EL CORAJE DE SER CATÓLICO
LIMA – PERÚ 2009
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca
(Perú)
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
Un mundo anticatólico. Temas candentes: La Inquisición. La
evangelización de América. Galileo. Las Cruzadas. Los judíos. La
noche de san Bartolomé. Los protestantes. Los ortodoxos. Los
testigos de Jehová. Los ateos. La evolución. La Iglesia ¿causante
de todos los males? Católicos en acción. Testimonios. Preguntas.
Reflexiones.
CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En el mundo actual existe una actitud anticatólica manifiesta,
de modo que quien desee manifestarse abiertamente como católico,
recibirá constantemente críticas y oposiciones, que pueden llegar
a verdaderas persecuciones. Muchos políticos, incluso de países
mayoritariamente cristianos, pareciera que tienen un deseo común:
eliminar la fe católica del mundo. Y lo hacen como si la Iglesia
fuera una institución retrógrada, oscurantista e intolerante, que
debe ser eliminada por no favorecer la paz, sino fomentar la
violencia. Evidentemente, eso no es verdad, pero pretenden imponer
sus ideas por la fuerza del poder político o a través de los
grandes medios de educación y comunicación social.
Por todo ello, es preciso que los católicos convencidos se
pongan de pie, propaguen su fe, especialmente con su vida, y den
testimonio ante el mundo actual de que vale la pena ser católicos.
Ser católico es tener la seguridad de estar en la verdad, que Dios
mismo nos enseñó por medio de Jesucristo. La verdad, que en el
amor a Dios y al prójimo, da sentido a nuestra vida y nos llena de
alegría y felicidad. Pero también supone ser signo de
contradicción y recibir ataques de aquellos que hablan mucho de
tolerancia, pero no toleran la fe católica.
Ser católicos de verdad en un mundo anticatólico es difícil,
porque supone luchar contra una mayoría que, por maldad o por
ignorancia, atacan nuestra Iglesia y nuestra fe. Hace falta mucho
coraje para vivir como católicos, pero vale la pena. El mundo
moderno necesita testigos vivos del Evangelio, católicos
militantes, que no se escondan sino que den la cara y salgan al
frente para defender su fe. Católicos que no se avergüencen de su
historia y que sepan responder ante las acusaciones que les plantean
los enemigos de la Iglesia.
Si eres católico, contamos contigo. Vive tu fe y así, por
experiencia personal, podrás decir a todos los que te rodean que
ser católico es la mayor gracia que Dios te ha regalado, que no
estás dispuesto a renunciar a ella y que quieres compartirla con
todos los que lo deseen y busquen un sentido a su vida.
UN MUNDO ANTICATÓLICO
Pareciera que la única fe que puede ser ofendida públicamente
es la católica. Si alguien habla mal de Mahoma o del Islam,
inmediatamente los musulmanes cierran filas y atacan al interesado o
a su país e, incluso, lo condenan a muerte para que todo buen
musulmán pueda matarlo, si está en sus manos, haciendo así algo
“agradable” a su Dios: Eliminar a un infiel, ofensor del profeta
o de su fe.
Con respecto al catolicismo, cualquiera puede hablar mal de
Cristo o de la Virgen María, del Papa o de los católicos, y hasta
es felicitado en los medios masivos de comunicación social. Ser
católico no está de moda. Muchos católicos bautizados, aunque no
practicantes, parece que se sienten avergonzados de su historia y de
su fe. Por eso, los católicos deben estar bien informados para
poder defenderse y demostrar la falsedad de tantas cosas negativas
que hablan contra la Iglesia. Veamos algunas de ellas.
En el bienal de Venecia se puso en escena un espectáculo Messiah
Game, donde la Última Cena se presenta como una orgía, y a Jesús
crucificado se le presenta como un masoquista. En Bologna (Italia)
se representó la Madonna piange esperma (La Virgen llora esperma)
con un inadmisible mensaje contra la Virgen María. Unos dibujos
norteamericanos South Park insultaban a la Virgen María, lo que
provocó la protesta de los obispos católicos de Nueva Zelanda.
En Canadá, la Canadian Broadcasting Corporation se dio el lujo
de presentar en televisión el programa The altar boy gang donde los
acólitos católicos eran presentados como adictos a las drogas; y
como si recibir la comunión fuera comer snacks. Así lo informaba
el 10 de mayo del 2007 el periódico Ottawa Citizen.
A principios del 2007, la universidad de Minnesota en Estados
Unidos, decidió representar una obra del italiano Darío Fo,
titulada el Papa y la bruja, en la que se presenta a un iluso e
innombrado Pontífice y donde aparece el Vaticano como si estuviera
implicado en tráfico de drogas.
El 21 de julio de 2007, un artículo de The economist hablaba de
que la Santa Sede debía renunciar a participar de la ONU, porque es
la única religión del mundo que está allí representada. Pero
esta idea de expulsar a la Santa Sede de la ONU no es nueva. En
1995, un cártel de varios países, coordinado por Catholics for a
free choice, una organización norteamericana, presidida por una
ex-religiosa, Frances Kissling, pero católica sólo de nombre y
desautorizada por los obispos de Estados Unidos, promovió una
campaña con el título See change para excluir a la Santa Sede de
la ONU.
Lo que no dicen es que la Santa Sede tiene desde 1964 el status
de observador permanente en la ONU; que el Vaticano es un Estado
independiente y que tiene representantes diplomáticos en 176
países. La personalidad jurídica que le reconocen tantos países,
no es una casualidad. Pero para algunos Estados e Instituciones, a
partir de la Conferencia internacional de el Cairo de 1994 y la
siguiente de Pekín sobre la mujer, la Santa Sede es la más
acérrima defensora de la vida ante la presión de la misma ONU y de
las mayores potencias occidentales, partidarias de políticas
pro-aborto. Ahí está la razón por la que la quieren sacar de la
ONU.
En octubre del 2006, la BBC de Londres transmitió el programa
Sex crimes and the Vatican (los crímenes sexuales y el Vaticano).
En él se planteaba la complicidad del Vaticano y concretamente de
Benedicto XVI como encubridor de los delitos sexuales de los
sacerdotes pedófilos. Pero hubo varias falsedades claras que
invalidaron el programa:
Se presentó la instrucción Crimen sollicitationes de 1962 como
un documento que tratara de encubrir esos pecados de los sacerdotes
pedófilos. Por el contrario, ese documento, presentado como
secreto, es público y trata de la excomunión de los sacerdotes que
solicitan a mujeres, no niñas, durante el sacramento de la
confesión. En ese mismo documento, se habla de que, cuando se
refiera a niños, hay obligación de denunciar al sacerdote en el
plazo de un mes; esta obligación también atañe al laico que tenga
noticia de cualquier abuso, bajo pena de excomunión. El que no
denuncia es excomulgado.
Otra gran mentira fue decir que la letra apostólica Delictís
gravioribus del 2001, firmada por el cardenal Ratzinger como
prefecto de la Congregación para la doctrina de lo fe, trata de lo
referido anteriormente sobre el crimen de solicitación en la
confesión. En esta carta no se habla de mujeres adultas sino de
niños y se establece una disciplina más severa con relación al
abuso de menores, pues estos pecados no prescriben hasta que el
menor haya cumplido al menos 28 años, lo cual manifiesta la
voluntad la Iglesia de perseguir a los abusadores más allá de los
límites normales de las leyes de prescripción.
Por otra parte, en el programa de la BBC se confunde también
maliciosamente la diferencia entre secreto del proceso y secreto del
delito. El delito hemos dicho hay que denunciarlo bajo pena de
excomunión, cuando se trata de menores, pero el proceso debe
hacerse en secreto para poder hacer efectivas las sanciones, si
tuvieran que darse. Porque, en muchos casos, se denuncian casos
falsos por el afán de obtener dinero fácil con denuncias
injustificadas o cuando no se pueden probar por haber muerto el
interesado.
En muchos talk show americanos se ha dicho alegremente que el
cinco o seis por ciento de los sacerdotes americanos eran
pedófilos, lo que es totalmente exagerado. Philip Jenkins ha
escrito dos obras sobre este tema: Pedophiles and priests. Anatomy
of a contemporary crisis (Oxford university press, Oxford y Nueva
York, 1996) y Moral panic. Changing concepts of child molester in
modern America (Yale university press, New Haven-Londres, 1998). El
autor manifiesta que se han exagerado las cifras. Y dice:
Los abusos cometidos por clérigos son mucho menos frecuentes de
lo que dan a entender los titulares de los periódicos. Él mismo
afirma que la tasa de incidencia es mucho mayor entre maestros u
otros profesionales que trabajan con niños y jóvenes que entre
sacerdotes. Pero, cuando se trata de sacerdotes, se sacan casos de
hace más de 50 años. Hasta ahora han sido condenados por los
tribunales en Estados Unidos unos 100 casos, de entre los 105.000
sacerdotes que han vivido en ese tiempo en Estados Unidos; y el 99%
de estos eclesiásticos eran homosexuales. Por ello, el Papa
Benedicto XVI ha prohibido que sean ordenados como sacerdotes
quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias
homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la llamada cultura
gay (Instrucción del 31 de agosto de 2005).
Por otra parte, hay muchas películas que tratan de presentar
casos concretos de escándalos de sacerdotes o instituciones
católicas para dar la impresión de que la Iglesia está podrida
por dentro. Podemos mencionar algunas películas como: Mala
educación, El crimen del padre Amaro, Las hermanas Magdalenas… Y
¿qué decir de la película, basada en el libro de Dan Brown, El
código da Vinci? En ella se presenta a Jesús, casado con María
Magdalena, con la cual tiene una hija, Sara. La idea principal que
subyace en la película es negar que Jesucristo es Dios y decir que
la divinidad de Cristo fue un invento del emperador Constantino en
el siglo IV, sugiriendo que esta mentira de que Cristo es Dios ha
sido celosamente guardada por la Iglesia hasta ahora, engañando a
todo el mundo. Hay otras falsedades como la de presentar al Opus Dei
como una Institución criminal o afirmar que la Inquisición mató
cinco millones de brujas.
El mayor especialista, de renombre mundial, en el tema de las
brujas a nivel mundial, el doctor Gustav Henningsen, que ni siquiera
es católico, afirma con toda claridad: Las cifras de la quema de
brujas por la Inquisición, por inesperadas, resultan asombrosas.
Para Portugal es cuatro, para España 59 y para Italia 36.
Y así podríamos seguir hablando de tantas mentiras que tratan
de denigrar a la Iglesia como las que se encuentran en el llamado
Evangelio de Judas o en el documental sobre la tumba de Jesús, etc.
Por todo ello, es muy importante que los católicos estén bien
informados de la historia de la Iglesia para que puedan conocer las
cosas en su verdadera dimensión y puedan responder con seriedad a
tantas mentiras, calumnias o exageraciones mal intencionadas de
tantos seudocientíficos o ignorantes de turno.
TEMAS CANDENTES
La Inquisición
Hay una serie de temas recurrentes, cuando se quiere atacar a la
Iglesia. Uno de ellos es el de la Inquisición. A todos los que
quieran profundizar en este tema les sugiero leer las Actas del
Simposio internacional sobre la Inquisición, organizado por el
Vaticano del 29 al 31 de octubre de 1998 y al que asistieron los
principales especialistas en el tema, no solo católicos. Ya hemos
hablado de Gustav Henningsen, pero podemos citar a otros como
Adriano Garuti que dice: La pena capital era reservada al herético
pertinaz o reincidente. Contrariamente a lo que se piensa,
frecuentemente sólo un pequeño porcentaje de procedimientos
inquisitoriales se concluía con la condena a muerte. El
investigador Andrea de Col afirma que hay datos fidedignos que
aseguran que de las tres sedes italianas de la Inquisición: Roma,
Venecia y Aquileia-Concordia, el total de ejecutados fueron 128 y no
los miles y miles de que habla la leyenda negra.
En cuanto a la Inquisición española, el especialista
protestante inglés Henry Kamen reconoce: La humanidad y benignidad
de la Inquisición española contrasta agudamente con las
invariables ejecuciones de los acusados por los tribunales seculares
españoles. Las historias espeluznantes de sadismo, imaginadas por
los enemigos de la Inquisición sólo han existido en la leyenda. Se
celebraron centenares de autos de fe sin que se encendiera una
gavilla.
En una época en que el uso de la tortura era general en los
tribunales criminales europeos, la Inquisición española siguió
una política de benignidad y circunspección. La tortura era
empleada sólo como último recurso y aplicada en muy pocos casos.
Las confesiones obtenidas por la tortura jamás eran aceptadas como
válidas, porque evidentemente habían sido obtenidas por la
coacción. Por lo tanto, era esencial que el acusado ratificara su
confesión al día siguiente de haber sido torturado... Los archivos
de la Inquisición son exhaustivos y completos al describir el curso
de las sesiones de tortura. Cada palabra, cada gesto era anotado
por el secretario presente. Como reportajes, estos relatos carecen
de paralelo en su época… Comparándola con la crueldad deliberada
y la mutilación practicadas en los tribunales seculares ordinarios,
se ve con una luz mucho más favorable de lo que sus detractores se
han molestado en admitir. Si se agrega a esto las relativas buenas
condiciones de sus prisiones, queda claro que el tribunal, en su
conjunto, no tenía interés por la crueldad y que intentó en todo
momento temperar la justicia con un trato misericordioso.
Según los especialistas, aunque no hay cifras exactas, los
muertos por la Inquisición española serían entre 1.500 y 2.000,
pero en cuanto a las brujas sólo 100 en todo el mundo. Por eso,
Henningsen dice: La exagerada suposición de que la Inquisición en
siglo XV y XVI hubiera quemado a 30.000 brujas hace tiempo que ha
dejado de tenerse en consideración, por la ciencia.
En España, Portugal e Italia, los tribunales civiles quemaron
1.300 brujas, que sumados a los 100 de la Inquisición, hacen un
total de 1.400. En cambio, en Alemania, donde no había Inquisición
y eran de mayoría protestante, las brujas quemadas fueron 25.000.
En Inglaterra, según Henningsen, mataron 1.500 brujas. Por eso,
dice el mismo Henningsen: La Inquisición fue la salvación de miles
de personas acusadas de un crimen imposible. Y otro gran
investigador inglés, Cecil Roth, afirma: Por este servicio a la
humanidad y a la verdad (de librar de la muerte a miles de acusados
de brujería), pues hubo unos 20.000 juicios llevados a cabo por los
tribunales inquisitoriales, la Inquisición española merece la
gratitud de todos los hombres civilizados.
Por eso, podemos preguntarnos: ¿Hubiera sido mejor que no
hubiera existido la Inquisición, cuyo cometido era definir
claramente quién era hereje o no lo era para salvar a los que no lo
eran de envidias o venganzas? Cuando se aclaraba que uno era hereje,
se le daba la oportunidad de retractarse para salvarse. De haber
sido juzgado en los tribunales civiles, hubiera muerto sin
compasión, dado que ser hereje en aquellos tiempos era ser
considerado como terrorista, enemigo del Estado, pues los países
protestantes eran enemigos declarados de España y los piratas
protestantes asaltaban sus colonias.
De hecho, muchos herejes buscaban ser juzgados en los tribunales
de la Inquisición, porque eran mucho más benignos y el tiempo de
tortura, cuando la había, era máximo de una hora; no podía haber
mutilación ni derramamiento de sangre, lo que no existía en los
tribunales civiles de la época en todo el mundo.
Si no hubiera existido la Inquisición en España para controlar
la expansión de las doctrinas protestantes, ¿habría habido menos
muertos? ¿Cuántos habrían muerto por las guerras de religión
como en otros países europeos? ¿Y cuántas más brujas habrían
muerto? Por eso, reconociendo que toda muerte o tortura fue un error
y, admitiendo que pudo haber excesos como en toda obra humana,
consideramos que el balance general fue muchísimo más positivo que
negativo, como lo dicen los mismos especialistas en el tema. Sin la
Inquisición, el mundo habría lamentado muchos más miles de
muertos.
La Evangelización de América
Se sabe que los aztecas hacían continuas guerras para tener
esclavos que sacrificar a sus dioses. En 1485 habían sacrificados
al Dios Hvitzilopoctli más de 84.000 indios. El obispo de México
Fray Juan de Zumárraga, un hombre prudente y honesto, afirma en una
carta de 1531, dirigida al capítulo franciscano de Tolosa que los
indios tenían la costumbre de sacrificar 20.000 hombres cada año.
Igualmente el historiador Alfonso Trueba dice: En el imperio azteca
se sacrificaban veinte mil hombres al año.
Por otra parte, los aztecas practicaban la poligamia. El
emperador Moctezuma tenía en su palacio mil mujeres y algunos
afirman que tres mil entre señoras, criadas y esclavas.
En cuanto a los incas, cuando Pizarro llego al Perú, los incas
acababan de matar a 20.000 miembros de tribus rivales. Los incas
practicaban sacrificios humanos para alejar un peligro, una
carestía o una epidemia. Por todo ello, afirma el historiador
norteamericano Lewis Hanke: La conquista de América por los
españoles fue uno de los mayores intentos que el mundo haya visto
de hacer prevalecer la justicia y las normas cristianas en una
época brutal y sanguinaria.
En cuanto a las matanzas de los indios por los protestantes
ingleses en Estados Unidos, veamos lo que dice el historiador
calvinista Pierre Chaunu: La pretendida matanza de los indios por
parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza
norteamericana de la frontera oeste que tuvo lugar en el siglo XIX.
La América protestante logró liberarse de este modo de su crimen,
lanzándolo de nuevo sobre la América católica.
El especialista norteamericano Roy Pearce dice: En 1703 el
gobierno de Massachusetts pagaba 12 libras esterlinas por cuero
cabelludo, cantidad tan atrayente que la caza de indios organizada
con caballos y jaurías de perros, no tardó en convertirse en una
especie de deporte nacional, muy rentable… Se trataba de una
práctica que en la América española no sólo era desconocida,
sino que, de haber tratado alguien de introducirla, habría
provocado no sólo la indignación de los religiosos, siempre
presentes al lado de los colonizadores, sino también las severas
penas establecidas por los reyes para tutelar el derecho a la vida
de los indios.
Otro historiador francés Jean Dumont dice: Si por un imposible,
España con Portugal se hubieran pasado a la Reforma, habrían
aplicado los mismos principios que los puritanos en Norteamérica.
Un inmenso genocidio hubiera borrado del mapamundi a la totalidad de
los pueblos indios.
Y es bien sabido que los reyes españoles prohibieron la
esclavitud de los nativos de América y permitieron la esclavitud de
los negros a pesar de las constantes y claras prohibiciones de los
Papas desde los tiempos de san Gregorio Magno (siglo VI).
¿Valió la pena la conquista y evangelización de la América
española? ¿Hubiera sido mejor dejarlos con sus prácticas crueles
y con su atraso cultural? ¿Hubiera sido mejor que hubieran sido
colonizados por los protestantes ingleses? Al menos, estos pueblos
recibieron la luz del Evangelio, llevada con heroísmo y sacrificio
por miles de misioneros católicos, que construyeron en sus
conventos escuelas, universidades y hospitales para el progreso
cultural y social de todos.
Galileo
Otro caso que siempre sale a relucir es el de Galileo
(1564-1642). La mayor parte de la gente sólo conoce las cosas de
oídas y hasta creen que fue condenado a la hoguera o poco menos.
Pero Galileo nunca fue condenado a muerte ni a prisión ni fue
torturado. Solamente fue obligado a no presentar como segura su
teoría heliocéntrica (la tierra da vueltas alrededor del sol),
sino como una hipótesis.
Galileo estaba convencido de que la tierra daba vueltas alrededor
del sol, algo que había aprendido del eclesiástico polaco
Copérnico (1473-1543). Pero no supo dar pruebas convincentes y la
única prueba que dio sobre las mareas oceánicas estaba totalmente
equivocada. Decía que la mareas eran provocadas por la sacudida de
las aguas a causa del movimiento de la tierra y sabemos que eso se
debe a la atracción de la luna.
El cardenal Roberto Belarmino le informó en 1616 que podía
defender su opinión, pero sólo como una hipótesis.
Pero, a pesar de las recomendaciones del cardenal Belarmino, en
1632, escribió su Diálogo sobre los grandes sistemas del mundo en
el que hizo caso omiso del compromiso de presentar su opinión
copernicana como hipótesis y, entonces, intervino la Inquisición y
lo juzgó.
El 22 de junio de 1633 tuvo que escuchar la sentencia y debió
abjurar de su teoría, que algunos jueces suponían que iba contra
la Biblia. Se prohibieron sus libros y fueron incluidos en el
Índice. Pero Galileo no perdió la amistad de obispos ni
científicos, aunque el juicio fue una humillación y un sufrimiento
que la Iglesia ha lamentado durante siglos. Fue una decisión del
Tribunal de la inquisición y, por tanto, no fue un dogma de fe. En
1741, cuando se demostró la verdad de su teoría, se dio permiso
para publicar sus obras con autorización de la Inquisición.
Pero observemos que Galileo murió en su casa a los 78 años como
buen católico. Su error fue presentar su teoría como verdad
absoluta sin dar pruebas; y el error de los jueces del tribunal de
la Inquisición fue rechazarla, basándose, entre otros, en
argumentos bíblicos, que no eran científicos. Pero en este caso
nunca hubo intervención del Papa para definir una verdad como
infalible. Además, aunque el Papa hubiera querido definir esa
cuestión, no tenía ninguna autoridad sobre temas científicos.
Sólo puede definir sobre verdades de fe y costumbres.
El Papa Juan Pablo II en 1981 nombró una Comisión integrada por
los mejores especialistas, no sólo católicos, para tratar a fondo
el tema de Galileo. Con este motivo se abrieron a los estudiosos los
archivos secretos del Vaticano. Esta Comisión terminó sus estudios
en 1992 y el 31 de octubre de ese año, e1 cardenal Poupard,
presidente de la Comisión, hizo un resumen de los trabajos
realizados, diciendo: En esa coyuntura histórico-cultural muy
alejada de la nuestra, los jueces de Galileo, incapaces de disociar
la fe de una cosmología milenaria, creyeron equivocadamente que la
adopción de la revolución copernicana, que por lo demás todavía
no había sido probada definitivamente, podía quebrar la tradición
católica y que era su deber prohibir su enseñanza. Este error
subjetivo de juicio, tan claro para nosotros hoy día, les condujo a
una medida disciplinaria a causa de la cual Galileo debió sufrir
mucho. Es preciso reconocer lealmente estos errores.
Por su parte, el Papa en su intervención afirmó: El caso
Galileo era el símbolo del pretendido rechazo del progreso
científico por parte de la Iglesia o bien del oscurantismo
dogmático opuesto a la búsqueda de la verdad. Una trágica
incomprensión recíproca ha sido interpretada como el reflejo de la
oposición constitutiva entre ciencia y fe. Las aclaraciones
aportadas por los pacientes estudios históricos nos permiten
afirmar que ese doloroso malentendido pertenece ya al pasado.
Las Cruzadas
Éste es otro tema que siempre sacan a relucir contra la Iglesia,
como si hubiera fomentado la violencia contra los pacíficos
musulmanes. Pero nada más lejos de la realidad. Como dice el
historiador medieval Franco Cardini en un artículo aparecido en el
periódico italiano Avvenire, titulado Cruzadas, no guerras de
religión, las Cruzadas no fueron guerras para suprimir a los
infieles o convertirlos a la fuerza, aunque los excesos y violencias
que existieron no se justifiquen.
Hay que recordar que los musulmanes destruyeron toda huella
cristiana de Jerusalén entre el año 1009 y 1020. Los cristianos
fueron perseguidos y sus casas saqueadas. Poco a poco, fueron
cayendo las principales sedes cristianas de Oriente. Las Cruzadas
comenzaron con el deseo de conquistar los santos lugares de
Palestina. Este deseo fue concretado en el concilio de Clermont en
1095 con el apoyo del Papa Urbano II, que fue el promotor de la
primera Cruzada, la cual tuvo como resultado la conquista de
Jerusalén el 15 de julio de 1099 por Godofredo de Bouillon. Durante
100 años, los cristianos estuvieron en Jerusalén hasta que fueron
expulsados. Intentaron reconquistarla, pero sin éxito.
Según el historiador norteamericano Thomas Madden, hay muchos
mitos sobre las Cruzadas. Así lo explica en su libro A concise
history of the crusades. Uno de los mitos es creer que fueron
guerras de agresión contra un mundo musulmán pacifico. Esta es una
afirmación equivocada, pues los musulmanes, desde los tiempos de
Mahoma, intentaron conquistar el mundo cristiano. En el siglo XI ya
habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano
(Palestina, Egipto, Asia Menor, Norte de África, España…).
Vittorio Messori dice: En 1453, tras siete años de asedio
capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma.
El rodillo islámico alcanza los Balcanes y, como por milagro, es
detenido y obligado o retroceder ante los muros de Viena. Todavía
hoy, ¿qué país musulmán reconoce a los otros, que no sean los
suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se
indigna ante el genocidio de los armenios ayer o de los sudaneses de
hoy? Un simple repaso a la historia, incluso en sus líneas
generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua
postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los
inicios hasta hoy… ¿Deberán ser quizás los católicos quienes
se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento
de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares
de Jesús, que fue el ciclo de las Cruzadas? .
Otro famoso historiador de la academia francesa, René Grousset,
afirma: La caída de Constantinopla de 1453 estuvo a punto de haber
tenido lugar en 1090 y por causa de las Cruzadas fue retrasada tres
siglos y medio.
Pero recordemos algunos otros hechos entre cristianos y
musulmanes. Los turcos musulmanes durante siglos, hasta la mitad del
siglo XIX, raptaban un niño de cada familia cristiana y lo
transformaban en un musulmán fanático y lo hacían un soldado de
élite, los sanguinarios jenízaros, una de las tropas más
perversas que han existido y que daba a los sultanes la
satisfacción de masacrar a los cristianos, sirviéndose de sus
propios hijos. Los turcos entre 1915 y 1917 masacraron a millón y
medio de armenios cristianos.
En el Islam existe la esclavitud, aunque según Mahoma se puede
suavizar sin suprimirla. En el Islam el adulterio es castigado con
la pena de muerte, pero sólo para la mujer, no para el hombre. La
homosexualidad es condenada, pero casi siempre a un nivel sólo
teórico. En realidad, es practicada sin sentido de culpa, de modo
que los países árabes son la meca para los gays del mundo.
Prohíben beber vino, pero aceptan beber toda la cerveza que
quieran, aunque tenga más grados que el vino…, y lo mismo tener
todas las concubinas que la situación económica les permita
mantener.
El fanatismo de los talibanes del siglo XX llevó a dinamitar las
más grandes y más antiguas estatuas del mundo, que estaban
talladas en piedra en una montaña y representaban a Buda. Siguiendo
la misma lógica, los árabes de Egipto quemaron en el siglo VII la
biblioteca de Alejandría con sus 400.000 volúmenes, diciendo: Si
estos libros son contrarios al Corán, son dañinos y, si son
favorables, son inútiles.
Cuando los turistas visitan las grandes mezquitas o la Alhambra
de Granada, el palacio construido para los placeres de los emires
musulmanes, no saben que han sido erigidas con los impuestos y
sacrificios de los cristianos. En los territorios musulmanes, las
humillaciones que sufrían los cristianos incluían la exclusión de
todo tipo de cargo social, reservados solamente a los musulmanes. Si
un cristiano (y esto ocurre incluso en la actualidad) se enamoraba
de una mujer musulmana, debía convertirse para poder casarse con
ella. Pero el musulmán que se enamoraba de una cristiana, la
transformaba automáticamente en compañera de fe. El convertido que
abjure de su fe musulmana o quien intente convertir a la fe
cristiana a un musulmán tiene penas muy graves, incluso la muerte
en algunos países musulmanes como Sudán, Egipto o Arabia Saudita.
En Arabia Saudita no se permite ni una capilla a los cristianos.
En este mismo país hay una policía moral para controlar la vida
privada de la gente y aplica sanciones desde flagelaciones,
mutilaciones y lapidaciones hasta la pena de muerte por cuestiones
de fe. Entre 1975 y 1995, el 40% de los cristianos del Líbano
tuvieron que huir de su país, porque les hacían la vida imposible.
Los países cristianos les conceden permiso para edificar sus
mezquitas, pero ellos no permiten iglesias cristianas en sus propios
países.
En algunos países imponen la Sharia o ley musulmana, para todos
sin excepción. A Salman Rushdie le “impusieron” la pena de
muerte. La causa fue la publicación de un libro en el que decía
frases no correctas del profeta Mahoma. Algo parecido le ha sucedido
a Jean Claude Barrau por su obra De L'islam en general et du monde
moderne en particulier (Del Islam en general y del mundo moderno en
particular). Los musulmanes franceses en particular quieren matarlo.
Y lo mismo podemos decir cuando se han publicado viñetas
irreverentes contra el profeta Mahoma o frases no de su agrado como
las del Papa Benedicto XVI…
Hace unos años, el cardenal Pappalardo regaló a los musulmanes
tunecinos residentes en Palermo, una iglesia del 1700 en desuso como
acto de fraternidad. Los periódicos católicos elogiaron el gesto
como un acto de buena voluntad. Dos días después, los periódicos
tunecinos escribían en primera página: Victoria del Islam sobre el
cristianismo, el cardenal de Palermo ha sido obligado a transformar
una iglesia en mezquita. Es decir, un gesto de buena voluntad, lo
interpretaron como una victoria de su religión.
Otro caso. Sobre la mezquita del barrio milanés de Lambrate se
instaló la medialuna musulmana. Gongola, el director del centro
islámico, dijo: Es un hecho histórico después de mil
cuatrocientos años del Islam que, por primera vez, la señal de
Alá, el verdadero Dios, y de Mahoma, el verdadero profeta, se
levanta en el cielo de la Italia septentrional.
Camille Eid, un periodista libanés, cristiano maronita, se
quedó estupefacto, cuando un grupo islámico fue invitado en una
misa de Pentecostés a hacer una oración. Ellos recitaron unos
versos del Corán contra los cristianos.
Por todo esto, podemos preguntar: ¿Son realmente tolerantes los
musulmanes, hablando en general? ¿Puede Dios aceptar que se mate en
su nombre como hacen los terroristas islámicos? ¿Pueden seguir
siendo masacrados los cristianos del Sudán impunemente? ¿Se puede
aceptar que en ciertos países los musulmanes acepten normalmente
todavía la esclavitud? ¿Y todavía algunos hablan de las Cruzadas
como guerras de agresión contra los pacíficos musulmanes?
Los Judíos
Otro tema que suele sacarse a relucir contra la Iglesia es el de
los judíos. Después de la revolución francesa, muchos judíos se
hicieron riquísimos al comprar a precios módicos las riquezas
robadas a la Iglesia. Cien años después de la revolución
francesa, el Estado francés calculaba que la familia de banqueros
Rothschild poseía cuatro mil millones de francos. Y los 80.000
judíos franceses poseían unos 90 mil millones de francos en
conjunto. Muchos judíos habían seguido a los ejércitos de
Napoleón para comprar a los soldados las riquezas que saqueaban a
los vencidos. Así se enriquecían.
En un principio, Napoleón quiso ganarse la estima de los judíos
y se propuso resucitar el gran Sanedrín, que no se reunía desde la
destrucción del templo de Jerusalén el año 70. A su invitación,
acudieron 71 rabinos y laicos el 31 de enero de l807 a la iglesia
desconsagrada de san Juan de París. El 5 de febrero tomó la
palabra el rabino de Niza, Jacob Avigdor, uno de los delegados de
mayor prestigio, y según afirma el historiador francés Francois
Piétri: En su alocución dio gracias a la Iglesia católica por la
protección que nunca ha cesado para con los judíos perseguidos. Y
enumeró una larga lista de Padres y Papas que han tratado con
humanidad y han hospedado a los israelitas expulsados y atormentados
por el poder civil de casi todos los Estados de Europa. Y recordó
que el único lugar donde el pueblo elegido nunca fue expulsado fue
de los Estados Pontificios. Al final de su discurso, exhortó a
todos a dar una voz de gratitud a la Iglesia de Roma por los
beneficios recibidos del clero católico hacia los judíos. La
moción fue votada y fue aprobada por unanimidad.
Y recordemos que este homenaje fue una iniciativa libre y
espontanea que hasta sorprendió a Napoleón que estaba en ese
momento en Berlín.
Se ha hablado mucho de la responsabilidad del Papa Pío XII en la
segunda guerra mundial. Algunos le han achacado hasta de ser
favorable al nazismo, cosa totalmente absurda, pero sí le han
echado en cara no haber hablado claro contra las masacres realizadas
por los nazis contra de judíos, como si él fuera responsable de su
muerte en gran parte. Pero veamos lo que dice el famoso historiador
Renato Moro: Entre el otoño de 1939 y la primavera de 1940, el Papa
en persona aceptó hacer de intermediario entre los ingleses y los
militares alemanes que conspiraban contra el nazismo. Un grupo de
generales estaba proyectando un golpe de Estado para deponer a
Hitler.
Los conspiradores querían el retorno de Alemania a una
democracia moderada y conservadora. Sin embargo, antes de actuar
necesitaban la garantía inglesa de que las democracias occidentales
no intentarían imponer a Alemania una paz wilsoniana (a toda
costa). El Papa tendría que proporcionar estas garantías. Para el
Papa se trataba de algo sumamente arriesgado, pues podía verse
implicado en una conspiración que podía poner en grave peligro la
vida católica en Alemania, Austria, Polonia, e incluso en Italia.
Se trataba de un hecho desconcertante en la historia del Papado. El
Papa fue consciente de ello y aceptó decidiendo mantener al margen
a los responsables oficiales de la política de la Santa Sede, es
decir, la Secretaría de Estado... Pero, poco a poco, la iniciativa
diplomática se desinfló, convirtiéndose en una desilusión para
Pio XII.
El 20 de julio de 1942, una carta pastoral de los obispos de
Holanda fue leída en todas las iglesias, donde se condenaba el
despiadado e injusto trato reservado a los judíos. La respuesta de
los nazis fue contundente: deportación de todos los católicos
hebreos. Unos 40.000 fueron llevados a los campos de exterminio.
Este hecho le hizo ser cauto al Papa, pues esa protesta de los
obispos había costado la vida a 40.000 personas. Si él denunciaba
abiertamente al régimen nazi, podían morir muchos más.
Alguien le ha achacado al Papa Pío XII falta de valentía por su
supuesto silencio, pero ¿acaso el Papa tenía conocimiento sobre el
exterminio judío en toda su magnitud? De hecho, los países
aliados, si lo sabían, no hablaron de ello, quizás por miedo a
aceptar a miles de refugiados judíos en sus propios países.
En 1940 el Congreso norteamericano había rechazado abrir a los
judíos prófugos de Alemania las puertas de Alaska, y en 1941
rechazó la mediación sueca pare acoger 20.000 niños judíos de
Europa. Los americanos reenviaron a Europa un barco, el Saint Louis,
con 930 prófugos judíos. En Inglaterra, los 30.000 judíos
alemanes inmigrados en 1939, fueron internados como enemigos
extranjeros y la Cámara rechazó la propuesta del arzobispo de
Canterbury de acogerlos. Sólo recibieron unos pocos, de acuerdo a
sus rígidas cuotas.
Muchos historiadores parecen haber olvidado que en 1943 fue
publicada por los jefes aliados (Churchill, Roosevelt, Stalin) la
llamada Declaración de Moscú sobre los crímenes nazis y entre los
crímenes denunciados no se habla y ni siquiera se alude a la
persecución contra los judíos. La Cruz Roja internacional y
países neutrales como Suecia y Suiza tampoco hablaron… ¿Acaso si
el Papa hubiera condenado más enérgicamente los atropellos nazis
de haberlos conocido, los hubieran dejado de realizar?
El secretario del Papa, Robert Leiber, manifestó claramente
después de la guerra que Pío XII no conocía la realidad de los
hechos con relación al Holocausto y que no era cierto que poseyera
material informativo absolutamente fiable y cuya fiabilidad
considerase personalmente incontestable.
El Papa no permaneció impasible ante el drama de los judíos
perseguidos. Cuando los alemanes entraron en Roma el 10 de
setiembre de 1943, exigieron al rabino Eugenio Zolli (después
convertido a la fe católica) que entregara 50 kilos de oro.
Reunieron 35 y el Papa les garantizó los otros 15 que faltaban y
que después no fueron necesarios. Además, dio orden de que en
todos los conventos se recibieran judíos para evitar su arresto.
Sólo en Roma, en 155 conventos, dieron asilo a cerca de 50.000
judíos. Unos 30.000 encontraron refugio en la residencia veraniega
papal de Castelgandolfo. Y varios centenares vivieron en el mismo
Vaticano. En total 85.000 judíos italianos fueron salvados por la
acción directa de la Iglesia católica.
Según el judío Pinchas Lapide, que entrevistó a judíos
sobrevivientes, en su libro Three popes and the jews afirma que Pío
XII contribuyó sustancialmente a salvar 700.000 judíos, y tal vez
860.000, de manos de los nazis. Y afirma: La Iglesia católica
salvó más judíos durante la guerra que todas las demás iglesias,
instituciones religiosas u organizaciones juntas. Esto en contraste
con lo conseguido por la Cruz Roja o las democracias occidentales.
Después de la guerra, León Kubowitzky, secretario general del
Congreso judío mundial, agradeció personalmente al Papa sus
intervenciones y donó 20.000 dólares al Óbolo de san Pedro como
signo de reconocimiento por la obra desarrollada por la Santa Sede,
salvando a los judíos de las persecuciones fascistas y nazis. El
más ilustre de los judíos, el famoso físico Albert Einstein,
escribió en Time Magazine del 23 de setiembre de 1940: Las
universidades como los periódicos fueron reducidos al silencio en
pocas semanas. Sólo la Iglesia católica permaneció sólidamente
firme e hizo frente a la campaña de Hitler que suprimía la verdad.
Yo no he tenido ningún interés en la Iglesia, pero ahora tengo un
gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido el
coraje y la constancia de defender la verdad intelectual y la verdad
moral. Yo debo confesar que lo que alguna vez he despreciado, ahora
lo debo elogiar sin reservas.
De hecho, al final de la guerra, los sobrevivientes y los
primeros historiadores celebraron con unanimidad la solidaridad de
la Iglesia y de Pío XII con los judíos y su resistencia al
nazismo.
En abril de 1986, el Papa Juan Pablo II entró en la sinagoga de
Roma, siendo recibido por el rabino Elio Toaff quién dijo en una
entrevista al diario La República: No podré olvidar nunca quién
me salvo la vida, cuando era rabino de Ancona. Habitaba a cien
metros de la iglesia católica, donde había un sacerdote, Don
Bernardino, con el cual hice amistad. A veces, conversábamos y
paseábamos juntos. Una mañana, mientras volvía a mi casa del
templo, fue a mi encuentro y me dijo que en la casa me estaban
esperando los alemanes y me llevó a la sacristía, donde me
escondió, ayudándome a salvarme.
El mismo Toaff, en su libro Los hebreos salvados por Pío XII,
habla de otro sacerdote, Don Francalacci, que escondió y salvó a
sus padres, a su esposa e hijos, que se habían refugiado en
Pietrasanta. Toda su familia fue salvada por sacerdotes. Por eso,
cuando murió el Papa Pío XII, escribió en los diarios italianos
el 11 de octubre de 1958: Más que cualquier otro, nosotros los
hebreos italianos hemos tenido la suerte de beneficiarnos con la
gran caridad y bondad del Pontífice durante los años de la
persecución y del terror, cuando parecía que no había esperanza
para nosotros.
El 28 de abril de 1964, cuando algunos comenzaron a criticar a
Pío XII, el mismo Toaff declaró: La Comunidad israelita de Roma
donde está siempre viva la gratitud por lo que la Santa Sede ha
hecho a favor de los hebreos romanos, nos ha autorizado para decir,
de modo explícito, que cuanto ha sido realizado por el clero, por
los Institutos religiosos y las asociaciones católicas para
proteger a los perseguidos no puede haber sucedido sino con la
aprobación del mismo Pío XII.
La Noche de San Bartolomé
Fue una noche trágica en que los católicos mataron muchos
protestantes. Veamos los hechos. El 18 de agosto de 1572 se
celebraron en París las bodas entre Margarita y Enrique de Borbón,
que era calvinista y sucesor al trono de Francia. Los católicos de
París no vieron esta boda con buenos ojos, porque veían que el
futuro rey podía ser un protestante. Con motivo de la boda
asistieron varios miembros de la aristocracia calvinista que
despreciaban abiertamente las supersticiones papistas de los
católicos.
Entonces, Catalina de Médicis, la madre del rey Carlos IX, a
quien veía muy influenciado por las ideas de su Almirante
protestante Coligny, planeó la muerte de éste, enviando un sicario
para matarlo. Solamente quedó herido, pero el revuelo que se hizo
fue enorme. Los príncipes protestantes amenazaron tomar las armas,
si el rey no hacía justicia. Entonces, Catalina acudió al duque de
Guisa, jefe de los católicos, porque temía que destronaran a su
hijo y los protestantes, levantados en armas, ocasionaran tantos
estragos como en años pasados en que habían matado en otros
lugares de Francia a cientos de sacerdotes y quemado muchas
iglesias.
Muchos historiadores creen que el peligro de destronar al rey era
real, pues los príncipes calvinistas estaban bien armados y tenían
el apoyo de muchos otros en la misma Francia y en el extranjero.
Entonces, Catalina le convenció al rey de que tomara alguna acción
eficaz para controlar la situación. El rey mando cerrar las puertas
de la ciudad y ordenó eliminar a los príncipes protestantes que
estaban en París, incluyendo a Coligny. La disposición estaba
limitada a los jefes según una lista establecida, pero la
situación escapó de control y la gente se lanzó a la calle a
matar a todos los hugonotes. Aquella noche de san Bartolomé, entre
el 23 y 24 de agosto de 1572, mataron en París a 2.000
protestantes.
En provincias, donde también se había dado la misma orden de
matar a los jefes protestantes y donde más estragos habían
cometido, la gente se desbordó y afirman que serían 5.000 muertos.
El rey Carlos IX y su madre Catalina enviaron un mensaje al Papa,
afirmando que habían ganado una victoria contra los que habían
organizado un golpe de Estado. El Papa Gregorio XIII creyó que
había sido en legítima defensa y mandó que se cantara un Tedéum
en agradecimiento, lo cual fue muy criticado por los historiadores
protestantes.
Pero debemos aclarar que en todo el asunto no tuvo nada que ver
la Iglesia ni las autoridades eclesiásticas. Todo fue una cuestión
política y ningún sacerdote participó en la masacre. Sin embargo,
debemos anotar que esta noche tuvo un anticipo en la noche de san
Miguel o Miguelada, en la que, en 1567, durante la fiesta de san
Miguel, y en 1569 en Nimes, los protestantes cerraron las puertas de
la ciudad, masacraron 500 católicos y devastaron todas las
iglesias, quemando en una hoguera todos los cuadros, archivos y
objetos litúrgicos.
El gran historiador Ludwig von Pastor afirma que hay que tener en
cuenta que en aquellas circunstancias todos los católicos estaban
amenazados, desde el simple católico al Papa. Después de los
turcos, la Iglesia no tenía enemigos más sanguinarios que los
calvinistas, como lo habían demostrado ya en muchas ocasiones en
Francia y en los Países Bajos. Cuando obtenían el poder,
automáticamente despojaban a los católicos de sus bienes,
incendiaban las iglesias, profanaban tumbas, arrojaban las hostias
consagradas a los caballos y las pisaban con los pies, violaban
monjas y mataban a los sacerdotes y religiosos; muchas veces, con
torturas inimaginables, sepultándolos o quemándolos vivos.
En Béarne, cerca de Saint-Sever, los calvinistas habían
arrojado a un precipicio 200 sacerdotes. Si hubiera triunfado
Coligny, se hubiera acabado la fe en Francia y Países Bajos, y
miles de sacerdotes hubieran sido masacrados. Y, después de
apoderarse de Francia y Países Bajos, habrían atacado Italia y los
Estados Pontificios. Ya Lutero, en su escrito Contra el papado
fundado en Roma por el diablo había exhortado a atacar con las
armas al Papa. En 1569 Orange afirmaba: Nosotros combatimos contra
el demonio, o sea, contra el Anticristo romano.
LOS PROTESTANTES
Si nos atenemos a Raphael Holisend, historiador protestante,
libre de toda sospecha, Enrique VIII, el rey de las seis esposas,
hizo matar a 72.000 católicos. Su hija Isabel I, en muy pocos años
y también en nombre de un cristianismo reformado y por tanto
purificado, causó más víctimas (y con métodos más atroces) que
la Inquisición española y romana juntas a lo largo de tres siglos.
Desde Ginebra, Calvino enviaba a Inglaterra mensajes con los que
incitaba al exterminio: “Quien no quiere matar a los papistas, es
un traidor”. En sólo cuatro años, entre 1542 y 1546, envió a la
muerte a 40 personas y 78 al destierro.
Los irlandeses sufrieron durante siglos humillaciones de toda
clase. En 1649 los ingleses mataron en Drogheda y Wexford 40.000
católicos irlandeses. Les imponían fuertes tributos y no podían
ocupar cargos públicos si no se convertían a la fe anglicana. A
los sacerdotes les impusieron la pena de muerte. ¿Y cuántas
injusticias cometidas por los hacendados ingleses en Irlanda?
En 1845 se perdió la cosecha de patatas, de la que dependía la
población irlandesa para sobrevivir. Este desastre ocasionó una
tragedia de inmensas proporciones, pues, en pocos años, llevó a la
población de la isla a la mitad, por hambre y por emigración. El
censo de 1871 registraba sólo cuatro millones de habitantes contra
los ocho millones anteriores. Se calcula que millón y medio murió
de hambre y de enfermedades ligadas al hambre. La historiadora
protestante Calvert dice: Nosotros, protestantes, debemos inclinar
la cabeza con vergüenza. La Iglesia reformada era entonces una
fuerza de represión y los católicos debían pagar el diezmo a una
Comunidad a la que no pertenecían y a un clero protestante
frecuentemente ausente. Muchos pastores y obispos protestantes se
hicieron riquísimos, viviendo con lujo desenfrenado. Los católicos
hambrientos imploraban en vano caridad. Pero sólo daban ayuda a
quienes estaban dispuestos a abjurar de su catolicismo y se
convertían a la fe protestante.
Los grandes propietarios anglicanos aprovecharon la caída de los
precios de la tierra para comprar grandes terrenos y sacar de sus
tugurios a los inquilinos que no pagaban. Uno de aquellos señores
declaró que no dejaría un solo católico vivo entre Knoknabola y
el río Newport. Así condenaron a morir a hombres, mujeres y niños
a lo largo de las calles con la boca verde por haber querido comer
hierba… Ésta es una historia que hemos querido olvidar.
Sobre Lutero, se podría comenzar diciendo que, en 1543,
escribió un libro: Sobre los judíos y sus mentiras, donde
aconsejaba que se quemen sus escuelas y sinagogas. En su libro
Contra las hordas ladronas y asesinas incitaba a los príncipes a
matar a los campesinos, que cometían desmanes, lo que dio lugar a
la guerra de los campesinos, donde murieron 150.000 de ellos.
Con relación a los evangélicos alemanes, en tiempos de Hitler
se organizaron los deuschen christen (cristianos alemanes) con el
lema: Una nación, una raza, un Führer. La Iglesia evangélica
alemana era una Iglesia al servicio de Hitler e, incluso, en sus
estatutos había un párrafo ario, donde se prohibía la ordenación
de pastores que no fueran de raza pura, dictándose restricciones
para el bautismo a quien no poseyera buenos antecedentes de sangre.
Por eso, el cardenal Ratzinger pudo decir: Un movimiento tan
aberrante como el de los cristianos alemanes no habría podido
formarse en el marco de la concepción católica de la Iglesia.
Según el historiador luterano Gerhard Bieser, de los cuatro mil
pastores existentes en la Alemania comunista de la postguerra, tres
mil eran informantes de la policía secreta. Las Iglesias
protestantes, desde el principio, desde tiempos de Lutero, han sido
Iglesias nacionales al servicio de los intereses del país y del
gobierno de turno. Algo parecido ha sucedido con las Iglesias
ortodoxas, que siempre han tenido un tinte nacionalista y se han
acomodado a los gobiernos.
LOS ORTODOXOS
En Rusia, la Iglesia ortodoxa tenía muchos eclesiásticos que
participaban en la KGB, la policía secreta rusa. El mismo Patriarca
de Moscú debía someterse a las órdenes del gobierno para poder
sobrevivir. Cuando en los gulag o campos de concentración surgieron
disidentes religiosos contra el gobierno, fueron acallados por el
mismo Patriarcado de Moscú. En Polonia, el metropolita ortodoxo
Basilio bendijo el asedio y las medidas regresivas del gobierno
comunista polaco en 1981 contra el movimiento obrero Solidaridad, y
en l989 invitó públicamente a votar por el partido comunista que
estaba en el poder.
El obispo Papp de Rumania pertenecía a la policía secreta y
fomentaba las iniciativas represivas del Estado. Muchos obispos y
sacerdotes ortodoxos estaban adscritos al régimen de Ceausescu en
Rumania hasta el punto de que el cumpleaños de Ceausescu era
considerado como fiesta por la Iglesia ortodoxa rumana y tenía la
misma solemnidad que la Navidad o Pascua. Por eso, el pastor Tökes
pudo decir que la Iglesia ortodoxa rumana estaba completamente en
las manos del dictador.
En Rusia, el sometimiento de la Iglesia ortodoxa al Estado llegó
al punto de admitir el divorcio, cuando uno de los cónyuges era
declarado culpable por actividades contra el Estado, es decir, por
agresiones políticas y no por motivos meramente religiosos. Por
supuesto, también existieron sacerdotes católicos que por miedo se
plegaron a poder, pero no de modo tan general y sistemático.
LOS TESTIGOS DE JEHOVA
Como caso curioso podemos considerar a los testigos de Jehová.
Ellos suelen hablar en sus revistas y libros de que fueron los
únicos valientes que se opusieron al régimen de Hitler y, por eso,
fueron torturados y encarcelados. Pero lo que no dicen es que,
cuando los nazis llegaron al poder en 1933 pusieron las miras en
ellos por haber apoyado a los judíos hasta 1930. Ese año, su
máxima autoridad, Rutherford, cambió de opinión de defensor de
los judíos y de su emigración a Palestina, y ordenó que se
retiraran todos los folletos que hablaban de su apoyo al sionismo.
Se publicó otro librito Vindication, donde se habla contra la
emigración a Palestina y se dan acusaciones racistas contra ellos.
Los nazis, no sólo los acusaron de apoyar a los judíos, sino
también de rechazar el servicio militar, el saludo a la bandera, no
participar en manifestaciones políticas y venir de Estados Unidos.
En ese tiempo eran 25.000 en toda Alemania y se llamaban celosos
estudiantes de la Biblia. Pero ante el peligro que se avecinaba, se
plegaron al poder. El 25 de julio de 1933, se reunieron en el
palacio de deportes de Berlín 5.000 testigos para leer una
Declaración, cuyo texto original se conserva. Estaba escrito en
alfabeto gótico de la tradición alemana y en él rechazaban la
calumnia de que habían sido amigos y benefactores de los judíos,
afirmando que habían sido los economistas judíos del gran imperio
británico-americano quienes habían utilizado las finanzas para
oprimir a los pueblos de muchas naciones. Afirmaban: Nosotros nos
alineamos con los principios sostenidos por el gobierno alemán y lo
apoyamos. Jehová Dios hará, por medio de Jesucristo, que tales
principios lleguen a su completa realización. Sólo la influencia
de Satanás puede haber inducido a las autoridades a creer que los
testigos se hayan apartado de sus altos y nobles ideales. Por eso,
hacemos un llamado respetuoso al gobierno y pedimos con el mayor
respeto que se revoque la orden de prohibir nuestro culto.
A pesar de su Declaración, fueron proscritos por
antimilitaristas, y muchos fueron arrestados, de los que murieron
unos 2.000 testigos. Pero lo que no pueden hacer es mentir
descaradamente en sus revistas Atalaya y Despertad, en las que
hablan de haberse opuesto radicalmente al gobierno de Hitler. En la
revista Despertad del 8 de junio de 1985 mienten al condenar a las
demás Iglesias cristianas de haberse plegado al nazismo, cuando
ellos lo hicieron públicamente en 1933 en el palacio de deportes de
Berlín.
Otros cristianos que se plegaron totalmente y sin condiciones a
los nazis fueron los mormones, los adventistas del séptimo día, la
Nueva Iglesia apostólica y la Ciencia cristiana, haciendo
declaraciones públicas de fidelidad al régimen nazi.
Lamentablemente, los testigos de Jehová, que no son propiamente
cristianos, porque no creen que Jesucristo es Dios, son furibundos
anticatólicos, pues en sus libros siempre van diciendo que la
Iglesia católica es la gran Babilonia, la gran Ramera, obra de
Satanás. Otros, especialmente anticatólicos, son los mormones y
los adventistas del séptimo día; estos últimos hablan de que el
Papa es el Anticristo.
LOS ATEOS
Muchos ateos o agnósticos hablan frecuentemente de que las
religiones deberían desaparecer de la faz de la tierra, porque
todas son fuente de violencia. Según ellos, la paz vendría
automáticamente, si no hubiera religiones. Evidentemente eso no se
lo creen ni ellos mismos. De todos modos, lo que sí hacen es atacar
al cristianismo y, de modo especial, a la Iglesia católica.
Pero los ateos en sus gobiernos ¿han sido pacíficos y
animadores de la paz? Nada más falso. La mayor fuente de la
violencia viene de los que rechazan a Dios, porque no tienen paz
interior y no pueden dar lo que no tienen. Los santos, por el
contrario, han sido las personas más pacíficas. Pero veamos lo que
dice la historia.
Cuando vino la revolución francesa, con la que se trató de
destruir toda sombra de religión y de Dios, poniendo en su lugar a
la diosa Razón, sucedieron los peores atropellos jamás vistos
hasta entonces. Ellos, que hablaban mucho de los derechos del hombre
y de la igualdad, fraternidad y libertad, cometieron un enorme
genocidio. El historiador Secher afirma que en la región de la
Vendée, de 10.000 kilómetros cuadrados, masacraron a 120.000
personas. Destruyeron sistemáticamente casas, cultivos y ganado
para matar de hambre a los sobrevivientes. El general jacobino
Westerman, que venció a los rebeldes, que no aceptaban las nuevas
ideas antirreligiosas, escribió al gobierno de París: La Vendée
ya no existe, ha muerto bajo nuestra libre espada con sus mujeres y
niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los
bosques de Savenay. Ejecutando sus órdenes, he aplastado a los
niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres que
así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar ningún
prisionero. Los he exterminado a todos.
En unos pocos meses, en 1793, los jacobinos de la revolución
francesa, que habían purificado la catedral de Notre-Dame de la
superstición cristiana para poner a la diosa Razón, causaron tan
sólo en Francia muchas más víctimas que durante varios siglos las
tres Inquisiciones católicas (medieval, española, romana) y
probablemente de las de todas las restantes confesiones cristianas…
Un decreto del municipio de París del 10 de octubre de 1793,
amplió la noción de sospechoso a quienes hayan acogido con
indiferencia la constitución republicana. Es decir, tan pronto como
un grupo de teóricos se aparta de lo que calificaban de
superstición católica, se establecen procedimientos (la muerte por
la falta de entusiasmo por la nueva fe) algo que en los dieciocho
siglos anteriores nunca pasaron por la imaginación del cristiano de
mayor celo o fanático.
Voltaire, en 1793, decía: En la nueva cultura no habrá lugar
para la superstición cristiana. Os digo que, dentro de veinte
años, el Galileo (Jesucristo) habrá desaparecido. Pero bastó
pocos años más para que, por la ironía de la historia, la misma
casa parisina de Voltaire se convirtiera en depósito de la Sociedad
bíblica.
Renán (otro gran incrédulo anticristiano) en 1872 afirmaba: La
unidad católica no puede mantenerse sin el poder temporal. El
sucesor de Pío IX dejará Roma y el gobierno italiano pondrá en el
Vaticano un antipapa que llevará consigo la mitad de la Iglesia.
También se equivocó. Federico Nietzsche, el que decía “Dios ha
muerto, todos los santos cristianos son unos locos”, terminó sus
días en un manicomio de Basilea.
Y ¿qué decir del gobierno ateo de Hitler, que rechazaba a Dios
y quería a las Iglesias sometidas a sus pies? ¿Qué decir de los
genocidios de todos los gobiernos comunistas del mundo,
especialmente en Rusia, China, Laos y Vietnam? ¿Cuántos millones
fueron mandados a Siberia por el único delito de ser opositores
políticos? ¿Y las purgas de Stalin? Alexander Solzhenitzyn, premio
Nóbel de literatura, también prisionero en los campos de
concentración soviéticos, afirma que entre 1917 y 1959 hubo 60
millones de víctimas del comunismo en Rusia, de los cuales 20
millones lo fueron por motivos religiosos. Según el informe de la
KGB, la policía secreta soviética, dado a conocer en 1994, entre
1928 y 1952, fueron asesinados 92 millones de rusos.
Como un detalle para ver hasta dónde lleva la impiedad de los
ateos, Solzhenitzyn recuerda que para castigar a Ucrania, demasiado
cristiana y demasiado patriótica, por primera vez en la historia,
se creó una carestía artificial científicamente planificada en
Moscú. En el invierno de 1932 y 1933, murieron de hambre seis
millones de ucranianos. Murieron en Europa, pero la Europa
democrática parece no haberse enterado. Eran los años implacables
de Stalin, pero el mismo autor recuerda que Lenin mandó exterminar
a 15 millones de campesinos que se habían opuesto a la
colectivización. ¿Quiénes son más intolerantes, los católicos o
los ateos? Veamos más datos concretos.
Cuando el comunista húngaro Béla Kun proclamo en 1919 la
República soviética húngara, que duró sólo 133 días, en esos
cuatro meses de la dictadura del proletariado se condenaron
públicamente a muerte a 585. El hambre, el miedo y la
desesperación fueron tales que se rebelaron y pusieron en fuga e
Béla Kun, quien se refugió en Rusia, donde fue víctima de Stalin.
Entre los puntos importantes de Béla Kun estaba la supresión y
destrucción de todos los libros de historia. Esto mismo hicieron en
Camboya los Khmer rojos que no querían que fuera enseñada la
historia porque querían inaugurar una nueva historia.
Más datos. El 8 de marzo de cada año es el día de la mujer.
Según dicen algunos, aquel día, el año 1908 en Nueva York unas
mujeres trabajadoras de una fábrica hicieron huelga para reclamar
sus derechos y el dueño con otros más incendiaron la fábrica con
las mujeres dentro y murieron 129 de las trabajadoras encerradas
allí. Dos años después del supuesto incidente, Clara Zetkin
propuso al Congreso socialista de Copenaghen que el 8 de marzo, en
recuerdo de aquellas mártires, fuera proclamado día internacional
de la mujer.
Pero esta historia es falsa. Fue en 1911, estando ya instituida
esta jornada internacional de la mujer, cuando tuvo lugar un
incendio accidental en una fábrica de Nueva York, en el que
murieron obreros de ambos sexos, no sólo mujeres y no fue
precisamente en marzo. Fueron los comunistas los que inventaron el
cuento y la cifra de 129 mujeres muertas en el incendio. Y ellos
hablan de leyendas orientales, cuando hablan de la Navidad, Pascua y
otras fiestas cristianas.
Muchos no saben lo que significa el grito con el puño izquierdo
cerrado levantado hacia arriba. Es el gesto adoptado por los
comunistas y socialistas. Este gesto era bien conocido en la cultura
antigua como símbolo de Prometeo que, en nombre del hombre, se
rebeló contra los dioses. Por eso, levantar el puño cerrado contra
el cielo era para las culturas antiguas, y no sólo para la cultura
grecorromana, amenazar al cielo; era como señal de la lucha del
hombre contra Dios. Era una blasfemia a la cual el hombre religioso
contraponía, como exorcismo, el puño cerrado para abajo como para
amenazar a los infiernos. Por eso, como dan testimonio los frescos
de las catacumbas, la señal del cristiano era levantar las manos
abiertas hacia lo alto para estar disponibles a acoger al Espíritu
Santo, es decir, aceptar la voluntad de Dios... Que Dios perdone a
aquellos que levantan el puño cerrado a lo alto, porque muchos no
saben lo que hacen.
Muchos ignoran que la integración de Europa unida se debió a
dos católicos practicantes:el alemán Konrad Adenauer de Alemania y
el italiano Alcide De Gasperi de Italia, a quienes se unió otro
católico francés líder de la Democracia cristiana, Robert
Schuman. Los tres pusieron las bases de una Europa unida. Los que
más se opusieron a esta idea fueron los partidos comunistas
occidentales, obedeciendo órdenes de Rusia. Por eso, mientras
tantos hoy se dicen europeístas, es bueno recordar la tenaz
oposición de los comunistas y, en general de los partidos de
izquierda, para quienes la única legítima Unión era con las
repúblicas socialistas soviéticas.
Se ataca a los católicos de moralistas y rigoristas, pero mucho
más lo han sido los gobiernos comunistas. En la Unión soviética,
China y otros países dominados por el comunismo, había pena de
muerte contra los que producían material pornográfico y, en
general, para quienes se desviaban de la moral oficial del partido.
Eran fusilados, incluso quienes cometían actos homosexuales
consentidos entre adultos y lo mismo se hacía con los violadores y
pederastas.
En Vilnius, la capital de Lituania, durante la dominación
soviética, el gobierno comunista había convertido la iglesia de
san Casimiro en un museo de ateísmo. Entre otras vulgaridades,
había una foto del Papa rodeado de cardenales y obispos con un
escrito que decía: ¿Para qué sirven estos payasos? ¿Para qué
sirven sus ridículas costumbres? Estos parásitos viven del pueblo.
Pero en diciembre de 1989, e1 jefe del gobierno ruso Mijael
Gorbachov, después de visitar al Papa, dijo textualmente: Hemos
hablado de muchas cosas. Me parece que mis preocupaciones han sido
escuchadas con comprensión por el Santo Padre al igual que ha
escuchado mis explicaciones sobre los problemas que tenemos ahora en
nuestro país. Podíamos preguntar ¿Realmente el Papa no sirve para
nada? ¿Por qué entonces el jefe supremo de Rusia quiere
entrevistarse con él y pedirle ayuda?
LA EVOLUCIÓN
Durante muchos años, la teoría darwinista de la evolución de
las especies fue considerada como una verdad absoluta,
científicamente comprobada. Y era, frecuentemente, usada como un
argumento claro de que Dios no existe, pues el hombre no habría
sido creado por Dios, sino que vendría del mono.
En 1912 se encontró lo que se estaba buscando: el eslabón
perdido, la especie intermedia entre el orangután y el homo
sapiens. En unas canteras de piedra, en el condado de Sussex, en
Inglaterra, junto al pueblo de Piltdown, se encontró la parte
superior de un cráneo con una capacidad cerebral superior a la de
un mono, pero inferior a la de un hombre moderno.
A su lado había un mandíbula, sin duda alguna, de mono y que,
realmente, había estado unida a aquel cráneo. El mundo
científico, comenzando por los paleontólogos del Museo británico
de Londres, se llenaron de alegría. A los tres científicos autores
del descubrimiento se les otorgó el título de barones de la Corona
inglesa y en el pueblo de Piltdown se erigió un monumento en el
lugar del hallazgo. Al final, resultó que todo era una
falsificación, pero esto se descubrió en 1953, después de 40
años. Durante cuarenta años, los científicos se gozaban de haber
encontrado al mono-hombre, llamado científicamente Eoanthropus.
Al descubrirse la mentira, se presentó entonces al hombre de
Neanderthal como el eslabón perdido, a pesar de que se ha
descubierto también que no es un antepasado nuestro, como se había
asegurado durante más de siglo y medio. Es sólo un ejemplar de una
especie extinguida de mono antropomorfo.
Actualmente, las teorías darwinistas están puestas en tela de
juicio por los científicos. En el libro Evolution: a theory in
crisis, se dice: El misterio de los misterios, el origen de las
especies sobre la tierra, es hoy tan misterioso como en aquel
1831, cuando el joven Darwin se embarcaba en el bergantín Beagle
para dar la vuelta al mundo.
Como diría Isaac Bashevis Singer, premio Nóbel de literatura de
1978: Son muchos los pensadores que han atribuido al ciego mecanismo
de la evolución muchos más milagros que todos los que le han sido
atribuidos a Dios por todos los teólogos del mundo.
De hecho, el darwinismo, con su teoría de la lucha por la vida,
ha desencadenado muchas concepciones erróneas, como la creación
de una raza superior. Ya sabemos a dónde llegó Hitler con sus
teorías del hombre ario, matando a los no arios, viendo las
guerras como algo necesario e indispensable en la evolución del ser
humano. Así se pueden justificar las guerras como factor de
selección natural o de progreso. Según esta mentalidad
anticristiana, la lucha a muerte sería un principio de vida y de
progreso de los pueblos. Por eso, el evolucionismo ateo con todas
las consecuencias extraídas de él, ha hecho mucho daño a la
humanidad.
¿Cómo puede atribuirse al azar de la simple selección
natural o evolución las maravillas del Universo? La belleza de los
paisajes en los mares y en el mundo submarino, la aurora y el ocaso,
los ríos, los valles y montañas; el firmamento, el sol, la luna y
las estrellas... Pensemos también en la belleza de los árboles,
plantas, flores, frutos, los peces en su mundo submarino, las aves,
los animales terrestres y, sobre todo, el ser humano. No hay cosa
más hermosa que el cuerpo humano animado por la vida inteligente,
que se transparenta y expresa en los ojos, en el rostro, en todos
sus miembros... Pues bien, para los ateos y materialistas toda esa
inmensa hermosura, toda esa prodigiosa belleza, que embelesa la
mente y el corazón humanos, se deben únicamente a la casualidad,
a las fuerzas ciegas de la materia, que operan por medio de la
selección natural en el proceso de la evolución... Yo creo, y lo
dice la lógica más elemental y consistente, que toda esa belleza
natural hay que atribuírsela en definitiva a un
"artista" omnipotente.
LA IGLESIA ¿CAUSANTE DE TODOS LOS MALES?
Algunos ven a la Iglesia católica como la causa de todas las
desgracias de la humanidad. Nietzsche en su obra El anticristo dice
esto, refiriéndose concretamente a la Iglesia protestante de
Dinamarca, pero muchos se lo aplican a la Iglesia católica,
calificándola de oscurantista, anticuada e intolerante. El hecho de
que la Iglesia no acepte el aborto o los anticonceptivos o el uso
del condón o el matrimonio homosexual..., es visto como si fuera
enemiga de la cultura y de la modernidad.
Pero la Iglesia tiene dos mil años de historia y no está al
vaivén de las opiniones de cada época. El relativismo reinante
afirma que nadie puede conocer la verdad. Cuando la Iglesia habla de
verdades seguras y absolutas, basadas en el Evangelio, la califican
de intolerante, como si uno no pudiera tener derecho a conocer la
verdad y a no vivir sólo de opiniones. Pero es curioso, todos los
que hablan contra la intolerancia religiosa, son intolerantes con
ella y le imponen sus opiniones ya sea en educación, en cuestiones
de aborto, homosexualidad… Suprimen todo signo religioso en
escuelas o edificios públicos y fomentan todo lo que sea
anticristiano, rechazando lo católico, especialmente, con leyes y
normas en política, educación, etc.
Muchos de estos ateos o agnósticos anticlericales se parecen a
los promotores de la Revolución francesa, que se proclamaban los
defensores de los derechos humanos y de la libertad, pero
destruyeron por puro vandalismo tesoros culturales y artísticos de
muchas bibliotecas y monasterios de Francia. En 1815, veintiséis
años después del 1789, Europa era un campo desolado por las
guerras napoleónicas desencadenadas por las nuevas ideas
revolucionarias, que llevaron a la muerte a millones de personas en
toda Europa.
Cuando los italianos trataron de conquistar definitivamente los
Estados pontificios, los liberales anticatólicos procuraron
convencer a la opinión pública internacional de que estos Estados,
regidos por los Papa desde el año 756, en tiempo de Pipino el
Breve, eran los lugares más atrasados del mundo, como una prueba de
que la Iglesia era una institución anticuada.
Durante casi veinte años, con chorros de dinero y multitud de
agentes secretos, se intentó por todos los medios provocar una
mínima apariencia de rebelión de los romanos contra sus
"opresores clericales". Habría bastado con un pequeño
tumulto para permitir que los Saboya intervinieran para
"garantizar el orden". No se consiguió provocar
ninguno, de modo que los "italianos" tuvieron que entrar
en Roma, abatiendo las murallas a cañonazos, aprovechándose de la
derrota francesa en la guerra contra los prusianos de 1870. Roma
estaba desprotegida tras la retirada de las tropas francesas,
destinadas por Napoleón III a la guerra contra Prusia.
Una vez abierta la brecha en la muralla de Roma, encontraron una
ciudad desierta, con los postigos cerrados a modo de protesta
silenciosa. Y en lugar de ser aclamados como liberadores, a los
recién llegados se les dio el calificativo de "buzzurri"
(forasteros). En los días que siguieron, ni un solo religioso fue
maltratado por los romanos ni fue saqueada ninguna iglesia, pese a
tener, por fin, la posibilidad de vengarse del catolicismo y de sus
sacerdotes, tras mil quinientos años de "opresión". Si
no pasó nada, a excepción de algún alboroto provocado por los
partidarios de Garibaldi y Mazzini, que trajeron delincuentes de
fuera y soltaron algún que otro preso de las cárceles, fue
porque no había nada de que vengarse.
Garibaldi insultaba al Papa Pío IX, diciendo que era un metro
cúbico de basura… Esos revolucionarios de la unidad italiana, en
1861, rechazaron la participación de los católicos en política en
las primeras elecciones. El Primer parlamento unido tuvo que elegir
443 para una población de 22 millones de habitantes; 57 tuvieron
220 votos; 161 menos de 300 y sólo 2 más de mil. Por eso, el gran
Massimo D'Azeglio dijo: Estas cámaras representan a Italia como yo
represento al gran sultán turco.
Pero aquellos anticatólicos, que se decían progresistas y
modernos, no tuvieron compasión ni tolerancia con los religiosos,
simplemente los expulsaron de sus conventos. Muchas iglesias fueron
convertidas en cuarteles, prisiones u hospitales. Los padres de la
patria italiana hicieron más daño al patrimonio artístico
italiano en pocos años que en quinientos años de guerras. En las
plazas de Italia, los ambulantes se calentaban con los libros de las
bibliotecas de los conventos o los usaban para envolver la carne o
la verdura en los mercados. Muchas iglesias, convertidas en
depósitos de sal, perdieron así sus magníficos frescos pintados.
Aquella burguesía masónica y atea, que se decía portadora de la
luz y del progreso, causó la deforestación de los bosques y
destruyó gran parte del gran patrimonio cultural italiano.
Algo parecido sucedió en España, a raíz de la desamortización
de Mendizábal en el siglo XIX. También desvalijaron el gran
patrimonio cultural que había en los conventos e iglesias. De hecho
nadie puede señalar a la Iglesia católica como contraria a la
cultura. La Iglesia ha sido la mayor creadora de arte en el mundo y
la fuente de la más extraordinaria belleza. En la actualidad, los
museos vaticanos son los más visitados de Italia y de los más
visitados del mundo.
Por eso, dice Vittorio Messori: Alguien debería recordar a
políticos, periodistas y a los demagogos, que se dedican a
moralizar sobre el dinero del Vaticano, que en esa ciudad casi la
mitad de la gente vive de los ingresos del turismo, surgido
precisamente de gastar dinero católico siglo tras siglo, a favor
del arte. Hay que decir que tantos siglos de administración
pontificia de Roma, aun con sus sombras (pero no más graves que la
media de su tiempo) han dado como fruto dotar a la ciudad de un
capital capaz de producir una riqueza sinfín con el turismo.
De hecho, si hoy Roma es una gran ciudad y quizás la más
hermosa, artísticamente hablando, es debido a los Papas católicos,
que invirtieron mucho dinero para fomentar la cultura y el arte
durante siglos. ¡Y cuántas veces intervinieron directamente para
salvarla de la destrucción, desde los tiempos de Atila hasta la
segunda guerra mundial!
También habría que recordar aquí que la mayoría de las
universidades surgieron a la sombra de las catedrales y monasterios.
Las escuelas que en ellos funcionaban desde antiguo empezaron a
transformarse en universidades. Salerno, la más antigua, surgió en
la primera mitad del siglo XI. Su escuela de Medicina era dirigida,
al principio, sólo por los benedictinos. Al final del siglo XII,
nacieron casi al mismo tiempo París (su cuna fue la escuela de la
catedral de Notre Dame), Bolonia y Oxford. En la primera mitad del
siglo XIII, Europa se llenó de universidades. Al despuntar el siglo
XV, había 44 universidades. De ellas 21 exclusivamente fundadas por
la Iglesia, y diez más recibieron carta fundacional de la Santa
Sede..
Dato revelador: la mayoría de los profesores y discípulos de
estás universidades en los primeros años eran clérigos. Y la
mayor parte de los sabios de la Edad Media fueron eclesiásticos.
Los monjes benedictinos fueron los que más se señalaron en la
conservación y transcripción de los antiguos códices,
salvándolos de la destrucción y conservando así la cultura
grecorromana para las generaciones posteriores. En el concilio de
Trento se determinó que todas las catedrales tuvieran su escuela
catedralicia. En la evangelización de América por los españoles,
en México, en cada convento había una escuela y un hospital. En el
siglo XVI había en México unos 300 conventos con escuelas externas
para los niños del pueblo y otra escuela interna para los hijos de
los indios principales. Por eso, fray Toribio de Benavente pudo
escribir: Hay tantos alumnos indios que en determinados monasterios
hay 300, 400, 600 y hasta mil alumnos. Esto mismo, en general,
ocurrió en toda la América española.
Un caso especial merecen las Reducciones del Paraguay. Veamos lo
que dice de ellas el famoso filósofo francés, blasfemo y
anticlerical, Voltaire: Cuando las Reducciones fueron arrebatadas a
los jesuitas, en las misiones del Paraguay, en 1768, los indios
habían llegado al grado más alto de civilización que un pueblo
joven puede alcanzar... En las misiones se respetaba la ley, se
llevaba una vida limpia, los hombres se consideraban como hermanos,
florecían las ciencias útiles y aún algunas de las artes más
bellas; y en todo reinaba la abundancia. Ahora sólo quedan en la
selva unas ruinas ciclópeas de iglesias misionales, restos de
casas, talleres y graneros como triste testimonio de la victoria de
la Ilustración, es decir, del dominio de la Razón sobre Dios y el
Evangelio.
El historiador francés Clovis Lugon dice de ellas: Ninguna
región de América conoció en la época una prosperidad tan
general ni un desarrollo económico tan sano y equilibrado. Entre
1608 y 1768 vivieron en las Reducciones unos 1.500 jesuitas y
tuvieron 32 mártires, pero los gobiernos anticlericales y masones
de España y de otros países europeos no descansaron hasta que
fueron expulsados de sus territorios.
En la actualidad, todavía hay, incluso católicos, que critican
los tesoros del Vaticano, como diciendo que la Iglesia no tiene
sensibilidad social y debería vender esos tesoros para dar de comer
a los pobres. Pero ¿alguna persona inteligente puede creer que
vendiendo todas las obras de arte del Vaticano o de las iglesias del
mundo entero se acabaría la pobreza del mundo? ¿Serviría de algo
regalar todo el dinero recaudado? Además, esos tesoros están al
servicio de toda la humanidad, que puede visitarlos en el Vaticano.
Si se vendieran, estarían sólo al servicio de los pocos ricos que
pudieran comprar esos tesoros y los pobres seguirían siendo pobres.
Muchas veces, la pobreza depende del poco espíritu de trabajo, de
la poca educación de la gente o también de la injusticia social y
de la mala distribución de la riqueza, pues todo se lo aprovechan
unos pocos, dejando en la miseria a la mayoría
Recordemos que la Iglesia atiende a millones de alumnos pobres, a
la mitad de los enfermos del sida y a miles de leprosos y
discapacitados del mundo entero. Tiene muchísimas instituciones de
caridad y muchos Institutos religiosos destinados a la caridad y a
la educación. No está de más recordar que la Iglesia fue quien
comenzó a construir hospitales en Europa y la que más luchó
contra la esclavitud. Actualmente, es la Institución que más se
preocupa de los inmigrantes, huérfanos, minusválidos y niños de
la calle.
El año 2000 el Vaticano público un CD Rom Catholic Aid
Directory (CAD) en el que el Consejo Pontificio Cor Unum, organismo
de la Santa Sede encargado de promover y organizar las Instituciones
de caridad y asistencia de la Iglesia católica, proporciona en
cuatro idiomas la guía de 1.100 organismos o Instituciones de
caridad de la Iglesia, que ayudan especialmente en casos de
catástrofe o necesidades, sin distinción de religión. Para ello
piden ayuda a las parroquias del mundo entero. De hecho, ninguna
institución del mundo ha contribuido más que la Iglesia en
promover la paz y la unión entre los hombres.
Evidentemente, no todo en la Iglesia ha sido perfecto. Entre los
1.100 millones de católicos bautizados del mundo entero, hay
muchísimos que no son practicantes y no obedecen las normas de la
Iglesia. Ha habido errores y excesos como en la Inquisición, pero
siempre en menor cuantía que en cualquier Institución de su
tiempo. Más bien la Inquisición, para aclararlo una vez más, fue
considerada en su tiempo como el tribunal más benigno.
De todos modos, el Papa Juan Pablo II tuvo la valentía de
reconocer los pecados de los católicos a lo largo de 2.000 años de
historia. El 12 de marzo del 2000, en una ceremonia penitencial
única y singular en la historia del cristianismo, pidió perdón a
Dios y a todos los hombres, que hubieran sido injustamente ofendidos
por los católicos . El 26 de marzo del 2000, en su viaje a Tierra
santa, pidió perdón expresamente a los judíos ante el Muro de las
lamentaciones de Jerusalén. El 4 de mayo del 2001, visitando
Grecia, pidió perdón a los ortodoxos. El 6 de mayo del 2001
visitando Siria, y desde la mezquita de los Omeyas de Damasco,
pidió perdón a los musulmanes. ¿Quién ha hecho algo semejante?
¿Acaso los demás hombres, especialmente los ateos y comunistas, no
tienen mucho más motivos para pedir perdón?
En cuanto a otros aspectos de la Iglesia, recordemos tantos
aspectos luminosos de su historia como los miles y miles de
mártires que dieron su vida por amor a Cristo; y tantos miles de
santos que han llevado una vida de amor al prójimo sin parangón en
el mundo. Ellos son un modelo para todos. La Iglesia ha guardado
hasta hoy el recuerdo de Jesucristo. Sin ella, no habría Evangelios
ni Sagrada Escritura. Pensemos también en tantas Congregaciones
religiosas dedicadas a la educación de los niños y jóvenes, y en
tantas Instituciones dedicadas a obras de caridad y servicio a los
más pobres. Baste recordar la Congregación de la Madre Teresa de
Calcuta entre cientos de otras más.
CATÓLICOS EN ACCIÓN
El mundo y la Iglesia necesitan católicos militantes, católicos
orgullosos de su fe, que sientan la alegría y la obligación de
compartirla con los demás. Se necesitan católicos convencidos que
vivan lo que creen y sientan necesidad de dar testimonio de su fe.
Si todos los católicos fueran militantes, el mundo sería distinto.
Pero ¿qué has hecho tú hasta ahora por compartir tu fe? ¿Sientes
el celo de Jesús por salvar a tus hermanos? ¿Acaso no te importa
que haya muchos que por ignorancia, debilidad o cobardía, sigan el
camino de su perdición terrena y eterna?
Dios te ha regalado muchas cualidades para que las compartas.
Ponte en acción, habla, aconseja, da testimonio, lucha por la
verdad y la justicia… Haz algo, no te quedes con los brazos
cruzados. Al menos, ora y ofrece tus sufrimientos por la conversión
de los demás. Dios te necesita y espera mucho de ti. No le digas
que no tienes cualidades o que no tienes tiempo. No pongas excusas,
haz algo para iluminar el mundo y la vida de tus hermanos.
Sé alegre, contagia tu optimismo. No te avergüences de ser lo
que eres. Como diría Píndaro: Conviértete en lo que eres. Sé
católico de verdad. Ora mucho, vete frecuentemente a visitar a
Jesús Eucaristía para recibir fuerza, y ADELANTE. No te dejes
vencer por el desánimo, aunque veas pocos frutos. Siempre ADELANTE,
ayuda, conforta, aconseja, habla, enseña y comparte tu fe.
¿Recuerdas la mitología griega? En ella se habla del minotauro,
un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, fruto de los
amores de Pasífae y un toro blanco, al que el rey Minos encerró en
un laberinto donde todo el que penetraba quedaba atrapado sin poder
encontrar la salida. Pero Teseo, héroe ateniense, logró matarlo y
consiguió encontrar la salida, gracias al ovillo que Ariadna, hija
de Minos y Pasífae, le había proporcionado.
Pues bien, el hombre actual está metido en un laberinto de
pasiones y de ideas confusas; no conoce el camino de la verdad y de
la felicidad auténtica. Para salir de ese laberinto moderno, se
necesita el ovillo de la oración que nos lleva a Dios. Sin la
oración, el hombre se pierde entre los vericuetos de las opiniones
del mundo moderno y se aleja de Dios y de la verdadera felicidad.
Tú debes ser una persona de oración y enseñar a los demás a
orar. La oración será para ellos el lazo de unión con Dios y la
fuerza para superar las tentaciones y dificultades de la vida.
En ocasiones, se necesita mucha fortaleza para oponerse a las
ideas y costumbres del mundo que nos rodea. Por eso, se necesitan
médicos católicos que defiendan la vida a capa y espada, y sean
excelentes en su labor. Necesitamos maestros católicos, que
enseñen siempre la verdad y no se dejen sobornar por la mentira.
Necesitamos historiadores y científicos católicos que descubran la
verdad, filósofos católicos, que ayuden a encontrar el sentido de
la vida. Y también se necesitan ingenieros, abogados y empresarios
de conducta intachable e insobornable. Se necesitan políticos
católicos, que velen por el bienestar de todos y no claudiquen ante
la mentira, la corrupción o la cultura de la muerte. Necesitamos
artistas católicos que creen obras de arte que perfumen nuestro
mundo con la belleza sin tener acudir a groserías ni denigrar los
valores sagrados. Necesitamos literatos católicos y comunicadores
que proporcionen la verdad a través de los medios de comunicación.
En una palabra, se necesitan católicos que trabajen por un mundo
mejor, pero siguiendo los principios cristianos del amor, la verdad,
la solidaridad y la paz.
Se necesitan sobre todo santos, que vivan la fe en plenitud y con
su ejemplo nos ayuden a seguir su camino. Santos que sean
intercesores nuestros ante Dios. Santos que nos den ejemplo de
alegría y amor a Dios y a los demás. Estamos llamados a la
santidad y a no quedar entre el barro de los vicios y placeres. Por
eso, no podemos avergonzarnos de ir a misa y rezar el rosario. Más
bien, debemos sentirnos felices por conocer y amar a Jesús
Eucaristía y a María nuestra madre.
Ser católico es un regalo y un privilegio. Es tener la verdad
que nos enseñó Jesucristo. Es ser un peregrino en esta tierra,
camino al paraíso. Gustavo Thibon decía: Soy católico, porque
tengo sed de un Dios que no sea tinieblas; porque siento que la
aventura humana no termina en la desesperación. Porque tengo
necesidad de luz en el misterio y de misterio en la luz. El gran
convertido y famoso literato inglés Gilbert Chesterton (1874-1936)
decía: Soy católico, porque quiero ser feliz. La dificultad para
explicar adecuadamente el por qué soy católico, consiste en el
hecho de que hay 10.000 razones que se pueden resumir en que el
catolicismo es verdadero. Ahora que soy católico no podría
imaginarme de otra manera. Estoy orgulloso de verme atado por dogmas
anticuados y esclavizados, por credos profundos (como suelen repetir
mis amigos periodistas con tanta frecuencia), pues sé muy bien que
son los credos heréticos los que han muerto y que sólo el dogma
razonable vive lo bastante para que se llame anticuado. Ahora que
soy católico creo que la Iglesia católica puede salvar al hombre
ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo…
Los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen
una experiencia de siglos. Una persona que se convierte al
catolicismo, llega a tener de repente 2.000 años. La Iglesia
católica es obra del Creador y sigue siendo capaz de vivir lo mismo
en su vejez que en su primera juventud. Y sus enemigos, en lo más
profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir
algún día.
Otro gran católico, André Frossard (1915-1995), miembro de la
Academia francesa y un gran escritor, dice sobre su conversión del
ateísmo: Me parecían patéticos y un poco ridículos aquellos
últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la
religión en las reuniones públicas, al igual que lo serían los
historiadores que se esforzaran por refutar la fábula de Caperucita
roja… El ateísmo perfecto no era el que negaba a Dios, sino aquel
que ni siquiera se planteaba el problema, como yo.
Yo he roto con el ambiente marxista de mi infancia, justamente a
tiempo para oír a los religiosos hablarme de Karl Marx. Nuestros
caminos discurrían en sentido inverso. Nos cruzamos cortésmente,
pero vi con claridad que, en su interior, se sorprendían de que yo
hubiera abandonado tan cómodamente un sistema completamente nuevo y
con su material científico, por creencias de dos mil años de edad,
que ellos se preparaban a poner en tela de juicio unas tras otras.
No comprendían que el marxismo es una religión estrictamente,
nada más, y que esta religión era ya más fuerte que lo que les
quedaba de la suya... ¿Cambiaríamos la milagrosa dádiva divina
de la Eucaristía, que contiene el objeto mismo de nuestra fe, la
última de nuestras esperanzas y el principio de toda caridad, por
la moneda falsa de las mentirosas ideologías que, como torres de
humo, se elevan sobre las ruinas del pensamiento cristiano?.
Lo que voy a contarles no es la historia de un descubrimiento
intelectual. Es el relato de una experiencia física. Yo no tenía
ni penas de amor, ni inquietudes ni curiosidad. La religión era una
vieja quimera, los cristianos, una especie retrasada en el camino
de la evolución: la historia se había pronunciado por nosotros,
la izquierda, y el problema de la existencia de Dios estaba resuelto
por la negativa desde hacía por lo menos dos o tres siglos. En mi
ambiente, la religión aparecía tan superada que uno ya no era ni
siquiera anticlerical, salvo en los días de elecciones...
Veo todavía a ese muchacho de veinte años que era yo entonces
(año 1935). No he olvidado el estupor que sintió, cuando
súbitamente se alzó ante él desde el fondo de esa modesta
capilla, un mundo, otro mundo, de un esplendor imposible de
soportar, de una densidad prodigiosa, cuya luz revelaba y
encubría al mismo tiempo la presencia de Dios, de ese Dios
respecto del cual él habría jurado, un momento antes, que jamás
había existido salvo en la imaginación de los hombres. Y, al mismo
tiempo, lo recubría una oleada fulgurante de dulzura y alegría
entremezcladas de una potencia capaz de destrozar el corazón y
cuyo recuerdo jamás perdió, ni siquiera en los peores momentos
de una vida.
Esa luz que no vi con los ojos del cuerpo, no era la que nos
ilumina o la que nos broncea. Era una luz espiritual, es decir,
una luz orientadora como la incandescencia de la verdad. Desde que
la entreví, casi podría decir que para mí sólo existe Dios, y
que lo demás no es más que hipótesis... Insisto. Fue aquella una
experiencia objetiva, casi del orden de la física y no tengo nada
más precioso para transmitirles que eso: más allá hay otra
realidad, infinitamente más concreta que aquella a la que por lo
general damos crédito y que es la última realidad.
Yo no he soñado. Por lo demás, si hubiera soñado, la vida se
habría encargado de despertarme. No he imaginado nada... Fue una
experiencia objetiva. Quiero decir que la alegría... me cayó
encima como una onda luminosa de potencia irresistible y dulce, cuya
irrupción me cogió de repente. Fue como la ola que puede
sorprender al bañista en la playa sin que éste la haya visto
formarse; además, debo añadir que ignoraba encontrarme al borde
de ese océano.
Hay otro mundo. Su tiempo no es nuestro tiempo; su espacio no es
nuestro espacio, pero existe. No se le puede situar ni fijar su
residencia en ningún lugar de nuestro universo sensible: sus leyes
no son nuestras leyes, pero existe. Ese mundo existe. Es más bello
que lo que llamamos belleza, más luminoso que lo que llamamos
luz... Hacia ese mundo, donde tiene lugar la resurrección de los
cuerpos, todos nos dirigimos.
Sí, hay otro mundo. Y no hablo de él por hipótesis, por
razonamientos o de oídas. Hablo por experiencia.
TESTIMONIOS
Veamos ahora algunos testimonios de católicos comprometidos, que
viven su fe hasta las últimas consecuencias. Por supuesto que los
santos son los primeros y más significativos ejemplos, pero
prescindiremos de ellos.
Abelardo de Armas, un joven católico convertido de una vida de
alejamiento de Dios, dice: Después de unos ejercicios espirituales,
decidimos un grupo de amigos hacer una experiencia misionera en
algunos pueblos del norte de España. Mi grupo, después caminar
unos doce kilómetros, entramos al pueblo y nos pusimos a pedir un
poco de comida, porque estábamos hambrientos. A última hora del
día, nos refugiamos debajo de un balcón, protegiéndonos de una
lluvia torrencial. Lo único que teníamos para cenar era un huevo
para cada uno. Éramos tres y teníamos tres huevos. Nos lo tomamos,
batiéndolo en un vaso con un cepillo de dientes. Esperamos a ver si
alguien nos podía cobijar durante la noche. Al fin, pasó un
muchacho y nos dijo que su padre estaba de guardia aquella noche en
la estación y que podíamos dormir en alguno de los vagones
arrinconados para desguace. Allí dormimos. Nos levantamos molidos,
porque habíamos dormido sobre asientos de madera.
Caminamos hasta el siguiente pueblo. Allí volvimos a mendigar.
Hacíamos lo siguiente: Llegábamos a una parte del pueblo y nos
ofrecíamos a trabajar gratis. Después nos invitaban a comer. Pero
no aceptábamos ningún salario ni comida. Y nos íbamos al otro
extremo del pueblo a mendigar. A veces, nos trataban mal,
diciéndonos: Trabajen, que tienen buenas manos. En algunas casas,
nos ofrecían dinero, pero no aceptábamos más que comida.
Reuníamos todo y nos reservábamos lo necesario para nosotros y el
resto se lo dábamos a los más pobres y necesitados del pueblo.
Por la noche, nos juntábamos en el bar con aquellos hombres del
campo y, entre cantos y chistes, les hablábamos de Dios. Al final,
les decíamos: Hemos venido a traerles un mensaje de amor de Dios.
Hemos descubierto en unos Ejercicios que Dios es amor y no podemos
guardar este mensaje para nosotros solos.
Un profesor universitario contaba que un día le llamó un
médico conocido suyo y le dijo: Estoy enfermo y deprimido. Le he
llamado a usted, porque su constante sonrisa me hace sentir que
usted tiene algo que yo no tengo y quisiera tener. ¿Será su fe en
Dios? Aquel profesor irradiaba con su vida y con su alegría, la
gran verdad de que vale la pena ser católico de verdad. Algo
parecido le sucedió al padre Carlos Vallés, misionero jesuita en
la India. Él mismo nos lo cuenta:
Un día, me llama un monje muy venerado, un verdadero santo, de
fe jainista. Él me llamaba, porque no podía venir a verme. Ellos
entre las muchas austeridades que practican, andan siempre
totalmente descalzos y con el calor de cuarenta y cinco grados que
hacía aquellos días en Ahmedabad, que derretía el asfalto, no
podía venir. Me pidió que fuera a verlo. Este varón santo iba con
sus discípulos. Habían pasado tres noches en una habitación de un
templo (tienen voto de no pasar más de tres días en un mismo
lugar). Fui a verlo y estaba en un lugar muy austero, de pobreza
extrema. Al llegar, me hicieron esperar un momento, pues estaba en
la ceremonia del keshloch, que consiste en arrancarse a tirones
todos los pelos del cuerpo cada seis meses. Esto lo hacen con toda
naturalidad, por penitencia... Al cabo de pocos minutos, apareció
con la cabeza completamente rapada. Estábamos sentados en el suelo,
con sus discípulos a nuestro alrededor. Empezamos a hablar de cosas
íntimas de la vida religiosa, de la oración, de lo que teníamos
ambos. Contamos incidentes, reímos, lloramos, nos pusimos serios.
Casi tres horas estuvimos hablando.
Cuando comenzó a anochecer, había que despedirse, pues ellos,
cuando se pone el sol, no pueden moverse por miedo a matar a algún
animalito en la oscuridad. Cuando van a sentarse van con cuidado y
barren con una escobita el asiento antes de sentarse, para que no
haya alguna hormiguita que pueda morir aplastada. Como despedida,
aquel hombre me hizo recordar la importancia del Evangelio, pues me
dijo: Padre, le voy a hacer una pregunta: ¿Cómo es que en tantos
años que llevo de vida religiosa, de sacrificios, de oración, de
andar todos los días procurando ayudar a los demás a que lleven
una vida santa y moral, cómo es que en toda esta larga vida
religiosa, consagrada a la purificación propia al servicio a los
demás, nunca jamás, en ninguna ocasión, ni de lejos he sentido la
alegría que veo que usted siente ahora delante de mí? ¿Cómo es
que en toda mi vida no he sentido la alegría?.
Aquel santón jainista admiraba al padre Vallés y quería saber
la razón de su alegría. Porque la felicidad no está en las
penitencias, sino en llevar una vida de amor a Dios y a los demás.
Y Dios nos hace sentir su alegría dentro de nuestro corazón.
Otro caso semejante. El famoso escritor español Ramón Menéndez
Pidal, cuatro meses antes de su muerte, el 5 de julio de 1968,
llamó desde Madrid a San Sebastián al padre Ignacio Errandonea. Al
llevar el sacerdote a su casa, le dijo: Le he llamado, porque
quería manifestarle que, desde 1935, estaba yo añorando la fe y
las esperanzas que veía en mi hija y en mi esposa. Usted me decía
que yo tenía en el fondo esa fe, pero yo no quería, no podía
reconocerlo. Ahora todo se me ha iluminado. Me siento ya incorporado
a la fe y a las esperanzas de mi mujer y de mi hija y seguro de mi
gloria futura. El testimonio de su mujer y de su hija, lo llevaron
al final de su vida a aceptar la fe.
Michel Guery, en su libro Juventud, nueva ola frente a Cristo,
relata el testimonio de una institutriz polaca que, después de la
primera guerra mundial, estaba sin trabajo y debía ayudar
económicamente a su madre, viuda y enferma, así como a un
hermanito menor. Por fin, encontró trabajo en una casa de una
familia judía. La señora la aceptó con la condición de que no
hablara de ninguna manera de religión con sus hijos. Ella aceptó,
porque necesitaba trabajar a toda costa.
Los cuatro niños de la familia eran totalmente indisciplinados y
ella tuvo que tener mucha paciencia para poder educarlos y hacerles
entrar en disciplina para que hubiera paz y orden en la casa. Pero
un día, llegó la enfermedad a aquel hogar. El pequeño Halm cayó
enfermo de una grave y contagiosa enfermedad y ella tuvo que
cuidarlo con ternura, porque su madre tenía miedo de contagiarse y
solamente de lejos se asomaba a verlo. Cayeron otros dos niños con
la misma enfermedad y ella seguía atendiéndolos con todo cariño.
Y los niños llegaron a quererla de verdad y se abrazaban a ella con
la confianza de los niños que necesitan cariño y buscan quién se
lo dé. Sin embargo, cuando los niños estaban ya curados, también
ella cayó enferma de la gravísima enfermedad. Y ¿quién la
cuidaría? La llevaron al hospital. Y allí murió. Le abrieron el
medallón que tenía al cuello y encontraron un papelito que decía:
Puesto que me prohibieron hablar de mi fe, quiero vivirla. Ella
vivió su fe hasta dar la vida. Al poco tiempo, toda la familia
judía se hizo católica.
El Padre Eduardo Rodríguez, famoso misionero jesuita, estaba
dando una misión popular en un pueblo de España y un campesino se
acercó y le dijo: Padre, quiero hablar con usted. Soy un asesino.
Durante la guerra civil (1936-1939), yo recogí el Cristo de la
iglesia y me lo llevé a mi casa para que nadie lo maltratara. Pero
un día vinieron unos comunistas y me dijeron: ¿Tú tienes el
Cristo escondido, verdad? Sí, lo tengo guardado para convertirlo en
leña este invierno. Queremos que nos lo entregues. Yo no fui capaz
de oponerme y les di el Cristo. Y lo arrastraron por las calles del
pueblo y le prendieron fuego en la plaza. Por eso, soy culpable de
aquella acción.
Pensemos: ¡cuántas veces nosotros hemos sido cobardes por temor
al qué dirán y hemos dejado que Cristo fuera profanado con
blasfemias o malos chistes o con mentiras y exageraciones contra la
Iglesia y sus sacerdotes! Hay que ser valientes como aquel niño que
fue a la escuela con un crucifijo al cuello. El profesor le mandó
quitárselo, porque según él, ofendía los sentimientos de quienes
no eran católicos. El niño se negó. Llamaron a sus padres y les
amenazaron: Si su hijo no se quita el crucifijo, será expulsado de
la escuela. Los Padres contestaron: Nosotros nos sentimos orgullosos
de tener un hijo así.
En un pueblo de España, llegó un maestro nuevo. Al comenzar la
primera clase, lo recibieron de pie. El maestro les preguntó: ¿Por
qué están de pie? ¿No rezamos? Si quieren rezar, lo pueden hacer
en sus casas o en la iglesia.
Los niños lo comentaron en sus casas y los padres de uno de
ellos, le dijeron: Mañana tú te quedas de pie con tus amigos y
rezas en voz alta. Al día siguiente, todos los niños de pie
rezaron, siguiendo al niño que había comenzado. Y el profesor les
dijo: Bueno, por mí como si quieren rezar el rosario. Así rezaban
todos los días, antes de la clase, como estaban acostumbrados por
el anterior profesor.
El 9 de agosto de 1936, los comunistas españoles fusilaban en
Barbastro a Ceferino Giménez Malla, un gitano, buen católico, que
todos los días iba a misa y rezaba el rosario. Todos le llaman El
Pelé. Lo habían arrestado quince días antes, porque al ver que
los milicianos detenían a un sacerdote por la calle, se había
puesto a gritar: ¡Insolentes! ¡Tanta gente para poner preso a un
cura! Los milicianos le vaciaron los bolsillos, encontrándole un
rosario. Y lo llevaron con el sacerdote a la cárcel. En la cárcel
todos rezaban el rosario y oraban; él era incansable en la
oración. Él había sido especialmente devoto de la Eucaristía,
acudiendo a los Jueves Eucarísticos, a la Adoración nocturna y a
las Conferencias de san Vicente de Paúl. También pertenecía a los
terciarios de la Orden Capuchina.
A pesar de ser analfabeto, le gustaba siempre ayudar a todos y
especialmente enseñar el catecismo a los niños. El amor a María
lo manifestaba rezando el rosario todos los días. Cuando lo iban a
fusilar, levantó el rosario y gritó: Viva Cristo Rey.
La hermana Josefa María Imma Mack, cuando tenía 20 años y era
aspirante en un convento, empezó a visitar el campo de
concentración de Dachau, en Alemania, desde mayo de 1944 hasta
abril de 1945. Durante aquellos viajes semanales, para comprar
especialmente azaleas, llevaba alimentos a los reclusos hambrientos,
cartas y otras cosas necesarias para la celebración de la misa.
Ella misma dice: Había situaciones que me sumían en el miedo,
incluso el terror, por ejemplo cuando el Sr. Schönwälder me hizo
ver aterrado lo peligroso que había sido el haberme puesto a hablar
con un vigilante de la SS; u otra vez, cuando de pronto surgió ante
mí un vigilante y me pidió la documentación; o también cuando el
Sr. Beer me prohibió volver a su casa y me transmitió su miedo; o
cuando llegué a conocer que llevar cartas ilegalmente se castigaba
con la pena de muerte; o finalmente, cuando el tifus temido por los
reclusos más que cualquier otra cosa, hacía estragos en el campo
de concentración.
Pero cuanto más oía hablar del hambre y de los indecibles
sufrimientos de los reclusos, tanto más se disipaba el miedo y
crecía en mí el deseo de entregarme plenamente. También me
espoleaba el agradecimiento manifestado en la menor ocasión por
aquellos hombres depauperados… Al volver de cada viaje, encontraba
en el convento intimidad y cariño: todas las hermanas estaban
detrás de lo que yo hacía y me apoyaban en la medida de lo
posible. En realidad, la tranquilidad y la fuerza las recibía de
Dios, confiaba en Él. Por la mañana, en la capilla pedía
intensamente ayuda por los reclusos de Dachau y protección para mí
y para las hermanas. Al ir camino a la estación, pasaba delante de
una capilla. Desde el principio, me impuse la obligación de entrar
en ese pequeño santuario, encomendar mi viaje a la Virgen y pedirle
ayuda y protección. Ella me daba consuelo y confianza. Una vez
quise pasar de largo, porque la bicicleta estaba muy cargada y
resultaba difícil bajar de ella, pero me sentí como forzada a
volver por un poder invisible.
Tras la visita a la capilla, continué el viaje con tranquilidad
y consuelo. Rezaba durante el camino y siempre daba gracias a Dios
por haber superado las dificultades de cada viaje. Este
agradecimiento sigue vivo a través de mi vida.
En un colegio un grupo de alumnos cogieron e1 crucifijo del
salón de clases, lo envolvieron en papel de aluminio y le hacían
burlas. Uno de los alumnos se enfrentó a sus compañeros y les
echó en cara su mala acción. La clase se dividió en dos bandos,
unos a favor y otros en contra. Al final, el director decidió que
había que retirar el crucifijo, porque hería los sentimientos de
los no creyentes o de otras religiones. Pero varios padres de
familia se opusieron a la medida y defendieron la presencia del
crucifijo en clase, porque era símbolo de amor y de paz que a nadie
de buena voluntad le podía hacer daño.
En Nowa-Huta (Polonia) la nueva ciudad que el gobierno polaco
construyó para doscientos mil obreros, un día apareció en un
solar inmenso una cruz que los mismos obreros habían hecho con dos
postes de teléfono. Inmediatamente, las fuerzas del orden público
y el ejército fueron a quitar aquella cruz. Los obreros dijeron:
Esta cruz la hemos puesto nosotros en señal de que aquí habrá
un templo construido por nosotros.
Arremetieron contra ellos. Hubo sangre y muchos heridos, pero los
obreros supieron defender aquella cruz y el gobierno se resignó a
retirarse. Habían querido construir una nueva ciudad sin Dios y los
mismos obreros les manifestaron su fe a prueba de sacrificios y de
su propia vida.
El Papa Juan Pablo II contaba que, cuando era cardenal arzobispo
de Cracovia, buscaban un local para dar catequesis a los niños y no
lo encontraban. Por fin, un matrimonio encontró un local nuevo y lo
ofreció. Al enterarse las autoridades comunistas, amenazaron a
aquel matrimonio con la pérdida del trabajo, si dejaban aquel local
para la Iglesia. Pero aquel matrimonio respondió: Si nos quitan el
trabajo, saldremos a las calles a barrer o a mendigar.
El cardenal Stefan Wyszynski de Polonia escribía en su Diario,
estando en la cárcel: El peor defecto de un apóstol es el miedo.
El miedo incita a dudar del Maestro y estrangula el corazón y la
garganta. El que permanece en silencio alienta a los enemigos de la
causa y el temor de los apóstoles es su primer aliado. La
estrategia de los impíos es hacer callar por medio del temor.
¡Oh Cristo, despreciado, flagelado y crucificado, seguirás
siendo el Rey de mi corazón, incluso en lo profundo del infierno!
Si yo tuviera que escoger el camino de mi vida, volvería a
emprender la senda del sacerdocio, aunque al final me esperara la
guillotina. Si tuviera que escoger entre la biblioteca entera del
British Museum y el misal, preferiría el misal. Puedo seguir
esperando pacientemente desde esta cárcel.
Si tuviera que volver a nacer y me preguntaran qué vocación iba
a seguir, respondería sin vacilar, jugándome el cadalso: la
vocación de sacerdote, aunque supiera desde el primer momento que
iba a acabar encadenado por Cristo. Es preferible ser un sacerdote
perseguido que un César adorado.
Sí, vale la pena ser sacerdote, vale la pena consagrarse al
servicio del Señor toda la vida. Vale la pena ser laico
comprometido con Jesús y compartir la fe. El padre Mateo Crawley,
el gran apóstol mundial de la devoción al Corazón de Jesús,
cuenta que un día después de predicar un sermón en París, lo
detuvo una joven obrera y le pidió hablar con él. Como no tenía
tiempo, pues le estaban esperando en otra parte, le dio su
dirección. Ella le escribió una carta y ella le decía:
Padre, pertenecía a una familia tan desgraciada como impía. A
los catorce años ignoraba hasta la existencia de Dios, a pesar de
haber sido bautizada. Al pasar un día delante de una iglesia, vi
mucha gente y entré. No entendía nada. Al llegar la comunión, le
pregunté a una señora qué iba a recibir aquella gente… Aquella
señora me explicó lo que era la comunión. Después me compró un
catecismo y lo estudié para prepararme a la confesión y comunión.
Y sigue el padre Mateo:
Ahora es una religiosa carmelita y hace poco me escribía la
Priora: Es la perla de las perlas, la joya de mi comunidad.
Carlo Carretto, el conocido escritor italiano, dice que un día,
en medio del desierto, encuentra unos 50 indígenas, trabajando en
arreglar una carretera destruida, por las lluvias invernales. Y
dice: Ofrezco mi “gherba” de 30 litros de agua para su sed. De
pronto, entre las bocas que se acercan al cuello de la gherba para
beber, veo abrirse una sonrisa que no olvidaré jamás. Pobre,
desgarrado, sudoroso, sucio: es el hermano Pablo, un pequeño
hermano que ha escogido aquel trabajo para vivir su calvario y
mezclarse en aquella masa como levadura evangélica. Conocía muy
bien al hermano Pablo, porque habíamos hecho el noviciado juntos.
Ingeniero parisino trabajaba en una de aquellas comisiones
destinadas a preparar la bomba atómica de Reganne, cuando sintió
la llamada del Señor. Lo dejó todo y se hizo pequeño hermano.
Ahora estaba allí y nadie sabía que era un ingeniero: era un pobre
como los demás.
Allí estaba para dar testimonio de su fe como el granito de
trigo que cae a tierra y muere para que dé fruto.
Otro testimonio nos ofrece la propia protagonista: Me llamo
Annalena Tonelli. Nací en Forlí, Italia, el 2 de abril de 1943.
Trabajo en el campo de la salud desde hace treinta años, pero no
soy médico. Me gradué en leyes en Italia. Dejé mi país en enero
de 1969. Desde entonces, vivo al servicio de los somalíes. Son
treinta años los que he compartido con ellos. Desde niña, elegí
entregarme a los demás: a los pobres, a los que sufren, a los que
no son amados. Quería seguir sólo a Jesucristo, así ha sido hasta
ahora y confío en que continuaré siéndolo hasta el final de mi
vida. Por Él hice la elección de pobreza radical, aunque nunca
lograré ser pobre como un verdadero pobre, los pobres que me
acompañan.
Dejé Italia, después de haber servido durante seis años a los
pobres de uno de los suburbios de mi ciudad natal, a los niños del
orfanato local y a niñas con discapacidad mental. Muy pronto,
comprendí que se puede servir y amar en todas partes. Sentí que
era Dios, quien me había llevado a África. Treinta y tres años
después, proclamo el Evangelio únicamente con mi vida y arde en
mí el deseo de proclamarlo hasta el final.
Prácticamente he vivido siempre con los somalíes, primero en
Kenia y luego en Somalia. Vivo en un mundo rígidamente musulmán.
No hay cristianos con quien compartir. Dos veces al año, cerca de
Navidad y en Pascua, el obispo de Djibuti viene a decir la misa para
mí y conmigo.
Mi primer amor han sido los tuberculosos, la gente más
abandonada, la más rechazada en ese mundo de África. Muchos de
ellos se encuentran en un pabellón como desesperados, sin ningún
tipo de consolación. No sabía nada de medicinas y empecé a
llevarles agua de lluvia que recogía de mi tejado. Al principio, no
me aceptaban, pero después de un tiempo, cada enfermo que estaba
consciente de estar al final, quería que sólo yo estuviera a su
lado, para morir sintiéndose amado… Mi fe me ha enseñado que mi
fe sin amor es inútil y que, después de todo, mi religión
cristiana no tiene muchos mandamientos, sino que tiene uno solo: el
amor.
Después de estar 33 años, trabajando a favor de los más
necesitados, a sus 63 años de edad, unos hombres le dispararon en
la cabeza y la mataron, mientras ayudaba en el hospital de Boroma en
Somalia. Pero su vida no ha sido inútil y con su vida y con su
muerte dio verdadero testimonio de su fe católica, al igual que
tantos miles de misioneros y misioneras que trabajan entre los más
pobres en países de misión.
¡Hay tanto que hacer y que trabajar por un mundo mejor! ¿Qué
has hecho tú hasta ahora? Debes dar testimonio de que Dios existe y
nos ama. Dile al mundo, con palabras o sin palabras, que cuando vas
a la iglesia no vas por huir del mundo, sino a orar por él. Que el
ser católico te hace ser más solidario y quieres que todos
encuentren la felicidad con Jesús, porque hay demasiados hombres
que van por la vida tristes, buscando la felicidad en las drogas, en
el licor, en el sexo…
Y nunca la van encontrar. Tú no puedes permanecer indiferente
ante tanta pornografía que está quitando los valores y destruyendo
la familia. Por eso, tú, como católico, unido a muchos otros,
formando una cadena de fuerza, debes decir NO a la pornografía, NO
al aborto, NO a las relaciones prematrimoniales, NO a las relaciones
homosexuales, NO a la enseñanza única sin opciones religiosas; NO
a la violencia y al terrorismo, No a los partidos políticos que van
contra la fe católica y NO contra todo lo que atente contra los
derechos de los más pobres y necesitados o fomente los vicios y el
libertinaje.
En algunos lugares, los padres de familia se han organizado para
defender los derechos a la educación religiosa de sus hijos. En
otros lugares se han formado grupos de autodefensa contra el
terrorismo. También hay asociaciones de médicos, de maestros y de
periodistas católicos que tratan de defender las enseñanzas de la
Iglesia. En Italia se formado el grupo CADE (catholic antidifamation
league) una asociación para defender la fe católica de tantas
difamaciones que se propagan impunemente en los medios de
comunicación. ¿Qué puedes hacer tú? Al menos, forma una cadena
solidaria de oración y lucha por la verdad y la justicia en tu
familia y entre tus amigos y conocidos. Sé laico comprometido en tu
parroquia. Da testimonio con el ejemplo de tu vida de que vale la
pena ser católico, porque los verdaderos católicos son más
felices que los que están lejos de Dios y no tienen el amor y la
presencia cercana de María, nuestra Madre, y de Jesús Eucaristía.
A este respecto, es interesante lo que contaba una religiosa
contemplativa: Hoy, al ir al médico, me fijaba en la cara de la
gente que encontraba a mi paso. ¡Veía rostros tristes, fríos,
nerviosos! Comprendí que les faltaba VIDA y alegría. Al llegar a
mi convento, miré con detenimiento el rostro de mis hermanas y vi
en ellas, jóvenes o viejas, feas o bonitas, que tenían vida,
sonrisas y alegría.
Ahora bien, no podemos guardarnos para nosotros solos esa
alegría y ese amor que Cristo nos da. Somos responsables en cierta
medida, de los demás. No podemos ser felices nosotros solos. No
somos islas, somos archipiélagos. Tenemos que salvarnos los unos
con los otros. Porque ¿qué nos diría el Señor, si nos
presentáramos ante Él los unos sin los otros? Somos responsables
de la salvación de los demás y debemos vivir con radicalidad el
Evangelio como lo vivían los primeros cristianos.
En la carta a Diogneto, escrita hacia el año 150, se nos dice:
Los cristianos se casan como todos, como todos engendran hijos, pero
no matan a los que nacen. Obedecen las leyes establecidas, pero con
su vida sobrepasan las leyes. A todos aman y por todos son
perseguidos. Se les desconoce y se les condena, se los mata y en
ello se les da la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Los
vituperan y ellos bendicen. Hacen el bien y se les castiga como
malhechores.
Los cristianos son castigados con la muerte y se multiplican cada
día más y más. Lo que es el alma para el cuerpo eso son los
cristianos para el mundo. Tal es el puesto que Dios les señaló y
del que no les es licito desertar.
¿Estás dispuesto a dar todo por Cristo? ¿Estás dispuesto ser
luz del mundo y sal de la tierra? No te desalientes por el poco
fruto de tus esfuerzos ni por la ingratitud de quienes esperaban
algo más. Aunque te falte dinero, aunque no tengas auxilios humanos
o te falten recursos, no te canses. Permanece siempre firme,
decidido, sonriente, con los ojos del alma fijos en Jesús. ¡Nada
de volver la cara atrás! ¡Nada de lamentos inútiles! Mientras te
quede una gota de sangre en tus venas o unas monedas que repartir o
un poco de energía que gastar para gloria de Dios, no te canses,
sigue adelante. ¡Morir antes de volver atrás!
En la comedia de Paul Claudel El padre humillado, el viejo padre
le dice a Oriano: Vete por el mundo. En el mundo no hay alegría,
hay tristeza. Los hombres necesitan alegría, vete a ellos y canta.
Debes ser como el “la” que se da antes del canto y todos esperan
para poder cantar unidos. Da la nota, canta y todos te seguirán.
Pon alegría en el mundo y otros se alegrarán y sembrarán
alegría. Sé un cantor y un poeta de la vida en este mundo y diles
a todos que Dios es la verdadera alegría y que sin Él nunca
podrán ser felices.
PREGUNTAS
Antes de concluir este escrito sobre la necesidad de ser
católicos militantes, con coraje suficiente para defender y
compartir nuestra fe, quisiera hacer algunas reflexiones y
preguntas.
En la Iglesia ha habido y sigue habiendo católicos que
desprestigian su nombre. Hay muchos que de católicos, sólo tienen
el nombre, pues en realidad, no sólo no son practicantes, sino que
ni siquiera creen en algunos puntos fundamentales de la fe y no
viven las enseñanzas de la Iglesia, especialmente, en lo referente
al aborto, los anticonceptivos, la homosexualidad… ¿Qué podemos
decir de ellos? A ellos quisiera decirles con Carlo Carretto: No
veas a la Iglesia como algo externo a ti para criticarla. Tú eres
Iglesia. No está mal protestar contra la Iglesia, cuando se la ama.
Lo malo es criticarla, poniéndose fuera como si fuéramos puros y
santos. Por eso, no me salgo de la Iglesia a pesar de sus defectos
humanos. La Iglesia está edificada sobre piedras débiles, pero
¿qué importan las piedras? Lo importante es la promesa de Cristo
de que nunca fallará... Esa masa de bien y de mal, de grandeza y de
miseria, de santidad y de pecado, que es la Iglesia, en el fondo soy
yo. Por eso, si alguna vez he criticado a la Iglesia, en el fondo me
he criticado a mí mismo. ¿Con que derecho la critico? ¿Acaso no
tendría ella más razones que yo para avergonzarse de mí?.
Pero con relación a los ateos y a todos aquellos anticatólicos
modernos, quisiera citarles las palabras de un gran profesor de
historia y sociología de la universidad de Bruselas, que es
agnóstico, racionalista y ex-masón, pero que es sincero y reconoce
los valores de la Iglesia. Dice el doctor León Moulin: Los
católicos habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a
menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error
o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros,
casi siempre, ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por
creerlo hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo, agnóstico,
pero también historiador que trata de ser objetivo, os digo que
debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no
es cierto lo que os imputan. Pero, si en algún caso lo es, también
es cierto que tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las
luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas ¿Por qué no
pedís cuentas a quienes os las piden a vosotros? ¿Acaso han sido
mejores?.
Por ello, quisiera preguntar ahora a los ateos, que nos piden
cuentas constantemente de la Inquisición o de las Cruzadas o de la
evangelización de América, etc. ¿Podían citarme una Institución
que se haya preocupado en los últimos dos mil años más que la
Iglesia católica en la defensa de los derechos de los pobres y de
los enfermos? ¿Qué Institución ha hecho más por la cultura del
mundo occidental?
¿Podrían demostrar científicamente la no existencia de Dios?
Los astrónomos de todo el mundo están unánimemente de acuerdo en
que el universo tuvo un principio hace unos 20.000 millones de años
y que energéticamente un día morirá. ¿Quién lo creó? Porque de
la nada no sale nada. ¿Crees que una sociedad sin Dios y sin
valores morales sería más pacífica y feliz? Decía Dostoievski:
Si Dios no existe, todo está permitido.
¿No crees en los milagros? ¿Te atreverías a decir como Félix
Michaud: Ningún creyente tendría la ingenuidad de solicitar la
intervención divina para que una pierna cortada vuelva a aparecer,
porque un milagro de este género nunca se ha comprobado y se puede
decir con toda tranquilidad que nunca lo será? Pues sí existe y
probado con documentos probatorios escritos bajo acta notarial y
comprobado por cientos de testigos. El escrito se encuentra en el
despacho del alcalde de Zaragoza (España). Una copia legalizada del
proceso seguido por el arzobispado se encuentra en el mismo pueblo
del interesado, en Calanda, cerca de Zaragoza. Un estudio exhaustivo
de este milagro está en el libro de Vittorio Messori: El gran
milagro. En resumen, el milagro es así: Entre las diez y las once
de la noche del 29 de marzo de 1640, mientras dormía en su casa de
Calanda, a Miguel Juan Pellicer un campesino de 23 años, le fue
restituida repentina y definitivamente la pierna derecha que había
sido hecha pedazos por la rueda de un carro y que le había sido
amputada cuatro dedos por debajo de la rodilla a finales de octubre
de 1637, es decir, dos años y cinco meses antes, en el hospital
público de Zaragoza. ¿No lo crees? Investiga y no seas ignorante,
porque la ignorancia es muy atrevida. ¿Te crees más tolerante que
los católicos?
El ateo Voltaire, considerado como el patriarca de la tolerancia,
justifica en su tratado de la tolerancia todas las persecuciones e
injusticias contra los católicos. Parece tener un principio claro:
ser intolerante con los que él cree que son intolerantes. ¿Eso es
tolerancia? ¿Tolerancia es sólo tolerar a los que piensan como yo
y ser intolerantes con los que piensan de otro modo?
¿Quiénes crees que han sido las personas más tolerantes y
comprensivas con todos sin excepción? ¿No lo han sido los santos?
Estudia la vida de la Madre Teresa de Calcuta, de san Luis Orione,
de san Juan Bosco o de tantos miles de santos.
Y tú, a nivel personal, si eres ateo agnóstico, ¿te crees más
tolerante, más comprensivo con los demás y más feliz que los
católicos? ¿Estás seguro que el aborto no hace daño a nadie?
¿Has leído el libro de la conversión del llamado rey del aborto,
Bernard Nathanson, convertido a la fe católica, después de haber
realizado con sus propias manos 5.000 abortos?
¿Estás seguro que los anticonceptivos orales son buenos para
las mujeres? ¿No has leído los informes científicos de que todos
los anticonceptivos orales son dañinos para la salud de la mujer?
¿Estás seguro que la irrestricta libertad sexual para todos,
incluidos los niños a partir de 10 años, como tratan de legalizar
en la ONU, es lo mejor para ser felices? ¿Para ti no significa nada
la familia unida para siempre? ¿Aceptas la clonación de seres
humanos, aunque tengas que vivir solamente la tercera parte de una
vida normal como la famosa oveja Dolly? ¿Nadie te ha enseñado que
la práctica homosexual reduce la esperanza de vida en hasta veinte
años, mientras que el alcoholismo y el tabaquismo lo reducen en
diez? Así lo dieron a conocer los doctores Paul y Kirk Cameron en
la convención anual de la Eastern Psycological Association de
Estados unidos.
Un informe del departamento norteamericano de salud, en 1989,
declaró que un tercio de los suicidios de adolescentes los cometen
jóvenes que tienen problemas de homosexualidad. Y los adultos
homosexuales son seis veces más propensos al suicidio que los
heterosexuales. ¿Será porque son más felices?
¿Estás de acuerdo con que los jóvenes sean libres y consuman
droga o beban licor en exceso o fumen demasiado o vean toda clase de
pornografía? ¿Crees que así serán más felices?
¿Estás de acuerdo con la masacre permanente de seres humanos
por el aborto? Unos sesenta millones de abortos provocados cada
año, por lo menos. Y ¡cuántos millones más de abortos por las
prácticas de fecundación artificial, fecundación in vitro,
embriones congelados, que al descongelarlos mueren como mínimo el
40%! Muchísimos abortos son ocasionados por los experimentos
científicos para conseguir células estaminales. Y ¿cuántos
niños deben seguir muriendo por la legalización del aborto y por
los anticonceptivos abortivos extendidos por todo el mundo? ¿Estás
de acuerdo con esto? ¿Para ti el aborto es una simple interrupción
del embarazo?
¿Acusas a la Iglesia de intolerante por no aceptar el uso del
preservativo para solucionar el sida? ¿Sabías que desde junio del
2007, según estudios de la universidad de Washington, ha aparecido
una nueva enfermedad desconocida, llamada Mycoplasma genitalium, que
se está extendiendo especialmente entre los que usan el
preservativo? El preservativo facilita la transmisión de esta
enfermedad y es inútil para prevenir otras como la clamidia. Así
lo afirmó el American Journal of public health. ¿Sabías que,
mientras el sida se difunde cada vez más por el mundo, solamente en
Uganda ha habido un rotundo éxito para detenerlo? Millones de
ugandeses optaron por una moralidad sexual tradicional, que incluye
la abstinencia fuera del matrimonio y la fidelidad dentro del
matrimonio para evitar la infección. El resultado asombroso fue que
el sida se redujo del 15% al 4% entre 1991 y 2004. ¿Estaba la
Iglesia equivocada en sus planteamientos?
Muchos odian a la Iglesia católica, porque no la conocen de
verdad y se dejan llevar de lo que otros les han dicho de ella. Por
eso, el gran arzobispo de Nueva York, Folton Sheen, decía: Apenas
habrá en Estados Unidos cien personas que odien a la Iglesia, pero
hay millones que odian lo que erróneamente suponen que es la
Iglesia católica. Por eso, te recomiendo que leas libros de
historia escritos por católicos y no sólo por los ateos o
anticatólicos. Te recuerdo lo que decía Tertuliano hace muchos
siglos: Se deja de odiar, cuando se deja de ignorar.
San Agustín, ya en el año 411, en una carta escrita a
Marcelino, responde a las críticas de aquellos que echan la culpa
de todos los males de la sociedad a los cristianos. Y afirma: A los
que dicen que la doctrina de Cristo es enemiga de la nación, dennos
un ejército de soldados tales como los manda la doctrina de Cristo.
Dennos tales ciudadanos, tales esposos, tales esposas, tales padres,
tales hijos, tales amos, tales criados, tales reyes, tales jueces,
tales contribuyentes y cobradores de impuestos, como los quiere la
doctrina cristiana y atrévanse a decir que es enemiga del país.
Más aún, no duden en admitir que si se obedeciera la doctrina de
Cristo, haría un gran bien a toda la nación (Carta 138).
La Iglesia católica, a pesar de todos los errores y pecados de
los católicos a lo largo de los siglos, sigue siendo luz en la
oscuridad del mundo. Lo sigue siendo a través de tantos miles de
consagrados que dan su vida por los demás. Ninguna otra
Institución humana ha tenido tantos miles de santos, de educadores,
de misioneros y de personas al servicio de los más pobres y
necesitados. Por eso, creemos que la Iglesia, con sus luces y sus
sombras, es la Institución humana más honorable, que más promueve
la paz entre las naciones y difunde entre todos los nombres la luz
de la verdad y de le fe, que Jesucristo vino a traer al mundo. Como
diría el profesor agnóstico León de Moulin: Tras un balance de
veinte siglos, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas.
Nosotros amamos a la Iglesia y la defendemos de los ataques
despiadados e intolerantes de quienes no piensan como ella. Y a
quienes no creen en Dios, les decimos: Dios te ama y Dios existe,
aunque algunos no crean en Él. Y, a quienes no son católicos, pero
son creyentes en Dios, les decimos que la VERDAD que Cristo vino a
traer al mundo, está en plenitud en la Iglesia católica.
REFLEXIONES
Como católico trata de dar testimonio de que vale la pena amar y
servir al Señor y, por Él, a los demás. Hay quienes dicen que
todas las religiones llevan a la violencia. Según esta teoría,
cuanto más religioso es uno, más violento debe ser. Sin embargo,
los santos que han sido los más religiosos y más cercanos a Dios,
han sido precisamente los más pacíficos, hasta ser capaces de dar
la vida por los demás sin acudir a la violencia. Por eso, con
nuestra propia vida debemos decirles a los no creyentes que vale la
pena ser católico, porque somos más felices. Y, si algunos que se
dicen católicos, demuestran lo contrario con su comportamiento, es
que no son de verdad buenos católicos.
Tú sé católico autentico, sirve, ama, ayuda desinteresadamente
a los demás. Vive tu fe, centrando tu mirada en el sagrario. Vete
cada día a visitar a Jesús Eucaristía. Vete a misa todos los
días que puedas. Ama a María y no te olvides de tu ángel
custodio. También el amor y devoción a los santos te será de gran
utilidad. Pero piensa que tu fe no la debes esconder. Debes
compartirla, debes asumir un compromiso con Jesús para comunicarla
a los demás. Vive tu fe en plenitud y diles a todos, con palabras o
sin palabras, que te sientes orgulloso de ser católico. Que ser
católico es ser más feliz, más santo y tener más amor para todos
en tu corazón.
Prepárate bien para poder contestar a las preguntas de los que
no creen; pero, sobre todo, convéncelos con tus obras y con el
testimonio de tu vida. Da buen ejemplo a todos y sonríe, porque
Dios te ama y te ha escogido para ser misionero entre los hombres.
Ser católico es ser universal y estás obligado a llevar el mensaje
del amor de Dios a todos los hombres.
CONCLUSIÓN
Después de haber respondido algunas cuestiones que los
anticatólicos reclaman a la Iglesia y de ver la necesidad de ser
católicos auténticos, capaces de dar testimonio de nuestra fe aun
en los momentos más difíciles, podemos decir que vale la pena ser
católicos comprometidos. Hay que tener el coraje de responder a los
que atacan nuestra fe. No podemos callar, mientras que otros
denigran a nuestra Madre Iglesia. No podemos permanecer
indiferentes, mientras que otros hablan mal de nuestros sacerdotes y
obispos. No podemos quedarnos de brazos cruzados, cuando nos hablan
de que somos retrógrados, intolerantes o violentos.
Todo católico debe sentir la obligación de estar preparado para
responder a las preguntas que nos plantean, pero también para
presentar a los contrarios algunas cuestiones para que ellos
también nos respondan. Muchos católicos, como hombres humanos y
pecadores, han cometido errores. Algunos sacerdotes han dado
escándalos lamentables, pero la Iglesia, en su gran mayoría, ha
sido y es una gran luz en la noche del mundo. El mundo actual, sobre
todo, el mundo occidental, hubiera sido muy distinto sin la
presencia de la Iglesia durante tantos siglos. Estaría más
atrasado culturalmente, habría menos sensibilidad social con los
pobres y enfermos, habría tenido menos paz y más violencia.
Digámoslo en voz alta para que todos escuchen: Las primeras
escuelas y universidades fueron fundadas por la Iglesia, al igual
que los hospitales, tanto en Europa como en América. Por eso,
podemos sentirnos orgullosos de ser católicos y estar comprometidos
en la gran tarea de la evangelización para que haya más amor y paz
en nuestro mundo.
Que tengas el coraje de ser católico de verdad para defender y
compartir tu fe. Que seas santo. Es mi mejor deseo para ti.
Tu hermano y amigo del Perú. Saludos de mi ángel
P. Ángel Peña O.A.R. Agustino Recoleto
BIBLIOGRAFÍA
Artigas Mariano y Melchor Sánchez de Toca, Galileo y el
Vaticano, Ed. BAC, Madrid, 2008. Armas Abelardo de, Luces en la
noche, Madrid, 1982. Carretto Carlo, Mañana será mejor, Ed.
Paulinas, Madrid, 1972. Chesterton, Perché sonno cattolico, Ed.
Gribaudi, Milano, 2002. Dumont Jean, La Iglesia ante el reto de la
historia, Ed. Encuentro, Madrid, 1987. Fray Toribio de Benavente,
Historia de los indios, México, 1969. Frossard André, ¿Hay otro
mundo?, Ed. Rialp, Madrid, 1981. Frossard André, Dios en preguntas,
Ed. Atlantida, Buenos aires, 1998. Frossard André, Dios existe, yo
me lo encontré, Ed. Rialp, Madrid, 2001. Gnocchi Alesandro y
Palmaro Mario, Catholic pride, Ed. Piemme, 2005. Grousset René, La
epopeya de las Cruzadas, Ed. Palabra, Madrid, 2002. Imma Mack Josefa
María, Por qué me gustan las azaleas, Ed. Mensajero, Bilbao, 1990.
Introvigne Massimo, Attaco a Benedetto XVI, Ed. Fede-Cultura, 2007.
Kamen Henry, La Inquisición española, Madrid, 1973. Lugon Clovis,
La République des guaranis, Ed. Ouvrières, Paris, 1970. Messori
Vittorio, Algunas razones para creer, Ed. Planeta, Barcelona, 2000.
Messori Vittorio, Emporio cattolico, Ed. Sugarco, Milano, 2006.
Messori Vittorio, Ipotesi su Gesù, Ed. Internazionale, Torino,
1977. Messori Vittorio, Leyendas negras de la Iglesia, Ed. Planeta,
Barcelona, 1996. Messori Vittorio, Opus Dei, una investigación, Ed.
Internacionales universitarias, Barcelona, 1994. Messori Vittorio,
Pensare la storia, Ed. Sugarco, Milano, 2006. Messori Vittorio, Ser
cristiano en un mundo hostil, Ed. Edibesa, Madrid, 1997. Messori
Vittorio, Uomini, storia, fede, Ed. SB saggi, Milano, 2001. Morales
Tomás, Forja de hombres, Madrid, 1987. Morales Tomás, Hora de los
laicos, Ed. Encuentro, Madrid, 2003. Morales Tomás, Laicos en
marcha, Ed. Católica, Madrid, 1984. Moro Renato, La Iglesia y el
exterminio de los judíos, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2004.
Trueba Alfonso, Hernán Cortés, IUS, México, 1983. Vallés Carlos,
Testigos de Cristo en un mundo nuevo, Ed. San Pablo, Bogotá, 1994.
Varios, L'Inquisizione, Atti del Simposio Internazionale, Ed.
Vaticana, 2003. Wyszynski Stefan, Diario de la cárcel, Ed. BAC
popular, Madrid, 1984.
Pueden leer todos los libros del autor en www.libroscatolicos.org