Una Gran Familia

Libro del Padre Angel Peña O.A.R.

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UNA GRAN FAMILIA

Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto

Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2009 ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

El ser humano. Herencia de los antepasados. Influencias negativas y positivas. Comunicación con los difuntos. A la hora de la muerte. Más allá de la muerte. Una gran familia espiritual. Santa Teresita del Niño Jesús. Sanación de la familia. Oraciones para sanación de la familia. Oración en familia. Entronización del Corazón de Jesús.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

En este libro queremos hablar de nuestra gran familia. La familia de cada uno no se limita a los abuelos, padres, hijos o nietos. Todos tenemos una gran cadena de antepasados, que nos une hasta los primeros padres de la humanidad. Esta gran familia comprende a muchos de nuestros familiares, que todavía están en el purgatorio. Ellos necesitan de nuestras oraciones. Mientras no estén liberados, podrían estar clamando a sus familiares por ayuda Quizás tenemos antepasados que han estado metidos en satanismo u ocultismo y que han ofrecido la familia a Satanás. Nosotros debemos ofrecerla y consagrarla a Dios. Pueden haber estado involucrados en crímenes de sangre, abortos, crueldades..., que todavía siguen influyendo de manera negativa en sus descendientes.

Por eso, hay que cortar cualquier influencia negativa, orando por ellos, perdonándolos y consagrándolos al Señor. La consagración de la familia al Corazón de Jesús y su entronización en el hogar traerá sanación y bendiciones para todos.

Por otra parte, no olvidemos que todos, queramos o no, formamos parte de otra gran familia espiritual, pues tenemos padres espirituales, que nos han dado la vida espiritual por el bautismo o que han orado por nuestra conversión, salvación o santificación. Todos ellos son parte de nuestra gran familia espiritual y también aquellos a quienes nosotros hemos ayudado espiritualmente. Esta gran familia, humana y espiritual, será nuestra gran familia por toda la eternidad. Seremos familiares y amigos para siempre. Por eso, pidamos desde ahora ayuda a todos nuestros familiares del cielo, que saldrán a recibirnos en el momento de nuestra muerte, e invoquemos con esperanza la ayuda de todos sus ángeles custodios, que también son parte de nuestra gran familia.

Les deseo a todos una familia unida y feliz, que dé mucha gloria a Dios y sea fuente de muchas bendiciones para toda la humanidad. EL SER HUMANO

Suele decirse que el ser humano está compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Así lo afirma san Pablo al decir: Que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha (1 Tes 5, 23). El cuerpo es la parte material, que vemos y tocamos. El alma es la parte inmaterial e inmortal, que da cohesión al ser humano y que lo hace persona y, por tanto, responsable de sus actos. Y el espíritu, que es la parte espiritual, o sea, la vida de Dios en el alma. Un hombre, que rechaza a Dios, cometiendo grandes pecados, está viviendo una vida meramente humana o material, porque le falta la dimensión espiritual o sobrenatural, y decimos que está en pecado mortal. Dios no habita propia y formalmente en Él. No es templo de Dios.

Ahora bien, el alma es creada directamente por Dios. Sin embargo, la herencia que se nos transmite de nuestros padres no es sólo en cuanto a las características corporales. En los genes hay también elementos ancestrales y hay marcas de influencias positivas o negativas de los antepasados, que influyen en el niño por nacer.

El famoso siquiatra suizo Carl Jung (1875-1961) hablaba del inconsciente colectivo, que está compuesto de experiencias raciales. Él creía que las personas tienen profundas formas inconscientes de responder a las cosas que ocurren en sus vidas. Con esto quería decir que la correlación entre las vidas humanas va más allá de la tumba. Lo que hace o deja de hacer una persona, puede afectar a las generaciones venideras. En el inconsciente colectivo están enterradas, de algún modo, las experiencias de todas las generaciones pasadas.

El estudio actual de los genes ha llevado a descifrar los códigos secretos del genoma humano, es decir, de los genes del ser humano en general. Se han localizado los genes que producen ciertas enfermedades como el síndrome de Down, la fibrosis cística, la talesmia y otras enfermedades como el cáncer, la diabetes o algunas enfermedades siquiátricas. El estudio de los genes es como un libro abierto en el que pueden leerse muchos datos, incluso de generaciones pasadas, que han transmitido por herencia cualidades o enfermedades. Algunos científicos hablan del estudio del genoma humano (conjunto de genes humanos) como del estudio de un libro de secretos sobre la historia humana desde el principio hasta ahora.

HERENCIA DE LOS ANTEPASADOS

La historia de los antepasados de cada ser humano es diferente y su herencia también. Muchas cualidades son transmitidas por herencia, al igual que muchas enfermedades físicas y mentales. Pensemos en la historia de Abraham. Dios le dice: Por mí mismo juro, palabra de Dios, que por haber tú hecho cosa tal, de no perdonar a tu hijo, a tu unigénito, te bendeciré largamente y multiplicaré grandemente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arenas de las orillas del mar y en tu posteridad serán benditas todas las naciones de la tierra, por haberme obedecido (Gén 22, 16-18).

Vemos que la obediencia a Dios, el obrar el bien, lleva consigo muchas bendiciones, incluida la de una larga descendencia. Por el contrario, el asesinato lleva consigo consecuencias negativas. Dios le dijo a Caín: La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra. Ahora, maldito serás de la tierra, que abrió su boca para recibir de mano tuya la sangre de tu hermano (Gén 4, 10). Como se ve, se pueden transmitir bendiciones o maldiciones. Ciertamente, muchas acciones perversas de los antepasados, especialmente si han estado metidos en satanismo u ocultismo, se transmiten de alguna manera. Hay familias que tienen muchos abortos, comportamientos sexuales desordenados, repetidos suicidios, enfermedades mentales o comportamientos delincuenciales.

El padre Bolonic afirma que es importante saber que existe una herencia espiritual negativa, que se nos transmite de nuestros antepasados en el momento de la concepción. Si nuestros antepasados hicieron el mal en sus vidas, la maldición de sus malas vidas pasa a sus hijos, porque estamos espiritualmente ligados como los anillos de una cadena. Los problemas espirituales se transmiten como las enfermedades físicas. El problema es mayor, si nuestros antepasados no se arrepintieron de sus malas acciones. Resulta un problema especial, si hay suicidios o asesinatos, abortos, adulterio, robos, alcoholismo, drogodependencia... Es, especialmente, fuerte la influencia que ejerce el pecado de odio. Cuando los antepasados han estado involucrados en prácticas de magia y ocultismo, la acción diabólica se percibe muy fuerte en la vida de sus descendientes.

Dice el padre Beppino: Algunas veces, he orado y he bendecido a personas con la santa cruz, rechazando en el Nombre de Jesús todo mal o toda influencia maléfica en la primera generación y así hasta la cuarta y, a veces, en un determinado momento de una generación, el paciente se volvía violento, cambiaba de voz, revelando alguna cosa ocurrida en aquella generación de la cual recibía alguna influencia maléfica en su vida, quedando sanado en el Nombre de Jesús.

El doctor Koch ha estudiado más de 10.000 casos de dependencia o influencia del ocultismo y, con frecuencia, ha tropezado con modelos de desastres heredados, que se transmiten a través de generaciones y generaciones. Dice: En el historial de una familia de encantadores y hechiceros, pude rastrear hasta tres o cuatro generaciones, efectos tales como muerte en un hospital para enfermos mentales, casos de melancolía, suicidios y accidentes fatales, que se repetían de manera regular y siguen por tanto un modelo determinado... Los síntomas de este tipo, que se dan, prácticamente, en todas las familias de hechiceros, me ponen sobre alerta y me permiten conocer la implicación de algunos miembros de las mismas en fenómenos ocultistas. Monseñor Milivoj Bolonic dice sobre las maldiciones: En mi experiencia, he visto que los casos más graves eran aquellos en los que los padres habían maldecido a sus hijos o en que los abuelos habían maldecido a sus nietos. La maldición quita la felicidad y son especialmente graves las que se pronuncian con ocasión del matrimonio. Las consecuencias pueden ser diversas como enfermedades permanentes o dificultades para el trabajo, que acompañan a la persona por toda su vida, o desgracias familiares o enfermedades en los hijos... Algunas madres tienen la mala costumbre de maldecir a sus hijos y los mandan al diablo fácilmente sin darse cuenta de lo que hacen y sin pensarlo seriamente. Y el maligno, que oye que se le abre la puerta, entra pronto para salir con dificultad.

Lo que una generación siembra, otra lo recoge. Pero así como un miembro de una familia puede traer desorden, violencia y mucho sufrimiento, también un miembro de la familia puede sanar las relaciones desordenadas y, por el poder de Dios, limpiar todos los efectos negativos y traer paz, amor y bendición para todos. Así como hay familias de brujos o delincuentes, también las hay de santos o en las que abundan las vocaciones.

Una familia de santos es la familia de san Basilio Magno (siglo IV). Su padre fue san Basilio y su madre santa Amelia. También fueron santos sus hermanos: san Pedro, obispo de Sebaste, san Gregorio Niceno y santa Macrina. Su abuelo murió mártir y su abuela fue también una santa: santa Macrina. Y su mejor amigo: San Gregorio Nacianceno.

La familia de san Leandro, arzobispo de Sevilla, también es ejemplar. Los cuatro hermanos fueron santos: Leandro, Fulgencio, Isidoro y Florentina.

Otro caso es el de la familia de san Bernardo abad (1090-1153). Su padre fue el venerable Tescelín, su madre la beata Alicia, y beatos sus hermanos Guy, Gerardo, Humbelina, Andrés Bartolomé y Nivardo. El mismo san Bernardo llevó al convento a un tío, a un cuñado y a 31 amigos de su ciudad. Un santo irradia amor y santidad por todas partes.

INFLUENCIAS NEGATIVAS Y POSITIVAS

El doctor Kenneth McAll, famoso siquiatra inglés, miembro del Royal College of Psychiatrists de Inglaterra, nos habla de Edward, un paciente que sentía una banda amarilla alrededor de su cabeza y un olor a azufre. También oía explosiones, que lo hacían sentirse dividido en dos y lleno de fuego de pies a cabeza. Además de las explosiones, él oía olas que se estrellaban, voces de hombres gritando y viento silbando a través de su cara y pies. Edward había recibido treinta años de tratamiento siquiátrico por estos síntomas, atendidos por otros doctores e, incluso, se sometió a choques eléctricos, antidepresivos, drogas contra la esquizofrenia y tranquilizantes... Lo que más le preocupaba era un ataque de sudor que había sufrido unas pocas noches anteriores. Durante varias noches, haciendo climax el 11 de noviembre sin ningún motivo aparente, Edward había desarrollado una fiebre alta y un sudor tan abundante que había sido necesario cambiarle las sábanas varias veces. Le preocupaba mucho la severidad y la repentina aparición de este ataque.

El doctor McAll descubrió que Edward era el descendiente directo de ocho capitanes piratas y otros treinta marinos, que murieron en el mar. Su apellido era Hawkins (como el famoso pirata). Luego de una búsqueda, descubrieron que el capitán Sir John Hawkins había muerto en alta mar el 11 de noviembre de 1595, como resultado de una fiebre tropical, mientras trataba de rescatar a su hijo Richard. El 11 de noviembre fue el mismo día que Edward Hawkins experimentó el punto culminante de su ataque febril.

Las Eucaristías por Edward tocaron a los vivos y a los muertos. Además de liberar a Edward de treinta años infernales de vida esquizofrénica, hubo un cambio inmediato en los padres y en la esposa de Edward. Su esposa, que tenía treinta y tantos años, por años había tratado de concebir un hijo sin ningún éxito. Varias semanas después de que la Eucaristía sanó a su esposo, ella descubrió que había concebido un hijo.

Dice el padre Roberto DeGrandis:

Cuando hay miembros de la familia, que han muerto de forma violenta y cruel, hay que hacer curación profunda. La crueldad de las generaciones pasadas, casi siempre se ve en las vidas de los descendientes. Una vez, yo asistía a un grupo de oración grande en el que predominaban personas de raza negra y, mientras cantaban y oraban en lenguas, uno casi podía oír el gemido de los esclavos en el campo. Parece ser que la crueldad en los antepasados se pasa a través de las generaciones. Otra vez, yo estaba orando por una chica mejicana y empecé a sentir una sensación de crueldad. Ella empezó a ver imágenes en su mente de un rapto y asesinato, y a sentir mucha pena. Nosotros sentimos que eso era el volver a vivir algo de un antepasado.

Una señora compartía: Toda mi vida he sentido que algo estaba desgarrando mi mente. Era un miedo a la locura. Yo pensé en mi padre y le pregunté al Señor por qué mi padre nunca me dijo que me amaba. El Señor me reveló que el padre de mi padre nunca le había dicho a él que lo amaba. Cuando pregunté por qué, el Señor me mostró que su padre había sido fruto de una lujuria... En la quinta generación, el Señor me mostró una pareja que se amaba mucho. Ellos tuvieron dos hijos. Hubo un accidente y el hijo menor murió de forma horrible. El padre ignoró completamente al hijo que sobrevivió. Entonces, comprendí por qué yo me había comportado de cierta forma y lloré como nunca antes en mi vida.

Hace unos años, estaba yo en Italia, orando por una mujer de 35 años, que tenia un desorden en el comer. Ella tenía una tendencia a comer en exceso y después se excusaba vomitando. Ella hacía esto después de cada comida. Yo le pedí al Señor una palabra de conocimiento y el Espíritu Santo me reveló: “Antepasado”. Y empecé a sentir una sensación de hambre. En una visión, yo vi a una persona que la ponían(mandaban) en la cárcel y que estaba muriendo de hambre, mientras estaba recluida. Con ese comportamiento, usé el poder de Jesús y rompí cualquier atadura entre la persona de la cárcel y la que estaba orando... Esa misma noche, ella tuvo una visión de campesinos en rebelión con las autoridades por la comida. Hubo un levantamiento, porque los campesinos no tenían lo suficiente para comer. Y ella vio un pariente metido en la cárcel y muriendo de hambre. Oramos y, al día siguiente, dijo que ya no tenía deseos de comer en exceso. Hasta lo que yo sé, ella fue totalmente liberada.

En 1979, estaba orando por una mujer negra, haciéndole sanación interior. La mujer y sus hermanas tenían un problema: Cada vez que ellas salían y estaban en lugares públicos, los hombres se dirigían hacia ellas más de lo que normalmente se podía esperar. Ellas eran buenas católicas y personas definitivamente bien parecidas, pero tenían una forma más fuerte que lo normal para atraer a los hombres. Orando por esta señora, yo tuve una visión de algo que yo pensé que era un barco de esclavos. Como ella era una líder madura, le pregunté: “¿Está usted viendo algo?”. Ella me contestó: “Estoy viendo un barco de esclavos”.

Entonces describió a una mujer que ella sentía que era su antepasada. Yo también la vi en una visión. Usaba un pañuelo rojo alrededor de su cabeza y era sin duda una mujer promiscua. Nosotros nos preguntamos, si quizás la promiscuidad fue pasada de generación a generación para explicar la inexplicable atención masculina. Por eso, llevamos la antepasada esclava ante la presencia amorosa de Jesús y cortamos las ataduras negativas entre los vivos y los muertos. Así la mujer experimentó la curación en su propia vida y en su matrimonio.

Otro caso. Yo fui criada en una atmósfera de ocultismo y brujería. Dejé la Iglesia por un periodo de doce años, mientras practicaba las cosas que me sugería una llamada bruja “buena”. Durante mi embarazo, ella me dio una “tisana bruja”, hecha de alguna clase de hojas de té especiales con la intención de ayudar a mi niño, que aún no había nacido. Cuando el bebé nació, gritaba incesantemente, pero el hábito de gritar paró bruscamente desde el momento de su bautismo. Desafortunadamente, yo le permití a esa bruja que cuidara a mi niña, la cual ahora tiene 22 años y es adicta a la pasta básica de cocaína y otras drogas, y no quiere saber nada de la religión. La bruja me dijo una vez que ella le había entregado el alma de su esposo al demonio. Por eso, cuando regresé a la Iglesia y a la práctica de la religión, después de haber recibido una gracia especial, yo decidí abandonar mi contacto con esa bruja. Ella se disgustó conmigo y me amenazó con vengarse. Casi inmediatamente, yo me encontré con un serio problema en la espalda a causa de una caída. La cirugía en la espalda no ayudó, el dolor de mi espalda continuaba. Tenía un disco que me sobresalía en la parte baja de la espalda. Los doctores parecían no poder tratar esto con éxito. Mis dos hijas no son religiosas, no tienen interés en la oración ni en las cosas espirituales y tienen un temperamento incontrolable. Las dos han hablado de posibles suicidios.

En otra parte de mi árbol genealógico, en el lado de mi madre, una parienta practicó una forma avanzada de brujería conmigo mientras yo era una niña. Su enfermedad, antes de morir, fue una larga y terrible agonía. Uno de sus hijos se suicidó y su hijo de 15 años fue arrollado por un ómnibus. Otro de sus hijos fue asesinado. Un gran número de tías y tíos fueron afectados por el alcoholismo y murieron de eso. Hubo una extendida promiscuidad sexual en los antepasados de mi familia en ambos lados, en el de mi padre y en el de mi madre… Después de la oración por la sanación del árbol genealógico, la situación familiar mejoró, pero se necesita más oración por el alto grado de contaminación en ocultismo, brujería.

El doctor McAll nos dice: Investigando los antepasados de una noble familia, encontramos suficientes evidencias de muchas cámaras de tortura y de muchas cosas malas. Un sacerdote católico aceptó celebrar una misa en su iglesia por los antepasados de esta familia. Una señora, representando a la familia, leyó una larga lista de cosas malas, que podían haber hecho los miembros de aquella familia. Cuando estaba leyendo, dijo: ¿Puedo incluir al soldado romano? Le dimos permiso y continuó. Al terminar la misa, le pregunté quién era el soldado romano. Y respondió: ¿No lo vieron? Él se apareció polvoriento, con el pelo oscuro y vestido como en aquella época. Él estuvo contento de que lo incluyéramos. Entonces, el sacerdote me dijo: “Este soldado parece haber estado esperando 18 siglos para ser liberado. Esta iglesia esta construida sobre una calzada romana. Él debió morir aquí y ahora está libre.

Los hermanos Linn, jesuitas, refieren la historia de Margaret, que ayuda a ver cómo la pena que se oculta ayer, se vuelve a presentar en los descendientes de hoy. Margaret se sentía deprimida durante el mes de febrero de cada año. Para el 14 de febrero, la depresión se hacía tan severa que debía ser hospitalizada. Lo que sorprendía a Margaret y a todos los demás era que el resto del año ella estaba llena de vida, trabajando como enfermera a tiempo completo. En lo más profundo de su depresión, un catorce de febrero, ella oró con un amigo para que Jesús le rebelara la raíz de la herida. Ambos vieron una imagen de su madre, perdiendo un bebé. Jesús reveló que la pérdida tuvo lugar dieciocho meses antes del nacimiento de Margaret y que su madre había ocultado la pena y tratado de concebir otro hijo.

El resultado fue Margaret, que como cualquier otro feto, compartió las hormonas de su madre y por lo tanto, también su pena oculta. Margaret y su amigo oraron para que Jesús amara y sanara al bebé perdido y luego oraron para que Margaret se llenara de gozo desde el primer momento de la concepción. Margaret sintió una liberación inmediata de la depresión y nunca la ha vuelto a padecer. Después de la oración, su tía verificó que su mamá había sufrido la pérdida del bebé dieciocho meses antes del nacimiento de Margaret. La tía recordó la fecha, porque era el día de san Valentín, 14 de febrero, o sea, la fecha de las depresiones anuales de Margaret.

Si Margaret no hubiera sido sanada por el bebé que perdió su madre, ¿también los descendientes de Margaret habrían estado deprimidos el 14 de febrero?.

El mencionado siquiatra Kenneth McAll dice: Un niño muerto que no ha sido aceptado con amor por su familia y consagrado a Dios, clamará por el amor y las oraciones de un miembro vivo de la familia, a menudo de un gemelo, el próximo niño en la familia o en la persona más sensible de la familia.

Durante la celebración de la Eucaristía, una madre me mencionó que una de sus hijas gemelas había fallecido en el momento del parto y que el hospital se había ocupado de enterrar sus restos. Cuando rezamos por primera vez para contrarrestar los efectos negativos de este incidente, brotaron lágrimas de alegría en la gemela, que había logrado sobrevivir. Me contestó que había contemplado a su hermana crecer todo el tiempo, pero nunca se había atrevido a hablar de ello.

He sido testigo de más de 600 casos de niños fallecidos, que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida. Cada uno llevaba al lado a su propio ángel de la guarda, esperando ese momento de amor y de consagración a Dios.

El mismo doctor McAll nos habla también del caso de Joan, una niña que había visto crecer a su lado a su hermana Melissa, de quien nadie le había hablado. Dice: Su madre me contó que antes que Joan naciera, y debido a la equivocación de un médico, había sufrido un aborto involuntario. A Joan nunca se le había mencionado el incidente y nadie conocía el nombre que la madre le hubiera gustado poner a la niña: Melissa…Tengo en mis ficheros alrededor de mil cuatrocientos casos parecidos. Parecía evidente que aquella niña, que no había sido consagrada a Jesucristo, era la causa de las dificultades de Joan y quizá de las migrañas que la madre sufría desde hacía años. Y todos quedaron curados de su mal.

Por otra parte, con relación a casos de influencia positiva, podemos anotar el de cada uno de los santos y personas extraordinariamente buenas que han existido. Ellas, por estar llenas de Dios, irradiaban a su alrededor paz, alegría y amor. Pensamos en la Madre Teresa de Calcuta. ¡Cuánto bien ha hecho a su familia y a toda la humanidad! Y esto, no solamente con sus propias acciones y oraciones, sino también a través de los miles de religiosos y religiosas de su Congregación, que siguen atendiendo en el mundo entero a los más pobres de entre los pobres. Ahora bien, un santo no surge por casualidad. Normalmente ha recibido una herencia positiva de sus antepasados. Dice la Madre Teresa de Calcuta que en su casa, a pesar de los problemas que no faltaron, especialmente a raíz de del asesinato de su padre, cuando ella tenía nueve años, nunca faltó la oración en familia. Y decía: La oración en familia es algo estupendo. Cuando se ora, uno se hace más bello.

La oración nos acerca a Dios, atrayendo sus bendiciones, y aleja de nosotros el poder del demonio. Los padres del Papa Juan XXIII eran muy pobres, pero eran felices. No tenían casi nada; pero, si pasaba un pobre, siempre tenían un puesto para él en la mesa. No tenían cosas materiales, pero lo tenían todo, porque Dios estaba vivo en su casa. Por eso, él, cuando era todavía seminarista, agradecido al buen ejemplo de sus padres, les escribía: Queridos padres: Hoy mis pensamientos va a vosotros, porque es mi cumpleaños y deseo deciros GRACIAS. ¿Sabéis por qué? Porque con vuestra vida me habéis enseñado las cosas más fundamentales de la existencia. Todo lo que he aprendido en los largos años de estudio es sólo un pequeño comentario de lo que me habéis enseñado vosotros con vuestra propia vida. Por eso, hoy y siempre os diré GRACIAS. Los santos no nacen solos. Nacen en familias buenas, donde se ora y se ama a Dios.

Una madre modelo fue Gianna Beretta Molla. Nació en Magenta (provincia de Milán) el 4 de octubre de 1922, de padres profundamente cristianos. Era la décima de trece hermanos. En 1949 obtuvo su título de doctora en medicina y cirugía en la universidad de Pavía. En 1952 se especializó en pediatría en la universidad de Milán. En la práctica de la medicina prestó una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres.

Se casó en 1955 con el ingeniero Pedro Molla, después de prepararse ambos para el matrimonio con un retiro espiritual de tres días. Su sueño dorado era tener muchos hijos. Tenían ya tres hijos (Pierluigi, Mariolina y Laura), cuando en 1961 quedó embarazada y le detectaron un tumor en el útero; pero ella decidió morir antes que abortar. El 21 de abril de 1962 dio a luz a Gianna Manuela, pero el 28 de abril murió santamente a los 39 años, repitiendo la jaculatoria: Jesús te amo, Jesús te amo…

Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1994. El Papa dijo en esa ocasión: Supo ofrecer su vida en sacrificio para que pudiera vivir la criatura que llevaba en su seno y que hoy está con nosotros. Una madre ejemplar que da la vida por salvar la de su hija.

Otro caso ejemplar es el constituido por los esposos Luigi y María Beltrame Quattrocchi. María Beltrame quedó embarazada en setiembre de 1913. Todo fue bien hasta el final del cuarto mes. De pronto, le vino una violenta e imparable hemorragia. El diagnóstico era placenta previa. Lo cual, en aquel tiempo, era como una doble sentencia de muerte para la madre y para el niño. El profesor Regnoli, ginecólogo de la Casa Real, les aconsejó la interrupción del embarazo, es decir, que abortara cuanto antes para así salvar la vida de la madre. En ese tiempo, la posibilidad de sobrevivir era de un cinco por ciento. Pero los dos esposos decidieron afrontar con fe la situación y dijeron NO al aborto.

En esos momentos difíciles, la unión de sus corazones se hizo más sólida que nunca. Fueron días, semanas, meses de indecible angustia, que les ayudó a crecer en la fe y confianza en Dios. María permanecía inmóvil en cama para no poner en peligro la debilísima posibilidad de sobrevivir de su bebé. Al cumplirse los ocho meses, el doctor Enrico Pestalozza decidió provocar el parto. María estaba muy anémica y el parto se realizó por vía natural, pues una cesárea era muy peligrosa dada la gran debilidad de la paciente.

Ese día, 6 de abril de 1914, su cuarta hija, Enrichetta, nació sana y sin complicaciones; pero María sufrió una importante infección, que, poco a poco, pudo superar.

Los dos esposos vivían vivieron intensamente la fe católica desde niños, asistiendo a la misa y participando en los sacramentos. Por eso, supieron transmitir a sus hijos los valores de la fe católica. El papá Luigi, abogado de prestigio, acompañaba a sus hijos al colegio y, como dirá uno de ellos: Pasábamos siempre por la iglesia más cercana para saludar juntos a Jesús Eucaristía. Nunca faltaba la oración en la mesa antes de comer ni el rosario diario por la tarde, dirigido por papá (las letanías las decía mamá) antes del beso de las buenas noches. Cuando los domingos por la mañana, los chicos teníamos que ir con los scouts, íbamos siempre juntos a las catacumbas de san Calixto para participar en la misa. En total, tuvieron cuatro hijos. Los dos varones llegaron a ser sacerdotes: Filippo, Monseñor Tarsicio de la diócesis de Roma; y Cesare, padre Paolino, monje trapense. De las dos hijas, Stefania fue Sor Cecilia de las religiosas benedictinas, y Enrichetta constituyó un hogar cristiano.

El Papa Juan Pablo II beatificó a los dos esposos en la basílica vaticana el 21 de octubre de 2001. Y decidió que su fiesta fuera todos los años el día de su boda, el 25 de noviembre. Estuvieron presentes sus dos hijos sacerdotes Don Tarsicio con 95 años, Don Cesare con 93, y Enrichetta, que presentó las ofrendas al Santo Padre. Sor Cecilia había muerto en 1993.

El Papa, en su homilía, dijo que supieron vivir la vida ordinaria de modo extraordinario. En el centro de su vida estaba la misa diaria, a la que se añadía la devoción filial a la Virgen Maria, invocada con el rosario, recitado todas las noches… Porque una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma una buena noticia para el mundo.

COMUNICACIÓN CON LOS DIFUNTOS

Nuestra relación familiar no termina con la muerte de nuestros seres queridos, sino que continúa en el más allá. Nuestro amor a ellos debe ser eterno y ellos nos siguen amando y, a veces, se comunican con nosotros. Algunos difuntos se comunican con sus familiares vivos de distintas maneras: a través de sueños, por medio del teléfono, haciéndoles oler un perfume especial, moviendo objetos, haciéndoles oír su voz, apareciéndose en forma difusa como fantasmas o en completa claridad y solidez como si estuvieran vivos… Sobre esto, puede leerse un libro bien documentado, escrito por Bill y Judy Guggenheim, titulado Hello From Heaven (Hola desde el cielo). Veamos algunos ejemplos.

- Cuando murió mi esposo Herbert a los 59 años de enfisema, yo lloraba todos los días por él. Lo extrañaba y pensaba qué sería de él. Él había sido, no sólo mi esposo, sino también mi mejor amigo. Una noche, un año después de su muerte, estaba durmiendo y oí su voz, que me despertó. Cuando estaba totalmente despierta, oí de nuevo su voz:“Patsy, Patsy, todo está bien, estoy feliz”. Yo sentí que estaba a mi derecha, aunque no lo veía y oí su voz claramente, una voz normal, como cuando estaba sano. No tengo palabras para describir la paz que esto me dio. Fue una verdadera bendición para mí.

- Cuando murió mi esposa Roberta, a los 69 años, de cáncer, una tarde, un mes después de su muerte, fui a mi habitación para descansar. Y, de repente, sentí su presencia y olí el perfume que siempre acostumbraba a usar. Esto duró unos siete minutos y, después, el perfume desapareció. Esto me ha ocurrido tres veces en el último año y medio. Cada una de estas experiencias me ha consolado. Yo creo que ella trataba de decirme que estaba bien y que me está esperando, cuando llegue mi hora.

- Diez días después de la muerte de mi hijo Brad, de 20 años, apareció una luz en mi habitación. Y vi la cara de Brad con sus ojos y su sonrisa, y una luz que estaba alrededor de su rostro. Él me dijo: “Mami, estoy bien”. Yo le dije: “Hijo, quiero estar contigo”. Él movió la cabeza y me dijo: “No, todavía no es tu tiempo”. Él tenía una cara de felicidad y de paz emocionante.

- Once años después de la muerte de mi esposa, yo estaba un día sentado en el comedor y, de repente, me di cuenta de que mi esposa Gladys estaba bajando las escaleras. Yo me quedé perplejo, cuando la vi. Su apariencia no era la misma que, cuando estaba enferma antes de morir, estaba hermosa; su brillo era increíble. No puedo describir su brillante belleza. Ella estaba sonriendo y era sólida, no era etérea, parecía viva. Y desapareció.

- Mi hija Érica murió en un accidente automovilístico a los 17 años. Casi un año después, una noche me desperté y Érica estaba allí, a los pies de mi cama. Ella parecía muy feliz y en perfecta salud, sin ninguna herida. Vestía como era su costumbre y parecía muy contenta. Érica me sonrió y dijo: “Yo estoy bien, mamá. No te preocupes por mí”. Esto duró unos veinte segundos, más o menos, y desapareció. Yo me sentí muy feliz.

- Después de más de tres años, desde que mi hija Ashley murió a los doce años, me detectaron una enfermedad a los pulmones, y tenía miedo de morir pronto. Una noche, estaba cocinando spaghetti y sonó el teléfono. Oí una voz que me decía:

Mami, yo soy Ashley. ¿Qué? Soy Ashley, tú estas haciendo mi comida favorita, estás haciendo spaghetti.

Era la voz de Ashley. Sonaba fuerte y saludable. Yo pensé que me estaba volviendo loca, porque nadie podía saber que yo estaba cocinando spaghetti. Entonces, yo le dije:

Ashley, ¿estás bien? Sí, estoy muy bien. Te he llamado para decirte que tú también vas a estar bien.

El teléfono se cortó y no había ningún ruido. Seis meses más tarde, me operaron y todo fue bien como me dijo Ashley.

- Mi hijo Ron fue asesinado un lunes por la noche, pero yo lo supe el martes por la mañana. El jueves me desperté y vi que mi hijo Ron estaba delante de mí. Lo podía ver claramente con blue jeans. Él parecía totalmente real y en perfecta salud. Entonces, vi también a su madre, Helen, que había muerto de cáncer dieciséis años antes. Desde su muerte yo no quería creer en la vida eterna y ni siquiera creer que Dios pudiera existir. Ron y Helen estaban tomados de la mano. Helen no estaba sin cabello por la quimioterapia, tenía un hermoso pelo y lucía hermosa, como cuando nos casamos. Yo le dije:

Helen, lo siento. Te olvidé. Lo comprendo Glen.

En ese momento, de pronto, creí con fuerza en Dios, en los santos y en todo lo que había aprendido. Y creí que todo era verdad. Ron me dijo:

No te preocupes por mí. Estoy feliz, pero no odies a nadie ni tengas ira contra nadie.

Después de su asesinato, yo tenía odio y deseaba vengarme y matar a quien lo había asesinado. Desde ese momento, me sentí en paz y sin odio. Esta experiencia cambió mi vida, me hizo abrir los ojos y me hizo creer que hay un Dios y un cielo que Él ha creado para nosotros.

- Nosotros no teníamos servicio de teléfono desde hacía dos días, porque estaban haciendo arreglos en la línea. Mi hija Greta, de 17 años, y yo estábamos viendo televisión y el teléfono sonó. Nosotros tenemos tres teléfonos en casa, pero sólo sonó el de la cocina. Greta contestó, pero no pudo oír más que un sonido como el del océano, y colgó. Diez minutos más tarde de nuevo sonó el teléfono de la cocina. Y sucedió lo mismo con Greta. A los diez minutos de nuevo sonó el teléfono de la cocina y yo lo cogí. Al principio, yo oí también el sonido como el del ruido del océano. Pero después, empecé a oír una voz cada vez más cercana, que me decía en polaco: “Hilda, Hilda, yo te amo”.

Yo le respondí: “Papi, papi, yo también te amo”. Y el sonido del océano comenzó a oirse de nuevo. Yo le dije a Greta que era su abuelo. Salí afuera de la casa para preguntarle al ingeniero, que estaba haciendo los trabajos de la línea telefónica, si estaba todo listo y me dijo que no, que los cables estaban todavía en el suelo y que no tendríamos servicio hasta el día siguiente. Yo le dije: “¿Está usted seguro? Yo acabo de recibir una llamada telefónica”. Y él dijo: “Eso es totalmente imposible”.

Mi hija había estado conmigo como testigo, cuando el teléfono sonó tres veces; por eso sé que no fue una imaginación.

- El día de nuestro 13 aniversario de bodas, mi esposo y yo renovamos nuestros votos con una ceremonia en la iglesia. Cuando volvimos a casa, mi esposo y mi hija de 26 años, Bonnie, me hicieron una hermosa fiesta. Cinco meses más tarde, Bonnie murió en Florida. Al celebrar el próximo aniversario de bodas, unos amigos nos llevaron a cenar con ellos. Al regresar, cuando entramos en la casa, cerca de las doce de la noche, el reloj, que estaba en la pared y que Bonnie nos había dejado a nosotros antes de irse a Florida, empezó a sonar como loco. Nos quedamos sorprendidos, porque el reloj no había estado funcionando y nadie lo había tocado. ¡Había sido Bonnie!.

- Mi esposo murió en 1978. Cuando estábamos vivos, nos habíamos prometido que el primero que muriera vendría a ver al otro para asegurarle que existía una nueva vida después de la muerte. Mi esposo estaba enfermo en el hospital. Una mañana, a las cuatro, me despertó un golpe fuerte en la puerta de mi dormitorio. Era un golpe que él siempre daba a la puerta cuando entraba. Una hora después, me telefonearon del hospital, diciéndome que mi marido había muerto. El médico había establecido que había muerto hacia las cuatro horas de la mañana, cuando yo había sentido su golpe en la puerta.

- Una mujer, que trabajaba en una residencia de ancianos y a la que llamaré Marta, cuando se divorció de su marido, se fue a vivir a casa de su madre con sus cuatro hijos. Un día, de manera inesperada, falleció la madre de Marta y Marta quedó desolada. Un año después de la muerte de su madre, dos de los hijos de Marta fallecieron en un accidente de tráfico. Iban en un coche, conducido por uno de sus tíos, y los chicos murieron camino al hospital. Marta se sintió abrumada por tanto dolor. Antes del entierro, quiso quedarse sola en la habitación con los cadáveres y empezó a llorar.

De pronto, sintió junto a ella la presencia de su madre. Le sonrió, al tiempo que apoyaba en ella una mano para consolarla, y le dijo:

No te preocupes, ahora están aquí conmigo. Yo cuidaré de ellos.

Esa visión fue para Marta como un renacer espiritual. Y dice: “Cuando se apareció mi madre ante mí, entendí, de repente, todo. Supe lo que sucedería cuando muriese y conocí cuál debería ser mi propósito en la tierra. Este propósito es ayudar a otras personas”. Ahora Marta se enorgullece de atender ancianos y moribundos. Lleva ya más de veinte años en este tipo de trabajo y dice que no le importaría seguir desempeñándolo otros veinte. La visión de su madre la sostiene. Y afirma:

“Ahora les refiero a los ancianos mi propia historia. Eso les ayuda a soportar sus propias vidas y los libra del miedo a la muerte”.

Personalmente, puedo decir que una religiosa, de plena confianza, me contaba cómo un día se despertó en plena noche y vio que la lámpara de su mesita de noche estaba encendida y dándole la luz en la cara. Hacía mucho tiempo que no encendía esa lámpara y no la tenía dirigida hacia la cama. Por eso, ella entendió que algo quería decirle el Señor. A la mañana siguiente, se enteró que su tía había muerto y comprendió que había sido ella quien había venido a despedirse, pues había sido a la misma hora de su muerte. En otras tres oportunidades, la misma religiosa sintió un olor muy profundo y agradable de rosas y entendió que era la presencia de alguien que había muerto y que venía a saludarla, como así sucedió.

Muchas veces, los difuntos se hacen presentes para pedir oraciones. Esto le ocurría frecuentemente a la mística austriaca María Simma, que recibía frecuentes visitas de almas del purgatorio, que venían a pedirle ayuda. Esto mismo le sucede a la viviente mística italiana Natuzza Evolo.

La señora Yolanda Visconti cuenta que su hija Silvana se suicidó en Roma el 18 de diciembre de 1963, dejando salir el gas en su habitación. Ella fue a visitar a Natuzza a Paravati y ella le aseguró que su hija se había salvado, pues se había arrepentido y había sido asistida en los últimos momentos por su propio padre difunto. Pero que todavía estaba en el purgatorio. Silvana pedía sufragios y oraciones por su alma.

La señora Carmelina Chimirri murió el 25 de noviembre de 1978. Después de su muerte, se apareció a Natuzza para darle un mensaje para su familia: “Voy al cielo el 15 de abril. Estoy feliz y recibo los sufragios y oraciones que me ofrecen. Rezo por todos, especialmente por mamá y por Ana, que han quedado tristes, para que el Señor les dé resignación”.

Una religiosa me escribía que, cuando ella era sierva de María y atendía a los enfermos por las noches, asistía a una señora anciana, que tenía un hijo con cáncer y que murió antes que ella. La anciana vivía con una hija que tenía dos hijos pequeños y todos eran muy cristianos. Me decía:

Por las noches, yo rezaba el rosario con su hija y su esposo. Me contaban lo bueno que había sido el difunto y que iba todos los días a misa y daba muchas limosnas a los pobres. Según ellos, ya estaría en el cielo y no necesitaría oraciones. Pero dos o tres días después de su muerte, a las tres de la mañana, estaba yo orando, cuando empecé a oír unas pisadas como si corriesen, eran unos ruidos y golpes que el primer día me dio un poco de miedo. La hija de la anciana también los oía y no sabía a qué atribuirlos. Pues bien, aquel día, al tercero de su muerte, a las siete de la mañana, el niño de tres años empezó a llamar a su madre. Su madre se levantó de la cama y encontró al niño sentadito en la cuna, muy contento, que le dijo muy claro: “Mamá, he visto al tío Javier. Ha venido aquí y me ha dicho que al morir te pidió una misa en los jesuitas y que la mandes celebrar para poder ir pronto al cielo”.

Era cierto, antes de morir le había encargado una misa por su alma en la iglesia de los jesuitas y ella se había olvidado, pensando que no la necesitaría, porque era muy bueno y estaría ya en el cielo. Ese mismo día fueron inmediatamente a encargar la misa. Por supuesto, ya no volvieron a oírse los ruidos y una gran paz y alegría reinó en aquella casa.

A LA HORA DE LA MUERTE

Muchas veces, cuando alguien está a punto de morir, ve a familiares suyos que vienen a recibirlo. Estas visiones, a la hora de la muerte, están documentadas por muchos investigadores serios. Veamos algunos casos concretos.

Un joven hindú se estaba muriendo de leucemia. Su madre había muerto, cuando él tenía dos o tres años. Apenas la recordaba, pero a menudo hablaba de ella y la mencionaba con mucho afecto. El día que murió, no tenía fiebre, pero le dijo a su padre: “Ha llegado mi hora. Mi madre me está llamando, está allí con los brazos abiertos”. En aquel momento su estado mental era claro. Tenía conciencia de lo que le rodeaba y habló con su padre hasta el último momento. Luego, con una mano cogida a la de su padre y la otra, señalando hacia donde estaba viendo a su madre, dijo: “¿No ves a mamá? Mira, me está llamando”. Luego, murió, incorporándose hacia su madre y cayéndose casi de la cama. Parecía muy feliz de verla.

Otro caso. La vi sonreír y mirar a algo o alguien que no estaba allí. Antes de eso, se había encontrado muy mal. Después me dijo que había visto a su hermana (difunta), que venía a buscarla. Comprendía que iba a morir, pero no le preocupaba. Aquello de ver a su hermana difunta la alivió. Había sido una experiencia agradable.

La señora Lucía L. de Roma da el siguiente testimonio: Hace algunos años, tenía una hermana de cuatro años, enferma por una caída. Estaba en coma desde hacía tres días y yo estaba a su lado. Al mediodía, de pronto, mi hermanita abrió los ojos, que parecían dos estrellitas luminosas, levantó la cabeza y con el índice de la mano derecha me dijo, mirando a lo alto: “Aquiles”. Yo le dije: “¿Te acuerdas del portero de nuestra casa de Roma?”. Ella respondió: “No, no, es Aquiles nuestro primo, que está ya muerto”. Dicho esto, cerró los ojos y cayó de nuevo en coma. Yo pensaba que había soñado. Pero, al día siguiente, llamé por teléfono y me confirmaron que el primo Aquiles había muerto hacía ocho días. ¿Cómo lo sabía mi hermana?

Otro testimonio es de la señora María G. de Livorno. Dice: Mi sobrino Luciano, estudiante universitario, estaba en Génova, cumpliendo el servicio militar, y murió en esa ciudad en un accidente de carretera. Yo y mi esposo no queríamos decírselo a mi madre por su avanzada edad y le decíamos que no escribía, porque estaba en una misión secreta. Cuando mi madre estaba para morir, entre las personas que nombró y que venían a recibirla citó a Luciano. Dijo así: “No es cierto que está vivo, está entre los muertos”. Yo, que estaba a su cabecera, me quedé asombrada. Después nombró a su padre, que no había conocido en vida, porque tenía dos años, cuando había muerto.

Otra señora decía: Mi marido murió en setiembre de 1978, después de siete meses de enfermedad de cáncer. Era un hombre maravilloso. Nuestro matrimonio era muy feliz. En los últimos tres días, yo dormía en un diván junto a él. Estaba en coma. Le había mojado los labios y la frente con una toalla húmeda y me dormí. Mi esposo me despertó antes de morir. ¿Quién le dio fuerza? Con su débil voz me dijo: “Adriana, tu mamá (muerta hacía tres años) me ayuda a salir de mi cuerpo. Hay tanta luz y tanta paz”. Murió, dejándome este mensaje de amor, que me ayuda a aceptar la vida, aun sin tenerlo a él.

Como vemos, los difuntos se preocupan de sus familiares difuntos y vienen a recibirlos. La relación familiar no termina con la muerte, sino que se prolonga por toda la eternidad.

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Se dan muchísimos casos de personas, que han sido dadas clínicamente por muertas, y son recibidas en el más allá por su ángel de la guarda y por sus familiares difuntos. La doctora Elisabeth Kübler-Ross, doctora honoris causa por 20 universidades y que ha estudiado más de 20.000 casos de personas dadas por muertas, nos dice: En el momento de la muerte, nuestros ángeles de la guarda y los seres queridos, que se fueron antes que nosotros, estarán cerca de nosotros y nos ayudarán. Esto nos ha sido confirmado siempre, así que ya no dudamos nunca de este hecho. ¡Notad bien que hago esta afirmación como un hecho científico!.

Veamos algunos casos concretos.

El actor francés Daniel Gélin, de 50 años, estaba tranquilamente en su habitación del hotel en Tel Aviv, el 29 de junio de 1971, para asistir a la Semana internacional de cine, cuando sintió dolores en el corazón, que desencadenaron un infarto. Estaba solo y, antes de perder el conocimiento, pudo pedir ayuda por teléfono. Fue llevado de emergencia al hospital y él dice:

De repente, me encontré flotando en la habitación del hospital y, desde arriba, vi el aparato que registraba los latidos de mi corazón, dándome cuenta de que no se movía. Mi corazón se había detenido. El médico me aplicó una inyección endovenosa y esperó. Pero no pasó nada y él se fue suspirando. La señorita asistente cubrió mi rostro con una sábana. Y yo me puse a gritar: “Sálvenme, no me abandonen”. Pero nadie me oía. En ese momento, pensé en mis tres hijos y repetí sus nombres como una letanía: Zazie, Manuel, Fiona. Pero nada sucedió... Me sentía desesperado y en una gran soledad. El vacío que sentía era horrible... Poco a poco, una especie de gozo, reemplazó mi desesperación y aparecieron unas sombras entre las que reconocí a mi padre y a mi madre. Una gran alegría me invadió. Habían muerto hacía tiempo y estaban sepultados juntos en St. Malo, donde habían vivido.

Ver a mis padres fue un maravilloso milagro para mí... Mi madre me llevó a un lugar misterioso, un jardín de fábula, lleno de flores maravillosas. Allí jugaban y reían muchos niños. Mi madre me dijo: “Pascal está aquí, mira qué feliz es”. Entonces, vi a mi hijo, muerto a los 14 meses en un trágico accidente. Su muerte me había causado un gran dolor y ahora lo encontraba como un niño sonriente y feliz. Lágrimas de alegría salieron de mis ojos y un gran sentimiento de felicidad me invadió. Corrí hacia él para tomarlo en mis brazos. Pero, cuando mi mano lo tocó, todo cambió. Pascal y mi padre desaparecieron. Sólo quedaba mi madre, que me dijo: “Daniel, no es tu hora, la vida te espera”.

Yo quería quedarme y grité como un loco, llamando a Pascal, pero fue inútil. Una fuerza, a la que no podía resistir, me trajo de nuevo a mi cuerpo adolorido y abrí los ojos en el hospital, dándome cuenta de que estaba vivo... Cuando ahora estoy deprimido y me siento débil, pienso en el reino del más allá. Cierro mis ojos y recuerdo la vida luminosa que me fue revelada como una realidad inolvidable.

- Clarence tenía 48 años, cuando le ocurrió su experiencia, debido a un accidente de coche, donde murió su esposa y él quedó inconsciente. Él dice: Yo salí de mi cuerpo y traté de tocar a May, mi esposa, pero pareció que mi mano traspasaba su cuerpo. Vino la policía y yo traté de saludar a un policía, pero mi mano no sintió nada. Yo vi tendido el cuerpo de May, pero su espíritu me habló, diciéndome que no era mi culpa. Los dos comenzamos a caminar por la carretera. Observamos que venían ambulancias y vimos que se llevaban nuestros cuerpos. Yo le hablé a May y le dije que no la dejaría ir. Ella me dijo que no me preocupara, que ella estaría bien y que habría alguien que nos ayudaría... Desperté en la casa, donde me estaban velando como a un muerto en Alabama. Me llevaron rápidamente en helicóptero al hospital de Birmingham y estuve seis meses en coma. Al despertar del coma, les dije que había hablado con mi abuela y mi tía. Mi abuela había muerto en 1963 y algo más tarde mi tía. Ellas me dijeron que habían estado en el accidente. Me dijeron que no me pudieron ayudar y que no me echara la culpa. También estaba May, las tres con vestidos blancos. Ellas estaban luminosas y se fueron al cielo. Yo no quise seguirlas

- Una niña de doce años, en su experiencia del umbral de la muerte, vio a un hermano suyo, que estaba a su lado y que la abrazaba con amor y ternura. Después de haber contado esto a su padre, añadió: “Lo único que no comprendo de todo es que en realidad yo no tengo ningún hermano”. Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora y que había muerto tres meses antes de su nacimiento.

Nunca olvidaré el caso de un hombre con relación a su experiencia del umbral de la muerte. Se trataba de un hombre al que toda la familia fue a buscarlo a su lugar de trabajo. La furgoneta en la que viajaban sus suegros, su mujer y sus ocho hijos, chocó con un camión cisterna de gasolina. Habiéndose inflamado la gasolina, ésta se esparció sobre la furgoneta y abrasó a todos los ocupantes. Cuando el hombre se enteró del accidente, permaneció varias semanas en estado de shock y de embotamiento total. No se volvió a presentar al trabajo, ya que no era capaz de dirigir la palabra a nadie y se convirtió en una persona viciosa, que bebía medio litro de whisky al día y se drogaba con cualquier producto, incluida la heroína, para calmar su dolor... Se había convertido en un vagabundo, alcoholizado permanentemente, consumiendo cualquier tipo de drogas y tratando vanamente de suicidarse.

Un día, estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camin, que bordeaba un bosque. Entonces, vio aproximarse un camión y, al no tener fuerza suficiente como para alejarse, fue literalmente aplastado por él. En ese momento, se encontró a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente mutilado, que yacía en la carretera. Al instante, se le apareció su familia delante de él, radiante de luminosidad y de amor. Le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba y le sonrieron.

Este hombre quedó tan impresionado frente a la salud, belleza y resplandor que veía en ellos, que juró no seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir y, de ese modo, reparar sus vanas tentativas de suicidio. Al punto se despertó y, se encontró en su cuerpo terrestre, viendo cómo lo transportaban en una ambulancia al hospital. No olvidaré nunca el fulgor de sus ojos, su alegría y su gratitud por haber sido guiado a un lugar en el que se le permitió hablar en una tribuna sin que nadie pusiera en duda sus palabras ni se burlara de él, y así poder participar a cientos de “trabajadores de salud” su profunda convicción de que nuestro cuerpo físico es sólo una envoltura pasajera, que rodea a un yo inmortal.

- Nick era un delincuente de tomo y lomo, que había hecho de todo, desde estafar viudas hasta vender drogas. Llevaba una gran vida. Tenía buenos coches, trajes caros y casas nuevas. Ningún problema de conciencia lo perturbaba. Pero un día, en que estaba jugando al golf, se desencadenó una tormenta y lo alcanzó un rayo, que lo “mató”. Durante un momento, flotó por encima de su cuerpo y luego fue por un túnel oscuro hacia la luz. Emergió a un ambiente pastoril resplandeciente, donde fue recibido por familiares y otras personas que brillaban como linternas. Se encontró con un ser luminoso que, con cierta vacilación, describe como Dios, quien amorosamente lo condujo hacia una revisión de vida. Revivió toda su vida en tres dimensiones y vio y sintió los efectos de sus acciones sobre los demás.

Esta experiencia transformó a Nick. Aprendió que, cuando fuera a morir de verdad, tendría que someterse a una nueva revisión de vida, un juicio que iba a ser muy incómodo para él, si no aprendía de su primera revisión. Ahora ha escogido una profesión honrada y útil.

- Otro hombre, al que llamaré Mark, estuvo toda su vida obsesionado por el dinero y la posición social... A los cuarenta años, tuvo un ataque cardíaco serio. Durante su experiencia, se reunió con su abuela y con muchos otros familiares... Me dijo que, mientras estuvo en el otro lado, hizo un pacto con el ser luminoso de que no volvería a concentrarse tanto en el dinero, sino que se dedicaría a ser bondadoso.

El doctor Raymond Moody cuenta también el caso de una señora que perdió mucha sangre en el momento del parto. Dice ella: El doctor dio mi caso por perdido y dijo a mis parientes que me estaba muriendo. Sin embargo, yo me daba cuenta de todo... Me di cuenta de la presencia de multitudes, flotando por el techo de mi habitación. A todos los había conocido en mi vida y ya habían muerto. Reconocí a mi abuela, a una compañera de escuela, así como a otros muchos parientes y amigos. Creo que, sobre todo, sentía que habían venido para protegerme y guiarme. Era como si estuviera volviendo a casa y ellos se encontraran allí para darme la bienvenida. En ese instante, tuve la sensación de que todo era luminoso y bello. Fue un momento glorioso.

lA GRAN FAMILIA ESPIRITUAL

Además de nuestra familia humana, todos tenemos otra gran familia, a la que estamos unidos por lazos de amor y amistad, que pueden ser más fuertes que los mismos vínculos de sangre. Por ejemplo, yo pertenezco a la gran familia de la Iglesia católica, a la familia de la Orden de Agustinos Recoletos, a la gran familia sacerdotal (de todos los sacerdotes), a la gran familia de mi patria de nacimiento (España) y de mi país de adopción (Perú). Incluso, han existido muchísimas personas en los siglos pasados, a quienes sólo conoceré en el cielo, y a los que debo muchas de las bendiciones que he recibido de Dios y que son también parte de mi vida. En una palabra, he recibido muchísimas bendiciones de Dios por la oración de muchas personas, que, de alguna manera, son mis padres espirituales, pues me han preparado el camino de la fe, de la vocación y de la salvación.

Por otra parte, yo también rezo, en primer lugar, por mis familiares de sangre, pero también por quienes rezan por mí, por los sacerdotes, por los religiosos de mi Orden, por todos los españoles y peruanos; y, en general, por el mundo entero. De modo que considero también como mis hijos espirituales a quienes Dios ha bendecido y sigue bendiciendo a través de mi vida y de mis oraciones; en particular, a las personas que me conocen y son mis amigos.

De la misma manera, cada persona puede pensar en su gran familia espiritual. Nadie es una isla. Estamos unidos unos a otros. Hay grandes familias espirituales, formadas por las Congregaciones religiosas, como los agustinos, dominicos, jesuitas, franciscanos, salesianos, capuchinos..., tanto en su rama masculina, femenina, como de seglares. Además, están otros grupos y asociaciones, que también son como familias espirituales como el Opus Dei, Focolares, Neocatecúmenos, Carismáticos, Legión de María, Comunión y Liberación, Cofradías y muchas otras Instituciones religiosas. Y, por supuesto, siempre está el grupo personal de amigos o de personas, que Dios nos ha encomendado como pueden ser los alumnos para el profesor, los pacientes para el médico, los obreros para el patrono, los pasajeros para el conductor, los fieles para el párroco...

Personalmente, pienso en todos aquellos que Dios me ha encomendado en los diferentes ministerios que he tenido en mi vida, en cada una de las parroquias en las que he podido trabajar y en los diferentes grupos. Pero también en tantos que habrán sido ayudados en su fe a través de mis libros y, sobre todo , de mis oraciones y sufrimientos, ofrecidos al Señor por la salvación de los demás. A muchos de ellos sólo los conoceré en el cielo.

De modo especial, considero como mis hijos espirituales a los niños muertos sin bautismo, por quienes oro todos los días en la misa, al igual que por las almas del purgatorio y por todos mis familiares y antepasados. Algo muy importante para mí es la comunicación espiritual con muchas religiosas del mundo entero a través de la correspondencia escrita. Ellas rezan por mí y yo rezo por ellas. Ellas son mis hermanas espirituales y forman parte de mi gran familia espiritual.

Cada sacerdote, por el hecho de serlo, ya es un padre espiritual del mundo entero y Dios le encomienda la salvación de millones de hijos a lo largo y ancho del mundo. Por eso, en cada misa y en sus oraciones personales, debe encomendarlos a todos. De la misma manera, toda religiosa debe ser madre espiritual de todos los hombres y, en especial, de sus propios familiares.

Una religiosa me escribía: Mi gran deseo es abrazar a todos los niños del mundo, incluso antes de nacer, y bautizarlos con el bautismo de deseo para presentárselos al Señor como mis hijos. Me siento madre de todos los niños nacidos o por nacer. A todos los acaricio y abrazo bajo mi manto y los lleno del amor de Dios. ¡Qué alegría! Me siento la madre más dichosa del mundo y esto significa mucha responsabilidad de orar y trabajar para que sean santos. Otra religiosa me contaba personalmente que ella había sido obstetriz (matrona) antes de ser religiosa y que, al principio, contaba a todos los niños a quienes ayudaba a nacer. Como eran miles, dejó de contarlos, pero siempre rezaba por ellos, ya que los consideraba como sus hijos. Cada uno puede adoptar espiritualmente muchos hijos, orando por ellos. Pueden ser los no nacidos, que están en peligro de ser abortados, los niños que nacen enfermitos o de tal enfermedad, o los que pertenecen a tal ciudad, región o país. Cada uno debe también considerar, de alguna manera, como sus hijos a aquellas personas que Dios pone en su camino, porque a ellos tiene que ayudarlos con su vida y su ejemplo a ser mejores y más felices. ¡Qué hermoso será ser recibidos, al morir, por infinidad de hijos espirituales a quienes hemos ayudado en su camino de salvación!

Hace pocos años murió una religiosa en un convento de Alemania. Cuando estaba agonizando, su rostro se iluminó y, mirando a lo lejos, maravillada, exclamó: ¡Oh tantos niños negritos, tantos niños negritos, me están buscando para llevarme al cielo! Las otras hermanas, que presenciaron el hecho, no vieron nada, pero después recordaron que la ancianita tenía la costumbre de echar todas las noches, antes de acostarse, el agua bendita a los niños negritos de África para bautizarlos. Ahora vinieron estos niños bautizados desde lejos, a buscar a su bienhechora y madre (www.catholicprayers.com).

María Simma, la gran mística austriaca, dice: Conocí a una enfermera, que trabajaba en un hospital. Ella no dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos. Cuando estaba para morir, exclamó: “Oh, he aquí a todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños!”. Y aquellos niños, a quienes había bautizado después de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya vivían.

El padre Berlioux, que escribió un hermoso libro sobre las almas del purgatorio, habla de una persona que rezaba mucho por las almas del purgatorio y había consagrado su vida a aliviarlas. A la hora de la muerte, fue atacada con furia por el demonio. Pero, de pronto, vio que entraban en su apartamento una multitud de personas desconocidas de radiante belleza, quienes pusieron en fuga al demonio y, acercándose a su lecho, le dirigieron palabras de aliento y consuelo auténticamente celestiales. Con su último aliento, rebosante de alegría, dijo: “¿Quiénes son ustedes?”. Y le respondieron: “Somos habitantes del cielo a quienes tu ayuda nos condujo a la bienaventuranza eterna. Y en gratitud hemos venido a ayudarte a cruzar el umbral de la eternidad para llevarte al cielo”.

Dice el padre Marcelino Iragui: Una persona muy entregada al prójimo y de vida muy activa quedó inválida y decía: Cuando estaba bien, salía a ayudar a unos cuantos. Ahora llevo la humanidad entera en mí. En la silla de ruedas he recibido el carisma más maravilloso: la intercesión universal. Antes, cuando comulgaba, solía invitar a los coros de ángeles y santos a ocupar mi corazón y yo me unía a sus cantos de alabanza tan armoniosos. Ahora mi corazón está ocupado por una muchedumbre de pobres, parados, enfermos de sida, drogadictos, depresivos y víctimas de la injusticia humana. Cuando comulgo, veo a Jesús entrar en todos ellos y convertir sus gritos en plegarias y canciones que llegan al cielo. Yo no me canso de alabar a Jesús por esa maravilla, que se repite todos los días.

Le decía Jesús a la gran mística francesa Gabriela Bossis: ¿No se te ha ocurrido pensar alguna vez que tal o cual gracia te haya sido concedida a causa de una plegaria que alguien hizo por ti? ¿O debido a esta o aquella bendición de un sacerdote? ¿O por los méritos que hubo en la vida de tus padres? ¿O simplemente por la divina misericordia? ¿O de la bondad de mi Madre? No creas que la causa de esas gracias haya sido siempre tú misma o tus virtudes.

María Simma, contaba un caso personal. Un día, cuando tenía 17 años, el año 1932, viajaba yo en un tren y en mi compartimento había un hombre, que hablaba muy mal de la Iglesia y de la religión. Yo le respondía, pero mis respuestas lo irritaban más. Me dijo: “Tú eres demasiado joven para darme lecciones”. Después metió la cabeza en su periódico y no dijo una palabra más. Cuando llegó a su destino y se dispuso a descender, yo murmuré una oración: “Jesús, no permitas que esta alma se pierda”. Después de muerto, se me apareció y me dio las gracias, porque aquella oración le había salvado.

La doctora colombiana Gloria Polo, estuvo clínicamente muerta, cuando un rayo la dejó sin vida, el 5 de mayo de 1995. Estuvo tres días en coma y tuvo una experiencia del más allá. Le salieron al encuentro sus bisabuelos, sus padres y muchos parientes difuntos, incluidas muchas personas que conoció en su vida. Ella dice que, después de que Jesús le hizo la revisión de toda su vida, le hizo ver que, a pesar de tantos pecados cometidos, Dios la salvaba por la oración de tantas personas que no eran de su familia, que habían rezado al conocer la noticia de ser carbonizada por un rayo. Y, especialmente, por la oración de un pobre campesino, que para siempre será como un padre espiritual para ella.

Dice: El Señor me dijo: “Esa persona te ama tanto que ni siquiera te conoce”. Y me mostró que vivía al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. Había ido a comprar una panela a una tienda y se la dieron envuelta en una hoja del periódico “El Espectador” del día anterior. Allí estaba mi fotografía de quemada por el rayo. Cuando el hombrecito leyó la noticia, empezó a llorar con un amor tan grande que decía: “Señor, ten compasión de mi hermanita, sálvala. Si la salvas a mi hermanita, te prometo que voy al Santuario de Buga y te cumplo una promesa, pero sálvala”. Y el Señor me dijo: “Vas a volver a tener tu segunda oportunidad, pero vas a repetir tu historia no mil veces, sino mil veces mil” (www.gloriapolo.com).

¡Ojalá que nosotros también tengamos muchos hijos espirituales conseguidos con oración y sacrificio!

Santa Faustina Kowalska escribe en su Diario: Cuando estaba en oración, me uní mentalmente a todas las misas que, en ese momento, se celebraban en el mundo entero y supliqué a Dios por la fuerza de esas misas que tuviera misericordia del mundo y, especialmente, de los pecadores que estaban en agonía. En aquel mismo instante, recibí interiormente la respuesta de que miles de almas habían obtenido la gracia por efecto de la oración que había elevado a Dios. Nosotros no sabemos qué número de almas podemos salvar con nuestras oraciones y sacrificios. Por eso, debemos orar mucho por los pecadores (Diario, 5 de junio de 1938).

Si todos los días oramos por los pecadores y por las almas del purgatorio, por los niños muertos sin bautismo y por nuestros amigos, vecinos y familiares, y por todos aquellos que, de algún modo dependen de nosotros..., estaremos formando una gran familia en el cielo. En el cielo estaremos felices, en unión con nuestros familiares de sangre y con nuestros familiares espirituales por toda la eternidad. Desde ahora podemos encomendarnos a ellos y también a sus ángeles. Pensemos en los millones de ángeles de todos nuestros antepasados y de todos nuestros amigos e hijos espirituales. Encomendémonos a ellos y agradezcamos a Dios la gracia inmensa de tener una gran familia humana y espiritual para siempre.

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

Su vida es una prueba palpable de lo hermoso que es tener una gran familia bendecida por Dios. Su padre y su madre habían querido ser religiosos, pero ambos lo descartaron después de haberlo intentado, pues vieron claramente que no era la voluntad de Dios. Después de casados el 13 de julio de 1858, vivieron durante diez meses como hermano y hermana, hasta que la intervención de un confesor les hizo cambiar de parecer. Tuvieron nueve hijos, cuatro de ellos, Melania Teresa, Elena, José Luis y José Juan Bautista, murieron a los pocos meses, excepto Elena, que vivió cinco años. Pero santa Teresita siempre los recordaba con cariño y los invocaba como parte de su familia. Dice:

Me dirigí a los cuatro angelitos que me habían precedido allá arriba... Les hablé con la sencillez de una niña y la respuesta no se hizo esperar. Pronto la paz inundó mi alma con sus olas deliciosas y comprendí que, si era amada en la tierra, también lo era en el cielo. Desde aquel momento, creció mi devoción hacia mis hermanitos y hermanitas, y hoy gusto de conversar a menudo con ellos.

Las cinco hermanas sobrevivientes, incluida Teresa, fueron religiosas. Además, tenían una tía y una prima religiosas. Su madre murió a los 46 años de edad, de cáncer de pecho, que ella llevó con gran resignación. Su padre murió a los 70 años, afectado de una enfermedad mental. Se había ofrecido al Señor como víctima. Santa Teresita dice: Me es imposible decir lo mucho que yo amaba a mi papá.

Pero su familia no eran sólo los vivos, oraba mucho por las almas del purgatorio; en especial, por los de su familia. El día de su profesión, el 8 de setiembre de 1890, dice: Me sentía verdaderamente reina. Por eso, me aproveché de mi título para libertar a los cautivos y obtener el favor del Rey para sus súbditos ingratos. Deseaba, en una palabra, libertar a todas las almas del purgatorio y convertir a todos los pecadores. Ella se sentía madre de todos los hombres. Decía: Nuestra misión, como carmelitas, es la de formar obreros evangélicos que salven millones de almas, cuyas madres seremos nosotras.

Sus padres habían rezado por tener un hijo misionero, pero sus dos hijos murieron al poco tiempo de nacer. Dice Teresita: Mis padres ¡habían deseado tener un hijo misionero! Me han contado que, antes de mi nacimiento, mis padres esperaban que su deseo iba por fin a realizarse. Si hubiesen podido penetrar el futuro, habrían visto que, en efecto, por mi medio su deseo se cumpliría. Puesto que un misionero se ha convertido en hermano mío, él es también su hijo y en sus oraciones no pueden separar al hermano de su indigna hermana.

La oración de sus padres fue respondida por Dios del modo más admirable, pues ella misma ha sido declarada doctora de la Iglesia y patrona de las misiones. Tuvo dos hermanos espirituales misioneros: el padre Bellière y el padre Roulland. Le escribía al padre Roulland: Me es muy dulce pensar que, desde toda la eternidad, Nuestro Señor formó esta unión que ha de salvarle almas y que me creó para ser vuestra hermana. En el cielo os seré más útil que en la tierra... Soy para toda la eternidad vuestra hermanita. Y su deseo de salvar almas y ser la madre de todos, especialmente de los pecadores, lo manifestaba al decir antes de morir: Pasaré mi cielo, haciendo el bien en la tierra. Derramaré sobre el mundo una lluvia de rosas.

Santa Teresita es la santa de la infancia espiritual y quería conquistar el amor de Dios con su sencillez y su amor infantil. Decía: He venido (al Carmelo) para salvar almas y, sobre todo, para rogar por los sacerdotes. Yo quisiera convertir a todos los pecadores de la tierra y salvar a todas las almas del purgatorio. Su amor a los demás envolvía a su familia viva y difunta, pero abarcaba a todos los hombres que existen y existirán y, por eso, quería la salvación de todos, sintiéndose madre espiritual de todos. A todos ellos, sin excepción, los consideraba como sus hijos y parte de su gran familia espiritual.

SANACIÓN DE LA FAMILIA

Toda familia necesita sanación de Dios, porque no todos sus miembros, pasados o presentes, son perfectos. Todos necesitamos mejorar y la mejor medicina para ello es el amor. Hemos sido creados por amor y nuestra vida sólo tiene sentido en el amor a Dios y a los demás. El amor es sanador, mientras que el odio y el rencor destruyen nuestra esencia más profunda y nos hacen infelices. Hay infinidad de traumas producidos por la falta de perdón o por la falta de amor. Hay que perdonar y hay que amar a todos, especialmente a nuestros seres queridos, empezando por los que se fueron. Hay que perdonar a los difuntos y consagrarlos al Señor, para que su amor sanador rompa los efectos negativos que sus vidas han producido en sus descendientes. Muchas madres, que han abortado, llevan el peso de su pecado por toda la vida y lo transmiten a sus hijos y nietos... Los niños no deseados, adoptados o los que han vivido el divorcio de sus padres o el abandono de uno de ellos..., pueden necesitar mucho amor para superar sus traumas.

Sólo el amor puede romper las influencias satánicas u ocultistas de los antepasados y, por eso, hay que consagrar nuestra familia a Dios. El amor de Dios es la clave de toda sanación. Hay que perdonar y orar mucho por nuestros familiares, y por todos los que consideramos como parte de nuestra gran familia espiritual.

Veamos algunos ejemplos.

- Mi madre tuvo tres abortos después de que nací. Continuamente se me recordaba que yo también debía haber sido abortada, pero algo no resultó como habían planeado y yo nací. En nuestra casa había tres frascos grandes de vidrio llenos de formol y en esta sustancia se encontraban tres bebés abortados, en distintos niveles de desarrollo. Estaban allí como piezas de exhibición. Cuando me portaba mal, me recordaban rápidamente que yo también podía haber terminado en uno de esos frascos como mis hermanos.

Yo misma tuve cuatro abortos antes de casarme y, a los veinte años, era adicta a las drogas y al alcohol. Intenté suicidarme siete veces, al no comprender por qué tenía que vivir una vida sin sentido. Mi esposo, a quien habían elegido mis padres, era ateo.

En cierta ocasión, un sacerdote me enseñó una oración que dio un vuelco a mi vida: "Jesús, que tu ser fluya en mí; que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida". Después que murió mi amigo sacerdote, un pastor evangélico se hizo amigo mío y me enseñó a amar la Biblia. Fui bautizada en su Iglesia, pero no estaba satisfecha, pues esa Congregación no creía realmente en las palabras: Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida.

Mientras tanto, me diagnosticaron leucemia. Esto, además de la diabetes que venía padeciendo desde hacía veinte años. Sabía que la clave para mi sanación era poder encontrar un lugar donde pudiera recibir el cuerpo y la sangre de Cristo. Lo encontré en una iglesia católica durante una misa de sanación, a la cual asistí con una amiga… Fui aceptada en la Iglesia católica en mayo de 1985.

Cuando conocí al padre DeGrandis en 1985, me dijo que debía perdonar a mi padre por todo lo que me había maltratado y herido de niña. Comencé a repetir la oración del perdón. Y, en un retiro, fui sanada de la diabetes, y de la leucemia mejoré notablemente. Ahora doy gracias a Dios por brindarme una segunda oportunidad. En especial, doy gracias por permitirme recibirlo en la Eucaristía: Tomad y comed esto es mi Cuerpo (Mc 14, 22).

Una señora decía: Al nacer yo, mi madre me recibió como una carga pesada y siempre me miró así. Yo callaba y sufría con amargura y resentimientos acumulados dentro de mí a lo largo de los años. Cuando por fin mi madre murió, rompí todas sus fotos, y destruí todo recuerdo de ella. Me dije para mis adentros: "Esto acabó. Ahora puedo vivir mi propia vida"… Pero Dios abrió mis ojos y vi que tenía cuentas que arreglar. Buscando ayuda entré en una iglesia y dije al Señor: "Dios mío, ¡qué no daría para poder perdonar de veras a mi difunta madre! Pero si tú no me ayudas yo no soy capaz de hacerlo"… En aquel momento, sentí que el Señor entraba en mí de nuevo y se adueñaba de toda mi vida.

Mi amargura, rechazo, culpabilidad y ansiedades desaparecieron. El Señor me preguntaba: “¿Cómo mirarías ahora a tu madre?” Yo le contesté: “Con alegría, con comprensión y compasión, con ternura y amor”. Cuando salí de la iglesia, iba como flotando. Ni mi cuerpo me pesaba. El Señor me había liberado de una enorme carga. Toda la naturaleza me parecía nueva. A las personas las veía diferentes, verdaderamente maravillosas. Y todo mi ser repetía: “Te quiero, te quiero”. Aquella experiencia fue como un nuevo nacer a la vida. Desde entonces, desaparecieron también mis dolores de cabeza y de espalda. Dios sea bendito.

El gran exorcista de Venecia, Pellegrino Ernetti, dice: Con mi experiencia de más de 30 años, puedo decir que, salvo casos raros, el treinta por ciento de los casos en los que Satanás hace sufrir a las personas, se debe a que no saben o no quieren perdonar a sus enemigos o a aquellos que piensan que les han hecho daño.

Por otra parte, la experiencia enseña la importancia de la celebración de una misa por los familiares difuntos, que hubieran estado involucrados en cosas perversas o negativas, que hayan podido ser transmitidas a sus descendientes. La misa es la mayor muestra de amor de Dios a la humanidad. Es el memorial del infinito amor de Dios, es decir, es un hacer presente aquí y ahora el amor infinito de Dios, que se hace presente entre nosotros en Jesús como en una nueva Navidad. Por eso, no puede haber nada más sanador que una misa. También es importante la consagración a Dios de la familia y la oración de sanación y liberación para romper todo poder del demonio, debido a maldiciones o pactos diabólicos..., que todavía pudieran estar influyendo negativamente en algunos miembros de la familia.

Algo muy importante es rezar por los niños abortados o nacidos muertos. Lo más asombroso es que, al orar por estos niños muertos sin bautismo, se solucionan muchos problemas de los familiares e, incluso, enfermedades. Dice el doctor McAll:

Tengo registrados más de 600 casos de curaciones directas, producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su nacimiento, que nunca fueron debidamente amados o consagrados a Jesucristo en una ceremonia de entierro. Cuando se ha celebrado una Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son impresionantes. Muchos han experimentado los beneficios del poder curativo que se generó, incluyendo pacientes que estaban participando en la Eucaristía, pero también de otros, que se encontraban a muchos kilómetros en hospitales o instituciones mentales, y no sabían nada acerca de dichas ceremonias, e incluso parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos.

Los jesuitas Matthew y Dennis Linn han estudiado a fondo este tema de los niños nacidos muertos o abortados y, por tanto, sin haber recibido el bautismo. Y dicen: Tal vez la sorpresa más grande en nuestro ministerio es la curación física y emocional, que puede ocurrir muy rápido y profundamente a otras personas, cuando oramos por bebés nacidos muertos y por abortos espontáneos y provocados... Casi cada familia puede beneficiarse, orando por abortos y bebés nacidos muertos, ya que estas pérdidas son tan comunes. Aproximadamente de diez a veinte por ciento de todos los embarazos terminan en abortos espontáneos, sin contar con el cincuenta por ciento de óvulos fecundados que nunca lograron implantarse. En USA hay un millón y medio de abortos provocados por año y dos nacidos muertos por cada cien nacidos vivos. Por eso, los bebés constituyen el grupo más importante de nuestras oraciones por los muertos.

Si eres católico, manda celebrar una misa por el bebé. Mientras recibes la Eucaristía, deja que la sangre sanadora de Jesús entre en ti y en todos los difuntos de la familia por medio del bebé.

Esto sin olvidarnos de poner un nombre al niño por quien se celebra la misa. El padre John Hampsch aconseja bautizar espiritualmente a estos niños, consagrarlos a Jesús por medio de María y celebrar una misa por ellos.

El padre Marcelino Iragui dice: Una práctica recomendable es el ofrecer una misa y comulgar por estos niños. En esta Eucaristía se pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la familia... A veces, los resultados son sorprendentes. En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos, se les acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen María.

El padre James Manjackal, uno de los líderes más famosos de la Renovación carismática católica, que tiene un poderoso ministerio de sanación de enfermos por todo el mundo, me escribía en una carta: Muchos padres han dado testimonio de que, después del bautismo espiritual de los niños abortados, ellos se les han aparecido como ángeles y los han consolado... Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles, después de haber sido bautizados en espíritu... Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido a darles su perdón y a consolarlas. Yo tengo maravillosas experiencias de su entrada al cielo y sus oraciones por mí son de gran poder para mi ministerio. Los he visto con caras resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda espiritual.

El doctor McAll ha escrito un libro: Healing the family tree (Curando el árbol familiar), que es un bestseller internacional. En él llega a la conclusión de que muchas enfermedades mentales se curan, sanando la relación con nuestros antepasados difuntos por medio de la oración, especialmente, por medio de una Eucaristía, en la que los entregamos y consagramos a Jesús para que los reciba y los envuelva en su divino amor. Por eso, la experiencia multisecular de los católicos de orar por sus familiares difuntos es recomendada por el mismo doctor McAll, a pesar de no ser católico sino anglicano. Y habla de familiares, que se presentan como fantasmas, para llamar la atención de su familia, pues necesitan oraciones en el más allá. Y no los dejarán tranquilos hasta que sean perdonados, si es el caso; o hasta que oren por ellos y puedan ser liberados del purgatorio y ser felices definitivamente en el cielo.

Dice: Aunque según mis experiencias, normalmente sólo hace falta una celebración de la Eucaristía para liberar a un niño nacido muerto, para liberar a un adulto, que necesita más amor y perdón, pueden hacer falta varias Eucaristías.

Algo también muy importante es la comunión (el momento de más intimidad posible con Jesús) y también la adoración a Jesús Eucaristía. La presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía es la manifestación más grande del amor de Dios a los hombres. Por ello, el lugar donde más se siente la presencia de Dios y donde más sanación podemos encontrar es ante Jesús sacramentado. Ir ante el sagrario a orar y pedir a Jesús que nos envuelva con su luz y con su amor es la mejor oración que podemos hacer. Esos baños de luz y de amor son reales y nos sanarán a nosotros de tantos traumas recibidos. Esto, sin descontar una vida de auténticos cristianos. Si nosotros somos sanos espiritualmente, podremos rezar con mayor eficacia por nuestros familiares. Por eso, comencemos por perdonar a cualquiera que nos haya ofendido y procuremos protegernos de todo poder del maligno en nuestra propia vida.

Dice el gran exorcista italiano Gabriele Amorth que para librarnos del poder del maligno es importante la frecuencia de los sacramentos y una conducta de vida conforme al Evangelio. Es poderoso el rezo del rosario y el recurso a la Virgen María. Muy poderosa es la intercesión de los ángeles y de los santos. Muy útiles las peregrinaciones a santuarios... La palabra de Dios es de gran eficacia... Añado la importancia protectora de las imágenes sagradas, tanto sobre la persona como en los lugares: sobre la puerta de la casa, en las habitaciones, en el comedor o en el lugar en que más comúnmente se reúne la familia... He experimentado muchas veces la eficacia de la medallita milagrosa, difundida en el mundo por millones.

El padre Roberto DeGrandis dice: Una mujer de 29 años pensó que se iba a volver loca, porque estaba pasando una menopausia anticipada. Emocionalmente estaba mal. Ella iba todos los días a la iglesia a hacer una hora santa de adoración. Y me dijo: “Usted sabe, hay muy pocas cosas que no puedan ser curadas, estando una hora todos los días ante el Santísimo sacramento”.

Ciertamente, ¡hay un enorme poder de sanación, que sale del sagrario, donde Jesús mismo nos espera en la Eucaristía! Oremos mucho por nuestra familia. Si es posible, en familia, porque la familia que reza unida, permanece unida.

ORACIÓN EN FAMILIA

La oración en familia es muy importante para la unión y felicidad familiar. Jesús ha dicho: Donde están dos o tres, reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20). La oración en familia es más eficaz que la oración particular. Además, es importante la perseverancia en la oración, porque Dios tiene su horario, que no siempre coincide con el nuestro. Nosotros queremos que nos conceda lo que le pedimos de inmediato. Y, si vemos que pasa una semana o un mes, y no pasa nada, creemos que no va pasar nada y dejamos de orar. Pero Dios, a veces, no nos da lo que le pedimos, sino lo que deberíamos pedir o, en otras palabras, lo que más nos conviene. Sin embargo, la oración es siempre eficaz. Dios siempre toma en serio nuestra oración, porque somos importantes para Él. Por eso, debemos pedir y pedir con perseverancia.

Dice la Madre Angélica, fundadora del canal EWTN: La hermana Briege contaba el caso de una familia norteamericana de siete miembros del Medio Oeste, cuyo hijo menor tenía un tumor cerebral. Los médicos habían tirado la toalla y habían dicho que no había esperanza para él. Pero la familia siguió rezando por la recuperación del niño.

Todas las noches, antes de acostarse, se reunían en la habitación de Tommy y rezaban juntos por él. Transcurrieron dos años y el niño empeoró. El padre pensó: “Dios ha decidido llevárselo” y dejó de rezar. Sin embargo, la madre y los demás hijos perseveraron. Lentamente, Tommy comenzó a mejorar. Día tras día se iba recuperando. Y en la actualidad es un niño tan normal y sano como el que más.

Bárbara Shlemon era una enfermera católica, que oraba por sus enfermos, y, al darse cuenta de que algunos se sanaban milagrosamente, comenzó un ministerio de sanación que la ha hecho famosa en el mundo entero.

Una noche de 1964, estaba de guardia como enfermera en el hospital. Los médicos le habían recomendado vigilar especialmente a una pobre madre de familia, que estaba en coma y debía morir aquella misma noche. Esta mujer estaba reducida a huesos y piel, estaba flaquísima y con un color amarillento en el rostro. Bárbara pidió para ella la unción de los enfermos. Vino el párroco y le administró este sacramento. A la mañana siguiente, Bárbara fue a su casa a descansar y regresó por la tarde. Fue directamente a ver cómo estaba su paciente, pensando que estaría ya muerta. Y la encontró, tomando tranquilamente sus alimentos. Entonces, se convenció del poder de la oración y comenzó, a partir de ese momento, a rezar por los enfermos graves, organizando en su horas libres, grupos de oración por los enfermos. Tuvo que dejar su trabajo de enfermera para dedicarse a tiempo completo a orar por los enfermos, pues la llamaban de todas las partes y de distintos países. Ella dice que la oración en familia por los enfermos es el modo más especial para que se sanen, pues hay más amor. Cuando san Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, era un niño de dos años de edad, se puso gravemente enfermo. Los doctores Ignacio Camps y Santiago Gómez les dijeron a sus padres que no pasaba de aquella noche. Pero sus padres se pusieron a rezar con fervor, sobre todo, su madre Dolores Albás, quien le prometió a la Virgen que, si lo curaba, lo llevaría ella misma en brazos hasta la ermita de la Virgen de Torreciudad. Al día siguiente, cuando los doctores llegaron a la casa, pensando que había muerto, el niño estaba perfectamente curado. La oración de los padres es muy poderosa ante Dios.

Conozco en Lima al padre Iván Luna, que trabaja en una parroquia muy pobre de la periferia. Él me contó que, cuando era un bebé, estuvo muy grave con una fuerte bronconeumonía. Como sus padres vivían en la Sierra del Sur del Perú, donde no había médico ni posibilidades de llevarlo al hospital, su madre lo llevó a la capilla del poblado y lo colocó en el altar de la Virgen. Lo consagró a María y se lo ofreció para que, si sanaba, fuera sacerdote. A los tres días, sin tomar ninguna medicina, estaba totalmente curado.

El padre Iván nunca se olvida de que su vida es un regalo de Dios por medio de la Virgen. Se ordenó sacerdote en Lima el 7 de marzo de 2004.

Otro de los tantísimos casos de sanación por la fe de la familia es el de Manuel Vilar Silio, un niño argentino que cuando tenía 18 meses de edad, el 19 de julio de 1998, cayó a la piscina de una casa de campo. Cuando lo sacaron, después de 20 minutos, tenía todos los signos típicos del ahogado y no tenía latidos cardíacos ni respiración. Los padres comenzaron a orar a Dios por intercesión de la Madre Maravillas (1891-1974), carmelita descalza, fundadora de varios conventos. Y, a los pocos minutos, empezó a expulsar el fango alojado en los pulmones y en el estómago; y 35 minutos más tarde recobró la frecuencia respiratoria. El niño había estado en total más de una hora con parada cardiorrespiratoria. Pero comenzó a mejorar, de modo que, al día siguiente, estaba bien y, al tercer día, le dieron de alta. Por este milagro, reconocido por la comisión médica del Vaticano, el Papa Juan Pablo II canonizó a la beata Madre Maravillas el 4 de mayo de 2003.

La madre del niño, a raíz de este suceso, ha repetido en entrevistas por todos los medios de comunicación una gran verdad: Muchos niños mueren, porque sus padres no rezan. Y nosotros podríamos decir también: Muchos niños y adultos mueren, porque sus familias no rezan por ellos. Por eso, la conclusión es clara: cuando haya algún problema familiar, sea de salud o de cualquier otra clase, oremos en familia y organicemos una cadena de oración entre todos los amigos y conocidos, y Dios cumplirá su palabra, que dice Pedid y recibiréis (Mt 7, 7). Y, si no nos da exactamente lo que le hemos pedido, es porque tiene otros planes mejores para nosotros. De todos modos, la oración en familia es eficaz y a través de ella Dios bendice a toda la familia.

ENTRONIZACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS

Una de las cosas más importantes para la bendición y sanación de la familia es la entronización en el hogar del Corazón de Jesús. Entronización significa poner a Jesús en el trono. Queremos que Jesús reine como rey en nuestro hogar, colocándolo simbólicamente en el trono. Para ello se escoge un día especial para la familia y se bendice la imagen del Corazón de Jesús que va a ser colocada en la sala más digna de la casa. El sacerdote leerá la fórmula de consagración de la familia, aceptando a Jesús como el Rey del Hogar. Si no pudiera asistir el sacerdote, la imagen, previamente bendecida, puede ser colocada en el lugar escogido y el responsable de la familia puede recitar la oración de consagración.

Lo importante es que toda la familia se sienta comprometida y, ese día tan especial, pueda asistir previamente a la misa para comulgar. Igualmente, todos los años, el mismo día, deben recordar la fecha de la entronización y asistir a misa y comulgar en la medida de lo posible.

Todos deben ser conscientes de que su familia es de Jesús, es propiedad de Jesús, y que todo deben hacerlo contando con Él. Por eso, cuando vengan las alegrías, hay que celebrarlas con Jesús, siendo agradecidos. Y, cuando vengan las penas por las enfermedades o muerte de seres queridos, hay que pedirle ayuda y consuelo. Además, cada día sería muy deseable que se reúna toda la familia ante la imagen bendita de Jesús para orar en familia; pues la familia que reza unida permanecerá unida, recibiendo las bendiciones de Jesús.

También es deseable que, junto a la imagen de Jesús, haya una imagen bendita de María, pues a Jesús vamos mejor por medio de María. Y la consagración de la familia a María puede ser algo previo para la consagración al Corazón de Jesús, de modo que así reine Jesús en el Hogar por medio de María.

La fórmula de consagración, leída por el sacerdote o el jefe de familia, puede ser la siguiente:

Sagrado Corazón de Jesús, Tú has manifestado a santa Margarita María de Alacoque el deseo de reinar en las familias cristianas y le has dicho que a los que te amen y se consagren a tu divino Corazón:

Bendeciré los lugares (hogares) donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada. Pondré paz en sus familias. Los consolaré en todas sus aflicciones. Bendeciré abundantemente todas sus empresas. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.

Queremos proclamarte en este momento como el Rey y Dueño de nuestro Hogar y de nuestra familia. Queremos que reines en nuestras mentes y en nuestros corazones por el amor. Queremos amarte y adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía y donde vives con tu Corazón vivo y palpitante de amor.

Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras... Todo es tuyo y todo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo y en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.

Oh Jesús divino, dirige nuestra familia por el camino del bien, bendice nuestro trabajo, nuestras diversiones, nuestras amistades y todas nuestras actividades, porque queremos que Tú seas el primero en todo. Y, si alguna vez llegara alguno de nuestra familia a ser infiel y alejarse de Ti por el pecado, te pedimos que lo ilumines, le des el don del arrepentimiento y lo devuelvas de nuevo a tu redil.

Señor Jesús, cúbrenos a todos nosotros con tu sangre bendita derramada en la cruz y protégenos ahora y siempre de todo poder del maligno. Madre nuestra, Virgen María, cúbrenos con tu manto de pureza y amor, y danos la gracia de la pureza y de la fidelidad. Ángeles de la guarda, cuidadnos y defendednos de todo mal.

Y, como una gracia especial, te pedimos Señor, por nuestros familiares difuntos para que los tengas en tu gloria. Y, cuando nos llegue a nosotros la hora de la partida, sal a nuestro encuentro para llevarnos a gozar contigo eternamente en tu reino, de modo que un día podamos estar toda la familia reunida y feliz contigo en el cielo para siempre.

Jesús divino, Rey de nuestro Hogar, Tú eres nuestro Rey. Establece aquí tu trono, porque no queremos que otro reine sino Tú. Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón queremos decir: ¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en este hogar el Corazón divino de Jesús! ¡Venga a nosotros tu reino! ¡Bendito y alabado seas por siempre, Jesús, en el Santísimo Sacramento del altar, donde has puesto tu trono en la tierra, desde donde reinas sobre el mundo y donde siempre nos esperas, oh Jesús Eucaristía! ¡A Ti el honor, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos! Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Dulce Corazón de María, sed la salvación mía

(Puede recitarse un padrenuestro y un avemaría antes de recibir la bendición del sacerdote)

ORACIONES PARA LA SANACIÓN DE LA FAMILIA

Consagración De La Familia Al Corazón De Jesús

Divino Corazón de Jesús, postrados humildemente ante tu altar, queremos consagrarte en este día nuestra familia, con todos nuestros seres queridos, para que los protejas y los guardes siempre dentro de tu divino Corazón. Protege a nuestros familiares vivos y pon amor, unión, paz y comprensión entre nosotros. Bendice a nuestros familiares difuntos y dales la felicidad eterna del cielo. Bendice a todos los que nos has encomendado. Y bendice también a todos a quienes estamos unidos en tu amor.

Sana, Señor, nuestra relación con nuestros antepasados y descendientes. Perdónanos todos nuestros errores y pecados. Pon tu amor y bendición entre nosotros. Te lo pedimos, Señor, por intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, y en unión con todos nuestros familiares del cielo y de los ángeles custodios de toda nuestra gran familia. Amén.

Consagración De La Familia Al Inmaculado Corazón de María

María, Madre nuestra, venimos ante tu presencia para poner bajo tu manto a toda nuestra familia. Te pedimos, Madre, que bendigas con tu amor maternal a nuestros familiares vivos. Bendice también a quienes todavía se encuentran en el purgatorio para que pronto puedan disfrutar eternamente de la felicidad celestial. Bendice a toda nuestra familia espiritual, que Dios nos ha encomendado y a quienes debemos ayudar en su camino de salvación y santificación. Madre nuestra, pide a Jesús que perdone todos los pecados de nuestra familia y que ponga amor, luz y paz entre nosotros. Bendícenos a todos y haz que nuestra familia sea bendecida por Dios y salgan de ella abundantes vocaciones religiosas y sacerdotales para beneficio de toda la humanidad. Amén.

Oración Por Un Enfermo

Señor Jesús, reunidos en familia, queremos pedirte por la salud de nuestro (hijo, padre, madre...). queremos consagrártelo y ponerlo en tus manos divinas. Te lo encomendamos y te lo entregamos para que Tú lo sanes y le des todo aquello que Tú sabes que más necesita. Sánalo como sanabas a los enfermos hace dos mil años. Sánalo en su cuerpo y en su alma, y dale tu paz, tu alegría y tu amor en su corazón. Gracias, Jesús. Te lo pedimos por tu santa cruz, por tu sangre bendita derramada y por intercesión de María, nuestra Madre. Gracias, Jesús, por la salud que Tú le das y gracias por el amor, la unión y la paz que pones en nuestro hogar. Amén.

Oración De Perdón

Señor Jesús, en este momento quiero pedirte perdón en nombre de mis antepasados por todos sus pecados y quiero perdonarlos por todos los sufrimientos que me hayan ocasionado. Los perdono en tu Nombre y los perdono de corazón. No quiero guardar resentimiento en mi interior contra nadie y menos contra mis familiares difuntos, pues tengo obligación de ayudarlos en el más allá. Tú los juzgarás. Yo, como parte de su familia, me limito a perdonar y a bendecir. Sí, Jesús, bendice a mis familiares difuntos, bendice a mis familiares vivos. Bendice nuestra gran familia y sana cualquier herida que hayan podido transmitirnos a causa de sus pecados. Cúbrenos a todos con tu sangre bendita y protégenos desde ahora y para siempre de todo poder del maligno para que mi familia sea una familia sana para tu gloria y tu alabanza. Gracias, Señor, por mi familia. Me siento orgulloso de ella y los amo a todos y a cada uno. Te los consagro, por medio de María, para que Tú los bendigas. Amén.

Oración De Liberación

Señor Jesús, quiero consagrarte a todos mis antepasados a tu divino Corazón por medio del Corazón Inmaculado de María. Te los entrego con todos sus pecados y miserias. Y te pido que, con el poder del Espíritu santo, alejes de ellos todo poder del maligno. Prohibo en tu Nombre a cualquier espíritu maligno que les haga daño. Los cubro con tu sangre bendita, derramada en la cruz, y los protejo de todo mal. Conjuro a cualquier espíritu perdido o grupo satánico o brujo a que no interfiera ni influya negativamente en mi familia.

Señor, por tus méritos y tu sangre bendita derramada, yo disuelvo cualquier reunión satánica, cualquier maleficio, hechizo, magia, atadura, trampa, maldición o cualquier acción maléfica, que haya podido afectarles en el pasado o pueda afectar a mis familiares vivos. Rompo en tu Nombre, Señor, cualquier herencia negativa que haya podido ser transmitida, y ordeno que desaparezca cualquier daño hecho a mis familiares y antepasados.

Señor, te proclamo el Señor de nuestra familia y renuncio a Satanás y a todas sus obras y a todo pecado de mis antepasados. Sana cualquier herida, que hayan recibido y hayan podido transmitir a sus descendientes por efecto de su crueldad, violencia o haber estado involucrados en ocultismo, satanismo, o cualquier pecado de abortos, asesinatos o perversión de cualquier clase.

Yo perdono en nombre de mis familiares a todas las personas que nos hayan hecho daño, y te pido, Señor, que nos sanes de todo mal y nos liberes para amarte con un corazón limpio y puro. Envía tus legiones de ángeles y santos para que a una orden tuya y bajo tu autoridad, puedan rechazar en este momento y para siempre cualquier influencia del maligno. Amén. Oración Para Perdonar

Señor, quiero perdonar a mi madre por haberme lastimado con castigos injustos, por haber sido infiel a mi padre, por haber tenido abortos voluntarios y pensado abortarme a mí... La perdono de todo el daño que me hizo. Igualmente, perdono a mi padre por su falta de apoyo, por haber sido infiel a mi madre, haber sido agresivo, por divorciarse de ella y dejarnos abandonados. Lo perdono por su irresponsabilidad, por sus borracheras y violencias, y por todas sus acciones deshonestas, que afectaron mi vida.

Perdono a mis hermanos por haberme insultado y haberse burlado de mí. Perdono a mi esposo(a) por su falta de amor y por su infidelidad o por las obras o palabras que me hirieron profundamente.

Perdono a todos los que me han ofendido: familiares, vecinos, compañeros de trabajo, sacerdotes, policías... Perdono a quienes abusaron de mi ignorancia o de mi debilidad. A todos los que me insultaron o me hirieron y me humillaron de alguna manera, los perdono en el Nombre de Dios y les ofrezco mi perdón incondicional. A todos los pongo en las manos del Señor para que Él también los perdone.

Gracias, Señor, por tu perdón y por tu amor. Gracias por la alegría que me das al perdonar y al recibir tu perdón. Amén.

Consagración Personal a María y a Jesús

Oh María, Madre mía, yo me consagro del todo a Ti y, en prueba de mi filial afecto,

te consagro en este día: mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón. En una palabra, todo mi ser, y ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a cosa y posesión tuya Amén.

Cúbreme, Madre mía, con tu manto de pureza y amor y protégeme, ahora y siempre, de todo mal y de todo poder del maligno. Amén.

Oh Jesús, por medio de María, me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida. Señor, líbrame de todo lo mal y perdóname todos mis pecados. Amén.

CONCLUSIÓN

Al llegar al final de este libro, es bueno deducir algunas conclusiones prácticas. En primer lugar, debemos tener presente que no somos islas perdidas en el océano de la historia universal; nadie viene al mundo por casualidad o por azar. Cada ser humano es querido infinitamente por Dios y viene al mundo en el seno de una gran familia, que abarca a nuestros antepasados hasta los primeros padres. Dios nos quiere tanto que ha puesto a nuestro lado un ángel custodio para que nos cuide y proteja a lo largo de toda la vida. Al morir, nos saldrán al encuentro nuestros seres queridos y tantos otros, a quienes hemos ayudado a salvarse.

Ahora bien, el formar una familia es algo de mucha responsabilidad. Vemos, por experiencia, cuántas veces de padres irresponsables, que abortan, cometen adulterio o caen en vicios y excesos de toda clase, los hijos pagan las consecuencias con traumas y enfermedades que les hacen sufrir enormemente. El que quiera formar una familia, debe ser una persona capaz de asumir las responsabilidades que conlleva la educación de los hijos con el buen ejemplo.

Los padres deben comenzar por estar bendecidos por Dios con el sacramento del matrimonio para que tengan la fuerza necesaria para superar las dificultades y tentaciones de la vida. Sería hermoso que los recién casados consagren a Dios su nuevo hogar y ofrezcan el bouquet de la novia ante una imagen de María. Igualmente, cuando nazcan los hijos, ir consagrándolos, uno por uno, a Jesús por María para que tomen especial cuidado de ellos y los protejan de todo mal. Algo importante será también la consagración personal y familiar al Corazón de Jesús y su entronización en el hogar. Y que los esposos estén abiertos a la vida, evitando a toda costa abortos, adulterios, violencias... Es de suma importancia la oración en familia todos los días, especialmente del rosario. Una buena familia debería pedir por todos los difuntos de la familia, incluidos los niños muertos sin bautismo.

Ser padres es ser conscientes de que su comportamiento afectará positiva o negativamente a sus hijos y a sus descendientes. Y deben sentirse responsables ante las generaciones venideras. Precisamente, por eso, porque es grande su responsabilidad, deben pedir la ayuda de todos los antepasados, que ya están en el cielo o estén todavía en el purgatorio. Igualmente, pedir el apoyo de todos los ángeles custodios de toda su gran familia. Esto, sin olvidar a todos los amigos y conocidos, con quienes han estado en unión en esta vida y que también son parte de su gran familia espiritual por siempre.

Y, cuando en la familia se presenten circunstancias especialmente difíciles, como enfermedades, muerte de seres queridos, fracasos económicos, robos, violencias..., que sepan perdonar y orar mucho para que Dios les dé la paz. Para conseguirla, recomiendo que alguno de la familia vaya todos los días a la misa y a comulgar. Y pida para que toda la familia esté un día reunida con Dios en el cielo. También recomiendo ir cada día a una iglesia para visitar a Jesús sacramentado; si es posible, durante una hora santa y así poder recibir diariamente baños de luz y de amor de Jesús sacramentado. Él aumentará la fe y bendecirá a toda la familia, dando fortaleza ante la adversidad y bendiciéndola con gracias inmensas, más allá de lo que podamos pedir o imaginar.

Te deseo una familia bendecida por Dios y que surjan en ella muchos sacerdotes y religiosas santos.

Es mi mejor deseo para ti, querido hermano.

Que Dios te bendiga. Saludos de mi ángel.

Tu hermano y amigo del Perú. P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ Teléfono: 461-5894

La familia que reza unida, permanece unida. BIBLIOGRAFÍA

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