UNA GRAN FAMILIA
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2009 ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
El ser humano. Herencia de los antepasados. Influencias negativas
y positivas. Comunicación con los difuntos. A la hora de la muerte.
Más allá de la muerte. Una gran familia espiritual. Santa Teresita
del Niño Jesús. Sanación de la familia. Oraciones para sanación
de la familia. Oración en familia. Entronización del Corazón de
Jesús.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro queremos hablar de nuestra gran familia. La familia
de cada uno no se limita a los abuelos, padres, hijos o nietos.
Todos tenemos una gran cadena de antepasados, que nos une hasta los
primeros padres de la humanidad. Esta gran familia comprende a
muchos de nuestros familiares, que todavía están en el purgatorio.
Ellos necesitan de nuestras oraciones. Mientras no estén liberados,
podrían estar clamando a sus familiares por ayuda Quizás tenemos
antepasados que han estado metidos en satanismo u ocultismo y que
han ofrecido la familia a Satanás. Nosotros debemos ofrecerla y
consagrarla a Dios. Pueden haber estado involucrados en crímenes de
sangre, abortos, crueldades..., que todavía siguen influyendo de
manera negativa en sus descendientes.
Por eso, hay que cortar cualquier influencia negativa, orando por
ellos, perdonándolos y consagrándolos al Señor. La consagración
de la familia al Corazón de Jesús y su entronización en el hogar
traerá sanación y bendiciones para todos.
Por otra parte, no olvidemos que todos, queramos o no, formamos
parte de otra gran familia espiritual, pues tenemos padres
espirituales, que nos han dado la vida espiritual por el bautismo o
que han orado por nuestra conversión, salvación o santificación.
Todos ellos son parte de nuestra gran familia espiritual y también
aquellos a quienes nosotros hemos ayudado espiritualmente. Esta gran
familia, humana y espiritual, será nuestra gran familia por toda la
eternidad. Seremos familiares y amigos para siempre. Por eso,
pidamos desde ahora ayuda a todos nuestros familiares del cielo, que
saldrán a recibirnos en el momento de nuestra muerte, e invoquemos
con esperanza la ayuda de todos sus ángeles custodios, que también
son parte de nuestra gran familia.
Les deseo a todos una familia unida y feliz, que dé mucha gloria
a Dios y sea fuente de muchas bendiciones para toda la humanidad.
EL SER HUMANO
Suele decirse que el ser humano está compuesto de cuerpo, alma y
espíritu. Así lo afirma san Pablo al decir: Que todo vuestro ser,
el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha (1 Tes 5,
23). El cuerpo es la parte material, que vemos y tocamos. El alma es
la parte inmaterial e inmortal, que da cohesión al ser humano y que
lo hace persona y, por tanto, responsable de sus actos. Y el
espíritu, que es la parte espiritual, o sea, la vida de Dios en el
alma. Un hombre, que rechaza a Dios, cometiendo grandes pecados,
está viviendo una vida meramente humana o material, porque le falta
la dimensión espiritual o sobrenatural, y decimos que está en
pecado mortal. Dios no habita propia y formalmente en Él. No es
templo de Dios.
Ahora bien, el alma es creada directamente por Dios. Sin embargo,
la herencia que se nos transmite de nuestros padres no es sólo en
cuanto a las características corporales. En los genes hay también
elementos ancestrales y hay marcas de influencias positivas o
negativas de los antepasados, que influyen en el niño por nacer.
El famoso siquiatra suizo Carl Jung (1875-1961) hablaba del
inconsciente colectivo, que está compuesto de experiencias
raciales. Él creía que las personas tienen profundas formas
inconscientes de responder a las cosas que ocurren en sus vidas. Con
esto quería decir que la correlación entre las vidas humanas va
más allá de la tumba. Lo que hace o deja de hacer una persona,
puede afectar a las generaciones venideras. En el inconsciente
colectivo están enterradas, de algún modo, las experiencias de
todas las generaciones pasadas.
El estudio actual de los genes ha llevado a descifrar los
códigos secretos del genoma humano, es decir, de los genes del ser
humano en general. Se han localizado los genes que producen ciertas
enfermedades como el síndrome de Down, la fibrosis cística, la
talesmia y otras enfermedades como el cáncer, la diabetes o algunas
enfermedades siquiátricas. El estudio de los genes es como un libro
abierto en el que pueden leerse muchos datos, incluso de
generaciones pasadas, que han transmitido por herencia cualidades o
enfermedades. Algunos científicos hablan del estudio del genoma
humano (conjunto de genes humanos) como del estudio de un libro de
secretos sobre la historia humana desde el principio hasta ahora.
HERENCIA DE LOS ANTEPASADOS
La historia de los antepasados de cada ser humano es diferente y
su herencia también. Muchas cualidades son transmitidas por
herencia, al igual que muchas enfermedades físicas y mentales.
Pensemos en la historia de Abraham. Dios le dice: Por mí mismo
juro, palabra de Dios, que por haber tú hecho cosa tal, de no
perdonar a tu hijo, a tu unigénito, te bendeciré largamente y
multiplicaré grandemente tu descendencia como las estrellas del
cielo y como la arenas de las orillas del mar y en tu posteridad
serán benditas todas las naciones de la tierra, por haberme
obedecido (Gén 22, 16-18).
Vemos que la obediencia a Dios, el obrar el bien, lleva consigo
muchas bendiciones, incluida la de una larga descendencia. Por el
contrario, el asesinato lleva consigo consecuencias negativas. Dios
le dijo a Caín: La voz de la sangre de tu hermano está clamando a
mí desde la tierra. Ahora, maldito serás de la tierra, que abrió
su boca para recibir de mano tuya la sangre de tu hermano (Gén 4,
10). Como se ve, se pueden transmitir bendiciones o maldiciones.
Ciertamente, muchas acciones perversas de los antepasados,
especialmente si han estado metidos en satanismo u ocultismo, se
transmiten de alguna manera. Hay familias que tienen muchos abortos,
comportamientos sexuales desordenados, repetidos suicidios,
enfermedades mentales o comportamientos delincuenciales.
El padre Bolonic afirma que es importante saber que existe una
herencia espiritual negativa, que se nos transmite de nuestros
antepasados en el momento de la concepción. Si nuestros antepasados
hicieron el mal en sus vidas, la maldición de sus malas vidas pasa
a sus hijos, porque estamos espiritualmente ligados como los anillos
de una cadena. Los problemas espirituales se transmiten como las
enfermedades físicas. El problema es mayor, si nuestros antepasados
no se arrepintieron de sus malas acciones. Resulta un problema
especial, si hay suicidios o asesinatos, abortos, adulterio, robos,
alcoholismo, drogodependencia... Es, especialmente, fuerte la
influencia que ejerce el pecado de odio. Cuando los antepasados han
estado involucrados en prácticas de magia y ocultismo, la acción
diabólica se percibe muy fuerte en la vida de sus descendientes.
Dice el padre Beppino: Algunas veces, he orado y he bendecido a
personas con la santa cruz, rechazando en el Nombre de Jesús todo
mal o toda influencia maléfica en la primera generación y así
hasta la cuarta y, a veces, en un determinado momento de una
generación, el paciente se volvía violento, cambiaba de voz,
revelando alguna cosa ocurrida en aquella generación de la cual
recibía alguna influencia maléfica en su vida, quedando sanado en
el Nombre de Jesús.
El doctor Koch ha estudiado más de 10.000 casos de dependencia o
influencia del ocultismo y, con frecuencia, ha tropezado con modelos
de desastres heredados, que se transmiten a través de generaciones
y generaciones. Dice: En el historial de una familia de encantadores
y hechiceros, pude rastrear hasta tres o cuatro generaciones,
efectos tales como muerte en un hospital para enfermos mentales,
casos de melancolía, suicidios y accidentes fatales, que se
repetían de manera regular y siguen por tanto un modelo
determinado... Los síntomas de este tipo, que se dan,
prácticamente, en todas las familias de hechiceros, me ponen sobre
alerta y me permiten conocer la implicación de algunos miembros de
las mismas en fenómenos ocultistas. Monseñor Milivoj Bolonic dice
sobre las maldiciones: En mi experiencia, he visto que los casos
más graves eran aquellos en los que los padres habían maldecido a
sus hijos o en que los abuelos habían maldecido a sus nietos. La
maldición quita la felicidad y son especialmente graves las que se
pronuncian con ocasión del matrimonio. Las consecuencias pueden ser
diversas como enfermedades permanentes o dificultades para el
trabajo, que acompañan a la persona por toda su vida, o desgracias
familiares o enfermedades en los hijos... Algunas madres tienen la
mala costumbre de maldecir a sus hijos y los mandan al diablo
fácilmente sin darse cuenta de lo que hacen y sin pensarlo
seriamente. Y el maligno, que oye que se le abre la puerta, entra
pronto para salir con dificultad.
Lo que una generación siembra, otra lo recoge. Pero así como un
miembro de una familia puede traer desorden, violencia y mucho
sufrimiento, también un miembro de la familia puede sanar las
relaciones desordenadas y, por el poder de Dios, limpiar todos los
efectos negativos y traer paz, amor y bendición para todos. Así
como hay familias de brujos o delincuentes, también las hay de
santos o en las que abundan las vocaciones.
Una familia de santos es la familia de san Basilio Magno (siglo
IV). Su padre fue san Basilio y su madre santa Amelia. También
fueron santos sus hermanos: san Pedro, obispo de Sebaste, san
Gregorio Niceno y santa Macrina. Su abuelo murió mártir y su
abuela fue también una santa: santa Macrina. Y su mejor amigo: San
Gregorio Nacianceno.
La familia de san Leandro, arzobispo de Sevilla, también es
ejemplar. Los cuatro hermanos fueron santos: Leandro, Fulgencio,
Isidoro y Florentina.
Otro caso es el de la familia de san Bernardo abad (1090-1153).
Su padre fue el venerable Tescelín, su madre la beata Alicia, y
beatos sus hermanos Guy, Gerardo, Humbelina, Andrés Bartolomé y
Nivardo. El mismo san Bernardo llevó al convento a un tío, a un
cuñado y a 31 amigos de su ciudad. Un santo irradia amor y santidad
por todas partes.
INFLUENCIAS NEGATIVAS Y POSITIVAS
El doctor Kenneth McAll, famoso siquiatra inglés, miembro del
Royal College of Psychiatrists de Inglaterra, nos habla de Edward,
un paciente que sentía una banda amarilla alrededor de su cabeza y
un olor a azufre. También oía explosiones, que lo hacían sentirse
dividido en dos y lleno de fuego de pies a cabeza. Además de las
explosiones, él oía olas que se estrellaban, voces de hombres
gritando y viento silbando a través de su cara y pies. Edward
había recibido treinta años de tratamiento siquiátrico por estos
síntomas, atendidos por otros doctores e, incluso, se sometió a
choques eléctricos, antidepresivos, drogas contra la esquizofrenia
y tranquilizantes... Lo que más le preocupaba era un ataque de
sudor que había sufrido unas pocas noches anteriores. Durante
varias noches, haciendo climax el 11 de noviembre sin ningún motivo
aparente, Edward había desarrollado una fiebre alta y un sudor tan
abundante que había sido necesario cambiarle las sábanas varias
veces. Le preocupaba mucho la severidad y la repentina aparición de
este ataque.
El doctor McAll descubrió que Edward era el descendiente directo
de ocho capitanes piratas y otros treinta marinos, que murieron en
el mar. Su apellido era Hawkins (como el famoso pirata). Luego de
una búsqueda, descubrieron que el capitán Sir John Hawkins había
muerto en alta mar el 11 de noviembre de 1595, como resultado de una
fiebre tropical, mientras trataba de rescatar a su hijo Richard. El
11 de noviembre fue el mismo día que Edward Hawkins experimentó el
punto culminante de su ataque febril.
Las Eucaristías por Edward tocaron a los vivos y a los muertos.
Además de liberar a Edward de treinta años infernales de vida
esquizofrénica, hubo un cambio inmediato en los padres y en la
esposa de Edward. Su esposa, que tenía treinta y tantos años, por
años había tratado de concebir un hijo sin ningún éxito. Varias
semanas después de que la Eucaristía sanó a su esposo, ella
descubrió que había concebido un hijo.
Dice el padre Roberto DeGrandis:
Cuando hay miembros de la familia, que han muerto de forma
violenta y cruel, hay que hacer curación profunda. La crueldad de
las generaciones pasadas, casi siempre se ve en las vidas de los
descendientes. Una vez, yo asistía a un grupo de oración grande en
el que predominaban personas de raza negra y, mientras cantaban y
oraban en lenguas, uno casi podía oír el gemido de los esclavos en
el campo. Parece ser que la crueldad en los antepasados se pasa a
través de las generaciones. Otra vez, yo estaba orando por una
chica mejicana y empecé a sentir una sensación de crueldad. Ella
empezó a ver imágenes en su mente de un rapto y asesinato, y a
sentir mucha pena. Nosotros sentimos que eso era el volver a vivir
algo de un antepasado.
Una señora compartía: Toda mi vida he sentido que algo estaba
desgarrando mi mente. Era un miedo a la locura. Yo pensé en mi
padre y le pregunté al Señor por qué mi padre nunca me dijo que
me amaba. El Señor me reveló que el padre de mi padre nunca le
había dicho a él que lo amaba. Cuando pregunté por qué, el
Señor me mostró que su padre había sido fruto de una lujuria...
En la quinta generación, el Señor me mostró una pareja que se
amaba mucho. Ellos tuvieron dos hijos. Hubo un accidente y el hijo
menor murió de forma horrible. El padre ignoró completamente al
hijo que sobrevivió. Entonces, comprendí por qué yo me había
comportado de cierta forma y lloré como nunca antes en mi vida.
Hace unos años, estaba yo en Italia, orando por una mujer de 35
años, que tenia un desorden en el comer. Ella tenía una tendencia
a comer en exceso y después se excusaba vomitando. Ella hacía esto
después de cada comida. Yo le pedí al Señor una palabra de
conocimiento y el Espíritu Santo me reveló: “Antepasado”. Y
empecé a sentir una sensación de hambre. En una visión, yo vi a
una persona que la ponían(mandaban) en la cárcel y que estaba
muriendo de hambre, mientras estaba recluida. Con ese
comportamiento, usé el poder de Jesús y rompí cualquier atadura
entre la persona de la cárcel y la que estaba orando... Esa misma
noche, ella tuvo una visión de campesinos en rebelión con las
autoridades por la comida. Hubo un levantamiento, porque los
campesinos no tenían lo suficiente para comer. Y ella vio un
pariente metido en la cárcel y muriendo de hambre. Oramos y, al
día siguiente, dijo que ya no tenía deseos de comer en exceso.
Hasta lo que yo sé, ella fue totalmente liberada.
En 1979, estaba orando por una mujer negra, haciéndole sanación
interior. La mujer y sus hermanas tenían un problema: Cada vez que
ellas salían y estaban en lugares públicos, los hombres se
dirigían hacia ellas más de lo que normalmente se podía esperar.
Ellas eran buenas católicas y personas definitivamente bien
parecidas, pero tenían una forma más fuerte que lo normal para
atraer a los hombres. Orando por esta señora, yo tuve una visión
de algo que yo pensé que era un barco de esclavos. Como ella era
una líder madura, le pregunté: “¿Está usted viendo algo?”.
Ella me contestó: “Estoy viendo un barco de esclavos”.
Entonces describió a una mujer que ella sentía que era su
antepasada. Yo también la vi en una visión. Usaba un pañuelo rojo
alrededor de su cabeza y era sin duda una mujer promiscua. Nosotros
nos preguntamos, si quizás la promiscuidad fue pasada de
generación a generación para explicar la inexplicable atención
masculina. Por eso, llevamos la antepasada esclava ante la presencia
amorosa de Jesús y cortamos las ataduras negativas entre los vivos
y los muertos. Así la mujer experimentó la curación en su propia
vida y en su matrimonio.
Otro caso. Yo fui criada en una atmósfera de ocultismo y
brujería. Dejé la Iglesia por un periodo de doce años, mientras
practicaba las cosas que me sugería una llamada bruja “buena”.
Durante mi embarazo, ella me dio una “tisana bruja”, hecha de
alguna clase de hojas de té especiales con la intención de ayudar
a mi niño, que aún no había nacido. Cuando el bebé nació,
gritaba incesantemente, pero el hábito de gritar paró bruscamente
desde el momento de su bautismo. Desafortunadamente, yo le permití
a esa bruja que cuidara a mi niña, la cual ahora tiene 22 años y
es adicta a la pasta básica de cocaína y otras drogas, y no quiere
saber nada de la religión. La bruja me dijo una vez que ella le
había entregado el alma de su esposo al demonio. Por eso, cuando
regresé a la Iglesia y a la práctica de la religión, después de
haber recibido una gracia especial, yo decidí abandonar mi contacto
con esa bruja. Ella se disgustó conmigo y me amenazó con vengarse.
Casi inmediatamente, yo me encontré con un serio problema en la
espalda a causa de una caída. La cirugía en la espalda no ayudó,
el dolor de mi espalda continuaba. Tenía un disco que me
sobresalía en la parte baja de la espalda. Los doctores parecían
no poder tratar esto con éxito. Mis dos hijas no son religiosas, no
tienen interés en la oración ni en las cosas espirituales y tienen
un temperamento incontrolable. Las dos han hablado de posibles
suicidios.
En otra parte de mi árbol genealógico, en el lado de mi madre,
una parienta practicó una forma avanzada de brujería conmigo
mientras yo era una niña. Su enfermedad, antes de morir, fue una
larga y terrible agonía. Uno de sus hijos se suicidó y su hijo de
15 años fue arrollado por un ómnibus. Otro de sus hijos fue
asesinado. Un gran número de tías y tíos fueron afectados por el
alcoholismo y murieron de eso. Hubo una extendida promiscuidad
sexual en los antepasados de mi familia en ambos lados, en el de mi
padre y en el de mi madre… Después de la oración por la
sanación del árbol genealógico, la situación familiar mejoró,
pero se necesita más oración por el alto grado de contaminación
en ocultismo, brujería.
El doctor McAll nos dice: Investigando los antepasados de una
noble familia, encontramos suficientes evidencias de muchas cámaras
de tortura y de muchas cosas malas. Un sacerdote católico aceptó
celebrar una misa en su iglesia por los antepasados de esta familia.
Una señora, representando a la familia, leyó una larga lista de
cosas malas, que podían haber hecho los miembros de aquella
familia. Cuando estaba leyendo, dijo: ¿Puedo incluir al soldado
romano? Le dimos permiso y continuó. Al terminar la misa, le
pregunté quién era el soldado romano. Y respondió: ¿No lo
vieron? Él se apareció polvoriento, con el pelo oscuro y vestido
como en aquella época. Él estuvo contento de que lo incluyéramos.
Entonces, el sacerdote me dijo: “Este soldado parece haber estado
esperando 18 siglos para ser liberado. Esta iglesia esta construida
sobre una calzada romana. Él debió morir aquí y ahora está
libre.
Los hermanos Linn, jesuitas, refieren la historia de Margaret,
que ayuda a ver cómo la pena que se oculta ayer, se vuelve a
presentar en los descendientes de hoy. Margaret se sentía deprimida
durante el mes de febrero de cada año. Para el 14 de febrero, la
depresión se hacía tan severa que debía ser hospitalizada. Lo que
sorprendía a Margaret y a todos los demás era que el resto del
año ella estaba llena de vida, trabajando como enfermera a tiempo
completo. En lo más profundo de su depresión, un catorce de
febrero, ella oró con un amigo para que Jesús le rebelara la raíz
de la herida. Ambos vieron una imagen de su madre, perdiendo un
bebé. Jesús reveló que la pérdida tuvo lugar dieciocho meses
antes del nacimiento de Margaret y que su madre había ocultado la
pena y tratado de concebir otro hijo.
El resultado fue Margaret, que como cualquier otro feto,
compartió las hormonas de su madre y por lo tanto, también su pena
oculta. Margaret y su amigo oraron para que Jesús amara y sanara al
bebé perdido y luego oraron para que Margaret se llenara de gozo
desde el primer momento de la concepción. Margaret sintió una
liberación inmediata de la depresión y nunca la ha vuelto a
padecer. Después de la oración, su tía verificó que su mamá
había sufrido la pérdida del bebé dieciocho meses antes del
nacimiento de Margaret. La tía recordó la fecha, porque era el
día de san Valentín, 14 de febrero, o sea, la fecha de las
depresiones anuales de Margaret.
Si Margaret no hubiera sido sanada por el bebé que perdió su
madre, ¿también los descendientes de Margaret habrían estado
deprimidos el 14 de febrero?.
El mencionado siquiatra Kenneth McAll dice: Un niño muerto que
no ha sido aceptado con amor por su familia y consagrado a Dios,
clamará por el amor y las oraciones de un miembro vivo de la
familia, a menudo de un gemelo, el próximo niño en la familia o en
la persona más sensible de la familia.
Durante la celebración de la Eucaristía, una madre me mencionó
que una de sus hijas gemelas había fallecido en el momento del
parto y que el hospital se había ocupado de enterrar sus restos.
Cuando rezamos por primera vez para contrarrestar los efectos
negativos de este incidente, brotaron lágrimas de alegría en la
gemela, que había logrado sobrevivir. Me contestó que había
contemplado a su hermana crecer todo el tiempo, pero nunca se había
atrevido a hablar de ello.
He sido testigo de más de 600 casos de niños fallecidos, que
habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de
haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel
de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a
Dios.
El mismo doctor McAll nos habla también del caso de Joan, una
niña que había visto crecer a su lado a su hermana Melissa, de
quien nadie le había hablado. Dice: Su madre me contó que antes
que Joan naciera, y debido a la equivocación de un médico, había
sufrido un aborto involuntario. A Joan nunca se le había mencionado
el incidente y nadie conocía el nombre que la madre le hubiera
gustado poner a la niña: Melissa…Tengo en mis ficheros alrededor
de mil cuatrocientos casos parecidos. Parecía evidente que aquella
niña, que no había sido consagrada a Jesucristo, era la causa de
las dificultades de Joan y quizá de las migrañas que la madre
sufría desde hacía años. Y todos quedaron curados de su mal.
Por otra parte, con relación a casos de influencia positiva,
podemos anotar el de cada uno de los santos y personas
extraordinariamente buenas que han existido. Ellas, por estar llenas
de Dios, irradiaban a su alrededor paz, alegría y amor. Pensamos en
la Madre Teresa de Calcuta. ¡Cuánto bien ha hecho a su familia y a
toda la humanidad! Y esto, no solamente con sus propias acciones y
oraciones, sino también a través de los miles de religiosos y
religiosas de su Congregación, que siguen atendiendo en el mundo
entero a los más pobres de entre los pobres. Ahora bien, un santo
no surge por casualidad. Normalmente ha recibido una herencia
positiva de sus antepasados. Dice la Madre Teresa de Calcuta que en
su casa, a pesar de los problemas que no faltaron, especialmente a
raíz de del asesinato de su padre, cuando ella tenía nueve años,
nunca faltó la oración en familia. Y decía: La oración en
familia es algo estupendo. Cuando se ora, uno se hace más bello.
La oración nos acerca a Dios, atrayendo sus bendiciones, y aleja
de nosotros el poder del demonio. Los padres del Papa Juan XXIII
eran muy pobres, pero eran felices. No tenían casi nada; pero, si
pasaba un pobre, siempre tenían un puesto para él en la mesa. No
tenían cosas materiales, pero lo tenían todo, porque Dios estaba
vivo en su casa. Por eso, él, cuando era todavía seminarista,
agradecido al buen ejemplo de sus padres, les escribía: Queridos
padres: Hoy mis pensamientos va a vosotros, porque es mi cumpleaños
y deseo deciros GRACIAS. ¿Sabéis por qué? Porque con vuestra vida
me habéis enseñado las cosas más fundamentales de la existencia.
Todo lo que he aprendido en los largos años de estudio es sólo un
pequeño comentario de lo que me habéis enseñado vosotros con
vuestra propia vida. Por eso, hoy y siempre os diré GRACIAS. Los
santos no nacen solos. Nacen en familias buenas, donde se ora y se
ama a Dios.
Una madre modelo fue Gianna Beretta Molla. Nació en Magenta
(provincia de Milán) el 4 de octubre de 1922, de padres
profundamente cristianos. Era la décima de trece hermanos. En 1949
obtuvo su título de doctora en medicina y cirugía en la
universidad de Pavía. En 1952 se especializó en pediatría en la
universidad de Milán. En la práctica de la medicina prestó una
atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a
los pobres.
Se casó en 1955 con el ingeniero Pedro Molla, después de
prepararse ambos para el matrimonio con un retiro espiritual de tres
días. Su sueño dorado era tener muchos hijos. Tenían ya tres
hijos (Pierluigi, Mariolina y Laura), cuando en 1961 quedó
embarazada y le detectaron un tumor en el útero; pero ella decidió
morir antes que abortar. El 21 de abril de 1962 dio a luz a Gianna
Manuela, pero el 28 de abril murió santamente a los 39 años,
repitiendo la jaculatoria: Jesús te amo, Jesús te amo…
Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1994.
El Papa dijo en esa ocasión: Supo ofrecer su vida en sacrificio
para que pudiera vivir la criatura que llevaba en su seno y que hoy
está con nosotros. Una madre ejemplar que da la vida por salvar la
de su hija.
Otro caso ejemplar es el constituido por los esposos Luigi y
María Beltrame Quattrocchi. María Beltrame quedó embarazada en
setiembre de 1913. Todo fue bien hasta el final del cuarto mes. De
pronto, le vino una violenta e imparable hemorragia. El diagnóstico
era placenta previa. Lo cual, en aquel tiempo, era como una doble
sentencia de muerte para la madre y para el niño. El profesor
Regnoli, ginecólogo de la Casa Real, les aconsejó la interrupción
del embarazo, es decir, que abortara cuanto antes para así salvar
la vida de la madre. En ese tiempo, la posibilidad de sobrevivir era
de un cinco por ciento. Pero los dos esposos decidieron afrontar con
fe la situación y dijeron NO al aborto.
En esos momentos difíciles, la unión de sus corazones se hizo
más sólida que nunca. Fueron días, semanas, meses de indecible
angustia, que les ayudó a crecer en la fe y confianza en Dios.
María permanecía inmóvil en cama para no poner en peligro la
debilísima posibilidad de sobrevivir de su bebé. Al cumplirse los
ocho meses, el doctor Enrico Pestalozza decidió provocar el parto.
María estaba muy anémica y el parto se realizó por vía natural,
pues una cesárea era muy peligrosa dada la gran debilidad de la
paciente.
Ese día, 6 de abril de 1914, su cuarta hija, Enrichetta, nació
sana y sin complicaciones; pero María sufrió una importante
infección, que, poco a poco, pudo superar.
Los dos esposos vivían vivieron intensamente la fe católica
desde niños, asistiendo a la misa y participando en los
sacramentos. Por eso, supieron transmitir a sus hijos los valores de
la fe católica. El papá Luigi, abogado de prestigio, acompañaba a
sus hijos al colegio y, como dirá uno de ellos: Pasábamos siempre
por la iglesia más cercana para saludar juntos a Jesús
Eucaristía. Nunca faltaba la oración en la mesa antes de comer ni
el rosario diario por la tarde, dirigido por papá (las letanías
las decía mamá) antes del beso de las buenas noches. Cuando los
domingos por la mañana, los chicos teníamos que ir con los scouts,
íbamos siempre juntos a las catacumbas de san Calixto para
participar en la misa. En total, tuvieron cuatro hijos. Los dos
varones llegaron a ser sacerdotes: Filippo, Monseñor Tarsicio de la
diócesis de Roma; y Cesare, padre Paolino, monje trapense. De las
dos hijas, Stefania fue Sor Cecilia de las religiosas benedictinas,
y Enrichetta constituyó un hogar cristiano.
El Papa Juan Pablo II beatificó a los dos esposos en la
basílica vaticana el 21 de octubre de 2001. Y decidió que su
fiesta fuera todos los años el día de su boda, el 25 de noviembre.
Estuvieron presentes sus dos hijos sacerdotes Don Tarsicio con 95
años, Don Cesare con 93, y Enrichetta, que presentó las ofrendas
al Santo Padre. Sor Cecilia había muerto en 1993.
El Papa, en su homilía, dijo que supieron vivir la vida
ordinaria de modo extraordinario. En el centro de su vida estaba la
misa diaria, a la que se añadía la devoción filial a la Virgen
Maria, invocada con el rosario, recitado todas las noches… Porque
una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma
una buena noticia para el mundo.
COMUNICACIÓN CON LOS DIFUNTOS
Nuestra relación familiar no termina con la muerte de nuestros
seres queridos, sino que continúa en el más allá. Nuestro amor a
ellos debe ser eterno y ellos nos siguen amando y, a veces, se
comunican con nosotros. Algunos difuntos se comunican con sus
familiares vivos de distintas maneras: a través de sueños, por
medio del teléfono, haciéndoles oler un perfume especial, moviendo
objetos, haciéndoles oír su voz, apareciéndose en forma difusa
como fantasmas o en completa claridad y solidez como si estuvieran
vivos… Sobre esto, puede leerse un libro bien documentado, escrito
por Bill y Judy Guggenheim, titulado Hello From Heaven (Hola desde
el cielo). Veamos algunos ejemplos.
- Cuando murió mi esposo Herbert a los 59 años de enfisema, yo
lloraba todos los días por él. Lo extrañaba y pensaba qué sería
de él. Él había sido, no sólo mi esposo, sino también mi mejor
amigo. Una noche, un año después de su muerte, estaba durmiendo y
oí su voz, que me despertó. Cuando estaba totalmente despierta,
oí de nuevo su voz:“Patsy, Patsy, todo está bien, estoy feliz”.
Yo sentí que estaba a mi derecha, aunque no lo veía y oí su voz
claramente, una voz normal, como cuando estaba sano. No tengo
palabras para describir la paz que esto me dio. Fue una verdadera
bendición para mí.
- Cuando murió mi esposa Roberta, a los 69 años, de cáncer,
una tarde, un mes después de su muerte, fui a mi habitación para
descansar. Y, de repente, sentí su presencia y olí el perfume que
siempre acostumbraba a usar. Esto duró unos siete minutos y,
después, el perfume desapareció. Esto me ha ocurrido tres veces en
el último año y medio. Cada una de estas experiencias me ha
consolado. Yo creo que ella trataba de decirme que estaba bien y que
me está esperando, cuando llegue mi hora.
- Diez días después de la muerte de mi hijo Brad, de 20 años,
apareció una luz en mi habitación. Y vi la cara de Brad con sus
ojos y su sonrisa, y una luz que estaba alrededor de su rostro. Él
me dijo: “Mami, estoy bien”. Yo le dije: “Hijo, quiero estar
contigo”. Él movió la cabeza y me dijo: “No, todavía no es tu
tiempo”. Él tenía una cara de felicidad y de paz emocionante.
- Once años después de la muerte de mi esposa, yo estaba un
día sentado en el comedor y, de repente, me di cuenta de que mi
esposa Gladys estaba bajando las escaleras. Yo me quedé perplejo,
cuando la vi. Su apariencia no era la misma que, cuando estaba
enferma antes de morir, estaba hermosa; su brillo era increíble. No
puedo describir su brillante belleza. Ella estaba sonriendo y era
sólida, no era etérea, parecía viva. Y desapareció.
- Mi hija Érica murió en un accidente automovilístico a los 17
años. Casi un año después, una noche me desperté y Érica estaba
allí, a los pies de mi cama. Ella parecía muy feliz y en perfecta
salud, sin ninguna herida. Vestía como era su costumbre y parecía
muy contenta. Érica me sonrió y dijo: “Yo estoy bien, mamá. No
te preocupes por mí”. Esto duró unos veinte segundos, más o
menos, y desapareció. Yo me sentí muy feliz.
- Después de más de tres años, desde que mi hija Ashley murió
a los doce años, me detectaron una enfermedad a los pulmones, y
tenía miedo de morir pronto. Una noche, estaba cocinando spaghetti
y sonó el teléfono. Oí una voz que me decía:
Mami, yo soy Ashley. ¿Qué? Soy Ashley, tú estas haciendo mi
comida favorita, estás haciendo spaghetti.
Era la voz de Ashley. Sonaba fuerte y saludable. Yo pensé que me
estaba volviendo loca, porque nadie podía saber que yo estaba
cocinando spaghetti. Entonces, yo le dije:
Ashley, ¿estás bien? Sí, estoy muy bien. Te he llamado para
decirte que tú también vas a estar bien.
El teléfono se cortó y no había ningún ruido. Seis meses más
tarde, me operaron y todo fue bien como me dijo Ashley.
- Mi hijo Ron fue asesinado un lunes por la noche, pero yo lo
supe el martes por la mañana. El jueves me desperté y vi que mi
hijo Ron estaba delante de mí. Lo podía ver claramente con blue
jeans. Él parecía totalmente real y en perfecta salud. Entonces,
vi también a su madre, Helen, que había muerto de cáncer
dieciséis años antes. Desde su muerte yo no quería creer en la
vida eterna y ni siquiera creer que Dios pudiera existir. Ron y
Helen estaban tomados de la mano. Helen no estaba sin cabello por la
quimioterapia, tenía un hermoso pelo y lucía hermosa, como cuando
nos casamos. Yo le dije:
Helen, lo siento. Te olvidé. Lo comprendo Glen.
En ese momento, de pronto, creí con fuerza en Dios, en los
santos y en todo lo que había aprendido. Y creí que todo era
verdad. Ron me dijo:
No te preocupes por mí. Estoy feliz, pero no odies a nadie ni
tengas ira contra nadie.
Después de su asesinato, yo tenía odio y deseaba vengarme y
matar a quien lo había asesinado. Desde ese momento, me sentí en
paz y sin odio. Esta experiencia cambió mi vida, me hizo abrir los
ojos y me hizo creer que hay un Dios y un cielo que Él ha creado
para nosotros.
- Nosotros no teníamos servicio de teléfono desde hacía dos
días, porque estaban haciendo arreglos en la línea. Mi hija Greta,
de 17 años, y yo estábamos viendo televisión y el teléfono
sonó. Nosotros tenemos tres teléfonos en casa, pero sólo sonó el
de la cocina. Greta contestó, pero no pudo oír más que un sonido
como el del océano, y colgó. Diez minutos más tarde de nuevo
sonó el teléfono de la cocina. Y sucedió lo mismo con Greta. A
los diez minutos de nuevo sonó el teléfono de la cocina y yo lo
cogí. Al principio, yo oí también el sonido como el del ruido del
océano. Pero después, empecé a oír una voz cada vez más
cercana, que me decía en polaco: “Hilda, Hilda, yo te amo”.
Yo le respondí: “Papi, papi, yo también te amo”. Y el
sonido del océano comenzó a oirse de nuevo. Yo le dije a Greta que
era su abuelo. Salí afuera de la casa para preguntarle al
ingeniero, que estaba haciendo los trabajos de la línea
telefónica, si estaba todo listo y me dijo que no, que los cables
estaban todavía en el suelo y que no tendríamos servicio hasta el
día siguiente. Yo le dije: “¿Está usted seguro? Yo acabo de
recibir una llamada telefónica”. Y él dijo: “Eso es totalmente
imposible”.
Mi hija había estado conmigo como testigo, cuando el teléfono
sonó tres veces; por eso sé que no fue una imaginación.
- El día de nuestro 13 aniversario de bodas, mi esposo y yo
renovamos nuestros votos con una ceremonia en la iglesia. Cuando
volvimos a casa, mi esposo y mi hija de 26 años, Bonnie, me
hicieron una hermosa fiesta. Cinco meses más tarde, Bonnie murió
en Florida. Al celebrar el próximo aniversario de bodas, unos
amigos nos llevaron a cenar con ellos. Al regresar, cuando entramos
en la casa, cerca de las doce de la noche, el reloj, que estaba en
la pared y que Bonnie nos había dejado a nosotros antes de irse a
Florida, empezó a sonar como loco. Nos quedamos sorprendidos,
porque el reloj no había estado funcionando y nadie lo había
tocado. ¡Había sido Bonnie!.
- Mi esposo murió en 1978. Cuando estábamos vivos, nos
habíamos prometido que el primero que muriera vendría a ver al
otro para asegurarle que existía una nueva vida después de la
muerte. Mi esposo estaba enfermo en el hospital. Una mañana, a las
cuatro, me despertó un golpe fuerte en la puerta de mi dormitorio.
Era un golpe que él siempre daba a la puerta cuando entraba. Una
hora después, me telefonearon del hospital, diciéndome que mi
marido había muerto. El médico había establecido que había
muerto hacia las cuatro horas de la mañana, cuando yo había
sentido su golpe en la puerta.
- Una mujer, que trabajaba en una residencia de ancianos y a la
que llamaré Marta, cuando se divorció de su marido, se fue a vivir
a casa de su madre con sus cuatro hijos. Un día, de manera
inesperada, falleció la madre de Marta y Marta quedó desolada. Un
año después de la muerte de su madre, dos de los hijos de Marta
fallecieron en un accidente de tráfico. Iban en un coche, conducido
por uno de sus tíos, y los chicos murieron camino al hospital.
Marta se sintió abrumada por tanto dolor. Antes del entierro, quiso
quedarse sola en la habitación con los cadáveres y empezó a
llorar.
De pronto, sintió junto a ella la presencia de su madre. Le
sonrió, al tiempo que apoyaba en ella una mano para consolarla, y
le dijo:
No te preocupes, ahora están aquí conmigo. Yo cuidaré de
ellos.
Esa visión fue para Marta como un renacer espiritual. Y dice:
“Cuando se apareció mi madre ante mí, entendí, de repente,
todo. Supe lo que sucedería cuando muriese y conocí cuál debería
ser mi propósito en la tierra. Este propósito es ayudar a otras
personas”. Ahora Marta se enorgullece de atender ancianos y
moribundos. Lleva ya más de veinte años en este tipo de trabajo y
dice que no le importaría seguir desempeñándolo otros veinte. La
visión de su madre la sostiene. Y afirma:
“Ahora les refiero a los ancianos mi propia historia. Eso les
ayuda a soportar sus propias vidas y los libra del miedo a la muerte”.
Personalmente, puedo decir que una religiosa, de plena confianza,
me contaba cómo un día se despertó en plena noche y vio que la
lámpara de su mesita de noche estaba encendida y dándole la luz en
la cara. Hacía mucho tiempo que no encendía esa lámpara y no la
tenía dirigida hacia la cama. Por eso, ella entendió que algo
quería decirle el Señor. A la mañana siguiente, se enteró que su
tía había muerto y comprendió que había sido ella quien había
venido a despedirse, pues había sido a la misma hora de su muerte.
En otras tres oportunidades, la misma religiosa sintió un olor muy
profundo y agradable de rosas y entendió que era la presencia de
alguien que había muerto y que venía a saludarla, como así
sucedió.
Muchas veces, los difuntos se hacen presentes para pedir
oraciones. Esto le ocurría frecuentemente a la mística austriaca
María Simma, que recibía frecuentes visitas de almas del
purgatorio, que venían a pedirle ayuda. Esto mismo le sucede a la
viviente mística italiana Natuzza Evolo.
La señora Yolanda Visconti cuenta que su hija Silvana se
suicidó en Roma el 18 de diciembre de 1963, dejando salir el gas en
su habitación. Ella fue a visitar a Natuzza a Paravati y ella le
aseguró que su hija se había salvado, pues se había arrepentido y
había sido asistida en los últimos momentos por su propio padre
difunto. Pero que todavía estaba en el purgatorio. Silvana pedía
sufragios y oraciones por su alma.
La señora Carmelina Chimirri murió el 25 de noviembre de 1978.
Después de su muerte, se apareció a Natuzza para darle un mensaje
para su familia: “Voy al cielo el 15 de abril. Estoy feliz y
recibo los sufragios y oraciones que me ofrecen. Rezo por todos,
especialmente por mamá y por Ana, que han quedado tristes, para que
el Señor les dé resignación”.
Una religiosa me escribía que, cuando ella era sierva de María
y atendía a los enfermos por las noches, asistía a una señora
anciana, que tenía un hijo con cáncer y que murió antes que ella.
La anciana vivía con una hija que tenía dos hijos pequeños y
todos eran muy cristianos. Me decía:
Por las noches, yo rezaba el rosario con su hija y su esposo. Me
contaban lo bueno que había sido el difunto y que iba todos los
días a misa y daba muchas limosnas a los pobres. Según ellos, ya
estaría en el cielo y no necesitaría oraciones. Pero dos o tres
días después de su muerte, a las tres de la mañana, estaba yo
orando, cuando empecé a oír unas pisadas como si corriesen, eran
unos ruidos y golpes que el primer día me dio un poco de miedo. La
hija de la anciana también los oía y no sabía a qué atribuirlos.
Pues bien, aquel día, al tercero de su muerte, a las siete de la
mañana, el niño de tres años empezó a llamar a su madre. Su
madre se levantó de la cama y encontró al niño sentadito en la
cuna, muy contento, que le dijo muy claro: “Mamá, he visto al
tío Javier. Ha venido aquí y me ha dicho que al morir te pidió
una misa en los jesuitas y que la mandes celebrar para poder ir
pronto al cielo”.
Era cierto, antes de morir le había encargado una misa por su
alma en la iglesia de los jesuitas y ella se había olvidado,
pensando que no la necesitaría, porque era muy bueno y estaría ya
en el cielo. Ese mismo día fueron inmediatamente a encargar la
misa. Por supuesto, ya no volvieron a oírse los ruidos y una gran
paz y alegría reinó en aquella casa.
A LA HORA DE LA MUERTE
Muchas veces, cuando alguien está a punto de morir, ve a
familiares suyos que vienen a recibirlo. Estas visiones, a la hora
de la muerte, están documentadas por muchos investigadores serios.
Veamos algunos casos concretos.
Un joven hindú se estaba muriendo de leucemia. Su madre había
muerto, cuando él tenía dos o tres años. Apenas la recordaba,
pero a menudo hablaba de ella y la mencionaba con mucho afecto. El
día que murió, no tenía fiebre, pero le dijo a su padre: “Ha
llegado mi hora. Mi madre me está llamando, está allí con los
brazos abiertos”. En aquel momento su estado mental era claro.
Tenía conciencia de lo que le rodeaba y habló con su padre hasta
el último momento. Luego, con una mano cogida a la de su padre y la
otra, señalando hacia donde estaba viendo a su madre, dijo: “¿No
ves a mamá? Mira, me está llamando”. Luego, murió,
incorporándose hacia su madre y cayéndose casi de la cama.
Parecía muy feliz de verla.
Otro caso. La vi sonreír y mirar a algo o alguien que no estaba
allí. Antes de eso, se había encontrado muy mal. Después me dijo
que había visto a su hermana (difunta), que venía a buscarla.
Comprendía que iba a morir, pero no le preocupaba. Aquello de ver a
su hermana difunta la alivió. Había sido una experiencia
agradable.
La señora Lucía L. de Roma da el siguiente testimonio: Hace
algunos años, tenía una hermana de cuatro años, enferma por una
caída. Estaba en coma desde hacía tres días y yo estaba a su
lado. Al mediodía, de pronto, mi hermanita abrió los ojos, que
parecían dos estrellitas luminosas, levantó la cabeza y con el
índice de la mano derecha me dijo, mirando a lo alto: “Aquiles”.
Yo le dije: “¿Te acuerdas del portero de nuestra casa de Roma?”.
Ella respondió: “No, no, es Aquiles nuestro primo, que está ya
muerto”. Dicho esto, cerró los ojos y cayó de nuevo en coma. Yo
pensaba que había soñado. Pero, al día siguiente, llamé por
teléfono y me confirmaron que el primo Aquiles había muerto hacía
ocho días. ¿Cómo lo sabía mi hermana?
Otro testimonio es de la señora María G. de Livorno. Dice: Mi
sobrino Luciano, estudiante universitario, estaba en Génova,
cumpliendo el servicio militar, y murió en esa ciudad en un
accidente de carretera. Yo y mi esposo no queríamos decírselo a mi
madre por su avanzada edad y le decíamos que no escribía, porque
estaba en una misión secreta. Cuando mi madre estaba para morir,
entre las personas que nombró y que venían a recibirla citó a
Luciano. Dijo así: “No es cierto que está vivo, está entre los
muertos”. Yo, que estaba a su cabecera, me quedé asombrada.
Después nombró a su padre, que no había conocido en vida, porque
tenía dos años, cuando había muerto.
Otra señora decía: Mi marido murió en setiembre de 1978,
después de siete meses de enfermedad de cáncer. Era un hombre
maravilloso. Nuestro matrimonio era muy feliz. En los últimos tres
días, yo dormía en un diván junto a él. Estaba en coma. Le
había mojado los labios y la frente con una toalla húmeda y me
dormí. Mi esposo me despertó antes de morir. ¿Quién le dio
fuerza? Con su débil voz me dijo: “Adriana, tu mamá (muerta
hacía tres años) me ayuda a salir de mi cuerpo. Hay tanta luz y
tanta paz”. Murió, dejándome este mensaje de amor, que me ayuda
a aceptar la vida, aun sin tenerlo a él.
Como vemos, los difuntos se preocupan de sus familiares difuntos
y vienen a recibirlos. La relación familiar no termina con la
muerte, sino que se prolonga por toda la eternidad.
MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Se dan muchísimos casos de personas, que han sido dadas
clínicamente por muertas, y son recibidas en el más allá por su
ángel de la guarda y por sus familiares difuntos. La doctora
Elisabeth Kübler-Ross, doctora honoris causa por 20 universidades y
que ha estudiado más de 20.000 casos de personas dadas por muertas,
nos dice: En el momento de la muerte, nuestros ángeles de la guarda
y los seres queridos, que se fueron antes que nosotros, estarán
cerca de nosotros y nos ayudarán. Esto nos ha sido confirmado
siempre, así que ya no dudamos nunca de este hecho. ¡Notad bien
que hago esta afirmación como un hecho científico!.
Veamos algunos casos concretos.
El actor francés Daniel Gélin, de 50 años, estaba
tranquilamente en su habitación del hotel en Tel Aviv, el 29 de
junio de 1971, para asistir a la Semana internacional de cine,
cuando sintió dolores en el corazón, que desencadenaron un
infarto. Estaba solo y, antes de perder el conocimiento, pudo pedir
ayuda por teléfono. Fue llevado de emergencia al hospital y él
dice:
De repente, me encontré flotando en la habitación del hospital
y, desde arriba, vi el aparato que registraba los latidos de mi
corazón, dándome cuenta de que no se movía. Mi corazón se había
detenido. El médico me aplicó una inyección endovenosa y esperó.
Pero no pasó nada y él se fue suspirando. La señorita asistente
cubrió mi rostro con una sábana. Y yo me puse a gritar: “Sálvenme,
no me abandonen”. Pero nadie me oía. En ese momento, pensé en
mis tres hijos y repetí sus nombres como una letanía: Zazie,
Manuel, Fiona. Pero nada sucedió... Me sentía desesperado y en una
gran soledad. El vacío que sentía era horrible... Poco a poco, una
especie de gozo, reemplazó mi desesperación y aparecieron unas
sombras entre las que reconocí a mi padre y a mi madre. Una gran
alegría me invadió. Habían muerto hacía tiempo y estaban
sepultados juntos en St. Malo, donde habían vivido.
Ver a mis padres fue un maravilloso milagro para mí... Mi madre
me llevó a un lugar misterioso, un jardín de fábula, lleno de
flores maravillosas. Allí jugaban y reían muchos niños. Mi madre
me dijo: “Pascal está aquí, mira qué feliz es”. Entonces, vi
a mi hijo, muerto a los 14 meses en un trágico accidente. Su muerte
me había causado un gran dolor y ahora lo encontraba como un niño
sonriente y feliz. Lágrimas de alegría salieron de mis ojos y un
gran sentimiento de felicidad me invadió. Corrí hacia él para
tomarlo en mis brazos. Pero, cuando mi mano lo tocó, todo cambió.
Pascal y mi padre desaparecieron. Sólo quedaba mi madre, que me
dijo: “Daniel, no es tu hora, la vida te espera”.
Yo quería quedarme y grité como un loco, llamando a Pascal,
pero fue inútil. Una fuerza, a la que no podía resistir, me trajo
de nuevo a mi cuerpo adolorido y abrí los ojos en el hospital,
dándome cuenta de que estaba vivo... Cuando ahora estoy deprimido y
me siento débil, pienso en el reino del más allá. Cierro mis ojos
y recuerdo la vida luminosa que me fue revelada como una realidad
inolvidable.
- Clarence tenía 48 años, cuando le ocurrió su experiencia,
debido a un accidente de coche, donde murió su esposa y él quedó
inconsciente. Él dice: Yo salí de mi cuerpo y traté de tocar a
May, mi esposa, pero pareció que mi mano traspasaba su cuerpo. Vino
la policía y yo traté de saludar a un policía, pero mi mano no
sintió nada. Yo vi tendido el cuerpo de May, pero su espíritu me
habló, diciéndome que no era mi culpa. Los dos comenzamos a
caminar por la carretera. Observamos que venían ambulancias y vimos
que se llevaban nuestros cuerpos. Yo le hablé a May y le dije que
no la dejaría ir. Ella me dijo que no me preocupara, que ella
estaría bien y que habría alguien que nos ayudaría... Desperté
en la casa, donde me estaban velando como a un muerto en Alabama. Me
llevaron rápidamente en helicóptero al hospital de Birmingham y
estuve seis meses en coma. Al despertar del coma, les dije que
había hablado con mi abuela y mi tía. Mi abuela había muerto en
1963 y algo más tarde mi tía. Ellas me dijeron que habían estado
en el accidente. Me dijeron que no me pudieron ayudar y que no me
echara la culpa. También estaba May, las tres con vestidos blancos.
Ellas estaban luminosas y se fueron al cielo. Yo no quise seguirlas
- Una niña de doce años, en su experiencia del umbral de la
muerte, vio a un hermano suyo, que estaba a su lado y que la
abrazaba con amor y ternura. Después de haber contado esto a su
padre, añadió: “Lo único que no comprendo de todo es que en
realidad yo no tengo ningún hermano”. Su padre se puso a llorar y
le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que
nadie le había hablado hasta ahora y que había muerto tres meses
antes de su nacimiento.
Nunca olvidaré el caso de un hombre con relación a su
experiencia del umbral de la muerte. Se trataba de un hombre al que
toda la familia fue a buscarlo a su lugar de trabajo. La furgoneta
en la que viajaban sus suegros, su mujer y sus ocho hijos, chocó
con un camión cisterna de gasolina. Habiéndose inflamado la
gasolina, ésta se esparció sobre la furgoneta y abrasó a todos
los ocupantes. Cuando el hombre se enteró del accidente,
permaneció varias semanas en estado de shock y de embotamiento
total. No se volvió a presentar al trabajo, ya que no era capaz de
dirigir la palabra a nadie y se convirtió en una persona viciosa,
que bebía medio litro de whisky al día y se drogaba con cualquier
producto, incluida la heroína, para calmar su dolor... Se había
convertido en un vagabundo, alcoholizado permanentemente,
consumiendo cualquier tipo de drogas y tratando vanamente de
suicidarse.
Un día, estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camin, que
bordeaba un bosque. Entonces, vio aproximarse un camión y, al no
tener fuerza suficiente como para alejarse, fue literalmente
aplastado por él. En ese momento, se encontró a algunos metros por
encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente
mutilado, que yacía en la carretera. Al instante, se le apareció
su familia delante de él, radiante de luminosidad y de amor. Le
hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les
proporcionaba y le sonrieron.
Este hombre quedó tan impresionado frente a la salud, belleza y
resplandor que veía en ellos, que juró no seguirlos, sino volver a
su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir
y, de ese modo, reparar sus vanas tentativas de suicidio. Al punto
se despertó y, se encontró en su cuerpo terrestre, viendo cómo lo
transportaban en una ambulancia al hospital. No olvidaré nunca el
fulgor de sus ojos, su alegría y su gratitud por haber sido guiado
a un lugar en el que se le permitió hablar en una tribuna sin que
nadie pusiera en duda sus palabras ni se burlara de él, y así
poder participar a cientos de “trabajadores de salud” su
profunda convicción de que nuestro cuerpo físico es sólo una
envoltura pasajera, que rodea a un yo inmortal.
- Nick era un delincuente de tomo y lomo, que había hecho de
todo, desde estafar viudas hasta vender drogas. Llevaba una gran
vida. Tenía buenos coches, trajes caros y casas nuevas. Ningún
problema de conciencia lo perturbaba. Pero un día, en que estaba
jugando al golf, se desencadenó una tormenta y lo alcanzó un rayo,
que lo “mató”. Durante un momento, flotó por encima de su
cuerpo y luego fue por un túnel oscuro hacia la luz. Emergió a un
ambiente pastoril resplandeciente, donde fue recibido por familiares
y otras personas que brillaban como linternas. Se encontró con un
ser luminoso que, con cierta vacilación, describe como Dios, quien
amorosamente lo condujo hacia una revisión de vida. Revivió toda
su vida en tres dimensiones y vio y sintió los efectos de sus
acciones sobre los demás.
Esta experiencia transformó a Nick. Aprendió que, cuando fuera
a morir de verdad, tendría que someterse a una nueva revisión de
vida, un juicio que iba a ser muy incómodo para él, si no
aprendía de su primera revisión. Ahora ha escogido una profesión
honrada y útil.
- Otro hombre, al que llamaré Mark, estuvo toda su vida
obsesionado por el dinero y la posición social... A los cuarenta
años, tuvo un ataque cardíaco serio. Durante su experiencia, se
reunió con su abuela y con muchos otros familiares... Me dijo que,
mientras estuvo en el otro lado, hizo un pacto con el ser luminoso
de que no volvería a concentrarse tanto en el dinero, sino que se
dedicaría a ser bondadoso.
El doctor Raymond Moody cuenta también el caso de una señora
que perdió mucha sangre en el momento del parto. Dice ella: El
doctor dio mi caso por perdido y dijo a mis parientes que me estaba
muriendo. Sin embargo, yo me daba cuenta de todo... Me di cuenta de
la presencia de multitudes, flotando por el techo de mi habitación.
A todos los había conocido en mi vida y ya habían muerto.
Reconocí a mi abuela, a una compañera de escuela, así como a
otros muchos parientes y amigos. Creo que, sobre todo, sentía que
habían venido para protegerme y guiarme. Era como si estuviera
volviendo a casa y ellos se encontraran allí para darme la
bienvenida. En ese instante, tuve la sensación de que todo era
luminoso y bello. Fue un momento glorioso.
lA GRAN FAMILIA ESPIRITUAL
Además de nuestra familia humana, todos tenemos otra gran
familia, a la que estamos unidos por lazos de amor y amistad, que
pueden ser más fuertes que los mismos vínculos de sangre. Por
ejemplo, yo pertenezco a la gran familia de la Iglesia católica, a
la familia de la Orden de Agustinos Recoletos, a la gran familia
sacerdotal (de todos los sacerdotes), a la gran familia de mi patria
de nacimiento (España) y de mi país de adopción (Perú). Incluso,
han existido muchísimas personas en los siglos pasados, a quienes
sólo conoceré en el cielo, y a los que debo muchas de las
bendiciones que he recibido de Dios y que son también parte de mi
vida. En una palabra, he recibido muchísimas bendiciones de Dios
por la oración de muchas personas, que, de alguna manera, son mis
padres espirituales, pues me han preparado el camino de la fe, de la
vocación y de la salvación.
Por otra parte, yo también rezo, en primer lugar, por mis
familiares de sangre, pero también por quienes rezan por mí, por
los sacerdotes, por los religiosos de mi Orden, por todos los
españoles y peruanos; y, en general, por el mundo entero. De modo
que considero también como mis hijos espirituales a quienes Dios ha
bendecido y sigue bendiciendo a través de mi vida y de mis
oraciones; en particular, a las personas que me conocen y son mis
amigos.
De la misma manera, cada persona puede pensar en su gran familia
espiritual. Nadie es una isla. Estamos unidos unos a otros. Hay
grandes familias espirituales, formadas por las Congregaciones
religiosas, como los agustinos, dominicos, jesuitas, franciscanos,
salesianos, capuchinos..., tanto en su rama masculina, femenina,
como de seglares. Además, están otros grupos y asociaciones, que
también son como familias espirituales como el Opus Dei, Focolares,
Neocatecúmenos, Carismáticos, Legión de María, Comunión y
Liberación, Cofradías y muchas otras Instituciones religiosas. Y,
por supuesto, siempre está el grupo personal de amigos o de
personas, que Dios nos ha encomendado como pueden ser los alumnos
para el profesor, los pacientes para el médico, los obreros para el
patrono, los pasajeros para el conductor, los fieles para el
párroco...
Personalmente, pienso en todos aquellos que Dios me ha
encomendado en los diferentes ministerios que he tenido en mi vida,
en cada una de las parroquias en las que he podido trabajar y en los
diferentes grupos. Pero también en tantos que habrán sido ayudados
en su fe a través de mis libros y, sobre todo , de mis oraciones y
sufrimientos, ofrecidos al Señor por la salvación de los demás. A
muchos de ellos sólo los conoceré en el cielo.
De modo especial, considero como mis hijos espirituales a los
niños muertos sin bautismo, por quienes oro todos los días en la
misa, al igual que por las almas del purgatorio y por todos mis
familiares y antepasados. Algo muy importante para mí es la
comunicación espiritual con muchas religiosas del mundo entero a
través de la correspondencia escrita. Ellas rezan por mí y yo rezo
por ellas. Ellas son mis hermanas espirituales y forman parte de mi
gran familia espiritual.
Cada sacerdote, por el hecho de serlo, ya es un padre espiritual
del mundo entero y Dios le encomienda la salvación de millones de
hijos a lo largo y ancho del mundo. Por eso, en cada misa y en sus
oraciones personales, debe encomendarlos a todos. De la misma
manera, toda religiosa debe ser madre espiritual de todos los
hombres y, en especial, de sus propios familiares.
Una religiosa me escribía: Mi gran deseo es abrazar a todos los
niños del mundo, incluso antes de nacer, y bautizarlos con el
bautismo de deseo para presentárselos al Señor como mis hijos. Me
siento madre de todos los niños nacidos o por nacer. A todos los
acaricio y abrazo bajo mi manto y los lleno del amor de Dios. ¡Qué
alegría! Me siento la madre más dichosa del mundo y esto significa
mucha responsabilidad de orar y trabajar para que sean santos. Otra
religiosa me contaba personalmente que ella había sido obstetriz
(matrona) antes de ser religiosa y que, al principio, contaba a
todos los niños a quienes ayudaba a nacer. Como eran miles, dejó
de contarlos, pero siempre rezaba por ellos, ya que los consideraba
como sus hijos. Cada uno puede adoptar espiritualmente muchos hijos,
orando por ellos. Pueden ser los no nacidos, que están en peligro
de ser abortados, los niños que nacen enfermitos o de tal
enfermedad, o los que pertenecen a tal ciudad, región o país. Cada
uno debe también considerar, de alguna manera, como sus hijos a
aquellas personas que Dios pone en su camino, porque a ellos tiene
que ayudarlos con su vida y su ejemplo a ser mejores y más felices.
¡Qué hermoso será ser recibidos, al morir, por infinidad de hijos
espirituales a quienes hemos ayudado en su camino de salvación!
Hace pocos años murió una religiosa en un convento de Alemania.
Cuando estaba agonizando, su rostro se iluminó y, mirando a lo
lejos, maravillada, exclamó: ¡Oh tantos niños negritos, tantos
niños negritos, me están buscando para llevarme al cielo! Las
otras hermanas, que presenciaron el hecho, no vieron nada, pero
después recordaron que la ancianita tenía la costumbre de echar
todas las noches, antes de acostarse, el agua bendita a los niños
negritos de África para bautizarlos. Ahora vinieron estos niños
bautizados desde lejos, a buscar a su bienhechora y madre
(www.catholicprayers.com).
María Simma, la gran mística austriaca, dice: Conocí a una
enfermera, que trabajaba en un hospital. Ella no dejaba de bautizar
a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir,
exclamó: “Oh, he aquí a todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos
niños!”. Y aquellos niños, a quienes había bautizado después
de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya vivían.
El padre Berlioux, que escribió un hermoso libro sobre las almas
del purgatorio, habla de una persona que rezaba mucho por las almas
del purgatorio y había consagrado su vida a aliviarlas. A la hora
de la muerte, fue atacada con furia por el demonio. Pero, de pronto,
vio que entraban en su apartamento una multitud de personas
desconocidas de radiante belleza, quienes pusieron en fuga al
demonio y, acercándose a su lecho, le dirigieron palabras de
aliento y consuelo auténticamente celestiales. Con su último
aliento, rebosante de alegría, dijo: “¿Quiénes son ustedes?”.
Y le respondieron: “Somos habitantes del cielo a quienes tu ayuda
nos condujo a la bienaventuranza eterna. Y en gratitud hemos venido
a ayudarte a cruzar el umbral de la eternidad para llevarte al cielo”.
Dice el padre Marcelino Iragui: Una persona muy entregada al
prójimo y de vida muy activa quedó inválida y decía: Cuando
estaba bien, salía a ayudar a unos cuantos. Ahora llevo la
humanidad entera en mí. En la silla de ruedas he recibido el
carisma más maravilloso: la intercesión universal. Antes, cuando
comulgaba, solía invitar a los coros de ángeles y santos a ocupar
mi corazón y yo me unía a sus cantos de alabanza tan armoniosos.
Ahora mi corazón está ocupado por una muchedumbre de pobres,
parados, enfermos de sida, drogadictos, depresivos y víctimas de la
injusticia humana. Cuando comulgo, veo a Jesús entrar en todos
ellos y convertir sus gritos en plegarias y canciones que llegan al
cielo. Yo no me canso de alabar a Jesús por esa maravilla, que se
repite todos los días.
Le decía Jesús a la gran mística francesa Gabriela Bossis:
¿No se te ha ocurrido pensar alguna vez que tal o cual gracia te
haya sido concedida a causa de una plegaria que alguien hizo por ti?
¿O debido a esta o aquella bendición de un sacerdote? ¿O por los
méritos que hubo en la vida de tus padres? ¿O simplemente por la
divina misericordia? ¿O de la bondad de mi Madre? No creas que la
causa de esas gracias haya sido siempre tú misma o tus virtudes.
María Simma, contaba un caso personal. Un día, cuando tenía 17
años, el año 1932, viajaba yo en un tren y en mi compartimento
había un hombre, que hablaba muy mal de la Iglesia y de la
religión. Yo le respondía, pero mis respuestas lo irritaban más.
Me dijo: “Tú eres demasiado joven para darme lecciones”.
Después metió la cabeza en su periódico y no dijo una palabra
más. Cuando llegó a su destino y se dispuso a descender, yo
murmuré una oración: “Jesús, no permitas que esta alma se
pierda”. Después de muerto, se me apareció y me dio las gracias,
porque aquella oración le había salvado.
La doctora colombiana Gloria Polo, estuvo clínicamente muerta,
cuando un rayo la dejó sin vida, el 5 de mayo de 1995. Estuvo tres
días en coma y tuvo una experiencia del más allá. Le salieron al
encuentro sus bisabuelos, sus padres y muchos parientes difuntos,
incluidas muchas personas que conoció en su vida. Ella dice que,
después de que Jesús le hizo la revisión de toda su vida, le hizo
ver que, a pesar de tantos pecados cometidos, Dios la salvaba por la
oración de tantas personas que no eran de su familia, que habían
rezado al conocer la noticia de ser carbonizada por un rayo. Y,
especialmente, por la oración de un pobre campesino, que para
siempre será como un padre espiritual para ella.
Dice: El Señor me dijo: “Esa persona te ama tanto que ni
siquiera te conoce”. Y me mostró que vivía al pie de la Sierra
Nevada de Santa Marta. Había ido a comprar una panela a una tienda
y se la dieron envuelta en una hoja del periódico “El Espectador”
del día anterior. Allí estaba mi fotografía de quemada por el
rayo. Cuando el hombrecito leyó la noticia, empezó a llorar con un
amor tan grande que decía: “Señor, ten compasión de mi
hermanita, sálvala. Si la salvas a mi hermanita, te prometo que voy
al Santuario de Buga y te cumplo una promesa, pero sálvala”. Y el
Señor me dijo: “Vas a volver a tener tu segunda oportunidad, pero
vas a repetir tu historia no mil veces, sino mil veces mil”
(www.gloriapolo.com).
¡Ojalá que nosotros también tengamos muchos hijos espirituales
conseguidos con oración y sacrificio!
Santa Faustina Kowalska escribe en su Diario: Cuando estaba en
oración, me uní mentalmente a todas las misas que, en ese momento,
se celebraban en el mundo entero y supliqué a Dios por la fuerza de
esas misas que tuviera misericordia del mundo y, especialmente, de
los pecadores que estaban en agonía. En aquel mismo instante,
recibí interiormente la respuesta de que miles de almas habían
obtenido la gracia por efecto de la oración que había elevado a
Dios. Nosotros no sabemos qué número de almas podemos salvar con
nuestras oraciones y sacrificios. Por eso, debemos orar mucho por
los pecadores (Diario, 5 de junio de 1938).
Si todos los días oramos por los pecadores y por las almas del
purgatorio, por los niños muertos sin bautismo y por nuestros
amigos, vecinos y familiares, y por todos aquellos que, de algún
modo dependen de nosotros..., estaremos formando una gran familia en
el cielo. En el cielo estaremos felices, en unión con nuestros
familiares de sangre y con nuestros familiares espirituales por toda
la eternidad. Desde ahora podemos encomendarnos a ellos y también a
sus ángeles. Pensemos en los millones de ángeles de todos nuestros
antepasados y de todos nuestros amigos e hijos espirituales.
Encomendémonos a ellos y agradezcamos a Dios la gracia inmensa de
tener una gran familia humana y espiritual para siempre.
SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS
Su vida es una prueba palpable de lo hermoso que es tener una
gran familia bendecida por Dios. Su padre y su madre habían querido
ser religiosos, pero ambos lo descartaron después de haberlo
intentado, pues vieron claramente que no era la voluntad de Dios.
Después de casados el 13 de julio de 1858, vivieron durante diez
meses como hermano y hermana, hasta que la intervención de un
confesor les hizo cambiar de parecer. Tuvieron nueve hijos, cuatro
de ellos, Melania Teresa, Elena, José Luis y José Juan Bautista,
murieron a los pocos meses, excepto Elena, que vivió cinco años.
Pero santa Teresita siempre los recordaba con cariño y los invocaba
como parte de su familia. Dice:
Me dirigí a los cuatro angelitos que me habían precedido allá
arriba... Les hablé con la sencillez de una niña y la respuesta no
se hizo esperar. Pronto la paz inundó mi alma con sus olas
deliciosas y comprendí que, si era amada en la tierra, también lo
era en el cielo. Desde aquel momento, creció mi devoción hacia mis
hermanitos y hermanitas, y hoy gusto de conversar a menudo con
ellos.
Las cinco hermanas sobrevivientes, incluida Teresa, fueron
religiosas. Además, tenían una tía y una prima religiosas. Su
madre murió a los 46 años de edad, de cáncer de pecho, que ella
llevó con gran resignación. Su padre murió a los 70 años,
afectado de una enfermedad mental. Se había ofrecido al Señor como
víctima. Santa Teresita dice: Me es imposible decir lo mucho que yo
amaba a mi papá.
Pero su familia no eran sólo los vivos, oraba mucho por las
almas del purgatorio; en especial, por los de su familia. El día de
su profesión, el 8 de setiembre de 1890, dice: Me sentía
verdaderamente reina. Por eso, me aproveché de mi título para
libertar a los cautivos y obtener el favor del Rey para sus
súbditos ingratos. Deseaba, en una palabra, libertar a todas las
almas del purgatorio y convertir a todos los pecadores. Ella se
sentía madre de todos los hombres. Decía: Nuestra misión, como
carmelitas, es la de formar obreros evangélicos que salven millones
de almas, cuyas madres seremos nosotras.
Sus padres habían rezado por tener un hijo misionero, pero sus
dos hijos murieron al poco tiempo de nacer. Dice Teresita: Mis
padres ¡habían deseado tener un hijo misionero! Me han contado
que, antes de mi nacimiento, mis padres esperaban que su deseo iba
por fin a realizarse. Si hubiesen podido penetrar el futuro,
habrían visto que, en efecto, por mi medio su deseo se cumpliría.
Puesto que un misionero se ha convertido en hermano mío, él es
también su hijo y en sus oraciones no pueden separar al hermano de
su indigna hermana.
La oración de sus padres fue respondida por Dios del modo más
admirable, pues ella misma ha sido declarada doctora de la Iglesia y
patrona de las misiones. Tuvo dos hermanos espirituales misioneros:
el padre Bellière y el padre Roulland. Le escribía al padre
Roulland: Me es muy dulce pensar que, desde toda la eternidad,
Nuestro Señor formó esta unión que ha de salvarle almas y que me
creó para ser vuestra hermana. En el cielo os seré más útil que
en la tierra... Soy para toda la eternidad vuestra hermanita. Y su
deseo de salvar almas y ser la madre de todos, especialmente de los
pecadores, lo manifestaba al decir antes de morir: Pasaré mi cielo,
haciendo el bien en la tierra. Derramaré sobre el mundo una lluvia
de rosas.
Santa Teresita es la santa de la infancia espiritual y quería
conquistar el amor de Dios con su sencillez y su amor infantil.
Decía: He venido (al Carmelo) para salvar almas y, sobre todo, para
rogar por los sacerdotes. Yo quisiera convertir a todos los
pecadores de la tierra y salvar a todas las almas del purgatorio. Su
amor a los demás envolvía a su familia viva y difunta, pero
abarcaba a todos los hombres que existen y existirán y, por eso,
quería la salvación de todos, sintiéndose madre espiritual de
todos. A todos ellos, sin excepción, los consideraba como sus hijos
y parte de su gran familia espiritual.
SANACIÓN DE LA FAMILIA
Toda familia necesita sanación de Dios, porque no todos sus
miembros, pasados o presentes, son perfectos. Todos necesitamos
mejorar y la mejor medicina para ello es el amor. Hemos sido creados
por amor y nuestra vida sólo tiene sentido en el amor a Dios y a
los demás. El amor es sanador, mientras que el odio y el rencor
destruyen nuestra esencia más profunda y nos hacen infelices. Hay
infinidad de traumas producidos por la falta de perdón o por la
falta de amor. Hay que perdonar y hay que amar a todos,
especialmente a nuestros seres queridos, empezando por los que se
fueron. Hay que perdonar a los difuntos y consagrarlos al Señor,
para que su amor sanador rompa los efectos negativos que sus vidas
han producido en sus descendientes. Muchas madres, que han abortado,
llevan el peso de su pecado por toda la vida y lo transmiten a sus
hijos y nietos... Los niños no deseados, adoptados o los que han
vivido el divorcio de sus padres o el abandono de uno de ellos...,
pueden necesitar mucho amor para superar sus traumas.
Sólo el amor puede romper las influencias satánicas u
ocultistas de los antepasados y, por eso, hay que consagrar nuestra
familia a Dios. El amor de Dios es la clave de toda sanación. Hay
que perdonar y orar mucho por nuestros familiares, y por todos los
que consideramos como parte de nuestra gran familia espiritual.
Veamos algunos ejemplos.
- Mi madre tuvo tres abortos después de que nací. Continuamente
se me recordaba que yo también debía haber sido abortada, pero
algo no resultó como habían planeado y yo nací. En nuestra casa
había tres frascos grandes de vidrio llenos de formol y en esta
sustancia se encontraban tres bebés abortados, en distintos niveles
de desarrollo. Estaban allí como piezas de exhibición. Cuando me
portaba mal, me recordaban rápidamente que yo también podía haber
terminado en uno de esos frascos como mis hermanos.
Yo misma tuve cuatro abortos antes de casarme y, a los veinte
años, era adicta a las drogas y al alcohol. Intenté suicidarme
siete veces, al no comprender por qué tenía que vivir una vida sin
sentido. Mi esposo, a quien habían elegido mis padres, era ateo.
En cierta ocasión, un sacerdote me enseñó una oración que dio
un vuelco a mi vida: "Jesús, que tu ser fluya en mí; que tu
cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida". Después que
murió mi amigo sacerdote, un pastor evangélico se hizo amigo mío
y me enseñó a amar la Biblia. Fui bautizada en su Iglesia, pero no
estaba satisfecha, pues esa Congregación no creía realmente en las
palabras: Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida.
Mientras tanto, me diagnosticaron leucemia. Esto, además de la
diabetes que venía padeciendo desde hacía veinte años. Sabía que
la clave para mi sanación era poder encontrar un lugar donde
pudiera recibir el cuerpo y la sangre de Cristo. Lo encontré en una
iglesia católica durante una misa de sanación, a la cual asistí
con una amiga… Fui aceptada en la Iglesia católica en mayo de
1985.
Cuando conocí al padre DeGrandis en 1985, me dijo que debía
perdonar a mi padre por todo lo que me había maltratado y herido de
niña. Comencé a repetir la oración del perdón. Y, en un retiro,
fui sanada de la diabetes, y de la leucemia mejoré notablemente.
Ahora doy gracias a Dios por brindarme una segunda oportunidad. En
especial, doy gracias por permitirme recibirlo en la Eucaristía:
Tomad y comed esto es mi Cuerpo (Mc 14, 22).
Una señora decía: Al nacer yo, mi madre me recibió como una
carga pesada y siempre me miró así. Yo callaba y sufría con
amargura y resentimientos acumulados dentro de mí a lo largo de los
años. Cuando por fin mi madre murió, rompí todas sus fotos, y
destruí todo recuerdo de ella. Me dije para mis adentros:
"Esto acabó. Ahora puedo vivir mi propia vida"… Pero
Dios abrió mis ojos y vi que tenía cuentas que arreglar. Buscando
ayuda entré en una iglesia y dije al Señor: "Dios mío,
¡qué no daría para poder perdonar de veras a mi difunta madre!
Pero si tú no me ayudas yo no soy capaz de hacerlo"… En
aquel momento, sentí que el Señor entraba en mí de nuevo y se
adueñaba de toda mi vida.
Mi amargura, rechazo, culpabilidad y ansiedades desaparecieron.
El Señor me preguntaba: “¿Cómo mirarías ahora a tu madre?”
Yo le contesté: “Con alegría, con comprensión y compasión, con
ternura y amor”. Cuando salí de la iglesia, iba como flotando. Ni
mi cuerpo me pesaba. El Señor me había liberado de una enorme
carga. Toda la naturaleza me parecía nueva. A las personas las
veía diferentes, verdaderamente maravillosas. Y todo mi ser
repetía: “Te quiero, te quiero”. Aquella experiencia fue como
un nuevo nacer a la vida. Desde entonces, desaparecieron también
mis dolores de cabeza y de espalda. Dios sea bendito.
El gran exorcista de Venecia, Pellegrino Ernetti, dice: Con mi
experiencia de más de 30 años, puedo decir que, salvo casos raros,
el treinta por ciento de los casos en los que Satanás hace sufrir a
las personas, se debe a que no saben o no quieren perdonar a sus
enemigos o a aquellos que piensan que les han hecho daño.
Por otra parte, la experiencia enseña la importancia de la
celebración de una misa por los familiares difuntos, que hubieran
estado involucrados en cosas perversas o negativas, que hayan podido
ser transmitidas a sus descendientes. La misa es la mayor muestra de
amor de Dios a la humanidad. Es el memorial del infinito amor de
Dios, es decir, es un hacer presente aquí y ahora el amor infinito
de Dios, que se hace presente entre nosotros en Jesús como en una
nueva Navidad. Por eso, no puede haber nada más sanador que una
misa. También es importante la consagración a Dios de la familia y
la oración de sanación y liberación para romper todo poder del
demonio, debido a maldiciones o pactos diabólicos..., que todavía
pudieran estar influyendo negativamente en algunos miembros de la
familia.
Algo muy importante es rezar por los niños abortados o nacidos
muertos. Lo más asombroso es que, al orar por estos niños muertos
sin bautismo, se solucionan muchos problemas de los familiares e,
incluso, enfermedades. Dice el doctor McAll:
Tengo registrados más de 600 casos de curaciones directas,
producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos,
víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que
nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su
nacimiento, que nunca fueron debidamente amados o consagrados a
Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una
Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son
impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder
curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban
participando en la Eucaristía, pero también de otros, que se
encontraban a muchos kilómetros en hospitales o instituciones
mentales, y no sabían nada acerca de dichas ceremonias, e incluso
parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos.
Los jesuitas Matthew y Dennis Linn han estudiado a fondo este
tema de los niños nacidos muertos o abortados y, por tanto, sin
haber recibido el bautismo. Y dicen: Tal vez la sorpresa más grande
en nuestro ministerio es la curación física y emocional, que puede
ocurrir muy rápido y profundamente a otras personas, cuando oramos
por bebés nacidos muertos y por abortos espontáneos y
provocados... Casi cada familia puede beneficiarse, orando por
abortos y bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan
comunes. Aproximadamente de diez a veinte por ciento de todos los
embarazos terminan en abortos espontáneos, sin contar con el
cincuenta por ciento de óvulos fecundados que nunca lograron
implantarse. En USA hay un millón y medio de abortos provocados por
año y dos nacidos muertos por cada cien nacidos vivos. Por eso, los
bebés constituyen el grupo más importante de nuestras oraciones
por los muertos.
Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé. Mientras
recibes la Eucaristía, deja que la sangre sanadora de Jesús entre
en ti y en todos los difuntos de la familia por medio del bebé.
Esto sin olvidarnos de poner un nombre al niño por quien se
celebra la misa. El padre John Hampsch aconseja bautizar
espiritualmente a estos niños, consagrarlos a Jesús por medio de
María y celebrar una misa por ellos.
El padre Marcelino Iragui dice: Una práctica recomendable es el
ofrecer una misa y comulgar por estos niños. En esta Eucaristía se
pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la
familia... A veces, los resultados son sorprendentes. En caso de
aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide
al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos, se les
acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre
al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen María.
El padre James Manjackal, uno de los líderes más famosos de la
Renovación carismática católica, que tiene un poderoso ministerio
de sanación de enfermos por todo el mundo, me escribía en una
carta: Muchos padres han dado testimonio de que, después del
bautismo espiritual de los niños abortados, ellos se les han
aparecido como ángeles y los han consolado... Yo he oído a mucha
gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo
como ángeles, después de haber sido bautizados en espíritu...
Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido
a darles su perdón y a consolarlas. Yo tengo maravillosas
experiencias de su entrada al cielo y sus oraciones por mí son de
gran poder para mi ministerio. Los he visto con caras
resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda
espiritual.
El doctor McAll ha escrito un libro: Healing the family tree
(Curando el árbol familiar), que es un bestseller internacional. En
él llega a la conclusión de que muchas enfermedades mentales se
curan, sanando la relación con nuestros antepasados difuntos por
medio de la oración, especialmente, por medio de una Eucaristía,
en la que los entregamos y consagramos a Jesús para que los reciba
y los envuelva en su divino amor. Por eso, la experiencia
multisecular de los católicos de orar por sus familiares difuntos
es recomendada por el mismo doctor McAll, a pesar de no ser
católico sino anglicano. Y habla de familiares, que se presentan
como fantasmas, para llamar la atención de su familia, pues
necesitan oraciones en el más allá. Y no los dejarán tranquilos
hasta que sean perdonados, si es el caso; o hasta que oren por ellos
y puedan ser liberados del purgatorio y ser felices definitivamente
en el cielo.
Dice: Aunque según mis experiencias, normalmente sólo hace
falta una celebración de la Eucaristía para liberar a un niño
nacido muerto, para liberar a un adulto, que necesita más amor y
perdón, pueden hacer falta varias Eucaristías.
Algo también muy importante es la comunión (el momento de más
intimidad posible con Jesús) y también la adoración a Jesús
Eucaristía. La presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía es
la manifestación más grande del amor de Dios a los hombres. Por
ello, el lugar donde más se siente la presencia de Dios y donde
más sanación podemos encontrar es ante Jesús sacramentado. Ir
ante el sagrario a orar y pedir a Jesús que nos envuelva con su luz
y con su amor es la mejor oración que podemos hacer. Esos baños de
luz y de amor son reales y nos sanarán a nosotros de tantos traumas
recibidos. Esto, sin descontar una vida de auténticos cristianos.
Si nosotros somos sanos espiritualmente, podremos rezar con mayor
eficacia por nuestros familiares. Por eso, comencemos por perdonar a
cualquiera que nos haya ofendido y procuremos protegernos de todo
poder del maligno en nuestra propia vida.
Dice el gran exorcista italiano Gabriele Amorth que para
librarnos del poder del maligno es importante la frecuencia de los
sacramentos y una conducta de vida conforme al Evangelio. Es
poderoso el rezo del rosario y el recurso a la Virgen María. Muy
poderosa es la intercesión de los ángeles y de los santos. Muy
útiles las peregrinaciones a santuarios... La palabra de Dios es de
gran eficacia... Añado la importancia protectora de las imágenes
sagradas, tanto sobre la persona como en los lugares: sobre la
puerta de la casa, en las habitaciones, en el comedor o en el lugar
en que más comúnmente se reúne la familia... He experimentado
muchas veces la eficacia de la medallita milagrosa, difundida en el
mundo por millones.
El padre Roberto DeGrandis dice: Una mujer de 29 años pensó que
se iba a volver loca, porque estaba pasando una menopausia
anticipada. Emocionalmente estaba mal. Ella iba todos los días a la
iglesia a hacer una hora santa de adoración. Y me dijo: “Usted
sabe, hay muy pocas cosas que no puedan ser curadas, estando una
hora todos los días ante el Santísimo sacramento”.
Ciertamente, ¡hay un enorme poder de sanación, que sale del
sagrario, donde Jesús mismo nos espera en la Eucaristía! Oremos
mucho por nuestra familia. Si es posible, en familia, porque la
familia que reza unida, permanece unida.
ORACIÓN EN FAMILIA
La oración en familia es muy importante para la unión y
felicidad familiar. Jesús ha dicho: Donde están dos o tres,
reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20).
La oración en familia es más eficaz que la oración particular.
Además, es importante la perseverancia en la oración, porque Dios
tiene su horario, que no siempre coincide con el nuestro. Nosotros
queremos que nos conceda lo que le pedimos de inmediato. Y, si vemos
que pasa una semana o un mes, y no pasa nada, creemos que no va
pasar nada y dejamos de orar. Pero Dios, a veces, no nos da lo que
le pedimos, sino lo que deberíamos pedir o, en otras palabras, lo
que más nos conviene. Sin embargo, la oración es siempre eficaz.
Dios siempre toma en serio nuestra oración, porque somos
importantes para Él. Por eso, debemos pedir y pedir con
perseverancia.
Dice la Madre Angélica, fundadora del canal EWTN: La hermana
Briege contaba el caso de una familia norteamericana de siete
miembros del Medio Oeste, cuyo hijo menor tenía un tumor cerebral.
Los médicos habían tirado la toalla y habían dicho que no había
esperanza para él. Pero la familia siguió rezando por la
recuperación del niño.
Todas las noches, antes de acostarse, se reunían en la
habitación de Tommy y rezaban juntos por él. Transcurrieron dos
años y el niño empeoró. El padre pensó: “Dios ha decidido
llevárselo” y dejó de rezar. Sin embargo, la madre y los demás
hijos perseveraron. Lentamente, Tommy comenzó a mejorar. Día tras
día se iba recuperando. Y en la actualidad es un niño tan normal y
sano como el que más.
Bárbara Shlemon era una enfermera católica, que oraba por sus
enfermos, y, al darse cuenta de que algunos se sanaban
milagrosamente, comenzó un ministerio de sanación que la ha hecho
famosa en el mundo entero.
Una noche de 1964, estaba de guardia como enfermera en el
hospital. Los médicos le habían recomendado vigilar especialmente
a una pobre madre de familia, que estaba en coma y debía morir
aquella misma noche. Esta mujer estaba reducida a huesos y piel,
estaba flaquísima y con un color amarillento en el rostro. Bárbara
pidió para ella la unción de los enfermos. Vino el párroco y le
administró este sacramento. A la mañana siguiente, Bárbara fue a
su casa a descansar y regresó por la tarde. Fue directamente a ver
cómo estaba su paciente, pensando que estaría ya muerta. Y la
encontró, tomando tranquilamente sus alimentos. Entonces, se
convenció del poder de la oración y comenzó, a partir de ese
momento, a rezar por los enfermos graves, organizando en su horas
libres, grupos de oración por los enfermos. Tuvo que dejar su
trabajo de enfermera para dedicarse a tiempo completo a orar por los
enfermos, pues la llamaban de todas las partes y de distintos
países. Ella dice que la oración en familia por los enfermos es el
modo más especial para que se sanen, pues hay más amor. Cuando san
Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, era un
niño de dos años de edad, se puso gravemente enfermo. Los doctores
Ignacio Camps y Santiago Gómez les dijeron a sus padres que no
pasaba de aquella noche. Pero sus padres se pusieron a rezar con
fervor, sobre todo, su madre Dolores Albás, quien le prometió a la
Virgen que, si lo curaba, lo llevaría ella misma en brazos hasta la
ermita de la Virgen de Torreciudad. Al día siguiente, cuando los
doctores llegaron a la casa, pensando que había muerto, el niño
estaba perfectamente curado. La oración de los padres es muy
poderosa ante Dios.
Conozco en Lima al padre Iván Luna, que trabaja en una parroquia
muy pobre de la periferia. Él me contó que, cuando era un bebé,
estuvo muy grave con una fuerte bronconeumonía. Como sus padres
vivían en la Sierra del Sur del Perú, donde no había médico ni
posibilidades de llevarlo al hospital, su madre lo llevó a la
capilla del poblado y lo colocó en el altar de la Virgen. Lo
consagró a María y se lo ofreció para que, si sanaba, fuera
sacerdote. A los tres días, sin tomar ninguna medicina, estaba
totalmente curado.
El padre Iván nunca se olvida de que su vida es un regalo de
Dios por medio de la Virgen. Se ordenó sacerdote en Lima el 7 de
marzo de 2004.
Otro de los tantísimos casos de sanación por la fe de la
familia es el de Manuel Vilar Silio, un niño argentino que cuando
tenía 18 meses de edad, el 19 de julio de 1998, cayó a la piscina
de una casa de campo. Cuando lo sacaron, después de 20 minutos,
tenía todos los signos típicos del ahogado y no tenía latidos
cardíacos ni respiración. Los padres comenzaron a orar a Dios por
intercesión de la Madre Maravillas (1891-1974), carmelita descalza,
fundadora de varios conventos. Y, a los pocos minutos, empezó a
expulsar el fango alojado en los pulmones y en el estómago; y 35
minutos más tarde recobró la frecuencia respiratoria. El niño
había estado en total más de una hora con parada
cardiorrespiratoria. Pero comenzó a mejorar, de modo que, al día
siguiente, estaba bien y, al tercer día, le dieron de alta. Por
este milagro, reconocido por la comisión médica del Vaticano, el
Papa Juan Pablo II canonizó a la beata Madre Maravillas el 4 de
mayo de 2003.
La madre del niño, a raíz de este suceso, ha repetido en
entrevistas por todos los medios de comunicación una gran verdad:
Muchos niños mueren, porque sus padres no rezan. Y nosotros
podríamos decir también: Muchos niños y adultos mueren, porque
sus familias no rezan por ellos. Por eso, la conclusión es clara:
cuando haya algún problema familiar, sea de salud o de cualquier
otra clase, oremos en familia y organicemos una cadena de oración
entre todos los amigos y conocidos, y Dios cumplirá su palabra, que
dice Pedid y recibiréis (Mt 7, 7). Y, si no nos da exactamente lo
que le hemos pedido, es porque tiene otros planes mejores para
nosotros. De todos modos, la oración en familia es eficaz y a
través de ella Dios bendice a toda la familia.
ENTRONIZACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS
Una de las cosas más importantes para la bendición y sanación
de la familia es la entronización en el hogar del Corazón de
Jesús. Entronización significa poner a Jesús en el trono.
Queremos que Jesús reine como rey en nuestro hogar, colocándolo
simbólicamente en el trono. Para ello se escoge un día especial
para la familia y se bendice la imagen del Corazón de Jesús que va
a ser colocada en la sala más digna de la casa. El sacerdote leerá
la fórmula de consagración de la familia, aceptando a Jesús como
el Rey del Hogar. Si no pudiera asistir el sacerdote, la imagen,
previamente bendecida, puede ser colocada en el lugar escogido y el
responsable de la familia puede recitar la oración de
consagración.
Lo importante es que toda la familia se sienta comprometida y,
ese día tan especial, pueda asistir previamente a la misa para
comulgar. Igualmente, todos los años, el mismo día, deben recordar
la fecha de la entronización y asistir a misa y comulgar en la
medida de lo posible.
Todos deben ser conscientes de que su familia es de Jesús, es
propiedad de Jesús, y que todo deben hacerlo contando con Él. Por
eso, cuando vengan las alegrías, hay que celebrarlas con Jesús,
siendo agradecidos. Y, cuando vengan las penas por las enfermedades
o muerte de seres queridos, hay que pedirle ayuda y consuelo.
Además, cada día sería muy deseable que se reúna toda la familia
ante la imagen bendita de Jesús para orar en familia; pues la
familia que reza unida permanecerá unida, recibiendo las
bendiciones de Jesús.
También es deseable que, junto a la imagen de Jesús, haya una
imagen bendita de María, pues a Jesús vamos mejor por medio de
María. Y la consagración de la familia a María puede ser algo
previo para la consagración al Corazón de Jesús, de modo que así
reine Jesús en el Hogar por medio de María.
La fórmula de consagración, leída por el sacerdote o el jefe
de familia, puede ser la siguiente:
Sagrado Corazón de Jesús, Tú has manifestado a santa Margarita
María de Alacoque el deseo de reinar en las familias cristianas y
le has dicho que a los que te amen y se consagren a tu divino
Corazón:
Bendeciré los lugares (hogares) donde la imagen de mi Corazón
sea expuesta y honrada. Pondré paz en sus familias. Los consolaré
en todas sus aflicciones. Bendeciré abundantemente todas sus
empresas. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora
de la muerte.
Queremos proclamarte en este momento como el Rey y Dueño de
nuestro Hogar y de nuestra familia. Queremos que reines en nuestras
mentes y en nuestros corazones por el amor. Queremos amarte y
adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía y
donde vives con tu Corazón vivo y palpitante de amor.
Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros
pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras... Todo
es tuyo y todo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo y
en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.
Oh Jesús divino, dirige nuestra familia por el camino del bien,
bendice nuestro trabajo, nuestras diversiones, nuestras amistades y
todas nuestras actividades, porque queremos que Tú seas el primero
en todo. Y, si alguna vez llegara alguno de nuestra familia a ser
infiel y alejarse de Ti por el pecado, te pedimos que lo ilumines,
le des el don del arrepentimiento y lo devuelvas de nuevo a tu
redil.
Señor Jesús, cúbrenos a todos nosotros con tu sangre bendita
derramada en la cruz y protégenos ahora y siempre de todo poder del
maligno. Madre nuestra, Virgen María, cúbrenos con tu manto de
pureza y amor, y danos la gracia de la pureza y de la fidelidad.
Ángeles de la guarda, cuidadnos y defendednos de todo mal.
Y, como una gracia especial, te pedimos Señor, por nuestros
familiares difuntos para que los tengas en tu gloria. Y, cuando nos
llegue a nosotros la hora de la partida, sal a nuestro encuentro
para llevarnos a gozar contigo eternamente en tu reino, de modo que
un día podamos estar toda la familia reunida y feliz contigo en el
cielo para siempre.
Jesús divino, Rey de nuestro Hogar, Tú eres nuestro Rey.
Establece aquí tu trono, porque no queremos que otro reine sino
Tú. Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón queremos decir:
¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en este hogar el
Corazón divino de Jesús! ¡Venga a nosotros tu reino! ¡Bendito y
alabado seas por siempre, Jesús, en el Santísimo Sacramento del
altar, donde has puesto tu trono en la tierra, desde donde reinas
sobre el mundo y donde siempre nos esperas, oh Jesús Eucaristía!
¡A Ti el honor, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos!
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Dulce Corazón de
María, sed la salvación mía
(Puede recitarse un padrenuestro y un avemaría antes de recibir
la bendición del sacerdote)
ORACIONES PARA LA SANACIÓN DE LA FAMILIA
Consagración De La Familia Al Corazón De Jesús
Divino Corazón de Jesús, postrados humildemente ante tu altar,
queremos consagrarte en este día nuestra familia, con todos
nuestros seres queridos, para que los protejas y los guardes siempre
dentro de tu divino Corazón. Protege a nuestros familiares vivos y
pon amor, unión, paz y comprensión entre nosotros. Bendice a
nuestros familiares difuntos y dales la felicidad eterna del cielo.
Bendice a todos los que nos has encomendado. Y bendice también a
todos a quienes estamos unidos en tu amor.
Sana, Señor, nuestra relación con nuestros antepasados y
descendientes. Perdónanos todos nuestros errores y pecados. Pon tu
amor y bendición entre nosotros. Te lo pedimos, Señor, por
intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, y en unión con
todos nuestros familiares del cielo y de los ángeles custodios de
toda nuestra gran familia. Amén.
Consagración De La Familia Al Inmaculado Corazón de María
María, Madre nuestra, venimos ante tu presencia para poner bajo
tu manto a toda nuestra familia. Te pedimos, Madre, que bendigas con
tu amor maternal a nuestros familiares vivos. Bendice también a
quienes todavía se encuentran en el purgatorio para que pronto
puedan disfrutar eternamente de la felicidad celestial. Bendice a
toda nuestra familia espiritual, que Dios nos ha encomendado y a
quienes debemos ayudar en su camino de salvación y santificación.
Madre nuestra, pide a Jesús que perdone todos los pecados de
nuestra familia y que ponga amor, luz y paz entre nosotros.
Bendícenos a todos y haz que nuestra familia sea bendecida por Dios
y salgan de ella abundantes vocaciones religiosas y sacerdotales
para beneficio de toda la humanidad. Amén.
Oración Por Un Enfermo
Señor Jesús, reunidos en familia, queremos pedirte por la salud
de nuestro (hijo, padre, madre...). queremos consagrártelo y
ponerlo en tus manos divinas. Te lo encomendamos y te lo entregamos
para que Tú lo sanes y le des todo aquello que Tú sabes que más
necesita. Sánalo como sanabas a los enfermos hace dos mil años.
Sánalo en su cuerpo y en su alma, y dale tu paz, tu alegría y tu
amor en su corazón. Gracias, Jesús. Te lo pedimos por tu santa
cruz, por tu sangre bendita derramada y por intercesión de María,
nuestra Madre. Gracias, Jesús, por la salud que Tú le das y
gracias por el amor, la unión y la paz que pones en nuestro hogar.
Amén.
Oración De Perdón
Señor Jesús, en este momento quiero pedirte perdón en nombre
de mis antepasados por todos sus pecados y quiero perdonarlos por
todos los sufrimientos que me hayan ocasionado. Los perdono en tu
Nombre y los perdono de corazón. No quiero guardar resentimiento en
mi interior contra nadie y menos contra mis familiares difuntos,
pues tengo obligación de ayudarlos en el más allá. Tú los
juzgarás. Yo, como parte de su familia, me limito a perdonar y a
bendecir. Sí, Jesús, bendice a mis familiares difuntos, bendice a
mis familiares vivos. Bendice nuestra gran familia y sana cualquier
herida que hayan podido transmitirnos a causa de sus pecados.
Cúbrenos a todos con tu sangre bendita y protégenos desde ahora y
para siempre de todo poder del maligno para que mi familia sea una
familia sana para tu gloria y tu alabanza. Gracias, Señor, por mi
familia. Me siento orgulloso de ella y los amo a todos y a cada uno.
Te los consagro, por medio de María, para que Tú los bendigas.
Amén.
Oración De Liberación
Señor Jesús, quiero consagrarte a todos mis antepasados a tu
divino Corazón por medio del Corazón Inmaculado de María. Te los
entrego con todos sus pecados y miserias. Y te pido que, con el
poder del Espíritu santo, alejes de ellos todo poder del maligno.
Prohibo en tu Nombre a cualquier espíritu maligno que les haga
daño. Los cubro con tu sangre bendita, derramada en la cruz, y los
protejo de todo mal. Conjuro a cualquier espíritu perdido o grupo
satánico o brujo a que no interfiera ni influya negativamente en mi
familia.
Señor, por tus méritos y tu sangre bendita derramada, yo
disuelvo cualquier reunión satánica, cualquier maleficio, hechizo,
magia, atadura, trampa, maldición o cualquier acción maléfica,
que haya podido afectarles en el pasado o pueda afectar a mis
familiares vivos. Rompo en tu Nombre, Señor, cualquier herencia
negativa que haya podido ser transmitida, y ordeno que desaparezca
cualquier daño hecho a mis familiares y antepasados.
Señor, te proclamo el Señor de nuestra familia y renuncio a
Satanás y a todas sus obras y a todo pecado de mis antepasados.
Sana cualquier herida, que hayan recibido y hayan podido transmitir
a sus descendientes por efecto de su crueldad, violencia o haber
estado involucrados en ocultismo, satanismo, o cualquier pecado de
abortos, asesinatos o perversión de cualquier clase.
Yo perdono en nombre de mis familiares a todas las personas que
nos hayan hecho daño, y te pido, Señor, que nos sanes de todo mal
y nos liberes para amarte con un corazón limpio y puro. Envía tus
legiones de ángeles y santos para que a una orden tuya y bajo tu
autoridad, puedan rechazar en este momento y para siempre cualquier
influencia del maligno. Amén. Oración Para Perdonar
Señor, quiero perdonar a mi madre por haberme lastimado con
castigos injustos, por haber sido infiel a mi padre, por haber
tenido abortos voluntarios y pensado abortarme a mí... La perdono
de todo el daño que me hizo. Igualmente, perdono a mi padre por su
falta de apoyo, por haber sido infiel a mi madre, haber sido
agresivo, por divorciarse de ella y dejarnos abandonados. Lo perdono
por su irresponsabilidad, por sus borracheras y violencias, y por
todas sus acciones deshonestas, que afectaron mi vida.
Perdono a mis hermanos por haberme insultado y haberse burlado de
mí. Perdono a mi esposo(a) por su falta de amor y por su
infidelidad o por las obras o palabras que me hirieron
profundamente.
Perdono a todos los que me han ofendido: familiares, vecinos,
compañeros de trabajo, sacerdotes, policías... Perdono a quienes
abusaron de mi ignorancia o de mi debilidad. A todos los que me
insultaron o me hirieron y me humillaron de alguna manera, los
perdono en el Nombre de Dios y les ofrezco mi perdón incondicional.
A todos los pongo en las manos del Señor para que Él también los
perdone.
Gracias, Señor, por tu perdón y por tu amor. Gracias por la
alegría que me das al perdonar y al recibir tu perdón. Amén.
Consagración Personal a María y a Jesús
Oh María, Madre mía, yo me consagro del todo a Ti y, en prueba
de mi filial afecto,
te consagro en este día: mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi
corazón. En una palabra, todo mi ser, y ya que soy todo tuyo, oh
Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a cosa y posesión
tuya Amén.
Cúbreme, Madre mía, con tu manto de pureza y amor y protégeme,
ahora y siempre, de todo mal y de todo poder del maligno. Amén.
Oh Jesús, por medio de María, me consagro a Ti y quiero que Tú
seas el Señor y el Rey de mi vida. Señor, líbrame de todo lo mal
y perdóname todos mis pecados. Amén.
CONCLUSIÓN
Al llegar al final de este libro, es bueno deducir algunas
conclusiones prácticas. En primer lugar, debemos tener presente que
no somos islas perdidas en el océano de la historia universal;
nadie viene al mundo por casualidad o por azar. Cada ser humano es
querido infinitamente por Dios y viene al mundo en el seno de una
gran familia, que abarca a nuestros antepasados hasta los primeros
padres. Dios nos quiere tanto que ha puesto a nuestro lado un ángel
custodio para que nos cuide y proteja a lo largo de toda la vida. Al
morir, nos saldrán al encuentro nuestros seres queridos y tantos
otros, a quienes hemos ayudado a salvarse.
Ahora bien, el formar una familia es algo de mucha
responsabilidad. Vemos, por experiencia, cuántas veces de padres
irresponsables, que abortan, cometen adulterio o caen en vicios y
excesos de toda clase, los hijos pagan las consecuencias con traumas
y enfermedades que les hacen sufrir enormemente. El que quiera
formar una familia, debe ser una persona capaz de asumir las
responsabilidades que conlleva la educación de los hijos con el
buen ejemplo.
Los padres deben comenzar por estar bendecidos por Dios con el
sacramento del matrimonio para que tengan la fuerza necesaria para
superar las dificultades y tentaciones de la vida. Sería hermoso
que los recién casados consagren a Dios su nuevo hogar y ofrezcan
el bouquet de la novia ante una imagen de María. Igualmente, cuando
nazcan los hijos, ir consagrándolos, uno por uno, a Jesús por
María para que tomen especial cuidado de ellos y los protejan de
todo mal. Algo importante será también la consagración personal y
familiar al Corazón de Jesús y su entronización en el hogar. Y
que los esposos estén abiertos a la vida, evitando a toda costa
abortos, adulterios, violencias... Es de suma importancia la
oración en familia todos los días, especialmente del rosario. Una
buena familia debería pedir por todos los difuntos de la familia,
incluidos los niños muertos sin bautismo.
Ser padres es ser conscientes de que su comportamiento afectará
positiva o negativamente a sus hijos y a sus descendientes. Y deben
sentirse responsables ante las generaciones venideras. Precisamente,
por eso, porque es grande su responsabilidad, deben pedir la ayuda
de todos los antepasados, que ya están en el cielo o estén
todavía en el purgatorio. Igualmente, pedir el apoyo de todos los
ángeles custodios de toda su gran familia. Esto, sin olvidar a
todos los amigos y conocidos, con quienes han estado en unión en
esta vida y que también son parte de su gran familia espiritual por
siempre.
Y, cuando en la familia se presenten circunstancias especialmente
difíciles, como enfermedades, muerte de seres queridos, fracasos
económicos, robos, violencias..., que sepan perdonar y orar mucho
para que Dios les dé la paz. Para conseguirla, recomiendo que
alguno de la familia vaya todos los días a la misa y a comulgar. Y
pida para que toda la familia esté un día reunida con Dios en el
cielo. También recomiendo ir cada día a una iglesia para visitar a
Jesús sacramentado; si es posible, durante una hora santa y así
poder recibir diariamente baños de luz y de amor de Jesús
sacramentado. Él aumentará la fe y bendecirá a toda la familia,
dando fortaleza ante la adversidad y bendiciéndola con gracias
inmensas, más allá de lo que podamos pedir o imaginar.
Te deseo una familia bendecida por Dios y que surjan en ella
muchos sacerdotes y religiosas santos.
Es mi mejor deseo para ti, querido hermano.
Que Dios te bendiga. Saludos de mi ángel.
Tu hermano y amigo del Perú. P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La
Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ Teléfono: 461-5894
La familia que reza unida, permanece unida. BIBLIOGRAFÍA
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