Santa, BAC, Madrid, 1987. Solé, Manuel, La
Sábana Santa de Turín, Ed. Mensajero, Bilbao, 1986. Stevenson K. y
Habernas G.R., Dictamen sobre la sabana de Cristo, Ed. Planeta,
Barcelona. Taylor, Radiocarbon dating, Ed. Academic press, Orlando,
1987. Varios, Sindone, le immagini 2000, Ed. ODPF, Torino, 2002.
Vida y Marangoni, Il fuoco e la sindone, Timeo editore, Bologna,
2000. Whanger Alan y Mary, The shroud of Turin: an adventure of
discovery, Providence house publishers, 1998.
www.sindone.torino.chiesacattolica.it
Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org