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Libro
del Job
Por su excepcional valor poético y humano, el
libro de JOB ocupa un lugar destacado, no sólo dentro de la Biblia,
sino también entre las obras maestras de la literatura universal. Su
autor estaba perfectamente familiarizado con la tradición sapiencial
de Israel y del Antiguo Oriente. Conocía a fondo los oráculos de los
grandes profetas –especialmente las "Confesiones" de
Jeremías y algunos escritos de Ezequiel– y había orado con los
Salmos que se cantaban en el Templo de Jerusalén. Los viajes
acrecentaron su experiencia, y es probable que haya vivido algún
tiempo en Egipto. Sobre todo, él sintió en carne propia el eterno
problema del mal, que se plantea en toda su agudeza cuando el justo
padece, mientras el impío goza de prosperidad.
Esta obra fue escrita a comienzos del siglo V a.
C., y para componerla, el autor tomó como base un antiguo relato del
folclore palestino, que narraba los terribles padecimientos de un
hombre justo, cuya fidelidad a Dios en medio de la prueba le mereció
una extraordinaria recompensa. Esta leyenda popular constituye el
prólogo y el epílogo del Libro. Al situar a su personaje en un país
lejano, fuera de las fronteras de Israel (1. 1), el autor sugiere que
el drama de Job afecta a todos los hombres por igual.
No se puede comprender el libro de Job sin tener en
cuenta la enseñanza tradicional de los "sabios" israelitas
acerca de la retribución divina. Según esa enseñanza, las buenas y
las malas acciones de los hombres recibían necesariamente en este
mundo el premio o el castigo merecidos. Esta era una consecuencia
lógica de la fe en la justicia de Dios, cuando aún no se tenía
noción de una retribución más allá de la muerte. Sin
embargo, llegó el momento en que esta doctrina comenzó a hacerse
insostenible, ya que bastaba abrir los ojos a la realidad para ver que
la justicia y la felicidad no van siempre juntas en la vida presente.
Y si no todos los sufrimientos son consecuencia del pecado, ¿cómo se
explican?
Pero el autor no se contenta con poner en tela de
juicio la doctrina tradicional de la retribución. Al reflexionar
sobre las tribulaciones de Job –un justo que padece sin motivo
aparente– él critica la sabiduría de los antiguos
"sabios" y la reduce a sus justos límites. Aquella
sabiduría aspiraba a comprenderlo todo: el bien y el mal, la
felicidad y la desgracia, la vida y la muerte. Esta aspiración era
sin duda legítima, pero tendía a perder de vista la soberanía, la
libertad y el insondable misterio de Dios. En el reproche que hace el
Señor a los amigos de Job (42. 7), se rechaza implícitamente toda
sabiduría que se erige en norma absoluta y pretende encerrar a Dios
en las categorías de la justicia humana.
El personaje central de este Libro llegó a
descubrir el rostro del verdadero Dios a través del sufrimiento. Para
ello tuvo que renunciar a su propia sabiduría y a su pretensión de
considerarse justo. No es otro el camino que debe recorrer el
cristiano, pero este lo hace iluminado por el mensaje de la cruz, que
da un sentido totalmente nuevo al misterio del dolor humano. "Completo
en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de
su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col. 1. 24). "Los
sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria
futura que se revelará en nosotros" (Rom. 8. 18).
PRÓLOGO NARRATIVO
El prólogo en prosa quiere destacar la
justicia de Job y la causa de sus padecimientos. Estos no son
consecuencia del pecado, sino una prueba permitida por Dios, para
mostrar que su servidor lo ama desinteresadamente y no por los
bienes que recibe de él. Pero tanto Job como sus amigos ignoran
el motivo de esta prueba, porque no han asistido al diálogo del
Señor con "el Adversario", esa especie de acusador
público en la corte celestial, que se resiste a creer en la
virtud desinteresada. Así queda abierto el debate que se va a
desarrollar en el resto del Libro.
Presentación de Job
1 1 Había en el país de Us un hombre llamado
Job. Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del
mal. 2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas, 3 y poseía una
hacienda de siete mil ovejas, y tres mil camellos, quinientas yuntas
de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa.
Este hombre era el más rico entre todos los Orientales.
4 Sus hijos tenían la costumbre de ofrecer por
turno un banquete, cada uno en su propia casa, e invitaban a sus tres
hermanas a comer y a beber con ellos. 5 Una vez concluido el ciclo de
los festejos, Job los hacía venir y los purificaba; después se
levantaba muy de madrugada y ofrecía un holocausto por cada uno de
ellos. Porque pensaba: "Tal vez mis hijos hayan pecado y
maldecido a Dios en su corazón". Así procedía Job
indefectiblemente.
El comienzo de la prueba
6 El día en que los hijos de Dios fueron a
presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio
de ellos. 7 El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El
Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo
de aquí para allá". 8 Entonces el Señor le dijo: "¿Te
has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra:
es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del
mal". 9 Pero el Adversario le respondió: "¡No por nada
teme Job al Señor! 10 ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector
alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido
la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país.
11 Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te
maldecirá en la cara!". 12 El Señor dijo al Adversario:
"Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no
pongas tu mano sobre él". Y el Adversario se alejó de la
presencia del Señor.
Job privado de sus bienes y de sus hijos
13 El día en que sus hijos e hijas estaban
comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor, 14 llegó un
mensajero y dijo a Job: "Los bueyes estaban arando y las asnas
pastaban cerca de ellos, 15 cuando de pronto irrumpieron los sabeos y
se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo
solo pude escapar para traerte la noticia". 16 Todavía estaba
hablando, cuando llegó otro y le dijo: "Cayó del cielo fuego de
Dios, e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos.
Yo solo pude escapar para traerte la noticia". 17 Todavía estaba
hablando, cuando llegó otro y le dijo: "Los caldeos, divididos
en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron,
pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar
para traerte la noticia". 18 Todavía estaba hablando, cuando
llegó otro y le dijo: "Tus hijos y tus hijas comían y bebían
en la casa de su hermano mayor, 19 y de pronto sopló un fuerte viento
del lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa.
Esta se desplomó sobre los jóvenes, y ellos murieron. Yo solo pude
escapar para traerte la noticia.
20 Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se
rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra 21 y exclamó:
"Desnudo salí del vientre de mi madre,
y desnudo volveré allí.
El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó:
¡bendito sea el nombre del Señor!".
22 En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno
contra Dios.
La culminación de la prueba
2 1 El día en que los hijos de Dios fueron a
presentarse delante del Señor, también fue el Adversario en medio de
ellos, para presentarse delante del Señor. 2 El Señor le dijo:
"¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor:
"De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá". 3
Entonces el Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi servidor Job?
No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto,
temeroso de Dios y alejado del mal. Él todavía se mantiene firme en
su integridad, y en vano me has instigado contra él para
perderlo". 4 El Adversario respondió al Señor: "¡Piel por
piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su vida. 5 Pero
extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne:
¡seguro que te maldecirá en la cara!". 6 El Señor respondió
al Adversario: "Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero
respétale la vida".
7 El Adversario se alejó de la presencia del
Señor, e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los
pies hasta la cabeza. 8 Job tomó entonces un pedazo de teja para
rascarse, y permaneció sentado en medio de la ceniza. 9 Su mujer le
dijo: "¿Todavía vas a mantenerte firme en tu integridad?
Maldice a Dios y muere de una vez". 10 Pero él le respondió:
"Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos de Dios lo bueno,
¿no aceptaremos también lo malo?". En todo esto, Job no pecó
con sus labios.
Los amigos de Job
11 Tres amigos de Job se enteraron de todos los
males que le habían sobrevenido, y llegaron cada uno de su país.
Eran Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá, los cuales
se pusieron de acuerdo para ir a expresarle sus condolencias y
consolarlo. 12 Al divisarlo de lejos, no lo reconocieron. Entonces se
pusieron a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y arrojaron polvo
sobre sus cabezas. 13 Después permanecieron sentados en el suelo
junto a él, siete días y siete noches, sin decir una sola palabra,
porque veían que su dolor era muy grande.
DIÁLOGO ENTRE JOB Y SUS AMIGOS
Después de un tenso y largo mutismo, Job estalla
en una amarga lamentación. Su rebeldía es el clamor que brota de
lo más íntimo, cuando un hombre se ve enfrentado con el enigma del
sufrimiento. Más que todos los padecimientos físicos lo exaspera
el inexplicable silencio de Dios. De ahí su constante apelación a
un juicio o pleito con ese Dios que parece tratarlo con la saña de
un enemigo. Con tal de llegar a esta confrontación personal con
Dios, en la que está seguro de probar su inocencia, Job se declara
dispuesto a arriesgar "el todo por el todo" y a
poner en peligro su vida (13. 14).
A este grito de dolor, los amigos de Job
responden con una fría exposición doctrinal. Los tres se aferran a
la antigua doctrina sobre la razón del sufrimiento: Dios hace
prosperar al justo y hunde a los impíos en la ruina. Si Job sufre,
algún mal tiene que haber cometido. De nada vale que él se declare
inocente. ¡Que reconozca humildemente su pecado, y el Señor no
tardará en mostrarle su favor!
El debate de Job con sus amigos se desarrolla en tres
ciclos de discursos, encuadrados entre dos monólogos del
protagonista del drama. Los amigos hablan por turno y Job le
responde a cada uno. Los interlocutores repiten incesantemente las
mismas ideas, endureciendo cada vez más su posición. A pesar de
todos los reproches que se le dirigen, Job insiste en afirmar su
inocencia. Ninguno de los tres amigos, por su parte, parece haber
experimentado el sufrimiento ni comprender que para consolar a un
hombre afligido hace falta algo más que recordarle una teoría.
primer ciclo de discursos
Monólogo inicial: la protesta de Job
3 1 Después de esto, Job rompió el silencio y
maldijo el día de su nacimiento. 2 Tomó la palabra y exclamó:
3 ¡Desaparezca el día en que nací y
la noche que dijo: "Ha sido engendrado un
varón"!
4 ¡Que aquel día se convierta en
tinieblas!
Que Dios se despreocupe de él desde lo
altoy no brille sobre él ni un rayo de luz.
5 Que lo reclamen para sí las
tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre
él y lo aterrorice un eclipse de sol.
6 ¡Sí, que una densa oscuridad se
apodere de él y no se lo añada a los días del año ni
se lo incluya en el cómputo de los meses!
7 ¡Que aquella noche sea estéril y no
entre en ella ningún grito de alegría!
8 Que la maldigan los que maldicen los
días, los expertos en excitar a Leviatán.
9 Que se oscurezcan las estrellas de su
aurora; que espere en vano la luz y no vea los destellos
del alba.
10 Porque no me cerró las puertas del
seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria.
11 ¿Por qué no me morí al nacer?
¿Por qué no expiré al salir del vientre materno?
12 ¿Por qué me recibieron dos
rodillas y dos pechos me dieron de mamar?
13 Ahora yacería tranquilo, estaría
dormido y así descansaría,
14 junto con los reyes y consejeros de
la tierra que se hicieron construir mausoleos,
15 o con los príncipes que poseían
oro y llenaron de plata sus moradas.
16 O no existiría, como un aborto
enterrado, como los niños que nunca vieron la luz.
17 Allí, los malvados dejan de
agitarse, allí descansan los que están extenuados.
18 También los prisioneros están en
paz, no tienen que oír los gritos del carcelero.
19 Pequeños y grandes son allí una
misma cosa, y el esclavo está liberado de su dueño.
20 ¿Para qué dar la luz a un
desdichado y la vida a los que están llenos de amargura,
21 a los que ansían en vano la muerte
y la buscan más que a un tesoro,
22 a los que se alegrarían de llegar a
la tumba y se llenarían de júbilo al encontrar un
sepulcro,
23 al hombre que se le cierra el camino
y al que Dios cerca por todas partes?
24 Los gemidos se han convertido en mi
pan y mis lamentos se derraman como agua.
25 Porque me sucedió lo que más
temía y me sobrevino algo terrible.
26 ¡No tengo calma, ni tranquilidad,
ni sosiego, sólo una constante agitación!
Primer discurso de Elifaz: la felicidad de los
justos
4 1 Entonces Elifaz de Temán tomó la palabra
y dijo:
2 ¿Se atrevería alguien a hablarte,
estando tú tan deprimido? Pero ¿quién puede contener
sus palabras?
3 Tú has aleccionado a mucha gente y
has fortalecido las manos debilitadas;
4 tus palabras sostuvieron al que
tropezaba y has robustecido las rodillas vacilantes.
5 Pero ahora te llega el turno, y te
deprimes, te ha tocado a ti, y estás desconcertado.
6 ¿Acaso tu piedad no te infunde
confianza y tu vida íntegra no te da esperanza?
7 Recuerda esto: ¿quién pereció
siendo inocente o dónde fueron exterminados los hombres
rectos?
8 Por lo que he visto, los que cultivan
la maldad y siembran la miseria, cosechan eso mismo:
9 ellos perecen bajo el aliento de
Dios, desaparecen al soplo de su ira.
10 Los leones cesan de rugir y bramar y
los dientes de sus cachorros son quebrados;
11 el león perece por falta de presa y
las crías de la leona se dispersan.
12 Una palabra me llegó furtivamente,
su leve susurro cautivó mis oídos.
13 Entre las pesadillas de las visiones
nocturnas, cuando un profundo sopor invade a los hombres,
14 me sobrevino un temor, un
escalofrío, que estremeció todos mis huesos:
15 una ráfaga de viento pasa sobre mi
rostro, eriza los pelos de mi cuerpo;
16 alguien está de pie, pero no
reconozco su semblante, es sólo una forma delante de mis
ojos; hay un silencio, y luego oigo una voz:
17 ¿Puede un mortal ser justo ante
Dios? ¿Es puro un hombre ante su Creador?
18 Si él no se fía de sus propios
servidores y hasta en sus ángeles encuentra errores,
19 ¡cuánto más en los que habitan en
casas de arcilla, y tienen sus cimientos en el polvo!
Ellos son aplastados como una polilla,
20 de la noche a la mañana quedan
pulverizados: sin que nadie se preocupe, perecen para
siempre.
21 ¿No se les arranca la estaca de su
carpa, y mueren por falta de sabiduría?
5 1 ¡Clama, a ver si alguien te
responde! ¿A cuál de los santos te volverás?
2 Porque la exasperación mata al
insensato y la pasión hace morir al necio.
3 Yo he visto al insensato echar
raíces, pero al instante maldije su morada.
4 Sus hijos estarán lejos de toda
ayuda, aplastados en la Puerta, sin que nadie los libre.
5 Lo que ellos cosechen se lo comerá
el hambriento, y el sediento suspirará por sus riquezas.
6 No, el mal no sale del sueloni la
miseria brota de la tierra:
7 es el hombre el que engendra la
miseria, como las águilas levantan vuelo hacia lo alto.
8 Yo, por mi parte, buscaría a Dios, a
él le expondría mi causa.
9 Él realiza obras grandes e
inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.
10 Derrama la lluvia sobre la tierra y
hace correr el agua por los campos.
11 Pone a los humildes en las alturas y
los afligidos alcanzan la salvación.
12 Hace fracasar los proyectos de los
astutos para que no prospere el trabajo de sus manos.
13 Sorprende a los sabios en su propia
astucia y el plan de los malvados se deshace rápidamente.
14 En pleno día, chocan contra las
tinieblas, y andan a tientas al mediodía, como si fuera
de noche.
15 Él salva al huérfano de la espada,
y al indigente, de la mano del poderoso.
16 Así, el débil recupera la
esperanza y los malvados cierran la boca.
17 ¡Feliz el hombre a quien Dios
reprende y que no desdeña la lección del Todopoderoso!
18 Porque él hiere, pero venda la
herida; golpea, pero sana con sus manos.
19 Seis veces te librará de la
angustia, y la séptima, el mal no te alcanzará.
20 En tiempo de hambre, te librará de
la muerte, y en la guerra, del filo de la espada.
21 Estarás protegido contra el azote
de las malas lenguas y no temerás cuando llegue la
devastación.
22 Te reirás de la devastación y del
hambre y no temerás a las fieras de la tierra.
23 Sí, tendrás una alianza con las
piedras del campo y las fieras estarán en paz contigo.
24 Sabrás que en tu carpa hay
prosperidad, y cuando revises tu morada, nada faltará.
25 Verás que se multiplica tu
descendencia y que tus retoños son como la hierba de la
tierra.
26 Llegarás a la tumba lleno de vigor
como se levanta una parva a su debido tiempo.
27 Esto es lo que hemos comprobado, y
es así: escúchalo bien, y saca provecho.
Respuesta de Job: la miseria del hombre sobre la
tierra
6 1 Job respondió, diciendo:
2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi dolor y
se pusiera en la balanza toda mi desgracia!
3 Ahora pesarían más que la arena del
mar, ¡por eso digo tantos desatinos!
4 Las flechas del Todopoderoso están
clavadas en mí y mi espíritu absorbe su veneno; los
terrores de Dios están enfilados contra mí.
5 ¿Rebuzna el asno salvaje sobre la
hierba verde o muge el toro junto a su forraje?
6 ¿Se come sin sal un alimento
insípido o tiene sabor la clara de huevo?
7 Lo que yo me resistía incluso a
tocar es mi alimento en la enfermedad.
8 ¡Si al menos se cumpliera mi pedido
y Dios me concediera lo que espero!
9 ¡Si Dios se decidiera a aplastarme,
si soltara su mano y me partiera en dos!
10 Entonces tendría de qué consolarme
y saltaría de gozo en mi implacable tormento, por no
haber renegado de las palabras del Santo.
11 ¿Qué fuerza tengo para poder
esperar? ¿Cuál es mi fin para soportar con paciencia?
12 ¿Tengo acaso la resistencia de las
piedras o es de bronce mi carne?
13 No, no encuentro ninguna ayuda
dentro de mí mismo y se me han agotado los recursos.
14 Bien merece la lealtad de su amigo
el hombre deshecho que ha perdido el temor a Dios.
15 Pero mis hermanos me han traicionado
como un torrente, como el cauce de los torrentes
pasajeros,
16 que corren turbios durante el
deshielo, arrastrando la nieve derretida.
17 Al llegar el verano, se evaporan;
con el calor, se extinguen en su propio lecho.
18 Las caravanas desvían su trayecto,
se internan en el desierto y perecen.
19 Las caravanas de Temá vuelven los
ojos hacia ellos, los viajantes de Sabá esperan
encontrarlos.
20 Pero se avergüenzan de haber
esperado, llegan hasta allí, y quedan defraudados.
21 Así son ahora ustedes para mí: ven
algo horrible, y se llenan de espanto.
22 Yo nunca les dije: "Denme algo,
regálenme una parte de sus bienes;
23 líbrenme del poder del enemigo,
rescátenme de las manos de los violentos".
24 Instrúyanme, y yo me callaré;
háganme entender dónde está mi error.
25 ¿Acaso son hirientes las palabras
rectas? Pero ¿qué se arregla con los reproches de
ustedes?
26 ¿O pretenden arreglarlo todo con
reproches, mientras echan al viento las palabras de un
desesperado?
27 ¡Ustedes echarían suertes sobre un
huérfano y traficarían con su propio amigo!
28 ¡Decídanse de una vez, vuélvanse
hacia mí! ¿Acaso les voy a mentir en la cara?
29 Vuelvan, les ruego, y que no haya
falsedad; vuelvan, está en juego mi justicia.
30 ¿Acaso hay falsedad en mi lengua o
mi paladar no sabe discernir la desgracia?
7 1 ¿No es una servidumbre la vida
del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de
un asalariado?
2 Como un esclavo que suspira por la
sombra, como un asalariado que espera su jornal,
3 así me han tocado en herencia meses
vacíos, me han sido asignadas noches de dolor.
4 Al acostarme, pienso: "¿Cuándo
me levantaré?".
Pero la noche se hace muy larga y soy
presa de la inquietud hasta la aurora.
5 Gusanos y costras polvorientas cubren
mi carne, mi piel se agrieta y supura.
6 Mis días corrieron más veloces que
una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin.
7 Recuerda que mi vida es un soplo y
que mis ojos no verán más la felicidad.
8 El ojo que ahora me mira, ya no me
verá; me buscará tu mirada, pero ya no existiré.
9 Una nube se disipa y desaparece: así
el que baja al Abismo no sube más.
10 No regresa otra vez a su casa ni el
lugar donde estaba lo vuelve a ver.
11 Por eso, no voy a refrenar mi
lengua: hablaré con toda la angustia de mi espíritu, me
quejaré con amargura en el alma.
12 ¿Acaso yo soy el Mar o el Dragón
marino para que dispongas una guardia contra mí?
13 Cuando pienso: "Mi lecho me
consolará, mi cama compartirá mis quejidos",
14 entonces tú me horrorizas con
sueños y me sobresaltas con visiones.
15 ¡Más me valdría ser estrangulado,
prefiero la muerte a estos huesos despreciables!
16 Yo no viviré eternamente: déjame
solo, porque mis días son un soplo.
17 ¿Qué es el hombre para que lo
tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención,
18 visitándolo cada mañana y
examinándolo a cada instante?
19 ¿Cuándo dejarás de mirarme? ¿No
me darás tregua ni para tragar saliva?
20 Si pequé, ¿qué daño te hice, a
ti, guardián de los hombres?
¿Por qué me has tomado como blanco y
me he convertido en una carga para ti?
21 ¿Por qué no perdonas mis ofensas y
pasas por alto mis culpas?
¡Mira que muy pronto me acostaré en
el polvo, me buscarás, y ya no existiré!
Primer discurso de Bildad: la triste suerte de los
impíos
8 1 Bildad de Súaj replicó, diciendo:
2 ¿Hasta cuándo hablarás de esta
manera y tus palabras serán un viento impetuoso?
3 ¿Acaso Dios distorsiona el derecho y
el Todopoderoso tergiversa la justicia?
4 Si tus hijos pecaron contra él, él
los dejó librados a sus propios delitos.
5 En cambio, si tú recurres a Dios e
imploras al Todopoderoso,
6 si te mantienes puro y recto,
seguramente, él pronto velará por ti y restablecerá tu
morada de hombre justo.
7 Tus comienzos habrán sido poca cosa,
frente a la grandeza de tu porvenir.
8 Interroga, si no, a las generaciones
pasadas, considera lo que experimentaron sus padres.
9 Nosotros somos de ayer y no sabemos
nada, nuestros días sobre la tierra son una sombra.
10 Ellos te instruirán y te hablarán,
sacarán de su corazón estas palabras:
11 ¿Brota el papiro fuera de los
pantanos? ¿Crece el junco donde no hay agua?
12 Tierno aún, y sin que nadie lo
corte, se seca más pronto que cualquier otra hierba.
13 Tal es la suerte de los que olvidan
a Dios, así perece la esperanza del impío.
14 Su confianza es apenas un hilo, su
seguridad, una tela de araña.
15 Se apoya sobre su casa, y ella no
resiste, se aferra a ella, y no queda en pie.
16 Ahí está lleno de savia ante los
rayos del sol, sus retoños se extienden sobre su jardín;
17 sus raíces se entrelazan en el
pedregal, se prenden al terreno rocoso.
18 Pero apenas lo arrancan de su sitio,
este reniega de él, diciendo: "Nunca te vi".
19 ¡Esa es la buena suerte que le
toca, mientras otro brota del polvo!
20 No, Dios no desdeña al hombre
íntegro, ni toma de la mano a los malvados.
21 Él llenará otra vez tu boca de
risas y tus labios de aclamaciones jubilosas.
22 Los que te odian se cubrirán de
vergüenza, y la carpa de los malvados no existirá más.
Respuesta de Job al discurso de Bildad:la fuerza
irresistible de Dios
9 1 Job respondió, diciendo:
2 Sí, yo sé muy bien que es así:
¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios?
3 Si alguien quisiera disputar con él,
no podría responderle ni una vez entre mil.
4 Su corazón es sabio, su fuerza
invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo?
5 Él arranca las montañas sin que
ellas lo sepan y las da vuelta con su furor.
6 Él remueve la tierra de su sitio y
se estremecen sus columnas.
7 Él manda al sol que deje de brillar
y pone un sello sobre las estrellas.
8 Él solo extiende los cielos y camina
sobre las crestas del mar.
9 Él crea la Osa Mayor y el Orión,
las Pléyades y las Constelaciones del sur.
10 Él hace cosas grandes e
inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.
11 Él pasa junto a mí, y yo no lo
veo; sigue de largo, y no lo percibo.
12 Si arrebata una presa, ¿quién se
lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace?
13 Dios no reprime su furor:los
secuaces de Rahab yacen postrados a sus pies.
14 ¡Cuánto menos podría replicarle
yo y aducir mis argumentos frente a él!
15 Aún teniendo razón, no podría
responder y debería implorar al que me acusa.
16 Aunque lo llamara y él me
respondiera, no creo que llegue a escucharme.
17 Él me aplasta por una
insignificancia y multiplica mis heridas sin razón.
18 No me da tregua ni para tomar
aliento, sino que me sacia de amarguras.
19 Si es cuestión de fuerza, él es el
más fuerte; si de justicia, ¿quién podría emplazarlo?
20 Si tengo razón, por mi propia boca
me condena; si soy íntegro, me declara perverso.
21 ¡Yo soy un hombre íntegro: nada me
importa de mí mismo y siento desprecio por mi vida!
22 ¡Todo es igual! Por eso digo:
"Él extermina al íntegro y al malvado".
23 Si un azote siembra la muerte de
improviso, se ríe de la desesperación de los inocentes.
24 Si un país cae en manos de un
malvado, pone un velo sobre el rostro de los jueces: si no
es él, ¿quién otro puede ser?
25 Mis días pasan más rápido que un
corredor, huyen sin ver la felicidad.
26 Se deslizan como barcas de junco,
como un águila que se lanza sobre su presa.
27 Si pienso: "Voy a olvidarme de
mis quejas, voy a poner buena cara y sonreír",
28 me asalta el terror por todos mis
pesares, sabiendo que tú no me absuelves.
29 Seré juzgado culpable, ¿para qué
entonces fatigarme en vano?
30 Aunque me lavara con nieve y
purificara mis manos con potasa,
31 tú me hundirías en el fango y
hasta mi ropa sentiría abominación por mí.
32 ¡No, él no es un hombre como yo,
para responderle y comparecer juntos en un juicio!
33 ¡Si hubiera al menos un árbitro
entre nosotros, que pusiera su mano sobre los dos,
34 para que Dios aparte su vara de mí
y no me atemorice su terror!
35 Entonces le hablaría sin temor,
porque estoy convencido de que no soy así.
10 1 Mi alma está asqueada de la
vida, quiero dar libre curso a mi queja, expresaré toda
mi amargura.
2 Diré a Dios: "No me condenes,
dame a conocer por qué me recriminas".
3 ¿Es un placer para ti oprimir,
despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de
los malvados?
4 ¿Acaso tienes ojos de carne? ¿Ves
tú las cosas como las ven los hombres?
5 ¿Son tus días como los de un mortal
y tus años como los días de un hombre,
6 para que estés al acecho de mi culpa
y vayas en busca de mi pecado,
7 aún sabiendo que no soy culpable y
que nadie puede librar de tu mano?
8 Tus manos me modelaron y me hicieron,
y luego, cambiando de parecer, me destruyes.
9 Acuérdate que me hiciste de la
arcilla y que me harás retornar al polvo.
10 ¿Acaso no me derramaste como leche
y me cuajaste como el queso?
11 Me revestiste de piel y de carne y
me tejiste con huesos y tendones.
12 Me diste la vida y me trataste con
amor, y tu solicitud preservó mi aliento.
13 ¡Pero tú ocultabas algo en tu
corazón, ahora comprendo lo que tenías pensado!
14 Si yo peco, tú me vigilas y no me
absuelves de mi culpa.
15 Si soy culpable, ¡ay de mí!
Si soy inocente, tampoco puedo alzar
cabeza, saturado de ignominia, embriagado de aflicción.
16 Si me levanto, tú me cazas como un
león y redoblas contra mí tu asombroso poder.
17 Suscitas contra mí nuevos testigos,
acrecientas tu furor contra mí y me atacas con tropas de
relevo.
18 ¿Por qué me sacaste del seno
materno? Yo habría expirado sin que nadie me viera,
19 sería como si nunca hubiera
existido, me habrían llevado del vientre a la tumba.
20 ¡Duran tan poco los días de mi
vida! ¡Apártate de mí! Así podré sonreír un poco,
21 antes que me vaya, para no volver, a
la región de las tinieblas y las sombras,
22 a la tierra de la oscuridad y el
desorden, donde la misma claridad es tiniebla.
Primer discurso de Sofar: la sumisión al juicio de
Dios
11 1 Sofar de Naamá respondió, diciendo:
2 ¿No habrá una respuesta para tanto
palabrerío? ¿Tendrá siempre razón el que habla
demasiado?
3 ¿Tu locuacidad hará callar a los
demás y te burlarás sin que nadie te confunda?
4 Tú has dicho: "Mi doctrina es
pura y estoy limpio ante tus ojos".
5 En cambio, si Dios hablara y abriera
sus labios contra ti;
6 si te revelara los secretos de la
sabiduría, tan sutiles para el entendimiento, sabrías
que Dios aún olvida una parte de tu culpa.
7 ¿Puedes tú escrutar las
profundidades de Dios o vislumbrar la perfección del
Todopoderoso?
8 Ella es más alta que el cielo:
¿qué puedes hacer tú? Es mas honda que el Abismo:
¿qué puedes entender?
9 Por su extensión, es más larga que
la tierra y más ancha que el mar.
10 Si Dios pasa y aprisiona, y si
convoca a juicio, ¿quién se lo impedirá?
11 Él conoce a los hombres falsos, ve
la maldad ¿y no la sabrá discernir?
12 Pero un necio asentará cabeza
cuando se domestique un asno salvaje de la estepa.
13 En cuanto a ti, si enderezas tu
corazón y extiendes tus manos hacia Dios,
14 si alejas la maldad que hay en tus
manos y no dejas que la injusticia habite en tu carpa,
15 entonces sí erguirás tu frente
inmaculada, estarás firme y nada temerás.
16 Así te olvidarás de las penas, las
recordarás como una correntada pasajera.
17 La vida se alzará más radiante que
el mediodía, la oscuridad será como una alborada.
18 Estarás seguro, porque habrá una
esperanza; observarás a tu alrededor, y te acostarás
tranquilo.
19 Descansarás sin que nadie te
perturbe y muchos tratarán de ganarse tu favor.
20 Pero los ojos de los malvados se
consumen, les falta todo refugio y el último suspiro
será su única esperanza.
Respuesta de Job: los designios desconcertantes de
Dios
12 1 Job respondió, diciendo:
2 ¡Realmente, ustedes son la voz del
pueblo y junto con ustedes morirá la sabiduría!
3 Pero yo también, como ustedes, soy
capaz de entender, no estoy en nada por debajo de ustedes;
¿o acaso hay alguien que ignore estas cosas?
4 El que invoca a Dios para que él le
responda, ha llegado a ser la irrisión de sus amigos:
¡el justo, el perfecto, es un motivo de irrisión!
5 "¡A la desgracia, el desprecio
–así opina la gente feliz– un golpe más para el que
se tambalea!".
6 Las carpas de los salteadores están
en paz; hay seguridad para los que provocan a Dios, para
el que tiene a Dios en un puño.
7 Pero interroga a las bestias, y te
instruirán, a los pájaros del cielo, y te informarán,
8 a los reptiles de la tierra, y te
enseñarán,a los peces del mar, y te explicarán.
9 ¿Quién no sabe, entre todos ellos,
que todo esto lo hizo la mano del Señor?
10 Él tiene en su mano la vida de todo
viviente y el espíritu de todo ser humano.
11 ¿Acaso el oído no discierne las
palabras como el paladar gusta los alimentos?
12 En los cabellos blancos está la
sabiduría y en la edad avanzada, la inteligencia.
13 Pero con Dios están la sabiduría y
el poder, a él pertenecen el consejo y la inteligencia.
14 Si él destruye, nadie reconstruye;
si aprisiona, nadie puede abrir.
15 Si él retiene las aguas, hay
sequía; si las suelta, inundan la tierra.
16 Con él están la fuerza y la
prudencia, a él pertenecen el que yerra y el que hace
errar.
17 Él hace andar descalzos a los
consejeros y priva a los jueces de su sano juicio.
18 Desata los cinturones de los reyes y
les ata una cuerda a la cintura.
19 Hace andar descalzos a los
sacerdotes y derriba a los que están firmemente
establecidos.
20 Deja sin habla a los más seguros y
priva de la razón a los ancianos.
21 Cubre de desprecio a los nobles y
afloja el cinturón de los tiranos.
22 Despoja los abismos de sus tinieblas
e ilumina las cosas oscuras.
23 Exalta a las naciones y las hace
desaparecer, expande a los pueblos y los suprime.
24 Priva de inteligencia a los jefes de
la tierra y los hace vagar por un desierto sin caminos:
25 así andan a tientas en la
oscuridad, sin luz, y se tambalean como ebrios.
13 1 Sí, todo esto lo vi con mis
propios ojos, lo escuché con mis oídos y lo entendí.
2 Lo que ustedes saben, lo sé yo
también: no estoy por debajo de ustedes.
3 Pero yo quiero hablarle al
Todopoderoso, mi deseo es discutir con Dios.
4 ¡Ustedes lo encubren todo con sus
mentiras, médicos inútiles son todos ustedes!
5 ¡Si se callaran de una vez, darían
una prueba de sabiduría!
6 Escuchen, entonces, mi defensa;
presten atención a mi querella.
7 ¿Es por Dios que ustedes hablan
falsamente y para favorecerlo apelan al engaño?
8 ¿Se muestran parciales en atención
a él y pretenden ser los abogados de Dios?
9 ¿Eso los beneficiará cuando él los
examine? ¿Jugarán con él como se juega con un hombre?
10 No, él será el primero en
acusarlos si toman partido solapadamente.
11 ¿Acaso no los espantará su
majestad, y su terror no se abatirá sobre ustedes?
12 Las que ustedes alegan son
sentencias de ceniza, sus respuestas son de barro.
13 Dejen de hablarme, soy yo el que
hablaré, ¡no importa lo que me pueda pasar!
14 Arriesgaré el todo por el todo y
pondré en peligro mi vida.
15 ¡Que él me mate! Ya no tengo
esperanza, sólo quiero defender mi conducta ante él.
16 Y esto mismo será un triunfo para
mí, porque ningún impío puede comparecer ante él.
17 Oigan, oigan bien mis palabras, que
mis declaraciones lleguen a sus oídos.
18 Estoy preparado para el juicio, yo
sé que la razón estará de mi parte.
19 ¿Hay alguien que me pueda
incriminar? Entonces aceptaría quedarme callado y
expirar.
Requisitoria de Job al Señor
20 Concédeme dos cosas solamente, y así
no me ocultaré de tu presencia:
21 aparta de mí la palma de tu mano y
que tu terror no me atemorice.
22 Luego llámame, y yo te responderé, o
hablaré yo, y tú me responderás.
23 ¿Cuántas son mis culpas y mis
pecados? Dame a conocer mi rebeldía y mi pecado.
24 ¿Por qué ocultas tu rostro y me
consideras tu enemigo?
25 ¿Quieres atemorizar a una hoja
llevada por el viento? ¿Vas a perseguir a una paja reseca?
26 ¡Tú que dictas contra mí sentencias
amargas y me imputas las culpas de mi juventud,
27 tú que pones mis pies en el cepo, tú
que vigilas todos mis senderos y cercas las plantas de mis
pies!
28 Así este hombre se deshace como
madera carcomida, como ropa devorada por la polilla.
14 1 El hombre, nacido de mujer,
tiene una vida breve y cargada de tormentos:
2 como una flor, brota y se marchita;
huye sin detenerse, como una sombra.
3 ¡Y sobre alguien así tú abres los
ojos, lo enfrentas contigo en un juicio!
4 Pero ¿quién sacará lo puro de lo
impuro? Nadie, ciertamente.
5 Ya que sus días están determinados y
tú conoces el número de sus meses,
ya que le has puesto un límite
infranqueable, 6 ¡aparta de él tu mirada y déjalo solo,
para que disfrute de su jornada como un asalariado!
7 Para el árbol hay una esperanza: si es
cortado, aún puede reverdecer y no dejará de tener
retoños.
8 Aunque su raíz haya envejecido en el
suelo y su tronco esté muerto en el polvo,
9 apenas siente el agua, produce nuevos
brotes y echa ramas, como una planta joven.
10 Pero el hombre, cuando muere, queda
inerte; el mortal que expira, ¿dónde está?
14a si un hombre muere, ¿podrá revivir?
11 El agua del mar se evapora, un río se
agota y se seca:
12 así el hombre se acuesta y no se
levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se
despierte, antes que se alce de su sueño.
13 ¡Ah, si tú me ocultaras en el
Abismo, si me escondieras hasta que pase tu enojo y me
fijaras un plazo para acordarte de mí!
14 – Un hombre, una vez muerto,
¿podrá revivir?–.
Entonces yo esperaría, todos los días
de mi servicio, hasta que llegue mi relevo:
15 tú llamarías, y yo te respondería,
ansiarías ver la obra de tus manos.
16 Porque entonces no contarías mis
pasos ni observarías mi pecado;
17 mi delito estaría bajo sello en una
bolsa y cubrirías mi culpa con un enduido.
18 Pero la montaña cae y se desmorona,
la roca es removida de su sitio;
19 las aguas desgastan las piedras, al
polvo de la tierra se lo lleva el aguacero: ¡así tú
destruyes la esperanza del mortal!
20 Lo abates para siempre, y él se va,
desfiguras su rostro y lo despides.
21 Se honra a sus hijos, pero él no lo
sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta.
22 ¡Sólo en carne propia siente el
sufrimiento, sólo por sí mismo está de duelo!
segundo ciclo de discursos
Segundo discurso de Elifaz: nadie es justo ante
Dios
15 1 Elifaz de Temán replicó, diciendo:
2 ¿Acaso un sabio da respuestas en el
aire y llena de viento su interior?
3 ¿Arguye con palabras inútiles y con
discursos que no sirven de nada?
4 ¡Más aún, tú destruyes la piedad,
y anulas la reflexión delante de Dios!
5 Porque es tu culpa la que inspira tus
palabras y eliges el lenguaje de la gente astuta.
6 Tu misma boca te condena, no yo; tus
propios labios atestiguan contra ti.
7 ¿Eres tú el primer hombre que
nació? ¿Fuiste dado a luz antes que las colinas?
8 ¿Has tenido acceso al consejo divino
y has acaparado la sabiduría?
9 ¿Qué sabes tú que nosotros no
sepamos? ¿Qué entiendes tú más que nosotros?
10 Aquí también hay ancianos de
cabellos blancos, gente de más edad que tu mismo padre.
11 ¿No te basta el consuelo que Dios
te da y una palabra pronunciada con dulzura?
12 ¿Por qué te dejas arrastrar por
tus impulsos? ¿Qué significan esos ojos huraños,
13 cuando vuelves tu saña contra Dios
y lanzas denuestos por la boca?
14 ¿Qué es el hombre para que sea
puro y el nacido de mujer para que sea justo?
15 Si Dios no se fía ni siquiera de
sus santos y el cielo no es puro a sus ojos,
16 ¡cuánto menos ese ser abominable y
corrompido, el hombre, que bebe como agua la iniquidad!
17 Yo te lo voy a explicar, escúchame;
déjame contarte algo que vi.
18 Es lo que refieren los sabios, lo
que no les ocultaron sus padres:
19 a ellos solos les fue dada la tierra
y ningún extraño pasaba en medio de ellos.
20 El malvado se atormenta todos los
días de su vida, muy pocos años están reservados al
hombre cruel;
21 voces horribles resuenan en sus
oídos, en plena paz, lo asalta el devastador.
22 Él no espera evadirse de las
tinieblas y está destinado a la espada.
23 Anda errante como pasto de los
buitres y sabe que su ruina es segura.
El día tenebroso 24 lo aterra, la
angustia y la opresión lo acometen, como un rey preparado
para el ataque.
25 Porque extendía su mano contra Dios
y se envalentonaba contra el Todopoderoso;
26 arremetía contra él con el cuello
tendido,con todo el espesor de sus escudos blindados,
27 porque había untado su rostro con
grasa y había robustecido sus lomos.
28 Ahora habita en ciudades destruidas,
en casas donde ya nadie vive, que amenazan convertirse en
escombros.
29 Él no se enriquecerá, no durará
su fortuna, ni sus posesiones se extenderán por el país.
30 No escapará de las tinieblas, una
llama secará sus retoños, su flor será arrastrada por
el viento.
31 Que no confíe en la mentira, porque
se equivoca, y su recompensa será la decepción.
32 Su follaje se marchitará antes de
tiempo y su ramaje no mantendrá su verdor.
33 Como una vid, perderá sus uvas
todavía agrias, como un olivo dejará caer sus flores.
34 Sí, la raza del impío es estéril,
el fuego devora la carpa del hombre venal.
35 El que concibe malicia, engendra
maldad, y su vientre está grávido de mentira.
Respuesta de Job: la incomprensión de los amigos y
el aparente abandono de Dios
16 1 Job respondió, diciendo:
2 Ya escuché muchos discursos
semejantes,¡tristes consoladores son todos ustedes!
3 ¿Terminarán de una vez las palabras
en el aire? ¿Qué es lo que te incita a replicar así?
4 También yo hablaría como ustedes,
si ustedes estuvieran en mi lugar.
Los ensordecería con palabras y les
haría gestos de conmiseración.
5 Los reconfortaría con mi boca y mis
labios no dejarían de moverse.
6 Pero si hablo, no se alivia mi dolor;
si me callo, tampoco se aparta de mí.
7 Porque ahora, él me ha extenuado y
desolado, todos sus terrores 8 me tienen acorralado;
se levanta contra mí como testigo, mi
debilidad me acusa en mi propia cara.
9 Su ira me desgarra y me hostiga, él
rechina sus dientes contra mí.
Mi adversario me atraviesa con la
mirada;
10 ellos abrieron sus fauces contra
mí,
me golpearon con desprecio las
mejillas, se confabularon todos contra mí.
11 Dios me entrega al poder del
injusto, me arroja en manos de los malvados.
12 Yo estaba tranquilo y él me
destrozó, me tomó por el cuello y me hizo pedazos.
Me puso como blanco ante él,
13 sus flechas vuelan a mi alrededor.
Traspasa mis riñones sin piedad y
derrama por tierra mi hiel.
14 Abre en mí una brecha tras otra,
arremete contra mí como un guerrero.
15 Llevo cosido un cilicio a mi piel,
tengo hundida la frente en el polvo.
16 Mi rostro está enrojecido por el
llanto y la oscuridad envuelve mis pupilas.
17 Sin embargo, no hay violencia en mis
manos y mi plegaria es pura.
18 ¡Tierra, no cubras mi sangre, que
no haya un lugar de descanso para mi clamor!
19 Aún ahora, mi testigo está en el
cielo y mi garante, en las alturas.
20 Mis amigos se burlan de mí,
mientras mis ojos derraman lágrimas ante Dios.
21 ¡Que él sea árbitro entre un
hombre y Dios, como entre un hombre y su prójimo!
22 Porque mis años están contados y
voy a emprender el camino sin retorno.
17 1 ¡Se me ha agotado el aliento,
se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro!
2 ¿No soy acaso el blanco de las
burlas y no me desvelan sus provocaciones?
3 Deposita junto a ti una fianza a mi
favor: si no, ¿quién estrechará mi mano?
4 Tú cerraste su corazón al
discernimiento; por eso, no los dejarás triunfar.
5 ¡Se anuncia el reparto a los amigos,
mientras los ojos de los hijos desfallecen!
6 Me has convertido en burla de la
gente, soy como alguien a quien se escupe en la cara.
7 Mis ojos se debilitan por la tristeza
y todos mis miembros son como la sombra.
8 Los hombres rectos quedan
consternados por esto, y el inocente se indigna contra el
impío.
9 Pero el justo se afianza en su camino
y el de manos puras redobla su energía.
10 ¡Vengan todos ustedes, vengan otra
vez: no encontraré un solo sabio entre ustedes!
11 Han pasado mis días, se han
deshecho mis planes y las aspiraciones de mi corazón.
12 Ellos cambian la noche en día:
"La luz, dicen, está cerca de las tinieblas".
13 ¿Qué puedo esperar? El Abismo es
mi morada, en las tinieblas extendí mi lecho.
14 Yo grito a la Fosa: "¡Tú eres
mi padre!", y a los gusanos: "¡Mi madre y mis
hermanos!".
15 ¿Dónde está entonces mi
esperanza? Y mi felicidad, ¿quién la verá?
16 ¿Bajarán conmigo al Abismo? ¿Nos
hundiremos juntos en el polvo?
Segundo discurso de Bildad: el castigo inexorable
de los malvados
18 1 Bildad de Súaj respondió, diciendo:
2 ¿Hasta cuándo nos impedirás
hablar? Reflexiona, y luego hablaremos.
3 ¿Por qué seremos tenidos por
animales y pasaremos por torpes ante tus ojos?
4 Tú, que te desgarras en tu enojo:
¿acaso la tierra quedará desierta por tu causa o la roca
será removida de su sitio?
5 Sí, la luz del malvado se extingue y
la llama de su fuego no brilla más.
6 La luz se oscurece en su carpa y su
lámpara se apaga sobre él.
7 Se acortan sus pasos vigorosos, su
propio designio lo hace tropezar.
8 Porque sus pies lo meten en una
trampa y va caminando entre redes:
9 un lazo le aprisiona el talón y un
cepo se cierra sobre él.
10 Lo espera una cuerda oculta en el
suelo y una trampa tendida sobre el camino.
11 Lo asaltan terrores por todas partes
y lo amenazan a cada paso.
12 Su vigor se convierte en hambre y la
ruina permanece a su lado;
13 la enfermedad corroe su piel, el
Primogénito de la Muerte devora sus miembros.
14 Lo arrancan de la seguridad de su
carpa y lo llevan ante el Rey de los terrores.
15 El fuego se instala en su carpa y se
esparce azufre sobre su morada.
16 Por debajo se secan sus raíces y
por arriba se marchita su ramaje.
17 Su recuerdo desaparece de la tierra
y se borra su nombre en la región.
18 Lo arrojan de la luz a las tinieblas
y lo arrastran fuera del mundo.
19 No tiene estirpe ni posteridad en su
pueblo, no quedan sobrevivientes donde él habitaba.
20 El Occidente se estremece por su
destino y el Oriente es presa del horror.
21 Sí, tales son las moradas del
injusto, este es el lugar del que no conoce a Dios.
Respuesta de Job: la íntima esperanza en la
reivindicación
19 1 Job respondió, diciendo:
2 ¿Hasta cuándo me van a afligir y me
van a torturar con sus palabras?
3 Ya es la décima vez que me ultrajan,
que me maltratan desvergonzadamente.
4 Aunque fuera verdad que cometí un
error, mi error me concierne sólo a mí.
5 Ustedes se envalentonan contra mí y
me imputan mi ignominia:
6 pero sepan que es Dios el que me
agravia y que él me ha envuelto en su red.
7 Si grito: "¡Violencia!",
no tengo respuesta; si pido auxilio, no se hace justicia.
8 Él cercó mi camino y no puedo
pasar; cubrió de tinieblas mi sendero.
9 Me ha despojado de mi honor y quitó
la corona de mi cabeza.
10 Me demolió por completo, y ya me
voy; arrancó, como un árbol, mi esperanza.
11 Encendió su indignación contra mí
y me trató como a su enemigo.
12 Sus escuadrones llegaron en tropel,
se abrieron camino hasta mí y acamparon alrededor de mi
carpa.
13 Mis hermanos se alejaron de mí y
soy un extraño para mis amigos.
14 Desaparecieron mis allegados y
familiares, me olvidaron 15 los huéspedes de mi casa.
Mis servidoras me consideran un
extraño, me he convertido en un intruso para ellas.
16 Llamo a mi servidor, y no responde,
aunque se lo pida por favor.
17 Mi mujer siente asco de mi aliento,
soy repugnante para los hijos de mis entrañas.
18 Hasta los niños pequeños me
desprecian: cuando me levanto, se burlan de mí.
19 Mis amigos íntimos me abominan, los
que yo amaba se vuelven contra mí.
20 Los huesos se me pegan a la piel y
se me desprenden los dientes de las encías.
21 ¡Apiádense, apiádense de mí,
amigos míos, porque me ha herido la mano de Dios!
22 ¿Por qué ustedes me persiguen como
Dios y no terminan de saciarse con mi carne?
23 ¡Ah, si se escribieran mis palabras
y se las grabara en el bronce;
24 si con un punzón de hierro y plomo
fueran esculpidas en la roca para siempre!
25 Porque yo sé que mi Redentor vive y
que él, el último, se alzará sobre el polvo.
26 Y después que me arranquen esta
piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios.
27 Sí, yo mismo lo veré, lo
contemplarán mis ojos, no los de un extraño.
¡Mi corazón se deshace en mi pecho!
28 Si ustedes dicen: "¿Cómo lo
perseguiremos y qué pretexto encontraremos para
procesarlo?",
29 teman que la espada los hiera a
ustedes mismos, porque esas son culpas dignas de la
espada: y entonces sabrán que hay un juez.
Segundo discurso de Sofar: la justa retribución de
la maldad
20 1 Sofar de Naamá respondió, diciendo:
2 Mis pensamientos me obligan a
replicar, porque no puedo dominar mi excitación.
3 Tengo que oír reproches injuriosos,
pero mi inteligencia me inspira una respuesta.
4 ¿No sabes acaso que desde siempre,
desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,
5 el júbilo de los malvados acaba
pronto y la alegría del impío dura sólo un instante?
6 Aunque su altura se eleve hasta el
cielo y llegue a tocar las nubes con la cabeza,
7 él perece para siempre, como sus
excrementos, y sus conocidos preguntan: "¿Dónde
está?".
8 Huye como un sueño, y nadie lo
encuentra, desechado como una visión nocturna.
9 El ojo que lo miraba no lo ve más,
el lugar que ocupaba lo pierde de vista.
10 Sus hijos indemnizan a los que él
empobreció y sus propias manos restituyen las riquezas.
11 El vigor juvenil que llenaba sus
huesos yace con él en el polvo.
12 El mal era dulce a su boca y él lo
disimulaba bajo su lengua;
13 lo saboreaba y no lo soltaba, lo
retenía en medio de su paladar;
14 pero su comida se corrompe en las
entrañas, es un veneno de víboras dentro de él.
15 Tiene que vomitar las riquezas que
tragó, Dios se las arranca de su vientre.
16 ¡Él mamaba veneno de serpientes y
lo mata la lengua de la víbora!
17 Ya no ve más los arroyos de aceite
ni los torrentes de miel y leche cuajada.
18 Devuelve las ganancias sin
tragarlas, y no disfruta de lo que lucró con sus
negocios,
19 porque oprimió y dejó sin amparo a
los pobres, y usurpó casas que no había edificado.
20 Su voracidad no conocía descanso y
nada escapaba a sus deseos;
21 nadie se libraba de su avidez, por
eso no dura su prosperidad.
22 En el colmo de la abundancia, lo
asalta la angustia, le sobrevienen toda clase de
desgracias.
23 Mientras él llena su vientre, Dios
descarga el ardor de su ira y hace llover el fuego de su
enojo sobre él.
24 Si escapa del arma de hierro, lo
traspasa el arco de bronce:
25 la flecha le sale por la espalda, y
la punta fulgurante por el hígado.
Lo invaden los terrores,
26 todas las tinieblas están
reservadas para él,
lo consume un fuego que nadie atiza y
que devora lo que aún queda de su carpa.
27 Los cielos revelan su iniquidad y la
tierra se levanta contra él.
28 Un diluvio se lleva su casa, una
correntada, en el día de la ira.
29 Esta es la porción que Dios asigna
al malvado, la herencia que le tiene destinada.
Respuesta de Job: ¿dónde está la justicia de
Dios?
21 1 Job respondió, diciendo:
2 ¡Oigan, oigan bien mis palabras,
concédanme al menos este consuelo!
3 Tengan paciencia mientras hablo yo, y
una vez que haya hablado, se podrán burlar.
4 ¿Acaso yo me quejo de un hombre o no
tengo motivo para estar indignado?
5 Vuélvanse a mí, y quedarán
consternados, se pondrán la mano sobre la boca.
6 Cuando me acuerdo, yo mismo me
horrorizo y todo mi cuerpo se estremece.
7 ¿Cómo es posible que vivan los
malvados, y que aun siendo viejos, se acreciente su
fuerza?
8 Su descendencia se afianza ante
ellos, sus vástagos crecen delante de sus ojos.
9 Sus casas están en paz, libres de
temor, y no los alcanza la vara de Dios.
10 Su toro fecunda sin fallar nunca, su
vaca tiene cría sin abortar jamás.
11 Hacen correr a sus niños como
ovejas, sus hijos pequeños saltan de alegría.
12 Entonan canciones con el tambor y la
cítara y se divierten al son de la flauta.
13 Acaban felizmente sus días y
descienden en paz al Abismo.
14 Y ellos decían a Dios:
"¡Apártate de nosotros, no nos importa conocer tus
caminos!
15 ¿Qué es el Todopoderoso para que
lo sirvamos y qué ganamos con suplicarle?".
16 ¿No tienen la felicidad en sus
manos? ¿No está lejos de Dios el designio de los
malvados?
17 ¿Cuántas veces se extingue su
lámpara y la ruina se abate sobre ellos?
¿Cuántas veces en su ira él les da
su merecido,
18 y ellos son como paja delante del
viento, como rastrojo que se lleva el huracán?
19 ¿Reservará Dios el castigo para
sus hijos? ¡Que lo castigue a él, y que él lo sienta!
20 ¡Que sus propios ojos vean su
fracaso, que beba el furor del Todopoderoso!
21 ¿Qué le importará de su casa
después de él, cuando se haya cortado el número de sus
meses?
22 Pero ¿puede enseñarse la
sabiduría a Dios, a él, que juzga a los seres más
elevados?
23 Uno muere en la plenitud de su
vigor, enteramente feliz y tranquilo,
24 con sus caderas repletas de grasa y
la médula de sus huesos bien jugosa.
25 Otro muere con el alma amargada, sin
haber gustado la felicidad.
26 Después, uno y otro yacen juntos en
el polvo y los recubren los gusanos.
27 ¡Sí, yo sé lo que ustedes
piensan, los razonamientos que alegan contra mí!
28 "¿Dónde está, dicen ustedes,
la casa del potentado y la carpa en que habitaban los
malvados?".
29 Pero ¿no han preguntado a los que
pasan por el camino? ¿No han advertido, por las señales
que dan,
30 que el impío es preservado en el
día de la ruina y es puesto a salvo en el día del furor?
31 ¿Quién le echa en cara su
conducta? ¿Quién le devuelve el mal que hizo?
32 Es llevado al cementerio, y una
lápida monta guardia sobre él.
33 Son dulces para él los terrones del
valle; todo el mundo desfila detrás de él, y ante él,
una multitud innumerable.
34 ¡Que inútil es el consuelo que me
ofrecen! Sus respuestas son puras falacias.
tercer ciclo de discursos
Tercer discurso de Elifaz: los sufrimientos de Job,
atribuidos a sus pecados
22 1 Elifaz de Temán replicó, diciendo:
2 ¿Puede un hombre ser útil a Dios?
Incluso el más capaz, ¿le es útil en algo?
3 ¿Le importa al Todopoderoso que tú
seas justo? ¿Obtiene una ganancia si tu conducta es
perfecta?
4 ¿Es por tu piedad que te reprueba y
entabla un juicio contigo?
5 ¿No es más bien por tu enorme
maldad y porque tus faltas no tienen límite?
6 Tú exigías sin motivo prendas a tus
hermanos y despojabas de su ropa a los desnudos.
7 No dabas de beber al extenuado y
negabas el pan al hambriento.
8 "¡El país pertenece al de
brazo fuerte; el privilegiado se instala en él!".
9 Despedías a las viudas con las manos
vacías y quebrabas los brazos de los huérfanos.
10 Por eso ahora estás rodeado de
lazos y te estremece un terror repentino.
11 Se oscureció la luz, y no ves; te
sumergen las aguas desbordadas.
12 ¿No está Dios en la cima del
cielo? ¡Mira qué alta es la bóveda estrellada!
13 Por eso dijiste: "¿Qué sabe
Dios? ¿Puede juzgar a través de los nubarrones?
14 Las nubes lo tapan, no puede ver;
él se pasea por los bordes del cielo".
15 ¿Quieres seguir por el camino
antiguo que recorrieron los hombres perversos?
16 Ellos fueron arrebatados antes de
tiempo, cuando un río inundó sus cimientos.
17 Decían a Dios: "¡Apártate de
nosotros! ¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?".
18 Y aunque él llenaba sus casas de
bienes, el designio de los malvados seguía lejos de él.
19 Los justos lo ven y se alegran, el
inocente se burla de ellos:
20 "¿No ha sido aniquilada su
fortuna y el fuego devoró hasta sus residuos?".
21 Llega a un acuerdo con Dios,
reconcíliate, y así alcanzarás la felicidad.
22 Recibe la instrucción de sus labios
y guarda sus palabras en tu corazón.
23 Si vuelves al Todopoderoso con
humildad y alejas de tu carpa la injusticia;
24 si arrojas el oro en el polvo y el
oro de Ofir entre las piedras del torrente,
25 entonces el Todopoderoso será tu
oro, él será un montón de plata para ti.
26 En el Todopoderoso estará tu
deleite y levantarás tu rostro hacia Dios.
27 Tú le suplicarás y él te
escuchará, y podrás cumplir tus votos.
28 Si te propones algo, te saldrá
bien, y sobre tus senderos brillará la luz.
29 Porque él humilla la altivez del
soberbio pero salva al que baja los ojos.
30 Él libra al hombre inocente, y tú
te librarás por la pureza de tus manos.
Respuesta de Job: el silencio de Dios y el triunfo
del mal
23 1 Job respondió diciendo:
2 También hoy, mi queja es un
desafío, mientras gimo bajo el peso de su mano.
3 ¡Ah, si supiera cómo encontrarlo,
si pudiera llegar hasta su tribunal!
4 Yo expondría mi causa ante él y
llenaría mi boca de recriminaciones.
5 Sabría entonces cuál sería su
respuesta, y estaría atento a lo que él me dijera.
6 ¿Le haría falta mucha fuerza para
disputar conmigo? No, sólo bastaría que me prestara
atención.
7 Allí, un hombre recto discutiría
con él, y yo haría triunfar mi derecho para siempre.
8 Pero voy hacia adelante, y él no
está, hacia atrás, y no lo percibo;
9 lo busco a la izquierda, y no lo
diviso, vuelvo a la derecha, y no lo veo.
10 Sin embargo, él sabe en qué camino
estoy: si me prueba en el crisol, saldré puro como el
oro.
11 Mis pies han seguido sus pasos, me
mantuve en su camino y no me desvié.
12 No me aparté del mandamiento de sus
labios, guardé en mi pecho las palabras de su boca.
13 Pero él ya decidió: ¿quién lo
hará volver atrás? Lo que él desea, lo hace.
14 Él va a ejecutar mi sentencia, y
hay en él muchos designios semejantes.
15 Por eso, le tengo temor, reflexiono,
y tiemblo ante él.
16 Dios me ha quitado el ánimo, el
Todopoderoso me ha llenado de espanto:
17 porque no son las tinieblas las que
me aniquilan ni tampoco la oscuridad que cubre mi rostro.
24 1 ¿Por qué al Todopoderoso no
se le ocultan los tiempos, pero sus fieles no ven esos
días?
2 Los malvados remueven los mojones, se
apoderan del rebaño y del pastor.
3 Se llevan el asno de los huérfanos,
toman en prenda el buey de la viuda;
9 arrancan al huérfano del pecho
materno y toman en prenda al niño pequeño del pobre.
4 Desvían al indigente del camino, y
los pobres del país tienen que esconderse.
5 Como asnos salvajes en el desierto,
salen los pobres, buscando una presa;
y aunque ellos trabajan hasta la tarde,
no tienen pan para sus hijos.
6 Cosechan en el campo del impío,
vendimian la viña del malvado.
7 Pasan la noche desnudos, por falta de
ropa, sin un abrigo para taparse del frío.
8 Empapados por el aguacero de las
montañas, sin refugio, se acurrucan contra las rocas.
10 Andan desnudos, por falta de ropa,
cargan las gavillas, y están hambrientos.
11 Exprimen el aceite entre dos
máquinas de moler, pisotean el lagar, y están sedientos.
12 De la ciudad, salen los gemidos de
los moribundos, las gargantas de los heridos piden
auxilio, ¡pero Dios no escucha sus plegarias!
13 Hay otros que se rebelan contra la
luz: no reconocen sus caminos ni se detienen en sus
senderos.
14 El asesino se levanta antes del alba
para matar al pobre y al indigente.
El ladrón merodea por la noche,
16a en la oscuridad, perfora las casas.
15 El adúltero aguarda la penumbra,
pensando: "¡Ningún ojo me verá!", y se cubre
la cara con un velo.
16 (b) Ellos se encierran durante el
día, todos ellos ignoran la luz.
17 Porque, para ellos, la mañana es la
hora sombría, están habituados a los terrores de la
noche.
25 ¿Acaso no es así? ¿Quién me
puede desmentir o reducir a la nada mis palabras?
Tercer discurso de Bildad: himno a la grandeza de
Dios
25 1 Bildad de Súaj replicó, diciendo:
2 Su dominio es soberano y temible: él
hace reinar la paz en sus alturas.
3 ¿Se pueden contar sus legiones?
¿Sobre quién no se alza su luz?
4 ¿Cómo puede un hombre ser justo
ante Dios o ser puro un hijo de mujer?
5 Si hasta la luna no tiene brillo ni
las estrellas son puras a sus ojos,
6 ¡cuánto menos el hombre, ese
gusano, el hijo del hombre, que es sólo una lombriz!
26 5 Bajo la tierra se retuercen
las Sombras, las aguas y los que habitan en ellas.
6 El Abismo está desnudo ante él, y
nada cubre a la Perdición.
7 Él extiende el Norte sobre el
vacío, suspende la tierra sobre la nada.
8 Encierra el agua en sus densos
nubarrones, y las nubes no se rompen bajo su peso.
9 Oscurece la faz de la luna llena,
desplegando sus nubes sobre ella.
10 Trazó un círculo sobre la
superficie de las aguas, en el límite mismo de la luz y
las tinieblas.
11 Las columnas del cielo vacilan,
presas de terror por su amenaza.
12 Con su fuerza, reprimió al Mar, con
su inteligencia, quebrantó a Rahab.
13 Con su soplo, despejó los cielos,
su mano traspasó a la Serpiente huidiza.
14 ¡Y esto no es más que un vestigio
de su poder! ¡Qué eco tan débil percibimos de él!
¿Quién entenderá, entonces, su
poderío atronador?
Respuesta de Job: afirmación de su inocencia
1 Job replicó, diciendo:
2 ¡Qué bien has ayudado al débil y
socorrido al brazo sin fuerza!
3 ¡Qué bien has aconsejado al
ignorante y enseñado la prudencia al simple!
4 ¿A quién le has dirigido tus
palabras y quién inspiraba lo que salió de ti?
27 1 Job continuó pronunciando su poema, y
dijo:
2 ¡Por el Dios viviente, que me priva
de mi derecho, y por el Todopoderoso, que me llenó de
amargura:
3 mientras haya en mí un aliento de
vida y el soplo de Dios esté en mis narices,
4 mis labios no dirán nada falso ni mi
lengua pronunciará una mentira!
5 ¡Lejos de mí darles la razón a
ustedes: hasta que expire, no renunciaré a mi integridad!
6 Me aferré a mi justicia, y no la
soltaré:mi corazón no se avergüenza de ninguno de mis
días.
7 ¡Que mi enemigo tenga la suerte del
malvado, y mi adversario, la del hombre injusto!
8 Porque ¿qué puede esperar el
impío, aunque suplique, aunque eleve su alma a Dios?
9 ¿Acaso Dios escuchará su grito
cuando le sobrevenga la calamidad?
10 ¿Se deleita él en el Todopoderoso
e invoca a Dios en todo tiempo?
11 Yo los instruyo sobre la conducta de
Dios, no oculto las intenciones del Todopoderoso:
12 Si todos ustedes ya lo han
comprobado, ¿por qué se pierden en pensamientos vanos?
Tercer discurso de Sofar: insistencia en el justo
castigo de los malvados
13 Esta es la parte que Dios asigna al
malvado y la herencia que los violentos reciben del
Todopoderoso.
14 Si tienen muchos hijos, la espada los
espera, y sus vástagos no se saciarán de pan.
15 A los que sobrevivan, los sepultará
la Muerte, y sus viudas no llorarán.
16 Si él acumula plata como polvo y
amontona ropa fina como arcilla,
17 ¡que siga amontonando!: un justo se
vestirá con ella y un inocente heredará la plata.
18 Se edificó una casa como la araña,
como la choza que hace un guardián.
19 Se acuesta rico, pero es por última
vez: abre los ojos, y no queda nada.
20 En pleno día lo asaltan los terrores
y por la noche lo arrebata un torbellino.
21 El viento del este lo levanta y se lo
lleva, lo barre del lugar donde habita.
22 Se lo hostiga sin compasión y tiene
que huir de la mano que lo hiere.
23 La gente aplaude por su ruina y se lo
silba por todas partes.
24 18 Es algo frágil sobre la
superficie de las aguas, su posesión es maldecida en el
país y nadie toma el camino de sus viñedos.
19 La sequía y el calor consumen las
aguas de la nieve, y el Abismo arrebata a aquellos que
pecaron.
20 El seno que lo formó se olvida de
él, nadie más se acuerda de su nombre, y la injusticia es
quebrada como un árbol.
21 Él maltrataba a la estéril privada
de hijos y no hacía ningún bien a la viuda.
22 Pero aquel que con su fuerza sojuzga a
los tiranos, se levanta, y no le permite que cuente más con
su vida.
23 Él lo dejaba apoyarse con seguridad,
pero sus ojos vigilaban sus caminos.
24 Se encumbró por un instante, y ya no
existe, se dobla como una hierba amarga que se arranca y se
marchita como la cabeza de una espiga.
PARÉNTESIS: REFLEXIÓN SOBRE LA SABIDURÍA
Este elogio de la Sabiduría no tiene mucha
relación con los problemas abordados por Job y sus amigos.
Probablemente, el autor lo escribió como obra independiente, y luego
lo insertó aquí como una especie de paréntesis, para disminuir la
tensión provocada por el acalorado debate de los capítulos
precedentes. El tema fundamental del poema es la trascendencia de la
Sabiduría divina, que resulta impenetrable para la inteligencia
humana. El hombre explora el universo y va extrayendo, con ingenio y
tenacidad, sus tesoros ocultos. Pero la Sabiduría –el más preciado
de todos los tesoros– queda fuera de su alcance. Sólo Dios la posee
y conoce el camino que conduce hacia ella.
La Sabiduría, inaccesible a los hombres
28 1 Hay un sitio de donde se
extrae la plata y un lugar donde se refina el oro;
2 el hierro se saca del polvo y la piedra
fundida da el cobre.
3 El hombre disipa las tinieblas y
explora hasta el límite más extremo la roca lóbrega y
sombría.
4 Gente extranjera perfora galerías
ignoradas por el pie del caminante;
allí, lejos de los mortales, oscilan
suspendidos en el vacío.
5 La tierra, de donde sale el alimento,
se transforma en su interior como por el fuego.
6 Sus piedras son el lugar del zafiro y
contienen polvo de oro.
7 El ave de rapiña no conoce ese camino
y el ojo del buitre nunca lo vio.
8 No lo pisaron los animales feroces ni
el león anduvo por él.
9 El hombre extiende su mano al pedernal
y conmueve las montañas hasta su raíz.
10 Abre túneles en la roca y ve toda
clase de piedras preciosas.
11 Explora las fuentes de los ríos y
saca a luz tesoros escondidos.
12 Pero la Sabiduría, ¿de dónde sale?
¿Y cuál es el lugar de la Inteligencia?
13 El hombre no conoce su camino ni se la
encuentra en la tierra de los vivientes.
14 El Abismo dice: "No está en
mí", y el Mar: "No está conmigo".
15 No se puede dar oro fino a cambio de
ella ni se la compra a precio de plata.
16 No se la evalúa con oro de Ofir ni
con ónix precioso o zafiro.
17 No se le igualan ni el oro ni el
cristal, ni se la puede cambiar por vasos de oro.
18 Los corales y el cuarzo, ¡mejor ni
nombrarlos!, y adquirir la Sabiduría vale más que las
perlas.
19 El topacio de Cus no se le iguala, ni
se la puede evaluar con oro fino.
20 La Sabiduría, entonces, ¿de dónde
viene? ¿Y cuál es el lugar de la Inteligencia?
La Sabiduría, sólo accesible al Creador
21 Ella se oculta a los ojos de todos los
vivientes y se esconde de los pájaros del cielo.
22 La Perdición y la Muerte dicen:
"Sólo su fama llegó a nuestros oídos".
23 Dios es el que discierne sus caminos y
sólo él sabe donde está,
24 porque él mira hasta los confines de
la tierra y ve todo lo que hay bajo el cielo.
25 Cuando él daba consistencia al viento
y fijaba las medidas de las aguas;
26 cuando imponía una ley a la lluvia y
un camino al estampido de los truenos,
27 entonces, él la vio y la valoró, la
apreció y la escrutó hasta el fondo.
28 Y dijo al hombre:
"El temor de Dios es la Sabiduría,
y apartarse del mal, la Inteligencia".
CONCLUSIÓN DEL DIÁLOGO
El debate ha llegado a un punto muerto. Ninguno
de los contendientes ha cedido en nada, sino que se ha aferrado cada
vez más a su propia posición. En el largo monólogo que viene a
continuación, Job ya no responde a sus amigos. Él se deja llevar
por la nostalgia y evoca su antigua felicidad, contraponiéndola
amargamente a su miseria presente. Por último, y a falta de otras
pruebas, hace profesión bajo juramento de su inocencia y lanza a
Dios un último desafío. Job ha dicho su última palabra: ¡que el
Todopoderoso venga a responderle! (31. 35).
Pero detrás de todas estas protestas de humildad
y de virtud, se esconde un orgullo secreto. Job está demasiado
seguro de su justicia. Sólo cuando renuncie a su amor propio,
saldrá purificado de la prueba y encontrará la verdadera justicia.
Último discurso de Job: evocación de la felicidad
pasada
29 1 Job continuó pronunciando su poema, y
dijo:
2 ¡Si pudiera volver a los tiempos
pasados, a los días en que Dios cuidaba de mí,
3 cuando hacía brillar su lámpara
sobre mi cabeza y yo caminaba a su luz entre las
tinieblas!
4 ¡Si estuviera como en el otoño de
mi vida, cuando Dios protegía mi carpa,
5 cuando el Todopoderoso aún estaba
conmigo y me rodeaban mis hijos;
6 cuando mis pies se bañaban en leche
cuajada y la roca derramaba para mí arroyos de aceite!
7 Si yo salía a la puerta principal de
la ciudad y ocupaba mi puesto en la plaza,
8 los jóvenes se retiraban al verme,
los ancianos se levantaban y permanecían de pie.
9 Los príncipes retenían sus palabras
y se tapaban la boca con la mano;
10 a los jefes se les apagaba la voz,
se les pegaba la lengua al paladar.
21 Ellos me escuchaban con
expectación, callaban para oír mi consejo.
22 Después que yo hablaba, nadie
replicaba, mi palabra caía sobre ellos gota a gota.
23 Me esperaban como a la lluvia,
abrían su boca como a la lluvia de primavera.
24 Si les sonreía, les costaba creerlo
y no querían perderse la luz de mi rostro.
25 Yo les elegía el camino y me ponía
al frente; me instalaba como un rey con sus tropas y
adonde yo los llevaba, se dejaban guiar.
11 Sí, el que me oía me felicitaba y
el que me veía daba testimonio a mi favor.
12 Porque yo salvaba al pobre que
pedía auxilio y al huérfano privado de ayuda.
13 El desesperado me hacía llegar su
bendición, y yo alegraba el corazón de la viuda.
14 Me había revestido de justicia, y
ella me cubría, mi rectitud era como un manto y un
turbante.
15 Yo era ojos para el ciego y pies
para el lisiado,
16 era un padre para los indigentes y
examinaba a fondo el caso del desconocido.
17 Rompía las mandíbulas del injusto
y le hacía soltar la presa de sus dientes.
18 Entonces pensaba: "Moriré en
mi nido, multiplicaré mis días como el ave fénix.
19 Mi raíz se extenderá hacia el agua
y el rocío se posará en mi ramaje.
20 Mi gloria será siempre nueva en mí
y el arco rejuvenecerá en mi mano".
La miseria del momento presente
30 1 Pero ahora se ríe de mí
hasta la gente más joven que yo,
a cuyos padres yo no consideraba dignos
de juntarlos con los perros de mis rebaños.
2 ¿De qué me hubiera servido la fuerza
de sus manos? Ellos habían perdido todo su vigor:
3 agotados por la penuria y el hambre,
roían el suelo reseco, la tierra desierta y desolada.
4 Arrancaban malezas de los matorrales y
raíces de retama eran su alimento.
5 Se los expulsaba de en medio de los
hombres; se los echaba a gritos, como a un ladrón.
6 Habitaban en los barrancos de los
torrentes, en las grietas del suelo y los peñascos.
7 Rebuznaban entre los matorrales, se
apretujaban bajo los cardos.
8 ¡Gente envilecida, raza sin nombre,
echados a golpes del país!
9 ¡Y ahora, ellos me hacen burla con sus
cantos, soy el tema de sus dichos jocosos!
10 Abominan y se alejan de mí, no les
importa escupirme en la cara.
11 Porque Dios aflojó mi cuerda y me
humilló, ellos también pierden el freno ante mí.
12 A mi derecha se levanta una turba: se
abren camino hasta mí para arruinarme,
13 destruyen mi sendero para perderme:
atacan sin que nadie los detenga,
14 irrumpen como por una ancha brecha,
avanzan rodando como un torbellino.
15 Los terrores se han vuelto contra mí,
mi dignidad es arrastrada como por el viento, mi esperanza
de salvación ha pasado como una nube.
Amarga queja contra Dios
16 Y ahora mi vida se diluye en mi
interior, me han tocado días de aflicción.
17 De noche, siento taladrar mis huesos,
los que me roen no se dan descanso.
18 Él me toma de la ropa con gran
fuerza, me ciñe como el cuello de mi túnica.
19 Él me ha arrojado en el fango, y me
asemejo al polvo y la ceniza.
20 Clamo a ti, y no me respondes; me
presento, y no me haces caso.
21 Te has vuelto despiadado conmigo, me
atacas con todo el rigor de tu mano.
22 Me levantas y me haces cabalgar en el
viento, y me deshaces con la tempestad.
23 Sí, ya lo sé, me llevas a la muerte,
al lugar de reunión de todos los vivientes.
24 ¿Acaso no tendí mi mano al pobre
cuando en su desgracia me pedía auxilio?
25 ¿No lloré con el que vivía
duramente y mi corazón no se afligió por el pobre?
26 Yo esperaba lo bueno y llegó lo malo,
aguardaba la luz y llegó la oscuridad.
27 Me hierven las entrañas
incesantemente, me han sobrevenido días de aflicción.
28 Ando ensombrecido y sin consuelo, me
alzo en la asamblea y pido auxilio.
29 Me he convertido en hermano de los
chacales y en compañero de los avestruces.
30 Mi piel ennegrecida se me cae, mis
huesos arden por la fiebre.
31 Mi cítara sólo sirve para el duelo y
mi flauta para acompañar a los que lloran.
Declaración de la propia inocencia
31 1 Yo establecí un pacto con mis
ojos para no fijar la mirada en ninguna joven.
2 Porque ¿cuál es la porción que Dios
asigna desde lo alto y la herencia que el Todopoderoso
distribuye desde el cielo?
3 ¿No es la ruina para el injusto y el
desastre para los que hacen el mal?
4 ¿Acaso él no ve mis caminos y cuenta
todos mis pasos?
5 Si caminé al lado de la mentira y mis
pies corrieron hacia el engaño,
6 ¡que Dios me pese en una balanza justa
y reconocerá mi integridad!
7 Si mi paso se desvió del camino y mi
corazón fue detrás de lo que veían mis ojos;
si alguna mancha se adhirió a mis manos,
8 ¡que otro coma lo que yo siembro y mis
retoños sean arrancados de raíz!
9 Si me dejé seducir por alguna mujer o
aceché a la puerta de mi vecino,
10 ¡que mi mujer muela el grano para
otro y que otros abusen de ella!
11 Porque eso sí que es una infamia, un
delito reprobado por los jueces;
12 es un fuego que devora hasta la
Perdición y exterminará de raíz todas mis cosechas.
13 Si desestimé el derecho de mi esclavo
o el de mi servidora, cuando litigaban conmigo,
14 ¿qué haré cuando Dios se levante,
qué le replicaré cuando me pida cuenta?
15 El que me hizo a mí, ¿no lo hizo
también a él? ¿No es uno mismo el que nos formó en el
seno materno?
16 Si rehusé a los pobres lo que ellos
deseaban y dejé desfallecer los ojos de la viuda;
17 si comí yo solo mi pedazo de pan, sin
que el huérfano lo compartiera
18 –yo, que desde mi juventud lo crié
como un padre y lo guié desde el vientre de mi madre–
19 si vi a un miserable sin ropa o a un
indigente sin nada para cubrirse,
20 y no me bendijeron en lo íntimo de su
ser por haberse calentado con el vellón de mis corderos;
21 si alcé mi mano contra un huérfano,
porque yo contaba con una ayuda en la Puerta,
22 ¡que mi espalda se desprenda del
cuello y mi brazo sea arrancado de su juntura!
23 Porque el terror de Dios me
acarrearía la ruina y no podría resistir ante su majestad.
24 Si deposité mi confianza en el oro y
dije al oro fino: "Tú eres mi seguridad";
25 si me alegré de tener muchas riquezas
y de haber adquirido una enorme fortuna;
26 si a la vista del sol resplandeciente
y de la luna que pasaba radiante,
27 mi corazón se dejó seducir en
secreto y les envié besos con la mano:
28 ¡también eso sería un delito
reprobado por los jueces, porque yo habría renegado del
Dios de lo alto!
29 ¿Acaso me alegré del infortunio de
mi enemigo y me regocijé cuando le tocó una desgracia?
30 No, no dejé que mi boca pecara,
pidiendo su muerte con una imprecación.
31 ¿No decían los hombres de mi carpa:
"¿Hay alguien que no se sació con su carne?".
32 Ningún extranjero pasaba la noche
afuera, y yo abría mi puerta al caminante.
33 Si oculté mis transgresiones como un
hombre cualquiera, escondiendo mi culpa en mi pecho,
34 porque temía el murmullo de la gente
o me asustaba el desprecio de mis parientes, y me quedaba en
silencio, sin salir a la puerta...
38 Si mi tierra gritó venganza contra
mí y también sus surcos derramaron lágrimas;
39 si comí sus frutos sin pagar y
extorsioné a sus propietarios,
40 ¡que en lugar de trigo salgan
espinas, y en vez de cebada, ortigas punzantes!
35 ¡Ah, si alguien quisiera escucharme!
Aquí está mi firma: ¡que el Todopoderoso me responda!
En cuanto al documento que escriba mi
oponente, 36 yo lo llevaré sobre mis espaldas, y me lo
ceñiré como una corona.
37 Sí, le manifestaré cada uno de mis
pasos; como un príncipe, me acercaré hasta él.
40c Aquí terminan las palabras de Job.
ENTRADA EN ESCENA DE ELIHÚ
Los discursos de Elihú forman un conjunto
aparte, con su estilo y lenguaje propios. Este cuarto amigo, cuyo
nombre no se había mencionado en 2. 11, tuvo que permanecer callado
largo tiempo, por ser más joven que los otros tres. Con una
elocuencia ampulosa y no exenta de pedantería, él desautoriza a
Job y a sus interlocutores, e insiste en que el sufrimiento puede
ser un instrumento en las manos de Dios, para encaminar al hombre
hacia el bien y preservarlo de la arrogancia. Es probable que los
discursos de Elihú hayan sido añadidos a la obra original por un
autor posterior, con el fin de corregir las ideas de Job y de
reprender a sus amigos, que no fueron capaces de reducirlo a
silencio.
La reacción de Elihú
32 1 Estos tres hombres dejaron de responder a
Job, porque él estaba convencido de su justicia. 2 Entonces se
encendió la ira de Elihú, hijo de Baraquel, el buzita de la familia
de Ram. Su ira se encendió contra Job, porque él pretendía ser más
justo que Dios. 3 Y su ira se encendió también contra sus tres
amigos, porque no habían encontrado una respuesta, con lo cual
condenaban a Dios. 4 Mientras ellos hablaban con Job, Elihú se había
mantenido a la expectativa, porque ellos tenían más edad que él. 5
Pero al ver que estos tres hombres se habían quedado sin respuesta,
se llenó de indignación.
Primer discurso de Elihú: la pedagogía de Dios a
través del sufrimiento
6 Entonces Elihú, hijo de Baraquel, el buzita,
tomó la palabra y dijo:
Yo soy muy joven todavía y todos
ustedes son ancianos;
por eso me sentí intimidado, temeroso
de exponerles mi saber.
7 Yo pensaba: "Que hable la edad,
que los muchos años enseñen la sabiduría".
8 Pero es el espíritu que hay en el
hombre y el soplo del Todopoderoso, el que lo hace
inteligente:
9 no son los viejos los más sabios, ni
los ancianos comprenden lo que es recto.
10 Por eso les digo: "Escúchenme,
también yo expondré mi saber".
11 Yo esperaba que ustedes hablaran,
prestaba oído a sus razonamientos;
mientras trataban de expresarse, 12
fijaba mi atención en ustedes.
Pero no hay nadie que haya refutado a
Job, ninguno de ustedes respondió a sus palabras.
13 No digan, entonces: "Hemos
hallado la sabiduría; es Dios el que nos instruye, no un
hombre".
14 No voy a dirigir palabras como esas,
no voy a responder como lo hacen ustedes.
15 Han quedado consternados, no han
vuelto a responder; se han quedado sin palabras.
16 ¡Ya esperé bastante! Si ellos no
hablan, si se quedan allí y no responden más,
17 yo también recitaré mi
parte,también yo expondré mi saber.
18 Porque las palabras bullen dentro de
mí, el espíritu me impulsa en mi interior.
19 Mi pecho es como un vino que no
tiene salida y hace estallar los odres nuevos.
20 Quiero hablar para desahogarme,
abriré mis labios y responderé.
21 No tomaré partido por nadie, no
adularé a ningún hombre.
22 Porque yo no sé lo que es adular:
si lo hiciera, pronto me llevaría mi Creador.
33 1 ¡Vamos, Job, escucha mis
palabras, oye atentamente lo que voy a decir!
2 Ya ves que he abierto mi boca, mi
lengua ha comenzado a hablar.
3 Mi corazón desborda de palabras
sabias, mis labios dirán la pura verdad.
4 A mí me hizo el soplo de Dios, el
aliento del Todopoderoso me dio la vida.
5 Respóndeme, si eres capaz;
prepárate, y toma posición ante mí.
6 Para Dios, yo soy igual que tú, yo
también fui modelado de la arcilla.
7 Por eso, no te espantará el temor a
mí ni el peso de mi mano te abrumará.
8 Sí, tú has dicho a mis oídos –yo
escuché el sonido de tus palabras–:
9 "Soy puro, no cometí ninguna
falta; estoy limpio y libre de culpa;
10 sin embargo él encuentra pretextos
contra mí y me considera su enemigo.
11 Pone mis pies en el cepo y vigila
todos mis pasos".
12 Pero yo te respondo: En esto no
tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.
13 ¿Por qué pretendes litigar con él
como si no respondiera a ninguna de tus palabras?
14 En realidad, Dios habla una vez, y
luego otra, sin que se preste atención.
15 En un sueño, en una visión
nocturna, cuando un profundo sopor invade a los hombres y
ellos están dormidos en su lecho,
16 entonces, él se revela a los
mortales y los atemoriza con apariciones,
17 para apartar al hombre de sus malas
obras y extirpar el orgullo del mortal;
18 para preservar su alma de la Fosa y
su vida, del Canal subterráneo.
19 También lo corrige en su lecho por
el sufrimiento, cuando sus huesos tiemblan sin cesar:
20 el hombre siente náusea de la
comida y pierde el gusto por los manjares apetecibles;
21 su carne desaparece de las miradas y
se trasparentan sus huesos, que antes no se veían;
22 su alma se acerca a la Fosa y su
vida, a las aguas de la Muerte.
23 Si hay un ángel junto a él, un
intérprete, uno entre mil, para indicarle al hombre su
deber;
24 si él tiene compasión y dice:
"Líbralo de bajar a la Fosa, yo
he encontrado un rescate",
25 entonces su carne recupera la
frescura juvenil y él vuelve a los días de su
adolescencia;
26 invoca a Dios, que se le muestra
propicio, contempla su rostro con gritos de alegría,
anuncia a los demás su salvación,
27 y entona, entre los hombres, este
canto:
"Yo había pecado y tergiversado
el derecho, pero él no me trató como correspondía;
28 ¡libró mi alma de pasar por la
Fosa y mi vida contempla la luz!".
29 Todo esto es lo que hace Dios, dos y
tres veces, en favor del hombre,
30 para hacer volver su vida de la Fosa
e iluminarlo con la luz de los vivientes.
31 Atiende, Job, escúchame; cállate,
y yo hablaré.
32 Si tienes algo que decir,
replícame, habla, porque yo quisiera darte la razón.
33 De lo contrario, escúchame;
cállate, y te enseñaré la sabiduría.
Segundo discurso de Elihú: defensa de la justicia
de Dios
34 1 Elihú tomó la palabra y dijo:
2 ¡Escuchen, sabios, mis palabras, y
ustedes, los expertos, préstenme atención!
3 Porque el oído discierne las
palabras como el paladar gusta los alimentos.
4 Decidamos entre nosotros lo que es
recto, reconozcamos todos juntos lo que es bueno.
5 Porque Job declara: "Yo tengo
razón, pero Dios me privó de mi derecho.
6 Él miente en lo que concierne a mi
caso; mi llaga es incurable, aunque no cometí ninguna
falta".
7 ¿Hay alguien como Job, que bebe los
sarcasmos como agua,
8 que va en compañía de los
malhechores y camina con los hombres perversos?
9 Porque él dice: "Al hombre no
le sirve de nada tratar de obtener el favor de Dios".
10 Por eso, escúchenme, hombres
sensatos: ¡lejos de Dios la maldad, y del Todopoderoso,
la injusticia!
11 Porque él retribuye al hombre
según sus obras y trata a cada uno conforme a su
conducta.
12 ¡No, no es cierto que Dios hace el
mal y que el Todopoderoso tergiversa el derecho!
13 ¿Quién le ha encomendado la tierra
y quién lo encargó del mundo entero?
14 Si él retirara su espíritu y
recogiera su aliento de vida,
15 todos los vivientes expirarían a la
vez y los hombres volverían al polvo.
16 Si tienes inteligencia, escucha
esto, presta atención al sonido de mis palabras.
17 ¿Sabría gobernar alguien que odia
el derecho? ¿Vas a condenar al Justo, al Poderoso?
18 ¡A él, que llama
"¡Inútil!" a un rey y "¡Malvados!"
a los dignatarios,
19 que no toma partido por los
príncipes ni favorece al rico en perjuicio del pobre,
porque todos son obra de sus manos!
20 Ellos mueren en un instante, en
plena noche; él hiere a los nobles, y desaparecen, depone
al hombre fuerte sin la ayuda de nadie.
21 Porque sus ojos miran los caminos
del hombre y él observa todos sus pasos:
22 no hay tinieblas ni oscuridad donde
puedan ocultarse los que hacen el mal.
23 Porque él no fija al hombre una
fecha para presentarse a juicio ante Dios:
24 él quebranta a los grandes sin
previo examen y pone a otros en lugar de ellos.
25 Así, porque él conoce todas sus
acciones, los derriba en una noche, y quedan aplastados.
26 Los abofetea como a malhechores en
un lugar que está a la vista de todos,
27 porque se negaron a seguirlo y no
comprendieron todos sus caminos,
28 haciendo que llegara hasta él el
grito del pobre y que él escuchara el clamor de los
oprimidos.
29 Si él se queda inmóvil, ¿quién
lo sacudirá? Si cubre su rostro, ¿quién lo verá?
Él vigila, sin embargo, a naciones e
individuos
30 para que no reine ningún hombre
impío, uno de esos que son una trampa para el pueblo.
31 Tú solo tienes que decir a Dios:
"Yo fui seducido, no volveré a hacer el mal;
32 instrúyeme, hasta que pueda ver. Si
cometí una injusticia, no voy a reincidir".
33 ¿Acaso él retribuirá según tu
parecer, siendo así que tú has despreciado su
instrucción?
Ya que eres tú el que decide, no yo,
dile todo lo que sepas.
34 Los hombres sensatos me dirán y
también todo sabio que me escuche:
35 "Job no sabe lo que dice y sus
palabras carecen de sentido".
36 Que Job sea examinado hasta el final
por haber respondido como un hombre perverso.
37 Porque él, a su pecado, añade la
rebeldía, aplaude en medio de nosotros y multiplica sus
palabras contra Dios.
Tercer discurso de Elihú: la necesidad de recurrir
a Dios con humildad
35 1 Elihú tomó la palabra y dijo:
2 ¿Piensas que estás en tu derecho,
al decir: "Soy más justo que Dios"?
3 Porque tú dices: "¿De qué me
sirve, qué gano yo con no pecar?".
4 Pero yo te daré una respuesta, a ti
y a tus amigos contigo.
5 Mira hacia el cielo y contempla,
observa las nubes: ¡son más altas que tú!
6 Si pecas, ¿qué daño le causas? Con
tus muchas rebeldías, ¿qué le puedes hacer?
7 Si eres justo, ¿qué le das o qué
recibe él de tu mano?
8 ¡A un hombre como tú afecta tu
maldad, y tu justicia, a un simple mortal!
9 Se grita bajo el peso de la
opresión, se pide auxilio contra el brazo de los
poderosos.
10 Pero nadie dice: "¿Dónde
está Dios, mi Creador, el que hace resonar cantos en la
noche,
11 el que nos instruye más que a las
bestias de la tierra y nos hace más sabios que a los
pájaros del cielo?".
12 Entonces, por más que griten, él
no responde, a causa del orgullo de los malvados.
13 ¡No, Dios no escucha las cosas
vanas, el Todopoderoso no se da por aludido!
14 Menos aún cuando tú dices que no
lo ves, que hay un juicio pendiente ante él, y que tú lo
esperas.
15 Y ahora, porque su enojo no castiga
y él no tiene muy en cuenta las rebeldías,
16 Job ha abierto su boca en vano, y es
por ignorancia que se excede en el hablar.
Cuarto discurso de Elihú: la justicia y la
grandeza de Dios
36 1 Elihú tomó la palabra y dijo:
2 Sopórtame un poco, y yo te
instruiré: aún queda algo por decir en defensa de Dios.
3 Traeré de lejos mi saber para
justificar a mi Creador.
4 No, mis palabras no mienten: es un
maestro consumado el que está junto a ti.
5 Dios es grande y no se retracta, él
es grande por la firmeza de sus decisiones.
6 Él no deja vivir al malvado y hace
justicia a los oprimidos.
7 No retira sus ojos de los justos, los
sienta en el trono con los reyes y los exalta para
siempre.
8 Si a veces están atados con cadenas,
o prisioneros en los lazos de la opresión,
9 es para denunciarles sus acciones y
las rebeldías que cometieron en su arrogancia.
10 Él les abre el oído para que se
corrijan y los exhorta a convertirse de la maldad.
11 Si ellos escuchan y se someten,
acaban sus días prósperamente y sus años en medio de
delicias;
12 pero si no escuchan, atraviesan el
Canal y perecen a causa de su ignorancia.
13 Los de corazón impío, que acumulan
rencor y no piden auxilio cuando él los encadena,
14 mueren en plena juventud, como se
consumen los de vida licenciosa.
15 Con la opresión, él salva al
oprimido y le abre el oído por medio de la aflicción.
16 También a ti te invita a pasar de
la angustia a un lugar espacioso y sin estrechez, donde tu
mesa, bien servida, estará llena de manjares.
17 Pero si tu medida está colmada para
el juicio condenatorio, el juicio y la sentencia te
arrastrarán.
18 Que el furor no te incite a la
rebeldía ni te extravíe la magnitud de la expiación.
19 ¿Acaso en el peligro valdrán ante
Dios tus riquezas y todos los alardes de la fuerza?
20 No suspires por aquella noche en que
los pueblos serán arrancados de su sitio.
21 ¡Cuídate de volverte hacia la
maldad, ya que por eso fuiste probado con la desgracia!
22 Sí, Dios es sublime por su fuerza:
¿quién instruye como él?
23 ¿Quién inspecciona su conducta?
¿Quién puede decirle: "Has obrado mal"?
24 Acuérdate más bien de exaltar su
obra, que otros hombres celebran con sus cantos.
25 Todo el mundo la contempla, el
hombre la percibe desde lejos.
26 Sí, Dios es tan grande que no
podemos comprenderlo, el número de sus años es
insondable.
27 Él atrae hacia lo alto las gotas de
agua y destila la lluvia que alimenta las vertientes:
28 la lluvia que derraman las nubesy
que cae a raudales sobre el suelo.
31 Así él sustenta a los pueblos y
les da alimento en abundancia.
29 ¿Quién comprenderá el
desplazamiento de las nubes y el fragor que sale de su
morada?
30 Él extiende su luz a su alrededor y
sumerge las profundidades del océano.
32 Cubre de rayos la palma de sus manos
y le señala un blanco seguro.
33 Su trueno anuncia su llegada, y en
su ira, él crea la tempestad.
37 1 También por eso tiembla mi
corazón y se me salta fuera del pecho.
2 ¡Escuchen el estampido de su voz y
el estruendo que sale de su boca!
3 Él lanza su rayo bajo los cielos y
hasta los confines de la tierra llega su fulgor.
4 Detrás de él, ruge una voz: hace
tronar su voz majestuosa
y no retiene los relámpagos mientras
se deja oír su voz.
5 Dios nos hace contemplar maravillas,
realiza grandes cosas, que no llegamos a entender.
6 Cuando dice a la nieve: "Cae
sobre la tierra", y a los aguaceros: "Lluevan
con fuerza",
7 él suspende la actividad de los
hombres, para que todos reconozcan su obra;
8 las fieras se meten en sus guaridas y
se refugian en sus madrigueras.
9 De la constelación austral irrumpe
la tormenta, y el frío, de los vientos del norte.
10 Al soplo de Dios se forma el hielo y
se congela la extensión de las aguas.
11 Él carga la nube de humedad, y el
nubarrón expande su relámpago,
12 que gira en derredor, conforme a sus
planes, para ejecutar cada uno de sus mandatos por toda la
superficie de la tierra:
13 sea que cumpla su voluntad para un
castigo o para dispensar sus beneficios.
14 Presta atención a esto, Job,
detente y considera las maravillas de Dios.
15 ¿Sabes acaso cómo Dios las dirige
y cómo su nube hace brillar el rayo?
16 ¿Sabes cómo se balancean las
nubes, maravillas de un maestro en sabiduría?
17 Tú, que no soportas el ardor de tu
ropa, cuando la tierra está en calma bajo el viento del
sur,
18 ¿puedes extender con él la bóveda
del cielo, sólida como un espejo de metal fundido?
19 Enséñanos qué debemos decirle: no
discutiremos más, a causa de la oscuridad.
20 Si yo hablo, ¿alguien se lo cuenta?
¿Hay que informarlo de lo que dice un hombre?
21 Hasta ahora no se veía la luz:
estaba oscurecida por las nubes; pero pasó un viento y
las disipó.
22 ¡Un áureo resplandor viene del
norte; una terrible majestad reina en torno de Dios!
23 ¡Es el Todopoderoso, y no lo
podemos alcanzar!
Él es sublime por su fuerza y su
equidad, grande por su justicia y no oprime a nadie.
24 Por eso lo temen los hombres, y él
no tiene en cuenta ni siquiera a los sabios.
LA INTERVENCIÓN DE DIOS
Job no había cesado de proclamar su inocencia y
de afirmar una y otra vez que sus males desmentían la justicia de
Dios. Por eso le había pedido una confrontación cara a cara, para
que Dios justificara ante él su manera de proceder. Ahora el Señor
responde al desafío del rebelde y lo invita a afrontar un último
combate. Pero su respuesta consiste principalmente en una serie
abrumadora de preguntas, que remiten al hombre a la sabiduría con
que Dios ha creado y gobierna el universo. Él puso en la naturaleza
mil maravillas cuyos secretos el hombre ignora. ¿Cómo puede,
entonces, extrañarse Job de ignorar la razón de sus padecimientos
y el secreto último de su propia existencia?
Al vislumbrar el misterio de Dios, Job toma
conciencia de su error. Aunque él no cometió ninguna de las faltas
que le imputaban sus amigos, sin embargo tiene un pecado mucho más
grave: el del hombre justo que pretende hacer valer sus derechos
delante de Dios. Su problema no ha quedado resuelto, pero él ha
comprendido que Dios no tiene por qué rendir cuentas y que su
Sabiduría da sentido incluso al sufrimiento y a la muerte. Por eso
renuncia a medir a Dios con criterios humanos y se entrega
confiadamente a él. "Yo te conocía sólo de oídas, pero
ahora te han visto mis ojos" (42. 5).
primer discurso del señor
Interpelación inicial
38 1 El Señor respondió a Job desde la
tempestad, diciendo:
2 ¿Quién es ese que oscurece mi
designio con palabras desprovistas de sentido?
3 ¡Ajústate el cinturón como un
guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás!
El señorío de Dios sobre la tierra y el mar
4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la
tierra?Indícalo, si eres capaz de entender.
5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabes
acaso? ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir?
6 ¿Sobre qué fueron hundidos sus
pilares o quién asentó su piedra angular,
7 mientras los astros de la mañana
cantaban a coro y aclamaban todos los hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró con dos puertas al
mar, cuando él salía a borbotones del seno materno,
9 cuando le puse una nube por vestido y
por pañales, densos nubarrones?
10 Yo tracé un límite alrededor de él,
le puse cerrojos y puertas,
11 y le dije: "Llegarás hasta aquí
y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus
olas".
12 ¿Has mandado una vez en tu vida a la
mañana, le has indicado su puesto a la aurora,
13 para que tome a la tierra por los
bordes y sean sacudidos de ella los malvados?
14 Ella adquiere forma como la arcilla
bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido:
15 entonces, a los malvados se los priva
de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba.
16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del
mar y has caminado por el fondo del océano?
17 ¿Se te han abierto las Puertas de la
Muerte y has visto las Puertas de la Sombra?
18 ¿Abarcas con tu inteligencia la
extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo
esto.
El señorío de Dios sobre los fenómenos
meteorológicos
19 ¿Por dónde se va adonde habita la
luz y dónde está la morada de las tinieblas,
20 para que puedas guiarla hasta su
dominio y mostrarle el camino de su casa?
21 ¡Seguro que lo sabes, porque ya
habías nacido y es muy grande el número de tus días!
22 ¿Has penetrado hasta los depósitos
de la nieve y has visto las reservas del granizo,
23 que yo guardo para los tiempos de
angustia, para los días de guerra y de combate?
24 ¿Por qué camino se expande la luz y
el viento del este se propaga sobre la tierra?
25 ¿Quién ha abierto un cauce al
aguacero y un camino al estampido de los truenos,
26 para hacer llover sobre una tierra
despoblada, sobre un desierto donde ningún hombre habita,
27 para regar los páramos desolados y
hacer brotar una hierba en la estepa?
28 ¿Acaso la lluvia tiene un padre, y
quién ha engendrado las gotas del rocío?
29 ¿Del vientre de quién sale el hielo,
y quién da a luz la escarcha del cielo,
30 cuando las aguas se endurecen como
piedra y se congela la superficie del océano?
31 ¿Anudas tú los lazos de las
Pléyades o desatas las cuerdas del Orión?
32 ¿Haces salir las Híadas a su tiempo
y guías a la Osa y sus cachorros?
33 ¿Conoces las leyes de los cielos?
¿Regulas su dominio sobre la tierra?
34 ¿Puedes alzar tu voz hasta las nubes
para que te cubra una masa de agua?
35 ¿Parten los relámpagos cuanto tú
los envías y ellos te dicen: "Aquí estamos"?
36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría
o quién dio al gallo la inteligencia?
37 ¿Quién cuenta las nubes sabiamente y
quién inclina los odres del cielo,
38 cuando el polvo se funde en una masa y
los terrones se pegan entre sí?
El señorío de Dios sobre los animales
39 ¿Cazas tú la presa para la leona y
aplacas el hambre de sus cachorros,
40 cuando se agazapan en sus guaridas y
están al acecho en la espesura?
41 ¿Quién prepara las provisiones para
el cuervo, cuando sus pichones claman a Dios y andan
errantes por falta de alimento?
39 1 ¿Sabes tú cómo dan a luz las
cabras monteses? ¿Observas el parto de las ciervas?
2 ¿Cuentas los meses de su gravidez y
conoces el tiempo de su alumbramiento?
3 Ellas se agachan, echan sus crías y
depositan sus camadas.
4 Sus crías se hacen robustas y crecen,
se van al campo y no vuelven más.
5 ¿Quién dejó en libertad al asno
salvaje y soltó las ataduras del onagro?
6 Yo le di la estepa como casa y como
morada, la tierra salitrosa.
7 Él se ríe del tumulto de la ciudad,
no oye vociferar al arriero.
8 Explora las montañas en busca de
pasto, va detrás de cada brizna verde.
9 ¿Aceptará servirte el toro salvaje y
pasará la noche junto a tu establo?
10 ¿Lo mantendrás sobre el surco con
una rienda y trillará los valles detrás de ti?
11 ¿Contarías con él porque tiene
mucha fuerza o podrías encomendarle tus trabajos?
12 ¿Confías acaso que él volverá para
reunir los granos en tu era?
13 El avestruz bate sus alas alegremente,
pero no tiene el plumaje de la cigüeña.
14 Cuando abandona sus huevos en la
tierra y deja que se calienten sobre el polvo,
15 olvida que un pie los puede pisar y
que una fiera puede aplastarlos.
16 Es cruel con sus crías, como si no
fueran suyas, y no teme que sea vana su labor,
17 porque Dios le negó la sabiduría y
no le concedió la inteligencia.
18 Pero apenas se levanta y toma impulso,
se ríe del caballo y de su jinete.
19 ¿Le das tú la fuerza al caballo y
revistes su cuello de crines?
20 ¿Lo haces saltar como una langosta?
¡Es terrible su relincho altanero!
21 Él piafa de contento en la llanura,
se lanza con brío al encuentro de las armas:
22 se ríe del miedo y no se asusta de
nada, no retrocede delante de la espada.
23 Por encima de él resuena la aljaba,
la lanza fulgurante y la jabalina.
24 Rugiendo de impaciencia, devora la
distancia, no se contiene cuando suena la trompeta.
25 Relincha a cada toque de trompeta,
desde lejos olfatea la batalla, las voces de mando y los
gritos de guerra.
26 ¿Es por tu inteligencia que se cubre
de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?
27 ¿Por una orden tuya levanta vuelo el
águila y pone su nido en las alturas?
28 La roca es su morada de día y de
noche, la peña escarpada es su fortaleza.
29 Desde allí está al acecho de su
presa y sus ojos miran a lo lejos.
30 Sus pichones se hartan de sangre;
donde hay cadáveres, allí está ella.
El desafío del Señor y la respuesta de Job
40 1 El Señor se dirigió a Job, y le dijo:
2 ¿Va a ceder el que discute con el
Todopoderoso? ¿Va a replicar el que reprueba a Dios?
3 Y Job respondió al Señor:
4 ¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo
responderte? Me taparé la boca con la mano.
5 Hablé una vez, y no lo voy a
repetir; una segunda vez, y ya no insistiré.
SEGUNDO discurso del señor
Interpelación inicial del Señor
6 El Señor respondió a Job desde la tempestad,
diciendo:
7 ¡Ajústate el cinturón como un
guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás!
8 ¿Quieres realmente anular mi
sentencia, y condenarme a mí, para justificarte?
9 ¿Tienes acaso un brazo como el de
Dios y truena tu voz como la de él?
10 ¡Adórnate entonces de
magnificencia y altivez, revístete de esplendor y
majestad!
11 Da libre curso a los desbordes de tu
ira y humilla al orgulloso con tu sola mirada.
12 Con una mirada, doblega al
arrogante, aplasta a los malvados allí donde están.
13 ¡Húndelos a todos juntos en el
polvo, enciérralos en la prisión subterránea!
14 Entonces, yo mismo te alabaré por
la victoria obtenida con tu mano.
Behemot, el hipopótamo
15 Mira ante ti a Behemot: él se
alimenta de pasto como un buey.
16 ¡Cuánta fuerza hay en sus riñones,
qué vigor en los músculos de su vientre!
17 Endereza su cola como un cedro, los
nervios de sus muslos están bien entrelazados.
18 Sus huesos son tubos de bronce: sus
miembros, como barras de hierro.
19 Es la primera de las obras de Dios,
que lo convirtió en el adalid de sus compañeros,
20 porque las montañas le aportan un
tributo, y también las fieras que retozan en ellas.
21 Él se recuesta bajo los lotos, en lo
oculto de los cañaverales y pantanos.
22 Los lotos lo cubren con su sombra, los
sauces del torrente lo rodean.
23 Si el río se enfurece, no se
perturba; está sereno, aunque un Jordán le llegue a la
garganta.
24 ¿Quién podrá tomarlo por los ojos o
taladrar su nariz con un punzón?
Leviatán, el cocodrilo
25 Y a Leviatán ¿podrás pescarlo con
un anzuelo y sujetar su lengua con una cuerda?
26 ¿Le meterás un junco en las narices
o perforarás con un garfio sus mandíbulas?
27 ¿Acaso te hará largas súplicas o te
dirigirá palabras tiernas?
28 ¿Hará un pacto contigo y lo tomarás
como esclavo para siempre?
29 ¿Jugarás con él como con un pájaro
y lo atarás para entretenimiento de tus hijas?
30 ¿Traficarán con él los pescadores y
se lo disputarán los comerciantes?
31 ¿Acribillarás con dardos su piel y
su cabeza a golpes de arpón?
32 Prueba a ponerle la mano encima:
piensa en el combate y desistirás.
41 1 Tu esperanza se vería
defraudada: con sólo mirarlo quedarías aterrado.
2 ¿No es demasiado feroz para excitarlo?
¿Quién podría resistir ante él?
3 ¿Quién lo enfrentó, y quedó sano y
salvo? ¡Nadie debajo de los cielos!
4 No dejaré de mencionar sus miembros,
hablaré de su fuerza incomparable.
5 ¿Quién rasgó el exterior de su manto
o atravesó su doble coraza?
6 ¿Quién forzó las puertas de sus
fauces? ¡En torno de sus colmillos reina el terror!
7 Su dorso es una hilera de escudos,
trabados por un sello de piedra.
8 Se aprietan unos contra otros, ni una
brisa pasa en medio de ellos.
9 Están adheridos entre sí, forman un
bloque y no se separan.
10 Su estornudo arroja rayos de luz, sus
ojos brillan como los destellos de la aurora.
11 De sus fauces brotan antorchas,
chispas de fuego escapan de ellas.
12 Sale humo de sus narices como de una
olla que hierve sobre el fuego.
13 Su aliento enciende los carbones, una
llamarada sale de su boca.
14 En su cerviz reside la fuerza y cunde
el pánico delante de él.
15 Sus carnes son macizas: están pegadas
a él y no se mueven.
16 Su corazón es duro como una roca,
resistente como una piedra de molino.
17 Cuando se yergue, tiemblan las olas,
se retira el oleaje del mar.
18 La espada lo toca, pero no se clava,
ni tampoco la lanza, el dardo o la jabalina.
19 El hierro es como paja para él, y el
bronce, como madera podrida.
20 Las flechas no lo hacen huir, las
piedras de la honda se convierten en estopa.
21 La maza le parece una brizna de hierba
y se ríe del estruendo del sable.
22 Tiene por debajo tejas puntiagudas, se
arrastra como un rastrillo sobre el barro.
23 Hace hervir las aguas profundas como
una olla, convierte el mar en un pebetero.
24 Deja detrás de él una estela
luminosa: el océano parece cubierto de una cabellera
blanca.
25 No hay en la tierra nadie igual a él,
ha sido hecho para no temer nada.
26 Mira de frente a los más encumbrados,
es el rey de las bestias más feroces.
Última respuesta de Job
42 1 Job respondió al Señor, diciendo:
2 Yo sé que tú lo puedes todo y que
ningún proyecto es irrealizable para ti.
3 Sí, yo hablaba sin entender, de
maravillas que me sobrepasan y que ignoro.
4 "Escucha, déjame hablar; yo te
interrogaré y tú me instruirás".
5 Yo te conocía sólo de oídas, pero
ahora te han visto mis ojos.
6 Por eso me retracto, y me arrepiento
en el polvo y la ceniza.
EPÍLOGO
Esta conclusión en prosa retoma el relato
popular que había quedado interrumpido al comienzo del Libro y
describe la suerte final de su principal personaje. Dios recompensa
a Job con toda clase de bienes y le devuelve la felicidad perdida,
mientras que sus amigos son objeto de un severo reproche. Así,
parece confirmarse la doctrina tradicional sobre la retribución
terrena, tan cuestionada a lo largo del Libro. Quizá se trate de
una concesión hecha por el autor a la mentalidad corriente de su
época, con el fin de que su obra gozara de mayor aceptación. De
todas maneras, este epílogo pone de relieve, con las imágenes
propias del Antiguo Testamento, que en último término Dios nunca
abandona a los que confían en él.
El reproche del Señor a los amigos de Job
7 Después de haber dirigido estas palabras a Job,
el Señor dijo a Elifaz de Temán: "Mi ira se ha encendido contra
ti y contra tus dos amigos, porque no han dicho la verdad acerca de
mí, como mi servidor Job". 8 Ahora consíganse siete toros y
siete carneros, y vayan a ver a mi servidor Job. Ofrecerán un
holocausto por ustedes mismos, y mi servidor Job intercederá por
ustedes. Y yo, en atención a él, no les infligiré ningún castigo
humillante, por no haber dicho la verdad acerca de mí, como mi
servidor Job. 9 Entonces Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de
Naamá fueron a hacer lo que les había dicho el Señor, y el Señor
tuvo consideración con Job.
La reivindicación de Job
10 Después, el Señor cambió la suerte de Job,
porque él había intercedido en favor de sus amigos, y duplicó todo
lo que Job tenía. 11 Todos sus hermanos y sus hermanas, lo mismo que
sus antiguos conocidos, fueron a verlo y celebraron con él un
banquete en su casa. Se compadecieron y lo consolaron por toda la
desgracia que le había enviado el Señor. Y cada uno de ellos le
regaló una moneda de plata y un anillo de oro.
12 El Señor bendijo los últimos años de Job
mucho más que los primeros. El llegó a poseer catorce mil ovejas,
seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. 13 Tuvo además
siete hijos y tres hijas. 14 A la primera la llamó
"Paloma", a la segunda "Canela", y a la tercera
"Sombra para los párpados". 15 En todo el país no había
mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una
parte de herencia entre sus hermanos.
16 Después de esto, Job vivió todavía ciento
cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la
cuarta generación. 17 Job murió muy anciano y colmado de días.
1 1. El "país de Us" se
encontraba probablemente al sudeste de Palestina, en los límites de
Arabia y Edóm (Jer. 25. 20; Lam. 4. 21).
"Job" es el nombre de uno de los héroes
legendarios citados en Ez. 14. 14, 20
3. Los "Orientales" eran los nómadas
que se desplazaban al este del Jordán y del Mar Muerto.
5. "Los purificaba": se trata de la
purificación necesaria para el culto.
6. "El Adversario" en –hebreo
"el Satán"– aparece como uno de los "hijos de
Dios" o miembros de la corte divina y se caracteriza por su
hostilidad hacia los hombres. Por eso pone en duda el desinterés de
Job y desafía al Señor para que lo someta a una prueba. Más tarde,
tanto en el Judaísmo como en el Nuevo Testamento, aquel término
hebreo se empleará como nombre propio del espíritu del mal, que odia
al linaje humano y trata de arrastrarlo a la perdición (Mt. 16. 23).
Ver notas Zac. 3. 1; Sal. 29. 1.
12. A partir de este momento, el honor de Dios
queda en las manos de Job. Si este claudica en medio de la prueba, el
Señor habrá perdido la apuesta frente al Adversario.
21. "Desnudo volveré allí": no se
trata del vientre materno, sino del seno de la tierra, la madre
universal (Gn. 3. 19).
2 11. "Temán",
"Súaj" y "Naamá" eran lugares de Edóm y de
Arabia, paises que en la antigüedad se habían hecho célebres por
sus sabios (Jer. 49. 7; Abd. 8-9; Bar. 3. 22-23).
3 3. Ver Jer. 15. 10; 20. 14.
8. "Los que maldicen los días":
alusión a los magos o hechiceros, a quienes se atribuía el poder de
hacer que los días fueran dichosos o funestos.
"Leviatan", en la mitología cananea, era
el monstruo marino que provocaba los eclipses de sol y de luna,
tragándose a esos astros. También era el símbolo de las fuerzas del
caos. Ver nota Sal. 74. 12-17.
15. "Sus moradas": se trata de las
tumbas de los príncipes que solían estar llenas de tesoros.
4 18. Estos "servidores" son
los "ángeles" llamados también "santos" por su
proximidad con Dios (5.1; 15.15).
5 17. El "Todopoderoso": ver
nota Gn. 17. 1.
6 19. "Temá" era el nombre de
un oasis situado al norte de Arabia (Is. 21. 14; Jer. 25. 23).
"Sabá" era un reino del sudoeste de Arabia. Ver nota 1 Rey.
10. 1.
7 12. Como un soldado que vigila a su
prisionero, así el Señor monta guardia contra el "Mar" y
el "Dragón marino", que son la representación simbólica
de las fuerzas del caos. Esta es una forma poética de afirmar el
absoluto dominio del Señor sobre el universo. Ver Sal. 74. 12-17;
104. 5-9.
9 13. Según la mitología antigua,
"Rahab" era uno de esos monstruos vencidos por el Dios
creador cuando hizo reinar el orden en medio del caos original.
10 9-12. Ver Gn. 2. 7; Sal. 139. 13-15.
15 14-15. Ver 4. 17-19.
16 19. El "testigo" al que
apela Job podría ser su propia sangre, que clama al cielo pidiendo
justicia. Cuando ya está a punto de emprender el "camino sin
retorno" (v. 22), él pide que la tierra no cubra su sangre (v.
18) para que esta, aún después de su muerte, quede como testimonio
de su inocencia. Tambien podría ser Dios, a quien Job, al sentirse
tratado tan injustamente, pone como "testigo" contra el
mismo Dios.
18 13. "EI Primogénito de la
Muerte": esta expresión designa a la enfermedad más grave –tal
vez la peste– ya que entre los antiguos pueblos semitas se solia
considerar a las enfermedades como "hijas" de la muerte.
14. "EI Rey de los terrores" era el
jefe mitológico de la morada de los muertos, llamado Nergal por los
babilonios y Plutón por los griegos.
19 25-26. Seguramente, este pasaje no
afirma la fe en la resurrección personal, porque en ese caso
quedaría resuelto el problema planteado en el Libro. Si Job tuviera
la certeza de que sus padecimientos serían recompensados después de
su muerte, no tendría nada que objetar contra la justicia de Dios. Al
decir que él mismo, con su "propia carne", verá a Dios,
está afirmando su esperanza en una intervención divina aquí en la
tierra, que pondrá de manifiesto su inocencia.
29 18. "En mi nido" quiere
decir "en mi lecho". Esta bella imagen y la del "ave
fénix" expresan la idea de una muerte tranquila y en una edad
avanzada.
31 26-28. Ver Jer. 8. 2; Ez. 8. 16.
33 23. Este "ángel" es un
mensajero celestial que cumple las funciones de
"intérprete", explicando al hombre que sufre el sentido de
sus padecimientos e intercediendo por él ante Dios.
38 17. "Las Puertas de la Sombra" son
las que abren la entrada a la morada de los muertos. Ver nota. Sal 6.
6.
36. "Ibis" y "gallo": a
estos dos animales se les atribuía cierta facultad preventiva. El
ibis anunciaba las crecidas del Nilo y el gallo la llegada del día.
40 15. "Behemot", en hebreo
significa "el animal por excelencia". Todo este pasaje es
una descripción poética del hipopótamo, símbolo de la fuerza
bruta, que está sometido a Dios aunque el hombre no pueda domarlo.
25. El nombre "Leviatán" se aplica
aquí al cocodrilo. Al designarlo con ese nombre, se evoca el recuerdo
del monstruo mitólógico que representa las fuerzas del caos. Ver
nota Sal. 74. 12-17.
Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices?
Guarda tu lengua del mal,
y tus labios de palabras mentirosas.
Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella.
Sal. 34. 12-15
Nosotros encontramos el consuelo
en los Libros santos
que están en nuestras manos.
1 Mac. 12. 9
Todo escriba convertido en discípulo
del Reino de los Cielos
se parece a un dueño de casa
que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo.
Mt. 13. 52
LOS DEMÁS ESCRITOS
Después de la LEY y los PROFETAS, la Biblia hebrea
presenta una tercera colección de Libros, que no forman un conjunto
homogéneo. Por eso no han recibido un título característico, sino
que se los llamó simplemente LOS DEMÁS ESCRITOS. Entre ellos ocupa
un lugar de preeminencia el libro de los Salmos. De allí que el Nuevo
Testamento, siguiendo una costumbre judía, designe a estas tres
partes de la Biblia como "la Ley de Moisés, los Profetas y
los Salmos" (Lc. 24. 44).
Además de estos "Escritos", hay otros
Libros que los judíos de Palestina no incluyeron en el canon de las
Escrituras, pero que fueron admitidos por los judíos residentes en
Alejandría de Egipto. Estos Libros, redactados originariamente en
griego o traducidos a esa lengua, fueron incorporados a la versión
llamada de los "Setenta", que era la Biblia usada por las
comunidades judías dispersas en el mundo grecorromano y por los
cristianos de habla griega. Como en los primeros siglos del
Cristianismo se suscitaron ciertas dudas sobre el carácter inspirado
de estos Libros, se los llamó "deuterocanónicos", es
decir, incluidos en el canon de los Libros Sagrados en un
"segundo" momento. Actualmente, los cristianos que siguen la
reforma protestante, lo mismo que el Judaísmo, sólo admiten el canon
fijado por los rabinos de Palestina hacia el año 90 d. C. La Iglesia
Católica, en cambio, también reconoce como inspirados los Libros
"deuterocanónicos".
El grupo más representativo de estos Escritos es
el de los Libros llamados "sapienciales", a saber, Job,
Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría, aunque el
género sapiencial también se encuentra en varios Salmos y en otros
Libros de carácter didáctico, como los de Tobías y Baruc. Este
género se remonta a los orígenes de Israel, pero se desarrolló
especialmente después del exilio, cuando se extinguió el profetismo
y los "maestros de sabiduría" se convirtieron en los guías
espirituales del Pueblo judío.
Los escritos sapienciales
La literatura sapiencial no es exclusiva de Israel,
sino que constituye un fenómeno ampliamente difundido en todo el
Antiguo Oriente. La misma Biblia menciona a "los sabios de
las naciones" (Jer. 10. 7) y alude en particular a la
sabiduría de Asiria (Is. 10. 13), de Babilonia (Is. 47. 10; Jer. 50.
35) y de Fenicia (Ez. 28. 3-5). Especialmente célebres eran los
sabios de Arabia y de Edóm, y Job lo mismo que sus tres amigos son
presentados como habitantes de aquellas regiones (Jb. 1. 1; 2. 11). No
menos renombrada era la sabiduría de Egipto, de donde procede un
conjunto notable de escritos sapienciales, cuyos orígenes se remontan
al 2800 a. C.
El rasgo más característico de la
"sabiduría" oriental es su carácter eminentemente
práctico. El sabio observa y escucha, está atento a la compleja
trama de la vida y a las reacciones de los hombres. Él sabe que en la
infinita variedad de los acontecimientos es posible descubrir un
"orden" que es preciso conocer para actuar con éxito en la
vida. La sabiduría es el arte de gobernarse a sí mismo, la capacidad
de distinguir lo útil y ventajoso de lo nocivo y perjudicial. Las
fuentes de ese conocimiento práctico son la inteligencia, la
experiencia y la reflexión.
De este fondo cultural común a muchos pueblos del
Antiguo Oriente se benefició también Israel. El movimiento
sapiencial tomó un gran impulso en tiempos de Salomón, cuando el
afianzamiento de la institución monárquica exigía la adecuada
formación de las clases dirigentes del reino y la organización del
personal administrativo. De allí que la tradición bíblica considere
a aquel célebre rey como el prototipo del "sabio" (1 Rey.
5. 10) y le atribuya prácticamente todos los escritos sapienciales
del Antiguo Testamento.
Pero Israel no recibió pasivamente aquella
herencia cultural, sino que le imprimió su sello propio. La
sabiduría que brota de la experiencia se convirtió gradualmente en
una sabiduría religiosa, fundada en el "temor del Señor" y
orientada hacia él. Así, el "humanismo" de la sabiduría
oriental adquirió un contenido nuevo, que se acentúa sobre todo en
los escritos más recientes, como son el prólogo al libro de los
Proverbios, el Eclesiástico y la Sabiduría. Al destacar el origen
divino de la Sabiduría, los "sabios" de Israel descubrieron
nuevos horizontes, que los llevaron a poner de relieve la misteriosa
trascendencia de esa Sabiduría y la incapacidad del hombre para
penetrar en ella (Jb. 28).
Más aún, varios poemas contenidos en estos Libros
"personifican" a la Sabiduría divina, presentándola como
alguien que toma la palabra para exponer sus prerrogativas y su
inagotable riqueza (Prov. 8. 22-31). Ella se identifica a sí misma
con la Palabra creadora de Dios (Ecli. 24. 3) y con la Ley revelada a
Israel (Ecli. 24. 23; Bar. 3. 9 – 4. 4). Esta personificación
poética de la Sabiduría preparaba la revelación del misterio de
Cristo, Palabra de Dios hecha carne (Jn. 1. 14) y Sabiduría de Dios
manifestada plenamente a los hombres (1 Cor. 1. 24).
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