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Experiencias del Más Allá

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

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EXPERIENCIAS DEL MÁS ALLÁ

Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2008 ÍNDICE GENERAL

ÍNDICE GENERAL 3

INTRODUCCIÓN 4

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE 6 VIDA EN EL MÁS ALLÁ 19 DIOS EXISTE 26 REVISIÓN DE VIDA 32 EL SUICIDIO 36 EL PURGATORIO 44 EL INFIERNO 54 EL CIELO 64 GEORGE RITCHIE 70 GLORIA POLO 77 ¿QUIERES CAMBIAR DE VIDA? 83 REFLEXIONES 93 a) EL SUFRIMIENTO 94 b) EL PERDÓN 99 c) LA CARIDAD 103 PENSAMIENTOS 107 LA VIDA 110

CONCLUSIÓN 114

BIBLIOGRAFÍA 116

INTRODUCCIÓN

Este libro lo he escrito, pensando en tantos que no creen en la vida futura ni en el más allá. Pero igualmente servirá a aquellos que, aún diciéndose creyentes, necesitan un estímulo para vivir mejor la vida presente, ya que Dios nos espera con los brazos abiertos para recibirnos con todo su amor a nosotros sus hijos. Y nosotros debemos responder a su amor con nuestro amor, para que, en el momento de nuestra revisión final de vida, podamos sentirnos orgullosos de cómo hemos vivido y no tengamos que lamentarnos de algo que ya no podemos enmendar.

De todos modos, Dios siempre nos espera con amor, dispuesto a perdonarnos. Él es Amor y Misericordia para todos, incluso para los más grandes pecadores y delincuentes. Sin embargo, no hay que olvidar que también es justicia y que, para disfrutar de la plena felicidad del cielo, debemos estar totalmente limpios y puros. Lo cual significa que podemos necesitar un tiempo de purgatorio o de purificación. Quienes no aceptan a Dios y lo rechacen, ellos mismos se estarán fabricando su infierno, al vivir lejos de Dios, sin su amor, y en compañía eterna de los demonios.

El infierno existe, al igual que el cielo y el purgatorio. Esto lo comprobaremos de modo existencial, no con documentos de la Iglesia o vidas de santos, sino con experiencias de personas, que han podido vislumbrar un poco del más allá, al ser dados clínicamente por muertos.

Para todos los lectores, les deseo un buen viaje por estas páginas y que su lectura les haga comprender la importancia de la vida presente y la necesidad de tomarla en serio para vivir bien de cara a la eternidad que nos espera.

******

_________________ Notas: - NDE (near death experience) significa experiencia cercana a la muerte o en el umbral de la muerte.

- CAT se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica. MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

El siquiatra y doctor en medicina y filosofía Raymond Moody es hoy famoso en todo el mundo a raíz de que, en los años 70, sacó a luz un libro Vida después de la vida, en el que narraba muchas de las experiencias que le habían contado sus pacientes sobre el más allá, cuando habían sido dados clínicamente por muertos. En la actualidad, este tema ha sido estudiado por numerosos investigadores de todo el mundo, cardiólogos, siquiatras, pediatras, anestesistas, sicólogos, teólogos, sociólogos y otros muchos especialistas médicos o estudiosos de otras disciplinas. Todos están de acuerdo en que estas experiencias son reales y que no son fruto de alucinaciones o de imaginaciones arbitrarias. Casi todas estas experiencias tienen muchos puntos en común, lo que les da cierta garantía de autenticidad.

Veamos lo que dice al respecto, con palabras textuales, el mismo doctor Moody:

He entrevistado a más de 3.000 personas, que cuentan experiencias próximas a la muerte y fueron dadas por muertas o incluso fueron declaradas muertas por sus médicos.

Estas personas dicen que, en el momento en que están a punto de morir, que muchas veces coincide con el momento en que sus corazones dejan de latir, experimentan un cambio espectacular de perspectiva. Les parece que dejan atrás su cuerpo físico y que flotan hacia arriba, hasta un punto por encima de sus cuerpos, por debajo del techo de la sala de urgencias o del quirófano o sobre el lugar del accidente. Ven claramente por debajo de ellos sus propios cuerpos físicos sobre una mesa de operaciones o entre los restos de un vehículo; y es frecuente que contemplen, al parecer, el trabajo del personal médico que intenta reanimarlos.

Al cabo de un tiempo, pueden tener la impresión de entrar por un paso estrecho que suelen describir como un túnel oscuro y, mientras avanzan por él, ven una luz brillante al final del mismo. Cuando entran en esa luz, los baña y los consuela una sensación de amor y de paz imposible de describir, un sentimiento de alegría inefable. Es frecuente que se encuentren dentro de esa luz con parientes suyos o con otros seres queridos que ya han muerto, como si vinieran para darles la bienvenida. Algunas personas advierten algo que consideran una frontera o un límite, que separa el mundo de la vida corriente de un reino que está más allá de la vida tal como la conocemos. Cuentan que esta zona de demarcación da la impresión de estar cargada de energía y de ser dinámica en el sentido de que ellos advierten que, si la atraviesan, no serán capaces de volver atrás...

Cuando estas personas se adentran en sus experiencias próximas a la muerte, pueden ser conscientes de una presencia amorosa y luminosa, de un ser de amor y luz que las acompaña a lo largo de una revisión panorámica y extraordinaria de sus vidas. En esta experiencia, se pueden manifestar todos los detalles de la vida, con vivos colores, mientras la presencia amorosa de luz les ayuda a comprender la vida que ahora, al parecer, toca a su fin. Es frecuente que, llegados a este punto, las personas no deseen regresar a sus vidas, pero que el ser de luz o sus seres queridos les hagan saber que no les ha llegado el momento de morir y que deben volver, porque les quedan cosas pendientes que realizar. O bien, se les plantea la posibilidad de elegir entre seguir adelante hacia el reino de la luz o regresar a las vidas que estaban viviendo.

El elemento común quizás más increíble, de los relatos que he estudiado y con toda certeza el que mayor efecto ha producido en el individuo, es el encuentro con una luz muy brillante. Lo típico es que, en su primera aparición, la luz sea débil, pero rápidamente se hace más brillante hasta que alcanza un esplendor sobrenatural... Los entrevistados dicen que esa luz no daña a la vista ni deslumbra ni impide ver las cosas que los rodean... Todos afirman que es un ser personal y que tiene una personalidad bien definida. El amor y la calidez que emanan de él, hacia la persona que está muriendo, carecen de palabras para expresarse, pues ésta se encuentra totalmente rodeada y poseída por él, muy a gusto y totalmente aceptada en su presencia. Siente una irresistible atracción magnética ante este ser, una atracción inevitable... Poco después de la aparición, el ser comienza a comunicarse con la persona que está sufriendo la transición y pregunta: “¿Estás preparado para morir? ¿Estás listo para morir? ¿Qué has hecho en tu vida?”... Todos insisten en que la pregunta no se plantea en absoluto como condena. Todos están de acuerdo en que no dirige la pregunta para acusarlos o amenazarlos; pues, sin importar cuál vaya a ser la respuesta, siguen sintiendo la aceptación y el amor total proveniente del ser luminoso. La cuestión les hace pensar en sus vidas... Veamos algunos informes:

Oí a los doctores, cuando dijeron que había muerto, y comencé a sentir que estaba cayendo por aquella oscuridad. Todo era muy negro, salvo, a gran distancia, esa luz. Era muy brillante, aunque no muy grande al principio. Crecía conforme me iba acercando a ella. Trataba de llegar a esa luz, pues sentía que era Cristo. Inmediatamente, conecté la luz con Cristo, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo”...

Otro caso: Floté a través del techo hacia una luz blanca resplandecedora. Era muy hermosa y muy brillante, pero no me hacía daño a los ojos. Era una luz de comprensión y amor perfectos. A mi mente llegó el pensamiento: “¿Me amas?” Sospecho que la connotación de lo que la luz dijo fue: “Si me amas, regresa a la vida y completa lo que iniciaste en ella”. Durante todo este tiempo, tenía la impresión de estar rodeado por un amor y una compasión irresistibles...

Otro cliente dice: Sabía que me estaba muriendo y que nada podía hacer. Estaba fuera de mi cuerpo, no me cabía la menor duda, pues podía verlo en la mesa de operaciones... Entonces, vino esa luz brillante. Parecía un poco apagada al principio hasta que se convirtió en ese enorme haz. Era una tremenda cantidad de luz. Me daba calor y me invadió una cálida sensación. Era de un blanco brillante y amarillento. Tremendamente brillante... Luego me preguntó, si estaba listo para morir. Era como hablar con una persona, aunque no había allí ninguna. La luz hablaba conmigo sonoramente. Pienso ahora que la luz que me hablaba, comprendía que no estaba preparado para morir, que se trataba más de probarme que de otra cosa. Desde el momento en que la luz me habló, me sentí muy bien, seguro y amado. No es posible imaginar ni describir el amor que llegaba hasta mí. Era agradable estar con esa persona. Y tenía sentido del humor.

La inicial aparición del ser luminoso y sus preguntas constituyen el preludio de un intenso momento en que el ser presenta a la persona una revisión panorámica de su vida... Es extraordinariamente rápida. Esos recuerdos de la vida se suceden unos a otros a gran velocidad en orden cronológico. Otros dicen que el recuerdo fue instantáneo. Sea cual sea la forma en que lo expresan, todos están de acuerdo en que la experiencia transcurre en un instante de tiempo terrestre. A pesar de la rapidez, mis informantes están de acuerdo en que la revisión, casi siempre descrita como una exhibición de imágenes visuales, es increíblemente vívida y real... Hasta las emociones y sentimientos, asociados con las imágenes, pueden ser experimentados de nuevo conforme van pasando. Algunos de los que yo he entrevistado, afirman que, aunque no pueden explicarlo, el hecho es que todo lo que habían hecho en la vida estaba en esa revisión: desde lo más insignificante a lo más significativo... Algunos lo identifican como un intento educativo por parte del ser luminoso.

Elisabeth Kübler-Ross, siquiatra y doctora honoris causa por 20 universidades, ha estudiado veinte mil casos a través del mundo, de personas que habían sido dadas clínicamente por muertas y volvieron a la vida. Ella dice:

Nosotros podemos decir, después de todos estos años de recoger datos sobre experiencias fuera del cuerpo, cuáles serán los elementos comunes... Cuando dejamos el cuerpo físico, hay total ausencia de miedo, ansiedad o pánico. Experimentaremos una plenitud física y estaremos plenamente conscientes de nuestro entorno, sea en la habitación de un hospital o en la escena del accidente o en nuestra propia habitación, después de un ataque al corazón... Nos daremos cuenta de la gente que trata de resucitarnos o de la gente que trata de rescatarnos del accidente, etc. Esto suele ocurrir, cuando los médicos nos dan físicamente por muertos, ya que no hay signos vitales. En nuestro cuerpo espiritual, experimentaremos una totalidad, pues si nos amputaron una pierna, sentiremos que tenemos las dos o, si éramos mudos, podremos hablar o, si ciegos, podremos ver, o caminar, si éramos pacientes en silla de ruedas. En nuestro cuerpo espiritual, no hay dolores ni limitaciones físicas... Después serán conscientes de la presencia de otros seres a su alrededor, que los guían y les ayudan. Las Iglesias hablan de ángeles guardianes, otros los llaman guías espirituales. También sentiremos la presencia de seres queridos, que nos precedieron y están muertos. Nosotros no moriremos solos.

Después que nos encontramos con nuestros seres queridos y nuestros ángeles, se pasa por el túnel. Algunos dicen pasar por un río o puerta. En mi experiencia personal, pasé por un paso de montaña con flores silvestres. Después de pasar el túnel, o el paso que sea, viene la luz. En presencia de la luz maravillosa e inolvidable, que la mayor parte de la gente occidental llama Cristo o Dios, nosotros somos envueltos en un amor incondicional, lleno de ternura y felicidad... Es un ser de total e incondicional amor. En su presencia, nosotros nos damos cuenta de lo que deberíamos ser y de cómo deberíamos haber vivido.

El ser de luz es extremadamente brillante y cuanto más te acercas a Él más te abraza con el amor más grande e indescriptible que puedas imaginar. No hay palabras para expresar lo que se siente. Quien tiene esta experiencia cercana a la muerte, sólo puede ver esta luz por un momento, pues después debe retornar… En presencia de esa luz, llegarás a conocer que toda tu vida de la tierra era solamente una escuela para aprender ciertas lecciones especiales… En presencia de esta luz, tú debes mirar toda tu vida pasada hasta los más mínimos detalles e, incluso, las consecuencias de tus pensamientos, palabras y obras.

Durante la revisión de tu vida terrenal, te darás cuenta de que has desperdiciado muchas oportunidades para crecer en el amor. En ese momento nuestros guías o ángeles guardianes, nuestros seres queridos, que ya han muerto, estarán con nosotros. Nosotros hemos verificado esto sin lugar a ninguna duda y digo esto como científica. Siempre habrá alguien para ayudarnos en ese paso de la muerte al más allá. La mayor parte de las veces, es la madre o padre, el abuelo o el hijo que murió antes o también gente que tú conocías y no sabías que ya había muerto.

Una niña de doce años compartió conmigo su experiencia de felicidad al sentir que le salió al encuentro su hermano, quien la acogió con gran amor y ternura. El único problema era que no tenía ningún hermano; pero, al contárselo a su padre, éste se echó a llorar y confesó que ella sí tenía un hermano, que había muerto tres meses antes de que ella naciera, y nunca le habían hablado de él.

Por otra parte, en el más allá, se acaban las limitaciones de este mundo, los ciegos pueden ver, los sordos oyen y los mudos hablan otra vez. Una de mis enfermas tenía esclerosis en placas, dificultades para hablar y sólo podía desplazarse en silla de ruedas. Lo primero que me dijo al volver de su experiencia fue: “Doctora Ross, yo podía bailar de nuevo”… Las niñas que, a consecuencia de una quimioterapia, han perdido el pelo, me decían después de una experiencia semejante: “Tenía mis rizos de nuevo”. Las mujeres que han padecido la extirpación de un seno, recobran su habitual normalidad. Todos están intactos. Son perfectos.

Un ejemplo. Vicki era ciega de nacimiento y, a sus 20 años, como resultado de un ataque de apendicitis, tuvo una experiencia NDE, y otra, cuando tenía 22, por causa de un accidente automovilístico. Ella dijo que solamente en estas dos experiencias, ella pudo ver, como si estuviera sana; y pudo contar con claridad todo lo que vio. Observó las calles de la ciudad y todo le resultó nuevo y confuso. Tuvo un maravilloso sentimiento de libertad y de paz. Vio un campo iluminado, cubierto de hermosas flores, donde vio a dos niños que habían sido sus amigos, cuando estaba en la escuela de ciegos. Ellos habían sido retardados, pero aparecían llenos de vida y salud, sin sus limitaciones mentales. También vio allí a otras personas que había conocido en la vida, como a su abuela y a su cuidadora. Pero cuando quiso acercarse a ellas, una figura luminosa se lo impidió. Vicki cree que era Jesús, que a continuación, le hizo ver toda su vida como en una película... Después regresó a su cuerpo. Antes de estas experiencias, ella, como ciega, sólo tenía sueños de comer, tocar piano, cantar, gustar cosas y tocarlas, oír..., pero nunca había tenido sueños con percepciones visuales como las tuvo en estas experiencias del más allá.

Otro caso es el de Brad Barrows, que también era ciego de nacimiento y que fue entrevistado cuando tenía 33 años. Él cuenta la experiencia que tuvo a sus ocho años en 1968. Por efecto de una neumonía, se le paró el corazón durante unos cuatro minutos. Sintió que flotaba sobre el techo, vio su cuerpo sin vida y observó que podía ver todo como una persona sana. Pudo ver la nieve por los campos con perfecta claridad. Después pasó por un túnel y salió a un campo iluminado por una luz muy fuerte y hermosa. Allí oyó una música maravillosa que parecía alabar a Dios. Y encontró un ser de luz, del que emanaba un amor total, que le dijo que debía regresar.

María Simma, la gran mística austriaca, dice que, cuando se le aparecen las almas del purgatorio, están totalmente sanas e íntegras. Las deformaciones o cicatrices han desaparecido. Dice: “Una vez se me apareció una persona que había sido muda en vida y me hablaba perfectamente. Aquellos que en esta vida debían ir en silla de ruedas, caminan perfectamente. Allá no hay silla de ruedas. Todas las imperfecciones físicas han desaparecido”.

Como podemos ver, estas experiencias del más allá de la muerte son tan reales que marcan la vida futura de la persona y tienen un efecto transformador positivo. Entre los efectos positivos más frecuentes suele darse el no tener miedo a la muerte y saber que la tarea más importante de la vida es amar y hacer el bien a todos. Sin embargo, hay que aclarar que no todas las experiencias son positivas, aunque algunos investigadores sólo hablan de estos casos. También se dan, en una pequeña proporción, casos de personas que no han visto al ser de luz ni han sentido su amor y, en cambio, han vivido momentos de tristeza y angustia en un mundo oscuro y tenebroso, que muchos identifican como el infierno o el purgatorio.

Según una encuesta realizada en 1982 por George Gallup, ocho millones de norteamericanos habían tenido algún tipo de experiencia en el umbral de la muerte. Muchos sólo habían llegado a salir de su cuerpo y regresar sin experiencias más profundas. Otros, un 23%, habían tenido encuentro con otros seres, ángeles o familiares. Un 32% había tenido revisión de vida y había sentido el amor del ser de luz, que los cristianos suelen identificar con Jesucristo, otros como Dios, los musulmanes como Alá... Y solamente un pequeño grupo había tenido experiencias negativas.

Por supuesto que estos datos pueden ser relativos, pues los que tienen experiencias negativas, normalmente no quieren compartir su testimonio con otras personas y los ocultarán, haciendo así difícil tener una idea exacta de la realidad de sus experiencias. Lo cierto es que, aunque hay una mayoría de experiencias positivas, también hay otras negativas.

Ahora bien, tanto las experiencias negativas como las positivas son transformantes. Dios les da la oportunidad de seguir viviendo después de haber revisado su vida. Es una gracia extraordinaria de Dios para darles la oportunidad de cambiar de vida. Pero podemos preguntarnos: ¿Y los que no regresan y han tenido experiencias negativas? ¿Habrán rechazado la posibilidad de cambiar o aceptaron a Dios en el último momento?

VIDA EN EL MÁS ALLÁ

Una de las conclusiones más claras de las experiencias en el umbral de la muerte es que hay vida después de esta vida. Que la vida no acaba con la muerte. Que somos algo más que cuerpo, y tenemos un alma inmortal.

Algunos Santos Padres de los primeros siglos ya hablaban de un cuerpo etéreo, sutil, espiritual, que sale de nosotros, cuando uno muere, y al que identifican con el alma, espiritual e inmortal. San Ireneo, en el siglo II, dice: Las almas son dotadas de la misma forma y figura que el cuerpo, como el agua que toma forma del vaso en que está y, cuando se hiela, conserva la misma forma del recipiente. Orígenes, también del siglo II, decía: Aquellos muertos, que se han aparecido a los vivos, se han presentado en la misma forma que tenían cuando vivían en la tierra.

De hecho, en estas experiencias NDE, los interesados ven a otros muchos seres, familiares y amigos especialmente, que hace muchos años que han muerto y que les salen a recibir.

Veamos ahora algunas experiencias concretas, que nos pueden confirmar la existencia de la vida humana después de la muerte. Comencemos por citar al gran san Agustín, que habla de un caso que conoció personalmente.

Un hombre llamado Curma cayó enfermo y, privado de los sentidos, estuvo acostado como muerto durante algunos días. Un levísimo soplo de nariz que, apenas se sentía al acercar la mano, era el pequeño indicio de que tenía vida, para no permitir que fuera enterrado. No movía miembro alguno ni tomaba alimento. Los ojos y los demás sentidos parecían insensibles. Y, después de muchos días, como despertando, contó lo que había visto. En primer lugar, apenas abrió los ojos, dijo: “Que vaya alguno a la casa de Curma el herrero y que vea lo que allí sucede”. Luego que se fue allí, se encontró que había muerto en aquel mismo momento, en que él había recuperado los sentidos y había vuelto casi de la muerte a la vida. Entonces, manifestó que aquel (Curma el herrero) había recibido orden de presentarse ante Dios a la hora en que él había sido vuelto a la vida… Entre los difuntos que había visto reconoció a algunos que yo había conocido en vida. Yo, apenas le hubiese dado crédito si él no hubiese hablado también de algunos vivos que él no conocía; por ejemplo, algunos clérigos de su región, entre los cuales vio a un sacerdote que sería bautizado en Hipona por mí. Él había visto a un presbítero, a clérigos y a mí mismo; ciertamente vivos aún, en aquella visión en la cual vio después también a los muertos.

¿Por qué no se va a creer que él ha visto a los muertos como nos ha visto a nosotros vivos, esto es, a unos y a otros ausentes y sin saberlo?… Finalmente, después de las muchas visiones que él vio, contó que fue introducido también en el paraíso y que le dijeron: “Vete y bautízate, si quieres venir un día a este lugar de los bienaventurados”. Después, como advertido de que fuese bautizado por mí, respondió que ya lo había hecho. Pero aquel que le hablaba le replicó: “Vete y bautízate realmente, porque tú te has visto bautizado en la visión”. Después que se curó, vino a Hipona. Se inscribió entre los demás, desconocido de mí, pues él no se preocupó de contar aquella visión ni a mí ni a ninguno de mis presbíteros. Fue bautizado y, terminados los días santos, se volvió a su casa. Pasados dos años o quizás más, yo tuve conocimiento de todo esto. El primero que me habló de estas cosas fue un amigo mío y, a la vez suyo, que sentado a mi mesa, llevó la conversación sobre estas materias. Después, yo insistí y logré que él mismo, estando presente, me lo contase delante de hombres honrados, conciudadanos suyos, que lo atestiguaban todo: su curiosa enfermedad, su estado de muerte, durante muchos días, la muerte del otro Curma, el herrero… Así concluyo que, como él vio su bautismo y me vio a mí mismo y a Hipona, la basílica, el baptisterio…, también del mismo modo a los demás, algunos vivos sin que los mismos vivos lo supieran. ¿Por qué no habría visto también de la misma manera a aquellos muertos?.

En la revista italiana Luce e ombra se refería el testimonio de un oficial norteamericano, que incluso dio su testimonio en televisión italiana, el 1 de marzo de 1982, en el programa Italia Sera. He aquí el testimonio: El 20 de mayo de 1969 tomé parte en un combate en Vietnam. Durante la batalla, los proyectiles volaban por todas partes. Fui herido gravemente y perdí, como pueden ver, las dos piernas y un brazo. Me di cuenta de que me moría, pues estaba perdiendo mucha sangre. Salí de mi cuerpo y vi a los compañeros de mi batallón, que también habían muerto antes que yo. Todos estaban inmersos en una luz y se comunicaban entre ellos como leyendo el pensamiento. Después vino el helicóptero y me llevaron al hospital. Vi que me cubrían el rostro con una sábana como se hace siempre con los muertos. No sentía nada, pero creía que estaba muerto. También los médicos creían que estaba muerto e iban a comenzar a embalsamarme, cuando uno de ellos levantó la sábana y me hizo llevar de inmediato a la sala de operaciones. Recuerdo haber querido detener al doctor, pues no quería que me operase. Me desperté diez días después de haber sido herido. He estado en coma diez días y, durante todo ese tiempo, me comunicaba con mis compañeros muertos y tenía una sensación de bienestar, no queriendo regresar a la vida. Cuando me desperté, conté a los doctores muchos detalles de lo que había sucedido en la sala de operaciones. Ellos quedaron asombrados. Pero lo importante es que hoy, a doce años de distancia, por efecto de esta experiencia, creo en la existencia del más allá y creo sin duda que existe Dios.

La doctora Elisabeth Küller-Ross es famosa en el mundo entero por sus estudios sobre enfermos terminales. Sus libros han sido traducidos a más de 25 idiomas y se han vendido millones de ejemplares. Ella, con su seriedad científica, cuenta el siguiente suceso, que a ella misma le ocurrió.

Después de diez meses de que la señora Schwarz muriera y fuera enterrada, yo tenía problemas y quería dejar de dar mis seminarios sobre la muerte y los moribundos. Yo quería continuar, pero no podía en aquellas condiciones... Un día, estaba yo esperando el ascensor, cuando ella apareció frente a mí. Yo la conocía muy bien y sabía que había muerto. Ella era muy transparente, pero no tan transparente que se pudiera ver a través de ella. Ella me dijo: “Doctora Ross, ¿le importa si vamos a su oficina? Sólo será un par de minutos”. Ella conocía mi nombre y sabía dónde estaba mi oficina... Yo soy siquiatra y trabajo con esquizofrénicos todo el tiempo. Y yo me decía: “Elisabeth, tú ves a esta mujer, pero eso no puede ser. Tú estas cansada y necesitas vacaciones, estás viendo visiones”. La toqué para ver si era real. Yo era, a la vez, siquiatra y paciente. Me cuestionaba a mí misma.

Cuando llegamos a mi oficina, ella abrió la puerta con increíble amabilidad y ternura, y me dijo: “Doctora Ross, yo tenía que regresar por dos razones: una para agradecerte a ti y al ministro por todo lo que hicieron por mí. Pero la otra razón es para decirte que tú no puedes dejar tu trabajo sobre la muerte y los moribundos. Todavía no”.

Yo esperaba que desapareciera, pero no lo hacía. Ella insistía: “Tu trabajo no ha terminado. ¿Me prometes continuar?”. Entonces, yo le di un papel y un lápiz para que le escribiera al reverendo Gaines para agradecerle, pues estaba en Urbana. Y ella, con la más amable sonrisa y conociendo todos los pensamientos que yo tenía, tomó el papel y escribió una nota. Me dijo: “¿Estás satisfecha?”. Después se levantó, repitiendo: “Doctora Ross, me lo has prometido”. Y en el momento en que yo le dije: “Te lo prometo”, desapareció. Todavía tengo la nota que escribió.

¿Hace falta más casos concretos? Hay un libro muy interesante sobre estos casos, escrito por Bill y Judy Guggenheim, titulado Hello from heaven (Hola desde el cielo). En él se presentan muchos testimonios de personas difuntas, que se han comunicado con sus amigos y familiares a través de sueños o haciéndoles oler un perfume especial, moviendo objetos, por medio del teléfono, haciendo oír solamente su voz, apareciéndose en una luz difusa o en una perfecta claridad. Además, es muy conocido el caso de que muchos familiares, que están cuidando de sus familiares moribundos, cuentan que, en un momento dado, antes de morir, dicen los moribundos que ven a familiares difuntos, que vienen a recibirlos y a acompañarlos al más allá.

DIOS EXISTE

Otra de las conclusiones, que podemos sacar de estas experiencias del más allá, es que Dios existe, como decía el oficial norteamericano cuya historia hemos anotado anteriormente. Él se presenta en una luz maravillosa, más hermosa que el sol y nos envuelve con un amor total e incondicional, haciéndonos entender que sabe todos los detalles de nuestra vida al hacernos revivir nuestro pasado.

La doctora Kübler-Ross dice: Es un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, os dais cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una escuela en la que debéis aprender ciertas cosas y pasar ciertos exámenes de cara a la eternidad. Cuando habéis terminado el programa y lo habéis aprobado, entonces, podéis entrar.

Veamos el caso de Beverley Brodsky. Había crecido como atea en un ambiente familiar materialista, en Filadelfia. Era de familia judía y desde que se enteró del holocausto, tenía resentimiento contra Dios, preguntándose cómo Dios había podido permitirlo. A sus 17 años, su padre murió de un ataque al corazón y su madre tuvo una grave crisis emocional. A los 19 años, no pudiendo soportar más el ambiente familiar, se fue a vivir a California. En julio de 1970, debido a un accidente de moto en Los Ángeles, se fracturó el cráneo y varios huesos. Estuvo dos semanas en el hospital. Al regresar a casa, pensó que esa sería su última noche y rezó a Dios (a pesar de decirse atea), porque no quería vivir más. Su dolor era insoportable al pensar que ningún hombre la amaría jamás por su apariencia, ya que su cara había sido desfigurada por el accidente. Por eso, creía que no tenía ninguna razón para vivir y deseó con fuerza morirse. Al poco rato, se encontró flotando en su habitación, mirando su cuerpo desde arriba. De pronto, un ser de luz la envolvió con una fuerte luminosidad.

Dice: El ángel de luz, gentilmente, me dio su mano y con él viajé una larga distancia hacia la LUZ. Aquella LUZ era toda amor, compasión, sabiduría y verdad. Y, desde lo profundo de mi alma, surgió una certeza: Yo, exactamente yo, estaba en la presencia de Dios. Entonces, le he dirigido varias preguntas, pidiendo explicación por tantas injusticias que había visto en el mundo. Me di cuenta de que Dios conoce todos nuestros pensamientos... Estoy segura de haberle preguntado el porqué de los sufrimientos de mi pueblo. Recuerdo la respuesta: Hay una razón para todo lo que sucede, aunque parezca horrible y sin sentido. Yo me dije: Todo sucede por un propósito... De pronto, sin saber cómo ni por qué, me encontré dentro de mi cuerpo, pero me sentía como en éxtasis, llena de amor y alegría.

En algunos casos, el ser divino que se nos presenta en la luz, se identifica como Jesucristo. Veamos algunos ejemplos.

Un hombre que, en agosto de 1975, tuvo que afrontar una operación a corazón abierto, dice: Recuerdo que estaba atravesando un puente de madera sobre una corriente de agua y vi que en la otra parte estaba Cristo con vestido blanco. Sus dientes eran muy blancos y sus ojos azules... Me di cuenta de que yo había muerto y que todo aquello era muy real. Cuando me acerqué, quería convencerme de que realmente era Él. Miré a sus manos y allí estaban las marcas de los clavos. Yo tenía mucha paz. Él me estaba sonriendo y diciéndome que debía volver atrás, y así lo hice.

Otro ejemplo. Soy una estudiante de 19 años, el año pasado, junto a mi novio, tuvimos un choque con un autobús. Nosotros íbamos en una moto. Yo caí y me golpeé en dos puntos y así quedé en coma total por tres meses. A la mitad de este período, estuve en peligro de muerte. Nosotros dos hemos visto a Jesús, un señor descalzo con rostro joven, cabellos largos, barba y túnica. Me llamaba y me decía: “Elena, no te desesperes, deberás sufrir un tiempo, pero acuérdate que volverás con tus seres queridos y con tus amigos. Recuerda que estoy contigo, especialmente, en los momentos más difíciles”. Mi novio también vio a Jesús crucificado mover su brazo izquierdo, colocándolo después de nuevo en la cruz.

El doctor John Jones de Davis, California, fue piloto de bombardero durante la segunda guerra mundial. Y tuvo una experiencia próxima a la muerte que cambió su vida... Volando al frente de una escuadrilla de bombarderos B-24, el avión derivó súbitamente hacia la derecha y entró en barrena. Pasó entre otros bombarderos, que volaban a menor altura y con los que estuvo a punto de chocar. Y, finalmente, no quedó debajo más que el azul profundo del Mediterráneo. Tiró de los mandos, pero el avión no respondió. Caía hacia el mar como si fuese de plomo. Jones estaba seguro que iba a morir. Cuando aumentó la aceleración, soltó los mandos y se sintió clavado al asiento. A buen seguro que éste iba a ser el final de su vida. De repente, tuvo la sensación de pasar por un largo túnel. Al final, distinguió una luz brillante y a alguien de pie. Supo que el ser que había en la luz era Jesús. Experimentó una profunda sensación de paz y de bienestar. Más tarde dirá que jamás hubiera deseado abandonar aquel lugar.

Luego, instantáneamente, volvió a verse dentro de su cuerpo en el avión. Éste se había enderezado por sí solo y ahora volaba en horizontal muy cerca del agua. Aquella experiencia lo transformó y, tras su licenciatura en la Facultad de Medicina de la universidad de Tennessee, participó en la fundación de una clínica gratuita en Haight Ashbury, en San Francisco, y abrió otra clínica gratuita en Davis, California, para la asistencia a mujeres y niños. Como profesional, su principal preocupación fue siempre la atención a los desatendidos, como él decía. Cuando murió en 1991, el columnista del periódico de la localidad escribió que “los marginados nunca tuvieron mejor amigo que John Jones”. Había recibido varios galardones por sus servicios humanitarios.

Candice Lee, cuando tenía 21 años, fue asaltada y estrangulada por un criminal, mientras esperaba a su esposo a la puerta del night club donde trabajaba. Dice:

Pasé por un túnel hasta el final, donde se veía una luz muy brillante... Los ángeles me llevaron a un lugar donde estaba Jesús. Yo me arrodillé y los ángeles se colocaron a mis costados de pie. Jesús se acercó a mí y me dijo: “Regresa, todavía no es tu hora. Tú debes enseñar”. Jesús estaba brillante. Era pura luz, pero yo podía ver su cuerpo. Vestía ropas blancas y su rostro era luminoso como una luz incandescente. No hay nada en el mundo más hermoso. Estaba lleno de amor. Se podía sentir su amor. Cuando Jesús me dijo que debía regresar, me encontré de nuevo en el túnel y desperté en mi cuerpo.

Una niña de nueve años, a quien llamaré Nina, tuvo una experiencia NDE. Dice: Pasé por un túnel y llegué al cielo. Allí había unas flores muy bonitas. Estuve con Dios y con Jesús. Dijeron que tenía que volver a estar con mi madre, porque ella estaba muy apenada. Dijeron que yo tenía que terminar mi vida. Así que regresé y desperté.

La señora Betty Eadie cuenta su experiencia y dice: Vi una luz a la distancia. Al acercarme, observé la figura de un hombre, con la luz a su alrededor. Era más brillante de lo que se pueda describir, más brillante que el sol. Sentí el más incondicional de los amores que jamás haya sentido y vi sus manos abiertas para recibirme. Fui hacia Él y me abrazó. Recuerdo que me decía a mí misma: Estoy en casa, finalmente estoy en casa. Yo sabía que era mi Dios, mi amigo y mi Salvador. Era Jesucristo, el que siempre me había amado. Él era el mismo amor y su amor me llenó de alegría y felicidad. De nuevo abrió sus brazos y me dejó ir, diciéndome: “Todavía no es tu tiempo”.

¿Crees tú en Dios? ¿Crees que Jesús es tu Dios, tu Señor y Salvador? ¿Crees que Él te está esperando después de la muerte con todo su amor para hacer juntos una evaluación de tu vida? Procura amarlo con todo tu corazón desde ahora para que no tengas que arrepentirte del tiempo perdido y de no haber sabido corresponder a tanto amor con tu propio amor.

REVISIÓN DE VIDA

Uno de los puntos fundamentales en las experiencias del más allá es la revisión de vida o, mejor, el revivir la vida con todos los sentimientos que acompañan a cada acción, pequeña o grande, ordinaria o extraordinaria, buena o mala, incluyendo las consecuencias que han tenido sobre los demás.

Varias personas me han contado su experiencia en este sentido, reconociendo que esta experiencia ha cambiado positivamente sus vidas, puesto que ahora dan mucha más importancia a hacer el bien a los demás.

En el libro From matter to spirit de De Morgan, cuenta el almirante inglés Beaufort, en una carta dirigida al doctor Walloston: Cuando era jovencito y estaba a bordo de una fragata, caí al agua, y, como no sabía nadar, todos mis esfuerzos por salvarme fueron inútiles... Cuando ya estaba completamente exhausto, me dejé sumergir y empecé a ahogarme. Entonces, me invadió un sentimiento de calma absoluta. Era consciente de que estaba ahogándome, pero tenía una sensación deliciosa. En ese momento, mis pensamientos se sucedieron con una rapidez vertiginosa. Cada incidente de mi vida lo vi en una sucesión perfecta hasta en los menores detalles, dándome cuenta del bien o del mal y de las consecuencias de mis acciones sobre los demás. El doctor Raymond Moody en su libro Reflexiones sobre la vida después de la vida cuenta varios casos. Dice uno de sus pacientes:

Me encontré fuera de mi propio cuerpo, por encima del edificio, y podía contemplar cómo mi cuerpo yacía allí. Luego fui consciente de que a mi alrededor había luz, sólo luz. Entonces, hubo como una representación a mi alrededor y podría decirse que toda mi vida pasó delante de mí. Me sentí avergonzado de un montón de cosas de las que iba viendo, porque me parecía que yo había tenido una visión distinta de ellas, y la luz me estaba mostrando lo que era incorrecto, lo que había hecho mal. Y era todo absolutamente real. Parecía como si esta vuelta atrás estuviese dirigida fundamentalmente a determinar la dimensión de mi vida. Era como si me sometieran a un juicio y, entonces, de repente, la luz se oscureció y se produjo una conversación, no con palabras, sino por medio de pensamientos. Cuando veía algo, cuando recordaba un hecho del pasado, era como si lo viese a través de sus ojos. No sólo me mostró cuanto había hecho, sino las repercusiones de mis actos sobre los demás. Y no era como si estuviese contemplando una película, ya que podía sentir realmente todas aquellas cosas: había sentimiento. Otro paciente afirma: Cuando me repuse de mi experiencia, sentí el deseo abrumador de hacer algo por los demás. ¡Me sentía tan avergonzado de todas las cosas que había hecho o dejado de hacer a lo largo de mi vida! Sentía que tenía que hacer algo y que no podía esperar más.

En marzo de 1988, Neevon tuvo un accidente durante un partido de baseball, y dice: Me di cuenta de que no estaba en mi cuerpo físico y no sentía ningún dolor. Vi a dos de mis compañeros, que estaban arrodillados delante de mi cuerpo, y oí todo lo que decían... De pronto, se me presentaron todas las escenas de mi vida desde el principio hasta el final, y vivía lo que los demás sentían ante tales escenas. Veía también las repercusiones de mis acciones sobre los demás, fuera bueno o malo. La revisión de mi vida fue lo más hermoso que he visto y, al mismo tiempo, lo más horrible que he experimentado, de acuerdo a mis acciones... Durante la revisión de vida, yo sentía que alguien estaba a mi lado como un padre que me aconsejaba.

Esta experiencia me ha hecho cambiar mi modo de vivir. Yo era muy introvertido y no tenía amigos. Ahora soy muy conocido por todos y tengo muchos amigos. Antes era rebelde y pesimista. Ahora soy optimista. Yo sé que todo ha sucedido por una razón. Mi principal deseo ahora es amar a todo el mundo. El dinero y las cosas materiales son cosas secundarias para mí. Ahora soy más generoso con mi tiempo y mis cosas, y sé compartir. Mi experiencia ha sido lo mejor que me ha sucedido. Sin ella, no sería ahora tan feliz.

El doctor Atwater, en su libro Coming back, dice: Para mí no fue una revisión de vida, sino un revivir mi vida, revivir cada pensamiento, cada palabra, cada acción y el efecto que cada pensamiento, palabra y obra había tenido sobre los demás. No faltó nada. Todo lo reviví al detalle.

¿Estás tú preparado, en este momento, para enfrentar la revisión de tu vida? ¿Estás satisfecho de cómo has vivido hasta ahora?

EL SUICIDIO

Una de las revisiones más tristes se da, cuando uno ha atentado contra su vida por el suicidio. En unos casos, parece que se quedan en una zona crepuscular o intermedia, entre el cielo y el infierno, que podríamos llamar purgatorio; pero, en otros casos, parecen que tienen experiencia del infierno. Dice uno de los pacientes del doctor Moody: Cuando estuve allí, tuve la sensación de dos cosas que me estarían totalmente prohibidas: matarme a mí mismo y matar a otra persona. Si me suicidaba, sería como devolverle a Dios un regalo, tirándoselo a la cara… Matar a otra persona equivaldría a interponerme en los designios de Dios para con ella.

Todos los suicidas están de acuerdo en un punto: Creen que su intento de suicidio no solucionó nada; y se encuentran exactamente con los mismos problemas de que habían intentado librarse, quitándose la vida. Cualquiera que fuese la dificultad de que habían intentado escapar, continuaba allí sin resolver… Todos afirmaron que después de su experiencia, no volverían a pensar jamás en el suicidio. Su actitud común era que habían cometido un error y se alegraban mucho de haber fracasado en su intento.

El doctor Kenneth Ring, fundador de la Asociación internacional para el estudio de experiencias cercanas a la muerte (IANDS, international association for Near-Death Studies) cuenta en su libro Life at death más de 20 casos de suicidio. Ninguno de ellos tuvo experiencia de la luz maravillosa. La experiencia de estas personas estaba como amputada. Tenían sí experiencia de bienestar físico al salir de su cuerpo, pero sin sensaciones transcendentes, pues no ven la luz ni sienten amor o alegría, y están en una zona crepuscular o vacía, si es que no viven un ambiente de infierno.

La doctora Paola Giovetti en su libro Qualcuno è tornato cuenta el caso de la señora M. F. Restano, de Turín, quien le contó personalmente su caso.

Cuando en plena lucidez y conciencia decidí suicidarme, estaba convencida de que Dios me perdonaría. Si Dios existe, me decía, debe ser superior a las debilidades humanas. Mi desilusión de la vida presente era total y estaba convencida de que en el más allá estaría mejor. Pero aquello que he vivido era totalmente inesperado. Decidí suicidarme como consecuencia de una serie de problemas, enfermedades y malentendidos familiares. Por eso, no condenéis a quienes llegan a tomar esta decisión, aunque ahora, con todos los problemas que tengo, nunca tomaría esa decisión.

Traté de suicidarme, pero fui ayudada a tiempo, aunque estuve 5 días en coma profundo. Al suicidarme, me encontré en un mundo de silencio. Mi cuerpo era ligero, estaba físicamente bien. Estaba en una sala oscura que, lentamente, comenzó a aclararse como si me fuese acostumbrando a la oscuridad. Estaba sola, completamente sola, pero crecía mi angustia mental. A un cierto momento, me pareció ver un rostro joven, pálido, ojos negros, severos, pero amigables y llenos de comprensión. Aquellos ojos estaban fijos en mí. Me comuniqué con él mentalmente. Fue una conversación larga. Le pedí que me ayudara, quienquiera que fuese. Él me respondía: “Ten calma y confianza. Calla, cálmate”… Después sentí que algunos seres discutían, ciertamente, sobre mí. Eran figuras sin rostro o los cubría una capucha, parecían frailes. Supe que me estaban juzgando. Yo todavía no sabía bien, si estaba viva o muerta, por lo que no sabía si el juicio consistía en enviarme a la tierra o al infierno. Algunas voces me defendían, pero la mayor parte me acusaba y una voz era especialmente mala y despiadada. Era una voz fuerte y profunda, que pedía con violencia mi condena total. Yo estaba aterrorizada.

De pronto, entraron en la sala una multitud de personas, eran figuras oscuras, viejas, encorvadas. Sabía que el juicio había sido negativo y estaba aterrorizada. Pero, cuando quisieron llevarme, la luz de aquel ser las detuvo. La luz me absolvió. No había sido un sueño, era demasiado lucido, real y coherente. Ahora tengo miedo de morir y poder encontrarme con aquel ambiente, con aquellos seres oscuros.

Otro caso. Antonio trabajaba en tareas de rescate en toda clase de emergencias. Una vez se contagió de sida a sus 36 años por haberse hincado accidentalmente con una aguja durante la tarea de resucitación de una víctima. Y decidió suicidarse. Dice:

Yo tomé muchas píldoras y me llevaron al hospital. Allí vi que mi cuerpo flotaba en una oscuridad. No podía ver nada, no podía moverme ni hacer nada por mí mismo. Era terrible. Oía sonidos horrorosos en mis oídos. Yo pensé: “Estoy en el infierno y no puedo salir. Estoy atrapado”. Entonces, oí una voz y supe que era Dios. Era una voz tranquila y calmada, que me dijo: “Si esto es lo que tú quieres hacer, aquí es donde vas a venir”. Yo pensé: “Es demasiado tarde, ya estoy muerto”. De pronto, todo desapareció y estaba de nuevo en mi cuerpo. Fue como si me hubieran vuelto de nuevo las ganas de vivir. Es como si Dios me hubiera dicho: “Si quieres suicidarte, irás al infierno”. Ahora sé que Dios tiene un plan para mí, que es ayudar a otra gente con sida.

Rochelle dice: Yo intenté suicidarme dos veces. La primera, con sobredosis de pastillas, pero no tuve ninguna experiencia. La segunda vez, dejé salir el gas en mi habitación, porque estaba muy deprimida y no podía dormir. Por eso, quería morir. En ese tiempo, yo no creía, era agnóstica; yo no creía en el diablo ni en el cielo ni en el infierno. Por eso, yo sólo quería acabar con mis sufrimientos de una vez por todas. De pronto, el gas hizo efecto y me vi en un lugar oscuro, totalmente oscuro. Yo estaba muerta. En ese momento, algo me tocó en la espalda; yo miré y era un gran gorila. Ahora asocio aquel gorila con Satanás. Entonces, grité desde el fondo de mi alma, pidiendo ayuda a Dios. Y Él me sacó de allí y desperté tres o cuatro horas después y había gas por toda la tercera planta de la casa.

Esta experiencia fue como si Dios me hubiera dicho: “Has cometido una tontería”. Hay algo después de esta vida y Él me lo mostró y me sacó de allí. Yo quisiera ahora decir a la gente, en las mismas condiciones que yo (deprimidas), que si piensan que van a escapar muriendo, es un gran error. Si tú mueres, sigues vivo. Por eso, no trates de matarte; más bien, trata de cumplir tu misión, pidiendo ayuda.

El médico Francis Ceravolo me contó la historia de uno de sus pacientes suicidas. Él es italiano y lo conozco de hace años. Es un hombre simpático y tranquilo, pero que no creía en Dios. Y me dijo: “Yo vi fuego y vi pequeñas criaturas a mi alrededor. Ellas tenían miradas perversas y parecían terribles. Yo los vi. Ahora creo en Dios, porque sé que Él me dio la oportunidad de sobrevivir”.

Sadira, como consecuencia de una sobredosis de pastillas, tuvo su experiencia NDE. Dice: Lo que yo viví fue la cosa más horrible. Oía aquellas voces que no eran de la tierra. Ellos gritaban. Yo estaba desnuda y sentía vergüenza, aunque todo estaba oscuro. Esas criaturas eran como anoréxicas, calvas, desnudas, sin dientes, todo sucias. Había como cincuenta, todas a mi alrededor. Yo podía sentir su respiración cerca de mí y olían muy mal. Todo era muy real. Me sentí juzgada y que iba a ser castigada. Aquellos seres estaban allí para castigarme; pero, después de un tiempo de terror, se fueron.

Como católica, sabía que nadie puede suicidarse. Nunca lo haré de nuevo. Yo estaba horrorizada, estaba en el infierno. Fui al infierno. Personalmente, nunca creí en el infierno. Yo creía que el infierno era no ser capaces de ver a Dios. Pero, después de esto, creo en el infierno. Cuando me desperté, estaba aterrorizada. Reconozco que el suicidio nunca es la solución. No es una opción. Dios no lo quiere y yo creo en Dios. Esta experiencia cambió mi vida y estoy contenta de que me sucediera.

Marie era una estudiante francesa de 17 años que, después de una desilusión amorosa, decidió quitarse la vida. Dice: A la salida del túnel he encontrado otros seres, no los veía, pero los sentía. Aquellos seres estaban llenos de amor, eran como ángeles... He descendido y he visto formas grisáceas. Eran dulces, benévolos y una voz me ha dicho: “Son los suicidas”, haciéndome saber que el suicidio no es una solución, sino algo muy grave. Después, he encontrado un ser luminoso indescriptible, de una gravedad y profundidad impresionante. Toda mi vida ha comenzado a desfilar delante de mí como en un film y todo era alocado. He visto a las personas que he conocido y el efecto de mis acciones sobre ellas. Era terrible. Me sentía estúpida. La voz del ser de luz era impresionante, distinta a la de los ángeles que había visto a la salida del túnel. Después de la revisión de vida, me he sentido estúpida y he descartado totalmente de mi vida la idea del suicidio. Ahora estoy totalmente convencida de que hay una vida después de la muerte y de que existe un ser supremo a quien podemos llamar Dios.

Evidentemente, los suicidas no necesariamente se condenan. Dios comprende mejor que nadie los condicionamientos que han podido llevar a cada persona a semejante decisión equivocada. Lo cierto es que es un gravísimo error, porque rompe el plan de Dios y, sobre todo, acorta el tiempo de vida disponible para aprender a amar, que es la razón de ser de nuestra existencia. De todos modos, nosotros no somos quiénes para juzgarlos, Dios los juzgará. Pero, ciertamente, todos ellos se arrepentirán en el más allá o quizás deban purificarse durante mucho tiempo para reparar el tiempo perdido. Esas formas grisáceas podrían indicarnos que no están condenados, sino en un estado de purificación que nosotros llamamos purgatorio.

EL PURGATORIO

El doctor Raymond Moody dice:

Varias personas me han informado de haber visto, en algún momento, otros seres, que parecían atrapados en una forma de existencia aparentemente de lo más desdichado. Los que han manifestado haber visto a estos seres confundidos se muestran de acuerdo en diversos puntos. En primer lugar, afirman que estos seres parecían, de hecho, incapaces de cortar sus lazos con el mundo físico... Parecían estar atados a algún objeto, persona o costumbre concretos. En segundo lugar, han señalado que esos seres estaban como apagados. En tercer lugar, afirman que era como si aquellos espíritus apagados estuviesen allí sólo hasta resolver el problema o dificultad que los mantenía en aquel estado de confusión y perplejidad.

Una mujer dijo: Según iba avanzando, encontré una zona apagada en contraste con aquella resplandeciente luminosidad. Si se detiene uno a pensar en ello, las figuras estaban más humanizadas que el resto, pero tampoco tenían una forma totalmente humana como la nuestra. Se puede decir que era como si llevasen la cabeza agachada, su aspecto era triste, deprimido; parecían ir arrastrando los pies, como en una fila de prisioneros encadenados... Al pasar yo, ni siquiera levantaron la cabeza para ver qué ocurría. Parecían estar pensando: “Bien, se acabó todo, ¿qué hago?, ¿de qué va todo esto?”. Era un comportamiento aplastado, desesperanzado, sin saber qué hacer ni adónde ir, ni quiénes eran ni nada. Parecían estar moviéndose continuamente, pero sin rumbo definido. Empezaban a ir recto, luego giraban a la izquierda, daban algunos pasos y giraban de nuevo hacia la derecha. Y no tenían absolutamente nada que hacer...

No parecían estar conscientes de nada, ni del mundo físico ni del espiritual... En este sitio concreto, reinaba el gris más apagado y tristón. No repararon en mí. Me resultó muy deprimente. Parecían estar intentando tomar una decisión; miraban hacia atrás, no sabían si seguir adelante... Era como si estuvieran vacilando todo el tiempo; me recordaban las descripciones de fantasmas que he leído. Y había una enorme cantidad de ellos por todos lados.

Algunos de ellos, intentaban infructuosamente comunicarse con personas aún físicamente vivas... Era como si intentasen ponerse en contacto con ellos, decirles que hicieran las cosas de modo distinto a como ellos las estaban haciendo, que cambiasen, que variasen de forma de vida... Era como decir: “No hagáis lo que yo, para que no os pase esto. Haced cosas por los demás para que no os veáis así”.

Bill Guggenheim, en su libro Hello from heaven, cuenta muchos casos de difuntos, que se han aparecido a sus familiares, manifestando tristeza y pesar por sus acciones. Veamos algunos. Después de la muerte de mi suegro Pop, tuve un sueño. Lo veía en una cierta oscuridad, caminando arriba y abajo, mirando al suelo con las manos hacia atrás y parecía triste. Yo le dije:

Pop, ¿puedo hacer algo por ti? Sí, puedes rezar. Rezaré por ti. Dile a todo el mundo que rece por mí. No te olvides, dile a todos que recen por mí.

Y desapareció. Me desperté inmediatamente y le dije todo a mi esposo. Mi esposo me dijo que, cuando Pop era joven, había hecho cosas ilegales para ayudar a su familia. Yo no sabía nada. Cuando mi esposo se lo dijo a sus hermanos y hermanas, todos rezaron por él.

Otro caso. Después de cinco años de haber muerto mi padre a sus 42 años de alcoholismo crónico, una noche me desperté y, estando totalmente despierta, vi a mi padre a los pies de mi cama. Su expresión era de tristeza y arrepentimiento. Me dijo:

Dona, lo siento, lo siento de verdad.

Cuando dijo estas palabras, lo perdoné de corazón por haberme violado. Yo sentí un maravilloso sentimiento de alegría. Y él desapareció.

Natuzza Evolo es una gran mística italiana, madre de cinco hijos, que desde su más tierna edad tiene fenómenos sobrenaturales. Frecuentemente, se comunican con ella las almas del purgatorio.

El abogado Michele Ruocco de Catanzaro (Italia) dice: En 1971 murió Enzo, mi hijo único, en un accidente. Tenía 20 años. Yo me fui a ver a Natuzza para que me consolara en mi dolor. Ella me recibió con cordialidad… Un día, Natuzza me telefoneó y me dijo que había visto a Enzo y había recibido un mensaje suyo para mí y mi esposa. Se le había aparecido para pedirle que rezaran juntos y Enzo rezó con ella… El día del primer aniversario de su muerte, mandamos celebrar una misa por su alma en la iglesia de san Pío X en Catanzaro, a las 6 p.m. Unos días después, Natuzza nos informó que, a la hora de la misa, había entrado en el cielo. Se le había aparecido y le había dicho: “Mis padres lloran, pero yo soy feliz de entrar al cielo”.

La señora Carmelina Chimirri murió el 25 de noviembre de 1978. Después de su muerte, se apareció a Natuzza, recomendándole de pedir a su familia que tuviera resignación. Y dejó un mensaje para su familia donde decía: “Voy al cielo el 15 de abril. Estoy feliz y recibo los sufragios y oraciones que me ofrecen. Rezo por todos y especialmente por mamá y por Ana, que han quedado tristes, para que el Señor les dé resignación”.

El 18 de diciembre de 1963, la señorita Silvana Visconti se suicidó en Roma, dejando salir el gas. Su mamá, la señora Yolanda, fue a ver a Natuzza a Paravati. Natuzza le aseguró que su hija se había salvado, pues se había arrepentido en los últimos momentos, en los que había sido asistida por su propio padre, ya fallecido. Pero Silvana estaba aún en el purgatorio…

Su madre dijo que había sido una bellísima joven de 27 años con un buen trabajo, pero desafortunada en la vida privada. Había tenido óptimas oportunidades de matrimonio, pero habían terminado mal. Era muy desconfiada y había atravesado un período de crisis nerviosa. Unos días después de su muerte, le llegó una carta de Natuzza en la que le decía de parte de su hija Silvana que necesitaba todavía algunos sufragios y oraciones para ir al cielo.

Pero quien ha tenido más especialmente este carisma sobrenatural de ver constantemente a las almas del purgatorio, para poder orar por ellas, ha sido la mística austriaca María Simma. A ella, recientemente fallecida, Dios le reveló la maravillosa armonía existente entre su amor infinito y su justicia divina. Cada alma sufre en el purgatorio de acuerdo al grado de gravedad de los pecados cometidos y de las consecuencias sobre la vida de los demás. Dice:

Hay un pecado que Jesús no puede perdonar: decir NO a Dios, a su amor, a su misericordia y a su perdón hasta el último momento… El Señor no puede actuar contra nuestra voluntad. Las almas del purgatorio me han dicho que todos los hombres tienen la posibilidad de decir SI en el momento de la muerte. Que no importa, si mueren de una larga enfermedad o de un balazo en la cabeza, todos tienen un par de minutos para decir SI al Señor. Sólo si se obstinan en rechazar a Dios y decirle NO, se condenarán y sufrirán el infierno por toda la eternidad. Por eso, no podemos conocer de nadie que se haya condenado.

Con relación a esto me viene a la mente el caso de un jovencito de quien había abusado un sacerdote. Esto lo llevó a odiar a los sacerdotes y a alejarse de la Iglesia. Muchas personas buscaron ayudarlo, pero él no se dejaba y no perdía la oportunidad de atacar a la Iglesia. Al poco tiempo, se enfermó y murió, maldiciendo a la Iglesia y a los sacerdotes. Teresa Neumann (famosa mística alemana del siglo XX) conoció por revelación que se había salvado, pero que estaba en el purgatorio, a pesar de morir blasfemando contra la Iglesia.

Un joven se me apareció un día para pedir oraciones y me dijo: - Por no haber respetado las normas de tráfico y manejar irresponsablemente, tuve un accidente de moto y caí muerto. - ¿Estabas preparado para entrar en la eternidad? - No estaba preparado, pero Dios da a todos dos o tres minutos para poderse arrepentir y sólo el que lo rechaza es condenado. Cuando uno como yo muere en un accidente, muchas personas dicen que le llegó su hora. Eso sólo se puede decir, si uno muere sin culpa suya. Pero yo debería haber vivido treinta años más, según el plan de Dios.

Un alma me dijo un día: Cometí un pecado contra Dios. Pisoteé una cruz con toda mi rabia, pensando que Dios no existía; pues si existiese, no lo permitiría. Pero caí casi inmediatamente enfermo de parálisis y eso fue mi salvación. Me dijo que le dijera a su esposa lo que debía hacer para aliviarle el purgatorio y conseguir su pronta liberación.

Su esposa había dejado de ser católica; pero, al darle el mensaje, me dijo:

- Nadie más que mi esposo y yo sabíamos que había pisoteado la cruz. No se lo dijimos a nadie. Por eso, puedo creer que es cierto lo que me dice.

Y regresó a la fe católica.

Y sigue diciendo María Simma: Cada alma del purgatorio tiene nostalgia de Dios y éste es su más profundo dolor. Cada alma sufre en aquello que ha pecado. Esto sucede también en cierta medida en la tierra, pues muchos sufrimientos siguen a una mala acción. Por ejemplo, uno que come en exceso debe sufrir mal de estómago; el que fuma demasiado, se expone a un cáncer a los pulmones... Las almas quieren purificarse en el purgatorio como el oro en el crisol. ¿Podemos imaginarnos a una joven que quisiera ir a su primer baile con vestidos sucios y totalmente despeinada? Un alma del purgatorio tiene una imagen tan maravillosa de Dios, que se le ha presentado con una belleza y pureza espléndida y deslumbrante, que ni todas las fuerzas del universo serían suficientes para hacer que se presente ante su presencia, mientras tenga la más mínima mancha. Sólo un alma luminosa y perfecta puede atreverse a ir al encuentro de la LUZ eterna para contemplar a Dios cara a cara. Veamos concretamente lo que dice sobre esto el siquiatra George Ritchie en su libro: Regreso del futuro. Él habla de su propia experiencia NDE y cómo vio a seres aferrados a la tierra, queriendo desesperadamente fumar o tomar licor, etc., como si estuvieran sufriendo su purgatorio por aquellos mismos errores que cometieron. Dice: En un tenebroso bar, instalado en una sucia sala, vi muchos marineros. Estaban sentados a la barra mientras que otros se hallaban en grupos. Muchos estaban bebiendo y estaban ya borrachos. Por eso, no podían darse cuenta de los sedientos cuerpos no físicos de quienes desesperadamente se hallaban en medio de ellos, ni podían ver cómo una y otra vez trataban de arrebatarles los vasos de alcohol sin éxito. Supuse que, cuando ellos disfrutaron de su propio cuerpo, habían caído en la dependencia del alcohol hasta un grado más allá de los efectos físicos, afectando la mente e, incluso, su mismo espíritu.

De todas maneras, el purgatorio es un estado de sufrimientos, exigido por la justicia de Dios para reparar los pecados cometidos, y obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (Cat 1030).

EL INFIERNO

Una de las más terribles experiencias vividas en algunas NDE es la visión y vivencia del infierno. Según algunos investigadores, sólo se dan en el 0.3% de los casos. Otros como Gallup y Proctor en su libro Adventures in inmortality o Ken Ring en su libro Heading Toward Omega, dicen que son el 1%. Pero nunca se puede saber con exactitud ya que los que tienen este tipo de experiencias negativas no suelen publicarlas. De todos modos, los casos conocidos son suficientemente expresivos como para creer en la existencia de un mundo tenebroso e infernal en el que viven muchos seres humanos que han rechazado voluntariamente el amor y el perdón, que Dios les ofrecía en el momento de su muerte. Veamos algunos de estos casos significativos.

El doctor Melvin Morse, en su libro Últimas visiones, dice: Me entrevisté un día con un hombre que había sido un delincuente en su adolescencia y después era un hombre interesado sólo en su propio beneficio personal. Estuvo a punto de morir, al ser herido con una botella rota mientras trataba de robar en una tienda. En la ambulancia, cuando era conducido al hospital, se sintió arrastrado fuera de su cuerpo y envuelto en llamas. En vez de contemplar afectuosos ángeles de la guarda, dijo que se le aparecieron los rostros de sus amigos que habían muerto en la calle, lanzando interminables gritos de dolor. Como resultado de esta experiencia, abandonó su vida delictiva y acabó, ordenándose ministro.

El doctor Moody narra lo que le dijo uno de sus pacientes: Al salir de mi cuerpo estaba todo oscuro. Había gente que daba alaridos, había fuego y ellos querían un trago de agua… Entonces, se me acercó alguien y me empujó a un lado y me dijo: “Tú no tienes que venir aquí abajo. Tú tienes que volver arriba”… Estaba todo negro y vi un montón de gente chillando y aullando… Eran desgraciados y odiosos. Me pidieron agua, porque ellos no tenían agua… Había alguien observándolos. Era el mismísimo diablo.

La Fundación para las investigaciones de las experiencias cercanas a la muerte tiene muchas experiencias de toda clase en su página web. He aquí una de ellas.

Yo tenía 20 años y lo recuerdo como si fuera ayer. Entré en el coche con mi amigo Gareth. Él había estado bebiendo mucho aquella noche. No debía conducir el coche, pero yo necesitaba a alguien que me llevara a casa, porque era tarde. Habíamos estado discutiendo durante todo el viaje. En un momento de rabia, él golpeó el acelerador con fuerza e intentó dar una vuelta en U. Lo próximo que supe es que yo estaba rodando hacia dentro de un gran espacio en una soga. Comencé a flotar fuera de mi cuerpo y atravesé un extraño túnel de luz. Yo no sabía adónde iba, pero no podía controlar hacia donde era como chupada. Durante una fracción de segundo, pensé que me dirigía hacia el cielo, pero repentinamente algo sucedió. Me detuve en seco en ese túnel y, como un relámpago, empecé a caer más y más rápido.

Sentía que caía verticalmente en una especie de agujero negro. Era tan oscuro que, mientras caía, empecé a escuchar chillidos, gritos, horribles risas y el olor más putrefacto que pueda imaginarse. Entonces, la oscuridad se convirtió en fuego, y yo caía hacia un inmenso horno. El fuego comenzó a consumirme y empecé a chillar. Aterricé sobre mi espalda, choqué con lo que parecían rocas y sentí un dolor horrible por todas partes.

Cuando abrí mis ojos, me di cuenta de que no estaba sola, porque unas extrañas criaturas comenzaron a agarrarme y arrastrarme hacia lo que parecían unas puertas negras inmensas. Empecé a patear y a chillar, gritando a todo pulmón. Recuerdo que una criatura gigante empezó a rasgarme la piel de la espalda con lo que parecían sus afiladas uñas, otra empezó a tirarme del pelo fuertemente, otra me pateó, me tiró, riéndose y burlándose acerca de asuntos personales que parecía conocer de mí...

Recuerdo haber visto repentinamente a Gareth, colgado boca abajo con clavos atravesándole las manos y los pies. Aquellas criaturas empezaron a azotarlo. El fuego lo consumía y la carne de sus manos, pecho y cabeza ya había comenzado a fundirse y a pelarse. Lo miré a la cara. ¡Él estaba aterrorizado! Y empezó a llorar de forma incontrolable, suplicándoles que no lo hicieran. Repentinamente, yo grité: Dios mío, por favor, ayúdame... Y, de pronto, una gran succión me arrancó de sus garras y comenzó a llevarme de vuelta al túnel, despertándome ante la voz de una doctora. Ella me dijo que, después de dos horas, yo me había recuperado, pero Gareth no. Aparentemente, mientras ellos intentaban revivirlo, su corazón cedió. La hora de su muerte había sido confirmada media hora antes que la mía.

Hasta hoy juro que todavía puedo oler ese olor a podrido de carne quemada y pelo quemado. Antes, incluso, me solía dar fiebre cada vez que pensaba sobre lo ocurrido a Gareth y sobre dónde estará hoy día (www.nderf.org/spanish).

La famosa bailarina francesa Janine Charrat, mientras danzaba en un estudio de televisión, quedó envuelta en llamas el 18 de diciembre de 1961. Todo ocurrió muy rápido y recibió quemaduras de tercer grado, siendo llevada de urgencia a la clínica parisina más cercana. Durante algunos minutos tuvo parada cardíaca y tuvo una experiencia del más allá. Se encontró en un mundo horrible, todo rodeado de grandes llamas de fuego. Dice: Pensé que iba a perecer de miedo. Era realmente el infierno. Parecía que los diablos venían del interior de la tierra en una danza salvaje. En medio de una gran soledad y del creciente peligro de las llamas, tomé la decisión de salir. Como creyente, yo siempre había rezado en los momentos de peligro y eso es lo que hice. Después de rezar y pedir ayuda, levanté la cabeza y me di cuenta de que las llamas no eran tan terribles y se hacían cada vez más pequeñas y transparentes. Ya no tenía miedo y me sentí aliviada.

En ese momento, me di cuenta que había una mujer con vestido de seda y el pelo blanco, que me dijo: “¿No te acuerdas de mí, Janine? ¿Me has olvidado?”. Reconocí a mi abuela difunta y me sentí llena de alegría. Ella me tomó tiernamente del brazo y me guió a otro lugar. Yo la seguí. Llegamos a un gran jardín con árboles desconocidos. Era un lugar de mucha armonía y paz. El agua del estanque era clara y limpia. El estanque parecía un espejo lleno de luz. De pronto, todo desapareció y abrí los ojos, estando en la cama de hospital. Esta experiencia me dio la fortaleza para superar con paciencia el proceso de mi recuperación que tomó un año entero.

Otro paciente, después del túnel, llegó a un inmenso lago de fuego, donde muchas sombras de personas estaban moviéndose como animales enjaulados en un zoo. Dice: Yo vi a un amigo que había muerto. Lo último que recuerdo es que él había estado metido en el vicio del juego. Yo le grité: ¡Eh, Jim! Él me miró, pero no me sonrió. Otros lo estaban llevando a un rincón, donde él comenzó a gritar. Yo corrí, pero no había salida. Entonces, empecé a decir: Jesús es Dios. Lo dije muchas veces. De alguna manera, yo salí. Sólo Dios pudo hacerme salir de un lugar como aquel. Nunca lo olvidaré.

Jay tenía 36 años. Trabajaba en Las Vegas en un periódico y le gustaba la vida divertida. Dice: Un día estaba en una fiesta. Tomé droga que alguien me regaló y no sé lo que pasó. Sentí mi cuerpo fuera de mí en una terrible oscuridad. Era la eternidad. Era el vacío increíblemente doloroso, y sentía que era para siempre. Ahora sé lo que significa infierno, porque era el infierno. Era la ausencia de todo, la ausencia de amor y de emociones, un absoluto vacío. Nunca olvidaré el dolor que sentía. Era un dolor, no físico sino emocional, sicológico y espiritual. Yo estaba convencido de que nunca saldría de allí y reviví la historia de mi vida brevemente. Lo vi como un aviso, como un juicio. Yo grité a Dios y fue el poder de Dios y su misericordia, quien me permitió regresar.

Ahora sé que Dios tiene control de todo lo que sucede y eso fue un aviso de Dios. Lo que me sucedió fue una bendición de Dios. Por eso, ahora ya no tomo drogas y rezo. Ahora temo la muerte. La vida en la tierra es muy breve, pero la eternidad es para siempre. A mí se me ha dado una nueva oportunidad. La muerte no es el final.

Yolanda nos dice: Primero, yo estuve en un lugar oscuro y frío. Yo sentía seres a mi alrededor, pero no los podía ver... Parecía que estaba en las puertas del infierno con millones de ojos de demonios mirándome. Fue algo muy terrible y estremecedor. Yo sabía que era el infierno y no quería ir. De alguna manera, fui hacia atrás y llegué a un lugar vacío, como si no existiera absolutamente nada. Estaba flotando, pero sin ningún control de mí misma. Entonces, grité desde lo profundo de mi alma: Señor, Señor... En ese momento, vi toda mi vida clarísimamente. Vi cada cosa que había hecho y me di cuenta de que había sido una vida sin sentido. me sentí muy débil y sin esperanza. Pero, cuando grité al Señor, una pequeña luz brilló. La luz era conocimiento, hermosura y amor. Y me dijo: “Yo te amo totalmente e incondicionalmente”. Era una voz que venía de Dios y que me decía: “En la tierra lo único que importa es aprender a amar y a recibir amor”... Ahora veo que algunos son como ciegos que no quieren aprender.

El doctor Rawlings Maurice, en su libro To hell and back, narra el impresionante caso de Charlie McKaig, un hombre de 48 años de La Fayette, USA. Estando en su mismo consultorio del hospital, quedó como muerto de un infarto. Rawlings le dio masajes al corazón. Dice: Al recobrar los latidos, me miraba desesperadamente y me decía: “No se detenga, no se detenga, estoy en el infierno, estoy en el infierno”.

Yo pensé que eran alucinaciones. Después de unos momentos, volvió a quedar sin latidos y, al regresar, repetía desesperado: “Por favor, no se detenga. ¿No comprende? Cada vez que usted se detiene, voy al infierno”. Cuando él me pidió que rezara, yo me sentí como insultado y le hice callar. Yo era un doctor no un ministro cristiano. Pero las enfermeras me miraron conmovidas. Entonces, al regresar de nuevo, le hice repetir palabra por palabra, una oración espontánea, algo así como: Jesucristo, hijo de Dios, sálvame del infierno. Entonces, una extraña conversión religiosa se produjo. Yo nunca había sido testigo anteriormente de algo así. El paciente se calmó y se sintió relajado. Yo estaba conmovido, no sólo porque aquella oración espontánea había salvado a Charlie, sino porque yo me sentía tocado en mis creencias. A Charlie, desde entonces, se le han colocado tres bypasses, pero todavía me es difícil creer que una pobre oración, hecha por mí, le abriera a Charlie el camino de la salvación. La conclusión es que nunca debemos hacer oraciones fingidas, pues ellas no son efectivas. Esto me estimuló en mi vida profesional para buscar nuevos casos e investigarlos… La experiencia del infierno de Charlie me hizo desempolvar mi Biblia aquella misma noche y leer otros libros sobre la fe.

Podríamos seguir escribiendo más casos de experiencias negativas, pero creo que es suficiente. Si alguien quiere profundizar más en estos casos, puede leer el libro de Bárbara Rommer, Blessing in disguise, o el de Maurice Rawlings, To hell and back. Pero lo que sí es interesante anotar es que en los casos en que ellos clamaron a Dios, inmediatamente fueron escuchados y salieron del infierno. Y es que el infierno, como tal, no existe en ninguna parte. Dios no ha creado un infierno en un lugar concreto del universo. El infierno lo lleva cada uno consigo mismo y, por eso, hay tantos infiernos, cuantas personas distintas están en él. Lo importante es saber que cada uno decide a dónde ir, pues Dios les da a todos la oportunidad, en el último momento, de decidirse por Él o contra Él, de amarlo o rechazarlo.

Dice el Catecismo de la Iglesia católica que el infierno es un estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados (Cat 1033). Quizás podríamos decir que también es, en cierto modo, un lugar en cuanto que los condenados se juntan, porque no pueden vivir solos, y viven en unión con los demonios, haciendo así un mundo tenebroso y horrible, en algún lugar concreto, donde todo es blasfemias contra Dios, odio, violencia, lujuria y maldad. Un lugar donde todo está vacío y sin amor. Veamos lo que dice el doctor George Ritchie de lo que vio en su experiencia personal: Yo vi algo que me horrorizó más de lo que hubiera visto en toda mi vida. Aquellos seres estaban llenos de odio, mentira, soberbia y lujuria hasta el punto de querer llevar a cabo toda clase de actos abominables unos contra otros. Esto rompía el Corazón del Hijo de Dios que estaba junto a mí... No había fuego, pero había algo miles de veces peor, desde mi punto de vista. Era un lugar totalmente vacío de amor. Era el infierno.

EL CIELO

Felizmente, la mayor parte de los que viven estas experiencias de NDE ven al ser de luz y sienten su infinito amor, teniendo un profundo deseo de responder a su amor con su propio amor. Ya el encuentro con este ser de Luz es una experiencia de cielo anticipada. Veamos algunas de estas experiencias.

Mi amigo Rafael Aita tuvo su experiencia el 20 de enero de 1996. Dice así:

Me sentí muy mal y perdí el conocimiento durante quince minutos. Comencé a desplazarme veloz por un túnel negro, oscuro y, al fondo del túnel, vi una luz. Una luz inmensa, majestuosa, muy fuerte, cuyos rayos caían sobre mí. La luz resplandeciente me cegaba y sus rayos parecían llegar a lo más profundo de mi ser. Cuando me acerqué más a la luz, la luz me recibió, me abrazó y sentí un amor infinito, una paz infinita, una felicidad infinita. ¡Cuánta ternura! ¡Nunca me imaginé que podría existir tanta felicidad! En ese mismo instante, pensé por fracciones de segundo en mi vida terrenal... y no quería volver, quería seguir ahí para siempre.

Era la ausencia total del temor y la protección total del Amor. Sentía que era Dios, que me abrazaba con su ternura infinita, y luego sentí que me decía: “Regresa, tu misión no ha terminado” y regresé y desperté. A partir de ese día, mi punto de vista sobre la vida ha cambiado. Siento gran necesidad de amar a Dios y al prójimo. Sé que Jesús está vivo y que nos espera y nos ama con una intensidad infinita. Ya no tengo miedo a la muerte. Y, ahora, la meta de mi vida es ser mejor de lo que he sido, cuando vuelva a encontrarme nuevamente con Jesús.

Ahora lo amo con amor entrañable y siento la necesidad de comulgar y de tenerlo conmigo todos los días. Y me siento contento de ser ministro extraordinario de la Eucaristía para llevar a mi amigo Jesús a mis hermanos.

Un niño de tres años, llamado Brian, tuvo un accidente al quedar atrapado debajo de la puerta del garaje de su casa. Sintió que salía de su cuerpo y dice:

Yo empecé a llorar, porque me dolía demasiado. Y entonces vinieron los pajaritos (ángeles). Ellos me cuidaron... Y nos fuimos de viaje muy lejos. Vi una luz muy brillante y yo la amaba mucho. La luz me abrazó y me puso los brazos a mi alrededor, diciéndome: “Te quiero mucho, pero tienes que volver. Tú tienes que jugar al baseball y contarles a todos acerca de los pajaritos”. Y la persona de la luz brillante me besó y me dijo adiós con la mano.

Otro niño de cuatro años, llamado Chris, tuvo su experiencia, cuando el coche en que viajaba con sus padres, cayó a un río y estuvo a punto de ahogarse. El niño perdió el sentido y dice: Me fui al cielo. Vi a mi abuela difunta. Luego contemplé el cielo. Era muy bonito. Era como un castillo, pero no como esos sitios sucios y viejos. Era un castillo antiguo y normal. Mientras contemplaba el cielo, escuché música... Empecé a mirar alrededor y, de pronto, vi que estaba en el hospital.

Maurice Rawlings en su libro Beyond death´s door cuenta el caso de un hombre que tuvo un paro cardíaco. El paciente le dijo: Un ángel me llevó volando y me dejó en una calle de una ciudad fabulosa donde los edificios resplandecían de oro y plata, y donde los árboles eran magníficos. Una luz maravillosa iluminaba el paisaje. En aquella ciudad encontré a mi madre, a mi padre y a mi hermano. Y, cuando iba a su encuentro, el ángel me regresó a la habitación del hospital. Personalmente, no creo que se pueda permanecer siendo ateo después de una experiencia como ésta.

Un paciente le contaba al doctor Moody: Allí (en el cielo) había un sentimiento de amor, de paz y gozo perfectos. Era como si yo formase parte de ello. Esta experiencia pudo haber durado toda la noche o sólo un segundo, no lo sé.

Otro caso. Dorothy sufrió una conmoción, cuando estaba para dar a luz y dice: Mientras estaba tendida en la mesa de operaciones, esperando a que el médico me hiciera la cesárea, empecé a desfallecer. Se lo dije al anestesista y me dio oxígeno, pero eso no me sirvió de nada. Recuerdo haber oído que le gritaba al doctor que me estaba bajando la presión... Y me encontré en el cielo. Allí todo era maravilloso y tranquilo. Había una paz infinita. Jesús empezó a hablarme. No le vi la cara, pero escuchaba lo que me decía: “Dottie, te dejo aquí en la tierra con una finalidad”. En ese momento, me lo explicó todo. Mientras me hablaba, yo me preguntaba por qué me habría elegido a mí para revelarme esas cosas. Cuando terminó de hablar, me alejé flotando de ese hermoso lugar y volví a sentir mi cuerpo en la mesa de operaciones. Alguien rezaba por mí. Cuando dijeron Amén, abrí los ojos. Me llevaron otra vez a la habitación y dije a mi marido y a mi madre que nadie sabía lo que me acababa de pasar: “Había hablado con Jesús”.

Una mujer dice: Atravesé el oscuro túnel y salí a una luz deslumbrante... Un poco más tarde, me encontraba allí con mis abuelos, mi padre y mi hermano, que estaban muertos... Alrededor vi la luz más bella y resplandeciente que pueda describirse. Era un lugar muy hermoso, lleno de colores brillantes, indescriptibles. Y, en aquel lugar, había gente, gente feliz. Se hallaban por todas partes. Algunos, reunidos en grupos; otros, estaban aprendiendo.

A lo lejos, a la distancia, pude ver una ciudad. Había edificios, edificios separados unos de otros, resplandecientes, brillantes. La gente era feliz allí. Había agua centelleante y fuentes. Era una ciudad de luz. Sonaba una música hermosísima. Pero creo que, si hubiera entrado allí, no hubiera vuelto nunca. Se me dijo que, si iba allí, no podría volver, que la decisión era mía.

Lo que vio se parecía a la ciudad celestial descrita en el libro del Apocalipsis: Vino uno de los siete ángeles... y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo. Su brillo era semejante a la piedra preciosa, como piedra de jaspe pulimentado. Tenía un muro grande y alto con doce puertas y, sobre las puertas, doce ángeles... La ciudad era de oro puro, semejante al vidrio puro. Las doce puertas eran doce perlas, cada una de las puertas era de una piedra y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio transparente... La ciudad no tenía necesidad de sol ni de luna que la iluminasen, porque la gloria de Dios la iluminaba (Ap 21).

Ése es el cielo: un estado de felicidad completa y eterna. Vivir eternamente con Dios y con todos los santos y ángeles. El cielo es la felicidad colmada de acuerdo a la capacidad de cada uno.

GEORGE RITCHIE

Veamos ahora el testimonio del famoso siquiatra George Ritchie, que es completo y significativo.

Era a finales de 1943, tenía él 20 años, y fue destinado al campamento militar de Berkeley, un lugar destinado a albergar 250.000 soldados que irían a luchar al frente europeo contra los alemanes. Pero cogió una pulmonía que lo llevó a la muerte clínica, donde tuvo la experiencia que cambió su vida. Al principio, salió de su cuerpo y lo vio echado en la cama sin darse cuenta de que era su propio cuerpo. Después, empezó a vagar por todo el hospital y alrededor del campamento. A continuación, vino la luz. Dice:

No se trataba de una luz, sino de una persona que había entrado en mi habitación, o mejor expresado, un Hombre hecho de luz, aunque me parecía tan imposible a mi mente como increíble aquella intensidad luminosa de la cual Él estaba hecho... Y me vino una profunda convicción: “Estoy en la presencia del Hijo de Dios”. Era una especie de conocimiento inmediato y completo... Jesús era todo poder, anterior al tiempo y, a la vez, joven y actual como el hombre más moderno que hubiera conocido. Y, con la misma misteriosa certeza interior, sentía que aquel Hombre me amaba. Era un amor incondicional, un amor sorprendente, inconmensurable. Un amor más allá de toda comprensión humana, imposible de imaginar. Aquel amor sabía todas las cosas no merecedoras de amor en mí (mi explosivo temperamento, las peleas con mi madrastra, mis pensamientos incontrolados en cuanto al sexo, cada pensamiento egoísta y cada acción llevada a cabo desde mi nacimiento) y, a pesar de todo, yo sentía con una intuición inexplicable que Él me amaba tal como era.

Al afirmar que Él sabía todos los detalles de mi vida, sólo lo digo como una observación. Su radiante presencia había penetrado cada episodio y cada secuencia de mi vida entera. Todas y cada una de las cosas que me habían sucedido estaban allí como en una vista panorámica única, en el sentido más actual y contemporáneo, como si todo se estuviera representando al mismo tiempo. ¿Cómo aquello era posible? No lo sé... Me di cuenta de las muchas tonterías cometidas como, por ejemplo, cuando le volvía la cara a mi madrastra cuando quería darme un beso a la hora de acostarme... Se representaron otras escenas, cientos, miles de ellas, iluminadas por la presencia de la Luz, existiendo todas ellas como si el tiempo nunca hubiera dejado de transcurrir... Pasaron por delante de mí escenas de mis años de universidad, mis salidas con las chicas, los exámenes de química, las competiciones deportivas... Cada detalle de mis veinte años de vida estaba expuesto para ser visto en un momento. Lo bueno y lo malo, las cosas más importantes, las trivialidades, lo normal y lo extraordinario. Y, en medio de esta visión, venía una pregunta. Estaba como implícita en cada escena: ¿Qué has hecho de tu vida?

¿Qué has logrado hacer con el precioso tiempo que se te ha concedido? No había pecados espectaculares, los normales de un joven en edad de tentaciones de sexo. Pero si no había horrendos crímenes, tampoco pude descubrir algo de un valor destacable. Si algo sobresalía, era un determinado interés en mí mismo, un interés en todo lo personal, encerrado en mis conveniencias...

Me di cuenta de que era yo mismo quien juzgaba los eventos mostrados a mi alrededor. Era yo mismo quien los juzgaba triviales, egoístas, sin importancia. La condenación no procedía de Él. No era Él quien me reprochaba mis actos. Él simplemente me amaba, esperando mi respuesta a la pregunta que aún estaba meciéndose en el aire: ¿Qué puedes mostrarme de lo que has hecho en tu vida?... Su pregunta, como todo lo que procedía de Él, estaba relacionada con el amor. ¿Cuánto has amado durante tu vida? ¿Has amado a los demás como yo te he amado a ti? ¿Totalmente? ¿Incondicionalmente?...

Con sorpresa, me di cuenta de que nos pusimos en movimiento. No me había dado cuenta de que ya no estábamos en el hospital... Vi un grupo de trabajadores juntos ante una cantina, tomando café. Una de las mujeres pedía a otra un cigarrillo, con tal vehemencia que parecía desearlo más que nada en el mundo. Pero la otra la ignoraba por completo. Sacó un paquete de cigarrillos, lo abrió con naturalidad, encendió su pitillo y volvió a esconder su paquete. Tan rápido como si se tratara del movimiento de una serpiente, la mujer a quien se le había negado el cigarrillo, se tiró a arrebatárselo de la boca a la otra. Lo intentó una segunda vez... Y otra, sin éxito... Entonces, me di cuenta de que se hallaba en la misma situación de inmaterialidad que yo mismo. Estaba muerta. Me detuve mirando a una mujer que aparentaba unos cincuenta años, siguiendo a un hombre, más o menos de la misma edad, por una calle. Ella tenía un aspecto mucho más vivaz, accionaba exageradamente y lágrimas resbalaban por sus mejillas. Por otra parte, el hombre, a quien ella se estaba dirigiendo, ignoraba por completo su existencia...

Tan rápidos como el pensamiento viajamos de ciudad en ciudad, aparentemente por diversos lugares de la Tierra... Dentro de una casa vi a un joven dirigirse a su anciano padre: “Lo siento, papá; lo siento, mamá”. Se lo repetía sin parar, pero las palabras no significaban nada para los vivos. Varias veces, me hizo detener Jesús ante escenas semejantes. Vi a un muchacho siguiendo a una joven de unos diecisiete años por los pasillos de la universidad y decirle: “Nancy, no sabes cuánto lo siento”. Una mujer de mediana edad pedía con desesperación a un hombre con el pelo gris que le perdonara. Pregunté a Jesús: ¿Por qué todos piden perdón y excusas? Me dijo: “Todos ellos son suicidas, encadenados por las propias consecuencias de su acción”.

Hasta el momento, habíamos visto lugares donde los vivos y los muertos convivían codo a codo. Ahora fuimos a una extensa llanura abarrotada, hasta el punto de no caber uno más de aquellos seres descarnados, fantasmagóricos. Todos ellos estaban evidentemente, frustrados; nunca en mi vida había visto personas tan violentas, tan miserables en todos los sentidos de la palabra... Por todas partes, había gente luchando a muerte, contorsionándose, pegando, cortando... Vi cómo luchaban con sus manos, sus pies, sus dientes; pero, al mismo tiempo, nadie parecía estar herido ni se veía sangre... Si antes había sospechado de hallarme en el infierno, ahora estaba seguro de ello. Hasta aquel momento, la tragedia consistía en hallarse encadenados al mundo físico. Ahora podía darme cuenta de que existían otros tipos de cadenas. Aquí no se disponía de objetos sólidos o de personas corporales. Estas criaturas parecía que se hallaban encadenadas a los propios hábitos de sus mentes por medio del odio, de la lujuria y de todos los pensamientos tendentes a la destrucción. Aún más horroroso que las dentelladas y las coces que se intercambiaban, eran los abusos sexuales de muchos. Perversiones que nunca había soñado y que incesantemente intentaban llevar a cabo sin poder hacerlo a causa de no tener un cuerpo real. Resultaba imposible definir los aullidos emitidos...

También en esta ocasión me di cuenta de que ninguna condenación salía de los labios de Jesús. Solamente tenía compasión de aquellos infelices, que quebrantaban su Corazón. Ciertamente, no era su voluntad el que una de estas criaturas estuviera en tal situación y en tal lugar. Entonces, ¿por qué razón estaban confinados en este lugar? ¿Por qué no huían de aquel infierno?... Tal vez por siglos cada criatura de ésas había estado buscando la compañía de otros seres tan llenos de odio y de orgullo como ellos mismos hasta que finalmente llegaron a formar una sociedad tan maldita como aquella. Tal vez no era Jesús quien les había abandonado, sino ellos los que habían rechazado la Luz que les ponía al descubierto sus tinieblas. Ellos no daban tregua al rencor que salía de sus corazones; sus ojos estaban atentos al mal que podían hacer, buscando otra criatura a quien humillar...

Luego vi, infinitamente lejos, demasiado distante para ser percibido por los medios a mi alcance, una ciudad. Una ciudad luminosa, un lugar sin término, pero con tal calidad de luz que podía distinguirse a pesar de la inimaginable distancia que nos separaba. Su brillantez parecía emanar de los mismos edificios y calles del lugar y de los seres que ahora ya podían distinguirse. De hecho, la ciudad en sí parecía hecha de luz, una luz similar a la Luz del que tenía a mi lado, acompañándome siempre... Lloré al perder aquella maravillosa escena, reconociendo mi impotencia e incapacidad, pero tuve la convicción de que, en aquel instante, había podido contemplar la realidad del cielo... Unos segundos después, nos hallábamos ya entre las cuatro paredes de la habitación del hospital. Jesús estaba todavía a mi lado. De no haber sido así, no hubiera resistido el impacto de la brutal transición, al pasar del infinito a las reducidas dimensiones de aquella celda.

Lo que experimenté en el reino de la vida futura cambió mi vida. Desde aquellos días, no he considerado nada en mi vida sin pensar en el propósito que Dios tiene para mí. Ningún contacto con otra persona ha dejado de ser importante para mí. Cada minuto de cada día, desde entonces, ha sido completamente diferente al que había vivido antes. Lo importante es amar. Por eso, estoy convencido de que el futuro del mundo depende, en gran manera, de cómo hayamos sabido amar a los demás, aquí y ahora.

GLORIA POLO

Gloria Polo es una odontóloga colombiana que va por el mundo, compartiendo su testimonio. El 5 de mayo de 1995, estando en la Universidad Nacional de Bogotá, se acercó a protegerse de la intensa lluvia debajo de unos árboles con su sobrino. En ese momento, les cayó un rayo y quedaron los dos carbonizados y dados clínicamente por muertos, con paro cardíaco. Su sobrino murió definitivamente. Ella pudo volver para contarlo. Y dice:

Me encontré dentro de un túnel y me salieron al encuentro mis bisabuelos, mis padres y muchos otros familiares y personas con las cuales tuve algo que ver en mi vida. El Señor me concedió el regresar, al acordarme de mis hijos y de mi esposo. Y me encontré en una camilla de la enfermería de la Universidad Nacional. Después de estar tres días en coma me llevaron al Seguro Social y me operaron para raspar todos los tejidos de mi cuerpo, quemados por el rayo. Al estar anestesiada, vuelvo a salir de mi cuerpo. Veo desde arriba lo que estaban haciendo los médicos con mi cuerpo y paso por muchos túneles que van hacia abajo. Al principio, tenían luz, pero fui descendiendo y la luz se iba perdiendo. Comienzo a andar por unos túneles de tinieblas espantosas. Lo más oscuro de lo oscuro terrenal, es luz del mediodía allá. Había un olor nauseabundo. Y veo un vacío, donde había muchísima gente. Lo más horroroso era que allí no se sentía ni un poco de amor de Dios ni una gota de esperanza. Y vi muchos demonios y mucha gente con miradas de odio tan espantosas que daban terror. Pero el tormento más terrible era la ausencia de Dios. No se sentía a Dios.

Entonces, me agarran por los pies. Mi cuerpo entra en un hueco, pero mis pies están sostenidos desde arriba. Fue un momento terrorífico y empecé a gritar: “Almas del purgatorio, sáquenme de aquí”. De pronto, veo una lucecita en medio de aquella gran oscuridad. Veo unas escaleras encima del hueco y veo a mi papá, que había fallecido cinco años antes, y un poco más arriba veo a mi mamá con mucha más luz y en posición de estar orando. Cuando los vi, sentí una gran alegría y empecé a gritar: “Papito, mamita, por favor, sáquenme de aquí”. ¡Si hubieran visto el dolor tan grande que ellos sintieron! Mi papá empezó a llorar y mi mamá oraba y comprendí que no me podían sacar de allí.

Al punto, comenzó la revisión de toda mi vida. ¡Tenía tantos pecados! Había creído en la reencarnación y me di cuenta que era mentira, pues allí estaban mis bisabuelos y familiares, que no habían regresado a la tierra con una nueva vida. A los 13 años hice mi última confesión, después dejé de creer en Dios. Creía que el hombre era fruto de la evolución. No creía en el diablo ni en el infierno, pero ahora lo estaba experimentando.

Yo había sido una mujer de mundo, una intelectual, esclavizada del cuerpo. Cuatro horas diarias de aeróbicos, masajes, dietas. Una rutina esclavizante para tener un cuerpo bello. El amor a mi cuerpo era el centro de mi vida. Y Dios permitió que mi cuerpo quedara carbonizado con muchos tejidos quemados en las piernas, en los senos... Entonces, comprendí que cada vez que había estado con mis senos descubiertos y mi cuerpo con ropa corta, estaba incitando a los hombres a que me miraran y tuvieran malos pensamientos, y así los hacía pecar.

Yo aconsejaba a otras mujeres que, si sus esposos les eran infieles, que ellas hicieran lo mismo o que se divorciasen. Defendía el aborto, el divorcio y la eutanasia. Yo había abortado a mis 16 años. Convencía a las jóvenes para que estuvieran a la moda y exhibieran sus cuerpos, y les decía: “Sus mamás les hablan de virginidad y castidad, porque están pasadas de moda; ellas hablan de una Biblia de hace dos mil años y los curas no se han modernizado. Ellos hablan de lo que dice el Papa, pero el Papa está pasado de moda”. Y yo les enseñé los métodos de planificación para no quedar embarazadas. Pero les fallaron y tres sobrinas mías y la novia de un sobrino abortaron por mis consejos. A algunas yo les di el dinero para el aborto. Yo usaba la T de cobre, que es abortiva, y vi a cuántos bebés yo había matado también, que habían sido concebidos y después expulsados...

También había creído en supersticiones. A una señora, que iba a mi consultorio, le dije que no creía en esas cosas, pero que por si acaso, echara esos “riegos” para la buena suerte. En un rincón, donde no lo veían mis pacientes, había colocado una penca de sábila con una herradura, para alejar las energías negativas. Otro punto importante, que me hizo ver el Señor, fue mi mentira. Desde pequeñita aprendí a evitar los castigos de mi mamá, que eran bastante severos, con mentiras, empezando a volverme mentirosa. A medida que iba creciendo y crecían mis pecados, mis mentiras eran más grandes.

Criticaba mucho a los sacerdotes. En mi familia, desde pequeños, criticábamos a los sacerdotes, empezando por mi papá, que nos decía que eran mujeriegos y tenían más plata que nosotros. Pero el Señor me dijo: “¿Quién eres tú para hacerte Dios y juzgar a mis ungidos?”. Recuerdo también que el Señor me hizo ver aquella vez en que robé 4.500 pesos. Una señora me dio 4.500 pesos de más en un supermercado de Bogotá. El Señor me hizo ver que para mí no eran nada, pero para aquella mujer, que cobraba el sueldo mínimo, era la alimentación de tres días. Y me mostró cómo sufrió y aguantó el hambre dos días con sus dos hijos por mi culpa.

Cuando se cerró el Libro de la vida y terminó la revisión de vida, me vi que estaba en el hueco a punto de que se abriera la puerta del infierno. Entonces, empecé a gritar: “Jesús, ten compasión de mí. Señor, dame una segunda oportunidad”. Y ése fue el momento más bello. No tengo palabras para describir ese momento. Jesús me levantó y me hizo ver la importancia de la oración de muchas personas, que habían orado por mí. Vi a un hombre pobrecito. Jesús me dijo: “Esa persona te ama tanto que ni siquiera te conoce”. Y me mostraba que vivía al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. Y había comprado una panela, que le dieron envuelta en una hoja del periódico “El Espectador” del día anterior. Allí estaba mi fotografía de quemada por el rayo. Cuando el hombrecito leyó la noticia, empezó a llorar con un amor tan grande, que decía: “Señor, ten compasión de mi hermanita, sálvala. Si salvas a mi hermanita, te prometo que voy al Santuario de Buga y te cumplo una promesa, pero sálvala”. Y me dijo el Señor con todo su amor: “Eso es amar al prójimo. Vas a volver, vas a tener tu segunda oportunidad, pero vas a repetir tu historia no mil veces, sino mil veces mil”. Y eso es lo que estoy haciendo por el mundo entero.

Otro caso parecido es el de Marino Restrepo, cuyo testimonio lo he oído en DVD. Marino Restrepo, colombiano, actor y compositor, que a los 14 años perdió la fe. Vivió en Alemania y en California muchos años. A los 47 años fue raptado por la guerrilla colombiana. Estuvo secuestrado durante cinco meses y medio hasta que se pagó un fuerte rescate. Durante el tiempo de su cautiverio, tuvo una experiencia de Dios. Se presentó ante la presencia de Dios y Jesús le hizo ver toda su vida con todos sus pecados: su falta de fe, su creencia en ideas orientales, como la reencarnación, sus pecados de adulterio… Le hizo ver el cielo, el infierno con los demonios y el purgatorio. Jesús le habló de la falta de fe en el mundo. También se le presentó la Virgen María, de quien se había alejado, al alejarse de la fe católica.

Jesús le dio una segunda oportunidad y lo envió a dar su testimonio y a predicar la fe católica por todo el mundo, que es lo que ha hecho hasta ahora en 28 países. Y sigue predicando…

¿QUIERES CAMBIAR DE VIDA?

Nunca es tarde para cambiar. No lo dejes para mañana, ya que podría ser demasiado tarde. Aprovecha el ahora, pues el futuro no existe. Vive el presente en plenitud y vive para la eternidad. ¿Qué pasaría, si Dios te llamara en este momento a su presencia y te hiciera la revisión de vida? ¿Estás preparado? Veamos algunos casos en los que no estaban preparados, pero que su experiencia del más allá cambió su vida.

El sacerdote norteamericano Steven Sheier se dedica a hablar por todas partes de su experiencia del más allá. Se la contó personalmente al periodista francés Pierre Jovanovic. El 18 de octubre de 1985, a las cuatro de la tarde, Steven Sheier estaba al volante de su coche por una carretera del Estado de Kansas (USA). Al querer pasar a otro coche, chocó con otro que venía de frente. Los del otro coche no sufrieron graves consecuencias, pero él quedó sin sentido. No se acuerda de nada más. Lo llevaron al hospital y después en helicóptero al hospital de Westley, Wichita, porque su estado era muy grave. Milagrosamente fue sanado. Él cree que fue debido a tantas oraciones de sus feligreses y de otras personas; pero también por intercesión de la Virgen María. Los médicos le dijeron que, si sobrevivía, quedaría sin poder hablar y con un respirador artificial permanente. Él dice:

Permanecí en el hospital desde el 18 de octubre de 1985 hasta el 3 de diciembre. No recuerdo mucho de mi estancia en el hospital y mucho menos del accidente. Pero me he restablecido en tiempo record sin ninguna intervención quirúrgica... En el momento del accidente, fui llevado delante del trono de Cristo. Él me juzgaba, sobre todo, como sacerdote. Me di cuenta de encontrarme delante de Él y que no había ninguna cosa que discutir. Cristo decía: “Este hombre, desde hace 12 años, ha sido sacerdote para sí mismo, no para mí. Irá a donde se merece”.

Entonces, he sentido la voz de su Madre:

- Hijo mío, perdónalo. - Madre, desde hace doce años ha sido sacerdote de Steven Sheier y no mío. Deja que ejercite mi justicia divina. - Hijo mío, démosle una oportunidad y veremos si vuelve a Ti. Si no, que se haga tu voluntad. - Madre, te lo confío, es tuyo.

María me ha salvado de aquello que me esperaba. Los médicos me han dicho que soy un milagro viviente, porque una parte del hemisferio derecho del cerebro estaba dañada y no había ninguna posibilidad de sanarla. Sin embargo, después del accidente no he tenido ninguna recaída ni dolor de cabeza ni dolor de columna, a pesar de tener dos fracturas en el cuello de una vértebra cervical. Ya han pasado siete años del accidente y estoy en perfecta salud. Soy una prueba viviente de que el infierno existe. Ahora mi misión es contar a todos mi historia para convencerlos de que existe otra vida después de la muerte y que el más allá depende de lo que estamos haciendo en esta vida. La gente no cree en el infierno ni en el diablo... Yo soy la prueba viviente del poder de intercesión de María, porque me he dado cuenta de que Él no le podía decir no... Antes de mi accidente, mi ministerio era simplemente profesional, sin ningún fervor, sin demasiada oración, sin un verdadero amor. Era de Steven Sheier, pero ahora he entendido que debo amar y servir a Jesús.

- Dennis era alcohólico, se enfermó gravemente y lo llevaron al hospital. Dice: Yo estaba en la cama y, de pronto, me vi fuera de mi cuerpo en el techo, mirando hacia abajo a mi débil cuerpo. Entonces, la habitación quedó a oscuras. Era la ausencia de luz. El vacío. Pero antes de sentirme en total oscuridad, tuve la revisión de mi vida. Me di cuenta de que había sombras de gente y pude oír cadenas arrastrando, oí murmullos y me sentí aterrorizado. Pensé que eran mis ancestros, que venían por mí y yo no quería ir. En medio de todo esto, vino una pequeña luz y yo murmuré: Dios mío, estoy listo para irme, si tú quieres, pero yo he tenido una vida tan inútil que yo desearía otra oportunidad para cambiar. En ese momento, toda la habitación se iluminó y regresé a mi cuerpo y pude oír a los doctores que decían: “Está vivo”. Yo me había alejado de la Iglesia desde los doce o trece años. Ahora asisto a alcohólicos anónimos, he vuelto a la Iglesia católica y pertenezco a grupos carismáticos. Me siento como un cristiano que ha encontrado su casa en la Iglesia católica.

- Un joven intentó suicidarse. No se había portado bien en toda su vida y la verdad es que no le importaba demasiado. Se tomó una sobredosis de alguna droga y tuvo dos diferentes niveles de experiencia. El primer nivel, consistió simplemente en un dolor físico, una sensación de molestia y de horror conforme se iba acercando al umbral de la muerte. Tuvo un paro cardíaco en presencia de sus amigos y se volvió de color azul.

Ellos consiguieron traer a la mayor brevedad médicos que lo reanimaron. Después de entrar en la fase crítica de la muerte, me describió la experiencia más terrorífica que jamás haya oído. Describió imágenes de seres horribles, que le agarraban y le apretaban. Fue como bajar al infierno de Dante. Tuvo una experiencia claustrofóbica, hostil, terrorífica, sin la más leve experiencia positiva. Ningún episodio fuera del cuerpo, ningún ser de luz, ninguna cosa bonita y agradable. Sin embargo, esta experiencia lo transformó por completo. Él había visto claro sobre sí mismo. Ahora era un hombre sano y decidido y tenía un sentido tan firme de por dónde debía ir en la vida que resultaba admirable.

- Anita tenía 29 años y se decía atea, cuando intentó suicidarse, tomando una caja de píldoras. De su experiencia, dice: Vi a mi abuelo, que había muerto un año antes. Él me dijo:

¿Qué piensas del infierno? Regresa.

Yo estaba en una habitación fría y oscura. Junto a mi abuelo estaba un hombre, que parecía Jesucristo, con pelo largo y bigote. Vestía un simple vestido y no tenía sandalias en los pies. Él tenía la misma mirada de desaprobación que mi abuelo. Entonces, fue cuando vi todo lo malo de mi vida. Vi cosas que habían sucedido años antes y no podía recordar conscientemente. Estaba siendo juzgada. Todo lo que hice a alguien, aunque no hubiera querido hacerle mal; todo lo malo, lo vi claramente. Me sentí juzgada por cada pequeña cosa que había hecho. Después, mi abuelo me dijo que debía regresar y lo hice, hallándome en mi propio cuerpo. Ahora sé que mi vida tiene un propósito y he comprendido que mentir o hacer daño a otros es malo.

- David Lorimer, en su libro Whole in One narra lo sucedido a un delincuente prisionero, que le dijo: Sólo vi las escenas en las que había hecho daño a otros. Parecía que no terminaban nunca. Era un gran número de personas conocidas o desconocidas a quienes había hecho daño. Eran cientos, a quienes nunca había visto, pero que habían sido dañados indirectamente por mí. La pequeña historia de mi larga carrera criminal fue revivida por mí, incluidas las palabras y pensamientos. También las omisiones, aun las realizadas inconscientemente. Nada fue omitido en esta pesadilla de injurias que yo había causado a los otros. Pero lo más terrible era que cada sufrimiento que les había causado, lo sentía dentro de mí.

- Una religiosa me escribió el año 1991 una carta sobre su experiencia, cuando era una jovencita alocada. Me decía: Hace más de treinta años era yo muy joven y estuve muy grave al operarme de apendicitis a las tres de la mañana. El médico me dijo que moriría esa misma noche. Yo me vi salir de mí misma y me presenté ante la presencia de Dios, que me dijo:

- ¿Qué has hecho de tu vida? ¿Qué me traes?

Yo me quedé confusa y contesté:

- Mis manos están vacías.

Entonces, sentí el disgusto de Dios. Esto fue horroroso. Y, después de tantos años, lo siento como una vivencia y me horroriza pensar que otra vez me encuentre con las manos vacías. Por esto, mi única ilusión es sufrir y poder ofrecer con amor todo lo que hago por la salvación de las almas. Quisiera dar a todos y llenar así mis pobres manos. Ya tengo una mano totalmente paralizada y me sube por el brazo, que lo tengo insensible; no lo siento y tomo morfina para el dolor, porque el médico me lo ordena. Sin embargo, soy tan feliz... ¡Qué bueno es Dios y cuánto nos ama!

En su caso, el cambio fue tan profundo que, de ser una jovencita vacía y preocupada solamente por las fiestas y las diversiones, se hizo religiosa para servir enteramente a Dios y a los demás.

- Olga Bejarano tuvo en 1987 un paro cardíaco por asfixia y se le paralizó la glotis. Estuvo en coma profundo y clínicamente muerta. Entonces, tenía 23 años. Actualmente, no ve, no habla y no se mueve ni puede comer, pero se siente feliz. Vive gracias a un respirador artificial, pero siente, piensa y tiene una afabilidad extraordinaria. Ella cuenta el cambio extraordinario de vida después de sentir la presencia amorosa de la luz en su experiencia de NDE. Dice:

Esta experiencia transformó mi vida, dándole un giro de 180 grados. Le daba gracias a Dios por lo que me había sucedido y por darme una segunda oportunidad de ser mejor... Si hubiese muerto y no hubiese regresado, no tendría nada de qué sentirme orgullosa. Mi vida hasta entonces, había estado centrada fundamentalmente en vivir para tener y no para ser. Desde que nacemos, nos educan para ir al colegio y estudiar mucho con el fin de obtener un buen trabajo y mucho dinero para hacer muchas cosas. Pero ante la muerte, lo material de nada sirve. Sólo éstas son las preguntas importantes: ¿Qué he hecho yo en la vida por los demás? ¿Qué dejo de positivo en la vida? En este mundo todos tenemos una misión y yo todavía no la había cumplido. Afortunadamente estaba con los ojos abiertos a un nuevo modo de vida en el que cambié el tener por el ser.

- Carolina era una mujer alta y atractiva de cuarenta y tantos años. Tenía la sonrisa más espontánea que yo he conocido. Estar a su lado era una experiencia extraordinaria. Ella era cordial y entrañable con todo el mundo: con el recepcionista, el camarero... Una noche, durante una cena con ella, me relató su historia.

Seis años antes se había descubierto un bulto en el pecho. Cuando se lo extirparon, el médico le dijo que tenía un aspecto extraño, pero que hasta tres días después no le podría decir si era canceroso y se había extendido. Ella me dijo: “Creí que era el fin para mí. Toda mi infelicidad salió a flote. Aquellos tres días fueron los más largos de mi vida. Sentí como una auténtica bendición, cuando me comunicaron que no era cáncer. Pero decidí no echar por la borda lo que aquellos tres días habían significado para mí: No seguiría viviendo como lo había hecho hasta entonces”.

Ella, como tantos otros, no había estado preparada para enfrentar la muerte. ¿Estás tú preparado para morir? ¿Necesitas cambiar tu modo de vivir y de pensar? Todavía estás a tiempo. Mientras hay vida hay esperanza. No dejes para mañana lo que debes hacer hoy. ¡Vive para la eternidad!

REFLEXIONES

Son muchas las reflexiones que podemos hacer de todas las experiencias que hemos anotado y de muchísimas más, que son parecidas, y que se pueden encontrar en los libros de investigadores de estas NDE, experiencias cercanas a la muerte. Ya hemos anotado, que la doctora Elisabeth Kübler-Ross habla de haber investigado más de 20.000 casos y el doctor Moody más de 3.000. Hay muchas cosas comunes de las que se pueden sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, podemos decir claramente, que existe la vida del más allá, que no todo termina con la muerte. Que los seres humanos tienen una vida después de esta vida y que es feliz o infeliz, de acuerdo a la vida que han llevado en este mundo y a la aceptación o no del amor de Dios, que se presenta como una luz amorosa y maravillosa. La experiencia del amor incondicional y total del ser de Luz es una de las experiencias más enriquecedoras y transformantes para todos. Ahora bien, ese ser de Luz, evidentemente, es Dios, que conoce toda nuestra vida y nos hace revivir cada detalle hasta lo más mínimo, haciéndonos sentir sus consecuencias positivas o negativas sobre los demás, pues para Él lo más importante es el amor. El examen final de la vida será sobre el amor. Así lo decía san Juan de la cruz: En la tarde la vida nos examinarán del amor. Y como decía también la beata Isabel de la Santísima Trinidad: Al final, sólo queda el amor.

Por eso, podemos decir con toda claridad también que esta vida es una oportunidad que Dios nos da para aprender a amar. Y como el tiempo es limitado y no sabemos hasta cuándo tendremos tiempo disponible, debemos aprovecharlo bien para aprender la gran lección de amar y hacer siempre el bien a los demás. De ahí que el suicidio sea un gravísimo error, al acortar voluntariamente el tiempo de vida disponible y, por eso, los suicidas que regresan del más allá, reconocen su gran error y prometen nunca más volver a cometerlo.

EL SUFRIMIENTO

Una lección que debemos aprender en la vida es aceptar el sufrimiento, que es parte integrante de nuestra existencia, para aprender a amar. Dice la doctora Kübler-Ross:

En mi opinión, el sentido del sufrimiento es éste: Todo sufrimiento genera crecimiento. La mayoría de la gente considera sus condiciones de vida como difíciles y sus pruebas y sus tormentos como una maldición, un castigo de Dios, algo negativo. Si pudiéramos comprender que nada de lo que nos ocurre es negativo, y subrayo: ¡absolutamente nada!... Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, así como todos los acontecimientos ante los que decimos: “Si hubiese sabido antes, no lo habría podido soportar”, son siempre regalos. Sufrir es como forjar el hierro candente, es la ocasión que nos es dada para crecer, que es la única razón de nuestra existencia.

No se puede crecer síquicamente, estando sentado en un jardín donde os sirven una suculenta cena en una bandeja de plata, sino que se crece cuando se está enfermo o cuando hay que hacer frente a una pérdida dolorosa. Se crece, si no se esconde la cabeza en la arena, sino que se acepta el sufrimiento, intentando comprenderlo, no como una maldición o como un castigo, sino como un regalo hecho con un fin determinado.

A menudo un cáncer es una bendición. No voy a minimizar los males del cáncer, pero quisiera señalar que hay cosas mil veces peores. Tengo enfermos que sufren esclerosis lateral amiotrófica, que es una enfermedad neurológica en la que la parálisis se instala progresivamente hasta la nuca. Estos enfermos no pueden respirar ni hablar. Mi deseo es que demostréis a estos seres un poco más de amor... Hay en el mundo veinte millones de niños que cada año mueren de hambre en el mundo. Adoptad a uno de esos niños y hacedles regalos. Compartid vuestra riqueza con ellos para que, cuando vengan las tempestades de la vida, sepáis reconocerlas como un regalo y os enseñarán cosas que no habríais aprendido de otra manera.

Algún día os reprocharéis el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Entonces sabréis que, cuando vuestra casa ardió, que, cuando vuestro hijo murió, que, cuando vuestro esposo fue herido, o cuando tuvisteis un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriqueceros, para crecer. Crecer en comprensión, en amor, en todo aquello que aún debemos aprender.

A mis 19 años, visité en Polonia el campo de concentración de Maidanek. Allí vi con mis propios ojos vagones repletos de zapatos de niños así como otros llenos de cabello humano, que había pertenecido a las víctimas del campo de exterminio nazi. Se transportaba ese cabello a Alemania para confeccionar almohadas. No pude seguir siendo la misma persona después de haber visto con mis propios ojos los hornos crematorios y haber olido con mi propia nariz los campos de concentración, sobre todo, siendo tan joven como yo.

El sufrimiento es parte integrante de la vida humana. No podemos escaparnos de él, aunque lo intentemos. Tarde o temprano, tocará a la puerta de nuestra vida. Por eso, hay que recibirlo como amigo y no rechazarlo como enemigo. Se ha dicho que el hombre que no ha sufrido no tiene madurez suficiente para amar de verdad. Quien no sabe de dolores, no sabe de amores.

Por supuesto que hay que buscar la manera de aliviar el dolor o de superarlo, pero, si eso no es posible, hay que saber ofrecérselo a Dios con amor. Desde que Cristo murió en la cruz, el dolor no es algo absurdo y sin sentido, sino algo que puede ayudarnos a crecer en el amor.

Nuestro sufrimiento, unido al de Cristo, tiene un valor redentor incalculable. Nuestro dolor, ofrecido con amor a Jesús por la salvación del mundo, ya no es un castigo, sino una inmensa bendición para todos. Unirnos a Cristo crucificado con nuestro dolor es hacernos uno con Cristo, Y Él aceptará nuestra vida y nuestro sufrimiento como el mejor regalo que podemos darle y lo convertirá en salvación para los demás.

En conclusión, el sufrimiento es un tesoro, que Dios pone en nuestras manos para crecer. No lo desperdicies y acéptalo de sus manos con amor para que se convierta para ti en un tesoro para la vida eterna.

Cristo nos dio ejemplo, muriendo por nosotros. Y nos ha dicho que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos (Jn 15, 13). Por eso, la mejor acción que podemos hacer en esta vida es dar la vida por Dios y por los demás. María Simma refiere un caso concreto:

Hace unos 20 años, conocí a un joven que era vecino mío y que no era especialmente devoto de ir a la iglesia, pero era muy generoso y siempre dispuesto a ayudar a los demás. Un día de invierno en que hubo una avalancha de nieve, oyó a alguien pedir auxilio. Se lanzó a ayudarlo sin dudar lo más mínimo, pero murió en la avalancha. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente. Sus compañeros decían que no hubieran querido morir con todo lo malo que él había hecho. Dos días más tarde, se me apareció y me dijo que necesitaba tres misas para salir del purgatorio e ir al cielo. Y me dijo: “Desde el momento en que morí por querer salvar a otro, Dios me perdona el resto”. Si hubiese vivido más tiempo, no habría tenido la oportunidad de encontrar una muerte tan bella.

Como diría el poeta Lope de Vega:

Sin cruz no hay gloria ninguna ni con cruz eterno llanto. Santidad y cruz es una, no hay cruz que no tenga santo ni santo sin cruz alguna.

EL PERDÓN

Una de las cosas más importantes de la vida es saber perdonar, pues el odio y el rencor es algo que va en contra el amor que debemos dar a los demás. Por eso, nunca tengas deseo de venganza contra nadie y perdona como Cristo nos enseña en el Evangelio, pues, de otro modo, te envenenas la vida por dentro y eso te producirá enfermedades. María Simma dice:

Recuerdo el caso de una joven señora de Innsbruck. No quería perdonar a su padre difunto. Cuando estaba vivo, no le había dado el amor de padre y le había impedido estudiar para conseguir una mejor posición social. Esto la hizo resentida y no podía perdonarlo. Después de la muerte de su padre, éste se le apareció, no una sino tres veces, suplicándole que le perdonara. Pero ella no quería. Al poco tiempo, se enfermó y entonces comprendió que debía perdonarlo y lo perdonó de corazón. De este modo, desapareció también su enfermedad, que se debía a su resentimiento.

Un hombre me escribió una carta, ya que estaba preocupado por su esposa, que hacía un año había muerto y cada noche venía a tocarle la puerta de su habitación. Fui a su casa y a las 11.30 p.m. comenzaron los ruidos. Después de cinco minutos, apareció un enorme animal, que parecía un hipopótamo. Le eché agua bendita y le dije:

- ¿Cómo puedo ayudarte?

A los pocos momentos, vino otra alma que me dijo: “No temas, no está condenada, pero sufre el más terrible purgatorio que exista. Ha vivido en enemistad con otra mujer durante diez años. Su enemiga había querido hacer las paces varias veces, pero ella se negaba a perdonarla y así había muerto con odio en su corazón”.

Aquí tenemos la prueba de la severidad con la que Dios trata a quienes se comportan hostilmente contra su prójimo.

Un campesino vino a visitarme y me dijo:

- Estoy construyendo un establo y, cada vez que el muro llega a cierta altura, se cae. Hay algo de extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué puede ser? - ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quien guardas rencor? - Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo mucho daño y no lo puedo perdonar. - Él quiere que lo perdones. - ¿Perdonarle yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho? ¿Para que vaya al cielo? NO, NO. - Pues no te dará reposo hasta que no lo hayas perdonado de corazón. ¿Cómo puedes decir en el Padrenuestro “perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”? Es como si dijeras a Dios: No me perdones, como yo tampoco perdono.

El hombre se quedó pensativo y dijo:

- Tiene razón. En nombre de Dios lo perdono para que Dios me perdone a mí.

Y, desde ese día, no tuvo más problemas con el establo y pudo tener paz en su corazón.

Una azafata contaba lo siguiente: Tenía una buena amistad con una compañera de tripulación. La llamé un día, porque pensaba en ella. Hacía tiempo que no hablábamos y la echaba de menos. Dejé grabado un mensaje en su buzón de voz para que me llamara. Pasaron varios días y me sentía cada vez más molesta por no recibir respuesta. Mi marido me aconsejó que la llamara de nuevo y que grabara en su buzón lo que tuviera que decirle. Yo sabía que probablemente estaría muy ocupada, pero mi fastidio aumentaba cada día. A los pocos días, su avión se estrelló. Ahora siento profundamente no haberle dado mi amor libremente. Jugué con el amor.

Por eso, hay que aprovechar mientras estamos vivos para perdonar, amar y hacer felices a los que nos rodean. Después podría ser demasiado tarde. Además, el no perdonar nos hace mucho daño y nos destruye por dentro. Vale la pena perdonar si queremos estar sanos y ser felices. ¿Te parece costosa la receta? Mucho más lo es la enfermedad.

LA CARIDAD

Hemos dicho que el sentido de la vida está en amar y hacer el bien a los demás. Esta vida es como un examen, un tiempo de aprendizaje para aprender a amar. Pues bien, amar significa perdonar, ayudar, servir, agradecer, sonreír, compartir..., en una palabra, buscar siempre hacer el bien y hacer felices a los demás. El amor alegra la vida de los demás, incluso de los moribundos. A este respecto, cuenta la doctora Kübler-Ross que en el hospital donde trabajaba, había una mujer negra que trabajaba en la limpieza y tenía un don especial. Dice: Un día la encontré en el pasillo y le pregunté:

- ¿Qué hace usted con mis pacientes moribundos? - Yo no hago nada, sólo limpio sus habitaciones.

Pero me abrió su corazón y me contó su dramática historia. Ella había crecido en un barrio muy pobre, donde pasaban hambre y no tenían ni para las medicinas... En una ocasión, ella se sentó en el hospital con su hijo de tres años, esperando un médico. Y ella vio morir a su hijo de neumonía en sus brazos, esperando... Ella me dijo esto sin resentimiento, sin odio ni rencor. Y continuó:

- Usted sabe, doctora, la muerte no me es extraña. Algunas veces, cuando entro en la habitación de un moribundo, ellos parecen muy asustados. Yo no puedo ayudarlos, pero me acerco a ellos y los toco con cariño y les digo: “No es tan terrible, Dios te ama”.

Maria Simma cuenta muchos casos de difuntos, que se le aparecen y le cuentan la importancia de la caridad.

Un día se me apareció un alma con un balde vacío. Le pregunté por qué lo llevaba y me dijo: “Es mi llave del paraíso. No he rezado mucho durante la vida, iba raramente a la iglesia, pero una vez, en Navidad, limpié gratuitamente la casa de una pobre anciana y eso fue mi salvación”.

Un día de 1954, a las 2.30 p.m. paseando por el bosque, me encontré con una mujer muy anciana, parecía centenaria. Yo la saludé amablemente y ella me dijo:

- ¿Por qué me saludas? Nadie me saluda. Nadie me da de comer y debo dormir en la calle.

Yo la invité a comer y a dormir en mi casa. Y ella me dijo:

- Pero yo no puedo pagar. - No importa. No tengo una bella casa, pero será mejor que dormir en la calle. - Dios te lo pague. Ahora soy liberada.

Y desapareció. Hasta aquel momento, no había entendido que se trataba de un alma del purgatorio. Seguramente, durante su vida no quiso ayudar a alguien que estaba en necesidad de comida y alojamiento, y debía esperar que alguien le ofreciese lo que ella había negado a otros.

Leo Buscaglia en su libro Vivir, amar y aprender, cuenta un caso significativo. Dice: Conocí a una mujer a quien los médicos le habían dicho que solamente le quedaban tres meses de vida. Como todavía podía caminar, le dije que, en vez de estar sentada esperando la muerte, debería aprovechar el tiempo que le quedaba para hacer algo útil. Ella se fue a un hospital, donde había niños con cáncer. Aquellos niños, con su simplicidad e inocencia, le enseñaron a ver la vida desde otra perspectiva y se sintió feliz de poder jugar con ellos y hacerlos felices. Lo más maravilloso es que el tiempo pasaba y no se moría. Hasta ahora sigue visitando a los niños y haciéndolos felices. Ya no tiene miedo a la muerte y está esperando el momento en que Papá Dios la llame para ir a sus brazos como una niña que recibe la visita esperada de su padre amado.

Veamos otro pequeño gesto, pues la vida está tejida de pequeños detalles.

Un día, una madre dejó a su pequeña hija de seis años con su vecina mientras ella iba a trabajar. Horas después, mientras Bonnie jugaba en el césped frente a la casa de la vecina, vino un coche y la arrolló. La policía vino de inmediato. Cuando el primer policía corrió junto a la pequeña, se dio cuenta de que estaba gravemente herida. Incapaz de hacer nada para salvarla, la levantó y la sostuvo en sus brazos.

Cuando llegó la ambulancia, había dejado de respirar. Iniciaron de inmediato la reanimación y fue llevada a toda prisa al hospital. Allí, el equipo de urgencias luchó durante una hora para salvarla sin conseguirlo... Cuando llegó la madre, desesperada por la noticia, el policía que había estado sentado casi cuatro horas, se levantó, le contó lo ocurrido y añadió: “Sólo quería que supiera que su hija no estuvo sola”.

Hermoso gesto de acompañar a la pequeña gravemente herida hasta el final. Creo que, en el momento de nuestra muerte, será hermoso revivir estas escenas, aunque sean de pequeñas cosas con las cuales hemos hecho felices a los demás. Puede ser una palabra amable, una sonrisa, un regalo, un pequeño servicio desinteresado, una visita para consolar a un preso o a un enfermo, un abrazo... Por mi parte, me siento feliz los domingos de dar caramelos y chocolates a los niños a la salida de la misa. Ellos se sienten felices y yo me siento feliz de hacerlos felices. ¡Se puede hacer felices a los demás con tan pequeñas cosas! ¿Por qué no haces la prueba para ser así tú más feliz?

PENSAMIENTOS

Se cuenta que un día Buda le dijo a uno de sus discípulos: Los caminos están difíciles, hay muchas piedras ásperas en el camino, que hieren los pies. ¿Cómo se podría hacer más fácil el camino? El discípulo respondió: Se podría extender sobre el camino pieles de gamo para que los pies no se hagan daño. Y Buda sonrió diciendo: En vez de cubrir los caminos de pieles de gamo, sería más fácil forrar los pies con piel de gamo para que las piedras no les hagan daño. Lo que quería decir Buda es que los problemas del hombre no están fuera de él, sino dentro, y dentro de cada uno debemos encontrar las soluciones, no fuera. El ser feliz no depende de dónde estamos o de lo que hacemos. La felicidad la llevamos dentro o no la llevamos; o somos felices por dentro o no lo seremos, aunque estemos en el mejor hotel del mundo y tengamos todo lo que podamos desear.

Por eso, no puedes vivir solamente, pensando en este mundo y en las efímeras cosas materiales. Debes vivir para la eternidad. Debes vivir de tal manera que nunca te arrepientas de cómo has vivido. Además, no te contentes con ser más o menos bueno. No seas mediocre. Da lo mejor de ti mismo. Y no te detengas en el camino del amor. Decía san Agustín: Si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre, no vuelvas la vista atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta, retrocede (Sermón 169, 18).

Aprende a vivir, amando. Vive, amando. Ama viviendo. No solo a los seres humanos, también a la naturaleza. Tu amor debe ser universal, por todo y por todos. Por ello, quisiera preguntarte: ¿Cuándo ha sido la última vez que fuiste a contemplar la grandeza del mar o percibiste el olor de la mañana o acariciaste la cabecita de un bebé o disfrutaste plenamente de la belleza de las montañas, de los ríos o de los pájaros? Vives bajo las estrellas, pero ¿tienes tiempo para contemplar el cielo alguna vez? Ves niños todos los días, pero ¿te alegras de su sonrisa y sencillez? ¿Te gustan las flores? ¿Cuándo has regalado el último ramo de flores? No esperes a morirte para hacer feliz a alguien o sonreír a un ser querido. ¿Cuándo ha sido la última vez que has dicho a alguien “Te quiero mucho”?

Puedes ser pobre y vivir en una casa destartalada, pero para ser feliz no necesitas muchas cosas materiales. En tu interior hay una capacidad inmensa para amar y hacer felices a los demás. Mira las flores y los pájaros, escucha atentamente el sonido del riachuelo... Y ama. Y sirve. Toda la naturaleza es un anhelo de servir. Sirve el viento, sirve el agua, sirve el pájaro y la flor... Todos te sirven y quieren hacerte feliz. ¿Y tú?

Como diría Isabel Reyes Carrillo:

A ese niño que pasa, tú lo puedes querer. A la mujer que sufre, le alegra tu reír. Al hombre que trabaja, lo anima tu cantar. Y tú puedes cantar y tú puedes reír y tú puedes querer. ¿Ves qué fácil tarea? Sí, la puedes hacer. Esfuérzate en reír y olvida tu llorar. Regálate a ti mismo la alegría de dar, la alegría de amar.

LA VIDA

La vida es un regalo maravilloso que Dios te ha dado y que debes de agradecer todos los días. Y tu mejor manera de agradecérselo es viviendo bien. De modo que se sienta orgulloso de ti, su hijo. Vive de tal manera que, al mirar atrás, puedas sentirte orgulloso de cómo has vivido. Escribe cada día la página más hermosa del Diario de tu vida. No te desanimes. Haz algo por alegrar el mundo y la vida de los demás. La vida es una aventura que vale la pena vivir con espíritu esforzado y con el corazón lleno de amor.

La vida es corta. Vívela con intensidad. El tiempo es oro, se agota momento a momento. Por eso, cada segundo es precioso. No desperdicies el tiempo en cosas vanas. Aprovecha tu tiempo al máximo para crecer en el amor. Incluso, aunque estés en coma puedes crecer, pues otros pueden rezar por ti y sus oraciones pueden hacer que Dios te dé gracias extraordinarias para que tu amor crezca en tu corazón. Por eso, nunca desees la muerte ni para ti ni para nadie. Dios tiene para cada uno determinado su momento. No adelantes la hora de Dios, quitándole a ese familiar el oxígeno o el suero, que necesita para seguir viviendo (aunque no estás obligado a darle tratamientos costosos o medicinas muy caras, que están fuera de tus posibilidades económicas). Pero los tratamientos normales, sí debes darlos. No pienses sólo en que sufre, pues el sufrimiento puede ser para él y para la familia una fuente de bendiciones, y no digas que no tienes tiempo para atenderlo. ¿Puede haber algo más importante para ti que amar a un ser querido? Tenle paciencia... No lo trates como a un trasto viejo, que no da más que problemas.

Y, en los últimos momentos, hazle sentir muchas veces a ese familiar que lo quieres. Debes saber que, si te acercas al lecho de tu padre o de tu madre moribundos, aunque estén en coma profundo, ellos oyen lo que dices y nunca es tarde para expresarles amor y decirles: lo siento, te amo o rezo por ti... Nunca es demasiado tarde para decir estas palabras, aunque sea después de la muerte clínica o, incluso, después de su muerte, pues también los muertos necesitan el amor y el perdón de sus familiares para llegar a la plena felicidad del cielo.

Por consiguiente, aprende a amar a todos sin excepción. Nunca te canses de decir al que está a tu lado que lo quieres, que significa mucho para ti, que esperas mucho de él. Levanta el ánimo decaído de los tristes o enfermos. Diles con palabras o sin palabras que los amas. Nunca creas que lo has dicho bastante. El amor nunca se da por supuesto. Atrévete a ser mejor, atrévete a amar a los otros una y otra vez sin cansarte jamás. No importa, si se lo merecen o no, ellos necesitan de ti para ser felices. No escatimes elogios sinceros. No te fijes tanto en los defectos cuanto en las cualidades de los demás. Levanta su autoestima, dales vida con tu sonrisa y con tu alegría personal. Hay muchos que viven tristes, porque creen que Dios los ha castigado injustamente o porque creen que nadie los quiere. Háblales del amor y del perdón incondicional de Dios, y diles que los amas.

Cada día, al salir de casa, ponte la mejor de tus sonrisas. Cuando hables con alguien, hazle sentir que es importante para ti, escúchale atentamente. Y, si no tienes mucho tiempo disponible, al menos, pídele disculpas y con un abrazo y una sonrisa le habrás ayudado más que con tus palabras. A veces, la gente sólo necesita que alguien los tome en cuenta y los escuche. Y no olvides que eres un regalo de Dios para los demás y Él un día te pedirá cuentas de cómo has amado o dejado de amar a tus hermanos.

Recuerda que vivir es amar y que, para conseguirlo, cada segundo es precioso. Vive a tope, con ganas, con entusiasmo cada momento de tu vida, amando y haciendo el bien a los demás. Y ahora repite conmigo la letra de una canción hermosa, que puedes cantarle al Señor, agradeciendo por haberte llamado a la vida y haberte dado la vocación de AMAR.

Señor, no soy nada. ¿Por qué me has llamado? Has pasado por mi puerta y, bien sabes, que soy pobre y débil. ¿Por qué te has fijado en mí? Me has seducido, Señor, con tu mirada. Me has hablado al corazón y me has querido. Es imposible conocerte y no amarte. Es imposible amarte y no seguirte. Señor, yo te sigo y quiero darte lo que pides, aunque hay veces que me cuesta darlo todo. Tú lo sabes, yo soy tuyo. Camina, Señor, junto a mí. Tu voz me llama y me habla en el silencio. ¿Qué quieres que haga por ti? Aquí estoy para servirte. Amén.

CONCLUSIÓN

Después de haber visto tantos testimonios de personas que han tenido una experiencia NDE, cercana a la muerte, podemos decir que realmente existe Dios y la vida más allá de la muerte. Pero esta vida futura no es igual para todos. Dios es un ser luminoso y amoroso que a todos acoge con infinito amor, pero que no puede pasar por alto nuestros pecados y malas acciones. Por eso, al hacer la revisión de vida, nos hace entender los errores cometidos para que sea uno mismo el que se dé cuenta de que debe purificarse antes de presentarse ante la sociedad celestial, que llamamos cielo. De ahí la necesidad de purificación en el purgatorio.

También hemos visto cómo algunos, al rechazar voluntariamente a Dios y a su amor, quedan atrapados en un mundo horrible, donde los demonios y las almas condenadas les harán la vida imposible eternamente. Pero esto es solamente para los que libremente quieran vivir en ese mundo de odio, violencia, lujuria y maldad, rechazando a Dios. Dios nos ama a todos y a todos nos espera en el cielo, donde disfrutaremos de una felicidad inmensa, que no podemos imaginar. Todos los sufrimientos de este mundo no son nada en comparación de la gloria que ha de manifestarse en nosotros (Rom 8, 18).

Por eso, podemos aplicarnos las palabras bíblicas de san Pablo: Sé de un hombre en Cristo que hace catorce años, si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, tampoco lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que ese hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede decir (2 Co 12, 2-4).

¡Te deseo un buen viaje por la vida con el corazón lleno de amor! Un ángel bueno te acompaña. Jesús te espera cada día en la Eucaristía en unión con María para darte fuerzas para seguir amando.

Que Él te bendiga y te llene de su amor y te haga santo.

Es mi mejor deseo para ti.

Tu hermano y amigo del Perú. P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia Nuestra Señora de la Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ Teléfono: 461-5894

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