CAPITULO TERCERO: LA VIDA DE ORACION
2697 La oración es la vida del corazón nuevo.
Debe animarnos en todo momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos
al que es nuestra Vida y nuestro Todo. Por eso, los Padres
espirituales, en la tradición del Deuteronomio y de los profetas,
insisten en la oración como un "recuerdo de Dios", un
frecuente despertar la "memoria del corazón": "Es
necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar"
(San Gregorio Nacianceno, or. theol. 1, 4). Pero no se puede orar
"en todo tiempo" si no se ora, con particular
dedicación, en algunos momentos: son los tiempos fuertes de la
oración cristiana, en intensidad y en duración.
2698 La Tradición de la Iglesia propone a los
fieles unos ritmos de oración destinados a alimentar la oración
continua. Algunos son diarios: la oración de la mañana y la de
la tarde, antes y después de comer, la Liturgia de las Horas. El
domingo, centrado en la Eucaristía, se santifica principalmente
por medio de la oración. El ciclo del año litúrgico y sus
grandes fiestas son los ritmos fundamentales de la vida de
oración de los cristianos.
2699 El Señor conduce a cada persona por los
caminos de la vida y de la manera que él quiere. Cada fiel, a su
vez, le responde según la determinación de su corazón y las
expresiones personales de su oración. No obstante, la tradición
cristiana ha conservado tres expresiones principales de la vida de
oración: la oración vocal, la meditación, y la oración de
contemplación. Tienen en común un rasgo fundamental: el
recogimiento del corazón. Esta actitud vigilante para conservar
la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de estas tres
expresiones tiempos fuertes de la vida de oración.
Artículo 1 LAS EXPRESIONES DE LA ORACION
I LA ORACION VOCAL
2700 Por medio de su Palabra, Dios habla al
hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra
oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del
corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración. "Que
nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras,
sino del fervor de nuestras almas" (San Juan Crisóstomo,
ecl. 2).
2701 La oración vocal es un elemento
indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos
por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una
oración vocal: el "Padre Nuestro". Jesús no solamente
ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios
nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración
personal, desde la bendición exultante del Padre (cf Mt 11,
25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf Mc 14, 36).
2702 Esta necesidad de asociar los sentidos a
la oración interior responde a una exigencia de nuestra
naturaleza humana. Somos cuerpo y espíritu, y experimentamos la
necesidad de traducir exteriormente nuestros sentimientos. Es
necesario rezar con todo nuestro ser para dar a nuestra súplica
todo el poder posible.
2703 Esta necesidad responde también a una
exigencia divina. Dios busca adoradores en espíritu y en verdad,
y, por consiguiente, la oración que sube viva desde las
profundidades del alma. También reclama una expresión exterior
que asocia el cuerpo a la oración interior, esta expresión
corporal es signo del homenaje perfecto al que Dios tiene derecho.
2704 La oración vocal es la oración por
excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente
humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría
prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en
la medida en que tomamos conciencia de Aquél "a quien
hablamos" (Santa Teresa de Jesús, cam. 26). Entonces la
oración vocal se convierte en una primera forma de oración
contemplativa.
II LA MEDITACION
2705 La meditación es, sobre todo, una
búsqueda. El espíritu trata de comprender el por qué y el cómo
de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor
pide. Hace falta una atención difícil de encauzar.
Habitualmente, se hace con la ayuda de un libro, que a los
cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente
el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del
día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de
espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia,
la página del "hoy" de Dios.
2706 Meditar lo que se lee conduce a
apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro
libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad.
Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que
agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la
verdad para llegar a la Luz: "Señor, ¿qué quieres que
haga?".
2707 Los métodos de meditación son tan
diversos como los maestros espirituales. Un cristiano debe querer
meditar regularmente; si no, se parece a las tres primeras clases
de terreno de la parábola del sembrador (cf Mc 4, 4-7. 15-19).
Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar,
con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración:
Cristo Jesús.
2708 La meditación hace intervenir al
pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta
movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de
fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad
de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica
preferentemente a meditar "los misterios de Cristo",
como en la "lectio divina" o en el Rosario. Esta forma
de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana
debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor
Jesús, a la unión con El.
III LA ORACION DE CONTEMPLACION
2709 ¿Qué es esta oración? Santa Teresa
responde: "no es otra cosa oración mental, a mi parecer,
sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con
quien sabemos nos ama" (vida 8).
La contemplación busca al "amado de mi
alma" (Ct 1, 7; cf Ct 3, 1-4). Esto es, a Jesús y en él, al
Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor,
y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de él y
vivir en él. En la contemplación se puede también meditar, pero
la mirada está centrada en el Señor.
2710 La elección del tiempo y de la duración
de la oración de contemplación depende de una voluntad decidida
reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación
cuando se tiene tiempo sino que se toma el tiempo de estar con el
Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar,
cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro. No
se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre
en contemplación, independientemente de las condiciones de salud,
trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y
del encuentro, en la pobreza y en la fe.
2711 La entrada en la contemplación es
análoga a la de la Liturgia eucarística: "recoger" el
corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu
Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos,
despertar la fe para entrar en la presencia de Aquél que nos
espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro
corazón hacia el Señor que nos ama para ponernos en sus manos
como una ofrenda que hay que purificar y transformar.
2712 La contemplación es la oración del hijo
de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con
el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía
(cf Lc 7, 36-50; 19, 1-10). Pero sabe que su amor, a su vez, es el
que el Espíritu derrama en su corazón, porque todo es gracia por
parte de Dios. La contemplación es la entrega humilde y pobre a
la voluntad amante del Padre, en unión cada vez más profunda con
su Hijo amado.
2713 Así, la contemplación es la expresión
más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia;
no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La
oración contemplativa es una relación de alianza establecida por
Dios en el fondo de nuestro ser (cf Jr 31, 33). Es comunión: en
ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios,
"a su semejanza".
2714 La contemplación es también el tiempo
fuerte por excelencia de la oración. En ella, el Padre nos
concede "que seamos vigorosamente fortalecidos por la acción
de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe
en nuestros corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el
amor" (Ef 3, 16-17).
2715 La contemplación es mirada de fe, fijada
en Jesús. "Yo le miro y él me mira", decía, en
tiempos de su santo cura, un campesino de Ars que oraba ante el
Sagrario. Esta atención a El es renuncia a "mí". Su
mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina
los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de
su verdad y de su compasión por todos los hombres. La
contemplación dirige también su mirada a los misterios de la
vida de Cristo. Aprende así el "conocimiento interno del
Señor" para más amarle y seguirle (cf San Ignacio de
Loyola, ex. sp. 104).
2716 La contemplación es escucha de la palabra
de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la obediencia de la
fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo.
Participa en el "sí" del Hijo hecho siervo y en el
"fiat" de su humilde esclava.
2717 La contemplación es silencio, este
"símbolo del mundo venidero" (San Isaac de Nínive,
tract. myst. 66) o "amor silencioso" (San Juan de la
Cruz). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos
sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio,
insoportable para el hombre "exterior", el Padre nos da
a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y
el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús.
2718 La contemplación es unión con la
oración de Cristo en la medida en que ella nos hace participar en
su misterio. El misterio de Cristo es celebrado por la Iglesia en
la Eucaristía; y el Espíritu Santo lo hace vivir en la
contemplación para que sea manifestado por medio de la caridad en
acto.
2719 La contemplación es una comunión de amor
portadora de vida para la multitud, en la medida en que se acepta
vivir en la noche de la fe. La noche pascual de la resurrección
pasa por la de la agonía y la del sepulcro. Son tres tiempos
fuertes de la Hora de Jesús que su Espíritu (y no la "carne
que es débil") hace vivir en la contemplación. Es necesario
consentir en "velar una hora con él" (cf Mt 26, 40).
RESUMEN
2720 La Iglesia invita a los fieles a una
oración regulada: oraciones diarias, Liturgia de las Horas,
Eucaristía dominical, fiestas del año litúrgico.
2721 La tradición cristiana contiene tres
importantes expresiones de la vida de oración: la oración vocal,
la meditación y la oración contemplativa. Las tres tienen en
común el recogimiento del corazón.
2722 La oración vocal, fundada en la unión
del cuerpo con el espíritu en la naturaleza humana, asocia el
cuerpo a la oración interior del corazón a ejemplo de Cristo que
ora a su Padre y enseña el "Padre nuestro" a sus
discípulos.
2723 La meditación es una búsqueda orante,
que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción,
el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad
considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.
2724 La oración contemplativa es la expresión
sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada
en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor.
Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que
nos hace participar de su misterio.
Artículo 2 EL COMBATE DE LA ORACION
2725 La oración es un don de la gracia y una
respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo.
Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así
como la Madre de Dios y los santos con El nos enseñan que la
oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y
contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por
separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios. Se ora
como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar
habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar
habitualmente en su Nombre. El "combate espiritual" de
la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la
oración.
I LAS OBJECIONES A LA ORACION
2726 En el combate de la oración, tenemos que
hacer frente en nosotros mismos y en torno a nosotros a conceptos
erróneos sobre la oración. Unos ven en ella una simple
operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para
llegar a un vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras
rituales. En el inconsciente de muchos cristianos, orar es una
ocupación incompatible con todo lo que tienen que hacer: no
tienen tiempo. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración,
pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene
también del Espíritu Santo y no solamente de ellos.
2727 También tenemos que hacer frente a
mentalidades de "este mundo" que nos invaden si no
estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello
que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien,
orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro
inconsciente); es valioso aquello que produce y da rendimiento
(luego, la oración es inútil, pues es improductiva); el
sensualismo y el confort adoptados como criterios de verdad, de
bien y de belleza (y he aquí que la oración es "amor de la
Belleza absoluta" (philocalia), y sólo se deja cautivar por
la gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra el
activismo, se da otra mentalidad según la cual la oración es
vista como posibilidad de huir de este mundo (pero la oración
cristiana no puede escaparse de la historia ni divorciarse de la
vida).
2728 Por último, en este combate hay que hacer
frente a lo que es sentido como fracasos en la oración:
desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente
al Señor, porque tenemos "muchos bienes" (cf Mc 10,
22), decepción por no ser escuchados según nuestra propia
voluntad, herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra
indignidad de pecadores, alergia a la gratuidad de la oración...
La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué orar? Es necesario
luchar con humildad, confianza y perseverancia, si se quieren
vencer estos obstáculos.
II NECESIDAD DE UNA HUMILDE VIGILANCIA
Frente a las dificultades de la oración
2729 La dificultad habitual de la oración es
la distracción. En la oración vocal, la distracción puede
referirse a las palabras y al sentido de éstas. La distracción,
de un modo más profundo, puede referirse a Aquel al que oramos,
tanto en la oración vocal (litúrgica o personal), como en la
meditación y en la oración contemplativa. Salir a la caza de la
distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en
la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que
su corazón está apegado. Esta toma de conciencia debe empujar al
orante a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se
decide cuando se elige a quién se desea servir (cf Mt 6,21.24).
2730 Mirado positivamente, el combate contra el
yo posesivo y dominador consiste en la vigilancia. Cuando Jesús
insiste en la vigilancia, es siempre en relación a El, a su
Venida, al último día y al "hoy". El esposo viene en
mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe:
"Dice de ti mi corazón: busca su rostro" (Sal 27, 8).
2731 Otra dificultad, especialmente para los
que quieren sinceramente orar, es la sequedad. Forma parte de la
contemplación en la que el corazón está seco, sin gusto por los
pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es
el momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme
junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro. "El grano de
trigo, si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). Si la sequedad
se debe a falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca,
no hay éxito en el combate sin una mayor conversión (cf Lc 8, 6.
13).
Frente a las tentaciones en la oración
2732 La tentación más frecuente, la más
oculta, es nuestra falta de fe. Esta se expresa menos en una
incredulidad declarada que en unas preferencias de hecho. Se
empieza a orar y se presentan como prioritarios mil trabajos y
cuidados que se consideran más urgentes.
2733 Otra tentación a la que abre la puerta la
presunción es la acedia. Los Padres espirituales entienden por
ella una forma de aspereza o de desabrimiento debidos al
relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la
negligencia del corazón. "El espíritu está pronto pero la
carne es débil" (Mt 26, 41). El desaliento, doloroso, es el
reverso de la presunción. Quien es humilde no se extraña de su
miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme
en la constancia.
III LA CONFIANZA FILIAL
2734 La confianza filial se prueba en la
tribulación (cf. Rm 5, 3-5), particularmente cuando se ora
pidiendo para sí o para los demás. Hay quien deja de orar porque
piensa que su oración no es escuchada. A este respecto se
plantean dos cuestiones: Por qué la oración de petición no ha
sido escuchada; y cómo la oración es escuchada o
"eficaz".
Queja por la oración no escuchada
2735 He aquí una observación llamativa:
cuando alabamos a Dios o le damos gracias por sus beneficios en
general, no estamos preocupados por saber si esta oración le es
agradable. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el
resultado. ¿Cuál es entonces la imagen de Dios presente en este
modo de orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro
Señor Jesucristo?
2736 ¿Estamos convencidos de que
"nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rm 8, 26)?
¿Pedimos a Dios los "bienes convenientes"? Nuestro
Padre sabe bien lo que nos hace falta antes de que nosotros se lo
pidamos (cf. Mt 6, 8) pero espera nuestra petición porque la
dignidad de sus hijos está en su libertad. Por tanto es necesario
orar con su Espíritu de libertad, para poder conocer en verdad su
deseo (cf Rm 8, 27).
2737 "No tenéis porque no pedís. Pedís
y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo
en vuestras pasiones" (St 4, 2-3; cf. todo el contexto St 4,
1-10; 1, 5-8; 5, 16). Si pedimos con un corazón dividido,
"adúltero" (St 4, 4), Dios no puede escucharnos porque
él quiere nuestro bien, nuestra vida. "¿Pensáis que la
Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que El
ha hecho habitar en nosotros" (St 4,5)? Nuestro Dios está
"celoso" de nosotros, lo que es señal de la verdad de
su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos
escuchados:
No te aflijas si no recibes de Dios
inmediatamente lo que pides: es él quien quiere hacerte más bien
todavía mediante tu perseverancia en permanecer con él en
oración (Evagrio, or. 34). El quiere que nuestro deseo sea
probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él
está dispuesto a darnos (San Agustín, ep. 130, 8, 17).
La oración es eficaz
2738 La revelación de la oración en la
economía de la salvación enseña que la fe se apoya en la
acción de Dios en la historia. La confianza filial es suscitada
por medio de su acción por excelencia: la Pasión y la
Resurrección de su Hijo. La oración cristiana es cooperación
con su Providencia y su designio de amor hacia los hombres.
2739 En San Pablo, esta confianza es audaz (cf
Rm 10, 12-13), basada en la oración del Espíritu en nosotros y
en el amor fiel del Padre que nos ha dado a su Hijo único (cf Rm
8, 26-39). La transformación del corazón que ora es la primera
respuesta a nuestra petición.
2740 La oración de Jesús hace de la oración
cristiana una petición eficaz. El es su modelo. El ora en
nosotros y con nosotros. Puesto que el corazón del Hijo no busca
más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los hijos de
adopción se apegaría más a los dones que al Dador?.
2741 Jesús ora también por nosotros, en
nuestro lugar y favor nuestro. Todas nuestras peticiones han sido
recogidas una vez por todas en sus Palabras en la Cruz; y
escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso no deja de
interceder por nosotros ante el Padre (cf Hb 5, 7; 7, 25; 9, 24).
Si nuestra oración está resueltamente unida a la de Jesús, en
la confianza y la audacia filial, obtenemos todo lo que pidamos en
su Nombre, y aún más de lo que pedimos: recibimos al Espíritu
Santo, que contiene todos los dones.
IV PERSEVERAR EN EL AMOR
2742 "Orad constantemente" (1 Ts 5,
17), "dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en
nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (Ef 5, 20),
"siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el
Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por
todos los santos" (Ef 6, 18)."No nos ha sido prescrito
trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una
ley que nos manda orar sin cesar" (Evagrio, cap. pract. 49).
Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra
nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el
del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros
corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:
2743 Orar es siempre posible: El tiempo del
cristiano es el de Cristo resucitado que está "con nosotros,
todos los días" (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las
tempestades (cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está en las manos de
Dios:
Es posible, incluso en el mercado o en un paseo
solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en
vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la
cocina (San Juan Crisóstomo, ecl.2).
2744 Orar es una necesidad vital: si no nos
dejamos llevar por el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado
(cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser "vida
nuestra", si nuestro corazón está lejos de él?
Nada vale como la oración: hace posible lo que
es imposible, fácil lo que es difícil. Es imposible que el
hombre que ora pueda pecar (San Juan Crisóstomo, Anna 4, 5)
Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se
condena ciertamente (San Alfonso María de Ligorio, mez.).
2745 Oración y vida cristiana son inseparables
porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede
del amor. La misma conformidad filial y amorosa al designio de
amor del Padre. La misma unión transformante en el Espíritu
Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo
amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha
amado. "Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo
concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los
otros" (Jn 15, 16-17).
Ora continuamente el que une la oración a las
obras y las obras a la oración. Sólo así podemos encontrar
realizable el principio de la oración continua (Orígenes, or.
12).
LA ORACION DE LA HORA DE JESUS
2746 Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al
Padre (cf Jn 17). Su oración, la más larga transmitida por el
Evangelio, abarca toda la Economía de la creación y de la
salvación, así como su Muerte y su Resurrección. Al igual que
la Pascua de Jesús, sucedida "una vez por todas",
permanece siempre actual, de la misma manera la oración de la
"hora de Jesús" sigue presente en la Liturgia de la
Iglesia.
2747 La tradición cristiana acertadamente la
denomina la oración "sacerdotal" de Jesús. Es la
oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable de su sacrificio,
de su "paso" [pascua] hacia el Padre donde él es
"consagrado" enteramente al Padre (cf Jn 17, 11. 13.
19).
2748 En esta oración pascual, sacrificial,
todo está "recapitulado" en El (cf Ef 1, 10): Dios y el
mundo, el Verbo y la carne, la vida eterna y el tiempo, el amor
que se entrega y el pecado que lo traiciona, los discípulos
presentes y los que creerán en El por su palabra, la humillación
y la Gloria. Es la oración de la unidad.
2749 Jesús ha cumplido toda la obra del Padre,
y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la
consumación de los siglos. La oración de la "hora de
Jesús" llena los últimos tiempos y los lleva hacia su
consumación. Jesús, el Hijo a quien el Padre ha dado todo, se
entrega enteramente al Padre y, al mismo tiempo, se expresa con
una libertad soberana (cf Jn 17, 11. 13. 19. 24) debido al poder
que el Padre le ha dado sobre toda carne. El Hijo que se ha hecho
Siervo, es el Señor, el Pantocrator. Nuestro Sumo Sacerdote que
ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el Dios
que nos escucha.
2750 Si en el Santo Nombre de Jesús, nos
ponemos a orar, podemos recibir en toda su hondura la oración que
él nos enseña: "Padre Nuestro". La oración sacerdotal
de Jesús inspira, desde dentro, las grandes peticiones del
Padrenuestro: la preocupación por el Nombre del Padre (cf Jn 17,
6. 11. 12. 26), el deseo de su Reino (la Gloria; cf Jn 17, 1. 5.
10. 24. 23-26), el cumplimiento de la voluntad del Padre, de su
Designio de salvación (cf Jn 17, 2. 4 .6. 9. 11. 12. 24) y la
liberación del mal (cf Jn 17, 15).
2751 Por último, en esta oración Jesús nos
revela y nos da el "conocimiento" indisociable del Padre
y del Hijo (cf Jn 17, 3. 6-10. 25) que es el misterio mismo de la
vida de oración.
RESUMEN
2752 La oración supone un esfuerzo y una lucha
contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador. El
combate de la oración es inseparable del "combate
espiritual" necesario para actuar habitualmente según el
Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se
ora.
2753 En el combate de la oración debemos hacer
frente a concepciones erróneas, a diversas corrientes de menta
lidad, a la experiencia de nuestros fracasos. A estas tentaciones
que ponen en duda la utilidad o la posibilidad misma de la
oración conviene responder con humildad, confianza y
perseverancia.
2754 Las dificultades principales en el
ejercicio de la or ación son la distracción y la sequedad. El
remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del
corazón.
2755 Dos tentaciones frecuentes amenazan la
oración: la falta de fe y la acedia que es una forma de
depresión debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al
desaliento.
2756 La confianza filial se pone a prueba
cuando tenemos el sentimiento de no ser siempre escuchados. El
Evangelio nos invita a conformar nuestra oración al deseo del
Espíritu.
2757 "Orad continuamente" (1 Ts 5,
17). Orar es siempre posible . Es incluso una necesidad vital.
Oración y vida cristiana son inseparables.