MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Autor: P. Ángel Peña O.A.R.
INTRODUCCIÓN
ÍNDICE GENERAL
PRIMERA PARTE: EL PURGATORIO
La vida. La muerte 6 El infierno. El
diablo 10 El cielo. El purgatorio 18 a) Textos bíblicos b) Doctrina
de la Iglesia 23 c) Testimonio de los primeros cristianos 25 Los
santos y el purgatorio 26 María Simma y las almas del purgatorio 49
a) Informe del P. Alfonso Matt 50 b) Mi relación con las almas del
purgatorio 54 e) Hacednos salir de aquí 65 Reflexiones. Voto de
ánimas. Olvido e Indiferencia 69 El valor de la misa. La Virgen
María. Pensamientos 77 SEGUNDA PARTE: REFLEXIONES SOBRE LOS NIÑOS
MUERTOS SIN BAUTISMO Doctrina actual. Existencia del limbo 88
Necesidad de reparación. ¿Cómo es el limbo? 91 Historia de dos
mellizos. Historia de un niño abortado 98 Una historia real.
Historia de un niño muy amado 101 Niños sin amor. Importancia del
bautismo 104 Caminos de liberación. Oración por los “niños no
bautizados” .110 ¿Qué dicen los santos? Sanación de las
familias 115 Consideraciones. Maternidad espiritual. Vivirla
maternidad . ..123 Carta de una madre a su hijo abortado 131 Carta
de un niño abortado a su madre 132 Mensaje a los padres de niños
muertos bautizados 133
CONCLUSIÓN 135
INTRODUCCIÓN
Cada día mueren más de
200.000 personas y más de 73 millones cada año. ¿Cuántos
millones han existido desde el principio del mundo? Y ahora ¿donde
están? ¿Qué hay después de la muerte? Para los ateos más allá
de la muerte sólo existe la nada y el vacío. Pero para la inmensa
mayoría de los hombres sí existe un ser supremo que, al final, nos
pedirá cuentas de nuestra vida. Y, por eso, creen también en una
existencia eterna después de la muerte, feliz o infeliz, en el
cielo o en el infierno. Esto es lo que creemos los cristianos,
porque Cristo nos lo ha revelado en su Evangelio y la Iglesia nos lo
confirma con su autoridad. Ahora bien, hasta que llegue el fin del
mundo, existen también dos realidades, a las que les damos poca
importancia: el purgatorio y el limbo de los niños. El tema del
purgatorio, del que vamos a tratar en extenso, es un dogma de fe y,
por tanto, pocos dudarán de su existencia. En cambio, sobre la
existencia del limbo, la Iglesia no se ha manifestado clara o
dogmáticamente. Por eso, este tema es opinable y abierto a estudios
posteriores. Todos estamos de acuerdo en que los niños muertos sin
bautismo, van al cielo. El problema es cuándo. Si van directamente
al cielo, después de morir, no existe el limbo y, por tanto, da lo
mismo morir bautizados que sin bautizar. Procuraremos exponer
nuestras razones para afirmar la existencia del limbo para muchos
(no todos) niños que mueren sin bautismo y con el solo pecado
original. La Iglesia sólo nos dice que hay que “orar por su
salvación” (Cat 1283). Sobre este tema he escrito otro libro más
fundamentado titulado, ¿Dónde están los niños muertos sin
bautismo? Dedico este libro a todos aquellos que toman en serio la
muerte para tomar en serio la vida. A todos aquellos que quieren
vivir en plenitud su vida en este mundo y tener un corazón lleno de
amor. ¿Eres tú uno de ellos?
PRIMERA PARTE EL PURGATORIO En esta primera parte, después
de unas breves ideas sobre la vida y la muerte, el cielo y el
infierno, nos detendremos para hablar en extenso sobre el
purgatorio, que es una misteriosa, pero auténtica realidad,
necesaria para purificar nuestras imperfecciones y pecados, quizás
por largos años. Pero es triste pensar que esto no les preocupa a
la mayoría de los cristianos. Si tuvieran que viajar a un país
lejano y desconocido, seguramente se interesarían primero por leer
algo sobre el mismo. ¿Por qué no interesarse un poco más sobre
esta realidad que nos afecta a todos personalmente? ¿O quizás no
creemos en el purgatorio? No digamos: “Ya nos enteraremos, cuando
lleguemos a él “. Esto sería ciertamente una grave
irresponsabilidad. Veamos lo que dice la Biblia y la doctrina de la
Iglesia sobre esto. Aprendamos de la experiencia de los santos y de
personas dignas de fe, especialmente de María Simma, una gran
mística austríaca, que nos contará su relación con las almas del
purgatorio. Y, sobre todo, aprendamos la manera de ayudar a nuestros
familiares difuntos y de preparamos a morir lo mejor posible.
Porque... ”No saldrás de allí hasta que no hayas pagado el
último centavo” (Mt.5,26).
LA VIDA La vida es un maravilloso regalo de nuestro Padre
Dios y debemos saber apreciarla y aprovecharla. Es lamentable que
muchísimos hombres actuales vivan su vida como si fueran a vivir
aquí eternamente. Sólo piensan en el placer, en las fiestas, en
las cosas materiales y en buscarse un “futuro” aquí abajo. Sin
embargo, deben saber que esta vida es sólo un paso para la
eternidad, un examen, una prueba o, como diría el libro de Job, un
servicio militar (7,1). Por eso, debes vivir con la mirada alta, con
la frente serena, con la mente puesta siempre en Dios, que te espera
al final del camino. No puedes darte el lujo de perder el tiempo, de
“matar” el tiempo. Realmente es muy triste ver muchos hombres
que pierden su vida sin hacer nada útil. Se pasan horas y horas
viendo televisión, paseando sin saber adónde, hablando por hablar
o simplemente durmiendo. ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuántas vidas
perdidas! ¡Qué tristeza, llegar al final de la vida con las manos
vacías! Otros, por el contrario, están tan sobrecargados de
trabajo, que nunca tienen tiempo para Dios y, a veces, ni siquiera
para su propia familia. Viven corriendo, como persiguiendo el
tiempo, queriendo ganar tiempo, pasan por la vida apresurados,
atropellados, enloquecidos, desbordados, nerviosos. Siempre de mal
humor, sin paz ni tranquilidad. Y no pueden hacer todo lo que
quisieran, porque “no tienen tiempo”. Les gustaría rezar,
ayudar a los demás, estar más tiempo con la familia, pero “no
tienen tiempo “. “No tienen tiempo” para pensar ni para leer.
Al final, se darán cuenta de que todos sus trabajos no valían nada
para la eternidad, porque sólo trabajaban para sí mismos. Triste
final de una vida alocada, que puede terminar antes de “tiempo”,
al menos antes del tiempo que ellos quisieran. Por eso, aprovecha
bien tu tiempo, no lo malgastes. El tiempo es oro, un regalo de Dios
para crecer en el amor; pero es un regalo fugitivo que, si no lo
usas, se te va de las manos. Nunca digas que no tienes tiempo;
tienes tiempo suficiente para cumplir fielmente tu misión, pero no
tienes tiempo extra, sólo tienes el tiempo necesario. Vive cada
momento presente con intensidad y con amor. El amor es lo que da
sentido a tu vida. Vive cada minuto de sesenta segundos que te
lleven al cielo. Sé amable y delicado con todos. Toma tu vida en
serio, porque sólo se vive una sola vez, no hay una segunda
oportunidad, no hay reencarnación. Aprovecha el tiempo al máximo y
da lo mejor de ti mismo. Vive cada momento con gratitud y
generosidad. Dale a tu Padre Dios los “Buenos días” cada
mañana al despertar. No te lamentes de tu pasado para deprimirte,
sino para arrepentirte y rectificar tus errores. No seas mediocre,
aspira siempre a lo más alto y más profundo, a las alturas de la
divinidad. Debes ser santo, ni más ni menos. Pídele esta gracia
todos los días a tu Padre Dios. Y no te olvides que Dios te ha
encomendado una misión en este mundo que no se la ha encomendado a
ningún otro. Si tú no la cumples, habrá un vacío en el mundo.
Sé fiel a tu vocación, cumple fielmente tu misión. Sé agradecido
y piensa en ese Dios Amor que te ha creado y te llama a una
felicidad eterna. Vive con Él, por Él y para El. Vive con amor y
por amor. La vida es una sucesión de cosas pequeñas que,
divinizadas por el amor, construyen la eternidad. Sin amor, estarás
“muerto” en vida. Por eso, decía Guy de Larigaudie: “Sólo
hay una cosa importante en la vida: el amor a Dios, un amor inmenso,
sin medida, un amor de chiquillo que adora a su madre, un amor
total, que nos arrastra por completo en cada instante de la vida
hacia Dios “
LA MUERTE La muerte es una de las realidades más ciertas de
la existencia humana. San Juan Bosco, el gran educador de la
juventud, les decía a los jóvenes estas palabras latinas: “Homo,
humus; fama, fumus; finis, cinis”, que significan: “El hombre es
barro; la fama es humo; el fin, ceniza”. Por eso, la Iglesia nos
dice el miércoles de ceniza: “Acuérdate de que eres polvo y en
polvo te vas a convertir”. Ojalá que el pensamiento de la muerte
nos ayude a vivir con seriedad la vida. Recuerdo que, cuando era
joven seminarista, por las noches, había un hermano que, antes de
dormir, decía en voz alta una oración que comenzaba: “Acordémonos,
hermanos, que hemos de morir y podría ser esta noche “. Y esto no
sólo vale para los religiosos, sino para todos. Es conocido que en
siglos pasados, en muchos pueblos de Francia, los serenos gritaban
por la noche: “Vigilad, vosotros que dormís. Rezad por los
muertos”. Si de algo estamos seguros, es de que un día vamos a
morir. Ante la realidad de la muerte no vale la edad, la fama, el
poder o la gloria. La muerte no respeta a nadie y nos ni vela a
todos ante el más allá. Los santos la esperan y la desean con
ilusión para encontrarse con el Padre Dios. Los hombres mundanos la
temen y la rechazan y les parece algo absurdo y sin sentido. Para
ellos, sólo tiene sentido el gozo y el placer en este mundo. Por
eso, prefieren no hablar de este tema. La muerte es hoy el gran
tabú para muchos de nuestros contemporáneos. Un tabú del que no
se debe hablar y se debe ocultar lo más posible. En otro tiempo, el
gran tabú era el sexo y se ocultaba a los niños todo lo referente
a él, pero sí se les permitía asistir al moribundo o al velorio
del familiar difunto. Hoy se inicia a los niños en el sexo desde
temprana edad, pero se evita hablar ante ellos de la muerte. Ya no
se tiene el velorio en las casas, ése es un problema técnico para
las agencias funerarias, adonde no se lleva a los niños. Los
cementerios están construidos “a la americana”, con parques
placenteros, con muchas flores, para evitar el mal gusto del
pensamiento de la muerte. Sin embargo, la muerte es una realidad y
debemos enfrentarla con realismo, porque puede venimos en cualquier
momento. Todos estamos en lista de espera. Pero, si somos creyentes,
¡qué diferencia al pensar que la muerte no es el final, sino el
comienzo de una nueva vida, que es el puente entre esta vida y la
vida eterna, que es la puerta de entrada al cielo! ¡Piensa en la
eternidad! ¡Vive para la eternidad! Tú eres “astronauta” de la
eternidad. Ése es tu destino, una vida eterna, feliz o infeliz, que
te espera después de esta vida ¿Estás preparado para morir?
¿Estás en paz con Dios? ¿Tienes listas las maletas? No te
preocupes tanto en acumular dinero u otras cosas. No pienses tanto
en tener y tener y tener cosas, que no te podrás llevar. Acumula en
tu corazón un tesoro de amor que te puedas llevar a la vida eterna.
¿Has pensado en tantos conocidos y familiares que “fueron” y ya
no “son”? ¿Qué harías ahora, si tu médico te dijera que
tienes cáncer y sólo te quedan dos meses de vida? Toma en serio la
realidad de la muerte para que puedas tomar en serio tu vida. Si
vives con amor, la muerte será para ti un maravilloso encuentro con
el Dios Amor, con el Padre Dios, que te espera y te ama y quiere
hacerte feliz eternamente en el cielo. Pero no olvides que también
existe una muerte eterna, que existe el infierno, y podría ser
también para ti. ¿Dónde estarás dentro de cien años, cuando ya
hayas muerto? Eso depende de ti. Si amas, tendrás vida; si odias y
haces el mal, podrás estar “muerto” y sin felicidad eternamente
en el infierno. “La muerte no es el final sino el comienzo de una
nueva vida” EL INFIERNO Hay algunos teólogos que dicen que no
existe el infierno, porque todos los que no quieran acogerse a la
salvación ofrecida por Jesucristo, serán aniquilados al no recibir
el don de la inmortalidad. Pero pensar esto, como dice Leonardo
Boff, es “no tomar en serio al hombre”. Dios lo ha creado para
siempre y cada uno podrá vivir su eternidad como quiera vivirla.
Dios respetará su libertad.
Otros, siguiendo la antigua teoría de Orígenes de la
apokatastasis, que fue descartada desde los primeros tiempos por
todos los Santos Padres, dicen que los malos, después de un castigo
temporal, irán definitivamente al cielo. Esto también ha sido
condenado en el II Concilio de Constantinopla del año 553.
Y no faltan quienes con un poco de sonrisa malévola dicen: “El
infierno existe, pero está vacío “. La Iglesia nunca ha
declarado que alguien en concreto esté en él. Pero una cosa es no
saber quién está,.y en esto no hay que hacer juicios temerarios ni
siquiera con los más grandes criminales, y otra cosa muy distinta
es decir que no hay nadie. La Iglesia no ha dicho que esté Judas,
pero Jesús lo da a entender, cuando dice: “Más le valía no
haber nacido” (Mc 14,21).
Santa Teresa de Jesús, Santa Faustina Kowalska, la Venerable
Josefa Menéndez, la beata Ana Catalina Emrnerick y otros santos nos
hablan de su experiencia de haber visto el infierno. Ana Catalina
Emmerick dice que es “un país de infinitos tormentos, un mundo
horrible y tenebroso “. Muchas veces, cuando ella iba al
cementerio a orar por las almas, sentía quiénes estaban
condenadas. Dice: “Veía salir como un vaho negro que me
estremecía de algunos sepulcros. En estos casos, la idea viva de la
santísima justicia de Dios era para mí como un ángel que me
libraba de lo que había de espantoso en tales sepulcros “.
Santa Teresa de Jesús nos cuenta: “Un día murió cierta
persona, que había vivido harto mal y por muchos años. Murió sin
confesión, mas con todo esto no me parecía a mí que se había de
condenar Estando amortajando el cuerpo, vi muchos demonios tomar
aquel cuerpo y parecía que jugaban con él... Cuando echaron el
cuerpo en la sepultura, era tanta la multitud de demonios, que
estaban dentro para tomarle, que yo estaba fuera de mí de verlo y
no era menester poco ánimo para disimularlo. Consideraba qué
harían de aquel alma, cuando así se enseñoreaban del triste
cuerpo. Ojalá el Señor hiciera ver esto que yo vi a todos los que
están en mal estado, que me parece fuera gran cosa para hacerlos
vivir bien” (Vida 38,24).
Lucía de Fátima cuenta en sus “Memorias” la visión del
infierno aquel 13 de julio de 1917: “Vimos como un mar de fuego y
sumergidos en este fuego los demonios y las almas, entre gritos y
gemidos de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas
horribles y asquerosas como negros carbones en brasa. Nuestra
Señora nos dijo entre bondad y tristeza: Habéis visto el infierno
adonde van las almas de los pobres pecadores.
Y lo peor de todo es que el infierno es eterno. Jesús nos habla
claramente de ello (Mt 25,41) y la Iglesia nos lo enseña en el
símbolo “Quicumque” (DS 76) del siglo V, en el concilio IV de
Letrán (DS 801), en la constitución dogmática “Benedictus Deus”
de Benedicto XII (DS 1000,1002) y en la constitución Lumen Gentium
del Vaticano II (N°48). Pero el infierno es eterno, no porque Dios
lo quiera, sino porque ellos así lo quieren. Si por un imposible,
los condenados se arrepintieran, serían inmediatamente perdonados
por Dios. Su misericordia es infinita y más grande que todos los
pecados de todos los hombres juntos. Lo triste es que se han
decidido contra Dios para siempre y nunca se arrepentirán. Es el
gran misterio de la libertad humana y del gran respeto que Dios
tiene por el hombre, a quien respeta, aun cuando desee vivir
eternamente lejos de El. El infierno se lo crea el propio condenado.
Por eso, no hay dos infiernos iguales, cada condenado tiene su
propio infierno. Más que un lugar es un estado infernal, que uno se
fabrica según la medida de su odio y maldad. El Papa Juan Pablo II
afirma que “el infierno es la situación en que se sitúa
definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre, incluso en
el último momento de su vida... El infierno más que un lugar
indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y
definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría”
(28-7-1999). El Catecismo de la Iglesia católica dice que es “el
estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con
los bienaventurados” (Cat 1033). “Dios no predestina a nadie a
ir al infierno, para que esto suceda es necesaria una aversión
voluntaria a Dios (pecado mortal) y persistir en él hasta el final”
(Cat 1037).
Y esto es posible. Veamos lo que cuenta la mística María Simma,
de quien hablaremos ampliamente en este libro: “Conocí un hombre
que me dijo que él no quería ir al cielo. Yo le pregunté: ¿Por
qué? Me dijo: Porque Dios permite muchas injusticias. Yo le aclaré
que no es Dios, sino los hombres malos. Pero él me dijo: “Yo lo
odio. Espero no encontrarme con Él después de mi muerte, si no lo
mataré con un hacha”. ¿Es posible que alguien pueda odiar a
Dios? ¿Que alguien creado con amor y por amor por un Dios
infinitamente bueno, pueda odiarlo? Sí, es posible. De todos modos,
nadie se va a condenar por sus pecados mortales cometidos, como si
Dios lo castigara inexorablemente, quiera o no quiera; se condenará
por su decisión de no arrepentirse, de no querer ser perdonado y
por su soberbia de seguir rechazando a Dios eternamente.
Muchos autores afirman que, al momento de la muerte, Dios se nos
presentará con todo su amor divino y nos dará la oportunidad de
sentir su amor y tener la opción, plenamente conscientes, de amarlo
o rechazarlo para siempre. ¿Cuál será tu opción? Piensa que el
infierno también puede ser una realidad para ti. Cada pecado que
cometes te va alejando poco a poco de Dios y de su amor. Si quieres
ir al infierno, el pecado es el camino más fácil y más rápido.
Cuanto más graves sean tus pecados, más hundido estarás en tu
propio infierno desde ahora y tu corazón estará más lleno de
odio, violencia y maldad. El infierno será tu triste final, si
vives encerrado en ti mismo y rechazas amar, servir, ayudar y hacer
el bien a los demás. El infierno será tu propia cárcel,
construida por ti mismo, una cárcel de odio y violencia, donde
nunca podrás ser feliz. El infierno será la oscuridad y la
tristeza total, la esclavitud eterna de Satanás y sus secuaces,
será una vida eterna con los demonios. ¿Por qué no te decides
ahora mismo por amar a Dios y a los demás? ¿Por qué no te
arrepientes de tus pecados? ¿Por qué no le pides a Dios
insistentemente la gracia de la salvación? No te condenarás sin
quererlo. No tengas miedo. Si quieres ser bueno, aunque seas débil,
Dios será tu fortaleza. Tú decide hacer el bien en vez de hacer el
mal, decide amar en lugar de odiar. Recuerda que el infierno es no
querer amar y no poder decir JESÚS jamás. “El Infierno es el
rechazo eterno del amor”
EL DIABLO Hay muchos que, cuando oyen hablar del diablo, se
fastidian, porque no creen en su existencia y consideran a los que
creen como anticuados y retrógrados. Pero el diablo no deja de
existir, porque algunos no crean en él. La Escritura nos habla de
él, la Iglesia lo confirma, todos los santos han tenido
experiencias con él y muchas personas comunes y corrientes pueden
certificarlo, especialmente los que han estado metidos en grupos de
adoración a Satanás. El diablo es un ser maligno, perverso y
pervertidor, la mentira y el odio personificados. Él ha querido
formarse también una iglesia con adoradores y seguidores fieles:
las iglesias satánicas. Y muchos lo siguen, a veces, inconsciente e
irresponsablemente, quizás por curiosidad o buscando en esas
reuniones experiencias ocultas de placer o de sabiduría. Pero la
realidad de los que están metidos en el satanismo, es dramática y
horrible.
Miguel Warnke perteneció a una secta satánica en California,
USA, y escribió un libro titulado “El vendedor de Satanás”,
editado por Logos International, en Plainfield, New Jersey, en 1972.
En este libro nos cuenta su odisea y cómo entró en el grupo. Su
testimonio es realmente extraordinario por tratarse de un alto jefe
de una secta satánica de la que pudo salir. Él cuenta que “el
crimen, la orgía sexual, la tortura ritual, el canibalismo, la
droga... son las principales herramientas que utilizan. Sin embargo,
estos actos monstruosos nada son comparados con las fuerzas
demoníacas que se convocan y sueltan, de las cuales pierden muchas
veces el control... En nuestras reuniones llamábamos a los demonios
para que hicieran casi cualquier cosa que la mente de una persona
dirigida por Satanás puede soñar.. Los demonios pueden infligir
enfermedad, posesionarse de los hombres y animales, pueden oponerse
al crecimiento espiritual, pueden diseminar falsa doctrina, pueden
atormentar a la gente, pueden adivina, causar celos, orgullo,
lascivia o pueden conducir a una persona a la desesperación. Los
demonios buscan habitar en cuerpos humanos para poder satisfacer sus
lascivias indescriptibles y sus perversos anhelos. “Al ser yo
nombrado sumo sacerdote tenía toda la bebida que pudiese beber,
todas las satisfacciones que deseara y control de vida o muerte
literalmente sobre toda una legión de personas. Pero en el infierno
del satanismo no hay compasión ni caridad, sólo hay violencia y
maldad. Todas aquellas gentes que me ‘amaban’ y que se
preocupaban de mí, que me alababan, que me palmoteaban la espalda,
que me hacían viajar en avión para celebrar conferencias, que me
vestían y me proveían de coche con chofer, que me daban dinero en
abundancia, drogas, licor y cualquier cosa que yo deseara, me
lanzaron una noche lluviosa, completamente desnudo, en el pavimento
de la puerta de un hospital para deshacerse de mí, que estaba
enfermo por la droga...
Yo había aumentado el número de miembros de la secta de 500 a
1.500, había manejado miles de dólares en el tráfico de
estupefacientes y siempre había acatado lealmente cada orden para
hacer lo que querían los agentes de Satanás. Pero ahora ya no les
servía. Con Satanás no hay segunda oportunidad ni simpatía, ni
ayuda, cuando la necesitas... Cuando me recuperé en el hospital, vi
que tenía 45 dólares en el bolsillo y me fui a una tienda de venta
de armas y me compré un revólver Smith & Wesson, calibre 38, y
una bala que me costaron 44.98 dólares. Con una bala era
suficiente, quería suicidarme.
Pero no se suicidó y se arrepintió de sus pecados. Encontró en
Dios la paz que había perdido y fue liberado de las garras de
Satanás por el poder del único que podía salvarlo: Jesucristo.
Tú también puedes ser liberado de cualquier opresión del maligno.
¿Acaso prefieres vivir en ese mundo tenebroso del miedo, odio,
violencia y maldad, que será tu infierno eternamente? ¿Crees que
vale la pena conseguir toda clase de placeres, dinero y poder a
cambio de tu alma? Recuerda que el diablo existe y no tendrá
compasión de ti. Pero, mientras hay vida, hay esperanza. Procura
alejarte cuanto antes de este camino, que puede ser sin retorno.
Para Dios no hay nada imposible. Confía en Él. No dejes para
mañana lo que debes hacer hoy. Después podría ser demasiado
tarde. Acércate a Dios y dile con amor en este mismo instante: “Dios
mío, perdóname todos mis pecados y ten compasión de mí. Yo te
amo y yo confío en Ti “. Repítelo muchas veces y después acude
al sacramento de la confesión. Y encontrarás el perdón y la paz.
Una paz sin límites, que nadie puede darte, sino sólo Dios. Te
deseo que seas feliz. Jesús te espera y te ama. Él te ha creado
para el cielo. No lo olvides.
”Jesús es Amor , Perdón y Misericordia”
EL CIELO ¿Qué es el cielo? Según el Catecismo de la
Iglesia católica, “el cielo es la comunidad bienaventurada de
todos los que están perfectamente incorporados a Cristo” (Cat
1026). “La vida perfecta con la Santísima Trinidad... con la
Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama
cielo” (Cat 1024). Dice el Apocalipsis que, en el cielo, los
elegidos “verán el rostro de Dios y llevarán su nombre sobre la
frente. No habrá ya noche ni tendrán necesidad de luz de antorchas
ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinarán
por los siglos de los siglos” (Ap 22,4-5). “El mismo Dios
estará con ellos y enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte
no existirá más, ni habrá duelo ni gritos ni trabajo, porque todo
esto es ya pasado” (Ap 21,3-4). San Pablo nos cuenta su propia
experiencia: “Sé de un hombre en Cristo que hace catorce años,
si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, fue
arrebatado hasta el tercer cielo. Ysé que este hombre, si en el
cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado
al paraíso y oyó palabras inefables que no se pueden expresar”
(2 Co 12,2-4). “Ni el ojo vio ni el oído oyó ni vino a la mente
del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman” (1 Co
2,9).
Muchos santos también han tenido experiencias de cielo. La
Venerable Concepción Cabrera de Armida dice: “Un día después de
comulgar, me dejé llevar de la voluntad de Dios. Me vi sumergida en
un abismo de luz y claridad, de eso inexplicable que arrebata todo
sentido, quedando el alma suspensa y en un punto fija. Ese punto era
Dios, Dios, abismo de pureza y de infinitos resplandores... ¡Oh
Trinidad beatísima, luz de luz, en donde no hay la más leve
sombra! ¡Oh Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo me gozo en el secreto
sublime de tu felicidad incomprensible. Te amo tanto, tanto”
(Diario, 17 de julio de 1897).
Santa Faustina Kowalska escribe en su Diario: “Hoy he estado en
espíritu en el paraíso y he visto la inconcebible belleza y
felicidad que nos espera después de la muerte. He visto cómo todas
las criaturas rinden incesantemente honor y gloria a Dios. Y he
visto cuán grande es la felicidad que se vive en Dios”
(27-11-1936). Una de las videntes de la Virgen en Medjugorje, Ivanka
Ivankovic, dijo en una entrevista del 11-9-2000, publicada en la
revista Medjugorje N°46, del 2001: “He visto a mi madre como
ahora la veo a Ud. delante de mí. La he visto cinco veces. Ella
había muerto, cuando tenía 39 años, totalmente flaca y pálida
por su enfermedad. Yo la he visto radiante de alegría y llena de
vida. No hay palabras para describir su belleza. En la aparición
del 7 de mayo de 1985, junto a la Virgen, vi también a mi madre.
Solamente me dijo: Hija mía querida, estoy muy orgullosa de ti”.
En otra entrevista que le hicieron en la Pascua de 1993 a
Mirjana, también vidente de la Virgen en Medjugorje, le preguntaron
sobre el cielo. Ella respondió: “He visto el cielo. La Virgen
quería que viéramos que el cielo existe. Fue como la proyección
de una película en pocos segundos. Allí todos tienen la misma
expresión de felicidad en el rostro. No se ven todos iguales, pero
en sus rostros se ve que lo tienen todo. Esas personas lo tienen
todo, tienen realmente el cielo, que es la plena felicidad. Esto es
lo que más me conmovió a mí.
También puedo decir que en cada aparición, el ver a la Madre de
Dios significa para mí ver el cielo. Junto a Ella uno se siente en
el cielo, con el corazón lleno de amor y de felicidad”.
Sí, el cielo existe y tú puedes ir a él, sólo necesitas
quererlo y pedirle perdón a Dios de tus pecados. Allí en el cielo,
tendrás la alegría de conocer y amar a todos los hombres de todos
los tiempos y conocerás sus vidas y darás con ellos gloria a Dios.
Allí no habrá barreras de idiomas, porque todos se entenderán con
el lenguaje del amor. Allí no habrá ancianos, niños o enfermos,
todos serán iguales ante Dios con la única diferencia de su grado
de amor y de felicidad. El cielo será la meta de todos tus deseos y
esperanzas. El cielo será tu felicidad colmada para siempre. Pero
¿estás preparado o necesitas purificar tu alma en el purgatorio?
“El cielo es la Plenitud del amor”
EL PURGATORIO Es un estado de purificación de todas las “manchas”
o consecuencias negativas de nuestros pecados. Es como pasar el alma
por el fuego del amor de Dios. Este fuego de amor divino hace
felices a los bienaventurados y, su falta, hace infelices a los
condenados. Por eso, decía el teólogo Hans Urs Von Balthasar que
“el purgatorio es Dios que purifica, Dios perdido es el infierno y
Dios poseído es el cielo. En su “informe sobre la fe”, el
Cardenal Joseph Ratzinger dice: “Hoy todos nos creemos tan buenos
que no podemos merecer otra cosa sino el paraíso. Esto proviene de
una cultura que tiende a borrar del hombre todo sentimiento de culpa
y de pecado. Alguien ha observado que las ideologías que predominan
actualmente coinciden todas en una cosa fundamental: la obstinada
negación del pecado, del infierno y del purgatorio... Yo digo que,
si no existiera el purgatorio, habría que inventarlo. Porque hay
pocas cosas tan espontáneas, tan humanas, tan universalmente
extendidas, en todo tiempo y cultura, como la oración por los
propios allegados difuntos. Calvino, el reformador de Ginebra, hizo
azotar a una mujer sorprendida orando sobre la tumba de su hijo y,
por lo tanto, según él, culpable de superstición.
La Reforma protestante, en teoría, no admite el purgatorio ni
por consiguiente las oraciones por los difuntos. Pero en la
práctica, al menos los luteranos alemanes, han vuelto a ellas,
justificándolas con algunas consideraciones teológicas. Las
oraciones por los seres queridos son un impulso demasiado
espontáneo para que pueda ser sofocado, es un testimonio bellísimo
de solidaridad, de amor y de ayuda que va más allá de las barreras
de la muerte. De mi recuerdo o de mi olvido depende un poco la
felicidad o infelicidad de aquel que me fue querido y que ha pasado
ahora a la otra orilla, pero que no deja de tener necesidad de mi
amor”. El P. Jean Guiton, famoso teólogo francés, dice: “He
encontrado muchos protestantes, que rezan por sus difuntos, a pesar
de que su fe no dice nada sobre esto”.
Y es que después de la muerte, el alma experimenta el amor de
Dios con tal intensidad que siente la imperiosa necesidad de amarlo
con todas sus fuerzas, pero no puede, porque está “enferma” por
las secuelas de sus pecados y necesita purificarse. Es como un
enfermo de los pulmones que quisiera respirar sin dificultad y
necesita primero curarse para poder respirar a pleno pulmón. Así
también el alma quiere amar a Dios con toda su capacidad y sufre,
porque no puede amarlo en plenitud. Sin embargo, lo grande de todo
este misterio es que la misericordia de Dios permite que los vivos
puedan suplir por los difuntos y así puedan sanarse más
rápidamente. Es como si les obtuviéramos la medicina adecuada que,
en un instante o en poco tiempo, los curara y los purificara
totalmente. O como si pagáramos su deuda de golpe (indulgencia
plenaria) para que fueran directamente al cielo, o pagarla por
partes para que vayan creciendo gradualmente hasta la plenitud de su
amor. Una religiosa hablaba así del purgatorio. Supongamos que un
día se abre una puerta y aparece un ser espléndido y maravilloso.
Nosotros nos sentimos anonadados y fascinados por su belleza y él
nos dice que está locamente enamorado de nosotros. Uds. jamás han
soñado poder ser amados así. Tienen gran deseo de arrojarse en sus
brazos para sentir su amor, pero se dan cuenta que hace meses que no
se asean y huelen mal, tienen el pelo grasiento y el vestido lleno
de manchas... Y le dicen: “Espere un momento” y se van primero a
lavarse y asearse. Pero el amor es tan intenso que cada minuto de
retraso es un sufrimiento insoportable. Pues bien, el purgatorio es
algo de eso, un retraso impuesto por nuestra impureza antes del
abrazo pleno y definitivo con Dios. El purgatorio es como un deseo
inmenso de Dios, un deseo loco de amar a Dios en plenitud, que hace
sufrir lo indecible al alma que espera.
Por eso, decía Santa Catalina de Sena: “Qué maravilloso debe
ser el cielo, cuando Dios exige una purificación total, tan
dolorosa al alma”.
Textos Bíblicos Jesús dice que “no saldrás de allí hasta
que no hayas pagado el último centavo” (Mt 5,26). “Ya que de
toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día
del juicio” (Mt 12,36). Por eso, “cada uno mire cómo edifica...
si con oro, plata, piedras preciosas o maderas, heno, paja... Aquel
cuya obra subsista recibirá el premio y aquel cuya obra sea
consumida sufrirá el daño; él, sin embargo, se salvará, pero
como quien pasa por el fuego” (1 Co 3,10-15). Jesús dice que hay
pecados que no se perdonarán ni en este mundo ni en el otro, dando
a entender que otros sí. Dice: “Quien hable contra el Espíritu
Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro” (Mt
12,32).
Por lo tanto, “es bueno y piadoso orar por los difuntos para
que sean liberados de sus pecados” (2 Mc 12,43). Porque en el
cielo “no puede entrar nada manchado” (Ap 21,27). Sólo los
limpios de corazón, como dice Jesús, verán a Dios (Mt 5,8). Por
eso, San Pablo desea la misericordia de Dios en el día del juicio
para su fiel auxiliar Onesíforo: “Que el Señor le dé hallar
misericordia en aquel día” (2 Tim 1,18).
Doctrina de la Iglesia “Los que mueren en gracia y amistad de
Dios, pero imperfectamente purificados aunque estén seguros de su
eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación a
fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del
cielo” (Cat 1030). “La Iglesia llama purgatorio a esa
purificación final de los elegidos” (Cat 1031). “La Iglesia
peregrina honró desde los primeros tiempos del cristianismo con
gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por
ellos oraciones... Nuestra oración por ellos puede, no solamente
ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro
favor” (Cat 958). “La Iglesia recomienda las limosnas, las
indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos”
(Cat 1032). La fiesta o conmemoración de todos los fieles difuntos
se celebra cada año el dos de noviembre. Esta fiesta fue
introducida en el calendario litúrgico por el monasterio de Cluny
(Francia) en el siglo XI. De allí se difundió a todas las abadías
cluniacenses y, después, a los países europeos y al mundo entero.
En 1274, en el segundo concilio de Lyon, la Iglesia declaró por
primera vez, de modo solemne, la doctrina sobre el purgatorio: “Después
de esta vida existen penas purificadoras para los que no están
suficientemente limpios de sus pecados, penas que las oraciones de
los vivos puedan aligerar”. La existencia del purgatorio fue
definida en el concilio de Florencia (1438-45), aunque no se
definió que fuera un lugar ni que hubiera fuego. No se afirmó nada
sobre cómo eran las penas. Lo que está definido es que es un
estado en el que los difuntos, no enteramente purificados, son “purgados”,
que esta purificación tiene un carácter de castigo después de la
muerte y que los vivos pueden ayudar con sufragios a los difuntos
(DS 1304). En el concilio de Trento (1545-63) se definió esta misma
doctrina (DS 840,983,1580). El concilio Vaticano II afirmó: “Este
sagrado sínodo recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros
antepasados acerca del consorcio vital con nuestros hermanos que se
hallan en la gloria celeste o que aún están purificándose
después de la muerte, y de nuevo confirma los decretos de los
sagrados concilios Niceno II, Florentino y Tridentino” (LG 51).
Testimonio de los primeros cristianos En libros antiguos como “Actas
de Pablo y Tecla “, de fines del siglo II, se habla de la
costumbre cristiana de orar por los difuntos. Tertuliano (160-240)
habla del sacrificio eucarístico que se ofrecía en el aniversario
de la muerte (De monogamia 10). San Cirilo de Jerusalén, en su
exposición de la misa, hace referencia a la oración por los
difuntos que se hacía después de la consagración. En una
inscripción del año 216, en el epitafio de Abercio de Hierópolis,
se ve escrito: “Quien sea compañero en la fe, que rece una
oración por Abercio. En las catacumbas de San Calixto hay algunas
palabras escritas por aquellos primeros cristianos que iban a morir:
“Acordaos en vuestras plegarias de nosotros que os hemos precedido
“. En muchos monumentos fúnebres de los tres primeros siglos, se
ve escrito esta o parecida inscripción: “Que la luz de Cristo
brille sobre ti”. En las catacumbas de Roma hay una inscripción
que dice:
“Librad, Señor, el alma de vuestro siervo difunto como
librasteis a Daniel del lago de los leones”. San Efrén decía que
“los muertos son auxiliados por las oblaciones que hacen los vivos”.
Esta costumbre de ofrecer oraciones y sacrificios por los difuntos
estaba muy profundamente enraizada en el antiguo judaísmo, como se
ve en el libro segundo de los Macabeos, y continúa hasta ahora en
el pueblo judío, a pesar de tantas migraciones por todo el mundo.
Los hermanos separados rechazaron el purgatorio en contra de toda
una serie de testimonios de la Escritura y de la tradición judía y
cristiana. Aunque la palabra purgatorio no se encuentre en la
Escritura ni en los escritos de los Santos Padres, se nos habla de
la realidad del purgatorio y de la creencia en la eficacia de la
oración por los muertos, que no tendría sentido si el purgatorio
no existiese. Así lo creía Jesús de acuerdo a la mentalidad
judía y nunca criticó esta doctrina. “El Purgatorio es la
purificación de nuestro amor”
LOS SANTOS Y EL PURGATORIO La experiencia de los santos
reafirma nuestra fe en el purgatorio. Tertuliano en las “Actas del
martirio de Santa Felicidad y Perpetua” cuenta lo que le sucedió
a Santa Perpetua hacia el año 202. Una noche, mientras estaba en la
cárcel, vio a su hermano Dinocrates, que había muerto a los siete
años de un tumor en el rostro. Ella dice así: “Vi salir a
Dinocrates de un lugar tenebroso, donde estaban encerrados muchos
otros que eran atormentados por el calor y la sed. Estaba muy
pálido. En el lugar donde estaba mi hermano había una piscina
llena de agua, pero tenía una altura superiora un niño y mi
hermano no podía beber Comprendí que mi hermano sufría. Por eso,
orando con fervor día y noche, pedía que friera aliviado... Una
tarde vi de nuevo a Dinocrates, muy limpio, bien vestido y
totalmente restablecido. Su herida del rostro estaba cicatrizada.
Ahora sí podía beber del agua de la piscina y bebía con alegría.
Cuando se sació, comenzó a jugar con el agua. Me desperté y
comprendí que había sido sacado de aquel lugar de sufrimientos”
(VII,3-VIII,4). San Agustín, en el siglo V, afirma: “La Iglesia
universal mantiene la tradición de los Padres de que se ore por
aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de
Cristo” (Sermo 172,1). “Opongan los herejes lo que quieran, es
un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los
difuntos” (libro de herejías, cap 53). Su madre Santa Mónica
antes de morir dice: “Sepulten mi cuerpo donde quieran, pero les
pido que, dondequiera que estén, se acuerden de mí ante el altar
del Señor” (Confesiones IX,11). Y él dice: “Señor, te pido
por los pecados de mi madre” (Conf IX,13). “Señor, que todos
cuantos lean estas palabras se acuerden ante tu altar de Mónica tu
sierva y de Patricio, en otro tiempo su marido, por los cuales no
sé cómo me trajiste a este mundo. Que se acuerden con piadoso
afecto de quienes fueron mis padres en la tierra... para que lo que
mi madre me pidió en el último instante, le sea concedido más
abundantemente por las oraciones de muchos, provocadas por estas
Confesiones y no por mis solas oraciones” (Conf IX,13). Y afirmaba
que “el sufrimiento del purgatorio es mucho más penoso que todo
lo que se puede sufrir en este mundo” (In Ps. 37, 3 PL 36). Algo
parecido decía Santa Magdalena de Pazzi, quien pudo una vez
contemplar a su hermano difunto y dijo: “Todos los tormentos de
los mártires son como un jardín de delicias en comparación de lo
que se sufre en el purgatorio”. Santa Catalina de Génova, llamada
la doctora del purgatorio, escribió un tratado sobre el purgatorio,
que en 1666 recibió la aprobación de la Universidad de París, y
dice que “en el purgatorio se sufre unos tormentos tan crueles que
ni el lenguaje puede expresar ni se puede entender su dimensión.
San Nicolás de Tolentino, que vivió en el siglo XIII, tuvo una
experiencia mística que lo hizo patrono de las almas del
purgatorio. Un sábado en la noche, después de prolongada oración,
estaba en su lecho, queriendo dormirse, cuando escuchó una voz
lastimera que le decía: “Nicolás, Nicolás, mírame si todavía
me reconoces. Yo soy tu hermano y compañero Fray Peregrino. Hace
largo tiempo que sufro grandes penas en el purgatorio. Por eso, te
pido que ofrezcas mañana por mí la santa misa para yerme por fin
libre y volar a los cielos... Ven conmigo y mira”. El santo lo
siguió y vio una llanura inmensa cubierta de innumerables almas,
entre los torbellinos de purificadoras llamas, que le tendían sus
manos, llamándolo por su nombre y le pedían ayuda. Conmocionado
por esta visión, Nicolás la refirió al Superior que le dio
permiso para aplicar la misa durante varios días por las almas del
purgatorio. A los siete días, se le apareció de nuevo fray
Peregrino, ahora resplandeciente y glorioso, con otras almas para
agradecerle y demostrarle la eficacia de sus súplicas. De aquí
tiene su origen la devoción del septenario de San Nicolás en favor
de las almas del purgatorio, es decir, mandar celebrar siete días
seguidos la misa por las almas del purgatorio. Algo parecido podemos
decir de las 30 misas gregorianas. Cuenta el gran Papa y Doctor de
la Iglesia San Gregorio Magno (+604) que, siendo todavía abad de un
monasterio, antes de ser Papa, había un monje llamado Justo, que
ejercía con su permiso la medicina. Una vez, había aceptado sin su
permiso una moneda de tres escudos de oro, faltando gravemente así
al voto de pobreza. Después se arrepintió y tanto le dolió este
pecado que se enfermó y murió al poco tiempo, pero eh paz con
Dios. Sin embargo, San Gregorio, para inculcar en sus religiosos un
gran horror a este pecado, lo hizo sepultar fuera de las tapias del
cementerio, en un basural, donde también echó la moneda de oro,
haciendo repetir a los religiosos las palabras de San Pedro a Simón
mago: “Que tu dinero perezca contigo “. A los pocos días,
pensó que quizás había sido demasiado fuerte en su castigo y
encargó al ecónomo mandar celebrar treinta misas seguidas, sin
dejar ningún día, por el alma del difunto. El ecónomo obedeció y
el mismo día que terminaron de celebrar las treinta misas, se
apareció Justo a otro monje, Copioso, diciéndole que subía al
cielo, libre de las penas del purgatorio, por las treinta misas
celebradas por él. Estas misas, se llaman ahora, en honor de San
Gregorio Magno, misas gregorianas. Estas treinta misas seguidas,
celebradas por los difuntos, todavía se acostumbra celebrarlas y,
según revelaciones privadas, son muy agradables a Dios. El año
1070 sucedió un suceso extraordinario en la vida de San Estanislao,
obispo de Cracovia, en Polonia. Un cierto Pedro Miles le había
regalado antes de morir algunas tierras de su propiedad para la
Iglesia. Sus herederos, conscientes del apoyo del rey a su favor,
sobornaron a algunos testigos y consiguieron que el santo fuese
condenado a devolver esos terrenos. Entonces, San Estanislao les
dijo que acudiría al difunto, muerto tres años antes, para que
diera testimonio de la autenticidad de su donación. Después de
tres días de ayuno y oración, se dirigió con el clero y gran
cantidad de fieles hacia la tumba de Pedro Miles y ordenó que fuera
abierta. Sólo encontraron los huesos y poco más. Entonces, el
santo le pidió al difunto en nombre de Dios que diera testimonio y
éste, por milagro de Dios, se levantó de la tumba y dio testimonio
ante el príncipe Boleslao, que estaba presente, de la veracidad de
su donación. Solamente el difunto le pidió al santo obispo y a
todos los presentes que hicieran muchas oraciones por él para estar
libre de los sufrimientos que padecía en el purgatorio. Este hecho,
absolutamente histórico, fue atestiguado por muchas personas que lo
vieron. San Pedro Damiano (1007-1072), cardenal y doctor de la
Iglesia, cuenta que, en su tiempo, era costumbre que los habitantes
de Roma visitaran las iglesias con velas encendidas la noche de la
Vigilia de la Asunción. Un año sucedió que una noble señora
estaba rezando en la basílica “María in Aracoeli”, cuando vio
delante de sí a una dama que ella conocía bien y que se había
muerto hacía un año, se llamaba Marozia y era su madrina de
bautismo. Ella le dijo que estaba todavía sumergida en el
purgatorio por los pecados de vanidad de su juventud y que, al día
siguiente, iba a ser liberada con muchos miles de almas en la fiesta
de la Asunción. Dijo: “Cada año la Virgen María renueva este
milagro de misericordia y libera a un número tan grande como la
población de Roma (en aquel tiempo de 200.000 habitantes).
Nosotras, las almas purgantes, nos acercamos en esta noche a estos
santuarios consagrados a Ella. Si pudieras ver, verías a una gran
multitud que están conmigo. En prueba de la verdad de cuanto te
digo, te anuncio que tú morirás de aquí a un año en esta fiesta”.
San Pedro Damiano refiere que, ciertamente, esta piadosa mujer
murió al año siguiente y que se había preparado bien para ir al
cielo el día de la fiesta de María. Entre los santos que han
tenido mucha devoción a las almas benditas está la Beata Sor Ana
de los Ángeles y Monteagudo, religiosa dominica peruana del siglo
XVI. Cuenta Sor Juana de Santo Domingo que un día tenía hambre y
no había nada que comer en el convento. La santa le dijo que le
trajera el breviario para rezar juntas a las almas del purgatorio
para que les enviaran alimentos. Pues bien, antes de terminar de
rezar el Oficio de difuntos, mandaron llamar a la portería a Sor
Ana y ésta le dijo a Sor Juana: “No te he dicho que las almas
mandarían de comer? Vete tú misma a la portería y recibe lo que
traen “. Allí se presentó un joven de buen aspecto que les
traía panes, quesos, harina y mantequilla. Santa Teresa de Jesús
(1515-1582), hablando de la fundación del convento de Valladolid
dice así: “Tratando conmigo un caballero principal, me dijo que
si quería hacer un monasterio en Valladolid, que él daría una
casa que tenía con una huerta muy buena. A los dos meses, poco más
o menos, le dio un mal tan acelerado que le quitó el habla y no se
pudo bien confesar aunque tuvo muchas señales de pedir perdón al
Señor Muy en breve murió y díjome el Señor que había estado su
salvación en harta aventura y que había tenido misericordia de él
por aquel servicio que había hecho a su Madre en aquella casa que
había dado para hacer un monasterio de su Orden y que no saldría
del purgatorio hasta la primera misa que allí se dijese, que
entonces saldría... Estando un día en oración (en Medina del
Campo), me dijo el Señor que me diese prisa, que padecía mucho
aquella alma... No se pudo hacer tan presto, pero nos dieron la
licencia para decir la misa, adonde teníamos para Iglesia y así
nos la dijeron... Viniendo el sacerdote adonde habíamos de
comulgar, llegando a recibirle, junto al sacerdote se me presentó
el caballero que he dicho, con el rostro resplandeciente y alegre.
Me agradeció lo que había hecho por él para que saliese del
purgatorio y fuese su alma al cielo... Gran cosa es lo que agrada a
nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre y grande es
su misericordia” (Fundaciones 10). Veamos otras de sus
experiencias: “Había muerto un provincial... Estando pidiendo por
él al Señor lo mejor que podía, me pareció salía del profundo
de la tierra a mi lado derecho y vile subir al cielo con grandísima
alegría. Él era ya bien viejo, mas vile de edad de treinta años y
aún menos me pareció, y con resplandor en el rostro” (Vida
38,26). Otra vez “habíase muerto una monja en casa, hacía poco
más de día y medio. Estando diciendo una lección de difuntos, la
vi que se iba al cielo. Otra monja también se murió en mi misma
casa. Ella, de hasta dieciocho o veinte años siempre había sido
enferma y muy sierva de Dios. Estando en las Horas, antes que la
enterrasen, harían cuatro horas que era muerta, entendí salir del
mismo lugar e irse al cielo” (Vida 38,29). En otra ocasión, “habíase
muerto un hermano de la Compañía de Jesús y estando
encomendándole a Dios y oyendo misa de otro Padre de la Compañía
por él, dióme un gran recogimiento y vile subir al cielo con mucha
gloria y al Señor con él” (Vida 38,30). “Un fraile de nuestra
Orden (fray Diego Matías), harto buen fraile, estaba muy mal y
estando yo en misa me dio un recogimiento y vi cómo era muerto y
subir al cielo sin entrar en el purgatorio. Yo me espanté de que no
había entrado en el purgatorio... De todos los que he visto,
ninguno ha dejado de entrar en el purgatorio, si no es este Padre,
el santo fray Pedro de Alcántara y otro Padre dominico que queda
dicho. De algunos ha sido el Señor servido que vea los grados que
tienen de gloria. Es grande la diferencia que hay de unos a otros”
(Vida 38,3 1-32). En la vida de Santa Catalina de Ricci (1522-1590)
se dice que el 19 de octubre de 1587, murió Francisco, gran duque
de Toscana y gran bienhechor de la santa y de su monasterio. Ella le
pidió a Dios tomar sobre sí todas las penas que él debería
sufrir en el purgatorio. Durante cuarenta días ocurrió un
fenómeno inexplicable para los médicos. Su cuerpo parecía como de
fuego, no podían tocarla sin quemarse, hasta el punto que su celda
parecía que estuviera en llamas. Era un sufrimiento verla sufrir
sin poderla ayudar. Cuando pasaron los cuarenta días y todas las
penas le fueron descontadas al duque, Catalina volvió a ser la
persona normal de siempre. Y el duque se le apareció, glorioso y
resplandeciente, porque ya iba al cielo. Este caso, al igual que el
de otros santos, es un caso extraordinario de expiación vicaria a
favor de las almas del purgatorio. En los documentos del proceso de
beatificación del P. Domingo de Jesús y María, carmelita, muerto
en 1630, se cuenta que, cuando lo mandaron sus superiores a Roma, en
la habitación del convento encontró una calavera, que según la
costumbre de entonces le ayudaría a pensar en la muerte. Una noche
oyó una voz que salía de la calavera: “Nadie se acuerda de mí”.
Se puso a orar, echó agua bendita y escuchó: “Agua, agua,
misericordia, misericordia”. Y de nuevo la voz del difunto le dijo
que era un alemán, que había muerto al llegar a Roma a visitar los
santos lugares, que estaba enterrado en el cementerio, pero estaba
en el purgatorio y nadie se acordaba de él. El P. Domingo rezó
mucho por él y a los pocos días se le apareció lleno de belleza
esplendorosa para agradecerle por su liberación. La Vble. María de
Jesús Agreda (1602-1665) fue varias veces al purgatorio a visitar a
las almas. En una ocasión oyó que le decían: “María de Jesús,
acuérdate de mí” y conoció a una mujer de la villa de Agreda,
que se llamaba María Lapiedra y que había muerto en Murcia. Cuando
murió la reina Isabel de Borbón, el 6 de octubre de 1644, se le
apareció varias veces para pedirle oraciones. Dice en sus escritos:
“El día de las ánimas, dos de noviembre de este año de mil
seiscientos y cuarenta y cinco, estando en los maitines y oficio que
hace la iglesia por los difuntos, se me manifestó el purgatorio con
grande multitud de almas, que estaban padeciendo y me pedían las
socorriese. Conocí muchas, incluida la de la reina y otra de una
persona que yo había tratado y conocido antes. Yo me admiré de que
el alma de la reina, después de tantos sufragios y misas como se
habían ofrecido por ella, estaba todavía en el purgatorio, aunque
sólo había pasado un año y veintiséis días de su muerte...
Llegada la noche vi algunos ángeles en la celda con grande
hermosura y me dijeron que iban al purgatorio a sacar el alma de la
reina por quien yo había pedido... Y los ángeles la llevaron al
eterno descanso, que gozará mientras Dios fuere Dios”. También
se le apareció el príncipe heredero Don Baltasar Carlos, que
murió el nueve de octubre de 1646. Dice ella: “Para consolarme,
el Altísimo me manifestó que el príncipe se había salvado,
aunque era menester ayudarle mucho, porque tenía grandes penas en
el purgatorio. A los siete u ocho días después de su muerte,
estando en el coro, se me apareció su alma y me dijo: Sor María,
el ángel santo de mi guarda, que es el que me ha consolado desde
que se apartó mi alma del cuerpo, me ha declarado cómo ayudaste a
mi madre la reina en el purgatorio y me ha encaminado por voluntad
divina y traído a tu presencia para que te pida oraciones... Estos
aparecimientos del alma de su Alteza se me fueron continuando otras
veces... El alma del príncipe estuvo en el purgatorio ochenta y
tres días, que hay desde el nueve de octubre de 1646 hasta el
primero de enero de 1647, pero he conocido que, por particulares
socorros y por la especialísima misericordia del todopoderoso, se
le aliviaron mucho las penas “. Del proceso apostólico sobre su
beatificación tomamos el siguiente suceso extraordinario, de un
muerto que resucita para confesarse Veamos lo que dice al respecto
el testigo Padre Arriola en su declaración jurada: “Llevaron al
convento de la sierva de Dios un arca grande sin noticia del
convento ni de la Madre ni de ninguna otra religiosa. Pidieron al
sacristán menor que les abriese la puerta de la iglesia para poner
en custodia aquella arca... que era de mercadería... Estando en
oración, la sierva oyó unos gemidos tristes y profundos lamentos.
Atenta hacia el lugar de donde salían, le pareció que los
despedía la boca de algún sepulcro... Y le fue revelado que
aquellos lamentables suspiros eran de un alma que acabó impenitente
la mortal vida y que su cuerpo estaba en un arca que habían puesto
en la iglesia... Y le dijo el mismo Dios a su sierva que, con toda
prudencia y brevedad, dispusiese llamar a un confesor para que oyese
en confesión al miserable infeliz en quien resplandeció la mayor
misericordia... Mandó llamar al Padre Francisco Coronel... En
llegando él, le dijo todo el suceso referido. Y éste se llegó
adonde estaba el arca, de la cual se levantó el difunto. Y después
de haber hecho humildísima post ración y adoración al Santísimo
sacramento del altar y haber estado un breve rato en cruz, vino a
los pies del confesor e hizo una confesión dolorosa y verdadera.
Dióle la absolución y muy inmediatamente el difunto volvió al
arca con imponderables demostraciones de rendimiento y
agradecimiento... Y los mismos que habían llevado el cadáver se lo
llevaron”. Otro caso parecido lo cuenta San Alfonso María de
Ligorio en su obra “Las glorias de María”. Había una joven,
llamada Alejandra, que era pretendida por dos jóvenes. Ambos
vinieron un día a las manos y quedaron muertos los dos en medio de
la calle. Por haber sido ella la causa de la muerte de los dos
jóvenes, sus parientes la degollaron y echaron su cabeza en un
pozo. A los pocos días, pasó por allí Santo Domingo de Guzmán e,
inspirado por Dios, miró hacia el pozo y dijo: “Alejandra, sal
fuera”. Y Alejandra apareció viva, pidiendo confesión. El santo
la confesó y le dio la comunión en presencia de mucha gente que
pudo atestiguar el hecho. Dice San Alfonso María de Ligorio: “La
joven dijo que, cuando le cortaron la cabeza, estaba en pecado
mortal, pero la Virgen le había dado esta oportunidad de
confesarse, porque había rezado el rosario todos los días.
Después de esto, fue su alma al purgatorio. Al cabo de otros quince
días, se apareció al mismo Santo Domingo más hermosa y
resplandeciente que el mismo sol y le declaró que uno de los
sufragios más eficaces, que tienen las benditas almas del
purgatorio, es el santo rosario. Dicho esto, vio el glorioso Santo
Domingo entrar su alma llena de alegría en la mansión de la
bienaventuranza eterna“ Santa Margarita María de Alacoque
(1647-1690), en su Autobiografía, dice que “encontrándome
delante del Santísimo Sacramento el día de la fiesta del Corpus
Christi se me apareció de repente una persona envuelta en fuego. Su
estado lamentable me hizo entender que estaba en el purgatorio. Me
dijo que era el alma de un benedictino que, una vez, me había
confesado y dado la comunión. Por esto, el Señor le había
concedido el favor de poder dirigirse a mí para conseguir una
reducción de sus penas. Me pidió de ofrecer por él por tres
meses, todos mis sufrimientos y todas mis acciones. Al fin de los
tres meses, lo vi lleno de alegría y de esplendor, cómo iba a
gozar de la felicidad eterna y me agradeció diciéndome que
velaría sobre mí junto a Dios”. “Nuestra madre me permitió en
favor de las almas del purgatorio pasar la noche del Jueves santo
(15 abril 1683) delante del Santísimo Sacramento y allí estuve una
parte del tiempo toda como rodeada de estas pobres almas con las que
he contraído una estrecha amistad. Me dijo el Señor que Él me
ponía a disposición de ellas durante este año para que les
hiciere todo el bien que pudiese. Están frecuentemente conmigo y
las llamo mis amigas pacientes” (carta 22 a la Madre Saumaise).
“Esta mañana, domingo del Buen pastor (2 de mayo 1683), dos de
mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el
momento de despertarme y que éste era el día en el que el soberano
pastor las recibía en su redil eterno, con más de un millón de
otras almas, en cuya compañía marchaban con cánticos de alegría
inexplicable. Una es la buena madre Monthoux y la otra mi hermana
Juana Catalina Gascon, que me repetía sin cesar estas palabras: El
amor triunfa, el amor goza. El amor en Dios se regocija. La otra
decía: Qué bienaventurados son los muertos que mueren en el Señor
y las religiosas que viven y mueren en la exacta observancia de su
Regla... Como yo les rogara que se acordasen de nosotras, me han
dicho, al despedirse, que la ingratitud jamás ha entrado en el
cielo” (carta XXIII a Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683). “La
primera vez que vi a la hermana J. F. después de su muerte me
pidió misas y varias otras cosas. Le ofrecí seis meses cuanto
hiciera y padeciera y no me han faltado sufrimientos. Me dijo: Hay
tres cosas que me hacen sufrir más que todo lo demás. La primera
es el voto de obediencia que he observado tan mal, pues no obedecía
más que en aquello que me agradaba. La segunda, el voto de pobreza,
pues no quería que nada me faltase, proporcionando varios alivios a
mi cuerpo... Ah, qué odiosas son a los ojos de Dios las religiosas
que quieren tener más de lo que es verdaderamente necesario y que
no son completamente pobres. La tercera es la falta de caridad y
haber sido causa de desunión y haberla tenido con las otras”
(carta 31 a Madre Saumaise del 20-4-1685). Susana María de Riants
(1639-1724), religiosa visitandina del convento de L’Antiquaille
de Lyon (Francia), tenía el carisma de ser visitada,
frecuentemente, por las almas del purgatorio. Ella escribe: “Un
día, al comenzar la oración de la tarde, Jesús me presentó un
alma que había muerto hacía dieciocho años. Era madre de varias
religiosas. Ese mismo día yo había tenido el fuerte deseo de orar
por ella. Se me presentó y me habló de la bondad de Dios y cómo
era muy importante cumplir en todo la voluntad de Dios. El Señor la
liberó en ese mismo momento y fue resplandeciente y gloriosa con
Él al cielo“. “El 16 de marzo de 1686, en la oración de la
tarde, vi interiormente a Jesucristo que, muy contento, me
presentaba el alma de una de mis parientes muerta hacía nueve o
diez años. Ella había vivido viuda durante treinta años y me dijo
que la mayor pena que tenían las almas del purgatorio era haber
perdido muchas ocasiones de sufrir por Dios... Si un alma pudiera
venir de nuevo a la tierra, aceptaría con amor todos los
sufrimientos que el Señor quisiera enviarle. Me dijo: No pierdas
ninguna ocasión de sufrir por Dios... Y se fue al cielo
resplandeciente de gloria “. “Un día, durante la misa, tuve la
fuerte inspiración de pedir por el alma de uno de mis amigos y
bienhechores del monasterio, que había muerto hacía diez años y
algunos meses. Cuando el sacerdote elevaba la hostia, vi a Jesús
que oraba por él al Padre. El difunto estaba presente en la misa y
estaba prosternado con profundo agradecimiento ante el Salvador Por
la tarde, a las cuatro o cinco, vino a decirme que iba a la gloria
del cielo y me daba las gracias por mis oraciones “. En la vida de
la Santa Crescencia de Hoss (1682-1794) se cuenta que, cuando murió
su director espiritual el P. Ignacio Vagener, jesuita, el 19 de
octubre de 1716, ella lo vio en el coro junto a ella como un
fantasma blanco. Ella rezó por él, sin saber quién era, aunque
sí que era un alma purgante. El día 21 se le apareció de nuevo y
lo reconoció. Ella rezó mucho por él y el día 23 se le apareció
otra vez lleno de esplendor para agradecerle sus oraciones. Santa
Verónica Giuliani (1660-1727) escribe en su Diario: “Mi ángel me
obtuvo que una de estas almas del purgatorio me hablase y me dijo:
Tened compasión de mí. No hay criatura viva que pueda entenderlo
atroces que son estas penas. Tened compasión de mí. La encomendé
a la Virgen y me pareció ver la dicha de esa alma que me dijo:
Ahora he sabido que pronto saldré de aquí por vuestra caridad.
GRACIAS. Al poco tiempo, la vi libre de las penas, toda bella y
gloriosa con un grandísimo resplandor Parecía un nuevo sol y
puesta junto al sol natural, ella habría sido más luminosa, y el
sol mismo, junto a ella, parecía tinieblas “. La beata Ana
Catalina Emmerick (1774-1824) dice que, siendo niña, fue conducida
por su ángel al purgatorio. “½ allí muchas almas que sufrían
vivos dolores y que me suplicaban orara por ellas. Parecía un
profundo abismo... Allí vi hombres silenciosos y tristes en cuyo
rostro se conocía, sin embargo, que en su corazón se alegraban
como si pensaran en la misericordia de Dios. Conocí que aquellas
pobres almas padecían interiormente grandes penas. Cuando oraba con
fervor por las benditas ánimas oía muchas veces al oído voces que
me decían: Gracias, gracias... Siendo mayor iba a misa a Koesfeld.
Para orar mejor por las ánimas benditas tomaba un camino solitario.
Si todavía no había amanecido, las veía de dos en dos oscilar
delante de mí como brillantes perlas. El camino se me hacía claro
y yo me alegraba de que las ánimas estuvieran en torno mío, porque
las conocía y las amaba mucho, pues también por la noche venían a
mí y me pedían auxilio... Dios me ha dado la gracia, muchas veces,
de ver subir al cielo con infinita alegría a muchas almas del
purgatorio. ¡Cuántas gracias he recibido de las benditas almas!
¡Cuánto se las olvida, mientras que ellas suspiran ardientemente
por ayuda! Todo lo que hacemos por ellas les causa una inmensa
alegría... Allí en el purgatorio he visto a protestantes que han
vivido piadosamente en su ignorancia. Están abandonados, porque
carecen de oraciones... También me he dado cuenta de que el poder
aparecerse para pedir auxilio y sufragios es una gracia señalada
que Dios da a algunas almas... Triste cosa es que las almas benditas
sean ahora tan pocas veces socorridas. Es tan grande su desdicha que
no pueden hacer nada por sí mismas. Pero, cuando uno ruega por
ellas o sufre por ellas o da una limosna por ellas, en ese mismo
momento se ponen tan contentas como aquel a quien dan de beber agua
fresca, cuando está a punto de desfallecer de sed... Los santos del
cielo no pueden hacer nada por ellas. Todo lo tienen que esperar de
nosotros... El sacerdote que rece devotamente las horas, con
intención de satisfacer portas negligencias de estas almas, puede
procurarles un indecible consuelo. Además, la bendición sacerdotal
penetra hasta el purgatorio y consuela como rocío del cielo a las
almas a quienes con fe firme bendice el sacerdote “. “He visto a
un sacerdote muy piadoso y caritativo que murió anoche a las nueve.
Ha pasado tres horas en el purgatorio por haber perdido el tiempo en
hacer bromas. Este sacerdote tenía que haber permanecido varios
años en el purgatorio, pero ha sido socorrido con muchas misas y
oraciones. A este sacerdote lo he conocido mucho” (3 1-12-1820).
“Hoy he visto un jabalí muy grande y espantoso que salía
asomando de un lugar profundo y maloliente. Yo temblaba y me
estremecía. Era el alma de una dama de París. Me dijo que yo no
podía rogar por ella, puesto que no había posibilidad de ayudarla,
ya que debía permanecer en el purgatorio hasta el fin del mundo,
pero que debía rogar por su hija para que se convirtiese y no
cometiera pecados como ella” (13-7-1821). “No puedo explicar la
compasión que me causa ver a las almas del purgatorio. Pero nada
hay más consolador que contemplar su paciencia y ver cómo se
alegran las unas de la salvación de las otras. He visto niños
también en ese lugar” (2-11-1822). La Beata Isabel Canori Mora
(1774-1825) escribe en su Diario: “El 17 de junio de 1814 se me
presentó el Papa Pío VI (muerto en 1799) y me pidió que rogara
por él, porque todavía estaba en el purgatorio... Me dijo: Vete a
tu padre espiritual y él te manifestará lo que debes hacer para
obtenerme esta gracia. Te prometo no abandonarte nunca y ser tu
protector desde el cielo... Mi padre espiritual me pidió ir cinco
veces a la iglesia de Santa María la Mayor a visitar el altar de
San Pío V y rezarle por la libe ración de su sucesor... Al día
siguiente, a la hora de vísperas, me fue asegurado que entraba en
el paraíso... El 19 de junio, en la comunión, vi a este santo
pontífice delante del trono de Dios “. “El 8 de noviembre de
1819, después de la comunión, se me apareció el alma del cardenal
Scotti y me dijo: La divina justicia me había condenado al
purgatorio por espacio de 30 años y el Señor me ¡ibera ahora...
Tus penitencias, ayunos y oraciones, han dado compensación a la
justicia divina, por los méritos infinitos del divino Redentor, a
cuyos méritos uniste tu penitencia, ayunos y oraciones a favor
mío. Ahora me voy al cielo a gozar del inmenso bien por toda una
interminable eternidad”. “El 2 de noviembre de 1822 recordé que
comenzaba el octavario por los fieles difuntos y oré al Señor con
fervor por ellos. Le dije: Dame la llave de esta horrible cárcel,
como otras veces te has dignado darme, porque siento un gran deseo
de sacar del purgatorio a aquellas almas santas. Os suplico esta
gracia por los méritos infinitos de vuestra pasión y muerte.., el
Señor me dijo: Preséntate a aquella cárcel y dales la consoladora
noticia de que pronto estarán conmigo en el paraíso. En aquel
momento, aparecieron tres ángeles, que me acompañaron a la cárcel
del purgatorio... No me es posible decir la alegría y consolación
de aquellas almas y cuánto fue su agradecimiento y alabanza a la
infinita misericordia de Dios. Al día siguiente, fu a la iglesia y
estuve más de tres horas orando por las almas del purgatorio y el
Señor se dignó mostrarme el triunfo de su misericordia y vi a
aquellas almas que en filas, acompañadas de sus ángeles custodios,
entraban gloriosas y triunfantes en el cielo. Todos los días del
octavario ocurrió lo mismo y así por nueve días... Se puede decir
que en nueve enormes hileras (una cada día) se despobló el
purgatorio. No puede haber vista más bella que ésta y que
demuestra la infinita misericordia de Dios y el gran triunfo de los
infinitos méritos de la preciosísima sangre de Jesucristo “. La
Beata Ana María Taigi (1769-1837) asistió al funeral del cardenal
Doria y el Señor le hizo entender que los cientos de misas que el
purpurado había dejado encargadas no le servirían a él sino a los
pobres, porque durante su vida no había rezado por las almas del
purgatorio. Esto también nos podría suceder a nosotros, si en
vida, no nos preocupamos de ellas. Al fin de cuentas, Dios es el que
distribuye los sufragios ofrecidos por nosotros y no basta con dejar
dinero para misas. Más vale “oír” una misa en vida que cien
después muertos. San Luis Orione escribió una carta a Don De
Filippi el 25 de setiembre de 1897 en la que escribió: “No hace
ni 10 minutos que ha estado, en esta habitación en que te escribo,
tu sobrino De Filippi Felice. He estado conversando con él durante
media hora, para mi alegría y consolación. Sabía que estaba
hablando con un muerto y me he quedado con mucha paz. Él rezará
por nosotros, pero nosotros debemos rezar por él. Oh, estoy muy
contento de haberlo visto. Tenía los ojos bellos como los ojos de
uno que es inocente. Recemos por él “. Santa Gema Galgani
(1878-1903) tenía hecho el voto de ánimas a favor de las almas del
purgatorio y todos los días pedía especialmente por ellas. Cuando
murió la religiosa pasionista Madre María Teresa, el 16 de julio
de 1900, ella rezó mucho por su alma. Dice en su Diario: “Hoy el
ángel de la guarda me ha dicho que Jesús quería que sufriera esta
noche unas dos horas... por un alma del purgatorio. Sufrí, de
hecho, dos horas como quería Jesús por la Madre María Teresa”
(9-8-1900). “El día de la Asunción de María me pareció que me
tocaban en la espalda. Me di media vuelta y vi a mi lado una persona
vestida de blanco. Esta persona me preguntó: ¿Me conoces? Yo soy
la Madre María Teresa. He venido para darte gracias por lo que me
has ayudado. Prosigue aún. Unos días más y estaré eternamente
feliz... Finalmente, ayer por la mañana, después de la santa
comunión, Jesús me dijo que hoy, después de medianoche volaría
al cielo... 1’ efectivamente, así fue... Vi llegar a la Virgen
acompañada de su ángel de la guarda. Me dijo que su purgatorio
había terminado y que se iba al cielo... Estaba muy contenta ¡Si
la hubiera visto! Vinieron a buscarla Jesús y su ángel de la
guarda. Y Jesús al recibirla le dijo: Ven, oh alma, que me has sido
tan querida. Y se la llevó” (Cartas a Mons. Volpi, 10-8-1900).
Gema rezaba cada día cien “requiem” por las almas del
purgatorio. Su ángel la estimulaba en este deseo de liberar a estas
almas. Un día le dijo: “Cuánto tiempo hace que no has rogado por
las almas del purgatorio? Desde la mañana no había rogado por
ellas. Me dijo que le gustaría que, cualquier cosa que sufriera, la
ofreciera por las almas del purgatorio. Todo pequeño sufrimiento
las alivia, sí, hija, todo sacrificio por pequeño que sea, las
alivia” (Diario, 6-8-1900). Sor Lucía, en la primera aparición
de Fátima del 13-5- 1917, dice en sus “Memorias” que le
preguntó a la Virgen: ¿Está María Nieves en el cielo? Sí,
está. (Me parece que debía tener unos dieciséis años). Y
¿Amelia? Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo (Me parece
que debía tener de dieciocho a veinte años). ¿Qué pecado podría
haber cometido para estar en el purgatorio hasta el fin del mundo?
¿El aborto? Santa Faustina Kowalska (1905-1938), dice en sus
escritos autobiográficos: “Un día vi a mi ángel custodio que me
ordenó seguirle. En un momento me encontré en un lugar nebuloso
lleno de fuego y en él una multitud de almas sufrientes. Éstas
rezan con fervor, pero sin eficacia para ellas mismas. Solamente
nosotros podemos ayudarlas. Y les pregunté a aquellas almas cuál
era su mayor sufrimiento. Me contestaron unánimemente que su mayor
sufrimientos es la añoranza de Dios (el gran deseo de amarle). Oí
una voz que me dijo: Mi misericordia no quiere esto, pero lo exige
mi justicia” (1,7). “Una noche vino a visitarme una de nuestras
hermanas difuntas, que ya había venido alguna vez anteriormente.
Cuando la vi la primera vez, estaba en un estado de gran
sufrimiento. Después, la he visto en condiciones cada vez de menos
sufrimiento. Y en esta oportunidad, la vi resplandeciente de
felicidad y me dijo que estaba ya en el paraíso” (Cuaderno II
N°57). “Otra noche vino a yerme Sor Dominica y me hizo entender
que estaba muerta. Recé mucho por ella. A la mañana siguiente el
Señor me hizo entender que todavía sufría en el purgatorio. Recé
dos días por ella. Al cuarto día vino a decirme que todavía le
Jáltaban algunas oraciones. Y seguí orando hasta su completa
liberación” (10-11-1937). En la vida de Teresa Neumann
(1898-1962), la estigmatizada alemana, se cuenta que, muchas veces,
se le aparecían las almas del purgatorio para pedirle ayuda. Un
día se le apareció el párroco de su infancia, que la había
bautizado y dado la primera comunión. El 23 de noviembre de 1928
ayudó a salir al último párroco católico de Arzberg antes de que
se introdujera allí el protestantismo. La noche del Corpus Christi
de 1931, se le apareció su madrina Forster, muerta recientemente,
Teresa rezó por ella y la vio brillante subiendo al cielo. Un día
de otoño de 1917, el Santo P. Pío (1887-1968), estando solo,
rezando el rosario, se adormiló junto al fogón del convento y, al
despertar, vio junto a sí a un anciano envuelto en un capote. Al
preguntarle qué hacía allí y quién era, le respondió que había
muerto quemado en ese convento y quería descontar allí su
purgatorio. El P. Pío le prometió rezar por él. Un día le contó
este suceso al P. Paolino y éste fue al municipio a ver los
registros y encontró que, efectivamente, estaba registrado el
nombre de un anciano, que había muerto quemado en aquel convento.
El muerto era Mauro Pietro (1831-1908). Otro suceso lo refiere el
cronista provincial de los Padres capuchinos de la Provincia de
Foggia con fecha 29 de febrero de 1937. Dice así: “El día 29 de
diciembre de 1936, el P. Jacinto de 5. Elías se acercó a San
Giovanni Rotondo para visitar al R Pío y le recomendó que rezara
por el P. Giuseppantonio, porque estaba muy grave. El día 30 a las
2 p.m. el P Pío vio en su habitación al P. Giuseppantonio y le
dice. ¿Me han dicho que estás gravemente enfermo y estás aquí?
Entonces el P. Giuseppantonio, haciendo un gesto le dice: Eh, ahora
ya se me han pasado todas mis enfermedades. Y desapareció “. Esto
se lo contó el P. Pío al Padre provincial P. Bernardo, quien firma
esta crónica junto con el cronista, P. Fernando de San Marcos in
Lamis. Eduvigis Carboni, la estigmatizada de Cerdeña, muerta en
Roma en 1952 con fama de santidad, cuenta en su Diario que un día,
mientras rezaba delante de un crucifijo, se le presentó una persona
rodeada de llamas de fuego y oyó una voz triste que le decía: “Soy
N.N. El Señor me ha permitido venir a ti para que me ayudes y me
consueles en las penas que debo padecer en el purgatorio. Ofrece por
mí todas tus oraciones durante dos años para salir de aquí y
entrar en la gloria “. Otro día, en octubre de 1943, se le
presentó un hombre vestido de oficial. Le dijo: “He muerto en la
guerra y quisiera que celebren por mí unas misas, y que tú y tu
hermana ofrezcan por mí las comuniones”. Después de varios
días, se presentó de nuevo resplandeciente, diciéndole: “Soy
ruso y me llamo Pablo Vischin. Ahora voy al paraíso y rezaré por
vosotras. Gracias “. Teresa Musco (1943-1976), la estigmatizada de
Caserta (Italia), cuenta que el 2 de noviembre de 1962, no pudiendo
ir al cementerio, como hubiera deseado por ser el día de los
difuntos, oró desde su casa con todo fervor por las almas del
purgatorio. En las primeras horas de la tarde, mientras seguía
orando, vio en su habitación muchas personas. Les preguntó: “Qué
queréis?”. Ellas la saludaron con mucha alegría y le dijeron:
“Nos has liberado del purgatorio con tus oraciones y venimos a
darte las gracias “. Después, desaparecieron, resplandecientes de
alegría y amor. Muchos otros santos nos hablan del purgatorio, pero
es suficiente con lo expuesto para creer en él. “En el cielo no
puede entrar nada manchado” (Ap. 21.27)
MARÍA SIMMA Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO María Simma es una
mujer extraordinaria, nacida en Sonntag (Vorarlberg), Austria, el 5
de febrero de 1915. Es un alma mística, favorecida de grandes
carismas, especialmente el de recibir mensajes de las almas del
purgatorio, que se le aparecen y a quienes ha consagrado su vida
desde joven. Su obispo está de acuerdo con su apostolado en favor
de esta almas y lo mismo lo estaba su director espiritual, el P.
Alfonso Matt, quien la dirigió en los primeros años de sus
experiencias místicas. En 1968 escribió un libro titulado “Meine
Erlebnisse mit Armen Seelen” (Mi relación con las pobres almas)
traducido a varias lenguas y que tiene ya más de 20 ediciones.
Otros más se han escrito, basados en entrevistas con ella.
También, de vez en cuando, da conferencias en diferentes lugares de
Europa, especialmente de Austria y Alemania, pues sólo habla
alemán. Todo lo que ella ha sabido por medio de las almas del
purgatorio, sobre sus necesidades, ha sido exacto y ha estado
siempre conforme con las enseñanzas de la Iglesia. Su director, el
P. Alfonso Matt, enviaba los mensajes que ella recibía a los
familiares de los difuntos y ellos quedaban asombrados de cosas que
nadie podía saber. Por eso, desde el principio, fue apoyada por su
párroco. Por otra parte, el hecho de que los muertos puedan
aparecerse a los vivos no debe parecer imposible, porque el mismo
Evangelio nos habla de que el Viernes santo “muchos sepulcros se
abrieron y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron y
saliendo de sus sepulcros, después de la resurrección de Él,
vinieron a la ciudad y se aparecieron a muchos” (Mt 27,52-53).
Informe del P. Alfonso Matt El P. Alfonso Matt, según el vicario
general de su diócesis era “un sacerdote íntegro y ejemplar que
no tenía nada de exaltado. Era un venerado sacerdote” El día de
su entierro (26- 12-1978), su obispo, Bruno Wechner, en presencia de
1.000 fieles y40 sacerdotes dijo: “Lo más hermoso que se puede
decir de un sacerdote es que es un sacerdote según el corazón de
Dios. Así era el R Alfonso Matt”. Pues bien, él escribió un
informe sobre la vida de María Simma. Veamos un resumen de este
informe: “María Simma nació en Sonntag. Quiso hacerse religiosa,
pero las tres veces que lo intentó, tuvo que salir por falta de
salud. Su vida espiritual se caracteriza por un gran amor a la
Virgen María y un gran deseo de socorrer a las almas del
purgatorio, devoción que le inculcó su madre desde niña. Ella ha
consagrado su virginidad a la Virgen y ha hecho voto de ánimas,
como alma víctima en favor de las almas del purgatorio. En la
parroquia se dedica a dar catecismo a los niños y prepararlos para
la primera comunión. A partir de 1940, se le aparecieron algunas
almas para pedirle ayuda. El día de “Todos los santos” de 1953,
comenzó también a ofrecer sufrimientos expiatorios por ellas.
Tuvo, por ejemplo, que sufrir mucho por un oficial muerto en
Kürnten en 1660. Un sacerdote de Colonia, muerto el año 555, le
pidió también sufrimientos expiatorios, pues de otro modo, debía
sufrir hasta el fin del mundo por sus misas sacrílegas, adulterios,
falta de fe y haber participado en martirizar a las compañeras de
Santa Úrsula. También tuvo que sufrir mucho por las prácticas
anticoncepcionistas y la impureza de las almas que se le aparecían.
Algunas almas le pedían que libremente aceptara sus sufrimientos
para su liberación y purificación. Por ejemplo, una tal Berta,
francesa, muerta en 1740 dos señoritas de Innsbruck, muertas en un
bombardeo; un sacerdote italiano, etc. María siempre ha aceptado
generosamente estos sufrimientos que le pedían y nunca los ha
rechazado. En 1954 comenzó un modo nuevo de ayudar a las almas. Un
cierto Paul Gisinger de Koblach le pidió que les dijera a sus 7
hijos que dieran en su nombre 100 chelines para las misiones e
hicieran celebrar dos misas, porque sólo así podía ser liberado.
Después siguieron otras demandas análogas en favor de las misiones
y de celebrar misas. En octubre y noviembre hasta el 8 de diciembre
(fiesta de la Inmaculada) de ese año 1954, venían cada noche a
pedir oraciones o sufrimientos. Ella, poco a poco, pidió la ayuda
de otras personas para poder atender sus peticiones. Cuando se
trataba de sacerdotes, las oraciones debían ser hechas por
sacerdotes. Las almas del purgatorio se le aparecen de diversas
formas y en diversas maneras. Algunas tocan la puerta, otras
aparecen de improviso. Unas se muestran con apariencia humana, como
eran cuando vivían su vida mortal, normalmente vestidas como en
días de trabajo, no de fiesta. Otras se aparecen bajo formas de
animales que dan miedo o en formas difusas. A veces, están
envueltas entre llamas, dando un aspecto terrible. Cuanto más
purificadas están, más luminosas y afables se presentan. Con
frecuencia, cuentan cómo han pecado y cómo se han librado del
infierno gracias a la misericordia de Dios. Durante la Cuaresma, se
presentan día y noche para pedirle que sufra y ore por ellas. Las
que son extranjeras hablan en alemán con acento extranjero. Las
almas le dicen que ella es de los nuestros. Cuando ella preguntó
qué significaba ser de los “nuestros “, le dijeron que con su
voto de ánimas se había entregado a la Madre de la misericordia en
favor de ellas. Ella te ha dado a nosotras, le dijeron. Las
noticias, que las almas le dan sobre sus familiares vivos, son
siempre exactas. En la avalancha que, en 1954, sepultó mucha gente
aquí cerca, las almas le dijeron que había algunos vivos bajo la
nieve. Por eso, intensificaron la búsqueda y pudieron encontrar
algunos vivos más. El demonio también se le ha presentado en
ocasiones, para desanimarla de su misión. Una vez se le presentó
como un ángel de luz; otra, como el sacerdote de la parroquia,
Algunas personas se han escandalizado, porque pide a algunos de los
familiares limosnas para las misiones o que se hagan celebrar misas
por las almas. Pero ella nunca ha aceptado dinero, el dinero debe
ser entregado directamente en la parroquia o en la curia episcopal.
Dice que las almas de los católicos sufren más que las de los
protestantes, porque tuvieron más gracias, pero la fe católica es
la mejor para ganar el cielo. Además, los católicos tienen la
posibilidad de recibir más ayuda de otros y ser liberados más
rápidamente, ya que los protestantes no creen en el purgatorio y no
rezan por sus difuntos. A ella se le ha revelado la maravillosa
armonía que existe entre el amor y la justicia divina. Cada alma es
purificada de acuerdo a la naturaleza de sus culpas. La duración es
muy variada. El tiempo medio es de 40 años, pero hay quienes deben
sufrir hasta el juicio final. Otros sólo sufren media hora, como si
atravesaran el purgatorio en un vuelo. Lo que sí es cierto es que
las almas sufren con una paciencia admirable y alaban la
misericordia divina y suplican a María, madre de misericordia,
agradeciéndole por haberse salvado. La Virgen María va al
purgatorio, con frecuencia, a consolar a las almas. También va san
Miguel arcángel. Y allí están también los ángeles custodios de
las almas, acompañándolas hasta su liberación final. La ayuda que
necesitan es, sobre todo, misas, rosarios y sufrimientos por ellas.
También es bueno el víacrucis y dar limosnas para las misiones.
Las indulgencias tienen un valor inmenso. Es una crueldad no
aprovechar este tesoro, que la Iglesia nos propone para las almas.
Supongamos que estuviésemos delante de una montaña llena de
monedas de oro y tuviésemos la posibilidad de cogerlas ¿no sería
cruel rechazarlas y no poder ayudar a tantos necesitados?. En
resumen, María Simma tiene una vocación especial. Se trata de un
apostolado y de una ayuda en favor de las almas del purgatorio”.
Firmado P. Alfonso Matt, parroquia de Sonntag, 20 de febrero de
1955. Mi relación con las almas del purgatorio En este escrito
personal, María Simma, entre otras cosas, dice: “Desde mi
infancia tuve gran amor por las almas del purgatorio. Mi madre me lo
enseñó y me repetía muchas veces: Cuando tengas alguna cosa
importante que hacer, dirígete a las almas del purgatorio, porque
son de gran ayuda. En 1940 se me presentó, por primera vez, una
alma del purgatorio. Sintiendo que alguien estaba en habitación me
desperté y vi un extranjero que iba y venía por mi habitación. Le
dije: ¿Cómo has entrado? ¿Qué has perdido? Él continuaba, yendo
y viniendo, como si no me oyera. Entonces, salté de la cama para
agarrarlo, pero no agarraba nada. No había nada. Lo intenté de
nuevo y ocurrió lo mismo. Podía verlo y no podía tocarlo. Al poco
tiempo, desapareció. Al día siguiente, después de la misa, fui a
mi director espiritual y le conté lo ocurrido. Él me dijo: Si
sucede otra vez, no le preguntes ¿quién eres? Dile. ¿Qué quieres
de mí? A la noche siguiente, retornó la misma persona. Le dije:
¿Qué quieres de mí? Él respondió: Haz celebrar tres misas por
mí y seré liberado. Entonces, pensé que debía ser un alma del
purgatorio. Mi confesor me lo confirmó. Desde 1940 hasta 1953, cada
año vinieron sólo dos o tres almas, normalmente en noviembre (mes
de los difuntos). Mi director el P Alfonso Matt, me aconsejó que
nunca rechazara ninguna petición de ayuda de esas almas. Cuando un
alma viene, me despierta tocando la puerta o llamándome o
sacudiéndome o de otras maneras. Le digo de inmediato: ¿Qué
quieres? ¿qué debo hacer por ti? Y normalmente me lo dicen. Un
alma me dijo un día: Una de las cosas que más eficacia tiene para
nosotras es el sufrimiento soportado con paciencia, sobre todo,
cuando se ofrece por manos de la Madre de Dios, para que ella lo
utilice para quien quiera. Y me pidió que sufriera por ella. Me
pareció bastante extraño, porque hasta ese día ninguna me había
pedido sufrir por ella. Le dije: ¿Qué debo hacer? Me respondió:
Durante tres horas tendrás grandes dolores en todo el cuerpo.
Después de las tres horas, podrás levantarte y continuar tus
trabajos, como si no hubiera sucedido nada. Así me quitarás veinte
años de purgatorio. Acepté y me vinieron tales dolores, que apenas
me daba cuenta de dónde estaba, y parecía que pasaban días y
semanas. Cuando todo terminó, me di cuenta de que habían pasado
exactamente tres horas. A veces, me pedían sufrir sólo cinco
minutos, pero ¡qué largos me parecen esos minutos! . En 1954 (año
mariano) cada noche empezaron a venir. En ocasiones me decían
quiénes eran y me encargaban algunas misiones para sus parientes.
De esta manera, mi caso fue conocido públicamente. Esto era para
mí muy desagradable; porque, por mi cuenta, sólo le habría
hablado a mi padre espiritual. Algunas veces, se trataba de que
devolvieran bienes mal adquiridos; en algunos casos, ni siquiera los
parientes conocían ciertos detalles que yo les daba, por medio de
mi párroco y director espiritual, que era quien transmitía los
mensajes a gente de otros pueblos, cercanos o lejanos. También en
ese año 1954 venían a visitarme las almas durante el día. Al
terminar este año mariano, venían dos o tres veces por semana.
Normalmente, aparecen el primer viernes de mes o en un día de
fiesta de la Virgen o durante la Cuaresma. Durante Semana Santa
vienen muchas y también en Adviento y en el mes de noviembre.
Aquellas almas, que yo he conocido bien en vida, las reconozco de
inmediato. Otras son desconocidas, a no ser que me digan quiénes
son. Normalmente se presentan en vestido de trabajo. Si eran
personas inválidas o con graves deficiencias físicas o mentales,
aparecen sanos. Los que estaban en silla de ruedas, caminan
perfectamente, los mudos hablan, los sordos oyen, los ciegos ven. En
el más allá quedan atrás todas las deficiencias humanas. Ellas
saben de nosotros más de lo que suponemos. Ellas saben, por
ejemplo, quiénes han asistido a su velorio y sepultura, quiénes
han ido solamente por hacer acto de presencia y quiénes han ido a
rezar por amor Ellas saben también lo que se dice sobre ellas en el
velorio, porque están mucho más vecinas a nosotros de lo que
suponemos y se dan cuenta de quiénes asisten a las misas ofrecidas
por ellas. Ellas están presentes a sus funerales y a las misas
ofrecidas por ellas. No les gustan los pomposos funerales, prefieren
que sean sencillos, pero fervorosos. No quieren que su cuerpo sea
cremado; porque, al no tener lugar de referencia, se pueden olvidar
más fácilmente de ellas. La cremación está permitida por la
Iglesia, con tal que no se niegue la resurrección, pero ellas
quieren todo lo que lleve a su familia a rezar y, el no tener una
tumba que visitar, les hace olvidarse de ellas. También quieren que
se respete su cuerpo y que se evite cualquier profanación. Les
gusta que en la tumba echen agua bendita y tengan un cirio bendito.
Las visitas de amor al cementerio les agradan y ayudan más de lo
que imaginamos. Incluso, les ayuda el simple hecho de limpiar su
tumba, por el amor que ponemos en ello. Personalmente, cuando voy al
cementerio, que está junto a mi casa, enciendo una vela por las
almas y les echo agua bendita, y ellas me lo agradecen. Un día vino
a yerme una niña de unos seis años y me dijo que había apagado
una vela en el cementerio para coger la cera y jugar Por eso, se
encontraba en el purgatorio, aunque por poco tiempo. Me pidió que
encendiera por ella dos velas benditas. Otro día vino un niño de
11 años, de Kaiser para pedirme que rezara por él. Me dijo que
estaba en el purgatorio, porque el día de los difuntos había
apagado, por divertirse, varias velas, que estaban encendidas en el
cementerio en favor de los difuntos. Como vemos, también hay niños
en el purgatorio; porque, antes de lo que pensamos, se dan cuenta
del bien y del mal. Un día vino una niña de unos cuatro o cinco
años y me dijo que estaba en el purgatorio, porque había recibido
de su madre, junto con su hermana gemela, una muñeca. Ella lo
había roto y, teniendo ser descubierta, la cambió por la de su
hermana, sabiendo que esta haciendo algo malo y que iba a hacer
sufrir a su hermana. También hay sacerdotes. En una oportunidad, se
me presentó un sacerdote para pedirme ayuda y vi que su mano
derecha estaba negra y sucia. Me dijo: “Dijes a todos los
sacerdotes que bendigan sin cesar a las personas, casas y objetos
sagrados. Yo me descuidé de hacerlo, porque no le daba importancia
y, por eso, sufro en esta mano”. Los sacerdotes pueden dar
numerosas bendiciones y conjurar las fuerzas del mal. Sobretodo, los
sacerdotes pueden celebrar misas por las almas, que es lo que más
les ayuda. ¡Si se supiese cuál es el precio de una sola misa para
la eternidad, las iglesias estarían llenas, incluso entre semana!
En la hora de la muerte, las misas a las que hemos asistido con
devoción serán nuestro mayor tesoro. Tienen más valor que las
misas encargadas para nosotros después de muertos. También son
importantes las indulgencias. Un alma me habló de su importancia y
que para ganar una indulgencia plenaria era necesario una limpieza
total del alma, despegada de todo lo terreno. Cuando un alma se me
aparece y, después de haber hecho sus peticiones, permanece más
tiempo, sé que puedo hablar con ella y hacerle preguntas.
Normalmente es otra alma la que viene, después de un tiempo, a
darme la respuesta con el permiso de Dios. En mi cuaderno tengo
anotadas las respuestas sobre si otras almas se han salvado o están
todavía en el purgatorio. Puede suceder que pasen dos o tres
semanas o años antes de recibir la respuesta. Nunca me han hablado
de alguien que esté en el infierno, Uno de los pecados más
severamente castigados es el pecado contra la caridad: maledicencia,
calumnia, rencor peleas por envidia, codicia... ¡ Cuántas veces se
peca contra la caridad, diciendo palabras o haciendo juicios
desprovistos de caridad! Y una palabra puede “matar” un alma o
sanarla. Por eso, es muy importante perdonar y no guardar rencor, ni
siquiera a los difuntos. Recuerdo el caso ocurrido en Innsbruck. Una
mujer no podía perdonar a su padre. Cuando estaba vivo, no le
había dado cariño de padre y ni siquiera le dio la oportunidad de
estudiar para ser profesional. Por eso, no podía perdonarlo.
Después de muerto, el padre se apareció a su hija; no una, sino
tres veces, suplicándole que lo perdonara, pero ella no quería.
Después de un tiempo, esta mujer se enfermó y, entonces, entendió
que debía perdonarlo, porque no podría vivir en paz. Tomada esta
resolución, lo perdonó de todo corazón y la enfermedad comenzó a
desaparecer. El odio envenena el alma y hasta produce enfermedades
físicas y mentales. En cambio, el amor siempre da salud, paz y
alegría. Un campesino vino a visitarme y me dijo: Estoy
construyendo un establo y, cada vez que el muro llega a cierta
altura, se cae. Hay algo de extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué
puedo hacer? ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quien
guardas rencor? Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo
mucho daño y no lo puedo perdonar. Él quiere que lo perdones, nada
más. ¿Perdonarle yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho de vivo?
¿Para que vaya al cielo? NO, NO. Pues no te dará reposo hasta que
no lo hayas perdonado de corazón. ¿Cómo puedes decir en el
Padrenuestro: Perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos
ofenden? Es como si dijeras a Dios: No me perdones, como yo tampoco
perdono. El hombre se quedó pensativo y dijo: Tienes razón. En
nombre de Dios lo perdono para que Dios me perdone también a mí.
Desde ese día, no tuvo más problemas con el establo y pudo tener
paz y amor en su corazón. Un día vino a visitarme un hombre, cuya
mujer había muerto hacía un año y, desde entonces, todas las
noches sentía tocar a la puerta de su dormitorio. Fui a su casa y,
por la noche se me apareció un animal grande que parecía un
hipopótamo. Después vino el demonio bajo la forma de una serpiente
gigantesca que quería estrangular al hipopótamo... Y
desaparecieron. Al poco tiempo, vino un alma con apariencia humana y
me dijo: No ternas, ella izo está condenada, pero está en el
purgatorio más terrible que exista. Me dijo que había vivido diez
años en enemistad con otra mujer y ella era la causa de todo. La
otra mujer había querido reconciliarse, pero ella siempre se había
negado. Incluso, durante su última enfermedad, se había negado a
hacer las Un día vino a visitar un hombre que quería informarse
sobre la suerte eterna de dos difuntos del mismo pueblo. Era el año
mariano de 1954 y la respuesta llegó pronto. Un mes más tarde yo
le comuniqué: La Sra. X está en el cielo y el Sr. X está en lo
más profundo del purgatorio. Él me dijo: Es imposible. La Sra. X
murió en el hospital por una práctica abortiva, mientras que el
Sr. X estaba siempre el primero en la Iglesia y era el último en
salir. Pero, pocos días después, vino a yerme una señora que los
conocía bien a los dos y me dijo: La Sra. X era como mi hermana.
Ella era débil desde el punto de vista moral, pero ha sufrido
mucho, porque este defecto era debido en gran parte a taras
hereditarias. Murió como consecuencia de una práctica abortiva,
pero murió con sentimientos de arrepentimiento hasta el punto que
el sacerdote que la asistió en los últimos momentos pudo decir:
Quisiera que todos murieran con los sentimientos de arrepentimiento
de esta mujer. Ella murió con los últimos sacramentos y firme
enterrada religiosamente. El Sr X era el primero y el último en
salir de la Iglesia, pero siempre estaba criticando a todo el mundo.
Lo que más me indignó fue que, durante el sepelio de la Sra. X,
él la estaba criticando y diciendo a algunas personas que la Sra. X
no debía ser enterrada en un cementerio católico. Entonces, le
dije: Ahora está claro para mí que el Señor no quiere que
Juzguemos a los demás. El Sr. X criticaba a la Sra. X, aún en el
cementerio, pero el Señor tuvo compasión de ella. No podemos
juzgar a los demás, dejemos el juicio a Dios. Ahora el Sr. X está
en lo profundo del purgatorio. En una ocasión, vino un alma y me
dijo: Cometí un crimen contra Dios. Un día, por soberbia, tomé
una cruz y la destrocé, pensando que, si Dios existía no me lo
permitiría hacer. Casi al instante, me vino una parálisis que fue
mi salvación. Después me pidió decirle a su mujer que hiciera
algunas cosas para ayudarlo y liberarlo del purgatorio. Ella se
había salido de la Iglesia católica y se había hecho protestante.
Cuando le conté el mensaje de su esposo, me dijo: Creo en lo que me
dice, porque el hecho de que destrozó la cruz, solamente lo
sabíamos él y yo. Y entró de nuevo en la Iglesia católica. Un
médico vino un día, lamentándose de que debía sufrir mucho por
haber acortado la vida de sus pacientes con inyecciones, para que no
sufrieran más (eutanasia). Y nadie tiene derecho a quitar la vida,
porque mientras están vivos, aunque estén en coma, pueden recibir
las bendiciones de Dios a través de nuestras oraciones y buenas
obras. Una mujer me dijo: He debido estar 30 años de purgatorio por
no haber dejado ir al convento a mi hija. Por eso, debemos pensar en
la grave responsabilidad de los padres que no consienten la
vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos. Nadie tiene derecho a
rectificar los planes que Dios ha trazado para cada uno desde toda
la eternidad. Otro día se me presentó un alma y me dijo: ¿Me
conoces?. Yo le dije que no. Él respondió: Pero tú me has visto.
En 1932 hiciste un viaje en tren y yo era tu compañero de viaje.
Entonces, me acordé muy bien de ese hombre, orgulloso, que había
criticado en voz alta a la Iglesia y a la religión. Yo tenía 17
años y le respondí como pude. Él me dijo: Tú eres demasiado
joven para darme lecciones. Cuando bajé del tren, le dije al
Señor: Señor, no permitas que este hombre se pierda. Y esta
oración lo había salvado. ¡Cuánto puede hacer la oración,
aunque sea pequeña, pero hecha con fe! ¡Cuánto valen las obras de
caridad para los demás! Un día, un alma se me apareció con un
balde vacío. Le pregunté por qué lo llevaba y me dijo. Es mi
llave del paraíso. No he rezado mucho durante la vida, iba
raramente a la Iglesia, pero una vez por Navidad limpié
gratuitamente la casa de una pobre anciana y eso fue mi salvación.
El año 1954 ocurrió una avalancha, que sepultó varias personas en
un pequeño pueblo de la montaña. Un joven de 20 años oyó que
pedían auxilio y salió en su ayuda, pero su madre se lo quiso
impedí, porque había mucho peligro para él. El joven, sin
embargo, salió a rescatar a los que pedían auxilio, pero una
avalancha lo sepultó también a él. La segunda noche después de
su muerte, vino a pedirme que hiciera celebrar tres misas por él.
Sus familiares se maravillaron de que tan pronto pudiera ser
liberado, cuando no había sido muy fervoroso, sino todo lo
contrario. Pero el joven me confió que Dios había sido muy
misericordioso con él por haber querido ayudar a su prójimo y
hacer una acción tan bella. Si hubiera vivido más tiempo, no
habría podido conseguir una muerte tan bella a los ojos de Dios.
¡Una muerte en acto de caridad con el prójimo! Ese mismo año,
1954, en otro pueblo hubo otra avalancha, que ocasionó muchos
destrozos. Se contaba que hacía 100 años otra avalancha había
destruido el pueblo y ésta había sido mucho peor pero sin mayores
consecuencias. ¿Por qué? Las almas me dijeron que una mujer de
nombre Stark, había ofrecido sus oraciones y sufrimientos por su
pueblo. De otro modo, medio pueblo habría sido destruido. ¡Cuánto
valen los sufrimientos soportados con paciencia! ¡Salvan más almas
que la oración! Por eso, no hay que ver el sufrimiento como un
castigo, pues puede ser un tesoro, silo ofrecemos con amor por la
salvación de los demás. Solamente en el cielo, podremos saber todo
lo que hemos obtenido con nuestros sufrimientos, soportados con
paciencia en unión con los sufrimientos de Cristo. El sufrimiento
es un gran don que nos acerca a Dios y a los demás. Un día de
1954, hacia las 2,30 de la tarde, paseando por el bosque, me
encontré con una mujer muy anciana que parecía centenaria. Yo la
saludé amablemente y ella me dijo: ¿Por qué me saludas? Nadie me
saluda. Nadie me da de comer y debo dormir por la calle. Yo la
invité a comer y a dormir en mi casa. Ella me dijo: Pero yo no
puedo pagar. No importa, le insistí. No tengo una bella casa, pero
será mejor que dormir en la calle. Ella entonces me lo agradeció y
me dijo: Dios te lo pague. Ahora soy liberada. Y desapareció. Hasta
aquel momento no había entendido que se trataba de un alma del
purgatorio. Seguramente, durante su vida, no quiso ayudar a alguien
que tenía necesidad de comida y alojamiento, y debía esperar que
alguien le ofreciese lo que ella había rechazado a otros. Otro día
se me apareció el alma de un joven y me dijo: Por no haber
observado las leyes de tráfico, tuve un accidente de motocicleta y
morí en Viena. Yo le pregunté: ¿Estabas listo para entrar en la
eternidad? No estaba listo, respondió, pero Dios da dos o tres
minutos para poder arrepentirse y sólo el que lo rechaza se
condena. Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que
era su hora. Eso es cierto, cuando uno no tiene la culpa. Pero yo
tuve la culpa; porque, según los designios de Dios, yo debería
haber vivido todavía treinta años. Por eso, el hombre no tiene
derecho a exponer su vida a un peligro de muerte sin necesidad.
También es muy importante, a la hora de la muerte, abandonarse y
aceptar la voluntad de Dios. Una madre de cuatro hijos iba a morir y
le dijo a Dios: Señor, si es tu voluntad, acepto mi muerte, pero te
confió a mi esposo y a mis cuatro hijos. Por este acto de confianza
y abandono total, fue directamente al cielo. Vale la pena
abandonarse sin condiciones en las manos de nuestro Padre Dios y
confiar en Él hasta el fin. Hacednos salir de aquí Éste es el
título del libro escrito por Nicky Eltz de sus entrevistas con
María Simma. Veamos un resumen de lo que dice María Simma:
“Hay mucha diferencia entre evocar a los muertos, como hacen
los espiritistas, e invocar a los muertos para pedirles ayuda y orar
por ellos. El espiritismo es pecado y en él es Satanás quien
contesta a las preguntas. Nosotros pedimos ayuda a los difuntos y
oramos por ellos. En mi caso, yo nunca los llamo para que vengan.
Ellos vienen, porque Dios se lo permite.
El purgatorio es un tiempo de espera en que las almas tienen el
gran sufrimiento de la nostalgia de Dios y el enorme deseo de amarlo
con todo su corazón. En el purgatorio existen muchos niveles, que
son tan diferentes como las enfermedades de la tierra. Cada alma es
“castigada” o sufre en aquello o por aquello que la ha hecho
pecar o alejarse de Dios. Sucede esto también, en cierta medida, en
la tierra. Si uno come en exceso, sufre las consecuencias de mal de
estómago. Si uno fuera demasiado, se intoxica y tiene problemas en
los pulmones, etc. Podemos decir que hay tantos niveles cuantas
almas distintas, porque no existen dos personas ni dos almas
iguales. Cada alma lleva el purgatorio consigo. Cuando un alma viene
a visitarme, no viene “fuera” del purgatorio, sino “con” el
purgatorio. Las almas que vienen a visitarme son las que están más
cerca de ser liberadas. En los niveles más bajos, Satanás puede
hacer sufrir a las almas, pero no puede vencerlas. Estas almas de
los niveles más bajos, a veces, se presentan bajo la forma de
animales horribles. Pero el alma puede pasar del nivel más bajo e
ir directamente al cielo sin pasar por niveles intermedios, si le
ayudan con una indulgencia plenaria o con muchos sufrimientos, misas
y oraciones. Lo que sí es cierto es que ninguna de ellas quiere
volver a las tinieblas de la tierra, ahora que han conocido el amor
de Dios.
Debemos tener bien claro que no es Dios quien las coloca en tal o
cual nivel, son ellas mismas, pues quieren purificarse totalmente
antes de presentarse ante Dios. Ellas quieren purificarse como el
oro en el crisol. ¿Imaginamos una chica que quiere ir a su primer
baile en público toda sucia y despeinada? Pues bien, las almas
tienen una idea de Dios tan grande, son tan conscientes de su pureza
maravillosa y resplandeciente que ni todas las fuerzas del universo
serían suficientes para hacerles presentarse delante de Él,
mientras subsistan esas manchas que afean su alma. Sólo un alma
pura y luminosa puede atreverse a acercarse a la belleza y santidad
divina para poder contemplar a Dios sin temor y amarlo en plenitud
por toda la eternidad. El purgatorio es un estado de cada alma;
pero, en cierto sentido, también es un lugar ya que algunas almas
se reúnen para estar juntas en determinado lugar por ejemplo, junto
a los altares de las iglesias o en el lugar donde han muerto. Pero
no es un solo lugar sino muchos lugares diferentes y muchas
condiciones diferentes de cada alma. El fuego sólo existe
propiamente en los niveles más bajos, aunque sólo afecte al alma,
pues no es un fuego físico como el que nosotros conocemos. Por eso,
algunas almas vienen rodeadas de fuego. Yo nunca las he visto reír
tienen más bien un aspecto sufrido y paciente. Normalmente, se me
aparece una alma sola; pero, en algunas ocasiones, se me han
aparecido varias, porque tenían necesidad de la misma cosa para ser
liberadas. He sido visitada por almas de todos los continentes, que
me hablaban en un alemán con acento extranjero. En algunas
oportunidades he sido visitada por suicidas, que no necesariamente
se condenan. La mayor parte de ellos son llevados al suicidio por
circunstancias que limitan mucho su libertad o por enfermedades
síquicas. Pero todos lamentan mucho el haber acortado su vida y
todo lo que pudieron haber hecho y no hicieron. Todos ven que no fue
una solución y que cometieron un gravísimo error . Por supuesto,
me han visitado personas de todas las religiones, pues también
ellas van al cielo, aunque la fe católica sea la mejor para ganar
el cielo. También , me han visitado homosexuales. No necesariamente
están condenados, pero tiene que sufrir mucho para ser purificados;
porque, aunque la inclinación homosexual no es pecado, toda
actividad homosexual sí es pecado, como dice la Iglesia. Ellos
deben orar mucho y pedir fortaleza para vivir su castidad y rezar a
San Miguel arcángel, que es un gran defensor contra el maligno.
Algo muy importante es aceptar antes de morir todos los sufrimientos
que Dios nos envíe. Conocí a una mujer y a un sacerdote, que
estaban en el mismo hospital con tuberculosis. La mujer le dijo al
sacerdote: Yo le he pedido al Señor que me dé la oportunidad de
pasar aquí mi purgatorio. El sacerdote le dijo: Yo no me atrevo a
tanto. Una religiosa escuchó esta conversación. Cuando murieron
los dos, el sacerdote se le apareció a la religiosa y le dijo que
la mujer había ido directamente al cielo y él debía pasar
todavía mucho tiempo en el purgatorio por no haber aceptado sus
sufrimientos. De ahí lo importante que son nuestros sufrimientos,
ofrecidos con amor Los sufrimientos de la tierra valen muchísimo
más como reparación de nuestros pecados que los del purgatorio.
Por eso, una larga enfermedad, antes de morir puede ser una gran
bendición y gracia de Dios“. “El sufrimiento con amor es la
perla más preciosa. que puedes ofrecer a Dios”.
REFLEXIONES Después de todo lo que hemos anotado sobre el
purgatorio, podemos decir que el purgatorio no es una cárcel
terrible en la cual el alma es prisionera de la venganza divina. NO.
El purgatorio es una penosa purificación para hacer capaz al alma
de gozar plenamente de la felicidad del paraíso ¿Quién podría
decir que es cruel quitarle la pelusa del ojo a alguien para que
pueda disfrutar de la belleza del paisaje? ¿Quién consideraría
una crueldad el hacer tomar al enfermo de estómago una amarga
medicina para que pueda disfrutar del banquete al que está
invitado? El alma, en el purgatorio, es una alma enferma que
necesita las medicinas de los sufragios, oraciones y misas para
sanarse y ser feliz. En el purgatorio, debemos pagar hasta el más
mínimo pecado y lavar la más mínima mancha. Por eso, no debemos
dejar pasar fácilmente los pecados veniales, como si no tuvieran
importancia. Todo pecado, hasta el más pequeño, es una
imperfección y una falta de amor a Dios. Aquellos que dicen: “Con
un rinconcito en el cielo me conformo”, no saben lo que dicen.
Tendrán grandes padecimientos con vivísimos deseos de hacer las
buenas obras que no hicieron y verán a muchas almas a quienes han
privado de sus buenas acciones. Toda pereza y todo desinterés por
mejorar se convertirá en el más allá en gran tormento del alma.
Santa Faustina Kowalska dice en su Diario: “Hoy he conocido
interiormente en lo profundo de mi alma lo horrible y espantoso que
es el pecado, aun el más pequeño. Preferiría padecer mil
infiernos antes que cometer aún el más pequeño pecado venial”
(15-3-1937). Veamos lo que le sucedió al Padre Stanislao Choscoa,
dominico. Está documentado en la Historia de Polonia de Brovius,
del año 1590. Un día, mientras este santo religioso oraba por los
difuntos, se le apareció un alma rodeada de fuego. Él le
preguntó, si aquel fuego era más fuerte que el de la tierra. Y le
respondió: Todo el fuego de la tierra comparado con el del
purgatorio es como un aire fresco. ¿Podrías darme una prueba?
Ningún mortal podría soportar la mínima parte de este fuego sin
morir al instante. Si quieres hacer una prueba, extiende tu mano. El
religioso puso su mano y le cayó una gota del sudor o del líquido
que parecía tal de aquella alma. Fue tan grande su dolor que dio un
grito y cayó al suelo desmayado. Vinieron sus hermanos y trataron
de asistirlo. Y él les contó lo que le había pasado, exhortando a
sus hermanos a huir hasta del más pequeño pecado para no sufrir
aquellas horribles penas. Hay en Roma un museo célebre sobre las
almas del purgatorio, que fue fundado en 1900 por el P. Victor
Jouet, sacerdote del Sagrado Corazón, que también fundó la
revista “El purgatorio”. En este museo se ofrece a los
visitantes una serie de documentos auténticos con pruebas de la
visita de estas almas a los vivos. En varios objetos, se puede ver
las huellas del fuego sobre libros litúrgicos, sobre misales,
tejidos y sobre objetos de piedad como crucifijos, etc. Lo cual nos
confirma una vez más que en el purgatorio, al menos en ciertos
niveles, hay fuego que puede quemar también las cosas de la tierra.
¿Cómo es este fuego, que quema el alma? Sólo Dios lo sabe, pero
estas pruebas son suficientes para comprender lo grave que es “quemarse”
eternamente en el infierno o los graves sufrimientos que deben pasar
las almas, que padecen el “fuego” del purgatorio. Oremos por las
almas del purgatorio. Es una de las mejores obras de caridad que
podemos hacer. Personalmente, cuando paso delante de un cementerio,
siempre me acuerdo de orar por las almas benditas de ese lugar; y
todos los días, en la misa, las encomiendo con especial interés.
Lamentablemente, hoy día se está extendiendo la costumbre de la
cremación de los cadáveres. Por supuesto que la Iglesia “permite
la incineración, cuando con ella no se cuestiona la fe en la
resurrección del cuerpo” (Cat 2301). Sin embargo, creemos que
sería mejor enterrar el cuerpo para tener un lugar de referencia y
poder visitarlo y rezar más por él. Algunas familias acostumbran a
guardar en sus casas las cenizas por tiempo indefinido, pero algunos
obispos ya han aconsejado repetidas veces que las echen al mar o al
río, o mejor las entierren para evitar problemas sicológicos en
algunas personas débiles. Y también para evitar que con el tiempo
las casas se conviertan en cementerios o museos de las cenizas de
toda la familia. En cuanto a los funerales y pompas fúnebres, está
bien que se hagan, pero con la debida moderación, sin gastar mucho
dinero en flores y en cosas externas, cuando lo que más necesitan
es misas y oraciones. Respecto a los velorios hay que tener respeto
al difunto y a los familiares, creando un ambiente de recogimiento y
oración. Es lamentable que, en algunos lugares, aprovechan esos
momentos para contar chistes, conversar de cosas mundanas y, a
veces, para comer y beber en exceso, como si estuvieran en una
fiesta. Algo parecido podemos decir del día de los difuntos, cuando
mucha gente acostumbra visitar los cementerios. Algo especialmente
grave es no cumplir las obligaciones contraídas con los difuntos
para celebrar misas por su alma y guardarse el dinero destinado para
ello, al igual que sería muy grave guardarse el dinero destinado a
medicinas para curar a un enfermo. Otro dato importante es que el
dinero robado o mal empleado debe ser cancelado hasta en el
purgatorio. Por eso, los hijos deberían pagar las deudas de sus
padres o dar dinero para las misiones o para obras de candad, para
cancelar así los pecados de sus padres en este sentido. Veamos un
caso ocurrido en Montefalco, Italia, del 2 de setiembre de 1918 al 9
de noviembre de 1919. Estas manifestaciones de un alma del
purgatorio están confirmadas por algunas religiosas del convento y
fueron confirmadas por Mons. Pietro Pacifici, obispo de Spoleto, en
1921. Las 28 manifestaciones tuvieron lugar en el convento de las
hnas. Clarisas del convento de San Leonardo de Montefalco. En
ningún momento pudieron ver al alma purgante, pero se hacía
presente al tomo para hablar brevemente y dejar una limosna, casi
siempre de diez liras. Tocaba la campanita de la entrada para que
bajara la abadesa, incluso cuando estaban cerradas todas las puertas
de entrada al convento y a la Iglesia. Solía decir: “Dejo aquí
diez liras para oraciones”. Cuando le decían de parte de quién,
respondía: “No me es permitido decirlo” El 3 de octubre de 1919
dijo claramente a la superiora: “Soy un alma purgante. Son
cuarenta años que me encuentro en el purgatorio por haber disipado
bienes eclesiásticos”. En otra oportunidad, dijo que era
sacerdote. En total, dejó 300 liras y le fueron celebradas 38
misas. El 9 de noviembre, al bajar la abadesa al sonido de la
campana, le dijo: “Alabado sea Jesús y María. Le agradezco a Ud.
y a la Comunidad, lo que han orado por m4 ya estoy libre de toda
pena”. Y, a petición de la abadesa, le dio la bendición
sacerdotal en latín. El lugar, donde sucedieron estas
manifestaciones, ha sido transformado en capilla, dedicada a orar
por las almas del purgatorio y, especialmente, por los sacerdotes
difuntos. Fue bendecida el 26 de febrero de 1924 y allí se ha
erigido una confraternidad a favor de las almas del purgatorio. En
vista de todo esto, sería bueno pedir todos los días a nuestro
Padre Dios la gracia de ir directamente al cielo y pedirle también
paciencia y resignación para aceptar todos los sufrimientos que
quiera enviarnos antes de morir, para pasar nuestro purgatorio aquí
en vez de allá. Aprovechemos el tiempo para crecer en el amor.
Recordemos que nuestro cielo será tan grande como la medida de
nuestro amor. Y la medida del amor debe ser el amor sin medida. No
pongamos límites a nuestro amor a Dios y al prójimo. No nos
cansemos de amar a Dios y a los demás. No nos cansemos de mirar a
Jesús Eucaristía, pidiéndole que llene nuestro corazón de su
amor. Pidamos a la “Madre del Amor Hermoso” (Eclo 24,18), a
María, que nos enseñe a amar. De esta manera, en la medida en que
amemos con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todo
nuestro ser, nos sentiremos realizados como seres humanos, que
cumplen fielmente su misión en este mundo. Hemos sido creados por
amor y para amar. Sólo en el amor sincero y generoso encontraremos
nuestra propia realización personal, el sentido de nuestra vida y
el cumplimiento de todas nuestras esperanzas. Ahora bien, no
olvidemos que el tiempo de amar se agota día a día. Que el tiempo
de vida es limitado, que no podemos perder el tiempo. El tiempo se
va acabando y hay que aprovecharlo bien. Todavía estamos a tiempo
para rectificar errores, todavía hay tiempo para amar, después
podría ser demasiado tarde. Hagamos de nuestra vida un camino de
amor, acumulando un tesoro que nos sirva para la vida eterna. Y
recordemos siempre lo que decía la beata Isabel de la S. Trinidad:
“En la tarde de la vida sólo queda el amor”. VOTO DE ÁNIMAS
Puedes hacer, si lo deseas, el voto de ánimas en favor de las
ánimas del purgatorio. El P. Dolindo Ruotolo, en su libro “Chi
morra, vedra”, narra un hecho que le sucedió a él mismo para
indicar la importancia de este voto. Dice así: “El año 1890 vino
a mi casa el P. Salvatore De Filippis. Un sacerdote jesuita que
había sido maestro de matemáticas de mi padre, y nos habló del
voto heróico o voto de ánimas por las almas del purgatorio,
exhortándonos a hacerlo. Yo tenía ocho años, me emocioné y quise
hacerlo, Pero, ¿cómo hacerlo? Entonces, un día pedí a Jesús:
“Deseo un libro que me explique como hacerlo yo y mi hermano “.
Me dormí con esta petición. A la mañana siguiente, acompañé a
mi madre a la misa y comunión como lo hacía ella todos los días.
Yo todavía no había hecho la primera comunión. Era muy temprano
en la mañana y llovía muy fuerte. Íbamos pegados a las paredes de
las casas, cuando a la mitad del recorrido, veo una cosa blanca en
el agua y la cojo para ver qué era. Eran dos libritos con el
título.’ “Explicación del voto heroico por las almas del
purgatorio “. Uno para mí y otro para mi hermano. Era algo
extraordinario, una respuesta a mi oración. Aquel mismo día hice
el voto por las almas benditas. Tú puedes hacerlo con éstas o
parecidas palabras: “Oh Padre celestial, en unión con los
méritos de Jesús y de María, os ofrezco por las almas del
purgatorio todas las obras satisfactorias de mi vida entera y todas
las que por mí se ofrezcan después de mi muerte, y estas obras las
deposito en las purísimas manos de María Inmaculada para que ella
las aplique a las almas que, en su sabiduría y bondad maternal,
quiera sacar del purgatorio. Dignaos, Dios mío, recibir y aceptar
este ofrecimiento que hago por medio de María y dadme la gracia de
morir en tu amor. Amén” “El amor hace perfectas todas las cosas”
(S. Agustin) OLVIDO E INDIFERENCIA Es muy triste para las almas del
purgatorio que muchos de sus familiares a quienes tanto han querido
y por quienes tanto se han sacrificado, no las recuerden con más
frecuencia Y no las ayuden con más generosidad. En algunos lugares,
tienen la costumbre de mandar celebrar una misa a los ocho días del
fallecimiento, al mes y al año. Algunos quizás van también a
ponerles unas flores el día de los difuntos y casi nada más.
¿Pero qué es esto para todo lo que necesitan? ¿No se dan cuenta
las familias que tienen una obligación de justicia con sus seres
queridos? ¿No saben que en el purgatorio se sufre mucho más de lo
que se puede sufrir en esta vida? Quizás, cuando estaban enfermos,
antes de morir, se desvivieron por atenderles y ahora ¿con cuatro
misas se quedan satisfechos? Recordemos que la mayoría de las almas
pueden estar en el purgatorio un promedio de cuarenta años. Por
eso, debemos ser más cuidadosos y diligentes en ayudarlos. No
seamos mezquinos en mandar celebrar misas por ellos. Es preferible
en esto “pecar” por exceso que por defecto. Hay que ser
generosos. Personalmente, considero que estaría bien una misa
mensual (particular) durante los cinco primeros años. Y otras
muchas comunitarias. También es importante acordamos de nuestros
antepasados difuntos. Normalmente, sólo nos acordamos de los padres
o abuelos, pero ¿cuántos antepasados nuestros estarán todavía en
el purgatorio? Algunos están en el purgatorio durante cientos de
años, sobre todo, los que han estado metidos en ocultismo y
brujerías. Ahora bien, pensemos en nuestros antepasados no
cristianos de hace miles de años... ¿No merecen también una ayuda
de nuestra parte, cuando Dios ha querido damos la vida a través de
ellos? Por eso, podemos encargar algunas misas sencillamente por “los
difuntos de la familia N.N.” sin especificar más. Vale la pena
hacer algún sacrificio y dejar algunas cosas inútiles o
supérfluas para tener lo suficiente para estas misas por nuestros
familiares, que nos lo agradecerán eternamente. Cuanto antes
lleguen al cielo, antes tendremos más y mejores intercesores ante
Dios. Desde el purgatorio nos pueden ayudar e interceder por
nosotros; pero, cuando estén en la plenitud de su amor en el cielo,
lo podrán hacer más y mejor. Por eso, nuestro amor a los seres
queridos debe permanecer fuerte y vivo más allá de la muerte. “Es
bueno y piadoso rezar por los difuntos para que sean liberados de
sus pecados” (2.Mac 12,43)
EL VALOR DE LA MISA Ya hemos dicho varias veces que lo que más
ayuda a las almas del purgatorio son las misas. La beata Ana
Catalina Emmerick dice: “Vi cuán admirables bendiciones nos
vienen de oír la misa y que con ellas son impulsadas todas las
buenas obras y promovidos todos los bienes y que, muchas veces, el
oírla una sola persona de una familia basta para que las
bendiciones del cielo desciendan ese día sobre toda la familia. Vi
que son mucho mayores las bendiciones que se obtienen oyéndola que
encargando que se diga sin asistir”. Suelen decir los santos que
las almas asisten al lugar donde se celebra una misa por ellas y
allí adoran con toda devoción a Jesús Eucaristía. Algunas almas
tienen la gracia de pasar su purgatorio en una iglesia para poder
asistir a las misas y poder adorar continuamente a Jesús
sacramentado. Esta gracia suele darse a quienes en vida han amado
especialmente a Jesús Eucaristía. A este respecto, le decía la
Virgen María al P. Esteban Gobi del Movimiento Sacerdotal Mariano:
“En la Eucaristía está Jesús permanentemente rodeado por
innumerables milicias de ángeles, de santos y de almas del
purgatorio” (31-3-1988). Pierre Louvet en su libro “El
purgatorio” cuenta el caso de una joven virtuosa, a quien se le
apareció una amiga difunta, que pasaba su purgatorio ante el
sagrario de la iglesia parroquial. Esta joven afirma que es
imposible explicar el humilde respeto y la devoción tan grande con
que asistía el alma a las misas, especialmente en el momento de la
consagración. Cada vez que ella iba a comulgar, el alma estaba a su
lado y la acompañaba para disfrutar de la cercanía de Jesús
sacramentado. Veamos un caso ocurrido en la Ferriere, Francia, en
1154. Este milagro está documentado en el libro “De miraculis”
de Pedro Cluniacense (libro 2, cap. 2). Un minero quedó sepultado
por un desprendimiento de tierras en una mina. Después de ocho
días, lo dieron por muerto. Su mujer empezó a mandar celebrar una
misa por su alma cada semana. Solamente una vez se olvidó de esta
práctica piadosa. Al cabo de un año, un grupo de mineros logró
rescatarlo con vida, al hacer trabajos de exploración. Le
preguntaron cómo había podido sobrevivir durante tanto tiempo y
él respondió: “Un joven resplandeciente como el sol y de una
belleza celestial, que llevaba en la mano una antorcha encendida y
la fijaba en la roca delante de mí venía y me dejaba un gran pan
con agua y me consolaba para que comiera y tuviera esperanza. Luego
desaparecía y volvía a aparecer cada semana. Recuerdo que
solamente una vez pareció olvidarse de mí, dejándome en tinieblas
y sin alimento “. Entonces, todos reconocieron en él a su ángel
custodio, que le traía los socorros que su esposa le conseguía con
la misa semanal, que mandaba celebrar por él. excepto en la semana
que se había olvidado. Otro caso de la vida de San Pedro Damiano
(1007-1072). Se cuenta que, siendo muy niño aún, perdió a sus
padres y tuvo que vivir con su hermano mayor que lo trató con mucha
dureza y vivía comiendo las sobras de la casa y con la ropa vieja y
sin zapatos, cuidando cerdos. Un día, se encontró por la calle una
moneda y no sabía qué comprarse. Por fin, se decidió por mandar
celebrar una misa por las almas de sus padres. A los pocos días,
otro hermano suyo sacerdote, lo llevó a su casa, donde recibió un
buen trato y pudo estudiar, llegando a ser cardenal y un gran santo,
doctor de la Iglesia. En la vida del Beato Enrique Susso (1296-1365)
se relata que, cuando estaba estudiando en la Universidad de
Colonia, en Alemania, hizo mucha amistad con otro religioso dominico
como él. Un día se prometieron que el primero que muriera debía
recibir del otro el beneficio de dos misas semanales por el espacio
de un año. Después de un tiempo, murió el compañero de Fray
Enrique y éste rezó mucho por él, pero no cumplió con la
obligación de las misas. Un día se le apareció su amigo difunto y
le echó en cara el incumplimiento de su promesa. El amigo le dijo
que no bastaban sus oraciones, que necesitaba las misas para poder
ser liberado. Al poco tiempo, se le apareció de nuevo para
agradecerle las misas y decirle que ya estaba libre y volaba al
cielo. En 1817, en París, una pobre mujer, que trabajaba de
doméstica en una casa, tenía la piadosa costumbre de mandar
celebrar una misa cada mes por las benditas almas del purgatorio.
Habiendo perdido su trabajo por una enfermedad, al salir del
hospital, tenía apenas lo suficiente para mandar celebrar una misa,
pero dudaba si hacerlo o guardarse el dinero para sus urgentes
necesidades, porque no tenía más. Al fin, se decidió por mandar
celebrar la misa mensual. Al salir de la Iglesia, encontró un joven
alto, de noble aspecto, que le dijo: “Si busca trabajo, vaya a tal
dirección y lo encontrará “. La piadosa señora fue a la
dirección indicada y, en ese preciso momento, salía despedida la
anterior empleada. La señora de la casa la recibió y ella, viendo
en la entrada la fotografía de un joven, le dijo: “Señora, ese
es el joven que me ha hablado de venir aquí”. La dueña de casa
se quedó admirada, pues era su hijo Enrique, que había muerto
hacía dos años. Dice María Simma: “Recuerdo una joven que
deseaba orar mucho por las almas del purgatorio. Su madre le
sugirió que asistiera a dos misas los domingos, en vez de una, en
su favor. Ella lo hizo así. Un día el sacerdote se dio cuenta y le
dijo que la segunda misa no era válida para cumplir con el precepto
y que, por tanto, perdía su tiempo. Ella dejó de asistir Pues
bien, este sacerdote, después de muerto, se le apareció y le
pidió que asistiera a todas las misas que debió asistir los
domingos, pero que por sus malos consejos no había asistido para
así poder salir del purgatorio”. María Simma cuenta otro caso:
“Un alma vino a visitarme, diciéndome que sería liberada, si sus
hijos mandaban celebrar por ella setenta y cinco misas en días
ordinarios. Me dijo: Estoy en el purgatorio, porque no les he
enseñado el valor de la misa en los días de semana. Sus hijos
dijeron que pagarían las misas y todo estaría solucionado, pero yo
les respondí: No, eso no servirá, la razón por la que vuestra
madre está en el purgatorio es por no haberles enseñado el valor
de la misa entre semana. Por eso, deben participar todos a esas
misas, teniendo en el corazón la intención de ayudar a la mamá.
Hasta hoy día vienen casi todos los días a misa. Los conozco y
puedo decir que ahora sí aprecian la misa entre semana y no sólo
los domingos”. Veamos la experiencia de una religiosa
contemplativa, que vive todavía. Ella era, entonces, sierva de
María y asistía por las noches a una señora anciana. Esta señora
tenía un hijo, que estaba muy grave con cáncer y que murió antes
que ella. La anciana vivía con una hija, que tenía hijos
pequeños, y todos formaban una familia muy cristiana y muy unida.
Dice así: “Por las noches, rezaba yo el rosario con su hija y
esposo y me contaban lo bueno que había sido el difunto y cómo iba
todos los días a la misa ya la comunión, cuántas limosnas daba a
los pobres y otras muy buenas acciones que había hecho. Según
ellos, ya estaría en el cielo y no necesitaría oraciones. Dos o
tres días después de su muerte, a las tres de la mañana, estaba
yo orando, cuando empecé a oír unas pisadas como si corriesen,
eran unos ruidos y golpes que el primer día me dio un poco de
miedo, pero pensé que alguno de la casa se habría levantado por no
estar bien. A los tres días de oír estos ruidos, me dijo la hija
de la anciana que ella también oía los ruidos y no sabía a qué
atribuirlos. Pues bien, aquel mismo día, a las siete de la mañana,
me acababa de ir yo a mi convento, cuando el niño que tenían de
tres años empezó a llamar a su madre. Su madre se levantó de la
cama y encontró al niño sentadito en la cuna, muy contento, y le
dijo muy claro: “Mamá, he visto al tío Javier”. Su madre le
dijo que el tío Javier estaba en el cielo, pero insistía: “Lo he
visto, ha venido aquí y me ha dicho que al morir te pidió una misa
en los jesuitas y que la mandes celebrar para poder ir pronto al
cielo”. Era cierto, antes de morir le había encargado una misa
Por su alma en la Iglesia de los jesuitas y se había olvidado,
pensando que no la necesitaba, porque era muy bueno y estaría ya en
el cielo. Ese mismo día fueron inmediatamente a encargar la misa.
Por supuesto, ya no volvieron a oírse los ruidos y una gran paz y
alegría reinó en aquella casa”.
Por eso, aunque creamos que están ya en el cielo, “por si
acaso” no está demás seguir encomendando a nuestros familiares,
aun después de varios años. Si ellos no necesitan las oraciones,
el Señor se las aplicará a otros que las necesitan. La oración
nunca se pierde. Siempre es eficaz. Y, especialmente, la misa, cuyo
valor es tan grande que abarca a todas las personas de todos los
tiempos y lugares. Cada misa, podemos decir, es una misa cósmica,
pues en ella, en unión con Jesús, que es quien celebra a través
del sacerdote, estamos unidos a todos los ángeles y santos, a las
almas del purgatorio, a los niños del limbo y a todo el Universo.
Todo está unido con nosotros, en Cristo. Sin las barreras del
tiempo (del antes o el después) hasta la eternidad. La misa tiene
un valor infinito, porque es la misa de Jesús y da una gloria
infinita al Padre, aunque su valor práctico y de aplicación
depende de nuestras disposiciones personales y de nuestra capacidad
de recibir, es decir, de nuestro amor. De ahí que, cuando asistimos
a una misa, debemos procurar ir bien preparados, bien confesados,
para comulgar y así será mucho más provechosa para nosotros y
para nuestros familiares difuntos. “Una lagrima por los difuntos
se evapora; una flor sobre su tumba se marchita; una plegaria llega
hasta el corazón de Dios”
LA VIRGEN MARÍA María Simrna habla mucho de la Virgen María y
las almas del purgatorio. Dice que María es la madre de
misericordia y la madre de las almas del purgatorio. Ella va muchas
veces al purgatorio a consolar a las almas, especialmente el día de
Navidad, que es cuando más almas van al cielo, el viernes santo, el
día de la Ascensión, de la Asunción de María y en la fiesta de
“Todos los santos”. Un alma le dijo a María Simma que la Virgen
le había pedido a Jesús el día de su muerte liberar a todas las
almas del purgatorio y Jesús había escuchado su oración y todas
las almas la habían acompañado en su Asunción gloriosa. La Virgen
distribuye las gracias, de acuerdo ala voluntad de Dios. A los
cofrades de la Virgen del Carmen les ha prometido (privilegio
sabatino) sacarlos del purgatorio el sábado siguiente a su muerte.
También tendrá especial misericordia con quienes han sido sus
verdaderos hijos, rezándole frecuentemente el rosario. Cuenta
María Simma que el 16 de diciembre de 1964 tomó dos hojas de papel
para escribir dos cartas en las que quería recomendar el rezo del
rosario. Dice: “Estaba escribiendo primero la dirección en los
sobres, cuando veo a Satanás que estaba a mi derecha, mirándome
con ojos de odio, cogió las dos hojas y las tiró, dejando en ellas
la marca de una quemadura de fuego. Todavía las conservo para
demostrar el poder del rosario contra el demonio “. “Otro día
estaba sentada, comenzando a rezar el rosario, cuando tuve que salir
un momento de la habitación y dejé el rosario sobre la silla. Al
regresar el rosario estaba sobre la mesa, anudado de modo
increíble, y no podía desatarlo. Entonces comprendiendo que había
sido Satanás, le dije: Arregla esto o te saco ahora mismo diez
almas del purgatorio. Y ante mis ojos aquellos nudos se deshicieron
fácilmente, y seguí rezando tranquilamente el rosario. Satanás no
quiere que rece el rosario por las almas”. Y sigue diciendo: “Algunas
almas han rezado conmigo el rosario, que después de la misa, es la
oración más eficaz. Un día de 1950, subí al último coche del
tren. El tren estaba totalmente lleno, pero en ese coche solo había
una señora. Ella sacó su rosario del bolsillo y me dijo, si podía
rezar el rosario con ella. Yo acepté. Entonces, pensé: Si esto se
lo dice a todos los que entren aquí, se va a quedar sola. Cuando
terminamos, me dijo: Demos gracias al Señor. Y desapareció. Así
me encontré sola en un coche del tren en un día en que estaba
totalmente lleno. Yo, en ningún momento, había sospechado que se
tratara de un alma del purgatorio hasta que desapareció “. Amemos
a María y pidamos su intercesión por las almas de todos los
difuntos, incluidos los más olvidados y abandonados. Para quienes
rezan por las almas benditas, Ella tendrá una misericordia especial
también después de su muerte. “Santa María, madre de Dios ruega
por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte Amén”.
PENSAMIENTOS Tú eres ciudadano del infinito, peregrino de la
eternidad. Estás hecho de amor y para amar. No te detengas en tu
camino. Sigue avanzando, buscando siempre lo mejor y lo más bello.
El amor será la luz de tu camino. Y no olvides que un ángel de
Dios te acompaña y te guía. Recuerda siempre que el amor es lo que
te da la vida, porque sin amor estarás muerto en vida. Un pobre
amor deberá ser purificado en el purgatorio. Un vacío total de
amor será tu infierno eterno. Por eso, pregúntate a ti mismo
cuánto amor tienes en tu corazón. No te contentes con cualquier
cosa, aspira siempre a lo más alto y más profundo, aspira siempre
a las alturas de la divinidad y así conseguirás una verdadera
santidad y un corazón lleno de Dios. Vive para la eternidad, camina
hacia el infinito. No te detengas. Camina hacia Dios. La Eucaristía
será para ti el “pan de vida”, el pan para tu vida. Allí, en
el sagrario de cada Iglesia, encontrarás a Jesús, que siempre te
espera, que siempre te ama, que siempre te escucha. María te
llevará hacia El, no la olvides. Y procura estar siempre preparado.
Que el momento de la muerte te encuentre “listo”. Y, en ese
momento supremo, toma tu vida con cariño entre tus manos y
ofrécesela con todo tu amor a tu Padre Dios. Ojalá que te lleve
directamente al cielo, a la plenitud de la vida, del amor y de la
felicidad. Y esto mismo les conceda a todos tus familiares. “Que
las almas de tus familiares difuntos por la misericordia de Dios
descansen en paz. Amén”
SEGUNDA PARTE SOBRE LOS NIÑOS MUERTOS SIN BAUTISMO En esta
segunda parte, deseo presentar, algunas reflexiones sobre este tema.
Todos estamos de acuerdo en que estos niños van al cielo tarde o
temprano. Sin embargo, la mayoría de los católicos cree que van
directamente al cielo y que son como angelitos de Dios y que no
necesitan de nuestras oraciones, ya que no existe el limbo. Es lo
que les pasa a la mayoría de los hermanos separados con los
difuntos, pues creen que van directamente al cielo (o al infierno) y
que, por tanto, no necesitan de nuestras oraciones, porque no existe
para ellos el purgatorio. Nosotros creemos que existe un estado
intermedio entre el cielo y el infierno, al que podemos llamar “limbo
de los niños”, en donde están temporalmente tantos millones de
niños, que mueren sin bautismo y con el solo pecado original.
Muchísimos de ellos, muertos por abortos provocados, son totalmente
desconocidos y nadie los ama ni ora por ellos. Y estos niños
necesitan ser amados para ser felices. ¿No podrías tú adoptarlos
como hijos y hacerlos miembros de tu propia familia? Sobre este tema
he escrito otro libro más documentado, titulado ¿Dónde están los
niños ,muertos sin bautismo?
DOCTRINA ACTUAL La Iglesia habla claramente que estos niños,
muertos sin bautismo y con el solo pecado original, pueden salvarse.
Dice el Catecismo de la Iglesia católica que “Dios ha vinculado
la salvación al sacramento del bautismo, pero su intervención
salvífica no queda reducida a los sacramentos” (Cat 1257). El
bautismo de sangre y el deseo del bautismo “produce los frutos del
bautismo sin ser sacramento” (Cat 1258). Además, todos los
hombres sin excepción están llamados a la salvación. “Dios
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de
la verdad” (1 Tim 2,4). Porque “la vocación última del hombre
es realmente una sola, es decir, la vocación divina. En
consecuencia, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrece a todos
la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se
asocien a este misterio pascual” (Cat 1260) “La gran
misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y
la ternura de Jesús con los niños... nos permiten confiar en que
haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo”
(Cat 1261).
Según esto, si estos niños se van a salvar, la mayoría de los
teólogos niegan la existencia del limbo, pues suponen que se
salvarán inmediatamente después de su muerte. Ciertamente, que hoy
nadie acepta la existencia del limbo como estado definitivo y
eterno, como un estado intermedio para siempre. Pero ¿existe el
limbo como estado temporal? .
La existencia del limbo no ha sido definida dogmáticamente por
la Iglesia. Por eso, se puede opinar libremente, respetando las
opiniones contrarias. Como dice un dicho atribuido a San Agustín:
“En las cosas necesarias debe hacer unidad; en las cosas
dudosas, debe haber libertad y en todo debe haber caridad ”
EXISTENCIA DEL LIMBO Nuestra opinión es que existe el limbo como
estado temporal, que durará, como el purgatorio, hasta el fin del
mundo. En él, no solamente hay niños, sino también adultos que
por diversas causas carecieron del suficiente uso de razón para
hacer actos plenamente humanos y, por tanto, para pecar mortalmente
y murieron sin bautismo con el solo pecado original. Por ejemplo,
muchos enfermos mentales o con graves problemas sicológicos.
Consideramos que muchos niños pueden ir directamente al cielo
después de su muerte sin pasar por el limbo, en virtud de la fe y
oración de sus padres, que desearon su bautismo vivamente, o
quizás los ofrecieron a Dios antes de nacer o fueron bendecidos por
sacerdotes o hubo otras personas que oraron por ellos antes de
fallecer... Hay muchos misterios de Dios que no podemos conocer y no
podemos saber los exactos caminos de salvación que Dios tiene para
estos niños, que pueden ser diversos para cada uno. Sin embargo, es
justo pensar que hay muchos niños que mueren sin bautismo y nadie
se acuerda de ellos ni ora por ellos ni antes ni después de su
muerte. Quizás, en muchos casos, porque han sido abortados
espontáneamente a los pocos días de ser concebidos, cuando son tan
pequeñitos como la cabeza de un alfiler y ni siquiera su propia
madre se ha podido dar cuenta. Esto ocurre también cuando se usan
dispositivos intrauterinos que son abortivos. En muchos casos de
abortos provocados, nadie se acuerda de ellos, sobre todo cuando sus
padres son personas perversas o que han estado metidos en satanismo,
ocultismo... Yen muchos casos de niños de familias paganas o de
quienes por diversas razones creen que el aborto no es pecado o que
el feto no es un ser humano, tampoco rezarán por ellos ni se
acordarán de ellos. Nosotros consideramos que para ser liberados
del pecado original, es necesaria alguna acción positiva de sus
padres o familiares o de otras personas buenas. También se debe
reparar ese pecado cometido, en el caso de los abortos provocados.
Por eso, la Iglesia lo único que nos dice sobre estos niños
muertos sin bautismo y con solo el pecado original es que hay que
“ORAR POR SU SALVACIÓN” (Cat 1283). Lo cual significa que su
salvación no viene necesariamente, como en algunos casos, de
inmediato, sino después de orar por ellos un tiempo, antes de que
vayan al cielo. Durante ese tiempo de espera ¿donde están? En un
“lugar” o estado que llamamos “limbo”. ¿Cuánto tiempo?
Sólo Dios lo sabe y dependerá de cada caso en particular. “En
cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la Iglesia
nos invita a tener confianza en la misericordia de Dios y a orar por
su salvación” (Cat 1283)
NECESIDAD DE REPARACIÓN La misericordia de Dios es infinita,
pero también es infinita su justicia. Por eso, Dios exige
reparación de todos los pecados cometidos. Con frecuencia, pide a
las almas víctimas que sufran por los pecadores para reparar sus
pecados y ayudar a salvarlos. Muchas veces, las desgracias
naturales, pestes, etc., son permitidas por Dios como un medio de
reparar tantos pecados cometidos por pueblos o naciones. Son
misterios de Dios que entran dentro de la solidaridad universal de
todos los hombres. Santa Faustina Kowalska dice en su Diario que “un
día me dijo Jesús iba a mandar un castigo sobre la ciudad más
bella de nuestra patria (Varsovia). El castigo debía ser igual al
que Dios había infligido a Sodoma y Gomorra. 1/ la gran cólera de
Dios y un escalofrío inc sacudió y me traspasó el corazón. Yo
oré en silencio”. Y por sus oraciones Dios la libró del castigo.
Cuando su director espiritual, el P. Sopocko le preguntó por
cuáles pecados Dios iba a castigar, ella respondió que por los
pecados del aborto (Cuaderno 1, N°15). Muchas otras veces, sufría
grandes dolores para reparar estos pecados. Dice: “Hoy (16-9-1937)
he sentido unos dolores tan intensos que he debido acostarme. He
estado retorciéndome con estos dolores durante tres horas. Ningún
remedio me ayudaba y todo lo vomitaba. Jesús me ha hecho entender
que lo había permitido en reparación de los pecados Cometidos
contra los niños asesinados en el vientre de las malas madres “.
“Jesús me ha hecho conocer cuánto le agrada la o ración
reparadora y me ha dicho: La oración de un alma humilde aplaca la
ira de mi Padre y atrae un mar de bendiciones” (9-8-1934). Dice
San Pablo que “si por el pecado de uno solo llegó la condenación
a todos, por la bondad de uno solo llega a todos la gracia de la
salvación que da la vida” (Rom 5,18). Es interesante anotar aquí
el poder de intercesión y de reparación de los buenos para poder
salvar a otros de los efectos negativos y de los castigos que
podrían venirles por sus pecados. Veamos un caso de la Biblia. Dios
le dijo a Abraham que iba a destruir a Sodoma y Gomorra por sus
muchos pecados. Abraham intercede y Dios va cediendo hasta que por
fin le dice que, si hubiera diez justos, en atención a ellos no las
destruiría (Gén 18), pero no había ni siquiera diez justos que
pudieran interceder y Dios destruyó las dos ciudades. Veamos otro
ejemplo. El rey David cometió el pecado de adulterio con Betsabé,
esposa de Urías, y, además, mandó matar a Urías para quedarse
con su mujer. Pero Dios envió al profeta Natán que le dijo: “Por
haber hecho eso, no se apartará de tu casa la espada... Así dice
Yahvé: Yo haré surgir el mal contra ti de tu misma casa... David
dijo a Natán: He pecado contra Yahvé. Y Natán dijo a David:
Yahvé te ha perdonado tu pecado. No morirás, pero por haber hecho
con esto que menospreciaran a Yahvé sus enemigos, el hijo que te ha
nacido (del adulterio) morirá” (2 Sam 12). En este caso, el
niño, sin tener culpa alguna, sufre las consecuencias del pecado de
sus padres y, de alguna manera, repara su pecado. Pues bien, todos
estamos unidos como hermanos, miembros de la misma humanidad, sobre
todo, los miembros de la propia familia. Y debemos ayudarnos unos a
otros. Los sufrimientos ofrecidos tienen un gran valor terapéutico
y de sanación de los efectos negativos producidos por los pecados,
al igual que las indulgencias pueden sanar estos efectos en uno
mismo o en las almas del purgatorio. San Pablo nos dice: “Yo me
alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que
falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”
(Col 1,24). La Madre Teresa de Calcuta hablaba con frecuencia “del
grito de dolor de millones de niños abortados que está llegando
continuamente al Corazón de Dios”. Y añadía que “el aborto es
el gran destructor de la paz en el mundo “. Por eso, oraba por la
paz y por estos niños. En el tercer secreto de Fátima, los
ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los
mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La
sangre de Cristo y la sangre de los mártires están consideradas
juntas. El martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la
pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella. Ellos
completan, a favor de la Iglesia, lo que aún falta a sus
sufrimientos. Pero pensemos que mártires no solamente son los que
mueren por Cristo, sino también las almas víctimas y todos
aquellos que deben sufrir injustamente la violencia y quienes
ofrecen generosamente su dolor por la salvación de los demás.
Todos ellos reparan, de alguna manera, los pecados cometidos por los
pecadores. Ahora bien, en el caso de los niños muertos sin
bautismo, ¿qué culpa tienen ellos? Ninguna, pero, sí sus padres,
en el caso de abortos provocados. En el caso de personas que han
estado metidas en satanismo o brujería, espiritismo u ocultismo,
muchos de sus familiares tendrán influencias negativas, sobre todo,
si han sido consagrados a Satanás, aun sin culpa personal. Es claro
que los pecados de los padres influyen negativamente en los hijos,
no sólo con el mal ejemplo que les han dado, sino también por sus
efectos reales, por ejemplo, en enfermedades heredadas o en pobreza
adquirida por lapidación de bienes, etc. Hay muchas cosas
incomprensibles en los planes de Dios ¿Por qué muere una madre
joven que tiene varios hijos a su cuidado? Quizás Dios sabe que
desde el cielo podrá velar mejor por sus hijos que si estuviera en
la tierra. Sabemos poco del más allá. De todos modos, confiemos en
la bondad de Dios, que, a veces, permite cosas dolorosas para
conseguir nuestra salvación o la de los demás. Volviendo al tema
de los niños abortados, quizás no podrán liberarse del pecado
original e ir al cielo hasta que sus propios padres puedan reparar
su pecado aquí en la tierra o en el purgatorio. Si ellos no lo
hacen, porque son malos o van al infierno, otros tendrán que
reparar este pecado. Pero debemos saber que estos niños necesitan
de alguien que les ayude a liberarse del pecado original y pasar del
estado de felicidad natural al estado de felicidad sobrenatural. De
todos modos, este proceso o descubrimiento del cielo, el paso de lo
natural a lo sobrenatural, de criaturas a hijos de Dios, necesita
tiempo, sobre todo, si es necesaria una reparación por el pecado
cometido contra ellos. Precisamente, por esto, decimos que existe el
limbo, que existe un tiempo de espera después de su muerte y que la
mayoría de ellos no van directamente al cielo. “Toda falta
cometida contra la justicia y la verdad extraña el deber de
reparación, aunque su autor haya sido perdonado” (Cat 2487)
¿CÓMO ES EL LIMBO? El limbo es un cielo “natural”. Es un
estado de felicidad puramente natural. Pero, podemos preguntarnos
¿en qué consiste esta “felicidad natural”? Nadie puede saberlo
con exactitud. Es un estado de vida sin sufrimientos, pero con un
gran vacío existencial. Estos niños no son hijos de Dios, no son
templos de Dios y les falta el amor de Dios en su corazón. Son
felices relativamente en cuanto que no sufren y quizás crean que no
hay otra cosa mejor. Probablemente, conocen algo de la vida de los
hombres de la tierra y quieran comunicarse con su familia para
sentir su amor... Pero, en el fondo, “sienten” que les falta
algo. San Agustín, el gran doctor de la Iglesia, tiene la teoría
de la iluminación. En varias obras (Soliloquios 11,3; De la vida
feliz 4,35 etc.) habla de Dios como de un sol divino que ilumina
nuestras almas desde el primer instante de su creación. Su luz, que
es verdad, sabiduría, vida, bondad, hermosura, felicidad.., dejó
su marca o huella en nuestra alma. Por eso, insiste mucho en que
somos imagen de Dios e, incluso, habla de la “memoria Dei”, del
recuerdo de Dios; como si hubiera en lo más íntimo de nosotros un
recuerdo inconsciente de esa luz y de esa felicidad, que sentimos en
el mismo instante de la creación de nuestra alma, y que queremos
disfrutar de nuevo. Por esto, nuestra alma tiende naturalmente hacia
Dios, hacia el bien, hacia la felicidad. No hay nadie que no quiera
ser feliz. Sin embargo, cuando el alma está manchada por el pecado,
se oscurece esta luz divina y busca la felicidad y el bien en las
cosas materiales, en el placer o en el dinero, alejándose de Dios.
Ahora bien, en el tema que nos ocupa, de los niños muertos sin
bautismo, ellos, que no tienen culpa personal, tienen también esa
tendencia innata y natural hacia el bien, hacia Dios, hacia la
felicidad. No sufren, pero “sienten” en lo más íntimo de su
ser que hay algo más y buscan sin claridad ese algo más que no
saben dónde está. Para ellos, el pecado original puede ser como
una barrera o como una especie de ceguera para “ver” a Dios o el
camino para llegar a El. ¿Cuánto tiempo necesitarán para llegar a
la plenitud de Dios? Depende. Quizás unos la encuentren
inmediatamente, al morir, como si la fe y la oración de sus padres
les hubieran dado un “bautismo de amor”, les hubieran iluminado
el camino y, en un instante, hubieran podido llegar a la plenitud
del amor de Dios. Otros necesitarán más tiempo hasta que su pecado
sea reparado y reciban el “bautismo de amor” de sus padres o de
otras personas buenas en virtud de la fe de la Iglesia y del dogma
de la comunión de los santos. Los que más tiempo necesitarán
serán aquellos cuyos padres fueron malos, los concibieron en
pecado, o los abortaron o, peor aún, silos ofrecieron a Satanás.
De todos modos, su liberación llegará un día por la fe y amor de
personas buenas, ya que la solidaridad universal y la comunión de
los santos les llegará también a ellos. Porque “todos formamos
un solo cuerpo y el bien de los unos se comunica a los otros” (Cat
947). “El menor de nuestros actos, hecho con caridad, repercute en
beneficio de todos los hombres, vivos o muertos” (Cat 953). Y “todo
lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien
en común con los demás” (Cat 952). Estos niños, al igual que
tantos otros millones de hombres que nunca creyeron en Cristo,
también han sido redimidos por Cristo y tienen por Madre a María,
aunque no lo sepan. Ellos, como diría, el teólogo Karl Rahner, son
cristianos anónimos y “se puede suponer que semejantes personas
habrían deseado explícitamente el bautismo, si hubiesen conocido
su necesidad” (Cat 1260). De ahí que “la misericordia de Dios y
la ternura de Jesús con los niños nos permiten confiar en que haya
un camino de salvación para ellos” (Cat 1261). ¿Cuál es este
camino? Si el bautismo es necesario para la salvación, ¿qué clase
de bautismo reciben? ¿Podemos hablar de este “bautismo de amor”
en virtud de la fe de la Iglesia y de la comunión de los santos? Es
decir ¿en virtud de la fe, oración y amor de otras personas
buenas? Lo importante es saber que necesitan nuestra ayuda para
llegar a la plena felicidad del paraíso, porque la diferencia entre
el limbo y el cielo es abismal. Ellos deben salir de ese estado
natural en que se encuentran para vivir en un estado sobrenatural al
que han sido llamados desde toda la eternidad Y cuyo anhelo se
encuentra en lo más profundo de su ser. Nosotros podemos ayudarlos
a encontrar su camino, podemos abrirles las puertas del cielo,
podemos descubrirles con nuestra oración y nuestro amor la
maravilla del cielo y de ser hijos de Dios en plenitud. Podemos
bautizarlos con nuestro amor, con este “bautismo de amor” que
será para ellos como la llave que les abra las puertas del cielo,
donde encontrarán a millones de hermanos que los esperan para ser
felices con ellos por toda la eternidad. “Los niños son
bautizados en la fe de la iglesia” (Cat 1282)
HISTORIA DE DOS MELLIZOS Veamos la historia de dos mellizos,
contada por Henri Nowen, que nos puede ayudar a comprender lo que
sienten los niños en el limbo: “Había dos mellizos que vivían
en el útero materno. La hermanita le decía a su hermanito: Creo
que hay una vida después del nacimiento. El hermano respondía: No,
todo está aquí y lo único que tenemos que hacer es quedar pegados
al cordón que nos alimenta. La hermanita insistía: Debe haber algo
más que este lugar oscuro. Un lugar de luz, donde tengamos la
libertad de movernos. Pero no lograba convencer a su hermano.
Después de un instante de silencio, ella añadió: Tengo algo más
que decirte y temo que tampoco lo vas a creer, pero pienso que hay
una mamá. El hermano se enojó: ¿Una mamá? ¿De qué estás
hablando? Nunca he visto una mamá y tú tampoco. ¿Quién te ha
puesto esta idea en tu cabeza? Ya te lo dije: Esto es todo lo que
tenemos ¿Por qué sueñas siempre con algo más? Aquí tenemos todo
lo que necesitamos para vivir. Contentémonos y quedémonos
tranquilos. La hermanita se quedó callada por un tiempo y no se
atrevió a decirle nada más. Pero no lograba liberarse de sus
pensamientos y, puesto que sólo podía hablar con su mellizo, al
fin dijo: ¿No sientes de vez en cuando, unos estremecimientos? Se
contestó él, ¿ Y qué tiene que ver eso? Pienso, dijo la hermana,
que estos movimientos nos están preparando para salir e ir a otro
lugar mucho más hermoso que éste. Un lugar donde veremos a nuestra
mamá cara a cara. ¿No te parece maravilloso? Pero el hermano no
contestó. Estaba cansado de las ideas de su hermana y pensaba que
lo mejor era simplemente ignorarla y seguir viviendo en paz “.
Este diálogo podrían tenerlo dos niños del limbo; porque, en ese
estado, tienen todo lo suficiente para vivir y muchos de ellos no
pueden imaginar otra cosa mejor. Sin embargo, así como el
nacimiento natural supone el descubrimiento de un nuevo mundo para
el niño que nace, así el nacimiento a la vida sobrenatural por la
fe y oración de sus padres o de otras personas buenas, será el
descubrimiento de un mundo nuevo, donde el Papá Dios los está
esperando para llenarlos de besos, de cariño y de amor por toda la
eternidad.
HISTORIA DE UN NIÑO ABORTADO Érase una vez un niño que fue
engendrado en el vientre de su madre y cuya alma fue creada por Dios
con infinito amor. Venía contento y feliz a este mundo, pero muy
pronto sufrió en carne propia lo que es el desamor y la tortura
hasta morir. Su padre nunca supo de su existencia, porque fue fruto
de un momento de placer y no amaba en absoluto a su madre. Su madre,
al darse cuenta de su presencia, lo rechazó con ira y lo consideró
como un enemigo a quien había que darle muerte, y así lo hizo. Fue
a un médico abortista y éste sometió al niño a una terrible
tortura, lo partió en pedazos y después lo hizo desaparecer. Su
madre nunca más pensó en él. Ninguno de sus familiares supo
jamás de su existencia. Nadie le demostró el más mínimo cariño
ni siquiera con una oración. Además, sus padres eran ateos. Vivió
y murió sin ser amado. Triste realidad de millones de niños
abortados, a quienes nadie ha tenido un poco de amor o de
compasión. Seres anónimos, N.N., sin nombre ni apellidos, que no
están registrados en ningún sitio. Por eso, podemos pensar que en
el más allá no podrán ser felices hasta que no encuentren amor.
Con tan terrible decepción sufrida en esta vida, quizás han
cerrado su corazón para no ser de nuevo maltratados. Quizás están
bloqueados por su mala experiencia vivida y su corazón está sin
amor. Además, llevan la carga del pecado original, que les impide
sentir el amor de Dios en plenitud. Pues bien, ese estado de
tristeza, de no sentirse amados, de no poder amar en plenitud, de
estar cerrados en sí mismos... lo llamamos limbo. Y debe haber
millones de niños en él. Ellos tienen ansia de amor y buscan amor.
Pero ¿hasta cuándo estarán así en ese estado de limbo? Hasta que
alguien les haga sentir su amor y experimenten por sí mismos que
existe el amor, que Dios los ama y tienen muchos hermanos que
también los aman. Entonces, se abrirán sus corazones al amor y
serán liberados. Según la organización Childwatch de Inglaterra,
cada año son sacrificados cuatro mil niños en el mundo en
reuniones satánicas, donde hasta beben su sangre y comen su carne
(canibalismo). Muchos de estos niños son comprados a sus padres,
muy pobres, con la falsa promesa de darles toda clase de facilidades
para un futuro mejor. Pero peor aún es, cuando los propios padres
consagran a sus hijos a Satanás desde antes de nacer y los ofrecen
después en alguna reunión satánica para ser sacrificados. El
abate Florent Milumba Bwasa, vicario general de la diócesis de
Libreville, ha publicado testimonios de que algunos padres de
familia, en Gabón, para conseguir poder, ofrecen y sacrifican a sus
propios hijos a Satán (Véase la revista “La Lumiere” N°23 del
4 de noviembre de 1992). Pensemos ahora en uno de estos casos.
Pongamos al niño el nombre de Sebastián (seudónimo). Antes de su
nacimiento sus padres ya practicaban la brujería y estaban metidos
en grupos satánicos, donde adoraban al diablo en vez de adorar a
Dios. Desde que sus padres tienen conocimiento de que viene otro
hijo, lo rechazan, porque ya tienen varios. Además su padre es
polígamo y no tiene dinero para más hijos. Entonces, piensa en
conseguir más poder y ser un brujo más poderoso y respetado. Y
consagra a Sebastián a Satán desde el vientre de su madre. Una vez
nacido, a las pocas semanas, en una reunión satánica, lo sacrifica
con sus propias manos como una ofrenda a Satanás. ¿Qué podemos
pensar de Sebastián? Él no es culpable de nada, como tampoco
nosotros somos culpables del pecado de Adán y Eva, pero sufrimos
las consecuencias de su “pecado”. Sebastián ha sido consagrado
al diablo desde los primeros días de su existencia por sus propios
padres y muere sacrificado por su padre en un ritual satánico.
¿Podría su alma, limitada por el pecado original, estar abierta al
amor de Dios hasta que no se repare y se subsane su consagración
satánica? ¿Acaso no vemos cuántos de estos niños, que han sido
víctimas inocentes de abusos en estas reuniones, llevan traumas
sicológicos y espirituales muy graves, quizás para toda su vida,
si antes no hay una liberación con ayuda sicológica y espiritual
profunda? He ahí por qué decimos constantemente que hay muchos
más niños de los que suponemos en ese estado de “felicidad
natural”, que llamamos limbo y donde necesitan de nuestra ayuda
para superar todos los obstáculos que les han impedido abrirse al
amor y así disfrutar de la plenitud de la felicidad en el cielo.
Dios necesita de nuestra oración. Dios nos necesita para liberarlos
y llevarlos al cielo. Dios cuenta con nosotros. La justicia de Dios
exige que las faltas de amor de unos las suplan los otros. Y
nosotros estamos llamados a suplir el amor que sus padres no les
quisieron dar ¿Estás dispuesto? Dios te bendecirá y ellos te lo
agradecerán. Ora por ellos. HISTORIA DE UN NIÑO MUY AMADO
Veamos una historia totalmente diferente. Érase una vez un niño
que era deseado por sus padres con todo su amor. Cuando la mamá
sintió que vivía ya en su vientre, lloró de alegría y se fue a
la Iglesia a darle gracias a Dios por aquel regalo tan bello y tan
esperado. Todos los días le hablaba a su niño y le contaba
historias felices y soñaba con él. Se imaginaba cómo sería
cuando fuera grande y sus ojos se enternecían, porque lo amaba con
todo su corazón. También el papá se sentía feliz y juntos todos
los días oraban por él y le pedían a Dios por él. Desde el
primer momento, lo consagraron y lo ofrecieron a Dios para que
fuera, sobre todo, un verdadero hijo de Dios. Todas las noches los
papás colocaban sus manos sobre él y le hacían sentir su cariño
y la alegría que sentían por su llegada. La mamá acudía todos
los días a misa y, al comulgar, sentía que su hijo también
comulgaba. Se emocionaba, pensando que el cuerpo y la sangre de
Jesús iba a pasar, a través de su sangre, también al niño y que
así Jesús lo bendecía personalmente en la comunión. ¡Qué
felices eran sus padres! ¡Con qué ilusión lo esperaban! Diríamos
que era un niño mimado, porque tenía todo el cariño de sus padres
y su corazón estaba lleno de amor. Pero un día, triste y lluvioso,
la mamá se sintió mal. La llevaron de emergencia al hospital y el
niño nació... muerto. Los papás estaban desolados, pero en medio
de su dolor, tomaron aquel cuerpecito sin vida y lo ofrecieron a
Dios diciendo: “Señor, que no se haga nuestra voluntad, sino la
tuya; recibe a nuestro hijo en tu reino “. Y aquel niño, que ya
gozaba de la gloria y de la felicidad plena de Dios, les sonreía
desde el cielo y bendecía a sus padres, para quienes sería a
partir de ese momento un angelito de Dios. Para este niño, nacido
muerto y sin bautismo, la oración y el amor de sus padres, su
consagración a Dios, la comunión de cada día e incluso su
ofrecimiento después de muerto, fue un auténtico “bautismo de
amor” y, por eso, creemos que fue desde el primer momento al
cielo. Porque ¿qué es el bautismo, sino una inmersión en el amor
de Dios que borra todos los obstáculos del pecado original para
amar y ser amado? Y ¿qué hicieron sus padres, sino sumergirlo en
el amor de Dios a través de su propio amor? El “bautismo de amor”
de los padres creemos que es un auténtico bautismo de deseo. Pero
¡a cuántos niños les falta este amor de sus padres y mueren sin
haber sido amados y sin saber amar! ¡Cuántos niños mueren sin
bautismo! ¡Cuántos niños van al limbo!
NIÑOS SIN AMOR Carlo Carretto en su libro “Un camino sin fin”
escribe: “He viajado mucho durante mi vida. Lo que voy a contar
podría haber sucedido en Nueva York, en Tokio o en Río de Janeiro.
No me preguntes los detalles. No soy policía. Sé que me encontraba
en las proximidades de un hospital. Había salido de una iglesia, en
la que había pasado la noche con unos amigos, adorando a Jesús
Eucaristía. Hacía bastante frío y la aurora comenzaba a despuntar
Vila masa gris de un gran contenedor galvanizado y cerrado con dos
escotillones redondos... Un amigo enfermero me dijo: Ven. Te voy a
enseñar lo que sucede en nuestros días. Es triste, tristísimo,
pero es así. Se acercó al contenedor, abrió la lapa como si fuera
técnico en la materia, sacó la linterna del bolsillo y con el
bastón que llevo siempre, comenzó a revolver el contenido del
contenedor Mira, me dijo. Tenía interés en que lo vieras. Son los
abortos realizados hoy en el hospital. Miré y, a la pálida luz de
la linterna, descubrí entre vendas sanguinolentas y sucias, un
trozo de carne rosácea en la posición característica de los fetos
humanos. Las palabras se negaban a salir de mi boca. No tenía ganas
de decir nada. Era como si el inverosímil horror del mal con cara
de normalidad banal se hubiera derrumbado sobre mí... Abrí la
Biblia y leí: Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no
se te cortó el cordón, no se te lavó con agua para limpiarte, no
se te frotó con sal ni se te envolvió en pañales. Nadie se
apiadó de ti para brindarte alguno de esos menesteres por
compasión a ti, sino que, como un ser despreciable, fuiste expuesta
en pleno campo el día de tu nacimiento. Yo pasé junto a ti y te vi
agitándote en tu sangre, y te dije, cuando estabas en tu sangre:
¡Vive! Y te hice crecer como la hierba de los campos (Ez 16,4-7).
En aquel instante, vi con claridad que sobre mi rodilla había un
angelito, y aquel angelito era precisamente el que yo había visto
en el contenedor del hospital. Y nos pusimos a conversar como viejos
amigos... Me dijo: Por las noticias que tengo, mi padre es un pobre
hombre, un irresponsable. Puede servirle como atenuante todo lo que
ve cada día en la televisión. ¿Mi madre? Siento una ternura
profunda por mi madre... No estoy solo ¿sabes? Si supieras lo
numerosos que somos. Ni siquiera cabemos en la catedral... Ahora voy
a la catedral. Debo recitar las preces matinales con todos aquellos
que han sido asesinados como yo en estas noches. Dime una cosa:
¿Qué nombre tienes, cómo te llamas? De momento, me llamo Nonato
(no nacido). Es un nombre genérico. Lo llevo hasta que mi madre me
dé un nombre, tan pronto como tome conciencia de mí. Cierto que me
recordará... La catedral era un hervidero de vida y de luz... Tomó
la palabra uno de aquellos abortos clandestinos, ocasionado por un
alfilerazo dado por una “bruja“. Y dijo: Nosotros somos
víctimas de egoísmos infinitos, pero no podemos acusar a nadie. No
estamos aquí para eso. Yo no me atrevo a acusar a mi madre, que era
tan pobre. La quiero y, pensando en ella, me siento en paz. Nos
hemos reunido aquí en esta catedral para orar y, sobretodo, para
amar a quienes nos han hecho daño... La asamblea terminó sus
trabajos con un canto muy armonioso que parecía el eco del
juramento de Siquén: “Serviremos sólo al Señor, nuestro Dios, y
seremos testigos de la vida y obedeceremos su voz” (Jos 24,24). Y
aquellos pequeñines cansados se durmieron en paz”. Aunque veamos
aquí mucho de la fantasía del autor para hacernos entender la
malicia del aborto, sin embargo, debemos pensar en esos niños que
nos esperan en el más allá y que siguen viviendo. Así como ellos
nos aman, también esperan nuestro reconocimiento y nuestro amor.
Empecemos por ponerles un nombre y orar por ellos. Recordemos que S.
Ramón Nonato (1204-1240) es el patrón de los niños no nacidos,
porque a él lo sacaron del vientre de su madre, después de muerta.
Y no olvidemos que ellos nos esperan con los brazos abiertos, porque
están sedientos de nuestro amor.
IMPORTANCIA DEL BAUTISMO Por lo expuesto anteriormente, podemos
entender la importancia de bautizar a los niños cuanto antes, para
evitarles el limbo a muchos de ellos. De otro modo, “los padres
privarían al niño d la gracia inestimable de ser hijo de Dios”
(Cat 1250). El bautismo es la puerta de entrada a la vida espiritual
y nos hace hijos de Dios, cristianos y miembros de la Iglesia (Cat
1213). Es decir, nos transforma de criaturas de Dios en hijos de
Dios y nos eleva del orden natural al orden sobrenatural. Por el
bautismo se nos perdonan todos los pecados, incluido el pecado
original. El bautismo nos hace “una nueva criatura, un hijo
adoptivo de Dios, partícipes de la naturaleza divina, miembros de
Cristo, coherederos con El y templos del Espíritu Santo” (Cat
1265). Sin él estaríamos estancados en una vida natural, sin
Posibilidades de crecer espiritualmente. El alma del niño, Sin
bautismo y con el pecado original, es como un desierto en el que no
pueden crecer las virtudes ni puede haber frutos de santidad. El
bautismo hace un “milagro” de ingeniería genética al borrar
los efectos del pecado original y hacernos, en vez de criaturas,
hijos de Dios.
Por todo ello, San Gregorio Nacianceno decía que “el bautismo
es el don más bello y magnífico de los dones de Dios” (Or
40,3-4). Él nos abre la puerta del cielo y llena nuestro corazón
de la alegría y de la felicidad de amar a nuestro Padre Dios. El
bautismo nos deja la marca (carácter llaman los teólogos) de ser
hijos de Dios. La beata Ana Catalina Emmerick dice que una vez, en
una de sus visiones, se le presentaron unos niños ya fallecidos, a
quienes había conocido de niña y que le dijeron: “Los hombres
invocan muy pocas veces a los niños que mueren después del
bautismo sin perder la gracia bautismal, los cuales tienen mucho
poder ante la presencia de Dios... Se debe orar especialmente para
que ningún niño muera sin bautismo” (12-1-1820). En otra
oportunidad, dice: “Vi a San Luis, rey de Francia (1215-1270), que
en todas sus expediciones llevaba consigo al Santísimo Sacramento y
que, cuando se detenía en algún lugar, mandaba celebrar la misa.
Vi también sus cruzadas y que una vez se suscitó una gran
tempestad en el mar Entonces, el piadoso rey tomó un niño que
había nacido y recibido el bautismo en el barco y subiendo a
cubierta, lo levantó y pidió a Dios que por aquel niño inocente
los perdonase a todos. Hizo la señal de la cruz con el niño y la
tempestad cesó en aquel mismo momento” (25-8-1820). En la primera
semana de julio de 1821, Ana Catalina rogó por una señora de
Dülmen que se encontraba en un parto difícil. Ella pidió mucho
para que el niño pudiese ser bautizado. La nodriza lo bautizó y el
niño murió al día siguiente. La madre vivió hasta el día 13 de
julio, pero el niño muerto se apareció a Ana Catalina el día 8 y
todo alegre y luminoso le dio las gracias por el bautismo y le dijo:
“Sin tu ayuda hubiera tenido que estar ahora con los paganos”.
¡Qué diferencia tan enorme existe ante Dios entre un niño
bautizado y otro sin bautizar! Santa Faustina Kowalska relata en su
Diario que, estando enferma en el hospital, había una mujer judía
que estaba moribunda. Ella le pidió a Jesús que le concediera la
gracia del bautismo. Unos momentos antes de morir, la religiosa que
la atendía pudo estar sola con la mujer sin la presencia de sus
familiares y la bautizó. Dice: “De repente, vi su alma de una
belleza extraordinaria que entraba en el paraíso. ¡Oh, qué bella
es un alma en la gracia de Dios!” (2- 2-1937). Esta mujer tenía
el bautismo de deseo y tenía la gracia de Dios; pero, al ser
bautizada, su alma quedó totalmente limpia, pues el bautismo borra
todos los pecados cometidos y su alma quedó bella y pura como un
ángel a los ojos de Dios. Agradezcamos a Dios el don de nuestro
bautismo, recordemos ese día con agradecimiento y vivamos nuestro
bautismo, siendo verdaderos cristianos e hijos de Dios. Ahora bien,
para estos niños muertos sin bautismo ¿podrá haber algún medio
de liberación? ¿Podemos ayudarlos? ¿Cómo? Los niños bautizados
Son la alegría del Corazón de Dios, Porque son sus hijos
predilectos.
CAMINOS DE LIBERACIÓN Ya hemos hablado anteriormente del “bautismo
de amor”, veamos ahora algunos medios concretos para realizarlo o
caminos de liberación. En primer lugar, como ya decía el teólogo
Cayetano en el siglo XVI, está el deseo del bautismo de sus padres,
la bendición del niño y el ofrecimiento del niño a Dios, aun
antes de nacer, que pude ser ya un bautismo de deseo. Esto mismo
dice Rahner y otros muchos teólogos actuales. Por otra parte, la
Iglesia quiere que oremos por ellos, “por su salvación” (Cat
1283). En mi opinión, el valor de la misa es tan grande que con una
misa encargada por la familia, a la que asistan y comulguen, es
suficiente. Ahora bien, ¿podría valer el hacer el bautismo
espiritualmente sobre uno de los familiares, que lo represente? San
Pablo nos habla de esta práctica antigua de bautizarse en favor de
los muertos. Aquellos primeros cristianos estaban preocupados por la
salvación de sus familiares difuntos, que no habían sido
cristianos y no habían sido bautizados. Entonces, se bautizaban en
lugar de ellos, esperando que por la misericordia de Dios no se
condenaran y les sirviera para alcanzar la resurrección y la vida
eterna en Jesucristo. Y San Pablo no reprueba esta práctica. Dice:
“,Por qué bautizarse por los muertos? Si los muertos no
resucitan, ¿para qué sirve bautizarse por ellos?” (1 Co 15,29).
Actualmente, se considera que no es necesario este bautismo por los
adultos difuntos; ya que ellos mismos, con su comportamiento bueno,
siguiendo su conciencia, son bautizados en “deseo” con el
bautismo de deseo. Dice el Catecismo que “todo hombre que,
ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y
hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se
puede suponer que semejantes personas habrían deseado
explícitamente el bautismo, si hubiesen conocido su necesidad”
(Cat 1260). ¿Servirá esto para los niños? También podría
servirles la oración y bendición del sacerdote. Dice el Evangelio
que Jesús abrazaba a los niños, los bendecía y les imponía las
manos (Mc 10,16). ¿No habría servido esta bendición de Jesús
para aquellos niños, aun en el caso de que alguno hubiera muerto
antes del uso de razón sin estar bautizado? ¿y no podría servir
también la bendición sacerdotal antes o después de morir para
conseguir su salvación? Además de todo lo antedicho, podrían
servir otras acciones buenas de la familia como adoptar otro niño
en lugar del abortado o nacido muerto, dar limosna para niños
pobres, ayudar y educar a niños necesitados, visitar enfermos o
hacer obras de caridad y ofrecer sus sufrimientos con la intención
de salvarlos. Y así otras muchas cosas que Dios puede aceptar por
su gran misericordia, como “bautismo de amor” en favor de estos
niños. Para confirmar lo anterior veamos dos casos concretos.
María Simma dice así: “Conocí una enfermera, que trabajaba en
un hospital de Viena, que no dejaba de bautizar a los niños
abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir exclamó: Oh,
he aquí todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños! Y aquellos
niños, a quienes había bautizado después de muertos, la
acompañaron al paraíso, donde ya vivían”. Veamos otro caso
ocurrido en 1945. Un sacerdote fue llamado a asistir en diciembre de
ese año a una mujer moribunda. Ella se confesó y le entregó una
carta con doce folios para que la hiciera pública para conocimiento
de todas las madres de familia. En ella decía que se había casado
en 1914 con un hombre bueno y había tenido una hija, pero no había
querido tener más hijos y había abortado siete veces. Una noche,
oyó una voz que le decía: “Mamá, mamá”. Esto ocurrió varias
veces, hasta que una noche le dijeron: “Somos nosotros, mamá, los
hijos que tú abortaste y no quisiste tener”. Y ella vio siete
lucecitas en torno a ella. Se confesó y quiso reparar su pecado,
adoptando siete niños paganos, a quienes hizo bautizar y educar en
un Instituto misionero. Los niños ya no volvieron a molestarla,
pues ya se sintieron acogidos por su madre como parte de la familia.
¡Qué importante es quererlos y aceptarlos como parte de la
familia, aun después de muertos! Pero, como en muchos casos, ni
siquiera los padres saben de algunos abortos que han podido tener,
no está demás mandar celebrar una misa alguna vez por los niños
difuntos de la familia. Si no existen, les servirá a otros. La
oración nunca se pierde. Santa Faustina Kowalska dice en su Diario
que un día acompañó a una señora a bautizar un niño pequeñito
que había sido abandonado en la puerta del convento y, durante el
camino: “En cuanto tuve al niño en mis brazos lo ofrecí a Dios
con una fervorosa plegaria y sentí en mi interior que el Señor
miró en ese momento de una manera especial esa pequeña alma”
(27-12-1936). Ese ofrecimiento del niño antes de ser bautizado
¿podría ser ya un “bautismo de amor”, válido para él si no
recibiera el sacramento? Por eso, es tan hermoso y recomendable,
como hacen algunas familias, ofrecer a sus hijos, al nacer, a Dios
ante una imagen de María. Otra cosa importante, a mi parecer, es
acudir a la misericordia de Dios en el día de la fiesta de la
Misericordia, que se celebra el segundo domingo de Pascua. Dice
Jesús a Santa Faustina: “Deseo que la fiesta de la misericordia
sea la salvación y refugio de todas las almas, especialmente de los
pobres pecadores... Durante los nueve días de la novena deseo que
tú traigas a mi Corazón un grupo distinto de almas... Y yo a todas
las introduciré en la casa de mi Padre “. Y no olvidemos que,
todos los días las tres de la tarde es la hora de la misericordia.
Dice Jesús que “en esa hora nada le será negado al alma que me
lo pida por los méritos de mi Pasión “. Pidamos a Jesús que,
por su infinita misericordia y los méritos de su Pasión, estos
niños muertos sin bautismo reciban el bautismo de amor con su
sangre bendita y el amor de su familia. Amén. ”Dios ha vinculado
la salvación al sacramento del bautismo, pero su intervención
salvífica no queda reducida a los sacramentos”
ORACIÓN POR LOS “NIÑOS NO BAUTIZADOS” Algunos líderes del
Movimiento Carismático Católico Promueven la oración por los “niños
no bautizados”,que mueren por abortos espontáneos, provocados o
que han nacido sin vida. Entre estos líderes están, especialmente,
Sheila Fabricant y los Padres Dennis y Matthew Linn, jesuitas. Esta
oración ayudará mucho a los padres para la sanación interior de
los efectos negativos que el trauma del aborto provocado ha
producido en su corazón. Primero, se propone leer el Evangelio de
Marcos 10,13-16 (Dejad que los niños vengan a Mí) y meditar lo que
dice Jesús. Después pensar en el niño perdido y analizar lo que
sentimos (amor, tristeza, dolor, culpa, etc.). A continuación,
podemos imaginamos estar con Jesús y María, que tienen al niño en
sus brazos y nos lo ofrecen. Lo recibimos y le damos todo el cariño
posible, diciéndole que lo amamos y que nos perdone, en caso de
haber sido abortado. Escuchemos lo que el niño quisiera decimos.
Perdonemos a las personas que hayan lastimado al niño o hayan sido
culpables de su muerte (médicos, enfermeras, familiares). Entonces,
se le puede bautizar espiritualmente, aunque sea simbólicamente,
sin agua, diciendo: “Yo te bautizo N.N. (ponerle nombre) en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Se le hace el
signo de la cruz en la frente y se le puede dar muchos besos de
cariño para recibirlo como miembro de la familia. Después los
padres entregan al niño a Jesús y a María, sabiendo que está en
buenas manos para siempre y que con ellos estará feliz en el cielo.
Los hermanos Linn aconsejan también que los católicos manden
celebrar una misa por el niño y que asistan a ella sus padres y
hermanos. Nosotros sugerimos una breve oración para esta
circunstancia: “Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos
regalado este hijo, que estará contigo para siempre. Perdónanos
los errores que hemos cometido. Te lo entregamos en tus brazos
divinos por medio de María. Jesús, divino Salvador gracias por
haberlo salvado y habemos sanado y liberado de nuestra angustia y
sentimiento de culpabilidad. Gracias, Espíritu Santo, ven sobre
todos nosotros y haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu
amor, en el tiempo y para la eternidad”. Amén.
¿QUÉ DICEN LOS SANTOS? Veamos lo que dicen los santos sobre la
existencia del limbo temporal y la necesidad de orar y expiar en
favor de estos niños muertos sin bautismo. La Beata Isabel dela
Santísima Trinidad (1880-1906) habla frecuentemente de que por el
bautismo somos templos de la Santísima Trinidad y tenemos el cielo
de Dios en nosotros. Le dice a su hermana: “Vive con los Tres en
el cielo de tu alma”(Carta 250). “Llevamos el cielo dentro de
nosotros” (Carta 138 y 111). “El cielo, la casa de nuestro
Padre, está en el centro de nuestra alma” (Carta 219). Por eso,
“he hallado mi cielo en la tierra, porque el cielo es Dios y Dios
mora en mi alma” (Carta 110). Según esto, podemos preguntamos,
los niños muertos sin bautismo, que no tienen el cielo de Dios en
su alma, ¿lo conseguirán automáticamente por el solo hecho de
morir? ¿No necesitarán de algo o de alguien que les ayude a
conseguir este cielo? y mientras tanto, ¿dónde estarán? Este es
el punto, mientras tanto deberán estar en un estado intermedio sin
pena ni gozo pleno, que podemos llamar “limbo”. Santa Faustina
Kowalska cuenta en su Diario: “He visto cómo salían de una
especie de abismo barroso almas de pequeños niños y otros más
grandecitos como de nueve años. Estas almas eran repugnantes y
horribles, semejantes a los monstruos más espantosos, a cadáveres
en descomposición. Pero esos cadáveres estaban vivos y
atestiguaban en voz alta contra un alma agonizante” (12-5-1935).
Esta alma contra la que atestiguan, según su director espiritual,
era el mariscal José Pilsudski, que había muerto ese día y cuyo
juicio ante Dios fue muy severo, aunque consiguió salvarse, según
conoció la santa. Podemos preguntarnos ¿por qué las almas de esos
niños, que pensamos serán puros e inocentes, son tan repugnantes y
horribles? Porque un alma sin Dios, como lo es el alma de un niño
muerto sin bautismo (es criatura de Dios, pero no templo de Dios ni
hijo de Dios propiamente), está en tinieblas, sin luz y sin
belleza, mientras que el alma de un niño bautizado es más bella
que todas las bellezas humanas. Quizás esos niños sufrieron las
consecuencias de la violencia del mariscal en medio de la guerra. No
sabemos, pero atestiguan contra él como testigos de sus pecados.
Felizmente para él, dice Santa Faustina, que la intercesión de la
Virgen lo salvó. La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), la
mística alemana, de la Orden de San Agustín, en sus escritos “Visiones
y Revelaciones”, cuenta la historia real de una mujer que había
matado al hombre que la había violado y también había matado al
niño que había sido concebido. Dice así: “Al poco tiempo murió
arrepentida también esta mujer, pero deberá pasar en expiación
todos los años que la Providencia divina tenía destinados de vida
a su hijo hasta que el niño, con el transcurrir del tiempo, haya
alcanzado el momento de gozar de la luz eterna, dado que para estos
niños hay crecimiento y desarrollo aún en el otro mundo”
(31-12-1820). Según ella, al igual que en el purgatorio hay un
crecimiento en el amor de Dios hasta conseguir la plenitud de la
capacidad que tiene cada alma, así en el limbo deben estar un
tiempo de crecimiento hasta conseguir la plenitud y llegar a la
felicidad total del paraíso. En este caso, pareciera que la
expiación de la madre en el purgatorio pudiera conseguirle la
salvación. Pero también son importantes nuestras oraciones.
Veamos otro caso real que ella misma nos relata sobre una joven
campesina, que dio a luz a su hijo secretamente por temor a sus
padres. El niño había muerto sin bautismo al poco tiempo. Y dice:
“Yo he sentido verdadera solicitud por ese pobre niño muerto
antes del bautismo y me he ofrecido a Dios para satisfacer y expiar
por él... Ya hace mucho tiempo he tenido revelación sobre el
estado de estos niños que mueren antes del bautismo. No puedo
explicar con palabras aquello en lo que veo consistir su pérdida,
pero me siento tan conmovida que siempre que vengo a saber de un
caso semejante me ofrezco a Dios con la oración y el sufrimiento
para satisfacer y expiar por aquello que otros han descuidado a fin
de que el pensamiento y el acto de caridad que yo hago puedan
compensar lo que falta en virtud de la comunión de los santos”
(12-4-1820). “Se debe orar especialmente para que ningún niño
muera sin bautismo” (12-1-1820). Dice también: “He visto un
espacio oscuro y muy vasto dentro de un mundo de tinieblas. Los
niños no bautizados sufren las consecuencias de los pecados y la
impureza de sus padres. Los bautizados están libres y limpios”
(29-6-182 1). “Un día se me presentó un niño que había
fallecido de tres años de edad sin bautismo. Me dijo que no podía
ser sepultado y que yo debía ayudarlo. También me dijo lo que
debía hacer para su aprovechamiento con continuas plegarias... Al
día siguiente, vino a verme una pobre mujer de Dülmen, pidiendo
ayuda para cubrir los gastos de la sepultura de su hijo muerto. Era
el mismo que yo había visto la noche anterior Lo hicimos sepultar.
Y todo esto lo hicimos en sufragio y mérito del alma del niño”
(29-6-182 1). “Después de haber sepultado al niño lo vi de
nuevo. La primera vez que vino no tenía fuerzas ni para permanecer
de pie y estaba como inerte. Yo le puse un vestido blanco, que
había recibido de la Madre de Dios. Y ahora estaba radiante y se
iba a una fiesta, donde muchos niñitos estaban reunidos en alegre
diversión” (1-7-1821). La obra buena de sepultarlo y las
oraciones de Ana Catalina consiguieron que fuera liberado y fuera al
cielo, alegre y feliz.
La mística austríaca María Simma, a quien se aparecen
frecuentemente las almas del purgatorio, ha hablado muchas veces de
la existencia del limbo. En una entrevista que concedió a Nicky
Eltz y que él ha publicado en su libro “Hacednos salir de aquí”,
dice: “Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o
abortados no van al paraíso ni al purgatorio. Van a un lugar
intermedio que se puede llamar limbo o ‘cielo infantil’. Las
almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no
saben que no están en el cielo. La responsabilidad de llevarlos al
cielo está en nosotros. Lo podemos hacer bautizándolos
espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos. Es necesario
ponerles un nombre y acogerlos en el seno de la familia. De esta
manera, entran a formar parte del libro de la vida. A veces, los
hermanos sienten la presencia de otro niño junto a ellos, aunque no
saben nada de aquel hermanito, nacido muerto o abortado”. Estos
niños, una vez que estén liberados y en el cielo para siempre,
serán unos grandes y poderosos intercesores para sus familiares y
para el mundo entero. Serán como angelitos de Dios para bien de la
humanidad y para gloria de Dios. Veamos lo que nos dice Santa
Teresita del niño Jesús de sus cuatro hermanitos, muertos muy
pequeñitos, uno de ellos de dos meses de nacido. “Me dirigía los
cuatro angelitos que me habían precedido allá arriba, pues pensaba
que estas almas inocentes, no habiendo conocido nunca ni las
perturbaciones ni el miedo, habrían de tener compasión de su pobre
hermanita, que sufría en la tierra. Les hablé con la sencillez de
una niña... Su ida al cielo no me parecía razón suficiente para
olvidarse de mí; al contrario, hallándose en situaciones de
disponer de los tesoros divinos, debían coger de ellos la paz para
mí. La respuesta no se hizo esperar Pronto la paz inundó mi
alma con sus olas deliciosas y comprendí que, si era amada en la
tierra, también lo era en el cielo. Desde aquel momento, creció mi
devoción hacia mis hermanitos y hermanitas y hoy gusto de conversar
a menudo con ellos, hablándoles de las tristezas del destierro y de
mi deseo de ir pronto a reunirme con ellos en la patria celestial”
(MA 44)
“Los niños que mueren bautizados son de las flores más bellas
del jardín de Dios”
SANACIÓN DE LAS FAMILIAS En la actualidad hay muchas personas
que sufren por la desunión de sus familias. Muchos sufrimientos son
producidos por los divorcios, por los adulterios, por la violencia
familiar y, por supuesto, por los abortos, que dejan traumas
sicológicos para toda la vida en muchos casos. Por eso, es preciso
que las familias vivan unidas y eso sólo será posible, si están
con Dios. La familia que reza unida permanece unida, se ha dicho
siempre. En cambio, la familia que se aleja de Dios y se olvida de
Él ¿podrá tener paz y felicidad? Sin Dios, sin amor y sin
oración, nadie podrá tener paz ni felicidad. ¿Nos imaginamos
cuántos niños sufren toda la vida por el divorcio de sus padres?
¿Cuántos, sin saberlo, llevan un trauma en su vida, porque su
madre quiso abortarlos y lo intentó, aunque no lo llegó a
realizar? Y lo mismo podemos decir de los traumas ocasionados por la
violencia familiar, la infidelidad o las malas costumbres. Ahora
bien, la familia no podrá tener la paz completa, si no recibe a
todos sus hijos y los acepta como tales. Pero, ¡cuántos niños hay
abortados o nacidos muertos, de los que nadie se acuerda! Y estos
niños necesitan una familia, su familia, que los quiera y los
reciba y los acepte como tales. Si esto no se hace en esta vida,
quizás deban reunirse y reconciliarse en el más allá. Pero hasta
entonces, esos niños no podrán estar tranquilos, les falta algo,
les falta el amor y el cariño de su familia. Una señora vino a
visitarme un día y me contó que, en sueños, se le había
presentado una niña muy pálida, bien vestidita, que, abriendo los
brazos, se avalanzó hacia ella, diciendo: “Mamá, mamá”. Ella,
entonces, le dijo, rechazándola: “Tú no eres mi hija, mi hijo es
hombre”. Y aquella niñita se fue muy triste, desapareciendo poco
a poco. Yo le pregunté inmediatamente: “Tuvo Ud. algún aborto?”.
Me respondió: “Tuve una pérdida”. Yo le dije: “Quizás sea
esa hija suya que perdió y de la cual se ha olvidado totalmente,
que necesita de su amor y de su cariño”. Lo cierto es que este
sueño tan vivo se le grabó con mucha fuerza en su mente y no lo
podía olvidar, de modo que me decía: “Aunque viera a aquella
niña de mis sueños entre mil, la reconocería”. Ya hemos anotado
lo que dice María Simma “que a veces, los hermanos sienten la
presencia de otro niño junto a ellos, aunque nada saben de aquel
hermanito, nacido muerto o abortado”. Personalmente, he recibido
confidencias en este sentido. Niños que ven a otro niño junto a
ellos, que juega con ellos como su “amiguito” y que puede ser su
hermanito, muerto sin bautismo. Quizás a ello se deban tantas
historias de duendes en todas las culturas, que no son más que
estos niños que, con permiso de Dios, se aparecen a sus familiares
para llamar su atención y así puedan rezar por ellos. De hecho, se
dan muchos casos de niños pequeñitos que ven a sus hermanitos
abortados o nacidos muertos, aunque no sabían de su existencia. Y
se les aparecen a lo largo de los años y, en algunos casos, hasta
parece que envejecen con ellos, como para dar a entender que son sus
mismos hermanos. Recordemos el caso escrito anteriormente de la
madre de familia que había abortado siete veces y se le aparecieron
repetidas veces hasta que adoptó otros niños y reparó su pecado.
Imaginemos ahora que nosotros hemos sido abandonados a los pocos
días de nacer en un hospital. Según vamos creciendo ¿no nos
gustaría saber quién es nuestra familia y quiénes son nuestros
hermanos y dónde están? Nuestra vida estaría un poco vacía sin
saber quiénes somos, i quiénes son nuestros padres. Pero
supongamos que un buen día se aparece alguien que sabía de nuestra
existencia y descubre que somos el hijo heredero del rey, que había
sido secuestrado por unos malhechores y que nunca fue encontrado.
¿Nos imaginamos qué alegría sentiríamos, si fuéramos recibidos
con todo cariño y amor por unos padres y hermanos que nos esperaban
durante tanto tiempo sin saber dónde estábamos, sufriendo por
nuestra ausencia? ¡Qué alegría haber sido bien recibidos en la
familia, y conocer nuestras raíces! Por fin, tenemos un apellido y
una familia. Ahora la familia está completa. Y ¡qué felicidad
saber que somos el hijo primogénito del rey y que tenemos derecho
al trono! Nosotros, que antes éramos unos pobres huérfanos, que
nadie nos quería y todos nos despreciaban, ahora somos admirados y
queridos por todo el mundo. ¡Qué cambio tan radical, qué alegría
tan inmensa! Pues bien, estos niños abortados o nacidos muertos,
necesitan el amor de su familia o de otras personas buenas para
vivir una nueva vida y reconocer que también ellos son hijos de
Dios y que están llamados a la felicidad maravillosa e inmensa del
paraíso. Entonces, podrán ser liberados del limbo, donde vivían
con una felicidad incompleta y puramente natural. Entonces,
descubrirán un mundo nuevo, un mundo que nunca habían soñado,
pero que es una hermosa realidad, el mundo del cielo, de su
elevación al orden sobrenatural, de una felicidad inmensamente más
grande de lo que jamás podían haber imaginado. ¡Qué maravilla!
Pues bien, Dios los espera y tiene prisa en abrazarlos como hijos
queridos. ¿Qué vamos a hacer nosotros para ayudarlos? Ellos nos
necesitan y son nuestros hermanos. Ellos necesitan de nuestro
cariño y del infinito amor de su Padre Dios. La familia que reza
unida, permanece unida hasta la eternidad
CONSIDERACIONES Después de todo lo que hemos visto, podemos
darnos cuenta de la importancia de bautizar a los niños cuanto
antes, “poco después de su nacimiento” (Cat 1250) para evitar
que puedan morir sin bautismo. Pero, en caso de que muera un niño
sin bautismo, podemos bautizarlo “espiritualmente” después de
muerto para que el deseo del bautismo de sus padres o familiares
pueda salvarlo cuanto antes. También es importante que en los
hospitales, los médicos y enfermeras bauticen “espiritualmente”
a los abortos o niños nacidos muertos. Recordemos el caso de la
enfermera de Viena que bautizaba a todos los niños abortados y
después vinieron a visitarla a la hora de su muerte. El “bautismo
de amor”, bautizándolos y llenándolos con nuestro amor, creemos
que tiene los frutos del bautismo. En caso de abortos provocados,
los padres deben pedir perdón a Dios y reparar de alguna manera y
hacer penitencia por su pecado. Y en todos los casos, hay que orar
por estos niños para acogerlos en la familia, ofrecerlos a Dios,
bendecirlos y mandar celebrar una misa por ellos. María Simma dice
que las almas del purgatorio le han revelado que los padres verán
en el paraíso el “lugar” donde deberían estar sus hijos, si
hubieran vivido normalmente, pero ese “lugar” estará vacío
eternamente. Si uno no cumple su misión, nadie podrá cumplirlo por
él, es una misión personal e intransferible. Quizás el plan de
Dios para él era de 80 años y le han cortado la posibilidad de
realizarse humana y espiritualmente. Por eso, la Iglesia castiga con
excomunión automática (Cat 2272 y canon 1398) ajos que procuran el
aborto. Por otra parte, pensemos que es bueno, de vez en cuando,
mandar celebrar una misa, no sólo por los difuntos de la familia,
sino también por todos los niños muertos sin bautismo y para que
Dios sane toda influencia negativa de los antepasados. Y, por
supuesto, también es importante que la familia, para vivir unida y
feliz, debe amar a Dios, orar en familia y cumplir todos sus deberes
cristianos. Los padres deben pensar que sus hijos muertos sin
bautismo, ya liberados, son como angelitos de Dios. Por eso, deben
ponerles un nombre e invocarlos frecuentemente. De esta manera,
tendrán unos grandes intercesores y una gran ayuda de parte de Dios
por medio de ellos, que se sentirán felices de ayudar a sus padres,
hermanos y familiares. Pero pensemos también que en el limbo puede
haber millones y millones de niños de los que nadie se acuerda.
Cada año hay en el mundo más de sesenta millones de abortos
provocados (más de 165.000 cada día) y muchos otros millones de
niños muertos antes del uso de razón y sin estar bautizados.
Pensemos en tantos miles y miles, fecundados “in vitro”, “fabricados”
en el laboratorio y después desechados como “material biológico
sobrante” o que mueren en experimentos “científicos” o en
prácticas de fecundación artificial o de donación de embriones, y
en tantos embriones (seres humanos ya) congelados en bancos de
embriones, que no han tenido el calor y el amor de una madre...
Ellos nos miran con esperanza, sobre todo a sus familiares, y
cuentan con nosotros para reconciliarse con su familia y llegar a
ser hijos de Dios. Muchos de ellos deberán esperar en ese estado
muchos años. Quizás deban esperar hasta la muerte de sus padres y
la reparación de su pecado en el purgatorio. Otros quizás deban
esperar hasta que Dios les aplique a ellos las oraciones de otros y
los bautice con su amor. “El bautismo de sangre como el deseo del
bautismo produce los frutos del bautismo sin ser sacramento” (Cat
1258)
MATERNIDAD ESPIRITUAL Pensemos que no sólo los padres y
familiares deben y pueden liberar a estos niños del limbo. Lo mismo
que cualquier persona puede ayudar a las almas del purgatorio, así
también podemos nosotros ayudar a estos niños, sin necesidad de
ser familiares estrictamente. Estos niños, como todo ser humano,
necesitan cariño y si sus padres no se lo dan, se lo podemos dar
nosotros y adoptarlos como hijos espirituales. Veamos lo que nos
dice Jesús: “No despreciéis a ninguno de estos pequeñitos,
porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo el rostro
de mi Padre celestial” (Mt 18,10). Por eso, “el que recibe a uno
de estos niños en mi nombre, a Mí me recibe” (Mt 18,5). “El
que lo recibe en mi nombre, a Mí me recibe y el que me recibe a
MÍ, recibe al que me envió” (Lc 9,48). Hemos visto anteriormente
cómo la beata Ana Catalina Emmerick sentía preocupación por orar
y expiar por estos niños muertos sin bautismo. Por eso, estoy
pensando, especialmente en este momento, en las religiosas, esposas
de Jesús, a quienes su divino esposo les entrega a todos sus hijos
como propios. Ellas deben ser madres espirituales de todos los
hombres del mundo y, de modo especial, de los más necesitados como
son los pecadores, las almas benditas del purgatorio y estos niños.
Veamos lo que hacía algunas veces la Madre Teresa de Calcuta. Lo
cuenta Ann Blaikie, cofundadora de los colaboradores de la Madre
Teresa. “Ella acostumbraba a ir a las clínicas en las que se
practicaban abortos y pedía los fetos, que aún estaban con vida;
se los llevaba a la Casa de los Niños y los entregaba a una de las
hermanas o a algún colaborador para que los arrullase y acariciase.
De esta manera, esos bebés, que no habían conocido el amor de sus
propias mamás, podían experimentar el amor antes de subir al
Creador”. La Madre Teresa hubiera querido adoptar a todos los
niños que iban a ser abortados del mundo entero y, por eso, mandaba
constantemente cartas a los hospitales, clínicas, estaciones de
policía, etc., para que le entregaran a los niños que iban a ser
abortados para darlos después en adopción a una buena familia que
les podría brindar mucho amor. Ella decía con frecuencia: “El
niño no nacido ha sido creado por Dios para amar y ser amado. Si
tú no lo quieres, dámelo a mí. Yo lo amo”. Pues bien, entre los
niños que pedía en las clínicas abortistas, muchos estaban ya
muertos o morían por el camino. Para ella lo importante era dar al
mundo un mensaje de amor para esos niños, que incluso después de
muertos merecen nuestro amor y nuestro respeto y, por eso, pedía
que los arrullasen y les dieran el amor que no habían recibido y
les dieran una digna sepultura. Personalmente, oro muchas veces por
estos niños y los encomiendo en la misa diaria en unión con las
almas del purgatorio. Por eso, me sentiría muy feliz, si alguien
ofrece sus oraciones por estos niños y los adopta como parte
espiritual de su familia. Una religiosa me escribía: “Mi gran
deseo es abrazar a todos los niños del mundo, incluso antes de
nace,; y bautizarlos con el bautismo de deseo para presentárselos a
Dios como mis hijos. Me siento madre de todos los hombres, pero muy
especialmente de todos los niños nacidos o por nacer A todos los
acaricio y abrazo bajo mi manto y los lleno del amor de Dios. ¡Qué
alegría! Me siento la madre más dichosa del mundo y esto significa
mucha responsabilidad de orar y trabajar por ellos para que sean
santos”. ¿No puedes hacer tú lo mismo con estos niños muertos
sin bautismo y de quienes nadie se acuerda? He conocido personas que
habían acompañado a sus amigas o a sus hijas a abortar y después
se sintieron culpables. A ellas les he aconsejado repetidamente que,
después de confesar su pecado, adopten a estos niños y los
bauticen con su amor y manden celebrar una misa por ellos. El efecto
ha sido muy positivo, pues se han liberado de su sentimiento de
culpabilidad y han recibido mucha paz. Por otra parte, no olvides
que estos niños tienen sus ángeles custodios, que también serán
parte de tu vida y de tu familia. Invócalos. No pierdes nada con
intentarlo y puedes ganar muchísimas bendiciones y conseguir
infinidad de bienhechores y protectores celestiales, que te
ayudarán en tu camino hacia Dios. Ellos te necesitan y cuentan
contigo. No defraudes su esperanza y rodéate de una inmensa
multitud de niños, que te ayudarán mucho más de lo que puedes
pensar o imaginar. No digas que esto es sólo para las religiosas,
cualquiera puede adoptarlos. Empieza por los niños de tu propia
familia que todavía estén en el limbo o que puedan estarlo en los
siglos futuros. Pero abre tu corazón a dimensiones universales, no
te cierres en tu propia familia. Piensa en los demás, ama sin
fronteras y vive para la eternidad. Lo más importante es el amor.
“La grandeza del hombre no se mide por su ciencia, sino por su
amor” (San Agustín”
VIVIR LA MATERNIDAD ¿Cómo puedes vivir en concreto la
maternidad espiritual o la adopción de los niños muertos sin
bautismo? De muchas maneras. En primer lugar, consagrándolos a
Jesús por María y pidiéndole a Dios que te conceda la gracia de
ser “padre” o “madre” espiritual de estos niños. Después
puedes hacer muchas cosas concretas por ellos. Por ejemplo: cuando
te despiertas por la mañana, después de darle los “Buenos días”
a Dios, decirles a ellos “Buenos días, hijos míos” o algo
parecido. Y lo mismo “Buenas noches” al acostarte. A lo largo
del día, puedes ofrecerles algunas acciones concretas como el comer
o estudiar o trabajar o caminar, etc., diciendo a Dios por mis
niños”. Cuando asistas a un bautismo, pídele al Señor,
especialmente, que los bautice también a ellos con su amor.
Igualmente, al asistir a misa y comulgar, pídele a Jesús que los
bautice con su amor y con su sangre bendita, presente en la
Eucaristía. De vez en cuando, puedes mandar celebrar una misa por
ellos, “por todos los niños difuntos”. Dios ya conoce cuál es
tu intención y a qué niños te refieres. Si no puedes asistir a la
misa, al menos puedes unirte espiritualmente a todas las misas del
mundo y a todas las comuniones, incluso a todas las que se
realizaron y se realizarán a lo largo de los siglos. Pon atención
a lo que dice al respecto Santa Faustina Kowalska: “cuando estaba
en oración me uní mentalmente a todas las misas que, en ese
momento, se celebraban en el mundo entero y supliqué a Dios, por la
fuerza de todas esas misas, que tuviera misericordia del inundo y,
especialmente, de los pecadores que, en ese momento, estaban cii
agonía. En aquel mismo instante, recibí interiormente la respuesta
de Dios de que miles de almas habían obtenido la gracia por efecto
de la oración que había elevado a Dios. Nosotros no sabemos qué
número de almas podemos salvar con nuestras oraciones y con
nuestros sacrificios. Por eso, es bueno orar siempre por los
pecadores” (5-6-1938). Pero ¿servirá esta oración sólo para
salvar a los pecadores o a las almas del purgatorio? ¿Por qué no
puede servir también para estos niños que necesitan de amor y de
oración? Recuerda que la misa es la misa de Jesús y que tiene un
alcance universal y abarca a todos los tiempos y lugares. Por eso,
es tan importante mandar celebrar misas por ellos y asistir a ellas
y unirse a todas las misas que se celebran. En una palabra, une tu
amor y tus sacrificios al amor y al sacrificio de Jesús, tu
corazón a su Corazón y tu vida a la suya por medio de María. Y,
cuando reces el rosario a María o te encomiendes a Ella, no te
olvides de pedirle que los bendiga y los cubra con su manto y los
abrace con su amor materno. Otra cosa que puedes hacer es repetir
continuamente las palabras que Jesús le enseñó a la Venerable Sor
Consolata Betrone: “Jesús, María, os amo, salvad almas “. Y,
al decir estas palabras, no pensar solamente en los pecadores o en
las almas del purgatorio, sino también en estos niños muertos sin
bautismo. Y, cuando veas a un niño, sobre todo, si es muy
pequeñito, procura sonreírle y hacerlo feliz y abrazarlo y
besarlo, como si ese niño los representara a todos ellos. Y así
podías imaginarte mil maneras de ofrecerles tu amor y bautizarlos
con tu amor en unión con el amor de Jesús y de María. Esto no
quiere decir que no puedas orar y ofrecer tus oraciones y
sufrimientos por otras intenciones, como las almas del purgatorio o
los pecadores o tus familiares, etc., ya que tus intenciones pueden
ser simultáneas y ofrecer las mismas cosas buenas, misas,
comuniones y sufrimientos por varias intenciones a la vez. Lo
importante es que te sientas “padre” de estos niños y los
abraces constantemente con tu amor. Dios sabrá a quiénes y a
cuántos de ellos les aplica tu oración y tu amor. Pero ten la
seguridad que tendrás millones de hijos en el cielo. Te felicito
por adelantado y te deseo abundantes bendiciones de Dios por su
intercesión y recuerda a sus ángeles y salúdalos de mi parte. Que
Dios te bendiga. Saludos de mi ángel. Los ángeles de los niños
ven continuamente el rostro de mi Padre Celestial” (Mt. 18.10)
CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO ABORTADO Querido hijo: Quiero
pedirte perdón por lo que hice. Nunca podrás comprender cuánto he
debido sufrir por ello. Durante largos años he debido arrastrar la
pesada cadena de mi pecado. Pero un día soñé contigo y que
venías corriendo a abrazarme y me decías: “Mamá, Mamá”.
Nunca me olvidaré. Cuando me desperté, me parecía que tú estabas
vivo junto a mí y me seguías gritando: “Mamá, Mamá”. Desde
ese día, nunca pude olvidarte. Por eso, fui a la parroquia y
encargué una misa por ti, por Juan. Así quise llamarte. El tiempo
ha pasado. Ahora sólo me queda pedirte perdón y saber que eres
feliz junto a Dios. Quisiera pedirte que no te olvides de nuestra
familia y que vengas siempre a visitarnos y a traernos las
bendiciones de Dios. Gracias, hijo mío, por tu presencia y por tu
amor. ¡Cómo quisiera poder abrazarte y darte todo el amor que no
pude darte! Tu madre, que te ama y siempre te amará.
CARTA DE UN NIÑO ABORTADO A SU MADRE Querida mamá: Me sentía
muy triste desde aquel día en que me rechazaste y te deshiciste de
mí como de un cacharro inútil. No puedes imaginarte cuánto he
sufrido durante estos años al pensar que no tenía mamá, que no
tenía nombre, que no tenía familia, que nadie me quería, que era
un pobre desconocido en un mundo triste y oscuro, rodeado de
tinieblas por todas partes y sin la luz del sol del amor. Pero un
día pude meterme en tus sueños y te hice pensar en mí y te grité
con todas las fuerzas de mi corazón: “Mamá, Mamá”. ¿Te
acuerdas? Era yo que necesitaba de tu amor para ser feliz. Por eso,
cuando aquel día glorioso encargaste una misa por mí, por Juan, me
sentí el ser más feliz del mundo. Aquel día, un mundo nuevo
amaneció para mí. Comprendí que no estaba solo, que no era un
objeto anónimo del Universo, sino que tenía una madre, que eras
tú, que tenía un padre y unos hermanitos, que también asistieron
a mi misa, y sentí vuestro amor y me convencí de que yo también
tenía un nombre y una familia que me quería. Aquel día fue como
una gran liberación. Desapareció la oscuridad de mi alma y el
vacío de mi corazón y sentí por primera vez que yo también
podía amar y comencé a reír y a llorar de alegría. No podía
creer que hubiera un mundo tan maravilloso, el mundo del amor, de
una familia bella, de un Dios que me esperaba, de una inmensa y gran
familia celestial que me sonreía y se alegraba conmigo. ¡Qué
felicidad! Es algo que no se puede expresar con palabras, solamente
los serafines podrían expresarlo con sus cantos y su ardiente amor.
Pues bien, desde entonces, ya no me siento más solo, estoy en el
cielo, y puedo sonreír. Gracias, mamá, por haberme dado la vida.
Siempre estaré a tu lado y con nuestros seres queridos para
ayudarlos. Seré para vosotros como un angelito de Dios. Podéis
invocarme cuando queráis y vendré volando en vuestra ayuda. No
tengáis miedo, no tengo resentimientos, acudid a mí con confianza.
Mi ángel custodio también os ayudará y, junto con el vuestro,
formaremos un gran coro de ayuda familiar. Mamá, hasta pronto,
porque el tiempo pasa muy rápido y pronto nos veremos en el cielo.
¡Tengo tantos deseos de abrazarte y de besarte y decirte que te amo
y soy feliz...! Hasta pronto mamá.
MENSAJE A LOS PADRES DE NIÑOS MUERTOS BAUTIZADOS Queridos
papás: Han sufrido en carne propia el inmenso dolor de haber
perdido a un niño pequeño, que era la luz de sus ojos, la alegría
y la felicidad de sus vidas, sobre todo, si era hijo único. No me
hagan preguntas sobre el porqué. Sólo Dios les podría responder y
sólo Él puede curar su dolor. Lo único que puedo decirles es que
no se dejen llevar de la desesperación. Tengan fe y esperanza. Dios
“Hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman”
(Rom 8,28), aunque no lo comprendamos. En el plan de salvación de
Dios, nada se pierde, todo tiene su sentido. Hasta el sufrimiento de
los niños inocentes puede ayudar a la salvación del mundo. Piensen
en su hijo y digan con fe: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó.
¡Bendito sea el nombre de Dios!” (Job 1,21). Piensen que su hijo
está ya en los brazos de Dios, disfrutando de la plena felicidad
del cielo. Una vez muerto bautizado, lleno de Dios, purificado por
el amor de Dios en el bautismo, fue directamente a la gloria
celestial. Por eso, en este momento difícil de sus vidas, levanten
la cabeza y digan como Jesús: “Padre mío, que no se haga mi
voluntad sino la tuya” (Mt 26,39). Desde el cielo velará por Uds.
y les acompañará como un nuevo ángel custodio, que les ayudará
en su caminar hacia la patria celestial. ¡Su hijo vive y es
plenamente feliz! ¡No lo han perdido para siempre, han ganado un
ángel para su familia! A partir de ahora, amén con un amor
especial a todos los niños, que toquen la puerta de su hogar. Nunca
los rechacen por el aborto. Defiendan a los niños indefensos, que
van a ser asesinados por sus propios padres. Y a los que han muerto
sin la gracia del bautismo, bautícenlos con su oración y su amor,
y acójanlos en su familia. ¡Hagan felices a todos los niños. Dios
se lo premiará! “Qué puede haber más bello y hermoso que la
sonrisa de un niño que ríe feliz”
CONCLUSIÓN Después de haber reflexionado largamente sobre el
purgatorio y sobre el limbo de los niños, creo que estamos en
mejores condiciones para ayudarlos y sentir la necesidad que ellos
tienen de nuestra ayuda. Ciertamente, la oración tiene un poder
maravilloso de unión entre las personas y nos une a los santos, a
los ángeles, a las almas del purgatorio y a los niños del limbo en
una unión admirable, en la UNIDAD de Dios, por medio. de María. La
oración traspasa las fronteras del tiempo y del espacio y llega
hasta el principio del mundo y hasta el fin de los siglos. Es decir,
el poder de la oración lo abarca todo, a nuestros antepasados y a
todos los hombres que existirán en el futuro. Por eso, es tan
importante orar por nuestros familiares difuntos y por todos los
niños, muertos sin bautismo de nuestra familia y por todos los que
existirán después. La oración une a nuestra familia de todos los
tiempos con el lazo divino del amor. Ahora bien, todos somos
solidarios unos de otros, todos debemos interesamos en la gran tarea
de la salvación de los demás, aunque no sean de nuestra familia
humana, porque todos somos hermanos en Dios. Por eso, todos los que
nos han precedido nos miran con esperanza, si todavía necesitan de
nuestra ayuda; y, si están en el cielo, se gozarán con nosotros de
vemos ir por el camino de Dios. ¿Rezas con frecuencia por las almas
del purgatorio, especialmente por las más olvidadas y abandonadas?
¿Quieres ser “padre” o “madre” espiritual de tantos niños
muertos Sin bautismo? ¿Quieres bautizarlos con tu amor y ofrecerles
un “bautismo de amor”? Yo me imagino que el día que entren en
el cielo y vean a su Padre Dios y a una multitud inmensa de hermanos
que los esperan, se sentirán tan contentos que sonreirán con toda
su alegría y con todo su corazón lleno de amor. Y a ti te dirán
“papá” o “mamá”. ¡Qué alegría cuando te encuentres con
tantos hijos en el cielo! Te deseo que vayas al cielo, después de
muerte, sin pasar por el purgatorio. ¡Buen viaje! ¡Hasta la vista!
Mi ángel te saluda con su mejor sonrisa. Encontraremos. Tu hermano
y amigo para siempre. Ángel Peña O.A.R.
“Dijo Jesús: Dejen que los niños vengan a Mí y no se lo
impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios.... y
abrazándoles los bendijo, imponiéndoles las manos” (MC 10.14-16)