|
Escuche eCatolico Radio
Usuarios escuchando:
Presione g+1 para recomendar esta página
Compartir esta Página
|
|
||||
|
Libro del Génesis Introducción y Capítulos del 1 al 50 GÉNESIS es una palabra griega, que significa
"origen". El primer libro de El libro del Génesis se divide en dos grandes partes.
La primera es denominada habitualmente "Historia primitiva",
porque presenta un amplio panorama de la historia humana, desde la
creación del mundo hasta Abraham (caps. 1-11). La segunda narra los
orígenes más remotos del pueblo de Israel: es la historia de
Abraham, Isaac y Jacob, los grandes antepasados de las tribus hebreas.
Al final de esta segunda parte, adquiere particular relieve la figura
de José, uno de los hijos de Jacob, ya que gracias a él su padre y
sus hermanos pudieron establecerse en Egipto. La historia de los
Patriarcas se cierra con el anuncio del retorno de los israelitas a Estas dos partes presentan notables diferencias en
cuanto a la forma literaria y al contenido, pero están íntimamente
relacionadas. El Génesis se remonta primero a los orígenes del mundo
y de la humanidad. Luego, mediante una serie de genealogías cada vez
más restringidas, establece una sucesión ininterrumpida entre Adán,
el padre de la humanidad pecadora, y Abraham, el padre del Pueblo
elegido. Este vínculo genealógico pone bien de relieve que la elección
de Abraham no fue un simple hecho al margen de la historia humana. La
elección divina no era un privilegio reservado para siempre a una
sola persona o a una sola nación. Si Dios manifestó su predilección
por Abraham y por la descendencia nacida de él, fue para realizar un
designio de salvación que abarca a todos los pueblos de la tierra. En la redacción final del libro del Génesis, se
emplearon elementos de las tradiciones "yahvista",
"elohísta" y "sacerdotal". Esta última fuente
tiene una importancia especial en el conjunto de la obra, debido a que
constituye la base literaria en la que se insertaron las otras
tradiciones. Los primeros capítulos del Génesis ofrecen una
dificultad muy particular para el hombre de hoy. En ellos se afirma,
por ejemplo, que Dios creó el universo en el transcurso de una
semana, que modeló al hombre con barro y que de una de sus costillas
formó a la mujer. ¿Cómo conciliar estas afirmaciones con la visión
del universo que nos da la ciencia? La dificultad se aclara si tenemos
en cuenta que el libro del Génesis no pretende explicar "científicamente"
el origen del universo ni la aparición del hombre sobre la tierra.
Con las expresiones literarias y los símbolos propios de la época en
que fueron escritos, esos textos bíblicos nos invitan a reconocer a
Dios como el único Creador y Señor de todas las cosas. Este
reconocimiento nos hace ver el mundo, no como el resultado de una
ciega fatalidad, sino como el ámbito creado por Dios para realizar en
él su Alianza de amor con los hombres. La consumación de esa Alianza
serán el "cielo nuevo" y la "tierra nueva"
(Is. 65. 17; Apoc. 21. 1) inaugurados por LOS
ORÍGENES DEL UNIVERSO Y DE La fe de Israel en el Dios
creador encontró su máxima expresión literaria en el gran poema de
la creación, que ahora figura al comienzo de Pero el relato del origen
del universo sirve de prólogo a lo que constituye el principal centro
de interés de los once primeros capítulos del Génesis, a saber, el
drama de la condición humana en el mundo. Los diversos personajes que
se van sucediendo –Adán y Eva, Caín y sus descendientes, los
pueblos que intentan edificar la torre de Babel– representan arquetípicamente
a la humanidad entera que pretende ocupar el puesto de Dios, constituyéndose
así en norma última de su propia conducta. Esta pretensión, en
lugar de convertir al hombre en dueño de su destino, hizo entrar en
el mundo el sufrimiento y la muerte, rompió los lazos fraternales
entre los hombres y provocó la dispersión de los pueblos. En el
marco de esta historia, Dios va a realizar su designio de salvación. Para describir este drama,
los autores inspirados no recurrieron a formulaciones abstractas. Lo
hicieron por medio de una serie de relatos convenientemente ordenados,
de hondo contenido simbólico, que llevan la impronta del tiempo y de
la cultura en que fueron escritos. Por eso, al leer estos textos, es
imprescindible distinguir entre la verdad revelada por Dios, que
mantiene su valor y actualidad permanentes, y su expresión literaria
concreta, que refleja el fondo cultural común a todos los pueblos del
Antiguo Oriente. 1 1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La
tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y
el soplo de Dios se aleteaba sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: "Que exista la luz". Y
la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de
las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así
hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día. 6 Dios dijo: "Que haya un firmamento en medio de
las aguas, para que establezca una separación entre ellas". Y así
sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están
debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo
al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo
día. 9 Dios dijo: "Que se reúnan en un solo lugar las
aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme". Y
así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto
de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.11 Entonces dijo:
"Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles
frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su
semilla adentro". Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar
vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan
fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto
era bueno.13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día. 14 Dios dijo: "Que haya astros en el firmamento
del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las
fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el
firmamento del cielo para iluminar la tierra". Y así sucedió.
16 Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el
día y el menor para presidir la noche– y también hizo las
estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la
tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de
las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y
una mañana: este fue el cuarto día. 20 Dios dijo: "Que las aguas se llenen de una
multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por
el firmamento del cielo". 21 Dios creó los grandes monstruos
marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas
deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y
Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo:
"Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y
que las aves se multipliquen sobre la tierra". 23 Así hubo una
tarde y una mañana: este fue el quinto día. 24 Dios dijo: "Que la tierra produzca toda clase
de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda
especie". Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de
animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles
de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era
bueno. 26 Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra
imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces
del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y
todos los animales que se arrastran por el suelo". 27 Y Dios creó al hombre a su
imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. 28 Y los bendijo, diciéndoles: "Sean fecundos,
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces
del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven
sobre la tierra". 29 Y continuó diciendo: "Yo les doy todas
las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles
que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a
todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos
los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el
pasto verde". Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había
hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el sexto día. 2 1 Así fueron terminados el cielo y la tierra, y
todos los seres que hay en ellos. 2 El séptimo día, Dios concluyó la obra que había
hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. 3 Dios bendijo
el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra
que había creado. 4 Este fue el origen del cielo y de la tierra cuando
fueron creados. La creación del hombre y la mujer Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, 5 aún
no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado
ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la
tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, 6 pero
un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del
suelo. 7 Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del
suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se
convirtió en un ser viviente. 8 El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al
oriente, y puso allí al hombre que había formado. 9 Y el Señor Dios
hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para
la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en
medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. 10 De Edén nace un río que riega el jardín, y desde
allí se divide en cuatro brazos. 11 El primero se llama Pisón: es el
que recorre toda la región de Javilá, donde hay oro. 12 El oro de
esa región es excelente, y en ella hay también bedelio y lapislázuli.
13 El segundo río se llama Guijón: es el que recorre toda la tierra
de Cus. 14 El tercero se llama Tigris: es el que pasa al este de Asur.
El cuarto es el Éufrates. 15 El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín
de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. 16 Y le dio esta orden:
"Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, 17
exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal.
De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto
a la muerte". 18 Después dijo el Señor Dios: "No conviene que
el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". 19
Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los
animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó
al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente
debía tener el nombre que le pusiera el hombre. 20 El hombre puso un
nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y
a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda
adecuada. 21 Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre
un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus
costillas y cerró con carne el lugar vacío. 22 Luego, con la
costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer
y se la presentó al hombre. 23 El hombre exclamó: "¡Esta sí que es hueso de
mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del
hombre". 24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se
une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. 25 Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos,
pero no sentían vergüenza. La tentación y el pecado del hombre 3 1 La serpiente era el más astuto de todos los
animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer:
"¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol
del jardín?". 2 La mujer le respondió: "Podemos comer los
frutos de todos los árboles del jardín. 3 Pero respecto del árbol
que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él
ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la
muerte’". 4 La serpiente dijo a la mujer: "No, no morirán.
5 Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les
abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del
mal". 6 Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para
comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento,
tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba
con ella, y él también comió. 7 Entonces se abrieron los ojos de
los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos
taparrabos, entretejiendo hojas de higuera. 8 Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el
jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre
los árboles del jardín. 9 Pero el Señor Dios llamó al hombre y le
dijo: "¿Dónde estás?". 10 "Oí tus pasos por el jardín,
respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí".
11 Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso
has comido del árbol que yo te prohibí?". 12 El hombre respondió:
"La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él".
13 El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante
cosa?". La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí". La maldición de la serpiente 14 Y el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los
animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. 15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón". El castigo de la mujer 16 Y el Señor Dios dijo a la mujer: "Multiplicaré los
sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará". El
castigo del hombre 17 Y dijo al hombre: "Porque hiciste caso a tu mujery comiste del árbol
que yo te prohibí,maldito sea el suelo por tu culpa.Con fatiga sacarás
de él tu alimentotodos los días de tu vida.18 Él te producirá
cardos y espinasy comerás la hierba del campo.19 Ganarás el pan con
el sudor de tu frente,hasta que vuelvas a la tierra,de donde fuiste
sacado.¡Porque eres polvoy al polvo volverás!". 20 El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser
ella la madre de todos los vivientes. 21 El Señor Dios hizo al hombre
y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió. 22 Después el Señor Dios dijo: "El hombre ha
llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del
mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol
de la vida, coma y viva para siempre". 23 Entonces expulsó al
hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que
había sido sacado. 24 Y después de expulsar al hombre, puso al
oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada
zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida. DESDE ADÁN HASTA EL DILUVIO Caín y Abel 4 1 El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió
y dio a luz a Caín. Entonces dijo: "He procreado un varón, con
la ayuda del Señor". 2 Más tarde dio a luz a Abel, el hermano
de Caín, Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor. 3 Al cabo de
un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del
suelo, 4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su
rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, 5 pero no miró
a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la
cabeza. 6 El Señor le dijo: "¿Por qué estás resentido y
tienes la cabeza baja? 7 Si obras bien podrás mantenerla erguida; si
obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú
debes dominarlo". 8 Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos
afuera". Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su
hermano y lo mató. 9 Entonces el Señor preguntó a Caín: "¿Dónde
está tu hermano Abel?". "No lo sé", respondió Caín.
"¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?". 10 Pero el Señor
le replicó: "¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu
hermano grita hacia mí desde el suelo. 11 Por eso maldito seas lejos
del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano
derramada por ti. 12 Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y
andarás por la tierra errante y vagabundo". 13 Caín respondió
al Señor: "Mi castigo es demasiado grande para poder
sobrellevarlo. 14 Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré
que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y
vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará". 15
"Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá
pagarlo siete veces". Y el Señor puso una marca a Caín, para
que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo. 16 Luego Caín
se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir a la región de
Nod, al este de Edén. Los descendientes de Caín 17 Caín se unió a su mujer, y ella concibió y dio a
luz a Henoc. Caín fue el fundador de una ciudad, a la que puso el
nombre de su hijo Henoc. 19 Lamec tuvo dos mujeres: una se llamaba Adá, y la
otra, Silá. 20 Adá fue madre de Iabal, el antepasado de los que
viven en campamentos y crían ganado. 21 El nombre de su hermano era
Iubal, el antepasado de los que tocan la lira y la flauta. 22 Silá,
por su parte, fue madre de Tubal Caín, el antepasado de los
forjadores de bronce y de los herreros. Naamá fue hermana de Tubal Caín. El canto de Lamec 23 Lamec dijo a sus mujeres: "¡Adá y Silá, escuchen mi voz: mujeres de Lamec, oigan mi palabra! Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. 24 Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete". Set y su descendencia 25 Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al
que puso el nombre de Set, diciendo: "Dios me dio otro
descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató". 26 También
Set tuvo un hijo, al que llamó Enós. Fue entonces cuando se comenzó
a invocar el nombre del Señor. Los patriarcas anteriores al Diluvio 5 1 La lista de los descendientes de Adán es la
siguiente: Cuando Dios creó al hombre, lo hizo semejante a él.
2 Y al crearlos, los hizo varón y mujer, los bendijo y los llamó
Hombre. 3 Adán tenía ciento treinta años cuando engendró
un hijo semejante a él, según su imagen, y le puso el nombre de Set.
4 Después que nació Set, Adán vivió ochocientos años y tuvo hijos
e hijas. 5 Adán vivió en total novecientos treinta años, y al cabo
de ellos murió. 6 Set tenía ciento cinco años cuando fue padre de Enós.
7 Después que nació Enós, Set vivió ochocientos siete años y tuvo
hijos e hijas. 8 Set vivió en total novecientos doce años, y al cabo
de ellos murió. 9 Enós tenía noventa años cuando fue padre de Quenán.
10 Después que nació Quenán, Enós vivió ochocientos quince años
y tuvo hijos e hijas. 11 Enós vivió en total novecientos cinco años,
y al cabo de ellos murió. 12 Quenán tenía setenta años cuando fue padre de
Mahalalel. 13 Después que nació Mahalalel, Quenán vivió
ochocientos cuarenta años y tuvo hijos e hijas. 14 Quenán vivió en
total novecientos diez años y al cabo de ellos murió. 15 Mahalalel tenía setenta y cinco años cuando fue
padre de Iéred. 16 Después que nació Iéred, Mahalalel vivió
ochocientos treinta años y tuvo hijos e hijas. 17 Mahalalel vivió en
total ochocientos noventa y cinco años, y al cabo de ellos murió. 18 Iéred tenía ciento sesenta y dos años cuando fue
padre de Henoc. 19 Después que nació Henoc, Iéred vivió
ochocientos años y tuvo hijos e hijas. 20 Iéred vivió en total
novecientos sesenta y dos años, y al cabo de ellos murió. 21 Henoc tenía sesenta y cinco años cuando fue padre
de Matusalén. 22 Henoc siguió los caminos de Dios. Después que nació
Matusalén, Henoc vivió trescientos años y tuvo hijos e hijas. 23
Henoc vivió en total trescientos sesenta y cinco años. 24 Siguió
siempre los caminos de Dios, y luego desapareció porque Dios se lo
llevó. 25 Matusalén tenía ciento ochenta y siete años
cuando fue padre de Lamec. 26 Después que nació Lamec, Matusalén
vivió setecientos ochenta y dos años y tuvo hijos e hijas. 27
Matusalén vivió en total novecientos sesenta y nueve años, y al
cabo de ellos murió. 28 Lamec tenía ciento ochenta y dos años cuando fue
padre de un hijo, 29 al que llamó Noé, diciendo: "Este nos dará
un alivio en nuestro trabajo y en la fatiga de nuestras manos, un
alivio proveniente del suelo que maldijo el Señor". 30 Después
que nació Noé, Lamec vivió quinientos noventa y cinco años y tuvo
hijos e hijas. 31 Lamec vivió en total setecientos setenta y siete años,
y al cabo de ellos murió. 32 Noé tenía quinientos años cuando fue padre de
Sem, Cam y Jafet. Los hijos de Dios y las hijas de los hombres 6 1 Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre
la tierra y les nacieron hijas, 2 los hijos de Dios vieron que estas
eran hermosas, y tomaron como mujeres a todas las que quisieron. 3
Entonces el Señor dijo: "Mi espíritu no va a permanecer activo
para siempre en el hombre, porque este no es más que carne; por eso
no vivirá más de ciento veinte años". 4 En aquellos días –y
aún después– cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de
los hombres y ellas tuvieron hijos, había en la tierra gigantes:
estos fueron los héroes famosos de la antigüedad. La corrupción de la humanidad 5 Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del
hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente
tendían constantemente al mal, 6 se arrepintió de haber hecho al
hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. 7 Por eso el
Señor dijo: "Voy a eliminar de la superficie del suelo a los
hombres que he creado –y junto con ellos a las bestias, los reptiles
y los pájaros del cielo– porque me arrepiento de haberlos
hecho". 8 Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor. El anuncio del Diluvio y la orden de construir el arca 9 Esta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo, irreprochable entre sus
contemporáneos, y siguió siempre los caminos de Dios. 10 Tuvo tres
hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 Pero la tierra estaba pervertida a los
ojos de Dios y se había llenado de violencia. 12 Al ver que la tierra
se había pervertido, porque todos los hombres tenían una conducta
depravada, 13 Dios dijo a Noé: "He decidido acabar con todos los
mortales, porque la tierra se ha llenado de violencia a causa de
ellos. Por eso los voy a destruir junto con la tierra. 14 Constrúyete
un arca de madera resinosa, divídela en compartimentos, y recúbrela
con betún por dentro y por fuera. 15 Deberás hacerla así: el arca
tendrá ciento cincuenta metros de largo, treinta de ancho y quince de
alto. 16 También le harás un tragaluz y lo terminarás a medio metro
de la parte superior. Pondrás la puerta al costado del arca y harás
un primero, un segundo y un tercer piso. 17 Yo voy a enviar a la
tierra las aguas del Diluvio, para destruir completamente a todos los
seres que tienen un aliento de vida: todo lo que hay en la tierra
perecerá. 18 Pero contigo estableceré mi alianza: tú entrarás en
el arca con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. 19 También
harás entrar en el arca una pareja de cada especie de seres
vivientes, de todo lo que es carne, para que sobrevivan contigo; deberán
ser un macho y una hembra. 20 Irá contigo una pareja de cada especie
de pájaros, de ganado y de reptiles, para que puedan sobrevivir. 21
Además, recoge víveres de toda clase y almacénalos, para que te
sirvan de alimento, a ti y a ellos". 22 Así lo hizo Noé,
cumpliendo exactamente todo lo que Dios le había mandado. La entrada de Noé en el arca 7 1 Entonces el Señor dijo a Noé: "Entra en el
arca, junto con toda tu familia, porque he visto que eres el único
verdaderamente justo en medio de esta generación. 2 Lleva siete
parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de los
impuros, los machos con sus hembras 3 –también siete parejas de
todas las clases de pájaros– para perpetuar sus especies sobre la
tierra. 4 Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta días
y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos
los seres que hice". 5 Y Noé cumplió la orden que Dios le dio. El comienzo del Diluvio 6 Cuando las aguas del Diluvio se precipitaron sobre
la tierra, Noé tenía seiscientos años. 7 Entonces entró en el arca
con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de
las aguas del Diluvio. 8 Y los animales puros, los impuros, los pájaros
y todos los seres que se arrastran por el suelo, 9 entraron por
parejas con él en el arca, como Dios se los había mandado. desbordaron las fuentes del gran océano y se abrieron las cataratas del
cielo. 12 Y una fuerte lluvia cayó sobre la tierra durante
cuarenta días y cuarenta noches. 13 Ese mismo día, habían entrado
en el arca Noé, sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y las tres
mujeres de sus hijos; 14 y junto con ellos, los animales de todas las
especies: las fieras, el ganado, los reptiles, los pájaros y todos
los demás animales con alas. 15 Todas las clases de seres que están
animados por un aliento de vida entraron con Noé en el arca; y lo
hicieron por parejas, 16 machos y hembras, como Dios se lo había
ordenado. Entonces el Señor cerró el arca detrás de Noé. La inundación 17 El Diluvio se precipitó sobre la tierra durante
cuarenta días. A medida que las aguas iban creciendo, llevaban el
arca hacia arriba, y esta se elevó por encima de la tierra. 18 Las
aguas subían de nivel y crecían desmesuradamente sobre la tierra,
mientras el arca flotaba en la superficie. 19 Así continuaron
subiendo cada vez más, hasta que en todas partes quedaron sumergidas
las montañas, incluso las más elevadas. 20 El nivel de las aguas
subió más de siete metros por encima de las montañas. 21 Entonces
perecieron todos los seres que se movían sobre la tierra: los pájaros,
el ganado, las fieras, todos los animales que se arrastran por el
suelo, y también los hombres. 22 Murió todo lo que tenía un aliento
de vida en sus narices, todo lo que estaba sobre el suelo firme. 23 Así
fueron eliminados todos los seres que había en la tierra, desde el
hombre hasta el ganado, los reptiles y los pájaros del cielo. Sólo
quedó Noé y los que estaban con él en el arca. 24 Y las aguas
inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días. La terminación del Diluvio 8 1 Entonces Dios se acordó de Noé y de todos los
animales salvajes y domésticos que estaban con él en el arca. Hizo
soplar un viento sobre la tierra, y las aguas empezaron a bajar. 2 Se
cerraron las fuentes del océano y las compuertas del cielo, y cesó
la fuerte lluvia que caía del cielo. 3 Poco a poco las aguas se
fueron retirando de la tierra; y al cabo de ciento cincuenta días ya
habían disminuido tanto, 4 que el decimoséptimo día del séptimo
mes, el arca se detuvo sobre las montañas de Ararat. 5 Así
continuaron disminuyendo paulatinamente hasta el décimo mes; y el
primer día del décimo mes aparecieron las cimas de las montañas. 6 Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana
que había hecho en el arca, 7 y soltó un cuervo, el cual revoloteó,
yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca. 8 Después soltó
una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. 9 Pero la paloma
no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque
el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó
y la introdujo con él en el arca. 10 Luego esperó siete días más,
y volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11 Esta regresó al
atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé
que las aguas habían terminado de bajar. 12 Esperó otros siete días
y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió. 13 La tierra comenzó a secarse en el año seiscientos
uno de la vida de Noé, el primer día del mes. Noé retiró el techo
del arca, y vio que la tierra se estaba secando. 14 Y el vigesimoséptimo
día del mes, la tierra ya estaba seca. La salida del arca 15 Entonces Dios dijo a Noé: 16 "Sal del arca
con tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. 17 Saca también a
todos los seres vivientes que están contigo –aves, ganado o
cualquier clase de animales que se arrastran por el suelo– y que
ellos llenen la tierra, sean fecundos y se multipliquen". 18 Noé
salió acompañado de sus hijos, de su mujer y de las mujeres de sus
hijos. 19 Todo lo que se mueve por el suelo: todas las bestias, todos
los reptiles y todos los pájaros salieron del arca, un grupo detrás
de otro. El sacrificio de Noé 20 Luego Noé levantó un altar al Señor, y tomando
animales puros y pájaros puros de todas clases, ofreció holocaustos
sobre el altar. 21 Cuando el Señor aspiró el aroma agradable, se
dijo a sí mismo: "Nunca más volveré a maldecir el suelo por
causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos
desde su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres
vivientes, como acabo de hacerlo. 22 De ahora en adelante, mientras
dure la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche". La bendición de Dios a Noé 9 1 Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles:
"Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra. 2 Ante
ustedes sentirán temor todos los animales de la tierra y todos los pájaros
del cielo, todo lo que se mueve por el suelo, y todos los peces del
mar: ellos han sido puestos en manos de ustedes. 3 Todo lo que se
mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les doy todo eso como
antes les di los vegetales. 4 Sólo se abstendrán de comer la carne
con su vida, es decir, con su sangre. 5 Y yo pediré cuenta de la
sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los
animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo. 6 Otro hombre derramará la sangre de aquel que derrame sangre humana, porque el hombre ha sido creado a imagen de Dios. 7 Ustedes, por su parte, sean fecundosy multiplíquense,
llenen la tierra y domínenla". La alianza de Dios con todos los seres vivientes 8 Y Dios siguió diciendo a Noé y a sus hijos: 9
"Además, yo establezco mi alianza con ustedes, con sus
descendientes, 10 y con todos los seres vivientes que están con
ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos
los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los
seres vivientes que hay en la tierra. 11 Yo estableceré mi alianza
con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las
aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la
tierra". El arco iris, signo de la alianza 12 Dios añadió: "Este será el signo de la
alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes
que los acompañan, para todos los tiempos futuros: 13 yo pongo mi
arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra. 14
Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, 15 me
acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y
no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los
mortales. 16 Al aparecer mi arco en las nubes, yo lo veré y me
acordaré de mi alianza eterna con todos los seres vivientes que hay
sobre la tierra. 17 Este, dijo Dios a Noé, es el signo de la alianza
que establecí con todos los mortales". DESDE NOÉ HASTA ABRAHAM Los hijos de Noé 18 Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem,
Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. 20 Noé se dedicó a la agricultura y fue el primero
que plantó una viña. 21 Pero cuando bebió vino, se embriagó y quedó
tendido en medio de su carpa, completamente desnudo. 22 Cam, el padre
de Canaán, al ver a su padre desnudo, fue a contárselo a sus
hermanos, que estaban afuera. 23 Entonces Sem y Jafet tomaron un
manto, se lo pusieron los dos sobre la espalda y, caminando hacia atrás,
cubrieron la desnudez de su padre. Como sus rostros miraban en sentido
contrario, no vieron a su padre desnudo. 24 Cuando Noé despertó de su embriaguez y se enteró
de lo que había hecho su hijo menor, 25 dijo: "¡Maldito sea Canaán! Él será para sus hermanos el último de los esclavos". 26 Y agregó: "Bendito sea el Señor, Dios de Sem, y que Canaán sea su esclavo. 27 Que Dios abra camino a Jafet, para que habite entre los campamentosde Sem; y que Canaán sea su esclavo". 28 Después del Diluvio, Noé vivió trescientos
cincuenta años, 29 y en total, vivió novecientos cincuenta años. Al
cabo de ellos, murió. El catálogo de las naciones 10 1 Los descendientes de los tres
hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet –que tuvieron hijos después del
Diluvio– fueron los siguientes: 2 Los hijos de Jafet fueron Gómer, Magog, Madai, Javán,
Tubal, Mésec y Tirás. 3 Los hijos de Gómer fueron Asquenaz, Rifat y
Togarmá. 4 Los hijos de Javán fueron Elisá, Tarsis, los Quitím y
los Rodaním. 5 Estos fueron los hijos de Jafet, y a partir de ellos,
se expandieron las naciones marítimas por sus respectivos
territorios, cada una con su lengua, sus clanes y sus nacionalidades. 6 Los hijos de Cam fueron Cus, Misraim, Put y Canaán.
7 Los hijos de Cus fueron Sebá, Javilá, Sabtá, Ramá y Sabtecá.
Los hijos de Ramá fueron Sebá y Dedán. 8 Cus fue padre de Nemrod, que llegó a ser el primer
guerrero sobre la tierra. 9 Él fue un valiente cazador delante del Señor.
Por eso se dice: "Valiente cazador delante del Señor como
Nemrod". 10 Babilonia, Erec y Acad –todas ellas están en la
región de Senaar– fueron el núcleo inicial de su reino. 11 De esa
región salió para Asur, y edificó Nínive, con sus plazas urbanas,
Calaj, 12 y Resen, entre Nínive y Calaj. Está última era la
capital. 13 Misraim fue padre de los pobladores de Lud, Anám,
Lehab, Naftuj, 14 Patrós y Casluj, y también de los pobladores de
Caftor, de donde salieron los filisteos. 15 Canaán fue padre de Sidón, su primogénito, y de
Het; 16 también de los jebuseos, de los amorreos, de los guirgasitas,
17 de los jivitas, de los arqueos, de los sineos, 18 de los arvaditas,
de los semaritas y de los jamateos. Más tarde se expandieron los
clanes de los cananeos, 19 y sus fronteras llegaron desde Sidón hasta
Gaza por el camino de Guerar; y hasta Lesa, yendo hacia Sodoma,
Gomorra, Admá y Seboím. 20 Estos fueron los hijos de Cam, según sus
clanes y sus lenguas, con sus respectivos territorios y
nacionalidades. 21 También le nacieron hijos a Sem, el padre de todos
los hijos de Eber y el hermano mayor de Jafet. 22 Los hijos de Sem
fueron Elám, Asur, Arpaxad, Lud y Arám. 23 Los hijos de Arám fueron
Us, Jul, Guéter y Mas. 24 Arpaxad fue padre de Sélaj y este fue padre de
Eber. 25 Eber tuvo dos hijos: el nombre del primero era Péleg, porque
en su tiempo se dividió la tierra. Su hermano se llamaba Ioctán. 26
Ioctán fue padre de Almodad, Sélef, Jasarmávet, Iéraj, 27 Hadorám,
Uzal, Diclá, 28 Obal, Abimael, Sebá, 29 Ofir, Javilá y Iobab. Todos
estos fueron hijos de Ioctán. 30 Los lugares donde residieron se
extendían desde Mesa, en dirección a Sefar, hasta la montaña de
Oriente. 31Estos fueron los hijos de Sem, según sus clanes y sus
lenguas, con sus respectivos territorios y nacionalidades. 32 Estos fueron los clanes de los hijos de Noé, según
sus orígenes y nacionalidades. A partir de ellos, las naciones se
expandieron sobre la tierra después del Diluvio. La torre de Babel 11 1 Todo el mundo hablaba una misma
lengua y empleaba las mismas palabras. 2 Y cuando los hombres
emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de
Senaar y se establecieron allí. 3 Entonces se dijeron unos a otros:
"¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámolos a cocer al
fuego". Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les
sirvió de mezcla. 4 Después dijeron: "Edifiquemos una ciudad, y
también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar
nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra". 5 Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que
los hombres estaban construyendo, 6 y dijo: "Si esta es la
primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les
resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la
misma lengua. 7 Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su
lengua, para que ya no se entiendan unos a otros". 8 Así el Señor
los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y
ellos dejaron de construir la ciudad. 9 Por eso se llamó Babel: allí,
en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó
por toda la tierra. Los descendientes de Sem 10 Esta es la descendencia de Sem: Sem tenía cien años cuando fue padre de Arpaxad, dos
años después del Diluvio. 11 Después que nació Arpaxad, Sem, vivió
quinientos años, y tuvo hijos e hijas. Los descendientes de Téraj 27 Esta es la descendencia de Téraj: Téraj fue padre de Abrám, Najor y Harán. Harán fue
padre de Lot, 28 y murió en Ur de los caldeos, su país natal,
mientras Téraj, su padre, aún vivía. 29 Abrám y Najor se casaron.
La esposa de Abrám se llamaba Sarai, y la de Najor, Milcá. Esta era
hija de Harán, el padre de Milcá y de Iscá. 30 Sarai era estéril y
no tenía hijos. 31 Téraj reunió a su hijo Abrám, a su nieto Lot, el
hijo de Harán, y a su nuera Sarai, la esposa de su hijo Abrám, y
salieron todos juntos de Ur de los caldeos para dirigirse a Canaán.
Pero cuando llegaron a Jarán, se establecieron allí. 32 Téraj vivió
doscientos años, y murió en Jarán. LOS ORÍGENES DEL PUEBLO DE
DIOS:LA ÉPOCA PATRIARCAL En las narraciones sobre los
Patriarcas se encuentran reunidos los recuerdos que conservó Israel
acerca de sus antepasados más remotos. Estos relatos provienen en
buena parte de la tradición oral, una tradición donde la historia se
reviste de rasgos legendarios, y que antes de ser fijada por escrito
se mantuvo viva en la memoria del pueblo a lo largo de los siglos. De
allí la frescura y vivacidad de esas narraciones casi siempre breves
y anecdóticas, más interesadas en el detalle pintoresco que en la
exactitud histórica, geográfica o cronológica. Los principales
protagonistas de esta historia son Abraham, Isaac y Jacob. La tradición
los presenta como jefes de clanes, que se desplazan constantemente en
busca de pastos y agua para sus rebaños. Todavía no forman un pueblo
ni poseen una tierra. El país de Canaán no es para ellos una posesión
estable, sino el lugar donde residen como extranjeros. Pero Dios les
promete una descendencia numerosa y les asegura que sus descendientes
recibirán esa tierra en herencia. Sobre esta promesa divina gira toda
la historia patriarcal. En virtud de esta promesa, Dios se abre un
nuevo camino en ese mundo que los primeros capítulos del Génesis nos
presentan ensombrecido por el pecado. Así comienza la "Historia
de la salvación". La época de los Patriarcas
se inicia con la vocación de Abraham y culmina con la llegada de un
pequeño grupo de israelitas a Egipto. Esto indica que la gesta
patriarcal, como la promesa de que ellos son depositarios, está
totalmente orientada hacia el futuro, hacia el Éxodo de Egipto. En
ese momento decisivo, el Señor intervendrá para formarse un Pueblo
consagrado a él, dando así cumplimiento a las promesas hechas a
Abraham, Isaac y Jacob. ABRAHAM Abraham es el peregrino que
vive pendiente de la promesa de Dios. El Dios que se reveló a
Abraham es aquel "que da vida a los muertos y llama a la existencia a
las cosas que no existen" (Rom. 4. 17). El relato bíblico lo
pone bien de relieve, al indicar que el Patriarca, cuando recibió la
promesa divina, era ya muy anciano y su mujer estéril. Así, el
acontecimiento esperado –el nacimiento del hijo que daría
continuidad a la promesa– no debe nada a la intervención de los
hombres, sino que se realiza en virtud de la libre elección y del
poder creador de Dios. A partir de Abraham, el ámbito
de la narración bíblica se estrecha cada vez más, hasta
concentrarse exclusivamente en la historia de Israel. Pero esta
limitación no implica falta de interés por las demás naciones, ya
que, a través de Abraham, la bendición divina alcanzará finalmente
a todas las familias de la tierra (12. 3). El llamado de Dios a Abrám 12
1 El Señor dijo a Abrám: "Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.2
Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré;engrandeceré tu
nombre y serás una bendición.3 Bendeciré a los que te bendigany
maldeciré al que te maldiga,y por ti se bendecirántodos los pueblos
de la tierra". 4 Abrám partió, como el Señor se lo había
ordenado, y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abrám tenía setenta y cinco
años. 5 Tomó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, con todos los
bienes que habían adquirido y todas las personas que habían reunido
en Jarán, y se encaminaron hacia la tierra de Canaán. Al llegar a Canaán, 6 Abrám recorrió el país hasta
el lugar santo de Siquém, hasta la encina de Moré. En ese tiempo,
los cananeos ocupaban el país. 7 Entonces el Señor se apareció a
Abrám y le dijo: "Yo daré esta tierra a tu descendencia".
Allí Abrám erigió un altar al Señor, que se le había aparecido. 8
Después se trasladó hasta la región montañosa que está al este de
Betel, y estableció su campamento, entre Betel, que quedaba al oeste,
y Ai, al este. También allí erigió un altar al Señor e invocó su
Nombre. 9 Luego siguió avanzando por etapas hasta el Négueb. Abrám en Egipto 10 Entonces hubo hambre en aquella región, y Abrám
bajó a Egipto para establecerse allí por un tiempo, porque el hambre
acosaba al país. 11 Cuando estaba por llegar a Egipto, dijo a Sarai,
su mujer: "Yo sé que eres una mujer hermosa. 12 Por eso los
egipcios, apenas te vean, dirán: ‘Es su mujer’ , y me matarán,
mientras que a ti te dejarán con vida. 13 Por favor, di que eres mi
hermana. Así yo seré bien tratado en atención a ti, y gracias a ti,
salvaré mi vida". 14 Cuando Abrám llegó a Egipto, los egipcios vieron
que su mujer era muy hermosa, 15 y los oficiales de la corte, que
también la vieron, la elogiaron ante el Faraón. Entonces fue llevada
al palacio del Faraón. 16 En atención a ella, Abrám fue tratado
deferentemente y llegó a tener ovejas, vacas, asnos, esclavos,
sirvientas, asnas y camellos. 17 Pero el Señor infligió grandes males al Faraón y
a su gente, por causa de Sarai, la esposa de Abrám. 18 El Faraón
llamó a Abrám y le dijo: "¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me
advertiste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste que era tu hermana,
dando lugar a que yo la tomara por esposa? Ahí tienes a tu mujer: tómala
y vete". 20 Después el Faraón dio órdenes a sus hombres acerca
de Abrám, y ellos lo hicieron salir junto con su mujer y todos sus
bienes. La separación de Abrám y de Lot 13 1 Desde Egipto, Abrám subió al Négueb,
llevando consigo a su esposa y todos sus bienes. También Lot iba con
él. 2 Abrám tenía muchas riquezas en ganado, plata y oro. 3 Después
siguió avanzando por etapas desde el Négueb hasta Betel, hasta el
lugar donde había acampado al comienzo, entre Betel y Ai, 4 donde
estaba el altar que había erigido la primera vez. Allí Abrám invocó
el nombre del Señor. 5 Lot, que acompañaba a Abrám, también tenía
ovejas, vacas y carpas. 6 Y como los dos tenían demasiadas riquezas,
no había espacio suficiente para que pudieran habitar juntos. 7 Por
eso, se produjo un altercado entre los pastores de Abrám y los de
Lot. En ese tiempo, los cananeos y los perizitas ocupaban el país. 8 Abrám dijo a Lot: "No quiero que haya
altercados entre nosotros dos, ni tampoco entre tus pastores y los míos,
porque somos hermanos. 9 ¿No tienes todo el país por delante? Sepárate
de mí: si tú vas hacia la izquierda, yo iré hacia la derecha; y si
tú vas hacia la derecha, yo iré hacia la izquierda". 10 Lot
dirigió una mirada a su alrededor, y vio que toda la región baja del
Jordán, hasta llegar a Soar, estaba tan bien regada como el Jardín
del Señor o como la tierra de Egipto. Esto era antes que el Señor
destruyera a Sodoma y Gomorra. 11Entonces Lot eligió para sí toda la
región baja del Jordán y se dirigió hacia el este. Así se
separaron el uno del otro: 12 Abrám permaneció en Canaán, mientras
que Lot se estableció entre las ciudades de la región baja, poniendo
su campamento cerca de Sodoma. 13 Pero los habitantes de Sodoma eran
perversos y pecaban gravemente contra el Señor. La renovación de la promesa 14 El Señor dijo a Abrám, después que Lot se separó
de él: "Levanta los ojos, y desde el lugar donde éstas, mira
hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, 15 porque toda la
tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia para
siempre. 16 Yo haré que tu descendencia sea numerosa como el polvo de
la tierra. Si alguien puede contar los granos de polvo, también podrá
contar tu descendencia. 17 Ahora recorre el país a lo largo y a lo
ancho, porque yo te lo daré". 18 Entonces Abrám trasladó su campamento y fue a
establecerse junto al encinar de Mamré, que está en Hebrón. Allí
erigió un altar al Señor. La campaña de los cuatro reyes 14 1 En tiempos de Amrafel, rey de
Senaar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elám, y de
Tidal, rey de Goím, 2 estos hicieron la guerra contra Berá, rey de
Sodoma, Birsá, rey de Gomorra, Sinab, rey de Admá, Zeméber, rey de
Seboím, y contra el rey de Belá, es decir, de Soar. 3 Todos ellos se
concentraron en el valle de Sidím, que ahora es el mar de 10 El valle de Sidím estaba lleno de pozos de
asfalto. Al huir, los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en ellos,
mientras que los demás escaparon a las montañas. 11 Los invasores se
apoderaron de todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y también de sus
víveres. Y cuando partieron, 12 se llevaron a Lot, el sobrino de Abrám
con toda su hacienda, porque él vivía entonces en Sodoma. El rescate de Lot 13 Un fugitivo llevó la noticia a Abrám, el hebreo,
que estaba acampado en el encinar de Mamré, el amorreo, hermano de
Escol y de Aner; estos, a su vez, eran aliados de Abrám. 14 Al
enterarse de que su pariente Lot había sido llevado cautivo, Abrám
reclutó a la gente que estaba a su servicio –trescientos dieciocho
hombres nacidos en su casa– y persiguió a los invasores hasta Dan.
15 Él y sus servidores los atacaron de noche, y después de
derrotarlos, los persiguieron hasta Jobá, al norte de Damasco. 16 Así
Abrám recuperó todos los bienes, lo mismo que a su pariente Lot con
su hacienda, las mujeres y la gente. El encuentro de Abrám con Melquisedec 17 Cuando Abrám volvía de derrotar a Quedorlaomer y
a los reyes que lo acompañaban, el rey de Sodoma salió a saludarlo
en el valle de Savé, o sea el valle del Rey. 18 Y Melquisedec, rey de
Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y
vino, 19 y bendijo a Abrám, diciendo: "¡Bendito sea Abrámde parte de Dios, el Altísimo,creador
del cielo y de la tierra!20 ¡Bendito sea Dios, el Altísimo,que
entregó a tus enemigos en tus manos!". Y Abrám le dio el diezmo de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abrám: "Entrégame
a las personas y quédate con los bienes". 22 Pero Abrám le
respondió: "Yo he jurado al Señor Dios, el Altísimo, creador
del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré nada de lo que te
pertenece: ni siquiera el hilo o la correa de una sandalia. Así no
podrás decir: ‘Yo enriquecí a Abrám’. 24 No quiero nada para mí,
fuera de lo que mis servidores han comido. Solamente los hombres que
me han acompañado, Aner, Escol y Mamré, recibirán su parte". La promesa de Dios a Abrám 15 1 Después de estos
acontecimientos, la palabra del Señor llegó a Abrám en una visión,
en estos términos: "No temas, Abrám.Yo soy para ti un escudo.Tu
recompensa será muy grande". 2 "Señor, respondió Abrám, ¿para qué me darás
algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será
Eliezer de Damasco?". 3 Después añadió: "Tú no me has
dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi
heredero". 4 Entonces el Señor le dirigió esta palabra:
"No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que
nacerá de ti". 5 Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole:
"Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas". Y
añadió: "Así será tu descendencia". 6 Abrám creyó en
el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. La alianza de Dios con Abrám 7 Entonces el Señor le dijo: "Yo soy el Señor
que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta
tierra". 8 "Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la
voy a poseer?". 9 El Señor le respondió: "Tráeme una
ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también
una tórtola y un pichón de paloma". 10 Él trajo todos estos
animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra,
pero no dividió los pájaros. 11 Las aves de rapiña se abalanzaron
sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó. 12 Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño,
y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. 13 El Señor le
dijo: "Tienes que saber que tus descendientes emigrarán a una
tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados durante
cuatrocientos años. 14 Pero yo juzgaré a la nación que los
esclavizará, y después saldrán cargados de riquezas. 15 Tú, en
cambio, irás en paz a reunirte con tus padres, y serás sepultado
después de una vejez feliz. 16 Sólo a la cuarta generación tus
descendientes volverán aquí, porque hasta ahora no se ha colmado la
iniquidad de los amorreos". 17 Cuando se puso el sol y estuvo completamente
oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de
los animales descuartizados. 18 Aquel día, el Señor hizo una alianza
con Abrám diciendo: "Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egiptohasta el Gran Río, el río Éufrates: 19 los quenitas, los quenizitas,
los cadmonitas, 20 los hititas, los perizitas, los refaím, 21 los
amorreos, los cananeos, los guirgasitas y los jebuseos". El nacimiento de Ismael 16 1 Sarai, la esposa de Abrám, no
le había dado ningún hijo. Pero ella tenía una esclava egipcia
llamada Agar. 2 Sarai dijo a Abrám: "Ya que el Señor me impide
ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podré tener
hijos". Y Abrám accedió al deseo de Sarai. 3 Ya hacía diez años que Abrám vivía en Canaán,
cuando Sarai, su esposa, le dio como mujer a Agar, la esclava egipcia.
4 Él se unió con Agar y ella concibió un hijo. Al ver que estaba
embarazada, comenzó a mirar con desprecio a su dueña. 5 Entonces
Sarai dijo a Abrám: "Que mi afrenta recaiga sobre ti. Yo misma
te entregué a mi esclava, y ahora, al ver que está embarazada, ella
me mira con desprecio. El Señor sea nuestro juez, el tuyo y el mío".
6 Abrám respondió a Sarai: "Puedes disponer de tu esclava. Trátala
como mejor te parezca". Entonces Sarai la humilló de tal manera,
que ella huyó de su presencia. 7 El Ángel del Señor la encontró en el desierto,
junto a un manantial –la fuente que está en el camino a Sur– 8 y
le preguntó: "Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde
vas?". "Estoy huyendo de Sarai, mi dueña", le respondió
ella. 9 Pero el Ángel del Señor le dijo: "Vuelve con tu dueña
y permanece sometida a ella". 10 Luego añadió: "Yo
multiplicaré de tal manera el número de tus descendientes, que nadie
podrá contarlos". 11 Y el Ángel del Señor le siguió diciendo: "Tú has concebido y darás a
luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu
aflicción. 12 Más que un hombre,será un asno
salvaje: alzará su mano contra todos y todos la alzarán contra él; y vivirá enfrentado a todos sus
hermanos". 13 Agar llamó al Señor, que le había hablado, con
este nombre: "Tú eres El Roí, que significa ‘Dios se hace
visible’", porque ella dijo: "¿No he visto yo también a
aquel que me ve?". 14 Por eso aquel pozo, que se encuentra entre
Cades y Bered, se llamó Pozo de Lajai Roí, que significa "Pozo
del Viviente que me ve". 15 Después Agar dio a Abrám un hijo, y Abrám lo
llamó Ismael. 16 Cuando Agar lo hizo padre de Ismael, Abrám tenía
ochenta y seis años. La circuncisión, signo de la alianza 17 1 Cuando Abrám tenía noventa y
nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé
irreprochable. 2 Yo haré una alianza contigo, y te daré una descendencia muy
numerosa". 3 Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios
le seguía diciendo: 4 "Esta será mi alianza contigo: tú serás
el padre de una multitud de naciones. 5 Y ya no te llamarás más Abrám:
en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he
constituido padre de una multitud de naciones. 6 Te haré
extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán
reyes. 7 Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través
de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo
seré tu Dios y el de tus descendientes. 8 Yo te daré en posesión
perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa
tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios". 9 Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu
parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a
lo largo de las generaciones. 10 Y esta es mi alianza con ustedes, a
la que permanecerán fieles tú y tus descendientes: todos los varones
deberán ser circuncidados. 11 Circuncidarán la carne de su prepucio,
y ese será el signo de mi alianza con ustedes. 12 Al cumplir ocho días,
serán circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los
nacidos en la casa como los que hayan sido comprados a un extranjero,
a alguien que no es de tu sangre. 13 Sí, tanto los nacidos en tu casa
como los que hayan sido comprados, serán circuncidados. Así ustedes
llevarán grabada en su carne la señal de mi alianza eterna. 14 Y el
incircunciso, aquel a quien no se haya cortado la carne de su
prepucio, será excluido de su familia, porque ha quebrantado mi
alianza". El anuncio del nacimiento de Isaac 15 También dijo Dios a Abraham: "A Sarai, tu
esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara. 16
Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también
bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de
pueblos". 17 Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió,
pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a
los noventa, ¿podrá dar a luz?". 18 Entonces Abraham dijo a
Dios: "Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección".
19 Pero Dios le respondió: "No, tu esposa Sara te dará un hijo,
a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él
y con su descendencia como una alianza eterna. 20 Sin embargo, también
te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré
fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce
príncipes y haré de él una gran nación. 21 Pero mi alianza la
estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo,
para esta misma época". 22 Y cuando terminó de hablar, Dios se
alejó de Abraham. 23 Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos
los demás varones que estaban a su servicio –tanto los que habían
nacido en su casa como los que había comprado– y aquel mismo día
les circuncidó la carne del prepucio, conforme a la orden que Dios le
había dado. 24 Cuando fueron circuncidados, Abraham tenía noventa y
nueve años, 25 y su hijo Ismael, trece. 26 Abraham e Ismael fueron
circuncidados el mismo día; 27 y todos los varones de su servidumbre,
los nacidos en su casa y los comprados a extranjeros, fueron
circuncidados junto con él. La visita del Señor a Abraham en Mamré 18 1 El Señor se apareció a Abraham
junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada
de su carpa, a la hora de más calor. 2 Alzando los ojos, divisó a
tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió
a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el
suelo, 3 diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te
ruego que no pases de largo delante de tu servidor. 4 Yo haré que les
traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del
árbol. 5 Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que
ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han
pasado junto a su servidor!". Ellos respondieron: "Está
bien. Puedes hacer lo que dijiste". 6 Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba
Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina,
amásalas y prepara unas tortas". 7 Después fue corriendo hasta
el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su
sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. 8 Luego tomó
cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras
comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol. 9 Ellos le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu
mujer?". "Ahí en la carpa", les respondió. 10
Entonces uno de ellos le dijo: "Volveré a verte sin falta en el
año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo".
Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la
carpa, que estaba justo detrás de él. 11 Abraham y Sara eran
ancianos de edad avanzada, y los períodos de Sara ya habían cesado.
12 Por eso, ella rió en su interior, pensando: "Con lo vieja que
soy, ¿volveré a experimentar el placer? Además, ¡mi marido es tan
viejo!". 13 Pero el Señor dijo a Abraham: "¿Por qué se ha
reído Sara, pensando que no podrá dar a luz, siendo tan vieja? 14 ¿Acaso
hay algo imposible para el Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta
época, en el año entrante, Sara habrá tenido un hijo". 15 Ella
tuvo miedo, y trató de engañarlo, diciendo: "No, no me he reído".
Pero él le respondió: "Sí, te has reído". La intercesión de Abrahamen favor de Sodoma 16 Después, los hombres salieron de allí y se
dirigieron hacia Sodoma, y Abraham los acompañó para despedirlos. 17
Mientras tanto, el Señor pensaba: "¿Dejaré que Abraham ignore
lo que ahora voy a realizar, 18 siendo así que él llegará a
convertirse en una nación grande y poderosa, y que por él se
bendecirán todas las naciones de la tierra? 19 Porque yo lo he
elegido para que enseñe a sus hijos, y a su familia después de él,
que se mantengan en el camino del Señor, practicando lo que es justo
y recto. Así el Señor hará por Abraham lo que ha predicho acerca de
él". 20 Luego el Señor añadió: "El clamor contra Sodoma
y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave, 21 que debo bajar a
ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta
mí. Si no es así, lo sabré". 22 Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron
hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a Abraham. 23
Entonces Abraham se le acercó y le dijo: "¿Así que vas a
exterminar al justo junto con el culpable? 24 Tal vez haya en la
ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de
perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? 25 ¡Lejos
de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el
culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti!
¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?". 26 El
Señor respondió: "Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de
Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos". 27 Entonces Abraham dijo: "Yo, que no soy más
que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. 28
Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos
cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la destruiré
si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor. 29
Pero Abraham volvió a insistir: "Quizá no sean más que
cuarenta". Y el Señor respondió: "No lo haré por amor a
esos cuarenta". 30 "Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor
no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente
treinta". Y el Señor respondió: "No lo haré si encuentro
allí a esos treinta". 31 Abraham insistió: "Una vez más,
me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más
que veinte". "No la destruiré en atención a esos
veinte", declaró el Señor. 32 "Por favor, dijo entonces
Abraham, que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá
sean solamente diez". "En atención a esos diez, respondió,
no la destruiré". 33 Apenas terminó de hablar con él, el Señor
se fue, y Abraham regresó a su casa. La corrupción de Sodoma 19 1 Los dos ángeles llegaron a
Sodoma al atardecer, mientras Lot estaba sentado a la puerta de la
ciudad. Al verlos, se levantó para saludarlos, e inclinándose hasta
el suelo, 2 les dijo: "Les ruego, señores, que vengan a pasar la
noche en casa de este servidor. Lávense los pies, y mañana bien
temprano podrán seguir viaje". "No, le respondieron ellos,
pasaremos la noche en la plaza". 3 Pero él les insistió tanto,
que al fin se fueron con él y se hospedaron en su casa. Lot les
preparó una comida, hizo cocinar galletas sin levadura, y ellos
comieron. 4 Aún no se habían acostado, cuando los hombres de
la ciudad, los hombres de Sodoma, se agolparon alrededor de la casa.
Estaba la población en pleno, sin excepción alguna, desde el más
joven hasta el más viejo. 5 Entonces llamaron a Lot y le dijeron:
"¿Dónde están esos hombres que vinieron a tu casa esta noche?
Tráelos afuera para que tengamos relaciones con ellos". 6 Lot se
presentó ante ellos a la entrada de la casa, y cerrando la puerta
detrás de sí, 7 dijo: "Amigos, les suplico que no cometan esa
ruindad. 8 Yo tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Se las traeré,
y ustedes podrán hacer con ellas lo que mejor les parezca. Pero no
hagan nada a esos hombres, ya que se han hospedado bajo mi
techo". 9 Ellos le respondieron: "Apártate de ahí". Y
añadieron: "Este individuo no es más que un inmigrante, y ahora
se pone a juzgar. A ti te trataremos peor que a ellos". Luego se
abalanzaron violentamente contra Lot, y se acercaron para derribar la
puerta. 10 Pero los dos hombres, sacando los brazos, llevaron a Lot
adentro y cerraron la puerta. 11 Y a todos los que estaban a la
entrada de la casa, pequeños y grandes, los hirieron con una luz
enceguecedora, de manera que ya no pudieron abrirse paso. La destrucción de Sodoma 12 Después los hombres preguntaron a Lot: "¿Tienes
aquí algún otro pariente? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a
cualquier otro de los tuyos que esté en la ciudad, 13 porque estamos
a punto de destruir este lugar: ha llegado hasta la presencia del Señor
un clamor tan grande contra esta gente, que él nos ha enviado a
destruirlo". 14 Entonces Lot salió para comunicar la noticia a
sus yernos, los que iban a casarse con sus hijas. "¡Pronto!, les
dijo, abandonen este lugar, porque el Señor va a destruir la
ciudad". Pero sus yernos pensaron que estaba bromeando. 15 Al despuntar el alba, los ángeles instaron a Lot,
diciéndole: "¡Vamos! Saca a tu mujer y a tus dos hijas que están
aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su
castigo". 16 Como él no salía de su asombro, los hombres lo
tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo
sacaron de la ciudad para ponerlo fuera de peligro, porque el Señor
tuvo compasión de él. 17 Después que lo sacaron, uno de ellos dijo:
"Huye, si quieres salvar la vida. No mires hacia atrás, ni te
detengas en ningún lugar de la región baja. Escapa a las montañas,
para no ser aniquilado". 18 Lot respondió: "No, por favor,
Señor mío. 19 Tú has sido bondadoso con tu servidor y me has
demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré
huir a las montañas, sin que antes caigan sobre mí la destrucción y
la muerte. 20 Aquí cerca hay una ciudad –es una población
insignificante– donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella,
ya que es tan pequeña, y así estaré a salvo". 21 Entonces él
le respondió: "Voy a complacerte una vez más: no destruiré la
ciudad de la que hablas. 22 Pero apúrate; refúgiate en ella, porque
no podré hacer nada hasta que llegues allí". Por eso la ciudad
recibió el nombre de Soar, que significa "pequeño
poblado". 23 Cuando el sol comenzó a brillar sobre la tierra,
Lot entró en Soar. 24 Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y
Gomorra azufre y fuego que descendían del cielo. 25 Así destruyó
esas ciudades y toda la extensión de la región baja, junto con los
habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. 26 Y como la
mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de
sal. 29 Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región
baja, se acordó de Abraham, librando a Lot de la catástrofe con que
arrasó las ciudades donde él había vivido. El origen de los moabitas y de los amonitas 30 Lot salió de Soar y subió a la montaña, donde se
radicó con sus dos hijas, porque tuvo miedo de quedarse en Soar. Allí
se instaló con ellas en una caverna. 31 Entonces la mayor dijo a la menor: "Nuestro
padre está viejo y no hay ningún hombre en el país para que se una
con nosotras como lo hace todo el mundo. 32 Emborrachémoslo con vino
y acostémonos con él; así, por medio de nuestro padre, tendremos
una descendencia". 33 Esa noche dieron de beber a su padre, y la
mayor se acostó con él, sin que él se diera cuenta de lo que sucedía.
Abraham y Sara en Guerar 20 1 Desde allí, Abraham se trasladó
a la zona del Négueb y se estableció entre Cades y Sur. Después fue
a Guerar, para quedarse allí por un tiempo. 2 Abraham decía de Sara,
su esposa: "Es mi hermana". Entonces Abimélec, el rey de
Guerar, mandó que le llevaran a Sara. 3 Pero esa noche, Dios se
presentó en sueños a Abimélec y le dijo: "Tú vas a morir a
causa de la mujer que has tomado, porque es casada". 4 Abimélec,
que no había convivido con ella, le respondió: "Señor mío, ¿vas
a quitarle la vida a una persona inocente? 5 ¿Acaso su marido no me
dijo que era su hermana? ¿Y ella no lo confirmó, diciendo que él
era su hermano? Yo lo hice de buena fe y con las manos limpias".
6 Dios le respondió durante el sueño: "Ya sé que lo hiciste de
buena fe. Por eso, yo mismo evité que pecaras contra mí, impidiendo
que la tocaras. 7 Pero ahora, devuélvele la mujer a ese hombre. Él
es un profeta, y va a interceder en tu favor, para que salves tu vida.
Si no se la devuelves, ten la plena seguridad de que morirás, tú y
todos los tuyos". 14 Abimélec tomó ovejas y vacas, esclavos y
esclavas, y se los dio a Abraham; y también le devolvió a Sara, su
esposa. 15 Después le dijo: "Mi país está a tu disposición:
radícate donde mejor te parezca". 16 Y a Sara le dijo: "He
dado mil monedas de plata a tu hermano. Esto eliminará toda sospecha
contra ti en aquellos que están contigo, y tú quedarás enteramente
rehabilitada". 17 Abraham intercedió delante de Dios, y Dios curó a
Abimélec, a su mujer y a sus sirvientas, que volvieron a tener hijos.
18 Porque Dios había hecho estéril el seno de todas las mujeres en
la casa de Abimélec, a causa de Sara, la esposa de Abraham. El nacimiento de Isaac 21 1 El Señor visitó a Sara como lo
había dicho, y obró con ella conforme a su promesa. 2 En el momento
anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo a Abraham, que ya era
anciano. 3 Cuando nació el niño que le dio Sara, Abraham le puso el
nombre de Isaac. 4 Abraham circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días,
como Dios se lo había ordenado. 5 Abraham tenía entonces cien años
de edad. 6 Sara dijo: "Dios me ha dado motivo para reír, y todos
los que se enteren reirán conmigo". 7 Y añadió: "¡Quién le hubiera dicho a
Abraham que Sara amamantaría hijos! Porque yo le di un hijo en su
vejez". 8 El niño creció y fue destetado, y el día en que
lo destetaron, Abraham ofreció un gran banquete. La expulsión de Agar y de Ismael 9 Sara vio que el hijo de Agar, la egipcia, jugaba con
su hijo Isaac. 10 Entonces dijo a Abraham: "Echa a esa esclava y
a su hijo, porque el hijo de esa esclava no va a compartir la herencia
con mi hijo Isaac". 11 Esto afligió profundamente a Abraham, ya
que el otro también era hijo suyo. 12 Pero Dios le dijo: "No te
aflijas por el niño y por tu esclava. Concédele a Sara lo que ella
te pide, porque de Isaac nacerá la descendencia que llevará tu
nombre. 13 Y en cuanto al hijo de la esclava, yo haré de él una gran
nación, porque también es descendiente tuyo". 17 Dios escuchó la voz del niño, y el Ángel de Dios
llamó a Agar desde el cielo: "¿Qué te pasa, Agar?", le
dijo. "No temas, porque Dios ha oído la voz del niño que está
ahí. 18 Levántate, alza al niño y estréchalo bien en tus brazos,
porque yo haré de él una gran nación". 19 En seguida Dios le
abrió los ojos, y ella divisó un pozo de agua. Fue entonces a llenar
el odre con agua y dio de beber al niño. 20 Dios acompañaba al niño y este fue creciendo. Su
morada era el desierto, y se convirtió en un arquero experimentado.
21 Vivió en el desierto de Parán, y su madre lo casó con una mujer
egipcia. La alianza de Abrahamcon Abimélec 22 Por aquel tiempo, Abimélec, que iba acompañado de
Picol, el jefe de su ejército, dijo a Abraham: "Dios está
contigo en todo lo que haces. 23 Júrame por Dios aquí mismo, que
nunca te vas a comportar falsamente conmigo o con mi estirpe o mi
posteridad, y que nos vas a dar, a mí y al país donde resides, las
mismas pruebas de lealtad que yo te he dado". 24 Abraham respondió:
"Lo juro". 25 Pero Abraham presentó una queja a Abimélec, a
causa de un pozo que los servidores de Abimélec habían tomado por la
fuerza. 26 Este replicó: "No tengo idea de quién pudo haber
hecho esto. Tú no me lo hiciste saber, y hasta ahora yo no me había
enterado de nada". 27 Entonces Abraham regaló a Abimélec unas ovejas y
unas vacas, y los dos hicieron una alianza. 28 Y como Abraham puso
aparte siete corderas del rebaño, 29 Abimélec le preguntó: "¿Qué
significan esas siete corderas que pusiste aparte?". 30
"Significan –respondió Abraham– que tú me vas a aceptar
estas siete corderas como una prueba de que el pozo lo he cavado
yo". 31 Y a aquel lugar se lo llamó Berseba, que significa
"pozo del juramento", porque allí los dos prestaron un
juramento. 32 Después de concluida la alianza, Abimélec partió
junto con Picol, el jefe de su ejército, y regresó al país de los
filisteos. 33 Abraham, por su parte, plantó un tamarisco en Berseba e
invocó el nombre del Señor Dios, el Eterno. 34 Él permaneció largo
tiempo en el país de los filisteos. El sacrificio de Isaac 22 1 Después de estos
acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham. "¡Abraham!", le dijo. Él respondió:
"Aquí estoy". 2 Entonces Dios le siguió diciendo:
"Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región
de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te
indicaré". 6 Abraham recogió la leña para el holocausto y la
cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el
fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. 7 Isaac
rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: "¡Padre!".
Él respondió: "Sí, hijo mío". "Tenemos el fuego y
la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el
holocausto?". 8 "Dios proveerá el cordero para el
holocausto", respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos
juntos. 9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había
indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo
Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10 Luego extendió
su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11 Pero el Ángel
del Señor lo llamó desde el cielo: "¡Abraham, Abraham!".
"Aquí estoy", respondió él. 12 Y el Ángel le dijo:
"No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño.
Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu
hijo único". 13 Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que
tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el
carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abraham
llamó a ese lugar: "El Señor proveerá", y de allí se
origina el siguiente dicho: "En la montaña del Señor se proveerá". 15 Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a
Abraham desde el cielo, 16 y le dijo: "Juro por mí mismo –oráculo
del Señor– : porque has obrado de esa manera y no me has negado a
tu hijo único, 17 yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a
la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus
enemigos, 18 y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones
de la tierra, ya que has obedecido mi voz". 19 Abraham regresó a donde estaban sus servidores.
Todos juntos se fueron a Berseba, y Abraham residió allí. Los descendientes de Najor 20 Después de un tiempo, Abraham recibió la noticia
de que también Milcá había dado hijos a su hermano Najor: 21Us, su
primogénito; Buz, hermano de este; Quemuel, padre de Arám, 22 y además
Quésed, Jazó, Pildás, Idlaf y Betuel. 23 Este último fue padre de
Rebeca. Estos son los ocho hijos que Milcá dio a Najor, el hermano de
Abraham. 24 Además, Najor tenía una esclava llamada Reumá, que fue
madre de Tébaj, Gajam, Tajas y Maacá. La tumba de los Patriarcas 23 1 Sara vivió ciento veintisiete años,
2 y murió en Quiriat Arbá –actualmente Hebrón– en la tierra de
Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su muerte. 3 Después
se retiró del lugar donde estaba el cadáver, y dijo a los
descendientes de Het: 4 "Aunque yo no soy más que un extranjero
residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus
sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle
sepultura". 5 Pero los descendientes de Het respondieron a
Abraham: "Por favor, 6 señor, escúchanos. Tú eres un
privilegiado de Dios en medio de nosotros. Sepulta a tu esposa en la
mejor de nuestras tumbas, ya que ninguno de nosotros te negará un
sepulcro para que la entierres". 7 Abraham se levantó, e inclinándose profundamente
ante la gente del lugar, ante los descendientes de Het, 8 les insistió,
diciendo: "Si ustedes quieren realmente que yo sepulte el cadáver,
háganme el favor de interceder ante Efrón, hijo de Sójar, 9 para
que me venda la caverna de Macpelá, que él tiene en el extremo de su
campo. Que me la ceda por su valor real, para que yo la posea como
sepulcro familiar en medio de ustedes". 10 Efrón –que estaba
presente entre los descendientes de Het– teniendo por testigos a
todos los que entraban por la puerta de la ciudad respondió a
Abraham: 11 "No, señor, escúchame bien: yo te doy el campo y
también la caverna que hay en él. Te la doy en presencia de mis
compatriotas, para que entierres a tu esposa". 12 Abraham volvió a inclinarse profundamente ante la
gente del lugar, 13 y teniendo a estos por testigos, dijo a Efrón:
"Si estás dispuesto a llegar a un acuerdo conmigo, te pagaré el
precio del campo. Acéptalo, para que yo entierre allí a mi
esposa". 14 Entonces Efrón respondió a Abraham: "Por
favor, 15 escúchame, señor. El campo vale cuatrocientos siclos de
plata, pero ¿qué es esa suma para personas como tú y yo? Entierra a
tu esposa". 16 Abraham aceptó la propuesta de Efrón, y teniendo
por testigos a los descendientes de Het, pesó la cantidad que aquel
le había fijado: cuatrocientos siclos de plata, según la tasación
corriente entre los comerciantes. 17 De este modo, el campo de Efrón en Macpelá,
frente a Mamré –el campo con la caverna y todos los árboles que
estaban dentro de sus límites– pasó a ser 18 propiedad de Abraham,
teniendo por testigos a todos los descendientes de Het que pasaban por
la puerta de la ciudad. 19 Luego Abraham enterró a Sara en la caverna
del campo de Macpelá, frente a Mamré, en el país de Canaán. 20 Así
adquirió Abraham a los descendientes de Het el campo y la caverna que
hay en él, para tenerlo como sepulcro familiar. El matrimonio de Isaac y Rebeca 24 1 Abraham ya era un anciano de
edad avanzada, y el Señor lo había bendecido en todo. 2 Entonces
dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le administraba todos
los bienes: "Coloca tu mano debajo de mi muslo, 3 y júrame por
el Señor, Dios del Cielo y de la tierra, que no buscarás una esposa
para mi hijo entre las hijas de los cananeos, con los que estoy
viviendo, 4 sino que irás a mi país natal, y de allí traerás una
esposa para Isaac". 5 El servidor le dijo: "Si la mujer no
quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo hacer que tu hijo regrese
al país de donde saliste?". 6 "Cuídate muy bien de llevar
allí a mi hijo", replicó Abraham. 7 "El Señor, Dios del
cielo, que me sacó de mi casa paterna y de mi país natal, y me
prometió solemnemente dar esta tierra a mis descendientes, enviará
su Ángel delante de ti, a fin de que puedas traer de allí una esposa
para mi hijo. 8 Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre del
juramento que me haces; pero no lleves allí a mi hijo". 9 El servidor puso su mano debajo del muslo de
Abraham, su señor, y le prestó juramento respecto de lo que habían
hablado. 10 Luego tomó diez de los camellos de su señor, y llevando
consigo toda clase de regalos, partió hacia Arám Naharaim, hacia la
ciudad de Najor. 11Allí hizo arrodillar a los camellos junto a la
fuente, en las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que
las mujeres salen a buscar agua. 12 Entonces dijo: "Señor, Dios
de Abraham, dame hoy una señal favorable, y muéstrate bondadoso con
mi patrón Abraham. 13 Yo me quedaré parado junto a la fuente,
mientras las hijas de los pobladores de la ciudad vienen a sacar agua.
14 La joven a la que yo diga: ‘Por favor, inclina tu cántaro para
que pueda beber’, y que me responda: ‘Toma, y también daré de
beber a tus camellos’, esa será la mujer que has destinado para tu
servidor Isaac. Así reconoceré que has sido bondadoso con mi patrón". 15 Aún no había terminado de hablar, cuando Rebeca,
la hija de Betuel –el cual era a su vez hijo de Milcá, la esposa de
Najor, el hermano de Abraham– apareció con un cántaro sobre el
hombro. 16 Era una joven virgen, de aspecto muy hermoso, que nunca había
tenido relaciones con ningún hombre. Ella bajó a la fuente, llenó
su cántaro, y cuando se disponía a regresar, 17 el servidor corrió
a su encuentro y le dijo: "Por favor, dame un trago de esa agua
que llevas en el cántaro". 18 "Bebe, señor", respondió
ella, y bajando el cántaro de su hombro, se apresuró a darle de
beber. 19 Después que lo dejó beber hasta saciarse, añadió:
"También sacaré agua hasta que tus camellos se sacien de
beber". 20 En seguida vació su cántaro en el bebedero, y fue
corriendo de nuevo a la fuente, hasta que sacó agua para todos los
camellos. 21 Mientras tanto, el hombre la contemplaba en silencio,
deseoso de saber si el Señor le permitiría lograr su cometido o no. 22 Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre
tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo, y lo colocó en la
nariz de la joven; luego le puso en los brazos dos pulseras de diez
siclos. 23 Después le preguntó: "¿De quién eres hija? ¿Y hay
lugar en la casa de tu padre para que podamos pasar la noche?".
24 Ella respondió: "Soy la hija de Betuel, el hijo que Milcá
dio a Najor". 25 Y añadió: "En nuestra casa hay paja y
forraje en abundancia, y también hay sitio para pasar la noche".
26 El hombre se inclinó y adoró al Señor, 27 diciendo:
"Bendito sea el Señor, Dios de mi patrón Abraham, que nunca dejó
de manifestarle su amor y su fidelidad. Él ha guiado mis pasos hasta
la casa de sus parientes". 28 Entretanto, la joven corrió a
llevar la noticia a la casa de su madre. 29 Rebeca tenía un hermano llamado Labán. 30 Este,
apenas vio el anillo y las pulseras que traía su hermana, y le oyó
contar todo lo que el hombre le había dicho, salió rápidamente y se
dirigió hacia la fuente en busca de él. Al llegar, lo encontró con
sus camellos junto a la fuente. 31 Entonces le dijo: "¡Ven,
bendito del Señor! ¿Por qué te quedas afuera, si yo he preparado mi
casa y tengo lugar para los camellos?". 32 El hombre entró en la
casa. En seguida desensillaron los camellos, les dieron agua y
forraje, y trajeron agua para que él y sus acompañantes se lavaran
los pies. 33 Pero cuando le sirvieron de comer, el hombre dijo:
"No voy a comer, si antes no expongo el asunto que traigo entre
manos". "Habla", le respondió Labán. 34 Él continuó:
"Yo soy servidor de Abraham. 35 El Señor colmó de bendiciones a
mi patrón y lo hizo prosperar, dándole ovejas y vacas, plata y oro,
esclavos y esclavas, camellos y asnos. 36 Y su esposa Sara, siendo ya
anciana, le dio un hijo, a quien mi patrón legó todos sus bienes. 37
Ahora bien, mi patrón me hizo prestar un juramento, diciendo: ‘No
busques una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, en
cuyo país resido. 38 Ve, en cambio, a mi casa paterna, y busca entre
mis familiares una esposa para mi hijo’. 39 ‘¿Y si la mujer se
niega a venir conmigo?’, le pregunté. 40 Pero él me respondió:
‘El Señor, en cuya presencia he caminado siempre, enviará su Ángel
delante de ti, y hará que logres tu cometido, trayendo para mi hijo
una esposa de mi propia familia, de mi casa paterna. 41 Para quedar
libre del juramento que me haces, debes visitar primero a mis
familiares. Si ellos no quieren dártela, el juramento ya no te
obligará’. 42 Por eso hoy, al llegar a la fuente, dije: ‘Señor,
Dios de mi patrón Abraham, permíteme llevar a cabo la misión que he
venido a realizar. 43 Yo me quedaré parado junto a la fuente, y
cuando salga una joven a buscar agua, le diré: Déjame beber un poco
de agua de tu cántaro. 44 Y si ella me responde: Bebe, y también
sacaré agua para que beban tus camellos, esa será la mujer que tú
has destinado para el hijo de mi señor’. 45 Apenas terminé de
decir estas cosas, salió Rebeca con un cántaro sobre el hombro. Y
cuando bajó a la fuente para sacar agua, le dije: ‘Por favor, dame
de beber’. 46 Ella se apresuró a bajar el cántaro de su hombro y
respondió: ‘Bebe, y también daré de beber a tus camellos’. Yo
bebí, y ella dio agua a los camellos. 47 Después le pregunté: ‘¿De
quién eres hija?’. ‘Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a
Najor’, respondió ella. Yo le puse el anillo en la nariz y las
pulseras en los brazos, 48 y postrándome, adoré y bendije al Señor,
el Dios de Abraham, que me guió por el buen camino, para que pudiera
llevar al hijo de mi patrón una hija de su pariente. 49 Y ahora, si
ustedes están dispuestos a ofrecer a mi patrón una auténtica prueba
de amistad, díganmelo; si no, díganmelo también. Así yo sabré a
qué atenerme". 50 Labán y Betuel dijeron: "Todo esto viene del
Señor. Nosotros no podemos responderte ni sí ni no. 51 Ahí tienes a
Rebeca: llévala contigo, y que sea la esposa de tu patrón, como el
Señor lo ha dispuesto. 52 Cuando el servidor de Abraham oyó estas
palabras, se postró en tierra delante del Señor. 53 Luego sacó unos
objetos de oro y plata y algunos vestidos, y se los obsequió a
Rebeca. También entregó regalos a su hermano y a su madre. 54 Después
él y sus acompañantes comieron y bebieron, y pasaron la noche allí. A la mañana siguiente, apenas se levantaron, el
servidor dijo: "Déjenme regresar a la casa de mi patrón".
55 El hermano y la madre de Rebeca respondieron: "Que la muchacha
se quede con nosotros unos diez días más. Luego podrás irte".
56 Pero el servidor replicó: "No me detengan, ahora que el Señor
me permitió lograr mi cometido. Déjenme ir, y volveré a la casa de
mi patrón". 57 Ellos dijeron: "Llamemos a la muchacha, y
preguntémosle qué opina". 58 Entonces llamaron a Rebeca y le
preguntaron: "¿Quieres irte con este hombre?". "Sí",
respondió ella. 59 Ellos despidieron a Rebeca y a su nodriza, lo
mismo que al servidor y a sus acompañantes, 60 y la bendijeron,
diciendo: "Hermana nuestra, que nazcan
de ti millares y decenas de millares; y que tus descendientes conquisten las ciudades de sus enemigos". 61 Rebeca y sus sirvientas montaron en los camellos y
siguieron al hombre. Este tomó consigo a Rebeca, y partió. 62 Entretanto, Isaac había vuelto de las cercanías
del pozo de Lajai Roí, porque estaba radicado en la región del Négueb.
63 Al atardecer salió a caminar por el campo, y vio venir unos
camellos. 64 Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello 65 y preguntó
al servidor: "¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por
el campo?". "Es mi señor", respondió el servidor.
Entonces ella tomó su velo y se cubrió. 66 El servidor contó a Isaac todas las cosas que había
hecho, 67 y este hizo entrar a Rebeca en su carpa. Isaac se casó con
ella y la amó. Así encontró un consuelo después de la muerte de su
madre. Los otros hijos de Abraham 25 1 Abraham se casó con otra mujer,
llamada Queturá, 2 y esta le dio varios hijos: Zimrán, Iocsán, Medán,
Madián, Isbac y Súaj. 3 Iocsán fue padre de Sebá y Dedán. Los
descendientes de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y los leumíes.
4 Los hijos de Madián fueron Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá.
Todos estos son hijos de Queturá. 5 Abraham legó todos sus bienes a Isaac. 6 También
hizo regalos a los hijos de sus otras mujeres, pero mientras vivía,
los apartó de su hijo Isaac, enviándolos hacia el este, a las
regiones orientales. La muerte de Abraham 7 Abraham vivió ciento setenta y cinco años. 8 Murió
a una edad muy avanzada, feliz y cargado de años, y fue a reunirse
con los suyos. 9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la caverna
de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, que está
frente a Mamré. 10 Es el campo que Abraham había comprado a los
descendientes de Het. Allí fueron enterrados él y su esposa Sara. 11
Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac, y este
se estableció cerca del pozo de Lajai Roí. Los descendientes y la muerte de Ismael 12 Esta es la descendencia de Ismael –el hijo que
Agar, la sirvienta egipcia de Sara, dio a Abraham– 13 con los
nombres de cada uno de sus hijos, según el orden de su nacimiento:
Nebaiot, el primogénito de Ismael; luego Quedar, Abdeel, Mibsám, 14
Mismá, Dumá, Masá, 15 Jadad, Temá, Ietur, Nafis y Quedmá. 16
Estos son los hijos de Ismael: doce jefes de otras tantas tribus, que
dieron sus nombres al lugar donde habitaron y a sus respectivos
campamentos. 17 Ismael vivió ciento treinta y siete años. Al cabo de
ellos murió, y fue a reunirse con los suyos. 18 Sus descendientes
habitaron desde Javilá de Sur, que está cerca de Egipto, hasta Asur.
Y cada uno de ellos realizó incursiones contra todos sus hermanos. ISAAC Y JACOB En las tradiciones sobre la
vida de los Patriarcas, Isaac no tiene rasgos tan bien perfilados como
Abraham y Jacob. Él aparece casi siempre en un segundo plano, al lado
de su padre o de su hijo. Todo su destino parece estar resumido en el
feliz matrimonio con Rebeca, la esposa que el Señor le había
preparado para asegurar el cumplimiento de las promesas hechas a
Abraham. Jacob, el tercero de los
Patriarcas, es el prototipo del luchador astuto, ambicioso y tenaz. La
tradición lo presenta primero en la casa paterna, con su hermano Esaú,
después en Mesopotamia, junto a su suegro Labán y a sus esposas
Raquel y Lía, y luego otra vez con Esaú, en En la azarosa vida de Jacob,
se pone en evidencia la libertad con que Dios elige los instrumentos
para la realización de sus designios. El misterio de la elección
divina escapa a todos los cálculos y criterios humanos, como lo
recuerda san Pablo en su Carta a los Romanos (Rom. 9. 10-13). El nacimiento de Esaú y de Jacob 19 Esta es la descendencia de Isaac, el hijo de
Abraham. Abraham fue padre de Isaac, 20 el cual, a los cuarenta
años, se casó con Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Arám,
y hermana de Labán, el arameo. 21 Isaac oró al Señor por su esposa,
que era estéril. El Señor lo escuchó, y su esposa Rebeca quedó
embarazada. 22 Como los niños se chocaban el uno contra el otro
dentro de su seno, ella exclamó: "Si las cosas tienen que ser así,
¿vale la pena seguir viviendo?". Entonces fue a consultar al Señor,
23 y él le respondió: "En tu seno hay dos naciones, dos pueblos se separan desde tus
entrañas: uno será mas fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor". 24 Cuando llegó el momento del parto, resultó que
había mellizos en su seno. 25 El que salió primero era rubio, y
estaba todo cubierto de vello, como si tuviera un manto de piel. A
este lo llamaron Esaú. 26 Después salió su hermano, que con su mano
tenía agarrado el talón de Esaú. Por ello lo llamaron Jacob. Cuando
nacieron, Isaac tenía sesenta años. Esaú vende su derecho de hijo primogénito 27 Los niños crecieron. Esaú se convirtió en un
hombre agreste, experto en la caza. Jacob, en cambio, era un hombre
apacible y apegado a su carpa. 28 Isaac quería más a Esaú, porque
las presas de caza eran su plato preferido; pero Rebeca sentía más
cariño por Jacob. 29 En cierta ocasión, Esaú volvió exhausto del
campo, mientras Jacob estaba preparando un guiso. 30 Esaú dijo a
Jacob: "Déjame comer un poco de esa comida rojiza, porque estoy
extenuado". Fue por eso que se dio a Esaú el nombre de Edóm. 31
Pero Jacob le respondió: "Dame antes tu derecho de hijo primogénito".
32 "Me estoy muriendo", dijo Esaú. "¿De qué me
servirá ese derecho?". 33 Pero Jacob insistió: "Júramelo
antes". Él se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito.
34 Jacob le dio entonces pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió;
después se levantó y se fue. Así menospreció Esaú el derecho que
le correspondía por ser el hijo primogénito. Isaac en Guerar 26 1 Luego, aquella región volvió a
padecer hambre –aparte de la que había padecido anteriormente, en
tiempos de Abraham– e Isaac se fue a Guerar, donde estaba Abimélec,
el rey de los filisteos. 2 El Señor se le apareció y le dijo:
"No bajes a Egipto; quédate en el lugar que yo te indicaré. 3
Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré
contigo y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a
tu descendencia, para cumplir el juramento que hice a tu padre
Abraham. 4 Yo multiplicaré tu descendencia como las estrellas del
cielo, y le daré todos estos territorios, de manera que por ella se
bendecirán todas las naciones de la tierra. 5 Haré esto en premio a
la obediencia de Abraham, que observó mis órdenes y mis
mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones". 6 Mientras Isaac estaba en Guerar, 7 la gente del
lugar le hacía preguntas acerca de su mujer. Pero él respondía:
"Es mi hermana". Tenía miedo de confesar que era su esposa,
porque pensaba: "Esta gente es capaz de matarme a causa de
Rebeca, que es muy hermosa". 8 Ya hacía bastante tiempo que se
encontraba allí, cuando Abimélec, el rey de los filisteos, al mirar
por la ventana, vio que Isaac estaba acariciando a su esposa Rebeca. 9
Abimélec lo mandó llamar y le dijo: "No cabe ninguna duda: ella
es tu esposa. ¿Cómo dijiste entonces que era tu hermana?".
Isaac le respondió: "Porqué pensé que podían matarme a causa
de ella". 10 Pero Abimélec replicó: "¿Qué nos has hecho?
Faltó poco para que uno de nuestros hombres se acostara con tu mujer,
y entonces nos habrías hecho responsables de un delito". 11 Y
Abimélec dio esta orden a todo el pueblo: "El que toque a este
hombre o a su mujer será condenado a muerte". 12 Isaac sembró en aquella región, y ese año cosechó
el ciento por uno, porque el Señor lo había bendecido. 13 Así se
fue enriqueciendo cada vez más, hasta que llegó a ser muy rico. 14
Adquirió ovejas, vacas y una numerosa servidumbre. Y los filisteos le
tuvieron envidia. Los pozos entre Guerar y Berseba 15 Los filisteos taparon y llenaron de tierra todos
los pozos, que en tiempos de Abraham habían cavado los servidores de
su padre. 16 Y Abimélec dijo a Isaac: "Aléjate de nuestro lado,
porque tú has llegado a ser mucho más poderoso que nosotros".
17 Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Guerar, donde se
estableció. 18 En seguida abrió de nuevo los pozos que habían
sido cavados en tiempos de su padre, y que los filisteos habían
tapado después de la muerte de Abraham, y los llamó con los mismos
nombres que les había dado su padre. 19 Pero cuando los servidores de
Isaac, que habían estado cavando en el valle, encontraron un
manantial, 20 los pastores de Guerar discutieron con los de Isaac,
diciendo: "Esta agua es nuestra". Entonces Isaac llamó a
ese pozo Esec, que significa "Litigio", porque allí habían
litigado con él. 21 Después cavaron otro pozo, y volvió a
producirse un altercado a causa de él. Por eso Isaac lo llamó Sitná,
que significa "Hostilidad". 22 Luego siguió avanzando, y
cavó otro pozo más. Pero esta vez no hubo ningún altercado.
Entonces le puso el nombre de Rejobot, que significa "Campo
libre", porque dijo: "Ahora el Señor nos ha dejado el campo
libre, para que podamos prosperar en esta región". Renovación de la promesa hecha a Abraham 23 De allí subió a Berseba, 24 y esa misma noche el
Señor se le apareció para decirle: "Yo soy el Dios de Abraham, tu
padre: no temas, porque estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu
descendencia, por amor a mi servidor
Abraham". 25 Allí Isaac erigió un altar e invocó el nombre
del Señor. En ese lugar estableció su campamento, y sus servidores
comenzaron a cavar un pozo. La alianza de Isaac con Abimélec 26 Mientras tanto, fue a verlo Abimélec, que venía
de Guerar junto con Ajuzat, su consejero, y Picol, el jefe de su ejército.
27 Isaac les preguntó: "¿Para qué vienen a verme, si fueron
ustedes los que se enemistaron conmigo y me echaron de su lado?".
28 Ellos le respondieron: "Hemos comprobado que el Señor está
contigo, y pensamos que entre tú y nosotros debe haber un acuerdo,
ratificado con un juramento. Por eso, queremos hacer una alianza
contigo: 29 tú no nos harás ningún daño, porque nosotros no te
hemos causado ninguna molestia, sino que siempre fuimos amables
contigo y te dejamos partir en paz. Tú eres ahora bendecido por el Señor".
30 Isaac les ofreció un banquete, y ellos comieron y bebieron. 31 Al
día siguiente, se levantaron de madrugada y se hicieron un juramento
mutuo. Luego Isaac los despidió, y ellos se fueron como amigos. 32 Aquel mismo día, los servidores de Isaac vinieron
a traerles noticias sobre el pozo que habían estado cavando, y le
dijeron: "Hemos encontrado agua". 33 Él llamó a ese pozo
Sibá, que significa "Juramento". De allí procede el nombre
de la ciudad de Berseba hasta el día de hoy. Las esposas hititas de Esaú 34 Cuando Esaú cumplió cuarenta años, se casó con
Judit, hija de Beerí, el hitita, y con Basmat, hija de Elón, el
hitita. 35 Ellas fueron una fuente de amargura para Isaac y Rebeca. La bendición de Isaac a Jacob 27 1 Cuando Isaac envejeció, sus
ojos se debilitaron tanto que ya no veía nada. Entonces llamó a Esaú,
su hijo mayor, y le dijo: "¡Hijo mío!". "Aquí
estoy", respondió él. 2 "Como ves, continuó diciendo
Isaac, yo estoy viejo y puedo morir en cualquier momento. 3 Por eso,
toma tus armas –tu aljaba y tu arco– ve al campo, y cázame algún
animal silvestre. 4 Después prepárame una buena comida, de esas que
a mí me gustan, y tráemela para que la coma. Así podré darte mi
bendición antes de morir". 5 Rebeca había estado escuchando cuando Isaac hablaba
con su hijo Esaú. Y apenas este se fue al campo a cazar un animal
para su padre, 6 Rebeca dijo a Jacob: "Acabo de oír que tu padre
le decía a tu hermano Esaú: 7 ‘Tráeme un animal silvestre y prepárame
una buena comida. Yo la comeré, y te bendeciré en la presencia del
Señor antes de morir’. 8 Ahora, hijo mío, escucha bien lo que voy
a ordenar. 9 Ve al corral y tráeme de allí dos cabritos bien
cebados. Yo prepararé con ellos una buena comida para tu padre, de
esas que le agradan a él, 10 y tú se la llevarás para que la coma.
Así él te bendecirá antes de morir". 11 Pero Jacob respondió a su madre Rebeca: "Mira
que mi hermano Esaú es velludo y yo soy lampiño. 12 Si mi padre me
llega a tocar, pensará que me estoy burlando de él, y entonces
atraeré sobre mí una maldición, y no una bendición". 13
"Que esa maldición caiga sobre mí, hijo mío", le respondió
su madre. "Tú obedéceme, y tráeme los cabritos". 14 Jacob fue a buscar los cabritos, se los llevó a su
madre, y ella preparó una buena comida, como le agradaba a su padre.
15 Después Rebeca tomó una ropa de su hijo mayor Esaú, la mejor que
había en la casa, y se la puso a Jacob, su hijo menor; 16 y con el
cuero de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del
cuello. 17 Luego le entregó la comida y el pan que había preparado. 18 Jacob se presentó ante su padre y le dijo: "¡Padre!".
Este respondió: "Sí, ¿quién eres, hijo mío?". 19
"Soy Esaú, tu hijo primogénito, respondió Jacob a su padre, y
ya hice lo que me mandaste. Por favor, siéntate y come lo que cacé,
para que puedas bendecirme". 20 Entonces Isaac le dijo: "¡Qué
rápido lo has logrado, hijo mío!". Jacob respondió: "El
Señor, tu Dios, hizo que las cosas me salieran bien". 21 Pero
Isaac añadió: "Acércate, hijo mío, y deja que te toque, para
ver si eres realmente mi hijo Esaú o no". 22 Él se acercó a su
padre; este lo palpó y dijo: "La voz es de Jacob, pero las manos
son de Esaú". 23 Y no lo reconoció, porque sus manos estaban
cubiertas de vello, como las de su hermano Esaú. Sin embargo, cuando
ya se disponía a bendecirlo, 24 le preguntó otra vez: "¿Tú
eres mi hijo Esaú?". "Por supuesto", respondió él.
25 "Entonces sírveme, continuó diciendo Isaac, y déjame comer
lo que has cazado, para que pueda darte mi bendición". Jacob le
acercó la comida, y su padre la comió; también le sirvió vino, y
lo bebió. 26 Luego su padre Isaac le dijo: "Acércate, hijo mío,
y dame un beso". 27 Cuando él se acercó para besarlo, Isaac
percibió la fragancia de su ropa. Entonces lo bendijo diciendo: "Sí, la fragancia de mi
hijoes como el aroma de un campoque el Señor ha bendecido. 28 Que el Señor te dé el rocío
del cielo,y la fertilidad de la tierra,trigo y vino en abundancia. 29 Que los pueblos te sirvany las
naciones te rindan homenaje. Tú serás el señor de tus
hermanos,y los hijos de tu madre se inclinarán ante ti. Maldito sea el que te maldiga,y
bendito el que te bendiga". 30 Apenas Isaac había terminado de bendecir a Jacob,
en el preciso momento que este se apartaba de su padre, su hermano Esaú
volvió de cazar. 31 Él también preparó una comida apetitosa y la
presentó a su padre, diciendo: "Levántate, padre, y come la
presa que tu hijo ha cazado. Así podrás bendecirme". 32 Isaac,
su padre, le preguntó: "Y tú, ¿quién eres?". "Soy
Esaú, tu hijo primogénito", le respondió él. 33 Isaac quedó
profundamente turbado y exclamó: "¿Quién ha sido entonces el
que cazó una presa y me la trajo? Yo la comí antes que tú llegaras,
lo bendije, y quedará bendecido". 34 Al oír las palabras de su
padre, Esaú lanzó un fuerte grito lleno de amargura. Luego dijo:
"¡Padre, bendíceme también a mí!". 35 Pero Isaac
respondió a Esaú: "Ha venido tu hermano y, valiéndose de un
engaño, se llevó tu bendición". 36 Esaú dijo entonces: "Sí, con razón se llama
Jacob. Ya van dos veces que me desplaza: primero arrebató mi condición
de hijo primogénito, y ahora se ha llevado mi bendición". Y
agregó: "¿No has reservado una bendición para mí?". 37
Isaac respondió a Esaú: "Lo he constituido tu señor y le he
dado como servidores a todos sus hermanos; lo he provisto de trigo y
de vino: ¿qué más puedo hacer por ti, hijo mío?". 38 Esaú dijo a su padre: "¿Acaso tienes sólo
una bendición?". Isaac permaneció en silencio. Esaú lanzó un
grito y se puso a llorar. 39 Isaac le respondió, diciéndole: "Tu morada estarálejos de los
campos fértilesy del rocío que cae del cielo. 40 Vivirás de tu espaday servirás
a tu hermano. Pero cuando te rebeles,lograrás
sacudir su yugo de tu cuello". 41 Esaú sintió hacia su hermano un profundo rencor,
por la bendición que le había dado su padre. Y pensó: "Pronto
estaremos de duelo por mi padre. Entonces mataré a mi hermano
Jacob". 42 Cuando contaron a Rebeca las palabras de Esaú, su
hijo mayor, ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor y le dijo:
"Tu hermano te quiere matar para vengarse de ti. 43 Ahora, hijo mío,
obedéceme. Huye inmediatamente a Jarán, a casa de mi hermano Labán,
44 y quédate con él algún tiempo, hasta que tu hermano se
tranquilice, 45 hasta que se calme su ira contra ti y olvide lo que le
has hecho. Después yo te mandaré a buscar. ¿Por qué voy a
perderlos a los dos en un solo día?". El viaje de Jacob a Padán Arám 46 Rebeca dijo a Isaac: "¡Esas mujeres hititas
me han quitado hasta las ganas de vivir! Si también Jacob se casa con
una de esas hititas, con una nativa de este país, ¿qué me importa
ya de la vida?". 28 1 Por eso, Isaac llamó a Jacob,
lo bendijo, y le ordenó: "No te cases con una mujer cananea. 2
Ve ahora mismo a Padán Arám, a la casa de Betuel, tu abuelo materno,
y elige para ti una mujer entre las hijas de Labán, el hermano de tu
madre. 3 Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te dé
una descendencia numerosa, para que seas el padre de una asamblea de
pueblos. 4 Que él te dé, a ti y a tu descendencia, la bendición de
Abraham, para que puedas tomar posesión de la tierra donde ahora
vives como extranjero, esa tierra que Dios concedió a Abraham".
5 Luego Isaac despidió a Jacob, y este se fue a Padán Arám, a casa
de Labán, hijo de Betuel, el arameo, y hermano de Rebeca, la madre de
Jacob y de Esaú. El otro casamiento de Esaú 6 Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo
había enviado a Padán Arám para que se buscara allí una esposa.
Vio, asimismo, que al bendecirlo le había dado esta orden: "No
te cases con una mujer cananea", 7 y que Jacob, obedeciendo a su
padre y a su madre, se había ido a Padán Arám. 8 Entonces comprendió
cuánto disgustaban a su padre Isaac las mujeres cananeas. 9 Por eso
acudió a Ismael, el hijo de Abraham, y tomó por esposa –además de
las que ya tenía– a Majalat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot. El sueño de Jacob en Betel 10 Jacob partió de Berseba y se dirigió hacia Jarán.
11 De pronto llegó a un lugar, y se detuvo en él para pasar la
noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del
lugar, se la puso como almohada y se acostó allí. 12 Entonces tuvo
un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada sobre la tierra, y
cuyo extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban ángeles
de Dios. 13 Y el Señor, de pie junto a él, le decía: "Yo soy
el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a
tu descendencia les daré la tierra donde estás acostado. 14 Tu
descendencia será numerosa como el polvo de la tierra; te extenderás
hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por ti y tu
descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra. 15 Yo
estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver
a esta tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te
prometo". 16 Jacob se despertó de su sueño y exclamó: "¡Verdaderamente
el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía!". 17 Y lleno de
temor, añadió: "¡Qué temible es este lugar! Es nada menos que
la casa de Dios y la puerta del cielo". Jacob en casa de Labán 29 1 Jacob reanudó la marcha y se
fue al país de los Orientales. 2 Allí vio un pozo en medio del
campo, junto al cual estaban tendidos tres rebaños de ovejas, porque
en ese pozo daban de beber al ganado. La piedra que cubría la boca
del pozo era muy grande. 3 Solamente cuando estaban reunidos todos los
pastores, podían correrla para dar de beber a los animales. Luego la
volvían a poner en su lugar, sobre la boca del pozo. 4 Jacob dijo a los pastores: "Hermanos, ¿de dónde
son ustedes?". "Somos de Jarán", respondieron. 5 Él añadió:
"¿Conocen a Labán, hijo de Najor?". "Sí",
dijeron ellos. 6 Él volvió a preguntarles: "¿Se encuentra
bien?". "Muy bien", le respondieron.
"Precisamente, ahí viene su hija Raquel con el rebaño". 7
Entonces él les dijo: "Aún es pleno día; todavía no es hora
de entrar los animales. ¿Por qué no les dan de beber y los llevan a
pastar?". 8 "No podemos hacerlo, dijeron ellos, hasta que no
se reúnan todos los pastores y hagan rodar la piedra que está sobre
la boca del pozo. Sólo entonces podremos dar de beber a los
animales". 9 Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó
Raquel, que era pastora, con el rebaño de su padre. 10 Apenas Jacob
vio a Raquel, la hija de su tío Labán, que traía el rebaño, se
adelantó, hizo rodar la piedra que cubría la boca del pozo, y dio de
beber a las ovejas de su tío. 11 Después besó a Raquel y lloró de
emoción. 12 Entonces le contó que él era pariente de Labán –por
ser hijo de Rebeca– y ella fue corriendo a comunicar la noticia a su
padre. 13 Labán, por su parte, al oír que se trataba de Jacob, el
hijo de su hermana, corrió a saludarlo; lo abrazó, lo besó y lo
llevó a su casa. Y cuando Jacob le contó todo lo que había
sucedido, 14 Labán le dijo: "Realmente, tú eres de mi misma
sangre". Las dos esposas de Jacob Después que Jacob pasó un mes entero en compañía
de Labán, 15 este le dijo: "¿Acaso porque eres pariente mío me
vas a servir gratuitamente? Indícame cuál debe ser tu salario".
16 Ahora bien, Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía, y la
menor, Raquel. 17 Lía tenía una mirada tierna, pero Raquel tenía
una linda silueta y era muy hermosa. 18 Y como Jacob se había
enamorado de Raquel, respondió: "Te serviré durante siete años,
si me das por esposa a Raquel, tu hija menor". 19 "Mejor es
dártela a ti que a un extraño", asintió Labán. "Quédate
conmigo". 20 Y Jacob trabajó siete años para poder casarse con
Raquel, pero le parecieron unos pocos días, por el gran amor que le
tenía. 21 Después Jacob dijo a Labán: "Dame a mi
esposa para que pueda unirme con ella, porque el plazo ya se ha
cumplido". 22 Labán reunió a toda la gente del lugar e hizo una
fiesta. 23 Pero al anochecer, tomó a su hija Lía y se la entregó a
Jacob. Y Jacob se unió a ella. 24 Además, Labán destinó a su
esclava Zilpá, para que fuera sirvienta de su hija Lía. 28 Jacob estuvo de acuerdo: esperó que concluyera esa
semana, y después, Labán le dio como esposa a su hija Raquel. 29
Además, Labán destinó a su esclava Bilhá, para que fuera sirvienta
de su hija Raquel. 30 Jacob se unió a ella, y la amó más que a Lía.
Y estuvo al servicio de Labán siete años más. Los hijos de Lía 31 Cuando el Señor vio que Lía no era amada, la hizo
fecunda, mientras que Raquel permaneció estéril. 32 Lía concibió y
dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, porque dijo: "El Señor
ha visto mi aflicción; ahora sí que mi esposo me amará". 33
Luego volvió a concebir, y tuvo otro hijo. Entonces exclamó:
"El Señor se dio cuenta de que yo no era amada, y por eso me dio
también a este". Y lo llamó Simeón. 34 Después concibió una
vez más, y cuando dio a luz, dijo: "Ahora mi marido sentirá
afecto por mí, porque le he dado tres hijos". Por eso lo llamó
Leví. 35 Finalmente, volvió a concebir y a tener un hijo. Entonces
exclamó: "Esta vez alabaré al Señor", y lo llamó Judá.
Después dejó de tener hijos. Los hijos de Bilhá 30 1 Al ver que no podía dar hijos a
Jacob, Raquel tuvo envidia de su hermana, y dijo a su marido:
"Dame hijos, porque si no, me muero". 2 Pero Jacob,
indignado, le respondió: "¿Aca-so yo puedo hacer las veces de
Dios, que te impide ser madre?". 3 Ella añadió: "Aquí
tienes a mi esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis
rodillas. Por medio de ella, también yo voy a tener hijos". 4 Así
le dio por mujer a su esclava Bilhá. Jacob se unió a ella, 5 y
cuando Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob, 6 Raquel dijo:
"Dios me hizo justicia: él escuchó mi voz y me ha dado un
hijo". Por eso lo llamó Dan. 7 Des-pués Bilhá, la esclava de
Raquel, volvió a concebir y dio un segundo hijo a Jacob. 8 Entonces
Raquel dijo: "Sostuve con mi hermana una lucha muy grande, pero
al fin he vencido". Y lo llamó Neftalí. Los hijos de Zilpá 9 Lía, por su parte, viendo que había dejado de dar
a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio como mujer a Jacob. 10
Cuando Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob, 11 Lía exclamó:
"¡Qué suerte!". Y lo llamó Gad. 12 Después Zilpá, la
esclava de Lía, dio otro hijo a Jacob. 13 Lía dijo entonces: "¡Qué
felicidad! Porque todas las mujeres me felicitarán". Y lo llamó
Aser. Los otros hijos de Lía 14 Rubén salió una vez mientras se estaba cosechando
el trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras, que luego entregó
a su madre. Entonces Raquel dijo a Lía: "Por favor, dame algunas
de esas mandrágoras que trajo tu hijo". 15 Pero Lía respondió:
"¿No te basta con haberme quitado a mi marido, que ahora quieres
arrebatarme también las mandrágoras de mi hijo?". "Está
bien, respondió Raquel, que esta noche duerma contigo, a cambio de
las mandrágoras de tu hijo". 16 Al atardecer, cuando Jacob volvía del campo, Lía
salió a su encuentro y le dijo: "Tienes que venir conmigo,
porque he pagado por ti las mandrágoras que encontró mi hijo".
Aquella noche Jacob durmió con ella, 17 y Dios la escuchó, porque
concibió una vez más, y dio a Jacob un quinto hijo. 18 Entonces Lía
exclamó: "Dios me ha recompensado, por haber dado mi esclava a
mi marido". Y lo llamó Isacar. 19 Luego Lía volvió a concebir y dio un sexto hijo a
Jacob. 20 "Dios me hizo un precioso regalo", dijo Lía.
"Esta vez mi marido me honrará, porque le he dado seis
hijos". Y lo llamó Zabulón. 21 Finalmente tuvo una hija, a la
que llamó Dina. El primer hijo de Raquel 22 Dios también se acordó de Raquel, la escuchó e
hizo fecundo su seno. 23 Ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces
exclamó: "Dios ha borrado mi afrenta". 24 Y lo llamó José,
porque dijo: "Que el Señor me conceda un hijo más". El enriquecimiento de Jacob 25 Después que Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a
Labán: "Déjame volver a mi casa y a mi país. 26 Dame a mis
mujeres, por las que te he servido, y a mis hijos, para que pueda
irme. Porque tú sabes muy bien cuánto trabajé por ti". 27 Pero
Labán le respondió: "Si quieres hacerme un favor, quédate
conmigo. Yo he llegado a saber, por medio de la adivinación, que el
Señor me bendijo gracias a ti. 28 Por eso, siguió diciendo, fíjame
tú mismo el salario que debo pagarte". 29 Entonces Jacob añadió:
"Tú sabes bien cómo te he servido, y cómo prosperó tu
hacienda gracias a mis cuidados. 30 Lo poco que tenías antes que yo
llegara se ha acrecentado enormemente, ya que el Señor te bendijo
gracias a mí. Pero ya es hora de que también haga algo por mi propia
casa". 31 "¿Qué debo darte en pago?", preguntó
Labán. Y Jacob respondió: "No tendrás que pagarme nada. Si
haces lo que te voy a proponer, yo volveré a apacentar tu rebaño y a
ocuparme de él. 32 Revisa hoy mismo todo tu rebaño, y aparta de él
todas las ovejas negras y todas las cabras moteadas o manchadas. Ese
será mi salario. 33 Y más adelante, cuando tú mismo vengas a
verificar mis ganancias, mi honradez responderá por mí: si llego a
tener en mi poder alguna cabra que no sea manchada o moteada, o alguna
oveja que no sea negra, eso será un robo que yo he cometido". 34
"Está bien, dijo Labán, que sea como tú dices". 35 Pero aquel mismo día, Labán separó los chivos
rayados y moteados, todas las cabras manchadas y moteadas –todo lo
que tenía una mancha blanca– y todos los corderos negros, y los
confió al cuidado de sus hijos. 36 Después interpuso entre él y
Jacob una distancia de tres días de camino. Mientras tanto, Jacob
apacentaba el resto del rebaño de Labán. 37 Jacob tomó unas ramas verdes de álamo, almendro y
plátano, y trazó en ellas unas franjas blancas, dejando al
descubierto la parte blanca de las ramas. 38 Luego puso frente a los
animales, en los bebederos o recipientes de agua donde iba a beber el
rebaño, las ramas que había descortezado. Y cuando los animales iban
a beber, entraban en celo. 39 De esta manera, se unían delante de las
ramas y así tenían crías rayadas, moteadas o manchadas. 40 Además,
Jacob separó a los carneros y los puso frente a los animales rayados
y negros del rebaño de Labán. Así pudo formar sus propios rebaños,
que mantuvo separados de los rebaños de Labán. 41 Y cuando los
animales que entraban en celo eran robustos, Jacob ponía las ramas en
los bebederos, bien a la vista de los animales, para que se unieran
delante de las ramas; 42 pero cuando los animales eran débiles, no
las ponía. Así los animales robus-tos eran para Jacob, y los débiles
para Labán. 43 De esta manera Jacob se hizo extremadamente rico, y
llegó a tener una gran cantidad de ganado, de esclavos, esclavas,
camellos y asnos. La huida de Jacob 31 1 Jacob se enteró de que los
hijos de Labán andaban diciendo: "Jacob se ha apoderado de todos
los bienes de nuestro padre, y a expensas de él ha conseguido toda
esta riqueza". 2 Y también advirtió que la actitud de Labán
para con él ya no era la misma de antes. 3 Entonces el Señor le
dijo: "Vuelve a la tierra de tus padres y de tu familia, y yo
estaré contigo". 4 Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que
fueran a encontrarse con él en el campo donde estaba el rebaño, 5 y
les dijo: "He advertido que el padre de ustedes ya no se comporta
conmigo como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6
Ustedes saben muy bien que yo puse todo mi empeño en servir a mi
suegro. 7 Sin embargo, él se ha burlado de mí y ha cambiado diez
veces mi salario. Pero Dios no le ha permitido que me hiciera ningún
mal. 8 Si él establecía: ‘Los animales manchados serán tu
salario’, todo el rebaño tenía crías manchadas; y si él decía:
‘Los animales rayados serán tu paga’, todo el rebaño tenía crías
rayadas. 9 Así Dios lo despojó de su ganado y me lo dio a mí. 10
Una vez, durante el período en que el rebaño entra en celo, yo tuve
un sueño. De pronto vi que los chivos que cubrían a las cabras eran
rayados, manchados o moteados. 11 Y en el sueño, el Ángel de Dios me
llamó: ‘¡Jacob!’. ‘Aquí estoy’, le respondí. 12 Entonces
él me dijo: ‘Fíjate bien: todos los chivos que cubren a las cabras
son rayados, manchados o moteados, porque yo me he dado cuenta de todo
lo que te hizo Labán. 13 Yo soy el Dios que se te apareció en Betel,
allí donde tú ungiste una piedra conmemorativa y me hiciste un voto.
Ahora levántate, sal de este país, y regresa a tu tierra
natal’". 14 Raquel y Lía le respondieron diciendo: "¿Tenemos
todavía una parte y una herencia en la casa de nuestro padre? 15 ¿Acaso
no nos ha tratado como a extrañas? No sólo nos ha vendido, sino que
además se ha gastado el dinero que recibió por nosotras. 16 Sí,
toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es nuestra y de
nuestros hijos. Procede como Dios te lo ha ordenado". 17 Inmediatamente Jacob hizo montar en los camellos a
sus hijos y a sus mujeres, 18 y se llevó todo su ganado y todos sus
bienes –el ganado de su propiedad, que había adquirido en Padán Arám–
para ir a la tierra de Canaán, donde se encontraba Isaac, su padre.
19 Como Labán estaba ausente, esquilando sus ovejas, Raquel se adueñó
de los ídolos familiares que pertenecían a su padre. 20 Y Jacob engañó
a Labán, el arameo, porque huyó sin decirle una palabra. 21 Así
escapó Jacob con todo lo que tenía, y apenas estuvo al otro lado del
Éufrates, se dirigió hacia la montaña de Galaad. La persecución de Labán a Jacob 22 Al tercer día notificaron a Labán que Jacob había
huido. 23 Labán reunió a sus parientes y lo persiguió durante siete
días, hasta que al fin lo alcanzó en la montaña de Galaad. 24 Pero
esa misma noche, Dios se apareció en sueños a Labán, el arameo, y
le dijo: "Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de
Jacob". 25 Cuando Labán alcanzó a Jacob, este había
instalado su campamento en la montaña. Labán, por su parte, acampó
en la montaña de Galaad. 26 Labán dijo entonces a Jacob: "¿Qué
has hecho? ¡Me has engañado y te has llevado a mis hijas como
prisioneras de guerra! 27 ¿Por qué has huido ocultamente y me has
engañado? Si me hubieras avisado, yo te habría despedido con una
fiesta, con cantos y con música de tambores y liras. 28 Pero tú ni
siquiera me has permitido saludar con un beso a mis nietos y a mis
hijas. Realmente te has comportado como un insensato. 29 Yo tengo
poder suficiente para hacerles una mala jugada a todos ustedes. Sin
embargo, ayer por la noche, el Dios de tu padre me dijo: ‘Cuidado
con entrometerte para nada en los asuntos de Jacob’. 30 De todas
maneras, está bien: tú te has ido porque añorabas tu casa paterna.
Pero ¿por qué robaste mis dioses?". 31 "Yo estaba atemorizado, respondió Jacob a Labán,
pensando que podías quitarme a tus hijas. 32 Y en lo que respecta a
tus dioses, si llegas a encontrarlos en poder de alguno de nosotros,
ese no quedará con vida. Revisa bien, en presencia de nuestros
hermanos, a ver si hay aquí algo que te pertenece, y llévatelo".
Por supuesto, Jacob ignoraba que Raquel los había robado. 33 Labán entró en la carpa de Jacob, en la de Lía,
y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Al salir de la carpa
de Lía, entró en la de Raquel. 34 Pero Raquel había tomado los ídolos,
los había guardado en la montura del camello y se había sentado
encima de ellos. Después que Labán registró toda la carpa sin
obtener ningún resultado, 35 Raquel dijo a su padre: "Que mi señor
no lo tome a mal; pero no puedo ponerme de pie ante él, porque me
sucede lo que es habitual en las mujeres". Y por más que buscó,
no logró encontrar los ídolos. 36 Jacob se llenó de indignación, y reprochó a Labán
diciéndole: "¿Qué delito o falta he cometido para que me
acoses de esa manera? 37 Acabas de registrar todas mis cosas y no has
encon- trado un solo objeto que te pertenezca. Si lo has encontrado,
colócalo aquí, delante de tu gente y de la mía, y que ellos decidan
quién de nosotros tiene razón. 38 En los veinte años que estuve
contigo, tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, y jamás me comí
los carneros de tu rebaño. 39 Nunca te llevé un animal despedazado
por las fieras: yo mismo debía reparar la pérdida, porque tú me
reclamabas lo que había sido robado tanto de día como de noche. 40
De día me consumía el calor, y de noche, la helada; y el sueño huía
de mis ojos. 41De los veinte años que pasé en tu casa, catorce
trabajé por tus dos hijas, y seis por tu rebaño, y tú me cambiaste
el salario diez veces. 42 Y si el Dios de mi padre –el Dios de
Abraham y el Terror de Isaac– no hubiera estado de mi parte, me habrías
despedido con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi opresión y mi
fatiga, y ayer por la noche pronunció su fallo". La alianza de Jacob con Labán 43 Labán replicó a Jacob: "Estas mujeres son
mis hijas, y estos muchachos, mis nietos; y también es mío el rebaño.
Todo lo que ves me pertenece. Pero ¿qué puedo hacer ahora contra mis
hijas y mis nietos? 44 Por eso, hagamos una alianza, y que haya un
testigo entre tú y yo". 45 Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como
piedra conmemorativa. 46 Labán por su parte, dijo a sus hermanos:
"Recojan unas piedras". Ellos las recogieron, las
amontonaron y comieron allí, sobre el montón de piedras. 47 Y Labán
le puso el nombre de Iegar Sahadutá, mientras que Jacob lo llamó
Galed. 48 Después Labán declaró: "Este montón de piedras será
siempre un testigo entre tú y yo, como lo es ahora". Por eso lo
llamó Galed. 49 Además, le puso el nombre de Mispá, porque dijo:
"Que el Señor nos vigile a los dos, cuando estemos lejos el uno
del otro: 50 si tú maltratas a mis hijas o te unes a otras mujeres
además de ellas –aunque no haya nadie entre nosotros– recuerda
que Dios está como testigo entre tú y yo". 51 Luego añadió:
"Mira este montón de piedras, y mira la piedra conmemorativa que
yo erigí entre tú y yo: 52 una y otra cosa serán testigos de que
ninguno de los dos iremos más allá de este montón de piedras y de
esta piedra conmemorativa, con malas intenciones. 53 Que el Dios de
Abraham y el Dios de Najor sea nuestro juez". Entonces Jacob
prestó un juramento por el Terror de Isaac. 54 Luego ofreció un sacrificio sobre 32 Los preparativos de Jacobpara su encuentro con Esaú 4 Después Jacob envió unos mensajeros a su hermano
Esaú –que vivía en la región de Seír, en las estepas de Edóm–
5 dándoles esta orden: "Digan a mi señor Esaú: Así habla tu
servidor Jacob: Fui a pasar un tiempo a la casa de Labán, y me quedé
allí hasta ahora. 6 Poseo bueyes, asnos, ovejas, esclavos y esclavas.
Mando a informar de esto a mi señor, con la esperanza de que me
reciba amigablemente". 7 Pero los mensajeros regresaron con esta noticia:
"Fuimos a ver a tu hermano Esaú, y ahora viene a tu encuentro
acompañado de cuatrocientos hombres". 8 Jacob sintió un gran
temor y se llenó de angustia. Entonces dividió a la gente que lo
acompañaba en dos grupos, y lo mismo hizo con las ovejas, las vacas y
los camellos, 9 porque pensó: "Si Esaú acomete contra uno de
los grupos y lo destruye, el otro quedará a salvo". 10 Después
pronunció esta oración: "Dios de mi padre Abraham y Dios de mi
padre Isaac, Señor, que me dijiste: ‘Regresa a tu tierra natal y
seré bondadoso contigo’, 11 yo soy indigno de las gracias con que
has favorecido constantemente a tu servidor. Porque cuando crucé el
Jordán, no tenía nada más que mi bastón, y ahora he podido formar
dos campamentos. 12 Te ruego que me libres de la amenaza de mi hermano
Esaú, porque tengo miedo de que él venga y nos destruya, sin
perdonar a nadie. 13 Tú mismo has afirmado: ‘Yo seré bondadoso
contigo y haré que tu descendencia sea una multitud incontable como
la arena del mar’". 14 Después de pasar la noche en aquel lugar, Jacob
tomó una parte de los bienes que tenía a mano, para enviarlos como
obsequio a su hermano Esaú. 15 Eran doscientas cabras y veinte
chivos, doscientas ovejas y veinte carneros, 16 treinta camellas con
sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez asnos. 17
Luego confió a sus servidores cada manada por separado, y les dijo:
"Sigan adelante, pero dejen un espacio libre entre una manada y
la otra". 18 Y al que iba al frente le dio esta orden:
"Cuando mi hermano Esaú te salga al paso y te pregunte: ‘¿Quién
es tu patrón? ¿Adónde vas? ¿Y quién es el dueño de todo eso que
está delante de ti?’, 19 tú le responderás: ‘Todo esto
pertenece a tu servidor Jacob: es un regalo que él envía a mi señor
Esaú. Detrás de nosotros viene él personalmente’". 20 Jacob
dio esa misma orden al segundo, y al tercero, y a todos los demás que
iban detrás de las manadas diciéndoles: "Cuando se encuentren
con mi hermano Esaú, díganle todo esto. 21 Y tengan cuidado de añadir:
‘Detrás de nosotros viene tu servidor Jacob personalmente’".
Porque pensaba: "Lo aplacaré con los regalos que me preceden y
después me presentaré yo; tal vez así me reciba bien". 22 Y
aquella noche Jacob permaneció en el campamento, mientras sus regalos
iban delante de él. La lucha misteriosa de Jacob 23 Aquella noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos
mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de
Iaboc. 24 Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también
todas sus posesiones. 25 Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él
hasta rayar el alba. 26 Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó
en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó
mientras luchaban. 27 Luego dijo: "Déjame partir, porque ya está
amaneciendo". Pero Jacob replicó: "No te soltaré si antes
no me bendices". 28 El otro le preguntó: "¿Cómo te
llamas?", "Jacob", respondió. 29 Él añadió:
"En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has
luchado con Dios y con los hombres, y has vencido". 30 Jacob le
rogó: "Por favor, dime tu nombre". Pero él respondió:
"¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?". Y allí mismo
lo bendijo. 31 Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel,
porque dijo: "He visto a Dios cara a cara, y he salido con
vida". 32 Mientras atravesaba Peniel, el sol comenzó a brillar,
y Jacob iba rengueando del muslo. 33 Por eso los israelitas no comen
hasta el presente el nervio ciático que está en la articulación del
fémur, porque Jacob fue tocado en la articulación del fémur, en el
nervio ciático. El encuentro de Jacob con Esaú 33 1 Jacob alzó los ojos, y al ver
que Esaú venía acompañado de cuatrocientos hombres, repartió a los
niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas. 2 Puso al frente a las
esclavas con sus niños, luego a Lía y a sus hijos, y por último a
Raquel y a José. 3 Después se adelantó él personalmente, y antes
de enfrentarse con su hermano, se postró en tierra siete veces. 4
Pero Esaú corrió a su encuentro, lo estrechó entre sus brazos, y lo
besó llorando. 5 Luego dirigió una mirada a su alrededor, y al ver a
las mujeres y a los niños, preguntó: "¿Quiénes son estos que
están contigo?". "Son los hijos que Dios ha concedido a tu
servidor", respondió Jacob. 6 Entonces se le acercaron las
esclavas con sus hijos y se postraron ante él. 7 Inmediatamente vino
Lía con sus hijos, y también se postraron. Por último se
adelantaron José y Raquel, e hicieron lo mismo. 8 Esaú preguntó: "¿Qué intentabas hacer con
todo ese ganado que me salió al paso?". "Lograr que mi señor
me diera la bienvenida", respondió Jacob. 9 Pero Esaú añadió:
"Ya tengo bastante, querido hermano. Quédate con lo que es
tuyo". 10 "No, le dijo Jacob; si quieres hacerme un favor,
acepta el regalo que te ofrezco, porque ver tu rostro ha sido lo mismo
que ver el rostro de Dios, ya que me has recibido tan afectuosamente.
11 Toma el obsequio que te ha sido presentado, porque Dios me ha
favorecido y yo tengo todo lo necesario". Y ante tanta
insistencia, Esaú aceptó. La separación de Jacob y Esaú 12 Después Esaú continuó diciendo: "Vámonos
de aquí, y yo te serviré de escolta". 13 Pero Jacob respondió:
"Mi señor sabe que los niños son delicados. Además, las ovejas
y las vacas han tenido cría, y yo debo velar por ellas. Bastará con
exigirles un solo día de marcha forzada, para que muera todo el rebaño.
14 Tú sigue adelante, mientras yo avanzo lentamente, al paso de la
caravana que me va precediendo, y al paso de los niños. Luego te
alcanzaré en Seír". 15 Esaú dijo entonces: "Permíteme al
menos que ponga a tu disposición una parte de los hombres que me
acompañan". "¿Para qué?", respondió Jacob.
"Basta que seas benévolo conmigo". 16 Aquel mismo día, Esaú emprendió el camino de
regreso a Seír, 17 mientras que Jacob siguió avanzando hasta Sucot.
Allí edificó una casa para él, y chozas para el ganado. Fue por eso
que se dio a ese lugar el nombre de Sucot, que significa
"Chozas". La llegada de Jacob a Siquém El rapto y la violación de Dina 34 1 Dina, la hija que Lía había
dado a Jacob, salió una vez a mirar a las mujeres del país. 2 Cuando
la vio Siquém –que era hijo de Jamor, el jivita, príncipe de
aquella región– se la llevó y abusó de ella. 3 Pero después se
sintió atraído por la muchacha y se enamoró de ella, de manera que
trató de ganarse su afecto. 4 Además, dijo a su padre Jamor:
"Consígueme a esa muchacha para que sea mi esposa". 5
Jacob, por su parte, se enteró de que Siquém había violado a su
hija Dina, pero como sus hijos estaban en el campo, cuidando el
ganado, no dijo nada hasta su regreso. 6 Entonces Jamor, el padre de Siquém, fue a
encontrarse con Jacob para conversar con él. 7 En ese momento,
volvieron del campo los hijos de Jacob, y cuanto tuvieron noticia de
lo ocurrido, se disgustaron profundamente y se enfurecieron, porque al
abusar de la hija de Jacob, Siquém había cometido una infamia contra
Israel, y eso no se debe hacer. 8 Pero Jamor les habló en estos términos:
"Mi hijo Siquém está realmente enamorado de esta muchacha. Permítanle
casarse con ella. 9 Conviértanse en parientes nuestros: ustedes nos
darán a sus hijas, y obtendrán en cambio las nuestras. 10 Así podrán
vivir entre nosotros y tendrán el país a su disposición para
instalarse en él, para recorrerlo libremente y adquirir
propiedades". 11 Después Siquém dijo al padre y a los hermanos
de la muchacha: "Si me hacen este favor, yo les daré lo que me
pidan. 12 Aunque me exijan a cambio de ella un precio muy elevado, les
pagaré lo que ustedes digan. Pero dejen que me case con la
muchacha". 13 Sin embargo, como su hermana había sido ultrajada,
los hijos de Jacob resolvieron engañar a Siquém y a su padre Jamor,
14 diciéndoles: "No podemos hacer semejante cosa, porque sería
para nosotros una vergüenza entregar nuestra hermana a un
incircunciso. 15 Aceptaremos solamente con esta condición: que
ustedes se hagan iguales a nosotros, circuncidando a todos sus
varones. 16 Entonces podremos darles a nuestras hijas y casarnos con
las de ustedes, vivir entre ustedes y formar un solo pueblo. 17 Si no
llegan a un acuerdo con nosotros en lo que se refiere a la circuncisión,
tomaremos a nuestra hermana y nos iremos". 18 La propuesta pareció
razonable a Jamor y a su hijo Siquém, 19 y el joven no dudó un
instante en satisfacer esa demanda, tanto era el cariño que sentía
por la hija de Jacob. Además, él era el más respetado entre los
miembros de su familia. 20 Entonces Jamor y su hijo Siquém se presentaron en
la puerta de la ciudad, y hablaron a todos sus conciudadanos en los
siguientes términos: 21 "Estos hombres son nuestros amigos.
Dejen que se instalen en el país y que puedan recorrerlo libremente;
aquí hay bastante espacio para ellos. Nosotros nos casaremos con sus
hijas, y les daremos en cambio a las nuestras. 22 Pero esta gente
accederá a permanecer con nosotros y a formar un solo pueblo, únicamente
con esta condición: que todos nuestros varones se hagan circuncidar,
igual que ellos. 23 ¿Acaso no van a ser nuestros su ganado, sus
posesiones y todos sus animales? Pongámonos de acuerdo con ellos, y
que se queden con nosotros". 24 Todos los que se reunían en la
puerta de la ciudad accedieron a la propuesta de Jamor y de su hijo
Siquém, y todos se hicieron circuncidar. La venganza de Simeón y Leví contra Siquém 25 Al tercer día, cuando todavía estaban
convalecientes, Simeón y Leví, dos de los hijos de Jacob, hermanos
de Dina, empuñaron cada uno su espada, entraron en la ciudad sin
encontrar ninguna resistencia, y mataron a todos los varones. 26 También
pasaron al filo de la espada a Jamor y a su hijo Siquém, rescataron a
Dina, que estaba en la casa de Siquém, y se fueron. 27 Los hijos de
Jacob pasaron sobre los cadáveres y saquearon la ciudad, en
represalia por el ultraje cometido contra su hermana Dina. 28 Se
apoderaron de sus ovejas, de sus vacas, de sus asnos, y de todo lo que
había dentro y fuera de la ciudad, 29 y de todos sus bienes. Se
llevaron cautivos a todos los niños y a las mujeres, y saquearon todo
lo que había en las casas. 30 Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví:
"Ustedes me han puesto en un grave aprieto, haciéndome odioso a
los cananeos y perizitas que habitan en este país. Yo dispongo de
pocos hombres, y si ellos se unen contra mí y me atacan, seré
aniquilado con toda mi familia". 31 Pero ellos replicaron:
"Y nuestra hermana, ¿debía ser tratada como una
prostituta?". Nueva
visita de Jacob a Betel 35 1 Dios dijo a Jacob: "Sube a
Betel y permanece allí. Levanta allí un altar al Dios que se te
apareció cuando huías de tu hermano Esaú". 2 Entonces Jacob
dijo a sus familiares y a todos los demás que estaban con él:
"Dejen de lado todos los dioses extraños que tengan con ustedes,
purifíquense y cámbiense de ropa. 3 Ahora subiremos a Betel, y allí
levantaré un altar al Dios que me respondió cuando estuve
angustiado, y que estuvo conmigo en el viaje que realicé". 4
Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían
consigo y los aros que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró
debajo de la encina que está cerca de Siquém. 5 Cuando partieron,
Dios hizo cundir el pánico entre las poblaciones vecinas, de manera
que nadie persiguió a los hijos de Jacob. 6 Así Jacob llegó a Luz –o sea, Betel– en la
tierra de Canaán, junto con toda la gente que lo acompañaba. 7 Allí
erigió un altar, y puso a ese lugar el nombre de Betel, porque allí
se le había revelado Dios, cuando él huía de su hermano. 8 Mientras tanto murió Débora, la nodriza de Rebeca,
y fue sepultada bajo la encina que se encuentra antes de llegar a
Betel. Por eso se la llamó "Encina del llanto". Renovación de la promesade Dios a Jacob 9 Cuando Jacob regresó de Padán Arám, Dios se le
apareció de nuevo y lo bendijo, 10 diciéndole: "Tu nombre es
Jacob. Pero en adelante no te llamarás Jacob, sino Israel". Así
le puso el nombre de Israel. 11 Luego añadió: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti nacerá una nación, más aún, una asamblea de naciones, y saldrán reyes de tus entrañas. 12 La tierra que di a Abraham y a Isaac, ahora te la doy a ti y a tu descendencia". 13 Y Dios se alejó de él. 14 Jacob erigió una piedra conmemorativa en el lugar
donde Dios le había hablado. En seguida ofreció una libación sobre
ella y ungió la piedra con aceite. 15 Jacob llamó Betel a aquel
lugar, porque allí Dios había hablado con él. El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel 16 Partieron de Betel, y cuando todavía faltaba un
trecho para llegar a Efratá, a Raquel le llegó el momento de dar a
luz, y tuvo un parto difícil. 17 Como daba a luz muy penosamente, la
partera le dijo: "¡No temas, porque tienes otro hijo varón!".
18 Con su último aliento –porque ya se moría– lo llamó Ben Oní;
pero su padre le puso el nombre de Benjamín. 19 Así murió Raquel, y
fue enterrada junto al camino de Efratá, o sea, de Belén. 20 Sobre
su tumba Jacob erigió un monumento, el mismo que está en esa tumba
hasta el día de hoy. El incesto de Rubén 21 Israel siguió avanzando, y estableció su
campamento más allá de Migdal Eder. 22 Mientras acampaba en aquella
región, Rubén se acostó con Bilhá, la concubina de su padre, e
Israel se enteró. Los hijos de Jacob Jacob tuvo doce hijos. 23 Los hijos de Lía fueron Rubén,
el primogénito de Jacob, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24
Los hijos de Raquel fueron José y Benjamín. 25 Los hijos de Bilhá,
la esclava de Raquel, fueron Dan y Neftalí. 26 Los hijos de Zilpá,
la esclava de Lía, fueron Gad y Aser. Estos son los hijos que le
nacieron a Jacob en Padán Arám. La muerte de Isaac 27 Jacob llegó a la casa de su padre Isaac, en Mamré,
en Quiriat Arbá –la actual Hebrón– donde también había
residido Abraham. 28 Isaac vivió ciento ochenta años. 29 Al término
de ellos murió, anciano y cargado de años, y fue a reunirse con los
suyos. Sus hijos Esaú y Jacob le dieron sepultura. La descendencia de Esaú en Canaán 36 1 La descendencia de Esaú –es
decir, de Edóm– es la siguiente: 2 Esaú tomó sus esposas de entre
las mujeres cananeas: a Adá, hija de Elón, el hitita; a Oholibamá,
hija de Aná, que a su vez era hijo de Sibeón, el jivita; 3 y a
Basmat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot. 4 Adá fue madre de
Elifaz; Basmat, madre de Reuel 5 y Oholibamá, madre de Ieús, Ialam y
Coré. Estos son los hijos que Esaú tuvo en Canaán. La emigración de Esaú a Seír 6 Después Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos e
hijas, y a toda su servidumbre, su ganado, todos sus animales, y todos
sus bienes que había adquirido en Canaán, y emigró a Seír, lejos
de su hermano Jacob. 7 Los dos tenían, en efecto, demasiadas
posesiones para poder vivir juntos, y el territorio donde residían no
daba abasto para tanto ganado. 8 Así Esaú se estableció en la montaña
de Seír. Esaú es Edóm. La descendencia de Esaú en Seír 9 Esta es la descendencia de Esaú, padre de Edóm, en
la montaña de Seír. 10 Los nombres de sus hijos son los siguientes:
Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer
de Esaú. 11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó,
Gaetám y Quenaz. 12 Elifaz, el hijo de Esaú, también tuvo una
esclava, Timná, que fue madre de Amalec. Estos son los descendientes
de Adá, la mujer de Esaú. 13 Los hijos de Reuel fueron: Nájat, Zéraj, Samá y
Mizá. Estos son los descendientes de Basmat, la mujer de Esaú. 14 Y los hijos de la otra esposa de Esaú, Oholibamá,
hija de Aná, el hijo de Sibeón, fueron Ieús, Ialam y Coré. Los clanes de los edomitas 15 Los clanes de los hijos de Esaú son los
siguientes: Los hijos de Elifaz, el primogénito de Esaú, fueron
los clanes de Temán, Omar, Sefó, Quenaz, 16 Coré, Gaetám y Amalec.
Estos son los clanes de Elifaz en el país de Edóm, los que
descienden de Adá. 17 Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron los
clanes de Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los clanes de Reuel
en el país de Edóm, los que descienden de Basmat. 18 Los hijos de Oholibamá, esposa de Esaú, fueron
los clanes de Ieús, Ialam y Coré. Estos son los clanes de Oholibamá,
hija de Aná, mujer de Esaú. 19 Estos son los hijos de Esaú –es decir, de Edóm–
con sus respectivos clanes. Los descendientes de Seír 20 Los hijos de Seír, el hurrita, que vivían en
aquella región son los siguientes: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 21
Disón, Eser y Disán. Estos son los clanes de los hurritas, hijos de
Seír, en el país de Edóm. 22 Los hijos de Lotán fueron Jorí y Hemám, y la
hermana de Lotán fue Timná. 23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manájat,
Ebal, Sefó y Onám. 24 Los hijos de Sibeón: Aiá y Aná. Este es el
mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, mientras
apacentaba los rebaños de su padre Sibeón. 25 Los hijos de Aná
fueron Disón y Oholibamá, hija de Aná. 26 Los hijos de Disón
fueron Jemdám, Esbán, Itrán y Querán. 27 Los hijos de Eser fueron
Bilhán, Zaaván y Acán. 28 Los hijos de Disán fueron Us y Arán. 29 Los clanes de los hurritas fueron Lotán, Sobal,
Sibeón, Aná, 30 Disón, Eser y Disán. Estos son, uno por uno los
clanes de los hurritas en el territorio de Seír. Los reyes de Edóm 31 Los reyes que reinaron en el país de Edóm antes
que ningún rey reinara sobre los israelitas son los siguientes: 32 Belá, hijo de Beor, reinó en Edóm, y el nombre
de su ciudad era Dinhabá. 33 Cuando murió Belá, lo sucedió Iobab,
hijo de Zéraj, de Bosrá. 34 Cuando murió Iobab, lo sucedió Jusám,
del país de los temanitas. 35 Cuando murió Jusám, lo sucedió
Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab;
el nombre de su ciudad era Avit. 36 Cuando murió Hadad, lo sucedió
Samlá, de Masrecá. 37 Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de
Rejobot del Río. 38 Cuando murió Saúl, lo sucedió Baal Janán,
hijo de Acbor. 39 Cuando murió Baal Janán, hijo de Acbor, lo sucedió
Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer,
Mehetabel, hija de Matred, que a su vez era hija de Mezahab. Otra lista de clanes de los edomitas 40 Los clanes de Esaú –cada uno con sus familias,
sus localidades y sus nombres– son los siguientes: Timná, Alvá, Iétet,
41 Oholibamá, Elá, Pinón, 42 Quenaz, Temán, Mibsar, 43 Magdiel e
Irám. Estos son los clanes de Edóm que residen en sus propios
territorios. Esaú es el padre de Edóm. 37 1 Mientras tanto, Jacob estaba
instalado en el territorio donde su padre había residido como
extranjero, en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia de Jacob. La historia de José se
distingue considerablemente de los relatos anteriores. La narración
tiene ahora una trama mucho más compleja y elaborada. Ya no está
compuesta de escenas breves, más o menos independientes unas de
otras, sino que presenta una sucesión dramática. Cada nuevo episodio
presupone todas las etapas anteriores y prepara el desenlace final.
Además, hay una mayor variedad de personajes y situaciones, que
manifiestan una notable maestría en el arte de narrar. El relato tiene como
protagonista a José, el primer hijo de Raquel (30. 22-24) y el
preferido de su padre Jacob (37.3). Víctima de la envidia de sus
hermanos, es llevado de Canaán a Egipto. Pero Dios está con él
cuando es vendido como esclavo y acusado injustamente, y lo eleva a la
más alta dignidad, para que pueda salvar un día a toda su familia
asediada por el hambre. De esta manera, el Señor va preparando
secretamente el nacimiento de su Pueblo elegido. Con la llegada de
Jacob y sus hijos a Egipto, se cierra la etapa de la historia
patriarcal, que sirve de preludio a la epopeya del Éxodo. José es presentado como el
ideal del hombre sabio y prudente, y toda su vida encierra una lección
de sabiduría. Aquí no hay intervenciones espectaculares del Señor:
José no habla familiarmente con Dios como lo habían hecho Abraham,
Isaac y Jacob; tampoco recibe una nueva revelación o una confirmación
de Los sueños de José José tenía diecisiete años, y apacentaba el rebaño,
ayudando a sus hermanos, los hijos de Bilhá y Zilpá, las mujeres de
su padre. En cierta ocasión, refirió a Jacob lo mal que se hablaba
de ellos. 3 Israel amaba a José más que a ningún otro de sus
hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica
de mangas largas. 4 Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a
ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el
saludo. 5 Una vez, José tuvo un sueño y lo contó a sus
hermanos. 6 "Oigan el sueño que tuve", les dijo. 7
"Nosotros estábamos en el campo atando gavillas. De pronto, mi
gavilla se alzó y se mantuvo erguida, mientras que la de ustedes
formaban un círculo alrededor de la mía y se inclinaban ante
ella". 8 Sus hermanos le preguntaron: "¿Acaso pretendes
reinar sobre nosotros y tenernos bajo tu dominio?". Y lo odiaron
más todavía por lo que contaba acerca de sus sueños. 9 Después
tuvo otro sueño, y también lo contó a sus hermanos. "Tuve otro
sueño, les dijo. El sol, la luna y once estrellas se postraban
delante de mi". 10 Pero cuando se lo contó a su padre, este lo
reprendió diciéndole: "¿Que significa ese sueño que has
tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a postrarnos en
tierra delante de ti?". 11 Y sus hermanos le tenían envidia,
pero su padre reflexionaba sobre todas estas cosas. José atacado por sus hermanos 12 Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém
para apacentar el rebaño de su padre. 13 Entonces Israel dijo a José:
"Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas
a verlos". "Está bien", respondió él. 14 Su padre añadió:
"Ve a ver cómo les va a tus hermanos y al rebaño, y tráeme
noticias". Y lo envió desde el valle de Hebrón. Cuando José llegó a Siquém, 15 un hombre lo encontró
dando vueltas por el campo y le preguntó: "¿Qué estás
buscando?". 16 Él le respondió: "Busco a mis hermanos. ¿Puedes
decirme dónde están apacentando el rebaño?". 17 "Se han
ido de aquí, repuso el hombre, porque les oí decir: ‘Vamos a Dotán’".
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. 18 Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se
acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19 "Ahí
viene ese soñador", se dijeron unos a otros. 20 "¿Por qué
no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después
diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan
sus sueños!". 21 Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo
diciendo: "No atentemos contra su vida". 22 Y agregó:
"No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá
afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En
realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su
padre sano y salvo. 23 Apenas José llegó al lugar donde estaban sus
hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas
largas que llevaba puesta–, 24 lo tomaron y lo arrojaron a la
cisterna, que estaba completamente vacía. 25 Luego se sentaron a
comer. José llevado a Egipto De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana
de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una
carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26
Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos asesinando a
nuestro hermano y ocultando su sangre? 27 En lugar de atentar contra
su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano,
nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28 Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas
pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo
vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue
llevado a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio
cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa, 30 y
regresando a donde estaban sus hermanos, dijo: "El muchacho ha
desaparecido. ¿Dónde iré yo ahora?". 31 Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un
cabrito, y empaparon la túnica con sangre. 32 Después enviaron a su
padre la túnica de mangas largas, junto con este mensaje: "Hemos
encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo, o no".
33 Este, al reconocerla, exclamó: "¡Es la túnica de mi hijo!
Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las
fieras!". 34 Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y
estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo. 35 Sus hijos y sus hijas venían
a consolarlo, pero él rehusaba todo consuelo, diciendo: "No. Voy
a bajar enlutado a donde está mi hijo, a la morada de los
muertos". Y continuaba lamentándose. 36 Pero entretanto, en Egipto, los madianitas lo habían
vendido a Putifar, un funcionario del Faraón, capitán de guardias. Judá y Tamar 38 1 Por aquel tiempo, Judá se alejó
de sus hermanos y entró en amistad con un hombre de Adulám llamado
Jirá. 2 Allí conoció a la hija de un cananeo llamado Súa, y después
de tomarla por esposa, se unió con ella. 3 Ella concibió y dio a luz
un hijo, y él lo llamó Er. 4 Luego concibió nuevamente, y tuvo otro
hijo, al que llamó Onán. 5 Después volvió a tener otro hijo, y le
puso el nombre de Selá. Cuando ella dio a luz, estaba en Quezib. 6 Más tarde, Judá casó a Er, su hijo mayor, con una
mujer llamada Tamar. 7 Er desagradó al Señor, y el Señor lo hizo
morir. 8 Judá dijo entonces a Onán: "Únete a la viuda de Er,
para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una descendencia a
tu hermano". 9 Pero Onán, sabiendo que la descendencia no le
pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en
la tierra para evitar que su hermano tuviera una descendencia. 10 Su
manera de proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a
él. 11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: "Vive como una
viuda en la casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Selá",
porque temía que este corriera la misma suerte que sus hermanos. Por
eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre. 12 Mucho tiempo después, murió la esposa de Judá,
la hija de Súa. Una vez concluido el duelo, Judá se dirigió hacia
Timná en compañía de su amigo Jirá, el adulamita, porque allí
esquilaban sus ovejas. 13 Tamar fue informada de que su suegro se
dirigía hacia Timná, donde estaban esquilando su rebaño. 14 Y como
veía que Selá ya era grande, y sin embargo, no se lo habían dado
como esposo, se quitó su ropa de viuda, se cubrió con un velo para
no ser reconocida, y se sentó a la entrada de Enaim, sobre el camino
a Timná. 15 Como tenía la cara tapada, al verla, Judá pensó que
era una prostituta. 16 Entonces se apartó del camino y fue hacia ella
para decirle: "Deja que me acueste contigo", ignorando que
se trataba de su nuera. Ella le respondió: "¿Qué me darás por
acostarte conmigo?". 17 "Te enviaré un chivito de mi rebaño",
le aseguró él. "De acuerdo, continuó ella, con tal que me
dejes algo como prenda hasta que me lo envíes". 18 Él le
preguntó: "¿Qué debo dejarte?". "Tu sello con su
cordón y el bastón que llevas en la mano", le respondió. Él
se los entregó y se acostó con ella, dejándola embarazada. 19
Inmediatamente, ella se retiró, se quitó el velo que la cubría, y
volvió a ponerse su ropa de viuda. 20 Cuando Judá le envió el chivito por medio de su
amigo, el adulamita, para rescatar la prenda que había quedado en
manos de la mujer, este no pudo encontrarla. 21 Entonces preguntó a
la gente del lugar: "¿Dónde está esa prostituta que se sentaba
en Enaim, al borde del camino?". Ellos le respondieron: "Allí
nunca hubo una prostituta". 22 Él regresó y dijo a Judá:
"No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me aseguró
que allí nunca hubo una prostituta". 23 Judá replicó:
"Que se quede con todo, porque de lo contrario nos pondremos en
ridículo. Yo cumplí mandándole el cabrito, y tú no la
encontraste". 24 Unos tres meses más tarde, notificaron a Judá:
"Tu nuera Tamar se ha prostituido, y en una de sus andanzas quedó
embarazada". Entonces Judá exclamó: "Sáquenla afuera y quémenla
viva". 25 Pero cuando la iban a sacar, ella mandó decir a su
suegro: "Estas cosas pertenecen al hombre que me dejó
embarazada. Averigua quién es el dueño de este sello, este cordón y
ese bastón". 26 Al reconocerlos, Judá declaró: "Ella es más
justa que yo, porque yo no le di a mi hijo Selá". Y no volvió a
tener relaciones con ella. Los hijos de Tamar 27 Llegado el momento del parto, resultó que en su
seno había mellizos. 28 Mientras daba a luz, uno de ellos extendió
su mano, y la partera le ató en ella un hilo escarlata, diciendo:
"Este ha sido el primero en salir". 29 Pero luego retiró su
mano, y el otro salió antes. Entonces ella dijo: "¡Cómo te has
abierto una brecha!". Por eso fue llamado Peres. 30 Después salió
su hermano, con el hilo escarlata, y por eso lo llamaron Zéraj. José, mayordomo de Putifar 39 1 Cuando José fue llevado a
Egipto, Putifar –un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán
de guardias– lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí.
2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y
quedó en la casa de su patrón, el egipcio. 3 Al ver que el Señor
estaba con él y hacía prosperar todas las obras que realizaba, 4 su
patrón lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo
al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus
bienes. José y la mujer de Putifar Como José era apuesto y de buena presencia, 7 después
de un tiempo, la esposa de su patrón fijó sus ojos en él y le dijo:
"Acuéstate conmigo". 8 Pero él se negó y respondió a la
mujer: "Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en los asuntos
de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee. 9 Él mismo no
ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna
restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su
esposa. ¿Cómo entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar
contra Dios?". 10 Y por más que ella lo instigaba día tras día,
él no accedió a acostarse con ella y a ser su amante. 11 Pero un día, José entró en la casa para cumplir
con sus obligaciones, en el preciso momento en que todo el personal de
servicio se encontraba ausente. 12 Entonces ella lo tomó de la ropa y
le insistió: "Acuéstate conmigo". Pero él huyó, dejando
su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí. 13 Cuando
ella vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había
escapado, 14 llamó a sus servidores y les dijo: "¡Miren! Mi
marido nos ha traído un hebreo, sólo para que se ría de nosotros.
Él intentó acostarse conmigo, pero yo grité lo más fuerte que
pude. 15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio, dejó su manto a mi
lado y se escapó". El arresto de José 16 Ella guardó el manto de José hasta que regresó
su marido, 17 y entonces le contó la misma historia: "El esclavo
hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y pretendió violarme. 18
Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su manto a mi lado y
se escapó". 19 Al oír las palabras de su mujer: "Tu
esclavo me hizo esto y esto", su patrón se enfureció, 20 hizo
detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los
prisioneros del rey. Así fue a parar a la cárcel. 21 Pero el Señor estaba con José y le mostró su
bondad, haciendo que se ganara la simpatía del jefe de los
carceleros. 22 Este confió a José todos los presos que había en la
cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía. 23 El jefe de los
carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a
José, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que
él realizaba. Los sueños de los funcionarios del Faraón 40 1 Después de estos
acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron
a su señor. 2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el
copero mayor y el panadero mayor– 3 y los hizo poner bajo custodia
en la casa del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba
preso José. 4 El capitán de guardias encargó a José que se ocupara
de servirlos, y así estuvieron arrestados durante un tiempo. 5 Una vez, mientras estaban presos en la cárcel, el
copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron un sueño en el
transcurso de una misma noche, cada sueño con su significado propio. 9 El copero relató su sueño a José. "Yo soñé,
le dijo que delante de mí había una vid, 10 y en ella, tres
sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron
las uvas en los racimos. 11 La copa del faraón estaba en mi mano: yo
tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del
Faraón". 12 José le dijo: "La interpretación es la
siguiente: los tres racimos representan tres días. 13 Dentro de tres
días, el Faraón te indultará, te restituirá a tu cargo, y tú
pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a hacerlo antes,
cuando eras su copero. 14 Y cuando mejore tu suerte, si todavía
recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor:
háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar. 15
Porque yo fui traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí
no hice nada para que me pusieran en la cárcel". 16 El panadero mayor, al ver con qué acierto había
interpretado el sueño, dijo a José: "Yo, por mi parte, soñé
que tenía sobre mi cabeza tres canastas de mimbre. 17 En la canasta más
elevada, había de todos los productos de panadería que come el Faraón,
y los pájaros comían de esa canasta que estaba encima de mi
cabeza". 18 José le respondió: "La interpretación es la
siguiente: las tres canastas representan tres días. 19 Dentro de tres
días el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros
comerán tu carne". 20 Efectivamente, al tercer día se festejaba el
cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un banquete a todos sus
servidores. Entonces reconsideró las causas del copero mayor y del
panadero mayor en medio de sus servidores, 21y restituyó en su cargo
al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano
del Faraón; 22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a
la interpretación que les había dado José. 23 Sin embargo, el
copero mayor ya no pensó más en José, sino que se olvidó de él. Los sueños del Faraón 41 1 Dos años después, el Faraón
tuvo un sueño: él estaba de pie junto al Nilo, 2 cuando de pronto
subieron del río siete vacas hermosas y robustas, que se pusieron a
pastar entre los juncos. 3 Detrás de ella subieron otras siete vacas
feas y escuálidas, que se pararon al lado de las primeras; 4 y las
vacas feas y escuálidas se comieron a las siete vacas hermosas y
robustas. En seguida el Faraón se despertó. 5 Luego volvió a dormirse y tuvo otro sueño: siete
espigas grandes y lozanas salían de un mismo tallo. 6 Pero
inmediatamente después brotaron otras siete espigas, delgadas y
quemadas por el viento del este; 7 y las espigas delgadas devoraron a
las siete espigas grandes y cargadas de granos. Cuando se despertó,
el Faraón se dio cuenta de que había estado soñando. La interpretación de los sueños del Faraón 14 El Faraón mandó llamar a José, que sin pérdida
de tiempo fue sacado de la prisión. Este se afeitó, se cambió de
ropa y compareció ante el Faraón. 15 El Faraón dijo a José:
"He tenido un sueño que nadie puede interpretar. Pero me han
informado que te basta oír un sueño para interpretarlo". 16 José
respondió al Faraón: "No soy yo, sino Dios, el que dará al
Faraón la respuesta conveniente". 17 Entonces el Faraón dijo a José: "Soñé que
estaba parado a orilla del Nilo, 18 y de pronto subían del río siete
vacas robustas y hermosas, que se pusieron a pastar entre los juncos.
19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas, escuálidas, de
aspecto horrible y esqueléticas, como nunca había visto en todo el
territorio de Egipto. 20 Y las vacas escuálidas y feas devoraron a
las otras siete vacas robustas. 21 Pero una vez que las comieron,
nadie hubiera dicho que las tenían en su vientre, porque seguían tan
horribles como antes. En seguida me desperté. 22 En el otro sueño,
vi siete espigas hermosas y cargadas de granos, que brotaban de un
mismo tallo. 23 Después de ellas brotaron otras siete espigas,
marchitas, delgadas y quemadas por el viento del este, 24 que
devoraron a las siete espigas hermosas. Yo he contado todo esto a los
adivinos, pero ninguno me ha dado una explicación". 25 José
dijo al Faraón: "El Faraón ha soñado una sola cosa, y así
Dios le ha anunciado lo que está a punto de realizar. 26 Las siete
vacas hermosas y las siete espigas lozanas representan siete años.
Los dos sueños se tratan de lo mismo. 27 Y las siete vacas escuálidas
y feas que subieron después de ellas son siete años, lo mismo que
las siete espigas sin grano y quemadas por el viento del este. Estos
serán siete años de hambre. 28 Es como lo acabo de decir al Faraón:
Dios ha querido mostrarle lo que está a punto de realizar. 29 En los
próximos siete años habrá en todo Egipto una gran abundancia. 30
Pero inmediatamente después, sobrevendrán siete años de hambre,
durante los cuales en Egipto no quedará ni el recuerdo de aquella
abundancia, porque el hambre asolará al país. 31 Entonces nadie sabrá
lo que es la abundancia, a causa del hambre, que será muy intensa. 32
El hecho de que el Faraón haya tenido dos veces el mismo sueño,
significa que este asunto ya está resuelto de parte de Dios y que él
lo va a ejecutar de inmediato. 33 Por eso, es necesario que el Faraón busque un
hombre prudente y sabio, y lo ponga al frente de todo Egipto. 34 Además,
el Faraón deberá establecer inspectores en todo el país y exigir a
los egipcios la quinta parte de las cosechas durante los siete años
de abundancia. 35 Ellos reunirán los víveres que se cosechen en
estos próximos siete años de prosperidad, y almacenarán el grano
bajo la supervisión del Faraón, para tenerlo guardado en las
ciudades. 36 Así el país tendrá una reserva de alimentos para los
siete años de hambre que vendrán sobre Egipto, y no morirá de
inanición". La designación de José como primer ministro 37 La respuesta agradó al Faraón y a todos sus
servidores. 38 Por eso el Faraón les dijo a estos: "¿Podemos
encontrar otro hombre que tenga en igual medida el espíritu de
Dios?". 39 Y dirigiéndose a José, le expresó: "Ya que
Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan
prudente y sabio como tú. 40 Por eso tú estarás al frente de mi
palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por
el trono real seré superior a ti". 41 Y el Faraón siguió
diciendo a José: "Ahora mismo te pongo al frente de todo el
territorio de Egipto". 42 En seguida se quitó el anillo de su
mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir con ropa de lino
fino y le colgó al cuello una cadena de oro. 43 Luego lo hizo subir a
la mejor carroza después de la suya, e iban gritando delante de él:
"¡Atención!". Así le dio autoridad sobre todo Egipto. 44 El Faraón dijo a José: "Yo soy el Faraón,
pero nadie podrá mover una mano o un pie en todo el territorio de
Egipto si tú no lo apruebas". 45 Luego impuso a José el nombre
de Safnat Panéaj, y le dio por esposa a Asnat, la hija de Potifera,
sacerdote de la ciudad de On. Y José fue a recorrer el país de
Egipto. 46 Cuando se puso al servicio del Faraón, rey de Egipto, José
tenía treinta años. José se alejó de la presencia del Faraón e hizo un
recorrido por todo el territorio de Egipto. 47 Durante los siete años
de abundancia, la tierra produjo copiosamente, 48 y él reunió todos
los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las
ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos.
49 De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales,
tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un
control, porque superaba toda medida. Los hijos de José 50 Antes que comenzaran los años de hambre, José
tuvo dos hijos, que le dio Asnat, la hija de Potifera, el sacerdote de
On. 51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: "Dios me ha
hecho olvidar por completo mis penas y mi casa paterna". 52 Y al
segundo le puso el nombre de Efraím, diciendo: "Dios me ha hecho
fecundo en la tierra de mi aflicción". 53 Entonces terminaron los años en que Egipto gozó
de abundancia, 54 y comenzaron los siete años de hambre, como José
lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en
Egipto había alimentos. 55 Cuando también los egipcios y el pueblo
sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera
de comer, este respondió: "Vayan a ver a José y hagan lo que él
les diga". 56 Como el hambre se había extendido por todo el país,
José abrió los graneros y distribuyó raciones a los egipcios, ya
que el hambre se hacía cada vez más intensa. 57 Y de todas partes
iban a Egipto a comprar cereales a José, porque el hambre asolaba
toda la tierra. El primer viaje de los hermanos de José a Egipto 42 1 Cuando Jacob se enteró de que
en Egipto vendían cereales, preguntó a sus hijos: "¿Por qué
se quedan ahí, mirándose unos a otros?". 2 Luego añadió:
"He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren
algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos". 3
Entonces, diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para
abastecerse de cereales; 4 pero Jacob no dejó que Benjamín, el
hermano de José fuera con ellos, por temor a que le sucediera una
desgracia. 5 Así llegaron los hijos de Israel en medio de otra gente
que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se pasaba
hambre. El primer encuentro de José con sus hermanos 6 José tenía plenos poderes sobre el país y
distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron
ante él y se postraron con el rostro en tierra. 7 Al verlos, él los
reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les
habló duramente. "¿De dónde vienen?", les preguntó.
Ellos respondieron: "Venimos de Canaán para abastecernos de víveres".
8 Y al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él,
9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos.
Entonces les dijo: "Ustedes son espías, y han venido a observar
las zonas desguarnecidas del país". 10 "No, señor",
le respondieron. "Es verdad que tus servidores han venido a
comprar víveres. 11Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y
además, personas honradas. No somos espías". 12 Pero él
insistió: "No, ustedes han venido a observar las zonas
desguarnecidas del país". 13 Ellos continuaron diciendo:
"Nosotros, tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un
hombre que reside en Canaán. El menor está ahora con nuestro padre,
y otro ya no vive". 14 Pero él volvió a insistir: "Ya les
he dicho que ustedes son espías. 15 Por eso van a ser sometidos a una
prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad,
mientras no venga aquí su hermano menor. 16 Envíen a uno de ustedes
a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será
puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen
la verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son
espías". 17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante
tres días. 18 Al tercer día, José les dijo: "Si quieren
salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre
temeroso de Dios. 19 Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus
hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo
custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el
hambre de sus familias. 20 Después me traerán a su hermano menor. Así
se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán".
Ellos estuvieron de acuerdo. 21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros:
"¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro
hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos
compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta
desgracia". 22 Rubén les respondió: "¿Acaso no les advertí
que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no
quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre".
23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían
hablado por medio de un intérprete. 24 José se alejó de ellos para
llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó
a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos. 25 Después José
mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el
dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran
provisiones para el camino. Así se hizo. 26 Ellos cargaron sus asnos
con los víveres y partieron. La vuelta de los hermanos de José a Canaán 27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos
abrió la bolsa para dar de comer a su asno, y encontró el dinero
junto a la abertura de la bolsa. 28 Entonces dijo a sus hermanos:
"Me han devuelto el dinero. Está aquí, en mi bolsa". Ellos
se quedaron pasmados y, temblando, se preguntaban unos a otros: "¿Por
qué Dios nos habrá hecho esto?". 29 Al llegar a Canaán, relataron a su padre Jacob la
aventura que habían tenido. 30 "El hombre que gobierna aquel país,
le dijeron, nos habló duramente y nos acusó de haber entrado allí
como espías. 31 Nosotros le aseguramos que éramos personas honradas
y no espías. 32 También le dijimos que éramos doce hermanos, pero
que uno ya no vivía, y que nuestro hermano menor estaba en ese
momento en Canaán, al lado de nuestro padre. 33 El hombre que
gobierna el país nos respondió: ‘Para demostrarme que ustedes son
sinceros, dejen conmigo a uno de sus hermanos, mientras los demás
llevan algo para aliviar el hambre de sus familias. 34 Luego tráiganme
a su hermano menor, y así sabré que ustedes no son espías sino
personas honradas. Entonces les devolveré a su hermano y podrán
recorrer libremente el país’". 35 Cuando vaciaron las bolsas, cada uno encontró su
dinero y, al verlo, ellos y su padre se llenaron de temor. 36 Entonces
Jacob les dijo: "Ustedes me van a dejar sin hijos. Primero, perdí
a José; después, a Simeón; y ahora quieren quitarme a Benjamín. ¡A
mí tenían que pasarme todas estas cosas!". 37 Pero Rubén le
respondió: "Podrás matar a mis dos hijos si no te lo traigo de
vuelta. Déjalo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré sano y
salvo". 38 Jacob insistió: "Mi hijo no irá con ustedes,
porque su hermano ya murió y ahora queda él solo. Si le sucede una
desgracia durante el viaje que van a realizar, ustedes me harán bajar
a la tumba lleno de aflicción". El segundo viaje de los hermanos de José a Egipto 43 1 El hambre continuaba asolando el
país. 2 Y cuando se agotaron los víveres que habían traído de
Egipto, su padre les dijo: "Regresen a Egipto a comprarnos un
poco de comida". 3 Pero Judá le respondió: "Aquel hombre
nos advirtió expresamente que no nos presentáramos delante de él,
si nuestro hermano no nos acompañaba. 4 Si tú dejas partir a nuestro
hermano con nosotros, bajaremos a comprarte comida; 5 pero si no lo
dejas, no podremos ir, porque el hombre nos dijo: ‘No vengan a verme
si su hermano no los acompaña’". 6 Entonces Israel dijo:
"¿Por qué me han causado este dolor, diciendo a ese hombre que
tenían otro hermano?". 7 Ellos respondieron: "Él comenzó
a hacernos preguntas sobre nosotros y sobre nuestra familia. ‘El
padre de ustedes ¿vive todavía? ¿Tienen otro hermano?’. Nosotros
nos limitamos a responder a sus preguntas. ¿Cómo nos íbamos a
imaginar que él nos diría: ‘Traigan aquí a su hermano’?". 8 Entonces Judá dijo a su padre Israel: "Envía
al muchacho bajo mi responsabilidad, y ahora mismo nos pondremos en
camino para poder sobrevivir. De lo contrario moriremos nosotros, tú
y nuestros niños. 9 Yo respondo por él, y tendrás que pedirme
cuentas a mí. Si no te lo traigo y lo pongo delante de tus ojos, seré
culpable ante ti todo el resto de mi vida. 10 Ya estaríamos de vuelta
dos veces, si no nos hubiéramos entretenido tanto". 11 Ya que
tiene que ser así, continuó diciendo Israel, hagan lo siguiente:
Pongan en sus equipajes los mejores productos del país, y regalen a
aquel hombre un poco de bálsamo y un poco de miel, goma tragacanto,
mirra, nueces y almendras. 12 Tomen además una doble cantidad de
dinero, porque ustedes tendrán que restituir la suma que les pusieron
junto a la abertura de la bolsa. Tal vez se trate de una equivocación.
13 Lleven también a su hermano, y vuelvan cuanto antes a ver a ese
hombre. 14 Que el Dios Todopoderoso lo mueva a compadecerse de
ustedes, y él les permita traer a su hermano, lo mismo que a Benjamín.
Yo, por mi parte, si tengo que verme privado de mis hijos, estoy
dispuesto a soportarlo". 15 Ellos recogieron los regalos, tomaron una doble
cantidad de dinero, y bajaron a Egipto llevándose a Benjamín. En
seguida fueron a presentarse delante de José, 16 y cuando este vio
que venían con Benjamín, dijo a su mayordomo: "Lleva a estos
hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía
comerán conmigo". 17 El mayordomo hizo lo que José le había
ordenado y los condujo hasta la casa. 18 Pero ellos, al ser llevados a
la casa de José, se llenaron de temor y dijeron: "Nos traen aquí
a causa del dinero que fue puesto en nuestras bolsas la vez anterior.
No es más que un pretexto para atacarnos y convertirnos en esclavos,
junto con nuestros animales". 19 Entonces se acercaron al
mayordomo de José y le hablaron a la entrada de la casa, 20 diciéndole:
"Perdón, señor, nosotros ya estuvimos aquí una vez para
abastecernos de víveres. 21 Pero cuando acampamos para pasar la
noche, abrimos nuestras bolsas y resultó que el dinero de cada uno
estaba junto a la abertura de su bolsa. Era exactamente la misma
cantidad que habíamos pagado. Ahora tenemos esa suma aquí con
nosotros, 22 y además hemos traído dinero para adquirir nuevas
provisiones. No sabemos quién puso el dinero en nuestras
bolsas". 23 Pero él respondió: "Quédense tranquilos, no
teman. Su Dios y el Dios de su padre les puso ese dinero en las
bolsas. La suma que ustedes pagaron está en mi poder". Y en
seguida les presentó a Simeón. 24 El mayordomo introdujo a los
hombres en la casa de José, les trajo agua para que se lavaran los
pies y les dio pasto para los animales. 25 Ellos prepararon los
regalos, esperando la llegada de José al mediodía, porque ya les había
avisado que comería allí. El segundo encuentro de José con sus hermanos 26 Cuando José entró en la casa, le presentaron los
regalos que traían y se postraron ante él con el rostro en tierra.
27 José los saludó y les dijo: "El anciano padre de que me
hablaron, ¿vive todavía? ¿Cómo está?". 28 "Nuestro
padre, tu servidor, vive todavía y goza de buena salud", le
respondieron; e inclinándose, se postraron. 29 Al levantar los ojos,
José vio a Benjamín, el hijo de su misma madre, y preguntó: "¿Es
este el hermano menor de que me habían hablado?". Y añadió:
"Que Dios te favorezca, hijo mío". 30 José salió precipitadamente porque se conmovió a
la vista de su hermano y no podía contener las lágrimas. Entró en
una habitación y lloró. 31 Después se lavó la cara, volvió y,
tratando de dominarse, ordenó que sirvieran la comida. 32 Sirvieron en mesas separadas a José, a sus
hermanos, y a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no
pueden comer con los hebreos: es una abominación para ellos. 33
Cuando se sentaron frente a José, por orden de edad, de mayor a
menor, sus hermanos se miraron con asombro unos a otros. 34 Él les
hizo servir de su misma mesa, y la porción de Benjamín era varias
veces mayor que la de los demás. Todos bebieron y se alegraron con él. La última prueba de José a sus hermanos 44 1 Después José dio a su
mayordomo esta orden: "Llena de víveres las bolsas de estos
hombres, hasta que estén bien repletas, y antes de cerrarlas, coloca
en ellas el dinero de cada uno. 2 En la bolsa del más joven, además
del dinero que pagó por su ración, pondrás también mi copa de
plata". El mayordomo hizo lo que José le había indicado, 3 y al
día siguiente, apenas amaneció, hicieron salir a los hombres con sus
asnos. 4 Ellos salieron de la ciudad, y cuando todavía no se habían
alejado, José dijo a su mayordomo: "Corre ahora mismo detrás de
esos hombres, y apenas los alcances, les dirás: ‘¿Por qué
devuelven mal por bien, y por qué me han robado la copa de plata? 5
Esa es la copa que mi señor usa para beber y con la que consulta los
presagios. Ustedes se han comportado pésimamente’". 6 Apenas los alcanzó, el mayordomo les repitió estas
palabras. 7 Pero ellos respondieron: "¿Cómo puedes, señor,
afirmar tales cosas? Lejos de nosotros comportarnos de esa manera. 8
Nosotros te trajimos de vuelta desde Canaán el dinero que encontramos
en nuestras bolsas. ¿Cómo íbamos entonces a robar plata u oro de la
casa de tu señor? 9 Si la copa se llega a encontrar en poder de
alguno de nosotros, el que la tenga morirá, y todos los demás
seremos tus esclavos". 10 "Está bien, respondió, que sea
como ustedes dicen, pero mi esclavo será únicamente aquel en cuyo
poder se encuentre la copa. Los demás quedarán libres de todo
cargo". 11 Entonces ellos se apresuraron a bajar sus bolsas, y
cada uno abrió la suya. 12 El mayordomo las registró, empezando por
la del mayor y terminando por la del menor, y la copa fue hallada en
la bolsa de Benjamín. 13 Al ver esto, ellos rasgaron sus vestiduras;
luego volvieron a cargar sus asnos y regresaron a la ciudad. 14 Cuando Judá y sus hermanos entraron en la casa de
José, este todavía se encontraba allí. Ellos se postraron ante él
con el rostro en tierra, 15 y entonces José les preguntó: "¿Qué
manera de proceder es esta? ¿Acaso ustedes ignoraban que un hombre
como yo sabe recurrir a la adivinación?". 16 Judá respondió:
"¿Qué podemos decirte, señor? ¿Qué excusa podemos alegar, o
cómo vamos a probar nuestra inocencia? Es Dios el que ha puesto al
descubierto nuestra maldad. Aquí nos tienes: somos tus esclavos,
tanto nosotros como aquel en cuyo poder estaba la copa". 17 Pero
José replicó: "¡Lejos de mí obrar de ese modo! Mi esclavo será
solamente el que tenía la copa. Los demás podrán regresar
tranquilamente a la casa de su padre". La intervención de Judá en favor de Benjamín 18 Judá se acercó para decirle: "Permite, señor,
que tu servidor diga una palabra en tu presencia, sin impacientarte
conmigo, ya que tú y el Faraón son una misma cosa. 19 Tú nos
preguntaste si nuestro padre vivía aún y si teníamos otro hermano.
20 Nosotros te respondimos: Tenemos un padre que ya es anciano, y un
hermano menor, hijo de su vejez. El hermano de este último murió, y
él es el único hijo de la madre de estos dos que ha quedado vivo;
por eso nuestro padre siente por él un afecto muy especial. 21 Tú
nos dijiste: ‘Tráiganlo aquí, porque lo quiero conocer’. 22 Y
aunque nosotros te explicamos que el muchacho no podía dejar a su
padre, porque si se alejaba de él, su padre moriría, 23 tú nos
volviste a insistir: ‘Si no viene con ustedes su hermano menor, no
serán admitidos nuevamente en mi presencia’. 24 Cuando regresamos a
la casa de nuestro padre, tu servidor, le repetimos tus mismas
palabras. 25 Pero un tiempo después, nuestro padre nos dijo: ‘Vayan
otra vez a comprar algunos víveres’. 26 Nosotros respondimos: ‘Así
no podemos ir. Lo haremos únicamente si nuestro hermano menor viene
con nosotros, porque si él no nos acompaña, no podemos comparecer
delante de aquel hombre’. 27 Nuestro padre, tu servidor, nos
respondió: ‘Ustedes saben muy bien que mi esposa predilecta me dio
dos hijos. 28 Uno se fue de mi lado; yo tuve que reconocer que las
fieras lo habían despedazado, y no volví a verlo más. 29 Si ahora
ustedes me quitan también a este, y le sucede una desgracia, me harán
bajar a la tumba lleno de aflicción’. 30 Por eso, si me presento
ante mi padre sin el muchacho, a quien él tanto quiere, 31 apenas vea
que falta su hijo, morirá; y nosotros lo habremos hecho bajar a la
tumba lleno de aflicción. 32 Además, yo me he hecho responsable del
muchacho ante mi padre, diciendo: ‘Si no te lo devuelvo sano y
salvo, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida’. 33 Por eso,
deja que yo me quede como esclavo tuyo en lugar del muchacho, y que él
se vuelva con sus hermanos. 34 ¿Cómo podré regresar si el muchacho
no me acompaña? Yo no quiero ver la desgracia que caerá sobre mi
padre". El desenlace de la historia de José 45 1 José ya no podía contener su
emoción en presencia de la gente que lo asistía, y exclamó:
"Hagan salir de aquí a toda la gente". Así, nadie
permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos. 2 Sin
embargo, sus sollozos eran tan fuertes que los oyeron los egipcios, y
la noticia llegó hasta el palacio del Faraón. 3 José dijo a sus hermanos: "Yo soy José. ¿Es
verdad que mi padre vive todavía?". Pero ellos no pudieron
responderle, porque al verlo se habían quedado pasmados. 4 Entonces
José volvió a decir a sus hermanos: "Acérquense un poco más".
Y cuando ellos se acercaron, añadió: "Sí, yo soy José, el
hermano de ustedes, el mismo que vendieron a los egipcios. 5 Ahora no
se aflijan ni sientan remordimiento por haberme vendido. En realidad,
ha sido Dios el que me envió aquí delante de ustedes para
preservarles la vida. 6 Porque ya hace dos años que hay hambre en
esta región, y en los próximos cinco años tampoco se recogerán
cosechas de los cultivos. 7 Por eso Dios hizo que yo los precediera
para dejarles un resto en la tierra y salvarles la vida, librándolos
de una manera extraordinaria. 16 Cuando en el palacio del Faraón se difundió la
noticia de que habían llegado los hermanos de José, el Faraón y sus
servidores vieron esto con buenos ojos. 17 El Faraón dijo a José:
"Ordena a tus hermanos que carguen sus animales y vayan en
seguida a la tierra de Canaán, 18 para traer aquí a su padre y a sus
familias. Yo les daré lo mejor de Egipto, y ustedes vivirán de la
fertilidad del suelo. 19 Además, ordénales que lleven de Egipto
algunos carros para sus niños y sus mujeres, y para trasladar a su
padre. 20 Diles que no se preocupen por las cosas que dejan, porque lo
mejor de todo el territorio de Egipto será para ustedes". 21 Así lo hicieron los hijos de Israel. De acuerdo
con la orden del Faraón, José les dio unos carros y les entregó
provisiones para el camino. 22 Además, dio a cada uno de ellos un
vestido nuevo, y a Benjamín le entregó trescientas monedas de plata
y varios vestidos nuevos. 23 También envió a su padre diez asnos
cargados con los mejores productos de Egipto, y diez asnas cargadas de
cereales, de pan y de víveres para el viaje. 24 Y cuando despidió a
sus hermanos antes que partieran, les recomendó: "Vayan
tranquilos". 25 Ellos salieron de Egipto y llegaron a la tierra de
Canaán, donde se encontraba su padre Jacob. 26 Cuando le anunciaron
que José estaba vivo y era el gobernador de todo Egipto, Jacob no se
conmovió, porque no les podía creer. 27 Entonces le repitieron todo
lo que les había dicho José y, al ver los carros que le había
enviado para transportarlo, su espíritu revivió. 28 Israel exclamó:
"Ya es suficiente. ¡Mi hijo José vive todavía! Tengo que ir a
verlo antes de morir". Jacob y su familia en Egipto 46 1 Israel partió llevándose todos
sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de
su padre Isaac. 2 Dios dijo a Israel en una visión nocturna: "¡Jacob,
Jacob!". Él respondió: "Aquí estoy". 3 Dios continuó:
"Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a
Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. 4 Yo bajaré
contigo a Egipto, y después yo mismo te haré volver; y las manos de
José cerrarán tus ojos". 5 Cuando Jacob salió de Berseba, los hijos de Israel
hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los
carros que el Faraón había enviado para trasladarlos. 6 Ellos se
llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en
Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia 7 –sus
hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas– porque él había
llevado consigo a todos sus descendientes. La familia de Jacob 8 Los nombres de los hijos de Israel –o sea, Jacob y
sus hijos– que emigraron a Egipto son los siguientes: Rubén el
primogénito de Jacob, 9 y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón
y Carmí. 10 Los hijos de Simeón: Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar
y Saúl, el hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví: Gersón, Quehat
y Merarí. 12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj. Er
y Onán ya habían muerto en Canaán, y los hijos de Peres fueron Jesrón
y Jamul. 13 Los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Iasub y Simrón. 14 Los
hijos de Zabulón: Séred, Elón y Iajlel. 15 Estos son los hijos que
Lía había dado a Jacob en Padán Arám, además de su hija Dina.
Entre hombres y mujeres sumaban un total de treinta y tres personas. 16 Los hijos de Gad: Sifión, Jaguí, Suní, Esbón,
Erí, Arodí y Arelí. 17 Los hijos de Aser: Imná, Isvá, Isví, Beriá,
y también Séraj, hermana de aquellos. Los hijos de Beriá: Jéber y
Malquiel. 18 Estos son los hijos de Zilpá, la esclava que Labán había
dado a su hija Lía. De ella le nacieron a Jacob estas dieciséis
personas. 19 Los hijos de Raquel, la esposa de Jacob: José y
Benjamín. 20 En Egipto, José fue padre de Manasés y Efraím, los
hijos que le dio Asnat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de
On. 21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán,
Ejí, Ros, Mupím, Jupím y Ard. 22 Estos son los hijos de Raquel, que
le nacieron a Jacob. En total, catorce personas. 23 El hijo de Dan: Jusím. 24 Los hijos de Neftalí:
Iajsel, Guní, Iéser y Silém. 25 Estos son los descendientes de Bilhá,
la esclava que Labán había dado a su hija Raquel. De ella le
nacieron a Jacob estas siete personas. 26 Toda la familia de Jacob que emigró a Egipto
–sus propios descendientes, sin contar a las mujeres de sus hijos–
sumaban un total de sesenta y seis personas. 27 Incluyendo a José y a
los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia de Jacob,
cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas. El encuentro de Jacob con José 28 Israel hizo que Judá se le adelantara y fuera a
ver a José, para anunciarle su llegada a Gosen. Cuando llegaron a la
región de Gosen, 29 José hizo enganchar su carruaje y subió hasta
allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas este apareció ante
él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato,
abrazado a su padre. 30 Entonces Israel dijo a José: "Ahora sí
que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía".
31 Después José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre:
"Yo iré a informar al Faraón y le diré: ‘Mis hermanos y la
familia de mi padre, que antes estaban en Canaán, han venido a
reunirse conmigo. 32 Ellos son pastores, y ya hace mucho tiempo que se
dedican a cuidar el ganado. Ahora han traído sus ovejas, sus vacas y
todo lo que poseen’. 33 Por eso, cuando el Faraón los llame y les
pregunte de qué se ocupan, 34 ustedes responderán: ‘Tus
servidores, desde su juventud hasta ahora, se han dedicado a cuidar el
ganado, lo mismo que sus antepasados’. Así ustedes podrán
establecerse en la región de Gosen, porque los egipcios sienten
abominación por todos los pastores". La entrevista de los hijos de Jacob con el Faraón 47 1 Luego José fue a informar al
Faraón, diciendo: "Mi padre y mis hermanos vinieron de Canaán
con sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen, y ahora están en la
región de Gosen". 2 Además, él se había hecho acompañar por
algunos de sus hermanos y se los presentó al Faraón. 3 Este les
preguntó: "Y ustedes, ¿de qué se ocupan?". "Somos
pastores, como también lo fueron nuestros antepasados",
respondieron ellos. 4 Y añadieron: "Hemos venido a residir en
este país, porque en Canaán no hay pastos para nuestros rebaños, ya
que el país está asolado por el hambre. Por eso te rogamos que nos
dejes permanecer en la región de Gosen". 5a El Faraón dijo a
José: 6b "Pueden establecerse en la región de Gosen. Y si te
consta que entre ellos hay gente capaz, encomiéndales el cuidado de
mis propios rebaños". Otro relato del establecimiento de los hebreos en
Egipto 5b Jacob y sus hijos llegaron a Egipto, donde estaba
José; y cuando el Faraón, rey de Egipto, se enteró de la noticia,
dijo a José: "Tu padre y tus hermanos vinieron a reunirse
contigo. 6a El territorio de Egipto está a tu disposición: instala a
tu padre y a tus hermanos en las mejores tierras". 7 José hizo
venir a su padre Jacob y se lo presentó al Faraón. Jacob saludó
respetuosamente al Faraón, 8 y este le preguntó: "¿Cuántos años
tienes?". 9 Jacob respondió al Faraón: "Los años que se
me han concedido suman ya ciento treinta. Pocos y desdichados han sido
estos años de mi vida, y ni siquiera se acercan a los que fueron
concedidos a mis padres". 10 Luego Jacob volvió a saludar al
Faraón y salió de allí. 11 José instaló a su padre y a sus
hermanos, dándoles una propiedad en Egipto, en las mejores tierras
–en la región de Ramsés– como el Faraón lo había dispuesto. 12
Y también proveyó al sostenimiento de su padre, de sus hermanos, y
de toda la familia de su padre, según las necesidades de cada uno. La habilidad administrativa de José 13 Como la escasez era muy grande, en ningún país
había alimentos, y tanto Egipto como Canaán estaban exhaustos por el
hambre. 14 Así José pudo recaudar todo el dinero que circulaba en
Egipto y en Canaán, como pago por los víveres que compraban, y guardó
ese dinero en el palacio del Faraón. 15 Y cuando ya no hubo más
dinero ni en Egipto ni en Canaán, los egipcios acudieron en masa a
José para decirle: "Danos de comer. ¿Por qué tendremos que
morir ante tus propios ojos, por falta de dinero?". 16 José
respondió: "Si ya no hay más dinero, entreguen su ganado y yo
les daré pan a cambio de él". 17 Ellos trajeron sus animales a
José, y él les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y asnos.
Y durante aquel año los abasteció de víveres a cambio de todos sus
animales. 18 Pero pasó ese año, y al año siguiente vinieron
otra vez y dijeron a José: "Ya se ha terminado todo el dinero y
los animales te pertenecen. No podemos ocultarte que no queda nada a
tu disposición, fuera de nuestras personas y nuestras tierras. 19
Pero ¿por qué tendremos que morir ante tus propios ojos, nosotros y
nuestras tierras? Aduéñate de nosotros y de nuestras tierras a
cambio de pan. Así el Faraón será dueño de nosotros y de nuestras
tierras. Danos solamente semilla para que podamos sobrevivir. De lo
contrario, nosotros moriremos, y el suelo se convertirá en un
desierto". 20 De esa manera, José adquirió para el Faraón
todas las tierras de Egipto, porque los egipcios, acosados por el
hambre, vendieron cada uno su campo. La tierra pasó a ser propiedad
del Faraón, 21 y el pueblo quedó sometido a servidumbre de un
extremo al otro del territorio egipcio. 22 Los únicos terrenos que
José no compró fueron los que pertenecían a los sacerdotes, porque
a ellos el Faraón les había asignado una ración fija de alimentos;
como vivían de la ración que les daba el Faraón, no tuvieron que
vender sus tierras. 23 Entonces José dijo al pueblo: "Ahora ustedes
y sus tierras pertenecen al Faraón, porque yo los he comprado. Aquí
tienen semilla para sembrar esas tierras. 24 Pero cuando llegue la
cosecha, ustedes deberán entregar al Faraón una quinta parte de los
productos, y conservarán las cuatro partes restantes para sembrar la
tierra, para alimentarse ustedes y sus familias, y para dar de comer a
los niños". 25 Ellos exclamaron: "Tú nos salvaste la vida.
Te agradecemos que nos hayas puesto al servicio del Faraón". 26
Entonces José promulgó una ley agraria en Egipto –que todavía hoy
está en vigencia– por la cual una quinta parte de las cosechas
corresponde al Faraón. Sólo las tierras de los sacerdotes no pasaron
a ser propiedad del Faraón. La última voluntad de Jacob 27 Los israelitas se establecieron en Egipto, en la
región de Gosen, y allí adquirieron propiedades, tuvieron muchos
hijos y llegaron a ser muy numerosos. 28 Jacob vivió diecisiete años
en Egipto, y en total vivió ciento cuarenta y siete años. 29 Cuando
estaba a punto de morir, llamó a su hijo José y le dijo: "Si
realmente me tienes afecto, coloca tu mano debajo de mi muslo, como
prueba de tu constante lealtad hacia mí, y no me entierres en Egipto.
30 Cuando vaya a descansar junto con mis padres, sácame de Egipto y
entiérrame en su sepulcro". José respondió: "Haré lo que
dices". 31 Pero su padre insistió: "Júramelo". Él se
lo juró, e Israel se reclinó sobre la cabecera de su lecho. La bendición de Efraím y Manasés 48 1 Después de estos
acontecimientos, José recibió esta noticia: "Tu padre está
enfermo". Entonces llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraím, 2
y se hizo anunciar a su padre: "Tu hijo José ha venido a
verte". Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho, 3 y
dijo a José: "El Dios Todopoderoso se me apareció, en Luz, en
la tierra de Canaán, y me bendijo, 4 diciendo: ‘Yo te haré fecundo
y numeroso, haré nacer de ti una asamblea de pueblos, y daré esta
tierra a tu descendencia después de ti, en posesión perpetua’. 5
Ahora bien, los dos hijos que tuviste en Egipto antes que yo viniera a
reunirme contigo, serán mis hijos. Efraím y Manasés serán míos,
como lo son Rubén y Simeón. 6 Los que nacieron después de ellos, en
cambio, serán tuyos, y serán llamados con el nombre de sus hermanos
para recibir su herencia. 7 Yo quiero que así sea, porque a mi
regreso de Padán, mientras íbamos por la tierra de Canaán, a poca
distancia de Efratá, se me murió tu madre Raquel, y yo la sepulté
allí, junto al camino de Efratá, es decir, de Belén". 8 Al ver a los hijos de José, Israel preguntó:
"Y estos, ¿quiénes son?". 9 "Son mis hijos, los que
Dios me dio aquí", respondió José a su padre. Este añadió:
"Acércamelos, para que yo los bendiga". 10 José los puso
junto a Israel, que ya no veía, porque sus ojos se habían debilitado
a causa de su edad avanzada, y él los besó y los abrazó. 11 Luego
Israel dijo a José: "Yo pensaba que nunca más volvería a ver
tu rostro, y ahora Dios me permite ver también tu descendencia".
12 José los retiró de las rodillas de Israel y se inclinó
profundamente; 13 después los tomó a los dos, a Efraím con su mano
derecha, para que estuviera a la izquierda de Israel, y a Manasés con
su mano izquierda, para que estuviera a la derecha de Israel, y se los
presentó. 14 Pero Israel, entrecruzando sus manos, puso la derecha
sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y la izquierda sobre la
cabeza de Manasés, aunque este era el primogénito, 15 y los bendijo,
diciendo: "El Dios en cuya presencia caminaron mis padres, Abraham e Isaac, el Dios que fue mi pastor, desde mi nacimiento hasta el día de hoy, 16 el ángel que me rescató de todo mal, bendiga a estos jóvenes, para que en ellos sobreviva mi nombre y el de mis padres, Abraham e Isaac, y lleguen a ser una gran multitudsobre la
tierra". 17 Cuando José advirtió que su padre tenía puesta
la mano derecha sobre la cabeza de Efraím, no le pareció bien.
Entonces tomó la mano de su padre para pasarla de la cabeza de Efraím
a la de Manasés, 18 y dijo a su padre: "Así no, padre, porque
el primogénito es el otro; coloca tu mano derecha sobre su
cabeza". 19 Pero su padre se resistió con estas palabras:
"Ya lo sé, hijo mío, ya lo sé. También de él nacerá un
pueblo, y también él será grande. Pero su hermano menor lo
aventajará, y de él descenderán naciones enteras". 20 Y aquel
día pronunció sobre ellos esta bendición: "Por ti Israel pronunciará
esta bendición: ¡Que Dios te haga como Efraímy
Manasés!". Y puso a Efraím delante de Manasés. 21 Finalmente, Israel dijo a José: "Yo estoy a
punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la
tierra de sus padres. 22 Yo, por mi parte, te doy una franja de tierra
más que a tus hermanos, la que arrebaté a los amorreos con mi espada
y con mi arco". El testamento de Jacob 49 1 Jacob llamó a sus hijos y les
habló en estos términos: "Reú-nanse, para que yo les anuncie
lo que les va a suceder en el futuro: 2 Reúnanse y escuchen, hijos de Jacob, oigan a Israel, su padre. 3 ¡Tú, Rubén, mi primogénito, mi fuerza y el primer fruto de mi vigor, el primero en dignidad,y el primero en poder! 4 Desbordado como las aguas,ya no tendrás la primacía, porque subiste al lecho de tu padre, y, al subir, lo profanaste. 5 Simeón y Leví son hermanos, sus cuchillos son instrumentos de violencia. 6 Que yo no entre en sus reuniones, ni me una a su asamblea, porque en su ira mataron hombres y mutilaron toros por capricho. 7 Maldita sea su ira tan violenta y su furor tan feroz. Yo los repartiré en el país de Jacob y los dispersaré en Israel. tomarás a tus enemigos por la nuca y los hijos de tu padre se postrarán ante ti. 9 Judá es un cachorro de león. –¡Has vuelto de la matanza, hijo mío!– Se recuesta, se tiende como un león,como una leona: ¿quién lo hará levantar? 10 El cetro no se apartará de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia. 11 Él ata su asno a una vid, su asno de pura raza a la cepamás escogida; lava su ropa en el vino y su manto en la sangre de las uvas. 12 Sus ojos están oscurecidos por el vino, y sus dientes blanqueados por la leche. 13 Zabulón habitará en la ribera del mar, que servirá de puerto a las naves, y sus fronteras llegarán hasta Sidón. 14 Isacar en un asno vigoroso, recostado entre sus alforjas. 15 Al ver que el lugar de reposo es bueno y el país muy agradable, doblega sus espaldas a la carga y se somete a un trabajo servil. 16 Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel. 17 Él es una serpiente junto al camino, una víbora junto al sendero, que muerde los talones del caballo, y así el jinete cae de espaldas. 18 ¡Señor, yo espero tu salvación! 19 Bandas de salteadores asaltarán a Gad, pero él, a su vez, los asaltará por detrás. 20 Aser tendrá comidas deliciosas y ofrecerá manjares de reyes. 21 Neftalí es una cierva suelta, que da hermosos cervatillos. 22 José es un potro salvaje, un potro salvaje junto a una fuente, un asno salvaje sobre una ladera. 23 Los arqueros lo hostigaron, le arrojaron flechas, lo acosaron. 24 Pero los arcos permanecieron rígidos y se aflojaron los brazos de los arqueros por el poder del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor, 25 por el Dios de tu padre, que te socorre, por el Dios Todopoderoso,que te da sus bendiciones: bendiciones desde lo alto del cielo, bendiciones del océano que se extiende por debajo, bendiciones de los pechos y del seno materno, 26 bendiciones de las espigas y las flores, bendiciones de las montañas seculares, delicias de las colinas eternas. ¡Que desciendan sobre la cabeza de José, sobre la frente del consagradoentre sus hermanos! 27 Benjamín es un lobo rapaz: por la mañana devora la presa, y a la tarde divide los despojos". 28 Todas estas eran las tribus de Israel –doce en
total– y esto es lo que su padre dijo de ellas cuando las bendijo, dándole
a cada una su bendición. La muerte de Jacob 29 Luego les dio esta orden: "Yo estoy a punto de
ir a reunirme con los míos. Entiérrenme junto con mis padres, en la
caverna que está en el campo de Efrón, el hitita, 30 en el campo de
Macpelá, frente a Mamré, en la tierra de Canaán, el campo que
Abraham compró a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro
familiar. 31 Allí fueron enterrados Abraham y Sara, su esposa; allí
fueron enterrados Isaac y Rebeca, su esposa; y allí también sepulté
a Lía. 32 Ese campo y la caverna que hay en él fueron comprados a
los hititas". 33 Cuando Jacob terminó de dar esta orden a sus
hijos, recogió sus pies en el lecho, expiró y fue a reunirse con los
suyos. Los funerales de Jacob 50 1 Entonces José se echó sobre el
rostro de su padre, lo cubrió de lágrimas y lo besó. 2 Después dio
a los médicos que estaban a su servicio la orden de embalsamar a su
padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Esto les llevó
cuarenta días, porque ese es el tiempo que dura el embalsamamiento. Los egipcios estuvieron de duelo por él durante
setenta días. 4 Una vez transcurrido ese período, José se dirigió
a la corte del Faraón en estos términos: "Por favor, presenten
al Faraón el siguiente pedido: 5 En una oportunidad mi padre me dijo,
obligándome bajo juramento: ‘Cuando yo muera, asegúrate de que me
entierren en la tumba que me hice preparar en el país de Canaán’.
¿Puedo ir a sepultar a mi padre y luego regresar?". 6 El Faraón
respondió: "Ve a sepultar a tu padre, como él te lo hizo
prometer bajo juramento". 7 José partió entonces para ir a sepultar a su
padre, y con él fueron todos los servidores del Faraón, los ancianos
de su palacio y todos los ancianos de Egipto, 8 lo mismo que la
familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. En la región
de Gosen dejaron únicamente a los niños y el ganado. 9 También
fueron con él carros de guerra y jinetes, de manera que se formó un
cortejo imponente. 10 Al llegar a Goren Haatad, que está al otro lado
del Jordán, celebraron las exequias con gran solemnidad, y José
estuvo de duelo por su padre durante siete días. 11 Los cananeos,
habitantes del país, al ver los funerales de Goren Haatad, dijeron:
"Este es un funeral solemne de los egipcios". Por eso aquel
lugar, que se encuentra al otro lado del Jordán, se llamó Abel
Misraim. 12 Los hijos de Jacob hicieron con él todo lo que les
había mandado: 13 lo trasladaron a Canaán y lo sepultaron en el
campo de Macpelá, frente a Mamré, el campo que Abraham había
comprado a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar. 14
Y después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto en compañía
de sus hermanos y de todos los que habían ido a dar sepultura a su
padre. El temor de los hermanos de José 15 Al ver que su padre había muerto, los hermanos de
José se dijeron: "¿Y si José nos guarda rencor y nos devuelve
todo el mal que le hicimos?". 16 Por eso le enviaron este
mensaje: "Antes de morir, tu padre dejó esta orden: 17 ‘Díganle
a José: Perdona el crimen y el pecado de tus hermanos, que te
hicieron tanto mal. Por eso, perdona el crimen de los servidores del
Dios de tu padre’". Al oír estas palabras, José se puso a
llorar. La promesa de José a sus hermanos 18 Luego sus hermanos fueron personalmente, se
postraron ante él y le dijeron: "Aquí nos tienes: somos tus
esclavos". 19 Pero José les respondió: "No tengan miedo.
¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios? 20 El designio de Dios ha
transformado en bien el mal que ustedes pensaron hacerme, a fin de
cumplir lo que hoy se realiza: salvar la vida a un pueblo numeroso. 21
Por eso, no teman. Yo velaré por ustedes y por las personas que están
a su cargo". Y los reconfortó, hablándoles afectuosamente. La muerte de José 22 José permaneció en Egipto junto con la familia de
su padre, y vivió ciento diez años. 23 Así pudo ver a los hijos de
Efraím hasta la tercera generación; y los hijos de Maquir, hijo de
Manasés, también nacieron sobre las rodillas de José. 24
Finalmente, José dijo a sus hermanos: "Yo estoy a punto de
morir, pero Dios los visitará y los llevará de este país a la
tierra que prometió con un juramento a Abraham, a Isaac y a
Jacob". 25 Luego hizo prestar un juramento a los hijos de Israel,
diciéndoles: "Cuando Dios los visite, lleven de aquí mis
restos". 26 José murió a la edad de ciento diez años. Fue
embalsamado y colocado en un sarcófago, en Egipto. Fin del Libro del Génesis
COMENTARIOS AL LIBRO DEL GENESIS 1 26-27. "Hagamos al hombre": el término
"hombre" corresponde a la palabra hebrea "adám",
que tiene un significado genérico y designa a toda la especie humana.
Aquí no se habla de una pareja –"un" hombre y
"una" mujer, como en los capítulos 2 y 3– sino de toda la
especie humana: es la humanidad como tal la que ha sido creada a
imagen de Dios. El plural "hagamos" indica una deliberación
de Dios, que pone de relieve la importancia de la obra que él va a
realizar. 2 7. El texto hebreo utiliza aquí dos
expresiones semejantes "adám" y "adamá" –que
significan respectivamente "hombre" y "suelo"–
para poner de relieve la estrecha relación que existe entre el hombre
y el medio donde habita. 8. El hombre es mortal por naturaleza
y debe retornar al suelo de donde fue sacado (3. l9). Pero Dios,
gratuitamente, lo introdujo en "el jardín de Edén", símbolo
de la amistad divina, y le concedió el acceso al "árbol de la
vida", símbolo de la inmortalidad (v. 9). El mandamiento
impuesto por Dios muestra que la amistad con él y el don de la
inmortalidad estaban condicionados por la respuesta libre del hombre. 9. "El árbol del conocimiento
del bien y del mal": la realidad representada por este símbolo
no puede ser simplemente el discernimiento moral –prerrogativa que
Dios no niega al hombre– sino la facultad de decidir por sí mismo
lo que es bueno y malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el
mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se
conforma con su condición de criatura y usurpa un privilegio
exclusivo de Dios. 18-22. La inferioridad social de la mujer
era un hecho aceptado en la antigüedad. El relato bíblico, en
cambio, muestra que este hecho no responde a la intención original
del Creador, sino que es una imperfección introducida en el mundo por
el pecado. La mujer ha sido formada "del" hombre; ella es la
única ayuda adecuada a él; es "hueso de sus huesos y carne de
su carne". Todas estas imágenes indican que el hombre y la mujer
participan de un mismo destino y de una misma condición, y explican
la íntima relación que los une y que se funda en el atractivo mutuo. 3 Si el mundo ha sido creado por Dios, y él solo puede
querer el bien de sus criaturas, ¿cómo es que la tierra se ha
convertido en un "valle de lágrimas"? El siguiente relato
arroja un rayo de luz sobre esta inquietante pregunta. En él se
explica que todas las penalidades y miserias que afligen a los hombres
no corresponden al designio original de Dios. La situación actual de
la humanidad es consecuencia del pecado de "Adán", nombre
genérico que designa, a la vez, al primer hombre y a toda la
humanidad representada en él. Al transgredir el mandamiento divino,
el hombre se privó voluntariamente de los dones que Dios le ofrecía.
Y como consecuencia de su pretensión de ser igual a Dios, lo único
que experimentó fue su propia "desnudez", es decir, su
indigencia absoluta. Pero Dios no abandona a la humanidad pecadora. Por
eso, a la "maldición" que pesa sobre la tierra a causa del
pecado, el Génesis opone la "bendición", que alcanzará
finalmente a todos los hombres, por medio de Abraham y de su
descendencia (12. 1-4). Esta descendencia es Cristo, el nuevo Adán,
gracias a quien, allí "donde abundó el pecado, sobreabundó la
gracia" (Rom. 5. 20). 1. EI culto de la
"serpiente" estaba extendido por todo el Oriente antiguo.
Por su forma y su comportamiento singulares, este animal tenía un
simbolismo polivalente: se lo asociaba tanto a las fuerzas de la vida
y la fecundidad, como a las representaciones del caos y de la muerte,
del misterio y de la ciencia oculta. El texto bíblico describe a la
serpiente como un ser hostil a Dios, a quien acusa de mentira y
envidia (vs. 4-5), y hostil también al hombre, a quien seduce
deliberadamente e induce a transgredir el mandato divino. Además,
pone de relieve la "astucia" de la serpiente, y la presenta
como conocedora de la propiedad misteriosa escondida en el fruto del
árbol. Estos indicios hacen suponer que el autor del relato tiene en
vista ciertas formas de adivinación y de magia practicadas en Canaán,
y asociadas con la serpiente, símbolo de la sabiduría y de los
poderes ocultos. Al condenar a la serpiente, se condena la religión
cananea, que pretendía conseguir con esas prácticas una sabiduría
sobrehumana. La reflexión posterior identificará a la serpiente con
el "demonio" (Sab. 2.24; Jn. 8.44) y con Satanás (Apoc.
12.9;20. 2). 15. La enemistad puesta por Dios entre
los dos culpables –la mujer y la serpiente seductora– proseguirá
entre la descendencia de una y otra. El linaje de la mujer es toda la
especie humana en lucha contra los poderes del mal, que intentarán
precipitarla en la ruina. El texto deja entrever una victoria final
del hombre, que aplastará la cabeza de la serpiente. Por eso la
tradición cristiana ha dado a este texto el nombre de
"Protoevangelio", o sea, primer anuncio de la salvación. 20. El nombre "Eva", en
hebreo, tiene cierta semejanza con el verbo que significa
"vivir". 4 El episodio relatado en los vs. 1-16 supone una
civilización ya evolucionada: la vida pastoril se opone a la
agricultura (v. 2); ya se ofrecen sacrificios a Dios (vs. 3-4);
existen otros hombres que pueden matar a Caín (v. 14) y los miembros
de su propia tribu podrán vengarlo (v. 15). Estos indicios muestran
que el episodio de Caín y Abel no debe ser interpretado como un hecho
"histórico", que tuvo por actores a los hijos del primer
hombre, sino como un "ejemplo arquetípico", que pone de
manifiesto los efectos de la desobediencia narrada en el capítulo
anterior: después del pecado del hombre contra Dios, se desencadena
la lucha del hombre contra el hombre, y a causa de este primer crimen
la muerte hace su entrada violenta en el mundo. El crimen de Caín no
escapa a la justicia divina (vs. 9-12), pero Dios le dirige una
advertencia antes de su falta, y la pena es atemperada por la
misericordia: la marca que recibe Caín es una señal que lo protege. 23-24. Este canto, denominado
habitualmente "canto de la espada", ha sido compuesto para
gloria de Lamec, un héroe del desierto. Su presencia en este lugar
atestigua la ferocidad siempre en aumento de los descendientes de Caín
y muestra como el pecado va extendiendo su dominación sobre el mundo.
El número "setenta y siete" indica que la venganza es
ilimitada. En contraposición con esta actitud, la ley del talión (Éx.
21.23-25; Lev. 24. 19-20; Deut. 19. 21), al imponer un castigo igual a
la ofensa, reduce la venganza a sus justos límites. El Apóstol
Pedro, en cambio, recibirá de Jesús la orden de perdonar
"setenta veces siete" (Mt. 18. 22). 25. "Adán", nombre propio
del primer hombre, corresponde al hebreo "Adám", que
significa "hombre". Ver notas 1. 26-27; 2. 7. 26. "El Señor": siguiendo
una costumbre judía, algunas versiones antiguas y modernas de 5 Esta lista genealógica atribuye una longevidad
extraordinaria a los primeros patriarcas, según la antigua creencia
de que la duración de la vida humana había disminuido en el
transcurso de las edades. Esta disminución estaba relacionada con el
progreso del mal, porque una vida larga es una bendición de Dios
(Prov. 10. 27). El patriarca Henoc (v. 22) presenta un caso
particular: de él se dice que vivió menos tiempo, pero sus años
forman una cifra perfecta –365– que son los días del año solar.
La mención de su muerte es reemplazada por la de su misteriosa
desaparición. Ver Heb. 11. 5. 6 1-4. EI relato bíblico retoma una leyenda
popular, que habla de unos seres sobrehumanos llamados
"gigantes". Antiguamente se creía que esos gigantes habían
existido alguna vez sobre la tierra, y su origen se explicaba por la
unión de seres celestiales (los "hijos de Dios") con
mujeres terrenas (las "hijas de los hombres"). Sin
pronunciarse sobre la realidad histórica de este relato mitológico,
el autor inspirado se vale de él para ilustrar –como podría
hacerlo una parábola– la corrupción creciente de la humanidad.
Esta intención aparece de manera explícita en los versículos
siguientes (5-6), que expresan el pesar de Dios por la incontenible
expansión del pecado en el mundo. 17. El relato del "Diluvio"
combina dos tradiciones paralelas, originariamente independientes: una
"sacerdotal", y otra "yahvista". Al combinar las
dos tradiciones el redactor definitivo respetó esos testimonios
recibidos del pasado, sin tratar de eliminar algunas incongruencias en
los detalles. Según la tradición "yahvista", por ejemplo,
Noé introduce en el arca siete parejas de animales puros y una de
impuros; la tradición "sacerdotal", en cambio, menciona una
pareja de cada especie. Hay varias narraciones babilónicas del
diluvio que presentan sorprendentes analogías con el relato bíblico.
En ellas se conserva el recuerdo de una gran inundación
acontecida en la región del Tigris y del Éufrates, que la imaginación
popular elevó a las proporciones de un cataclismo universal. A pesar
de esas semejanzas, el texto bíblico aparece despojado de todo rasgo
politeístico y cargado de un hondo contenido moral: el
"Diluvio" simboliza el juicio de Dios sobre el mundo pecador
y la salvación concedida a los justos, representados por Noé. Según
el Nuevo Testamento, Noé y su familia son una figura de los salvados
a través de las aguas del Bautismo (1 Ped. 3. 20-21). 9 4-5. Según la concepción de los antiguos
hebreos, "la vida de toda carne es su sangre" (Lev. 17. 11,
14; Deut. 12. 23). En esta concepción se funda la importancia
primordial de la sangre en el ritual de los sacrificios y en la
realización de las alianzas (Éx. 24. 8). Como la vida pertenece
exclusivamente a Dios, al hombre le está prohibido comer la sangre y
Dios mismo vengará todo derramamiento de sangre humana. 18-27. Los tres hijos de Noé representan
en este relato "yahvista" a las tres grandes familias en que
los antiguos hebreos dividían el mundo habitado. El punto esencial
del relato es la bendición de Sem y la maldición de Canaán. El
primero es el antepasado de Israel; el segundo personifica a los
habitantes de Palestina, que fueron despojados y subyugados por los
israelitas. La maldición alcanza a una cultura, cuya religión era
para los israelitas sinónimo de corrupción e inmoralidad. 10 Aunque tiene la forma de una lista
genealógica, este capítulo no se ocupa de individuos sino de pueblos
agrupados por afinidades históricas y geográficas. Los descendientes
de Jafet pueblan el Asia Menor y las islas del Mediterráneo. Los
descendientes de Cam se encuentran en las regiones meridionales:
Arabia, Etiopía y Egipto. Canaán es asociado a estos últimos, en
recuerdo de la dominación egipcia sobre la región de ese mismo
nombre. Los antepasados de los hebreos son mencionados entre los
descendientes de Sem, junto con los elamitas, los asirios y los
arameos. La lista afirma la unidad del género humano, dividida en
grupos nacionales a partir de un tronco común. El cuadro se completa
en 11. 10-32, con la genealogía de Abraham: al situar al patriarca en
este vasto contexto histórico y geográfico, se indica que el pueblo
nacido de él está llamado a realizar un designio que abarca a todas
las naciones de la tierra. 11 4. "Para perpetuar nuestro
nombre": esta es una expresión del orgullo humano, que pretende
darse a sí mismo el honor y la gloria que corresponden al nombre de
Dios (Sal. 115. 1). En contraposición con el capítulo anterior, la
"parábola" de la torre de Babel presenta la variedad de las
lenguas y la dispersión de los pueblos con una visión pesimista;
ellas son el castigo divino a la pretensión de eregir una civilización
fundada en la autoexaltación del hombre y en el olvido de Dios. El
milagro de las lenguas en Pentecostés (Hech. 2. 5-12) es el reverso
de la confusión provocada en Babel. 12 6. La "encina de Moré"
era un árbol sagrado que estaba en las cercanías de Siquém. 11-20. Esta anécdota se vuelve a repetir,
con ligeras variantes de circunstancias y de personas, en 20. 1-14 y
en 26. 6-11. 14 Esta narración presenta algunas
características que le asignan un lugar aparte dentro del Pentateuco
y tal vez de toda 17-20. Según la costumbre de Canaán, el
rey era también el responsable supremo del culto. Por eso Melquisedec
era al mismo tiempo "rey de Salém" (Jerusalén) y
"sacerdote de Dios, el Altísimo", una divinidad venerada en
Canaán. Melquisedec honró a Abraham con un banquete (v. 18), y esta
comida en común parece haber sellado una alianza. La indicación de 2
Sam. 18. 18 permite ubicar el "valle del Rey" en las
proximidades de Jerusalén. El Nuevo Testamento presentará a
Melquisedec como figura de Cristo, Sumo Sacerdote de 15 9-10. Aquí se describen
los preparativos para un rito imprecatorio muy antiguo, cuyo
significado se aclara en Jer. 34. 18; cuando se pronunciaba un
juramento solemne, la persona pasaba entre los animales partidos por
la mitad, y reclamaba para sí la misma suerte de esas víctimas si
faltaba a su palabra. Así el Señor ratifica con un juramento la
promesa hecha a Abraham, de darle una descendencia numerosa (vs. 1-6)
y la tierra de Canaán (vs. 7-18). 18. "Desde el Torrente de Egipto
hasta el Gran Río": estos son los límites ideales de 16 2. Según las costumbres de
la época, una mujer estéril podía dar una sirvienta a su esposo y
reconocer como propios a los hijos nacidos de esa unión. Lo mismo que
hace Sara lo harán más tarde Raquel (30. 1-6) y Lía (30. 9-13), las
esposas de Jacob. 7. En los textos bíblicos más
antiguos, el "Ángel del Señor" (22. 11; Éx. 3. 2) o el
"Ángel de Dios" (21. 17; 31. 11; Éx. 14. 19) no es un ángel
creado, distinto de Dios, sino Dios mismo que se manifiesta a los
hombres de manera visible. El v. 13 señala explícitamente esta
identificación. 17 Según este relato
"sacerdotal", la alianza sella las promesas de Dios a
Abraham (v. 8), pero esta vez la iniciativa divina exige una respuesta
humana. Además de la fidelidad a Dios y de la perfección moral, se
impone a Abraham una prescripción de carácter positivo: la
circuncisión (vs. 9-14). 1. "Dios Todopoderoso", en
hebreo "EI Saddai": este es un antiguo nombre de Dios,
frecuente en los relatos "sacerdotales" de la historia
patriarcal (28. 3; 35. 11; 43. 14; 48. 3; 49. 25; Éx. 6. 3), que los
israelitas tomaron probablemente de la tradición de los pueblos
semitas. La traducción "Dios Todopoderoso" se apoya en
algunas versiones antiguas. Entre los autores modernos, algunos
piensan que su sentido probable es "Dios de las montañas". 5. El "nombre", en la
mentalidad antigua, no era una simple designación exterior, sino que
determinaba de alguna manera la naturaleza íntima del ser o la
persona que lo llevaba (2. 20). Un cambio de nombre implica, por eso
mismo, un cambio de función o de destino. 10-14. La circuncisión o corte del
prepucio es una práctica muy antigua, realizada generalmente como
rito de iniciación a la pubertad o al matrimonio. En el Antiguo
Oriente, era observada por varios pueblos vecinos de Israel, entre
ellos los egipcios, los edomitas, los amonitas, los moabitas y algunos
otros pueblos nómadas (Jer. 9. 25). Los filisteos y los habitantes
preisraelitas de Canaán la ignoraban. En Israel, se practicó como
rito de incorporación al Pueblo de Dios, y debía llevarse como una
señal de adhesión a la alianza (v. 13). 18 En este relato, Abraham aparece
como el "amigo de Dios", que conversa familiarmente con él
y lo recibe como huésped. Con ocasión de su visita, Dios renueva su
promesa (v. 10), lo cual provoca la risa de Sara (v. 12), como antes
había provocado la de Abraham ( 17. 17). Esta risa explica el nombre
de Isaac, cuyo significado es: "que (Dios) sonría",
"que se muestre favorable". 19 Este antiguo texto recuerda un
cataclismo ocurrido en la región meridional del Mar Muerto, que
provocó la destrucción de Sodoma, Gomorra y otras ciudades vecinas
(10. 19; 14. 2). La destrucción de estas ciudades quedó como modelo
arquetípico del juicio de Dios sobre el pecado (Deut. 29. 22; Is. 1. 9; Jer. 49. 18; Am. 4. 11). 26. El folklore israelita explica con
esta leyenda la forma de una roca o de una formación salina, situada
al sudoeste del Mar Muerto. 30-38. Este relato utiliza probablemente
una tradición de los moabitas y amonitas, que en su forma original no
constituía un vituperio sino un motivo de orgullo: ellos podían
gloriarse de un origen, que mostraba la heroica decisión de sus
madres y aseguraba la pureza de su raza. En efecto, convencidas de que
su padre y ellas eran los únicos sobrevivientes, y llevadas por el
deseo de ser madres y de perpetuar la raza, las hijas de Lot emplean
el único recurso disponible. Y de hecho, no se avergüenzan del
origen de sus hijos, sino que lo dejan consignado en sus nombres:
mediante una etimología popular, los nombres de Moab y Ben Amí (Amón)
se explican respectivamente como "salido del padre" e
"hijo de mi pariente". Como la legislación israelita
condena severamente las relaciones incestuosas (Lev. 18), este motivo
de gloria se convierte en una burla mordaz contra los dos pueblos
enemigos. 22 Dios pone a prueba una vez más la
fe de Abraham, al exigirle el sacrificio de su hijo Isaac. El episodio
narrado parece haber sido originariamente el relato de fundación de
un santuario israelita. Según una tradición posterior, Moria es la
colina donde fue erigido el Templo de Jerusalén (2 Crón. 3. 1 ).
Además, el texto implica la condenación de los sacrificios de niños
que eran comunes entre los pueblos vecinos a Israel (Deut. 12. 31), y
que incluso los israelitas practicaron ocasionalmente (2 Rey. 3. 27;
16. 3; 21. 6; 23. 10). Los textos legislativos y proféticos ratifican
esta condena. Ver nota Jc. 11. 30-31. 23 Mediante la adquisición de un
sepulcro familiar, Abraham obtiene un título de propiedad y un
derecho de ciudadanía en Canaán. Junto con el nacimiento de Isaac,
este es el primer paso hacia el cumplimiento de la promesa ( 12. 7;
13. 15; 15. 7). 24 2. "Coloca tu mano debajo de mi
muslo": este es un gesto simbólico que confiere mayor solemnidad
al juramento. El contacto con las partes genitales parece implicar la
amenaza de esterilidad o la pérdida de la descendencia, si se
quebrantaba el juramento. 25 23. La lucha de los niños en el seno
materno explica la hostilidad de dos pueblos hermanos: los edomitas,
descendientes de Esaú, y los israelitas, descendientes de Jacob. Los
edomitas fueron sometidos por David (2 Sam. 8.13-14) y sólo varios
siglos después pudieron liberarse definitivamente (2 Rey. 8.20-22). 26. Esta es una explicación popular,
que asocia el nombre de Jacob a la palabra hebrea que significa
"talón". 30. "Comida rojiza": el
texto hebreo encierra un juego de palabras entre "Adóm",
que significa rojo, y Esaú, padre de Edóm. 34. Según la legislación israelita
–que en este punto coincide con otros antiguos códigos
orientales– el primogénito tenía derecho a una doble parte de la
herencia paterna (Deut. 21. 15-17). 28 1-3. Según el relato
precedente, Jacob huye a Mesopotamia para librarse de la venganza de
Esaú. Este texto "sacerdotal", en cambio, ignora por
completo el episodio anterior, y explica la partida como la orden que
dio Isaac a su hijo de buscar una esposa de su propia familia. En la
queja de Rebeca (27. 46) y en la actitud de Esaú (vs. 6-9) se puede
entrever una preocupación característica del período postexílico:
el repudio de los matrimonios con mujeres paganas, fundado
principalmente en motivos religiosos. Ver Esd. 9; Neh. 13. 23-27. 29 25. La esposa iba cubierta con un velo
durante toda la ceremonia nupcial, que concluía cuando ya era de
noche: de allí la posibilidad del engaño. 32. La rivalidad de Lía y Raquel
sirve para explicar los nombres de los hijos de Jacob. El significado
de estas etimologías populares es a veces oscuro. 30 3. "Que dé a luz
sobre mis rodillas": este es un expresivo gesto de adopción. Al
recibir sobre sus rodillas al hijo de su esclava, la esposa estéril
lo tomaba como suyo y luego le ponía un nombre (v. 6). Ver nota 16.
2. 14. La "mandrágora" era una
planta que según las creencias antiguas poseía virtudes afrodisíacas
y favorecía la fecundidad. El término hebreo que la designa tiene la
misma raíz que la palabra "amor". La creencia se funda en
la forma del tubérculo de esa planta, que parece un tronco humano. 25-43. De esta manera, el folklore
israelita describe el honrado desquite de Jacob sobre el astuto y
codicioso Labán. Jacob exige como única paga las ovejas negras y las
cabras moteadas, porque estos animales son raros (v. 32). Pero después
se vale de un recurso "mágico" para multiplicarlas, y así
acrecentar sus riquezas (vs. 37-43). A través de este relato popular,
se manifiesta la acción de Dios que protege y bendice a Jacob. 31 19. Los "ídolos
familiares" eran pequeñas estatuas, a veces con figura humana,
que se usaban para la adivinación. Labán los llama sus
"dioses" (v. 30). Según el uso mesopotámico, estos ídolos
domésticos pasaban al heredero principal, y su posesión era un título
hereditario. De allí el empeño de Labán por recuperarlos. 39. El pastor quedaba libre de toda
deuda si presentaba los restos del animal devorado por las fieras (Éx.
22. 12). 42. "EI Terror de Isaac":
este es otro de los nombres con que se designa a Dios en la historia
de los Patriarcas. Ver nota 17. 1. 32 25-33. Este extraño relato
explica el origen del nombre "Israel", cuyo significado real
parece ser "que Dios prevalezca", pero que aquí se pone en
relación con la fortaleza de Jacob en su lucha cuerpo a cuerpo con
Dios. El autor "yahvista" ha construido su relato sobre la
base de un antiguo cuento popular y, al aplicarlo al antepasado de
Israel, le da un contenido nuevo: Jacob es puesto a prueba, pero lucha
con Dios hasta arrancarle una bendición (v. 27). Esa bendición es el
cambio de nombre (vs. 28-29) y, gracias a ella, Dios tendrá que
conceder su favor a todos los que en adelante lleven el nombre de
"Israel". Ver nota 17. 5. 34 Esta narración presenta un cuadro
muy vivido de las relaciones entre los primeros israelitas y sus
vecinos cananeos. El rapto y la violación (v. 2), la propuesta de
matrimonio y los intentos de negociación (vs. 6-19), el saqueo de la
ciudad y la matanza (vs. 25-29), muestran el carácter inestable de
esas relaciones. Los hijos de Jacob –que el relato describe como
pastores seminómadas– se avenían a veces a un acuerdo para obtener
ventajas; otras, en cambio, hacían incursiones contra los habitantes
de la ciudad y se entregaban al pillaje. 35 1-2. El viaje de Jacob a
Betel tiene todas las características de una peregrinación al lugar
donde Dios se le había aparecido (28. 10-22). De allí las
purificaciones rituales y el cambio de ropa, acciones simbólicas
mediante las cuales el peregrino se presentaba renovado delante de
Dios. 4. Estos aros se usaban como amuletos
en las fiestas religiosas paganas. Ver Os. 2. 15. 37 5. "José tuvo un sueño":
los sueños desempeñan un papel muy importante en toda la historia de
José. Estos sueños no son revelaciones en las que Dios habla
directamente –como en los casos de Abimélec (20.3), de Jacob (28.
12-15;31. 11-13) y de Labán (31. 24)– sino premoniciones o
presagios, y Dios concede a José la sabiduría necesaria para
interpretarlos. 17. "Dotán" era una ciudad
situada en la llanura de lzreel, a un día de camino al norte de Siquém. 25-36. La incongruencia de esta narración
se debe a la yuxtaposición de dos tradiciones diversas: una
"elohista" y otra "yahvista". Según la primera,
Rubén consigue que José sea arrojado a una cisterna, y unos
negociantes madianitas pasan sin ser vistos, lo sacan de allí y lo
llevan a Egipto. Según la otra tradición, Judá propone a sus
hermanos que lo vendan a una caravana de ismaelitas que van de paso
hacia Egipto. 38 8-10. "Para cumplir con tus deberes
de cuñado": Judá se refiere a la "ley del levirato",
que prescribía el matrimonio con la viuda del propio hermano, si este
moría sin tener hijos. Así se evitaba que el nombre del difunto
desapareciera de su pueblo –ya que los hijos del segundo matrimonio
pertenecían legalmente al hermano fallecido– y también se impedía
que el patrimonio saliera de la familia. Ver Deut. 25. 5-10. 14. Tamar "se cubrió con un
velo", como lo hacían las prostitutas en Canaán. Su conducta
enfrentaba las reglas de la moral vigente y ponía en peligro su vida.
Pero como estaba motivada por un deber de fidelidad hacia su esposo,
terminó mereciendo el elogio de su suegro (v. 26). 44 5. "La copa con la que consulta
los presagios": la adivinación por medio de líquidos es una práctica
bien atestiguada en el Antiguo Oriente, especialmente en Babilonia. El
sonido o los movimientos del agua al caer en la copa, o la figura que
formaban las gotas de aceite derramadas sobre el agua, eran
interpretadas como signos o presagios. De allí que la importancia del
recipiente que llevaban los hermanos de José, fuera mayor que su
valor material. 46 34. "Los egipcios sienten
abominación por todos los pastores": esta aclaración –que fue
añadida al relato original– evoca el odio de los egipcios hacia un
grupo de invasores denominados Hicsos, nombre que significa
"pastores". 49 El "testamento de Jacob"
incluye un conjunto de oráculos con características diversas:
algunos aluden a hechos pasados (vs. 4, 6); otros son predicciones del
futuro; pero en general, describen la situación de las tribus
israelitas ya establecidas en Canaán. La preeminencia asignada a Judá
y las bendiciones concedidas a la casa de José (Efraím y Manasés),
reflejan una época en que esas tribus desempeñaban un papel
destacado en la vida nacional. Esto indica que el poema, en su forma
definitiva, no es anterior al reino de David, aunque contiene
elementos mucho más antiguos. El carácter arcaico del texto, sumado
a su estilo poético, hace que su interpretación resulte
extremadamente difícil. 10. "Hasta que llegue aquel a
quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia": esta
es la traducción probable de una frase enigmática, interpretada
generalmente en sentido mesiánico. Judá es la tribu del rey David.
La dinastía davídica ejercerá la realeza -simbolizada en el
"cetro" y el "bastón de mando"- hasta que llegue
un rey ideal, que extenderá su dominio sobre los pueblos. Estos le
prestarán obediencia, y entonces habrá una paz y una abundancia sin
precedentes. Según una antigua interpretación judía, revalorizada
por algunos exégetas modernos, el texto debería traducirse:
"hasta que le sea presentado el tributo y los pueblos le rindan
homenaje". |
|
Si esta Página ha sido de su agrado por favor entre aquí y
El Administrador de este Sitio tiene algo que decirte, escúchalo en su Album "Mis Charlas en el Chat Católico Omega Voz". Escúchalo y si te gusta algún mensaje, descárgalo y compártelo. Para ir y escucharlo presiona aquí |
|
VISITE NUESTRO CHAT CATOLICO "OMEGA VOZ", CHAT DE TEXTO Y AUDIO
|
| Inicio | Imágenes | Diversión | Temas | Música | Oraciones | Cancionero | Salvapantallas | Preguntas Católicas | | Sitios Católicos | Twitter | La Biblia | Barra | Catequistas | Más Música | Conocer | Libros | Radios Católicas | Videos | Postales | | Chat | Messenger | Email | Cine | Autor | Mapa | Enlaces | Webmasters | Televisión | Blogs | Radio | Noticias | |
|
Cortesía de
Hooomy.com
Centro de Servicio y Entretenimiento y
YokerNow.com Tu
Otra Comunidad
|
|
|
|
No ha encontrado lo que buscaba, intente en el mejor buscador del mundo
|
Instale gratuitamente nuestra Barra de Navegador y escuche más de 50 estaciones de Radio Católica en Línea , además podrá tener acceso fácil y rápido a cualquiera de las secciones de nuestros Sitios: ecatolico, musicatolica, catoliblogs, catolituit y vocescatolicas. Además de nuestro solicitado "Chat Omega" tanto al de Voz como al de Texto. También podrá enterarse de las noticias católicas del mundo en forma actualizada. Todo desde la parte superior de su navegador. Si desea descargar e instalar nuestra Barra de Navedador presione sobre la siguiente imagen.
|
| Inicio | Imágenes | Diversión | Temas | Música | Oraciones | Cancionero | Salvapantallas | Preguntas Católicas | Sitios Católicos | Twitter | La Biblia | Barra | Catequistas | Más Música | Conocer | Libros | Radios Católicas | Videos | Postales | Chat | Messenger | Email | Cine | Autor | Mapa | Enlaces | Webmasters | Televisión | Blogs | Radio | Noticias | |