HOMOSEXUALES LIBERADOS
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2009 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA HOMOSEXUALIDAD El verdadero amor ¿Qué es la
homosexualidad? Causas de la homosexualidad. El mito del 10%.
Pederastia y homosexualidad. Activistas homosexuales. ¿Matrimonios
de homosexuales? Adopción de niños. ¿Paraíso o infierno gay?
SEGUNDA PARTE: HAY ESPERANZA ¿Qué dice la Biblia? Doctrina de
la Iglesia. Asociación de médicos católicos de USA. Testimonios.
Hay esperanza. Instituciones de curación.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro deseo dirigirme especialmente a aquellos católicos
que sienten una fuerte inclinación homosexual y que todavía
conservan su fe en Dios y confían en la Iglesia. Por supuesto que
este libro también puede servir a todos los que lo lean con buena
voluntad con el deseo de cambiar su vida. Porque todos deben tener
muy claro que la homosexualidad es un síntoma de problemas
emocionales no superados y que, por tanto, en cuanto trastorno
sicológico, puede ser curado como cualquier otro. Lo que pasa es
que, muchas veces, a los niños, desde la escuela primaria, se les
dice que el ser homosexual es una cosa totalmente normal. Y muchos
adolescentes, con ciertos tipos de complejo de inferioridad y con
problemas afectivos, pueden sentirse influenciados a seguir este
camino equivocado, cuando oyen a un profesor o a una persona de
autoridad que les dice que eso es algo innato y natural.
Es muy importante que a los niños se les enseñe que los
sentimientos homosexuales en la adolescencia pueden ser sólo
cuestión de desarrollo afectivo y que pueden desaparecer con un
poco de ayuda y orientación. Deben aclararles que la verdadera
homosexualidad no existe, porque nadie nace siendo así. Por otra
parte, en el caso de que les digan, como de hecho lo están
haciendo, que es algo innato y que uno que es gay lo es para
siempre, deberían decirles también que este género de vida les
llevará a muchos sufrimientos; que deben cuidarse para evitar
enfermedades de transmisión sexual y que el estilo de vida gay
reduce la esperanza de vida del homosexual en más de 20 años con
relación a las personas heterosexuales.
Por mi parte, quisiera decirles a todos los que sienten esta
inclinación que hay esperanza, que no se desesperen, que Dios los
ama y quiere sanarlos. Si sus padres o sus compañeros no los
aceptan, Dios sí los ama y los acepta siempre; y que pueden curarse
con ayuda de algún terapeuta experimentado. Hay miles de ex-gays
que pueden dar testimonio de su curación, que ahora son felices,
llevando una vida de castidad o que han podido casarse y tener una
hermosa familia. Veremos algunos ejemplos.
Te deseo lo mejor y que seas feliz, amando sinceramente a Dios y
a los demás, porque el amor sana y el odio destruye. Ama y perdona
a quienes te han hecho daño, y Dios te bendecirá.
PRIMERA PARTE
LA HOMOSEXUALIDAD
En esta primera parte, deseo aclarar qué es la homosexualidad y
sus causas para que podamos comprender por qué el estilo de vida
gay no es un paraíso, sino más bien todo lo contrario.
EL VERDADERO AMOR
El verdadero amor es lo que da sentido a la vida. Es el
ingrediente esencial de toda vida humana auténtica. Una vida sin
amor está vacía y sin sentido. Dios nos ha creado por amor y para
amar. El material constitutivo de nuestro ser más profundo es el
amor. Por eso, debemos distinguir muy bien entre amor y sexo. Todos
tenemos obligación de amar a todos sin excepción. Es el primer y
principal mandamiento de la ley de Dios. Pero eso no supone que
debamos necesariamente tener relaciones sexuales.
Hay quienes creen que sin sexo no se puede ser feliz. Promueven
las relaciones sexuales a diestra y siniestra en los medios de
comunicación como si una vida feliz debiera tener el ingrediente
sexual obligatorio. Siguiendo este camino, rechazan toda norma moral
y propician una libertad total sin restricciones de ninguna clase.
Así van cayendo en el vicio y en la búsqueda angustiosa del placer
sexual hasta llegar a aberraciones contra natura, que nunca los
hará felices, sino esclavos de su egoísmo.
El amor verdadero no hay que confundirlo con el amor carnal. Ya
decía san Pablo que el amor es paciente y servicial. No es
envidioso, no presume ni se engríe, no se irrita, no busca el
propio interés, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra
con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo
lo soporta. El amor es eterno (1 Co 13, 4-8). Precisamente, el amor
de los activistas homosexuales es todo menos eterno y fiel, como
veremos.
El amor verdadero viene de Dios (que es Amor) y nos lleva a Dios.
Si lo que llamamos amor, nos aleja de Dios y de los demás,
encerrándonos en nuestro egoísmo, podemos asegurar que no es amor
auténtico.
Por esto, la sexualidad humana debe estar fundamentada en el
amor. Dios ha creado a los seres humanos sexuados hombre y mujer; y
ambos son necesarios y se complementan mutuamente. Dios ha querido
ambos sexos en su plan creador. Cada sexo tiene sus notas
peculiares. El hombre con su fuerte actividad creadora, lleno de
energía y voluntad. La mujer con su ternura, llena de cariño para
todos los que la rodean. Su fuerza y su espíritu de lucha no serán
tan grandes como en el hombre, pero tiene mayor paciencia y
perseverancia. Y Dios quiso que ambos se complementaran por el amor.
El amor es la base de la vida humana. Es la vocación fundamental e
innata de todo ser humano (Cat 2392). Y la sexualidad debe estar
ordenada por un verdadero amor. De ahí que quienes procuren
encerrarse en su egoísmo y buscar el placer por el placer, pierden
el rumbo de su vida, como ocurre en el caso de las prácticas
homosexuales. Para recuperarse es preciso recobrar el sentido del
verdadero amor, superando los traumas o heridas que los encierran en
sí mismos.
¿QUÉ ES LA HOMOSEXUALIDAD?
Dice el Catecismo de la Iglesia católica: La homosexualidad
designa las relaciones entre hombres y mujeres, que experimentan una
atracción sexual exclusiva o predominante hacia personas del mismo
sexo (Cat 2357).
Por supuesto que no todos los homosexuales lo son de la misma
manera. Hay quienes se sienten atraídos por cualquier hombre, otros
por cierto tipo de varones. Algunos tienen obsesiones sexuales y
fantasías permanentes con deseos compulsivos. Unos desean
compañeros de su misma edad, otros prefieren mayores o más
jóvenes, incluso adolescentes o niños. Algunos, con el tiempo,
cambian sus preferencias. Unos desempeñan predominantemente papel
activo, otros el pasivo, mientras que la mayoría no tienen papel
fijo. Algunos de ellos, pueden experimentar también la atracción
heterosexual, son los llamados bisexuales. Hay quienes tienen de
forma esporádica impulsos heterosexuales y otros que apenas tienen
ninguno. Son los llamados homosexuales exclusivos. Algunos desean
tener un compañero para una relación duradera, otros no.
De todos modos, hay que decirlo en voz alta: hay cientos de
homosexuales que viven en castidad. Son personas que hay que alabar
y a quienes la Iglesia acoge con cariño y los anima a seguir por
ese camino, ayudando siempre y haciendo el bien a los demás. Una
vida de soltero, reforzada por la fe, puede resultar heroica en
algunos casos. Por eso, dice el doctor Gerard van den Aardwerg,
especialista en terapia de la homosexualidad y profesor de
Sicología de la universidad de Ámsterdam: Conozco un grupo de
homosexuales de Nueva York, llamado Coraje (Courage). Sus miembros
trabajan duramente por llevar una vida cristiana y, en concreto, una
vida sexual casta. Estos hombres se convierten en modelos de
fortaleza y coraje para muchos otros, incluidos los heterosexuales.
El problema está en aquellos que se dejan llevar de su
inclinación y practican actos homosexuales. Debemos decir
claramente que todo acto homosexual es siempre perjudicial para la
salud, totalmente antihigiénico y un acto de violación del cuerpo
humano, que va en contra del plan creador de Dios. Este acto daña
directamente los tejidos anales y ha sido uno de los factores más
importantes para la extensión de la epidemia del SIDA. Si Dios
hubiera creado a los homosexuales y los hubiera querido como tales,
hubiera creado para ellos algún órgano diferente con el que
naturalmente hubieran podido satisfacer su instinto sexual. Si la
homosexualidad fuera natural y genética, debería ser permanente,
para toda la vida y, sin embargo, existen miles de homosexuales
transformados en hombres y mujeres libres, que han recuperado su
heterosexualidad.
Por eso, es tan importante saber que hay esperanza y que la
curación es posible. Es lo mismo que si uno nace enfermo del
corazón o del hígado o de los riñones. ¿Dios los quiere así?
¿Acaso Dios no quiere su curación? ¿Por qué no curarse, si ello
es posible? Quizás algunos soporten toda la vida las limitaciones
de su enfermedad. Pero, ¿son por ello menos como personas? ¿Son
menos valiosos por no poder casarse y no tener relaciones sexuales?
El valor y la felicidad no está en el cuerpo, sino en el alma. Y
hemos sido creados para amar. Por eso, cuando un hombre sabe amar de
verdad y abre su alma con alegría a Dios y a los demás,
encontrará automáticamente la felicidad de amar y sentirse amado,
al menos por Dios.
Lamentablemente, muchos homosexuales activos se encierran en sí
mismos, buscan el placer por el placer, se hacen cada vez más
egocéntricos y se vuelven más y más incapaces para amar de
verdad. Amar es darse uno mismo y ellos, al buscarse a sí mismos en
el placer sexual, pierden fácilmente el sentido de la fidelidad,
buscan nuevas parejas y nuevas experiencias sexuales cada vez más
fuertes. Y así van cayendo en los vicios, alejándose de Dios y de
la moral, produciéndose a sí mismos nuevos sufrimientos. Porque el
estilo de vida gay, no es un paraíso de rosas, ya que muchos de
ellos buscan ayuda sicológica y no faltan quienes atentan contra su
vida. Sin embargo, Dios los ama y siempre los está esperando con
amor. ¿Por qué no buscarlo cuanto antes?
CAUSAS DE LA HOMOSEXUALIDAD
Dice el doctor Gerard van den Aardwerg: La teoría de que la
homosexualidad es genética y hereditaria sobrevive, gracias a los
esfuerzos de los homófilos militantes y de sus protectores
libertarios, a pesar de la creciente evidencia de lo contrario.
Repetidas veces, se ha hecho pública una investigación que apoya
la idea de su normalidad. Un ejemplo reciente es el informe de Bell
y sus colaboradores, que defienden que es altamente probable la
existencia de una base biológica de la homosexualidad y, entre sus
conclusiones, diseñan una moral con que los padres deberían educar
a sus hijos de acuerdo con su naturaleza...
Pero su trabajo es una manipulación de la opinión pública. De
hecho, uno de los autores es reconocido por su postura
prohomosexual. Las estadísticas recogidas por los investigadores no
tienen nada que ver con datos biológicos, sino con la niñez y el
comportamiento social de homosexuales que actúan como tales. Bieber
y sus colaboradores descartaron la tesis genética en base a que el
27% de los casos investigados, habían dejado de ser homosexuales y
se habían transformado en heterosexuales. Estudios sobre la
homosexualidad en gemelos idénticos (monocigóticos) sugieren que
el determinismo genético es altamente improbable; porque, si la
homosexualidad fuera determinada antes de nacer, uno esperaría que
el 100% de los gemelos idénticos fueran completamente iguales, es
decir, ambos heterosexuales o ambos homosexuales. Y esto no ocurre
así; está comprobado con historias clínicas de gemelos idénticos
que la orientación sexual depende de otros factores y no de los
genes.
Francis S. Collins, genetista norteamericano, premio Príncipe de
Asturias en investigación científica y técnica de 2001, que el
2005 con su equipo científico ha ordenado y clasificado el genoma
humano, que según algunos ha sido el mayor descubrimiento
científico de nuestra época, ha afirmado claramente que no hay un
gen homosexual, pues la orientación sexual no viene determinada por
el ADN. La teoría de la sexualidad innata, genética, no puede
sostenerse.
Algunos han sugerido que se deba a las hormonas. Pero, según
Perloff, un experto en este campo: Es un fenómeno puramente
sicológico y no puede ser cambiado por sustancias endocrinas.
En 1991, se habló de una cierta particularidad en una región
del cerebro, constatada en determinados homosexuales; algunos
hicieron correr en 1993 la noticia de que habían descubierto un gen
homosexual. Pero estas noticias no han podido superar un análisis
profundo. Al contrario, los resultados de recientes investigaciones
sobre gemelos, han hecho cada vez más improbable una explicación
genética o hereditaria.
El doctor Le Vay que fue, según algunos, el que descubrió la
supuesta zona del cerebro, que era distinta en los homosexuales,
afirmó: No he probado que la homosexualidad sea genética. Ni he
encontrado una causa genética para ser gay. No demostré que los
hombres gay nazcan así. Eso es un error a la hora de interpretar mi
trabajo. Ni siquiera ubiqué un punto gay en el cerebro... Como
estudié cerebros adultos, ignoramos, si las diferencias que
encontré, estaban ahí desde el nacimiento o si aparecieron más
tarde.
Entonces, ¿cuáles son las verdaderas causas que producen esta
diferencia en la orientación sexual? Según el doctor Richard
Cohen, la homosexualidad es un síntoma que supone traumas
infantiles sin resolver, emociones arcaicas, sentimientos
congelados, heridas que no han sanado... La necesidad de amor homo
emocional es una fuerza inconsciente hacia la unión entre un hijo y
su padre o entre una hija y su madre. Ésta es una profunda y oculta
herida en el alma de quien experimenta la atracción hacia las
personas del propio sexo.
Casi la cuarta parte de los casos de hombres homosexuales
experimenta la figura del padre como algo negativo. Su padre lo
critica y él se siente rechazado o menospreciado. Este rechazo de
su padre puede ser, en muchos casos, un factor fundamental de
sentirse excluido del mundo masculino. Para un chico, su padre es el
prototipo de hombre. Sentirse apreciado por el padre es esencial
para su autoconfianza como hombre. Lo mismo sirve esta conducta para
la chica en relación con su madre.
Aparte de ello, los chicos son objeto de burlas por parte de sus
compañeros, que los consideran más débiles físicamente y les dan
apodos como marica, muñequita…
Una lesbiana resume así su distanciamiento con su madre: Mi
madre hacía cualquier cosa por mí, pero yo apenas podía hablar
con ella sobre mis asuntos personales y emocionales. Otras dicen: Mi
madre nunca tenía tiempo para mí. Mi madre tenía más contacto
con mi hermana que conmigo. Ella no me dejaba hacer nada y me ha
tratado como una niña pequeña, siempre estaba enferma, estuvo
internada varias veces en una institución mental o abandonó a mi
familia, cuando yo era muy niña. Algunas lesbianas hablan de que su
madre hubiera preferido un varón y la estimularon a tener un
comportamiento masculino para poder ser aceptada y querida...
En el 60-70% de los casos, la madre, de una forma o de otra, ha
sido demasiado interesada, sobreprotectora, dominante, entrometida,
mimosa, intrigante. Ha tratado a su hijo como un bebé o como su
favorito y confidente. Y estas influencias han hecho al niño
dependiente y débil, sofocando su espíritu emprendedor, su coraje
y autoconfianza. Estas madres transmiten a sus hijos una actitud
temerosa ante la vida. Sus hijos serán muy cohibidos, obedientes,
tímidos. Quien quiera ver los efectos perniciosos de este amor
enfermizo madre-hijo, puede leer la vida del novelista francés
Marcel Proust, que escribía cartas de amor a su madre, cuando era
adolescente, viviendo juntos en la misma casa.
Otro punto importante de desequilibrio es la mala relación
padre-hijo. Según el siquiatra Bieber, ninguno de sus pacientes
había tenido una relación normal padre-hijo. En la mayoría de los
casos, el padre estaba alejado y no se involucraba en la vida
cotidiana ni en los intereses de su hijo. Mi experiencia es la
misma. El estudio de 120 de mis pacientes masculinos dio por
resultado que en tan sólo dos o tres casos, la relación padre-hijo
podía ser considerada positiva. Incluso, en estos casos, la
relación padre-hijo era distante. Por eso, podemos afirmar que rara
vez la relación padre-hijo es positiva y que el hombre que
desarrolla un complejo de inferioridad homosexual no ha tenido la
oportunidad de conocer a su padre como un auténtico padre.
Hay padres que están demasiado ocupados o lejos de la familia.
Otros pueden tener personalidades débiles, poco masculinas, y
demasiado dependientes o temerosas y que son flojos como modelos de
virilidad. A otros, por ser demasiado viejos, les falta el dinamismo
juvenil, no juegan con sus hijos ni los animan a desarrollar sus
actividades masculinas. El resultado es una alteración en el
comportamiento de los hijos que se ve afectado, pareciéndose a un
pequeño viejecito.
La doctora Elizabeth Moberly acuñó el término necesidad de
amor homo emocional, que luego sería difundido por el doctor Joseph
Nicolosi. Es decir, que el homosexual necesita del amor de su padre
o la lesbiana de su madre. Y, al no encontrarlo en ellos, lo busca
en otro hombre o en otra mujer respectivamente. Dice el doctor
Richard Cohen: En las personas homosexuales existe un sentimiento de
inadecuación y de estar incompletos en la esencia interior de su
ser. Por eso, buscan en otra persona de su mismo sexo la parte de
ellos mismos que les falta. Se sienten, al menos de forma
momentánea, enteros y más completos a través de un contacto o de
una unión con otra persona de su mismo sexo.
En el caso de un varón, puede haber existido una relación
madre-hijo anormalmente íntima... Puede ser que se sobreidentifique
con su madre y su feminidad y se deje de identificar con su padre y
su masculinidad. Después, en la pubertad, el hijo puede
experimentar atracción sexual hacia su madre, lo que le lleva a un
extremo sentimiento de culpa y a la represión del normal impulso
sexual hacia las mujeres. Puede que, entonces, se vuelva hacia los
hombres, buscando intimidad y sexo, para no “traicionar” a su
madre ni volver a experimentar aquella culpa. Este proceso puede ser
completamente inconsciente. En el caso de las mujeres lesbianas, el
padre u otro varón significativo suele ser el abusador, que es
seguido por un abuso sexual femenino. El abuso puede ser sexual,
emocional, mental o físico. Esto deja a la niña profundamente
traumatizada con los hombres.
Uno de los rasgos característicos de los homosexuales es su
complejo de inferioridad con relación al propio sexo. Los demás
pueden parecerle superiores. Sus compañeros le parecen más
masculinos y más fuertes. En el caso de las chicas, las otras les
parecen más femeninas y más bonitas. Por eso, idealizan a los
miembros del mismo sexo, queriendo ser como ellos. Es por eso que,
en general, suelen tener un deseo imperioso de ser estimados y
desean llamar la atención. El niño que hay dentro de ellos, aunque
sean adultos, busca aprecio de modo tan insaciable como un niño de
verdad. Hay en ellos un egocentrismo mental, que se manifiesta,
especialmente, en sus fantasías sexuales y en sus deseos de ser
atractivos.
A veces, el complejo de inferioridad por ser pequeños, flacos,
gordos, enfermizos..., puede fomentar en parte esta inclinación,
aunque no es determinante de por sí. Lo que sí parece más cierto,
en general, es que los chicos con tendencia homosexual son más
sensibles que el resto, con mayores inclinaciones artísticas y
menos dados a los deportes y a los juegos bruscos, teniendo muy baja
autoestima. Esto puede llevarlos, en algunos casos, a la depresión
por sentirse diferentes.
Por supuesto que cada caso es un mundo diferente y sus causas
determinantes son personales. De ahí que el terapeuta debe buscar
en las profundidades de su siquismo para sacar a luz los traumas
recibidos en la infancia y adolescencia. En unos casos, la
inclinación sexual se dirige a personas mayores que ellos, como si
buscaran un padre o una madre; en otros, es hacia personas de su
misma edad, buscando en ellos lo que a ellos mismos les falta. La
mayor parte busca hombres fuertes, seguros de sí mismos, que es lo
que ellos quisieran ser. Lamentablemente, algunos homosexuales
activos practican actos perversos, haciendo las cosas más
extravagantes y deshonestas. ¿Por qué? Porque cada día buscan
nuevas experiencias para su insaciable apetito sexual y buscan el
placer sexual con un deseo compulsivo que les hace, a veces, llegar
a violaciones de niños.
Pero, sea cual fuere la causa de la homosexualidad en cada
persona, lo importante es saber que se puede curar, que nadie es tan
pecador que no pueda ser perdonado por Dios y que Dios los ama y los
espera para sanarlos y darles una nueva vida más humana y feliz.
Esta sanación puede venir por medio de terapeutas competentes o, a
veces, por medio de procesos verdaderamente extraordinarios, cuando
una persona se entrega totalmente en las manos de Dios y deja la
actividad homosexual para cumplir la voluntad de Dios.
EL MITO DEL 10%
Uno de los mitos que la propaganda de los activistas homosexuales
más suelen hacer creer es que los homosexuales son el 10% de la
población. Este porcentaje está basado en los fraudulentos
estudios de Alfred Kinsey.
Kinsey (1894-1956) ha sido uno de los principales promotores de
la liberación sexual. De niño estaba obsesionado con la
masturbación y sus deseos homosexuales. Se masturbaba
frecuentemente con métodos masoquistas y trató por todos los
medios de que la sociedad aceptara como normales la homosexualidad,
el masoquismo, la pedofilia, la bestialidad y otras conductas
sexuales desviadas. En cuanto a la bestialidad, decía que la
ciencia había descubierto que era un fenómeno prácticamente
universal y, por tanto, absolutamente natural.
Se casó con Clara Bracken McMillen en 1921 y tuvieron tres hijos
a quienes educaron en plena libertad sexual, animándoles a
practicar el nudismo. Cuando su esposa se enteró de su inclinación
marcadamente homosexual, lo apoyó en todo y ella misma tenía
relaciones con diferentes hombres a quienes Kinsey intentaba
seducir.
Fundó el Instituto Kinsey para la investigación científica de
las conductas sexuales a pesar de que no era siquiatra ni sicólogo
ni sexólogo, sino un simple profesor de biología, experto en la
clasificación de insectos en la universidad de Indiana.
Decía que el problema de la pedofilia (relaciones con niños),
no era que fuera antinatural, sino que la sociedad lo rechazaba al
igual que otras formas de comportamiento. Publicó dos libros para
justificar todas las conductas sexuales: Sexual behavior in the
human male (comportamiento sexual del hombre) en 1948 y Sexual
behavior in the human female (comportamiento sexual de la mujer) en
1953. En estos libros fabricó resultados con la tasa de 10% para
los homosexuales. El caso es que esta tasa del 10% todavía se sigue
publicando en libros de educación sexual para convencer a todos de
la normalidad de la homosexualidad y de la gran cantidad de
homosexuales que hay dentro de la sociedad para que así sean
aceptados más fácilmente.
Pero, según otros investigadores, los datos en los que se
fundamenta la investigación de Kinsey no son representativos de la
sociedad en general. Entre los encuestados por Kinsey (5.300) muchos
eran o habían sido prisioneros. Un alto porcentaje de ellos estaba
acusado de abusos sexuales (él tenía historias de unos 1.400).
Muchos de los que respondieron a su encuesta eran asistentes a
Seminarios sobre sexualidad a los que habían asistido para obtener
respuestas a sus problemas sexuales. Otros fueron reclutados entre
líderes homosexuales. Y, por lo menos, 200 de los encuestados
practicaban la prostitución. Ni siquiera el mismo Kinsey dijo
jamás que el 10% de la población era homosexual, sino solamente
dijo que el 10% de los hombres mayores de 16 años eran más o menos
exclusivamente homosexuales por períodos de hasta tres años. La
cifra que presentó de personas exclusivamente homosexuales durante
toda su vida, fue de un 4%.
El gobierno norteamericano llevó a cabo una encuesta nacional en
la universidad de Chicago a través del National Opinion Research
Center, que abarcó 1.537 adultos e informó que sólo el 0.6 al
0.7% había tenido relaciones exclusivamente homosexuales. Pero el
1.2% expresó haber realizado actividades homosexuales durante el
año anterior.
La encuesta del gobierno canadiense se realizó con un grupo de
5.514 estudiantes universitarios de menos de 25 años. Se pudo
observar que el 98% eran heterosexuales y el 1% bisexual y el 1%
homosexual. En una encuesta del gobierno danés, con 3.000 adultos
entre 18 y 59 años, se comprobó que se daban relaciones
homosexuales en un 2.7% de varones; pero, en menos del 1%, eran
exclusivamente homosexuales.
Según una encuesta del Instituto nacional de estadística de
España del 2004, se deduce que el 3% de la población española
entre los 18 y los 49 años declara haber mantenido relaciones
homosexuales alguna vez. Entre ellos hay, con seguridad, muchos
heterosexuales que, alguna vez, han experimentado este tipo de
actividad sexual, pero no son propiamente homosexuales de ninguna
manera. Por eso, según algunos, la proporción real de homosexuales
en España sería en torno al 1.5%.
Como diría el doctor Gerard van den Aardweg: Los pocos estudios
válidos, que se han llevado a cabo con grupos selectos apuntan como
mucho a un 2 ó 3% de la población. Otros estudios ni siquiera
apuntan al 1%. Lo que pasa es que se da desmesurada atención al
tema de los homosexuales en los medios de comunicación, y estar a
favor de la homosexualidad se ha convertido en un signo de progreso.
PEDERASTIA Y HOMOSEXUALIDAD
Sería una gravísima injusticia decir que los homosexuales son
todos pederastas, pero también es cierto que un gran número de
ellos lo son. En 1947, André Gide recibió el premio Nobel de
literatura. Escribió, entre otros, el libro Corydon, que constituye
como el primer manifiesto del movimiento gay. En este libro
distingue a los homosexuales en dos categorías separadas. Los que
prefieren hombres adultos y los que prefieren hombres jovencitos
imberbes, adolescentes, que son propiamente los pederastas, entre
los que él orgullosamente se anota y cuya práctica frecuentaba en
los barrios de Tánger y Casablanca en Marruecos. Según estudios
hay una relación significativa entre homosexualidad y pederastia
entre el 22 y el 60%.
Según estadísticas del gobierno de USA, en 1992, entre el 17% y
el 24% de chicos menores de 18 años han sido víctimas de abusos
sexuales por homosexuales, comparado con el de 0.09 de chicas
víctimas de abusos por heterosexuales. Como se ve la diferencia es
enorme.
Precisamente, muchos heterosexuales han tomado ese camino de la
homosexualidad por haber sido abusados por otros. Veamos dos
ejemplos reales.
El padre de Steve era alcohólico y abusaba físicamente tanto de
su mujer como de Steve. A la edad de seis años, un vecino abusó
sexualmente de él. Eso volvió a sucederle con nueve y diez años,
a manos de otros chicos mayores del vecindario. Estas experiencias,
unidas a su distanciamiento respecto de su padre, pusieron los
cimientos para una conducta activa de homosexualidad en su vida
adulta. Con un tratamiento eficaz, Steve fue capaz de dolerse por
las pérdidas del pasado y cortar los lazos que le unían con la
atracción hacia los de su sexo. Hoy está libre de deseos
homosexuales.
El padre de Howard pasaba mucho tiempo fuera de casa por viajes
de trabajo y, cuando volvía, era muy indiferente en la relación
con su hijo. Cuando Howard tenía cuatro años, un compañero de
colegio, llamado Robert, abusó sexualmente de él. Hacía algún
tiempo que conocía a Robert. Howard recibía atención, afecto y
también intimidad sexual de Robert. En el cuerpo de Howard se
formó un patrón que le indicaba que, para obtener el cariño de un
hombre, debía tener relaciones sexuales con él. Cuando fue adulto,
continuó teniendo relaciones homosexuales siempre que alguna
presión se cernía sobre su vida. Era su válvula de escape, su
receta para obtener vínculos con los varones.
Johnson y Shrier hallaron una fuerte correlación estadística
entre el abuso sexual infantil y la actividad homosexual en la
adolescencia y en el estado adulto. Los niños, que habían sido
agredidos por hombres adultos, tenían cuatro veces más
probabilidades de tener actualmente relaciones homosexuales que
aquellos que no habían padecido tales agresiones. Además,
descubrieron que aquellos que habían sufrido agresiones sexuales en
la infancia, se identificaban a sí mismos como homosexuales en una
proporción próxima a siete veces mayor, y, como bisexuales, casi
seis veces más que aquellos que no habían padecido las agresiones.
Según el Journal of the american medical Association, el 50% de
los hombres enfermos de SIDA habían tenido relaciones sexuales con
un hombre adulto antes de los 16 años y el 20% antes de cumplir 10.
En realidad, estudios científicos señalan que de cada tres
pedófilos uno es homosexual, cuando son como mucho un 2% entre la
población en general. Los homosexuales tienen unas doce veces más
probabilidades de molestar a los niños sexualmente que los
heterosexuales. Los profesores homosexuales son al menos siete veces
más propensos a molestar a un alumno y se estima que los profesores
homosexuales han cometido al menos el 25% de los actos sexuales
contra alumnos.
Es penoso comprobar que, en algunas oportunidades, hay niños que
son secuestrados para satisfacer las necesidades sexuales de algunos
homosexuales. Las revistas pornográficas homosexuales están
abundantemente ilustradas con actos sexuales que implican niños y
adolescentes. Pareciera que todo vale, pero las consecuencias del
abuso sexual duran para toda la vida.
Un niño abusado, aunque sea por sus compañeros mayores del
colegio, padecerá graves problemas sicológicos. Según algunos
estudios, un 75% consideró el suicidio como una alternativa; un 40%
lo intentó y un 15% se suicidó. El 85% de los niños abusados
sexualmente son adictos al alcohol o a la droga, y un 90% tiene
algún tipo de desorden depresivo.
Muchos de los violadores son personas cercanas o familiares. Y
normalmente son personas con impulsos sexuales compulsivos, es
decir, personas enfermas sexualmente hablando. Y, cuando un
homosexual adicto al sexo no tiene a un adulto de su mismo sexo
disponible y se presentan ciertas circunstancias, puede incurrir en
la violación para satisfacer su instinto insaciable.
Veamos el caso del escándalo de los sacerdotes. Hay que decir
con toda claridad que se han querido aprovechar estos casos para
desprestigiar a la Iglesia católica y a todos los sacerdotes en
general. Se han sacado casos de hace 30 y hasta 50 años; ha habido
muchísimas difamaciones. El caso más patente ocurrió en Brasil.
El 16 de noviembre de 2005, la revista brasileña ISTOE publicó un
informe en que se decía que en Brasil, según una investigación
del Vaticano, había 1.700 sacerdotes comprometidos en crímenes
sexuales. Fue una información totalmente falsa, pues se trataba de
1.700 sacerdotes encuestados y no culpables de ningún abuso.
Además, el Vaticano no había realizado ninguna investigación al
respecto. Por eso, el cardenal Geraldo Majella, presidente de la
Conferencia episcopal de Brasil, pidió a la revista que se
rectificara públicamente, cosa que no hizo.
¿Cuántos casos habrá habido de calumnias, buscando alguna
ganancia económica en los tribunales? También se han dado muchos
casos en los que se han denunciado a sacerdotes ya fallecidos, que
no podían defenderse. De todos modos, es cierto que en Estados
Unidos un número entre 60 y 100 sacerdotes han cometido abusos
sexuales con jóvenes y adolescentes. Según la investigación de la
Pensylvania State University, dada a conocer en un documento
titulado Pedophiles and priests, serían unos 60 sacerdotes
suspendidos por abusos sexuales.
El doctor Jenkins, que hizo la investigación, dijo: Los abusos
cometidos por clérigos son mucho menos frecuentes de lo que dan a
entender los titulares de los periódicos. Él mismo afirma que la
tasa de incidencia es mucho mayor entre maestros y otros
profesionales que trabajan con niños y jóvenes.
Sobre este tema, los cardenales norteamericanos, reunidos el
24-4-2002, manifestaron textualmente en un comunicado público: Si
bien los casos de pedofilia auténtica por parte de sacerdotes y
religiosos son escasos, todos reconocen la gravedad del problema. Se
ha destacado que, prácticamente, todos los casos han visto
implicados a adolescentes, por lo que no puede hablarse de casos de
pedofilia auténtica. De hecho, el 99% de todos los sacerdotes
involucrados en escándalos eran homosexuales. Por ello, el Papa
Benedicto XVI ha prohibido en absoluto que sean ordenados sacerdotes
quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias
homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la llamada cultura
gay.
¿Hay discriminación contra los homosexuales por no aceptarlos
para ser sacerdotes? Algunos dirán que sí, pero la experiencia es
madre de la ciencia y, por ello, la Iglesia no quiere tener más
escándalos que minen su prestigio por causa de sacerdotes
homosexuales. Los sacerdotes deben vivir el Evangelio con coherencia
y ser modelos para todos los fieles. La Asociación de médicos
católicos norteamericanos, en un comunicado del 29 de mayo del
2002, hablando sobre esto, decía:
Al tratar a sacerdotes involucrados en pedofilia, hemos advertido
que esos hombres, casi sin excepción, sufrían de negación de
pecado en sus vidas. No estaban dispuestos a admitir y solucionar el
profundo dolor emocional que habían experimentado en una niñez de
soledad, a menudo en su relación paterna, el rechazo de sus
compañeros, la falta de confianza masculina, la mala imagen
corporal, tristeza, rabia. Esta rabia, que se originaba mayormente a
partir de desilusiones y heridas con sus compañeros o padres y que,
a menudo, iba dirigida hacia la Iglesia, el Santo Padre y las
autoridades religiosas. Al rechazar las enseñanzas de la Iglesia
sobre la moralidad sexual, estos hombres adoptaron mayormente la
ética sexual utilitaria. Ellos han llegado a considerar su propio
placer como el fin más alto y, en consecuencia, han usado a otros,
incluyendo a adolescentes y niños, como objetos sexuales.
Trágicamente estos errores permitieron a estos hombres justificar
sus conductas.
Según los médicos católicos que trataron a estos sacerdotes,
que causaron escándalos, eran homosexuales con serios problemas
éticos y sexuales. Podemos decir que eran enfermos con graves
trastornos sicológicos y emocionales. ¿Y sería discriminación
tomar medidas preventivas para evitar que se vuelvan a repetir
hechos semejantes?
Según hemos anotado anteriormente, entre el 17% y el 24% de
chicos menores de 18 años fueron víctimas de abusos sexuales por
homosexuales, comparado con el 0.09 de chicas víctimas de abusos
por heterosexuales. Los homosexuales tienen doce veces más
probabilidades de molestar a los niños sexualmente que los
heterosexuales. Lo cual indica que es preferible evitar darles
responsabilidades relacionadas con niños, ya que es mejor prevenir
que lamentar.
ACTIVISTAS HOMOSEXUALES
Hasta 1973, la DSM (Diagnostic and statical Manual of mental
disorders; Manual de desórdenes mentales) de Estados Unidos
incluía a la homosexualidad entre los desórdenes mentales. Pero
ese año fue sacada de la lista en medio de mucha controversia. El
activista homosexual Ronald Bayer dijo que tuvieron que presionar a
la Asociación siquiátrica americana para quitarla de la lista,
considerando que eso era una discriminación. Era como ser racista y
acusaban a los siquiatras de ser instrumentos de opresión y
tortura. Hasta ese año, los activistas gays consideraban a la
Siquiatría como el enemigo número uno de su estilo de vida. En
1986 lograron otro triunfo al conseguir que se excluyera la
pedofilia de la lista de trastornos sicológicos.
Pero veamos cómo se ha llegado al estado actual. En los años
setenta se inició en Estados Unidos una ofensiva importante de
algunos grupos gays militantes. Irrumpían en congresos de la APA
(Asociación americana de siquiatras), retiraban paneles
científicos sobre el tratamiento de personas con sentimientos
homosexuales y lanzaban acusaciones de crueldad y falta de humanidad
con amenazas personales a siquiatras prominentes. Este movimiento
provocó la formación de un panel de expertos (Task force),
dirigido por el doctor Socarides y, a los dos años de constituirse,
concluyeron que la “homosexualidad debía considerarse como un
trastorno del desarrollo sicosexual”.
Dicho documento acabó archivándolo el consejo ejecutivo de la
APA para evitar “ramificaciones políticas” y, en 1972, se
constituyó otro panel de expertos dirigido por el doctor Spitzer,
que apoyó las solicitudes a favor de un referéndum en la APA para
zanjar el tema. Se organizó entonces una votación en el seno de la
APA, de unos 30.000 miembros en esa época, en medio de presiones
internas importantes de algunos activistas homosexuales, que incluso
financiaron cartas pidiendo el voto favorable a su tesis, pero sin
desvelar que ellos financiaban la propaganda.
En la votación participaron solamente el 25% (7.500 )de los
miembros de la APA y el resultado fue que aproximadamente el 60%
(4.500 de ellos) estaba a favor de eliminar la homosexualidad del
Manual de diagnóstico; y así se decidió finalmente. Sin embargo,
en 1977 se realizó una encuesta aleatoria a 10.000 miembros de la
APA y resultó que el 69% (6.900 miembros) afirmaba que la
homosexualidad “suele ser más bien una adaptación patológica
que una variación normal”. Y se acabó, concluyendo que los
resultados del estudio anterior fueron fruto de consideraciones
políticas y sociales más que científicas; pero ya era demasiado
tarde.
En 1994, los mismos grupos de presión intentaron declarar no
ético el tratamiento de personas con orientación homosexual,
aunque estos lo pidieran voluntariamente. Sin embargo, ante la
amenaza de la APA de reabrir el debate sobre la definición de la
homosexualidad, abandonaron afortunadamente esta nueva línea de
presión.
Probablemente, no exista otro ejemplo en la medicina donde se
decida sobre la clasificación o no de un fenómeno como enfermedad
por votación simple y sin criterios científicos, claramente
comprobados.
En un documento extenso, llamado Vendiendo la homosexualidad a
América (Selling homosexuality to America) se relatan los
pormenores de la campaña iniciada por los grupos de presión de
gays y lesbianas en la década del setenta. Los activistas
homosexuales contrataron a los mejores especialistas de marketing de
la universidad de Harvard para que les diseñaran un programa de
relaciones públicas cuidadosamente calculado. Se trataba de vender
la idea de que la homosexualidad es algo normal. Después había que
conseguir el control de los medios de comunicación para presentar
informaciones distorsionadas en los medios de mayor prestigio por
medio de películas, programas de televisión, libros, novelas,
revistas, videojuegos…
En la revista Cristopher Street de diciembre de 1984, dos
dirigentes del movimiento gay (Marshall Kirk y Erastes Pill)
publicaron un artículo titulado Waging peace: a gay battle plan to
persuade straight América (Comenzando la paz: un plan de batalla
gay para persuadir a la América heterosexual). En otros medios
presentaron, de distintas maneras, frases como: Hay alguien a quien
quieres que es homosexual: somos iguales a vosotros excepto en la
orientación sexual; llevamos vidas tan productivas como vosotros;
cualquiera puede infectarse de sida…
A quienes no están de acuerdo con que la homosexualidad es algo
normal, los acusan insistentemente de reaccionarios, homófobos,
ignorantes o intolerantes. Un ejemplo es el caso del socialista
francés Lionel Jospin, que por no estar de acuerdo con el cambio de
la definición secular de matrimonio, ha sido etiquetado de
homófobo. Otro caso es el del catedrático de sicopatología,
Aquilino Polaino, que dio una conferencia el 20 de junio del 2005 en
el senado español, manifestando su desacuerdo con que se considere
a la homosexualidad como normal y ha sido insultado gravemente por
la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales
de España. Lo peor es que desvirtuaron sus afirmaciones. Él
afirmó: De los 160 hombres y mujeres de conducta homosexual que han
solicitado mi ayuda como terapeuta, muchos de ellos y de ellas
describen y perciben al padre durante la infancia como un padre
hostil, distante, violento o alcohólico. Pero ellos han afirmado en
los medios de comunicación que él ha dicho que los gays son hijos
de padres hostiles y alcohólicos.
Han promovido películas para favorecer sus ideas. Jonathan
Demme, director de la película El silencio de los corderos, fue
duramente criticado por los gays, pues presentaba a un sicópata
asesino con orientación homosexual. Después, hizo la película
Filadelfia con evidente propaganda pro-gay para compensar y
defenderse de dichas críticas. Y hay series de televisión como Los
Serrano, Aquí no hay quien viva, Hospital central, proponiendo como
normal los comportamientos homosexuales. Y, si algún sacerdote o
persona influyente o famoso afirma ser gay, lo publican a los cuatro
vientos para reafirmar más su identidad y normalidad.
Muchos homosexuales se unen en Asociaciones para presionar a los
gobiernos con el fin de obtener toda clase de supuestos derechos,
basados en el principio de que la homosexualidad es algo genético y
que, por tanto, es algo completamente natural y normal. De acuerdo a
esto, tratan de imponer a todo el mundo la ideología del género.
Esta ideología ha tomado más impulso a raíz de la Conferencia
mundial de las Naciones Unidas en Pekín, en setiembre de 1995.
Según esta teoría, las diferencias anatómicas entre el hombre y
la mujer no son importantes. Las diferencias esenciales sobre el
modo de pensar, obrar, valorarse, etc., son fruto de la cultura
social, no de la naturaleza. Por eso, no quieren hablar de sexos,
como si sólo hubiera los dos preestablecidos: hombre y mujer. Ahora
se quiere hablar de géneros para indicar que cada uno puede escoger
libremente a qué género quiere pertenecer, si ser hombre o mujer
heterosexual, homosexual, bisexual… Si no está de acuerdo con su
anatomía, hasta puede hacerse una operación de cambio de sexo.
En el fondo de esta mentalidad está el querer la igualdad total.
Para ellos, todos los géneros son igualmente buenos y no hay
inferiores o superiores, mejores o peores. Lo mismo da ser
heterosexual que homosexual o bisexual, con el cuerpo de hombre o de
mujer. Todo depende de la decisión personal. También quieren
imponer la legalización mundial del aborto y de los
anticonceptivos, porque, según dicen, una cosa es placer sexual y
otra muy distinta son los hijos. Siguiendo esta línea, también
quieren libertad total a la hora de poder tener hijos y piden la
legalización de la fecundación artificial, inseminación
artificial, clonación, el uso de vientre de alquiler… para que
así, incluso los homosexuales, puedan tener sus propios hijos sin
relaciones sexuales.
Para ellos, la pertenencia natural a un sexo determinado es
quedarse atrasado. Quieren crear una sociedad de total igualdad
entre el hombre y la mujer, una sociedad en la que todas las
modalidades posibles de comportamiento sexual sean autorizadas e,
incluso, legalizadas. Para ello hay que suprimir palabras como
matrimonio, maternidad, familia…
La familia tradicional, heterosexual y abierta a la procreación,
es también, según ellos, producto de la cultura. Hay que aceptar
otras formas de matrimonio o de familia, aceptando la promiscuidad,
la homosexualidad... Porque, para ellos, no hay pecados sexuales,
todo debe estar permitido. No debe haber represión sexual.
Todas estas ideas quieren imponerlas desde foros internacionales.
Las asociaciones de gays y lesbianas tienen representación en foros
de la ONU. En 1993 la ILGA (Asociación internacional de gays y
lesbianas) fue nombrada como órgano consultivo del ECSOC (Consejo
económico y social de la ONU). Dentro del ILGA está representada
una organización para la emancipación de la pedofilia llamada
NAMBLA (Asociación norteamericana de amantes de niños). En
reuniones de la ONU los grupos de activistas homosexuales presionan
para legalizar la pedofilia con adolescentes, a partir de los 10
años. Ya en Holanda se ha despenalizado la pedofilia desde 1990 con
menores de 12 años, con el permiso de sus padres, y, a partir de
los 16, sin su permiso.
Una vez que se legalice la pedofilia con niños de 10 años,
seguirán otros pasos como la posibilidad de legalizar el incesto,
las relaciones entre hermanos, entre un padre y su hija, entre una
madre y su hijo, entre un ser humano y un animal, y aquí podemos
dejar libre la imaginación. Porque cuando no hay valores morales
objetivos y todo depende de lo que uno cree que es bueno o malo, el
relativismo moral lleva a las cosas más extrañas. En junio de
2005, en Filadelfia (USA), el desfile del Orgullo Gay, financiado
por la ciudad a expensas de los contribuyentes, incluyó carros
donde se practicaban públicamente actos homosexuales simulados.
En muchas escuelas y universidades, los profesores, en las clases
de educación sexual, les hablan a los niños de los órganos
masculinos y femeninos, de la fecundación, de los métodos
anticonceptivos para tener sexo sin hijos, pero también les hablan
de la fisiología y procedimientos de las prácticas homosexuales
como la sodomía, del sexo oral…
Por otra parte, los activistas homosexuales luchan contra toda
clase de discriminación contra ellos. Es cierto que mucha gente
todavía los rechaza y se burla de ellos. Muchos de ellos deben
sufrir por parte de sus compañeros en el trabajo, etc. Lo peor es
cuando sus propios familiares no los aceptan y hasta los expulsan de
su casa. Son muchos los sufrimientos que han sufrido y siguen
sufriendo todavía por su orientación sexual. Por eso, la Iglesia
ha dicho con toda claridad que la orientación sexual no es pecado y
que ellos, como personas, tienen derecho a ser respetados
totalmente.
Ahora bien, este respeto también deben tenerlo ellos para con
los demás. Porque, con frecuencia, los activistas gays exigen
tolerancia y ellos no la practican. Exigen a los gobiernos leyes
drásticas para reprimir a los homofóbicos, para poder denunciar
penalmente a quienes simplemente no estén de acuerdo con la
práctica homosexual ni aceptan su supuesta normalidad. Ya existen
países con normas contra los que se manifiestan en contra. ¿Es que
no se va a poder opinar en contra de la homosexualidad en público
bajo pena de ser castigados por la ley?
No hay prácticamente ninguna manifestación pro-gay en estos
tiempos de gran tolerancia en que no se parodie groseramente y de
modo insultante a las religiosas o sacerdotes. En algunos desfiles
gays y festivales del Orgullo gay, hay quienes se disfrazan de
obispos y sacerdotes para mofarse de la Iglesia como si fuera su
enemigo por no aceptar su estilo de vida. ¿Acaso los católicos
alguna vez han organizado desfiles o manifestaciones públicas para
reírse de ellos?
La jornada de Orgullo gay, celebrada hace unos años en Milán,
presentaba como novedad un tren pintado con vivos colores que abría
la caravana con muchos travestis semidesnudos y en el tren unos 20
niños. Junto a ellos, caminaban orgullosos sus “padres”, porque
se trataba de parejas de mujeres lesbianas, que habían tenido el
hijo por inseminación artificial con el esperma de un desconocido.
¡Pobres niños! que, cuando lleguen a la edad de la razón,
descubrirán que les falta un padre y se encontrarán con dos
mujeres, una de las cuales hace la parte del marido y otra de la
mujer.
En el mes de junio del 2006, cincuenta activistas homosexuales
interrumpieron una misa en la catedral de Minneapolis (USA),
ataviados con los colores del arco iris, que es el emblema de los
gays. Se les negó la comunión, pero uno de ellos agarró una
hostia a la fuerza y la repartió con los demás.
En abril del 2007, el Presidente de la Conferencia episcopal
italiana, Monseñor Angelo Bagnasco, recibió muchas amenazas por
opinar contra la legalización de los matrimonios homosexuales en
Italia.
El año 2000, hicieron una gran manifestación pública en Roma,
precisamente el año del Jubileo para contrarrestar, de alguna
manera, las actividades religiosas de ese año programadas por la
Iglesia católica. También quisieron hacerlo en Jerusalén, donde
se les negó. Pero, en algunos lugares como Valencia, donde fue el
Papa, también hicieron manifestaciones en contra de la Iglesia y a
favor de sus derechos. ¿Dónde está su tolerancia?
Pero veamos más casos de intolerancia gay. La Comunidad
evangélica británica expresó su preocupación el 4 de marzo del
2007 por el futuro de la libertad religiosa en ese país después
que un tribunal rechazara la petición de un juez cristiano a ser
eximido de los casos de adopción de niños por parejas del mismo
sexo. El tribunal rechazó la objeción de conciencia del juez
Andrew McClintock como una opinión personal, que tenía que ser
dejada de lado en los puestos de funcionarios públicos. Esto
significaba que, si no cumplía lo mandado, sería destituido del
cargo. Y lo mismo puede ocurrir a quienes no quieran celebrar
matrimonios gays o cumplir cualquier exigencia de supuestos derechos
aprobados por la ley. Porque uno de los puntos más importantes de
sus demandas es la legalización del matrimonio homosexual y de
poder adoptar niños.
¿MATRIMONIO DE HOMOSEXUALES?
Dios es el autor del matrimonio. Después que Dios creó a Adán
dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Hagámosle una
compañera semejante a él (Gén 2, 18). Por eso, dejará el hombre
a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola
carne (Gén 2, 24). Y, a continuación, les da el mandato de tener
hijos como fruto del matrimonio: Creced, multiplicaos y llenad la
tierra (Gén 1, 28). Pero observemos que dice el texto sagrado:
Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios los creó, y
los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: Creced y
multiplicaos (Gén 1, 27-28).
Aquí sólo se habla de hombre y mujer. En ninguna parte se habla
de otra categoría de seres humanos intermedios y homosexuales, pues
si la homosexualidad fuera genética, Dios mismo la habría querido
y habría aceptado su sexualidad y, por tanto, la práctica
homosexual. Pero Dios los creó a su imagen, varón y mujer. Y quiso
que se unieran para que de su amor nacieran los hijos. Y, como
conclusión, dice claramente: Dejará el hombre a su padre y a su
madre y se unirá su mujer (Gén 2, 24). No dice a sus mujeres o a
otro hombre, sino a su mujer. Por consiguiente, queda descartado por
Dios cualquier otro matrimonio. Y, aunque el pueblo judío aceptó
durante mucho tiempo la poligamia, Jesucristo dijo claramente: ¿No
habéis leído que al principio el Creador los hizo hombre y mujer?
Y dijo: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se
unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya
no son dos sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que no
lo separe el hombre. Ellos (los fariseos) le replicaron: Entonces,
¿cómo es que Moisés ordenó dar el libelo de divorcio y repudiar
a la mujer? Él les dijo: Por su dureza de corazón os permitió
Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así
(Mt 19, 4-8).
Dios ha querido desde siempre que un hombre y una mujer puedan
formar un verdadero matrimonio y estén abiertos a la vida para
tener hijos. Cualquier otro modelo de familia está fuera del plan
de Dios. El Catecismo de la Iglesia dice: La alianza matrimonial,
por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad
de vida y amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el
Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges
así como a la generación y educación de los hijos. Entre
bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la
dignidad de sacramento (Cat 1660).
Está claro que, según el plan de Dios, está descartado
cualquier otro modelo de familia como el de homosexuales o
transexuales. Porque, si empezamos a legalizar uniones, se podría
también legalizar la poligamia, como en los países árabes, o la
poliandria (una mujer con varios hombres) o, simplemente, entre un
grupo de tres o cuatro o más hombres y mujeres homosexuales o no.
¿Por qué solamente se debe legalizar la unión entre dos personas
homosexuales y no entre más de dos?
Si dos amigos declaran que se quieren mucho y que tienen
relaciones homosexuales, entonces pueden casarse y gozar los
derechos de beneficios fiscales en herencias y pensiones. Si dos
amigos deciden vivir juntos para participar de sus beneficios, pero
afirman que no hay sexo entre ellos porque no son homosexuales, ¿no
pueden casarse? ¿Acaso la diferencia para casarse y obtener
beneficios es solamente el sexo? ¿Acaso el que tengan sexo les
capacita para educar niños y que se les dé el derecho a
adoptarlos? ¿Y si un equipo de fútbol o un cuerpo de bomberos o un
grupo de amigos de un club quisiera adoptar un niño, no tendría la
misma capacidad que ellos para adoptarlos?
En fin, habría muchas preguntas sin respuestas, porque, si
empezamos a legalizar, al final, nadie va a saber qué es un
matrimonio. Ahora ya no quieren que se hable de padre o madre, sino
de progenitor A y B, para no herir la susceptibilidad de los niños
adoptados por padres homosexuales, donde ¿cuál es la mamá entre
dos lesbianas? ¿Y cómo se le va a llamar a una y a otra? ¿Y entre
los dos hombres, quién se va a llamar padre? ¿Y el otro? ¿Y si
estos niños adoptados preguntan por sus verdaderos padres
biológicos? Si estos niños adoptados, ya tienen bastantes
problemas por ser adoptados, ¿vamos a aumentárselos con los
problemas emocionales de sus padres, viviendo en un ambiente
homosexual sin referencia paterna o materna?
ADOPCIÓN DE NIÑOS
Este es un tema muy delicado, porque cada día hay más países
que están legalizando el matrimonio de los homosexuales y, a la
vez, la posibilidad de que puedan adoptar niños. Las parejas gays
quieren estar al mismo nivel que las parejas heterosexuales. Pero
¿es esto algo razonable?
Ya hemos hablado anteriormente de que la homosexualidad es un
síntoma de trastornos afectivos, lo cual hace que un homosexual y,
especialmente, si es sexualmente activo, puede tener conductas
desordenadas, por decir lo menos. Hemos anotado que no hay
estabilidad entre las parejas homosexuales. Para ellos, cambiar de
pareja es algo que sucede muy frecuentemente. Está fehacientemente
comprobado que las uniones homosexuales se rompen cuatro veces más
que las heterosexuales. La inestabilidad emocional personal se
manifiesta claramente en la mayor posibilidad de cambio de pareja.
Según la Federación estatal de gays y lesbianas de USA, los
homosexuales tienen una media de 39 relaciones distintas a lo largo
de su vida. Y su duración no suele ser superior a los tres años.
Entre ellos, hay seis veces más intentos de suicidio. El 60%
acudió alguna vez, buscando ayuda a sicólogos y siquiatras. Muchos
de ellos sufrieron abuso sexual en su infancia y tienen una
mentalidad narcisista y egocéntrica. Entre el 70 y el 78% de los
gays activos han tenido alguna vez una enfermedad de transmisión
sexual. Un número elevado de ellos son enfermos de sida…
¿Podrían los homosexuales, hablando en general, ser buenos
padres y madres de un niño adoptado con tanto desequilibrio
afectivo? Si ellos no son felices, ¿podrán hacer felices a los
niños adoptados? Si ellos necesitan ayuda sicológica, ¿pueden ser
propuestos como educadores al igual que los padres normales?
Si una pareja homosexual adopta un niño, se le priva al niño
del enriquecedor aporte de la diversidad masculino-femenina del
padre (autoridad) y de la madre (afecto) respectivamente. Según
estudios, la violencia entre parejas homosexuales es de 2 a 3 veces
más frecuente que entre las parejas heterosexuales. ¿Cómo
podrían dar una estabilidad familiar y emocional al niño adoptado?
En un estudio del año 2001, publicado en la revista American
sociological Review, los mismos sociólogos e investigadores
pro-homosexuales Judith Stacey y Timothy Biblarz, demuestran que los
niños criados en parejas lesbianas son más proclives a tener
experiencias homosexuales que los niños criados en familias
heterosexuales; que los niños son más femeninos y las muchachas
más masculinas en familias de lesbianas o gays. Además, reconocen
que los niños hombres tenían temor de que sus padres adoptivos se
disgusten, si descubren sus tendencias heterosexuales. Y también
comprueban que las niñas de familias homosexuales son más
proclives a iniciarse sexualmente más temprano y a tener más
contactos sexuales que las niñas de hogares heterosexuales.
El doctor Aquilino Polaino, experto en terapia familiar y
catedrático de Psicopatología de la universidad Complutense de
Madrid, profesor de Siquiatría en la universidad de Extremadura y
doctor en medicina, afirma rotundamente: El niño que sólo convive
con homosexuales, aprende algo que es falso y antinatural: que es
irrelevante la atracción hacia personas del otro sexo y suele
sufrir un déficit de comportamiento social y un empobrecimiento de
su autoestima… Esto puede llevarlo a tener depresiones y a imitar
la orientación sexual de sus padres adoptivos, haciéndosele así
un daño irreparable a su personalidad y a su estabilidad emocional.
El niño tiene necesidad del padre y de la madre para identificarse
con las personas de su mismo sexo.
Los principales trastornos que pueden padecer estos niños son:
trastornos de identidad sexual, mayor incidencia en comportamientos
homosexuales (hasta siete veces más que los niños que viven con
sus padres biológicos), una tendencia significativamente mayor a la
confusión y promiscuidad sexual, trastornos de conducta,
depresión, comportamientos agresivos, ansiedad, hiperactividad,
insomnio…
Un estudio científico de Golombok y Tasker, de 1997, manifestó
una incidencia mucho mayor de relaciones homosexuales entre los
niños que habían crecido con madres lesbianas (un 24%) que los que
habían sido educados por madres heterosexuales (0%). Por eso, el
Presidente de la Asociación Mundial de Siquiatría, catedrático
Juan José López-Ibor, ha afirmado: Un niño paternizado por una
pareja homosexual entrará necesariamente en conflicto en sus
relaciones personales con otros niños. Se conformará
sicológicamente como un niño en lucha constante con su entorno y
con los demás. Tendrá sentimientos de frustración y agresividad.
Otro dato grave que hay que señalar es que, según el doctor
norteamericano Cameron, un 29% de los niños adoptados han sido
abusados sexualmente por sus papás homosexuales frente a un 0.6% en
hijos de padres heterosexuales.
Sin embargo, no hay debate sobre el tema de la adopción en que
no se oiga afirmar perentoriamente que estudios científicos
americanos demuestran que no hay diferencia en cuanto al bienestar o
a la salud mental de los niños, entre los que son educados por
adultos homosexuales y los que lo son por adultos heterosexuales.
Pero la mayor sorpresa e, incluso, lo que hace perder la
credibilidad a esos supuestos estudios es que no hay ningún
contraejemplo ni reserva. A medida que desfilan las encuestas, que
pretenden ser comparativas, la conclusión es siempre la misma, como
un estribillo: “No hay diferencia”. Más aún, las pocas veces
en que aparece una diferencia entre las dos poblaciones, es siempre
y exclusivamente a favor de los niños educados por madres lesbianas…
Veamos una historieta emitida en “France inter” el 11 de
noviembre de 2004. Dos mujeres lesbianas educan a sus tres hijas;
una de las dos madres ejerce la autoridad paterna. La pequeña está
en una Academia en un curso preparatorio. La maestra decide pedir a
los alumnos que dibujen su árbol genealógico. La pequeña quiere
inscribir como padres a mamá y mamina. La maestra auxiliar duda, se
interroga y después lo rechaza, diciendo a la niña que mamina es
la amiga de su madre, que la educa, es cierto, pero que no se la
puede poner en su árbol genealógico, que indica de dónde viene
ella.
La pequeña, perturbada, se pone a llorar. Se llama a la maestra
titular que previene al director, el cual da cuenta al inspector de
la Academia y se pone orden en todo eso. Se reprende a la maestra
auxiliar por homofobia. Se telefonea a las madres para excusarse de
haber hecho llorar a la pequeña y se inscribe a la una y a la otra
en el árbol genealógico.
El asunto está en que muchos confunden igualdad de derechos como
seres humanos con derecho a la igualdad. A veces, hablan de derecho
al hijo, cuando el niño no puede ser objeto de derecho, porque no
es un objeto. El niño es primero y fundamentalmente sujeto de
derechos.
Por eso, hay que decir claramente que el pretendido derecho a la
adopción por parte de adultos no existe. Existe el derecho de los
niños a tener un padre y una madre, y tienen derecho a ser
orientados en las mejores condiciones educativas posibles. Y, dado
que hay muchos matrimonios heterosexuales sin hijos, considero que
ellos serían los más adecuados para garantizar una buena
educación personal. No creo que sea una discriminación impedir a
una pareja de enfermos crónicos graves o esquizofrénicos o
impedidos físicos o ciegos, que se les impida adoptar niños,
porque no pueden atenderlos como se merecen por su incapacidad
física o mental.
Philippe Fretté, soltero, de 47 años, fundador en 1986 de la
asociación francesa de padres gays y lesbianas, presentó ante los
tribunales un recurso, solicitando un niño en adopción. Los
tribunales franceses se lo negaron. El 26 de febrero del 2002, el
Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) exculpó a Francia de
haber incurrido en discriminación, al rechazar la adopción. El
abogado del Estado francés había alegado que, al rechazar la
adopción, se buscaba proteger el bienestar sicológico del niño.
En la adopción, se trata de dar una familia a un niño y no un
niño a una familia. Insistió en que no existe un derecho a adoptar
un niño por cualquiera y en cualquier circunstancia, ya que debe
verse siempre el bien del niño y, por eso, hay que ver bien quién
lo va a adoptar y si reúne las condiciones para poder darle una
educación equilibrada y normal; algo que, por principio, es
imposible para un niño que vive con padres homosexuales del mismo
sexo, pues le faltaría el complemento sicológico indispensable del
otro sexo.
Según el Convenio internacional de La Haya, hay que tener como
principio básico respetar el interés superior del niño, que busca
encontrar una familia, y no una pareja que tiene derecho a adoptar
un niño. Subvertir esta jerarquía de intereses, justificándolo
con presupuestos ideológicos discutibles, supondría incidir en
otra posible forma de explotación de la infancia. Olvidaríamos que
un núcleo familiar con dos padres o dos madres, o con padre o una
madre de sexo distinto al correspondiente a su rol (transexuales),
es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente
perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y
adaptación social del niño.
Al igual que, normalmente, es imposible tener un hijo sin padre y
sin madre, la propia naturaleza de las cosas hace que sean muchos
los aspectos de la personalidad y de la conducta del niño que debe
aprender de cada sexo. Privarle de ese punto de referencia supone
discriminar a unos niños sobre otros.
Hay un informe muy detallado y documentado con más de 250
estudios y citas bibliográficas, que ha sido redactado por un
profesor de neurosiquiatría de la facultad de medicina de la
universidad de Carolina del sur, en USA, y en este informe demuestra
que las parejas del mismo sexo con actividad homosexual no son
opciones óptimas ni para las adopciones ni para la custodia de
hogares de acogida. Este informe especial ha sido utilizado en
Florida en defensa de la ley que prohíbe la adopción de niños por
personas del mismo sexo y en este trabajo se dice:
Los niños, adoptados o en custodia en hogares de acogida por
homosexuales, presentan una mayor frecuencia de problemas
sicológicos y de conducta (ansiedad, depresión, etc.) que los
niños de la población en general. Por ello, las autoridades tienen
la obligación de eliminar cualquier riesgo adicional de factores
estresantes de fuentes de inestabilidad familiar o de privaciones
evitables que las parejas con actividad sexual de tipo homosexual
podrían implicar.
Investigaciones empíricas y experiencias clínicas demuestran
que los hogares con adultos que tienen relaciones sexuales de tipo
homosexual introducen inherentemente más factores estresantes en
los niños y niñas adoptados, porque estos adultos presentan más
problemas sicológicos como la ansiedad y la depresión. Estos
hogares son sustancialmente menos estables que las familias de
heterosexuales y privan a los niños de los beneficios de tener
padres relativamente mejor ajustados desde el punto de vista
sicológico y los beneficios de tener una figura paterna y materna.
Además, muchos autores describen la promiscuidad más como la
norma que como la excepción en la homosexualidad, hasta el punto de
que algunos autores la consideran más bien intrínseca a la
homosexualidad. Por eso, hay países que, a pesar de legalizar la
unión de personas del mismo sexo, no permiten adoptar niños.
Por otra parte, si se institucionaliza el adoptar niños es como
decir que no es importante que un niño tenga un padre y una madre,
lo que va contra toda evidencia científica.
Y todo ello llevará a mucha gente a aceptar esas situaciones,
porque hoy lo políticamente correcto es ser tolerante con todo, y
las personas homosexuales son presentadas en la televisión como
simpáticas e inteligentes, que caen bien a todos.
En conclusión, ¿es realmente progresista legalizar el
matrimonio de los homosexuales y la adopción de niños por ellos?
¿Es su estilo de vida gay un paraíso?
¿PARAÍSO O INFIERNO GAY?
Muy a menudo, el estilo de vida homosexual es idealizado por los
medios de comunicación social como de color de rosa. Esto resulta
comprensible como propaganda; pero, si se oyen las historias de la
realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años,
queda claro que no son felices. Un ejemplo claro de esto es el caso
de Magnus Hirschfeld (1868-1935), famoso sexólogo alemán que
cantaba públicamente alabanzas sobre las relaciones homosexuales
duraderas y fieles, pero que puso fin a su vida después de una
relación no tan duradera, la última de otras muchas. Su trágica
muerte apenas fue mencionada por la prensa ya que podría haber
creado confusión y dudas en otros homosexuales.
La periodista norteamericana Doris Hanson entrevistó
homosexuales y declara: Es un mundo duro y no se lo desearía ni a
mi peor enemigo. Uno de ellos me dijo: Durante años viví con una
serie de compañeros de habitación, a algunos de los cuales
prometí amar. Ellos juraron que me querían. Pero los vínculos
homosexuales empiezan y acaban con el sexo. No hay nada más que
eso. Después de un encuentro apasionado, el sexo es cada vez menos
frecuente. Los compañeros se ponen nerviosos. Quieren nuevas
emociones, nuevas experiencias. Empiezan a engañarse el uno al
otro; en secreto al principio, más claramente después. Hay peleas
por celos. De pronto, huyes y empiezas la búsqueda de un nuevo
amante.
Esta periodista sigue diciendo: Es un mundo en el que las
emociones se basan en mentiras. Para alcanzar una satisfacción
momentánea del sexo, los homosexuales repiten “te quiero” tan a
menudo como se dice “buenos días”. Una vez que la experiencia
ha finalizado, sólo están preparados para decir adiós. La caza
empieza otra vez. Puedo asegurar que no son exageraciones oscuras o
moralistas. Una persona con inclinación homosexual está empujada a
una existencia neurótica y conflictiva. Tenaz e insensiblemente,
contra todo consejo y, a pesar de la pena que infligen a sus padres,
los jóvenes sufren este problema, se abrazan a su elección que, en
su ignorancia, confunden con felicidad. No quieren nada más. Puede
resultar duro, pero es verdad: muchos degeneran; la alegría y la
frescura de juventud se desvanecen; se rinden y son, en muchos
aspectos, como los drogadictos.
John Rechy en su libro City of night (New York, Gove Press, 1963)
describe el estilo de vida homosexual con todo su entramado de
alienación y soledad. En su libro Proscrito sexual (Sexual Outlaw,
New York, Dell Press, 1967) detalla más aspectos de la vida
promiscua de los homosexuales activos. Anota que su infelicidad esta
basada en su compulsión por buscar el placer sexual, que nunca les
sacia.
Mcwhiter y Mattison, dos terapeutas homosexuales, realizaron una
encuesta con 156 parejas de varones homosexuales. Los resultados los
publicaron en su libro La pareja masculina y descubrieron que el 95%
de las parejas eran infieles y que, el 5% de las que eran fieles,
habían permanecido juntos no más de cinco años.
El sociólogo alemán Dannecker, homosexual confeso, fue objeto
de las iras del movimiento gay, al declarar explícitamente que la
amistad homosexual fiel era un mito. Dicho mito, dijo, tendría su
finalidad en acostumbrar a la sociedad al fenómeno homosexual.
Un informe del Departamento norteamericano de Salud reveló que,
en 1989, un tercio de todos los suicidios de adolescentes los
cometen jóvenes que tienen problemas relacionados con la
homosexualidad. Es un porcentaje extremadamente alto, teniendo en
cuenta que sólo entre el 1 y el 3% de la población es homosexual.
Los varones homosexuales son seis veces más propensos a suicidarse
que los varones heterosexuales.
Entre los heterosexuales hay sólo un 3% de intentos de suicidio,
mientras que entre los adultos homosexuales es un 18%, una cifra
realmente muy elevada, que indica algo más que una simple
casualidad, ya que manifiesta mucha infelicidad.
A este respecto, es interesante anotar que, según encuestas
fidedignas, el 60% de los homosexuales ha recurrido alguna vez a
sicólogos o siquiatras, porque todos necesitan algún tipo de ayuda
para sus dificultades personales.
Una encuesta de la Asociación americana de la salud pública
señaló que el 78% de los homosexuales habían sido infectados por
alguna enfermedad de transmisión sexual. De hecho, cuando apareció
el SIDA, el 73% de todos los casos eran de homosexuales activos.
Ahora es de todos conocido el alto riesgo de transmisión del SIDA
por vía homosexual, que es entre 5 y 10 veces mayor que en las
relaciones heterosexuales. Y no sólo el SIDA, sino también otras
enfermedades como la hepatitis B y C. En 1990, Larry Kramer, un
líder homosexual de Estados Unidos, hablaba de que el 60% de los
homosexuales del área de San Francisco habían contraído la
sífilis y de que los homosexuales portadores de SIDA habían
aumentado en 40%.
Todo esto nos lleva a otra conclusión científica: la práctica
homosexual reduce la esperanza de vida en hasta veinte años,
mientras que el alcoholismo la reduce en diez o doce años y el
tabaquismo en diez.
Los doctores Paul y Kirk Cameron, dieron a conocer en la
Convención anual de la Eastern Psycological Association de USA que
el estilo de vida homosexual reduce la esperanza de vida hasta en 24
años.
En Dinamarca, el país con más larga historia de matrimonios
homosexuales, entre 1990 y 2002, según estudios, se vio que los
hombres heterosexuales casados morían a la edad promedio de 74
años, mientras que los homosexuales varones casados, lo hacían a
la edad promedio de 51 años.
En Noruega, los estudios dieron para los heterosexuales casados
la edad promedio de 77 años, mientras que para los homosexuales, 52
años como promedio. En el caso de las mujeres la diferencia era
similar; las casadas heterosexuales morían a los 76 años, mientras
que las lesbianas lo hacían a los 56.
Como se ve, los homosexuales pierden muchos años de vida por su
estilo de vida ¿progresista? ¿Por qué, entonces, en las escuelas,
al proponer el estilo de vida gay como normal, no hablan de esta
reducción importante de vida? En todos los países se habla del
peligro del tabaquismo o del alcoholismo. ¿Por qué no hablan
también del peligro del homosexualismo activo?
Veamos el testimonio de un homosexual, atrapado en este mundo de
pesadilla. Se llama Juan José, madrileño, de 33 años. Nos cuenta
lo siguiente:
Iba con amigos a bares de ambiente gay. Me atraía lo divertido y
lo morboso. Desconectabas, te reías, veías buenos tipos, nos
tomábamos droga y trago. Era una alternativa a las chicas. Y
empecé a frecuentar otros lugares picado por la curiosidad. Un
verano tuve la experiencia de lo que es un cuarto oscuro. Aquello
cambió mi vida. Había oído hablar de ellos, había leído cosas
en revistas como “Mensual”, “Shangai”, “Express”, “Zero”,
pero nunca había entrado. Lo primero que te llama la atención es
la oscuridad. Luego vas distinguiendo cuerpos que se mueven
despacio. Se acercan, es una mezcla de miedo y de atracción… Te
da vértigo, pero cada vez lo necesitas más. Comencé a ir todos
los fines de semana. Y conocí todos los cuartos oscuros de todos
los clubs, saunas o discos gays de Madrid, Tenerife, Valencia, Roma,
Hamburgo…
A veces, voy con dos, tres o cuatro amigos. Cuando tenía novio,
iba con él. Otras veces, voy solo y me pierdo en esos laberintos y
tengo relaciones con gente diferente y anónima. Ahí está el
morbo. ¿Qué se siente? La sensación de que no hay barreras ni
freno. Las relaciones sexuales parecen no tener límite, pues vas
probando cosas cada vez más fuertes y más prohibidas. Pero, al
día siguiente, debes volver a la vida cotidiana y te acompaña la
angustia, el desprecio de ti mismo. Cada vez buscas experiencias
más excitantes, aunque para ello tengas que rebasar los límites de
la locura. Y parece que vas a salir indemne, pero no. A mayores
hazañas sexuales, más ansiedad. Y te odias. Pero, a la semana
siguiente, vuelves a la orgía privada, a la sauna, al festival
leather (cuero), donde los participantes usan arneses, gorras y
prendas de cuero.
Las orgías se anuncian en los propios garitos o en la Red.
Algunos clubs tienen calendarios programados con antelación. Y hay
intercambios con el extranjero. Son fiestas monográficas: todos
leather o todos desnudos o sólo para skin (rapados) o sólo para
los llamados osos (gente peluda)… Lo que más temía era las
enfermedades. Pero lo que más me repugnaba era la sensación de que
te utilizan como si fueras un objeto. Te sientes reducido a cosa, no
eres persona.
El miedo a las enfermedades es una tortura. Mis amigos gays lo
niegan, pero es mentira. Estás jugando con el peligro: con el semen
o la sangre. Y, generalmente, sin preservativo. Yo agarré hace
cinco años una gorronea anal. El susto fue mayúsculo. Pensé que
también tenía sida. Me curé, pero el miedo y la desazón no te la
quita nadie.
En la euforia de la fiesta, con unos tragos o transportado a otra
galaxia por la droga, crees que puedes hacer de todo y hacerlo con
todos. Entonces, que no te hablen de hepatitis ni de sífilis o
herpes o sida. Pero esa misma noche, cuando estás durmiendo la
mona, te despiertas de pronto con la sensación de que estás
infectado. Es lo más angustioso, no puedes huir. Y no puedes dormir
y te atiborras de pastillas. Yo, a veces, he hablado con mis amigos:
quitas el sexo duro y ¿qué queda? Nada. Lo que pasa es que muchos
no se atreven a decirlo. Yo he visto cosas tremendas en las orgías
gays. Hay orgías donde llevar un pañuelo de un determinado color
quiere decir, si eres activo o pasivo, si te gustan los fetiches o
el beso negro… Yo nunca he ido al siquiatra, pero sí conozco a
otros compañeros que sí han ido. Me gustaría poder hablar de todo
esto con gente normal, que no esté en el ajo. Pero para ello
necesitas distanciarte, alejarte un poco…
Te vuelves neurótico, cuando ves a amigos tuyos que han pillado
el sida, que han muerto o que, de pronto, te los encuentras que
están en los huesos, consumidos, y te das cuenta de que están en
la recta final y de que han contagiado o van a contagiar a
cualquiera. También he conocido a dos que tuvieron que llevar
pañales de por vida, porque tuvieron que hacerles una colostomía,
ya que se habían destrozado el colon a base de introducirse
juguetes en el recto.
Todo esto lo piensas fríamente y dices: ¡qué locura! Cada club
de sexo duro, cada sauna es una bomba de relojería, un foco de
infección, cuyas ondas se expanden cada vez más lejos. Y luego
está la sensación de esquizofrenia. Haces vida normal y es una
tortura mental acordarte de lo que has hecho. Y como no hay freno,
aplicas tus fantasías sexuales cada vez mayores y más
extravagantes a la gente normal que te rodea. Y, en esos momentos,
ya no eres dueño de tu mente.
Creo que no hace falta más para poder decir que el estilo de
vida homosexual hunde al ser humano cada vez más en un abismo sin
fondo del que ellos mismos no pueden salir sin ayuda. Por eso, todos
debemos sentir la responsabilidad de echarles una mano y decirles
claramente que, por ese camino, nunca podrán ser felices; que Dios
los sigue amando, que es un Padre que los sigue esperando, porque
los ama con un amor infinito y sin condiciones. SEGUNDA PARTE
HAY ESPERANZA
En esta segunda parte, quiero manifestar mi pleno convencimiento
de que los homosexuales tienen esperanza y pueden curarse. Hay
muchas instituciones para ello y, sobre todo, está el testimonio de
miles de personas en el mundo entero. Esta es la mejor prueba de que
es posible. Como decían los antiguos: Contra factum, non valet
argumentum, es decir, contra un hecho real no sirven los argumentos
en contra.
¿QUÉ DICE LA BIBLIA?
Dios en la Biblia nos habla claramente, sin ninguna duda, de que
la práctica de la homosexualidad es siempre mala. Veamos algunos
textos:
No te juntarás con hombre como con mujer, eso es una
abominación (Lev 18, 22). Si uno se acuesta con otro como se hace
con mujer, ambos hacen una cosa abominable y serán castigados con
la muerte; caiga sobre ellos su sangre (Lev 20, 13).
En el Génesis, capitulo 19, se nos habla de la maldad de la
ciudad de Sodoma. Los sodomitas (habitantes de Sodoma y de ahí
viene el nombre de los que practican la sodomía o hacen prácticas
homosexuales) rodearon la casa de Lot, mozos y viejos, todos sin
excepción. Llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están esos
hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos para que
los conozcamos (abusemos de ellos). Salió Lot y les dijo: Por
favor, no hagáis semejante maldad. Mirad, dos hijas tengo que no
han conocido varón; os las sacaré para que hagáis con ellas como
bien os parezca, pero a esos hombres no les hagáis nada, pues para
eso se han acogido a la sombra de mi techo. Ellos le respondieron:
Quítate allá, ¿vas a querer gobernarnos ahora? Te trataremos peor
todavía que a ellos (Gén 19, 4-9). Pero los dos ángeles los
hirieron de ceguera y no pudieron realizar su propósito. Sin
embargo, Dios destruyó a Sodoma y Gomorra con azufre y fuego desde
el cielo por su maldad y corrupción, especialmente por ese pecado
de la sodomía.
Otro caso parecido ocurre en la ciudad de Guibeá situada en el
territorio de la tribu de Benjamín. Había llegado a la ciudad un
levita de Efraín con su concubina y se alojaron en la casa de un
anciano, que les dio hospedaje. Y dice el texto: Los hombres de la
ciudad eran gente malvada y cercaron la casa, diciendo al dueño:
Haz salir al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos
(abusemos). El dueño de la casa salió y les dijo: No, hermanos
míos, no os portéis mal, no cometáis esa infamia. Aquí está mi
hija que es doncella. Os la entregaré. Abusad de ella y haced lo
que os parezca, pero no cometáis con este hombre semejante infamia.
Pero aquellos hombres no quisieron escucharle. Entonces, el levita
tomó a su concubina y se la sacó afuera. Ellos la conocieron
(abusaron), la maltrataron toda la noche hasta la mañana y la
dejaron al amanecer (Jueces 19, 11-30). Pero la mujer murió y todos
los israelitas de las distintas tribus pidieron la entrega de los
malvados para matarlos y vengar el crimen. Al no querer entregarlos,
les hicieron la guerra y destruyeron las ciudades de la tribu de
Benjamín, y no sólo a Guibeá.
En el Nuevo Testamento, Dios nos dice claramente por medio de san
Pablo:
No os engañéis, ni los fornicarios ni los idólatras ni los
adúlteros ni los afeminados ni los sodomitas (que practican la
homosexualidad) ni los ladrones ni los avaros ni los borrachos ni
los maldicientes poseerán el reino de Dios (1 Co 6, 9-10). La Ley
no es para los justos, sino para los rebeldes, para los impíos y
pecadores…, para los homicidas, para los fornicarios y sodomitas
(1 Tim 1, 10).
Y, sobre todo, donde se habla con mayor claridad es en el
capítulo primero de la carta de san Pablo a los Romanos: Dios los
entregó a los deseos de su corazón, a la impureza con que
deshonran sus propios cuerpos, pues trocaron la verdad de Dios por
la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del
Creador. Por lo cual, los entregó Dios a las pasiones vergonzosas,
pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza; e,
igualmente, los varones se abrasaron en la concupiscencia de unos
por otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas y
recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío (Rom 1,
24-27).
DOCTRINA DE LA IGLESIA
La Iglesia propone la castidad para todos de acuerdo a su estado.
La castidad es la virtud que regula el uso de la sexualidad según
el estado de cada uno. Para los casados, castidad es el uso ordenado
y amoroso del sexo, evitando toda infidelidad y todo aquello que
manche el acto matrimonial con actos contra natura o abusando del
otro como si fuera un objeto de placer.
Los no casados, renuncian al uso del sexo, a la masturbación y
todos los actos impuros, para dirigir todas sus energías a amar de
verdad a todos sin excepción. La castidad es la energía espiritual
que libera al amor del egoísmo y de la agresividad. En la medida en
que en el hombre se debilita la castidad, su amor se hace
progresivamente egoísta, es decir, deseo de placer y no ya don de
sí.
No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a
destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona,
haciendo del placer el fin de la sexualidad y reduciendo a las otras
personas a objetos para la propia satisfacción: tal desorden
debilita tanto el sentido del verdadero amor entre hombre y mujer,
siempre abierto a la vida, como con la misma familia y lleva
sucesivamente al desprecio de la vida humana concebida.
La castidad es amor y promueve el uso ordenado de la sexualidad,
no necesariamente en lo genital, sino en el amor personal; sea la
castidad del soltero, del casado o del consagrado. La castidad es
armonía, amor y control de uno mismo. Por eso, solamente los que
tienen fuerza de voluntad pueden conseguirla con la gracia de Dios.
Según el catecismo de la Iglesia: Castidad significa integración
de la sexualidad en la persona. Y entraña un aprendizaje del
dominio personal (Cat 2395). Sin dominio personal, no puede haber
castidad. Se buscará el placer egoísta en todo y, concretamente,
en el sexo. Así nuestra vida se irá hundiendo más en el egoísmo
y en un debilitamiento progresivo de la personalidad y de la fuerza
de voluntad, tan necesaria para darle sentido a la vida.
Precisamente por esto, la Iglesia, al igual que le Palabra de
Dios, rechaza las relaciones homosexuales, porque empobrecen la
persona, impiden el verdadero amor y encierran en el propio
egoísmo, vaciando la vida de sentido espiritual. A la vez, se
comete un pecado, por ir en contra de la voluntad de Dios, que como
padre amoroso nos indica que por ese camino no conseguiremos nunca
la felicidad anhelada.
Por todo ello, apoyándose en la Sagrada Escritura, que las
presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado
siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente
desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto
sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera
complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación
en ningún caso (Cat 2357). Un número apreciable de hombres y
mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su
condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos
una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y
delicadeza. Se evitará respecto a ellos, todo signo de
discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar
la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al
sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden
encontrar a causa de su condición (Cat 2358). Las personas
homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de
dominio de sí mismos… pueden y deben acercarse gradual y
resueltamente a la perfección cristiana (Cat 2359).
La Congregación para la doctrina de la fe publicó el 3 de junio
del 2003 unas Consideraciones sobre las uniones homosexuales con la
aprobación del Papa Juan Pablo II. Entre otras cosas, declara: La
Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no
puede, en modo alguno, llevar a la aprobación del comportamiento
homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El
bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la
unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la
sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o
equipararlas al matrimonio significaría, no solamente aprobar un
comportamiento desviado y convertido en un modelo para la sociedad
actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen
al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de
defender tales valores para el bien de los hombres y de toda la
sociedad.
Como aparece claramente, lo que se condena de modo contundente es
la actividad homosexual no la inclinación homosexual que, en sí
misma, no es pecado; pues no depende muchas veces de la voluntad
personal. Pero siempre será pecado grave la actividad homosexual.
Por supuesto, Dios juzgará a cada uno en particular, ya que la
historia de cada uno es algo muy personal. Pero lo lamentable es que
se defienda en foros internacionales y se legalice en muchos países
esta actividad, que llevará a muchos niños y adolescentes a caer
en esta tendencia, ya que es propuesta por los medios de
comunicación y también en colegios y universidades como una
alternativa más a la vida sexual normal.
Tres meses después de que el Papa publicara las Consideraciones
sobre las uniones de homosexuales, el Parlamento europeo aprobaba
una resolución en la que se recomendaba a los países miembros a
reconocer las relaciones no conyugales, tanto homosexuales como
heterosexuales, con los mismos derechos que las conyugales y
recomendaba que se diera a los homosexuales idénticos derechos de
matrimonio y adopción de hijos que los que daban a los
heterosexuales.
De este modo, los mismos gobiernos están fomentando la
aceptación social y la promoción del estilo de vida gay con todas
sus consecuencias negativas.
Pero lo peor de todo es que algunas iglesias evangélicas,
especialmente en Estados Unidos, aceptan las prácticas homosexuales
y que pastores e, incluso, obispos, reconocidos como homosexuales
practicantes, puedan ejercer el ministerio pastoral. La Iglesia
luterana de san Juan de Atlanta (USA) aceptó como pastor al
reconocido gay Bradley Schmeling. La Iglesia metodista de Inglaterra
aceptó el 2006 celebrar matrimonios de personas gays. En julio del
2004, la Iglesia episcopaliana de USA nombró a su primer obispo
abiertamente homosexual, Gene Robinson, un pastor casado y
divorciado que vivía desde hacía mucho tiempo con otro hombre en
New Hampshire. Éste y otros casos crean entre sus mismas Iglesias
divisiones en pro y en contra. Lo que sí es cierto es que la
doctrina católica, basada en la Biblia, nunca puede estar de
acuerdo con la práctica homosexual. Por eso, para los activistas
gays la Iglesia católica es actualmente su enemiga número uno.
Tratan de desprestigiarla por todos los medios posibles, propagando
al máximo los errores o escándalos de los sacerdotes, presentando
a la Iglesia, en todas partes, como intolerante y anticuada.
ASOCIACIÓN DE MÉDICOS CATÓLICOS DE USA
Veamos lo que nos dicen los médicos católicos norteamericanos
sobre la homosexualidad:
Hay intentos frecuentes de convencer al público de que la
atracción homosexual tiene base genética. Si la atracción sexual
fuese genética, entonces se esperaría que mellizos idénticos
tuvieran la misma orientación sexual. Pero hay numerosos casos de
mellizos idénticos que no son idénticos en su orientación sexual.
Las personas se sienten atraídas por personas del mismo sexo por
distintas razones. Pueden encontrarse algunas de las siguientes
causas:
Alienación del padre en la infancia, porque el padre fue
percibido como hostil, distante, violento o alcohólico. La madre
sobreprotectora. Madre necesitada de afecto y exigente con los
niños. Los padres no fomentaron la identificación con el propio
sexo. Ausencia de juegos más o menos violentos en los niños. Abuso
sexual o violación. Fobia social o mucha timidez. Pérdida de un
padre por muerte o divorcio…
El etiquetar a un adolescente, o peor a un niño, como homosexual
sin remedio hace un muy flaco servicio a la persona. Tales
adolescentes o niños pueden recibir consejos adecuados para poder
superar el problema de traumas emocionales anteriores.
Hay informes autobiográficos de hombres, que creyeron alguna vez
estar irremisiblemente amarrados a la conducta homosexual, y muchos
de estos hombres y mujeres se describen ahora como libres de esta
inclinación. La mayoría de estos individuos encontraron la
libertad a través de participar en grupos de apoyo basados en la
religión, aunque algunos también han buscado ayuda de terapeutas.
Es muy importante que cada católico, que sienta esta atracción,
sepa que hay esperanza y que puede encontrar ayuda. Uno de los
grupos católicos de apoyo mejor conocidos es la organización
llamada Courage (Coraje) y la organización afiliada Encourage
(Estímulo). Es esencial que todo católico encuentre acceso fácil
a estos grupos de apoyo y directores espirituales que apoyen de modo
inequívoco las enseñanzas de la Iglesia y estén preparados para
ofrecer ayuda de la más alta calidad.
Un punto importante es que les enseñen a perdonar a quienes los
han herido o rechazado, incluyendo a sus padres. Muchos no han
contado a nadie sus experiencias negativas y llevan encima un gran
sentimiento de culpa y de vergüenza. En algunos casos, aquellos que
fueron abusados sexualmente, se sienten culpables, porque
reaccionaron al trauma con comportamiento sexual equivocado. A
veces, pueden sufrir de adicción sexual. La adicción no es fácil
de superar. Recurrir frecuentemente a la confesión puede ser el
primer paso hacia la liberación. El sacerdote debería recordar al
penitente que, aún los casos más extremos de pecados en esta
área, pueden ser perdonados, alentándolos a resistir a la
desesperación, a perseverar y, al mismo tiempo, sugerirles algún
grupo de apoyo que les sirva para controlar su adicción.
Muchas de estas personas abusan del alcohol y de las drogas. Tal
abuso puede debilitar la resistencia a las tentaciones sexuales.
También, a veces, tienen pensamientos de desesperación y suicidio.
En estos casos, el sacerdote debe asegurarles que Dios los ama y
quiere que vivan una vida plena y feliz. Otros tienen problemas
graves como la envidia o autocompasión. Por eso, el sacerdote tiene
que ser para ellos una fuente de esperanza. En suma, el sacerdote
debe ser Jesús para estos hijos amados de Dios, que están en una
situación muy difícil. Debe ser compasivo y perdonar, pero firme,
imitando a Jesús que decía: Vete y no vuelvas a pecar.
Jeffrey Satinover, doctor en Medicina y Filosofía, ha escrito de
acuerdo a su amplia experiencia con pacientes que sufren de
atracción homosexual: “He tenido la gran suerte de haber
encontrado a mucha gente que ha logrado salir del ambiente
homosexual de vida. Cuando leo las dificultades que han encontrado,
el coraje que han demostrado, me lleno de admiración… Son esas
personas, previamente homosexuales, y todos aquellos que están
luchando en este momento, que me parecen un modelo de todo lo que
hay de bueno y posible en un mundo, que toma el corazón humano y al
Dios de ese corazón, muy en serio. En mis exploraciones en el mundo
del Sicoanálisis, la Sicoterapia y la Siquiatría nunca antes he
visto curaciones tan profundas”.
Los que quieren librarse de la atracción homosexual,
frecuentemente, se vuelven en primer lugar hacia la Iglesia. La
Asociación Médica Católica quiere estar segura de que
encontrarán la ayuda y la esperanza que buscan.
TESTIMONIOS
Veamos ahora varios testimonios de personas que con ayuda y
coraje, han podido liberarse de su inclinación homosexual y ahora
son libres y felices.
Richard Cohen
Richard Cohen es sicoterapeuta y educador. Uno de los mayores en
el campo de la orientación sexual y autor de varios libros. Es
director de la Fundación internacional para la curación
(International Healing Foundation), que él mismo fundó en 1990. El
haber experimentado personalmente todo el proceso de curación,
desde la homosexualidad a la heterosexualidad, le hace ser un
experto para el tratamiento de los homosexuales que desean curarse.
También es presidente del comité directivo de la asociación de
padres y amigos de ex-gays y gays (PFOX) y es miembro de la
Asociación nacional para la investigación y terapia de la
homosexualidad (NARTH).
Actualmente, vive en Washington con su esposa y sus tres hijos.
Su testimonio de curación de la homosexualidad es
extraordinariamente significativo, sobre todo, porque ya lleva 30
años de experiencia y ha ayudado a cientos de homosexuales a
encontrar una nueva vida como heterosexuales casados o viviendo en
castidad. Aprendamos de su experiencia:
“Durante mi infancia y adolescencia, recuerdo a mi padre
gritándonos y a mi madre agarrándose a mí. Yo me sentía muy
distante de él y demasiado próximo a ella. Cuando tenía cinco
años, un amigo de la familia vino a vivir con nosotros. Se ganó mi
confianza, conquistó mi corazón y abusó sexualmente de mí. Yo
era muy sensible, con un temperamento artístico, mientras que mi
padre y mi hermano eran deportistas. Mi padre maltrataba
emocionalmente a mi hermano Neal y Neal me maltrataba a mí. Estas
son algunas de las causas que me empujaron a experimentar
atracciones hacia personas de mi mismo sexo. Encontré refugio en
los brazos de algunos hombres. Tuve varios amigos en la universidad
y después tuve un amante durante tres años.
Desde que empecé la educación secundaria, comencé a
experimentar atracción hacia los de mi propio sexo. Aunque las
niñas se fijaban en mí, yo experimentaba un creciente interés y
deseo de estar cerca de los chicos. Desde los doce años, algunos de
mis amigos querían tener experiencias sexuales. Yo consentía, pero
lo que deseaba realmente era tener una intimidad física con ellos.
Quería abrazar y ser abrazado. En ocasiones, dormía en casa de mi
amigo Steve. Era maravilloso estar acurrucado junto a él. Para mí
no era suficiente, pero Steve se sentía algo incómodo con mis
continuas proposiciones de intimidad. Cada año que pasaba mis
deseos hacia los de mi sexo se hacían más fuertes. Tuve más
experiencias sexuales con amigos del colegio. Para ellos era una
novedad, pero para mí se estaba convirtiendo en una obsesión. Al
mismo tiempo, intentaba actuar de forma normal, así que salí con
chicas. En el último año de bachillerato, salí durante algún
tiempo con María. Muchos pensaban que nos casaríamos. Supongo que
nosotros también lo pensábamos, pero aquella creciente obsesión
por los hombres continuaba hechizándome.
Cuando tenía 17 años, me aventuré a ir en busca de una
relación homosexual. Fui al gimnasio de mi padre y conocí a un
hombre que me invitó a su casa. Mi corazón latía tan fuertemente
que creía que se me iba a salir del pecho. Nunca en mi vida había
hecho nada semejante. Cuando llegamos a su apartamento, comenzó la
seducción. Estaba nerviosísimo, pues todo aquello era nuevo para
mí. No sabía que dos hombres pudieran hacer lo que él me hizo
aquel día. Mi cuerpo y mi alma se sintieron rasgados en dos.
Después, dejé su piso y tomé el metro hasta mi casa. Cuando
estaba esperando el metro, me fui a un rincón oscuro y comencé a
llorar.
Me sentí ultrajado y decepcionado. Buscaba cercanía y un lugar
seguro para abrazar y ser abrazado. Lo que experimenté me pareció
como una violación. Nunca hablé a nadie de lo que había pasado.
Al final de mi último año, hablé con mis padres sobre mis
conflictos con la atracción hacia los de mi sexo. Mi madre me dijo
que lo sabía, lo que me enfadó mucho. Desde la primera infancia
había tenido una relación de amor-odio con ella. Sabía que parte
de mi confusión de género se debía a nuestra inadecuada
proximidad. Mi padre se avergonzó de mi revelación. Pedí que me
llevaran a un siquiatra. Fui, pero fue una experiencia estéril. Él
y yo no conectamos en absoluto.
En 1970, fui a la universidad de Boston a estudiar música.
Comencé sicoterapia dos veces por semana con un sicoanalista y
continué durante tres años… Durante mi primer año de
universidad, acudí a algunos bares gay, pero no me gustó el
ambiente. Parecía un mercado de carne y no tenía ningún interés
en convertirme en una mercancía sobre una estantería. Fui a
algunas reuniones de la asociación de estudiantes gays y lesbianas
de mi universidad. En el primer año, tuve varios novios, cada uno
de ellos durante algunos meses… Decidí tomar una botella de
bufferin y acabar con todo. Pero me desperté a media mañana,
enfermo como un animal, pero todavía vivo. Mi hermana me llevó al
hospital, donde me vaciaron el estómago y me estabilizaron. Me
recuperé y continué la terapia y volví a las clases. Acabé mi
relación con Mike, cambié de carrera y elegí el teatro. En mi
segundo año de universidad, conocí a Tim, que era diplomado en
Arte. Fuimos amantes durante los tres años siguientes… Los
momentos íntimos eran increíbles y el amor que compartíamos era
maravilloso. Éramos los mejores amigos. Aprendí muchas cosas,
viendo la vida a través de los ojos de Tim. Él tenía una afinidad
con la naturaleza y tenía un gran amor por Jesucristo. Yo era de
familia judía. Como quería a Tim, quería saber por qué quería
tanto a Jesús. Por primera vez en mi vida, comencé a leer el Nuevo
Testamento. Por mi educación judía había sido circuncidado y
confirmado y había estudiado el Antiguo Testamento.
Entonces encontré a Jesús… Se trataba de un ser
extraordinario. Así comenzó mi camino como cristiano. Me uní a
una iglesia episcopal en Roxbury y comencé a enseñar en una
escuela dominical. Poco a poco, Tim y yo íbamos comprendiendo que
la homosexualidad no era compatible con la Palabra de Dios, así que
eliminamos la parte física de nuestra relación… Durante nueve
años permanecí célibe. De vez en cuando, volvían a aparecer los
deseos hacia las personas de mi sexo. Me resistía y rezaba hasta
rechazarlos. Le pedí a Dios que me los quitara para siempre. Lo
logré, cantando en el coro de la iglesia y fue allí donde conocí
a mi esposa. Cantábamos juntos.
En 1982 Jae Sook y yo nos casamos. Los primeros dos meses fueron
maravillosos. Le hablé de mi pasado homosexual. Pero el problema
volvió a aparecer. Sentí rabia contra mi mujer. Proyecté hacia
Jae toda la hostilidad reprimida que anteriormente había sentido
hacia mi madre. Comencé a tratarla como mi padre nos había tratado
a nosotros. Le daba órdenes y la insultaba. Mi ira llegó a tal
punto que, en alguna ocasión, llegué a desear matarla. Era un
desastre horroroso, incrementado por el hecho de que entonces estaba
teniendo grandes éxitos profesionales. Era representante musical y
me encargaba de organizar giras de músicos y compañías de ballet
por toda Asia... Pronto mi mujer se quedó embarazada de nuestro
primer hijo. Comprendí que debía retomar la terapia de nuevo. En
mayo de 1983, mientras vivíamos en Nueva York, fui a ver a un
conocido sicólogo. Durante un año estuve acudiendo a sesiones
semanales. Ese fue el comienzo de mi camino para salir de la
homosexualidad.
Lloré y grité, cuando recordaba los abusos sexuales que había
recibido entre los cinco y los seis años. Un amigo de la familia, a
quien llamábamos tío Dave, vivió con nosotros mientras duraban
los trámites de su divorcio. Dave era un hombre muy grande y muy
fuerte. Él me dio lo que mi padre no me daba. Pasaba el tiempo
conmigo, me escuchaba, me abrazaba. Me dio la sensación de que yo
era importante y de que a él le importaba. Entonces, comenzó todo.
Comenzó a jugar con mis genitales y yo hacía lo mismo con los
suyos. Era algo que me daba miedo y me aterrorizaba. Por supuesto
también me proporcionaba placer.
Derramé muchas lágrimas, mientras ponía orden en la maraña de
confusión y destrucción que aquellos abusos habían causado en
mí. Para mí la intimidad con un hombre, a partir de entonces, era
igual a sexo. Aprendí que para estar cerca de un hombre debía
ofrecerle mi cuerpo... El intentar comprender y curar los efectos
del abuso sexual infantil hizo estragos en mi vida. En aquel tiempo,
teníamos poco apoyo espiritual y emocional. En Nueva York había
pocas organizaciones dedicadas a ofrecer ayuda a quienes deseaban
salir de la homosexualidad... Al final, decidí que no podía
aguantar más y volví al triste mundo gay. Me sentí un completo
hipócrita, yendo contra todas mis convicciones religiosas, pero la
necesidad de amor es más fuerte que la religión. Fue un tiempo
demencial. Un tiempo lleno de dolor y de soledad para Jae y para
nuestro primer hijo Jarish.
Yo estaba dando vueltas por Nueva York con mi amigo y ella estaba
sola en casa, cuidando de nuestro hijo y sabiendo que su marido
estaba saliendo con otro hombre. Ahora estoy verdaderamente
arrepentido y le he pedido perdón a ella, a nuestros hijos y a
Dios, por lo que hice. A ella le pedí que no se divorciase de mí.
Necesitaba curarme con otros hombres. No sabía cómo hacerlo...
Descubrí que estaba buscando cercanía, no sexo. Tenía que
recuperar todo el tiempo que no había compartido con mi padre. Esto
lo experimenté con un hombre maravilloso. Desde el principio, fui
sincero con él y le conté que estaba casado y que quería curar
mis deseos homosexuales. En mí no había engaño hacia él, ni
tampoco hacia mi mujer ni hacia Dios... En ese tiempo, tuvimos
nuestro segundo bebé, Jessica, una niña preciosa.
Gracias a Dios, encontré un amigo cristiano que estaba dispuesto
a curar las heridas homo emocionales de mi pasado. Era una persona
estable y segura de su masculinidad. No puedo describir todo lo que
sucedió entre David y yo. Sí, su nombre era David. Dave, abusó de
mí cuando tenía cinco años, y fue David quien me ayudó a curarme
con 35 años. Juntos, bajo la guía de Dios, hicimos el camino de
vuelta hasta la habitación donde sucedió mi abuso.
En 1987, Jae y yo asistimos a un Congreso de Exodus, que es una
organización cristiana de ayuda a los ex-homosexuales de todo el
mundo. En 1988 nos mudamos a la comunidad terapéutica. Estuvimos
con ellos seis meses, siguiendo una terapia intensiva y, durante los
siguientes dos años, continuamos recibiendo consejo y apoyo... Un
día le dije a mi padre: Nunca me abrazaste, siendo niño, al menos,
no lo recuerdo. Así que ahora que tienes 70 años y yo 36, necesito
que me abraces. De este modo, me eché en el regazo de mi padre.
Tuve que poner sus brazos a mí alrededor, pues él estaba rígido e
incómodo. Me sentí bien.
Después de mi curación, inspirado por Dios, creé la Fundación
Internacional para la Curación. Mi idea era la de establecer
centros de curación en todo el mundo. Comencé a dar conferencias
sobre el proceso de transición desde la homosexualidad hacia la
heterosexualidad... Recibimos amenazas de muerte, llamadas
telefónicas airadas y obscenas. La Oficina de Seatle exigió a la
Cruz Roja americana que me despidieran como educador. Muchos de la
comunidad homosexual se sintieron amenazados por mi trabajo. Durante
los últimos 12 años, he viajado por todo Estados Unidos, dando
charlas sobre la curación de la homosexualidad en iglesias,
universidades, en radio y televisión. He dirigido seminarios de
curación en USA y Europa. Me dedico a asesorar a hombres y
adolescentes, que abandonan la homosexualidad.
Hace cinco años, Dios nos regaló otro hijo, Alfie, y ahora con
Jae y nuestros tres hijos seguimos creciendo en nuestro amor. Quiero
a Dios con toda mi alma y con todo mi corazón. En los últimos 12
años de asesoramiento a cientos de hombres, mujeres y adolescentes
y de trabajo con miles de personas en Seminarios de curación por
todo el mundo, he aprendido que todas las heridas se originan en las
mismas fuentes. Cuando nos curamos, el mundo se cura un poco más.
Cuando ayudamos a otros, nosotros nos curamos en el camino”.
Sy Rogers
Ha escrito la historia de su vida en su libro El hombre del
espejo. Es un testimonio vivo del poder transformador de Dios.
Nació en 1956 en Estados Unidos. Era hijo único de una pareja de
clase media. A los cinco años de edad, perdió a su madre, una
mujer alcohólica, en un accidente automovilístico. Por un año,
mientras su padre se reponía, se fue a vivir con sus tíos, en cuyo
hogar comenzó a sentirse identificado con una prima de su misma
edad. Cuando tenía 11 años, su padre se volvió a casar. Al entrar
en la adolescencia, comenzó a sentir deseos de ser mujer y a sufrir
las burlas de sus compañeros por su amaneramiento femenino.
Al terminar la secundaria, viajó a Brasil en un programa de
intercambio. Sus padres adoptivos brasileños eran actores de teatro
y, en ese ambiente, era común la presencia de homosexuales. Por
primera vez, comenzó a sentirse aceptado como homosexual. De
regreso a USA ingresó a la Marina. Fue asignado a un navío en
Pearl Harbor, Hawai. Allí, en Honolulu, entró de lleno en el mundo
de la homosexualidad, la prostitución y las drogas. También se
unió a una iglesia cristiana, que aprobaba el modo de ser
homosexual y le permitía asistir a las reuniones sociales vestido
de mujer.
En 1977 acabó su servicio militar en la Marina y regresó a su
tierra. Fue a estudiar a una universidad conservadora y allí tuvo
que sufrir muchas burlas de sus compañeros. Poco a poco, tomó la
determinación de operarse para cambiar de sexo. Aunque físicamente
era un hombre, se sentía como una mujer atrapada en un cuerpo
equivocado. Y deseaba operarse para que su cuerpo se ajustara a su
modo de pensar y sentir como mujer. Empezó su proceso de
sicoterapia para la operación. Se le diagnosticó oficialmente como
transexual y apto para solicitar la operación de cambio de sexo.
Tenía que someterse a más terapia y luego ser operado en el John
Hopkins, un famoso hospital de Boston para ese tipo de cirugías.
Con las maletas listas y una botella llena de hormonas estuvo listo
en abril de 1978. Allí pasó un año y medio, viviendo como mujer y
trabajando en una compañía de contratistas. ¡Estaba consiguiendo
que se le aceptara como mujer!
Pero su salud comenzó a deteriorarse y le pidió a Dios que le
ayudara y lo iluminara para ver lo que tenía que hacer. Tres días
después, al despertar, escuchó el noticiero y casi no pudo creer
lo que estaba oyendo: el hospital John Hopkins acababa de anunciar
que no haría más operaciones de cambio de sexo; ya que, a la gran
mayoría de homosexuales, el tal cambio no le solucionaba el
problema de identidad sexual. ¡Dios había respondido a su
oración!
A continuación, comenzó a leer la Biblia y, poco a poco,
comenzó a sentirse mal viviendo como mujer. Dejó de tomar las
hormonas femeninas y comenzó a orar más intensamente. Su
regeneración espiritual se puso en evidencia a corto plazo. Sy se
fue liberando de las drogas y sanado de las úlceras sangrantes de
su estómago debido a su drogadicción.
Al verano siguiente, comenzó a trabajar en un ministerio
cristiano y se unió a una iglesia. Dice: Allí encontré algunas
personas a quienes se les hacía difícil relacionarse conmigo.
Aunque yo vestía ropa de hombre y tenía el pelo corto, los
residuos de mi vieja vida (modales afeminados, la voz aguda y los
resultados de las hormonas femeninas que había tomado) hacían que
muchas personas me confundieran con una chica. Al principio, me
sentía terriblemente humillado, pero estaba resuelto a vivir para
Dios. Mientras me iba fortaleciendo, pasaba el tiempo leyendo la
Palabra de Dios; y el Señor cortó mis relaciones y amistades con
el pasado. Era tiempo de marchar adelante. Al comienzo, me resistí
a la idea del matrimonio por temores interiores. Pero fui
desarrollando una amistad muy bonita con Karen y Dios obró
maravillas en nuestra vida. Al cabo de tres años me casé con
Karen.
Hoy, junto con su esposa, sirve a Dios en un centro de
recuperación de personas con problemas de identidad sexual. Llegó
a ser Presidente de Exodus international, la mayor institución
cristiana, no católica, que ayuda a cientos y cientos de
homosexuales en el mundo entero. Actualmente, continúa su trabajo
en este campo y vive en Orlando (USA).
John Paulk (travesti)
“Vestirme de mujer me dio la popularidad y la aceptación que
tanto deseaba. Me sentía orgulloso de ser travesti. La habilidad de
ser hermosa se convirtió en mi único interés en la vida.
Cuando mis padres se divorciaron, yo tenía cinco años. Mi padre
nos llevó a mí y a mi hermana a un parque y nos dijo adiós. Fue
un día trágico y un trauma que nunca olvidaré. Durante el resto
de mi niñez, viví con una inseguridad continua, creyendo que la
gente que yo amaba siempre me dejaría. Con otros muchachos de mi
edad me sentía terriblemente inseguro y distinto. Sencillamente, no
podía ser lo que ellos esperaban de mí y, en vista de que yo no
era hábil para los deportes y era afeminado, me decían: Marica,
maricón, mujercita...
Con mi amigo Jaime, comenzamos a consumir bebidas alcohólicas a
los 14 años. Desde el principio, mi intención fue emborracharme.
Bebía para aturdirme y entumecer el dolor interior. Eso era como un
tubo de escape de mis sentimientos de odio hacia mí mismo. Cuando
estaba para terminar mi secundaria, un amigo me llevó por primera
vez a un bar de homosexuales. Un nuevo mundo se abría ante mis
ojos. Toda la atención que recibí de otros hombres me resultó
irresistible. ¡Me parecía estar en el cielo!
Pronto me enamoré de un muchacho llamado Curtis. Nuestra
relación sexual pareció natural y me metí de cabeza en el estilo
de vida homosexual, abandonando el sueño de mi infancia de tener
una esposa e hijos. Pero fue pasando el tiempo y mi relación con
Curtis comenzó a deteriorarse. Después de un año nos separamos.
Una vez más, había perdido a alguien que yo creí que se quedaría
conmigo para siempre. Nuestra ruptura fue tan difícil para mí que
dejé mis estudios y me mudé otra vez a casa de mi madre.
Empecé a beber más y me sentía tan miserable que traté de
quitarme la vida. El intento de suicidio falló y, para recuperarme,
busqué un sicólogo homosexual para que me ayudara a juntar los
pedazos en que se había convertido mi vida. Para poder pagar mis
gastos, empecé a trabajar en la prostitución. Me llevaban a un
hotel y allí vendía mi cuerpo por 80 dólares la hora. Mis
clientes, que mantenían su homosexualidad en secreto, usaban drogas
como LSD y cocaína, y me las proporcionaban gratis. Sólo por
gracia de Dios no me convertí en adicto. Hacia el fin del verano,
estaba emocionalmente destruido. Recuerdo que me dormía llorando,
al regresar a casa después de permitir que me usaran sexualmente
toda la noche. Ese verano hubo algo significativo en mi vida. Vi a
un amigo en un bar de homosexuales. Él estaba vestido de mujer y su
apariencia femenina era tan real que me costaba creerlo. Estaba
fascinado y una noche él me puso maquillaje y una peluca. Esa noche
me drogué y fui al bar. Mantuve en secreto mi identidad real. Nadie
sabía que debajo de esa máscara estaba yo.
Esa noche revolucionó mi vida. Durante los tres años siguientes
dediqué todo mi esfuerzo a perfeccionar ese estilo de mujer. Estaba
orgulloso de ser travesti y me hacía llamar Candi. Rápidamente me
hice popular en el círculo de travestis.
En octubre de 1985, mi sicólogo me confrontó por lo mucho que
bebía. Empecé a ir a los encuentros de Alcohólicos Anónimos.
Después de pasar seis meses sin beber, mi mente empezó a
aclararse. Abrí la puerta de mi armario y miré la cantidad de
vestidos, pelucas, tacones altos, maquillaje y alhajas que había
acumulado en tres años. Puse todo en una caja y lo tiré a la
basura. Sentí como si diez toneladas hubieran sido sacadas de mi
espalda. Hasta hoy no he vuelto a vestirme de mujer.
Poco tiempo después, un pastor vino a hablar conmigo y me habló
de que Dios no me había hecho homosexual y me leyó el Génesis:
Dios hizo al hombre... varón y mujer... (Gén 1, 27). Así se hizo
luz en mi interior y me convencí de que la homosexualidad no era
algo con lo que había nacido ni algo en lo que debía continuar.
Esa semana desenterré la Biblia y empecé a leerla otra vez.
Después de varios días de lucha, me entregué a Jesús. Era el 10
de febrero de 1987. Había encontrado a Alguien que nunca me
dejaría.
Comencé a limpiar mi apartamento. Borré los videos
pornográficos y tiré a la basura cientos de dólares en accesorios
homosexuales. Escribí cartas a mis amigos, contándoles sobre mi
conversión. La mayoría nunca me contestó. Luego de algunas
semanas, empecé a participar en el programa Amor en Acción. Era
diciembre de 1987. Allí empecé a construir mi verdadera identidad
desde cero. Descubrí que la idea que tenía de Dios estaba
distorsionada y me resultaba difícil aceptar la realidad de su
amor. Pero comencé a cambiar. Aún cometí algunos errores durante
los primeros años en que abandoné a los homosexuales, pero me
aferraba al Señor. No puedo precisar fechas, pero en 1988 ya no
podía dudar de que Dios me amaba. También pude perdonar a mis
padres por su descuido emocional y por haberme sentido rechazado por
ellos. Hice amistad sana con varones y me fui sintiendo seguro de mi
masculinidad. Mis deseos homosexuales empezaron a desaparecer.
En 1991 me enamoré de una hermosa mujer de Dios, que iba a la
iglesia y que provenía también de un trasfondo lesbiano.
Participábamos juntos en el grupo de adoración y nos hicimos
amigos. Yo admiraba su compromiso con el Señor. Nos casamos el 19
de julio de 1992. Yo lloré al pronunciar nuestros votos
matrimoniales, sabiendo que el Señor estaba haciendo realidad mi
sueño. El poder transformador del Señor fue evidente.
Ahora soy una nueva criatura en Cristo. En el pasado había
muchas máscaras detrás de las que me escondía para protegerme y
no ser herido otra vez. Ahora veo esas máscaras sólo como un
obstáculo al amor de Dios conmigo. En Jesucristo he encontrado el
amor y la aceptación que había buscado toda mi vida”.
Frank Worthen
Frank Worthen abandonó el estilo de vida homosexual a la edad de
44 años, cuando se convirtió. Es el fundador de Love in Action
(Amor en Acción), uno de los ministerios para homosexuales más
grandes del mundo, y uno de los fundadores de Exodus International.
Es el fundador y actual director de New Hope Ministries (Ministerios
de nueva esperanza) en San Rafael, California, y ha escrito varios
libros sobre cómo salir de la homosexualidad.
Él nos dice: “Tuve el trastorno familiar de la mayoría de los
homosexuales: un padre ausente, una madre controladora. Cuando
estaba presente mi padre, no había paz sino sólo caos. Crecí
atemorizado y aislado. A los 13 años, murió mi padre y perdí la
oportunidad de llegar a conocerlo de verdad. El pastor de mi iglesia
asumió el papel de padre y tomó interés en mi vida... Yo sabía
que era diferente, pero ciertamente no quería ser diferente. Pedí
a Dios que me cambiara; sin embargo, seguía sintiendo atracción
por otros hombres. A los 18 años, me enamoré de una chica y estaba
contento con el hecho de que mi homosexualidad había desaparecido
de momento. Pensé que había madurado hacia la heterosexualidad.
Después de una relación de un año, llevé a mi amiga a buen
restaurante y le pedí que se casara conmigo. Su respuesta fue: Hay
sólo dos cosas a las que puedo amar: a los caballos y a otras
mujeres. Nunca había pensado que las mujeres también podían ser
homosexuales. Ella se fue y nunca la volví a ver.
Con 19 años asumí el estilo de vida homosexual. Pasé 25 años
como homosexual activo en San Francisco. He participado en gran
parte de la historia del movimiento gay. A los 44 años pensaba
suicidarme y quería salir de donde estaba, pero nunca había visto
a nadie dejar el estilo de vida homosexual. Todos decían: Una vez
gay, siempre gay. Me sentía tan miserable que no tenía otra
opción que el suicidio. Pero volví a la fe de mi juventud y esa
migaja de fe fue suficiente para obrar un cambio milagroso. Ya han
pasado 23 años en los que estoy ayudando a personas que quieren
dejar el estilo de vida homosexual. Llevo casado 11 años y jamás
volvería a la miseria y a las mentiras del estilo de vida gay. Cada
día doy gracias por mi nueva vida. Hay más felicidad ahora en un
día de mi vida que en los 25 años que pasé en un estilo de
traición y engaño”.
Steve
“Mi autoimagen era muy pobre. Pensaba que todos los demás eran
más guapos, más ricos, más listos y más rápidos que yo. Entre
los doce y trece años comencé la pubertad. No quería empezar a
afeitarme, a tener una voz más grave o a ver cómo crecía el pelo
alrededor de mi órgano sexual... Me di cuenta de que idealizaba a
otros chicos mayores del colegio. Deseaba ser como ellos. Percibía
cierta atracción a las chicas. Compré algunos posters y
pornografía de mujeres. Mi hermana y mi madre los encontraron y
pude oír que decían: Oh no, ¿le atraen sexualmente las mujeres?
Tenía miedo a la intimidad con mujeres y evitaba ir más allá del
nivel de la amistad con ellas. También me percaté de que
comenzaban a atraerme sexualmente otros chicos y hombres jóvenes.
Cuando tenía 15 años, me hice amigo de otro chico, necesitado como
yo, de mi misma edad. Los dos éramos músicos y comenzamos a pasar
tiempo juntos. Lenta, pero firmemente comenzó a seducirme. Un día,
tuvimos una relación sexual. El impulso y la necesidad eran
demasiado intensos como para negarse. Puedo recordar esa primera vez
como si fuera ayer. Comenzamos a tener relaciones sexuales con
regularidad. Él compraba pornografía y me la enseñaba. Nuestra
relación continuó algunos años.
No tardó en hablarme de lugares en los que los hombres se
encontraban para tener relaciones sexuales: baños, parques, bares.
Cuando entré en la universidad, seguía siendo el músico tranquilo
e intelectual. Pero me convertí en un furioso adicto al sexo y no
dejaba de buscar contactos sexuales con varones, a menudo un par de
veces por semana. Cuando tenía 19 años, decidí que no quería
seguir con aquel estilo de vida y empecé a buscar respuestas. No
quería ser homosexual. No quería tener relaciones sexuales con
hombres. Algo me faltaba. Escribí a muchas organizaciones
diferentes. Entré en contacto con sacerdotes y grupos religiosos y
sicológicos. Comencé sesiones de terapia.
Cuando tenía 22 años, me mudé a otra ciudad y, de repente, me
encontré solo y sin amigos. De nuevo comencé a repetir mi conducta
sexual. Empecé a traer hombres a casa, pensando que, si el sexo no
era anónimo, quizá no resultara tan doloroso emocionalmente. Pero
busqué más ayuda e inicié un plan intensivo de curación. Acudía
a dos grupos de sanación, frecuentaba la terapia y empecé a buscar
ayuda de otras personas que se encontraban en distintos tipos de
recuperación. Y vino la curación. Pensé que era algo temporal
como en otras ocasiones. Pero, esta vez, ¡la libertad duraba! Desde
octubre de 1996, he permanecido en una sobriedad sexual. Ahora me
estoy dando cuenta de que, en la medida en que mi identifico con mi
propia masculinidad, me siento atraído por las mujeres. Por eso,
doy testimonio de que es posible curarse. El don de la libertad
está disponible para quienes de verdad deseen tomarlo”.
Christian
“Era julio de 1995 y había llegado al final de un camino muy
largo. Yo era gay. Tenía un buen trabajo y una vida social. Llevaba
más de 20 años casado con una mujer guapa, cariñosa y tenía los
mejores hijos que un padre puede desear. Sin embargo, me sentía
cada vez más aprisionado por ser un homosexual que pretendía ser
heterosexual en un mundo heterosexual al que no pertenecía. Era el
momento de declarar mi homosexualidad.
Fue a comienzos de 1980, cuando, después de una función de
teatro, le confesé a un amigo que era gay y que me sentía atraído
por los hombres. Poco después de esta confesión, me invitó a su
apartamento donde me inició en el sexo homosexual. Fue como si me
quitara de encima 30 años de peso muerto. Pronto conocí a otros
que también estaban más que deseando tener relaciones con el
recién llegado al grupo. Pensé estar en el cielo, pero aquello se
convirtió rápidamente en un infierno. Me sentía vacío, solo,
asustado, falso, culpable, sucio y, sobre todo, embarcado en una
dirección que no deseaba.
Vivía una doble vida. Le confesé a mi esposa que era gay. No lo
aceptó. Ella no era capaz de ayudarme. Un sicólogo heterosexual
trató de ayudarme, pero no tenía las claves necesarias, leí
algunos libros y me convencí de que el problema era genético y
nada más. Dejé de ir al sicólogo y mi esposa y yo hicimos, como
si el problema hubiera desaparecido, pero yo me odiaba a mí mismo.
Hacia 1985, yo había dejado de mantener relaciones homosexuales.
Sin embargo, mi vida sexual y la de mi esposa eran una ruina. Odiaba
el sexo con mi mujer... De nuevo, comencé a tener relaciones
sexuales con hombres. Se convirtió en una adicción y en una
solución efímera. Podía pasar meses sin que tuviera contactos
sexuales con hombres, pero, si me sucedía algo estresante, huía
hacia un encuentro homosexual. Me daba cuenta de que estaba buscando
al hombre perfecto. Con el paso de los años, me di cuenta de que se
trataba de una fantasía que nunca se haría realidad.
Situémonos ahora de nuevo en julio de 1995. Mi ansiedad estaba a
punto de explotar. Mi esposa me aconsejó ir a ver a Richard Cohen.
Cuando comenzó la primera sesión de terapia, yo era un individuo
oscuro y roto... Comencé a darme cuenta de los hechos de mi
infancia y cómo abusaron de mí unos quinceañeros que me cuidaban
y me sacaban a pasear. Esto me ayudó a ir eliminando algunas capas
de lo que yo había interpretado como ser gay. Y así comenzó la
terapia que cambió mi vida. Durante dos años acudí a terapia
individual hasta dos veces por semana. Al final de este período,
estaba viviendo una vida maravillosa y productiva con mi mujer, mis
hijos y mis amigos. Mi oscuridad y ansiedad habían desaparecido
completamente. Ahora disfruto verdaderamente de las relaciones
sexuales con mi mujer.
No tengo sentimientos homo emocionales hacia los hombres. No soy
y nunca fui gay. Tenía sentimientos adictivos homo emocionales
hacia los hombres. Me siento fenomenal porque se me ha dado la
oportunidad de elegir. Elegí cambiar y es posible. Siento que he
vuelto a nacer. Ahora tengo a Dios, a mi esposa, a mis dos hijos y
grandes esperanzas en lo que la vida me depara cada día”.
Mark
“Mi niñez transcurrió en un país del Este de Europa, que
había sido comunista durante décadas. Desde que puedo acordarme,
siempre había sentido algo extraño hacia los hombres, un
sentimiento que me inquietaba y me confundía. En sueños y, cuando
estaba solo, siempre anhelaba al mismo tiempo que temía, la
intimidad con otros hombres. A temprana edad comencé a darme placer
a mí mismo, porque me hacía sentir bien. Más adelante, le
enseñé a mi hermano y, después, lo hacíamos juntos. Por un
instante me sentía bien, pero después me encontraba mucho peor. En
la adolescencia se convirtió en una especie de adicción. Cuando
cumplí los 13 años, sólo pensaba en que otro hombre tuviera
relaciones sexuales conmigo. No estaba preocupado por nada más.
Ninguna otra cosa me resultaba interesante. No podía estudiar. No
podía tener amigos. Las relaciones homosexuales estaban prohibidas
y el temor de ir a la cárcel o a que mi padre perdiera el trabajo,
me impedían pasar a la acción, sólo tenía relaciones sexuales
con mi hermano.
Cuando cumplí los veinte años, ya había caído el régimen
comunista y decidí pasar a la acción. Tuve un par de relaciones
homosexuales. Se desataron todas las emociones acumuladas durante
años y todas mis fantasías tomaron forma. Yo era un caos. Me di
cuenta de que aquello no era lo que yo quería y de que el amor que
buscaba no estaba allí. Salí con una chica, pensando que así me
convertiría en heterosexual, pero tampoco funcionó. Me costó
darme cuenta de que era muy infeliz, de que mi vida era un desastre
y de que quería que las cosas cambiaran. No tenía a nadie a quien
contarle mi combate, a nadie con quien compartir mi dolor. Llegué a
pedir ayuda a Dios, algo totalmente desacostumbrado en mí. Y me
dije a mí mismo que, si había algo en cualquier parte del mundo
que me pudiera ayudar, lo encontraría. Oí entonces hablar de la
fundación de Richard en la que decían que era posible la curación
de la homosexualidad.
Tardé más de dos años en poder ir a Estados Unidos y ponerme
en manos de Richard. La primera batalla fue aumentar mi autoestima.
Nos veíamos dos veces por semana. Durante dos años acudí a la
cita y comencé a hacer amigos, sobre todo, en el grupo de apoyo. Me
sentía muy aliviado, pero todavía seguía luchando con los
sentimientos homosexuales. Hasta que me sumergí en la parte herida
que estaba en el centro de mi ser. Pude ver a aquel niño pequeño
en el vestuario, indefenso y terriblemente asustado. Allí no había
nadie que lo protegiera y lo salvara de la amenaza que tenía
enfrente: el hombre desnudo. Me liberé del pánico, del temor y de
la rabia que sentí entonces. Sentí dolor por aquel niño inocente,
que era yo, y por su sufrimiento. Dejé pasar aquella experiencia
horrible y, cuando volví a la habitación, me sentí libre por
primera vez. Fue como volver a nacer. Nunca más volví a sentir
aquel dolor en el pecho.
En cuanto las heridas internas comenzaron a curarse, los
sentimientos homosexuales desaparecieron. Durante las semanas
siguientes, fui sintiendo progresivamente el cambio. La paz y la
felicidad habían nacido en mí. Todos los demás aspectos de mi
vida se fueron ordenando. Ya han pasado más de dos años desde
aquel día y me he convertido en la persona que aspiraba a ser. Me
casé y estoy deseando afrontar los retos de la paternidad. Estoy
contento de mí mismo. Ahora amo y soy profundamente amado. La vida
es bella”.
Bonnie
“No recuerdo qué edad tenía cuando me di cuenta por primera
vez de que no me sentía a gusto siendo una chica. Tenía un hermano
cinco años mayor que yo y otro que sólo me sacaba 14 meses. Me
añadí a mis hermanos y me fui volviendo un chicazo. Cuando tenía
tres años, mi mundo cambió. Sufrí traumas que había de reprimir
durante 30 años. Mi abuelo materno murió tres días después de mi
tercer cumpleaños. Apenas lo recuerdo ni lo recuerdo a él. En su
terrible dolor, mi madre se alejó de mí. Me volví solitaria.
Conforme se acercaba la pubertad, de algún modo me sentía
atraída hacia los varones, mientras que, al mismo tiempo, sentía
un interés desordenado hacia mis amigas. Había una hacia la que me
sentía especialmente atraída. Aquello me parecía anormal, así
que nunca le conté lo que sentía. Tenía mucho miedo. Al desear
estar con ella, lo que buscaba era su afecto. Una noche, que dormí
en su casa, me aproveché de la situación y la toqué mientras
dormía. Fue electrizante, pero me dejó un sentimiento de culpa.
Cuando comencé el bachillerato, seguía sintiéndome atraída
por los chicos, pero yo no los atraía. Mi primer amor fue una chica
más joven. Era solitaria y sus compañeras la dejaban de lado. Un
día, mientras dormía en su casa, tuve un intenso deseo de tener
relaciones sexuales con ella. Antes de que mis sentimientos llegaran
a expresarse físicamente, ella y su familia se marcharon a otra
ciudad. Pero yo sentía necesidad de amor e intimidad con una mujer.
En mi segundo año, conocí a una chica que estaba necesitada de
amistad. Percibí que no me rechazaría. Parecía un alma
desesperada, que haría cualquier cosa para obtener amor. No opuso
resistencia a mis intenciones. Al principio no quería, pero
conforme íbamos compartiendo nuestras vidas y nuestros cuerpos, nos
íbamos haciendo más dependientes la una de la otra.
Cuando comencé la universidad, vivía a kilómetros de distancia
de mi amante. Varias veces intenté acabar con nuestra relación,
pero no pude. Aunque era inmoral y socialmente inaceptable, no
estaba preparada para abandonarla. Llegué a considerar el suicidio.
En una iglesia católica, en enero de 1973, reté a Dios para que
hiciera algo con mi arruinada vida. No sabía lo que quería ni
tenía idea de qué hacer. No podía cambiar mi identidad ni mis
sentimientos. Me sentía inaceptable ante Él. Si Él no actuaba,
acabaría con mi vida. Me arrodillé ante el altar y, cuando me
incorporé, algo había cambiado. Sentí paz.
Desde entonces, tuve muy pocos encuentros homosexuales. Seguí
creciendo en la fe y mi relación con Dios se fortaleció. En mi
último año de universidad, conocí al hombre que hoy es mi marido.
No le hablé de mi lucha interior ni de mi pasado. Nos casamos y
dejé la homosexualidad, o al menos eso pensaba. Nuestro matrimonio
iba bien, pero mis pensamientos homosexuales no desaparecían…
Después de 16 años, conocí a una compañera de trabajo y me
sentí intensamente atraída hacia ella. Pensé que me estaba
enamorando. Le declaré lo que sentía y ambas lloramos. Me dijo que
no estaba enamorada de mí. Fue muy humillante. Me sentí muy herida
y deprimida. No podía seguir ocultando mis problemas a mi marido.
Necesitaba ayuda. Gracias a Dios, él no me dejó ni se enfureció.
Como no había habido una relación sexual, le fue más fácil
perdonarme. Fui a un terapeuta y me hizo ver la conexión entre mi
madre y mi lesbianismo. También le conté la experiencia que
sucedió entre mi madre y yo, cuando yo tenía ocho años. Tuve que
admitir que mi propia madre había abusado de mí. Nada podía ser
peor que aquello.
Fortalecí mi autoestima. El testimonio de una ex-lesbiana me
ayudó mucho y me dio esperanzas. Ahora soy más afectuosa con las
mujeres y las abrazo sin miedo. Mi fe está madurando y mi corazón
está más abierto. Mi matrimonio ha mejorado. Me siento más a
gusto con mi identidad de mujer. En mí hay esperanza. Dios me
recrea a su imagen”.
Wendy
“Durante mi último año de secundaria, mis sentimientos
homosexuales estallaron incontrolablemente. Me di cuenta de que una
profesora de la que estaba enamorada era bisexual. Arreglé una cita
para almorzar con ella y terminó comprándome una novela lesbiana
de ficción para ayudarme. Después comencé a ver a una consejera
lesbiana. Ella no hizo sino confirmar mis sentimientos. Después fui
a ver a una sicóloga y ella me empujó dentro del estilo de vida
lesbiana, diciéndome que era normal.
En medio de esto conocí a un hombre que me interesó. Él era
todo lo que yo podría haber buscado en un novio, pero tuve que
terminar con él después de tres meses, porque los sentimientos
homosexuales continuaban en mí. Esto me empujó aún más dentro
del estilo de vida lesbiano. Ante mi hermana, justificaba mi modo de
vida, porque así podía divertirme sin el miedo a quedar
embarazada.
Mi familia me dio un ultimátum: Deja la vida gay o múdate. Pero
una de mis hermanas mayores me aconsejó que esperara seis meses. Me
dijo que podía confiar en ella.
Lloré todo ese día. Me encontraba con un gran desorden
emocional y sabía que tenía un camino difícil por delante. Más
tarde me enteré de que mi hermana había estado orando por mí. Los
siguientes seis meses ciertamente no fueron fáciles, pero un nuevo
mundo se abrió ante mí. Mi literatura gay fue reemplazada por
literatura religiosa. Empecé a asistir regularmente a reuniones de
oración y leí la Biblia. Decidí escuchar la radio cristiana y ver
la televisión católica. También empecé a asistir a grupos de
apoyo espiritual. Pero había noches en que extrañaba a mi novia y
estuve a punto de ceder. Doy gracias a Dios que me salvó en el
momento exacto antes de que ella se volviera mi amante. Después
empecé a rezar el rosario todos los días, a ir a misa cada día y
a pasar tiempo con Jesús en el Santísimo Sacramento, tan a menudo
como me era posible. Mis tentaciones homosexuales se fueron
debilitando. Los sentimientos heterosexuales empezaron a crecer y
quizás un día pueda unirme en matrimonio al hombre que conocí
hace más de tres años y a quien le hablé de mi pasado. Pero lo
importante es que por ahora tengo un compromiso de castidad con
Cristo”.
Charlene Cothran
Durante 13 años fue activista en favor de los derechos de la
Comunidad gay afroamericana en Estados Unidos a través de su
revista Venus. Era lesbiana y ha manifestado públicamente que se ha
convertido y ha dejado su vida de lesbiana para entregarse por
completo a Jesucristo. Desde el año 2007 la revista Venus ha
cambiado su orientación y es una revista en pro del movimiento de
ex-homosexuales.
Ella dice: Como directora de una publicación que llega a la
comunidad negra de homosexuales, tuve la oportunidad de publicar un
discurso para cientos, de influenciar a la gente para salir del
closet y defenderse a sí mismos, lo que es particularmente difícil
en la comunidad afroamericana. Pero ahora, debo salir del closet
otra vez. He experimentado recientemente el poder de cambio que
viene cuando uno se rinde completamente a las enseñanzas de
Jesucristo. Como creyente de la palabra de Dios, acepto y siempre
supe que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no
son lo que Dios quiere de nosotros.
MichAel Glatze
Famoso activista gay, que a sus 22 años, era ya director de la
revista Young gay America (America joven gay). Ha publicado el 2007
el testimonio de su conversión en worldnetdaily.
Se dio cuenta de sus sentimientos homosexuales, cuando tenía 14
años. A los 20 años se declaró homosexual en público y como
activista gay defendió los derechos de los homosexuales. Recibió
numerosos premios y reconocimientos, incluso el Premio del modelo
nacional a imitar del Foro de Igualdad de la principal organización
de derechos homosexuales. Tuvo presentaciones en distintos canales
de televisión y menciones en un tema de portada en la revista TIME,
titulado la batalla de los gays adolescentes.
Él nos dice: La homosexualidad ejercida en mentes jóvenes es,
por su misma naturaleza, pornográfica. Destruye mentes
impresionables y confunde su sexualidad, cuando ésta se está
desarrollando. Me di cuenta de todo esto, cuando tuve 30 años, a
raíz de una enfermedad conseguida por mi estilo de vida gay. Siento
fuertemente que Dios me ha puesto en este mundo por una razón.
Incluso, en los días más oscuros de fiestas hasta altas horas de
la noche con abuso de sustancias y cosas dañinas, había siempre
una voz allí. Yo no sabía cómo llamarla, pero me decía: Detente.
Ahora reconozco que la homosexualidad nos impide encontrar
nuestro auténtico yo interior. No podemos ver la verdad, cuando
estamos cegados por la homosexualidad. Creemos que la lujuria no
sólo es aceptable, sino que es una cosa buena. Ahora puedo llamar a
los deseos homosexuales por su verdadero nombre: lujuria. Por
supuesto que no es fácil sanar las heridas causadas por la
homosexualidad. No encuentras apoyo. Si buscas ayuda, no recibes
más que silencio, humillaciones y hasta te ridiculizan. En mi
experiencia, salir de la influencia de la mentalidad homosexual, fue
la experiencia más liberadora, hermosa y asombrosa que he tenido en
toda mi vida.
Joseph
“Nací en Europa, donde viví durante más de veinte años. Fui
un niño muy sensible y, por eso, la confrontación con la realidad
me resultó mucho mas difícil que a otros. No puedo recordar
exactamente cuándo comencé a sentirme atraído por otros chicos.
Sin embargo, hace algunos años descubrí que mi tío había abusado
sexualmente de mí. Cuando tenía tres y cinco años pasaba mucho
tiempo con él. Cuando evoqué por primera vez estos recuerdos, me
sentí horrorizado al recordar los auténticos hechos que una vez
tuvieron lugar. Lo más doloroso e intenso fue recordar los
sentimientos conectados con el abuso… Después, tuve contactos
sexuales con algunos de mis amigos de escuela. Nos masturbábamos y
practicábamos el sexo oral unos con otros, y me empezó a gustar.
Por aquel tiempo, encontré revistas pornográficas que guardaba mi
padre y la masturbación empezó a convertirse, cada vez más, en un
amigo dentro de la solitaria vida de mi casa.
Nunca llegué a comprender por qué me sentía atraído por los
chicos y los hombres. Me parecía que era una de las cargas más
pesadas de mi vida, ya que también me gustaba estar con mujeres y
no tenía duda de que quería formar una familia… Pero comencé a
tener encuentros sexuales con hombres en parques y en baños
públicos. Aunque no lo hacía muy a menudo, pensaba que aquello
podía calmar mi necesidad de intimidad con varones. No tardé mucho
en darme cuenta de lo terrible que era todo aquello. Intenté evitar
aquellos encuentros. En parte lo conseguí, porque me apoyaba cada
vez más en la masturbación para calmar mis necesidades de
intimidad masculina, usando pornografía gay.
Por aquel tiempo conocí a la que iba a ser mi mujer y, desde el
principio, le hablé de mi atracción hacia los hombres. Ella me
dijo: Juntos lo superaremos. Me acompañó a los Estados Unidos, me
puse en terapia y me uní a un grupo de apoyo. Descubrí a mi niño
interior y eso me ayudó enormemente a curar las heridas de mi
pasado. Hoy me doy cuenta de que he recorrido un largo camino. Me
siento muy bien y estoy agradecido a los que me abrieron paso para
este tipo de transición personal. Ahora soy feliz con mi esposa y
esperamos nuestro primer hijo”.
David Morrison
“Fui activista homosexual y ahora soy católico comprometido en
vivir mi castidad. Tenía un amante con quien había vivido cinco
años, un condominio en un área metropolitana grande, un trabajo
satisfactorio y una vida religiosa como episcopal, que constituía
todo un tesoro para mí. ¿Qué más podía desear? Sin embargo,
cuando oraba o reflexionaba calladamente, me daba cuenta de que algo
andaba mal. Poco a poco, comencé a comprender que mi sexualidad no
era algo de lo que yo era dueño, sino que Dios era en realidad su
dueño. Después de muchos meses de indecisión, ya no pude
continuar siendo deshonesto. A la luz de las Escrituras y de la
tradición de la Iglesia, tuve que admitir que Dios exigía de mí
lo mismo que exige de todo cristiano que no está casado: una vida
casta. Así que abandoné todo lo que hasta ese punto había
considerado importante para mí. Si Cristo me estaba pidiendo que
viviera la castidad, yo tenía que decidirme a hacerlo. Todo lo
demás y todas las personas las puse en sus manos. A partir de ese
momento, recorrí rápidamente el camino hacia la conversión y la
aceptación de la fe católica.
Al principio, tuve mis dudas porque nadie en mi familia era
católico. Algunos hasta eran anticatólicos y todavía lo son. Sin
embargo, la verdad que descubrí no me permitió demorarme más y
entré en la Iglesia el día de Pascua de 1993.
Ahora tengo esperanza de que muchos obispos, sacerdotes,
religiosas y laicos conozcan y apoyen el poderoso ministerio del
padre John Harvey y su organización Courage (Coraje) para ayudar a
miles de personas homosexuales que desean dejar su vida gay y están
luchando en privado contra su inclinación homosexual”.
Jim B. y otros
“Tuve una relación homosexual con Leo durante 21 años, cosa
extraordinaria entre nosotros. Yo era pastor de una iglesia
cristiana de gays. Durante el mes de mayo de 1988, mi compañero Leo
estaba agonizando; él tenía 80 años y yo 50. Un día, yo rezaba
por él y me vino a la mente la oración de mi infancia Acordaos de
San Bernardo. Recité casi toda la oración, pero me olvidé del
final. Después de un rato recordé sin esfuerzo: Madre de Dios, no
deseches mis humildes súplicas antes bien escuchadlas y acogedlas
favorablemente. Amén.
Había vivido muchos años alejado de María y de la Iglesia
católica. Esa noche encontré mi rosario y comencé mi viaje de
regreso a casa. Era el 13 de mayo, aniversario de la primera
aparición de la Virgen en Fátima.
Leo también decidió convertirse a la fe de su infancia y
recibió el sacramento de la unción de los enfermos. En la tarde
del 31 de mayo, fiesta de la Visitación, Leo murió. En el camino a
casa tuve que esperar un rato en un semáforo y una vocecita calmada
me dijo: Jim, estás libre. Ahora puedes hacer cualquier cosa. Al
día siguiente, me confesé después de 23 años. Fue un momento
emocionante para mí. Había perdido a mi mejor amigo, pero había
recuperado mi tesoro perdido: la Iglesia católica. Cristo me trajo
de vuelta a la fe católica por medio de su Madre, y estoy muy
agradecido”.
El padre Jorge Córdova cuenta que en cierta ciudad de México se
le acercó un muchacho y le dijo:
Padre, soy homosexual, vivo con otro homosexual como marido y
mujer; he ido a muchos médicos, sicólogos, siquiatras, programas
de rehabilitación y no puedo salir de esto, aunque sí me
gustaría.
El padre Jorge le dijo:
Mira, quiero hacerte una propuesta sencilla. Vas a ir todos los
días a una iglesia y vas a estar un cuarto de hora por lo menos
delante de Jesús Eucaristía, pidiéndole que te inunde de su amor
y que te cambie. El secreto está en hacerlo todos los días. Pide a
Jesús que sane tu área sexual. Esto lo vas a hacer durante un mes.
Después vienes a verme.
Antes de un mes, vino a verme y me dijo: “Padre, ¡no lo va a
creer! Ya no estoy viviendo con mi pareja, no me pregunte cómo;
pero, a pesar de que hasta materialmente estábamos muy unidos, ya
todo se acabó”... A los pocos meses tuve más noticias de él. Me
dijo: “Padre, no lo va a creer; pero ya no me gustan los hombres,
ahora me gustan las mujeres, cosa que antes ni caso les hacía”...
Le animé a que siguiera cada día con sus visitas a Jesús
sacramentado. Y, después de unos meses, me dijo que estaba de novio
y, al año, más o menos, se casó. Ahora tienen un hija y una
familia preciosa para gloria de Dios.
El poder de la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía
es realmente fabulosa. Jesús puede curar cualquier enfermedad del
cuerpo o del alma. Por eso, decía el religioso y escritor italiano
Carlo Carretto: En los casos graves de toxicómanos, homosexuales,
drogadictos, alcohólicos, etc., he llegado a tener tanta fe en la
fuerza transformadora de la oración ante Jesús Eucaristía que les
digo con firmeza: Ten fe; si quieres sanar, haz la cura del Sol.
Sí, Jesús es el Sol divino, que bajó a devolver la salud a la
tierra con el poder sobrenatural de la Eucaristía.
Si quieres sanar, ponte diariamente, durante un año, en
oración, en una capilla solitaria, mejor, delante del Santísimo
Sacramento expuesto, y quédate allí en actitud de pobre
repitiendo: “Jesús, ten misericordia de mí que soy un pobre
pecador”. Hazte guiar por un buen sacerdote. Aprovecha ese tiempo
para estudiar la Biblia; pero, sobre todo, ponte ante el Sol divino;
deja que la vecindad de Cristo te penetre dentro, allí donde anida
la podredumbre, donde está la llaga.
Normalmente, las curaciones han ocurrido antes del tiempo
previsto. Alguno tal vez sonría, cosa natural para quien desconoce
el poder de Cristo, pero yo os aseguro que la dificultad en realizar
esos milagros de curación no depende tanto del poder de Jesús que
es soberano, sino que depende casi siempre de la falta de fe en la
curación, o incluso de no dejarse curar.
HAY ESPERANZA
Los homosexuales pueden respirar aire puro. Hay esperanza para
ellos. Hay miles de homosexuales que han cambiado su orientación
sexual. Hay miles de ellos que han encontrado por fin la libertad y
muchos de ellos están ahora felizmente casados y con una bella
familia. Hay esperanza. No hay que perder la esperanza.
El año 2000, el doctor Robert Spitzer de la universidad de
Columbia, quien en 1973 había sido uno de los que votaron a favor
de la eliminación de la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y
Estadística de la Asociación Siquiátrica norteamericana, fue
desafiado por muchos hombres y mujeres que habían cambiado su
atracción sexual. Spitzer entrevistó a 200 de estos hombres y
mujeres y halló que los hombres que ahora se identificaban como
heterosexuales, después de cinco años de terminado su tratamiento,
habían tenido cambios reales. La mayoría de ellos había obtenido
el éxito a través de programas de apoyo basados en la fe.
Spitzer reconoció sus equivocaciones y es hoy un experto en la
terapia de personas con sentimientos homosexuales, pertenece a la
asociación NARTH, dedicada a la investigación y curación de la
homosexualidad. El año 2003 publicó el resultado de una
investigación, donde demostraba los siguientes hechos con bastante
contundencia:
La modificación completa de la orientación homosexual hacia una
orientación heterosexual es posible. El 85% de hombres y el 70% de
mujeres, que habían solicitado ayuda de los especialistas,
referían una insatisfacción emocional con el estilo de vida
homosexual. Aunque algunos no lograron curarse del todo, tenían
mucha satisfacción por los cambios parciales que habían logrado.
No se encontró ninguna evidencia de que la terapia de
reorientación pudiera ser perjudicial para estas personas. Por el
contrario, refirieron haber recibido muchos beneficios más allá
del cambio de orientación sexual.
Por eso, para Spitzer, no está justificado por los datos
científicos que la Asociación Americana de Siquiatras desaconseje
estas terapias inofensivas, mientras que sí recomienden terapias
afirmativas para que esas personas asuman su homosexualidad.
El doctor Richard Cohen, ya citado anteriormente, afirma: Me he
dedicado a orientar y educar a miles de hombres, mujeres y
adolescentes que luchaban por cambiar su condición por la que se
sentían atraídos hacia personas de su mismo sexo... La atracción
hacia personas del propio sexo es siempre un síntoma de traumas
infantiles no resueltos y de necesidades homo emocionales de amor
que han quedado insatisfechas... La mejor medicina para esto y para
cualquier dolor es el amor. El homosexual necesita un vínculo
seguro con los varones. Ellas necesitan tener vínculos seguros con
las mujeres. Cuando se logren tener esos lazos seguros, entonces los
deseos hacia personas del propio sexo se desvanecen. Por eso, invito
a que los varones echen una mano a los hombres que no estén
identificados con su género; y a las mujeres a que lo hagan con las
mujeres que están en la misma situación. Se trata de una guerra de
amor. Hazlo lo mejor que puedas y déjale el resto a Dios.
Para curarse, deben comenzar por reconocer que no son felices por
ese camino. Que Dios, como Padre, no está contento con su estilo de
vida gay y que los remordimientos de su conciencia no son
simplemente producidos por la educación religiosa recibida en la
infancia, sino que son la voz de Dios, que les habla para que dejen
esa vida. Por ello, deben comenzar por ser castos y evitar cualquier
acto homosexual. Por otra parte, deben controlar sus fantasías
homosexuales, que les llevan a desear realizar esas acciones.
También es importante evitar ver pornografía. Deben alejarse de
los bares y lugares de reuniones con otros amigos homosexuales que
los pueden llevar de nuevo a ese estilo de vida; pues, como dice un
antiguo adagio: Dime con quien andas y te diré quién eres.
Un punto indispensable es saber perdonar a quienes los han
rechazado y no han sabido comprenderlos y ayudarlos en su problema.
Esto es especialmente importante con relación a los propios padres,
con quienes ha faltado comunicación; también con sus hermanos o
compañeros de colegio y, muy en concreto, con aquellos que hayan
podido haber abusado de ellos sexualmente. También deberán
perdonar a los profesores o a las personas de autoridad que les
inculcaron la idea de que su problema era genético y no tenía
curación, lanzándolos por ese camino.
Guardar rencor en el corazón es como tomar un veneno y
envenenarse la vida. No se puede vivir con odio, no se puede ser
feliz sin perdonar. Además, como dice un dicho antiguo: No hay
ningún rencoroso sano. El rencor y el resentimiento producen
enfermedades físicas y mentales. Por eso, si tienes odio, sácalo
de tu corazón y perdona en el nombre de Dios para que una nueva
vida vuelva a florecer en tu alma. Y Dios te dará la paz que andas
buscando.
Otro punto importantísimo para los homosexuales católicos es
acudir a la confesión para pedir a Dios perdón de todos los
pecados cometidos, pues el sentirse limpios por dentro es un buen
paso para comenzar una nueva vida. También es necesario acudir a
grupos de apoyo en Instituciones capacitadas para curar sus heridas
emocionales. Pero deben cuidar que los profesionales o Instituciones
a quienes acudan pidiendo ayuda, sean católicos o, al menos,
acepten la doctrina católica de que son malos los actos
homosexuales, ya que de otro modo, pueden ser incentivados a seguir
por el mismo camino, como si fuera un camino normal.
Hay que tener cuidado, pues hay Instituciones, que se dicen
católicas y se dedican a la terapia de los homosexuales, pero
aceptan la vida de las parejas homosexuales, contradiciendo la
enseñanza de la Iglesia. En este punto, hay que ser muy cuidadosos.
Según algunos autores, las terapias para superar la homosexualidad
pueden depender de cada individuo y de su deseo de cambiar, pero se
necesitan entre un año y tres años como mínimo. Hay que dar
tiempo al tiempo. Lo importante es saber que, si otros han cambiado,
uno también puede cambiar.
Hay casos en los que el acercamiento a Dios, a través de una
conversión radical, ha hecho que el cambio sea casi milagroso en un
período de tiempo record. Por eso, es tan importante la parte
religiosa.
Personalmente, podría decirles que Jesús Eucaristía es el
mejor médico de cuerpos y almas. Jesús hacía milagros hace dos
mil años y puede hacerlos hoy aquí y para ti. Acércate lo más
que puedas a la Eucaristía, confiesa cada mes y comulga siempre que
asistes a la misa durante la semana. Al menos, vete todos los días
a visitar a Jesús a una iglesia y allí háblale de tus problemas,
de tus deseos de curación, de tus ideales para el futuro. Dile que
te dé fuerzas para llevar una vida de castidad. El futuro, sobre si
te casas o no, déjalo en las manos de Dios, pero no te olvides de
ir todos los días a recibir baños de Sol de Jesús Eucaristía.
Ese es el mejor medicamento que puedo recetarte. Y si, además, vas
a ver a un terapeuta católico, tu curación está asegurada.
INSTITUCIONES DE CURACIÓN
Courage (Coraje) es una institución especial para católicos,
fundada por el padre John Harvey. Puedes ver en internet
www.couragerc.net. IHF (International Healing Foundation).
Fundación internacional para la curación, fundada por Richard
Cohen. Ver www.comingoutstraight.com. NARTH (National Association
for Research and Therapy of homosexuality). Asociación nacional
para la investigación y terapia de la homosexualidad, fundada en
1992 y compuesta por siquiatras, sicólogos y científicos de primer
orden. Ver www.narth.com. Exodus. Es una Organización internacional
que cubre más de 100 grupos de cristianos ex-gays del mundo entero.
Ver www.exodus-international.org. JONAH (Jews offering new
alternatives to homosexuality). Organización para grupos de ex-gays
de fe judía. Ver www.jonahweb.org. PFOX (Parents and Friends of ex
gays and gays). Es una organización cristiana, que organiza a los
padres y amigos de los ex gays y gays para ayudarlos en su
curación. Ver www.pfox.org. Transforming Congregations. Es un grupo
de ayuda a ex-gays de distintas creencias religiosas. Ver
www.transformingcong.org. People can change (La gente puede
cambiar). Es un grupo de apoyo on-line a quienes quieren cambiar su
orientación sexual de acuerdo al plan de Dios. Ver
www.peoplechange.com y www.esposibleelcambio.org. Love in action
(Amor en Acción). Es una organización cristiana para apoyar a los
homosexuales que quieren ser liberados. Ver www.loveinaction.org. HA
(Homosexuals Anonimus). Homosexuales anónimos. Cuenta con grupos de
ayuda en todo el mundo. Ver www.members.aol.com/hawebpage
Estas organizaciones pueden darte el apoyo que estás buscando
para ti o para algún amigo o familiar. Como diría Richard Cohen:
Abramos nuestros corazones a los hombres y mujeres que sufren el
desorden homosexual para que puedan curarse. Lo que se aprendió
puede desaprenderse. Abracemos a esas almas hermanas y sensibles.
Llevémoslas a la vida con amor. Debemos ayudarles a curarse,
reparando años de abuso y abandono. Porque, cuando alguien se cura,
todos nos curamos un poco más.
Hagamos algo por ellos y no permitamos con nuestro silencio que
la práctica homosexual se extienda como un mal epidémico marcando
de por vida a muchos jóvenes y adolescentes incautos e ignorantes,
que se dejan llevar por las ideas de moda. Tengamos el coraje de ser
católicos de verdad y denunciar el mal dondequiera que esté por su
bien y por el bien de toda la sociedad.
CONCLUSIÓN
Después de haber visto lo que es la homosexualidad y sus causas,
podemos afirmar que la homosexualidad es un síntoma de un
desequilibrio afectivo que tuvo lugar en la infancia, especialmente,
en la relación con el padre o la madre. Pero, sea cual fuera la
causa real de esta tendencia, lo importante es saber que no es
permanente y que hay esperanza y que hay cientos y miles de
homosexuales liberados de esta esclavitud con la ayuda de un
tratamiento sicológico adecuado y, sobre todo, con el poder de
Dios, que puede hacer auténticos milagros de conversión.
Por eso, vale la pena intentarlo. Vale la pena hacer un esfuerzo
para salir del estilo de vida gay. La inclinación homosexual no es
pecado en sí misma, pero sí lo es la práctica homosexual. Por
eso, cada uno debe poner de su parte todo lo posible para vivir una
vida de castidad y, si es la voluntad de Dios, llegar a la
formación de una familia. Otros lo han hecho, tú también puedes
llegar a ello.
Recomiendo a los amigos y padres de familia de estos hermanos que
los comprendan y los ayuden para encontrar su camino de liberación.
Como dice la Palabra de Dios: Para Dios nada hay imposible (Lc 1,
37). O como decía Jesús: Todo es posible al que tiene fe (Mc 9,
23). Por eso, Jesús nos dice a cada uno: No tengas miedo, solamente
confía en Mí (Mc 5, 36).
Que Dios bendiga a todos los que desean liberarse del yugo de la
esclavitud. Que sean felices, viviendo con Dios en su corazón y que
no teman, porque tienen una madre, que se llama María, y un ángel
bueno que los acompaña. Saludos de mi ángel.
P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA -
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www.freetobeme.com (Dirigida especialmente a jóvenes con dudas
sobre su orientación sexual). www.unav.es/civil/ (Se habla del
matrimonio homosexual desde el derecho y las leyes).
www.unav.es/icf/ (Hay documentación con mucha bibliografía sobre
la homosexualidad) www.unav.es/preventiva (Hay muchos artículos de
opinión sobre la homosexualidad).
Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org