¿ES JESÚS EL REY DE TU VIDA Y DE TU HOGAR?
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R LIMA - PERÚ 2009 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
La devoción al Corazón de Jesús El Corazón de Jesús y los
Papas Apóstoles del Corazón de Jesús Santa Margarita María de
Alacoque Revelaciones Promesas 1.- Resúmenes de las promesas 2.-
Promesas especiales a Comunidades religiosas Consagración al
Corazón de Jesús y de María. Promesa del Corazón Inmaculado de
María El Señor de la Misericordia El apóstol mundial del Corazón
de Jesús Testimonios de vida Entronización del Corazón de Jesús
Forma de hacer la entronización Una nueva forma de entronización
Horas santas. Guardia de honor Letanías y oraciones al Corazón de
Jesús Preguntas
CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro vamos a tratar el tema de la devoción al Corazón
de Jesús. Comenzaremos por hablar de la devoción al Corazón de
Jesús en la Biblia y en el Magisterio de la Iglesia. Después,
veremos cuáles han sido sus principales apóstoles y la importancia
de la consagración a Jesús de acuerdo a las revelaciones a santa
Margarita María de Alacoque, que ha sido quien más impulso ha dado
a esta devoción.
En lo que se refiere a la entronización, hablaremos ampliamente
del padre Mateo Crawley, el apóstol mundial de esta devoción, y
veremos el modo concreto de llevar a cabo esta entronización en los
hogares.
Ojalá que este libro estimule a que muchas familias que se
consagren a Jesús por medio de María decidan la entronización de
Jesús en su familia para que Él sea el amigo fiel y confidente en
las dificultades y luchas de cada día. Una familia cristiana de
verdad debería tener a Jesús como Rey de su Hogar. Éste es mi
deseo para todas las familias.
La devoción al Corazón de Jesús El Corazón de Jesús es el
símbolo e imagen sensible del amor infinito de Jesús por eso, se
le aparecía a santa Margarita de Alacoque con su Corazón ardiendo
en llamas. Cuando hablamos del Corazón de Jesús, estamos hablando
de su Corazón como símbolo de su amor a los hombres y, por eso
cada vez que decimos Corazón de Jesús, podemos decir igualmente
Jesús. El divino Corazón o simplemente Jesús, es nuestro Dios y
Señor. Por lo cual, debemos adorarlo y amarlo con todo nuestro
corazón, especialmente, donde está realmente vivo y palpitante de
amor por nosotros: en la Eucaristía. Las imágenes son
representaciones, pero Eucaristía es la realidad viva de la
presencia real de Jesús y de su Corazón vivo y resucitado, que
sigue palpitando de amor por nosotros. De ahí que la devoción al
Corazón de Jesús sea inseparable de la devoción de Jesús
Eucaristía. Esta devoción al Corazón de Jesús tiene sus raíces
en el evangelio, donde vemos a Jesús, manifestándose a los hombres
desde el primer momento con todo su amor. Él mismo nos invita a
acercarnos a su Corazón. Nos dice: Venid a Mí todos los que
estáis cansados y agobiados... y aprended de Mí, que soy manso y
humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas
porque mi yugo es suave y mi carga ligera (Mt 11, 28-30). San Juan
el discípulo predilecto tuvo la dicha de poder descansar sobre su
Corazón. Dice: Uno de ellos, el amado de Jesús, estaba recostado
sobre su pecho (Jn 13, 23-25). Fue testigo de la lanzada, que le
traspasó el Corazón. Uno de los soldados le atravesó con su lanza
el costado y, al instante, salió sangre y agua (Jn 19, 34). Así se
cumplió la Escritura que dice: “Mirarán al que traspasaron (Jn
19, 37; Zac 12, 10). EL Corazón de Jesús en la fuente de todas las
bendiciones, pues en Él están escondidos todos los tesoros de la
sabiduría y de la ciencia” (Col 2, 3) En Él reside toda la
plenitud de la divinidad corporalmente y vosotros alcanzáis la
plenitud en Él (Col 2, 9). Por eso, san Pablo nos exhorta a tener
los mismos sentimientos del Corazón de Cristo, al decir:
Revestíos, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de
misericordia, de bondad, de humildad, mansedumbre, paciencia,
soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente y, por encima
de todo esto, revestíos de amor, que es el vínculo de la
perfección (Col 3, 12 -14).
El Corazón de Jesús y los Papas
A lo largo de la historia, ha habido varios santos que han
extendido esta devoción en la Iglesia. Y los Papas han ido
recogiendo el sentir popular y han ido aprobando fiestas o
devociones concretas, estimulando este amor al Corazón de Jesús,
que en el siglo pasado se ha ido complementando con la devoción al
Corazón Inmaculado de María.
Veamos cómo han promovido los Papas esta devoción. El Papa
Clemente XIII, el 6 de febrero de 1765, aprobó oficialmente la
fiesta del Sagrado Corazón de Jesús para Polonia. El Papa Pío IX,
el año 1856, extendió esta fiesta a toda la Iglesia. En 1871
concedió a es la fiesta el rango de primera clase, de acuerdo al
pedido de los obispos del concilio Vaticano I. El Papa León XIII,
el 25 de mayo de 1899, publicó la encíclica Annun sacrum en la que
explica la importancia de la consagración del mundo al Sagrado
Corazón de Jesús. En ella nos dice: Consagrándonos a Él, no
solamente reconocemos y aceptamos abiertamente su imperio con
alegría, sino que testimoniamos realmente que, si lo que le
ofrecemos nos perteneciera, se lo ofreceríamos de todo corazón.
Así pedimos a Dios que reciba de nosotros estos mismos objetos, que
ya le pertenecen de un modo absoluto. Ésta es la eficacia del acto
de que estamos hablando y éste es el sentido de sus palabras.
La consagración del mundo la llevó a cabo el 11 de junio de
1899, diciendo: Es el acto más importante de mi pontificado. El 28
de junio de ese mismo año elevó la fiesta del Corazón de Jesús
al rango de doble de primera clase (el honor o categoría más
grande).
El Papa Pío X, el 22 de agosto de 1906, pidió que cada año se
renovara la consagración de la humanidad al Corazón de Jesús en
la presencia del Santísimo Sacramento con la misma fórmula con lo
que hizo el Papa León XIII.
El Papa Pío XI, a quien se le conoce como el Papa del Sagrado
Corazón, escribió tres encíclicas sobre el Sagrado Corazón: Quam
Primas (11 de diciembre de 1925), en la que establece la fiesta de
Cristo Rey, pidiendo que la consagración anual de la humanidad al
Corazón de Jesús se haga en esa fiesta. La encíclica
Miserentissimus Redemptor (8 de mayo de 1928), donde habla de la
necesidad de reaparición al Corazón de Jesús y que se haga en
todas las iglesias el día de la fiesta del Corazón de Jesús cada
año. Y la encíclica Caritate Christi compulsi (3 de mayo de 1930),
donde propone la devoción de reparación al Sagrado Corazón como
remedio para las necesidades de la humanidad.
El Papa Pío XII, el 15 de mayo de 1956, publicó la encíclica
Haurietis aquas, consolidando la doctrina y devoción al Corazón de
Jesús. En ella nos dice: En la historia de la devoción al Corazón
de Jesús debemos recordar los nombres de aquellos que se pueden
considerar como los precursores de esta devoción. Así por ejemplo,
se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más
este culto al Corazón sacratísimo de Jesús: San Buenaventura, san
Alberto Magno, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, el beato
Enrique Suso, san Pedro Canisio y san Francisco de Sales.
San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en su
honor, cuya fiesta solemne se celebró con el beneplácito de muchos
obispos de Francia el 20 de octubre de 1672. Pero, entre todos los
promotores de esta excelsa devoción, merece un puesto especial
santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado
por el de su director espiritual, san Claudio de la Colombiére,
consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el
desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos y
que, por sus características de amor y reparación, se distingue de
todas las demás formas de la piedad cristiana.
El Papa Juan Pablo II es el Papa de los dos Corazones, del
Corazón de Jesús, unido al Corazón de María. A Jesús por
María. En su primera encíclica Redemptor hominis nos habla del
Corazón de Cristo. El 25 de Marzo de 1984 consagró el mundo y la
Iglesia al Inmaculado Corazón de María tal como lo había pedido
la misma Virgen María a Lucía de Fátima, aclarando que el
Corazón de María es el medio y el camino más seguro para llegar
al Corazón de Jesús.
Apóstoles del Corazón de Jesús
En el siglo XII se destaca Guillermo de S. Thierry (+1148), que
enseñaba la importancia de “entrar de lleno en el Corazón de
Jesús, en el Santo de los Santos”. San Bernardo de Claraval
(+1153) dice que el dejarse traspasar su Corazón nos habla de su
bondad y la caridad de su Corazón para con nosotros. San Víctor
(+1173) decía que no se puede encontrar dulzura que ese pueda
comprar con la del Corazón de Jesús. Santa Clara de Asís (+1253)
saluda muchas veces al día al Sagrado Corazón de Jesús en el
Santísimo Sacramento. San Buenaventura (+1274) habla del Corazón
de Jesús como de una fuente de agua viva.
Santa Gertrudis (1256-1303), llamada la Grande, contribuyó mucho
a la difusión de la devoción del Corazón de Jesús en los siglos
XIV y XV. Se le ha llamado la teóloga del Sagrado Corazón. Ella
disfrutó de inenarrables delicias, al estar recostada como san Juan
Evangelista en el pecho de Jesús. El cartujo Lansperguis (+1539)
parece que fue el primero en recomendar tener la imagen de su
Corazón en un lugar visible para venerarla.
San Juan Eudes (1601-1680) fue un apóstol del Corazón de Jesús
y del Corazón de María. El Papa Pío X, en el Breve de su
beatificación, lo llamó doctor de los Sagrados Corazones de Jesús
y de María. Él dice: La fiesta del Corazón de Jesús es la fiesta
de las fiestas. Pertenece más al cielo que a la tierra, es más
fiesta de serafines que de hombres... Si se celebra en la Iglesia
una fiesta tan solemne en honor del divino sacramento de la
Eucarística, ¡qué fiesta no debería establecerse en honra de su
Sacratísimo Corazón, que es el origen de todo lo grande y precioso
que existe en este augusto sacramento!.
San Francisco de Sales (+1622) atribuía la fundación de las
religiosas de la Visitación a la obra de los Corazones de Jesús y
de María. Santa Juana de Chantal (+1641) dijo: El Señor nos dé la
gracia de vivir y morir en el Sagrado Corazón de Jesús. Ambos
amantes del Corazón de Jesús cofundaron la congregación de la
Visitación, de la cual saldría santa Margarita María de Alacoque,
la principal promotora de esta devoción.
El venerable Bernardo Hoyos (1711-1735), jesuita, es considerado
el primer apóstol de la devoción del Corazón de Jesús en
España. Nos dice: “Adorando al Señor en la hostia, me dijo clara
y distintamente el 3 de mayo de 1733, que quería por mi medio
extender el culto de su Corazón sacrosanto, para comunicar sus
dones”. El 14 de mayo de ese mismo año, “Estaba pidiendo una
fiesta del Corazón de Jesús, en especial para España, pues mi
memoria parece que hay de ella, y me dijo Jesús: Reinaré en
España y con más veneración que en otras partes”.
En junio de 1734, vio a Jesucristo en la noche de la Última
Cena, antes de instituir el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.
En su Corazón luchaban el amor a los hombres y la tristeza al
contemplar tantos ultrajes y desprecios que recibiría en este
sacramento. Y nos dice: “En aquel punto, determinó Jesús repara
las injurias del Santísimo Sacramento, abriendo su Corazón y
manifestando a la iglesia este tesoro soberano... Ésta fue una de
las mayores gracias que ha hecho el Señor a su iglesia después de
la del Sacramento. Y aquí entendí de nuevo que la fiesta del
Corazón de Jesús, sería, después de la del Corpus Christi, la
más venerable en la Iglesia.
La Madre María del divino Corazón, religiosa alemana
perteneciente a la familia de los condes Droste Zu Vischering, nos
dice: A los 21 años (1884) oraba yo un día en la capilla la
mañana de la fiesta del Corazón de Jesús delante de esta imagen,
a la cual desde mi infancia tenía tanta devoción. El Santísimo
estaba expuesto. La imagen del Corazón de Jesús estaba rodeada de
flores y velas, y estaba muy cerca del altar del lado del Evangelio.
Al orar delante de ella, podía, de una sola mirada, ver también la
sagrada hostia en la custodia... Acababa de comulgar y toda unida a
nuestro Señor estaba embriagada de las delicias de su Corazón,
cuando Él, con una voz que no se deja oír con los oídos del
cuerpo sino con esa voz interior que yo no conocía todavía y que
hoy me es tan familiar, me dijo: “Tú serás la esposa de mi
Corazón”. No puedo decir lo que sentí. Me quedé consternada,
anonadada, confundida y, al propio tiempo, inundada de las olas de
su amor. ¡Qué dichosos instantes! ¡La esposa de su Corazón! Pero
¿cómo?, ¿cuándo? El velo que cubría mi porvenir se levantó a
estas palabras, aunque no lo comprendí del todo...
A partir de ese momento, no pensaba más que en el Corazón de
Jesús como mi esposo. Puse su imagen sobre mi reclinatorio y sobre
mi pupitre. ¡Qué consuelo cada vez que miraba a mi esposo, qué
intimidad entre nosotros! Vivía con Él, le decía todo, y Él
estaba siempre lleno de misericordia y de bondad para mí .
En mayo de 1894, llegó ella a Oporto (Portugal) como Superiora
de la Casa que su Congregación del Buen Pastor tenía en esa
ciudad. Recibió del Corazón de Jesús el mandato de escribir al
Papa León XIII para que hiciese la congregación del mundo al
Sagrado Corazón. Como la primera carta no hizo mucho efecto, aunque
impresionó al Papa, Jesús le mandó escribir por segunda vez con
la misma intención. En esta segunda carta le escribía al Papa:
Santísimo Padre:
Profundamente confundida, vuelvo a los pies de Vuestra Santidad
para suplicarle humildemente que me permita hablarle sobre el asunto
de que le hablé en junio pasado. Entonces, mal convalecida de una
mortal dolencia, no pude más que dictar una carta, y aún ahora,
enferma y postrada en cama, me veo forzada a escribir con lápiz. En
mi última confié a V.S. algunas gracias que el Señor, en su
infinita misericordia, se ha dignado concederme sin mirar mi miseria
y con gran confusión debo confesar a V.S. que después ha seguido
tratándome con la misma misericordia.
Por orden expresa de Jesucristo y con el consentimiento de mi
confesor, vengo con el más profundo respeto y sumisión más
perfecta a participar a V.S. otras nuevas comunicaciones que se ha
dignado hacerme el Señor acerca del punto de mi primera carta.
Cuando el año pasado V.S. padecía una indisposición que, atendida
a vuestra edad avanzada, llenó de solícito cuidado el corazón de
vuestros hijos, me dio el Señor el dulcísimo consuelo de
asegurarme que prolongaría los días de V.S. con el fin de que
consagrase al mundo entero al Corazón de Jesús. Más tarde, a
principios de diciembre, me dijo el Señor que había dilatado su
vida para otorgarnos esta gracia de la consagración, y me dio la
impresión de que después de haber hecho la consagración, Vuestra
Santidad acabaría pronto su peregrinación sobre la tierra.
La víspera de la Inmaculada Concepción, Nuestro Señor me dio a
conocer que en virtud de este nuevo impulso que recibiría el culto
de su divino Corazón, hará resplandecer una nueva luz sobre el
mundo entero... Reconocí los abrasados deseos que Él tiene de que
su Corazón adorable sea más y más conocido y glorificado, y de
derramar la abundancia de sus dones y bendiciones por toda la faz de
la tierra. En verdad, me siento indigna de comunicar todo eso a
V.S., pero el Señor, después de hacerme renovar el sacrificio de
mí misma como víctima y esposa de su Corazón, aceptando toda
clase de padecimientos, humillaciones y menosprecios, me dio el
riguroso mandato de escribir de nuevo a Vuestra Santidad sobre este
asunto.
Pudiera parecer extraño que pida el Señor esta consagración
del mundo entero y no sólo de la Iglesia Católica. Pero su deseo
de reinar, de ser amado y glorificado, y de abrasar todos los
corazones en su amor y en su misericordia, es tan ardiente que Él
quiere que V.S. le ofrezca todos los corazones de aquellos que le
pertenecen por el bautismo a fin de facilitarles le vuelta de la
verdadera Iglesia, y los corazones de todos los que no han recibido
todavía la vida espiritual por el bautismo, pero por los que Él ha
dado su vida y su sangre y que son llamados también a ser un día
hijos de la santa Iglesia a fin de acelerar por este medio su
nacimiento espiritual.
Nuestro Señor no me ha hablado directamente más que de la
congregación, pero me ha mostrado, en diversas ocasiones, con
insistencia el ardiente deseo que tiene de que su Corazón sea más
y más glorificado y amado para bien de las naciones. Me parece que
le será agradable que la devoción de los primeros viernes de mes
aumente, mediante una exhortación de V.S. al clero y a los fieles,
también por la concesión de nuevas indulgencias. Nuestro Señor no
me lo ha dicho expresamente, como cuando me habló de la
consagración, pero yo creo adivinar este ardiente deseo de su
Corazón sin que pueda, sin embargo, afirmarlo...
Dignaos, Santo Padre, bendecir, juntamente con sus hermanas y
protegidas, a la que, besando respetuosamente el pie de V.S., tiene
el honor de llamarse la más humilde y obediente hija de V.S. Sor
María del divino Corazón Droste zu Vischering. Superiora del
Monasterio del Buen Pastor de Oporto. (Portugal), 6 de enero de
1899.
El 15 de enero llegó esta carta a manos del Papa León XIII,
quien quedó muy impresionado. Inmediatamente, al cardenal Jacobini,
nuncio de su Santidad en Lisboa, que obtuviese los informe sobre
esta religiosa de la que se dice que es una santa y que tiene
comunicaciones celestiales.
El 25 de marzo, a raíz de una difícil operación de la que
salió muy bien, decidió publicar la encíclica Annum sacrum,
declarando que los días 9, 10 y 11 de junio de dispusieron los
fieles con un triduo y que se hiciera la consagración en todas las
iglesias. La consagración del mundo entero la hizo el Papa León
XIII en la basílica vaticana el 11 de junio de 1899. Según sus
propias palabras, fue el acto más importante de mi pontificado.
Veamos el texto de la consagración:
CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano; miradnos
humildemente postrados ante vuestro altar. Vuestros somos y vuestros
queremos ser; y para que podamos hoy unirnos más íntimamente con
Vos, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a vuestro
Sagrado Corazón.
Es verdad que muchos jamás os conocieron, que muchos os
abandonaron después de haber despreciado vuestros mandamientos;
tened misericordia de los unos y de los otros, benignísimo Jesús,
y atraedlos a todos a vuestro Santísimo Corazón.
Reinad, Señor, no solamente sobre los fieles que jamás se
apartaron de vos, sino también sobre los hijos pródigos que os
abandonaron, y haced que éstos prontamente regresen a la casa
paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.
Reinad sobre aquellos a quienes traen engañados las falsas
doctrinas o se hallan divididos por la discordia, y volvedlos al
puerto o se hallan y la unidad de la fe, para que en breve no haya
sino solo redil y un solo Pastor.
Conceded, oh Señor, a vuestra Iglesia, segura y completa
libertad; otorgad la paz a las naciones y haced que del uno al otro
confín de la tierra resuene esta sola voz: Alabado sea el divino
Corazón, por quien nos vino la salud: a Él sea la gloria y honor
por todos los siglos de los siglos. Amén.
Benigna Consolata Ferrero (1885-1916), religiosa italiana de la
Visitación, murió a los 31 años con fama de santidad. Jesús le
decía: Es necesario reavivar la devoción a este Corazón para que
el mundo se conmueva de nuevo. Mi Corazón ha de ser la salvación
de todo el mundo, la salvación de cuantos lo busquen y lo conozcan.
Yo no puedo resistir, viendo tantas almas engañadas. Con ella
usaré de misericordia, llamándolas dulcemente a mi divino
Corazón. Yo les revelaré los secretos inefables de mi divino
Corazón y les enseñaré a vivir de mi amor, de aquel amor que
vuelve suave el dolor más grande y que hace gustar al alma una paz
celestial, aún en medio de las rudas pruebas.
Mi Corazón es tan poco conocido que si los hombres tuviesen que
elegir entre Mí y un pedazo de pan, preferirían el pan... Esto me
causa mucha pena. Ver a los hombres que gimen, sufren privaciones,
languidecen; conocer que tengo todo lo que necesitan, ver que lo
rehúsan, que lo desprecian, es una pena que me pesa en el Corazón.
Para no sentirla, sería menester no haber muerto por ellos como Yo
he muerto... ¡Cuánto me preocupa el amor de los hombres! ¡Cuánto
ansío su amor! Por esto, cuando encuentro un corazón que me abre
las puertas, me precipito dentro con todas mis gracias.
Dame el consuelo de darme tus miserias. Yo quiero hacer contigo
de trapero, esto es, del que se lleva los trapos viejos y encima
paga al que se los da. Si tú me das tus miserias, Yo te pago; tú
te quitas de encima un problema, y a Mí me das un placer; pero es
necesario vendérmelas con un acto de humildad profunda, no
despechada, sino de verdad. Y luego, Benigna mía, llámame como
quieras: el trapero del amor o de la misericordia, las dos cosas me
agradan. Amor y misericordia son como la respiración de mi
dulcísimo Corazón. Yo atraigo a mí todas las miserias de mis
pobres y débiles criaturas para consumirlas en el fuego de la
caridad divina.
Tú no puedes creer, Benigna, el placer que experimento en hacer
de Salvador, es todo mi contento y fabrico las más bellas obras
maestras, precisamente de aquellas almas que he tomado de más
abajo, más de entre el fango, porque tengo más materia, tengo más
cosas sobre que trabajar.
Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690)
Esta religiosa francesa de la Orden de la Visitación es la más
importante de los apóstoles del Corazón de Jesús. Benedicto XV,
en la homilía de su canonización, dijo: Es claro cuál es el
encargo asignado por Dios a santa Margarita: Predicar a todos los
hombres las riquezas del Corazón de Jesús.
Ella recibió cuatro grandes revelaciones del Corazón de Jesús
y en sus diversas comunicaciones con Él, recibió las famosas
promesas del Corazón de Jesús. Ella difundió la práctica de la
consagración al Corazón de Jesús y la práctica de los nueve
primeros viernes de mes.
Todo lo cual tiene como finalidad llevarnos a una vida de
confianza en Jesús sin miedos o temores paralizantes que nos alejen
de Él. De ahí ha surgido la famosa jaculatoria: Sagrado Corazón
de Jesús en Vos confío. Esta misma confianza en Jesús será
posteriormente resaltada por santa Faustina Kowalska, la mensajera
del Señor de la Misericordia, pues Jesús se le presenta como el
Amor, el Perdón y la Misericordia. Jesús no quiere que le tengan
miedo, especialmente los grandes pecadores, sino que siempre, a
pesar de todos sus pecados, confíen en Él y se acerquen a Él a
pedirle humildemente perdón, sabiendo que serán escuchados y
perdonados. Por eso, en la imagen del Señor de la misericordia se
coloca la frase: Jesús, en Ti confío.
Hablando concretamente de santa Margarita María, veamos ahora
las promesas y Revelaciones que le hace el Sagrado Corazón de
Jesús. Y notemos que se presenta especialmente, cuando está
expuesto en el santísimo sacramento, para dar a entender la íntima
relación entre el Corazón de Jesús y la Eucaristía, pues son la
misma y única realidad: Jesús que está vivo, con su Corazón
palpitante en el sacramento de la Eucaristía.
Revelaciones
Primera Revelación principal (27 diciembre 1673):
Un día, estando delante del Santísimo Sacramento, me encontré
toda penetrada por esta divina presencia, pero tan fuertemente que
me olvidé de mi misma y del lugar donde estaba, y me abandoné a
este Espíritu, entregando mi corazón a la fuerza de su amor. Me
hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual
me descubrió las maravillas inexplicables de su Corazón sagrado...
Y me dijo: “Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por
los hombres y por ti en particular que, no pudiendo ya contener en
sí mismo las llamas de su ardiente caridad, le es preciso
comunicarlas por tu medio y manifestarse a todos para enriquecerlos
con los preciosos tesoros que te estoy descubriendo”... Me pidió
después el corazón y yo le supliqué que lo tomase. Lo cogió y lo
introdujo en su Corazón adorable, en el cual me lo mostró como un
pequeño átomo que se consumía en aquel horno encendido. Lo sacó
de allí cual si fuera una llama ardiente en forma de corazón y lo
volvió a colocar en el sitio de donde lo había cogido,
diciéndome: “He ahí, mi muy amada, una preciosa prenda de mi
amor, el cual encierra en tu pecho una pequeña centella de sus
vivas llamas para que te sirva de corazón y te consuma hasta el
postrer momento”.
Quedé muchos días como abrasada toda y embriagada y tan fuera
de mí que no podía reponerme para hablar, sino haciéndome
violencia.
Segunda Revelación principal (1674):
Se me presentó el Corazón divino como en un trono de llamas,
más ardiente que el sol y transparente como un cristal con su
adorable llaga. Estaba rodeado de una corona de espinas, que
simbolizaba las punzadas que nuestros pecados le inferían; y una
cruz encima significaba que, desde los primeros instantes de la
Encarnación, es decir, desde que fue formado este Sagrado Corazón,
fue implantada en él la cruz. Desde aquellos primeros momentos, se
vio lleno de todas las amarguras que debían causarle las
humillaciones, pobreza, dolor y desprecio que la sagrada humanidad
debía sufrir durante todo el curso de su vida y de su sagrada
pasión.
Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los
hombres y de apartarlo del camino de la perdición, le había hecho
formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres con todos
los tesoros de su amor, de misericordia, de gracia, de
santificación y de salvación que contiene. Pero es preciso
honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen
quería que se expusiera y que llevara yo sobre mi corazón. Y
dondequiera que esta imagen fuere expuesta para ser honrada
derramaría sus gracias y bendiciones...
Una vez, este Soberano de mi alma me mandó velar todas las
noches del jueves al viernes durante una hora, postrada en la tierra
con Él, diciéndome que me enseñaría lo que deseaba de mí. Esto
tenía también por objeto reparar lo que sufrió en aquella hora en
que, estando en el Huerto de los Olivos, se quejó diciendo que sus
apóstoles no habían podido velar con Él una hora... Me mandó
comulgar todos los primeros viernes de cada mes para reparar los
ultrajes que durante el mes ha recibido en el Santísimo Sacramento
y me decía: “Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado
por los hombres en el Santísimo Sacramento que esta sed me consume
y no hallo a nadie que se esfuerce según mi deseo en apagármela,
correspondiendo de alguna manera a mi amor”.
Jesús me dijo: “Hija mía, tu deseo de recibirme ha penetrado
tan dentro de mi Corazón que, si no hubiese instituido este
sacramento de amor, lo instituiría ahora para hacerme tu alimento.
Me agrada tanto el que deseen recibirme que, todas las veces que el
corazón forma este deseo, otras tantas le miro amorosamente para
atraerle a Mí”.
Tercera Revelación principal (1674):
Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, después de
sentirme completamente retirada al interior de mí misma por un
recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, se me
presentó Jesucristo, mi divino Maestro, todo radiante de gloria con
sus cinco llagas que brillaban como cinco soles; y por todas partes
salían llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable
pecho, el cual parecía un horno. Abrióse este y me descubrió su
amantísimo y amabilísimo Corazón, que era el vivo foco de donde
procedían semejantes llamas.
Entonces, fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables
de su amor puro y el exceso a que le había conducido el amor al os
hombres, de los cuales no recibía sino ingratitudes y desprecios.
Cuarta y última Revelación principal (16 de junio de 1675):
Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, recibí
de Dios gracias excesivas de su amor y sintiéndome movida del deseo
de corresponderle en algo y rendirle amor por amor, me dijo: “No
puedes darme mayor prueba que la de hacer lo que yo tantas veces te
he pedido”. Entonces, descubriendo su divino Corazón me dijo: He
aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha
perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y
en reconocimiento no recibo dé la mayor parte más que ingratitud,
ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por frialdad y desprecio
con que tratan en este sacramento del amor.
Te pido que sea dedicado el primer viernes, después de la octava
del Santísimo Sacramento, a una fiesta particular para honrar mi
Corazón, comulgando ese día y reparando su honor por medio de un
respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que he
recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares.
Promesas
Jesús prometió que todos los que se consagren a este Sagrado
Corazón no perecerán jamás y que, como es manantial de todas las
bendiciones, las derramaría en abundancia en todos los lugares
donde estuviera expuesta la imagen de este amable Corazón para ser
allí amado y honrado. Que, por este medio, uniría a las familias
desunidas y asistiría y protegería a las que se vieran en alguna
necesidad.
El Corazón de Jesús no permitirá que se pierda cosa alguna que
le esté verdaderamente consagrada y dedicada.
Un viernes, en la sagrada comunión, me dijo estas palabras: “Te
prometo en la excesiva misericordia de mi Corazón que su amor
omnipotente concederá a todos los que comulguen nueve primeros
viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no
morirán en mi desgracia y sin haber recibido los sacramentos; mi
divino Corazón será su asilo seguro en el último momento.
Como tiene tan vivos deseos de ser conocido, amado y honrado por
los hombres, en el corazón de los cuales tanto ha anhelado
establecer por este medio el imperio de su puro amor, ha prometido
grandes recompensas a todos los que se emplearen en hacerle reinar.
¡Qué felicidad es contarse en este número!.
Ha prometido a todos cuantos se consagren y se ofrezcan a Él
para darle este contento que jamás les dejará perecer. Que será
un asilo seguro contra las asechanzas de sus enemigos, sobre todo,
en la hora de la muerte y que los recibirá amorosamente en su
divino Corazón, poniendo en seguridad su salvación y que, como Él
es la fuente de todas las bendiciones, las derramará abundantemente
en todos los lugares donde sea honrada la imagen de ese Sagrado
Corazón.
Además, prometió que daría la paz a las familias en que
reinara la misericordia y protegería a las estuvieran en
necesidad... Y también creo que se cumplirán y protegería a las
que estuvieran en necesidad… Y también creo que se cumplirán
aquellas palabras que me hacía oír de continuo entre las grandes
dificultades y oposiciones que había al principio de esta
devoción: YO REINARÉ A PESAR DE MIS ENEMIGOS Y DE CUANTOS SE
OPONGAN A ELLO. No temas yo reinaré a pesar de mis enemigos y de
todos los que quisieran oponerse.
Yo espero que esta devoción será uno de los medios de que Él
se quiere servir para sacar de la perdición un gran número de
almas, arruinando en ellas el imperio de Satanás, para reponerles,
con su gracia santificante, en el camino de la salvación eterna,
como me parece haberlo prometido. Me hizo ver esta devoción como
uno de los últimos esfuerzos de su amor para con los hombres a fin
de que, poniéndolo a plena luz en un cuadro particular su divino
Corazón, traspasado de amor por su salvación, pueda asegurar su
salud, eterna y no dejar perecer a ninguno de aquellos que le estén
consagrados... El les servirá de asilo seguro en la hora de la
muerte para recibirlos y defenderlos de sus enemigos.
Nada más dulce ni más grato y, al mismo tiempo, más fuerte y
eficaz para convertir a los pecadores más endurecidos que la suave
unción de la caridad ardiente de este Corazón amable. Él
penetrará los corazones más insensibles por medio de la palabra de
sus predicadores y fieles amigos, haciendo que sea como una espada
ardiente que derrita en su amor los corazones más helados.
Infinitos son los tesoros de bendiciones y de gracias que
encierra este Sagrado Corazón. No sé ya que haya en la vida
espiritual ningún ejercicio de dirección más propio para elevar
el alma en poco tiempo a la más alta perfección y hacerle gustar
las verdaderas dulzuras que se encuentran en el servicio de
Jesucristo. Sí, lo digo con seguridad: Si supiera cuán agradable
le es a Jesucristo esta devoción, no habría un solo cristiano por
poco amor que tuviera a este amable Salvador que no la practicase
enseguida... En cuanto a las personas seglares, encontrarán en su
estado, por medio de esta amable devoción, cuantos socorros
necesiten, es decir paz en sus familias, alivio en sus trabajos,
bendiciones del cielo en todas sus empresas y consuelo en sus
tristezas. En ese mismo Sagrado Corazón es en donde hallarán
propiamente un lugar de refugio durante su vida y principalmente en
la hora la muerte... Mi divino Maestro me ha dado a conocer que los
que trabajen en la salvación de las almas, tendrán un arte
especial para conmover los corazones más endurecidos, si profesan
tierna devoción a su Corazón Sagrado, y si trabajan para
inspirarla a los demás y establecerla en todas partes.
El Corazón de Jesús me ha hecho ver varios nombres que estaban
escritos en Él, a causa del deseo que tienen de hacerlo honrar, y
por esto mismo no permitirá que jamás sean borrados de Él.
Resumen de las promesas del Sagrado Corazón de Jesús de
Alacoque para los que le tengan devoción y sean apóstoles de su
divino Corazón.
Les daré las gracias necesarias a su estado (Carta N° 141 a su
director). Pondré paz en sus familias (Carta al padre Croiset, 10
de agosto de 1689). Los consolaré en todas sus aflicciones (Carta
N° 141 a su director). Seré su refugio durante la vida y, sobre
todo, a la hora de la muerte (Carta al padre Croiset, 16 de agosto
de 1689). Bendeciré abundantemente sus empresas (Carta N° 141 a su
director) Los pecadores hallarán misericordia (Carta a su hermano,
el alcalde, junio de 1689). Los tibios se harán fervorosos (Carta
al padre Croiset, 15 de setiembre de 1689). Los fervorosos se
elevarán rápidamente a gran perfección (Carta N°141 a su
director). Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea
expuesta y honrada (Carta a la madre Saumaise, 24 de agosto de1685;
carta al padre Croiset, 10 de agosto, de 1689). Les daré la gracias
de mover los corazones más endurecidos (Carta N° 141 a su
director). Las personas que propaguen esta devoción tendrán su
nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de él. (Carta
a la madre Greyfie, enero de 1686). Te prometo en la excesiva
misericordia de mi Corazón que su amor omnipotente concederá a
todos los que comulguen nueve primeros ciernes de mes seguidos la
gracia de la penitencia final, no morirán en mi desgracia y sin
haber recibido los sacramentos. Mi divino Corazón será su refugio
seguro en los últimos momentos. (Carta a la madre Saumaise de mayo
de 1688). No perecerá ninguno que se me consagre (Carta a la madre
Saumaise, 24 de agosto de 1685).
2- Promesas especiales a comunidades religiosas
Jesús prometió que Él derramaría la suave unción de su
ardiente caridad en todas las comunidades en que fuera honrada esta
divina imagen.
Y prometió que, en las comunidades religiosas en que fuere
honrado y se pusieran bajo su especial protección, mantendría en
ellas todos los corazones unidos para no formar sino un solo
corazón con el suyo. Y aquellas Comunidades que le conozcan y se
coloquen bajo su protección, Él derramará abundantemente sus
tesoros de gracias santificantes por la unción de caridad y la
suavidad de su amor.
Consagración al Corazón de Jesús y de María
Este es un punto importante en las revelaciones de santa
Margarita María de Alacoque y que han practicado y recomendado
muchos santos con abundantes frutos espirituales.
Consagrarse significa entregarse totalmente, como una madre que
se consagra al cuidado de su esposo y de sus hijos. Es como una
dedicación completa, como cuando decimos que tal se ha consagrado a
las ciencias o al comercio.
De la misma manera, Jesús quiere que nos entreguemos totalmente
a Él, con una disponibilidad total y sin condiciones, poniendo todo
lo que somos y tenemos a su servicio para que Él disponga
libremente de nosotros según su santa voluntad. Consagración es,
pues, una donación de todo nuestro ser, es abandonarse totalmente
en sus manos divinos para amarlo sin medida y seguirlo sin
condiciones.
Santa Margarita María le decía a la hermana de la Barge: La
invito a que haga entera donación de todo su ser espiritual y
corporal, y de todo cuanto haya de hacer o haya hecho, a fin de que,
después de haber Él purificado y consumido todo cuanto le agrade,
pueda disponer de ello según su deseo.
Ella misma dice que Jesús le mandó hacer su testamento.
Una vez me pidió Jesús que hiciese un testamento a su favor de
la manera que Él me enseñaría y que mi Superiora serviría de
notario. Todo se hizo como Él había deseado. Enseguida,
habiéndoselo presentado, habiéndoselo presentado, me lo hizo
firmar sobre mi corazón de la manera dolorosa que quiso. Y luego me
dijo: “Ahora eres toda mía y toda para Mí, para hacer de ti todo
lo que me agrade como de mi hija, mi esclava, mi víctima y el
juguete de los deseos de mi Corazón.
Después me dijo: “Yo te constituyo heredera de los tesoros de
Mi Corazón para que puedas disponer de ellos a tu gusto a favor de
las personas bien dispuestas. Este Corazón será tu fiador que
responderá y pagará por ti. Él será el reparador de todos tus
defectos y tendrá cuidado del desempeño de todos los deberes y
obligaciones y no carecerás de auxilio. Y, como tú te has
entregado y sacrificado por completo al amor de mi beneplácito, no
debes ya tener otra aplicación que la de amarme y dejarte inmolar y
sacrificar por Mí”.
Como vemos, Jesús no se deja ganar en generosidad y la
constituye heredera de todos los tesoros de su Corazón. Por eso, el
consagrarnos nosotros a este divino Corazón será un medio
extraordinario de santificación.
Dice santa Margarita María: Cuando nos hemos consagrado y
dedicado por completo a este Corazón adorable, para honrarle y
amarle con todos nuestros medios, abandonándolos del todo, Él se
cuida de nosotros y nos hace arribar al puerto de la salvación a
pesar de las borrascas.
Y ella escribió su primera consagración así:
Yo N.N. consagro al Sagrado Corazón de Nuestro Señor
Jesucristo, mi persona y mi vida, mis acciones, penas y
sufrimientos, para no servirme de ninguna parte de mi ser sino para
honrarle, amarle y glorificarle. Esta es mi voluntad irrevocable:
ser toda suya y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo
corazón a cuanto desagradarle.
Te elijo, oh sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor,
el protector de mi vida, la garantía de mi salvación, el remedio
de mi fragilidad, el reparador de todas mis faltas y el asilo seguro
en la hora de mi muerte.
Oh Corazón de amor, pongo toda mi confianza en Ti. Consume en
mí todo lo que te desagrade. Que tu puro amor se imprima en lo
íntimo de mi corazón de tal modo que jamás te olvide ni me separe
de Ti. Te suplico, por todas tus bondades, que mi nombre esté
escrito en tu Corazón y jamás sea borrado de Él, porque quiero
vivir y morir como hija (esclava) tuya para siempre. Amén.
San Juan Eudes enseñaba la siguiente consagración: Jesús, te
ofrecemos, donamos y te inmolamos nuestro corazón. Recíbelo,
poséelo todo entero; purifícalo, ilumínalo, santifícalo para que
en él vivas y reines ahora y siempre por los siglos de los siglos.
San Ignacio de Loyola propone esta consagración: Tomad, Señor,
y recibí toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi
voluntad, todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor,
lo torno; todo es vuestro, disponed de acuerdo a vuestra voluntad;
dadme vuestro amor y gracia que esto me basta.
Y, en general, todos los santos, de una manera o de otra, con
unas palabras u otras, han hecho de su vida una entrega total al
servicio de Dios que, en realidad, es una verdadera consagración.
Actualmente, se habla mucho también de la consagración al
Inmaculado Corazón de María. Esta devoción al Inmaculado Corazón
de María ha tomado especial impulso a raíz de las apariciones de
Fátima, donde María le decía a Lucía: Jesús quiere servirse de
ti para darme a conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la
devoción a mi Inmaculado Corazón.
Habéis visto el infierno adonde van las almas de los pobres
pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la
devoción a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los
primeros sábados... Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El
Santo Padre me consagrará, Rusia que se convertirá, y será
concedido al mundo un periodo de paz.
Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga,
en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia
a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio (Tuy,
España, 13 de junio de 1929).
En 1944, el Papa Pío XII consagró el mundo al Inmaculado
Corazón de María, pero esta consagración no reunía las
condiciones exigidas por Jesucristo de que lo hiciera en unión con
todos los obispos del mundo. En cambio, la que hizo Juan Pablo II en
la plaza de san Pedro el 25 de marzo de 1884, sí reunía estas
condiciones, como lo reconoció la vidente Lucía.
Veamos la consagración del mundo por Juan Pablo II:
Nos encontramos unidos con todos los Pastores de la Iglesia, con
un particular vínculo, constituyendo un cuerpo y un colegio al
igual que los apóstoles constituían un cuerpo con Pedro.
En el vínculo de tal unidad, pronunciamos las palabras del
presente Acto, en el que deseamos incluir, una más las esperanzas y
las angustias de Iglesia por el mundo contemporáneo...
Oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos
los sufrimientos y sus esperanzas, Tú que sientes naturalmente
todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las
tinieblas, que sacuden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito
que, movidos por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a Tu
Corazón: abraza, con amor de Madre y de sierva del Señor, este
nuestro mundo humano, que te confiamos y consagramos llenos de
inquietudes por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los
pueblos. De una manera especial te confiamos y consagramos aquellos
hombres y aquellas naciones, que de esta entrega y de esta
consagración tienen particular necesidad.
He aquí que encontrándonos ante Ti, Madre de Cristo, ante tu
Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a
la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo ha hecho de sí
mismo al Padre: “Por ellos, ha dicho Él, me consagró a Mí
mismo, para que también ellos sean consagrados en la Verdad” (Jn
17, 19). Queremos unirnos a Nuestro Redentor en esta consagración
por el mundo y por los hombres, la cual, en su divino Corazón,
tiene la fuerza de obtener el perdón y de procurar la reparación.
La fuerza de esta consagración dura para todos los tiempos y
abraza a todos los hombres, los pueblos y las naciones, y supera
todo mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de provocar en
el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha
provocado en nuestros tiempos.
Oh, ¡cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración
para la humanidad y para el mundo: para que nuestro mundo
contemporáneo, en unión con Cristo mismo! La obra redentora de
Cristo, en efecto, debe ser participada por el mundo por medio de la
Iglesia.
¡Madre de la Iglesia! ¡Ilumina al Pueblo de Dios por el camino
de la fe, de la esperanza y de la caridad! Ilumina, especialmente
aquellos pueblos de los que Tú misma esperas nuestra consagración
y nuestra entrega. Ayúdanos a vivir en la verdad de la
consagración de Cristo a toda la familia humana del mundo
contemporáneo. Confiando a Ti, oh Madre, el mundo, todos los
hombres y todos los pueblos, Te confiamos, también la misma
consagración del mundo, poniéndola en tu Corazón materno.
¡Oh Corazón Inmaculado! ¡Ayúdanos a vencer la amenaza del
mal, que tan fácilmente se arraiga en el corazón de los hombres de
hoy y que en sus efectos inconmensurables ya grava sobre la vida
presente y parece cerrar los cambios hacia el futuro!
¡Acoge, oh Madre de Cristo, este grito cargado con los
sufrimientos de los hombres de todos los hombres! ¡Cargado con el
grito de enteras sociedades! Ayúdanos con el poder del Espíritu
Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el pecado del
mundo, el pecado en todas sus manifestaciones.
¡Que se revele, en la historia del mundo el infinito poder
salvífico de la Redención: poder del Amor Misericordioso! ¡Que
Él detenga el mal! ¡Transforme las conciencias! ¡Que en Tu
Corazón Inmaculado se manifieste a todos la luz de la Esperanza!
Amén.
Juan Pablo II fue el Papa de los dos Corazones: del Corazón de
Jesús y del Corazón de María. Por eso nos recomienda consagrarnos
a Jesús por medio de María.
PROMESA DEL INMACULADO CORAZON DE MARÍA
El 10 de diciembre de 1925, estando Lucía en el convento de
Pontevedra (España), se le apareció la Santísima Virgen, le
mostró su Corazón cercado de espinas y le dijo:
Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está
cubierto de espinas que los hombres ingratos en todo momento le
clavan sin saber quien haga algún acto de reparación para
sacarlas.
Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres
ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú
al menos, procura consolarme y di a todos aquellos que durante cinco
meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la santa
comunión, recen una parte del rosario y me hagan 15 minutos de
compañía, meditando en los misterios del rosario con el fin de
desagraviarme, que yo prometo asistirles en la hora de la muerte con
todos las gracias necesarias para la salvación de sus almas.
María nos promete la salvación por medio de la devoción de los
cinco primeros sábados de mes, al igual que Jesús prometía la
salvación a quienes confesaran, comulgaran y rezaran por el Papa
nueve primeros viernes de mes seguidos.
El Señor de la Misericordia
No podemos dejar de hablar aquí del Señor de la Misericordia,
ya que está íntimamente unido a la devoción al Corazón de
Jesús, pues es el mismo Jesús que le decía a santa Faustina
Kowaslska: Yo soy el Amor, el perdón y la misericordia. Es el mismo
Corazón de Jesús, que ese nos presenta bajo la acción de su amor
misericordioso o de su misericordia amorosa especialmente para con
los pecadores.
Jesús le dijo: Pinta una imagen mía, según la visión que ves,
con la inscripción “Jesús, yo confío en Ti”. Yo deseo que
esta imagen sea venerada primero en tu capilla y después en el
mundo entero. Yo prometo que el alma que honre esta imagen, no
perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos en la
tierra, pero especialmente a la hora de su muerte...
Los dos rayos de la imagen significan el agua y la sangre (el
rayo pálido representa el agua que justifica a las almas; el rayo
rojo simboliza la sangre que es la vida de las almas). Ambos rayos
brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia, cuando
mi Corazón agonizante fue abierto por la lanza en la cruz.
Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano
de Dios no lo seguirá hasta allí... Yo deseo que se establezca una
fiesta de la misericordia y que esta imagen sea venerada por todo el
mundo. Esta fiesta será el primer domingo después de Pascua.
Ella escribió en su Diario algunas invocaciones:
Misericordia divina, que brotas del seno del Padre, en Ti
confío. Misericordia divina, supremo atributo de Dios, en Ti
confío. Misericordia divina, misterio incomprensible, en Ti
confío. Misericordia divina, fuente que brota del misterio de la S.
Trinidad, confío en Ti. Misericordia divina, de donde brotan la
vida y la felicidad, en Ti confío. Misericordia divina, más
sublime que los cielos. Misericordia divina, manantial de milagros y
maravillas. Misericordia divina, que bajas a la tierra en la persona
de Jesús. Misericordia divina, que manaste de la herida abierta del
Corazón de Jesús. Misericordia divina, que fundaste la Iglesia.
Misericordia divina, presente en el bautismo. Misericordia divina,
que nos acompaña a lo largo de la vida. Misericordia divina, que
nos ayuda especialmente en la hora de la muerte. Misericordia
divina, por la que se convierten los pecadores más endurecidos.
Misericordia divina, que deja atónitos a los ángeles. Misericordia
divina, manantial de felicidad y alegría. Misericordia divina, que
presides todas las obras de Dios. Misericordia divina, dulce
consuelo de los corazones angustiados. Misericordia divina, única
esperanza de los desesperados. Misericordia divina, esperanza para
quienes han perdido toda esperanza.
Oh Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro
de compasión inagotable, vuelve a nosotros tu bondadosa mirada y
aumenta tu misericordia en nosotros para que, en los momentos
difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con
la máxima confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es Amor
y Misericordia. Amén (Diario, 12 de febrero 1937).
El Papa Juan Pablo II, consagró el mundo a la divina
misericordia el 17 de agosto de 2002 en el santuario de la divina
misericordia de Cracovia. Veamos algunas de sus palabras:
Hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a
la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el
mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través
de santa Faustina, llegué a todos los habitantes de la tierra y
llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde
este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla
la firme promesa del Señor Jesús: De aquí debe salir “la chispa
que preparará al mi mundo para su última venida”. Es preciso
encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al
mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el
mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo
esta tarea a vosotros amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia
que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la
Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed
testigos de la misericordia!
Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo
Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo.
Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo
hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad;
derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra
experimenten tu misericordia, para que en Ti; Dios uno y trino,
encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo,
tu misericordia de nosotros y del mundo entero y del mundo entero.
Amén.
EL APÓSTOL MUNDIAL DEL CORAZON DE JESÚS
El padre Mateo Crawley (1875-1960) nació el 18 de noviembre de
1875 en Arequipa (Perú). Fue bautizado con el nombre de Eduardo
Máximo; pero, al hacer sus votos religiosos, cambió su nombre por
el de Mateo y así se le conoce en el mundo entero. A los nueve
años, fue a vivir con sus padres a Valparaíso (Chile), donde
estudió, y entró en el noviciado de la congregación de los
Sagrados Corazones. Siendo seminarista, descubrió olvidada en un
armario del colegio una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que
cambiaría en cierto modo su vida.
Esta imagen había pertenecido al presidente de Ecuador Gabriel
García Moreno. Este gran católico y presidente por tres veces del
Ecuador, bajo la guía del padre Manuel Proaño, director nacional
del Apostolado de la Oración, organizó la consagración de Ecuador
al Corazón de Jesús. Para ello, pidió al Superior general de los
Redentoristas cincuenta misioneros fervorosos, para hacer una
intensa evangelización a nivel nacional. Y, obtenido el
beneplácito de los obispos y de las Cámaras, emitió un decreto
que decía: Se consagra la República del Ecuador al Santísimo
Corazón de Jesús, declarándolo su patrón y protector. Esta
consagración se realizó el 25 de marzo de 1874 en la catedral de
Quito. En 1984, el Papa Juan Pablo II, en su visita a Ecuador,
renovó esta consagración del país ante un millón de fieles.
Pero García Moreno tenía muchos enemigos, que eran contrarios a
la religión católica. El 6 de agosto de 1875, después de asistir
a misa y comulgar, cuando iba a subir las escaleras exteriores del
palacio, lo asaltaron los conjurados que lo estaban esperando. Le
dieron catorce puñaladas y seis balazos. Antes de matarlo, uno de
ellos le dijo: Muere, verdugo de la libertad. Y él tuvo fuerzas
para decir: Dios no muere.
Inmediatamente después de su muerte, sus familiares y amigos,
temiendo que los revolucionarios se apoderaran del gobierno y
destruyeran todos los objetos religiosos, recogieron la imagen del
Corazón de Jesús que tenía en su despacho presidencial y que
había presidido la consagración del Ecuador, y lo escondieron.
Esta imagen fue entregada por la familia al padre Serrano, sacerdote
ecuatoriano de los Sagrados Corazones, quien en 1890 la llevó a
Valparaíso, donde estuvo cuatro años escondida en un armario.
Dice el padre Mateo: Confundida con otros objetos de interés, se
hallaba la preciosa tela en el fondo de un baúl a la espera de la
hora de Dios para comenzar a difundir luz espléndida como el sol de
amor y gloria divina. Yo tuve la felicidad, mejor dicho, la gracia
enorme como inmerecida de sacarla de la sombra y de llevarla en mis
hombros como una bandera de victoria de un polo a otro polo, y no
creo pecar de atrevimiento, si juzgo que García Moreno, mártir
incomparable del Corazón de Jesús, no fue ajeno a esta
predestinación de la que fui objeto sin ningún mérito propio.
El padre Mateo descubrió esta imagen del Corazón de Jesús en
1894 y en 1897 se la pidió al padre provincial como un estandarte
de lucha y prenda de victoria para su obra de la entronización del
corazón en los hogares, que comenzó a poner por obra a partir de
1905. Mientras tanto, desde su ordenación Sacerdotal en 1898,
colocó este cuadro en el Salón de honor del colegio que tenía su
congregación en Valparaíso.
En 1907, como tenía muy mala salud, los Superiores lo enviaron a
Europa para restablecerse. El padre Mateo aprovechó su viaje para
conversar con diversas autoridades eclesiásticas y exponerles sus
ideas. En junio de ese año, fue recibido por el Papa Pío X, quien
le dijo: No sólo te permito tu trabajo (en esta tarea de la
entronización), sino que te lo mando. Esta es una obra de
salvación social. Conságrale tu vida. Él había ideado esta
palabra entronización para establecer el Reinado social de Cristo a
través del método de que reinara familia por familia, haciendo que
Jesús fuera el Rey y Señor de cada hogar.
Ese mismo año, el 24 de agosto, va al santuario de
Paray-le-onial, donde santa Margarita María de Alacoque había
recibido las revelaciones sobre el Corazón de Jesús. Allí tuvo
una experiencia mística, que le confirmó en su misión, siendo
curado milagrosamente de sus males, especialmente de los bronquios.
Desde ese momento, se dedica en cuerpo, alma y espíritu, a la
predicación para conquistar el mundo para Dios.
De regreso a Chile, en 1908, inició su cruzada de entronización
en Valparaíso. El arzobispo de Santiago de Chile fue el primero en
dar la aprobación oficial a su Obra el 11 de agosto de 1908.
Después predicó en Perú, Uruguay y Argentina.
El 23 de julio de 1914, cuando ya había estallado la primera
guerra mundial, se embarcó para Europa. Su estadía, según la
intención de sus Superiores, sería de unos meses; pero, en
realidad, no volvería a su tierra sino después de 42 años de
predicar por muchos países a lo largo del mundo. En 1915, el Papa
Benedicto XV le concedió una Audiencia en la que dijo: Haga saber
que es voluntad del Papa que esta Obra redentora se extienda por
todo el mundo.
Por todas partes, a lo largo del mundo, conmueve a todos con su
fervor y su amor a Jesús, Rey de amor, y promoviendo sin cesar su
entronización como Rey de Reyes y Señor de los Señores. La fuerza
la recibía de la oración. Por las noches se pasaba algunas horas
en oración ante el Santísimo. Y, por la mañana, la santa misa era
el centro de cada día y la vida de su vida.
La misa, que celebrada por él, era de por sí un testimonio
viviente de la presencia real de Jesús. Decía: Si Dios me dejara
escoger entre cincuenta años de éxtasis y una misa, yo escogería
la misa. Todas las manifestaciones de los Congresos... no valen una
misa del Cura de Ars. El director de la revista eucarística del
clero de Montreal, publicaba en diciembre de 1944 lo siguiente: La
predicación más convincente del padre Mateo es su misa. Hemos
tenido el privilegio de ayudársela durante los días de retiro. Y
hemos comprendido por qué en 1918 el Papa Benedicto XV había
pedido el padre Mateo que celebrara en su presencia. Es un
recogimiento total, una interioridad, una intimidad con el Amigo,
una paz, una suavidad que no se pueden describir. El padre
desaparece y en la misma medida aparece el sacerdote principal:
Jesús. Se ha creado una atmósfera. Uno se encuentra en el monte
santo. Uno quisiera permanecer en él toda la vida. El recogimiento
intenso del padre es por sí solo una predicación.
Cuando le preguntaron si había tenido alguna dificultad para
celebrar la misa delante del Papa Benedicto, respondió: ¿Por qué
había de tenerla? Tenía ante mí más que al Papa, tenía sobre el
altar al mismo jefe del Papa.
En una circular de 1914 decía: “No se podrá insistir
suficientemente en la unión indispensable que debe haber entre el
culto a la Eucaristía y el Sagrado Corazón de Jesús. Son dos
palabras, dos títulos, pero un solo amor, uno solo” Y escribía:
“La relación entre el culto del Sagrado Corazón y la Eucaristía
es íntima... Nuestro objetivo es formar millares y millares de
familias eucarísticas mediante esta Cruzada de entronización.
La entronización se abría campo poco a poco en los distintos
países de Europa, incluso en consagraciones colectivas de
municipios locales del Estado, empresas, diócesis enteras. En
España, la apoteosis tuvo lugar en la erección del monumento
nacional al Corazón de Jesús en el centro geográfico de España,
el Cerro de los Ángeles, en Madrid.
La ceremonia de consagración de España en el Cerro de los
Ángeles fue el 30 de mayo de 1919. Asistió el rey Alfonso XIII, la
reina Victoria, la reina madre y la familia real con el gobierno en
pleno y representantes de Las Cortes y de los organismos del Estado.
El nuncio bendijo el monumento, El rey leyó el acta de
consagración y toda España vibró de entusiasmo, renovando esta
consagración en pueblos y parroquias de todo el país. En 1936 los
comunistas dinamitaron este monumento, pero antes de dinamitarlo,
fusilaron la imagen del Corazón de Jesús como si estuviera vivo.
Sin embargo, después de la guerra, fue reconstruido, más hermoso
aún en 1965 e inaugurado por gloria de Dios.
En Uruguay se levantó un hermoso monumento en el Monte de la
Victoria, que domina la ciudad de Montevideo. En Bolivia se levantó
también un monumento al Corazón de Jesús en presencia del
Presidente de la República y de sus ministros... Y así en otros
países del mundo y no sólo en, Europa o América.
El padre Mateo viajó a Palestina, Indonesia, Hawai, Malasia,
Vietnam, Hong Kong, Filipinas, Sri Lanka, India, Manchuria, Japón,
Las islas de Polinesia y a distintos países de África. Su mayor
triunfo en USA, fue la consagración, en 1942, de la diócesis de
Chicago al Corazón de Jesús.
Además, el padre Mateo organizó otras Obras como la Asociación
del Apostolado del sufrimiento, para asociar a los enfermos a su
Obra. La Obra de los benjamines (niños) o tarcisios (jóvenes y
adultos) para que hiciera apostolado del Corazón de Jesús,
recibiendo fuerza de la Eucaristía. Él decía: Sólo del sagrario
surgirá la conversión de las almas. Además, instauró las Horas
Santas y la Adoración nocturna en los hogares.
El Papa Pío XI, en 1935, lo nombró misionero para evangelizar a
los misioneros, entregándole un crucifijo. Así quedaba constituida
como misionero de los misioneros. Y él decía: ¡Que sorpresa!
Realizar a mis 60 años el sueño de mi juventud, investido de la
función, no sólo de misionero, sino de misionero de los valerosos
misioneros.
El 31 de diciembre de 1946, estando en Canadá, tuvo que ser
internado en la clínica hospital de Montreal por graves problemas
de salud en la clínica hospital de Montreal. Así estuvo durante
diez años sin poder predicar. Pero ya había dicho con
anterioridad: Cuando no pueda escribir, oraré y sufriré.
Desde su cama de enfermo escribió muchas cartas circulares a los
Secretariados de su Obra esparcidos por todo el mundo. Escribió sus
libros: Jesús, Rey de amor; Hora santa; Adoración nocturna;
Catecismo de la entronización; El santo sacrificio de la misa;
Manual de los Sagrados Corazones... Y se guía publicando artículos
en diversas revistas religiosas.
En 1956, sintiéndose un poco mejor, decidió viajar a
Valparaíso, Chile, después de 42 años de ausencia. Y decía: He
recorrido nuestro planeta, hablando en seis idiomas del Rey de amor.
He tenido un rechazo: Kerenski me cerró las puertas de Rusia. Hasta
1958 celebraba misa cada día sentado en su oratorio particular,
donde tenía el Santísimo por un privilegio especial, que le
concedió el Papa Pío XI; pero, a partir de la Navidad de 1958, ya
no pudo celebrar más la misa y ya no podía levantarse. Graves
problemas de circulación hicieron que le tuvieran que amputar una
pierna.
Él seguía orando y sufriendo. Decía: “Pidan por mí la
gracia de las gracias, la de ser el santo sacerdote que siempre he
deseado llegar a ser. Tengan bondad de pedir al Corazón de Jesús y
a la Santísima Virgen que, en una medida más grande todavía, yo
crezca en amor de Nuestro Señor y en santidad sacerdotal... El
apóstol es un cáliz lleno de Jesús que desborda a ese Jesús
sobre las almas”. Murió el 4 de mayo de 1960. Tenía 84 años.
Fue enterrado en Valparaíso, en la cripta que los religiosos de
su Congregación tienen debajo del Sagrario de la iglesia, donde él
celebró su primera misa. Antes de morir había escrito en su
testamento:
Renuncio a los sufragios que, después de mi muerte, pudieran
ofrecer en mi favor y por mi alivio. Queda entendido que este tesoro
está definitivamente adjudicado y destinado en su integridad a un
fin mucho más elevado: Todas esas oraciones deben ser ofrecidas en
simple memoria mía, por el triunfo y el reinado del divino Corazón
de Jesús y en acción de gracias por la gloria que le he procurado
mediante la Obra providencial de la entronización.
Testimonios de vida
El padre Mateo cuenta muchos ejemplos sobre el poder de la
oración en familia por la conversión de alguno de sus miembros,
alejados de Dios. Y también sobre cómo vivir la consagración a
Jesús, reconociendo a Jesús en todo momento como el Rey de amor de
nuestras vidas. Él mismo dice como una anécdota personal: Acaso me
tengan por mentecato, pero mirad lo que me pasa, a veces. Cuando voy
en el tranvía, tomo dos billetes: Uno para Él y otro para mí.
¿Cómo así? Porque quiero demostrarle que lo tengo muy presente y
que vivimos juntos. No puedo hacerlo en gran escala, porque soy
pobre y nada tengo; pero, al dar una propina o al pagar o comprar
algo en el cochero y en el fondista, veo siempre a Jesús.
************
Cierto caballero, teniendo necesidad de hacerse una operación,
se dirigió a un hospital protestante con el fin de librarse de la
visita de cualquier sacerdote católico. Ahora bien, llegado el día
de la operación, su hija se atrevió a pedirle como última gracia
que le permitiera a un sacerdote pasar cinco minutos a la sala. Su
padre, furioso, la arrojó de la sala diciéndole: “Jamás,
jamás, jamás”. La familia rezaba insistentemente por él. Un
día, en el preciso momento de ponerse a la mesa, le fue entregada
una carta. La familia esperaba una reacción violenta. Terminada la
lectura de la carta, el padre palideció, se quedó como ensimismado
por unos instantes y, levantándose, exclamó:
Un trabajo urgente me espera, voy a encerrarme en mi despacho.
Que nadie venga a molestarme.
A los cinco minutos me presenté y el anciano se confesó
diciéndome:
Padre, previendo que la emoción no me dejaría hablar, he optado
por hacerle mi confesión por escrito. Aquí está. Haga el favor de
leerla en voz alta.
Así lo hice. Y, una vez que le di la absolución, me pidió que,
al día siguiente, le diera la comunión. Admirado, a la vista del
poder de la gracia divina, no pude menos de acceder y él se fue al
teléfono para dar cuenta al vicepresidente de la logia de la que
él era presidente, que acababa de confesarse, invitando a todos los
masones de la ciudad a su primera comunión al día siguiente por la
mañana.
Al poco tiempo, recibí una carta de este mismo señor en la que
me decía: Padre, tengo que participarle que me he hecho apóstol de
mis dos hermanos, que uno de estos días se han confesado por
primera vez, y mañana voy a acompañarles en su primera comunión;
uno de ellos a los 71 años, y el otro con 75.
************
Se preparaba para su primera comunión una piadosa niña de ocho
años. Para prepararse mejor y con más amor, se privó de frutas y
refrescos durante el caluroso verano. Pero Jesús no se deja vencer
en generosidad, y, como premio, le manifestó con manifestaciones
sensibles cada vez que comulgaba. Jesús le hablaba y entre los dos
había un diálogo hermoso.
Ahora bien, como materia tan delicada puede haber engaño,
resuelvo tentar animosa y confiadamente al Señor y arrancarle la
prueba de que realmente Él es quien le habla. Un día le dijo a la
niña:
Mira, si mañana Jesús comienza a hablarte, le dices: “Aguarda
in momento, Jesús mío, porque hoy quiero hablar la primera.
Él te dirá: ¿Por qué?
Porque el padre me ha dado un encargo importante para Ti. El
padre está intrigado con lo de nuestras conversaciones y quiere
estar seguro de que eras Tú. Jesús, el que me hablas. Por eso, El
padre y yo te pedimos un regalo.
Te dirá: ¿Qué regalo?
Como respuesta y prueba de que eres realmente Jesús, danos una
gran conversión, un alma.
Te responderá: ¿Qué alma?
Yo no sé de quién se trata pero tú sabrás mejor que yo a
quién se refiere el padre.
Querida niña, si tienes alguna respuesta, aguarda, como de
costumbre, al sábado y después de confesarte me la das.
Llegó el sábado siguiente. Yo estaba intrigado y
emocionadísimo, preguntándome cuál sería la respuesta de Jesús.
Terminada la confesión, la niña me dice:
Padre, ya está. Jesús me dijo al día siguiente en la
comunión: “Dile al padre que el sábado, terminando tu
confesión, aquel señor, a quien se refiere y al que nadie ha
podido convertir, irá donde el padre para hacer su confesión.
Deme, padre, la absolución, porque ese señor viene ya.
Se la doy, está rezando su penitencia ante el altar del Sagrado
Corazón, me levanto del confesionario y, saliendo de la iglesia,
caminando por un corredor interior, siento que alguien me llama:
Padre, Padre, aguárdeme.
Vuelvo la cabeza y ahí está el mismo personaje que nadie ha
podido convertir, Jesús lo ha vencido y lo regala como obsequio al
apostolado de amor de una niña de ocho años.
************
Ocurrió en plena guerra mundial. Recibe un día de la madre,
mujer admirable de fe, un telegrama oficial en el que se le comunica
la muerte en el campo de batalla del hijo mayor... Corre al salón y
coloca el telegrama a los pies del Rey de amor. Luego llama a los
pequeñitos y a los empleados, adorna la imagen del Corazón de
Jesús. Y después, lee el telegrama. Entonces, todos sollozan, pero
en paz, en los brazos de Jesús.
************
El día de la distribución de premios regresan los seis chicos a
casa con sus diplomas. Van donde su papá para recibir sus
felicitaciones. Pero les dice:
Venid primero aquí, seguidme.
Y van al gran salón, donde está la imagen del corazón de
Jesús que preside la familia, y les hace depositar ante Él sus
diplomas como un homenaje al Rey del hogar. Recitan el acto de
consagración y, después, que vengan los abrazos y felicitaciones.
Y el papá les dice:
No olviden que en este hogar el único que manda y a quien nunca
hay que olvidar es a Jesús.
************
Un día bendije un matrimonio de dos pobrecitos y me pidieron que
entronizase en un tugurio al Corazón de Jesús. Les dije:
Prometedme que trataréis a Jesús como un amigo, como si lo
vierais.
Pocos años más tarde, viene el pobre joven a llamarme y me dice
que su mujer se está muriendo. Voy a la casa a confesarla,
sorprendido de la paz de cielo que reina en aquel lugar. Pregunto a
la enferma:
Hija mía, dime con toda verdad, ¿has sido desgraciada en tu
matrimonio?
No, ni por un segundo. Hemos sufrido, hemos luchado, pero,
desgraciados con Jesús, nuestro amigo y Rey? Jamás, jamás.
Lo mismo lo confirmó el esposo. Ellos habían comprendido bien
el espíritu de la entronización, pues hicieron de Jesús el Rey y
el amigo inseparable.
************
Una pobre campesina, me escribía: “Padre, desde que he hecho
la entronización en mi pobre choza, me considero la inquilina de
Jesús, ya que todo es suyo: mis flores, mis aves, mi viejo, todo es
suyo. Yo vivo alojada en el palacio del Rey... Ya no vivimos
nosotros, sino todos en Él y para Él”.
* * * * * * *
El dueño de casa de una nobilísima familia, gran cristiano,
había resuelto hacer la entronización un viernes. Pero el Señor
dispuso otra cosa. Cayó enfermo y el miércoles era ya cadáver.
Pero, antes de morir, había dicho a su esposa que no quería salir
de la casa al cementerio sin que el vacío que él dejaba lo llenara
Jesús, para que fuera el amo y el dueño del hogar.
Cuando llega el momento del supremo adiós y antes de llevarse el
ataúd, la viuda, rodeada de sus hijos, les dice a todos sus amigos
y familiares:
Un momento, no lo llevéis todavía.
Coloca un hermoso cuadro del Corazón de Jesús sobre el ataúd y
dice: “Su última voluntad era que se hiciera entes de llevarlo al
cementerio la entronización del Corazón de Jesús en nuestro hogar”.
Lee la oración de consagración y, terminada la oración, dice:
Ahora pueden llevarse el cadáver porque ahora se queda con
nosotros el Corazón de Jesús.
************
Cuenta el padre Mateo que estaba un día en casa de un Almirante
de la Armada chilena, donde había hecho la entronización del
Corazón de Jesús a instancia de la esposa y de los hijos, aunque
el Almirante no creía en esas cosas. Y dice:
Aquel día estábamos solos los tres amigos: El Corazón de
Jesús, el Almirante y quien esto cuenta. Yo le dije sin ambajes:
He venido para que usted sea amigo del Corazón de Jesús. Vengo
resuelto a no irme sin darle la absolución, que selle esta amistad.
Quiero que se confiese. El Almirante se disculpaba con excusas: Voy
a pensarlo, otro día.
¿Y si la muerte viniera esta noche? ¿Le diría usted que
regrese dentro de un mes, porque hoy no está preparado y necesita
pensarlo? Es Jesús quien lo llama, Almirante. Arrodíllese y no se
preocupe, yo lo ayudaré.
Al fin, acepta. Le ayudo a hacer el examen de conciencia y se
confiesa con admirable sencillez y sinceridad. Y, desde esa fecha
hasta su muerte, ocurrida años después, fue un fervoroso
católico. Falleció en mis brazos, repitiendo estas palabras: Te
amo, Jesús, porque eres Jesús. Venga a nosotros tu reino.
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En una familia de Valparaíso (Chile) una amiga mía estaba en
cama. Desde hacía muchos años, un señor extranjero, pariente
lejano del dueño de casa y protestante empedernido. Yo era entonces
un colegial de unos doce años. Recuerdo que, de vez en cuando, me
pedían que entrara al cuarto del enfermo para distraerle
conversando. Y él siempre aprovechaba la ocasión para atacar la fe
católica. En esa casa se había rezado mucho por su conversión.
Durante el mes de mayo, mes de María, cuando llegaba yo del
colegio por la tarde, me esperaba la familia reunida toda en el
cuarto de la señora y yo leía la meditación, el ejemplo y las
oraciones. Ese año, hacíamos el mes de Mayo por la conversión del
protestante, cuya salud estaba muy quebrantada. Una de esas tardes,
estando rezando las oraciones, oímos la campanilla del enfermo.
Interrumpimos un instante y la sirviente acudió a su cuarto. Un
segundo después regresó, diciendo:
El señor tiene un ataque y se está muriendo.
Corrimos todos a su dormitorio y, en efecto, estaba en estado
agónico. Caemos de rodillas ante la cama y comenzamos a rezar
jaculatorias y avemarías... Al poco rato, el enfermo abre los ojos,
se incorpora y pausadamente dice: “Quiero morir como católico y
quiero ser bautizado.
La sirvienta corre a la parroquia, pero los sacerdotes están
todos fuera en ese momento, visitando enfermos. ¿Qué hacer? El
enfermo insiste y está gravísimo. Entonces, recordando lo que
enseña el catecismo, empapo una esponja en agua y lo bautizo.
En ese mismo instante, sonriente, el enfermo exclama:
Soy feliz, rezad en voz alta una oración a la Virgen.
Pide la imagen de la Virgen, la coge, la abraza y la besa
llorando. Todos rezamos la Salve y él va repitiendo a duras penas
toda la oración. Cuando llegamos a las palabras: Oh clementísima,
oh piadosa, oh dulce Virgen María, levanta con mano temblorosa la
imagen, la mira, la besa, la abraza y, en ese beso supremo, expira.
************
En cierta familia cristiana, una de las hijas, joven, dotada de
brillante inteligencia y gran fineza de espíritu, se trastorna
repentinamente hasta la. El médico la observa varios días y
termina declarando que no hay curación posible y que es preciso
llevarla a un sanatorio. Yo les dije:
Id ante el Rey de amor y, postrados ante Jesús, renovad vuestro
acto de consagración familiar, rezando después un Magnificat en
acción de gracias, porque os ha juzgado dignos de este sacrificio.
La madre titubea al principio; pero, al fin, juntamente con sus
hijos, ofrece generosamente su pena al Corazón de Jesús todos los
días, al despertar, el Magníficat es la primera oración para
agradecer la gracia tan grande como dolorosa. Sólo habían
transcurrido unas semanas, cuando recibo una carta de gratitud,
anunciándome la curación absoluta de la enferma, calificada de
milagrosa por los médicos.
Entronización del Corazón de Jesús
La obra de la entronización ya había sido madurada de alguna
manera por el padre Mateo, incluso antes de su ordenación
sacerdotal. En 1905 comenzó a practicarla. Por eso, cuando en 1907
fue a Europa, se propuso proponerla a las más altas autoridades de
la Iglesia. Pero para él comenzó, propiamente, según dice en
algunas oportunidades, el 24 de agosto de 1907 en Paray-le-Monial,
donde tuvo una experiencia divina en que le confirmó en su ideal, y
lo curó de sus enfermedades, para poder así realizar su misión de
entronización a nivel mundial.
Cuando el Papa Benedicto XV le confirma su misión y le envía
una carta personal y autógrafa, le dice en ella: Entronización es
instalar una imagen del Corazón de Jesús como en un trono, en el
lugar más noble de la casa, de tal manera que Jesucristo, Nuestro
Señor, reine visiblemente en los hogares católicos. Esta especie
de definición la tomarán al pie de la letra los Papas Pío XI y
Pío XII.
Él nos dice: Entronización es el reconocimiento oficial y
social de la realeza del Corazón de Jesús en una familia
cristiana. Y este reconocimiento reviste una forma sensible y
permanente con la instalación solemne de una imagen del Sagrado
Corazón en el lugar y sitio de honor de la casa y con el acto de
consagración del hogar.
La entronización, bien entendida, es Jesús, atravesando nuestro
umbral y ocupando su asiento en el hogar, el puesto que de derecho
divino le corresponde, el que se le brindaba en los días de su vida
mortal en la hospitalaria casa solariega de Betania... Es preciso
que reine en las familias para reinar luego en la sociedad.
La entronización, en su verdadero espíritu, debe ser Jesús
viviendo en el hogar, con quien consultamos y compartimos la vida de
familia. Jesús en cuya presencia se canta, se llora, se alegra y se
sufre, se vive y se muere.
Para hacer la entronización elíjase una imagen, en lo posible,
rica y artística, adórnese con flores y luces, reúnanse en esa
hora solemne los padres y los hijos, que nadie falte en el hogar
querido. Y si se quiere, amigos íntimos y allegados que formen la
corte y asistan a una lección de adoración familiar.
La entronización debe ser una consagración vivida (al Corazón
de Jesús), el comienzo de una vida familiar verdaderamente
cristiana. Consagración vivida que quiere decir que el Corazón de
Jesús llegará a ser el centro de la familia, cuya única dicha
debe ser hacer la voluntad del Amo de casa. Esto supone una “Convivencia”,
o sea, un compartir la vida familiar con aquel Jesús a quien se le
ha ofrecido un trono, para que conviva con sus amigos,
bendiciéndolos a todos en la casa... ¡Oh, qué bien se vive y se
lucha; que bien se canta y se llora, cuando en el centro del hogar
está Jesús, que lo preside, lo vivifica y lo hermosea como todo
amigo, como confidente y como Rey! En una palabra, Jesús vive
realmente en ese hogar y la familia vive de Él.
No se trata de buscar triunfos numéricos, de entronizarlo en mil
hogares, sino lo importante es la intensidad del amor... Por eso,
estamos muy lejos de aconsejar la entronización en un hogar que no
puede llamarse cristiano y donde no hay propósito de corrección ni
enmienda. ¡Eso no, jamás debe hacerse!.
Jesús pide hospedaje en nuestra familia. Él quiere el primer
lugar, pues quiere ser el Rey. Jesús quiere ser el centro, el alma,
el amigo vivo de nuestro hogar. La familia debe considerarlo como un
miembro más y acudir a Él, representado en la imagen del Corazón
de Jesús, con plena confianza en las alegrías y en las penas; en
todo momento, quiere participar de nuestra vida. Ahora bien, para
asegurar el éxito de la entronización y que no sea un mero acto
rutinario, es preciso que estén presentes todos los miembros de la
familia y que todos lo acepten como su Rey y Señor. Si en la casa,
el papá no fuera creyente, pero permite hacerlo, también se puede
hacer. En este caso, la familia entera tiene una gran tarea
encomendada: orar por el papá para obtener de Jesús su conversión
a la fe o la vida honesta.
Si los papás están de acuerdo, aunque algún hijo no lo desee,
también puede hacerse. Y los papás tendrán un motivo más que
suficiente para encomendar diariamente al hijo en sus oraciones.
Pero es importante preparar bien el acto de la entronización. Se
escoge un día que tenga especial significado familiar. Hay que
entender que no se trata de añadir una imagen más a las ya
existentes en la casa ni tampoco de una pequeña ceremonia
religiosa. Se trata de que Jesús quiere ser aceptado como Rey
permanente del hogar, para vivir permanentemente con la familia.
Para ello no basta que se preparen flores y luces en el salón y
que se invite a algunos vecinos y amigos. La entronización exige
algo más importante, exige que los corazones de los miembros de la
familia estén abiertos a Jesús. Por eso, es importante que ese
día estén todos confesados y hayan comulgado.
El padre Mateo dice: Preparad cuidadosamente la entronización,
como si debierais sembrar de flores el camino por donde pasará
Jesús. Como si hubierais de levantarle arcos de triunfo y alfombrar
la entrada de la casa dichosa.
Pero, para que no se marchiten las flores ni se apaguen las
luces, y perdure en la familia una vida más fervorosa y cristiana,
es preciso prepararse, no para una fiesta pasajera, sino para una
vida entera llena de amor a Jesús.
También hay que tener en cuenta que la entronización no es una
recompensa a una buena familia ni una ceremonia de buen tono social,
sino un medio para estimular la vida cristiana. Es una profesión
explícita de fe y de nuestro amor y pertenencia a Jesucristo. En
una palabra, es un medio de santificación de la familia y, por eso,
es algo bueno y recomendable.
Según decía el cardenal Billot, la primera entronización del
Corazón de Jesús tuvo lugar el 20 de julio de 1685, cuando las
novicias de la Visitación de Paray-le-Monial le hicieron una fiesta
a su maestra santa Margarita María de Alacoque e hicieron
espontáneamente su consagración ante un cuadro, que representaba
al Corazón de Jesús.
Al principio el padre Mateo realizaba la entronización de modo,
diríamos, circular. Hacía pasar una imagen del Corazón de Jesús
familia por familia. Cada familia conservaba tres días y hacía
oración ante la imagen, rezando el rosario. Después, pasaban
procesionalmente la imagen a otra familia. Cuando las diferentes
familias se habían preparado de ese modo, iba el padre a la casa
para proceder a la entronización definitiva. Los primeros países
en que lo realizó fueron Chile, Perú, Uruguay y Argentina. A
principios de 1914, el número de familias entronizantes ya pasaba
del millón, comenzándose a formar en diversas regiones y países
los Secretariados de la Obra en los diferentes lugares del mundo.
Forma de hacer la entronización
Se escoge un día especial para la familia y se bendice la imagen
del Corazón de Jesús que va a ser colocado en la sala más digna
de la casa. El sacerdote leerá la fórmula de la consagración de
la familia, aceptando a Jesús como el Rey del hogar. Si no pudiera
asistir el sacerdote, la imagen, previamente bendecida, puede ser
colocada en el lugar escogido y el responsable de la familia puede
recitar la oración de consagración.
Lo importante es que toda la familia se sienta comprometida y,
ese día tan especial, puedan asistir previamente a la misa para
comulgar. Igualmente, todos los años, el mismo día, deben recordar
la fecha de la entronización y asistir a misa y comulgar en la
medida de lo posible.
Todos deben ser conscientes de que su familia es de Jesús, es
propiedad de Jesús, y que todo, deben hacerlo contando con Él. Por
eso, cuando vengan las alegrías, hay que celebrarlas con Jesús,
siendo agradecidos. Y cuando vengan las penas por las enfermedades o
muerte de seres queridos, hay que pedirle ayuda y consuelo. Además,
cada día sería muy deseable que se reúna toda la familia ante la
imagen de Jesús para orar en familia; pues la familia que reza
unida permanecerá unida. Recibiendo las bendiciones de Jesús.
También es deseable que, junto a la imagen de Jesús, haya una
imagen bendita de María, pues a Jesús vamos mejor por medio de
María. Y la consagración de la familia a María puede ser algo
previo para la consagración al Corazón de Jesús, de modo que así
reine Jesús en el hogar por medio de María.
La fórmula de consagración, leída por el sacerdote o el jefe
de familia, puede ser la siguiente:
Sagrado Corazón de Jesús, Tú has manifestado a santa Margarita
de Alacoque el deseo de reinar en las familias cristianas y le has
dicho que a los que te amen y se consagren a tu divino Corazón:
Bendeciré los lugares (hogares) donde la imagen de mi Corazón
sea expuesta y honrada. Pondré paz en sus familias. Los consolaré
en todas sus aflicciones. Bendeciré abundantemente todas sus
empresas. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora
de la muerte.
Queremos proclamarte en este momento como el Rey y Dueño de
nuestro Hogar y de nuestra familia. Queremos que reines en nuestras
mentes y en nuestros corazones por el amor. Queremos amarte y
adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía.
Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros
pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras... Todo
es tuyo y todo lo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo
y en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.
Oh Jesús divino, dirige nuestra familia por el camino del bien,
bendice nuestro trabajo, nuestras diversiones, nuestras amistades y
todas nuestras actividades, porque queremos que Tú seas el primero
en todo. Y, si alguna vez llegara alguno a nuestra familia a serte
infiel y a alejarse de Ti por el pecado, te pedimos que lo ilumines,
le des el don del arrepentimiento y lo devuelvas de nuevo a tu
redil.
Señor Jesús, cúbrenos a todos nosotros con tu sangre bendita
derramada en la cruz y protégenos ahora y siempre de todo poder del
maligno. Madre nuestra, Virgen María, cúbrenos con tu manto de
pureza y amor, y danos la gracia de la pureza y de la fidelidad.
Ángeles de la guarda, cuidadnos y defendednos de todo mal.
Y, como una gracia especia, te pedimos, Señor, por nuestros
familiares difuntos para que los tengas en tu gloria. Y, cuando nos
llegue a nosotros la hora de la partida, sal a nuestro encuentro
para llevarnos a gozar contigo eternamente en tu reino, de modo que
un día podamos estar toda la familia reunida y feliz contigo en el
cielo para siempre.
Jesús divino, Rey de nuestro Hogar, Tú eres nuestro Rey.
Establece aquí tu trono, porque no queremos otro reine sino Tú.
Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón queremos decir:
¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en este Hogar el
Corazón divino de Jesús! ¡Venga a nosotros tu reino! ¡Bendito y
alabado seas por siempre, Jesús! ¡Bendito seas por siempre
Santísimo Sacramento de la Eucaristía! ¡A Ti el honor, el poder y
la gloria, por los siglos de los siglos! Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Dulce Corazón de
María, sed la salvación mía. (Puede recitarse un padrenuestro y
un avemaría antes de recibir la bendición del sacerdote).
Una nueva forma de entronización
Una nueva forma sería hacer la consagración de la familia en la
iglesia delante de Jesús sacramentado. Recordemos que hablar del
Corazón de Jesús es hablar del mismo Jesús de Nazaret, que está
vivo y resucitado, no en una imagen sino en la Eucaristía. Por eso,
el mejor lugar para hacer la entronización familias es ante el
sagrario de una iglesia, es decir, ante el mismo Jesús en persona.
Se escoge un día que tenga un sentido especial para la familia
como puede ser el cumpleaños de uno de sus miembros o el día del
matrimonio de los papás, y ven todos a la iglesia bien confesados
para comulgar en la misa. De este modo, su consagración como
familia será más eficaz y mejor recibida por Jesús. A ir a la
iglesia, llevan los dos cuadros: del Corazón inmaculado por María
y del Corazón de Jesús, pues María siempre está junto a Jesús a
la Eucaristía y quiere estarlo también en el hogar. Y, así como
Jesús pidió la consagración del mundo a su divino Corazón,
también quiso la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de
María. Ambas consagraciones se complementan.
Pues bien, después de la misa, que podría haberse encargado por
la salud o unión familiar y a la que puede invitarse a otros
familiares y amigos, se pide al sacerdote que bendiga ambos cuadros,
y que presida la consagración de la familia. Si el sacerdote no
tiene tiempo, la mamá podría hacer delante del sagrario el acto de
consagración a María y el papá al Corazón de Jesús,
reconociendo a Jesús como el Rey del hogar.
El acto de consagración podría ser con estas o parecidas
palabras:
Consagración a María
Oh María, Madre de nuestra familia, a tu Corazón Inmaculado
queremos consagrarnos en este día. Queremos ponernos bajo tu manto
y protección para que siempre nos defiendas de todo mal y de todo
poder del maligno. Madre, nuestra Virgen María, defiéndenos de los
peligros, ayúdanos a superar las tentaciones y preservarnos de todo
mal. Y, cuando lleguen los momentos de dolor, sé Tú nuestro
refugio. Y, en los momentos de alegría, llévanos por el camino que
nos conduzca a Dios para serle siempre agradecidos.
Madre nuestra, recibe nuestro humilde acto de consagración.
Tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre. Y danos la gracia de
amar a Jesús con todo nuestro corazón y ofrecerle el homenaje de
nuestro amor, especialmente en la Eucaristía.
Todos repiten: Soy todo tuyo, Reina mía, madre mía, y cuanto
tengo tuyo es. Te entrego mi vida y mi amor, mi pasado, mi presente
y mi futuro con todo ello se lo presente a Jesús, que lo recibirá
contento de tus manos. Dulce Corazón de María, sed la salvación
mía. Amén.
A continuación, se procede a la consagración al Corazón de
Jesús
Señor Jesús, queremos proclamarte en este momento como el Rey y
dueño de nuestro hogar y de nuestra familia. Queremos que reines en
nuestras mentes y en nuestros corazones por el amor. Queremos amarte
y adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía.
Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros
pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras... Todo
es tuyo y todo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo y
en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.
Oh divino Corazón de Jesús, dirige nuestra familia por el
camino del bien, bendice nuestro trabajo y nuestras empresas,
nuestras diversiones, nuestras amistades y todas nuestras
actividades para que Tú seas el primero en todo.
Cúbrenos a todos con tu sangre bendita y protégenos de todo
poder del maligno. Ayúdanos en los momentos difíciles y
consuélanos en nuestras penas.
Sé Tú la alegría de nuestras vidas, porque sin Ti no podemos
ser felices. Te pedimos por nuestros familiares difuntos para que
los tengas en tu gloria. Y, cuando a nosotros nos llegue el momento
de la partida definitiva, reúnenos a todos en tu reino para gozar
unidos contigo en la patria celestial.
Jesús, bendice nuestro hogar. Sé Tú nuestro Rey. Establece en
nuestra casa tu trono para siempre, porque no queremos que reine
otro sino Tú. Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón,
queremos decir: ¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en
nuestro hogar el Corazón divino de Jesús! ¡Venga a nosotros tu
reino! ¡Bendito y alabado seas por siempre Jesús! ¡Bendito seas
por siempre en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía! ¡A Ti el
poder, el honor y la gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Todos repiten: Oh Jesús, por medio de María me consagro a Ti y
quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida. Jesús, yo te amo
y yo confío en Ti Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
A continuación, el sacerdote puede dar la bendición y todos
llevan con devoción los cuadros de Jesús y María hasta la casa,
donde se colocarán, con flores y luces, en el salón principal.
Sería de desear que todos los días, la familia reunida ante las
imágenes de Jesús y María, tenga unos minutos de oración
familiar, rezando, a ser posible el rosario, pues la familia que
reza unida estará unida.
También sería bueno que todos los años recordarán el día de
la entronización de Jesús en la familia con una misa familiar, y
que celebraran con especial solemnidad las fiestas del corazón de
Jesús, del corazón Inmaculado de María y las de Cristo Rey y del
Jueves Santo, día de la Eucaristía. Todo esto sin olvidar que la
consagración de la familia a Jesús por María debería ser
precedida, en la medida de lo posible, de la posible, de la
consagración personal de cada uno a Jesús y a María.
Horas santas
Las familias que tienen Jesús como Rey de su hogar deben llevar
una vida cristiana de verdad, de misa y comunión frecuentes,
cumpliendo fielmente los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y
siendo un ejemplo de vida cristiana para los demás. Para mantener
encendida la llama de los buenos propósitos que acompañaron la
entronización, el padre Mateo recomienda, además de la oración
familiar diaria, una Hora santa al mes. A ser posible, la noche de
jueves al primer viernes, como le pedía Jesús a santa Margarita
María.
Una hora en que esté toda la familia reunida, por ejemplo de 8 a
9 de la noche, para orar y acompañar a Jesús ante la imagen
entronizada y pensando en el sagrario más cercano, donde está
realmente presente. Si algunas familias pueden hacer esta hora santa
el viernes de semana, sería mucho mejor. Incluso, las familias
numerosas, podrían hacer una noche de adoración al mes. Por
ejemplo, de 10 de la noche a las cuatro de la mañana, turnándose
los miembros de la familia, incluidos los empleados, haciendo una
hora cada uno. El propósito es acompañar a Jesús solitario en la
noche, que es cuando más pecados se cometen, adorándolo y
consolándolo con nuestra compañía.
Por supuesto que el ideal sería hacer esta noche de adoración
familiar u hora santa en una capilla de adoración perpetua; pero,
si eso no es posible, al menos, hacerlo en la propia casa. Y, si en
una casa solamente hay un miembro porque los demás no quieren,
puede hacerlo en su propia habitación y no en la sala donde está
la imagen de Jesús entronizada.
Debemos aclarar que todo esto no obliga bajo pecado y que es
simplemente una exigencia de amor que nos pide Jesús para
acompañarlo en sus momentos de más soledad. Él no se dejará
ganar en generosidad y llenará a esa familia con abundantes
bendiciones, más de lo que se pudiera pensar o imaginar. Lo
importante es que Jesús sea el Rey de amor de nuestras vidas y de
nuestros hogares para gloria de Dios y bien de las almas.
Guardia de honor
La guardia de honor es una Asociación que propone una hora de
guardia cada día al Corazón de Jesús presente en la Eucaristía
desde el lugar donde nos encontremos.
Según los estatutos de la Asociación: Los asociados eligen una
hora del día durante la cual, atentos a Jesucristo presente en el
tabernáculo, le ofrecen las ocupaciones habituales de dicha hora
sin cambiar nada durante ella. (Artículo 4).
Los asociados a la hora de presencia (hora de guardia) profesan
un amor y un respeto particular a la sagrada Eucaristía (Artículo
5)
No es necesario pasar esa hora de oración en la iglesia. Los
asociados, sin cambiar nada de sus ocupaciones ordinarias y sin
dejar de cumplirlas lo mejor posible, van en espíritu al puesto de
amor: el sagrario. Y ofrecen a Jesús sus pensamientos, palabras,
acciones, alegrías y penas. Y, sobretodo, el deseo de consolar al
Corazón divino de Jesús con su amor. La hora de guardia no causa a
nadie ningún trastorno en sus ocupaciones o en el cumplimiento del
deber, incluso en sus esparcimientos. Se trata simplemente de
santificar las acciones más indiferentes, haciéndolas para agradar
a Dios y cumplir su santa voluntad.
Para formar parte de esta Asociación se precisa ser admitido
oficialmente. Ser inscrito con su nombre y apellido en el registro
de la Asociación y asegurar con regularidad la hora de la presencia
(hora de guardia que se haya elegido). Pero nada obliga bajo pecado.
El centro general para España y países de habla española está
en el Monasterio de la Visitación, calle santa Engracia 20, Madrid.
Esta Obra de la guardia de honor tuvo su cuna en el Monasterio de
la Visitación de Bourg (Francia) el 13 de marzo de 1863. Allí
está el Centro mundial de la Asociación.
El fin de la Obra es que, en todos los momentos del día y de la
noche, haya asociados esparcidos por todas partes del mundo, que
estén en unión con Jesús, presente realmente de la Eucaristía, a
través de su hora de guardia.
Se recomienda que los asociados participen frecuentemente en la
misa y comunión, especialmente los primeros viernes de mes y en la
fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El primer viernes es deseable
que se reúnan los asociados de cada lugar o parroquia para asistir
a una misa y así conocerse, teniendo una pequeña reunión para dar
algunas indicaciones o repartir material para fomentar la Obra en
otras personas.
LETANÍAS Y ORACIONES AL CORAZÓN DE JESÚS
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Dios, Padre Celestial, Ten piedad de nosotros Dios Hijo, Redentor
del mundo. Dios, Espíritu Santo, Santísima trinidad, que eres un
solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, Corazón de Jesús,
formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo,
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, Corazón
de Jesús, de infinita majestad, Corazón de Jesús, templo santo de
Dios, Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, Corazón de
Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, Corazón de Jesús, horno
ardiente de caridad, Corazón de Jesús, santuario de la justicia y
del amor, Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, Corazón de
Jesús, abismo de todas las virtudes, Corazón de Jesús, digno de
toda alabanza, Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los
corazones, Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros
de la sabiduría y de la ciencia, Corazón de Jesús, en quien
reside toda la plenitud de la divinidad, Corazón de Jesús, en
quien el Padre se complace, Corazón de Jesús, de cuya plenitud
todos hemos recibido, Corazón de Jesús, deseado de los eternos
collados, Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia,
Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, Corazón
de Jesús, fuente de vida y santidad, Corazón de Jesús,
propiciación por nuestros pecados, Corazón de Jesús, colmados de
oprobios, Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados,
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Corazón de
Jesús, traspasado por una lanza, Corazón de Jesús, fuente de todo
consuelo, Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, Corazón
de Jesús, paz y reconciliación nuestra, Corazón de Jesús,
víctima por los pecadores, Corazón de Jesús, salvación de los
que en ti esperan, Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti
mueren, Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos,
Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos,
Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de
nosotros.
Jesús, manso y humilde de Corazón, Haz nuestro corazón
semejante al tuyo.
Oración
Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amantísimo
Hijo, las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores
te ofrece, y concede el perdón a quienes piden misericordia en el
nombre de tu Hijo Jesucristo, el cual vive y reina contigo, en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Acto de desagravio
¡Oh Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en
pago más que olvido, negligencia y menosprecio! ¡Míranos
postrados ante tu altar para reparar con especiales muestras de amor
la frialdad de tantos hermanos que en todas partes del mundo te
hieren con sus blasfemias e ingratitudes. Pero, recordando que
también nosotros, alguna vez, te hemos ofendido, deseamos ante todo
que nos perdones para que podamos seguirte con un corazón limpio.
Queremos reparar tantos pecados con que eres ofendido,
especialmente, por la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de
los vestidos, las injurias proferidas contra Ti y contra los santos,
los insultos contra el Papa y los sacerdotes, los sacrilegios con
que eres profanado en el sacramento de la Eucaristía y, en fin,
tantos pecados de quienes se oponen a tu Evangelio y a los derechos
de la iglesia por Ti fundada, y que quisieran verte desaparecer de
la faz de la tierra, especialmente de las escuelas, de los lugares
públicos y de los corazones de los hombres.
Quisiéramos consolarte con nuestro pequeño amor y, por eso,
queremos unirlo al tuyo, que en cada momento lo ofreces al eterno
Padre en cada misa por la salvación del mundo. Recibe la ofrenda de
nuestro amor y de nuestro consuelo. Y concédenos, por intercesión
de la Virgen María, nuestra Madre, y de todos los ángeles y
santos, que podamos amarte con perseverancia hasta el fin de la vida
y que un día podamos reunirnos todos nosotros en el cielo, para ser
felices contigo por toda la eternidad. Amén.
Consagración personal al Corazón de Jesús
Jesús, yo te consagro en este momento mi persona, mi vida, mis
acciones, penas y sufrimientos para no servirme de ninguna parte de
mi ser sino para honrarte, amarte y glorificarte. Esta es mi
voluntad irrevocable: ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor,
renunciando a cuanto pudiera desagradarte. Te elijo, oh Jesús, como
el centro de mi amor, el protector de mi vida, la garantía de mi
salvación, el remedio de mi fragilidad, el reparador de todos los
pecados de mi vida y quiero que seas mi asilo seguro en la hora de
mi muerte.
Sagrado Corazón de Jesús, pongo toda mi confianza en Ti. Quita
de mi alma todo lo que te desagrade y que tu puro amor se imprima en
lo íntimo de mi corazón, de modo que jamás me olvide ni me separe
de Ti. Te suplico, por tu amor, que mi nombre esté escrito en tu
divino Corazón para siempre, porque quiero vivir y morir como hijo
tuyo para siempre. Amén.
Oración de confianza
Oh Jesús, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Ti
confían. Tú nos dices en el Evangelio como al paralítico: “Confía,
hijo mío, tu fe te ha salvado” “No tengas miedo, solamente
confía en Mi”.
Animado con estas palabras, acudo a Ti con plena confianza para
decirte desde lo más íntimo de mi alma: “Sagrado Corazón de
Jesús, en Ti confío; Jesús, yo te amo; yo confío en Ti”.
Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al
tuyo. Amén.
Oración de entrega
Oh Corazón de Jesús, como expresión de mi gratitud y en
satisfacción de todos mis pecados, yo N.N..., te doy mi corazón y
me consagro enteramente a Ti, por medio de María, para que siempre
se cumpla en mí tu santa voluntad. Oh Jesús, por medio de María,
me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi
vida.
Oh María, Madre mía, yo me consagro del todo a Ti y, en prueba
de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Y, ya que soy
todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a cosa y
posesión tuya. Amén.
Consagración de la familia al Corazón de Jesús
Oh divino Corazón de Jesús, postrados humildemente ante tu
altar, queremos consagrarte en este nuestra familia con todos
nuestros seres queridos. Oh Jesús, por medio e intercesión de
María, te pedimos que bendigas nuestro hogar y pongas tu amor, paz,
unión y comprensión entre nosotros. También te pedimos por
nuestros familiares difuntos y por todos aquellos familiares
nuestros que vivirán hasta el fin de los siglos. A todos te los
encomendamos desde ahora. Te encomendamos a toda nuestra familia,
escribe nuestros nombres en tu divino corazón y escóndenos en Él.
Cúbrenos con tu sangre bendita y protégenos de todo poder del
maligno; y haz que un día todos juntos nos reunamos contigo y con
María, en unión con todos los santos y ángeles (especialmente de
nuestros ángeles custodios), en la patria celestial. Amén.
Oración de consagración para Instituciones
Señor Jesús, nos diste la prueba más grande de amor al hacerte
hombre para ser nuestro amigo y quedarte después con nosotros
permanentemente en el sacramento de la Eucaristía. Gracias, Señor,
por perdonar nuestros pecados y tener misericordia de nosotros.
Como miembros de la Institución... queremos servirte, amarte y
darte gloria con nuestras acciones y trabajos. Queremos que reines
en nuestro corazón, en nuestros hogares y en nuestra Institución.
Te proclamamos nuestro Rey y Señor. Tuyos somos y tuyos queremos
ser para siempre. Acepta, Señor Jesús, nuestra humilde entrega y
ayúdanos para nunca más ofenderte con nuestros pecados, de modo
que nuestra vida sea un canto continuo de gloria y alabanza en tu
honor. Por eso, todos unidos, queremos decirte con toda la alegría
de nuestra fe: “Jesús, Tú eres nuestro Dios; Tú eres nuestro
Señor; Tú eres nuestro Rey. A ti el honor el poder y la gloria por
los siglos de los siglos”. Amén.
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PREGUNTAS
¿Es Jesús el rey de tu vida? ¿Reina en tus pensamientos,
sentimientos y deseos? ¿Reina en tu trabajo y tu descanso? ¿Reina
en tus diversiones y tiempo libre? ¿Reina en tu afectividad? ¿Es
el rey y dueño de tu casa, de tus posesiones y de tu dinero? ¿Es
el rey de tu matrimonio y de tu familia? ¿Estás consagrado a
Jesús por María? ¿Has pensado seriamente en entregar toda tu vida
al servicio del Señor? ¿Quieres ser santo? ¿Has hecho ya la
entronización del Corazón de Jesús en tu hogar? ¿Haces oración
en familia? En tu casa, ¿Hay amor, paz y comprensión? ¿Es Jesús
un miembro más de tu familia? ¿Es Jesús Eucaristía el centro de
tu vida? ¿Vas a misa todos los días?
Jesús espera mucho de ti y te necesita para la gran tarea de la
salvación del mundo. Él cuenta contigo. ¿Qué le vas a responder?
Él quiere que seas santo y des lo mejor de ti mismo. No te des por
vencido, no te detengas... En el camino de Dios, en el camino del
amor, en el camino de la santidad, hay un camino infinito por
recorrer. Jesús te espera con María al final del camino. Recuerda
que un ángel bueno te acompaña. ¡Feliz viaje hacia la santidad!
CONCLUSIÓN
Al terminar este libro sobre la devoción del Corazón de Jesús
y, especialmente, sobre el tema de la entronización, fomentada a lo
largo del mundo por el padre Mateo Crawley, podemos decir que vale
la pena consagrarse a Jesús individualmente y en familia. Son
inmensas las gracias y bendiciones que Jesús ha prometido por medio
de santa Margarita María Alacoque y Él no miente. Por eso, las
familias, verdaderamente cristianas, deberían estar todas
consagradas como familias al Corazón de Jesús por medio de María;
ya que el Corazón de Jesús quiere reinar por medio del Corazón
Inmaculado de María.
Ojalá que este librito ponga un granito de arena en fomentar la
devoción a Jesús y a María, y haga de todos nosotros cristianos
eucarísticos, centrados en la Eucaristía, donde está realmente
presente Jesús con su Corazón palpitante, y donde, junto a Jesús,
también está María.
Que seas católico eucarístico y mariano. Que Dios te bendiga.
Saludos de mi ángel.
P. Ángel Peña O.A.R. Agustino Recoleto LIMA-PERÚ
BIBLIOGRAFÍA
Alcañiz Florentino, La devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
5° Edición Granada, 1957. Chasle Luis, Soeur Marie du divin Coeur,
Paris, 1925. Crawley Mateo, Jesús rey de amor, Lima, 1948. Doré,
Le sacré Coeur de Jesús, Son amour, Paris, 1909. Gertrudis santa,
Revelaciones. Ignacio de Loyola, Un solo corazón, Ed. Ciudad Nueva,
Madrid, 2006. Lucia de Fátima, Memorias de Lucía, Ed. Sol de
Fátima, Madrid, 1974. Sáenz José María, Vida y obras principales
de santa Margarita María, Ed. Cor Jesu, Madrid, 1977. Uriarte, Vida
del padre Hoyos, segunda edición. Varios, Manual de la guardia de
honor, Ed. Cor Jesu, Madrid, 1983. Varios, Reinado social del
Sagrado Corazón de Jesús, Lima, 1951. Varios, Revelaciones del
Señor a Sor Benigna Consolata, Montevideo, 1917. Varios, Un solo
Corazón, Ed. Ciudad Nueva, Madrid, 2006.
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