¿LA CIENCIA CONTRA LA FE?
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R LIMA - PERÚ
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN ¿Ciencia contra fe? El cientificismo. La
evolución. El marxismo El universo. Reflexiones de Jean Guitton.
Dios existe. Errores de la ciencia. Fraudes. Ejemplos de
seudociencia. Homosexualidad. Astrología. Sábana santa. Control de
natalidad Galileo La Iglesia católica y la ciencia. La ciencia
confirma la fe. La Virgen de Guadalupe. Milagro de Lanciano El
Cristo de Cochabamba Hostia que sangra Virgen de Akita
Reflexiones.
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En este libro deseo manifestar con toda claridad que no hay
oposición entre la ciencia y la fe. Ambas son obra de Dios y, por
tanto, ambas, si son auténticas, deben llevarnos a Dios. Cuando
algunos datos de la ciencia parecen oponerse a la fe, algo anda mal.
O no es auténtica ciencia o no es auténtica fe.
Observaremos que, muchas veces, lo que se llama científico ni es
científico ni es verdadero. Analizaremos el evolucionismo, el
marxismo y todo materialismo que niega la existencia de lo
sobrenatural.
Por otra parte, veremos casos extraordinarios en los que la
ciencia confirma nuestra fe católica, como en el caso de la Virgen
de Guadalupe, el milagro eucarístico de Lanciano y otros más.
Les deseo a todos una ciencia tan grande que confirme su fe. Y
una fe tan grande que los lleve a estudiar los misterios que Dios ha
dejado en la naturaleza.
Fe y ciencia son dos vías paralelas que nunca se oponen, sino
que se apoyan y acompañan, cuando ambas son verdaderas, pues nos
llevan al mismo autor y creador de la ciencia y de la fe, que es
Dios.
Un poco de ciencia nos aleja de Dios, pero mucha ciencia nos
acerca a Él. (Pasteur)
¿CIENCIA CONTRA FE?
Carl Sagan, físico norteamericano de la NASA, fallecido en 1996,
era ateo y se hizo famoso por su serie televisiva Cosmos, donde
hablaba de que la ciencia había nacido cuando los hombres empezaron
a librarse de las ideas religiosas supersticiosas. La historia de la
ciencia es, para él, la historia de la lucha continua entre la
ciencia y los prejuicios socio-religiosos. Según su opinión, la
religión y concretamente la religión cristiana frenó el progreso
científico. Según él, ser religioso es sinónimo de ser atrasado,
anticuado y supersticioso.
Lo malo es que en muchos colegios y universidades, los profesores
ateos o agnósticos están convencidos de que la ciencia y la fe son
enemigos y así lo enseñan a sus alumnos. Dicen que la ciencia hace
tiempo ha arrinconado y superado las ideas religiosas, basadas en
creaciones de la mente para dar explicaciones humanas a fenómenos
incomprensibles, que ahora la ciencia ha podido resolver, dejando
superadas esas ideas. Pero ¿será eso cierto? ¿Por qué entonces
hay grandes científicos que son creyentes? ¿Por qué muchos
grandes sabios han sido ateos y después, a través de la ciencia,
han encontrado a Dios?
Francis Collins es un genetista norteamericano, uno de los
científicos más brillantes de la actualidad, que ha sido el jefe
del proyecto genoma humano durante más de 10 años y lo ha llevado
a su culminación. El año 2005 presentó el proyecto ante el mundo
junto con el presidente Clinton, y dijo: Éste es un día feliz para
el mundo. Me llena de humildad y sobrecogimiento el darme cuenta de
que hemos echado el primer vistazo a nuestro propio libro de
instrucciones que previamente sólo Dios conocía. Para mí, la
experiencia de secuenciar el genoma humano y de revelar el más
notable de todos los textos era, a la vez, un asombroso logro
científico y una ocasión para orar.
La ciencia es el único modo confiable de entender el universo.
Pero la ciencia no tiene capacidad para responder preguntas tales
como ¿por qué el universo llegó a existir?, ¿cuál es el
significado de la vida humana? ¿Qué sucede después de la muerte?.
Yo era agnóstico, alguien que sencillamente no sabe si Dios
existe o no. Gradualmente, pasé del agnosticismo al ateísmo. Me
sentía muy cómodo al desafiar las creencias espirituales de
cualquiera que las mencionara en mi presencia y descartaba tales
perspectivas como sentimentalismo y supersticiones pasadas de moda.
Estudié medicina… Algo que me impactó profundamente en mis
conversaciones junto a los lechos de las buenas gentes de Carolina
del Norte era el aspecto espiritual. Fui testigo de numerosos casos
de individuos cuya fe les daba una fuerte seguridad y paz absoluta,
ya fuera en este mundo o en el siguiente, a pesar del sufrimiento
que, en la mayoría de los casos, les había llegado sin que ellos
hubieran hecho nada para ocasionárselo… Un día, una viejecita
que sufría diariamente por una severa e intratable angina de pecho,
me preguntó qué era lo que yo creía. Sentí que mi cara
enrojecía mientras balbuceé: No estoy seguro.
Ese momento me persiguió durante varios días. ¿No me
consideraba a mí mismo un científico? ¿Sacaba un científico
conclusiones sin considerar los datos? ¿Podría existir una
pregunta más importante en toda la existencia humana que si existe
Dios? De repente, todos mis argumentos parecían débiles y tuve la
sensación de que el hielo bajo mis pies se estaba quebrando. Caer
en la cuenta de esto fue una experiencia totalmente aterradora.
Al principio, confiaba en que una investigación completa sobre
la base racional de la fe negaría todos los méritos de creer y
reafirmaría mi ateísmo. Pero decidí mirar los hechos sin importar
el resultado.
Empecé un viaje de exploración intelectual para confirmar mi
ateísmo, que ahora estaba en ruinas, ya que el argumento de la ley
moral y muchos otros temas me forzaban a admitir la posibilidad de
la hipótesis de Dios. El agnosticismo ahora me parecía un refugio
seguro de segunda mano y como una gran evasiva. La fe en Dios ahora
me parecía más racional que el no creer.
También me quedó claro que la ciencia no me llevaría lejos
para resolver la cuestión de Dios. Si Dios existe, debe estar fuera
del mundo natural y, por tanto, las herramientas de la ciencia no
son las adecuadas para conocerlo. La decisión final tendría que
estar basada en la fe, no en la evidencia. Así, aún acosado por
las incertidumbres del camino por el que me había iniciado, tenía
que admitir que había llegado al umbral de aceptar la posibilidad
de una visión espiritual del mundo, incluyendo la existencia de
Dios.
Durante el primer año en que llegué a aceptar la existencia de
Dios, me vi atacado por dudas en todas direcciones. Pero me sentí
aliviado al comprobar que no existía objeción alguna en mi lista
que no hubiera ya sido aún más fuerte y claramente expresada por
otras personas a lo largo de los siglos.
Uno de los escollos más importantes para muchos buscadores
honestos es la innegable evidencia, a lo largo de la historia, de
que se han hecho cosas terribles en nombre de la religión… Pero
hay que recordar también que se han hecho cosas maravillosas en
nombre de la religión. La Iglesia (hablo, en general, sin hablar de
una religión concreta) ha jugado un papel importante en el respaldo
de la justicia y de la benevolencia.
La Iglesia está hecha de gente caída. El agua pura y limpia de
la verdad espiritual está colocada en contenedores oxidados. Por
eso, hay que mirar más allá de la conducta de los seres humanos
pecadores para encontrar la verdad. ¿Condenaríamos a un roble,
porque su madera se ha usado para fabricar arietes? ¿Culparíamos
al aire por permitir que las mentiras viajen a través de él?
Por otra parte, reconozcamos que gran parte de nuestro
sufrimiento y el de nuestro prójimo, es causado por lo que nos
hacemos entre nosotros. Es la humanidad, no Dios, la que ha
inventado cuchillos, flechas, armas, bombas y toda clase de
instrumentos de tortura. La tragedia de un niño atropellado por un
conductor ebrio o de un hombre inocente que muere en el campo de
batalla, difícilmente se pueden atribuir a Dios... ¿Debería Dios
restringir nuestra libertad para evitar esa clase de conducta
maléfica?
Conozco a una joven estudiante universitaria que vivía sola
durante unas vacaciones de verano, mientras realizaba
investigaciones, preparándose para una carrera como médico. Al
despertar una noche, descubrió que un hombre había entrado en su
departamento. Colocándole un cuchillo en la garganta, el intruso
ignoró sus súplicas, le vendó los ojos y abusó de ella. La dejó
devastada, tanto como para revivir esa experiencia una y otra vez
durante muchos años. El agresor nunca fue capturado.
Esa joven era mi hija. Nunca fue la maldad pura tan evidente para
mí como esa noche y nunca deseé con más pasión que Dios hubiera
intervenido de alguna manera para detener ese horrible crimen. ¿Por
qué no hizo que al agresor le hubiera partido un rayo o hubiera
tenido al menos un cargo de conciencia? ¿Por qué no colocó un
escudo invisible alrededor de mi hija para protegerla?
En raras ocasiones, Dios realiza milagros. Pero en la mayoría de
las veces la existencia del libre albedrío y del orden en el
universo físico son hechos inexorables... En mi caso, la violación
de mí hija fue un reto para que yo tratara de aprender el verdadero
significado del perdón en una circunstancia terriblemente
desgarradora. Quizás fue una oportunidad para que yo reconociera
que en realidad, yo no puedo proteger a mis hijas de todo el dolor y
sufrimiento. Tenía que aprender a confiarlas al amoroso cuidado de
Dios. Ciertamente, mi hija diría que esta experiencia le dio la
oportunidad y la motivación para aconsejar y reconfortar a otras
personas que han sufrido esa misma clase de asalto.
Tras veintiocho años como creyente, la ley moral sigue siendo
para mí la más clara señal de Dios. Más que eso: apunta hacia un
Dios que se preocupa de los seres humanos, un Dios que es
infinitamente bueno y santo.
No hay oposición entre la ciencia y la fe. Porque un mismo Dios
ha creado a ambas. Pero para muchos todavía es como una lucha sin
tregua entre la mente y el corazón. Muchos materialistas creen que
los avances de la ciencia hacen que la religión se quede obsoleta y
afirman que estaríamos mejor sin Dios y sin religión. Otros
creyentes, ante estas ideas, ven los avances de la ciencia como
peligrosos, sobre todo, cuando van directamente contra la moral como
las investigaciones con embriones humanos, la clonación, etc.
¿Daremos la espalda a la ciencia porque a veces se opone a la
moral? ¿Daremos la espalda a la fe, considerando algunas actitudes
poco cristianas de los creyentes o creyendo que no es necesaria?
Ambas opciones son peligrosas. Ambas niegan la verdad del Dios
creador. Por eso, debemos aceptar que el Dios de la Biblia, el Dios
que vino a la tierra como uno de nosotros y permanece siempre a
nuestro lado en la Eucaristía, es el mismo Dios del genoma humano y
el creador de las leyes del universo, que los científicos tratan de
descubrir. Lo importante es saber que Dios quiere la ciencia y la
fe. Ama a los científicos y ama a los creyentes, porque todos son
sus hijos. Y desea que todos, como hermanos, se den le mano y crean
en Él y lo amen, descubriendo admirados las maravillas que ha
dejado en la creación. Dios es amor y nos ama a cada uno. Por eso,
la fe y la ciencia son dos alas para volar hacia el único Dios que
nos espera más allá de las estrellas.
EL CIENTIFICISMO
Algo que no se puede aceptar es el llamado cientificismo, es
decir, que la ciencia tenga la última palabra en todo. Para muchos
la palabra científico es una palabra mágica. Decir que algo está
científicamente demostrado es decir que es algo que ya está
definitivamente aclarado y que nadie puede contradecir. Científico
es para muchos sinónimo de verdadero. Pero ¿será cierto? Harold
Brown dice: El conocimiento científico en cualquier época es lo
que los científicos creen como tal en ese momento, pero el
conocimiento científico de una época puede ser rechazado como
erróneo en la siguiente.
Esto ha ocurrido cientos de veces. Durante siglos se creyó que
la tierra era el centro del universo y que el sol daba vueltas
alrededor de la tierra. Esto era tenido como verdad científica
indiscutible. Copérnico empezó a considerar que era la tierra la
que daba vuelta alrededor del sol como si él fuera el centro del
universo; pero ahora sabemos que el sistema solar está en un
extremo de nuestra galaxia, la cual es una de las millones y
millones que existen y que, de ninguna manera, podemos hablar de
estar en el centro del universo.
Durante mucho tiempo, se decía que la distancia más corta entre
dos puntos era la línea recta. Pero eso será cierto en cortas
distancias; porque a distancias astronómicas, la línea curva es la
más corta, porque los campos gravitacionales impiden ir en línea
recta. Es como si dijéramos que la distancia más corta a Tokio es
de una línea recta. ¿Cómo va a ser recta, si la tierra es
redonda? Incluso, conceptos tan normales como el tiempo y el espacio
han sido puestos en duda con las teorías de la relatividad de
Einstein. Porque, a grandes distancias y a velocidades de la luz,
las cosas cambian, parece que el tiempo se detiene y el espacio no
es tan uniforme como vemos todos los días.
Ya pasó la época en que se pensaba que la ciencia daría
respuesta a todos los problemas humanos y los solucionaría. Se
acabó hace tiempo el optimismo de la ciencia. Cuanto más conoce el
hombre, más se da cuenta de lo que le queda por descubrir. La
naturaleza es como un libro abierto, lleno de misterios, tan
inalcanzables que el hombre se queda pequeño ante la simple
consideración de la magnitud del universo o ante la pequeñez
infinitesimal de los elementos del átomo. Lo malo está en
presentar ideas como científicas por el hecho de que las dice un
científico y no han sido confirmadas por otros.
Algunos científicos, con el prestigio de sus títulos, quieren
hacernos creer que la ciencia ha arrinconado a la fe y ha eliminado
las realidades espirituales, porque nunca las ha encontrado. Algunos
dicen que, si la ciencia no ha descubierto a Dios, es porque no
existe. Pero la ciencia no puede descubrir a Dios, porque sólo
trata de lo que puede observarse, es decir, del mundo material. En
cambio, Dios es espiritual y la religión trata de cosas
espirituales, que no pueden ser comprobadas ni rechazadas por la
ciencia, porque son de un orden diferente.
Como diría Collins: No se puede usar la ciencia para tratar de
desprestigiar a las grandes religiones monoteístas del mundo, que
descansan en siglos de historia, filosofía moral y la poderosa
evidencia que ofrece el altruismo humano. Es el culmen del orgulloso
científico afirmar lo contrario. Pero eso deja con un desafío, si
la existencia de Dios es verdad y si son ciertas también ciertas
conclusiones de la ciencia sobre el mundo natural, no se pueden
contradecir entre sí. Debe ser posible lograr una síntesis
armoniosa.
Sin embargo, pareciera que estas dos versiones de fe y ciencia no
estuvieran buscando la armonía sino la guerra. Esto es
especialmente patente en la teoría de la evolución de Darwin.
Aquí es donde las batallas se están librando con más furia. Aquí
es donde los malentendidos de ambos lados son profundos. Aquí es
donde las apuestas sobre el futuro del mundo son más altas. Aquí
es donde la armonía se necesita con desesperación.
LA EVOLUCIÓN
La teoría de la evolución es muy antigua. Ya en la Edad Media,
santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos hablaban de que
Dios había puesto en la materia las cualidades especiales para que
pudiera dar lugar a seres vivientes. Algunos eran partidarios de la
teoría de la generación espontánea. Pero estas teorías no
tuvieron mucho arraigo hasta que llegó Charles Darwin.
En 1859, publicó su libro El origen de las especies en el que
propuso que todas las especies vivas descienden de un pequeño grupo
de ancestros comunes, quizás de uno solo. Sostenía que la
variación de especies se debía a la selección natural, una
especie de fuerza vital que hacía que la naturaleza fuera
eliminando por sí misma a los individuos más débiles y haciendo
que sólo sobrevivieran las especies y los individuos más fuertes.
Al mismo tiempo, sugirió que este proceso de selección natural
podía aplicarse también al hombre. Este tema lo desarrolló en su
libro El origen del hombre.
En este libro llega a proponer que los mismos hombres aceleren el
progreso de la humanidad y favorezcan la selección artificial de
los seres humanos ¿Cómo? Veamos lo que escribió: Entre los
salvajes, los más débiles de cuerpo o de mente resultan
rápidamente eliminados y los que sobreviven generalmente exhiben un
vigoroso estado de salud... Los hombres civilizados entorpecen el
proceso de eliminación de los menos aptos; promulgamos leyes para
los menesterosos y nuestros profesionales de la medicina ejercitan
toda su habilidad para salvar la vida de cada persona hasta el
último momento... De esta manera, los más débiles de las
sociedades civilizadas propagan su debilidad. Y tal obstáculo a la
severidad de la selección natural, es manifiestamente absurdo,
porque nadie, que haya presenciado cómo se crían los animales
domésticos, puede dudar de que ese obstáculo sea algo altamente
dañino para la raza humana.
Para Darwin, el hombre es solamente un ser biológico, como
cualquier otro animal, y rige también para él la teoría de la
selección natural en su proceso evolutivo que siempre está en
marcha. Algunos dirán que vamos hacia el superhombre. El problema
es que estas teorías para muchos científicos son estrictamente
verdaderas y, por tanto, el hombre es sólo fruto de un proceso
natural sin ninguna intervención de Dios.
De ahí que, utilizando estas teorías evolucionistas, muchos
atacan al cristianismo como algo anticuado y supersticioso, ya que
consideran que está demostrado científicamente que el hombre viene
de sus ancestros antropoides, de modo totalmente natural y en
evolución progresiva al igual que los animales. Mucha gente está
convencida de que Darwin demostró que el hombre procede del mono. Y
considera que no creer en esta teoría de la evolución es señal de
oscurantismo y superstición. Pero, en realidad, como dice Antonino
Zichichi, el gran científico italiano miembro de la Academia
pontificia de ciencias, descubridor de la antimateria nuclear,
presidente del centro Enrico Fermi de Roma y presidente de la
Federación mundial de científicos, los oscurantistas son los que
pretenden dar el rango de verdad científica a una teoría, privada
de la más elemental estructura matemática y sin la más mínima
base experimental. Los experimentos irrepetibles no son parte de la
ciencia.
Hay que desconfiar de todos los que elaboran teorías, olvidando
las pruebas experimentales reproducibles. Un fenómeno, observado
una sola vez y nunca más, no vale para la ciencia, sino para las
fábulas. Una cosa es segura, el hombre ha permanecido exactamente
idéntico desde hace 10.000 años, por lo menos, hasta la fecha,
como si el tiempo se hubiera detenido. No ha habido evolución
biológica, pero sí evolución cultural.
¿Por qué la evolución no ha continuado? Si la evolución
tuviera bases científicas serias, debería estar en condiciones de
predecir el valor exacto de los tiempos que caracterizaron a la
evolución humana. Pero estas teorías evolucionistas no tienen
ninguna base matemática, porque no pueden ser reproducidas para
constatar lo que ocurrió en el pasado una sola vez y que no puede
ser experimentado de nuevo. Por eso, es una presunción hablar de
evolución humana como una teoría científica que debe estar
confirmada por verificaciones experimentales reproducibles…
Ciertamente existen pruebas de evolución biológica de
numerosísimas formas de materia viviente, pero la evolución
biológica de la especie humana va por distinto camino. Esto por un
simple motivo. Entre todas las formas de materia viviente, nosotros
somos la única dotada del extraordinario privilegio de saber
descifrar la lógica con que se ha hecho el mundo. Este privilegio
nos distingue de cualquier otra forma de materia viviente. Por eso,
no se puede dar por descontado el mismo principio evolutivo
biológico que sea válido para otras formas vivientes.
Sabemos con certeza que la evolución biológica de la especie
humana se ha detenido hace unos diez mil años. Pero la evolución
cultural ha sido muy grande. Un hecho claro es el de Nueva Guinea.
Esos seres humanos quedaron durante miles de años fuera de la
evolución cultural y, en poco tiempo, recuperaron los siglos
perdidos y, después de pocos años, se encuentran ahora en perfecta
igualdad con nosotros. Estaban atrasados culturalmente, pero tenían
la misma capacidad biológica. La evolución cultural no distingue
razas. Vale para todos.
Por ello, promover la teoría de la evolución biológica de la
especie humana al rango de teoría científica corroborada por
pruebas experimentales para poder negar la existencia de Dios, es
uno de los actos de mistificación cultural más graves que se han
cometido desde que nació la ciencia.
Los evolucionistas a ultranza dicen que los organismos simples
celulares existen desde hace 3.500 millones de años, y que los
organismos multicelulares existen desde hace unos setecientos
millones de años. Los vertebrados, desde hace unos 400 millones.
Los mamíferos, desde hace unos 200 millones de años. Los primates,
desde hace 70 millones de años. La familia de los simios, llamada
Dryopitecos desde hace 20 millones. De esta familia, habrían salido
los chimpancés, gorilas y orangutanes actuales. La otra cadena, que
debe llegar hasta nosotros, tiene anillos faltantes, desarrollos
milagrosos e inexplicables extinciones.
Llegados al homo sapiens neandertal, hace 100.000 años, con un
cerebro superior al nuestro, la teoría evolucionista habla de que
hace 40.000 años el homo sapiens neandertal se extingue de modo
inexplicable. Y aparece de modo totalmente inexplicable, hace 20.000
años el homo sapiens sapiens, es decir, nosotros. Pero una teoría
con eslabones perdidos y desapariciones imprevistas no es ciencia ni
teoría científica.
En 1912, los científicos celebraron el encuentro de lo que
estaban buscando: el eslabón perdido entre el orangután y el homo
sapiens. En unas canteras de piedra en el condado de Sussex, en
Inglaterra, junto al pueblo de Piltdown, se encontró la parte
superior de un cráneo con una capacidad cerebral superior a la de
un mono, pero inferior a la de un hombre moderno.
Todos los científicos del mundo, empezando por los
paleontólogos del Museo británico de Londres celebraron el
hallazgo. A los descubridores se les dio el título de barones de la
Corona inglesa y en el pueblo de Piltdown se erigió un monumento en
el lugar del hallazgo. Al final, resultó que todo había sido una
burda falsificación, pero esto se descubrió en 1953. Durante 40
años, todos los científicos habían creído en una verdad “científica”,
que era falsa. Y a ese supuesto ser mono-hombre le habían dado el
nombre de eoanthropus.
Al descubrirse la mentira, presentaron al hombre de neanderthal
como el eslabón perdido, a pesar de haberse descubierto que no es
un antepasado nuestro, como habían creído los científicos durante
un siglo y medio. Era solo un ejemplar de una especie extinguida de
mono antropomorfo. Actualmente, las teorías darwinistas están
puestas en tela de juicio por muchos científicos serios.
Como diría Isaac Bashevis Singer, que fue premio Nóbel de
literatura en 1978: Son muchos los pensadores que han atribuido al
ciego mecanismo de la evolución muchos más milagros que todos los
que le han sido atribuidos a Dios por todos los teólogos del mundo.
Juan Pablo II en 1986 decía: Desde el punto de vista de la
doctrina de la fe, no se ven dificultades para explicar el origen
del hombre en cuanto al cuerpo mediante la hipótesis del
evolucionismo. Es preciso, sin embargo, añadir que la hipótesis
propone solamente una probabilidad, no una certeza científica. En
cambio, la doctrina de la fe afirma de modo invariable que el alma
espiritual del hombre es creada directamente por Dios. O sea, es
posible, según la hipótesis mencionada, que el cuerpo humano,
siguiendo el orden impreso del Creador en las energías de la vida,
haya sido preparado gradualmente en las formas de seres vivientes
antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende en definitiva
la humanidad del hombre, siendo espiritual, no puede haber emergido
de la materia.
El mismo Papa en un mensaje a los miembros de la Academia
Pontificia de Ciencias, el 22 de octubre de 1966, les decía: Las
teorías de la evolución que consideran que el espíritu surge de
las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple
epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre
el hombre; estas teorías son incapaces de fundar la dignidad de la
persona humana. Al llegar al hombre, nos encontramos con una
diferencia de orden ontológico, ante un salto ontológico
podríamos decir: El momento del paso a lo espiritual no es objeto
de observación… Compete a la teología deducir el sentido del
hombre según los designios del Creador.
En resumen, podemos decir que la evolución puede ser
perfectamente conciliable con la religión. Sólo hay que reconocer
que Dios-creador fue el que puso en la materia esa fuerza vital para
que pudiera desarrollarse hasta dar lugar a la vida más primitiva
y, después, poco a poco, a seres vivientes más desarrollados hasta
llegar a un antropoide, del cual pudo servirse Dios para darle un
alma racional y así convertirlo en ser humano; no sólo por su
inteligencia, sino especialmente por su destino eterno, ya que Dios
lo elevó al orden sobrenatural y lo hizo hijo suyo, creado a su
imagen y semejanza. La fe católica puede aceptar la evolución con
tal de aceptar una intervención especial de Dios en la creación
del alma humana. De todos modos, la ciencia nunca podrá probar de
modo científico o experimental el paso del animal al ser humano.
EL MARXISMO
El materialismo marxista, denominado pretenciosamente “científico”,
niega la espiritualidad del alma humana como si estuviera
científicamente demostrado que sólo existe la materia. Pero las
ciencias experimentales no pueden demostrar las realidades
espirituales. Son dos campos totalmente diferentes. Sin embargo,
todavía hoy muchos marxistas o materialistas tratan de hablar de
cosas espirituales con criterios y métodos que sólo valen para la
ciencia experimental y no para las cosas espirituales. La ciencia
experimental sólo tiene relación con las realidades materiales.
Por tanto, la ciencia experimental no puede apoyar el materialismo,
como si sólo existiera la materia, porque no puede saber si existen
o no las cosas espirituales.
Desde la antigüedad hasta la época moderna, el materialismo ha
pretendido presentarse como doctrina científica, haciendo decir a
la ciencia mucho más de lo que realmente puede decir. Afirmar que
la materia es eterna y que el pensamiento y la conciencia humana son
puro resultado de combinaciones de la materia y que no existe nada
más que materia, no son ni podrán ser nunca conclusiones
científicas de ninguna ciencia experimental. Por eso, no tiene
sentido la pregunta de si la materia es eterna o no. Si todo es
fruto de combinaciones automáticas de la materia, ¿dónde queda la
libertad humana? Seríamos robots y todos actuaríamos de la misma
manera en las mismas circunstancias. Y eso no es cierto.
Carlos Ulises Moulines en su ensayo Por qué no soy materialista,
editado en 1977, afirma que quien dice que sólo existe la materia
está diciendo algo que solo una pequeña minoría de especialistas
sabe lo que es. La materia tiene una complejidad fabulosa, sólo
asequible a quienes son especialistas. Y nadie puede dar una
respuesta simple y definitiva sobre lo que es la materia. Ahora se
habla de protones, electrones, neutrinos, neutrones y antimateria…
¿Quién se atreve hoy a definir científicamente de una vez qué es
la materia y que todo se explica por la materia?
Algunos dicen que la materia es lo que se ve y se toca ¿Quién
ve y toca las ondas electromagnéticas, los campos gravitatorios,
los protones, neutrinos o cualquiera de otras partículas
elementales del átomo?
El materialismo sostiene que todo lo material es real y todo lo
real es materia, asegurando que no existe nada que no sea material,
pero ¿de dónde saca esta conclusión?
Mario Bunge publicó un libro Materialismo y ciencia en el que
enumera algunos problemas que los materialistas no han resuelto.
Entre ellos, la existencia del espíritu o del alma; la libertad
humana, que no puede ser fruto de reacciones fisicoquímicas; la
existencia de valores que guían nuestros actos; la naturaleza del
pensamiento o de los conceptos… Sir John Eccles, premio Nóbel de
medicina por sus trabajos acerca del cerebro, ha afirmado claramente
que el materialismo carece de base científica y que los
científicos que lo defienden están en realidad creyendo en una
superstición. Porque el materialismo lleva a negar la libertad y
los valores morales, ya que para ellos la conducta es resultado de
estímulos materiales.
Así pues, el marxismo y su ideología científica están en
antítesis con la ciencia y sus valores. El materialismo marxista es
totalmente anticientífico, porque nadie puede decir que no existen
las realidades espirituales, simplemente porque no las ha visto ni
observado experimentalmente. Los que hablan con triunfalismo de que
con el progreso científico desaparecerá la religión y habrá un
paraíso marxista terrenal están en un oscurantismo moderno
peligroso. Basta conocer algunos países donde ha triunfado el
comunismo para darnos cuenta por experiencia de que esos países
eran todo menos paraísos. Allí no había libertad, la gente estaba
triste, porque todos desconfiaban de todos, ya que todos podían ser
informantes. Además, el Estado comunista imponía el ateísmo como
religión de Estado sin libertad de opción. En este caso, el opio
era el comunismo y no la religión. Cristo, y no Marx, es el
verdadero liberador y el aliado de los pobres. Cristo, y no Marx, es
el que da esperanza a los pueblos.
Los “científicos” marxistas de la URSS sostenían que la fe
cristiana había tenido su origen en un movimiento de esclavos o
proletarios oprimidos que inventaron a Dios como un consuelo. Y
estos doctores marxistas publicaron, con e1dinero del pueblo,
estudios “científicos” sobre la insostenible teoría de que
Cristo nunca existió. Por otra parte, los nazis publicaron otros
muchos libros para confirmar “científicamente” que Cristo sí
había existido, pero que no era judío sino ario y que había
nacido del adulterio de María con un soldado romano, que era
germano.
En el museo del Instituto para el ateísmo científico de
Leningrado, había secciones para desacreditar la religión
cristiana con una serie de razones “científicas”. Ha sido el
mayor empeño mundial en destruir la religión; pero, al llegar la
libertad, tras la caída del muro de Berlín en 1989, comprobaron
que todo había sido un enorme fracaso y que los jóvenes rusos
estaban hambrientos de Dios. Los 70 años de educación atea no
habían dado lugar al superhombre, sino a hombres llenos de miedo
por la represión policial.
EL UNIVERSO
Veamos ahora el orden y la armonía del maravilloso universo en
que vivimos. La gran mayoría de físicos y cosmólogos han llegado
a la conclusión de que el universo empezó en un solo momento.
Ahora es comúnmente llamado el big bang. Los cálculos sugieren que
sucedió hace aproximadamente catorce mil millones de años. Unos
datos particularmente importantes sobre lo correcto de esta teoría
fueron proporcionados casi accidentalmente por Arno Penzias y Robert
Wilson en 1965, cuando detectaron lo que parecía un molesto fondo
de señales de microondas en todas las direcciones, en las que
apuntaban con su nuevo detector. Después de descartar todas las
demás posibles causas, Penzias y Wilson finalmente se dieron cuenta
de que ese ruido de fondo venía del universo mismo, que
representaba precisamente la clase de radiación que uno esperaría
encontrar como consecuencia del big bang y que surgía de la
aniquilación de la materia y la antimateria en los primeros
momentos del universo en explosión… Con base en estas y otras
observaciones, los físicos están de acuerdo en que el universo
empezó como un punto de energía pura, infinitamente denso y sin
dimensiones. Las leyes de la física se vienen abajo ante esta
circunstancia a la que se la conoce como “singularidad”.
Al menos, hasta la fecha, los científicos han sido incapaces de
interpretar los sucesos más inmediatos de la explosión que
tuvieron lugar en los primeros 1043 segundos (¡un décimo de un
millonésimo de millonésimo de millonésimo de millonésimo de
millonésimo de millonésimo de millonésimo de segundo!). Después
de eso, es posible hacer predicciones sobre los sucesos que tuvieron
que ocurrir en el universo actualmente observable, incluyendo la
aniquilación de la materia y la antimateria, la formación de
núcleos atómicos estables y, finalmente, la formación de átomos
primariamente de hidrogeno, deuterio y helio.
Si un segundo después del big bang, la velocidad de expansión
hubiera sido menor, incluso en un cien mil millonésimo de
millonésimo, el universo se hubiera vuelto a colapsar antes de que
hubiera podido alcanzar su tamaño actual.
Por otro lado, si la velocidad de expansión hubiera sido mayor
incluso en una millonésima parte, las estrellas y los planetas no
se hubieran podido formar. Si la atracción nuclear fuerte, que
mantiene juntos a protones y neutrones, hubiera sido incluso
ligeramente más débil, solamente se hubiera formado hidrogeno en
el universo. Si, por otro lado, la atracción nuclear fuerte hubiera
sido ligeramente más fuerte, todo el hidrogeno se habría
convertido en helio, en vez de ser el 25 por ciento, como ocurrió
casi al principio del big bang y, por lo tanto, los hornos de
fusión de las estrellas y su capacidad de generar elementos pesados
nunca hubieran nacido. Para hacer esta observación más notable,
parece que la fuerza nuclear está ajustada exactamente lo
suficiente para que se forme el carbono, que es crítico para las
formas de vida de la tierra. Si la atracción hubiera sido
ligeramente más fuerte, todo el carbono se hubiera convertido en
oxigeno.
Si la tierra hubiera estado más cerca del sol, nos moriríamos
de calor. Si estuviera más lejos, moriríamos de frío. Si la
tierra fuera tan pequeña como la luna, no habría la suficiente
fuerza de gravedad para retener el aire que es esencial para nuestra
vida. Si la tierra fuese más grande, nuestros músculos no podrían
vencer la fuerza de la gravedad.
Desde las órbitas infinitas de las estrellas hasta el pequeño
mundo del átomo, la naturaleza se rige por unas leyes de orden. Por
ejemplo, por cada cuatro partes de nitrógeno hay una parte de
oxígeno en la composición del aire. Otras mezclas serían
peligrosas... Los enormes océanos, con sus billones de seres
vivos, comenzarían a podrirse, si la sal no los preservara de la
corrupción. Para esto se requiere un 4 por ciento, más o menos, de
sal en el agua. Es la proporción que encontramos en los mares...
Dondequiera que se mire, reina un orden, que no ha podido ser creado
por simple azar.
El azar no explica nada. Dice el gran científico F. Hoyle que el
que la vida haya surgido por azar es menos probable que el que un
huracán reconstruya un Boeing 747 despiezado en una cacharrería.
Nosotros estamos hechos a partir de tres partículas
fundamentales: protón, neutrón y electrón. Y así cada cosa que
existe: el mar, el aire, una flor, una golondrina. Antonino
Zichichi, descubridor de la antimateria nuclear, dice hablando de la
física virtual: En una minúscula partícula de materia está
escrita la historia del mundo. De esta historia sólo sabemos una
pequeña parte. Pero todo está escrito allí. Por ejemplo la
longitud de un protón es una décima parte de millonésimo de mil
millonésimo de centímetro. Su masa es apenas ciento sesenta y
siete centésimas de millonésimo de mil millonésimo de mil
millonésimo de gramo. Quien esto escribe ha estudiado su
estructura. En el corazón de un protón están escritas las leyes
fundamentales de la naturaleza. Ninguno de nosotros puede decir por
qué el creador del mundo ha escogido este conjunto de leyes y ni
otras.
En cuanto a la longevidad de estas partículas fundamentales
(protón, neutrón y electrón) según afirman los científicos de
la física virtual, es de al menos cien mil por mil millones de
mil millones de mil millones de años. Esto quiere decir que la vida
del universo puede ser inmensamente larga desde nuestra perspectiva
humana. La vida del universo hasta ahora (quince mil millones de
años aproximadamente) con relación a la vida potencial de un
protón es como un pequeño pestañeo. Y todo esto Dios lo creó
para el hombre.
El universo está hecho de modo que pudiera surgir la vida. La
fuerza electromagnética es 137 veces más débil que la fuerza
nuclear. El protón con carga positiva pesa 1836 veces más que el
electrón con carga negativa de igual valor. Supongamos que el
electrón en lugar de ser 1836 veces más ligero que el protón
fuese 2.000 veces, no podría haber bioquímica adecuada para la
vida inteligente. Si en el universo hubiese 10 veces más masa de la
que hay, no podría haber vida inteligente. Si no hubiese dos
maneras distintas de relacionarse las cargas eléctricas sino una,
tampoco habría seres inteligentes en el planeta. Esto no lo dicen
los teólogos sino los cálculos hechos por los científicos. Parece
que el universo tiene una serie de propiedades que no tienen otra
justificación, sino llevar a que todo funcione para llegar a la
vida del ser humano inteligente, de acuerdo a un plan preconcebido.
Nosotros decimos que eso sólo se explica por un Dios creador.
Dice Jean Guitton: Cualesquiera que sean los parámetros
considerados, la conclusión es siempre la misma: si se modifica su
valor, por poco que sea, suprimimos cualquier posibilidad de
eclosión de la vida. Por eso, las constantes fundamentales, que han
permitido la aparición de la vida, parecen, pues, ajustadas con una
precisión maravillosa... Todo esto no hace sino confirmar mi
convicción: ni las galaxias ni sus miles de millones de estrellas,
ni los planetas y las formas de vida que albergan, son un accidente
o una simple fluctuación del azar. No hemos aparecido, así como
así, un buen día cualquiera, porque un par de dados cósmicos
hayan caído bien. Dejemos eso para quienes no quieren afrontar la
verdad de las cifras... La probabilidad matemática de que el
universo haya sido engendrado por azar es prácticamente nula.
REFLEXIONES DE JEAN GUITTON
¿Qué sucedió al principio de los tiempos y que dio origen a
todo lo que hoy existe, a esos árboles, a esas flores, a esos
transeúntes que andan por la calle? ¿Qué fuerza ha dotado al
universo de todo lo que existe?... Los objetos más familiares
pueden conducirnos hacia los enigmas más inquietantes. Por ejemplo,
esta llave de hierro que está sobre mi escritorio, delante de mí.
Si pudiera reconstruir la historia de sus átomos, ¿hasta dónde
tendría que remontarme?... El metal de mi llave es tan antiguo como
la misma Tierra, cuya edad es hoy estimada en cuatro mil quinientos
millones de años. ¿Significa esto el fin de nuestra
investigación? Intuyo que no. Seguramente es posible remontarse
aún más al pasado para encontrar el origen de la llave... Este
pequeño trozo de metal contiene toda la historia del universo, una
historia que comenzó hace miles de millones de años, antes de la
formación del sistema solar... El cerrajero que fabricó la llave
no sabía que la materia que martillaba había nacido en el
torbellino ardiente de una nube de hidrógeno primordial. Debemos
remontarnos hasta el origen del propio universo, para encontrarnos
así a quince mil millones (o veinte mil millones) de años atrás.
¿Qué pasó en ese momento? La física moderna nos dice que el
universo nació de una gigantesca explosión que provocó la
expansión de la materia. Todavía hoy podemos observarla; por
ejemplo, en las galaxias. Esas nubes constituidas por centenares de
miles de millones de estrellas, continúan alejándose unas de otras
por el empuje de esa explosión inicial...
A partir de ese momento, durante millones de años, el universo
será anegado por radiaciones y por un turbulento plasma de gas. Al
cabo de unos cien millones de años, en medio de inmensos
torbellinos de gas, se forman las primeras estrellas. En su seno se
van a fusionar los átomos de hidrógeno y de helio para dar origen
a los elementos pesados, que acabarán apareciendo mucho más tarde,
miles de millones de años después.
Estudiemos ahora la historia de la Tierra. Hace unos 5.000
millones de años que existe. Después de mil millones de años de
existencia, no había en ella más que inmensos desiertos de lava
fundida que vomitaban sin interrupción columnas de vapor y de gas a
varios kilómetros de altura. Poco a poco, esas nubes oscuras se
acumularon y formaron la primera atmósfera de la Tierra con gas
carbónico, amoníaco, óxido de carbono, nitrógeno e hidrógeno.
Pasaron millones de años. Lentamente, el calor comenzó a
decaer, la Tierra se fue apagando. En ese momento la lava tenía
forma de una pasta, tibia aún, sobre la que ya se podía nadar. El
primer continente acababa de nacer. Es entonces cuando ocurrió un
acontecimiento capital: las nubes, que giraban en el cielo, se
condensaron y la primera lluvia del mundo comenzó a caer. Durará
siglos. El agua invadió casi todo el planeta, rompió todas las
depresiones hasta que formó el océano primitivo. Durante
centenares de miles de años, olas gigantescas golpearán las rocas.
La Tierra, el cielo y las aguas, estaban todavía vacíos. Sin
embargo, las moléculas primitivas eran constantemente agitadas por
las monstruosas tormentas, que se desencadenaban, quebrantadas
incansablemente por la formidable radiación ultravioleta del sol.
En este estadio, surgió lo que parecía un milagro. En el corazón
de este caos, se juntaron y se combinaron algunas moléculas para
formar progresivamente estructuras estables, reflejo de un orden.
Ahora una veintena de aminoácidos existía en los océanos: Eran
los primeros ladrillos de la materia viva.
Y podemos preguntarnos: ¿Quién elaboró los planos de la
primera molécula de ADN, portadora del mensaje inicial, que
permitió reproducirse a la primera célula viva? La aventura de la
vida está ordenada por un principio organizador Superior, sin duda
alguna.
Dice Jean Guitton: La vida es la historia de un orden cada vez
más elevado y general. Porque, a medida que el universo vuelve a su
estado de equilibrio, se las arregla, a pesar de todo, para crear
estructuras cada vez más complejas... Ilya Prigogine, premio Nóbel
de química, declaró un día: Lo asombroso es que cada molécula
“sabe” lo que harán las otras moléculas simultáneamente y a
distancias macroscópicas. Nuestros experimentos muestran que las
moléculas se comunican. Todo el mundo acepta esta propiedad en los
sistemas vivos, pero es, por lo menos, inesperada en los sistemas
inertes.
Por eso, Francis Crick, premio Nóbel de biología por el
descubrimiento del ADN, dice: Un hombre honesto, que estuviera
provisto de todo el saber que hoy está a nuestro alcance, debería
afirmar que el origen de la vida parece actualmente provenir del
milagro, tantas condiciones es preciso reunir para establecerla.
Y el mismo Jean Guitton dice: El universo es un vasto
pensamiento. En cada partícula, átomo, molécula o célula de
materia, vive y obra, a espalda de todos, una omnipresencia. Esto
quiere decir que, en efecto, el universo tiene un eje, o mejor, un
sentido. Este sentido profundo se encuentra en su interior, bajo la
forma de una causa transcendente... Si veo un progreso constante de
la materia hacia estados más ordenados; si hay una evolución de
las especies, todo me lleva a pensar que en el fondo mismo del
universo, hay una causa de la armonía de las causas, una
inteligencia. La presencia de esta inteligencia en el corazón mismo
de la materia, me aparta para siempre de la concepción de un
universo que habría aparecido por azar, que habría producido la
vida por azar y la inteligencia también por azar...
Tomemos un caso concreto: una célula viva está compuesta de una
veintena de aminoácidos, que forman una cadena compacta. La
función de estos aminoácidos depende, a su vez, de alrededor de
2.000 encimas específicas. Siguiendo el razonamiento, los biólogos
han decidido que la probabilidad de que un millar de encimas
diferentes se unan ordenadamente para formar una célula viva (a lo
largo de una evolución de varios miles de millones de años) es del
orden de uno entre 101.000, que es tanto como decir que la
probabilidad es nula.
Otro ejemplo, para que la unión de nucleótidos conduzca por
azar a la elaboración de una molécula de ARN utilizable, es
necesario que la naturaleza multiplique a tientas los ensayos
durante al menos 1015 años, es decir, un tiempo cien mil veces más
largo que la edad total de nuestro universo...
Concluyo, diciendo que, al observar la pasmosa complejidad de la
vida, el universo es inteligente, es decir, una inteligencia
transcendente ordenó (en el mismo instante de la Creación) la
materia que ha dado origen a la vida.
DIOS EXISTE
Una de las conclusiones más ciertas y contundentes del estudio
de la armonía y perfección de tantas maravillas del universo, es
que Dios existe, pues el universo no ha podido ser creado por simple
azar o por una materia eterna, como dicen los marxistas.
El universo no es eterno, como lo demuestra claramente la teoría
del big bang. Está demostrado científicamente que todo surgió de
una primitiva explosión hace unos 15 ó 20 mil millones de años; y
el universo, todavía joven, está aún en período de expansión.
La expansión de las galaxias nos lleva a pensar que todas debieron
partir de un punto común. Por eso, la idea de que el universo
material se ha creado a sí mismo, parece absurda. Un solo átomo,
aun el más simple, es tan complicado y supone tal inteligencia que
un universo materialista carece de sentido. Hoy sabemos que ninguna
estrella puede brillar un tiempo infinito. Se le acabaría el
combustible. Un universo eterno es incompatible con la existencia de
procesos físicos irreversibles.
Otro argumento para demostrar que la materia no puede ser eterna
es la transformación de unos elementos radiactivos en otros. Si la
materia fuera eterna, ya no quedaría potasio-40, ni rubidio-87, ni
uranio-235, pues ya se habrían transformado totalmente. Si hoy
queda todavía en el mundo potasio y uranio radiactivos, es porque
todavía no han transcurrido los miles de años necesarios para que
se transformen en argón y plomo respectivamente. Se sabe que la
mitad del uranio, que contiene una roca, se transforma en plomo al
cabo de 4.000 millones de años.
El sol se está apagando. Su hidrógeno se convierte en helio a
un ritmo de 630 toneladas por segundo. Como conocemos su masa,
podemos calcular que la vida del sol es de cien mil millones de
años. Como ya lleva existiendo 5.000 millones de años, le quedan
todavía unos 95 mil millones de años.
Según Paul Davies, profesor de Matemáticas del Kings College de
Londres: El fin del Cosmos se calcula para dentro de cien mil
millones de años. La famosa ley de la entropía condena fatalmente
el universo a lo que se ha llamado su muerte térmica. Todos los
procesos del Cosmos se desarrollan en el sentido de que las
cantidades de energía libre o aprovechada van disminuyendo
continuamente. A esto se llama el proceso de degradación de la
energía o que cada vez hay menos energía disponible. La energía
total del universo permanece constante en cantidad, pero no en
calidad, pues va degradándose y no haciéndose disponible para más
transformaciones. Por eso, si no admitimos una acción continua de
algo o de alguien, fuera del universo, un día el universo será un
universo estático y muerto. Quizás sea dentro de billones de
años, pero el reloj de arena del universo se vacía lenta e
inexorablemente. Según el gran astrónomo Wulf, de la ley de la
entropía se sigue la consecuencia fatal de que el universo algún
día debe sucumbir por la muerte térmica.
Por eso, actualmente, ser ateo y rechazar que el universo tuvo un
comienzo debido a una causa exterior, es simplemente ser un
ignorante.
Antes, cuando en los siglos XVIII y XIX, ciencia y religión se
hallaban en conflicto, a los católicos les llamaban retrógrados,
ignorantes y oscurantistas. Ahora, por una curiosa ironía de los
tiempos, estos cariñosos adjetivos los podemos dirigir con mucha
mayor razón a los ateos recalcitrantes, que realmente dan muestras
de atraso e ignorancia, cuando se empeñan en seguir defendiendo la
eternidad de la materia a pesar de que la ciencia moderna, con
pruebas experimentales, nos indica claramente que la materia tiene
una edad y un principio en el existir.
Dice Jean Guitton: El mensaje más importante de la física
teórica de los últimos años, es haber sabido descubrir el origen
del universo: un océano de energía “infinita”. Y lo que los
físicos designan con el nombre de simetría perfecta, tiene otro
nombre para mí: enigmático, infinitamente misterioso, omnipotente,
originario, creador y perfecto. No me atrevo a nombrarlo, porque
cualquier nombre es imperfecto para designar al SER sin igual.
Nosotros lo llamamos DIOS.
ERRORES DE LA CIENCIA
Mucha gente habla de cosas que dicen estar científicamente
demostradas y, sin embargo, son totalmente falsas. Por eso, en la
elaboración de informes científicos y en la enseñanza y
divulgación de los mismos debe distinguirse muy bien entre lo que
son teoría o hipótesis de trabajo, que no están todavía
confirmadas plenamente, y lo que son datos ciertos y bien
confirmados; pues con demasiada frecuencia se toman por hechos
confirmados simples teorías que originan mentiras y confusión.
Además, a veces, los celos y envidias entre los científicos los
lleva a engañar a sus colegas para poder recibir títulos o quizás
contribuciones económicas que se conceden como premios a los
trabajos realizados. Entre los científicos, no es raro robar
conocimientos de otros y presentarlos como suyos. Veamos algunos
casos.
En 1968, la editorial norteamericana “Athenaeum” publicó “La
doble hélice”, un libro de James Watson donde contaba la historia
y el trasfondo del descubrimiento de la estructura del ADN por la
que había obtenido el premio Nóbel en 1962… Watson confesaba que
para alcanzar su objetivo y llegar antes que sus competidores al
descubrimiento de la estructura del ADN se había comportado como un
hombre dispuesto a todo. Había esperado, por ejemplo, que su
simpática hermana pudiese servir de señuelo romántico a fin de
poder ser admitido en el laboratorio de Maurice Wilkins. Había
aprovechado luego la amistad de Peter Pauling para espiar al padre
de éste, Linus, ya premio Nóbel y peligroso adversario.
Había logrado también obtener información acerca de lo que
estaban haciendo otros competidores a través de uno de los miembros
de la comisión que había examinado, en lo referente a la
financiación, su programa de investigación.
Watson presenta a sus colegas, sacando a la luz las mezquindades,
los defectos personales e incluso, en muchos casos, la estupidez…
En el informativo “Chicago Sunday Times” Richard Lewontin, un
famoso biólogo de Harvard, sostuvo: Watson ha contado la verdad
acerca de las motivaciones y el comportamiento de los científicos y
esto ciertamente no ha resultado positivo para su imagen pública.
El mito del científico objetivo, altruista, consumido hasta la
muerte por el fuego de la curiosidad, esclavo del deseo de conocer,
es un mito que, de alguna manera, ha sobrevivido al cinismo de
nuestro tiempo… La ciencia es una actividad competitiva y
agresiva, es la lucha del hombre contra otro hombre, en la que el
conocimiento es solamente un subproducto.
Actualmente, el científico es un profesional al servicio de una
empresa. Si no descubre nada, desilusiona a quien le paga y puede
ser despedido. Si trabaja para el Estado, debe trabajar en lo que le
piden y no en sus deseos. La ciencia hace tiempo se ha convertido en
una profesión muy unida a la sociedad, a la política y a la
industria por fuertes lazos económicos. Junto con el sueldo, el
científico ha creado obligaciones con sus empleadores, que no
tienen interés en pagarle por descubrimientos que no le han sido
ordenados. Los descubrimientos deben hacerse de acuerdo a lo
programado, aunque sea para mejorar armas atómicas. El empleador,
que puede ser el Estado, da los fondos para establecer qué debe
estudiarse y con qué medios. De ahí que sea para los científicos
muy importante conseguir una buena financiación para sus programas
de investigación. Y muchos científicos de países pobres tienen
que emigrar a países ricos para poder estudiar en grandes y bien
equipados laboratorios que no pueden conseguir en sus propios
países.
Ahora, alrededor de la investigación científica gira una
maquinaria burocrática que tiene el poder de decidir a quién se
debe financiar, cómo y con cuánto, para que el dinero se gaste en
algo útil para el Estado o la empresa. Esto supone una red de
influencias que lleva a muchos científicos mediocres a recibir
igual o mucho más dinero que otros colegas que, desde el es punto
de vista profesional, son mucho más capaces.
Esto ocasiona también que para garantizar las financiaciones y
la fama personal se publiquen descubrimientos falsos. De ahí que,
con frecuencia, aparecen en la prensa o en revistas especializadas
los fraudes de tal o cual científico.
Fraudes
De todas las estafas científicas y médicas, las más
reprobables son, sin duda, las cometidas por los investigadores que
trabajan a fin de comprender y posiblemente curar las enfermedades
graves. Como el creador del suero Bonifacio en Italia o Antonio
Priore en Francia.
Marc Straus era un médico simpático y muy activo, especializado
en la investigación del cáncer de pulmón. Había publicado 40
artículos y un libro, y había organizado, en los alrededores de
Boston, seis instituciones entre clínicas y hospitales para curar
el cáncer. Comenzaba a pensar en la posibilidad de obtener un
premio Nóbel, cuando todo se desmoronó. En otoño de 1978, algunas
personas que trabajaban en su equipo, dos jóvenes médicos y tres
enfermeras, lo denunciaron por haber falsificado repetidas veces
muchos informes acerca de su actividad.
Las falsificaciones iban desde la simple modificación de la
fecha de nacimiento de un paciente hasta la referencia a
tratamientos y estudios de laboratorio, que en realidad nunca se
habían realizado, y a diagnósticos falsos de tumor… Los miembros
del equipo dijeron que esto había ocurrido debido al miedo a que la
disminución del número de pacientes provocara una reducción en
las financiaciones.
Otro caso más grave fue el ocurrido en la primavera de 1981. Se
anunció al mundo que el profesor Efraim Racker y su ayudante Mark
Spector habían descubierto las causas del cáncer. Los científicos
más importantes de esta área, incluidos los premios Nóbel David
Baltimore y Robert Gallo, manifestaron de inmediato todo su aprecio
e interés por la nueva teoría, mientras los protagonistas del
descubrimiento ya eran señalados como los próximos ganadores del
Nóbel. Racker ilustró la nueva teoría durante una conferencia de
los National Institutes of Health. Los detalles de la teoría se
explicaban en un artículo aparecido en la revista Science en julio
de 1981. Pero el entusiasmo del mundo científico duró poco. En
setiembre de ese año, en la misma revista, apareció una
desmentida. Se decía que los datos en que se apoyaba no eran
correctos. Lo que el artículo no explicaba era que tales datos eran
fruto de una hábil falsificación de Spector, el ayudante de
Racker.
En el campo médico, el fraude científico se manifiesta ante
todo en los casos clínicos inflados. Los médicos declaran tanto en
Congresos como en artículos haber operado o curado muchas más
personas de las que han tratado en la realidad... Muchos
laboratorios farmacéuticos utilizan estos casos clínicos para
convalidar, por ejemplo, la conveniencia de determinados tipos de
intervenciones quirúrgicas o el uso de determinados fármacos. Si
un cirujano sostiene que ha operado a 800 personas con una nueva
clase de intervención, con un índice de mortalidad muy bajo, los
otros médicos, se verán obligados a creerle y a utilizar la misma
intervención, cuya seguridad se apoya, en una lista de casos
inventados...
Un caso emblemático es el del cardiólogo Wilber Aronow.
Investigadores de la FDA (Food and drug administration;
Administración para los alimentos y fármacos) de USA, durante una
visita de rutina, fueron a controlar sus datos relativos a un
fármaco a base de prazosin que el laboratorio Pfizer pensaba
comercializar con el fin de prevenir ataques cardíacos.
En realidad, el fármaco se vendía ya como antidepresivo, pero
los resultados de las pruebas de Aronow demostraban de forma
inequívoca que tenían también un efecto preventivo y curativo del
ataque cardiaco. Los datos eran tan seguros e inequívocos que el
día anterior a la visita de los dos funcionarios de la FDA al
hospital, Aronow llamó a Marion Finkel, vicedirector de la oficina,
encargado de aprobar los nuevos fármacos, y confesó
espontáneamente que eran falsos y que además había presentado
datos trucados en el caso de otro fármaco… En total, se
descubrió que Aronow había falsificado entre 1974 y 1978 los datos
de las pruebas de cuatro fármacos.
Hay muchos casos de laboratorios que no efectúan las pruebas o
bien lo hacen en parte, y declaran a las empresas farmacéuticas lo
que éstas quieren escuchar, es decir, que los fármacos que
producen no sólo son seguros, porque carecen de contraindicaciones,
sino también eficaces. Uno de los mayores escándalos de este tipo
involucró a uno de los más prestigiosos laboratorios privados
norteamericanos, encargado de controlar la calidad de los fármacos,
la industrial Bio-test, de Northbrook, Illinois.
El 13 de abril de 1976, el presidente de la sociedad, Joseph
Calandra, el director general Moreno Keplinger y dos investigadores
comparecieron ante el tribunal de Chicago, acusados de falsificar
datos relativos a las pruebas alrededor de 300 sustancias, entre las
que se encontraban 200 pesticidas y varios fármacos... El proceso
estuvo acompañado por una serie de escándalos a los que la prensa
otorgó un gran espacio, tanto por la importancia del laboratorio
involucrado como por la cantidad de sustancias incriminadas y por
los daños económicos provocados a varias sociedades farmacéuticas
que se vieron obligadas a someter a prueba nuevamente fármacos y
aditivos, cuya inocuidad había sido confirmada por la IBT.
Un caso muy sonado fue el de los rayos N, descubiertos en 1903
por René Blondot, observados por 40 científicos y analizados por
otros 100 científicos en casi 300 artículos entre 1903 y 1906,
antes de que se reconociera en forma oficial que jamás habían
existido. Al igual que ocurrió en el caso auténtico de los rayos
X, se “descubrieron” efectos fisiológicos potencialmente muy
importantes para la medicina. Pero todo eso era falso.
Un caso de suicidio es el de Isidro Ballart, un investigador
sudamericano que trabajaba en el Instituto de biología molecular de
la universidad de Zurich. Fue encontrado muerto el 20 de marzo de
1991. El grupo de investigación al que pertenecía Ballar y que
estaba dirigido por Martin Billeter, había anunciado en 1990 que
había logrado producir el virus del sarampión, inyectando en
células humanas, conservadas en cultivo, segmentos de ADN
complementario producido por el genoma del ARN del virus. Mediante
técnica de ingeniería genética se habían producido algunos virus
del sarampión y, particularmente, los genes mutantes asociados con
una enfermedad muy grave del sistema nervioso central, que ataca,
aunque en un porcentaje muy bajo a quien contrae el sarampión. Al
mismo tiempo, se abría la posibilidad de crear vacunas contra el
sarampión con técnicas de ingeniería genética.
Pero se trataba de un sueño. El responsable de la parte más
importante del experimento, la microinyección del ADN
complementario en los cultivos de células humanas era Ballart,
cuyos resultados nadie había controlado en forma directa y que
habían sido falsificados.
Estos casos mencionados y otros muchísimos más, que se dan
frecuentemente, nos deben llevar a tomar con precaución lo que se
dice que está científicamente comprobado. Irving Langmuir ha
hablado de la ciencia patológica hablando de los abundantes errores
científicos producidos por los intereses personales de algunos de
ellos que, por orgullo o egoísmo, quieren sobresalir sin haber
realizado las pruebas experimentales convincentes que dicen tener.
En España, en Orce (Granada), fue descubierta una mandíbula a
mediados de los años ochenta. La presentaron como un gran
descubrimiento científico, como si fuera el primer homínido
europeo, pero parece que no era tal. Hay que ser precavidos con lo
que se llama ciencia o científico.
Algunos hablan de ciencia basura, al referirse a algunos
científicos que utilizan su nombre y su experiencia para engañar a
otros. Y esto es una seudociencia que hace daño; sobre todo, cuando
se trata de productos, farmacéuticos o no, en los que está en
juego la salud de las personas.
En Rusia, el científico Lusenko, agrónomo, hizo programas de
cultivo de cereales en condiciones extremas. Fiados en su prestigio
científico, los políticos confiaron en él, lo que llevó a
costosos y desastrosos resultados. La investigación biológica rusa
quedó atrasada, al menos, un decenio en los años treinta y produjo
importantes problemas de abastecimiento de alimentos que llevó al
hambre a miles de personas.
Ejemplos de seudociencia
Hoy se promueven medicinas alternativas, con productos basados en
magnetismo, vibraciones o sustancias varias que lo “curan” todo.
Se habla de fuerzas ocultas, desconocidas por la ciencia oficial,
que pueden curar y defendernos de los peligros. Y se venden a los
incautos objetos supersticiosos de pulseras metálicas, de ámbar o
de cuarzo, talismanes para la buena suerte, anillos, collares o
cristales que dicen proteger de poderes malignos y traen fortuna. Y
esta seudociencia supersticiosa es avalada por los medios de
comunicación y la propaganda de quienes tienen intereses
económicos en juego.
Otras alternativas a la ciencia institucional, incluyen misterios
de diversas culturas como la pirámide de Egipto, centros de
energía en Nazca o Machu Pichu en Perú, sanaciones quirúrgicas
sin cortes ni derramamiento de sangre, realizadas por curanderos de
Brasil o Filipinas…
También está muy difundida la superstición astrológica a
través de la adivinación por medio del espiritismo, tarot, hojas
de té, de la lectura de las manos y de otras mil maneras, que
rebajan lo racional al nivel de gestos mágicos o de la imaginación
de los magos.
En el plano estrictamente científico, los periodistas tratan
frecuentemente de dar noticias impactantes y para ello tratan de
exagerar las consecuencias de las conjunciones planetarias, de los
meteoritos, de los cometas, etc. Tema frecuente para la seudociencia
es la supuesta incompatibilidad entre la ciencia y la religión,
especialmente la fe cristiana. No se perdona que presente verdades
inmutables recibidas de Dios en este mundo relativista, donde todo
es relativo. La vaciedad intelectual parece ser sinónimo de
apertura mental, como si todas las opiniones, aun las más
descabelladas, tuvieran el mismo valor.
Todo lo relativo a la sexualidad, al aborto o a la eutanasia se
promueve con una pretendida objetividad científica. Se habla de
manipulación genética, bebés probeta o experimentos de
clonación, etc., como si el hecho de decir que se hacen con fines
científicos, pudiera justificar cualquier afrenta a la dignidad
humana.
Hasta las noticias, estrictamente científicas en el campo de la
Astronomía, se utilizan para rebajar la autoestima humana, dando
por supuesto (en contra de la verdadera ciencia) que el universo
está lleno de vida inteligente superior a la terrestre e
insistiendo en la hipótesis, descartada por los datos actuales, de
que el universo es eterno, infinito, quizás cíclico o, al menos,
sin sentido ni razón de ser.
Últimamente ya se empieza a hablar de los derechos de los
animales superiores. El 11 de abril del 2006, el Congreso de los
diputados de España proponía al Gobierno adherirse al Proyecto
gran simio, ideado por los animalistas Peter Singer y Paola
Cavalieri, para promover la igualdad de trato jurídico a todos los
integrantes de la Comunidad de los iguales, integrada por simios y
personas humanas, como si tuvieran los mismos derechos. Y todo esto
lleva a querer implantar una sociedad utópica, donde sólo se hable
de los derechos de los más fuertes o más desarrollados, sin
limitaciones éticas o racionales.
Para muchos seudocientíficos actuales como Peter Singer, todos
los animales son iguales. En 1992 escribió el libro Liberación
animal para luchar contra la discriminación de los animales. En su
obra principal Rethinking life and death (Repensando la vida y la
muerte), afirma que matar bebés no siempre es malo. Y habla de que
los niños no nacidos o recién nacidos, por carecer de consciencia,
tienen menos derecho a vivir que un gorila adulto. Un niño enfermo
o disminuido tiene, según él, menos derecho a vivir que un animal
adulto y sano. Por eso, según su opinión, debería ser normal
eliminar a todos los seres humanos deficientes.
Mucha seudociencia es difundida por los medios de comunicación,
revistas, periódicos, internet, televisión, etc. Muchas de las
cosas propuestas como científicas, solamente responden a grandes
empresas que se benefician de la venta de ciertos productos
farmacéuticos o de consumo.
Por eso, debería haber un control estatal con la prohibición de
engañar o perjudicar al público con anuncios de productos
curativos, que no están respaldados por pruebas de laboratorio
debidamente controlados o por teorías que no son propiamente
científicas, aunque se presenten como tales.
Homosexualidad
Otro grave error, que ha traído gravísimas consecuencias, es la
consideración de la homosexualidad como algo normal. Hasta 1973 la
DSM (Diagnostic and statical Manual of mental disorder; Manual de
diagnóstico de desórdenes mentales) de Estados Unidos, incluía a
la homosexualidad entre los desórdenes mentales. Pero ese año fue
extraída de la lista en medio de mucha controversia. El activista
homosexual Ronald Bayer dijo que tuvieron que presionar a la
Asociación siquiátrica americana para que quitaran a la
homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Hasta ese año,
los homosexuales consideraban a la siquiatría como su enemiga
número uno.
Hacia el año setenta, homosexuales militantes irrumpían en los
Congresos de la APA (Asociación americana de siquiatras), retiraban
paneles científicos sobre el tratamiento de personas con
sentimientos homosexuales y lanzaban acusaciones de crueldad con
amenazas personales a siquiatras prominentes. Este movimiento
provocó la formación de un panel de expertos (task force),
dirigido por el doctor Socarides y, a los dos años de constituirse,
concluyeron que la homosexualidad debía considerarse como un
trastorno del desarrollo sicosexual.
En 1972, se constituyó otro panel de expertos dirigido por el
doctor Spitzer que apoyó las solicitudes a favor de un referéndum
en la APA para zanjar el tema. Se organizó una votación en el seno
de la APA, de unos 30.000 miembros en esa época, en medio de
presiones de los activistas homosexuales, que incluso financiaron
cartas pidiendo el voto favorable.
En esta votación participaron solamente el 25% (7.500) de los
miembros de la APA y el resultado fue que aproximadamente el 60%
(1.500) estaba a favor de eliminar la homosexualidad del Manual de
diagnóstico. Y así se decidió. En 1977, se realizó una encuesta
aleatoria a 10.000 miembros de la APA y resultó que el 69% (6.900)
afirmaba que la homosexualidad suele ser más bien una adaptación
patológica que una variación normal. Y se concluyó, diciendo que
el estudio anterior fue fruto de consideraciones políticas y
sociales más que científicas. Pero ya era demasiado tarde.
Probablemente, no exista otro ejemplo en la historia de la
medicina donde se decida sobre la declaración o no de un fenómeno
como enfermedad por votación simple y sin criterios científicos
claramente comprobados.
A partir de ese momento, en que fue eliminada la homosexualidad
como enfermedad, no hay reunión o Congreso, en que los militantes
gays no digan que está científicamente demostrado que no es una
enfermedad y que esta inclinación es totalmente normal. Incluso, en
l986, lograron otro triunfo, al conseguir que se excluyera la
pedofilia de la lista de trastornos sicológicos.
Pero ¿es realmente científico decir que la homosexualidad es
normal, de origen genético y que uno nace así y no puede cambiar?
¿Cómo, entonces, dos gemelos idénticos pueden tener inclinaciones
sexuales diferentes?
¿Cómo hay miles de homosexuales que fueron activos durante
mucho tiempo y pudieron sanarse y fundar verdaderos matrimonios con
hijos? ¿Es normal que las parejas homosexuales sean infieles en un
95% y que las fieles no permanezcan unidas más de cinco años?
¿Por qué los varones homosexuales son seis veces más propensos a
suicidarse qué los varones heterosexuales? ¿Por qué en los
heterosexuales hay un 3% de intentos de suicidio, mientras que en
adultos homosexuales es un 18%? ¿Por qué el 60% de homosexuales
han recurrido alguna vez a sicólogos o siquiatras? ¿Por qué el
78% de homosexuales han sido afectados alguna vez por una enfermedad
de transmisión sexual?
¿Por qué la práctica homosexual reduce la esperanza de vida
hasta en 20 años? ¿Por qué según estadísticas del gobierno
norteamericano de 1992, entre el 17% y el 24% de chicos menores de
18 años habían sido víctimas de abusos por parte de homosexuales,
comparado con el 0.09% de chicas abusadas por heterosexuales? Hay
aquí una diferencia enorme con relación a este problema de la
pederastia. De ahí que lucharon y obtuvieron en 1986, el triunfo de
que la pedofilia no fuera considerada como enfermedad sicológica en
Estados Unidos.
Matt Foreman, director ejecutivo saliente de la National gay and
lesbian task force (NGLTF), una de las organizaciones homosexuales
más influyentes, dijo en una conferencia el 15 de febrero de 2008
que la conducta homosexual es la principal causa del virus del sida.
El 70 % de los que tienen sida en Estados Unidos son homosexuales o
bisexuales. Y ahora se está extendiendo otra nueva mutación mortal
del virus del sida, el estafilococo dorado, que ha aparecido entre
los homosexuales.
¿Es realmente una verdad científica que la homosexualidad es
algo normal? ¿Basada solamente en una encuesta aprobada por 4.500
siquiatras entre 30.000? ¿Así pueden exigir tener los mismos
derechos que los heterosexuales para casarse y adoptar niños?.
Astrología
Otro punto a tratar podría ser el de la astrología, que todos
los magos, astrólogos, chamanes y otros muchos consideran que es
algo científico, porque se basa en el estudio de las estrellas y su
influencia sobre los seres humanos. Según la astrología, cada
hombre está ligado desde el nacimiento a un signo del zodíaco.
Pero el signo del zodíaco es fruto de la fantasía más elemental.
Dice el gran científico Antonino Zichichi: Si observo el cielo y
escojo un par de estrellas que brillan a través de aquellos puntos,
es posible diseñar un león, un toro o cualquier otra cosa. Y dicen
que, si uno nace bajo el signo del león o de la balanza, aquel
signo lo lleva detrás toda la vida. Por eso, hay gente que todos
los días lee los mensajes de las revistas o periódicos para ver
las previsiones de la astrología para su casa.
Hiparco, que inventó los signos del zodíaco, vivió 200 años
antes de Cristo hace 2.200 años. Pensar que un signo del zodíaco
pueda tener influencia sobre mi vida está privado de toda
credibilidad científica. Imaginemos que podamos viajar en una nave
a una altísima velocidad con el fin de ver de cerca aquellos puntos
luminosos que hemos relacionado con la figura de un león. Esos
puntos no están en el mismo plano, sino a profundidades diversas.
Y, si tuviesen la figura de un león, ¿en qué sentido podrían
influir en nuestra vida? La ciencia responde a través de las
fuerzas fundamentales de la naturaleza, pero estas fuerzas influyen
más desde la estrella más cercana. Una estrella o estrellas que
forman una figura supuesta en el universo, ¿qué son? Estrellas,
materia, ni solida ni líquida ni gaseosa, es una materia que se
llama plasma. El plasma alimenta el fuego de fusión nuclear en la
parte interna de la estrella y transmite su energía a la
superficie, empleando millones de años. Y gracias a esta energía
recibida de la parte interna de las estrellas, brillan a nuestros
ojos.
No hay ninguna fuerza fundamental de la naturaleza que pueda
llevarnos a creer que aquellos hornos nucleares puedan influir de
alguna manera en nuestra existencia.
Además, el signo del zodíaco se refiere al día y al mes que
uno nace. Pero los signos del zodíaco cambian cada 2.200 años,
pasando de un signo del zodíaco al precedente. Esto quiere decir
que, cuando la tierra ha recorrido un giro alrededor del sol, la
inclinación correspondiente al mismo punto en la órbita cambia un
catorce millonésimo de grado. Por eso, los que creen en el
horóscopo deberían saber que el signo del zodíaco que les
corresponde no es aquel del que todos hablan sino el correspondiente
a dos signos anteriores. Por ejemplo, el que cree ser del león,
sepa que es de los gemelos. Y así los otros.
Sábana santa
Otro gravísimo error fue el cometido por los tres laboratorios
que en 1988 estudiaron unos trozos de tela de la sábana santa de
Turín y determinaron que correspondían a los años comprendidos
entre 1260 y 1390, es decir, que no podía ser la sábana de Cristo
y, por tanto, era una falsificación. Los tres laboratorios que
hicieron la misma prueba del carbono 14 eran el de Zurich (Suiza),
Oxford (Inglaterra) y Tucson (Estados Unidos).
En ese momento, todos los medios de comunicación del mundo
dieron la noticia, afirmando que científicamente se había
demostrado que la sábana santa era falsa y que una vez más se
descubría que la Iglesia católica fomentaba las supersticiones.
Incluso, actualmente, la mayor parte de la gente cree que el tema ya
está concluido y que no hay nada más que hablar.
Pero comencemos por decir que los mismos laboratorios, al dar su
informe decían que había un 95% de probabilidades de que sus datos
fueran ciertos. No descartaban un margen del 5% de equivocación. Y
¿puede algo ser tomado por científicamente seguro, cuando hay un
margen de 5% de duda? Los tres laboratorios hicieron la misma prueba
y se comunicaron entre sí en contra de lo pactado. Además se
filtró la noticia a los medios de comunicación antes de informar
al cardenal Ballestrero de Turín en contra de lo establecido. Los
periódicos en grandes titulares daban la noticia: Comprobado, es
una falsificación.
Sin embargo, las cosas no eran así de simples. El mismo inventor
del método del carbono 14 Willard Frank Libby (1908-1980) ya había
dicho años antes que ese método no servía para aplicarse a la
sábana santa. El doctor Gove, coinventor de la variante AMS
(Accelerator mass spectrometer) del método de carbono 14, que fue
la que usaron los laboratorios, escribió al Papa para aconsejarle
que no hiciera la prueba, porque debían tener en cuenta muchos
factores, ya que de otro modo, los resultados serían falsos.
Eso es lo que sucedió. No tuvieron en cuenta que la sábana
santa había sido contaminada a lo largo de los siglos, porque
había sido expuesta al ambiente durante mucho tiempo en las
ostensiones públicas. Además, había sufrido tres incendios, que
alteraban los datos del carbono 14.
El gran experto ruso en radiodatación Dimitri Kouznetzov
demostró que los tejidos de lino, como el de la sábana santa,
sometidos a altas temperaturas, dan un rejuvenecimiento del
radiocarbono del tejido. Para confirmar su teoría envió a los tres
laboratorios citados una tela de lino del siglo I procedente de
Palestina. Los resultados dieron que su edad era entre el año 100
a.C. al 100 d.C. Ese mismo trozo de tela lo metió en un cofre de
plata y reprodujo las condiciones del incendio de Chambery de 1532
y, al hacer la nueva datación, los mismos laboratorios contestaron
que era un tejido del siglo XIV. La misma respuesta que la sábana
santa.
Por otra parte, el doctor Garza-Valdés, microbiólogo de la
universidad de san Antonio, Texas, descubrió la presencia de
microorganismos vivientes como la lichenothelia, que puede cambiar
los datos del carbono 14. Este doctor experimentó con una momia
egipcia en la que las vendas resultaban 800 años más jóvenes que
los huesos. Limpió las vendas con una enzima especial, que elimina
los productos bacterianos y los hongos, y la nueva datación de las
vendas concordó con la de los huesos. Según él, la limpieza que
hicieron los otros tres laboratorios no fue buena contra los hongos
y bacterias. Y así lo reconoció uno de los científicos que
hicieron las pruebas en un documental del Discovery Chanel por
televisión.
Por otra parte, hay pruebas escritas, encontradas en 1993 por
Gino Zaninotto en los archivos del Vaticano, de un manuscrito griego
de un sermón del archidiácono Gregorio de la basílica de santa
Sofía de Constantinopla, del 16 de agosto del año 944, con
ocasión de la llegada de la sábana santa de Edessa a
Constantinopla. A partir de esa fecha, todos los 16 de agosto se
celebraba en Constantinopla la fiesta de la llegada de la sábana
santa. Se sabe con certeza que fue robada en el saqueo de
Constantinopla por los cruzados de la IV cruzada y de ahí llegó a
Europa.
El científico americano Rogers, especialista en química
explosiva, analizó las huellas destructivas del incendio de
Chambery de 1532 y calculó que la temperatura dentro de la urna
debió llegar a los 900 grados, punto de fusión de la plata, pues
algunas gotas de plata cayeron en la urna y perforaron algunos
puntos de la sábana santa. Pero ¿por qué no se destruyó
totalmente el tejido con esa temperatura?
En 1978, un grupo de 32 científicos del grupo norteamericano
STURP (Shroud of Turin Research Project: Proyecto de investigación
sobre la sábana santa de Turín) la estudiaron y sacaron más de
5.000 fotografías con rayos infrarrojos y ultravioleta, con
ampliación computarizada. Hicieron análisis espectrales, análisis
matemáticos de la imagen, pruebas de absorción atómica con
espectroscopio, espectrofotometría visible y con infrarrojos,
estudios de física radioactiva, cromatografía, fluorescencia y
estudios con rayos X. Todo estudiado por los mejores especialistas;
y concluyeron unánimemente que la sábana santa era auténtica y
que un posible falsificador debería haber conocido todos las
disciplinas antedichas y otras más, cosa imposible en el siglo XIV.
Otra prueba importantísima fue el descubrimiento en 1979 por el
padre Francis Filas de una moneda sobre el ojo derecho del
crucificado. Se trata de una moneda dilepton lituus del año 29
después de Cristo. En 1996, el doctor Baima Bollone y el doctor
Balossino encontraron también en el ojo izquierdo huellas de otra
moneda, un lepton simpulum, acuñada por Pilatos en esa época.
Otra prueba también decisiva es el estudio del polen. Max Frei
polinólogo famoso encontró en la sábana santa polen de plantas
que sólo florecieron en Palestina y, concretamente, en la región
alrededor de Jerusalén hace 2.000 años y que ya han desaparecido.
Son plantas que florecen entre febrero y mayo, dándonos idea del
tiempo en que fue sepultado el crucificado. Max Frei tuvo que
trasladarse a Palestina para encontrar esas plantas ya extinguidas y
que no figuraban en los libros de botánica. Examinando el lodo del
mar Muerto y el fondo del lago de Gensaret, descubrió abundante
polen de esas plantas, confirmando así la existencia de la sábana
santa hace dos mil años en Palestina y, concretamente, en la
región de Jerusalén.
Pero algo que ha dejado atónitos a muchos científicos es que el
hombre de la sábana santa tiene grabada su imagen en negativo. Por
eso, al hacerse la primera fotografía en 1898 por Secondo Pia,
apareció el hombre de la sábana en positivo con toda su majestad.
Sin embargo, hay algo mucho más sensacional; esta imagen es
tridimensional. Está grabada, como chamuscada, en relación inversa
a la distancia entre el cuerpo y el tejido. Una fuerza desconocida
produjo con carácter instantáneo, una transformación
físico-química del cadáver que lo convirtió en una radiación
lumínico-térmica, que dejó esas inexplicables huellas en el
lienzo que lo envolvía. Y lo hizo con una sensibilidad tan fina que
el aparato VP-8 fue capaz de apreciar dos discos de unos tres
milímetros de grosor y con unas letras grabadas en los mismos,
correspondientes a dos monedas en los ojos del hombre de la sábana.
El padre Loring afirma: La radiación que duró dos milésimas de
segundo, quemó el tejido, penetrando en el hilo de lino tres
milésimas de milímetro. El blanco y el negro de cada punto de la
sábana dependen de la distancia de la tela a la piel. En el momento
de la radiación, lo que estaba más cerca, quedó más quemado y,
por lo tanto, más oscuro como ocurre por ejemplo en la nariz. Por
el contrario, aquello que estaba más lejos, quedó menos quemado,
más claro, como la cuenca de los ojos.
Los científicos norteamericanos Jackson y Jumper con un
ordenador hicieron una imagen tridimensional del hombre de la
sábana. El doctor Tamburelli, italiano, director de comunicaciones
electrónicas de la universidad de Turín, junto con un grupo de
técnicos del Instituto italiano de investigaciones científicas,
con una técnica similar a la de los norteamericanos, logró
eliminar algunas deformaciones y consiguió una imagen mucho más
natural. Por todo esto, podemos preguntar: Si la sábana santa no es
auténtica, ¿quién puede explicar que se grabara en negativo antes
de inventarse la fotografía? Es el único lienzo del mundo con una
imagen en negativo de la totalidad de un cuerpo humano. ¿Por qué
es la única fotografía humana con imágenes tridimensionales
perfectas? ¿Por qué el cadáver cubierto con el lienzo, emitió en
un instante una energía capaz de chamuscar e imprimir la imagen de
modo tridimensional? ¿Por qué se imprimieron en los ojos del
crucificado las dos monedas romanas del siglo I?
¿Por qué se ha encontrado polen de plantas que sólo existieron
en la zona de Jerusalén hace dos mil años y ya han desaparecido?
¿Por qué las huellas de la imagen no se destruyeron después del
baño total de agua hirviendo y de un fuego de más de 900 grados
que hasta derritió la plata de la urna en el incendio de Chambery
de 1532?
En conclusión, podemos decir que, si hay una prueba en contra
como la de los tres laboratorios, hay cientos de pruebas durante
más de 100 años hechas por cientos de científicos que prueban la
autenticidad de la sábana santa ¿Acaso esos científicos son menos
importantes que los otros? ¿Acaso una prueba vale más que cientos?
Los sindonólogos (estudiosos de la sábana santa) han concluido
que la sábana santa, no solo es del siglo I, sino que es la que
envolvió el cuerpo de Jesús. Algunos investigadores, como
Stevenson y Habernas estudiando todos los detalles de la pasión
según los Evangelios y los detalles exactos de la sábana santa han
dicho que la posibilidad de que el hombre de la sábana santa no sea
Jesús, es de una contra 85 mil millones. Bruno Barberis y Tino
Zeuli hablan de una contra 200 mil millones. La profesora Emanuela
Marinelli y el profesor Fanti hablan de que las probabilidades de
que no sea Jesús son como si en una ruleta saliera 154 veces
seguidas el mismo número. Por lo cual, ¿es científico creer que
la sábana santa es una falsificación del siglo XIV o lo es creer
que es autentica? Que cada uno responda y no tome por científico lo
que no es.
Control de natalidad
Nunca hubo discrepancias entre la comunidad científica y la
médica en cuanto a que la vida comenzaba en el momento de la
concepción o fecundación. En 1946, la asociación médica mundial
hizo una declaración oficial, reconociendo que la vida humana
empieza con la fecundación. Pero, por motivos no científicos, sino
políticos y económicos, el año 1964 la OMS (Organización Mundial
de la Salud), organismo de las Naciones Unidas, determinó que el
embarazo comienza con la implantación del óvulo fecundado en el
útero ¿Por qué? Porque las grandes industrias internacionales de
anticonceptivos empezaban a tener problemas, porque se hablaba de
que los anticonceptivos eran abortivos y tuvieron que recurrir a
decir que sólo existía aborto después de la implantación, pues
antes no había un ser humano.
El Papa Juan Pablo II afirmó: Desde el momento en que el óvulo
es fecundado, se inaugura una nueva vida, que no es la del padre ni
la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por
sí mismo. Jamás llegará a ser humano, si no lo ha sido desde
entonces. A esta evidencia de siempre, la genética moderna otorga
una preciosa confirmación. Muestra que, desde el primer momento, se
encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una
persona, un individuo con sus características ya bien determinadas.
Con la fecundación se inicia la aventura de una vida humana, cuyas
principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y
poder actuar.
Por otra parte, los políticos, que tratan de imponer políticas
de control de natalidad a los países pobres, tratan de ocultar los
efectos negativos de los anticonceptivos. De hecho, todos los
anticonceptivos (píldoras, inyectables, implantes, parches, DIU)
pueden tener efectos abortivos.
Son anticonceptivos, si no habido aún ovulación y pueden
impedirla. Pero está probado que no existe un medicamento que evite
la ovulación al 100%. Sin embargo, todos los anticonceptivos orales
producen daño en la salud de la mujer y alteran el endometrio, de
modo que quitándole su consistencia esponjosa y su espesor, impiden
que se formen suficientes vasos sanguíneos. Por lo cual, el nuevo
ser humano, ya concebido, no puede implantarse y muere por falta de
oxigeno y alimento (por hambre y asfixia).
Otro factor es el cervical, los anticonceptivos espesan la mucosa
cervical para que no pasen los espermatozoides; pero, si ya ha
habido concepción, al volver más viscosa la mucosidad del aparato
sexual femenino, retrasa el recorrido del nuevo ser, haciéndole
llegar al endometrio, cuando ya ha cambiado y no le permite anidar;
le impide la implantación y le produce la muerte.
Otro factor es el tubárico: alteran el funcionamiento de las
trompas de Falopio, de modo que, en lugar de transportar al niño
recién concebido hasta el endometrio, retrasan este proceso,
causándole la muerte.
Por tanto, todos los anticonceptivos tienen efectos abortivos,
directa o indirectamente. Esto es especialmente claro en la píldora
del día siguiente, que altera el endometrio para que no pueda
implantarse el óvulo fecundado o embrión, es decir, el niño
recién concebido.
Observemos que los anticonceptivos no son inocuos. Está
científicamente demostrado que los anticonceptivos orales, que se
usan durante largo tiempo, incrementan el riesgo de cáncer de
cérvix. Según la OMS, el riesgo de cáncer de cérvix es 30-40%
mayor en las mujeres que usan anticonceptivos.
En diciembre de 2002, el Departamento de salud de Estados Unidos
reconoció oficialmente que los estrógenos, empleados en las
píldoras anticonceptivas, eran cancerígenos.
Lo mismo podemos decir del aborto. El journal of the National
cáncer Institute, del 2 de noviembre de 1994, publicó un informe,
según el cual, los investigadores del Fred Hutchinson Cancer Center
de Seatle descubrieron que las mujeres que habían tenido un aborto,
tenían un 50% más de probabilidad de desarrollar un cáncer de
mama.
En cuanto a la amniocentesis, hoy día casi se impone como
obligatoria en muchos lugares para ver si el niño nacerá sano. En
caso contrario, se puede proceder al aborto. Esta prueba realizada
en época tardía, tiene un riesgo de aborto del 1%; pero, si se
hace entre las 11 y 12 semanas o antes, el riesgo de aborto es del
5%. Otras técnicas son más riesgosas.
En cuanto a la fecundación artificial, fecundación asistida o
fecundación in vitro (FIVET) diremos que dista mucho de ser
perfecta y que hay una tasa muy alta de abortos en la transferencia
de los embriones al útero. En la fecundación in vitro, el 27% de
los embriones conseguidos y el 21% de los embriones preimplantados
en el útero de la mujer, tienen graves anomalías cromosómicas. Y
hay que eliminarlos por no tener las cualidades deseadas. En los
embriones congelados mueren entre el 35 y el 40% en el proceso de
descongelación.
Pero hay algo más grave. Informes científicos de investigadores
norteamericanos han alertado sobre los defectos de estos nacimientos
de los niños probeta, concebidos en laboratorio. Tienen que
afrontar el doble de riesgo de defectos importantes de nacimiento y
el doble de riesgo de nacer bajos de peso. Según investigadores de
la universidad John Hopkins y de la universidad de Washington, estos
niños tienen seis veces más posibilidades de contraer síndrome de
Beckwith-Wiedemann, raro desorden hereditario que causa
malformación de desarrollo y cáncer. En Holanda, han detectado que
estos niños tienen siete veces más problemas oculares,
especialmente de retino-blastoma, un tumor en el nervio óptico, que
los niños normales. En una palabra, están descubriendo que la
concepción de niños en laboratorio no es tan normal como parecía.
Y ¿qué decir de la investigación con células madres
extraídas de embriones, es decir, de seres humanos, para curar
enfermedades? ¿Es lícito matar a unos para que, en el mejor de los
casos, vivan otros? Algunos hablan de clonar seres humanos para
extraer sus células madre. Otros, de fabricar en cadena embriones
humanos en laboratorio para estos fines de investigación. Estos
embriones o seres humanos serían los nuevos esclavos, propiedad del
Estado o de las grandes empresas, que sólo buscan el interés y el
beneficio económico, y podrían comprarlos y venderlos, como ya lo
están haciendo.
No olvidemos que las grandes empresas mueven muchos miles de
millones de dólares para promover en el mundo los anticonceptivos,
el aborto y la investigación con células madre. Esto está
llevando ya a un tráfico sin precedentes de seres humanos no
nacidos, para obtener estas células madres o estaminales. También
aprovechan otros tejidos del embrión para fabricación de cremas y
productos de belleza.
Algunos, para legalizar el aborto, dicen que el óvulo fecundado
es un ser humano, pero no es persona con todos sus derechos humanos.
Y hablan de que en el caso de dos gemelos idénticos, que se
desarrollan a partir de un solo ovulo fecundado, el embrión se
divide en dos embriones distintos con secuencias de ADN idénticas.
En este caso, dicen, que el segundo embrión no tiene alma hasta
días después del primero, no en el momento de la concepción, sino
cuando sucede la división del segundo gemelo de un blastómero del
primer gemelo.
El problema aquí es solo aparente, pues no es una célula
indiferenciada la que da vida a dos embriones, sino un embrión que
se separa de otro embrión preexistente. Y el segundo gemelo recibe
su alma en el momento constituido como embrión, aunque sea días
después del primero.
Por esto, dice el Papa Juan Pablo II: Aunque la presencia de un
alma espiritual no puede deducirse de la observación de ningún
dato experimental las mismas conclusiones de la ciencia sobre el
embrión humano ofrecen una indicación preciosa para discernir
racionalmente una presencia personal desde el primer surgir de la
vida humana ¿Cómo un individuo humano podría no ser persona
humana?.
De todos modos, si algunos médicos o científicos no están de
acuerdo sobre si en el momento de la concepción el óvulo fecundado
llega a ser persona, al menos, deben reconocer que no pueden estar
seguros de que no lo pueda ser desde ese primer momento. Por
consiguiente, aun en caso de duda, lo más lógico y racional es
actuar como si ese embrión, recién formado, fuera una persona para
no matarla con el aborto.
El doctor Jerome Lejeune, uno de los padres de la genética
moderna, que en 1962 fue nombrado experto en genética humana por la
OMS y en 1964 fue director del Centro Nacional de investigaciones
científicas de Francia y profesor de genética en la facultad de
medicina de la Sorbona de Paris, en su libro El principio del ser
humano afirma: Las señales grabadas en el ADN determinan las
características de la especie. La célula primordial (cigoto u
óvulo fecundado) es comparable al reproductor de audio de una cinta
grabada. Apenas el mecanismo se pone en movimiento, es decir, cuando
ocurre la fecundación del óvulo por el espermatozoide, la
sinfonía humana, es decir, la vida, se desarrolla en estricta
conformidad con el programa de las primeras divisiones hasta la
extrema senectud.
Concluyendo, ¿es realmente científico decir que el ser humano
comienza a existir desde el momento de la implantación en el
útero? ¿Por qué en ese momento y no en otro? ¿Pueden asegurar
que el óvulo fecundado, antes de la implantación, es solamente un
pedazo de carne sin alma y que sacarlo no tiene ninguna
transcendencia? ¿O es realmente científico decir que la vida
comienza con la concepción?
GALILEO
Uno de los argumentos más traídos a colación por los
anticatólicos para confirmar su idea de que la fe se opone a la
ciencia es el caso de Galileo Galilei (1564-1642). Dicen: Si la
Iglesia católica condenó a Galileo, es porque la ciencia y la fe
son enemigos irreconciliables. Pero Galileo nunca creyó que sus
teorías científicas iban en contra de su fe católica ni que iban
contra la Biblia, aunque algunos jueces lo creyeran.
Sobre Galileo recordemos que fue un ferviente católico hasta su
muerte, pero algunos ignorantes todavía creen que fue quemado en la
hoguera por la Inquisición o que fue torturado o metido en
prisión, lo cual es totalmente falso.
Galileo tomó su idea del heliocentrismo (la tierra da vueltas
alrededor del sol) de Copérnico (1473-1543), un eclesiástico
polaco. Copérnico publicó su gran obra De revolutionibus orbium
caelestium en 1543 y se la dedicó al Papa Pablo III. En ella habla
de que la tierra da vueltas alrededor del sol. Lutero y Calvino
fueron los primeros que se indignaron por esta teoría que, según
ellos, iba contra la Biblia. En cambio, fue bien recibida por muchos
eclesiásticos católicos.
En 1611, Galileo fue recibido en audiencia por el Papa Pablo V y
recibió muchos honores en Roma en el colegio Romano de los
jesuitas, que tenían grandes astrónomos. Cuando Galileo escribió,
en 1612, sus Cartas sobre las manchas solares, en las que defendía
el sistema de Copérnico (heliocentrismo) recibió muchas cartas de
felicitación, especialmente del cardenal Maffeo Barberini, que
sería más tarde Urbano VIII. Galileo estaba convencido de estar en
la verdad, pero no podía convencer a nadie, porque no tenía
pruebas; y la única prueba que dio de que el movimiento de las
mareas era debido al movimiento de la tierra, era y es falsa, pues
sabemos que el flujo y el reflujo del agua del mar se debe a la
atracción de la luna. Sin embargo, él insistía en proponer sus
ideas como verdaderas y no como una teoría que había que
demostrar.
Se conserva una carta famosa del cardenal Roberto Belarmino al
carmelita Paolo Antonio Foscarini, del 12 de abril de 1615, en la
que menciona a Galileo y afirma que no habría problema de hablar
del movimiento de la tierra, si se hablara de modo hipotético,
limitándose a decir que, suponiendo que la Tierra gira alrededor
del sol, se explican mejor muchos fenómenos. El mismo cardenal se
reunió personalmente con Galileo el 26 de febrero de 1616. En sus
declaraciones a los jueces de la Inquisición que el 12 de abril de
1633 le preguntaron a Galileo qué le había dicho el cardenal, él
respondió tal como está registrado: El señor cardenal Belarmino
me informó que la mencionada opinión de Copérnico se podía
sostener de modo hipotético como el mismo Copérnico la había
sostenido. Así se puede ver por la respuesta del mismo señor
cardenal a una carta del padre Pablo Antonio Foscarini, de la cual
tengo una copia, y que contiene estas palabras: Me parece que
Vuestra paternidad y el señor Galileo actúan prudentemente al
limitarse a hablar hipotéticamente y no de modo absoluto y que, de
otro modo, o sea, si se la considera absolutamente (la opinión de
Copérnico), no se debía sostener ni defender.
Pero, a pesar de las recomendaciones del cardenal Belarmino de
1616, en 1632 escribió Galileo su Diálogo sobre los grandes
sistemas del mundo en el que hizo caso omiso del compromiso de
presentar su opinión copernicana como hipótesis. Entonces
intervino la Inquisición y lo juzgó.
El 22 de junio de 1633 tuvo que escuchar la sentencia y la
abjuración por parte de Galileo de esa teoría no demostrada del
movimiento de la Tierra, que se suponía iba contra las Escrituras.
Se prohibían sus libros, que fueron incluidos en el Índice y se le
condenaba a prisión; pero esta sentencia de prisión fue
inmediatamente conmutada por el confinamiento en la residencia del
Gran Duque de Toscana de Roma y, al final del año, pudo regresar a
su casa en confinamiento domiciliario donde murió a los 78 años
como un fervoroso católico en 1642, habiendo publicado su obra más
importante: Discursos y demostraciones en torno a dos nuevas
ciencias. También se le obligó a rezar una vez por semana los
siete salmos penitenciales, algo que parece que cumplieron por él
sus dos hijas religiosas.
Con esa condena, Galileo no perdió la amistad de obispos ni
científicos, que venían a visitarlo a su casa; pero realmente fue
una humillación y un sufrimiento que la Iglesia ha lamentado
durante siglos. De todos modos, debe quedar claro que en todo este
asunto, el Papa no firmó ningún documento ni hizo ninguna
declaración pública. Fue una decisión del Tribunal de la
Inquisición y, por tanto, no fue un dogma de fe, como si fuera una
verdad irreformable. Por eso, cuando se demostró que el
copernicanismo era cierto, la Iglesia en 1741 dio permiso para
publicar las obras de Galileo con autorización de la Inquisición.
En este asunto complicado de Galileo hay que tener en cuenta la
mentalidad de los eclesiásticos y de la mayoría de científicos de
aquel tiempo que creían, sin dudar, que la Tierra era el centro del
mundo y que el sol daba vueltas a su alrededor en órbitas
esféricas. Galileo puso el centro del mundo en el sol, pero no supo
demostrarlo y su teoría de las mareas, para explicar el movimiento
de la tierra, era falso.
El gravísimo error de los jueces de Galileo fue querer impedir
la libre investigación científica (cosa que no le compete a la
Iglesia) por creer que esas ideas iban en contra de la Biblia. Por
ello, la Iglesia ya pidió perdón en la Gran jornada del perdón
del 12 de marzo del 2000. Juan Pablo II dijo en la homilía de la
basílica de san Pedro: Reconocer los errores del pasado, sirve para
despertar nuestras conciencias frente a los compromisos del
presente. Pedimos perdón por el uso de la violencia en el servicio
de la verdad que algunos han realizado. Igualmente, en el concilio
Vaticano II se había declarado: Son de deplorar ciertas actitudes
que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de
la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos;
actitudes que seguidas de agrias polémicas indujeron a muchos a
establecer una oposición entre la ciencia y la fe.
El Papa Juan Pablo II, en 1981, nombró una Comisión integrada
por los mejores especialistas, no solo católicos, para tratar a
fondo el tema de Galileo. Con este motivo, se abrieron a todos los
estudiosos los archivos secretos del Vaticano. Esta Comisión
terminó sus estudios en 1992 y el 31 de octubre de ese año en una
sesión solemne, en la Sala de Audiencias del Palacio Apostólico,
al que asistieron los miembros de la Academia Pontificia de
Ciencias, el cardenal Poupard, presidente de la Comisión, hizo un
resumen de los trabajos de la Comisión. Defendió la actuación del
cardenal Belarmino en el caso Galileo. Mencionó que Galileo no
tenía pruebas concluyentes a favor del movimiento de la Tierra y
afirmó claramente que la sentencia del Santo Oficio (Inquisición)
no era absolutamente irreformable y que ya en 1741, cuando se
dispuso de pruebas del movimiento de la Tierra, el Papa autorizó la
publicación de las obras completas de Galileo.
En la parte final del discurso afirmó: En esa coyuntura
histórico-cultural, muy alejada de la nuestra, los jueces de
Galileo, incapaces de disociar la fe de una cosmología milenaria,
creyeron equivocadamente que la adopción de la revolución
copernicana, que por lo demás todavía no había sido probada
definitivamente, podía quebrar la tradición católica y que era su
deber prohibir su enseñanza. Este error subjetivo de juicio, tan
claro para nosotros hoy día, les condujo a una medida disciplinaria
a causa de la cual Galileo debió sufrir mucho. Es preciso reconocer
lealmente estos errores.
Por su parte, el Papa, en su intervención, afirmó: El caso
Galileo era el símbolo del pretendido rechazo del progreso
científico por parte de la Iglesia o bien del oscurantismo
dogmático opuesto a la búsqueda libre de la verdad. Este mito ha
jugado un papel cultural considerable, ha contribuido a afianzar en
muchos científicos de buena fe la idea de que existe
incompatibilidad entre el espíritu de la ciencia y su ética de
investigación, por una parte; y la fe cristiana, por la otra. Una
trágica incomprensión reciproca ha sido interpretada como el
reflejo de la oposición constitutiva entre ciencia y fe. Las
aclaraciones aportadas por los recientes estudios históricos nos
permiten afirmar que ese doloroso malentendido pertenece ya al
pasado.
Con este problema, la Iglesia tuvo que aprender hace mucho tiempo
que no tiene competencia para decidir en cuestiones científicas y
que, como decía san Agustín: La Biblia no nos enseña cómo van
los cielos sino cómo se va al cielo.
LA IGLESIA CATÓLICA Y LA CIENCIA
Algunos creen todavía en el mito de que la Iglesia va contra la
ciencia. Y no sólo citan a Galileo, citan también el asunto de la
homosexualidad, el aborto, la eutanasia, la clonación, los
anticonceptivos y toda clase de experimentos científicos de
bioética para corroborar sus ideas. Pero aquí los supuestos
defensores de la ciencia hacen oídos sordos a las conclusiones
científicas de que la vida humana comienza en el primer momento de
la concepción.
Algo parecido sucedió hace décadas con el marxismo. La historia
ha demostrado que la Iglesia tenía razón al condenar ciertas ideas
básicas del marxismo que han dejado consecuencias desastrosas en
muchos países. Y, sin embargo, todavía se presenta al marxismo
como algo científicamente demostrado para conseguir la felicidad
total en el llamado paraíso comunista, que nunca llegó ni
llegará.
Pero veamos cómo la Iglesia ha sido la Institución que más
científicos ha dado al mundo durante siglos y cómo ha sido la
fundadora de la cultura occidental. A partir del siglo V y VI, los
monjes fueron los principales promotores de la cultura, copiando
manuscritos antiguos y trasmitiendo a la posteridad el saber de los
antiguos filósofos. De otro modo, se hubieran perdido ante las
invasiones de los bárbaros que asolaron el Imperio romano. En los
siglos IX y X hubo nuevas oleadas de invasores por parte de los
vikingos, magiares y musulmanes; y la cultura se conservó de nuevo
en los monasterios. La Iglesia fundó las universidades. Como diría
Thomas Wood: Ninguna otra Institución hizo más por difundir el
conocimiento dentro y fuera de las universidades que la Iglesia
católica.
En el siglo XII se fundaron las universidades de París
(especializada en teología y artes) y la de Bolonia (en leyes).
Estas universidades y otras muchas surgieron de las escuelas
catedralicias. Ya en 1179, en el concilio III de Letrán, se había
establecido que todas las catedrales tuvieran escuelas
catedralicias. Esto fue ratificado después en el concilio de
Trento.
En Europa, las primeras universidades estaban bajo el patrocinio
del Papa y tenían aprobación pontificia, de modo que, en caso de
conflictos entre la universidad y el obispo o las autoridades
civiles, el Papa era el árbitro para solucionar los problemas.
Las universidades patrocinadas por la Iglesia tenían
reconocimiento universal para enseñar. Las clases eran en latín.
Los titulados tenían derecho de enseñar (ius ubique docendi) en
cualquier parte del mundo. En cambio, las universidades fundadas por
los reyes o emperadores sólo podían hacerlo dentro de sus
territorios.
Observemos que en el siglo XIV había 41 universidades, de las
que 31 eran de fundación pontificia. En el siglo XVI, había en
Europa 81 universidades; de ellas, 33 tenían cédula pontificia y
veinte tenían cédulas pontificia y real. En 1254, el Papa
Inocencio III concedió a la universidad de Oxford la posibilidad de
dar títulos.
Lo que se estudiaba en las universidades eclesiásticas no era
sólo teología. Los estudios abarcaban derecho canónico y civil,
filosofía natural y medicina. Estaba también el famoso cuatrivium
(aritmética, geometría, música y astronomía) y el trivium
(gramática, retórica y lógica).
Y no olvidemos a los monjes, cuyos monasterios eran centros de
cultura. Algunos comentaristas se especializaron en algunas ramas
del saber. Los monjes de san Benigno de Dijon impartían
conferencias de medicina. El monasterio de Saint Gall contaba con
una escuela de pintura y grabado. Y en ciertos monasterios alemanes
se daban conferencias en griego, árabe y hebreo. Especialmente
importante fue la contribución de la Orden benedictina. El
monasterio de Montecassino, la casa madre de la Orden benedictina,
experimentó en el siglo XI un resurgimiento cultural, calificado
como el acontecimiento más espectacular en la historia de la
erudición latina del siglo XI.
Los monjes no sólo crearon las escuelas y se convirtieron en
maestros, sino que sentaron los cimientos de las universidades.
Fueron los pensadores y los filósofos de su tiempo y modelaron el
pensamiento político y religioso. A ellos, tanto individual como
colectivamente, se debe la supervivencia del pensamiento y de la
civilización del mundo clásico a lo largo la Edad Media y el
período moderno.
En todas partes, introducían los monjes cultivos e industrias y
empleaban métodos de producción desconocidos hasta la fecha por la
población del lugar. Abordaban la cría del ganado y de caballos o
las técnicas de fermentación de la cerveza, la apicultura o el
cultivo de las frutas. En Suecia desarrollaron el comercio del
grano. En Parma fue la elaboración del queso. En Holanda los
criaderos de salmón y en muchos otros lugares los mejores viñedos.
Los campesinos de Lombardía aprendieron de ellos las técnicas de
regadío, que contribuyeron a transformar asombrosamente la región
en una de las más ricas y fértiles de Europa.
El monasterio cisterciense de Clairvaux nos ha legado una
crónica de sus sistemas hidráulicos en el siglo XII, dando cuenta
de la asombrosa maquinaria de la Europa de la época. La comunidad
cisterciense se asemejaba a una fábrica donde, mediante el uso de
la energía hidráulica, se molía el grano, se tamizaba la harina,
se elaboraban telas y se curtían pieles.
Los monjes cistercienses destacaron por su destreza metalúrgica.
Entre mediados del siglo XIII y el siglo XVII, los cistercienses
fueron los principales productores de hierro en la campaña
francesa. Y usaban como fertilizantes la escoria de sus hornos por
su elevada concentración de fosfatos.
El primer reloj de que tenemos noticia fue construido por el
futuro Papa Silvestre II para la ciudad alemana de Magdeburgo hacia
el año 996. Ricardo de Wallingford, abad de los benedictinos de
Saint Albans, en Inglaterra, y uno de los precursores de la
trigonometría occidental, es famoso por el gran reloj astronómico
que diseñó en el siglo XIV. También inventaron la turbina
hidráulica, para moler el grano y hacerlo harina. Los molinos a
base de agua se multiplicaron por todas partes. En el siglo IX, la
tercera parte de los molinos a lo largo del Sena, en París, eran a
base de turbinas de agua; la mayor parte propiedad de religiosos.
Igualmente, se difundieron los molinos de viento con palas
giratorias. En muchos conventos, sobre todo cistercienses, había
lagos artificiales para la cría de ciertas clases de peces, que
abastecían los mercados. También, en esos años de la Edad Media,
se hizo en gran escala la producción de paño con maquinas o
telares accionados con los pies.
Es interesante anotar que la mayoría de los sabios de la Edad
Media fueron eclesiásticos. Entre otros citemos a santo Tomás de
Aquino, Copérnico, san Buenaventura, Ramón Llull, Nicolás de
Cusa, Lucas Pacioli, Alejandro de Hales, Tomás de York, Roberto
Kilwardby, Juan Peckham, Mateo Acquasparta y Duns Scoto. Roger Bacon
es considerado el precursor del método científico moderno y es
admirable por sus trabajos ópticos y matemáticos. San Alberto
Magno (1200-1280) fue maestro de santo Tomas de Aquino y una
lumbrera prodigiosa. Su obra abarcó todas las ramas de la ciencia y
fue uno de los precursores de la ciencia moderna. Su obra abarcó la
física, lógica, metafísica, biología, sicología, botánica...
Robert Grosseteste, canciller de Oxford y obispo de Lincoln, es
considerado como uno de los hombres más eruditos de la Edad Media.
Y siguiendo con más científicos, citemos al padre Nicolaus
Steno (1638-1686), a quien se le atribuye el establecimiento de la
mayoría de los principios de la geología moderna y ha recibido el
nombre de padre de la estratigrafía (estudio de los estratos o
capas de la tierra). Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II.
Los mayores científicos se encuentran en la Compañía de
Jesús. Ellos contribuyeron al perfeccionamiento de los relojes de
péndulo, pantógrafos, barómetros, telescopios, reflectores y
microscopios. Introdujeron en las matemáticas italianas los signos
de más y menos; y muchos científicos seglares, con Fermat,
Huygens, Leibniz y Newton, los reconocen entre sus más valiosos
corresponsales.
Cuando Charles Bossut elaboró la lista de los matemáticos más
eminentes desde el 900 a.C. hasta el 1800 d. C., incluyó a 16
jesuitas entre 303. Esto es grandioso, considerando que en estos
2.700 años sólo existieron los jesuitas durante 200 años. Treinta
y cinco de los cráteres lunares fueron bautizados por científicos
y matemáticos de la Compañía de Jesús. Fueron los jesuitas los
primeros en llevar la ciencia occidental a lugares tan lejos como
China e India. Ellos hicieron la labor de traducir al chino los
textos occidentales sobre matemáticas y astronomía especialmente.
El padre jesuita Christopher Clavius, gran astrónomo, fue quien
aconsejó en 1582 al Papa Gregorio XIII, para eliminar 10 días del
calendario Juliano y redefinir la duración del año en 365,2422
días, tal como quedó en el nuevo calendario gregoriano desde
entonces hasta hoy.
En los comienzos del siglo XIX, los jesuitas inauguraron en
África y América central y del Sur, observatorios para el estudio
de la astronomía, del geomagnetismo, meteorología, sismología y
física solar. Un gran científico jesuita fue el padre Giambattista
Riccioli, que fue el primer hombre que logró determinar el índice
de aceleración de un cuerpo en caída libre. El padre Francesco
María Grimaldi, en unión con Riccoli, construyó un selenógrafo
para describir los rasgos de la luna, que hoy se exhibe en la
entrada del Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington. Pero
el mayor éxito del padre Grimaldi fue descubrir la difracción de
la luz y asignar a este fenómeno el termino difracción.
Otro gran científico jesuita fue el padre Roger Boscovich
(1711-1787), calificado por Sir Harold Hartley, de la Royal Society,
como uno de los más grandes intelectuales de todos los tiempos. Fue
un verdadero erudito en teoría atómica, óptica matemática y
astronomía. Se le ha considerado el mayor genio que Yugoslavia ha
dado jamás al mundo. Algunos lo consideran como el verdadero padre
de la física atómica fundamental.
Otro gran científico jesuita fue el padre Athanasius Kircher
(1602-1680), honrado con el título de maestro de un centenar de
artes. Sus investigaciones en el terreno de la química fueron muy
notables. Su fascinación por el antiguo Egipto le ha hecho ser
considerado por muchos como el verdadero fundador de la egiptología
y sus escritos permitieron llegar a descifrar, en 1979, los
jeroglíficos egipcios. La aportación de los jesuitas en
sismología (estudio de los terremotos) ha sido sustancial, de modo
que se la ha llamado la ciencia jesuita.
Hay otra gran contribución de la Iglesia al estudio de la
astronomía, que es casi desconocida: Las catedrales de Florencia,
Paris, Bolonia y Roma y otras se diseñaron en los siglos XVII y
XVIII para servir de observatorios solares. En ningún otro lugar
del mundo existían instrumentos más precisos para el estudio del
sol. Cada una de las catedrales contenía una serie de huecos que
permitían el paso de la luz solar y mostraban las líneas horarias
dibujadas en el suelo. ¿Quién podía haber adivinado que las
catedrales católicas contribuirían así al progreso de la ciencia?
Los observatorios de las catedrales resultaron esenciales para el
avance de la investigación científica.
Y no olvidemos que el Observatorio del Vaticano que, actualmente,
tiene sus instalaciones en Castelgandolfo, cerca de Roma, y que
tiene también otras instalaciones más modernas en Tucson (Arizona)
en Estados Unidos, fue fundado en 1582, siendo el primero o uno de
los primeros del mundo.
Heilbron, de la universidad de Berkeley (California), ha dicho:
La Iglesia católica ha proporcionado más ayuda financiera y apoyo
social al estudio de la astronomía durante seis siglos (desde la
recuperación de los conocimientos antiguos en el transcurso de la
Edad Media hasta la Ilustración) que ninguna otra Institución y
probablemente más que el resto en su conjunto.
Como vemos, el hecho de que la ciencia moderna surgiera en el
entorno católico de Europa occidental, no fue una mera
coincidencia. El arte de la pintura y de la escultura surgió
especialmente en ambientes católicos, pues los musulmanes
rechazaban toda representación, al igual que los judíos o
protestantes. En cuanto a la arquitectura, las catedrales católicas
tienen una proporcionalidad geométrica asombrosa. En ellas se
mezcla el arte con la geometría y matemática para hacer una bella
obra de arte. Muchos Papas fueron propiciadores de artistas. Y ahí
tenemos las grandes obras de pintura, escultura y arquitectura del
Vaticano, obra de Bramante, Miguel Ángel, Rafael y otros.
Con relación al Derecho, también es en gran medida una
aportación eclesiástica. El derecho canónico fue el primer
sistema legal moderno surgido en Europa, que demostró la
posibilidad de reunir en un cuerpo legal coherente y completo el
conjunto de estatutos, tradiciones y costumbres locales, a menudo
contradictorias. Con anterioridad al nacimiento del derecho
canónico, en los siglos XII y XIII, no existía en Europa ningún
sistema de leyes organizadas. El principal tratado de derecho
canónico fue obra del monje Graciano y se tituló: Una concordancia
de cánones discordantes, conocido también como Decreto de
Graciano, escrito hacia el año 1140. Fue una obra gigantesca, que
marcó un hito histórico.
Su importancia se debe a que, en pleno siglo XI, los pueblos de
Europa vivían según modelos de leyes de los pueblos bárbaros que
habían conquistado el Imperio romano. Había costumbres
irracionales como las ordalías o juicios de Dios.
Se sometía a los acusados de un delito a determinadas pruebas
desprovistas de lógica como pasar por el fuego o meter la mano en
un caldero en ebullición para extraer una piedra del fondo. A
continuación, se vendaba el brazo. Tres días después, cuando se
retiraba el vendaje, se declaraba que el acusado era inocente, si la
herida había empezado a curar y la costra comenzaba a ser visible.
En caso contrario, se establecía la culpabilidad. La ordalía del
agua fría era similar, consistía en atar al acusado de manos y
pies y arrojarlo al río. Si flotaba, se le declaraba inocente. Para
aquellos pueblos de leyes bárbaras, la ley era simplemente un modo
de poner fin a una disputa y mantener el orden y no tanto un modo da
hacer justicia. Por eso, el experto Harold Berman ha afirmado que la
Iglesia católica fue quien enseñó por primera vez al hombre
occidental lo que es un sistema legal moderno.
Al padre Francisco de Vitoria (siglo XVI) se le considera el
padre del Derecho internacional, pues defendió la doctrina de que
todos los hombres son libres, proclamando su derecho a la vida, a la
cultura y a la propiedad. Fue el primero que publicó un tratado
sobre el derecho de las naciones.
En el siglo XIX, tenemos un gran científico jesuita, el padre
Secchi, a quien se le llamó el explorador del sol, porque fue el
primero en clasificar a las estrellas por sus características de
espectro. En su honor, se celebró un Congreso internacional en Roma
en 1979. En 1927, el padre Lemaitre, belga, fue el primero en usar
las ecuaciones de la teoría de la relatividad de Einstein para
darnos una idea de un universo que comenzó con una gran explosión.
En 1931, propuso la idea de que el universo se originó con la
explosión de un átomo primigenio o “huevo” cósmico. A dicha
explosión, ahora se le llama big bang.
El año 2008 ha sido galardonado con el premio Templeton el
sacerdote y cosmólogo polaco Michal Heller por su investigación en
el campo de las relaciones entre la ciencia y la religión. El padre
Michal Heller es profesor de Física teórica, cosmología
relativista y Filosofía de la ciencia de la Academia Pontificia de
Cracovia, en Polonia, y ha recibido por su premio un millón
doscientos mil euros, mucho más de lo que reciben los galardonados
por el premio Nóbel.
A la vista de tantos eclesiásticos científicos y de tantos
monjes inventores, ¿puede alguien decir todavía que la Iglesia
está en contra de la ciencia? ¿Se puede citar en la historia de la
civilización occidental una Institución que pueda tener un
curriculum intelectual tan fantástico como la Iglesia católica?
Y si hablamos de los más grandes científicos de todos los
tiempos, ha habido una mayoría de creyentes. Entre ellos recordemos
al astrónomo Kepler (1571-1630), Newton (1643-1727), fundador de la
física teórica clásica; Linneo (1707-1778), fundador de la
botánica sistematica; Volta (1745-1827), descubridor de las
nociones básicas de electricidad; Ampère (1775-1836), descubridor
de la ley fundamental de la corriente eléctrica; Cauchy
(1789-1857), insigne matemático; Gauss (1777-1855), gran
científico y matemático alemán; Liebig (1803-1873), célebre
químico; Edison (1847-1931), el inventor más fecundo con 1.200
patentes; Marconi (1874-1931), inventor del telégrafo sin hilos;
Plank (1858-1873), creador de la teoría de los cuanta y premio
Nóbel de 1918; Schrödinger, Premio Nóbel de 1933, creador de la
mecánica ondulatoria; Einstein (1879-1955), fundador de la teoría
de la relatividad; Werner von Braun, constructor de cohetes
espaciales; Francis Collins, director del programa genoma humano;
Antonino Zichichi, descubridor de la antimateria nuclear...
En una gran encuesta de la Comisión Carnegie de Estados Unidos
realizada en 1969, sobre una muestra de 60.000 docentes
universitarios, el 60% de los matemáticos y el 55% de los físico
químicos y biólogos se declaraban creyentes. ¿Por qué algunos se
empeñan en declarar la guerra a la fe, cuando la fe y la ciencia
han ido de la mano durante siglos y pueden seguir siéndolo ahora?
La fe no se opone a la ciencia, sólo la falsa fe; la ciencia no
debe oponerse a la fe, sino la falsa ciencia. La fe y la ciencia son
las dos alas del ser humano para llegar a la verdad.
LA CIENCIA CONFIRMA LA FE
La Virgen de Guadalupe
Uno de los milagros vivientes más extraordinarios que Dios ha
realizado para confirmar la fe católica es la imagen de la Virgen
de Guadalupe de México. La Virgen María se apareció el 12 de
diciembre de 1531 al indio Juan Diego y, al presentarle al obispo
fray Juan de Zumárraga las rosas, que milagrosamente habían
brotado en el cerro de Tepeyac, se imprimió milagrosamente en la
tilma o manto de Juan Diego la maravillosa imagen de la Virgen de
Guadalupe, tal como podemos contemplarla en la basílica de
Guadalupe de México.
Los científicos norteamericanos Philip Serna Callahan y Jody
Smith fotografiaron la imagen sin la protección del cristal con
películas normales y con películas especiales para rayos
infrarrojos. Tomaron 75 fotografías, 40 de las cuales con rayos
infrarrojos y descubrieron que hay algunos añadidos en la imagen
por obra de algún pintor humano. Se nota que pintaron una corona en
la cabeza y dos ángeles a los costados, que después fueron
borrados. También consideran añadidos la parte inferior de la
imagen con el ángel y la luna, que está a sus pies. La imagen
original comprende el vestido rosa, el manto azul, las manos, el
pie, el rostro…
Después de estudiar durante dos años las fotografías tomadas,
concluyeron: Es inexplicable humanamente el manto azul de la Virgen
que es tan brillante que parece haber sido pintado unos días antes.
El azul del manto es original y de un pigmento transparente y
desconocido. Es inexplicable, sobre todo, por su densidad,
brillantez y no estar descolorido después de tantos años.
En cuanto a la túnica o vestido de la Virgen, resalta su
extraordinaria luminosidad. Refleja en alto grado la radiación
visible y, sin embargo, es transparente a los rayos infrarrojos. En
cuanto al pigmento rosa de la túnica, parece igualmente
inexplicable. La túnica y el manto son tan brillantes y coloridos
como si acabaran de ser pintados.
Una de las cosas que más llama la atención es la forma como se
aprovecha la tilma, no preparada, para dar realismo, profundidad y
vida a la imagen. Esto es evidente, sobre todo, en la boca, donde un
fallo del hilo del ayate sobresale del plano de éste y sigue a la
perfección el borde superior del labio. Ningún pintor humano
hubiera escogido una tilma con fallas en su tejido y situarlas de
tal forma que acentuaran las luces y sombras para dar un realismo
semejante.
Lo hermoso del rostro y de las manos es su calidad de tono, que
es un efecto físico de la luz reflejada, tanto por la tosca tilma
como por la pintura misma. Esta técnica es prácticamente imposible
para manos humanas. Pero la naturaleza nos ofrece con frecuencia
esta iridiscencia en las plumas de las aves, picaflores y
colibríes, en las escamas de las mariposas, etc. Tales colores
obedecen a la refracción de la luz y no dependen de la absorción o
reflexión de la luz por parte de los pigmentos moleculares, sino
más bien del relieve de la superficie de las plumas o de las
escamas de las mariposas. Esta iridiscencia natural de la tilma es
inconcebiblemente humanamente y realmente asombroso. El rostro de
María por este efecto de iridiscencia parece cambiar, si se lo ve
desde diferentes ángulos, por el efecto de la difracción de la
luz.
El doctor Philip Serna Callahan afirmó: La técnica utilizada al
cuerpo y al rostro original es inexplicable. Por su parte, Jody
Brant Smith afirmó: El doctor Callahan está de acuerdo con muchos
millones, que a lo largo de los siglos han aceptado que el
maravilloso rostro de la Virgen es pura y simplemente milagroso. Yo
y el doctor Callahan nos sentimos obligados a admitir que la imagen
de la Virgen de Guadalupe es verdaderamente un milagro. El
descubrimiento de la ausencia de preparación en la pintura (sin
pinceladas ni bocetos previos) y nuestra incapacidad para explicar
la preservación de la tela así como el brillo de las partes
originales de la imagen, nos pone al doctor Callahan y a mí en la
lista de los que creen que la imagen fue creada sobrenaturalmente.
Uno de los milagros inexplicables para la ciencia es la
conservación de la tela del tejido de la túnica de Juan Diego, en
la que se imprimió la imagen de la Virgen. Normalmente, se
desmorona en 20 años y, sin embargo, hasta ahora, desde 1531, sigue
sin desgarrarse ni descomponerse. Además, tiene una cualidad
inexplicable: es refractaria al polvo y a la humedad. En el tejido
ni siquiera aparecen insectos y nunca ha creado hongos.
En 1785, una de los plateros, que limpiaba y pulía el marco de
oro de la imagen derramó por descuido o accidente, sobre el tejido
aguafuerte suficiente para destruir el lienzo y no lo hizo en
absoluto.
En 1921, Luciano Pérez colocó una bomba en una ofrenda formada
por un ramo de flores en el altar mayor de la basílica de
Guadalupe. La bomba estalló y destruyó varias gradas de mármol,
candeleros, floreros, vidrios de la mayor parte de las casas
cercanas a la basílica y hasta un Cristo de latón, que se dobló y
que aún se conserva. Pero no se quebró ni el cristal que protegía
a la imagen.
El doctor Richard Kuhn, premio Nóbel de química de 1938,
estudió dos fibras del manto, una de color rojo y otra de color
amarillo, y afirmó que esos colorantes no pertenecían al reino
vegetal, animal o mineral.
Pero lo más asombroso se encuentra en los ojos de la imagen, que
parecen vivos. Más de veinte oftalmólogos han estudiado esos ojos
y han afirmado que se comportan como los de una persona viva, pues
al proyectar la luz de un oftalmoscopio sobre los ojos, el iris
brilla más que el resto, no así la pupila; lo que da una
sensación de profundidad. El doctor Rafael Torija fue el primero
que descubrió en 1965 en los ojos de la Virgen el efecto
Purkinje-Sansón, que sólo se da en personas vivas y no en
fotografías. Pero lo más extraordinario de todo es lo que
describió el doctor Aste Tönsmann en 1979, aumentando 2.500 veces
los ojos de la imagen (de unos 7 a 8 mm.). Encontró claramente
pintados en los dos ojos, de acuerdo a la perspectiva
correspondiente, unas 15 personas, incluidos el obispo Zumárraga y
el mismo Juan Diego. Aumentando 1.000 veces más los ojos del
obispo, aparece también Juan Diego y otras personas que estaban
presentes. Algo imposible de pintar en el siglo XVI en un espacio
tan inmensamente pequeño.
Por eso, podemos decir, sin dudar, que es científicamente
imposible de explicar la conservación del ayate de Juan Diego hasta
la fecha. Tampoco se puede entender por qué no se destruyó el
ayate del lienzo cuando se cayó sobre él acido nítrico
(aguafuerte). Es incomprensible por qué no sufrió daño en el
atentado dinamitero del 14 de noviembre de 1921.
Científicamente, no se explica por qué el ayate rechaza a los
insectos y al polvo y no crea hongos. Tampoco se puede explicar por
qué los colorantes no pertenecen al reino mineral, vegetal o
animal.
Y mucho menos puede explicarse el efecto Purkinje-Sansón en los
ojos de la Virgen y el porqué se ven claramente quince personas en
un espacio tan pequeñísimo, aumentando 2.500 veces los ojos de la
imagen.
En conclusión, podemos decir que la imagen original de la Virgen
de Guadalupe es un milagro viviente y, como dijeron los científicos
Smith y Callahan: Nos sentimos obligados a admitir que la imagen de
la Virgen de Guadalupe es verdaderamente un milagro.
Milagro de Lanciano
En el siglo VIII, ocurrió en Lanciano (Italia) un gran milagro
eucarístico. Durante la celebración de la misa, un sacerdote
dudaba de la presencia real de Jesús en la Eucaristía y vio con
asombro ante sus ojos que la hostia se transformó en un pedazo de
carne y el vino en sangre, que se coaguló después en cinco
piedrecitas diferentes; cada una de las cuales pesa exactamente
igual que todas ellas o que varias de ellas.
Actualmente, se conserva la carne y la sangre del milagro en la
iglesia de san Francisco de los frailes menores conventuales de
Lanciano (Chieti). En esta iglesia, hay un escrito del año 1636,
sobre piedra, a la derecha de la entrada, que dice así: Alrededor
del año setecientos, en esta iglesia, entonces bajo el titulo de
san Legunciano, un sacerdote religioso de san Basilio dudó si en la
hostia consagrada estuviera verdaderamente el cuerpo de nuestro
Señor y en el vino su sangre. Celebró la misa y, después de decir
las palabras de la consagración, vio la hostia hecha carne y el
vino convertido en sangre. Se lo mostró a los presentes y después
a todo el pueblo. La carne está todavía entera y la sangre
dividida en cinco partes desiguales; todas pesan igual por separado.
Entre el 18 de noviembre de 1970 y el 4 de marzo de 1971 los
expertos de la universidad de Siena, Odoardo Linoli (especialista en
anatomía, histología, patología y microscopía clínica) y
Ruggero Bertelli, hicieron estudios de la sangre y de la carne. Sus
conclusiones las escribieron en un libro que ofrecieron al Papa
Pablo VI.
Sus conclusiones fueron las siguientes: La carne pertenece al
corazón. Se ven vasos de sangre arterial y venosa. La sangre es
verdaderamente sangre en base al estudio de la hemoglobina con
cromatografía. La carne y la sangre son humanas. El grupo
sanguíneo de ambas es AB. La sangre tiene elementos porcentuales
cercanos al suero proteico de la sangre fresca normal. En la sangre
se ha encontrado cloro, fosforo, potasio y sodio, mientras el calcio
esta notablemente elevado. Un detalle muy interesante es que sólo
una mano experta hubiera podido realizar, y con dificultad, una
disección anatómica para obtener una “lonja” uniforme teniendo
en cuenta que las primeras disecciones anatómicas de un ser humano
se hicieron después del año 1.300.
El hecho de su conservación tan fresca después de más de 1200
años, es un milagro viviente. Por eso, la OMS (Organización
mundial de la salud) en 1973, nombró una Comisión científica para
estudiar esas conclusiones. Los trabajos duraron 15 meses e hicieron
unos 500 exámenes. Las conclusiones fueron como las anteriores. En
el informe de la ONU se afirmaba: La ciencia, conocedora de sus
límites, se detiene ante la imposibilidad de dar una explicación
científica a estos hechos.
El Cristo de Cochabamba
El doctor Ricardo Castañón es un gran investigador de
fenómenos místicos extraordinarios. Es sicólogo clínico,
diplomado en bioquímica y especialista en neurosicología y
medicina sicosomática. Es boliviano y lo conozco personalmente,
pues es un fervoroso católico que va por todo el mundo investigando
y, a la vez, dando testimonio de su fe católica. Hasta el año 1995
era ateo convencido, pero ese año tuvo que investigar en Cochabamba
(Bolivia) los fenómenos de un Cristo que exudaba sangre y llegó a
la conclusión de que esos fenómenos eran reales y que Dios
existía.
Todo comenzó el 9 de marzo de 1995. Él dice: Estoy delante del
Cristo y observo la pequeña obra. Mide unos 30 centímetros,
representa el busto de Jesús con un rostro sufrido y muy afligido.
Me dicen que es el Cristo de Limpias, al menos es el nombre que le
atribuyó el proveedor de la imagen a la señora Silvia. La
literatura consultada me informa que el original español también
exudó a principios de siglo en la parroquia de san Pedro.
La señora Silvia, de mediana edad, trabaja como azafata en la
línea aérea boliviana. El día que compró la imagen organizó en
su casa un pequeño Oratorio y ahí colocó el Cristo que había
comprado. Luego llamó a su hija, a su madre y a una hermana para
que vieran su Oratorio. Todas vieron que del rostro del Cristo
comenzaban a salir lágrimas. Todas se emocionaron mucho. Y la
señora Silvia, que no era muy creyente, se fortaleció en la fe..
El 14 de abril regresé aproximadamente seis minutos antes de las
ocho la noche, ingresé a la habitación (donde estaba el Cristo) y
el ojo izquierdo de la imagen me estaba esperando. Un líquido
espeso se desprendía del ojo, desplazándose lentamente por
gravedad. Filmé toda la secuencia y luego solicité a una de las
personas presentes hacer lo mismo mientras yo tomaba las muestras de
sangre... Sí, estaba delante de un Cristo que derramaba lágrimas
como lo haría una persona viva; es más, vertía un líquido muy
parecido a la sangre… Las primeras muestras fueron llevadas al
día siguiente a la ciudad de la Paz, a los laboratorios LAB-TEC de
los doctores Gutiérrez-Ibargüen. Ellos observaron el ejemplar,
encontrando hemoglobina, la proteína fundamental de la sangre.
Ulteriormente en un estudio independiente, el laboratorio La Paz
de la ciudad de Cochabamba también afirmó haber encontrado
hemoglobina. Dado que la hemoglobina podría corresponder también a
la de un animal, me aconsejaron recurrir a un estudio genético, el
único que podría confirmar la verdadera naturaleza de dicha
sustancia.
Todos los estudios los hacía por propia iniciativa sin que los
propietarios del Cristo ni la jerarquía eclesiástica lo
solicitaran. El 27 de junio de ese mismo año 1995 fui invitado al
XIII Congreso mundial de Medicina de la asociación médica
cubano-americana para presentar los resultados neuro-fisiológicos
obtenidos en místicos modernos y allí me referí al Cristo de
Cochabamba. El licenciado Ron Tesoriero, abogado australiano, que
había seguido mis investigaciones anteriores con interés, se
interesó por este caso y decidió colaborar con los costos elevados
de laboratorio, que se elevaban a varios millones de dólares.
Acudimos a los laboratorios de más prestigio, los GEN-TEST de
Nueva Orleans, el día 7 de julio, sin decirles de dónde provenían
las muestras. El informe final fue recibido el 25 de setiembre de
1995. Los científicos Shinha y Montgomery certificaban: Que las
muestras en la primera prueba de presunción de sangre dieron
resultados positivos y que había presencia de ADN humano.
Al comunicar a los expertos de dónde provenían las muestras, su
sorpresa fue muy grande y, desde el punto de visto científico, no
podían explicar cómo un busto de yeso tenía efusiones de sangre
humana.
Para confirmar más estas pruebas, Ron Tesoriero llevó muestras
al laboratorio forense del Gobierno de Nuevo Gales del Sur, en
Australia, y las pruebas realizadas confirmaron los mismos
resultados de Nueva Orleans, pero descubrieron algo insólito. La
sangre se coagulaba en forma de costras como en cualquier herida
normal, pero sólo en la parte de la cabeza en que estaban las
heridas de la corona de espinas, no en el cuello o pómulos o en la
vestimenta. Las costras se registraban solamente en los lugares
donde muy probablemente las espinas provocaron las laceraciones que
lastimaron la piel, conformando heridas sangrantes.
En una costra, tomada el 22 de agosto y analizada en el
laboratorio de Australia, se determinó que era sangre humana; pero,
además, el doctor Peter Ellis del Instituto de clínica patológica
e investigación médica de Sidney, en su informe del 4 de enero de
1996, observó la punta de una espinita y, según el informe, “podría
indicar que proviene de una planta tipo cactus” (o posiblemente de
una espina de cactus).
Se recurrió al doctor John Walker, experto en botánica y en el
análisis microscópico de estructuras moleculares orgánicas. Y
afirmó: “El espécimen bajo el microscopio aparece como la punta
de una espina afilada de una planta proveniente de regiones áridas.
La estructura molecular claramente indica la de una espina”.
¿Una espina en la frente de Jesús, de donde se recogió la
costra? ¿Quién podría haber colocado allí una espina, que sólo
se pudo identificar con un microscopio electrónico de altísima
resolución? Hay que aclarar que ninguno de los laboratoristas
conocía la procedencia de la costra...
Como muchos casos similares son atribuidos al poder mental
ectoplásmatico o telérgico de personas que oran o de los
propietarios de las imágenes, cuando están presentes; pensamos en
obtener un registro filmado instalando una máquina programada que
filmara la imagen durante toda la noche. El objetivo era la
posibilidad de obtener una muestra de efusión de lágrimas en
ausencia de personas.
El martes 22 de agosto de 1995 a las 10 de la noche, el experto
australiano Bill Steller instaló el sistema de filmación
programada lo que permitió lograr una de las pruebas más hermosas
de aquello que ocurre en el rostro de Cristo. Se obtuvo la
filmación del llanto y el momento en el cual la lágrima cristalina
cae al pecho del busto. La película ha sido vista hasta el presente
por millones de personas en los cinco continentes, sin que alguien
haya podido denunciar manipulación alguna, sino más bien,
reconociendo la validez y el significado de tan importante
documento.
Así se ha descarto cualquier teoría telérgica o
ectoplasmática. Por otra parte, la placa tomográfica, efectuada en
el Centro scanner Cochabamba a cargo del doctor Alberto Darrás,
revela que la imagen por dentro es hueca y sólo tiene aire. No hay
evidencias de porosidades, huecos ni sistemas que puedan hacer
pensar en la instalación de instrumentos sofisticados que expliquen
las efusiones de lágrimas de sangre.
Por eso, podemos preguntarnos: ¿Dónde existe un poder
paranormal capaz de crear nada menos que una cadena de genes
correspondiente a la naturaleza humana? El obispo de Cochabamba,
René Fernández, después de analizar las conclusiones y evaluar
los datos con la Comisión teológica instituida, aprobó el informe
y ante la prensa entregó un documento el 30 de setiembre de 1995 en
el cual AUTORIZA LA VENERACION DE LA IMAGEN DEL CRISTO QUE LLORA EN
COCHABAMBA.
Pero hay más, el 28 de marzo de 1997, en la catedral de
Cochabamba, durante la celebración de las Siete palabras, aquel
viernes Santo, estando presente un gran público, pudieron comprobar
la lacrimación de la imagen. Una muestra se envió al Instituto de
medicina legal del hospital universitario Agostino Gemelli de Roma.
El doctor A. Fiori estudió la muestra y dio el informe el 22 de
abril de 1998 donde afirma: “El nuevo análisis realizado sobre
las muestras de sangre permitieron únicamente confirmar que el
material examinado es sangre y tiene origen humano”.
Y el doctor Ricardo Castañón termina diciendo: Luego del
estudio en dos laboratorios nacionales (La Paz y Cochabamba) y tres
en el exterior: Nueva Orleans (USA), Sidney (Australia) y Roma
(Italia), creemos suficiente prueba de base para demostrar que el
líquido de Cochabamba es verdaderamente sangre humana.
Y continúa: Mis investigaciones sobre el Cristo boliviano
llamaron la atención de la productora de televisión norteamericana
FOX. Esta empresa decidió buscar al mejor productor de documentales
de investigación y optaron por invitar a Mike Willesee, la mayor
autoridad de habla inglesa... El equipo estuvo conformado por
técnicos llegados de Australia, USA e Inglaterra. Ellos, con la
autorización de la familia Arévalo Urquiri, tomaron su propia
muestra de la sustancia rojiza de la imagen del Cristo sangrante. Y
llevaron la muestra a los laboratorios “Forensic analytical” en
Hayward de California. Los resultados los dieron a conocer en vivo
durante la transmisión del largometraje en una entrevista que
hizo Mike Willesee con la doctora Lisa Calandro, responsable de la
investigación de la muestra. Era el 28 de julio de 1999, a las ocho
de la noche, en vivo desde California. El documental se titulaba “Signos
de Dios: La ciencia prueba la fe”. Y en él se declaró
públicamente que los resultados obtenidos eran exactamente iguales
que los míos y que la muestra contenía sangre humana.
Por último, el 9 de marzo del 2000, e1 sacerdote Alberto del
Becchio, párroco de la parroquia de san Pedro, donde sucedieron los
hechos, presidiendo una celebración por el quinto aniversario de
las efusiones de sangre, pudo constatar que el rostro de Cristo se
humedecía con una sustancia con fragancia de rosas... En total, las
lacrimaciones observadas han sido más de 300.
Hostia que sangra
El mismo doctor Ricardo Castañón nos dice: No trabajo solo,
tengo un equipo en diferentes países y, hasta ahora, he estudiado
más de 50 casos, de los cuales sólo siete han sido falsos. Recurro
a especialistas en radiología, electroencefalografía, neurología,
y hasta físicos nucleares para llegar a las conclusiones.
En 1996, estudié un fenómeno en Buenos Aires. Un sacerdote de
la parroquia Santa María recogió una hostia consagrada que cayó
al suelo al dar la comunión. La depositó en un recipiente con
agua, esperando que se disolviera, A los 11 días constató que los
bordes de la hostia tenían un color rojizo, tono que después se
extendió a toda la hostia. Tres años después, el arzobispo Jorge
Bergoglio me invitó a hacer una investigación y, desde 1999 al
2006, con la ayuda de laboratorios especializados de distintos
países, con expertos en medicina forense, patología e histología,
he concluido que se trata de sangre humana.
Lo sorprendente es que se halló tejido correspondiente al
ventrículo izquierdo del corazón, además de la existencia de
glóbulos blancos intactos, que sólo se hallan en personas vivas.
El informe de los expertos me indicó que la sangre pertenecía a
una persona que había sufrido mucho. Así puedo decir que la hostia
consagrada tenía sangre humana viva, como si Jesús quisiera
confirmar con este milagro, al igual que en Lanciano, que Él sigue
vivo y presente entre nosotros en la Eucaristía.
Virgen de Akita
El 7 de julio de 1973, las hermanas Siervas de la Eucaristía del
convento de Akita, en Japón, descubrieron que de la mano derecha de
la estatua de la Virgen emanaba sangre. La herida de la imagen
sangró todos los viernes de julio de 1973. Al atardecer del 29 de
setiembre, toda la Comunidad reconoció que de la imagen salía un
gran resplandor que, después, se convirtió en humedad. Se limpió
el liquido con algodones que fueron enviados a laboratorios de la
universidad de Akita y determinaron que eran secreciones humanas.
En 1982, el escultor de la imagen, M. Saburo Wakasa, quedó
maravillado al ver que era su propia obra, pero su rostro se veía
absolutamente diferente.
El 4 de enero de 1975, el obispo y otras muchas personas
observaron cómo la imagen derramó lágrimas tres veces ese día.
Como consecuencia de ello, el obispo Ito solicitó al profesor
Sagisaka, especialista en medicina forense y no creyente, que
hiciera un análisis de los tres fluidos (sangre, lágrimas y
sudoración) y el resultado fue: La materia presente en la gasa es
sangre humana. El sudor y las lágrimas son de origen también
humano. Sucesivamente, se encontró que la sangre pertenecía al
grupo B y el sudor y las lágrimas al grupo AB.
Algunos, como el jesuita García Evangelista, creyeron que todo
se debía al fenómeno llamado telergia o ectoplasmosis, dado que la
sangre de la imagen y el de la hermana Agnes era de grupo B. Ante
esta teoría ectoplasmática, el padre Yasuda obtuvo muestras del
fluido de la imagen el 22 de agosto de 1981 y los llevó a analizar
a los laboratorios de medicina forense de la universidad de Gifu. El
resultado fue: El objeto examinado tiene adherido líquido humanos
que corresponden a sangre de tipo O (anteriormente había dado tipo
B) y las sudoraciones y las lágrimas son del grupo AB. Las muestras
corresponderían a tres grupos diferentes. Con esto se descartaba la
teoría de que la hermana Agnes hubiera podido transferir sangre o
fluidos de su cuerpo a la imagen.
El obispo consultó al profesor Shoju del Instituto de
tecnología de Tokio, experto en fuerzas ectoplasmáticas, quien
respondió que esa teoría era falsa. Eso se podía dar, si la
persona estaba a 15 metros del objeto. Pero las lágrimas y la
sangre se habían dado incluso, cuando la hermana Agnes estaba a 400
kilómetros de distancia. Se pensó que podía deberse a otras
religiosas del convento, pero ninguna de ellas tenían el grupo AB,
como daban las lágrimas y la sudoración. Por ello, esa teoría
quedó totalmente descartada.
El obispo, en carta pastoral del 22 de abril de 1984, reconoció
la sobrenaturalidad de los hechos. La Congregación para la Doctrina
de la fe del Vaticano, presidida por el cardenal Ratzinger, aprobó
en 1988 los acontecimientos milagrosos de Akita.
**********
La ciencia sin religión es coja, la religión sin la ciencia es
ciega. (Einstein)
REFLEXIONES
De todo lo que hemos visto anteriormente, podemos deducir que la
ciencia y la fe no son dos cosas totalmente opuestas y enemigas
entre sí. Son dos alas que lleva al hombre hacia la verdad. Decía
el Papa Juan Pablo II en la encíclica “Fides et ratio”: La fe y
la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano
se eleva hacia la contemplación de la verdad. La Iglesia está
profundamente convencida de que la fe y la razón se ayudan
mutuamente. Aunque la fe está por encima de la razón, sin embargo,
ninguna verdadera disensión puede darse jamás entre la fe y la
razón, dado que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la
fe, puso dentro el alma humana la luz de la razón y Dios no puede
negarse a sí mismo ni la verdad puede contradecir jamás a la
verdad.
El mismo Papa, el 25 de mayo del 2000, decía a los científicos:
La fe no teme a la razón... Si en el pasado, la separación entre
fe y razón ha sido un drama para el hombre que ha conocido el
riesgo de perder su unidad interior bajo la amenaza de un saber cada
vez más fragmentado, vuestra misión consiste hoy en proseguir las
investigaciones, convencidos de que para el hombre inteligente todas
las cosas se armonizan y concuerdan.
El gran científico doctor en física y miembro del Observatorio
astronómico del Vaticano padre Manuel Carreira, afirma: Nunca la fe
me pedirá que yo deje de ser racional, nunca la fe me dirá que
crea en algo absurdo y la razón nunca me dirá algo que contradiga
mi fe. Son dos maneras independientes, pero complementarias de
aceptar la realidad del plan de Dios. La fe se llama en teología un
obsequio racional, porque nuestra razón acepta la verdad infinita
de Dios, que nos supera. Con las dos alas de la fe y la razón
podremos encontrar la verdad completa y acercarnos a Dios que ha
creado el universo.
Francis Collins, el director del proyecto genoma humano, nos
dice: La ciencia es el único modo confiable de entender el mundo
natural; y sus herramientas, cuando se usan adecuadamente, pueden
generar profundas revelaciones en la existencia material. Pero la
ciencia no tiene capacidad de responder preguntas tales como ¿Por
qué el universo llegó a existir? ¿Cuál es el significado de la
vida humana? ¿Qué sucede después de la muerte? Una de las
motivaciones más fuertes de la humanidad es buscar respuestas a
preguntas profundas y necesitamos reunir el poder de ambas
perspectivas, la científica y la espiritual para fortalecer el
entendimiento, tanto de lo que se ve como de lo que no se ve. Para
mí, como creyente, la revelación de la secuencia del genoma humano
tiene una importancia adicional. El libro del genoma humano está
escrito en el lenguaje del ADN por medio del cual Dios dictó la
vida al ser. El genoma tiene tres mil cien millones de letras de
código de ADN, distribuidos a lo largo de veinticuatro cromosomas.
Para mí, fue un sentimiento sobrecogedor el poder explorar el más
importante de todos los textos biológicos.
CONCLUSIÓN
Después de haber visto cómo muchas veces se toma por
científico lo que no lo es y que la ciencia es buena y querida por
Dios, podemos decir que la fe y la ciencia no son opuestas sino
complementarias. La ciencia verdadera confirma nuestra fe y la fe
debe apoyarse en las pruebas de la ciencia para comprender mejor y
amar más al único Dios creador de todo el universo. La ciencia nos
debe llevar a conocer más las maravillas de Dios y a ver su amor en
todas las cosas creadas. Todo ha sido creado por amor y debe
llevarnos al Amor, hacia Dios.
Si nos detenemos a pensar cómo nuestro organismo y las cosas que
nos rodean están compuestas de átomos y que todo tuvo su origen
hace 15 mil millones de años en la gran explosión llamada big
bang, comprenderemos que Dios ha creado todo para el hombre, para
poder hacerlo su propio hijo y así darle una felicidad eterna.
Por eso, decía Steven Weinberg, premio Nóbel de física: La
misma ciencia que antes parecía haber “matado” a Dios, está
restableciendo la fe según los creyentes. Los físicos se han
tropezado con señales de que el cosmos está hecho a la medida para
dar lugar a la vida y a la conciencia. Resulta que, si las
constantes de la naturaleza, es decir, los valores invariables como
la fuerza de la gravedad, la carga de los electrones y la masa de
los protones, se modifican en lo más mínimo, entonces el átomo
perdería su integridad, las estrellas no brillarían y la vida
nunca habría surgido.
El universo tuvo un comienzo, no existe la materia eterna.
Alguien tuvo que dar comienzo a la materia primigenia, porque de la
nada no sale nada y del azar no puede salir un mundo tan ordenado
con leyes estables y un universo tan maravilloso.
Seamos agradecidos a Dios por la vida y, si nos falta fe,
pidámosle el don de la fe para que, amándolo con todo el corazón,
podamos agradecerle eternamente por la creación del universo y por
el don de la vida y de la fe.
Que Dios te bendiga. Saludos de mi ángel
P. Ángel Peña O.A.R. Agustino Recoleto
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Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org