¿ DÓNDE ESTÁN LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO ?
Nihil Obstat P. Fortunato Pablo Prior Provincial Agustino
Recoleto
Imprimatur Mons. Carmelo Martinez Obispo de Chota (Perú)
P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2003 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS Historia de la
cuestión Importancia del bautismo Salvación de estos niños
Sagrada Escritura Motivos de salvación. Iluminación y Martirio La
fe de los padres La fe de la Iglesia
SEGUNDA PARTE: SALVACIÓN INMEDIATA O NO INMEDIATA Salvación
inmediata Salvación no inmediata Sagrada Escritura La Iglesia y los
teólogos Opinión de Santo Tomás Opinión de Partemio Minges
Reflexión ¿Qué dicen algunos santos? Místicos actuales Santa
Perpetua
TERCERA PARTE: MEDIOS DE SALVACIÓN La misa Bautismo espiritual
Caminos de salvación Adopción espiritual Adopción espiritual de
un niño abortado
CUARTA PARTE: TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS Experiencias reales La
Siquiatría La Siquiatría y el budismo Renovación carismática
católica Sobre el bautismo espiritual Poner un nombre
Consideraciones finales Palabras de un niño abortado. Carta de una
madre a Dios Mensaje a los padres de los niños muertos sin bautismo
CONCLUSIÓN GENERAL
BIBLIOGRAFÍA INTRODUCCIÓN
El tema del destino eterno de los niños muertos sin bautismo ha
sido uno de los problemas que más dolores de cabeza ha dado a los
teólogos de todos los tiempos. Este tema es muy importante, pues
comprende a millones y millones de seres humanos. Y hay que tratarlo
con la debida mesura, porque, sobre este punto, no hay ninguna
definición dogmática. Por otra parte, ciertamente, hay que
reconocer que la mayoría de los teólogos y sacerdotes actuales
creen que estos niños van directamente al cielo y no se hacen más
preguntas ni problemas.
El tema del limbo eterno de los niños, que fue una opinión
teológica común durante varios siglos, parece estar descartado
definitivamente, pues ya no se habla de él en el concilio Vaticano
II ni en el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Sin embargo,
hay que reconocer también que la idea de que estos niños sean
salvados inmediatamente después de su muerte, es también una
opinión teológica, al igual que la de que estos niños son
salvados después de estar un tiempo en un limbo temporal. Estas son
las dos alternativas posibles que se barajan en la actualidad.
En resumidas cuentas, nuestro estudio trata de estas dos
alternativas para ver cuál es la más aceptable. Para ello,
estudiaremos textos de la Escritura, del Magisterio de la Iglesia y
muchos testimonios de personas dignas de fe, que nos pueden llevar a
tomar una opción probable en este tema tan controvertido, pero, a
la vez, tan importante.
Podríamos resumir el tema, preguntando: ¿Dónde están los
niños muertos sin bautismo? ¿Son salvados inmediatamente después
de su muerte o después de un tiempo? ¿Existe o no existe un limbo
temporal para ellos? ¿Están todos ya en el cielo o pueden estar
muchos de ellos todavía en espera, en camino hacia Dios?
El presente libro es un resumen de otro más amplio y teológico,
que he titulado “El destino de los niños muertos sin bautismo”.
Quiero dedicarlo a todas las religiosas del mundo y a todos aquellos
que deseen orar por la salvación de estos niños, especialmente,
por los millones de niños abortados. A estas personas mi
admiración y agradecimiento.
PRIMERA PARTE
SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS
En esta primera parte, vamos a considerar la cuestión de la
salvación de estos niños muertos sin bautismo. En caso de que
puedan ser salvados, analizaremos los motivos de su salvación y
expondremos diferentes opiniones de los teólogos y, muy
especialmente, la que considera que son salvados por la fe de la
Iglesia Pero, primero, veamos un poco de historia sobre este
controvertido tema.
HISTORIA DE LA CUESTIÓN
San Gregorio Nacianceno (+389) dice, sobre los niños que mueren
sin bautismo, que “sus almas no serán recompensadas ni castigadas”,
dando a entender que, en su opinión, irían a un lugar intermedio
entre el cielo y el infierno (Orat 40, 23; PL 36, 398). San Gregorio
Niseno dice que “están llamados a alegrarse en un conocimiento de
acuerdo con su naturaleza”, es decir, que vivirían con una
felicidad puramente natural, pero no con la felicidad sobrenatural
del cielo y tampoco serían castigados con el infierno (“De
infantibus qui praemature moriuntur”: PG 46, 161).
San Agustín (354-430) es el primero de los Padres latinos que se
plantea esta cuestión en profundidad. Antes de la controversia con
los pelagianos, que negaban la existencia del pecado original,
creía que iban también a un lugar intermedio entre el cielo y el
infierno (De libero arbitrio 3, 226). Pero los pelagianos, al negar
la existencia del pecado original, decían que estos niños no
necesitaban el bautismo salvarse y que iban directamente a un lugar
intermedio o “vida eterna”. No todos los autores están de
acuerdo en saber qué entendía Pelagio por este lugar intermedio o
vida eterna ¿Era solamente un paso previo para llegar al reino de
los cielos?
Lo cierto es que San Agustín arremetió contra Pelagio por negar
la necesidad del bautismo para ser liberados del pecado original y
cambió su posición, afirmando en diferentes textos que estos
niños iban al infierno, donde padecerían penas suavísimas. Para
confirmar esto, cita, especialmente, el texto del juicio final de
Mat, 25, 31- 46, donde sólo se habla de cielo o infierno, de
derecha o izquierda. No se habla aquí, ni en ningún otro lugar del
Evangelio, de un lugar intermedio y, por eso, lo rechaza.
Siguiendo a San Agustín, muchos otros teólogos hablaron
también de que el destino eterno de estos niños era el infierno
con penas muy leves.
En el siglo XII, Santo Tomás pensó que estos niños inocentes
no podían ir al cielo, pero tampoco podían padecer ninguna clase
de penas en el infierno, por muy leves que fueran. Así habló del
limbo eterno, donde estos niños serían felices con una felicidad
puramente natural por toda la eternidad.
Observemos que la palabra limbo viene del latín limbus y
significa la orla del vestido, su reborde o límite final. Se
llamaba así al limbo de los niños, porque se creía que estaba al
borde o en los límites del infierno. No se sabe quién fue primero
en usar esta palabra.
San Alberto Magno (+ 1280), maestro de Santo Tomás de Aquino,
fue uno de los primeros en usar esta expresión (Lib IV Sent, dist,
1, art 20).
Guillermo de Auvernia usó esta palabra en su obra “De vitiis
et peccatis”, escrita en 1230. Y, a partir de Santo Tomás, esta
palabra se usa normal y universalmente para designar al lugar o
estado al que iban los niños muertos sin bautismo y que no era el
cielo ni el infierno y en el cual serían felices con una felicidad
puramente natural.
A partir de Santo Tomás, la mayoría de los teólogos aceptaron
la idea del limbo eterno para estos niños, excepto algunos
teólogos que siguieron con la opinión de San Agustín. Solamente,
a partir de finales de siglo XIX, empezaron algunos teólogos a
plantear, tímidamente al principio, la idea de la salvación de
estos niños, ya que la idea del limbo eterno había sido siempre
una opinión teológica, pues nunca la Iglesia se había manifestado
dogmáticamente a favor ni en contra.
Hasta mediados del siglo XX, prevaleció en los teólogos la
opinión común del limbo de los niños. En el concilio Vaticano II
(1962-1965) no se quiso tratar a propósito este tema ni tampoco en
el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Pero, después del
concilio, se multiplicaron las opiniones a favor de la salvación de
estos niños. Citaremos a algunos de los teólogos que aceptaban su
salvación, incluso antes del concilio: Baum-Gartmer, Rondet,
Boudes, Martelet, Paul Tihon, Jean Galot, Labourdette, Nicolas,
Moliné, Richard…
Roberto Masi resumía, en 1964, la opinión de muchos teólogos
diciendo: “Es siempre posible admitir que Dios provea a la
salvación de tantos y tantos niños muertos sin bautismo a través
de vías extraordinarias, que sólo Él conoce… Ciertamente, Dios
ama a estos niños mucho más que nosotros” (Revista Euntes
docete, XVIII, 1964).
A partir de 1971, en el nuevo ritual de Exequias, se mencionan
las misas por los niños muertos sin bautismo, lo que quiere decir
que les pueden aprovechar para su salvación. Y en el Catecismo de
la Iglesia católica se nos habla de “orar por su salvación”
(Cat 1283). Parece descartarse definitivamente la idea del limbo
eterno para estos niños, pero ¿existirá un limbo temporal antes
de conseguir la salvación eterna?
No pensemos que hablar del limbo en la actualidad es hablar de
cosas irreales. Ciertamente, la palabra limbo esta desprestigiada.
Cuando decimos que una persona está fuera de la realidad, decimos
que está en el “limbo”. Pero ¿existirá un tiempo en el que
los niños, muertos sin bautismo, no estén todavía en el cielo?
¿Dónde estarían? ¿En un estado de cielo natural, cielo infantil
o limbo temporal? Lo de menos es la palabra que usemos. Lo
importante es la posibilidad de un tiempo de espera antes de “entrar”en
el cielo.
IMPORTANCIA DEL BAUTISMO
Debemos partir del hecho del pecado original, que es un dogma de
fe. El pecado de Adán y Eva fue el mayor desastre de la humanidad.
Ellos perdieron la gracia de Dios, es decir, el don sobrenatural que
les daba la capacidad para ir al cielo y disfrutar de la plena
felicidad de su padre Dios. Ellos lo rechazaron por el pecado y
quedaron privados de la vida de Dios en su alma y de su derecho al
cielo. Además, perdieron también los dones preternaturales de
inmortalidad, impasibilidad (no sufrir), integridad (equilibrio
interior) y ciencia infusa. El problema fue que Adán perdió estos
dones, no sólo para él, sino también para todos sus descendientes
por ser el padre de toda la humanidad. Dice Sto. Tomás: “Todos
los nacidos de Adán pueden considerarse como un hombre por razón
de participar de la naturaleza recibida del primer padre” (S. Th.
q. 81, a. 1). Por otra parte, el alma quedó con cuatro heridas,
según Sto. Tomás: ignorancia (dificultad para conocer la verdad),
malicia (debilitación de la voluntad), fragilidad (cobardía ante
las dificultades para obrar el bien) y concupiscencia (apetito
desordenado de satisfacer los sentidos).
Al pecar Adán y Eva, quedaron reducidos al estado puramente
natural y, desde entonces, todos los seres humanos son concebidos en
estado natural, sin poder por sí mismos conseguir el estado
sobrenatural y la capacidad y el derecho de ir al cielo. De ahí que
los niños que mueren sin bautismo y con el pecado original, es
decir, en estado natural, no pueden ir directamente al cielo al
morir, aunque sigan disfrutando de los bienes naturales de su
naturaleza humana, que Dios no se los ha quitado.
Pero Dios, en su infinita bondad y misericordia, ha pensado en
darnos un medio fácil de solucionar el problema del pecado original
y llevarnos al cielo: el bautismo, al igual que en el Antiguo
Testamento lo era la circuncisión para los judíos.
El bautismo es una obra maravillosa de la gracia divina, que nos
eleva al orden sobrenatural y nos incorpora a Cristo en la Iglesia.
El bautismo nos hace “una nueva criatura, un hijo adoptivo de
Dios, partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo,
coherederos con Él y templos del Espíritu Santo” (Cat 1265).
Además, imprime en el alma una marca o sello indeleble, llamado
carácter. En virtud de este carácter se establece una distinción
invisible, pero real, entre cristianos y no cristianos. En virtud
del carácter bautismal, el bautizado recibe la facultad y el
derecho de participar del sacerdocio de Cristo (sacerdocio de los
fieles) y el poder de recibir otros sacramentos con los dones y
gracias que Cristo confió a su Iglesia. El carácter es como una
consagración del bautizado a Jesucristo, lo que le impone la
obligación de llevar una vida verdaderamente cristiana.
En resumen, el bautismo nos incorpora al cuerpo místico de
Cristo en la Iglesia, nos hace hijos de Dios y cristianos, y nos da
la santificación interior, al infundir la gracia divina, con la
remisión del pecado original y de todos los pecados personales y de
las penas debidas a estos pecados.
Como sabemos, se distinguen tres clases de bautismo: de agua, de
sangre y de deseo. De estos tres, solamente el primero es sacramento
y marca al alma con el sello indeleble, llamado carácter. El
bautismo de agua, en la Iglesia católica, produce su efecto pleno;
en las iglesias cristianas no católicas, tiene una eficacia
limitada, pues no entran a formar parte de la Iglesia de Cristo en
plenitud.
El bautismo de sangre es el que reciben los que mueren por
Cristo. El bautismo de deseo es el que reciben los que, sin conocer
a Cristo ni a su Evangelio, viven de acuerdo a su conciencia y hacen
la voluntad de Dios, pues se supone que, si conocieran a Cristo y su
Evangelio de verdad, desearían bautizarse. Ciertamente que “todo
hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la
verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser
salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado
explícitamente el bautismo, si hubiesen conocido su necesidad”(Cat
1260).
Ahora bien, recordemos que el bautismo es el sacramento de la fe
y produce su efecto en virtud de la fe de la Iglesia y no en virtud
de la fe del niño, que es incapaz de hacer actos de fe. Incluso,
aunque falte la fe al ministro que bautiza, a los padres, a los
padrinos y a todos los presentes a la ceremonia, el bautismo
producirá su efecto en virtud de la fe de la Iglesia, que suplirá
la falta de fe de los presentes, siempre que el rito se haga
conforme a la práctica de la Iglesia y se haga con la intención de
hacer lo que hace la Iglesia. Por este motivo, en casos especiales,
también pueden bautizar los no cristianos.
Dice el Catecismo que “los niños son bautizados en la fe de la
Iglesia” (Cat 1282). Y en el rito del bautismo, se pregunta a los
padres: “¿Quieren que su hijo sea bautizado en esta fe de la
Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?”
Agradezcamos a Dios el don de nuestro bautismo, recordemos ese
día con agradecimiento y vivamos nuestro bautismo, siendo
verdaderos cristianos e hijos de Dios. Recordemos las palabras del
Papa Juan Pablo II el día del Bautismo del Señor (13-1-2002), al
celebrar algunos bautismos en el Vaticano:
“Estos niños, al recibir en la Iglesia el sacramento del
bautismo, se transforman en hijos de Dios, hijos en el Hijo. Es el
misterio del segundo nacimiento... La gracia de Cristo transformará
su existencia de mortal en inmortal, libertándola del pecado
original. Dad gracias al Señor por el don de su nacimiento y de su
renacimiento espiritual hoy. Estos niños reciben hoy el bautismo
sobre la base de vuestra fe... ¿Pero podrán abrirse a la fe, si no
reciben un buen testimonio de ella de parte de los adultos que los
rodean? Estos niños os necesitan, en primer lugar, a vosotros,
queridos padres; también os necesitan a vosotros, queridos padrinos
y madrinas, para aprender a conocer al Dios verdadero, que es amor
misericordioso. A vosotros, corresponde introducirlos en ese
conocimiento, en primer lugar, mediante el testimonio de vuestra
conducta...
¿Qué fuerza permite a estos niños, inocentes e inconscientes,
realizar un “paso” espiritual tan profundo? Es la fe, la fe de
la Iglesia, profesada en especial por vosotros, queridos padres,
padrinos y madrinas. Precisamente, en esta fe son bautizados
vuestros pequeños. Cristo no realiza el milagro de regenerar al
hombre sin la colaboración del mismo hombre y la primera
colaboración de la criatura es la fe con que ésta, interiormente
atraída por Dios, se encomienda libremente a sus manos. Estos
niños reciben hoy el bautismo sobre la base de vuestra fe, que
dentro de poco os pediré que profeséis. ¡Cuánto amor,
amadísimos hermanos, cuánta responsabilidad en el gesto que
haréis en nombre de vuestros hijos!”. (Revista Ecclesia N° 3,085
del 26-1-2002, p.32).
El bautismo es una obra maestra de la gracia divina. Es un regalo
maravilloso de la misericordia de Dios y una manifestación gloriosa
de la gratuidad de la gracia. Somos justificados y participamos de
la vida divina en virtud de los méritos de Cristo por pura gracia y
misericordia. Por eso, san Gregorio Nacianceno decía que “ el
bautismo es el don más grande y magnífico de los dones de Dios”(Or
40,3-4)
SALVACIÓN DE ESTOS NIÑOS
La Iglesia habla frecuentemente de la posibilidad de salvación
de estos niños. Dice el concilio Vaticano II:
“ Debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la
posibilidad de que en en la forma de sólo Dios conocida, se asocien
al misterio pascual” (GS 22, LG 16; AG 7).
Y el Catecismo de la Iglesia católica:
“La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad
salvífica universal de Dios y en la necesidad del bautismo para la
salvación” (Cat 1256). “Dios ha vinculado la salvación al
sacramento del bautismo, pero su intervención salvífica no queda
reducida a los sacramentos” (Cat 1257).
“En cuanto a los niños muertos sin bautismo la Iglesia sólo
puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de
las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que
quiere que todos los hombres se salven, y la ternura de Jesús con
los niños... nos permiten confiar en que haya un camino de
salvación para los niños que mueren sin bautismo” (Cat 1261).
“En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la
Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a
orar por su salvación” (Cat 1283).
En estos textos, se habla de la posibilidad de salvación y de
tener confianza en la misericordia de Dios, pero hay algunos textos
más claros. Por ejemplo:
“La vocación suprema del hombre en realidad es una sola, la
divina” (Vat II, GS 22; Cat 1260). Lo que quiere decir que no
puede hablarse de una vocación natural en un limbo eterno para
estos niños y otra sobrenatural para los que van al cielo. Todos
estamos llamados al cielo y todos estamos comprendidos en el mismo
plan de salvación de Dios en Cristo.
La Iglesia es “instrumento de la redención universal” (Vat
II, LG 9). Por eso, decía Juan Pablo II en la declaración Dominus
Jesus del 6-8-2000:
“Es necesario mantener unidas estas dos verdades, o sea, la
posibilidad real de la salvación de Cristo para todos los hombres y
la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación” (No.
20).
Y en la encíclica Redemptor hominis:
“Mediante la encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en
cierto modo a todo hombre... Se trata de cada hombre, porque cada
uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada
uno se ha unido Cristo para siempre, por medio de este ministerio.
El hombre tal como ha sido querido por Dios, tal como Él lo ha
elegido eternamente y ha sido llamado y destinado a la gracia y a la
gloria, tal es precisamente cada hombre. Es el hombre en toda la
plenitud del misterio, del que se ha hecho partícipe en Jesucristo,
misterio del cual se hace partícipe cada uno de los cuatro mil
millones de hombres vivientes sobre nuestro planeta, desde el
momento en que es concebido en el seno de la madre” (III, 13).
Esto quiere decir que todo ser humano tiene una relación
indisoluble con Cristo Redentor y, por tanto, con la salvación que
vino a traernos. Todo hombre, pues, sin excepción, está incluido
en el plan de salvación de Dios en Cristo, ya que la creación tuvo
una finalidad cristocéntrica y nadie puede estar fuera del plan de
salvación de Jesucristo.
El gran teólogo alemán Karl Rhaner decía:
“El niño aún sin bautizar, a pesar del pecado original, es ya
objeto de la infinita misericordia de Dios. Dios lo ve unido a su
unigénito Hijo. Este niño tiene ya, por ello, con el Hijo, un
derecho, si bien todavía no actualizado, por lo menos remoto a la
herencia eterna”.
Por tanto, podemos creer que estos niños también se salvarán
un día. Otro punto a estudiar es, si existen textos de la
Escritura, que hablen de la salvación de estos niños.
SAGRADA ESCRITURA
Hay muchos textos bíblicos, que nos hablan de la salvación de
estos niños en virtud de la voluntad salvífica universal de Dios y
de la solidaridad de todos los hombres de Cristo. Si somos
solidarios en el pecado con Adán, también lo somos en la gracia
por Cristo. Veamos algunos textos:
“Por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la
resurrección de los muertos. Y así como por Adán hemos muerto
todos, así también en Cristo todos somos vivificados” (1 Co
15,21-22).
“Como por la transgresión de uno solo llegó la condenación a
todos, así también por la justicia de uno solo llega a todos la
justificación de la vida. Donde abundó el pecado sobreabundó la
gracia, para que como reinó el pecado por la muerte, así también
reine la gracia por la justicia para la vida eterna por Jesucristo,
nuestro Señor” (Rom 5,15,21).
“Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y
ahora son justificados gratuitamente por su gracia, por la
redención de Cristo Jesús” (Rom 3,23).
“Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener de
todos misericordia” (Rom 11,32).
“Dios que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos
amó... nos dio vida por Cristo y nos resucitó y nos sentó en los
cielos en Cristo Jesús” (Ef 2,4-5).
“Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro
Señor Jesucristo” (1 Co 15,57).
“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).
“El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba
perdido” (Lc 19,10).
“Cristo murió y resucitó para dominar sobre vivos y muertos”
(Rom 14,9).
Y, hablando de los niños, Jesús nos dice con toda claridad:
“Dejad que los niños se acerquen a Mí y no se lo impidáis,
porque de los que son como ellos es el reino de Dios y abrazándolos
los bendijo, imponiéndoles las manos” (Mc 10,14-16).
“Quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en
él” (Lc 18,17).
“Mirad de no despreciar a ninguno de estos pequeños; porque,
en verdad os digo, que sus ángeles ven de continuo en el cielo el
rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18,10).
“La voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, es que
no se pierda ninguno de estos pequeñitos” (Mt 18,14).
Jesús tenía un amor especial por los niños “y los abrazaba y
los bendecía, imponiéndoles las manos” (Mc 10,16).
En todos estos textos aparece claramente la voluntad salvífica
de Dios sobre todos y cada uno de los hombres. Incluso, Jesús habla
concretamente de los niños, pues el Padre no quiere que se pierda
ninguno de estos pequeñitos (Mt 18,14). Si todos hemos sido
solidarios en el pecado de Adán, también somos solidarios en la
salvación que nos trae Jesucristo.
Jesús es “el Cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1,
29), es decir, el pecado de todos los hombres, ya que no se excluye
ningún pecado; por tanto, también está incluido el pecado
original. Jesús es “la luz verdadera que, viniendo a este mundo,
ilumina a todo hombre”. Se dice con claridad a todo hombre sin
excluir a ninguno. Por eso, el Padre celestial lo ha exaltado para
que “toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de
Dios Padre” (Fil 2, 11).
Jesús está llamado a ser Rey del universo. Y su realeza y su
señorío alcanza a los cielos y a la tierra y a todo el Universo y
a todo hombre sin excepción. Por eso, el Padre “ha querido
reconciliar por Él todas las cosas, pacificando con la sangre de su
cruz así las de la tierra como las del cielo” (Col 1,19-20).
Y este señorío universal y esta realeza de Jesús, sólo podrá
realizarse en plenitud, si estos niños también se salvan y les
alcanza a ellos también la voluntad salvífica universal de Dios en
Jesucristo. Por consiguiente, creemos que estos textos bíblicos nos
señalan que estos niños también pueden ser salvados para gloria
de Dios.
Lo que sí debemos anotar es que, en ningún momento, se dice que
sean salvados inmediatamente después de su muerte.
MOTIVOS DE SALVACIÓN
Vamos ahora a analizar los motivos que dan algunos teólogos para
justificar la salvación de estos niños, ya que no han sido
bautizados.
a) Iluminación y martirio
Algunos teólogos hablan de que estos niños al morir son
iluminados con la luz de Dios, que les hace darse cuenta de quiénes
son y para qué han sido creados, de modo que puedan hacer un acto
plenamente consciente y libre de aceptar a Dios o desear el
bautismo, con lo cual recibirían inmediatamente su salvación o
irían directamente al cielo.
Sin embargo, esta opinión no puede probarse, pues estos niños
mueren en estado natural por el pecado original. Normalmente, Dios
quiere nuestra colaboración en la salvación de los demás y estos
niños no pueden salvarse por sí mismos. Además, en esta teoría
cabría la posibilidad de que algunos de estos niños rechazaran a
Dios y fueran al infierno, lo que nos parece, en nuestra opinión,
totalmente descartado.
Otros teólogos hablan de que su muerte prematura por enfermedad,
aborto u otras causas, sería una especie de martirio que les daría
el cielo de inmediato. Sin embargo, creemos que, si esto fuera así,
la mayoría de los hombres recibirían este martirio. Pero para
hablar de martirio se debe morir por Cristo y éste no es el caso.
Lo mismo digamos de los sufrimientos: para que tengan valor redentor
deben ser ofrecidos a Cristo, aunque sea por los familiares de los
niños, ya que ellos no pueden hacer actos de fe y amor. Pero, en
este caso, estaríamos hablando ya de que la fe de sus padres les
puede obtener un bautismo de deseo para ellos.
b) La fe de los padres
Los seguidores de esta opinión afirman que la fe de los padres
creyentes (cristianos o no), que aman a sus hijos y oran por ellos,
sería para estos niños, que mueren sin bautismo, una especie de
bautismo de deseo en su favor. El deseo del bautismo de sus padres
obraría eficazmente para ellos. Algunos teólogos lo llaman
bautismo vicario de deseo, es decir, bautismo de deseo de los padres
a favor de sus hijos.
El Papa San Gregorio Magno (U604) afirma que antes de la
circuncisión, los niños de los antiguos se salvaban en virtud de
la fe de sus padres. Dice: “Lo que hace para nosotros el bautismo,
lo hacía la fe sola de los antiguos a favor de los niños pequeños”
(Mor 4, 3).
El teólogo Anselmo de Laón, en el siglo XII, hablaba ya de que
si un niño muere en el camino a la Iglesia, donde va a ser
bautizado, sin negligencia de sus padres, es salvado por la fe de
sus padres.
Sto. Tomás afirma que los hombres antiguos se salvaban por la fe
en Cristo, que iba a venir, así como nosotros nos salvamos por la
fe en Cristo, que ya vino y sufrió. Ahora bien, para los antiguos,
dice, bastaba con la manifestación exterior de la fe en Dios (De
malo q.4, a.8 ad 12). Y considera que los niños no nacidos o
recién nacidos se salvaban por la fe de sus padres. Dice:
“Parece verosímil que los padres dirigirían ciertas oraciones
a Dios por los neonatos sobre todo cuando estaban en peligro de
muerte, y les darían alguna bendición como testimonio de su fe. Y,
por su parte, los adultos ofrecerían ellos mismos algunos
sacrificios y oraciones” (III q.70,a.4 ad 2).
Algunos teólogos, a partir de Sto. Tomás, hablan de sacramentos
de la naturaleza, a través de los cuales Dios salvaría a los
hombres antiguos, incluidos los niños pequeños, y también a los
niños judíos muertos antes del octavo día, en que se practicaba
la circuncisión. Esos niños se salvarían en virtud de la fe de
sus padres, y los adultos, por su fe manifestada en oraciones y
sacrificios ofrecidos personalmente.
Gerson (U1429) parece ser el primero en proponer que las
oraciones de los padres pueden suplir el bautismo de agua. Dice:
“Es deber de las mujeres embarazadas y también de sus esposos
orar por ellos mismos y por los otros a Dios, a los santos y a los
ángeles custodios de los hombres y también de sus hijos, todavía
en el seno materno, para que si el niño llega a morir antes de
recibir el bautismo de agua, Jesucristo se digne prevenir este
bautismo y consagrarlo él mismo con el bautismo del Espíritu
Santo... aunque sobre este punto, sin una revelación especial, no
existe ninguna certeza”.
El teólogo Cayetano (siglo XVI) sigue a la Escuela de Laón del
Siglo XII, a Gerson, Biel... (siglo XV), y dice que para los niños
muertos en el vientre de la madre, Dios podría tener un remedio
extraordinario de salvación como la santificación en el útero,
algo así como lo hizo con S. Juan Bautista y Jeremías, tal como
afirma Sto. Tomás (III q.68, a.2).
Parece que Cayetano generalizó esta idea, que había sido
presentada anteriormente como simple posibilidad a título
excepcional, y la pone como ley ordinaria prevista por Dios en su
providencia. En sus comentarios a la Suma Teológica de Sto. Tomás
dice:
“Los hijos de los fieles cristianos, cuando existe la
imposibilidad de administrarles el bautismo, pueden ser salvados por
los deseos y oraciones de sus padres y esto no solamente por un
privilegio singular, sino en virtud de una ley común y ordinaria de
Dios... El bautismo de deseo, manifestado por sus padres en nombre
del niño, sería suficiente para salvarlos, si es imposible
administrarles el bautismo de agua. En este caso, la madre debe
hacerle al niño la señal de la cruz con la invocación de la
Santísima Trinidad y ofrecer al niño moribundo a Dios en nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo... El niño, que muere en
el seno de la madre, puede ser salvado por el deseo de sus padres
con una bendición del niño y el ofrecimiento del niño a Dios con
la invocación de la S. Trinidad”. (In S. Theol. III, q.63, a.2 y
11).
Cuando Catarino y otros teólogos quisieron condenar como
herética la opinión de Cayetano en el concilio de Trento,
Seripando lo defendió diciendo que, si se condenaba a Cayetano, se
seguiría que la fe sola era más eficaz entre los antiguos que
entre nosotros.
Eusebio Amort (1692-1775) fue también de la opinión que era
probable que estos niños todavía en el seno de su madre, podían
ser justificados en virtud de la oración y de la fe de sus padres.
Ignacio Bianchi (U1768) dice que los niños que mueren en el
vientre de su madre pueden ser salvados, si la madre tiene cuidado
de profesar, a nombre del niño, que acepta la muerte como prueba de
su deseo de bautismo. Para ello indica dos fórmulas de oraciones.
Esta opinión se refiere sólo a la salvación de los niños de
padres creyentes (cristianos o no). Pero ¿qué ocurrirá si los
padres no tienen fe en Dios? ¿Podrán salvarse estos niños?
Creemos que sí. Por eso, consideramos que esta opinión es
aceptable, pero está incluida en la que veremos a continuación: la
fe de la Iglesia.
c) La fe de la Iglesia
Al hablar aquí de la Iglesia, nos referimos a la Iglesia
católica, que ha sido constituida por Dios como “instrumento de
redención universal” (Vat II, LG 9). “Es sacramento universal
de salvación, porque siempre unida de modo misterioso y subordinada
a Jesucristo, tiene una relación indispensable con la salvación de
cada hombre. Y debe ser firmemente creído que la Iglesia
peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el
único mediador y el camino de salvación” (Juan Pablo II: Dominus
Jesus N° 20). Por eso, “la plenitud del misterio salvífico de
Cristo pertenece también a la Iglesia, inseparablemente unida a su
Señor” (N°16).
Esto quiere decir que todos los hombres son salvados por Cristo
en la Iglesia y por la Iglesia en Cristo, o, dicho de otro modo, en
virtud de la fe y el amor de la Iglesia, que, como Madre de todos
los hombres, comunica a todos la salvación de Jesucristo. Y esta
salvación llega también a los niños muertos sin bautismo, aún en
el caso de niños no cristianos o de padres no creyentes, que no
tengan fe.
Y, si esto vale para los niños de padres no creyentes, mucho
más para los niños no bautizados de padres católicos, que se han
olvidado de orar por sus hijos o nunca supieron de su existencia,
porque los perdieron a los pocos días de nacer, cuando quizás ni
su madre se dio cuenta de estar embarazada. No importa cuál sea la
situación de estos niños o de sus padres, todos pueden recibir la
salvación por la Iglesia en Cristo o por Cristo en la Iglesia.
Ch. V. Heris es el principal exponente de esta opinión. Y dice
que estos niños se salvan por la fe de la Iglesia, pues de otro
modo, ¿cómo se salvarían los niños que no tienen padres
creyentes?
Sobre esto, hay un caso concreto en el pueblo de Israel. Los
niños judíos no fueron circuncidados (la circuncisión era para
ellos como el bautismo para nosotros) durante 50 años. Dice el
texto bíblico: “El pueblo que salió (de Egipto) estaba
circuncidado, pero los nacidos en el desierto no habían sido
circuncidados, pues los hijos de Israel estuvieron durante cuarenta
años por el desierto hasta que perecieron todos los hombres de
guerra, salidos de Egipto por no haber escuchado la voz de Yahvé”
(Jos 5, 4-6).
El mismo Sto. Tomás de Aquino, al hablar de este hecho, explica
que estos niños sin circuncisión, al igual que los que morían
antes del octavo día en que los circuncidaban, se salvaban por la
fe de sus padres (III, c. 70, a. 4). Aquí debemos entender la fe de
sus padres en sentido amplio, es decir, la fe del pueblo de Dios,
como ahora también se salvan por la fe del pueblo de Dios, que es
la Iglesia.
Por consiguiente, podemos decir, que todos los niños muertos sin
bautismo son salvados por Jesucristo Redentor de todos los hombres,
a través de la fe de la Iglesia Católica, Madre de todos los
hombres, por quienes ora cada día en la santa misa. Sin embargo,
esto no quiere decir que sean salvados en el mismo momento de su
muerte. Podrían ser salvados después de un tiempo.
SEGUNDA PARTE
SALVACIÓN INMEDIATA O NO INMEDIATA
En esta segunda parte, vamos a plantearnos la cuestión más
controvertida, si estos niños son salvados inmediatamente después
de su muerte o después de un tiempo más o menos largo. Si van
directamente al cielo al morir, entonces no existiría ningún
tiempo de espera o limbo temporal. Pero, si necesitan de nuestras
oraciones después de su muerte para que sean salvados en virtud de
la fe de la Iglesia, eso podría indicarnos que todavía no están
en el cielo, sino en un estado de espera o limbo temporal.
SALVACIÓN INMEDIATA
La mayoría de los teólogos actuales niega la existencia del
limbo temporal y acepta sin discusión que estos niños van
directamente al cielo. Afirman que la Iglesia no habla ya del limbo
ni en el concilio Vaticano II ni en el nuevo Catecismo de la Iglesia
católica. Pero eso no quiere decir que la Iglesia niegue la
existencia del limbo temporal ni condene a quienes lo afirmen. En el
peor de los casos podría no hablar del limbo eterno, tal como
tradicionalmente se ha hablado a lo largo de los siglos.
Anselmo de Laón habla del niño que muere sin negligencia de sus
padres en el camino a la iglesia, donde va a ser bautizado. Este
niño se salvaría en virtud de la fe y amor de sus padres,
manifestado al llevarlo a bautizar. Sto. Tomás habla de la fe de
los padres, que dirigirían ciertas oraciones a Dios por los
neonatos, y le darían alguna bendición como testimonio de su fe.
Gersón habla de que las mujeres embarazadas y sus esposos deben
orar por sus hijos para que, si el niño muere antes de recibir el
bautismo, Jesucristo lo consagre él mismo con el bautismo del
Espíritu Santo.
Cayetano habla del deseo de bautismo de sus padres, manifestado a
través de una bendición y del ofrecimiento del niño a Dios con la
invocación de la Santísima Trinidad (In S. Th. III, q.63, a.2 y
11).
Y así otros teólogos hablan del bautismo de deseo concedido a
estos niños en virtud del deseo de sus padres de que fueran
bautizados o del ofrecimiento a Dios a través de sus oraciones y
buenas obras en el caso, inclusive, de que sus padres no sean
cristianos.
De modo especial, pensamos en aquellas madres católicas, que
comulgan frecuentemente, y, al comulgar, hacen participar a su hijo,
por nacer, de la comunión o común unión con Cristo. Y lo mismo
podemos decir, cuando los padres van a misa con frecuencia, y
consagran a su hijo a Jesús por María o lo bautizan
espiritualmente. Algo que podemos hacer también por todos los
niños, todavía vivos, que llegarán a morir sin bautismo.
En estos casos, la fe y amor de la Iglesia, manifestada a través
de la fe y oración de sus padres, que han deseado su bautismo y han
orado por el niño y lo han ofrecido a Dios, creemos, que los lleva
directamente al cielo.
Sin embargo, no todos los niños podrían salvarse inmediatamente
al morir. Hay millones de ellos, a quienes nadie ha querido nunca ni
han orado por ellos y los han rechazado por el aborto. Para ellos
¿existe un tiempo de espera o limbo temporal antes de ser salvados?
SALVACIÓN NO INMEDIATA
Ya hemos anotado que la Iglesia no ha negado ni condenado la
existencia del limbo (ni del limbo eterno ni mucho menos del
temporal). Debemos tener en cuenta la existencia del pecado
original, que es un dogma de fe, que no podemos eludir. Estos
niños, al morir sin bautismo y con el pecado original, podrían
quedar en un estado natural y podrían ir al limbo para disfrutar de
una felicidad natural. ¿Podríamos admitir que, en el preciso
momento de la muerte, estos niños fueran salvados por un milagro de
la misericordia de Dios? Pudiera ser, pero no consta en absoluto.
¿Podría Dios iluminarlos con su luz divina para que puedan hacer
un acto personal de aceptación de Dios? Podría, pero tampoco
consta. Por eso, no se puede negar la posibilidad, al menos, de que
exista este estado de limbo hasta que sean salvados.
a) Sagrada Escritura
Hay algunos teólogos que aceptan la posibilidad de un limbo
temporal. Pero podemos preguntarnos: ¿Existen textos bíblicos que
avalen esta posibilidad? Todos los textos citados en la primera
parte sobre la voluntad salvífica universal de Dios y sobre la
salvación de estos niños, pueden aplicarse a la posibilidad de
existencia del limbo temporal o salvación no inmediata; pues, en
ningún momento, ninguno de estos textos habla de salvación
inmediata. Hablan de salvación, pero no dicen cuándo. Luego todos
esos textos citados sirven para nuestro propósito. Citemos sólo
dos:
“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad” (1Tim 2, 4).
“La voluntad de vuestro Padre, que esta en los cielos, es que
no se pierda ninguno de estos pequeñitos” (Mt 18, 14).
Pero ¿existe algún texto mas concreto, que pueda referirse al
limbo temporal?
El texto al que más acuden los líderes carismáticos es el de 1
Co 15,29: "¿A qué viene bautizarse por los muertos? Si los
muertos no resucitan, ¿para qué bautizarse por ellos?". Aquí
se alude a una práctica del tiempo de San Pablo, de que los
familiares vivos se hacían bautizar en representación de sus
familiares muertos, que habían sido paganos y habían muerto sin
bautismo, confiando en la misericordia de Dios de que, por este
bautismo a favor de los muertos, éstos serían salvados.
Veamos lo que dicen algunos escrituristas:
“En cuanto al bautismo por los muertos, piensan algunos que se
trata de cristianos ya bautizados, que se hacían bautizar con la
idea de hacer llegar a sus muertos los efectos del bautismo, cual si
se hubiesen bautizado en vida... Desde luego, San Pablo habla de un
bautismo a favor (uper) de los muertos”.
Evidentemente, para los adultos (ya salvados o condenados) no les
serviría. Ya que están decididos para siempre por Dios o contra
Dios. Pero podría servirles a las almas del purgatorio como una
oración en su favor y también, creemos, que podría servirles a
estos niños muertos sin bautismo.
Sobre este texto, se han dado muchas interpretaciones distintas,
alrededor de treinta y seis. Para muchos comentaristas, este texto
no es claro, aunque trata de una práctica de los primeros
cristianos, al menos en Corinto. Para otros comentaristas, se trata
aquí de un bautismo a favor de los muertos, que puede ser aplicado
directamente a los niños muertos sin bautismo, como hacen algunos
líderes carismáticos, y entonces sería un bautismo espiritual de
los muertos, que en la práctica resulta muy eficaz, como veremos en
los apartados siguientes con ejemplos concretos.
Ya Tertuliano en el siglo III hablaba de este texto (1 Co 15,29),
diciendo que se trataba de bautismo “por poder”, por procurador,
como se hace también, a veces, en el matrimonio (Liber de
resurrectione carnis 48; ML 2,912). Y, en este caso, es mejor
dárselo al interesado, aunque sea espiritualmente.
Este texto de 1 Co 15,29, sobre la eficacia del bautismo a favor
de los muertos, puede ser corroborado por otros textos:
“Obra santa y piadosa es orar por los muertos” (2 Mac 12,46).
“Hasta a los muertos se ha anunciado el Evangelio” (1 Pe
4,6).
Cristo “en el espíritu fue también a predicar a los
espíritus encarcelados” (1 Pe 3,19).
Estos textos nos darían a entender que se puede ayudar a los
muertos.
Por consiguiente, si esto es así, ¿sería posible ayudar a los
niños muertos sin bautismo, porque todavía no estarían en el
cielo, sino en un estado temporal de limbo hasta que se les ayude y
puedan ser liberados, “predicándoles” el Evangelio o
bautizándolos espiritualmente?
b) La Iglesia y los teólogos
La cuestión de si estos niños, que mueren sin bautismo, se
salvan inmediata-mente o de si necesitan de nuestras oraciones,
mientras esperan para ir al cielo, no es una cuestión sin
importancia, pues afecta a millones de seres humanos.
La Iglesia nos dice que
“en cuanto a los niños muertos sin bautismo sólo puede
confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las
exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios que
quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con
los niños... nos permiten confiar en que haya un camino de
salvación para los niños que mueren sin bautismo” (Cat 1261).
“En cuanto a los niños muertos sin bautismo la liturgia de la
Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a
orar por su salvación” (Cat 1283).
Con estas palabras, en las que la Iglesia nos habla de que
podemos confiar en su salvación, no dice y ni siquiera lo sugiere,
que sean salvados inmediatamente después de la muerte. Si estos
niños estuvieran en el limbo eterno, como se ha dicho durante
siglos, no tendría sentido orar por su salvación, porque nunca se
podrían salvar.
Y, si son salvados todos inmediatamente después de la muerte,
¿qué sentido tendría orar por su salvación? Ninguno; pues,
oremos o no, se salvarían. En cambio, las palabras del Catecismo
nos sugieren la posibilidad de que necesiten nuestras oraciones para
poder ser salvados, es decir, ir al cielo, porque todavía no lo
están. Y, por esto, la Iglesia permite ritos de exequias por ellos.
Luego, la misma doctrina de la Iglesia, según el Catecismo, sin
decirlo con claridad, insinúa que puedan necesitar de nuestras
oraciones para ir al cielo, porque pueden, después de la muerte,
estar necesitados de ellas. Lo que significaría que están en un
estado de limbo temporal en espera de nuestra ayuda.
Por otra parte, observemos lo que dice el Papa Juan Pablo II en
el No.99 de la encíclica Evangelium vitae. En el texto original,
publicado el 25 de marzo de 1995 se decía:
“El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su
perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis
cuenta de que nada esta perdido y podréis pedir perdón también a
vuestro hijo que ahora vive en el Señor.”
Esto se lo dice el Papa a las mujeres que han abortado y, según
el sentido normal del texto, parece indicar que estos niños
abortados están todos en el cielo. De modo que la madre que lea
estas palabras en el mismo momento de haber abortado, podría estar
tranquila con relación a su hijo, pues podía suponer que ya estaba
con el Señor, como si hubiera ido directamente al cielo.
Pero, al publicarse la encíclica, hubo algunos teólogos que
hicieron oír su protesta; pues, si iban directamente al cielo,
pareciera que quedaba a menos el dogma del pecado original, que fue
el mayor desastre de la historia humana y que no podemos olvidar. Y
estos niños mueren con el pecado original. Dios tiene caminos de
salvación distintos del bautismo para liberarlos del pecado
original, pero ¿quién asegura que esta salvación les viene
inmediatamente después de la muerte? Por eso, el Papa, ante estas
críticas, hizo un acto de verdadera humildad y rectificó el texto
original, de modo que, al aparecer el texto oficial en el Acta
Apostolicae Sedis el 5 de mayo, aparece precisamente la frase clave
sustancialmente distinta.
Dice el texto oficial del No. 99 de la citada encíclica:
“El Padre de las misericordias os espera para daros el perdón
y la paz en el sacramento de la reconciliación. Y a Él y a su
misericordia podéis confiar con esperanza a vuestro hijo”.
Ya no se habla de que estos niños están en el Señor, sino que
dice simplemente que “a Él y a su misericordia podéis confiar
con esperanza a vuestro hijo”. Con lo cual deja abierto el camino
para pensar en la posibilidad de un tiempo de espera para su
salvación y que no es necesariamente inmediata después de su
muerte. Luego puede existir un limbo temporal.
Por otra parte, algunos teólogos como Schuler dicen que estos
niños estarán en el limbo hasta el día de la resurrección, pues
solamente en ese momento podrán escoger entre el bien y el mal y
hacer un acto de fe personal para ser salvados. Ellos hablan de un
limbo temporal que durará hasta el fin del mundo.
Ésta es también la opinión del P. Bertrand de Margerie,
escritor y teólogo francés, con quien he podido intercambiar ideas
personalmente. Él me hablaba de su opinión de que estos niños se
salvarán de acuerdo a la voluntad salvífica universal de Dios,
pero que sería, probablemente, al fin de los tiempos. Sin embargo,
afirmó que esto no era seguro y que no necesariamente debería ser
así, podría ser antes.
OPINIÓN DE STO. TOMÁS
Santo Tomás de Aquino, habla del pecado original como de la
raíz de todos los males de la humanidad. Lo que perdió Adán, lo
perdió también para nosotros. Perdió los bienes sobrenaturales y
el derecho y la capacidad de ir al cielo. Por eso, estos niños
muertos sin bautismo estarán, según él, en un limbo eterno, donde
serán felices, con una felicidad natural. Para él, el abismo entre
el estado natural, en que son concebidos estos niños, y el estado
sobrenatural es prácticamente insalvable. Ellos no pueden hacer
nada por sí mismos. Por eso, permanecerán, en su opinión, en ese
estado natural eternamente a causa del pecado original.
Pero podríamos preguntarnos, ¿qué diría Santo Tomás de
Aquino, si hubiera vivido en estos tiempos en que la Iglesia acepta
la salvación de estos niños? ¿Aceptaría su salvación inmediata?
Creemos que la teoría de Sto. Tomás sobre el limbo de los niños,
basada en la existencia del pecado original y en ese estado natural
en que son concebidos, sigue siendo válida. Solamente, habría que
añadirle la posibilidad de su salvación. Así tendríamos que la
posibilidad de que estén en el limbo después de su muerte, no se
contradice con su salvación eterna, sino se complementa. Para
ellos, habría un limbo temporal hasta que sean salvados por la fe y
el amor de la Iglesia. Por eso, aceptamos la opinión de Sto. Tomás
sobre el limbo y, a la vez, también la doctrina de su salvación
eterna.
Además, los que niegan la existencia de un limbo temporal, no
pueden probarlo ni por textos de la Escritura, que no hablan en
ningún momento de salvación inmediata, ni por textos del
Magisterio. Luego, si no puede demostrarse su salvación inmediata,
queda, al menos la posibilidad de que pueden ser salvados después
de un tiempo de estar en el limbo temporalmente.
OPINIÓN DE PARTEMIO MINGES
Este teólogo franciscano dice que estos niños serán salvados
por los méritos infinitos de Jesús por la intercesión de la
Iglesia en su favor.
Afirma que estos niños, después de muertos, van al limbo
temporalmente hasta que sean salvados por las oraciones de los
justos, es decir, de la Iglesia, especialmente a través de la misa.
Él hace la comparación de estos niños del limbo con las almas del
purgatorio y dice que, así como ellas pueden ser liberadas después
de un tiempo, así lo pueden ser estos niños. Dice:
“Nos desagrada que tantos niños, que personalmente no han
cometido ningún pecado, no puedan ser justificados por el bautismo,
recibido realmente o el de deseo, y sean eternamente privados de la
visión beatífica. Creemos que es posible que ellos sean un día
salvados si los justos de la tierra, ofrecen por ellos los méritos
y la preciosa sangre de Jesucristo”.
Anotemos que está hablando en 1922, cuando todavía la idea de
la salvación de estos niños, era considerada contraria a la
doctrina común de los teólogos.
REFLEXIÓN
No se puede descartar la posibilidad de que exista un estado de
limbo temporal para los niños, que mueren sin bautismo. Porque es
posible que estos niños mueran con el pecado original. Es posible
que mueran en un estado natural sin ser hijos de Dios, sin estar
elevados al estado sobrenatural, y por tanto, incapaces de disfrutar
del amor de Dios en el cielo. Por tanto, es posible que no vayan
directamente al cielo, sino al limbo, temporalmente, hasta que por
la misericordia de Dios y la oración y la fe y el amor de la
Iglesia, puedan conseguir la salvación eterna.
Pongamos un ejemplo, que debemos tomar con las debidas
limitaciones. El gusano de seda, mientras es gusano, sólo puede
arrastrarse por la tierra y no podría llegar hasta un lugar que
esté en una isla, por muy cercana que esté. Pero, cuando se
convierte en mariposa, entonces sí podría llegar hasta ese lugar.
Pues bien, de la misma manera, podemos imaginar que un niño, muerto
en estado natural, con el pecado original, no puede llegar por sí
mismo hasta el cielo, porque no tiene capacidad para ello. Necesita
transformarse en hijo de Dios, es decir, ser elevado al orden
sobrenatural (al igual que el gusano necesita transformarse en
mariposa), para así poder disfrutar de la felicidad del cielo.
En el gusano de seda esta transformación necesita un tiempo de
espera, estando en el capullo. En el niño muerto sin bautismo,
normalmente, también se necesitaría un tiempo de espera para
recibir el “bautismo de amor” a través de las oraciones y del
amor de la Iglesia.
¿QUÉ DICEN ALGUNOS SANTOS?
Veamos lo que dicen algunos santos sobre la existencia del limbo
temporal y la necesidad de orar y expiar en favor de estos niños
muertos sin bautismo. Si estos niños después de muertos, están en
un mundo de tinieblas que no es el cielo, donde esperan ser
liberados por nuestras oraciones, esto podría indicarnos que están
en un estado de espera o limbo temporal.
Santa Faustina Kowalska cuenta en su Diario:
“He visto cómo salían de una especie de abismo barroso almas
de pequeños niños y otros más grandecitos como de nueve años.
Estas almas eran repugnantes y horribles, semejantes a los monstruos
más espantosos, a cadáveres en descomposición. Pero esos
cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra un alma
agonizante” (Cuaderno 5, Nº 177 del 12-5-1935).
Esta alma contra la que atestiguan, según su director
espiritual, era el mariscal José Pilsudski, que había muerto ese
día y cuyo juicio ante Dios fue muy severo, aunque consiguió
salvarse, según conoció la santa.
Podemos preguntarnos: ¿Por qué las almas de esos niños, que
pensamos serán puros e inocentes, son tan repugnantes y horribles?
Porque un alma sin Dios, como lo es el alma de un niño muerto sin
bautismo (es criatura de Dios, pero no templo de Dios ni hijo de
Dios propiamente), está en tinieblas, sin luz y sin belleza,
mientras que el alma de un niño bautizado es más bella que todas
las bellezas humanas. Quizás esos niños sufrieron las
consecuencias de la violencia del mariscal en medio de la guerra. No
sabemos, pero atestiguan contra él como testigos de sus pecados.
Felizmente para él, dice Santa Faustina, la intercesión de la
Virgen lo salvó.
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), la mística alemana,
de la Orden de San Agustín, en sus escritos “Visiones y
Revelaciones”, cuenta la historia real de una mujer que había
matado al hombre que la había violado y también había matado al
niño que había sido concebido. Dice así:
“Al poco tiempo murió arrepentida también esta mujer, pero
deberá pasar en expiación todos los años que la Providencia
divina tenía destinados de vida a su hijo hasta que el niño, con
el transcurrir del tiempo, haya alcanzado el momento de gozar de la
luz eterna” (tomo 3 del 31-12-1820).
Veamos otro caso real que ella misma nos relata sobre una joven
campesina, que dio a luz a su hijo secretamente por temor a sus
padres. El niño había muerto sin bautismo al poco tiempo.Y dice:
“Yo he sentido verdadera solicitud por ese pobre niño muerto
antes del bautismo y me he ofrecido a Dios para satisfacer y expiar
por él... Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el
estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo
explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida,
pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un
caso semejante, me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento
para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin
de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan
compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos”
(ibid, 12-4-1820, p.499). "Se debe orar especialmente para que
ningún niño muera sin bautismo" (ibid. 12-1-1820, p.489).
Otro caso:
“Un día se me presentó un niño de tres años de edad, que
había fallecido sin bautismo. Me dijo que no podía ser sepultado y
que yo debía ayudarlo. También me dijo lo que debía hacer para su
aprovechamiento con continuas plegarias... Al día siguiente, vino a
verme una pobre mujer de Dülmen, pidiendo ayuda para cubrir los
gastos de la sepultura de su hijo muerto. Era el mismo que yo había
visto la noche anterior. Lo hicimos sepultar. Y todo esto lo hicimos
en sufragio y mérito del alma del niño” (29-6-1821, p.513). “Después
de haber sepultado al niño lo vi de nuevo. Y ahora estaba radiante
y se iba a una fiesta, donde muchos niñitos estaban reunidos en
alegre diversión” (1-7-1821, p.514). La obra buena de sepultarlo
y las oraciones de Ana Catalina consiguieron que fuera liberado y
fuera al cielo, alegre y feliz.
Veamos lo que Nuestra Madre la Virgen le decía al Padre Esteban
Gobi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, en la ciudad de
Montreal (Canadá) el día ocho de setiembre de 1983:
“Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más
pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo
profundo de mi Corazón Inmaculado.
Hijos predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a
su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre
celestial. Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos,
cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de
sus madres.
El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia por su
salvación, así como su sangre inocente derramada por los que
desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo
y de sangre, que los salva a todos” (8 setiembre 1983).
Vemos aquí dos puntos fundamentales. En primer lugar, que todos
estos niños abortados y que, por tanto, mueren sin bautismo, son
salvados por Dios. Y se habla del bautismo de sangre y del bautismo
de deseo. Este bautismo de deseo es en virtud del amor y del deseo
de la Virgen y de la Iglesia por su salvación, o, dicho en pocas
palabras, en virtud de la fe y del amor de la Iglesia, en la que
está incluida María.
Ahora bien, no dice que se salven de inmediato después de su
muerte. Más bien, parece ser que deben esperar un tiempo, aunque
sea corto, pues esperan que escuchemos su voz, que pide ayuda. Se
dice que corramos a su encuentro, es decir que no dejemos pasar el
tiempo, sino que cuanto antes los ayudemos. Se pide también que los
tomemos en brazos, o sea, que los abracemos y los bauticemos con
nuestro amor. Y, por último, se dice que los llevemos a la Madre
celestial, lo que significaría que, ofreciéndolos y
consagrándolos a María con todo nuestro amor, sería suficiente
para que sean salvados. Dicho de otro modo, estos niños se salvan,
pero estarían un tiempo en el limbo hasta que sean amados y
ofrecidos a Dios en virtud de la comunión de los santos y de la fe
y amor de la Iglesia y, en primer lugar, de María, que es la Madre
amorosa y misericordiosa de todos estos niños.
MÍSTICOS ACTUALES
También hay místicos actuales que hablan del limbo temporal.
Los místicos son personas extraordinarias, que viven intensamente
su relación con Dios, a quien se han ofrecido como víctimas por la
salvación del mundo. Muchos de estos místicos tienen fenómenos
sobrenaturales como estigmas, bilocación, éxtasis, visiones, etc.
Veamos algunos de ellos, que todavía viven, y que tienen el apoyo
de sus obispos.
Natuzza Evolo, es reconocida a nivel mundial, italiana y madre de
familia con cinco hijos, que, desde su más tierna infancia, tiene
fenómenos extraordinarios de éxtasis, bilocación, estigmas de
Cristo, y ve frecuentemente a su ángel y al ángel de la guarda de
otras personas e, incluso, se le aparecen , además de Jesús,
María y otros grandes santos, también las almas del purgatorio,
que le dan mensajes para sus familiares.
Pues bien, Natuzza Evolo habla del limbo temporal y dice:
“Padres y madres de familia, pensad bien en la educación de
vuestros hijos, educadlos en la religión. No rechacéis a los hijos
(por el aborto), pues es un pecado grave. Bautizadlos, porque los
niños muertos sin bautismo van al limbo, donde se sufre solamente
por la falta de la visión beatífica”.
Julia Kim, otra gran mística, mundialmente conocida, es la Sra.
Julia Kim, de Korea del Sur. En su casa, desde el 30 de junio de
1985, una pequeña imagen de María ha derramado lágrimas de agua y
de sangre durante 700 días hasta el 24 de noviembre de 1992. Jesús
y María se le han aparecido muchas veces y le han pedido que sea un
alma víctima por los pecados, especialmente, del aborto. A veces,
recibe los estigmas de la pasión de Cristo durante unos días y,
después, desaparecen. Ha recibido varios milagros eucarísticos en
la comunión y su obispo la apoya en todo, aceptando el carácter
sobrenatural de estos hechos. Con frecuencia, el Señor le ha hecho
experimentar los dolores y agonías que sufren los niños durante el
aborto.
El 5 de noviembre de 1986 la Virgen le dijo:
“Hija mía, ¿quieres participar en mis sufrimientos por los
niños abortados? A causa de los abortos sentirás intensos dolores
en tu vientre. Estos pequeños vagan por el limbo (roaming about in
limbo) después de haber sido abortados, privados de su dignidad y
tratados como un pedazo de carne... Reza por ellos y calma sus
heridas, y ofrece reparación por los pecados cometidos contra ellos”.
Pueden leer los mensajes de María a Julia Kim en Internet:
www.marys-touch.com/messages/abortion.htm
La mística austríaca María Simma, a quien se aparecen
frecuentemente las almas del purgatorio, ha hablado muchas veces de
la existencia del limbo. Le escribí personalmente una carta y me
contestó por medio de Joachim Schlich lo siguiente: “Todos los
niños (pequeñitos) que mueren sin estar bautizados van al limbo.
Allí son felices y no tienen conocimiento de la posibilidad de ver
a Dios. Pero pueden ir al cielo, si nosotros oramos por ellos y les
damos el bautismo por los no nacidos, del cual supongo que Ud. ha
oído hablar”. En una entrevista que concedió a Nicky Eltz y que
él ha publicado en su libro “Hacednos salir de aquí”, dice:
“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o
abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar
intermedio que se puede llamar limbo o ‘cielo infantil’. Las
almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no
saben que no están en el cielo. La responsabilidad de llevarlos al
cielo está en nosotros. Lo podemos hacer, bautizándolos
espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos”.
Dice de su experiencia personal:
“Conocí a una enfermera que trabajaba en un hospital. Ella no
dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando
estaba para morir, exclamó: Oh, he aquí todos mis niños en el
cielo. ¡Cuántos niños! Y aquellos niños, a quienes había
bautizado después de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya
vivían”.
Este ejemplo nos habla del agradecimiento de estos niños
bautizados espiritualmente, lo que significa que fue eficaz, luego
lo necesitaban, porque estarían en el limbo, pues en el cielo no
necesitan oraciones para ser felices.
SANTA PERPETUA
En el escrito “Passio SS. Perpetuae et Felicitatis” sobre el
martirio de estas dos santas del Norte de África, ocurrido en
Cartago el año 203 a los pocos días de haberse bautizado Perpetua
(tenía apenas 22 años y criaba un niño de pecho, que era su
hijo), se nos habla del hermano de Sta. Perpetua, Dinócrates, de
apenas 7 años, que había muerto de cáncer en la cara. Algunos
autores han visto en el relato de la visión de su hermano el estado
del limbo de los niños. Veamos el relato que puede considerarse
auténtico según la mayoría de los autores:
“Al cabo de unos días, estando todos en oración, súbitamente
en medio de ella, se me escapó la voz y nombré a Dinócrates. Yo
me quedé estupefacta de que nunca me hubiera venido a la mente,
sino entonces y sentí pena al recordar cómo había muerto. Y me di
inmediatamente cuenta de que yo era digna y que tenía obligación
de rogar por él. Y empecé a hacer mucha oración por él y a gemir
ante el Señor. Seguidamente, aquella misma noche se me mostró la
siguiente visión.
Vi a Dinócrates, que salía de un lugar tenebroso, donde había
también otros muchos, sofocado de calor y sediento, con vestido
sucio y color pálido. Llevaba en la cara la herida de cuando
murió. Este Dinócrates había sido hermano mío carnal, de siete
años de edad, muerto tristemente de cáncer en la cara, enfermedad
que infunde terror a todo el mundo. Por él hacía yo oración.
Entre mí y él había una gran distancia, de manera que nos era
imposible acercarnos el uno al otro. Además, en el mismo lugar en
que estaba Dinócrates, había una piscina llena de agua, pero con
brocal más alto que la estatura del niño. Dinócrates se estiraba
como si quisiera beber. Yo sentía pena de que, por una parte,
aquella piscina estaba llena de agua y, sin embargo, por la altura
del brocal, no podía beber mi hermano.
Entonces, me desperté y me di cuenta de que mi hermano se
hallaba en pena. Pero yo tenía confianza de que había de aliviarle
de ella y no cesaba de orar por él todos los días, hasta que
fuimos trasladados a la cárcel castrense, pues en espectáculo
castrense teníamos que combatir con las fieras. E hice oración por
él, gimiendo y llorando día y noche, a fin de que por intercesión
mía fuera perdonado.
El día que permanecimos en el cepo, tuve la siguiente visión.
Vi el lugar que había visto antes y a Dinócrates limpio de cuerpo,
bien vestido y refrigerado, y donde tuvo la herida vi sólo una
cicatriz. Y la piscina que viera antes, había abajado el brocal
hasta el ombligo del niño. Éste sacaba de ella agua sin cesar.
Sobre el brocal había una copa de oro llena de agua y se acercó
Dinócrates y empezó a beber de ella. La copa no se agotaba nunca.
Y saciada su sed se retiró del agua y se puso a jugar gozoso a la
manera de los niños. Y me desperté. Entonces, entendí que mi
hermano había pasado la pena”.
Uno de los autores que creía que se trataba aquí del limbo de
los niños fue Vicente Víctor, contra quien San Agustín escribió
el libro “De natura et origine animae”.
Hagamos aquí algunas aclaraciones sobre este caso. Lo más
probable es que este niño murió sin bautizar, pues su hermana
Santa Perpetua se bautiza pocos días antes del martirio y, además,
su familia era pagana. Ciertamente, que un niño de siete años ya
es capaz de hacer el bien y el mal y salvarse o condenarse por sus
obras, a no ser que este niño, lo que no consta, fuera retrasado
mental y pudiera considerarse como un bebé, o que por sus
enfermedades y limitaciones sicológicas hubiera sido incapaz de
hacer actos plenamente humanos para salvarse o condenarse. En el
caso de que estuviera en el purgatorio, parece un poco extraño que
estuviera tanto tiempo, pues dice Perpetua que “había sido
hermano mío carnal y me quedé estupefacta de que nunca me hubiera
venido a la mente, sino entonces, y sentí pena al recordar cómo
había muerto”. Parece que hacía años que había muerto y ya no
se acordaba de él, y parece un poco raro para un niño tan pequeño
y que, además ha sufrido tanto, que pudiera tener un purgatorio tan
largo. En cambio, si está en el limbo no es de extrañar, pues
está esperando ayuda para poder ser liberado, ya que su familia, al
ser pagana, se había olvidado totalmente de él y Perpetua se
había bautizado pocos días antes.
De todos modos, es muy interesante observar en este relato que el
niño tiene pena, está sediento. ¿Podríamos hablar de que en el
más allá estos niños están sedientos de amor, como Cristo en la
cruz? Cuando ella lo ve por segunda vez, ha pasado tiempo, su
liberación no ha sido instantánea. Y saca agua abundante, que no
se agota con la copa de oro. ¿Podemos hablar aquí de la copa de
oro llena de perfume que son las oraciones de los santos como afirma
el Ap 5,8?
Porque las oraciones y la fe de la Iglesia son las que les
consiguen la salvación a estos niños muertos sin bautismo. Y este
niño, al sentirse feliz, se pone a jugar gozoso “a la manera de
los niños”, lleno de Dios y lleno de amor. Porque ¿no dice
Jesús que, si alguno tiene sed, que venga a mí y beba? “El que
cree en Mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán
de su seno. Esto lo dijo del Espíritu Santo que habían de recibir
los que creyeran en Él” (Jn 7,38-39). “Al que tiene sed le
daré gratis de la fuente de agua viva. El que venciere heredará
estas cosas y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap 21,6-7).
Los jesuitas hermanos Linn consideran este ejemplo como típico
del limbo y dicen:
“La historia de las oraciones de Santa Perpetua por
Dinócrates, su hermano extinto no bautizado, es un ejemplo
proveniente de la tradición cristiana de cómo la gracia del
bautismo puede ser concedida a los niños muertos por medio de las
oraciones de un miembro de la familia”.
Según ellos, podemos orar por estos niños para que puedan ser
liberados de ese limbo temporal y llegar al cielo y allí ser
felices en plenitud por toda la eternidad.
Lo cierto es que, como hemos visto, hay suficientes textos de la
Escritura y de la Iglesia, y de algunos teólogos y santos, para que
podamos pensar seriamente en la posibilidad de la existencia de un
limbo para los niños muertos sin bautismo.
TERCERA PARTE
MEDIOS DE SALVACIÓN
En esta tercera parte, vamos a ver algunos medios posibles de
salvación para estos niños, que podrían encontrarse en ese estado
intermedio de cielo infantil o cielo natural o limbo de los niños.
La Iglesia nos habla de confiarlos a la misericordia de Dios, y de
"un camino de salvación" (Cat 1261) para ellos. Y nos
pide "orar por su salvación" (Cat 1283). Toda oración
por ellos sería, al menos en principio, un bautismo vicario de
deseo, o un bautismo de deseo a favor de estos niños. Entre todas
las oraciones, la más eficaz es la misa.
LA MISA
La oración más importante y que más les puede servir a estos
niños es, evidentemente, la misa, que es la misa de Jesús, pues es
Jesús mismo quien celebra la misa a través del sacerdote. Por eso,
todos los actos de amor de todos los hombres que han existido,
existen y existirán no son nada en comparación de una misa, que
tiene un valor infinito de alabanza y glorificación a Dios. La
misa, es “el memorial de la muerte y resurrección de Jesús”(Vat
II, SC 47). Y, por eso, es el más poderoso sufragio para las almas
del purgatorio y lo mismo podemos decir para estos niños.
Los que hablan de la salvación de estos niños, consideran que
con una misa es suficiente para salvarlos y liberarlos del limbo. De
esto hablaremos más ampliamente en la última parte.
En cada misa, Jesús nos envuelve y nos llena de su amor y nos
limpia con su sangre bendita, por eso tiene tanto poder y eficacia
la santa misa. Decía el Papa Pío XII:
“Cristo ha construido en el Calvario un estanque de
purificación y salvación que llenó con la sangre vertida por Él;
pero si los hombres no se bañan en sus ondas y no lavan en ellas
las manchas de su iniquidad, no pueden ciertamente ser purificados y
salvados” (Mediator Dei 2,2). Bañemos a estos niños con la
sangre de Jesús en cada misa, y la fe y el amor de la Iglesia,
manifestada en la Eucaristía, será para ellos un camino de
salvación.
BAUTISMO ESPIRITUAL
Además de la misa, que es la oración más eficaz, se está
difundiendo cada vez más en los grupos carismáticos el bautismo
espiritual, como una forma de bautismo de deseo post mortem para
así poder liberarlos del estado temporal del limbo. Algunos
autores, justifican esta práctica, citando 1 Co 15,29, como ya
hemos anotado.
El bautismo espiritual es un bautismo simbólico, en fe y
espíritu, como dicen algunos. Lo llamamos espiritual, porque no es
verdadero sacramento en sentido estricto, aunque tengamos delante el
cuerpo del niño muerto, que es lo ideal. Este bautismo puede
hacerse, echando simbólicamente agua bendita sobre el lugar donde
estamos, imaginando que lo hacemos sobre la cabeza del niño,
poniéndole un nombre y diciendo las palabras del bautismo: “Yo te
bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Este bautismo espiritual sería un bautismo vicario de deseo. Un
bautismo de deseo, hecho por otros a favor del niño. A mí me gusta
llamarlo bautismo de amor.
El Padre Andrea D’Ascanio, en su libro “Il battesimo dei
bimbi non nati”, afirma:
“Admitido que estos niños se encuentran en el limbo, como
nosotros creemos, y suponiendo que el limbo pueda ser comparado con
el purgatorio (sin las penas que hay allí), la conclusión sería
que ellos no pueden hacer nada por sí mismos y que tienen necesidad
de la ayuda de la Iglesia militante.
Pero, mientras la Iglesia nos enseña cómo ayudar a los hermanos
del purgatorio con nuestros sufragios (misas, penitencias,
limosnas...), no nos dice nada para ayudar a los hermanitos del
limbo, cuya única culpa es no estar bautizados...
Por eso, basándonos en lo que dice San Pablo en 1 Co 15,29.
- Apoyándonos en la tesis de Cayetano sobre el deseo y la fe de
los padres. - Considerando que la Iglesia es Padre y Madre y quiere
la salvación de todos. - Teniendo presente que la Iglesia tiene el
poder de actuar sobre los espíritus, aun cuando hayan sido
liberados del cuerpo. - Sabiendo que el bautismo es un sacramento
que todos podemos administrar en la fe de la Iglesia. - Cada uno de
nosotros puede aplicar su deseo del bautismo a favor de estos niños
muertos sin bautismo, como los primeros cristianos lo hacían por
sus difuntos según dice San Pablo.
Por eso recomendamos la piadosa práctica que se está
extendiendo de bautizar a estos niños espiritualmente. Para ello:
- Recita un Credo, toma agua bendita y échala en todas las
direcciones diciendo:
TODOS VOSOTROS QUE HABÉIS NACIDO MUERTOS O QUE HABÉIS SIDO
ASESINADOS EN EL SENO MATERNO, PARA QUE EN JESUCRISTO PODÁIS LLEGAR
A POSEER LA VIDA ETERNA, YO OS BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL
HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO Y OS CONFÍO AL CORAZÓN INMACULADO DE
MARÍA PARA QUE OS LLEVE AL PADRE.
Se termina con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
María, acógelos en tu seno de Madre para purificarlos y
ofrecerlos al Padre. Gracias, María”.
Si uno busca en Internet, encontrará algunas páginas Web, donde
se habla también de bautizar a los niños muertos sin bautismo.
Veamos lo que se dice en
www.catholicprayers.com
“Primero se reza un Credo. Después se rocía con agua bendita
el lugar donde se está rezando, diciendo:
A todos vosotros nacidos muertos y a todos los que sois
asesinados en el vientre de vuestras madres, a fin de que alcancéis
por medio de Jesucristo la vida eterna (se puede decir aquí sus
nombres), yo os bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Si es posible, se hace la señal de la cruz con un crucifijo. Y
Dios hará que el agua bautismal caiga sobre la cabeza de los que
murieron sin recibirla y les dará a cada uno su nombre. Al final,
se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Un ejemplo:
“Hace pocos años murió una religiosa en un convento de
Alemania. Cuando estaba agonizando, su rostro se iluminó y mirando
a lo lejos, maravillada, exclamó: ¡Oh, tantos niños negritos,
tantos niños negritos me están buscando para llevarme al cielo!
Las otras hermanas, que presenciaron el hecho, no vieron nada, pero
después recordaron que la ancianita tenía la costumbre de echar
todas las noches, antes de acostarse, el agua bendita a los niños
negritos de África para bautizarlos. Ahora vinieron estos niños
bautizados desde lejos, a buscar a su bienhechora”. (Cf
www.catholicprayers.com).
Conozco a una religiosa que tiene la misma costumbre de echar
agua bendita y bautizar todas las noches a los niños muertos sin
bautismo. A los varones les pone el nombre de José y a las mujeres,
María; y durante el día, en diversos momentos, los presenta al
Padre, cubiertos con la sangre de Jesús para que los purifique y
los transforme en sus hijos por el poder del Espíritu Santo. Pero
hay otros caminos de salvación.
CAMINOS DE SALVACIÓN
Veamos otros posibles caminos de salvación para estos niños.
La Iglesia nos invita a “orar por su salvación” (Cat 1283).
No especifica qué clase de oración, puede ser una comunión
ofrecida por ellos, un rosario, el rezo de la liturgia de las horas
o cualquier oración que hagamos en su favor. También creemos que
puede servir la bendición del sacerdote y el ofrecimiento de
nuestras buenas obras y sufrimientos en su favor.
Una cosa que podemos hacer es repetir continuamente las palabras
que Jesús le enseñó a la Venerable Sor Consolata Betrone:
"Jesús, María, os amo, salvad almas", y, al decir estas
palabras, pensar especialmente en estos niños.
Otras acciones en su favor pueden ser dar limosna a los pobres,
adoptar en su lugar a un niño, visitar enfermos y cualquier obra de
caridad que podamos ofrecer por ellos. Algo muy hermoso puede ser
consagrar a estos niños a Jesús por medio de María, incluso antes
de nacer.
Al respecto, dice San Francisco de Sales en su “Introducción a
la vida devota”:
“Es una gran enseñanza para las mujeres cristianas el ofrecer
a la divina Majestad los frutos de sus vientres, aun antes de que
hayan salido a luz. Porque Dios, que acepta las oblaciones de un
corazón humilde y voluntario, fecunda de ordinario en tal tiempo
las buenas aficiones de las madres. Testigos de esto son Samuel,
Santo Tomás de Aquino, San Andrés de Fiésole y otros muchos. La
madre de San Bernardo, madre digna de tal hijo, tomaba sus hijos en
sus brazos luego de haber nacido y los ofrecía a Jesucristo y,
desde entonces, los amaba con respeto como a cosa sagrada y que Dios
se la había confiado”.
Pidamos a Jesús que, por su infinita misericordia y los méritos
de su Pasión, estos niños muertos sin bautismo reciban el bautismo
espiritual con su sangre bendita y el amor de su familia.
ADOPCIÓN ESPIRITUAL
Un medio práctico que podría ayudar y salvar a estos niños
muertos sin bautismo, sería adoptarlos espiritualmente como hijos.
No importa que no sean de nuestra propia familia, todos somos hijos
del mismo Dios y somos hermanos en Cristo. Por eso, adoptarlos
significaría amarlos y ayudarlos como hijos espirituales para la
eternidad. Una madre y un padre de la tierra deben preocuparse de
sus hijos y darles todo lo que les ayude a ser más y mejores como
personas, para que puedan ser felices en el mejor sentido de la
palabra. Pues bien, los padres espirituales deben preocuparse
también de hacerlos felices, si no lo son, porque están en el
limbo. Deben orar por ellos. ¿Por quiénes? Si no conocen casos
concretos de abortos o pérdidas, pueden orar en general por todos
los niños que están en el limbo o que son abortados ese mismo día
o por todos los niños difuntos de tal familia (que todavía puedan
estar en el limbo). Dios sabrá a quién les aplica sus oraciones.
No importa que su padre o su madre espiritual no lo sepa. En el
cielo lo sabrán, pues se lo agradecerán de corazón.
No digamos que esto es sólo para religiosas. Todos debemos amar
a los demás y abrirnos a dimensiones universales y no cerrarnos en
nuestra propia familia. Debemos amar sin fronteras y con un corazón
total para hacer felices a los demás.
La Madre Teresa de Calcuta hablaba de orar por los niños en
peligro de ser abortados y adoptarlos espiritualmente para conseguir
su salvación. Ella publicó una oración para ser rezada por estos
niños aún no nacidos.
“Padre celestial, que has creado a los hombres a tu propia
imagen y no quieres que perezca ni el más pequeñito de nosotros.
Por amor, tú confiaste a tu propio Hijo a la Virgen María. Ahora,
confiando en tu amor, te pedimos que protejas de todo mal a los
pequeñitos por nacer, a quienes tú has dado la vida. Amén”.
En muchas instituciones católicas y no católicas pro vida, que
luchan contra el aborto a lo largo del mundo, han establecido
programas de adopción espiritual para los niños no nacidos. Para
ello, basta hacer un pequeño compromiso, escrito en una cédula, en
la que uno se compromete a orar intensamente durante nueve meses por
el niño que está en el vientre de su madre y a quien sus padres o
familiares están pensando abortar. Se le pone un nombre y se ora a
partir de la fecha del compromiso. En algunas cédulas dice así:
“Yo .............................. me comprometo a orar por mi
hijo adoptado espiritualmente durante nueve meses. Yo sé que Dios
hizo de modo especial a cada uno de nosotros. Yo lo adopto y lo
llamaré a mi hijo espiritual N.N. (poner nombre y firmar con la
fecha)”.
Y rezan la siguiente oración:
“Jesús, José y María. Yo os amo mucho. Y os pido conservar
la vida de mi hijo adoptado espiritualmente y que está en peligro
de ser abortado”.
Estas informaciones se encuentran en internet
www.simbahayan.org/B3-spiritualadoption.html
También se encuentra mucho sobre la adopción espiritual en
www.priestsforlife.org
Por supuesto que esta adopción espiritual está programada para
orar primero y fundamentalmente para que estos niños por nacer no
sean abortados, pero como, de hecho, muchos de estos niños, serán
abortados, creemos que también les servirá esta oración antes de
morir para que les sirva como bautismo de deseo y conseguir su
salvación. Veamos otra oración, que mezcla las dos cosas: la
adopción espiritual y la oración por los bebés ya abortados:
“Padre celestial, que nos has dado el don de la libertad para
amar y seguir tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres
que, abusando de esta libertad, destruyen el don de la vida que tú
les has dado a sus hijos. Perdona a quienes destruyen la vida
humana, abortando al bebé que esperan. Dales a estos niños la
oportunidad de gozar de tu presencia por toda la eternidad. Y
permíteme, Padre, adoptar espiritualmente a un bebé por nacer y
ofrecer mis oraciones, trabajos y gozos y sufrimientos por ese
pequeño, para que pueda nacer y vivir para tu mayor honor y gloria.
Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo,
que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén”
Esta oración se encuentra en
www.vidahumana.org/vidafam/iglesia/bebés.html
ADOPCIÓN ESPIRITUAL DE UN NIÑO ABORTADO
Testimonio de una religiosa contemplativa italiana. Escrito el 25
de marzo de 2001 y cuyo original tengo en mi poder:
“Jesús, cuando uno de mis familiares me ha referido que una
persona muy querida para mí había abortado a su criatura en un
momento difícil de su vida, me he sentido muy apenada y triste. El
pensamiento de ese niño no se me apartaba de mi mente. Por eso, lo
he adoptado, le he puesto un nombre y, como no sabía su sexo, le he
puesto Giusi-Mar, Giuseppe, si era varón, y María, si era mujer.
Hoy, fiesta de tu Encarnación en María, me ha venido una
inspiración, que Tú has puesto en mi corazón. Lo único que puedo
decir es que me ha venido como un impulso de hacer algo por esa
criatura, que de cierto está viva.
Jesús, tu amor divino viene a mi corazón cada día en la santa
comunión. Por eso, te pido que, a través de mi pobreza y miseria
humana, puedas continuar haciendo crecer y formando a ese pequeño
ser al cual Tú has dado la vida. Nútrelo con tu Pan de vida cada
día en nuestro encuentro eucarístico. Te pido esta gracia y me
ofrezco a Ti en cuerpo y alma para que, después de nueve meses de
comunión eucarística, Giusi-Mar esté totalmente formado en el
cielo y sea una alabanza de amor a tu potencia creadora.
Jesús, ¿te he pedido demasiado? Perdóname, pero ya me siento
madre de esa criaturita, que nacerá a la vida plena en Navidad,
como has nacido Tú del vientre purísimo de María, tu dulcísima
Madre.
Jesús, soy feliz como una joven madre, aunque tengo ya ochenta
años. Pero sé que no cuentan los años a los ojos del Omnipotente”.
Me escribe el 21 de mayo de 2002 y me dice:
“Padre, pienso que Giusi-Mar tiene ya cinco meses de nacido a
la vida plena de Dios y siento que está bien. Continúo pensando en
él en la comunión de cada día y lo siento muy cerquita de mí y
me ayuda en tantas pequeñas dificultades, me basta llamarlo para
que venga en mi ayuda. ¡Si tú supieras cuánto me ayuda
espiritualmente esta tarea de sentirme mamá con Giusi-Mar! Siempre
he querido ser madre de una inmensa multitud de hijos. Por eso, los
adoptaré a esos niños y los nutriré con el pan de vida de la
Eucaristía, en unión con María la madre del cielo, que también
es Madre de todos ellos”.
Considero que con una sola comunión, bien recibida sería
suficiente para que este niño abortado reciba su bautismo de amor y
vaya al cielo. Lo interesante de este testimonio es que se siente
madre de estos niños y que ofrece la comunión por ellos.
Por otra parte, se ve la utilidad de invocarlo, pues en el cielo
no pueden ser indiferentes y desagradecidos. Por eso, ella nos dice:
“Lo siento muy cerquita y me ayuda en las dificultades. Me basta
llamarlo para que venga en mi ayuda. ¡Si supieras cuánto me ayuda
espiritualmente!”.
Creemos que orar por ellos no es una devoción vacía y de pura
imaginación, sino muy útil para estos niños y que les servirá
como bautismo vicario de deseo para su salvación.
CUARTA PARTE
TESTIMONIOS Y EXPERIENCIAS
En esta cuarta parte vamos a analizar diferentes experiencias y
testimonios de muchas personas que nos hablan de la necesidad de
orar por estos niños muertos sin bautismo para poder
"liberarlos" del limbo y llevarlos al cielo. Hay un dicho
muy antiguo que dice "contra factum non valet argumentum"
(contra un hecho real no valen argumentos). Y otro que dice: “la
experiencia es madre de la ciencia”. Por supuesto que algunos de
estos testimonios son muy personales o subjetivos; pero, tomados en
conjunto, creemos que pueden servir de apoyo a nuestra opinión
sobre el limbo temporal de estos niños.
EXPERIENCIAS REALES
Veamos ahora algunas experiencias de la vida diaria que nos
indican que estos niños, muertos sin bautismo, a veces, se
presentan y buscan el amor de su familia. Lo cual podría indicarnos
también que están en un tiempo de espera (limbo) hasta poder
llegar al cielo y disfrutar de la plena felicidad.
Un día una señora me decía: “Padre, tengo a mi hijo de tres
años que ve constantemente a un amiguito que juega con él. ¿Qué
es? ¿Es un ángel?”. Yo le pregunté: “¿Ha tenido alguna vez
un aborto?” Sí, me dijo. Pues entonces, es posible que sea ese
niño que se aparece a su hermanito, porque está buscando el amor
de su familia. De hecho, se dan algunos casos de niños pequeños
que ven, lo que suele llamarse como “duendes”, otros niños
pequeños, que se les aparecen durante años y, en algunos casos,
hasta envejecen con ellos, como para dar a entender que son sus
mismos hermanos.
María Simma, la gran mística austríaca, dice que “a veces,
los hermanos sienten la presencia de otro niño junto a ellos,
aunque nada saben de aquel hermanito, nacido muerto o abortado”.
Quizás a ello se deban tantas historias de duendes en todas las
culturas, que no son más que estos niños que, con permiso, de
Dios, se aparecen a sus familiares para llamar la atención para que
los amen y oren por ellos, porque todavía están en el limbo y
necesitan ser liberados. Algo parecido podemos decir de muchos “fantasmas”,
que se aparecen y no son más que almas del purgatorio, que buscan
las oraciones de sus familias.
La escritora Linda Bird Francke en su libro “The ambivalence of
Abortion” habla de un “pequeño fantasma” que se le aparece
después de haber abortado:
“Ahora tengo este pequeño fantasma. Un fantasma pequeñito que
aparece únicamente, cuando estoy viendo algo hermoso, como la luna
llena en el océano la semana pasada. Y el bebé me saluda con las
manos y yo lo saludo a él”.
El Doctor Philip Ney cuenta que “un paciente reportó un sueño
que había tenido a los siete años en el que tres gnomos (duendes)
se fueron a jugar con él en un banco de arena. Mientras jugaba, los
bancos de arena se derrumbaron y, por consiguiente, sus tres gnomos
(duendes) quedaron enterrados. Él no pudo decirme quiénes eran
ellos, pero sabía que eran sus hermanos. Su madre admitió tres
abortos tempranos, pero insistió en que su hijo no podía haberse
enterado”.
El Dr. McAll, dice que “un niño que no ha sido aceptado con
amor por su familia y consagrado a Dios, clamará por el amor y las
oraciones de un miembro vivo de la familia, a menudo un gemelo, el
próximo niño en la familia o la persona más sensible de la
familia”.
“Como aquella niña que me confesó que había contemplado a su
hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a
hablar de ello”.
“He sido testigo de más de seiscientos casos de niños
fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo
hubieran hecho de haber seguido con vida”.
Veamos algunos ejemplos:
Dos jóvenes de la India, de 17 y 24 años, oían voces por la
noche, que decían: “Madre, ayúdame”. Cada día, al despertar,
iban a la cocina y encontraban la jarra de agua y otras cosas en
medio del piso. Cuando su madre reconoció que había tenido dos
gemelos, que habían nacido muertos y los había enterrado sin
ninguna oración en el patio de su casa, por consejo del Dr. McAll,
les pusieron un nombre y los encomendaron a Jesús y, a partir de
ese día, no se oyeron más voces.
En un pequeño pueblo de Inglaterra, todos sabían que, en
determinada casa, se aparecía con frecuencia por la noche el
fantasma de un niño pequeño. El Dr McAll preguntó a los miembros
de la familia y le dijeron que hacía 11 años había nacido muerto
un niño. Celebraron una misa por este niño y, durante la misa, el
Dr McAll vio en visión al niño, que estaba sonriendo y corría
hacia Jesús que lo esperaba y lo estrechaba entre sus brazos. A
partir de ese día, no volvió a aparecerse más.
Una obstetriz, que comenzaba su nuevo trabajo en un hospital, se
dio con la sorpresa de que cada noche se despertaba y veía junto a
ella la figura de un hombre que la miraba insistentemente. Después
de indagar, le dijeron que un médico se había suicidado en aquel
lugar y que él había practicado muchos abortos.
Celebraron una misa por el médico suicida y también por los
niños abortados. Después de orar por estos niños abortados, la
madre de la obstetriz vio la habitación llena de niños sonriendo,
que parecían muy felices, hasta que desaparecieron dentro de una
luz que se alejó.
Pareciera que la oración, especialmente la misa, y la
consagración de estos niños a Dios los hace ser felices y
descansar en paz.
LA SIQUIATRÍA
La Siquiatría es una rama de la Medicina que trata de la
curación de las enfermedades mentales. Muchas de ellas son curadas
de modo asombroso al orar por estos niños muertos sin bautismo.
Algunos de ellos, se aparecen a sus propios familiares, sobre todo a
sus hermanos, y parecen crecer con ellos. ¿Quiere esto decir que no
son felices hasta que se integren a su familia, les pongan un nombre
y los ofrezcan a Dios por medio de una misa, de un bautismo
espiritual, de una consagración a Dios o de oraciones por ellos?
En este caso, puede esto indicarnos que estarían todavía en un
estado de limbo hasta que sean liberados por las oraciones, sobre
todo, de su familia o de personas buenas. A este respecto, es muy
importante el estudio científico que ha hecho de estos casos el Dr.
McAll.
El Dr. Kenneth McAll es un eminente cirujano y siquiatra inglés,
miembro del Royal College of Psychiatrists del Reino Unido. Durante
varios años hasta 1945 trabajó en China, donde había nacido, y se
ha convertido en un experto para curar muchas enfermedades
siquiátricas. Ha escrito varios libros y artículos acerca de las
enfermedades mentales y los poderes curativos de la Eucaristía.
Ha abierto un camino nuevo, al que están siguiendo algunos otros
como el Dr. Kurt Koch en su libro Christian Counseling and occultism
(Ed. Kregel, Grand Rapids, USA, 1972), John Fitzherbert en La fuente
de las instituciones humanas de inmortalidad, publicado en el
British journal of Psychiatry, 110, del año 1964.
El Dr. McAll, a pesar de ser de confesión anglicana, habla mucho
en su libro Healing the family tree, que es un bestseller
internacional, de la necesidad de orar por los niños muertos. Ha
llegado a esta conclusión, debido a su gran experiencia de
curación de enfermedades mentales y a la necesidad de curar, muchas
veces, la raíz de la enfermedad, curando la relación con los
antepasados por medio de la oración. Por eso, dice:
“Dado que tanto los vivos como los muertos son miembros del
Cuerpo de Cristo (1 Co 15,29) podemos pedir a Cristo que ayude a los
muertos a recibir su amor y su perdón, que les ofrece a través de
la Eucaristía”.
“No soy teólogo. Soy un simple investigador, con una limitada
comprensión de cómo funciona la capacidad curativa de Dios… En
el caso de niños que hayan nacido muertos o de abortos, resulta
conveniente darles un nombre (Is 49,1)… Aunque según mis
experiencias normalmente solo hace falta una celebración de la
Eucaristía para liberar a un niño nacido muerto, para liberar a un
adulto, que necesite más amor y perdón, pueden hacer falta varias
Eucaristías”.
Y lo más asombroso es que al “liberar” a estos niños
(muertos sin bautismo) se sanan de modo admirable, muchos miembros
de familia, porque se entabla una nueva relación familiar y hay
más unión y amor entre ellos. Dice:
“Tengo registrados mas de seiscientos casos de curaciones
directas, producidas tras la celebración de una Eucaristía por
fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que
nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su
nacimiento, que nunca fueron debidamente amados o consagrados a
Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una
Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son
impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder
curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban
participando en la Eucaristía, pero también otros que se
encontraban a muchos kilómetros en hospitales e instituciones
mentales y no sabían nada acerca de dichas ceremonias, e incluso
parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos”.
Veamos algunos ejemplos:
“Joan llegó hasta mí a través de un doctor en medicina
general. Antes de mi primer encuentro con aquella niña de solo
nueve años de edad, estudié atentamente las notas de su equipo de
médicos y los informes de su profesora. A los cinco años, el
carácter abierto y alegre de Joan cambió de repente. Empezó a
resultar difícil de tratar y daba muestras de un comportamiento
irracional, diagnosticándosele una epilepsia.
Su madre se quedó muy asustada y desconcertada. En una carta me
decía: “Cuando Joan cae en uno de esos estados su rostro se
descompone, parece tan lejos de ser ella que me da escalofríos”.
La profesora me escribió: “Joan pierde fácilmente el control e
incurre en estallidos emocionales. La presentación de las tareas
escolares deja mucho que desear”.
Sus padres me dijeron que recientemente había empezado a correr
delante de los coches, de modo que tenían que sujetarla con unas
riendas para su propia seguridad…
Hablé con Joan, se sentó sobre mis rodillas y le pregunté
cuántos hermanos tenía. Su respuesta me sorprendió: "Tengo
tres hermanos y tres hermanas". Yo le dije que sólo tenía
tres hermanos y dos hermanas. Joan, entonces, se mostró
extremadamente airada, saltó de mis rodillas y empezó a dar
patadas y gritos: Tengo tres hermanas y no dos. ¿Ves esa mujer
sentada ahí?, gritó señalando a su madre. Es una asesina. Tiró a
mi hermanita por el water (baño). Mi hermana es mi amiga. La
conozco, se llama Melissa. Sus padres comenzaron a discutir y yo
abracé a Joan y le dije: Oremos juntos a Jesucristo y pidámosle
que cuide a Melissa. Y pronunciamos la siguiente oración: “Jesucristo,
nuestro Señor, por favor cuida a Melissa y condúcela a tu reino”.
Su madre me contó que antes que Joan naciera y debido a la
equivocación de un médico, había sufrido un aborto involuntario.
A Joan nunca se le había mencionado el incidente y nadie conocía
el nombre que la madre le hubiera gustado poner a la niña: Melissa…
Nada tiene de sorprendente que Joan supiera acerca de Melissa. De
hecho, en mis ficheros, tengo alrededor de mil cuatrocientos casos
parecidos. Parecía evidente que aquella niña, que no había
llegado a nacer y que, por tanto, no había sido consagrada a
Jesucristo, era la causa de las dificultades de Joan y quizá de las
migrañas que la madre sufría desde hacía años.
Celebramos una Eucaristía por Melissa y los resultados
modificaron totalmente la vida de la familia. Los estallidos
emocionales de Joan, su comportamiento irracional y su incapacidad
de concentrarse, desaparecieron de una vez por todas. Las pruebas
realizadas demostraron que su epilepsia estaba totalmente curada y,
poco después, dejó de tomar cualquier clase de medicamento. Las
jaquecas de la madre pasaron a ser sólo un recuerdo… Un año
después, Joan es una niña sana y feliz que va muy bien en los
estudios y que es la alegría de la familia”.
Pareciera que la Eucaristía y la consagración de la niña
abortada al Señor fueron para ella como un bautismo espiritual y,
al sanarse la relación entre ella, su hermana y sus padres, al
sentir el amor familiar, pudo encontrar la felicidad definitiva y
eterna, que todavía no había conseguido.
Veamos otros casos en los que la misa no solo da paz al niño
muerto sin bautismo, sino que también sana a sus hermanos de graves
problemas de salud.
Una mujer de 50 años estaba preocupada por el extraño
comportamiento de su hijo. Ella admitió que había tenido dos
abortos durante su juventud. Durante la misa por estos niños
abortados, ella sintió una extraña sensación en su abdomen por
tres veces. Entonces, ella se acordó que había tenido también un
niño que había nacido muerto y este tercero también fue incluido
en la misa. Desde ese momento, la conducta de su hijo fue normal.
Un hombre profesional llevó a varios especialistas a su hija,
porque era muy violenta. La hija, de 26 años, había sido promiscua
sexualmente con hombres, treinta años mayores que ella. Buscando
antecedentes, el Dr McAll encontró que su madre había tenido un
aborto varios años antes de casarse con el padre de la joven. El
comportamiento de la madre antes de casarse, había sido parecido al
de la hija. Durante la misa por el aborto, el padre tuvo la visión
interior de un niño y rezó por él. Los problemas de la hija
desaparecieron a partir de ese día.
Por eso, afirma McAll:
“Las personas más afectadas por estos niños (abortados), no
consagrados al Señor y que necesitan que se ore por ellos, son los
propios padres, un hermano o hermana gemelo, el niño que nace a
continuación, un niño adoptado en su lugar o, incluso, como en el
caso de Joan, el niño más sensible de la familia”.
Veamos otro caso:
“El vicario de una iglesia local comprobó por sí mismo cómo
una de las mujeres de su parroquia había logrado superar una
enfermedad mental, aparentemente incurable, después de haber orado
por uno de sus hijos que había abortado y de haberlo consagrado al
Señor durante una Eucaristía. Animado por esta experiencia,
acudió a visitar a otra mujer llamada Mildred, de algo más de
sesenta años… Ella le contó algo que no había dicho a nadie en
toda su vida. Cuando todavía era adolescente, tuvo un aborto. El
vicario le sugirió que celebrasen una ceremonia en la iglesia para
consagrar a su hijo abortado a Dios y Mildred accedió. Cuando
terminó la ceremonia, habían desaparecido todos sus dolores y
experimentó una sensación de liberación y alegría… Parece ser
que el niño no nacido había intentado atraer su atención mediante
los dolores de estómago. Era como si el propio niño se hubiera
convertido en el dolor de estómago”.
“Los gemelos o mellizos muestran una sensibilidad especial
hacia su hermano o hermana muertos. Durante la celebración de la
Eucaristía, una madre me mencionó que una de sus hijas gemelas
había fallecido en el momento del parto y que el hospital se había
ocupado de enterrar sus restos. Cuando rezamos por primera vez para
contrarrestar los efectos negativos de este incidente, brotaron
lágrimas de alegría en la gemela, que había logrado sobrevivir.
Me confesó que había “contemplado” a su hermana crecer todo el
tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.
Sigamos con otros ejemplos para ver la importancia de consagrar a
Jesús a estos niños abortados, voluntaria o espontáneamente,
muertos sin bautismo.
Un hombre de veintiocho años se encontraba en la cárcel y
había llevado un comportamiento anormal y antisocial. Era un hijo
adoptivo de una familia que lo había adoptado al perder a su propio
hijo. Dice McAll:
“Durante la Eucaristía, aquellos padres, preocupados y
angustiados, le dieron nombre al hijo que había fallecido en el
momento del parto y, a través de sus oraciones lo consagraron a
Jesucristo. Inmediatamente después, el hijo que habían adoptado
salió de la prisión, convertido en un hombre totalmente reformado
y actualmente desempeña un empleo de gran responsabilidad.
Durante una celebración por un niño nacido prematuramente y que
había sobrevivido sólo cuatro horas, su madre intentó darle
gracias a Jesucristo por habérselo llevado con él. Entonces,
escuchó claramente: “Al niño tienes que ponerle un nombre y
demostrarle que goza del amor de su madre y luego consagrármelo a
Mí".
Una mujer había ejercido la prostitución y, a consecuencia de
ello, había padecido varios abortos tanto voluntarios como
involuntarios. Con gran respeto y cuidado, les puso nombre a todos,
aceptó el perdón de Dios y continuó consagrándoselos al Señor
todos los domingos, cada vez que iba a la iglesia. A partir de
entonces, se vió libre de la depresión que padecía”.
Como vemos, esta consagración del niño a Jesús es una especie
de bautismo espiritual, que les consigue la salvación y los libera
del estado de limbo o tiempo de espera en que se encuentran.
“El matrimonio Lancaster vino a verme muy preocupado por tres
de sus hijos. La hija mayor era drogadicta, tenían otra
anormalmente obesa y el hijo menor mostraba, desde los siete años,
una incontenible afición a robar. Elizabeth, la hija mayor, había
nacido después de un aborto anterior; Evelyn, la hija obesa, tras
un aborto involuntario, mientras que Charles, el hijo menor, lo
adoptaron para reemplazar a uno que había muerto. Dado que en
ninguno de los tres casos se había celebrado una ceremonia de
consagración al Señor, decidimos celebrar una Eucaristía por los
tres casos, tras la cual toda la familia se sintió liberada.
Elizabeth no volvió a probar las drogas; Charles dejó de robar y
el peso de Evelyn volvió a ser normal tan solo después de tres
meses…
Mi experiencia de “haber visto” a esos niños con la edad que
habrían tenido de no haber fallecido prematuramente, me demuestra
que es cierta la palabra de Dios, cuando dice: “Antes de formarte
en el vientre de tu madre te conocí” (Jer 1,5; Sal 139, 13).
Estos niños son auténticos seres humanos, dotados de alma…
Algunas personas creen que todos los niños van directamente al
cielo, cuando mueren. Pero eso, sólo ocurriría así en caso de
haber sido amados y de haber rezado por ellos en la tierra. He sido
testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que
habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de
haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio Ángel
de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a
Dios”.
El Dr. McAll, después de sus investigaciones siquiátricas en
cientos de casos, afirma claramente, a su manera, que existe el
limbo temporal, pues cree que sólamente estos niños irán al
cielo, directamente al morir, si han sido amados y han orado por
ellos. Ellos están esperando que les pongan un nombre, les hagan
sentir amor y los consagren a Dios. Mientras tanto, siguen
esperando, como él dice, ese momento de amor y de consagración a
Dios. Por eso, sugiere orar por ellos con las siguientes oraciones:
Oración por la salvación de los niños abortados
Señor Jesús, por medio de tu Madre bendita, te ofrezco todos
mis pensamientos, palabras y obras de este día por todas las
intenciones de tu Sagrado Corazón.
Especialmente, te ofrezco todos los actos de fe y de amor para
obtener de tu Sagrado Corazón la gracia del bautismo para todos los
niños inocentes, que serán asesinados hoy por el aborto.
Y, dado que sus propios padres y madres rechazarán su vida con
violencia y rehúsan ser garantes de la fe de estos niños, te pido
que me aceptes como padre y madre espiritual de estos niños.
Acéptame como garante del deseo de estos niños de estar contigo
por siempre para que, habiendo sido asesinados cruelmente, ellos
puedan ser admitidos a tu presencia como mártires inocentes y sean
salvados por tu amor. Amén.
Oración por los abortos espontáneos
Señor Dios, confiamos a tu amor a este pequeñito, que ha dado
alegría a sus padres por poco tiempo. Llévalo a la vida eterna.
Señor, tú has formado a este niño en el vientre materno. Tú
lo has conocido por su nombre desde el principio del tiempo.
Nosotros ahora deseamos ponerle el nombre de N., un nombre que
guardaremos como un tesoro en nuestro corazón para siempre.
Oramos por estos padres, que están tristes por la pérdida de su
hijo. Dales valor para soportar su pena y su dolor. Y que un día
puedan encontrarse con su hijo en la alegría y en la paz de tu
Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
LA SIQUIATRÍA Y EL BUDISMO
Es muy interesante anotar aquí cómo muchos siquíatras y
sicólogos, como el Dr. Dennis Eugene Klass, Joanne Angelo y otros,
reconocen el gran efecto curativo, sicológico y espiritual, de los
rituales budistas, llamados misuko kuyo a favor de los niños
abortados.
En nuestros países cristianos, se reconocen los efectos
negativos producidos por el aborto en los padres de los niños
abortados, especialmente en la madre, y se recomienda tratamiento
sicológico o psiquiátrico para curar los efectos de depresión,
ansiedad, etc. Pero, entre los budistas, la solución está en orar
por estos niños abortados y no por sus padres directamente. Y los
efectos positivos de estas oraciones son reconocidos por teólogos
católicos como el jesuita Gary L. Chamberlain o el Padre Anthony
Zimmerman S. V. D., que han trabajado muchos años en Japón.
Hablando concretamente del Japón, digamos, en primer lugar, que
legalizó el aborto en 1948 y, desde entonces, ha habido más de 128
millones de abortos provocados. Para estos niños abortados, incluso
si son abortados espontáneamente, el budismo ofrece a los mizuko
(niños del agua) o niños abortados, ceremonias de duelo, llamadas
mizuko kuyo, donde se cantan “sutras”, queman incienso, tocan
campanas y hacen otros ritos para dar sosiego a estos niños, que
están en el país de las tinieblas, según ellos.
Los padres pueden alquilar pequeñas estatuas, talladas en piedra
con caras redondas y ojos cerrados por 700 dólares o pueden mandar
escribir mensajes en placas de madera para que los lean estos
niños. En estos mensajes se dice, por ejemplo: “Tu padre y tu
madre te aman”, “lo sentimos, pero no pudo evitarse, descansa en
paz”, “tus padres y tus hermanos te saludan”. Y también les
ponen un nombre y colocan flores, baberos, gorritos, juguetes, etc.,
en estas estatuas de piedra o placas de madera, que representan a
sus almas. En ciertos templos budistas del Japón, hay colinas con
miles y miles de estas estatuas, que no son propiamente tumbas, pues
no están enterrados allí los cuerpos de los niños, sino son
lugares, donde se supone que están sus almas y a donde van a rezar,
especialmente las mujeres.
De esta manera, creen que estos niños se sienten queridos por
sus familiares, descansan en paz, y no perturban a la familia. Salen
del “país de las tinieblas” en el que estaban y tienen un lugar
para descansar en paz. Los efectos sicológicos y espirituales de
estas oraciones son evidentes. Lo cual nos puede indicar que estas
oraciones van más allá de la pura sugestión de las madres, porque
quizás, verdaderamente, estos niños, muertos sin bautismo, las
necesitan para estar en paz. Nosotros diríamos para ir al cielo.
Quizás, influenciados por esta cultura budista japonesa, en
algunas iglesias católicas del Japón, se celebran misas por estos
niños abortados, como lo afirma el Padre jesuita japonés Akio
Awamoto, quien celebra una misa por ellos los primeros domingos de
cada mes a las cuatro de la tarde en la Iglesia de Yotsuya, uno de
los centros católicos más grandes del Japón. El P. Anthony
Zimmerman dice: “¿Cuándo celebrarán los sacerdotes católicos
misas por estos niños abortados de su ciudad, de su región o de su
país?”
RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA
La renovación carismática católica es un movimiento eclesial,
apoyado por la Iglesia, que trata de renovar la vida cristiana por
medio del poder del Espíritu Santo, que sigue derramando sus dones
y carismas en la actualidad como en los primeros siglos. Este
avivamiento espiritual comenzó en USA el año 1967 y, desde
entonces, se ha extendido a todo el mundo. Está presente en 238
países y sigue renovando la vida de 120 millones de católicos a lo
largo del mundo.
Algunos líderes carismáticos fomentan la oración por los
niños muertos sin bautismo y recomiendan celebrar una misa por
ellos o bautizarlos espiritualmente o consagrarlos a Jesús por
María o sencillamente orar por ellos. Su experiencia en muchos
casos, se parece a la del Dr. McAll, lo que significaría,
igualmente, que estos niños necesitan ser liberados con nuestra
ayuda para ser plenamente felices en el cielo. Mientras tanto,
estarían en un estado intermedio, al que llamamos limbo.
Hermanos Matthew y Dennis Linn: Entre los líderes carismáticos
católicos que más han estudiado este punto de los niños muertos
sin bautismo, están los hermanos Linn, jesuitas. Veamos lo que
dicen:
“Tal vez la sorpresa más grande de nuestro ministerio es la
curación física y emocional, que puede ocurrir muy rápido y
profundamente a otras personas, cuando oramos por bebés nacidos
muertos y por abortos espontáneos y provocados. Por ejemplo,
después de rezar por sus tres traumáticos abortos, Sandy retornó
a casa para encontrar a su hijo de siete años que había sido
hiperactivo desde su nacimiento, capaz de dormir por primera vez
durante toda la noche y de portarse normalmente en la escuela al
día siguiente.
Sandy se dio cuenta de que no solamente la hiperactividad de su
hijo había cesado, sino también de que su incapacidad para
aprender, diagnosticada como permanente, había desaparecido.
Casi cada familia puede beneficiarse... orando por abortos y
bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan comunes.
Aproximadamente, de diez al veinte por ciento de todos los embarazos
terminan en abortos espontáneos, sin contar con el cincuenta por
ciento de óvulos fecundados, que nunca lograron implantarse. En USA
hay un millón y medio de abortos provocados por año (cuatro
abortos por cada diez nacimientos normales) y dos nacidos muertos
por cada cien nacidos vivos. Por eso, los bebés constituyen el
grupo más importante en nuestras oraciones por los muertos. Pero
¿cómo sabemos que ellos necesitan de nuestras oraciones? A veces,
se nos ha dicho que no podemos rezar por ellos, porque están en el
limbo (permanente). Otras, que no necesitan de nuestras oraciones,
porque están ya en el cielo.
La historia de las oraciones de Santa Perpetua por Dinócrates,
su hermano, muerto no bautizado, es un ejemplo, proveniente de la
tradición cristiana, de cómo la gracia del bautismo puede ser
concedida a los niños muertos por medio de las oraciones de un
miembro de la familia”.
“Pidiéndole a Jesús que bautice a un niño muerto, le estamos
pidiendo hacer todo lo que todavía se necesita hacer por esa
criatura, ya sea que esto se inicie con un bautismo de deseo o
renovándolo con una celebración más profunda de amor de Jesús,
ofrecida a través de nosotros. Idealmente, esta oración debería
ser completada con una Eucaristía en la cual recibamos la comunión
y nos unamos a Jesús, orando por nosotros y por el bebé muerto
para llevarlo más cerca de Él por siempre. La Eucaristía es
también un momento ideal para dar el amor de Jesús a otros niños
que podían haber sido olvidados, tales como los cuatro mil niños
abortados diariamente en USA. Especialmente, en la Eucaristía se
habilita a los fallecidos con el perdón total de Cristo en el
Calvario. Recibiendo para sí mismos el perdón de Cristo y
extendiendo ese perdón hacia todos los que les hicieron daño, los
muertos están habilitados para entrar en el cielo y alcanzar el
estado de amar para siempre dentro del Cuerpo místico de Cristo”.
Como vemos, ellos hablan de curaciones extraordinarias después
de orar por estos niños, hablan de bautizarlos espiritualmente y
ofrecer una misa por ellos para "entrar" en el cielo y
alcanzar el estado de amar para siempre. Esto quiere decir que antes
estaban en un estado de no-cielo, al que llamamos limbo.
Veamos un ejemplo:
“Sue tuvo seis abortos espontáneos y dos hijos vivos, Julie de
cuatro y Jasón de dos. Durante un retiro, Sue asistió a una misa
en la que se le invitó a rezar por sus seres queridos muertos. Al
final de la misa, cuando fue invitada a permitir que Jesús le
trajera a su corazón a quien Él quisiera, Sue se sorprendió de
tener la siguiente experiencia:
Vi en mi espíritu a seis niños alegres que corrían a mis
brazos. Yo me quedé allí de pie, pensando: ¿A quién voy a
abrazar primero? Y sentí como si los abrazara a todos ellos en mi
corazón. Supe que eran mis hijitos y me regocijé, especialmente,
al ver cuánto los mayores querían al más pequeño. Los niños
irradiaban amor, a Jesús, a mí y el uno al otro. Ésta fue la
primera vez que los “había visto”, pero tuve y todavía tengo
el sentimiento de que ellos me conocen bastante bien.
Sue y un amigo oraron juntos por los seis niños abortados.
Simbólicamente, bautizaron a todos los niños y les dieron nombres.
Sue describe los cambios que vio en su familia, cuando volvió a su
casa.
Antes del retiro, Julie parecía una frágil flor. Era muy
sensible y lloraba fácilmente. Tenía seis muñequitas
(sorprendentemente, el mismo número de abortos). Cada una tenía un
nombre y se las tenía que tomar en cuenta en todas las ocasiones.
Ella parecía sentirse responsable y ansiosa por ellas. Desde mi
regreso, su atadura a aquellas muñecas se hizo considerablemente
menor. Ahora son juguetes con los cuales gusta jugar, pero no se
preocupa de ellos. Es curiosa, vivaz y mucho menos sensible...
Cuando volví del retiro, estaba inundada de amor por Jasón. Desde
mi vuelta, el cambio en su personalidad fue casi inmediato. Se
tranquilizó, es más sociable y parece adorar a su hermana Julie.
Otra cosa que también noté fue un efecto inmediato en mis
relaciones con mi esposo... Ambos nos dimos cuenta de que mi
frigidez había desaparecido”.
Los efectos reales de curaciones de que hablan los Hnos. Linn nos
recuerdan lo que decía el Dr. McAll, luego hay que tomarlos en
cuenta y decir que algo pasa, que no es inútil orar por estos
niños, sino muy eficaz, porque lo necesitan y, si lo necesitan, es
porque no están todavía en el cielo. Los Hnos. Linn creen que con
una misa es suficiente para liberarlos:
"Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé.
Mientras recibes la Eucaristía, deja que la sangre sanadora de
Jesús entre en ti y en todos los difuntos de la familia, por medio
del bebé".
El Padre Roberto DeGrandis tiene un libro titulado “Curación a
través de la misa”, donde nos habla de la importancia de la misa
y de que todas las misas tienen un especial poder de sanación para
los enfermos y para todos los que están agobiados en su espíritu y
concretamente para estos niños.
Él nos dice:
“Cuando consideramos el problema de los abortos, niños
malogrados o que han nacido muertos, uno de los principios básicos
es que estos niños deben ser recibidos con amor. Una de las formas
en que amamos y aceptamos a un niño es dándole un nombre. Esto les
da un sentido de pertenencia y de que ocupan un lugar verdadero en
la familia… Una mujer compartió el siguiente testimonio.
Yo tengo 41 años de edad y toda mi vida mi madre ha estado
contando la historia de que su madre (mi abuela) murió de parto y
que perdió una niña pequeñita. Mi abuela era huérfana y también
había perdido a otro niño antes de mi madre. Un día mi madre y yo
oramos unidas y le dio nombre a los dos niños perdidos por su
madre. Nosotras los ofrecimos al Padre en la luz de Cristo y oramos
por estos dos niños y su madre. A partir de ese día, mi madre
nunca más volvió a hablar de ese asunto. Sintió paz en su vida,
después de darles nombre a estos niños y ofrecerlos a Dios”.
Para él es importante ponerles un nombre y orar por ellos
ofreciéndolos a Dios para salvarlos.
El P. John Hampsch aconseja bautizar a estos niños
espiritualmente, consagrarlos a Jesús por medio de María y
celebrar una misa.
Dice:
“En la consagración total del niño al Señor, los padres
deberían pedirle que llene con su amor todas las necesidades del
niño como por ejemplo el bautismo de deseo o alguna otra forma
desconocida de gracia, semejante al bautismo... Esto podría ser
ratificado por una Eucaristía en la que, en el momento de la
comunión, nosotros nos unimos a Jesús de la manera más íntima
posible, orando por el niño... En la oración se debería incluir
una petición al Señor para que ese niño sea un “santo privado”
o un “intercesor” especial para la familia... Como epílogo de
esta oración a Jesús, es muy recomendable poner al niño en los
brazos de María (consagrarlo a Ella), recordando las palabras que
Jesús dijo: “Ahí tienes a tu Madre”. A María se le ha
encomendado ser la madre de todos y cada uno de los niños. Y Ella
los ama mucho más intensamente que las madres de la tierra”.
El P. Marcelino Iragui también recomienda una misa y
consagrarlos a Jesús por María. Escribe:
“Una práctica recomendable es el ofrecer la santa misa y
comulgar por ellos, sobre todo, cuando se hace en familia. En esa
Eucaristía, se pide a Dios que acoja en su seno a todos los
difuntos de la familia... A veces, los resultados son sorprendentes.
En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron
bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de
ellos, se les acepta como miembros de la familia y se les presenta
por su nombre al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen
María”.
Así pues, de acuerdo a muchos líderes de la Renovación
Carismática Católica, es necesario orar por los niños muertos sin
bautismo, bautizarlos espiritualmente, ponerles nombre y, si es
posible, mandar celebrar una misa por ellos.
Parece ser que estos niños necesitan oraciones y amor para ser
liberados del estado de limbo y poder llegar al cielo para poder
disfrutar de la plena felicidad de Dios, ya que las oraciones no
aprovechan a quienes están ya en el cielo. Además, los efectos
positivos y extraordinarios que ocurren, al darles ese “bautismo
espiritual”, repercuten en toda la familia en hechos concretos y
reales, que no dejan duda de que esta práctica es necesaria para
ellos, pues la necesitan para ser felices.
SOBRE EL BAUTISMO ESPIRITUAL
En el periódico alemán “Rettende Macht” del 24 de setiembre
de 1973, se habla de las revelaciones de Jesús a una mujer casada y
madre de varios hijos. Entre otros mensajes Jesús le dice sobre los
niños abortados:
“Estos pequeñitos pueden conseguir la visión beatífica.
Transmite lo que voy a decirte a los sacerdotes, porque vosotros los
podéis bautizar (espiritualmente).
Después de recitar el Credo, toma agua bendita y la esparces en
todas las direcciones y di estas palabras: A todos vosotros, que
habéis nacido muertos o que naceréis muertos, a todos los que
fueron asesinados en el vientre de sus madres o que serán
asesinados, para que podáis alcanzar la vida eterna por medio de
Jesús. N. (aquí se dice el nombre). Yo te bautizo en el nombre del
Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo.
Al final, reza un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria. De
esta manera, puedes bautizarlos a estos pequeñitos y ayudarlos a
conseguir el cielo”.
El P. Roberto DeGrandis cita el testimonio de una mujer:
“Hace veinte años yo quedé embarazada en un momento
inoportuno. Yo estaba enferma, bajo cuidado médico, y escasa de
dinero. Yo no podía tener un niño. Yo luchaba contra esta idea por
mi educación católica y deseaba tener una pérdida. Y tuve la
pérdida. Cuando yo vi a esa pequeña vida humana muerta delante de
mí en el hospital, me sentí muy apenada. Antes de llamar a la
enfermera, tome un vaso de agua y lo derrame sobre la cabeza del
niño bautizándolo en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo… A través de los años, Dios me dio un amor
especial por los niños pequeños rechazados y recogí en mi casa a
muchos de esos niños pequeños, que habían sido rechazados por sus
padres. Yo los amaba como si fueran míos y ellos me amaban a mí”.
Y escribe en la nota el P. DeGrandis:
“Esta misma mujer compartió que, un tiempo después, ella tuvo
una visión de su hijo perdido. En la visión supo que era un niño
y lo vió saludable y vivo con el Señor. Lo que le impresionó
profundamente fue que todos los niños rechazados que ella había
recibido en su casa, eran todos niños varones. Ellos eran un REGALO
y la forma de sanar su corazón por la pérdida de su hijo”.
En Villavicencio (Colombia) el obispo Mons. Cabezas ha aprobado
una misa de sanación post aborto y en ella se celebra el bautismo
de deseo con las oraciones que pone el P. John Dillon en su libro y
que veremos a continuación. Esta información con fotografías
puede consultarse en internet
www.vidahumana.org/vidafam/aborto/misa.html
El Padre John J. Dillon sugiere hacer una paraliturgia y en ella
hacer algunas oraciones, como bautismo de deseo, por el niño y
ofrecer a los padres “la vestidura blanca y el cirio bautismal”.
Entre las oraciones propone las siguientes:
“Tú, Señor, autor y defensor de la vida, tú eres nuestra
morada final. Te encomendamos a este niño (decir nombre). Confiando
en tu misericordia y en tu amor paternal, te pedimos le concedas la
eterna felicidad. Señor Dios, bondadoso y solícito, confiamos a tu
amor este pequeño (N). Acógelo en la vida eterna. También te
pedimos por sus padres, afligidos por la pérdida de su hijo.
Concédeles fortaleza y valor y ayúdalos en su pena para que puedan
un día reunirse con su hijo en la paz de tu Reino. Te lo pedimos
por Cristo, Nuestro Señor. Amén”.
En Lima, en algunos grupos de oración, oran por las madres que
han abortado. Se les invita a pedir perdón a Dios por su pecado y
se pide al Señor que las inunde con su amor divino. Después, se
les motiva para que, en el futuro, sean defensoras de la vida y
puedan salvar otros niños, que pudieran estar en peligro de ser
abortados. Y, dentro de la oración, se les pide que se imaginen a
Jesús con su niño, mientras los presentes oran a Dios, si es
posible con el don de lenguas, para que les inspire el sexo de la
criatura y ponerle un nombre adecuado. Y le piden que bauticen a su
hijo diciendo:
N.N. (decir el nombre) YO TE BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL
HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO.
Después se pide a la mamá que le pida perdón a su hijo, que le
diga que lo ama, que lo abrace espiritualmente con todo su amor, y
que entregue a su hijo a Dios, como consagrándoselo a Él. Y, a
continuación, se le pide que desde la oscuridad, vea a su hijo
cómo va al reino de la luz y le diga: Descansa en paz.
El Padre James Manjackal, de la India, es uno de los líderes de
la renovación carismática más conocidos por su poderoso
ministerio de sanación de enfermos. Viaja constantemente por todo
el mundo y me escribió desde Alemania una carta, contestando a mis
inquietudes. Me dice así:
“De acuerdo a la enseñanza católica tradicional, los niños
que mueren sin bautismo no pueden ir directamente al cielo. Estos
niños van al limbo. Pero nosotros podemos bautizar a estos niños
en fe y espíritu en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo y así enviarlos al cielo.
Considero que esta es una de las tareas de nuestro ministerio
(sacerdotal), del cual muchos no están enterados. Lee 1 Co 15, 29.
Yo practico este ministerio (de bautizar a los niños abortados) en
mi predicación. También les digo a los padres que han abortado que
confiesen su pecado y, si es posible, que hagan obras de caridad
como, por ejemplo, ayudar a niños huérfanos en nombre de los
niños abortados.
Muchos padres han dado testimonio de que después de tal bautismo
(espiritual) de los niños abortados, ellos se les han aparecido
como ángeles y los han consolado. ¡Gloria a Dios!”.
En otra carta me dice:
“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los
niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber
sido bautizados en espíritu. Algunos dan testimonio de que, cuando
necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya
salvados.
Normalmente, cuando la gente que ha abortado viene a mí con
tristeza y sentimiento de culpabilidad, yo les digo que pidan
perdón a sus niños antes de bautizarlos en fe y en espíritu.
Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido
a darles su perdón y a consolarlas. Yo conozco a mucha gente que
tiene contacto con estos niños salvados.
Yo bautizo a los niños muertos sin bautismo, si alguno está
presente como padrino. Muchos sacerdotes no lo hacen debido a su
falta de fe o a su ignorancia. Yo paso dos horas diarias, orando por
las almas de los que han muerto. Muchas almas vienen a mí y se
identifican y me dicen sus pecados y yo los bautizo, si no están
bautizados, y rezo para que se perdonen sus pecados y pido al
Espíritu Santo que los llene de su amor. Yo tengo maravillosas
experiencias de su entrada en el cielo y sus oraciones por mí son
de gran poder para mi ministerio. Los he visto con las caras
resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda
espiritual.
Reza por mí. Mañana voy a Rusia por 10 días. Fr. James”.
Conservo estas cartas como el testimonio de un hombre, que,
según el parecer de los que lo conocen, transmite el poder de Dios
y una evidente santidad de vida. Él habla de bautizar a estos
niños para que vayan al cielo, pues mientras tanto están en el
limbo. Y, cuando se les bautiza, en algunos casos, hasta se aparecen
como ángeles o santos para demostrar la eficacia de esta oración
de bautismo post mortem. Además, nos habla claramente del poder de
intercesión de estos niños ya salvados y cómo algunos los
invocan. Estos niños son un gran apoyo para su ministerio a lo
largo y ancho del mundo.
El que quiera conocer más sobre la vida, ministerio, enseñanzas
y programas de viajes del Padre James Manjackal, puede consultar su
página Web
www.jmanjackal.net
Los hermanos Linn nos ofrecen una especie de rito para el
bautismo espiritual:
“Lee San Marcos 10,13-16, donde Jesús pide que los niños
vayan a Él. Cierra los ojos y respira profundamente. Recuerda un
momento en tu vida, cuando te sentiste especialmente amado, un
momento, cuando supiste cuánto te ama Dios. Respira dentro de ti
mismo ese amor otra vez. Ahora piensa en el bebé que has perdido.
Ponte en contacto con tus sentimientos hacia ese bebé (por ejemplo,
amor, tristeza, deseo, dolor, culpa, etc.).
Comparte amor y perdón con el bebé. Ve a Jesús y María
delante de ti. Ve cómo ellos tienen a tu bebé en sus brazos y te
lo ofrecen. Abre tus brazos y recíbelo. Dile al bebé todo lo que
has estado guardando en tu corazón hacia él. Escucha cómo tu
bebé quiere contestarte y escucha todo lo que él ha guardado en su
corazón hacia ti. Durante los próximos minutos, di y haz con tu
bebé todo lo que quieras.
Con Jesús y con el bebé, perdona a cualquier otra persona que
pudo haber lastimado al bebé (médicos, otros parientes, etc.),
cualquiera que, aun sin saberlo, no cuidó de esta nueva vida.
Quizás tú u otra persona todavía sienten rabia hacia Dios por
haberles enviado al bebé en una época no deseada, o por
quitárselo. En este caso, “perdona” a Dios también.
Bautízalo. Ve de qué sexo es el bebé y pídele que te diga
qué nombre quiere él. Con Jesús, bautízalo simbólicamente con
ese nombre, pidiendo que Jesús lo lave y expulse cualquier dolor u
oscuridad que el bebé tenga. Haz el signo de la cruz en la frente
del bebé, y di con Jesús: Yo te bautizo N.N. en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Siente cómo el agua lo
limpia y renueva.
Entrega al bebé a Jesús y María. Pídeles a Jesús y al bebé
que te muestren cómo tú y el bebé pueden continuar amándose
mutuamente a través de Jesús. ¿Cómo quieres que el bebé ore por
ti y tu familia? ¿Cómo quiere tu bebé que ores por él? Cuando
estés listo, pon el bebé en brazos de María y de Jesús.
Invítalos a todos a que entren en la luz de tu corazón. Aspira ese
gran amor que hay en tu corazón y deja que recorra todo tu cuerpo.
Los católicos, que han estado involucrados en un aborto
provocado, deben acudir al sacramento de la confesión... y mandar
celebrar una misa por el bebé”.
En resumen, creemos que bautizar espiritualmente a estos niños
es muy importante para su felicidad y la de su familia, lo que nos
indicaría que necesitan ayuda, pues podrían estar, hasta que se
les ayude, en un limbo temporal.
PONER UN NOMBRE
Algunos líderes carismáticos y María Simma y el Dr. McAll
hablan de la importancia del ponerles un nombre a estos niños para
poder identificarlos.
Pensemos que la mayoría de estos niños muertos sin bautismo son
abortados, voluntaria o involuntariamente, y nadie se ha preocupado
de ponerles un nombre. Normalmente, tampoco se acuerdan de ellos ni
oran por ellos. Es por esto que son seres anónimos, N.N., que
necesitan ser integrados en su propia familia y tener un nombre como
señal de su identidad. Por eso, el ponerles un nombre dentro del
marco de una misa celebrada para ellos o en el bautismo espiritual o
al orar por ellos y ofrecerlos a Dios, tiene tan maravillosos
efectos para toda la familia, que siente una influencia positiva de
estos seres, que, a veces, se les aparecen para agradecérselo.
La Hna. Georgina Gamarra, líder del movimiento carismático,
cuenta algunos casos, que se los he escuchado personalmente en una
charla dada en nuestra Parroquia de la Caridad de Pueblo Libre, en
Lima (Perú), y que los ha registrado en un cassette, que esta
difundido en los grupos de oración carismática. Veamos:
Su secretaria le dijo que había tenido una pérdida y que nunca
le había puesto un nombre a ese niño ni lo había bautizado
espiritualmente. Entonces, durante la oración, junto con su esposo,
decidieron ponerle un nombre y curiosamente los dos coincidieron en
un mismo nombre, a pesar de que no sabían si había sido hombre o
mujer. Otro caso es el de aquella pareja de esposos que estaba en
una de sus charlas en primera fila, y que habían abortado a dos
mellizos. También, de modo admirable, después de haber oído
hablar de que debían ponerles nombre, ambos decidieron ponerles los
mismos nombres a los dos. Pareciera, dice ella, que alguien guiaba
sus mentes.
Otro caso extraordinario es el de aquella mujer que había tenido
tres abortos y decidió que plantaría en su jardín tres rosales
para no olvidarse nunca de estos niños, a quienes ya había puesto
un nombre. Al llegar a su casa, ocurrió algo que la conmovió; su
hijo mayor había comprado tres rosales de distintos colores para
ella. ¿Quién le había comunicado sus pensamientos a su hijo
mayor?
El P. John Hampsch afirma que es muy importante ponerles un
nombre a estos niños muertos sin bautismo y ofrecerlos a Jesús. Y
cuenta un caso que le ocurrió durante una misa en Canadá. Uno
hombre dio el siguiente testimonio:
“Entre 1958 y 1963 mi mujer tuvo cinco abortos. Yo tenía un
gran sentimiento de culpabilidad. Ayer cuando Ud. dijo que debíamos
poner un nombre a estos niños, nosotros nos sentamos y lo hicimos.
Mi esposa puso nombre a tres y yo a dos. Durante la misa (en visión
interior) vi a Jesús delante de mí y me dijo que no me preocupara,
que no me sintiera mal, porque ya esos cinco niños estaban en sus
brazos y a salvo en el cielo. A partir de ese día, nuestro amor
mutuo ha crecido inmensamente”.
Nosotros sugerimos una breve oración para estos casos:
"Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos regalado
a (decir nombre) como nuestro hijo, que estará contigo para
siempre. Perdónanos los errores que hemos cometido. Te lo
entregamos en tus brazos divinos por medio de María. Jesús, divino
Salvador, bautízalo en tu amor divino y gracias por haberlo salvado
y habernos sanado y liberado de nuestra angustia y sentimiento de
culpabilidad. Gracias, Espíritu Santo, ven sobre todos nosotros y
haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu amor, en el tiempo
y para la eternidad”. Amén.
CONSIDERACIONES FINALES
Pensemos que cada año hay en el mundo más de sesenta millones
de abortos provocados (más de 165.000 cada día) y muchos otros
millones de niños muertos antes del uso de razón sin estar
bautizados. Pensemos en tantos miles y miles, fecundados “in vitro”,
“fabricados” en el laboratorio y después desechados como “material
biológico sobrante” o que mueren en experimentos “científicos”
o en prácticas de fecundación artificial o de clonación de
embriones, y en tantos embriones (seres humanos ya) congelados en
bancos de embriones, que no han tenido el calor y el amor de una
madre...
Quizás el plan de Dios para ellos era de 80 años y les han
cortado la posibilidad de realizarse humana y espiritualmente. Por
eso, la Iglesia castiga con excomunión automática (Cat 2272 y
canon 1398) a los que procuran el aborto. El aborto es uno de los
pecados más graves que se pueden cometer.
Sobre el aborto, es interesante anotar el testimonio de Bernard
Nathanson, considerado por muchos como el rey del aborto. En su
libro autobiográfico “La mano de Dios”, nos habla de que era el
director de la clínica abortista más grande del mundo en Nueva
York. Personalmente, dirigió alrededor de 75,000 abortos y con sus
propias manos realizó más de cinco mil. Cuenta cómo algunos de
sus médicos sufrían pesadillas y gritaban por las noches, hablando
de sangre y cuerpos de niños rotos. Algunos de ellos tuvieron que
acudir al siquíatra, otros se volvieron alcohólicos, otros tomaban
drogas o tuvieron que abandonar la clínica, porque no podían
soportar aquella situación.
Él mismo cuenta:
“Me despertaba cada día a las cuatro o cinco de la mañana,
mirando la oscuridad y esperando que se encendiera un mensaje
declarándome inocente frente a un jurado invisible... Había
realizado muchos miles de abortos en niños inocentes y había
fallado a mis seres queridos... Cuando escribo esto, yo he pasado
por toda la panoplia de remedios seculares: alcohol,
tranquilizantes, libros de autoasistencia, consejeros. Incluso me he
permitido cuatro años de psicoanálisis a principios de los
sesenta... Yo me despreciaba a mí mismo. Quizás había llegado,
por fin, al principio de la búsqueda de la dignidad humana”.
Su sufrimiento interior y su ateísmo práctico le llegó a ser
insoportable. El peso de su conciencia y la sangre de estos niños
que clamaban a Dios como la sangre de Abel (Gén 4,10) parecía que
lo iban a volver loco. Y sólo el Amor podía sanarlo. Sí, el Amor
con mayúscula, el Amor de Dios. El amor de Dios que salva también
a estos niños que viven y mueren sin amor. Él tuvo la gracia de
reconocer su error y, a través del video “El grito del silencio”,
donde se ve el sufrimiento de estos niños, reconoció que eran
seres humanos y que no podía seguir más por ese camino de sangre y
violencia, y se convirtió. Él nos cuenta:
“El 9 de diciembre de 1996, a las 7,30 de un lunes, en la
solemnidad de la Inmaculada Concepción, en la cripta de la catedral
de San Patricio de Nueva York, la ciudad del hombre, el Dr. Bernard
Nathanson se convirtió en hijo de Dios, incorporándose al Cuerpo
Místico de Cristo en su única Iglesia. El cardenal John O’Connor
le administró los sacramentos del bautismo, confirmación y
comunión... fue un momento muy difícil. Estaba completamente
emocionado. Y después cayó esa fría agua purificadora sobre mí y
voces suaves y un inexpresable sentimiento de paz... No puedo decir
lo agradecido que estoy ni la deuda tan impagable que tengo con
todos aquellos que han rezado por mí durante todos estos años en
los que proclamaba públicamente mi ateísmo y mi falta de fe. Han
rezado tenaz y amorosamente por mí. Estoy convencido de que esas
oraciones fueron escuchadas. Ahora estoy simplemente en las manos de
Dios”.
¡Qué transformación tan radical! En el momento de su bautismo,
Dios, compasivo y misericordioso, limpió su alma de todos sus
pecados y la dejó limpia como la de un niño recién nacido. ¡Qué
bella sería su alma en ese momento! ¡Qué grande es el bautismo!
¡Qué maravilloso es nuestro Dios, todo amor y misericordia!
La Madre Teresa de Calcuta, según relatan algunas religiosas de
su Congregación, iba a algunas clínicas abortistas a pedir que le
regalaran esos abortos, esperando que algunos estuvieran todavía
vivos para que los pudieran mecer y acariciar y bautizar y así
pudieran morir llenos de amor. Rezaba por todos estos niños
abortados, considerándolos como sus hijos y dándoles todo su amor,
aun después de muertos, esperando en la misericordia de Dios. Y
estamos seguros de que Dios escucharía con agradecimiento su
oración, porque creemos que estos niños también se salvan.
Ahora bien, ¿todos se salvan inmediatamente después de su
muerte? Hemos dado algunas razones para pensar en la posibilidad de
un tiempo de espera para estos niños antes de “entrar” al
cielo. Lo de menos es el nombre que le demos a este estado de espera
temporal. En él, no solamente hay niños, sino también adultos
que, por diversas causas, carecieron del suficiente uso de razón
para hacer actos plenamente humanos y, por tanto, para pecar
mortalmente y murieron sin bautismo con el solo pecado original. Por
ejemplo, muchos enfermos mentales o con graves problemas
sicológicos.
Pero ¿cuánto tiempo podrían necesitar para llegar a la
plenitud del amor de Dios y “entrar” en el cielo? Depende de
cada caso. Los casos más dramáticos son aquellos en que estos
niños son consagrados a Satanás y sacrificados por sus propios
padres en reuniones satánicas.
La organización Childwatch de Inglaterra afirma que cada año
son sacrificados cientos de niños en el mundo en reuniones
satánicas, donde hasta beben su sangre y comen su carne
(canibalismo). Muchos de estos niños son comprados a sus padres,
muy pobres, con la falsa promesa de darles toda clase de comodidades
para un futuro mejor.
El abate Florent Milumba Bwasa, vicario general de la diócesis
de Libreville (Gabón), ha publicado testimonios de algunos padres
de familia, que para conseguir poder, ofrecen y sacrifican a sus
propios hijos a Satán (revista “La Lumiére” N° 23 del 4 de
noviembre de 1992).
Y estos niños, ¿no sentirán un dolor profundo en su alma,
cuando son descuartizados por el aborto? ¿Qué podrán sentir al
ver que comen su cuerpo como un manjar delicioso en algunos
restaurantes de Taiwán o que los usan como medicina en algunos
laboratorios sin el menor respeto ni amor por su persona? Estos
niños son tan seres humanos como nosotros y, si su cuerpo es
pequeñito, su alma es tan grande como la nuestra. Hombres
pequeñitos, pero de alma grande. En estos casos, en que no han sido
queridos por nadie y hasta han sido maltratados y rechazados,
probablemente necesitarán más tiempo de espera temporal hasta que
encuentren alguien que ore por ellos o Dios, en su infinita
misericordia, les aplique las oraciones de personas buenas en virtud
de la fe y el amor de la Iglesia universal, por los méritos
infinitos de Jesús. Por eso, es tan importante ponerles un nombre,
celebrar una misa por ellos, bautizarlos espiritualmente,
consagrarlos al Señor y orar por ellos.
Ya hemos visto anteriormente cómo, cuando esto ocurre, se
produce una especie de “sanación” en su alma, descubren la luz
y el amor y encuentran la felicidad del cielo. Y, en ese momento su
felicidad pareciera que la contagiaran a sus propios familiares,
pues hasta se sanan muchos de ellos de graves enfermedades. De esto
hemos hablado ampliamente, al referirnos a las investigaciones del
Dr. McAll y otros líderes carismáticos.
Por todo lo cual, creemos que puede existir ese estado temporal
de limbo en el que estos niños todavía necesitan nuestra ayuda
espiritual para ser liberados y llegar al cielo, donde serán ya
plenamente felices por toda la eternidad. Y, desde el cielo, podrán
interceder por nosotros y bendecir especialmente a su familia como
ángeles y santos de Dios. PALABRAS DE UN NIÑO ABORTADO
“De momento me llamo Nonato (no nacido). Es un nombre
genérico. Lo llevo hasta que mi madre me dé un nombre tan pronto
como tome conciencia de mí. Por las noticias que tengo, mi padre es
un pobre hombre, un irresponsable. Puede servirle como atenuante
todo lo que ve cada día en la televisión. ¿Mi madre? Siento una
ternura profunda por mi madre... No estoy solo ¿sabes? Si supieras
lo numerosos que somos. Ni siquiera cabemos en la catedral...
Nosotros somos víctimas de egoísmos infinitos, pero no podemos
acusar a nadie. No estamos aquí para eso. Yo no me atrevo a acusar
a mi madre, que era tan pobre. La quiero y, pensando en ella, me
siento en paz. Nos hemos reunido aquí, en la catedral, para orar y,
sobre todo, para amar a quienes nos han hecho daño...
(Y aquellos pequeñines, cansados, se durmieron en paz)”
CARTA DE UNA MADRE A DIOS
“Querido Dios:
He llegado a un momento de mi vida en que te necesito más que en
cualquier otro. He abortado a mi hija. Y tengo que vivir con el
remordimiento de que yo le quité la vida. Sé que amas, porque
amaste a quienes le quitaron a vida a tu propio Hijo Jesús.
Necesito creer en tu perdón y en el perdón de mi hija para
perdonarme a mí misma.
Ayúdame a sentir tu perdón, Señor, a recuperar mi propia
integridad. Estoy destrozada. No permitas que vuelva a alejarme de
Ti. No importa las pruebas que me mandes, déjame sentir tu amor.
Ayuda a todas las personas que comparten el dolor del pecado que
hemos cometido. Cuídanos, Señor, y ayúdanos a sanarnos. Y, sobre
todo, cuida a nuestros hijos. Los hemos puesto en tus manos divinas.
Permite que María, madre de todos nosotros, los cuide hasta que
podamos reunirnos con ellos. Cuéntale a nuestros hijos cuánto los
amamos y cuánta falta nos hacen. Gracias, Señor”.
Cathy.
MENSAJE A LOS PADRES DE LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO
Queridos papás:
Dios les había regalado un hijo, pero en sus planes divinos lo
recogió prematuramente. No importa ahora saber, si tuvieron alguna
responsabilidad en su partida de este mundo. No importa tampoco
saber quiénes tuvieron alguna responsabilidad o negligencia. Lo
importante ahora es saber que ese niño, por no estar bautizado,
está reclamando el amor y el cariño de sus padres y familiares.
Dios quiso que ustedes fueran colaboradores suyos en darle la vida y
ahora quiere que también sean sus colaboradores en darle ese amor
que necesita para sentirse amado y abrirse al amor y así encontrar
la paz y felicidad eterna.
Les recomiendo ponerle un nombre y mandar celebrar una misa por
él. Y darle todo su cariño con sus oraciones y obras buenas. Y,
cuando conozcan de alguien que perdió también a su hijo, háblenle
de darle amor y “bautizarlo con su amor”. Nunca rechacen a los
niños. Amen a todos los niños nacidos o por nacer, hagan felices a
todos los niños.
Que Dios los bendiga. Que su hijo sea para ustedes como un ángel
del cielo que los ayude en su caminar. Saludos del ángel de su
hijo.
CONCLUSIÓN GENERAL
LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO SON SALVADOS POR LA MISERICORDIA
DE DIOS Y LOS MÉRITOS INFINITOS DE JESÚS EN VIRTUD DE LA FE DE LA
IGLESIA, PERO MUCHOS DE ELLOS PUEDEN NECESITAR DE NUESTRAS
ORACIONES, MIENTRAS ESTÉN EN UN ESTADO DE LIMBO TEMPORAL HASTA QUE
LLEGUEN DEFINITIVAMENTE AL CIELO.
Después de haber analizado los diferentes aspectos del tema de
los niños muertos sin bautismo y, sabiendo que es un tema opinable,
dado que la Iglesia no se ha definido todavía dogmáticamente sobre
él, consideremos que la posibilidad de la existencia del limbo
temporal para la inmensa mayoría de estos niños, es algo más que
probable. La Iglesia sólo nos invita a “orar por su salvación”
(Cat 1283), abriendo así la posibilidad de que estos niños
necesiten realmente de nuestras oraciones.
Además, ya hemos dicho que los que afirman que estos niños son
salvados inmediatamente después de su muerte, no pueden probarlo ni
con textos de la Escritura ni con textos del Magisterio ni de otra
manera. Por tanto, hablando de posibilidades, de ninguna manera se
podría descartar la posibilidad de existencia del limbo de los
niños temporalmente.
Ya hemos hablado de que, en el caso de algunos de estos niños,
cuyos padres son buenos creyentes y han orado por ellos antes de
morir, pueden haber ido directamente al cielo. El deseo de sus
padres y su oración habría sido para ellos como un bautismo de
deseo o un bautismo vicario de deseo, que los habría salvado.
Por otra parte, hemos presentado muchos testimonios de personas
dignas de fe sobre la necesidad de oración que tienen estos niños,
lo cual nos indicaría que están todavía en un estado de limbo
temporal o cielo infantil o cielo natural. Lo de menos es el nombre.
El gran misionero carismático P. James Manjackal habla de haberlos
visto después de bautizarlos espiritualmente como ángeles o santos
del cielo, que vienen a agradecérselo y a prometerle ayuda para su
ministerio pastoral a lo largo del mundo.
Ciertamente, es muy consolador para los padres de estos niños,
muertos sin bautismo, saber que con un bautismo espiritual o con una
misa pueden llevar al cielo a sus hijos y poder contar con su ayuda
espiritual, pues serán como angelitos, que bendecirán a toda su
familia. Incluso, como dice el Dr. Kenneth Mcall, muchos familiares
son sanados de enfermedades, que parecían incurables. Y esto mismo
certifican los jesuitas Matthew y Dennis Linn, y otros líderes
carismáticos.
Ojalá que los padres de lo niños abortados (voluntaria o
involuntariamente) puedan ponerles un nombre, bautizarlos
espiritualmente, mandar celebrar una misa por ellos y darles todo su
amor, acogiéndolos como parte de su familia. Deben pensar que no es
lo mismo haberles dado la vida que no haberlos tenido nunca. Un hijo
es una bendición de Dios y, si este hijo está en el cielo,
intercederá y obtendrá infinidad de bendiciones para toda familia.
Ojalá que haya también muchos padres espirituales, que adopten a
estos niños como hijos y oren por todos los niños del limbo.
¿Te imaginas la sonrisa de sus ángeles custodios el día en que
estos niños sean salvados y entren en el cielo con su corazón
lleno de amor? ¿Te imaginas la alegría del Padre Dios? ¿y de
María, nuestra Madre?
Yo me imagino que el día en que entren al cielo y vean a su
Padre Dios y a una multitud de hermanos que los esperan, se
sentirán tan felices que sonreirán con toda su alegría y
bendecirán a sus familiares y a sus padres adoptivos, si los
hubiere. Y ¿qué puede haber más hermoso que la sonrisa de un
niño pequeño que ríe feliz? Haz felices a estos niños y Dios te
lo premiará y tendrás unos grandes amigos en el cielo.
“Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el
estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo
explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida,
pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un
caso semejante me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento
para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin
de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan
compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos”
(12-4-1820). “Se debe orar especialmente para que ningún niño
muera sin bautismo” (12-1-1820).
(Beata Ana Catalina Emmerick)
“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o
abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar
intermedio que se puede llamar limbo o cielo infantil. La
responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros. Lo podemos
hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa
por ellos”.
(María Simma)
“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los
niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber
sido bautizados en espíritu. Algunos dan testimonio de que, cuando
necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya
salvados.
Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han
venido a darles su perdón y a consolarlas. Yo conozco a mucha gente
que tiene contacto con estos niños salvados.
Yo también los he visto, después de bautizarlos, con las caras
resplandecientes y me han prometido ayuda espiritual".
(P. James Manjackal) “Estoy recogiendo de todas partes del
mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y
depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado. Hijos
predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a su
encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre
celestial. Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos,
cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de
sus madres. El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia
por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los
que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de
deseo y de sangre, que los salva a todos” (8 setiembre 1983).
(La Virgen María al Padre Esteban Gobi) BIBLIOGRAFÍA
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